Mal dia para buscar

26 de marzo de 2026

El suicidio de Dios.

Juan no es psicólogo, es bombero. Sin embargo cada vez que tienen que acudir a la llamada de algún ciudadano de esos que no tienen que hacer más que mirar por la ventana y en vez de fijarse en el devenir hipnótico de la corriente del rio se fijan en los suicidas del extremo del puente, es quien está encargado de entretener al desesperado el tiempo adecuado para que sus compañeros protejan el impacto.

Así que aquella madrugada acudió, bajo el ensordecedor pitido de las sirenas, a hacer su labor porque un hombre de mediana edad amenazaba con saltar. Mientras los compañeros se hacían con una zodiac él se acerca al "usuario del servicio".

-Hola- le dice Juan, amigable.

Hola

-¿Cómo por aqui?

-Pues ya ves- le responde sentándose con los pies colgando fuera del puente- valorando firmemente saltar.

-Hombre- siguiéndole la conversación- No tiene buena pinta esa decisión.

-Es probable. Lo de la gravedad no me salió mal.

Juan, que no es la primera vez que se ve en estas situaciones, empieza a considerar el tipo de alteración de su "cliente". El manual mantiene que cualquiera que desee quitarse la vida posee algún tipo de desarreglo mental junto con algún drama supuestamente insuperable. El truco, que es fácil en teoría, está en insuflar confianza para establecer algún tipo de conversación que deje cualquiera de esas facetas en un segundo plano. Hay que establecer lazos.

-No me has dicho tu nombre.

-Jesús

-Pues hola Jesus, yo soy Juan.

-Hola Juan, ¿te sientas conmigo?- Le hace gestos para que se siente a su lado con los pies jugando con el vacío.

Juan se sienta, no sin antes asegurarse a la estructura del puente con un arnés. Abajo sus compañeros y un par de buzos están preparados para cualquier contingencia. Sabe que ha de empezar a bordear líneas rojas para controlar la conversación.

-Dime, Jesús, ¿cómo es que has llegado hasta aquí?

Jesús toma aire y mira al horizonte. "Supongo que como otros muchos. No me han salido las cosas como yo pensaba". "No será para tanto"- responde rápido Juan- "estoy seguro que habrá algo que merezca la pena"-sigue rápido- "y si no lo encuentras, ya verás como está esperando más adelante".

-Tengo mis dudas.

-No seas dramático. Hay cosas maravillosas. Sé que voy a caer en tópicos pero un amanecer, la amistad, el amor, el sonido del viento en un campo de trigo, ya sabes.

-Claro que lo sé. No todo lo hice tan mal.

-¿Lo hiciste?

-Ah, si. Pensaba que ya te lo había dicho. Soy Jesús, pero me puedes llamar Dios.

Juan no se sorprende. Lo mete directamente en el saco de "chalados".

-Joder, pues entonces estarás convencido que no te vas a morir.

-Al contrario. Uno es divino para muchas cosas pero recuerda que soy mortal. Me crucificaron y todo aquello. Luego ya, si eso, volveré o no pero que si salto no sobrevivo es algo que te aseguro. La física es algo que no se me da mal. Para una cosa que funciona no voy a quitarme méritos. Luego ya está todo lo demás.

-¿Y qué es lo demás?

-Lo de los terremotos y lo metereológico. Ah, y ese error de daros libre albedrío. Mira que me lo hacéis pasar mal con lo de las guerras y esa manía de romperlo todo. A mi me parecía buena idea porque de esa forma delegaba, pero sois unos- y hace el gesto de comillas- empleados bastante mediocres.

-Hombre, Jesús- sabiendo que a un loco hay que darle la razón- tampoco te ha salido mal. Nadie es perfecto.

-Ese es el problema- dice interrumpiendo- que se supone que soy omnipotente. Yo, precisamente yo- señala su propio pecho- no debería de equivocarme. Al principio llegué a pensar que unos cuantos problemas climáticos e incluso alguna que otra pandemia, e incluso guerra, no estaba tan mal porque regulaba las cosas. Es- y se lo dice en tono de maestro- como cuando podas las ramas de un árbol para que crezca más fuerte. Pero si suelto a la peste, me sale una guerra. Después hago una isla en el pacífico con un volcán submarino y se me pasa que eso genera una ola gigante en las costas de Chile. No sé si alguna vez has estado arreglando algo y se te ha roto otra cosa. Pues así llevo miles de años. Y cada vez es peor. Así que, sinceramente Juan, ahí os voy a dejar. Os podeis matar o salvar, pero conmigo no conteis. Me daban mucho menos trabajo los nehandertales, que eran una banda de amiguetes y sólo se preocupaban por cazar un par de mamuts. Aquello sí que era gratificante. Que si ahora voy a ver si les doy el fuego, que si les doy pistas para inventar la rueda... Pero os dió por copular y aunque os hice ver eso de la agricultura , !hala, a recorrer el mundo y mezclaros!. Entonces es cuando me equivoqué la primera vez: me inventé lo de las religiones. Pero no para que creyerais en algo, sino para que os diera miedo mezclaros. Lo de que una musulmana no se acostara con un cristiano no era por nada más que yo estaba probando diferentes tipos de humanos, nada que ver con la pureza o no de la raza. No me hicisteis ni caso. No os vale ni un cambio climático, ni dos guerras mundiales, ni una pandemia de broma, ni un sida, ni nada. Y ahora ya no es que empeceis a creer en ídolos, que a mi los Beatles no me importan por mucho que Lennon dijera que era más famoso que yo. Pero es que hace falta ser imbéciles para creer en ChatGpt más que en mi.- Jesús suelta un largo y sostenido soplido- Hasta los huevos estoy.- Y le mira fíjamente a Juan- !que es una máquina, coño!

Los dos se quedan mirando al horizonte. Abajo, como si les fuera la vida (de otro) en ello, les miran con atención e imaginando lo que sucede. Juan tiene un récord de suicidas salvados. Por la distancia al agua saben que solamente podrán buscar el cadáver, pero siguen haciendo su trabajo por si hubiese algún, nunca mejor dicho, milagro.

Juan se busca algún comodín. -¿Y tu familia?-. Jesús responde: "No tengo, Juan. !Cómo voy a tener familia si llevo aquí millones de años!". Vengo, hago mi trabajo y ahora me doy cuenta que por mucho poder universal y todo eso, no me ha salido bien. Me canso. Que lo haga otro o, fíjate lo que te digo, que no lo haga nadie. Os vais a la mierda y solucionais vuestros problemas. Eso sí, ya te digo que lo teneis complicado. Os quedais con vuestra sensación de poder con todo y ya verás las risas cuando hagas una presa en un sitio y te cepilles al altramuz perdiguero del ecosistema. Que no Juan, que no. Que cada vez que he intentado arreglar una cosa se me estropean tres. Te voy a poner un ejemplo: eres un camarero estupendo y vas con tu bandeja con las copas. Vas vestido con tu uniforme de pantalon y pajarita negros, con la camisa blanca impoluta. Entonces esquivas el balón de un niño jugando y te tiembla la botella de whisky. Para que no se caiga, giras la bandeja pero se desliza el vaso, y los hielos van para el otro lado. Haces unos malabares y un grupo de humanos que se creen muy graciosos, en vez de echarte una mano, se ponen a grabar con el teléfono. Vas haciendo intentos entre las mesas pero siempre se te cae algo. Al final, aquí, en el puente, decides que lo mejor es tirar todo al suelo y que lo recojan los demás. Eso es saltar. Ojo- le dice- podrías pensar que es una rendición pero es más un hartazgo. ¿Decepción?. Eso te lo compro, pero porque me convencieron que yo, precisamente yo, lo podría todo. Y no es verdad porque se me ha ido de las manos.

Jesús le mira casi de forma condescendiente. "Habéis sido mi proyecto de fin de carrera de ser Dios y no me van a dar el título". Jesús se deja caer.

Curiosamente antes de tocar el agua, por un instante, se convierte en paloma. Roza un milímetro la superficie y desaparece con el amanecer. Juan y sus compañeros deciden acordar que no encontraron el cadáver porque se quedó en el fondo. Sin familiares conocidos ni identificación alguna, un suicida más de los que vagan por las urbes agotados de vivir.

-¿Qué tal el día?- le pregunta su esposa a Juan al llegar a casa- Uno más- responde lacónico.

Efectivamente. Otro día más se sientan delante de las noticias llenas de tempestades, guerras y enfermedades infinitas.

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