Se han cumplido 10 años desde que Prince murió.
Cada día, cada vez que me lo encuentro, redescubro que era más grande. Más. Hasta pasando el rato con los colegas o tocando TODOS los instrumentos (27) de su primer disco (1978), con 18 años.
...podria ser peor, podría llover.
Hay gente que se esfuerza y, oye, que no le sale bien. A veces, incluso, hay infortunios cabrones. Probablemente en una sociedad colaborativa y comprensiva es de ley ayudarlo. Ningún problema.
Pero a Jose Ramón, que lleva fumándose todos los porros que puede desde los 16 años, le saludan por su nombre en todas las discotecas y bares de la península, ha tenido tres hijos porque prefirió comprar un BMW que condones, le han echado de todos y cada uno de los trabajos a los que ha ido y de los que ha cobrado tras haber denunciado a sus jefes de manera sistemática para ver qué es capaz de sacar mientras va de alquiler en alquiler hasta que le echan por no pagar a los especuladores... a José Ramón no hay que darle nada, por cabrón. "Oh, pero cumple los requisitos"- "!Me suda el arco del triunfo!"
Asi solucionamos dos problemas: tenemos de sobra y , con suerte, se nos muere Jose Ramón.
"Es que es vulnerable"- "Los cojones. Vulnerable es Pepe que ha estado veinte años haciendo pan todos los días desde las 5 de la mañana, pagando su hipoteca, y se ha ido a la mierda porque han abierto un super muy barato enfrente con pan de mierda pero los clientes son unos peseteros hijos de la gran puta. Esos son los criterios, pero entiendo que para un funcionario o un legislador es muy complejo ver más allá de un papel con un numerito, que es el que José Ramón entrega, con cara de penita, en la ventanilla correcta".
Bienvenidos al erróneo estado del bienestar moderno, al que se le olvida ser personalizado en vez de buenista sin ojos.
Hoy es un buen día, dado el primer aniversario, para recordar empíricamente algunas de esas cositas que en la cabeza suenan espectacular pero después se demuestran poco o nada efectivas.
La primera puede ser que si tienes un país lleno de molinillos de viento o de placas solares pero se te olvida estabilizar una red con fuentes energéticas controlables (hidroelectrica, gas, carbon o las nucleares), se te va la luz.
La segunda es que si a Maria del Carmen, que se compró dos pisos, la das por el saco a todas horas y la convences que su esfuerzo no va a valer más que para que alguien le pague tarde mal o nunca, vende el piso y que le den a los inquilinos.
La tercera, que como dicen algunos titulares podemos aprender de otros países, es que si das dinero infinito a alguien por no trabajar lo que consigues es que no trabaje.
La cuarta bien podría ser esa idea tan loca del tope a los salarios, que hace que a los que les ofrecen más dinero en otros países, casualmente, se van a otros países.
La quinta, que te la voy a contar yo, es que si vas subiendo el salario mínimo sin subirle la pensión a mi madre en el mismo porcentaje, te encuentres con que hacerse mayor dependiente le está suponiendo perder, cada mes, un puto pastizal del que hacienda se lleva prácticamente un salario. La otra, que también te la voy a contar, es que yo llegué a dar trabajo a casi 20 personas a la vez y el único consejo que puedo dar a alguien que emprende es que contrate lo menos que pueda porque a nadie (al menos institucional de este país) le importa una mierda ni la vejez de mi madre ni que seas un generador de riqueza. Si eres un bar no puedes vender el cafe a 15€, así que te tienes que joder porque para que los baños estén limpios ( esto es una metáfora) alguien tiene que limpiar. La economía real no es un capítulo de Succession o de Industry.
La sexta, y para eso voy a usar una canción de 1985, es que si juegas a llevarte mal con EEUU en el mundo real, ellos empiezan a montar bases en Marruecos, dar armas a aquel país y nos vamos a reir el día que te hagan la marcha verde en Ceuta, Melilla, Canarias y, ya de paso, Córdoba y Almería.
La séptima es que ya vamos aprendiendo que siendo hiperregulativos lo que hacemos es alimentar al monstruo de lo institucional y cohartando las libertades de aquellos que son tan locos de querer innovar. Por eso es una realidad que se inventa en EEUU, los chinos lo copian ( cada vez mejor) y los europeos lo regulan. Soy de los que piensan que es más importante crear riqueza que rellenar papeles.
La octava, mal que nos pese, es saber que uno no es ladrón o corrupto por ser de un partido político. Chorizos, cabrones y caraduras hay en todos los sitios. Creer que alguien no puede cometer un delito por su sexo, raza o ideología es de sectarios sin cerebro.
La novena (que puede ser octava fase B) resulta del hecho empíricamente demostrable en el que cuando hay que salvar el culo propio o el bienestar personal ya no te importa echar de podemos con la ley de despido de Rajoy a la gente, comprarte un chaletón, regalar a tu hija un bolsazo que hagan niños bengalíes ( porque era falso) con jornadas de 14 horas, ir en coche a la reunión por el clima o cualquier cosa que aunque sea poco estética y contraria a tu discurso te haga la vida más confortable.
La décima es que, obviamente, vivimos en unos tiempos en los que el discurso y las promesas están por encima de la verdad o los hechos. Y así nos va, que cuando miramos los hechos no se parecen en nada a lo que nos habían contado de la misma forma que el video de la promoción de tiktok era mentira.
Pero (corolario o punto 11) la culpa es nuestra por ser tan gilipollas. Claro que el alcalde de NY gano las elecciones prometiendo que todo va a ser gratis, ecológico y feliz. Que las calles estarán limpias sin que las limpies tú ( es la misma metáfora de antes). Está claro que cuanto más avanza la humanidad, má estúpida se vuelve y, como un adolescente, se quiere creer cosas que son obviamente falsas. A los diez pasos me remito.
Si fueran 12 sería desintoxicación de los propios humanos a base de realidades. Por ser "humanálicos" o mongólicos (de Móngol, que es un pais imaginario buenista y feliz sin pobres ni guerras ni delitos, recubierto de amor.).
No comprendo la diferencia que puede haber entre "Los Españoles primero" y tener que demostrar que sabes Euskera nivel aizkolari de Gernika para trabajar barriendo calles en Alsasua.
Personalmente me la ha traído completamente al pairo cualquiera de los componentes con los que uno viene de fábrica siempre y cuando aporte o colabore con el sistema de todos de una forma positiva. No tengo ningún conflicto en meter en un avión a un hijo de perra con sesenta y tres apellidos de la patria para dejarle caer sobre el desierto del Sahara, a ser posible sin paracaídas. Me niego a creer que alguien es mejor o peor que otro porque va con un componente racial, lingüistico, confesional o heredado en particular.
Sin embargo los humanos sociales estamos llenos de prejuicios. Algunos, incluso, se empeñan en comportarse como creen que deben dadas las circunstancias o las modas. José Ramón, que siempre fue un conductor precavido, empezó a conducir como un loco al adquirir un deportivo. Es más, dejó de usar los intermitentes porque era un BMW. En algún lugar de su minúsculo cerebro llegó a la conclusión que no era él, sino el coche, lo que le convertía en un peligro.
Desconfío, igualmente, de aquellos que utilizan como argumento principal en la defensa de sus planteamientos la titulación personal. "Estás equivocado en la manera de freir un huevo porque yo, !yo!, soy sociólogo"
El caso es que hay una tendencia brutalmente marcada por la que algunos, para que el otro no manipule la información, ponga a sus colegas en puestos públicos, se lleve la pasta, cambie las normas del juego a medio partido o se comporte como un tirano, ya lo hace él antes. "Más roban los otros"-me dijo alguien cuando se aprovechaba de los fondos de su partido (de mucha izquierda) para pagar el hotel en que realizábamos actividades sexualmente atléticas. Hago una llamada y te abren un quirófano cuando quieras, me dijo un político (de derechas) al comentar que los médicos de mi hospital no operan en verano porque sufren mucho estrés y mi maltrecha economía de autónomo no permite otras fechas.
Se nos olvida con facilidad ideológica la inmensa cantidad de veces que defendemos hacer lo que criticamos en el lado contrario del posicionamiento mental. Eso nos lleva a situaciones absurdas donde alguien tacha de racista a alguien por hacer lo mismo que defiende. Es como diferenciar matar guardias civiles o etarras, cuando los muertos se descomponen igual y sus hijos sufren lo mismo.
Si algo he ido aprendiendo es que el ser humano es humano muy por encima de sus ideas. Las ideas, en este mundo hipócrita, se quedan para aparentar ser una persona ideal tomándote cañas con los colegas. Los hechos, que son los que determinan lo que somos, se parecen mucho más cuanto más nos acercamos a los extremos. El imbécil es imbécil allá donde nace y algunos nacen con la necesidad de ser imbéciles. Por eso mismo se hacen de la imbecilidad mayoritaria geográfica o cultural. Un tipo con ropa amplia, un perro sin correa, con tres pines pro palestina, que quema incienso y tiene una novia que no se depila los sobacos llevaría un pantalón de pinzas, una pulsera de España y miraría con deseo a la más operada de sus conocidas si tuviera a bien nacer en otro lugar. Es el mismo tipo cargado de puntualizaciones geográficas o actitudes que ha asumido por mera supervivencia social.
Así que antes de hablar de cositas con furiosa cólera, corazón, piénsate.
"Man jaqueao las cañerías!"
Básicamente eso me dijo un señor, estéticamente el doble de Abraham Boba (Leon Benavente), mientras yo ponía cara de estupefacción extrema esperando que me cantara la de Gloria.
"Ya tengo una edad"- me decía superados los 60. Su caso es uno de esos ejemplos en los que no se puede tener todo. Es un tipo listo, casi llevado al extremo de la lógica aplastante, que ha sido aceptablemente triunfador en la parte laboral de la vida. Con el paso de los años eso ha resultado obvio y, sin embargo, su desastrosa vida personal siempre le ha ido marcando. Al poco tiempo de conocerle, yo con 25 y él casi 40, acudí a la celebración de su cumpleaños. La casa resultaba ser un apartamento luminoso y limpio con vista al mar desde un pequeño acantilado. Al llegar la noté especialmente vacía y sobre unos caballetes habitaban varias tablas a modo de mesa con aperitivos variados. En el salón unas sillas plegables estaban dispuestas para los invitados. Yo conocía a su pareja y tuve cierto reparo en preguntar por ella, aunque lo hice. "Nos hemos enfadado y cuando he llegado a casa hoy, se había llevado sus cosas"-él hizo una pequeña pausa y esbozó una sonrisa resignada- "y también se ha llevado los cuadros, las sillas y las mesas".
El caso es que casi 30 años después quedamos para comer de vez en cuando. Abrimos una botella de vino y comentamos sobre la vida, las finanzas, la situación geopolítica del mundo o nuestras cosas y milagros.
Algo que sabemos los dos es que la manera de solucionar un problema complejo prácticamente irresoluble es dividirlo en pequeños problemitas de sencilla solución. Compartimentalizar.
Al segundo vino y después de pedir el postre hemos llegado a los asuntos de la vida.
"Ya sé cual es el error con las mujeres"- me dice como si hubiera encontrado El Dorado. A él le gustan los barcos y una socialización de tipo medio, algún dia ir al cine, quizá excursionar de manera casual pero no profesional y actividades sencillas de ocio. "El error que cometemos es pensar que hay alguien que está ahí para todo. Que es la persona con la que vas feliz en el barco y con quien te lo pasas bien en el cine o tomando un vino. O follando. Eso"- me hace hincapié en ello- "eso es el error." Ahí me hace una pausa porque es algo parecido a haber terminado parte de la disertación. "El truco es encontrar a alguien que le guste ir en barco, y compartir con ella los momentos de barco. Encontrar a alguien con quien estés bien tomándote un vino, y saber que es mejor tomarte un vino si estás acompañado de ella. Salir al cine. Follar. Ir de excursión al monte. Lo que sea. Hasta este punto todo es correcto salvo que para cada actividad has encontrado una persona diferente"- Yo afirmo con la cabeza entendiendo el lugar al que hemos llegado- "El truco es"- me dice casi a modo de conclusión- "que por muy bien que estés con la que va contigo en el barco !no hay follársela!. Si la que folla estupendamente contigo quiere ir al cine !hay que decirle que no!. ¿Que quien sube al monte contigo los fines de semana te propone salir en barco?. !Bajo ningún concepto!. Así no hay problemas y todos sabemos lo que nos toca. Así no te dicen "cariño, nunca me llevas en barco". No, joder, porque tú no eres la del barco y si vinieras al barco lo más probable es que luego, si sale bien, también quieras salir al cine y así hasta que haya algo que no salga bien y nos quedamos sin la actividad primaria, enfadado y solos. El error que cometemos siempre es abusar de las opciones y, al final, quedarnos sin ninguna. Si somos ordenados eso no va a pasar". Está claro que lo que propone es monogamia pero de cada actividad. Solo vas al barco con una persona, solamente tienes sexo con una persona, solo juegas al tenis con una persona, pero esa persona no es la misma para todos los casos sino la adecuada para cada uno. Or-ga-ni-za-ción.
Nos traen el postre, agradecemos su trabajos al camarero y hace su puntualización final.
"No es un tema de hombres"- me indica. "Vale también para mujeres. Yo"- afirma con sinceridad- "asumo perfectamente que mi rol puede ser uno u otro. Acepto que no debo de salirme de él. El problema, Ricardo"- y aquí adquiere un tono paternalista- "es que es muy complicado vender esa idea y más aún a una mujer que sigue creyendo que hay un príncipe en algún lugar esperándola."
"Después de muchos años es la conclusión a la que he llegado, pero no tengo solucionado el marketing de la idea".
"¿Compartimentalizar?"- le pregunto. "Compartimentalizar"- afirma.
Ya os he dicho que es un tipo muy listo que ha hecho de la lógica su manera de subsistir en este mundo pero le cuesta, siempre, el lado comercial de la vida.
Más o menos poco tiempo pasados los 2000 terminé, una noche, de copas con Eva. Podría parecer que como éramos dos personas heterosexuales, de edad similar, fisicamente activos y en cita exclusiva, aquello fuera lo que parecía pero, sinceramente, no era así. Es más, ella había empezado una relación con quien actualmente es su marido y padre de sus hijos. Son, ahora, una familia aparentemente feliz que hace cosas de gente que mola y publican fotos felices en la nieve, en Brooklyn o en donde cojones quieran restregárselo al resto del mundo por las narices. Lo digo con amor. Yo la conocía por ser amiga de la que era mi pareja por entonces y con la que únicamente tengo contacto por algún pésame. Todos salimos ganando.
El caso es que después de algún que otro copazo y haber criticado duramente a la gente que puebla las calles desde la tarde hasta la noche, porque si algo nos unía era la acidez creativa para con los demás, Eva me propuso algo loco. Como a todos, y quien lo niegue es un hipócrita, nos gusta sentir que alimentan nuestro ego. Básicamente puede ser que nos digan que hay algo que hacemos bien o que somos guapos. Puede ser cualquier tipo de alabanza gratuita de esas que nos dejan buen cuerpo. Que fuimos buenos amigos, que escribimos algo que mereció la pena o que hacemos una tortilla de patata deliciosa. A esas horas, pasadas las dos, se nos ocurrió visitar algún local popular.
"El balcón de la Lola", que es su descriptivo nombre aunque por entonces era más "El andamio de la Lola", resultaba ser un espacio industrial (porque no había una gran inversión decorativa) plural donde se mezclaban diferentes gustos, géneros (por lo menos 6), músicas y bebidas espirtuosas. La idea era clara. Como tanto Eva como yo nos considerábamos seres atractivos e interesantes y aquel era un espacio de una afamada promiscuidad sexual. Optamos por situarnos en lugares opuestos de la barra, sacar una cerveza y esperar que algún ser se nos acercara con la firme propuesta de alimentar nuestro ego. Nos daba lo mismo que fuera un hombre, una mujer, una cabra o un helicóptero Apache. En realidad íbamos a declinar gentilmente la oferta porque sólo deseábamos llegar a ese punto. A favor de ella estaban sus apabullantes y firmes pechos. A mi favor que el bar era un 65% gay.
Cuando nuestras cervezas ya se estaban terminando y nos mirábamos de un lado a otro de la barra sorprendidos por nuestro nulo poder de atracción, me jugué una baza extra. Me acerqué al baño. La miré como quien ha descubierto una grieta en las normas del juego. Se me acercó una muchacha andrógina de pelo corto y vestimenta colorista. Hice una seña a Eva con cara de haber ganado el juego. Aquella chica y yo intercambiamos un par de frases. Volví a mi sitio. Acabé la cerveza y me fui donde mi amiga. "Nos vamos"-le dije. Al salir me preguntó qué había pasado. Ella esperaba que me hubiesen propuesto sexo salvaje, algún tipo de intercambio de fluidos, una orgía múltiple sadomasoquista o incluso la utilización extrema de artefactos variados. "Me ha ofrecido cocaína"- sentencié.
La verdad es que me voy dando cuenta que jamás he ligado en un bar pero sí que me han solicitado como drogadicto en varias ocasiones. También es cierto que un hombre solo en un local de fama disoluta puede ser, igualmente, un depredador, un alcohólico, un drogadicto, un sin techo o un mierda. En vez de volver a casa con el ego alimentado llegué a la conclusión de no volver solo a ningún espacio de ambiente. Excepto si me vuelvo yonki.
Supongo que todos necesitamos un chute a nuestro ego de vez en cuando, aunque en aquella situación no se apareció el tipo de chute en que yo estaba pensando. No es que quedásemos empate sino que ella se quedó a cero y yo puntué en negativo.
Ella se casó. Yo sigo soltero. No he intentado, jamás, esperar ligar en un bar. Tengo el ego por los suelos.
Juan no es psicólogo, es bombero. Sin embargo, cada vez que tienen que acudir a la llamada de algún ciudadano (de esos que no tienen que hacer más que mirar por la ventana y en vez de fijarse en el devenir hipnótico de la corriente del rio, lo que hacen es fijarse en los suicidas del extremo del puente), es quien está encargado de entretener al desesperado el tiempo adecuado para que sus compañeros protejan el impacto.
Así que aquella madrugada acudió, bajo el ensordecedor pitido de las sirenas, a hacer su labor porque un hombre de mediana edad amenazaba con saltar. Mientras los compañeros se hacían con una zodiac él se acerca al "usuario del servicio".
-Hola- le dice Juan, amigable.
Hola
-¿Cómo por aqui?
-Pues ya ves- le responde sentándose con los pies colgando fuera del puente- valorando firmemente saltar.
-Hombre- siguiéndole la conversación- No tiene buena pinta esa decisión.
-Es probable. Lo de la gravedad no me salió mal.
Juan, que no es la primera vez que se ve en estas situaciones, empieza a considerar el tipo de alteración de su "cliente". El manual mantiene que cualquiera que desee quitarse la vida posee algún tipo de desarreglo mental junto con algún drama supuestamente insuperable. El truco, que es fácil en teoría, está en insuflar confianza para establecer algún tipo de conversación que deje cualquiera de esas facetas en un segundo plano. Hay que establecer lazos.
-No me has dicho tu nombre.
-Jesús
-Pues hola Jesus, yo soy Juan.
-Hola Juan, ¿te sientas conmigo?- Le hace gestos para que se aposente a su lado con los pies jugando con el vacío.
Juan se sienta, no sin antes asegurarse a la estructura del puente con un arnés. Abajo sus compañeros y un par de buzos están preparados para cualquier contingencia. Sabe que ha de empezar a bordear líneas rojas para controlar la conversación.
-Dime, Jesús, ¿cómo es que has llegado hasta aquí?
Jesús toma aire y mira al horizonte. "Supongo que como otros muchos. No me han salido las cosas como yo pensaba". "No será para tanto"- responde rápido Juan- "estoy seguro que habrá algo que merezca la pena"-sigue rápido- "y si no lo encuentras, ya verás como está esperando más adelante".
-Tengo mis dudas.
-No seas dramático. Hay cosas maravillosas. Sé que voy a caer en tópicos pero un amanecer, la amistad, el amor, el sonido del viento en un campo de trigo, ya sabes.
-Claro que lo sé. No todo lo hice tan mal.
-¿Lo hiciste?
-Ah, si. Pensaba que ya te lo había dicho. Soy Jesús, pero me puedes llamar "el hijo de Dios".
Juan no se sorprende. Lo mete directamente en el saco de "chalados".
-Joder, pues entonces estarás convencido que no te vas a morir.
-Al contrario. Uno es divino para muchas cosas pero recuerda que soy mortal. Me crucificaron y todo aquello. Luego ya, si eso, volveré o no pero que si salto no sobrevivo es algo que te aseguro. La física es algo que no se me da mal. Para una cosa que funciona no voy a quitarme méritos. Luego ya está todo lo demás.
-¿Y qué es lo demás?
-Lo de los terremotos y lo metereológico. Ah, y ese error de daros libre albedrío. Mira que me lo hacéis pasar mal con lo de las guerras y esa manía de romperlo todo. A mi me parecía buena idea porque de esa forma delegaba, pero sois unos- y hace el gesto de comillas- empleados bastante mediocres.
-Hombre, Jesús- sabiendo que a un loco hay que darle la razón- tampoco te ha salido mal. Nadie es perfecto.
-Ese es el problema- dice interrumpiendo- que se supone que soy omnipotente. Yo, precisamente yo- señala su propio pecho- no debería de equivocarme. Al principio llegué a pensar que unos cuantos problemas climáticos e incluso alguna que otra pandemia, e incluso guerra, no estaba tan mal porque regulaba las cosas. Es- y se lo dice en tono de maestro- como cuando podas las ramas de un árbol para que crezca más fuerte. Pero si suelto a la peste, me sale una guerra. Después hago una isla en el pacífico con un volcán submarino y se me pasa que eso genera una ola gigante en las costas de Chile. No sé si alguna vez has estado arreglando algo y se te ha roto otra cosa. Pues así llevo miles de años. Y cada vez es peor. Así que, sinceramente Juan, ahí os voy a dejar. Os podeis matar o salvar, pero conmigo no conteis. Me daban mucho menos trabajo los nehandertales, que eran una banda de amiguetes y sólo se preocupaban por cazar un par de mamuts. Aquello sí que era gratificante. Que si ahora voy a ver si les doy el fuego, que si les doy pistas para inventar la rueda... Pero os dió por copular y aunque os hice ver eso de la agricultura , !hala, a recorrer el mundo y mezclaros!. Entonces es cuando me equivoqué la primera vez: me inventé lo de las religiones. Pero no para que creyerais en algo, sino para que os diera miedo mezclaros. Lo de que una musulmana no se acostara con un cristiano no era por nada más que yo estaba probando diferentes tipos de humanos, nada que ver con la pureza o no de la raza. No me hicisteis ni caso. No os vale ni un cambio climático, ni dos guerras mundiales, ni una pandemia de broma, ni un sida, ni nada. Y ahora ya no es que empeceis a creer en ídolos, que a mi los Beatles no me importan por mucho que Lennon dijera que era más famoso que yo. Pero es que hace falta ser imbéciles para creer en ChatGpt más que en mi.- Jesús suelta un largo y sostenido soplido- Hasta los huevos estoy.- Y le mira fíjamente a Juan- !que es una máquina, coño!
Los dos se quedan mirando al horizonte. Abajo, como si les fuera la vida (de otro) en ello, les miran con atención e imaginando lo que sucede. Juan tiene un récord de suicidas salvados. Por la distancia al agua saben que solamente podrán buscar el cadáver, pero siguen haciendo su trabajo por si hubiese algún, nunca mejor dicho, milagro.
Juan se busca algún comodín. -¿Y tu familia?-. Jesús responde: "No tengo, Juan. !Cómo voy a tener familia si llevo aquí millones de años!". Vengo, hago mi trabajo y ahora me doy cuenta que por mucho poder universal y todo eso, no me ha salido bien. Me canso. Que lo haga otro o, fíjate lo que te digo, que no lo haga nadie. Os vais a la mierda y solucionais vuestros problemas. Eso sí, ya te digo que lo teneis complicado. Os quedais con vuestra sensación de poder con todo y ya verás las risas cuando hagas una presa en un sitio y te cepilles al altramuz perdiguero del ecosistema. Que no Juan, que no. Que cada vez que he intentado arreglar una cosa se me estropean tres. Te voy a poner un ejemplo: eres un camarero estupendo y vas con tu bandeja con las copas. Vas vestido con tu uniforme de pantalon y pajarita negros, con la camisa blanca impoluta. Entonces esquivas el balón de un niño jugando y te tiembla la botella de whisky. Para que no se caiga, giras la bandeja pero se desliza el vaso, y los hielos van para el otro lado. Haces unos malabares y un grupo de humanos que se creen muy graciosos, en vez de echarte una mano, se ponen a grabar con el teléfono. Vas haciendo intentos entre las mesas pero siempre se te cae algo. Al final, aquí, en el puente, decides que lo mejor es tirar todo al suelo y que lo recojan los demás. Eso es saltar. Ojo- le dice- podrías pensar que es una rendición pero es más un hartazgo. ¿Decepción?. Eso te lo compro, pero porque me convencieron que yo, precisamente yo, lo podría todo. Y no es verdad porque se me ha ido de las manos.
Jesús le mira casi de forma condescendiente. "Habéis sido mi proyecto de fin de carrera de ser Dios y no me van a dar el título". Jesús se deja caer.
Curiosamente antes de tocar el agua, por un instante, se convierte en paloma. Roza un milímetro la superficie y desaparece con el amanecer. Juan y sus compañeros deciden acordar que no encontraron el cadáver porque se quedó en el fondo. Sin familiares conocidos ni identificación alguna, un suicida más de los que vagan por las urbes agotados de vivir.
-¿Qué tal el día?- le pregunta su esposa a Juan al llegar a casa- Uno más- responde lacónico.
Efectivamente. Otro día más se sientan delante de las noticias llenas de tempestades, guerras y enfermedades infinitas.
!Señoras y señores. Ñoños y niñas. Monstruos y monstruas!, !Tenemos el placer de presentar ante ustedes... el misterioso caso del hombre con tres testículos, el caso del varón coprófago de más de doscientos kilos, la mujer barbuda pero sólo de un lado, un político honesto, el ciclista que no se salta los semáforos, el asesino sin manos ni pies, una mujer trans negra embarazada de su pareja therian.
¿No te das cuenta que vivimos con la atención continuamente puesta en los casos excepcionales?
¿Cuando dejó de ser interesante o aleccionador José Ramón, que cursó sus estudios, se compró un pantalón de pinzas, empezó a trabajar de administrativo, conoció a Maria Del Carmen, tuvieron un par de hijos y los lleva al colegio antes de acudir a su mesa llena de antiquísimos excel?
Por alguna razón, que seguramente tiene una explicación psicológica, en un universo cada vez más normalizado se gasta una energía excesiva en esconder nuestra vulgaridad a base de comportamientos, tatuajes, exageraciones, escaparatismo virtual o simplemente actitudes.
Siempre he pensado que un ladrador es inofensivo, la verdad. Jesús, que era carnicero, abrió su carnicería en un barrio conflictivo. Sin embargo era el mismo barrio en el que se crió. Jesús era un hombre menudo. Desde su delgadez casi extrema y su estatura por debajo de la media me comentaba, al preguntarle sobre su posible miedo a la delincuencia del lugar, lo siguiente: "Los chicos de ahora son todo ruido. Te gritan, te dicen cosas desde lejos y hasta puede que te amenacen. A veces me veo pintadas o sorpresas por el barrio cuando voy a la carnicería pero yo, personalmente, nunca tengo un problema de verdad. Lo cierto es que yo me crié con sus padres. Ellos saben que aunque a sus progenitores se los llevó por delante la heroína, yo estaba con ellos. Que yo no grito nunca pero que atraqué algún banco, que robé muchos coches y que no se me da mal manejarme con cuchillos. Eso lo saben. Yo no amenazo más que una sola vez. Así que jamás he tenido un problema de verdad". Jesús no llamaba la atención pero era de esos señores bajitos que hablan en voz baja a los que hay que tener miedo. Y, sin dudarlo, cortaba los filetes con una maestría de museo.
Quizá por la necesidad de visitas y de clickbait una gran cantidad de estímulos supuestamente informativos o culturales se han vuelto algo parecido a bombas de racimos de extrañeza. Quiza, también, esa búsqueda de los quince minutos de gloria por parte de ciudadanos que no disponen de nada excepcional es la responsable de inventarnos o exagerar facetas para ver si , así, se sale en algún informativo o titular. Obviamente estar convirtiéndonos en inmunes a escenas o noticias nos hace buscar el asombro un poco más allá.
Viene a ser lo mismo que el porno. En 1984, sin internet y con las hormonas encendidas, nos íbamos al quiosco a comprar "flashes", que eran esos helados de colores y sabores difuminados en agua servidos en envoltorios de plástico. Mientras mareábamos al señor, Santi afanaba una revista porno. Una Lib o algo así. Luego nos íbamos a algún descampado a sorprendernos de excesivos vellos púbicos y redondos pechos desnudos. Eso ya era más que suficiente. Sin embargo quince años después ya habíamos vivido los videoclubs con las secciones de adultos. Incluso nos habíamos juntado en casa de Gonzalo después de que Joaquín, que jugaba al baloncesto y parecía mayor de edad, hubiese alquilado una. El video de Pamela y Tommy circulaba por internet. Una mamada no era algo excepcional sino una más. Para sorprenderse era necesario subir el listón. De ahí hasta algunas barbaridades solamente existe algo parecido a la adicción a las drogas, que te van pidiendo más para lograr los mismos efectos. Es más, personalmente puedo admitir que los castos y elaborados desnudos del Interviú que compraba mi abuela generaban en mi una excitación muy superior a cualquier orgía que encuentre en Internet un día de profundo aburrimiento.
Con las noticias pasa algo similar. Para captar la atención de un espectador bregado en excesos no vale decir que va a llover sino que se esperan las mayores inundaciones que se hayan visto. Para que nos fijemos en un individuo no es suficiente que sea un licenciado en física cuántica sino que sea un homosexual albino con una oreja impresa en 3d que domestica camellos en el Kurdistán. Y, aún así, se ha sacado la carrera de filología etrusca pero el sistema le impide encontrar un trabajo de lo suyo porque vivimos en una sociedad clasista. Ahora vas, y lo cuentas.
Creo que fue antes la búsqueda del exceso que las personas excesivas, pero eso no quita que gastemos demasiado tiempo en buscar, dentro de nosotros, algo que nos convierta en excepcionales o en un titular. Sacamos nuestros dramas, amplificamos nuestras puntualizaciones diferenciales e incluso hay quien vive esperando ser el próximo titular. Una amiga, sexualmente bastante activa, me confesaba que no encuentra sexo "normal". Que ahora todo el mundo que se encuentra quiere hacer el salto del tigre, copular del revés, recitar a Espronceda haciendo volatines con el rabo o vestirse de Tortuga Ninja pornográfica. Lo que no localiza es alguien que la abrace, la desee, no la obligue a contorsionismo y con suerte le saque una sonrisa después relajadamente. "A ver si ahora lo raro es ser "normal""- sentencia.
!Señores y señoras! !Niños y niñas! Con todos ustedes: !Manolo el contable!. Y mientras aparece un señor con un traje de Cortefiel azul oscuro el público se va a sorprender, porque ESO es lo raro hoy en día. Vivir en la normalidad es extraño cuando todo nos intenta obligar a la excepcionalidad absurda.
A veces más que preguntar por cual es el sentido de la vida dan ganas de preguntarse por el arma elegida para el apocalipsis final. Supongo que los cobardes escogen un dron, porque no te mancha y puedes creer que solamente es un videojuego. Un misil guiado es lo mismo pero pierde la gracia del control. Una granada lleva implícita la tensión entre quitar la anilla y esconderse de la defraglación. Un rifle de francotirador es algo parecido a un Dios justiciero. Te quedas apoyado con el cigarrillo a medio fumar creyendo que puedes impartir justicia divina desde tu atalaya.
Una pistola, sin embargo, es un poco pelea de patio de colegio. Apuntas, como si te pusieras en posición de pelea y pensaras que solamente con eso tienes ganada la disputa. A veces hay que disparar pero con seis tiros no sé yo si te va a dar para mucho. Cuando, en las películas y en las persecuciones, descargan el cargador contra el coche contrario, me sorprende que no dan al conductor pero aciertan en cuanto se fijan en el neumático.
La metralleta es el arma de los torpes. Incluso si tiene retroceso. Es pintar sobre un papel con un rotulador como si lo hiciera un mono borracho y luego vendiesen el cuadro como "apología de la justicia" en una galería de arte conceptual. Lo mejor de las metralletas, a mi parecer, son los pasatiempos de unir los puntos de los boquetes en las paredes para ver si, al seguirlos, aparece un dibujo de un tucán.
Un bazoka no es más que un misil pequeñito con pinta de pesar bastante. Que lo cojan los que hacen crossfit.
A mi dame una recortada. De esas que hay que recargar haciendo el gesto con el brazo para que salga el cartucho, a ser posible en cámara lenta. Que haga ruido. Que me salpique la sangre del contrario. Que me deje tatuajes de pólvora en la cara desencaja por el odio y ese punto de satisfacción de, por fin, dejarme llevar por los instintos más básicamente violentos. Al fin y al cabo, en el fin del mundo los pecados ya no cuentan.
No sé cual es el sentido de la vida pero sí que tengo claro el arma que quiero para mi propio apocalipsis.
Julio de la Rosa, que a mi parecer es un grande la música en este país y "paridor" de aquel disco dedicado a su hija de un solo corte de 49 minutos titulado "el Apego", saca disco pop. Aunque es un especialista en bandas sonoras y ganador de algún que otro premio, ya desde su grupo "El hombre Burbuja" dejó algún que otro tema de esos que te revuelven ( al menos a mi) y a los que vuelvo en ocasiones en las que describe, quizá con ese desprecio por lo melodramático que yo comparto, la sensación que te dejan las interacciones interpersonales con carga emotiva.
Vamos a empezar por lo fácil y lo reciente, que es Pamema.
Los niños, en el momento en que empiezan a ser conscientes de su identidad personal como humanos, aprenden formas de manipular a su entorno. La infancia lleva implícita una fase de chantajismo que se visualiza con facilidad extrema en lloros, rabietas o pequeñas escapadas al no doblegarse a los deseos infantiles. Aunque sea inconsciente, es así. En más de una ocasión algún infante, tras un leve percance, llora y llora y llora como si nada le calmara aquel dolor descomunal hasta que aparece su madre, o su padre, o de quien esté reclamando atención sin decirlo expresamente.
Cuántas veces los humanos nos quejamos, victimizamos o desarrollamos escandalosas llamadas de atención porque somos incapaces de pedir o verbalizar lo que sinceramente nos hace falta. Muchas veces, incluso, ese vacío o ese dolor existe como síntoma cuando la cicatriz viene de otro lugar. Otras muchas ni siquiera, como los niños, somos capaces de identificarlo aunque no es mentira que lo estemos sintiendo.
Eric Berne decía que el "niño adaptado", que es ese pequeño hijo de la gran puta maquiavélico, cabrón y manipulador, siempre está presente. Que la madurez era aprender a equilibrar al niño, al niño adaptado, al adulto y al padre que todos llevamos dentro.
Lo curioso de todo esto es que el lloro y la victimización facilona y mentirosa viene a tener un resultado visible en una sociedad que gusta de creerse maternalista y protectora. Son hambre y ganas de comer. Es deseo y oferta sexual. Si vivimos, como parece que hacemos, en un sistema social en el que el Estado ha de ser el progenitor que te cambia los pañales cuando te cagas encima porque no has aprendido a limpiarte el culo, todo encaja.
M dejaba que su hija cogiera unas pataletas indecentes cuando había que irse de los columpios. Su estrategia, por entonces, consistía en alejarse y buscar un punto desde el que pudiera ver a la niña sin que la niña supiera que estaba siendo observada. La niña lloraba, gritaba y sollozaba como si un oso pardo le hubiera arrancado un brazo. A veces, incluso, se revolcaba por el suelo. Sin embargo llegaba un momento en que dejaba, automáticamente, de llorar y se ponía a buscar a su madre. "El problema"- me decía- "es que en más de una ocasión otros padres me han recriminado violentamente hacer sufrir así a mi hija". Desconozco la adolescente en que se ha convertido porque nos dejamos de hablar en cuanto ella encontró una pareja sexual y afectiva mucho mejor que yo, pero no me parecía una mala estrategia. Y la recriminación social es una muestra de cómo funcionan las hordas populares. Probablemente no es que sean empáticos con la niña, y mucho menos con la madre, pero es que es muy desagradable oir los grititos. A veces tengo la sensación que quien se pone muy digno porque las guerras o la pobreza lo que pasa es que le molestan las imágenes de muertos o que alguien rebusque en su basura.
Me gusta pensar que soy plenamente consciente que me comporto como un gilipollas cuando me comporto como un gilipollas. A veces, si me quiero dar medallas morales, afirmo creer que es algo que me diferencia de la media. José Ramón es igual de gilipollas que yo pero no se da cuenta, simplemente lo es. Sara, victimizada al límite por algo que jamás sucedió, llora y llora buscando casito arrastrada por la niña adaptada que vive dentro de si. El problema es que en vez de quedarnos escondidos sin hacerle ni caso hasta que se le pase y aprenda que ese no es el camino, una multitud de supuestos adultos no ponen en duda que la niña sufre muchísimo, le dan caramelos, cariños y le permiten jugar en el parque todo lo que le salga del arco del triunfo.
Con estos ejemplos lo que se deduce es que si hacemos caso al niño adaptado, seguiremos siendo niños siempre porque nos han enseñado que es la manera de conseguir las cosas. Hay niños haciendo burla a los que se van a casa a hacer los deberes restregándoles ser más listos porque han engañado a sus padres para jugar más.
Así están las cosas. Así te lo hemos contado.
Creo, sinceramente, que salir por la noche tiene tres parámetros: la imagen que crees que das, lo que realmente eres y la imagen que ciertamente transmites.
Dicho esto, que será importante para la resolución de esta metáfora, empezaré por el principio.
La discoteca Garden, en el barrio bilbaino de Deusto, era una se esas salas de fiesta diseñadas en los 70. Quizá la seña mas identitaria que tenía era una enorme lámpara como la del salón de tu abuela pero en modo XXL, sobre un escenario redondo. Actualmente no sé si es un multimercado chino o un supermercado, pero estoy seguro que ya no existe.
Al terminar el show y quizá por proximidad generacional, terminamos en la parte de atrás de la sala, que no era más que un almacen y un pequeño parking, 4 jóvenes simpaticones. En la foto se ve, de izquierda a derecha a un servidor con el pelo cortísimo, sin barba y hasta sonriente. A Yavhé, que en aquella época tenía puestas esperanzas en un futuro artísticamente multidisciplinar gracias a tu virtuosismo con la guitarra. Marta, maquillada, encuerada y profunda. Y Dani, que vivía un momento de esplendor siendo Dj Kevin, estrella de las noches de la discoteca Anaconda, en la fabril Barakaldo. Obviamente y visto en perspectiva éramos: un pijo, un hippy, una gótica y un pastillero.
Hace tiempo apareció una noticia en la que indicaban que según un estudio de una universidad de Canadá "Las personas que comparten demasiadas frases "profundas" en Internet son más tontas". Estoy aceptablemente de acuerdo. (Recordemos La invasión de los místicos, del 2014). Podemos extrapolarlo a eslóganes, titulares, argumentarios y cualquier otro elemento que se rebota al universo con la intención pueril y ridícula de parecer más listo, con criterio, simpático o sabio.
Relaciones sexuales aparte, aunque siempre han sido una metáfora certera del mundo real, no hace falta remitirse a Dunning Kruger para certificar que los menos inteligentes disponen de un campo de crecimiento social bastante más amplio que la parte de la estadística que está por encima y también por debajo. En la campana de Gauss de la inteligencia social hay, esperando, una recompensa a quien está entre el 30 y el 55%. No molestan, no piensan, se visten solos y aceptan cualquier cosa sin preguntar el motivo. Voy a poner un ejemplo: estás sin trabajo y te ofrecen mover cajas de un sitio a otro. A Pepe, que viene de follarse a la última que le hicieron gracia sus chistes y se vio deslumbrada por datos no contrastados, le parece bien y acepta. Tú, que eres imbécil, preguntas lo que hay en las cajas y te dicen que son drogas para niños menores escondidas en vapers con la cara de Pluto, con lo que no te sientes bien y te quedas en el paro.
La pregunta fácil que viene es el motivo por el que seres tremendamente mediocres ascienden con tanta facilidad. Una es todo lo anterior: son previsibles y fáciles de entender. La otra es que a la mayoría le incomoda que haya alguien tremendamente listo llamando la atención. Siempre hemos sido amables con el payaso porque es torpe y nos hace reír. Nos hace sentir mejores hasta cierto punto. Chirac, presidente de Francia, ganó unas elecciones con el eslogan: "el mejor de los malos" (2002). Eso define que no se vota por el programa electoral sino por la percepción que cada candidato genera en mi. En algunos casos apoya nuestro sesgo de confirmación y en otros, quizá, queremos ver hasta qué punto es capaz de llegar ese puto payaso. Es inconsciente pero es así. Se vota, se asciende o se escoge al personaje muy por encima de sus capacidades. Es España hemos tenido a políticos listísimos ( Margallo, Borrel, Josu Jon, Fraga, por citar a alguno) que no han llegado más arriba porque son listos y no escuadristas mamporreros. Sin embargo hemos votado a payasos ( Jesus Gil, Ruiz Mateos) quizá esperando que aunque no van a solucionar nada nos vamos a divertir.
Así que en los mítines se ponen a decirte frases grandilocuentes, te sueltan una cifra que se han encontrado por ahí y se meten en tu cama después de trabajar moviendo cajas sin preguntar lo que llevan dentro.
Porque aunque sabemos que son menos inteligentes, nos reconforta y premiamos la mediocridad. En el trabajo, en la política y en la cama.
Yo no soy listo en absoluto y por supuesto que mi lugar en la vida no es nada relevante. Sin embargo una amiga de gran bagaje sexual es capaz de afirmar que no pillo nada porque me empeño en hablar demasiado, se me coge cariño y con eso cambio el foco del objetivo. Tiene razón. Si vamos a setas, vamos a setas.
PD: Remember "Bienaventurados los Simples"