Mal dia para buscar

28 de mayo de 2026

Chat gpt se ha leido este blog en 30 segundos.

 Este blog existe desde 2007, tiene 3229 entradas y cientos de miles ( quizá millones de palabras). Lo he descargado (1gb) y se lo he pasado a la IA, complaciente y efectiva. "Leelo y analízalo". 30 segundos después ha dicho, aparte de comentar que el video de Jack ordenando un codigo rojo lo he puesto 5 veces, que mis 19 años de trabajo se resumen en:


Aquí tienes un análisis detallado del archivo XML correspondiente al blog "maldiaparadejardefumar", gestionado bajo el pseudónimo de "pesimistas existenciales". El análisis está dividido en cuestiones de contenido, aspectos literarios y una valoración global del espacio.

1. Análisis de Contenido (Temáticas y Enfoque)

El blog funciona como un diario de observación social y psicológica con un marcado tinte introspectivo. A través de las entradas provistas, se identifican los siguientes ejes temáticos:

  • La crisis de los 40 y el paso del tiempo: En la entrada "40", el autor reflexiona sobre el envejecimiento, el cambio de roles con los padres y la pérdida de la espontaneidad adolescente. El tiempo se percibe como una estructura lineal inflexible ("nuestra artificial forma de medir el tiempo"), un concepto que vuelve a aparecer en "Viajar eternamente en el tiempo", donde analiza la incapacidad humana para corregir los errores del pasado.

  • La nostalgia y la distorsión de los recuerdos: Se explora la infancia y la juventud en el norte de España (menciones a Laredo y el mar Cantábrico). En "OOO-EEE" y "Los falsos recuerdos", el contenido gira en torno a cómo el cerebro manipula las vivencias pasadas, mezclando fotos familiares, relatos maternos y proyecciones deseadas.

  • Crítica a la modernidad digital y el "postureo": El autor muestra un fuerte escepticismo hacia la cultura del siglo XXI. En "Los dioses no tienen community managers", dignifica el trabajo físico y manual (agricultores, electricistas) frente a la vacuidad de los likes, los hilos de Twitter y los profesionales de las redes sociales. En "San Valentín y el refugio", critica la mercantilización del amor y la afectividad de escaparate impulsada por festividades comerciales y dinámicas de internet.

  • La soledad y el aislamiento social: Se teoriza sobre cómo las redes sociales y la hiperconectividad, paradójicamente, encapsulan a los individuos en burbujas de aislamiento ("Mi madre y la generalización"), proyectando una falsa sensación de comunidad.

2. Análisis Literario (Estilo, Tono y Recursos)

Desde una perspectiva puramente literaria, el blog posee una identidad estética muy definida y un notable control de la prosa:

  • El Tono (Cínico-Melancólico): El tono es predominantemente desencantado, combinando el escepticismo propio de un "pesimista existencial" con una profunda melancolía. Hay una persistente autopercepción de derrota o mediocridad asumida con gracia (se compara con José Luis López Vázquez al lado de una mujer inalcanzable, o se autodefine como un "chiuagua" frente a un "rottweiler").

  • La Estructura Narrativa: Las entradas suelen comenzar con una anécdota cotidiana o un recuerdo personal concreto (una llamada telefónica a las 21:30, un cigarro bajo la lluvia a la salida de un bar, un examen escolar). A partir de ese hecho mínimo, el autor realiza una transición (a menudo un salto metafórico) hacia una abstracción filosófica o una crítica sociológica más amplia.

  • Recursos Estilísticos Clave:

    • Metáforas analógicas y tecnológicas: Une conceptos emocionales con terminología técnica u obsoleta ("armadura digital", "obsolescencia del amor", "recuperación de datos", "mi reloj particular... funciona a cuerda").

    • Intertextualidad y Cultura Pop: El texto está plagado de referencias que anclan el relato a una generación específica (los nacidos a principios de los años 70). Cita a cantantes como Bonnie Tyler o Alannah Miles, películas como Armas de mujer (Working Girl), y bandas locales como Los Deltonos.

    • Humor negro y costumbrismo: Consigue aligerar la densidad filosófica mediante apuntes humorísticos muy causticos sobre la vida cotidiana y las dinámicas familiares (las obsesiones de su madre jubilada con los políticos o la limpieza).

3. Valoración del Blog

El blog "maldiaparadejardefumar" destaca por encima de la media de la blogosfera estándar de su época (las entradas abarcan principalmente la década de 2010) debido a su calidad literaria y honestidad intelectual.



Pd: nos vamos a la mierda.


27 de mayo de 2026

Mi madre y Boni

Me han contado que mi madre, en una de esas realidades que existen en su cabeza y que aún están estructuradas con parámetros de realidad, se va con el teléfono al baño y se pasa un rato hablando a escondidas con su hermano Bonifacio.

Boni, que reventó por dentro sin avisar igual que hizo unos años después Manolo, era un tipo vivaracho y pequeño que hacía bromas conmigo sentado en el salón de la casa de mi tía Josefina. La Pepa, que era el apelativo familiar, quizá era más de su hermano Manolo, que se sentaba serio y trajeado tomándose un "whiscazo". Al fin y al cabo él trabajaba en un banco y eso, a principios de los 80, era ser capitán general.

Supongo que cada uno elige a su conversador partiendo de la afinidad que crea que siente con él. Siendo las gemelas pequeñas, una era de Manolo y su figura firme con la cara bastante cuadrada. La otra era más de Boni, que al fin y al cabo te hacía chistes en medio de la conversación. A estas alturas de la vida mi madre desea reírse. Conmigo al teléfono, todas las noches a las 21:30, casi se ríe sin que le diga nada. A veces me siento como un humorista famoso que despierta carcajadas únicamente con aparecer pero, al contrario de lo que pudiera parecer, algo en mi se reconforta. No sabe de qué se ríe. Dentro de diez minutos le constará recordar si hablamos de algo importante o no, pero sabrá que se ha reído.

Ultimamente hasta le ha cambiado la voz. Es más lenta y más honda. Los primeros días pensé que estaba acatarrada porque suena al eco del fondo de la nariz y cuesta como si el aire llegara más despacio. En realidad, y lo sé porque le pongo comentarios trampa en la llamada, es porque el hueco del desengache a la realidad se va haciendo cada vez un poco más profundo.

Hay personas, y no solamente llegados a los 95, que van oscilando entre la realidad y sus propios pensamientos secretos. Supongo que el problema es ser capaz de adivinar con quien hablamos a cada instante y responder como si aquello también fuera cierto, aunque no lo sea. Cuando hablas con un loco, y todos los que hemos estado cara al púbico tenemos, como poco, uno al mes, ha de parecer que le das la razón para lograr acompañarle a la esfera de lo verídico. Entonces se dejan llevar fácil. Te siguen como un perro abandonado, como un niño desorientado en un centro comercial o simplemente como una persona que se siente sola por culpa de su cabeza y tiene la sensación de haber encontrado un compañero. Al final de todo, por mucho desgaste mental que exista, los sentimientos básicos demuestran poseer una fuerza descomunal. La risa, el amor, la rabia, el afecto. Beber desinhibe y desinhibirse no es más que hacer porosos los filtros que tenemos protegiendo el núcleo que nos late dentro. Llevo sin llorar demasiado tiempo porque pensé, erróneamente, que debía fortalecer con hormigón romano el muro que hay que saltar para llegar a mi alma. Pertenezco a una generación enseñada en la ocultación de las debilidades y los sentimientos o quizá recibí malamente la experiencia de haber sido golpeado en donde me duele cada vez que creí tener la suficiente confianza para mostrarme.

Lo que me enseño la terapia fue a reconocerme y ver desde lejos lo que hago, pero aún me cuesta hacer lo correcto. Soy un gilipollas que sabe que lo es.

Mi madre, tú, yo y ese cliente que me culpa del calor que hace en la calle somos unos tarados. La diferencia es que ella tiene excusa y los demás, como mucho, un diagnóstico. Sin embargo hay una diferencia de años luz entre los comportamientos incomprensiblemente hostiles del imbécil de turno y una señora a la que la voz y la mirada se le van poco a poco. Alguien que con sus 42 kilos, la figurita frágil, el paso cadencioso pero constante y su vestimenta elegida después de dos horas (porque es mayor pero coqueta), está en su derecho de hablar con Boni o contarme, como hace siempre que pasamos cerca de la estación de Delicias, la forma y los detalles de aquella palangana en la que la lavaban de pequeña después de jugar en el centro de Lavapiés. La única opción que existe válida es acompañarla mientras todo lo que tenga que suceder, suceda.

En muchas, muchísimas ocasiones, queremos que ese cerebro se estabilice en el mismo plano en el que vivimos nosotros. Requerimos no tener que sufrir el desgaste que supone sostener la conciencia de otros. Rabiamos, mucho más de lo que debemos, al encontrar un envoltorio de humano y luego encontrarnos a una niña o a un ser irracional que lo ha poseído. Tampoco somos culpables de ello porque eso también es humano. Cuando mi hermana, superada y seria, porque ella es la Manolo de los dos, escupe desprecio por la incapacidad mental transitoria de madre, simplemente la acompaño un poco para ver si salimos juntos de ese lugar en el que se ha metido. Como yo soy Boni, le hago un chiste, pero se ríe menos. Habrá que ver qué pasará el día que se vuelva tarumba de verdad. Yo no tengo problema en ello porque me moriré antes y ya estuve chalado.

La última vez que estuvimos paseando por Madrid nos fuimos a Delicias a comprar el periódico. El ABC, no por la ideología sino porque tiene grapas y no se deshace. Volvió a contarme lo de la palangana. Se agarró a mi brazo y, aunque lo necesita por estabilidad, pone cara de que es por afecto, protegerme y acompañarme. Cuando, a los 90, se rompió la cadera no quería bastón ni muleta para que no la llamasen vieja. Nos sentamos en un bar. Le saqué una porra y un café. Hizo como que leía las noticias. Las rutinas se han vuelto imprescindibles y leer es una de ellas, como hacerse un zumo para desayunar. Volvimos a caminar y casi llegábamos a casa. Me dijo que fuéramos por el periódico. -"Es lo que hago al salir"-  le señalé la prensa que llevaba bien sujeta junto al bolso. Puso la misma cara que pongo, a veces, al llegar a la cocina y no recordar por qué. Soy hijo de mi madre. 

No niego la rabia, la pena o los gramos de desesperanza que se acumulan en todas y cada una de las anécdotas de estos últimos tiempos. Hay una edad maravillosa de los niños, entre los cinco y los diez años, que te obligan a interpretar el mundo para dárselo un poco masticado antes de que se atraganten solos. Supongo que hay otra edad, algo menos maravillosa, en la que vas viendo cómo se van apagando las farolas que iluminan partes de la vida en los ojos de quien debía de tener, en otros tiempos, respuestas. Ahora te hace preguntas. Muchas veces la misma pregunta varias veces seguidas y sabes que no se va a acordar de la respuesta. El día 12, que sería el cumpleaños de mi padre, me preguntó qué día cumplimos años sus hijos. Tragué saliva y le respondí con un chiste, diciendo que a nosotros siempre nos concibieron en navidad porque nacimos cuando se acaba el verano.

Supongo que Boni se lo hubiera dicho igual. Cualquier día me meto en el baño y le llamo.

19 de mayo de 2026

Tampoco eres especial.

Hay superpoderes extraños, como poder volar pero solamente en interiores.

Otro, que alguna vez he creído tener, es capacidad resolutiva de conflictos, pero llegar siempre tarde y cuando ya está mejor o peor resuelto.

Ayer soñé ser el mejor del mundo en algo, sin que aquello fuera nada específico. Poder, no sé, ganar al tenis a cualquiera pero jamás en un evento importante. Triunfar contra el número uno del mundo en un partidillo que nos montemos sin público en la pista de José Ramón pero ser absolutamente incapaz, incluso rozando el ridículo, si son las clasificatorias de Roland Garros. Viene a ser algo como cantar como el más glorioso barítono de la historia o parecer la reencarnación masculina de Janis Joplin si voy entonando en el coche pero convertirme en un perro afónico y viejo, con una pata rota, cuando alguien me escucha.

Si algo tienen en común todos esos superpoderes es que no valen para gran cosa. Se parecen al espectador de la actualidad, crítico como ninguno, que sabe que jamás se verá obligado a poner en marcha sus soluciones. Todos somos superpoderosos hasta que nos toca demostrarlo.

Una de las grandes mentiras con las que hemos sido educados es esa falacia en la que todos tenemos algo que nos hace especiales. Discrepo. Estadísticamente hablando la inmensa mayoría somos una lenteja dentro del paquete de lentejas, una abeja más en el enjambre. Un jodido grano de arroz irrelevante. Nuestra autoconciencia es una engañifa diseñada para continuar siendo parte del bulto.  Probablemente somos animales que juegan al juego de la socialización e incluso de la interacción sentimental para dejar a un lado la irrelevancia que somos. Sentirse amado o parte de un grupo elimina el anonimato que realmente poseemos. Uno de los trucos de las redes sociales es hacernos creer que somos especiales porque el algoritmo está diseñado para ser complaciente con nosotros casi como alguien que nos promete un falso amor eterno a cambio de llenar su nevera.


Todo eso no quita que haya quien tiene un don. Ni siquiera me refiero a algo que le haga perdurar en la historia. Ted Bundy tenía un don para matar. Conozco a quien posee, aunque no quiera, el don de la comunicación. Hay quien va paseando por la calle y no puede evitar, incluso con un chandal de Adidas de esos de las rayas blancas en las perneras, irradiar elegancia. Si resulta que el azar te proporciona un don monetizable como el que tenía Maradona, ya tienes solucionados tus problemas económicos con los vicios de por vida. Sin embargo la mayoría no sabemos acertar con un balón, nos cuesta lo de la elegancia, nos expresamos con dificultad y no hemos matado a nadie. Algunos incluso hemos buscado si éramos empresarios, escritores, deportistas, comunicadores o amantes. Todas las pruebas sin éxito. Después están la capacidades desastrosas: jamás he logrado limpiar un cristal sin dejar alguna marca o hacer la masa de las croquetas correctamente.

La Cizaña es un cómic de Asterix en el que Tullius Detritus es capaz de sembrar el caos y la confrontación allá por donde pasa. Ser un hijo de puta es un superpoder (del que dispone parte de la clase política menos resolutiva pero más perenne de nuestro país). Cuando éramos pequeños Ignacio era un tipo de esos que siempre iban con alguien que representaba una de las tendencias que se van originando en clase. Jaime era el líder de los malotes. Joaquin era el estudiante buen tipo que, además, suponía ser militante por las buenas causas y aceptable deportista. Gonzalo era el tipo de gafas listorro que miraba a la clase con superioridad cuando recibíamos las notas. Así sucesivamente porque una clase es un microcosmos. El caso es que Ignacio siempre se las apañaba para ser el segundo de alguien. Nunca brillaba en nada pero estaba detrás del que tuviera que estar según la época del año. A mi me daba mucha rabia porque llegué a la conclusión que no era un tipo de fiar.  Misa y repicando es imposible. Sin embargo eso hacía. El tiempo pasó y el colegio terminó. Nos perdimos la pista. Años después le vi en el periódico. Había sido nombrado para uno de esos puestos socialmente bien remunerados a los que se accede por señalamiento político. Investigando un poco su trayectoria se había afiliado a cierto partido, se convirtió en asesor de una figura emergente dentro de dicha organización y, probablemente, fue premiado con aquel puesto. "Lógico"- pensé- "tiene ese superpoder". No le tuve envidia ni sensación alguna de reproche porque era algo que llevaba de serie desde pequeño.

Cuentan que tener un superpoder exige una gran responsabilidad, y no lo creo. Si me tengo que identificar con algún superhéroe siempre será con alguien atormentado, porque soy así. Fíjate Batman lo fuerte que está y la pasta que tiene para lo mal que lo lleva.

Pero todos, absolutamente todos, viven con algo con lo que nacen o que obtienen de manera no buscada y fortuita. No se entrena para ser un super ni para ser un mierda. Se es. Sin más. Ni tú ni yo tenemos poderes y al morir simplemente pasaremos al saco del olvido. Quizá la irrelevancia es la más extendida de las mágicas virtudes que, como poder volar con la mente en interiores, puede que tengamos pero no valen para gran cosa.

El resto es engañarnos con autoconciencia saboteadora porque tú tampoco eres especial.


18 de mayo de 2026

Los marqueses de Chorrapelada

Vivimos con una realidad, cada vez más extendida, en la que el cliente actúa con la certeza de que tú solamente tienes una fuente de ingresos que es, precisamente, él. Has de estar a la hora que le viene bien, con la respuesta que espera, la resolución que ansía, la inmediatez instantánea y prácticamente la gratuidad que han leído que les dan en Internet.

Creo recordar que allá por el siglo pasado buscabas a alguien que supiera hacer algo que tú no sabías y respetabas sus tiempos, precios y consideraciones. A mi hermana, médico, le vienen con el diagnóstico hecho por Google exigiendo la receta que no pueden lograr de otra forma. Hace unos días aparecía un video (no lo he encontrado) en el que una muy joven explicaba a sus seguidores que en el bar en el que estaba había solicitado la caja de la leche del cafe para comprobar el porcentaje de no sé qué y así certificar que es muchísimo más lista era que el tipo que lleva una vida sirviendo cafés porque vivimos en un mundo proteínicamente enemigo de la vida saludable. Después se puso a hablar, casi como una bióloga molecular, de las trazas de algo en el aceite con el que fríen los huevos. Con la mano abierta le daba.

El jueves pasado hice un presupuesto a un tipo y a su chatGpt, que viene a ser "el amigo que sabe" en versión digital.

No es que vivamos en una época llena de recelos en donde los seres humanos van por la vida pensando que han de ser más listos que el que tienen enfrente, que seguro que les está intentando engañar. Ahora nos vamos ubicando en ese extraño lugar en el que tú, mi esclavo servidor, has de hacer lo que yo te diga porque soy mejor que tú  al ser quien paga se ha de hacer lo que digo yo, aunque sea una soberana gilipollez. Es más, si es una gilipollez la culpa es tuya porque yo, cliente y amo del calabozo, no me equivoco jamás. Soy el Marqués de Chorrapelada.

6 de mayo de 2026

Simplificar

Supongo que una de las cosas que caracterizan al ser humano, aparte del sexo recreativo, es un afán de conocimiento. No quiero decir que José Ramón viva desentrañando los misterios de la vida cual hombre del renacimiento pero sí que hay una satisfacción muy humana en aprender, aunque ese aprender sea hacerse porros con una mano, defraudar a hacienda con la otra o partir nueces con el rabo. Cada uno aprende lo que quiere.

El caso es que una vez llegados al siglo XX e incluso el XXI a cualquiera se le puede demostrar que tiene acceso a la globalidad del conocimiento. Hay un tutorial, locutado por un sudamericano, prácticamente para todo. Hace unos meses, no sin dificultad, cambié el mecanismo de la cisterna del water y casi di un "me gusta" a alguien de Bogotá. Sin embargo lo que no tuvimos en cuenta es que ,cuantas más posibilidades existen, el mismo ser humano va simplificando su universo a un espacio que le resulte abarcable. Viene a ser como aquello de que vivimos en un entorno de 20km cuadrados aunque tengamos vehículos que nos puedan llevar a Albacete todos los días. Podemos tener, como la canción, un millón de amigos pero los ciudadanos convencionales estamos en mínimos de amistad. Que sí, que te puede contar un tipo en un bar que tiene más amigos que puntos metió Petrovic en la final de la recopa del 89 pero le puedes intentar pegar ( como intentó Fernando Martin al acabar) porque saludar a alguien no es ser su amigo. Hablar de virus, de cuestiones sociopolíticas o de los residuos nucleares es algo que puede hacer hasta Maikel. Si algo resulta difícil de escuchar es a alguien que te diga que de ese tema no sabe lo suficiente. Aquí todos tienen una opinión, aunque sea un mojón de opinión. Parece que el que reconoce no saber es tonto y a nadie le gusta ser señalado como tonto.

Obviamente no se puede saber de todo así que alguien se inventó el discurso políticamente correcto. Es esa especie de argumentario que te hace quedar bien en cualquier circunstancia: la guerra es mala, el planeta hay que cuidarlo, las libertades son respetables, la culpa es de los ricos, cuidemos a los niños, los políticos son corruptos y el Quijote, una joya. Sin matices y, a ser posible, defenderlo con vehemencia. Es como si la defensa de cualquiera de esos componentes te hagan ganar un punto. El problema es cuando hay un conflicto entre dos de ellos. En pandemia una chica, por su coño moreno, iba en el metro sin mascarilla. Un muchacho se le acercó y le recriminó no llevarla en un espacio público. Ante ello la manceba gritó victimizada que un machista quería imponerla su voluntad. Por supuesto que, prontamente y a lomos de un caballo blanco salvador, apareció un joven a rescatarla. "Haz lo que quieras"- le dijo el incriminador- "porque soy gay y si me pegas tienes que elegir entre machismo u homofobia". Al entrar en conflicto entre dos dogmas el salvador cesó su salvamiento.

Lo que es verdad es que la estúpida simplificación del mundo para poderlo amoldar a lo que te crees que es lo adecuado se hace en casi todo. Es como escuchar solamente música country que huele a caballo, decir que eres el Joaquin Luqui de 2026 pero es que no sabes nada de rock nacional garajero porque no se puede escuchar todo. Hay quien lo acepta ( sí señor, es usted) y quien te dice con dignidad insultante que si no escucha el ultimo disco de Bernal es porque es una mierda y la realidad es que no está en el mundo sonoro simplificado que se ha creado.

La simplificación del mundo lleva consigo, en las mentes más infantiles, la exaltación de lo propio y el desprecio de lo ajeno. Si matar animales ya tienes asumido, comiéndote una smash burguer, que es malísimo de la muerte y los toros no te llaman nada la atención, los taurinos son unos hijos de puta que merecen morir empalados por el ano hasta que se desangren. Vamos a algo más sencillo: si no te gusta la Formula 1 cualquiera que se despierte a las 5am para ver la clasificación de China es un imbécil retrasado fascista que quiere joder el planeta con el humo de los motores de combustión en un deporte machista. Si a ti te parece ( hayas ido a verla o no) que determinada película es buenísima y alguien te comenta que no le ha llamado la atención entonces tú, que te llaman Stanley en el estanco donde compras papel para los porros, sentencias que a ese lo que le pasa es que no tiene ni puta idea de cine. También es cierto que la degradación del contrario, aunque soez e intolerante, se vende mucho mejor que reconocer que hay tantos puntos de vista como melones.

Hemos aprendido que si, haciendo zapping, en un canal están explicando la teoría de la relatividad con manzanas y en otra hay dos bonobos gritándose, te quedas en los bonobos. Al ser humano convencional le alimenta el ego eso de captar audiencia.

Así que quizá todas esas acciones consecuencia de la intolerancia y, como consecuencia, del desprecio al otro, son fruto de la necesidad de reducir nuestra realidad al mínimo para creer que la tenemos controlada. Por supuesto, si alguien pone en duda las leyes universales de nuestro universo o nos comenta que en algún lugar hay un universo más grande o mejor, pasa a ser directamente el enemigo. Para eso nos queda la tontería esa de Popper de que esté justificado ser intolerante con alguien a quien ya hemos ubicado en el mundo de la intolerancia, porque para un imbécil la discrepancia es lo mismo que la intolerancia, y no lo es.

Vivimos en un mundo enorme lleno de personas que, en vez de descubrirlo y aprender, lo han hecho más y más pequeño, como nacionalismos unipersonales intolerantes, donde se desgastan degradando al que no piensa igual y buscando la afirmación social porque son capaces de gritar mucho y más alto.

Lo único que han hecho con todo lo que se puede degustar y saborear del mundo es, sencillamente, simplificar.

30 de abril de 2026

10 años sin Prince

Se han cumplido 10 años desde que Prince murió.

Cada día, cada vez que me lo encuentro, redescubro que era más grande. Más. Hasta pasando el rato con los colegas o tocando TODOS los instrumentos (27) de su primer disco (1978), con 18 años.

Erróneo estado del bienestar moderno ( y José Ramón)

Hay gente que se esfuerza y, oye, que no le sale bien. A veces, incluso, hay infortunios cabrones. Probablemente en una sociedad colaborativa y comprensiva es de ley ayudarlo. Ningún problema.

Pero a Jose Ramón, que lleva fumándose todos los porros que puede desde los 16 años, le saludan por su nombre en todas las discotecas y bares de la península, ha tenido tres hijos porque prefirió comprar un BMW que condones, le han echado de todos y cada uno de los trabajos a los que ha ido y de los que ha cobrado tras haber denunciado a sus jefes de manera sistemática para ver qué es capaz de sacar mientras va de alquiler en alquiler hasta que le echan por no pagar a los especuladores... a José Ramón no hay que darle nada, por cabrón. "Oh, pero cumple los requisitos"- "!Me suda el arco del triunfo!"

Asi solucionamos dos problemas: tenemos de sobra y , con suerte, se nos muere Jose Ramón.

"Es que es vulnerable"- "Los cojones. Vulnerable es Pepe que ha estado veinte años haciendo pan todos los días desde las 5 de la mañana, pagando su hipoteca, y se ha ido a la mierda porque han abierto un super muy barato enfrente con pan de mierda pero los clientes son unos peseteros hijos de la gran puta. Esos son los criterios, pero entiendo que para un funcionario o un legislador es muy complejo ver más allá de un papel con un numerito, que es el que José Ramón entrega, con cara de penita, en la ventanilla correcta".

Bienvenidos al erróneo estado del bienestar moderno, al que se le olvida ser personalizado en vez de buenista sin ojos.

28 de abril de 2026

10 demostraciones de la realidad por encima del discurso.

Hoy es un buen día, dado el primer aniversario, para recordar empíricamente algunas de esas cositas que en la cabeza suenan espectacular pero después se demuestran poco o nada efectivas.

La primera puede ser que si tienes un país lleno de molinillos de viento o de placas solares pero se te olvida estabilizar una red con fuentes energéticas controlables (hidroelectrica, gas, carbon o las nucleares), se te va la luz.

La segunda es que si a Maria del Carmen, que se compró dos pisos, la das por el saco a todas horas y la convences que su esfuerzo no va a valer más que para que alguien le pague tarde mal o nunca, vende el piso y que le den a los inquilinos.

La tercera, que como dicen algunos titulares podemos aprender de otros países, es que si das dinero infinito a alguien por no trabajar lo que consigues es que no trabaje.

La cuarta bien podría ser esa idea tan loca del tope a los salarios, que hace que a los que les ofrecen más dinero en otros países, casualmente, se van a otros países.

La quinta, que te la voy a contar yo, es que si vas subiendo el salario mínimo sin subirle la pensión a mi madre en el mismo porcentaje, te encuentres con que hacerse mayor dependiente le está suponiendo perder, cada mes, un puto pastizal del que hacienda se lleva prácticamente un salario. La otra, que también te la voy a contar, es que yo llegué a dar trabajo a casi 20 personas a la vez y el único consejo que puedo dar a alguien que emprende es que contrate lo menos que pueda porque a nadie (al menos institucional de este país) le importa una mierda ni la vejez de mi madre ni que seas un generador de riqueza. Si eres un bar no puedes vender el cafe a 15€, así que te tienes que joder porque para que los baños estén limpios ( esto es una metáfora) alguien tiene que limpiar. La economía real no es un capítulo de Succession o de Industry.

La sexta, y para eso voy a usar una canción de 1985, es que si juegas a llevarte mal con EEUU en el mundo real, ellos empiezan a montar bases en Marruecos, dar armas a aquel país y nos vamos a reir el día que te hagan la marcha verde en Ceuta, Melilla, Canarias y, ya de paso, Córdoba y Almería.

La séptima es que ya vamos aprendiendo que siendo hiperregulativos lo que hacemos es alimentar al monstruo de lo institucional y cohartando las libertades de aquellos que son tan locos de querer innovar. Por eso es una realidad que se inventa en EEUU, los chinos lo copian ( cada vez mejor) y los europeos lo regulan. Soy de los que piensan que es más importante crear riqueza que rellenar papeles.

La octava, mal que nos pese, es saber que uno no es ladrón o corrupto por ser de un partido político. Chorizos, cabrones y caraduras hay en todos los sitios. Creer que alguien no puede cometer un delito por su sexo, raza o ideología es de sectarios sin cerebro.

La novena (que puede ser octava fase B) resulta del hecho empíricamente demostrable en el que cuando hay que salvar el culo propio o el bienestar personal ya no te importa echar de podemos con la ley de despido de Rajoy a la gente, comprarte un chaletón, regalar a tu hija un bolsazo que hagan niños bengalíes ( porque era falso) con jornadas de 14 horas, ir en coche a la reunión por el clima o cualquier cosa que aunque sea poco estética y contraria a tu discurso te haga la vida más confortable.

La décima es que, obviamente, vivimos en unos tiempos en los que el discurso y las promesas están por encima de la verdad o los hechos. Y así nos va, que cuando miramos los hechos no se parecen en nada a lo que nos habían contado de la misma forma que el video de la promoción de tiktok era mentira.

Pero (corolario o punto 11) la culpa es nuestra por ser tan gilipollas. Claro que el alcalde de NY gano las elecciones prometiendo que todo va a ser gratis, ecológico y feliz. Que las calles estarán limpias sin que las limpies tú ( es la misma metáfora de antes). Está claro que cuanto más avanza la humanidad, má estúpida se vuelve y, como un adolescente, se quiere creer cosas que son obviamente falsas. A los diez pasos me remito.

Si fueran 12 sería desintoxicación de los propios humanos a base de realidades. Por ser "humanálicos" o mongólicos (de Móngol, que es un pais imaginario buenista y feliz sin pobres ni guerras ni delitos, recubierto de amor.).

25 de abril de 2026

Piénsate, humano

No comprendo la diferencia que puede haber entre "Los Españoles primero" y tener que demostrar que sabes Euskera nivel aizkolari de Gernika para trabajar barriendo calles en Alsasua.

Personalmente me la ha traído completamente al pairo cualquiera de los componentes con los que uno viene de fábrica siempre y cuando aporte o colabore con el sistema de todos de una forma positiva. No tengo ningún conflicto en meter en un avión a un hijo de perra con sesenta y tres apellidos de la patria para dejarle caer sobre el desierto del Sahara, a ser posible sin paracaídas. Me niego a creer que alguien es mejor o peor que otro porque va con un componente racial, lingüistico, confesional o heredado en particular.

Sin embargo los humanos sociales estamos llenos de prejuicios. Algunos, incluso, se empeñan en comportarse como creen que deben dadas las circunstancias o las modas. José Ramón, que siempre fue un conductor precavido, empezó a conducir como un loco al adquirir un deportivo. Es más, dejó de usar los intermitentes porque era un BMW. En algún lugar de su minúsculo cerebro llegó a la conclusión que no era él, sino el coche, lo que le convertía en un peligro.

Desconfío, igualmente, de aquellos que utilizan como argumento principal en la defensa de sus planteamientos la titulación personal. "Estás equivocado en la manera de freir un huevo porque yo, !yo!, soy sociólogo"

El caso es que hay una tendencia brutalmente marcada por la que algunos, para que el otro no manipule la información, ponga a sus colegas en puestos públicos, se lleve la pasta, cambie las normas del juego a medio partido o se comporte como un tirano, ya lo hace él antes. "Más roban los otros"-me dijo alguien cuando se aprovechaba de los fondos de su partido (de mucha izquierda) para pagar el hotel en que realizábamos actividades sexualmente atléticas. Hago una llamada y te abren un quirófano cuando quieras, me dijo un político (de derechas) al comentar que los médicos de mi hospital no operan en verano porque sufren mucho estrés y mi maltrecha economía de autónomo no permite otras fechas.

Se nos olvida con facilidad ideológica la inmensa cantidad de veces que defendemos hacer lo que criticamos en el lado contrario del posicionamiento mental. Eso nos lleva a situaciones absurdas donde alguien tacha de racista a alguien por hacer lo mismo que defiende. Es como diferenciar matar guardias civiles o etarras, cuando los muertos se descomponen igual y sus hijos sufren lo mismo.


Si algo he ido aprendiendo es que el ser humano es humano muy por encima de sus ideas. Las ideas, en este mundo hipócrita, se quedan para aparentar ser una persona ideal tomándote cañas con los colegas. Los hechos, que son los que determinan lo que somos, se parecen mucho más cuanto más nos acercamos a los extremos. El imbécil es imbécil allá donde nace y algunos nacen con la necesidad de ser imbéciles. Por eso mismo se hacen de la imbecilidad mayoritaria geográfica o cultural. Un tipo con ropa amplia, un perro sin correa, con tres pines pro palestina, que quema incienso y tiene una novia que no se depila los sobacos llevaría un pantalón de pinzas, una pulsera de España y miraría con deseo a la más operada de sus conocidas si tuviera a bien nacer en otro lugar. Es el mismo tipo cargado de puntualizaciones geográficas o actitudes que ha asumido por mera supervivencia social.

Así que antes de hablar de cositas con furiosa cólera, corazón, piénsate.

22 de abril de 2026

Man jaqueao las cañerías

 "Man jaqueao las cañerías!"

Básicamente eso me dijo un señor, estéticamente el doble de Abraham Boba (Leon Benavente), mientras yo ponía cara de estupefacción extrema esperando que me cantara la de Gloria.


Pero no. Aquello iba en serio.

"¿Me lo puede explicar?"

"Es fácil"- me dice- "hoy he recibido una de esas llamadas que no te dicen nada y me he dado cuenta que tenía el bluetooth activado. Claro, que es por ahí por donde te entran. Después, nada, diez minutos después me ha llamado el vecino de abajo de un piso que tengo en Zalla contándome que las cañerías se han atascado. Así que me he dicho, !claro, con la llamada me han hackeado!"

No daré muchos detalles pero sí que puedo resumir el hecho de que, para quitarme cualquier labor informática al respecto, le remití a las fuerzas de seguridad y a un fontanero. Ante eso respondió que no se fia porque el fontanero y la policía están "en el ajo". Después hizo un amago de empezar a contarme algún tipo de conspiración que evité llamándome desde mi teléfono personal al del trabajo y poniendo cara de que la llamada iba a ser larga para que se fuera a contar sus cosas a otro. Al fin y al cabo hay un porcentaje de locos que solamente desean que alguien les preste atención a sus cositas.

¿Qué le lleva a alguien a una conclusión así?. Personalmente creo que haber aceptado como cierto algo que se le escapa ( la informática o la fontanería) y, después, hacer una relación de causa y efecto entre dos elementos que nada tienen que ver. Si esa relación le exime de responsabilidades, mejor.

Mi señora madre, que vive en ese proceso de desconexión fruto de la edad, acepta como real casi todo lo que oye en la tele. Como la tele es como es, ella ha aceptado como cierto un cúmulo de elementos dramáticos y alarmantes. Los robos, la ocupación o las mafias calabresas. Son cosas que existen pero no significa que haya un grupo de mafiosos esperando en su portal o tres familias marroquíes aguardando que baje a por el pan. Sin embargo en el momento en que no encuentra la crema que se compró (porque no la ha sacado del bolso o la ha dejado en un sitio diferente) entra en cólera acusando de ladrona a la persona encargada de su cuidado. Cuando esa persona le pide que mire en el bolso por si se la dejó ahí, ella lo revisa con cuidado porque, en su cabeza, la otra está queriendo quitarle las llaves de casa para ocuparla con un grupo de carteristas rumanas con las que está compinchada. No es cierto pero son elementos que encajan perfectamente en la cabeza de mi madre. Luego se le pasa, pero tengo anécdotas como para un show de varias horas.

Que todo eso suceda en alguien que se acerca a los cien años está dentro de lo lógico pero que empiece a ser habitual en personas que supuestamente son cabales me preocupa. No me refiero a que vayas por ahí diciendo que te han hackeado las cañerías, porque eso es un caso extremo, pero conozco a quien sigue pensando que el apagón que se vivió en España ahora hace un año fue fruto de Amancio Ortega especulando contra el españolito de bien porque Franco. Y se quedan tan tranquilos. Hay causas y efectos que redimen de responsabilidad al sujeto. "Me han despedido por gay". "No me ascienden porque soy mujer". "Tengo que hacer cola para las entradas del concierto de Rosalía porque soy negro". Jamás es porque soy vago, hay alguien mejor o simplemente porque la cola es para todos. A ver si la responsabilidad personal ya, directamente, no existe. Hay quien, a sus más de 40, sigue amparándose en que el profe le tiene manía o que le hackean algo. Ser una víctima, de una u otra forma, es la actitud infantil más habitual en personas adultas modernas.

Yo ya he asumido que una de las mejores excusas es echar la culpa al informático. Nosotros siempre le echamos la culpa al transporte.

Todo eso no quita que existan fraudes tecnológicos de múltiples formas, mafias, franquistas, izquierdosos chalados, profesionales de la okupación, homofobos, racistas, misantropos , adoradoras de la misandria y misóginos. Por supuesto. Pero el porcentaje de veces que son, cualquiera de ellos, responsables de tus mierdas son casi las mismas en que te pueden hackear las cañerias con una llamada, aunque tengas el bluetooth activado. Quizá un 5% más de las veces, pero no más. El resto son fantasmas que te creas para excusarte de ser un gilipollas.

20 de abril de 2026

Compartimentalizar.

 "Ya tengo una edad"- me decía superados los 60. Su caso es uno de esos ejemplos en los que no se puede tener todo. Es un tipo listo, casi llevado al extremo de la lógica aplastante, que ha sido aceptablemente triunfador en la parte laboral de la vida. Con el paso de los años eso ha resultado obvio y, sin embargo, su desastrosa vida personal siempre le ha ido marcando. Al poco tiempo de conocerle, yo con 25 y él casi 40, acudí a la celebración de su cumpleaños. La casa resultaba ser un apartamento luminoso y limpio con vista al mar desde un pequeño acantilado. Al llegar la noté especialmente vacía y sobre unos caballetes habitaban varias tablas a modo de mesa con aperitivos variados. En el salón unas sillas plegables estaban dispuestas para los invitados. Yo conocía a su pareja y tuve cierto reparo en preguntar por ella, aunque lo hice. "Nos hemos enfadado y cuando he llegado a casa hoy, se había llevado sus cosas"-él hizo una pequeña pausa y esbozó una sonrisa resignada- "y también se ha llevado los cuadros, las sillas y las mesas".

El caso es que casi 30 años después quedamos para comer de vez en cuando. Abrimos una botella de vino y comentamos sobre la vida, las finanzas, la situación geopolítica del mundo o nuestras cosas y milagros.

Algo que sabemos los dos es que la manera de solucionar un problema complejo prácticamente irresoluble es dividirlo en pequeños problemitas de sencilla solución. Compartimentalizar.

Al segundo vino y después de pedir el postre hemos llegado a los asuntos de la vida.

"Ya sé cual es el error con las mujeres"- me dice como si hubiera encontrado El Dorado. A él le gustan los barcos y una socialización de tipo medio, algún dia ir al cine, quizá excursionar de manera casual pero no profesional y actividades sencillas de ocio. "El error que cometemos es pensar que hay alguien que está ahí para todo. Que es la persona con la que vas feliz en el barco y con quien te lo pasas bien en el cine o tomando un vino. O follando. Eso"- me hace hincapié en ello- "eso es el error." Ahí me hace una pausa porque es algo parecido a haber terminado parte de la disertación. "El truco es encontrar a alguien que le guste ir en barco, y compartir con ella los momentos de barco. Encontrar a alguien con quien estés bien tomándote un vino, y saber que es mejor tomarte un vino si estás acompañado de ella. Salir al cine. Follar. Ir de excursión al monte. Lo que sea. Hasta este punto todo es correcto salvo que para cada actividad has encontrado una persona diferente"- Yo afirmo con la cabeza entendiendo el lugar al que hemos llegado- "El truco es"- me dice casi a modo de conclusión- "que por muy bien que estés con la que va contigo en el barco !no hay follársela!. Si la que folla estupendamente contigo quiere ir al cine !hay que decirle que no!. ¿Que quien sube al monte contigo los fines de semana te propone salir en barco?. !Bajo ningún concepto!. Así no hay problemas y todos sabemos lo que nos toca. Así no te dicen "cariño, nunca me llevas en barco". No, joder, porque tú no eres la del barco y si vinieras al barco lo más probable es que luego, si sale bien, también quieras salir al cine y así hasta que haya algo que no salga bien y nos quedamos sin la actividad primaria, enfadado y solos. El error que cometemos siempre es abusar de las opciones y, al final, quedarnos sin ninguna. Si somos ordenados eso no va a pasar". Está claro que lo que propone es monogamia pero de cada actividad. Solo vas al barco con una persona, solamente tienes sexo con una persona, solo juegas al tenis con  una persona, pero esa persona no es la misma para todos los casos sino la adecuada para cada uno. Or-ga-ni-za-ción.

Nos traen el postre, agradecemos su trabajos al camarero y hace su puntualización final. 

"No es un tema de hombres"- me indica. "Vale también para mujeres. Yo"- afirma con sinceridad- "asumo perfectamente que mi rol puede ser uno u otro. Acepto que no debo de salirme de él. El problema, Ricardo"- y aquí adquiere un tono paternalista- "es que es muy complicado vender esa idea y más aún a una mujer que sigue creyendo que hay un príncipe en algún lugar esperándola."

"Después de muchos años es la conclusión a la que he llegado, pero no tengo solucionado el marketing de la idea".

"¿Compartimentalizar?"- le pregunto. "Compartimentalizar"- afirma.

Ya os he dicho que es un tipo muy listo que ha hecho de la lógica su manera de subsistir en este mundo pero le cuesta, siempre, el lado comercial de la vida.


15 de abril de 2026

Cuando lo menos importante de un concierto es la música.



Se está celebrando el festiva Coachella allá, en California. Hay que reconocer, viendo el cartel, que la seleccion musical es amplia y bastante bien pensada para los tiempos que corren. He elegido un himno de los últimos tiempos para intentar ejemplificar la sensación que me produce. El truco es fácil: fíjate en el público. O, por si aquello no fuera un cabeza de cartel, date cuenta de la pasividad infinita con el temazo de Reptilia de los Strokes o con el super clásico de Passenger de Iggy a sus 78 años.



Podríamos pensar que es una cuestión de cambios en los gustos musicales, pero incluso el pop infantil y teatralizado de Sabrina Carpenter resulta como si el público estuviera viendo la tv. Con los herederos más modernos de Depeche y su elaboradísima puesta en escena pasa lo mismo. ¿Cual es mi teoria? Un festival de 600€ de precio por anticipado con café a 17€ no lleva a amantes de la música sino a aquellos que, mayoritariamente, lo viven como una especie de estatus extraño que dura tres días. Eso incluso cuando se hayan puesto de moda los microcréditos para ir a un concierto. Hace ya tiempo comentamos que existe toda una generación que como no se puede permitir "inversiones" de cierto calado (un coche, un piso o cualquier esfuerzo económico a largo lazo) se concentran en lujos "baratos" que, aunque sean gilipolleces o tampoco les agrade, pueden hacerles irradiar una imagen de potentados en el mundo estético de las redes. Por eso los chuches caros, los alquileres puntuales, y todo lo que pueda denominarse "lujo barato". Si a todos los que se han rendido a esperar al gran trasvase o se niegan a sacrificar absolutamente nada a cambio de su satisfaccion a corto plazo (!viva el descuento hiperbólico!) les sumamos los kidults, disponemos de una clase social entera a la que lanzar nuestras ofertísimas. Al fin y al cabo siempre es el mercado, amigo.

Coachella, por alguna razón, hace años que se convirtió en un espectáculo con los conciertos como excusa aunque la financiación personal sea secundaria. Cientos de vídeos con tutoriales de cómo hay que vestirse para ir o con recopilaciones de los outfits van ametrallando Internet. Noticias sobre lo vacíos que están los puestos de comida ( porque la juventud se pincha Ozempic) me recuerda a una parte de la serie (6,5/10) de The Beauty en donde se supone que existe una inyección que te hace guapo aun a riesgo de que te revienten las entrañas, y las adolescentes americanas se las inyectan incluso pidiendo créditos para el pico.

Que la música es secundaria es algo que ya pasó con Eurovisión y muchas discotecas. Hay demasiados eventos que utilizan como excusa lo que antes era el centro del acto. Demasiadas personas que no saben leer van a presentaciones de libros. Hay novias de futbolistas que jamás han creído en el amor. Hacer el bien para el pueblo ya no era importante ni para los políticos romanos. He oido jurar lo buenísima que es alguna peli a gente que estoy seguro que no la ha visto pero que siente que debe de hacer esa u otra valoración, y hacer una foto con el cartel a la puerta del cine.

A Coachella, como a muchos otros lugares, no van amantes (mayoritariamente) de la música independientemente de lo bueno o malo que sea el espectáculo. Es, porque se ha ido haciendo ese hueco desde hace años, un escaparate carísimo que elogia el vacío cultural y del que no se intenta volver después incluso de haber vivido una experiencia enriquecedora sino poder torpedear con tus fotos a una supuesta plebe de adoradores virtuales que te hagan sentir admirado/a lo suficiente como para sentir que tu ego puede pagar los créditos que te has pedido (económicos o personales). La música, igual que a los eurofans, no te importa en absoluto. Viene a ser lo mismo que comprarte un coche carísimo con muchos oros, pero a menor precio. Por supuesto, sin disfrutar en absoluto de la conducción.

Conozco a fans de los coches a los que se les iluminan los ojos cuando se les va de atrás un renault 5 culo gordo o pasan al lado de un Jaguar E Type. Sin embargo en los tiempos que corren parece que tres pantallas, muchos pitiditos y que parezca que lo tienes más grande que tu vecino es muchísimo más rentable para los fabricantes que la sensación de conducción o la sonrisa tonta que se te puede poner al entrar de costado en una curva de montaña mientras te va persiguiendo el atardecer sin saber, exactamente, el lugar al que vas porque lo importante es lo mucho que disfrutas devorando kilómetros.

Actualmente no hay lugar más bello para sentir la música que los miles de conciertos pequeños, con una cerveza en la mano, en donde lo importante es lo que has ido a ver, que es la música. Aquellos espectáculos increíbles con Wembley lleno de personas dispuestas a disfrutar se acabaron con varias cosas: los móviles, las redes, la hipócrita necesidad humana de notoriedad y llegar a la conclusión que en un show en el que nadie presta atención al escenario no te lo puedes pasar bien. Los intentos de reinvención musical han pasado por aquel show de U2 dentro de la esfera de Las Vegas, la gracieta ecosostenible de un grupo muerto (vive aún de sus dos primeros discos y medio) con ínfulas como Coldplay o los espectáculos de música sin músicos de divas al estilo Beyonce o Rosalía, hijas todas de la Madonna del conffesion tour.

Pero, desafortunadamente, un momento Freedie en Wembley , un Burging en 1991 con Antonio Vega de rodillas frente a Pepe Risi o un AcDc en Buenos aires no lo vas a vivir en Coachella. Lo dicho: fíjate en la gente y dime quien está disfrutando.

Serán los tiempos nuevos y que cada uno se gasta el dinero en lo que quiere, pero no me digas que te gusta la música si no te veo disfrutar excepto cuando me cuentas el outfit o me publicas tres poses en Coachella. Al menos reconoce que lo menos importante del concierto para ti es, la música.

8 de abril de 2026

Eva y nuestra búsqueda de alimento para el ego.

Más o menos poco tiempo pasados los 2000 terminé, una noche, de copas con Eva. Podría parecer que como éramos dos personas heterosexuales, de edad similar, fisicamente activos y en cita exclusiva, aquello fuera lo que parecía pero, sinceramente, no era así. Es más, ella había empezado una relación con quien actualmente es su marido y padre de sus hijos. Son, ahora, una familia aparentemente feliz que hace cosas de gente que mola y publican fotos felices en la nieve, en Brooklyn o en donde cojones quieran restregárselo al resto del mundo por las narices. Lo digo con amor. Yo la conocía por ser amiga de la que era mi pareja por entonces y con la que únicamente tengo contacto por algún pésame. Todos salimos ganando.

El caso es que después de algún que otro copazo y haber criticado duramente a la gente que puebla las calles desde la tarde hasta la noche, porque si algo nos unía era la acidez creativa para con los demás, Eva me propuso algo loco. Como a todos, y quien lo niegue es un hipócrita, nos gusta sentir que alimentan nuestro ego. Básicamente puede ser que nos digan que hay algo que hacemos bien o que somos guapos. Puede ser cualquier tipo de alabanza gratuita de esas que nos dejan buen cuerpo. Que fuimos buenos amigos, que escribimos algo que mereció la pena o que hacemos una tortilla de patata deliciosa. A esas horas, pasadas las dos, se nos ocurrió visitar algún local popular.

"El balcón de la Lola", que es su descriptivo nombre aunque por entonces era más "El andamio de la Lola", resultaba ser un espacio industrial (porque no había una gran inversión decorativa) plural donde se mezclaban diferentes gustos, géneros (por lo menos 6), músicas y bebidas espirtuosas. La idea era clara. Como tanto Eva como yo nos considerábamos seres atractivos e interesantes y aquel era un espacio de una afamada promiscuidad sexual. Optamos por situarnos en lugares opuestos de la barra, sacar una cerveza y esperar que algún ser se nos acercara con la firme propuesta de alimentar nuestro ego. Nos daba lo mismo que fuera un hombre, una mujer, una cabra o un helicóptero Apache. En realidad íbamos a declinar gentilmente la oferta porque sólo deseábamos llegar a ese punto. A favor de ella estaban sus apabullantes y firmes pechos. A mi favor que el bar era un 65% gay.

Cuando nuestras cervezas ya se estaban terminando y nos mirábamos de un lado a otro de la barra sorprendidos por nuestro nulo poder de atracción, me jugué una baza extra. Me acerqué al baño. La miré como quien ha descubierto una grieta en las normas del juego. Se me acercó una muchacha andrógina de pelo corto y vestimenta colorista. Hice una seña a Eva con cara de haber ganado el juego. Aquella chica y yo intercambiamos un par de frases. Volví a mi sitio. Acabé la cerveza y me fui donde mi amiga. "Nos vamos"-le dije. Al salir me preguntó qué había pasado. Ella esperaba que me hubiesen propuesto sexo salvaje, algún tipo de intercambio de fluidos, una orgía múltiple sadomasoquista o incluso la utilización extrema de artefactos variados. "Me ha ofrecido cocaína"- sentencié.

La verdad es que me voy dando cuenta que jamás he ligado en un bar pero sí que me han solicitado como drogadicto en varias ocasiones. También es cierto que un hombre solo en un local de fama disoluta puede ser, igualmente, un depredador, un alcohólico, un drogadicto, un sin techo o un mierda. En vez de volver a casa con el ego alimentado llegué a la conclusión de no volver solo a ningún espacio de ambiente. Excepto si me vuelvo yonki.

Supongo que todos necesitamos un chute a nuestro ego de vez en cuando, aunque en aquella situación no se apareció el tipo de chute en que yo estaba pensando. No es que quedásemos empate sino que ella se quedó a cero y yo puntué en negativo.

Ella se casó. Yo sigo soltero. No he intentado, jamás, esperar ligar en un bar. Tengo el ego por los suelos.