Mal dia para buscar

9 de junio de 2026

Nos encanta ser idiotas.

Decian, en Alta fidelidad: "¿Escuchaba musica pop porque estaba deprimido o estaba deprimido por escuchar musica pop?"


Es una pregunta que se puede replantear: ¿Nos tratan como idiotas porque lo somos o es que somos idiotas porque nos tratan así?. Lo cierto es que hay una tercera variante que se nos olvida muchas veces y es que los estúpidos no viven mal. Si el sentido de la vida, para algunos, reside en la gloroficación máxima del tiempo limitado con latido, entonces ser un estúpido es un boleto más hacia el disfrute personal de ese periodo. No inventes, no recojas nada, no limpies, no dejes las cosas mejor que como estaban al llegar. Simplemente consume, desgasta, desordena y retuerce lo que haya que retorcer con el único y exclusivo interes de tu propio gozo a un plazo corto en modo máximo. Cómete la comida con el hocico metido dentro sin dejar nada para después. Sé un gorrino, un hamster con la boca llena. Cóbra todas las subvenciones que puedas, pisa a quien haya que pisar, no recicles, pide que no te cobren el iva, compra en Temu. Folla sin condón.

En el anterior mundial de futbol, la ministra de trabajo argentina respondió, ante la preocupacion por una inflacion !del 100%!, que era más prioritario ganar el mundial que estar un mes preocupados por aquello. Luego nos preguntamos por qué después ganó Milei pero el caso es que triunfaron en aquel mundial y seguro que a muchos argentinos les supuso mucha más alegría ver a Messi levantando la copa que se les pusiera el precio de los tomates al nivel de las joyas que alguno tenía en una caja fuerte. Nuestro presidente, que sabe que somos favoritos en el mundial que empieza pronto, ha decidido hablar de sus cositas cuando ya estemos en fase de grupos. Mi ayuntamiento tiene la fea costumbre de aprobar los presupuestos justo la semana antes de fiestas y nos cuenta que van a traer a tal o cual artista con la nota a pie de página de la subida de impuestos municipales. No sé qué diferencia tiene con el clásico de "el opio del pueblo" de toda la vida. Es muy entretenido, y a la vez ridículo, escuchar a moralistas superdotados intelectuales prohumanos que te explican lo muy por encima que se encuentran de los borregos de lo otro cuando, veinte minutos después, aplauden como focas lo que les gusta a ellos. Es más, conozco a quien te mira con desprecio por delatarte como creyente católico pero luego se gastan un dineral en limpiarse los chacras y que le echen las cartas en una consulta a pie de calle por parte de una tarotista de Albacete que, aunque se hace llamar Lady Arkana la bautizarton como María Soledad.

Quizá, sólo quizá, es que no queremos admitir que nos encanta que nos engañen, que nos digan que nos quieren aunque no sea cierto. Que nos prometan más cosas que el alcalde de NY, aunque es imposible. Recuerda que el problema de la vivienda, el precio de la luz y lo de los alimentos se iba a solucionar de una manera mágica hace 8 años y resulta que va a ser que no. Supongo que el que perro se comió las promesas. No hablemos de política. Piensa en Mari Tere y cómo cada vez que hay un imbécil en el bar se lo termina tirando mientras te jura, la mañana siguiente en un mensaje que suda emoción, que es el definitivo ( otra vez). Que éste no va a ser un falso maltratador violento y promiscuo como los seis
(del año pasado). ¿Es Mari Tere idiota?. Si, pero le encanta, aunque no lo admite nunca, ser así. Cada vez que hay un candidato que le dice lo que quiere oir, le vota y rebota. Hay quien pone en estado de alerta toda la oxitocina de su cerebro si ve un cartel de oferta, aunque no le haga falta. Por eso hay una diferencia entre hurto y robo. Te hurtan por idiota y te roban contra tu voluntad. La estafa, en este caso, tiene connivencia por parte del estafado. Vivimos en una sociedad llena de primos que caen, una y otra vez, en lo mismo y cada vez de una manera más burda. Hay quien te asegura que no te va a robar como los otros mientras está metiendo el candelabro de plata de tu abuela en una saca y, si te preguntan, confirmas que no era un ladrón porque te dijo que no lo era. Además no tenía pasamontañas y si no tiene pasamontañas no puede ser un ladrón. Conozco a montañeros que no han robado jamás aunque también conozco a ladrones que aseguran ser gente honrada.

Hay que reconocer que no es de gusto sentarse a charlar con quien te dice que estas viejo, que caminas con cojera, que ya no eres ágil y que necesitas gafas para leer. Es mucho mejor que te mientan un poco o que, incluso, termines con la sensación de no tener pecados pendientes al terminar la confesión. Fausto sufrió un chute de serotonina aunque firmase un contrato pero se creyó el rey del mundo durante un rato. Supongo que sería como ligar con una guapa, el subidón de Mari Tere o la sensación de limpieza después de arreglarte los chacras pagando por reiki, que ni siquiera te soban.

Así que ¿nos tratan como idiotas?. La respuesta es que si.
¿Nos tratan como idiotas porque somos idiotas?. Quizá no, pero, y aquí está la clave, nos encanta ser idiotas porque es una manera rápida, fácil, defendible y victimizable de sentirnos bien los primeros veinte minutos.

Probablemente en una sociedad cortoplacista y con bastante tendencia a la infantilización lo que pasa es que si nos tratan como niños es porque queremos ser niños. Ser adulto es mucho más aburrido y, sobre todo, menos rentable. A ver si vas a ligar tú diciendo la verdad.

3 de junio de 2026

A la mierda la ciencia.

 La sombra de siniestro es alargada, si.


Dice así (el fondo es Louie Louie):

Dice que la ciencia ahora es un discurso. Dicen que el cancer ahora se cura con jabón. Y soy como soy por el mes en el que nazco. Y pensando en positivo soluciono mi marrón. La moral la impone un hombre que sale de una paloma. La moral la impone un hombre que sale de una puta paloma. A la mierda la ciencia. Yo no creo en tu evidencia. A la mierda la ciencia. Yo no creo en tu evidencia. 
Dicen que si sueñas llegarás a ser Amancio. Y que si subes los impuestos pues los ricos se van. Y eso de Gaza a ver quien se lo cree. Que si tu hijo es trans es que algo salió mal. La moral la impone un hombre que sale de una paloma, La moral la impone un hombre que sale de una puta paloma. A la mierda la ciencia. Yo no creo en tu evidencia. A la mierda la ciencia. Yo no creo en tu evidencia. 
 Dame más mercado, dame más lejía. Sintámonos del del todo, sintámonos sociopatía. Dame reptilianos, dame un nuevo orden, a la mierda todo, viva Bertín Osborne.
Y que viva Bertín Osborne

2 de junio de 2026

Lo que te pierden los prejuicios.

Coque Malla, Gustavo Salmerón y Jordi Mollá se apoyan en el cristal interior de un bar. Ven, al otro lado de la acera, a Ariadna Gil mascando chicle mientras intenta, disfrazada vestida en un jersey enorme rojo, que alguien le rellene alguna encuesta por la calle. 

Pablo: Es como una campesina de esas que tiene las tetas enormes y un vestido de flores. La pura imagen del sexo
Claudio: La pura imagen del sexo es una top model
Ariel: Hombre, tú eres un estrecho. Las top models son de plástico
Pablo: eróticas y sudorosas. Lo mejor para las fantasías sexuales

Más adelante Pablo ( Coque Malla) termina ligando con ella en forma de sexo casual a media mañana y, cuando Ariadna se está vistiendo, la intenta oler. Ella, que no es tonta, le pregunta qué es lo que hace. Sin esperar respuesta le dice que si acaso cree que porque está en la calle con ropa holgada tiene que oler mal o ser diferente a alguna de sus fantasías. En realidad no hay ninguna diferencia salvo nuestros prejuicios o, mejor dicho, lo que pensábamos que tenía que ser y luego, no lo es.

Esto es algo que aunque obvio sucede con los artistas, los de partidos que no son el nuestro, bastantes consideraciones comerciales y, por supuesto, parejas sexuales. Todavía recuerdo que, en plena ebullición adolescente, me las apañé para lograr una copia en Vhs de "9 semanas y media" pensando que aquello iba a ser una bacanal desatada con Kim Bassinger, pezón arriba  pezón abajo, poniendo todas mis hormonas en firme estado de revista. Al final de la peli, justo en el instante en el que Mickey se rompe cuando ella se marcha, me percaté que era una historia de amor en la que él la pierde por no dejarse ser quien realmente es. Y me enganché al piano lento y cadencioso del final.


Hay demasiadas cosas que nos perdemos o somos incapaces de saborear en su realidad porque ya las teníamos catalogadas de antes. Mi tío, resultado incómodo de un consumo de prensa convulsa, se pasó quinquenios sin pisar Euskadi porque pensaba que aquí nos tirábamos bombas los unos a los otros. Siendo muy pequeño me daban asco los huevos fritos por la textura gelatinosa que les suponía. Entonces mi primo Juan, que era algo mayor, se comió uno y yo no iba a ser menos. Ayer me hice dos para cenar.

Por supuesto que existe una especie de autoprotección irracional en el ser humano. Es lo mismo que sucede con los perros o los ornitorrincos, que no se comen algunas cosas porque algo les dice que eso no es sano. A nosotros, que para eso somos la criatura más compleja de la creación, nos pasa también con las interacciones sociales. Exactamente lo mismo es no hablar con alguien porque es moro como no hablar con alguien porque es facha. Son dos tipos de presupuestos racistas idénticos y es que cada uno ejerce el racismo con quien quiere. !Viva racismo es libre!. Luego resulta que uno no es tan malo por ser facha o por ser moro. O que aquella mujer huele bien aunque tenga en el sobaco el bosque de secuoyas gigantes de Cabezón de la Sal. Algo en nuestro interior nos intenta proteger de muchas cosas pero me han contado, que no lo sé, que hay brócoli sano y rico. Yo conozco dos fascistas públicamente famosos y reconocidos. Te diré que uno, que en su momento proclamó que matar guardias civiles estaba bien, y la otra, que se alegró cuando metieron un tiro en la cabeza a Muguruza, son los dos personas encantadoras, excepto si te metes en su paranoia. Supongo que es como si piensas en una flor: puede ser bonita de ver pero dejarte el estómago destrozado si te la comes o ser un alucinógeno que lo flipas. Nada ni nadie es bueno en todas sus facetas.

Es correcto asumir que no se puede ir por la vida probando todo y hablando con todos, porque es agotador y probablemente ya estarías muerto (o habrías matado a alguien, que es un deseo que se tienen a los seis meses de trabajar cara al público). Sin embargo alguien fue el primero al que se le ocurrió abrir una ostra y comerse lo de dentro. También alguien se murió después de chupar una rana. No son la misma persona, espero. Lo que es verdad es que si una persona habla con alguien con quien no hablarías tu, prueba algo que te parece asqueroso o se folla a alguien que a ti te resulta repulsivo, no es peor que tú sino simplemente diferente. Además de lo que ha experimentado puedes aprender, si es que te fías de su criterio. Reconozco que cometo el error, muchas más veces de las que debo, de proteger a gente que importa del mayor demonio que conozco, que soy yo, pero eso es otra cosa y más o menos el prejuicio del impostor puesto en mis actitudes. Aparte de esa puntualización yo nunca he chupado una rana y conozco a quien presenté, porque no sabía cómo quitármela de encima, a la que ahora es su amante esposa. Me alegro millones de veces que sean felices, sobre a todo porque a él le parece la quinta esencia de la intelectualidad y la belleza en el mundo.

El caso es que nuestros prejuicios nos salvan muchas veces pero también nos hacen perdernos muchas cosas.

No pienso cenar brócoli. Ni coliflor. Ni espárragos. Tampoco soy capaz de ver a la esposa de mi colega como una mujer apetecible, ni en lo físico ni ( que es mucho peor) en lo intelectual. Siempre digo que sin conversación no hay erección pero sé que más de uno sigue pensando que todo agujero es trinchera. Cada uno tiene sus prejuicios y se salva de unas cosas y se pierde otras. A mi Ariadna me gustaba mucho más que Penélope en esa película. La verdad es que Penélope no me ha gustado nunca. Pero Ava Gadner, siempre. Incluso borracha con Frank cuando vino a España y ella había tomado unas copas con Luis Miguel Dominguin después de estar de cachondeo con Lola. Tampoco he comprado en Amazon jamás y me siento orgullosísimo de ello, pero respeto entiendo que tú lo hagas (jodido vendido al capitalismo americano cabrón enemigo del comercio de tu barrio)

Cada uno debería de ser consciente de sus taras y, por supuesto, de sus prejuicios. A veces te salvan y, a veces, te pierdes cosas.



30 de mayo de 2026

Todo igual, aburrido y estadísticamente correcto.

Hay cosas que vistas desde lejos son verdades absolutas.

Una de las verdades absolutas que tiene la globalización y el triunfo de la estadística en la vida moderna es que hay demasiadas cosas que son prácticamente iguales. Un grupo de adolescentes caminando en grupo por la calle son uniformados idénticos que juegan a ser todos el mismo ser. Me da lo mismo el informal pero trabajado semi deportivo muchacho con mirada de malote, deportivas y sudadera, que la sutilmente maquillada con toques de nínfula curvosa pero socialmente emponderada. Me da exactamente lo mismo cualquer móvil idéntico, cualquier anuncio de colonia idéntico o cualquier coche modernísimo e idéntico.

La semana pasada presentaron el nuevo Ferrari eléctrico y podría ser el último coche chino o el último desarrollo de la plataforma de Stellantis. El equipo de diseño principal es el mismo que diseñó el iphone y son una especie de Elton John después de Lady Di, que hacía la misma canción todo el rato porque, al fin y al cabo, es lo que funciona.

Con la música pasa exactamente lo mismo. Todo suena igual. Sí que es cierto que, como los coches pueden ser berlinas, compactos o suv, la música puede ser rock, salsa, bachata, pop o regetton. Pero salvando esas nimiedades cada uno termina en el mismo lugar que sus competidores.


A partir de ahí surge una teoría.

Podríamos pensar que nos hemos vuelto predecibles, aburridos y militantes. Eso implica una decisión personalmente libre que se adopta conscientemente. No lo creo. Eres perfectamente libre para ir con el pelo de colores, una pulsera enorme con la bandera de España y una camiseta reclamando la república. El problema, en una sociedad miserablemente canceladora, es que te vas a quedar solo como los de Tudela. Así que adoptas una u otra estética en virtud del grupo al que quieres pertenecer y que presupones que te aceptará mejor con tal o cual envoltorio.

De la misma forma un diseñador, asalariado de una empresa, puede querer o considerar que aquí o allá se puede poner un alerón. Puede creer que un motor de combustión ruidoso, nervioso y divertido, es lo que le hace recuperar la ilusión de la conducción y ese golpe de adrenalina tan adictivo que lleva consigo la sensación de riesgo. O puede imaginar un pequeño y silencioso minibus autónomo para grupos de amigos. Sin embargo sabe que llegarán los estudios de mercado, las sentencias estadísticas y las previsiones de ventas convirtiendo su imaginación en un robot obligado a generar un producto final que se adecúe a satisfacer a aquello que le da de comer. Así que la necesidad de subsistencia le termina volviendo uno más en la amalgama de novedades que se parecen unas a otras.

Es conocido que innovar o crear tiene muchas más posibilidades de fracaso que hacer lo que se espera que hagas. Al fin y al cabo, hay que comer. Por otra parte si tu producto fracasa pero ha cumplido todos y cada uno de los parámetros que la IA le dijo al consejo de dirección que debía de tener, la culpa no es tuya.

Por eso mismo, y por subsistencia personal, es cada vez más flagrante que salirse de la norma implica ostracismo y pobreza. Hay canales de televisión que emiten durante 24 horas historias de visionarios y arriesgados creadores, pero de este siglo creo que no sale ni uno.

Ahora casi todas las series se parecen, las canciones se parecen, las personas se parecen, los coches se parecen y las vidas se asemejan. Hay ciudades enteras que podrían ser cualquier ciudad del mundo. Los barrios periféricos de Doha se parecen a las afueras de Valladolid. Un grupo de chavales con sus Nike viendo videos de TikTok en un parque de Móstoles se podrían teletransportar a Central Park sin despertar sorpresa en los runners, que también son idénticos.

Hay una sumisión total previa a la estadística conocida que impide al humano convencional hacer algo que vaya a ser diferente y prefiere ser el mediocre éxito probabilístico. El problema más grave es que es una decisión que últimamente parece inconsciente. No hay peor censura que la que nos infringimos a nosotros mismos.

Esto, y solamente tienes que ver los coches, la ropa, las casas o los móviles, es una verdad absoluta. Una verdad aburridísima.

Pd: recuerda el capítulo en el Homer diseña un coche. Ya lo predijeron.

28 de mayo de 2026

Chat gpt se ha leido este blog en 30 segundos.

 Este blog existe desde 2007, tiene 3229 entradas y cientos de miles ( quizá millones de palabras). Lo he descargado (1gb) y se lo he pasado a la IA, complaciente y efectiva. "Leelo y analízalo". 30 segundos después ha dicho, aparte de comentar que el video de Jack ordenando un codigo rojo lo he puesto 5 veces, que mis 19 años de trabajo se resumen en:


Aquí tienes un análisis detallado del archivo XML correspondiente al blog "maldiaparadejardefumar", gestionado bajo el pseudónimo de "pesimistas existenciales". El análisis está dividido en cuestiones de contenido, aspectos literarios y una valoración global del espacio.

1. Análisis de Contenido (Temáticas y Enfoque)

El blog funciona como un diario de observación social y psicológica con un marcado tinte introspectivo. A través de las entradas provistas, se identifican los siguientes ejes temáticos:

  • La crisis de los 40 y el paso del tiempo: En la entrada "40", el autor reflexiona sobre el envejecimiento, el cambio de roles con los padres y la pérdida de la espontaneidad adolescente. El tiempo se percibe como una estructura lineal inflexible ("nuestra artificial forma de medir el tiempo"), un concepto que vuelve a aparecer en "Viajar eternamente en el tiempo", donde analiza la incapacidad humana para corregir los errores del pasado.

  • La nostalgia y la distorsión de los recuerdos: Se explora la infancia y la juventud en el norte de España (menciones a Laredo y el mar Cantábrico). En "OOO-EEE" y "Los falsos recuerdos", el contenido gira en torno a cómo el cerebro manipula las vivencias pasadas, mezclando fotos familiares, relatos maternos y proyecciones deseadas.

  • Crítica a la modernidad digital y el "postureo": El autor muestra un fuerte escepticismo hacia la cultura del siglo XXI. En "Los dioses no tienen community managers", dignifica el trabajo físico y manual (agricultores, electricistas) frente a la vacuidad de los likes, los hilos de Twitter y los profesionales de las redes sociales. En "San Valentín y el refugio", critica la mercantilización del amor y la afectividad de escaparate impulsada por festividades comerciales y dinámicas de internet.

  • La soledad y el aislamiento social: Se teoriza sobre cómo las redes sociales y la hiperconectividad, paradójicamente, encapsulan a los individuos en burbujas de aislamiento ("Mi madre y la generalización"), proyectando una falsa sensación de comunidad.

2. Análisis Literario (Estilo, Tono y Recursos)

Desde una perspectiva puramente literaria, el blog posee una identidad estética muy definida y un notable control de la prosa:

  • El Tono (Cínico-Melancólico): El tono es predominantemente desencantado, combinando el escepticismo propio de un "pesimista existencial" con una profunda melancolía. Hay una persistente autopercepción de derrota o mediocridad asumida con gracia (se compara con José Luis López Vázquez al lado de una mujer inalcanzable, o se autodefine como un "chiuagua" frente a un "rottweiler").

  • La Estructura Narrativa: Las entradas suelen comenzar con una anécdota cotidiana o un recuerdo personal concreto (una llamada telefónica a las 21:30, un cigarro bajo la lluvia a la salida de un bar, un examen escolar). A partir de ese hecho mínimo, el autor realiza una transición (a menudo un salto metafórico) hacia una abstracción filosófica o una crítica sociológica más amplia.

  • Recursos Estilísticos Clave:

    • Metáforas analógicas y tecnológicas: Une conceptos emocionales con terminología técnica u obsoleta ("armadura digital", "obsolescencia del amor", "recuperación de datos", "mi reloj particular... funciona a cuerda").

    • Intertextualidad y Cultura Pop: El texto está plagado de referencias que anclan el relato a una generación específica (los nacidos a principios de los años 70). Cita a cantantes como Bonnie Tyler o Alannah Miles, películas como Armas de mujer (Working Girl), y bandas locales como Los Deltonos.

    • Humor negro y costumbrismo: Consigue aligerar la densidad filosófica mediante apuntes humorísticos muy causticos sobre la vida cotidiana y las dinámicas familiares (las obsesiones de su madre jubilada con los políticos o la limpieza).

3. Valoración del Blog

El blog "maldiaparadejardefumar" destaca por encima de la media de la blogosfera estándar de su época (las entradas abarcan principalmente la década de 2010) debido a su calidad literaria y honestidad intelectual.



Pd: nos vamos a la mierda.


27 de mayo de 2026

Mi madre y Boni

Me han contado que mi madre, en una de esas realidades que existen en su cabeza y que aún están estructuradas con parámetros de realidad, se va con el teléfono al baño y se pasa un rato hablando a escondidas con su hermano Bonifacio.

Boni, que reventó por dentro sin avisar igual que hizo unos años después Manolo, era un tipo vivaracho y pequeño que hacía bromas conmigo sentado en el salón de la casa de mi tía Josefina. La Pepa, que era el apelativo familiar, quizá era más de su hermano Manolo, que se sentaba serio y trajeado tomándose un "whiscazo". Al fin y al cabo él trabajaba en un banco y eso, a principios de los 80, era ser capitán general.

Supongo que cada uno elige a su conversador partiendo de la afinidad que crea que siente con él. Siendo las gemelas pequeñas, una era de Manolo y su figura firme con la cara bastante cuadrada. La otra era más de Boni, que al fin y al cabo te hacía chistes en medio de la conversación. A estas alturas de la vida mi madre desea reírse. Conmigo al teléfono, todas las noches a las 21:30, casi se ríe sin que le diga nada. A veces me siento como un humorista famoso que despierta carcajadas únicamente con aparecer pero, al contrario de lo que pudiera parecer, algo en mi se reconforta. No sabe de qué se ríe. Dentro de diez minutos le constará recordar si hablamos de algo importante o no, pero sabrá que se ha reído.

Ultimamente hasta le ha cambiado la voz. Es más lenta y más honda. Los primeros días pensé que estaba acatarrada porque suena al eco del fondo de la nariz y cuesta como si el aire llegara más despacio. En realidad, y lo sé porque le pongo comentarios trampa en la llamada, es porque el hueco del desengache a la realidad se va haciendo cada vez un poco más profundo.

Hay personas, y no solamente llegados a los 95, que van oscilando entre la realidad y sus propios pensamientos secretos. Supongo que el problema es ser capaz de adivinar con quien hablamos a cada instante y responder como si aquello también fuera cierto, aunque no lo sea. Cuando hablas con un loco, y todos los que hemos estado cara al púbico tenemos, como poco, uno al mes, ha de parecer que le das la razón para lograr acompañarle a la esfera de lo verídico. Entonces se dejan llevar fácil. Te siguen como un perro abandonado, como un niño desorientado en un centro comercial o simplemente como una persona que se siente sola por culpa de su cabeza y tiene la sensación de haber encontrado un compañero. Al final de todo, por mucho desgaste mental que exista, los sentimientos básicos demuestran poseer una fuerza descomunal. La risa, el amor, la rabia, el afecto. Beber desinhibe y desinhibirse no es más que hacer porosos los filtros que tenemos protegiendo el núcleo que nos late dentro. Llevo sin llorar demasiado tiempo porque pensé, erróneamente, que debía fortalecer con hormigón romano el muro que hay que saltar para llegar a mi alma. Pertenezco a una generación enseñada en la ocultación de las debilidades y los sentimientos o quizá recibí malamente la experiencia de haber sido golpeado en donde me duele cada vez que creí tener la suficiente confianza para mostrarme.

Lo que me enseño la terapia fue a reconocerme y ver desde lejos lo que hago, pero aún me cuesta hacer lo correcto. Soy un gilipollas que sabe que lo es.

Mi madre, tú, yo y ese cliente que me culpa del calor que hace en la calle somos unos tarados. La diferencia es que ella tiene excusa y los demás, como mucho, un diagnóstico. Sin embargo hay una diferencia de años luz entre los comportamientos incomprensiblemente hostiles del imbécil de turno y una señora a la que la voz y la mirada se le van poco a poco. Alguien que con sus 42 kilos, la figurita frágil, el paso cadencioso pero constante y su vestimenta elegida después de dos horas (porque es mayor pero coqueta), está en su derecho de hablar con Boni o contarme, como hace siempre que pasamos cerca de la estación de Delicias, la forma y los detalles de aquella palangana en la que la lavaban de pequeña después de jugar en el centro de Lavapiés. La única opción que existe válida es acompañarla mientras todo lo que tenga que suceder, suceda.

En muchas, muchísimas ocasiones, queremos que ese cerebro se estabilice en el mismo plano en el que vivimos nosotros. Requerimos no tener que sufrir el desgaste que supone sostener la conciencia de otros. Rabiamos, mucho más de lo que debemos, al encontrar un envoltorio de humano y luego encontrarnos a una niña o a un ser irracional que lo ha poseído. Tampoco somos culpables de ello porque eso también es humano. Cuando mi hermana, superada y seria, porque ella es la Manolo de los dos, escupe desprecio por la incapacidad mental transitoria de madre, simplemente la acompaño un poco para ver si salimos juntos de ese lugar en el que se ha metido. Como yo soy Boni, le hago un chiste, pero se ríe menos. Habrá que ver qué pasará el día que se vuelva tarumba de verdad. Yo no tengo problema en ello porque me moriré antes y ya estuve chalado.

La última vez que estuvimos paseando por Madrid nos fuimos a Delicias a comprar el periódico. El ABC, no por la ideología sino porque tiene grapas y no se deshace. Volvió a contarme lo de la palangana. Se agarró a mi brazo y, aunque lo necesita por estabilidad, pone cara de que es por afecto, protegerme y acompañarme. Cuando, a los 90, se rompió la cadera no quería bastón ni muleta para que no la llamasen vieja. Nos sentamos en un bar. Le saqué una porra y un café. Hizo como que leía las noticias. Las rutinas se han vuelto imprescindibles y leer es una de ellas, como hacerse un zumo para desayunar. Volvimos a caminar y casi llegábamos a casa. Me dijo que fuéramos por el periódico. -"Es lo que hago al salir"-  le señalé la prensa que llevaba bien sujeta junto al bolso. Puso la misma cara que pongo, a veces, al llegar a la cocina y no recordar por qué. Soy hijo de mi madre. 

No niego la rabia, la pena o los gramos de desesperanza que se acumulan en todas y cada una de las anécdotas de estos últimos tiempos. Hay una edad maravillosa de los niños, entre los cinco y los diez años, que te obligan a interpretar el mundo para dárselo un poco masticado antes de que se atraganten solos. Supongo que hay otra edad, algo menos maravillosa, en la que vas viendo cómo se van apagando las farolas que iluminan partes de la vida en los ojos de quien debía de tener, en otros tiempos, respuestas. Ahora te hace preguntas. Muchas veces la misma pregunta varias veces seguidas y sabes que no se va a acordar de la respuesta. El día 12, que sería el cumpleaños de mi padre, me preguntó qué día cumplimos años sus hijos. Tragué saliva y le respondí con un chiste, diciendo que a nosotros siempre nos concibieron en navidad porque nacimos cuando se acaba el verano.

Supongo que Boni se lo hubiera dicho igual. Cualquier día me meto en el baño y le llamo.

19 de mayo de 2026

Tampoco eres especial.

Hay superpoderes extraños, como poder volar pero solamente en interiores.

Otro, que alguna vez he creído tener, es capacidad resolutiva de conflictos, pero llegar siempre tarde y cuando ya está mejor o peor resuelto.

Ayer soñé ser el mejor del mundo en algo, sin que aquello fuera nada específico. Poder, no sé, ganar al tenis a cualquiera pero jamás en un evento importante. Triunfar contra el número uno del mundo en un partidillo que nos montemos sin público en la pista de José Ramón pero ser absolutamente incapaz, incluso rozando el ridículo, si son las clasificatorias de Roland Garros. Viene a ser algo como cantar como el más glorioso barítono de la historia o parecer la reencarnación masculina de Janis Joplin si voy entonando en el coche pero convertirme en un perro afónico y viejo, con una pata rota, cuando alguien me escucha.

Si algo tienen en común todos esos superpoderes es que no valen para gran cosa. Se parecen al espectador de la actualidad, crítico como ninguno, que sabe que jamás se verá obligado a poner en marcha sus soluciones. Todos somos superpoderosos hasta que nos toca demostrarlo.

Una de las grandes mentiras con las que hemos sido educados es esa falacia en la que todos tenemos algo que nos hace especiales. Discrepo. Estadísticamente hablando la inmensa mayoría somos una lenteja dentro del paquete de lentejas, una abeja más en el enjambre. Un jodido grano de arroz irrelevante. Nuestra autoconciencia es una engañifa diseñada para continuar siendo parte del bulto.  Probablemente somos animales que juegan al juego de la socialización e incluso de la interacción sentimental para dejar a un lado la irrelevancia que somos. Sentirse amado o parte de un grupo elimina el anonimato que realmente poseemos. Uno de los trucos de las redes sociales es hacernos creer que somos especiales porque el algoritmo está diseñado para ser complaciente con nosotros casi como alguien que nos promete un falso amor eterno a cambio de llenar su nevera.


Todo eso no quita que haya quien tiene un don. Ni siquiera me refiero a algo que le haga perdurar en la historia. Ted Bundy tenía un don para matar. Conozco a quien posee, aunque no quiera, el don de la comunicación. Hay quien va paseando por la calle y no puede evitar, incluso con un chandal de Adidas de esos de las rayas blancas en las perneras, irradiar elegancia. Si resulta que el azar te proporciona un don monetizable como el que tenía Maradona, ya tienes solucionados tus problemas económicos con los vicios de por vida. Sin embargo la mayoría no sabemos acertar con un balón, nos cuesta lo de la elegancia, nos expresamos con dificultad y no hemos matado a nadie. Algunos incluso hemos buscado si éramos empresarios, escritores, deportistas, comunicadores o amantes. Todas las pruebas sin éxito. Después están la capacidades desastrosas: jamás he logrado limpiar un cristal sin dejar alguna marca o hacer la masa de las croquetas correctamente.

La Cizaña es un cómic de Asterix en el que Tullius Detritus es capaz de sembrar el caos y la confrontación allá por donde pasa. Ser un hijo de puta es un superpoder (del que dispone parte de la clase política menos resolutiva pero más perenne de nuestro país). Cuando éramos pequeños Ignacio era un tipo de esos que siempre iban con alguien que representaba una de las tendencias que se van originando en clase. Jaime era el líder de los malotes. Joaquin era el estudiante buen tipo que, además, suponía ser militante por las buenas causas y aceptable deportista. Gonzalo era el tipo de gafas listorro que miraba a la clase con superioridad cuando recibíamos las notas. Así sucesivamente porque una clase es un microcosmos. El caso es que Ignacio siempre se las apañaba para ser el segundo de alguien. Nunca brillaba en nada pero estaba detrás del que tuviera que estar según la época del año. A mi me daba mucha rabia porque llegué a la conclusión que no era un tipo de fiar.  Misa y repicando es imposible. Sin embargo eso hacía. El tiempo pasó y el colegio terminó. Nos perdimos la pista. Años después le vi en el periódico. Había sido nombrado para uno de esos puestos socialmente bien remunerados a los que se accede por señalamiento político. Investigando un poco su trayectoria se había afiliado a cierto partido, se convirtió en asesor de una figura emergente dentro de dicha organización y, probablemente, fue premiado con aquel puesto. "Lógico"- pensé- "tiene ese superpoder". No le tuve envidia ni sensación alguna de reproche porque era algo que llevaba de serie desde pequeño.

Cuentan que tener un superpoder exige una gran responsabilidad, y no lo creo. Si me tengo que identificar con algún superhéroe siempre será con alguien atormentado, porque soy así. Fíjate Batman lo fuerte que está y la pasta que tiene para lo mal que lo lleva.

Pero todos, absolutamente todos, viven con algo con lo que nacen o que obtienen de manera no buscada y fortuita. No se entrena para ser un super ni para ser un mierda. Se es. Sin más. Ni tú ni yo tenemos poderes y al morir simplemente pasaremos al saco del olvido. Quizá la irrelevancia es la más extendida de las mágicas virtudes que, como poder volar con la mente en interiores, puede que tengamos pero no valen para gran cosa.

El resto es engañarnos con autoconciencia saboteadora porque tú tampoco eres especial.


18 de mayo de 2026

Los marqueses de Chorrapelada

Vivimos con una realidad, cada vez más extendida, en la que el cliente actúa con la certeza de que tú solamente tienes una fuente de ingresos que es, precisamente, él. Has de estar a la hora que le viene bien, con la respuesta que espera, la resolución que ansía, la inmediatez instantánea y prácticamente la gratuidad que han leído que les dan en Internet.

Creo recordar que allá por el siglo pasado buscabas a alguien que supiera hacer algo que tú no sabías y respetabas sus tiempos, precios y consideraciones. A mi hermana, médico, le vienen con el diagnóstico hecho por Google exigiendo la receta que no pueden lograr de otra forma. Hace unos días aparecía un video (no lo he encontrado) en el que una muy joven explicaba a sus seguidores que en el bar en el que estaba había solicitado la caja de la leche del cafe para comprobar el porcentaje de no sé qué y así certificar que es muchísimo más lista era que el tipo que lleva una vida sirviendo cafés porque vivimos en un mundo proteínicamente enemigo de la vida saludable. Después se puso a hablar, casi como una bióloga molecular, de las trazas de algo en el aceite con el que fríen los huevos. Con la mano abierta le daba.

El jueves pasado hice un presupuesto a un tipo y a su chatGpt, que viene a ser "el amigo que sabe" en versión digital.

No es que vivamos en una época llena de recelos en donde los seres humanos van por la vida pensando que han de ser más listos que el que tienen enfrente, que seguro que les está intentando engañar. Ahora nos vamos ubicando en ese extraño lugar en el que tú, mi esclavo servidor, has de hacer lo que yo te diga porque soy mejor que tú  al ser quien paga se ha de hacer lo que digo yo, aunque sea una soberana gilipollez. Es más, si es una gilipollez la culpa es tuya porque yo, cliente y amo del calabozo, no me equivoco jamás. Soy el Marqués de Chorrapelada.

6 de mayo de 2026

Simplificar

Supongo que una de las cosas que caracterizan al ser humano, aparte del sexo recreativo, es un afán de conocimiento. No quiero decir que José Ramón viva desentrañando los misterios de la vida cual hombre del renacimiento pero sí que hay una satisfacción muy humana en aprender, aunque ese aprender sea hacerse porros con una mano, defraudar a hacienda con la otra o partir nueces con el rabo. Cada uno aprende lo que quiere.

El caso es que una vez llegados al siglo XX e incluso el XXI a cualquiera se le puede demostrar que tiene acceso a la globalidad del conocimiento. Hay un tutorial, locutado por un sudamericano, prácticamente para todo. Hace unos meses, no sin dificultad, cambié el mecanismo de la cisterna del water y casi di un "me gusta" a alguien de Bogotá. Sin embargo lo que no tuvimos en cuenta es que ,cuantas más posibilidades existen, el mismo ser humano va simplificando su universo a un espacio que le resulte abarcable. Viene a ser como aquello de que vivimos en un entorno de 20km cuadrados aunque tengamos vehículos que nos puedan llevar a Albacete todos los días. Podemos tener, como la canción, un millón de amigos pero los ciudadanos convencionales estamos en mínimos de amistad. Que sí, que te puede contar un tipo en un bar que tiene más amigos que puntos metió Petrovic en la final de la recopa del 89 pero le puedes intentar pegar ( como intentó Fernando Martin al acabar) porque saludar a alguien no es ser su amigo. Hablar de virus, de cuestiones sociopolíticas o de los residuos nucleares es algo que puede hacer hasta Maikel. Si algo resulta difícil de escuchar es a alguien que te diga que de ese tema no sabe lo suficiente. Aquí todos tienen una opinión, aunque sea un mojón de opinión. Parece que el que reconoce no saber es tonto y a nadie le gusta ser señalado como tonto.

Obviamente no se puede saber de todo así que alguien se inventó el discurso políticamente correcto. Es esa especie de argumentario que te hace quedar bien en cualquier circunstancia: la guerra es mala, el planeta hay que cuidarlo, las libertades son respetables, la culpa es de los ricos, cuidemos a los niños, los políticos son corruptos y el Quijote, una joya. Sin matices y, a ser posible, defenderlo con vehemencia. Es como si la defensa de cualquiera de esos componentes te hagan ganar un punto. El problema es cuando hay un conflicto entre dos de ellos. En pandemia una chica, por su coño moreno, iba en el metro sin mascarilla. Un muchacho se le acercó y le recriminó no llevarla en un espacio público. Ante ello la manceba gritó victimizada que un machista quería imponerla su voluntad. Por supuesto que, prontamente y a lomos de un caballo blanco salvador, apareció un joven a rescatarla. "Haz lo que quieras"- le dijo el incriminador- "porque soy gay y si me pegas tienes que elegir entre machismo u homofobia". Al entrar en conflicto entre dos dogmas el salvador cesó su salvamiento.

Lo que es verdad es que la estúpida simplificación del mundo para poderlo amoldar a lo que te crees que es lo adecuado se hace en casi todo. Es como escuchar solamente música country que huele a caballo, decir que eres el Joaquin Luqui de 2026 pero es que no sabes nada de rock nacional garajero porque no se puede escuchar todo. Hay quien lo acepta ( sí señor, es usted) y quien te dice con dignidad insultante que si no escucha el ultimo disco de Bernal es porque es una mierda y la realidad es que no está en el mundo sonoro simplificado que se ha creado.

La simplificación del mundo lleva consigo, en las mentes más infantiles, la exaltación de lo propio y el desprecio de lo ajeno. Si matar animales ya tienes asumido, comiéndote una smash burguer, que es malísimo de la muerte y los toros no te llaman nada la atención, los taurinos son unos hijos de puta que merecen morir empalados por el ano hasta que se desangren. Vamos a algo más sencillo: si no te gusta la Formula 1 cualquiera que se despierte a las 5am para ver la clasificación de China es un imbécil retrasado fascista que quiere joder el planeta con el humo de los motores de combustión en un deporte machista. Si a ti te parece ( hayas ido a verla o no) que determinada película es buenísima y alguien te comenta que no le ha llamado la atención entonces tú, que te llaman Stanley en el estanco donde compras papel para los porros, sentencias que a ese lo que le pasa es que no tiene ni puta idea de cine. También es cierto que la degradación del contrario, aunque soez e intolerante, se vende mucho mejor que reconocer que hay tantos puntos de vista como melones.

Hemos aprendido que si, haciendo zapping, en un canal están explicando la teoría de la relatividad con manzanas y en otra hay dos bonobos gritándose, te quedas en los bonobos. Al ser humano convencional le alimenta el ego eso de captar audiencia.

Así que quizá todas esas acciones consecuencia de la intolerancia y, como consecuencia, del desprecio al otro, son fruto de la necesidad de reducir nuestra realidad al mínimo para creer que la tenemos controlada. Por supuesto, si alguien pone en duda las leyes universales de nuestro universo o nos comenta que en algún lugar hay un universo más grande o mejor, pasa a ser directamente el enemigo. Para eso nos queda la tontería esa de Popper de que esté justificado ser intolerante con alguien a quien ya hemos ubicado en el mundo de la intolerancia, porque para un imbécil la discrepancia es lo mismo que la intolerancia, y no lo es.

Vivimos en un mundo enorme lleno de personas que, en vez de descubrirlo y aprender, lo han hecho más y más pequeño, como nacionalismos unipersonales intolerantes, donde se desgastan degradando al que no piensa igual y buscando la afirmación social porque son capaces de gritar mucho y más alto.

Lo único que han hecho con todo lo que se puede degustar y saborear del mundo es, sencillamente, simplificar.

30 de abril de 2026

10 años sin Prince

Se han cumplido 10 años desde que Prince murió.

Cada día, cada vez que me lo encuentro, redescubro que era más grande. Más. Hasta pasando el rato con los colegas o tocando TODOS los instrumentos (27) de su primer disco (1978), con 18 años.

Erróneo estado del bienestar moderno ( y José Ramón)

Hay gente que se esfuerza y, oye, que no le sale bien. A veces, incluso, hay infortunios cabrones. Probablemente en una sociedad colaborativa y comprensiva es de ley ayudarlo. Ningún problema.

Pero a Jose Ramón, que lleva fumándose todos los porros que puede desde los 16 años, le saludan por su nombre en todas las discotecas y bares de la península, ha tenido tres hijos porque prefirió comprar un BMW que condones, le han echado de todos y cada uno de los trabajos a los que ha ido y de los que ha cobrado tras haber denunciado a sus jefes de manera sistemática para ver qué es capaz de sacar mientras va de alquiler en alquiler hasta que le echan por no pagar a los especuladores... a José Ramón no hay que darle nada, por cabrón. "Oh, pero cumple los requisitos"- "!Me suda el arco del triunfo!"

Asi solucionamos dos problemas: tenemos de sobra y , con suerte, se nos muere Jose Ramón.

"Es que es vulnerable"- "Los cojones. Vulnerable es Pepe que ha estado veinte años haciendo pan todos los días desde las 5 de la mañana, pagando su hipoteca, y se ha ido a la mierda porque han abierto un super muy barato enfrente con pan de mierda pero los clientes son unos peseteros hijos de la gran puta. Esos son los criterios, pero entiendo que para un funcionario o un legislador es muy complejo ver más allá de un papel con un numerito, que es el que José Ramón entrega, con cara de penita, en la ventanilla correcta".

Bienvenidos al erróneo estado del bienestar moderno, al que se le olvida ser personalizado en vez de buenista sin ojos.

28 de abril de 2026

10 demostraciones de la realidad por encima del discurso.

Hoy es un buen día, dado el primer aniversario, para recordar empíricamente algunas de esas cositas que en la cabeza suenan espectacular pero después se demuestran poco o nada efectivas.

La primera puede ser que si tienes un país lleno de molinillos de viento o de placas solares pero se te olvida estabilizar una red con fuentes energéticas controlables (hidroelectrica, gas, carbon o las nucleares), se te va la luz.

La segunda es que si a Maria del Carmen, que se compró dos pisos, la das por el saco a todas horas y la convences que su esfuerzo no va a valer más que para que alguien le pague tarde mal o nunca, vende el piso y que le den a los inquilinos.

La tercera, que como dicen algunos titulares podemos aprender de otros países, es que si das dinero infinito a alguien por no trabajar lo que consigues es que no trabaje.

La cuarta bien podría ser esa idea tan loca del tope a los salarios, que hace que a los que les ofrecen más dinero en otros países, casualmente, se van a otros países.

La quinta, que te la voy a contar yo, es que si vas subiendo el salario mínimo sin subirle la pensión a mi madre en el mismo porcentaje, te encuentres con que hacerse mayor dependiente le está suponiendo perder, cada mes, un puto pastizal del que hacienda se lleva prácticamente un salario. La otra, que también te la voy a contar, es que yo llegué a dar trabajo a casi 20 personas a la vez y el único consejo que puedo dar a alguien que emprende es que contrate lo menos que pueda porque a nadie (al menos institucional de este país) le importa una mierda ni la vejez de mi madre ni que seas un generador de riqueza. Si eres un bar no puedes vender el cafe a 15€, así que te tienes que joder porque para que los baños estén limpios ( esto es una metáfora) alguien tiene que limpiar. La economía real no es un capítulo de Succession o de Industry.

La sexta, y para eso voy a usar una canción de 1985, es que si juegas a llevarte mal con EEUU en el mundo real, ellos empiezan a montar bases en Marruecos, dar armas a aquel país y nos vamos a reir el día que te hagan la marcha verde en Ceuta, Melilla, Canarias y, ya de paso, Córdoba y Almería.

La séptima es que ya vamos aprendiendo que siendo hiperregulativos lo que hacemos es alimentar al monstruo de lo institucional y cohartando las libertades de aquellos que son tan locos de querer innovar. Por eso es una realidad que se inventa en EEUU, los chinos lo copian ( cada vez mejor) y los europeos lo regulan. Soy de los que piensan que es más importante crear riqueza que rellenar papeles.

La octava, mal que nos pese, es saber que uno no es ladrón o corrupto por ser de un partido político. Chorizos, cabrones y caraduras hay en todos los sitios. Creer que alguien no puede cometer un delito por su sexo, raza o ideología es de sectarios sin cerebro.

La novena (que puede ser octava fase B) resulta del hecho empíricamente demostrable en el que cuando hay que salvar el culo propio o el bienestar personal ya no te importa echar de podemos con la ley de despido de Rajoy a la gente, comprarte un chaletón, regalar a tu hija un bolsazo que hagan niños bengalíes ( porque era falso) con jornadas de 14 horas, ir en coche a la reunión por el clima o cualquier cosa que aunque sea poco estética y contraria a tu discurso te haga la vida más confortable.

La décima es que, obviamente, vivimos en unos tiempos en los que el discurso y las promesas están por encima de la verdad o los hechos. Y así nos va, que cuando miramos los hechos no se parecen en nada a lo que nos habían contado de la misma forma que el video de la promoción de tiktok era mentira.

Pero (corolario o punto 11) la culpa es nuestra por ser tan gilipollas. Claro que el alcalde de NY gano las elecciones prometiendo que todo va a ser gratis, ecológico y feliz. Que las calles estarán limpias sin que las limpies tú ( es la misma metáfora de antes). Está claro que cuanto más avanza la humanidad, má estúpida se vuelve y, como un adolescente, se quiere creer cosas que son obviamente falsas. A los diez pasos me remito.

Si fueran 12 sería desintoxicación de los propios humanos a base de realidades. Por ser "humanálicos" o mongólicos (de Móngol, que es un pais imaginario buenista y feliz sin pobres ni guerras ni delitos, recubierto de amor.).

25 de abril de 2026

Piénsate, humano

No comprendo la diferencia que puede haber entre "Los Españoles primero" y tener que demostrar que sabes Euskera nivel aizkolari de Gernika para trabajar barriendo calles en Alsasua.

Personalmente me la ha traído completamente al pairo cualquiera de los componentes con los que uno viene de fábrica siempre y cuando aporte o colabore con el sistema de todos de una forma positiva. No tengo ningún conflicto en meter en un avión a un hijo de perra con sesenta y tres apellidos de la patria para dejarle caer sobre el desierto del Sahara, a ser posible sin paracaídas. Me niego a creer que alguien es mejor o peor que otro porque va con un componente racial, lingüistico, confesional o heredado en particular.

Sin embargo los humanos sociales estamos llenos de prejuicios. Algunos, incluso, se empeñan en comportarse como creen que deben dadas las circunstancias o las modas. José Ramón, que siempre fue un conductor precavido, empezó a conducir como un loco al adquirir un deportivo. Es más, dejó de usar los intermitentes porque era un BMW. En algún lugar de su minúsculo cerebro llegó a la conclusión que no era él, sino el coche, lo que le convertía en un peligro.

Desconfío, igualmente, de aquellos que utilizan como argumento principal en la defensa de sus planteamientos la titulación personal. "Estás equivocado en la manera de freir un huevo porque yo, !yo!, soy sociólogo"

El caso es que hay una tendencia brutalmente marcada por la que algunos, para que el otro no manipule la información, ponga a sus colegas en puestos públicos, se lleve la pasta, cambie las normas del juego a medio partido o se comporte como un tirano, ya lo hace él antes. "Más roban los otros"-me dijo alguien cuando se aprovechaba de los fondos de su partido (de mucha izquierda) para pagar el hotel en que realizábamos actividades sexualmente atléticas. Hago una llamada y te abren un quirófano cuando quieras, me dijo un político (de derechas) al comentar que los médicos de mi hospital no operan en verano porque sufren mucho estrés y mi maltrecha economía de autónomo no permite otras fechas.

Se nos olvida con facilidad ideológica la inmensa cantidad de veces que defendemos hacer lo que criticamos en el lado contrario del posicionamiento mental. Eso nos lleva a situaciones absurdas donde alguien tacha de racista a alguien por hacer lo mismo que defiende. Es como diferenciar matar guardias civiles o etarras, cuando los muertos se descomponen igual y sus hijos sufren lo mismo.


Si algo he ido aprendiendo es que el ser humano es humano muy por encima de sus ideas. Las ideas, en este mundo hipócrita, se quedan para aparentar ser una persona ideal tomándote cañas con los colegas. Los hechos, que son los que determinan lo que somos, se parecen mucho más cuanto más nos acercamos a los extremos. El imbécil es imbécil allá donde nace y algunos nacen con la necesidad de ser imbéciles. Por eso mismo se hacen de la imbecilidad mayoritaria geográfica o cultural. Un tipo con ropa amplia, un perro sin correa, con tres pines pro palestina, que quema incienso y tiene una novia que no se depila los sobacos llevaría un pantalón de pinzas, una pulsera de España y miraría con deseo a la más operada de sus conocidas si tuviera a bien nacer en otro lugar. Es el mismo tipo cargado de puntualizaciones geográficas o actitudes que ha asumido por mera supervivencia social.

Así que antes de hablar de cositas con furiosa cólera, corazón, piénsate.