Mal dia para buscar

4 de marzo de 2026

Cuando los niños llegan al poder (y se quedan sin excusas).

He visto a gente sin hogar, con un frío extremo y serios problemas médicos peleándose como si fuera una cuestión importantísima, debido a si se había cometido un penalti o no.

Hay debates sobre gente que se mete, en un reality, en una casa y se vive a milímetros de la agresión física por si alguien le ha quitado o no una manzana de la nevera a otro catedrático de la moral.

Tertulianos discuten sobre la manipulación de la opinión pública en países que están a miles de kilómetros pero no se meten con sus telediarios, no sea que les contraten algún día para dar el tiempo.

Por alguna razón que me cuesta entender nos hemos convertido en una sociedad que se enerva de formas casi volcánicas por aquello que no puede afectar a su vida de una manera inminente sin ser capaz de aceptar sus propias contradicciones, errores o miserias urgentes.

Así que si se logra tener un enemigo lo más lejano posible al que culpar de tus mierdas puedes ganar la discusión por incomparecencia del contrario. Si vives en un barrio es cosa del alcalde autoritario, si eres de una comunidad autónoma es cosa del estado opresor y si eres un país resulta culpa del imperialismo. Fácil. Actúas, obviamente, como un niño de 7 años que ha descubierto que echar la culpa al profesor es mejor que reconocer que no entiendes las matemáticas. Además haces valer tu posición de menor para victimizarte rápidamente ante cualquier facto que ponga en duda tu argumentario. Extendiendo esa lógica en el tiempo y cuando has superado los 7 años, te plantas con 35 en supuestos cargos de responsabilidad donde únicamente cambias al profesor por otra figura para hacer lo mismo una y otra vez.

Todos esos niños con los que sus padres quisieron negociar, razonar, proteger y aislar del mundo real son ahora quienes han de tomar decisiones y, en multitud de casos, siguen siendo niñatos de panfilez extrema que parten de puntos de partida pueriles que les lleva a conclusiones infantiles.

Hay planteamientos, incontestables para algunos, que ratifican esta teoria: la guerra es mala, todas las personas son buenas, respetemos las culturas de los demás. Eso está muy bien hasta que empieza a puntualizarse: la guerra está mal si no me atacan a mi, los que no piensan como yo son intrínsecamente malos y está mal lo que piensas culturalmente si a mi me lo parece. Hay quien es un defensor de la okupación hasta que le okupan su casa, está a favor de acosar a los otros y cosas así. Pero, oh sorpresa, si la realidad se enfrenta a tus planteamientos el grupo ya no te quiere. Epstein financió al gurú ideológico de la izquierda mundial, el señor Chomsky, y eso no le convierte en un abusador de niños pero... 

Vivimos en un momento de cambio en el que se acaba la excusa para toda una generación. 

Cuando vives en el calor del hogar y al abrigo de tus padres llega un instante en el que estás convencido que vas a vivir mucho mejor solo. Eres crítico porque ves todo lo mejorable de la vida de la que dispones. En algunos casos te llenas de orgullo, haces una mochila y te vas. Empiezas haciendo lo que crees que deben de ser las cosas y te vas dando una buena hondonada de hostias hasta que no tienes más remedio que reconocer que tus padres no lo hicieron tan mal y que tú tampoco eres perfecto. Curiosamente, muy a tu pesar, terminas convirtiéndote en tus padres, quizá cambiando el Seat 124 1430 por un Tesla, pero...

Ahora estamos en ese instante en que toda una generación que ha vivido en idealización, desaprensión de cualquier culpa e intento de vivir solos, ven que hay que esforzarse para pagar el gas y que la base del retrete en el suelo no se limpia sola. Unos siguen intentando tirar hacia delante y gritar que es culpa del casero cabrón o que nos fumigan. Otros no tienen más remedio que resetearse y hacer el esfuerzo de aceptar que quizá estaban equivocados, coger la fregona y ponerse de rodillas en el water.

Pero sigue siendo más cómodo ir a casa a que te den un tupper de lentejas creyéndote el rey de la independencia. Es lo mismo que exigir la independencia de Euskadi pero que las pensiones las pague España. Es lo mismo que decir que la guerra está muy mal pero si Marruecos entra en Canarias que nos proteja la Otan.

El problema, visto desde ahí, no es que haya dos bandos ideológicos sino que hay uno que exige seguir siendo un niño y otro que se cansa de oir a demasiados llorones que hablan y hablan y hablan sin que se limpie nada.

El futuro, como en los trabajos, no es de los que piensan cosas porque ya lo pensará la IA, sino de los que hacen cosas. El futuro es de los albañiles, fontaneros y mecánicos ( incluso creativos de verdad). Básicamente de todos aquellos que se saben ensuciar las manos y que son capaces de dejar las cosas mejor que como estaban antes de que llegasen. 

Soy de los que esperan los resultados para valorar las acciones acometidas. Tener el Netflix en gallego, los bancos morados, las pegatinas de Gaza, los chistes de Trump, mucha discriminación positiva, los agentes de intimidad laboral, la etiqueta ECO o que yo tenga que pagar 100€ más por la tasa de basuras lo único que ha logrado es sodomizarme en vez de hacer de mi vida algo mejor.

Me caso de teorías y de regulaciones infantiles cuando lo que necesito es un poco más de ejecución práctica de éxito.

Para ir del punto A al B hay que buscar la forma de ir mejor y más cómodo. Ir ecosostenible y con resiliencia está bien pero no es correcto si es que, al final, no llegas.

Luego ya, si eso, nos pegamos por un penalti o por si las chuches son machistas.

Pd: hay un momento de la vida en que no existen decisiones buenas o malas, sino convenientes o no.

Pd2: hay veces que no queda más que valorar si entre unos hijos de puta y otros hijos de puta te quedas con los unos o los otros.

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