Mal dia para buscar

15 de enero de 2026

De Fredy a Julio, pasando por Janis y Genne Simmons.

Rod Stewart confiesa, en su biografía, que compraba pastillas contra los catarros, las vaciaba, las llenaba de cocaína y se las metía por el culo. También dice que no ha follado tanto como dicen, pero bastante.

Si algo sabemos de Fredy Mercury es que disponía de un gran apetito sexual, entre otras cosas. También que no se arrepintió demasiado al morir porque había vivido lo que tú y yo viviremos en cien vidas.

Los Rolling, con documentales hechos por aquellos años 70 en los que más de un país les prohibió entrar por sus asuntillos con las drogas y cuyas noticias de orgías harían empalidecer al mismísimo Rocco. La canción Angie tiene dos supuestos orígenes: un síndrome de abstinencia de Richards o un guiño de Jagger a la que era la mujer de Bowie en esos días. A Bowie no le importaba porque proclamaba lo abierto que era su matrimonio y la facilidad en la que se montaban fiestas sexuales en pareja. Angela contó, en sus memorias, como encontró a los dos iconos del rock en la cama.

Tommy Lee y Pamela, Led Zeppelin masturbando a una grupie en 1969 con un tiburón recién pescado, Sting practicando sexo tántrico en grupo. Gene Simmons, bajista de Kiss, afirmó que se había acostado con cinco mil mujeres. Debbie Harry hablando de cómo le gustaba el sexo y sus experiencias bisexuales. Lou Reed , cuentan, se llegó a inyectar heroína e el escenario y sus andanzas bisexuales eran épicas. Se ofreció, en una entrevista, a tener sexo con el Papa. Janis, que cuando se enteró de la muerte de Hendrix afirmó que dos grandes no podían morir el mismo año ( y ella cayó ese), tapaba esa imagen de niña fea que arrastró desde siempre, aparte de con las drogas y el alcohol, acostándose con una persona diferente cada día. Si buscais el motivo por el que los Guns pusieron el título de "The Spagetti Incident", vais a sentir una arcada.

Prácticamente todas y cada una de las personas que consideramos estrellas de la música arrastran, si es que triunfaron entre los 70 y los 80, una azarosa y desaforada vida sexual. Que ese coqueteo con las drogas y un par de records mundiales en los campeonatos del sexo no les hace, a mi parecer, de menos en su legado cultural. Michael jamás fue condenado por pederastia, por mucho que se empeñen en decirlo. En el caso de que lo fuera, con la misma certeza de que Picasso reventaba a hostias a su mujer, no deja de ser un genio.

La vida sexual escandalosa no solamente es exclusiva de los músicos. A cualquier adolescente que le des dinero y reconocimiento de sobra, que lleva implícito un huracán de adulamiento y posibilidades sexuales infinitas, se va a follar hasta a una cabra. Magic Johnson, que para mi fue el inventor del baloncesto moderno más allá de Jordan, tuvo un desliz extraño que le convirtió en VIH positivo. Casi no se libra nadie y para eso puedes verte el Lobo de Wall Street un par de veces, que está basado en hechos reales.

Todas esas anécdotas son básicamente ciertas y, por supuesto, vistas desde el siglo XXI se pueden considerar salvajes y representativas de una manera de ver el mundo y el sexo que ya no encaja con la manera que lo vemos ahora. Como hemos podido ver no tienen que ver con ser hombres exclusivamente sino con un efecto colateral de la fama y el dinero. Chrissie Hynde, Marianne Faitfull, Patty Smith, Fidel Castro, Dalí. Elvis era un mirón. La líneas de la carretera eran discontínuas cuando pasaba Kate Moss.

En bastantes casos el ascenso a la fama pasaba por acuerdos privados sexuales entre dos partes, lo cual puede ser moralmente criticable pero no dejaba de ser un determinado tipo de contrato. Hombres y mujeres han llegado a lugares pasando por camas. Todas esas veces, siempre no haya sido de forma obligada, es respetable. Sydney Sweeny afirmó, el año pasado, que tiene las mejores tetas de Hollywood. Eso mismo dijo, en 1965, Jane Mansfield. Supongo que cada uno, al igual que Rocco Sigfredi, intenta sacar partido de sus virtudes.

Haciendo uso del revisionismo más absurdo y utilizando a figuras que han terminado trascendiendo su propia actividad artística se han señalado a más que a Michael. A Dylan le acusaron de una supuesta violación de hace 60 años. A Plácido de algo de hace más de 25. Aunque suene machirulo visto desde hoy, estoy convencido que si no fueran Dylan, Suarez o Plácido, nadie hubiese dicho gran cosa. Mercedes Milá le agarró los testículos a Frank Blanco haciéndose la graciosa. Eduardo Casanova le tocó la polla e intentó besar a Broncano en la revuelta hace dos meses y le van riendo las gracias mientras te dice que el VIH no se contagia aunque luego declare que lo tiene. Anabel Alonso hizo, en Masterchef, algo que deja a Rubiales en una película infantil. Ya sabemos que, en este puto país, no importa lo que hace sino quien lo hace.

En el caso de Julio Iglesias vivo con sentimientos encontrados. Lo que estoy seguro que es Julio se ha podido tirar a más mujeres que el bajista de los Kiss y quizá hasta lo ha hecho. Esa es su vida y su decisión. Si ha hecho la mitad de todo lo que he contado antes, refiriéndome a iconos de la historia, es su historia. Los griegos, los troyanos y los jodidos romanos se follaban unos a otros sin miramiento. Me cuesta creer que cualquiera de los anteriores se haya metido en una cama donde no le hayan recibido con las sábanas abiertas, precisamente porque tenían donde elegir. Hasta Esteso y Pajares llegaron a decir que habían follado como campeones. Otra cosa es en estos tiempos. Conocí a Arévalo poco antes de que muriera y reconozco que era un baboso. En nuestro grupo había una alta mujer curvilínea a la que se acercó de una forma bastante repulsiva pero no dejó de ser alguien que creía vivir en 1975 y mucho más alto de lo que era. En realidad vino con Bertín, que estaba más preocupado de un partido del Real Madrid que de nosotros.

Cuando alguien aparece contando que no le gustó comerse la polla de tal o cual famoso hace un montón de años, siempre tengo alguna duda. Siempre me pregunto si funcionaría igual si fuera la de Jose Ramón, el pescatero de la esquina. También me pregunto qué le puede llevar a alguien que lo tiene todo a enfangarse en algo no aceptado por la contraparte, aunque sea a cambio de fama o de lujos ocasionales. También me pregunto el motivo por el que a algunas estrellas les reímos las gracias y hacemos libros sobre sus excesos y a otras parece ser de interés condenar, como si hubieran sido los únicos que han follado más que tú.

A mi me quiso reventar a polvos una premio planeta. Si hubiese dicho que sí no sé si me valdría para exclusiva. Dije, en mi libertad, que no. Otra cosa, por supuesto, es que me hubiese atado a la cama después de romperme los tobillos y se hubiese sentado sobre mi cara. En ese caso la hubiera denunciado llegando con muletas a comisaría, y hace 30 años.

En fin, la vida, como dicen, sigue igual.

14 de enero de 2026

Rodeados de Rock Hudsons.

Existe un determinado tipo de persona que, fruto de la publicidad, se acaba de comprar un enorme vehículo con tracción a las cuatro ruedas, importante ángulo de ataque, capacidad de superar profundas balsas de agua, modo de conducción fuera de camino, tropecientos caballos y que se detiene casi en seco delante del primer badén que encuentra en la ciudad.

No es muy diferente a alguien que se viste con unas Dr Martens, unos mitones de cuero, un collar de pinchos, una raya del ojo perfilada en negro carbón y le ves con un Bitter Kas en la mano bailando la canción de la Oreja de Van Gogh que ha pedido en el bar.

Resulta desconcertante porque falta tiempo para carnaval.

Mi abuelo materno, que sobrevivía del trabajo de mi abuela manteniendo a cinco hijos en la posguerra, era un señor que se vestía como si fuese el Conde de Lavapiés pero, después, se hacía colega de los conductores de los camiones de comida del ejército para que se cayera, de vez en cuando, algún saco de azúcar. Probablemente entonces, y me refiero a 1945, la imagen era más determinante que ahora para conseguir que tu entorno te tratara de una forma especial. Hoy en día, curiosamente, si te encuentras a un tipo plagado de collares de oro, un coche aparentemente caro y más marcas que una grada de futbol, puedes apostar que trafica con substancias o lleva, en su lista de audio, seis canciones de Camarón y dos de tecnorumba regettonera.

Vivimos en unos tiempos en que adivinar el tipo de persona que se esconde detrás de una imagen resulta complicado. Tampoco es que me importe demasiado, pero al menos me da algo a lo que atenerme.

Lo que viene a suceder es que, en unos tiempos cargados de contradicciones, los aliades son abusadores, los curas defienden la infancia, los de derechas son pobres y esa chica que te aseguró, mirándote con cara de vicio y complicidad, que te iba a sorprender en la cama lo que hace es sorprenderte porque te pide que apagues la luz, se pone un pijama de franela y duerme a tu lado como un gato mientras tus espermatozoides se preguntan qué ha pasado para quedarse donde estaban. Pocas cosas son, a día de hoy, como se suponen que deberían ser. Las películas de miedo no dan miedo y un tipo con corbata y traje paseando por tu barrio a media mañana es un vendedor de una franquicia de pisos. Ahora resulta que el que crees que te va a robar en la puerta del supermercado es psiquiatra y lo peor que puede hacerte es hablarte de Lacan.

Yo, personalmente, he tenido que vivir toda la vida con pinta de malote festivo que se droga antes de empotrarte. No me he drogado (drogas duras) jamás y podría darte teléfonos de mujeres que pondrían en duda esa idea, aunque también de lo contrario. Ya lo decía Krahe, que es un burdo rumor. En mi caso, al menos, no es una pose, es que me dibujaron así. 

Lo que llevo mal son las poses que luego se quedan en nada. Los del pañuelo palestino o la pulserita con la bandera, importándoles nada los niños de Gaza o la madre patria. Los del coche con alerón deportivo y menos de 100 caballos que van por el carril rápido exactamente a la velocidad máxima permitida, aunque sea 30km/h. Aquel tipo del Opus que me dio una charla sobre la austeridad y, cuando terminó, me enseñó orgulloso sus nuevas zapatillas deportivas de edición limitada. El cliente que aparca en la puerta un coche de 60mil euros y me pide que le arregle, por menos de 50€, su ordenador del 2003.

Curiosamente, la mayor parte de las veces, me encuentro con disfraces de malotes que esconden a niños cobardes tras el volante, el cuero o las pegatinas de Metallica (de las camisetas de Los Ramones prefiero no hablar).

Tengo un conocido, cazador, que cuando le vienen un grupo de pijos con los Porsche Cayenne a una cacería, les mete por zonas de barro donde sabe que se van a quedar enganchados mientras el Land Rover de 1985 las pasa con soltura pero sin asientos de cuero. Hay cosas que tienen que ser lo que tienen que ser: un mecánico tiene las manos sucias, un amigo está cuando lo necesitas y si te compras una moto de carreras, es para correr. Conozco a quien que se compró, a primeros de año, unas zapatillas de deporte del mismo tono que un equipamiento ajustado con el que ir al gym, y no fue jamás. Hay personas que saben perfectamente para qué valen todos los inventos de la zona de complementos de cocina del Ikea, pero no han cocinado en su puta vida.

En 1963 se estrenó "Su Juego Favorito". Rock Hudson es un afamado vendedor de productos de pesca obligado a participar en un concurso pero lo que no saben los demás es que no ha pescado en la vida y que , además, tocar un pez le produce repulsión. 

Pues, a lo que iba, es que más de 60 años después podemos afirmar que estamos rodeados de Rock Hudsons. Parece que son de una forma, se visten, tienen los complementos y hasta los modos de ser de esa forma, pero cuando toca llevarlo a cabo, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Ni te pescan un pez ni pasan con soltura por el badén. 

12 de enero de 2026

Los millenial conocen la nostalgia.

Fujifilm acaba de presentar la mini evo cinemax. Es una cámara que te permite conseguir que tus fotos y videos adopten las características de la época que pongas en una rueda lateral. Es decir, que si quieres que se vea como en 1987 giras la ruedecita a 1980 y ya está. Si lo pones en 1950 te parecerás a Gary Cooper vestido de Sheriff. Lo curioso es que lo sé porque alguien que ha nacido rozando el 2000 me lo ha contado con emoción en sus ojos. Así que he llegado a la conclusión siguiente: La nostalgia ha llegado a otra generación. ¿A qué generación?. A la que se entusiamó el 15M, que pensó que había que dar voz a todas las minorías, que se sentía muy transgresor apostando por que cualquiera pudiera querer a cualquiera, que sabía en en cuanto llegaran al poder iba a bajar la luz y la gasolina, que culpaban de todo al capitalismo ( y así lo expresaban furibundamente con sus iphones), que por supuesto no existen las denuncias falsas, que Cuba es un lugar feliz y que jamás iban a abandonar a sus colegas del barrio por irse a un chalet con terreno. Pues esos mismos son los que ahora te dicen, ilusionados, que puedes hacer una foto como en los años 90. ¿Por qué?. Porque entonces, aunque engañados, eran felices. Todo el mundo quiere volver a los lugares ( en espacio y tiempo) en el que recuerda haber sido feliz.

Me he aburrido de contar que los psicólogos afirman que ese momento de la vida en el que te das cuenta que tus sueños no se van a hacer realidad es el preciso instante en que tocas fondo emocional. Ese instante, comentan, se ha ido desplazando hacia los 50. Sin embargo hay toda una generación de los que ven los pisos ( que también iban a bajar) a medio millón mientras les quedan 300€ en la cuenta que ya está en esa decepción personal consecuencia de un futuro incierto. En vez de ver más cerca la consecución de sus sueños, estos se alejan como un enfoque cabrón de una mala película de miedo.

Así que mientras los nacidos entre los 70 y los 80 nos hemos dedicado a monopolizar la nostalgia, ahora es su turno.

La nostalgia es algo bastante cabrón porque hay que sentirse bien pero no indagar demasiado. Cuando empecé a sentir aquel zumbido en el fondo del cerebro lo focalicé en Mazinger Z. Con una dosis de comida basura, algún disco pop y un viernes noche por delante, me preparé para verme aquellos capítulos que tan fantásticos parecían en mi recuerdo. Diez minutos después descubrí que el mundo y los audiovisuales evolucionan y que el Mazinger de 1973 es, sinceramente, una porquería. Que era mucho mejor en mi recuerdo. Eso es lo que tiene la nostalgia: cuando vuelves a ella no mola tanto como recordabas. Hasta cierto punto se parece a volver con tu ex y salvo casos excepcionalmente sorprendentes descubres, en diez minutos, el motivo por el que ese tiempo pasó.

Estoy convencido que los millenials que hagan las fotos con el filtro de 1999 harán tres y luego descubrirán las buenas fotos que hace su teléfono. Ponte a conducir ahora un Seat 124 1430 manual sin dirección asistida y, en el caso que no te hayas matado, compáralo con la suavidad de tu coche coreano, rumano o de plataforma híbrida electrica y de combustión con un colorido infoentretenimiento. La modernidad, estamos de acuerdo, carece de corazón y de emociones pero es mucho más cómoda y se adapta a quien eres ahora y no al que crees que fuiste.

Por supuesto, por mucha cámara que compres, mucho chándal vintage o muchos discos de vinilo que te compres jamás vas a ser lo que, probablemente, tampoco eras. Ni yo fui un buen base de baloncesto ni un ciclista de verdad, aunque vea los recortes de prensa amarillentos con entusiasmo. Tampoco podré subir aquel puerto por mucho que me ponga el malliott del Seat Orbea que usaba Perico Delgado. Los Gonnies no ganó ningún oscar. 

Y las fotos con colores raros son así porque las cámaras eran una castaña. Las de los 2000, también.

Supongo que si eres un millenial y crees que ponerte de pastillas en la ruta del bacalao era maravilloso viene a ser lo mismo. O veranear en Marbella.

Las discotecas de Ibiza están repletas de personas con años queriendo ser los yupis del siglo pasado. Ahora tienen una cámara para ello.

5 de enero de 2026

Poco se ejecuta.

Hace cosa de dos años, y esto es un tema personal, un profesional de la estafa me estafó. Unos dos mil euros. Un roto bastante importante en mi maltrecha economía, quieras o no. El caso es que la semana pasada me llegó la sentencia judicial: 6 meses de cárcel y que me pague lo que me estafó. Muy bonito todo. ¿Voy a cobrar?. Ya te digo yo que seguramente no por mucho que lo ponga en un papel. Ni yo ni los otros veinte estafados. Así que robar cuarenta mil euros sale baratísimo aunque lo diga un juez, una revelación de la virgen o la reencarnación de Constantino Romero poniendo voz de Darth Vader. Investigando he descubierto que hace 20 años sucedió exactamente lo mismo con el mismo muchacho y ahí está, esperando, en su casita, que los reyes le traigan regalos.

Todo eso me lleva a recordar esas leyes que te venden algunos políticos y que te aseguran que solucionan los problemas. No sé, una ley contra la pobreza que certifica que , a partir de ese preciso instante, ya no hay gente pobre. O que te digan que han publicado en el boletín oficial del estado algo que hace que tu prima Maria José pueda comprarse una casa sin tener que dejar de comer tofu.

A veces, la inmensa mayoría de las veces, decir algo sin hacer nada lleva como resultado que no pasa nada. Es lógica. A ver cuando una declaración institucional ha hecho que alguien deje de dar hostias a otro. En el colegio, cuando el abusón pegaba, el cura en cuestión le cogía de la oreja, le infringía un daño y además le echaban. Si la consecuencia era que le decían que era un niño malo pero nada más, en el recreo siguiente volvía a pegar al mismo. Por alguna razón llegamos a pensar que no era incorrecto pensar que un abusón era un ser que necesitaba algún tipo de ayuda con su comportamiento y le pusimos unos tutores específicos que, además, le conferían un trato especial. Viene a ser como ponerle una renta básica a mi estafador por ser estafador para que se de cuenta de lo bondadoso del sistema y así no volver a ser malo, trabajar mucho, ser bueno con el vecino y ganar con el sudor de su frente para pagarse la farlopa que ahora se está pagando con el dinero y el trabajo de los demás.

Hacer el mal está mal, apréndelo.

Luego está otra opción, que es llevarle a un descampado y reventarle a hostias, quitarle lo que tenga para dárselo a quien ha robado y asegurarle, cristalinamente, que la próxima vez le vas a clavar un sacacorchos en la rodilla. Es una opción cavernícola, si. Soy de los que opinan que en algunas ocasiones es la única.

Desafortunadamente una de las múltiples divisiones del mundo es la que nos cataloga en aquellas personas que dicen que algo está mal y que hay que arreglarlo y, por otra, los que la arreglan a su forma, aunque esa forma no sea la más elegante. Si quieres me voy al caso de Venezuela donde un estafador hacía las cosas muy malamente, se pasaba la democracia por el arco de su triunfo y le mandaban papelitos diciéndole que no estaba siendo bueno. Luego llega el macarra de turno, le pone un fusil en la cabeza y se lo lleva a nuevayol con un chandal de nike. ¿Está bien hecho? Pues no. ¿Es una solución o un cambio? Pues si. ¿A peor? Quien sabe. Los países capitalistas han sido, históricamente, los que han generado menos desigualdades porque necesitan hacerte creer tu propia sensación de prosperidad aunque somos tremendamente desiguales.

Cuando me estafaron contacté con un profesional del cobro. Me decía, con sus nudillos rotos de trabajos anteriores, que tampoco era tanta pasta pero me aseguraba que lo solucionaba en una tarde. Como soy un imbécil quise pensar que la justicia haría su trabajo y ahora, sin dinero y dos años después, tengo mis dudas. Las mismas que seguramente tendrá el pueblo venezolano cuando siguen siendo el perro de alguien y solamente cambia quien sujeta tu collar.

Hay un capítulo de Los Simpsons en el que llegan a la conclusión que las armas son malas. Las eliminan y se supone que se van a convertir en una ciudad feliz. Entonces llega uno con un palo con un clavo en la punta y les somete a todos.

La conclusión, quizá, es que la fuerza resulta necesaria en más de una ocasión porque el mundo real no es un boletín oficial del estado ni una declaración institucional. La clave, por supuesto, es quien manda sobre esa fuerza y que debe de hacerlo con inteligencia y justicia. Aún así, por muchas leyes y manifestaciones que hagamos no conseguiremos jamás nada si no nos ponemos a hacer cosas. Aunque sea ordenar un código rojo.

Soy de los que creen que hacer algo y equivocarse es mejor que no hacer nada.

También creo que una manifestación muy colorista y una ley en un papel no valen más que para la limpieza moral del que lo hace.

Será que el ejecutivo no está de moda o que se ejecuta poco. Si, eso es, poco se ejecuta. En todos los términos.