Mal dia para buscar

4 de marzo de 2021

Tu coche y tú ( en el futuro europeo)

Siempre he pensado que la industrial del automóvil va un pasito por delante en todo. Cuando dejan de fabricar coches es porque saben que vienen años complicados. Cuando mueven sus fábricas, se fusionan, se dividen o simplemente van poniendo gadgets en el salpicadero para que creas que estás comprando algo nuevo es porque, de una razón u otra, se están adelantando a lo que vas a querer mañana. Por eso tengo un ojo, de los dos tuertos que me quedan, puesto en las novedades y los movimientos de dicha industria. Son, por decirlo de una forma, mi pequeño nostradamus a cinco o diez años vista.

¿Por qué no la informática?. Al fin y al cabo es de lo que sé. Principalmente porque sacar un programita gracioso, un tik tok guapetón o un altavoz que te haga patatas fritas a ritmo de batucada se puede hacer desde un taller de tres metros cuadrados sin gastar ingentes cantidades de dinero. La informática es innovación de bajo coste. Pero hacer un coche suele llevar involucrada una tendencia social y una inversión que abarca muchos más campos que el meramente mecánico.  Es demasiado dinero y son demasiados esfuerzos como para dedicarse a hacer algo y esperar. La industria automovilística, la de verdad, no juega a esperar. Tiene la fea costumbre de jugar a ganar.

El problema aparece cuando alguien que sabe de coches lo mismo que de gallinas ponedoras decide, en un despacho ganado a golpe de votos, las normas que deben cumplir los que hacen coches. Ojo, o los que hacen las hueveras de cartón.

Si nos vamos a la historia de las carreras de coches podemos admitir que inicialmente se preparaba una carrera y ahí aparecías tú tu bólido. Se daba la salida y el que llegaba primero, ganaba. Fácil. Entonces, y ahora estoy en los años 60 y 70, los grandes creadores jugaban a proponer ideas. C. Chapman con sus Lotus, el efecto suelo o las turbinas añadidas a la parte de atrás de un fórmula. Coches de seis ruedas. unos explotaban, otros ganaban, otros saltaban las protecciones casi inexistentes y se llevaban por delante a un nutrido grupo de espectadores. La mecánica y la ingeniería en estado de absoluta libertad han proporcionado avances estratosféricos a los cochecitos que nos llevan y nos traen hoy mismo. Las guerras, caminando por el lado extremo, nos han dado cohetes, todoterrenos y gps. Cuando algo carece de regulaciones se envilece o se convierte en un refugio para la creatividad extrema.

Pero con los años fueron llegando las normas. Que si no se podía poner un reactor nuclear (ford lo intentó con el Nucleon en 1958), que si tienen que llevar ABS, que si no puedes poner en un coche de carreras más de un determinado peso o que si tiene que gastar tanta o cuanta gasolina. Que si no debe contaminar y que el conector de la electricidad tiene que ser el que diga el gobierno. Que entre en las plazas del parking de súper. Que no pase de un determinado número de vueltas el motor. Que a partir de no sé que año en vez de brumbrum haga brambram porque no sé qué de la diversidad europea. Bueno, ya sabemos que la tecnología y casi todo se va quedando a merced de las normativas que juran que , por nuestro bien, habrá de ser todo estándar.

Tenemos que tener trabajos estándar, casas estándard, sexo estándard, ropa normativa, comportamientos que cumplan las normas, vocabulario inclusivo o, yo qué sé, coches homologados.

Y curiosamente ante todo eso las empresas que hacen coches han tomado decisiones que bien pueden extrapolarse al resto de lo que nos rodea. Van a dejar de vender coches térmicos en Europa y prácticamente todas harán el mismo coche. ( Hoy en día la diferencia entre un Corsa y un 208, un Golf o un Leon, un Toyota o el último modelo de Suzuki son mínimas). En el futuro, curiosamente, los coches van a ser casi todos el mismo. Cuando las normas se hacen más y más detalladas la única forma que tiene la industria del coche de sobrevivir es hacer lo único que puede y, si eso, contarnos que uno es verde o que otro es azul aunque no sea más que el espejismo de la diferenciación.

Las normas son eso que hicieron por nuestro bien y que, pasado un punto, se convirtió en homogeneidad.

Así que como el mundo automovilístico va siempre un paso por delante me pregunto si el futuro es un lugar en el que todos, por esa obligación de cumplir las normas cada vez más restrictivas que han hecho por nuestro bien sin que nos hayan preguntado antes, seremos todos iguales.

Vestiremos igual, hablaremos igual, trabajaremos casi en lo mismo, pensaremos lo mismo y, por supuesto, llevaremos el mismo coche. El que no lo haga será duramente castigado para que no se plantee hacer algo nuevo o algo diferente.

Suena un tanto decepcionante. Y aburrido.

(Todo lo comentado se puede hacer extensivo a lo que comemos, donde vivimos, nuestros salarios, nuestros sistemas operativos, la manera de comprar e incluso de gastar nuestro propio dinero (cuya eliminación física volverá a coartar nuestra libertad de consumir libremente), lo que leemos y por supuesto la cuadriculada interacción social digital a la que estamos abocados.)


Me voy a casa porque tengo que estar a las 22, que no puedo ver la luna desde la calle por mi bien.

27 de febrero de 2021

Is black, is white. No gris.

De un tiempo a esta parte se ha generado algo muy diferente al sentido crítico. Me explico. Cuando alguien se pregunta o discrepa o simplemente se plantea que existe una opción diferente a la establecida, justo en ese momento y sin margen a la consideración ajena, se le ubica en el lado contrario extremo.

Por ejemplo. Si le dices a alguien que eso de estar en casa a las diez te empieza a resultar cargante por defecto eres un negacionista, escupes virus y quieres que se muera todo el mundo. Si aciertas a decir que las manifestaciones del 8M te resultan fuera de lugar se te considera alguien que sale por la calle, con un bate de beisbol gigante, deseando apalear mujeres solo por serlo. Si te parece que la economía se puede cuidar de una forma menos ideológica te tachan de capitalista maquiavélico. Si votaste a la izquierda eres un bolivariano y si lo hiciste algo más a la derecha quieres que el dictador aparezca para fusilarlos a todos porque son de la Eta.

Así que los artilugios mentales lo que hacen es posicionar al otro, al que no piensa igual, en un extremo absolutamente incorrecto para apoyar la idea de nuestra correcta situación equilibrada. Si fuera un ejemplo de colores ( que no de razas, no sea que ahora me digan que estoy a favor de los blancos supremacista): yo no soy blanco pero tú eres negrísimo. ¿ Conoces a alguien que no piense de si mismo que vive en una situación moral e ideológica centrada, justificada y equilibrada?.

¿Conoces a alguien que no afirme que vivimos rodeados de estúpidos que son siempre los otros? El problema es que los otros piensan exactamente lo mismo.

Ahí estamos, regodeándonos en la irracionalidad donde necesitamos meter a los demás para nuestra propia tranquilidad. Ya no existe esa sensación de alumno que desea aprender de los razonamientos que le han llevado al otro a un sitio en que nosotros no estamos sino que tenemos tanta necesidad de estar en posesión de la razón que nuestro primer impulso es condenar a los otros, tildados de enemigos por nuestra supuesta superioridad moral.

En algunos casos esa superioridad moral intransigente se ha convertido en una seña de identidad peligrosísima de la que se sale mucho más dificilmente que de las drogas. A veces, incluso, se crean oximorones en los que yo puedo permitirme licencias por ser mucho mejor persona que tú. La moral, como las matemáticas, parece una ciencia exacta pero no lo es.

Me da lo mismo que hablemos de política, de sexo, de futbol o la tortilla de patata ( que por supuesto ha de ser sin cebolla y, si no lo ves así, púdrete jodido talibán).

Si no estás de acuerdo conmigo ya no es que estés contra mi sino que eres el puto demonio.

Is black, is white. En Tinder no hay grises pero todos los perfiles, al investigarlos, están llenos de nebulosas.


Pd: ( que se me había olvidado) Y si tu vida no es lo maravilloso que habías soñado que debía ser solamente por existir como persona, la culpa es de los hijos de puta.


23 de febrero de 2021

This Feeling


I just kept hoping, I just kept hoping

The way would become clear
I spent all this time
Tryna play nice and fight my way here
See, I've been having me a real hard time
But it feels so nice to know I'm gonna be alright
So, I just kept dreaming, yeah, I just kept dreamin'
It wasn't very hard
I spent all this time
Tryna figure out why
Nobody on my side
See, I've been having me a real good time
And it feels so nice to know I'm gonna be alright
So please, don't take my feelings
I have found at last
So please, don't take my feelings
I have found at last
Yeah, if I wanted to, I'd be alright
So I just kept going, I just kept going
And hoping I'm growing near
Well this good and fine, I spent all this time
Tryna find my way here
And I've been having me a real fun time
And it feels so nice to know I'm gonna be alright
Please, don't take this feeling
I have found at last
Please, don't take my feeling
I have found at last
If I wanted to, I'd be alright
Yeah, if I wanted to, I'd be alright

15 de febrero de 2021

El columpio ( corto)

Justo antes de ver, en pantalla grande y quizá en 1994 sin saber lo que me esperaba apenas un año después, Todo es Mentira ( la película, por supuesto) proyectaron este corto. "El Columpio" y de repente todas las verdades que he creído como ciertas en las relaciones de mis siguientes 25 años se condensaron en esos 8 minutos.

Ya lo he puesto más veces aquí pero es que no me canso de verlo.


y quien estaba conmigo aquel día tiene una niña (de otro), se separó (no sé si se casó), apenas hablo con ella un par de veces al año y seguimos , al menos yo y creo que ella también, encontrando cosas que nos marcaron aquellos años en los que nos hacíamos mayores sin darnos cuenta que mucho de lo que vivimos nos estaba forjando como lo que somos.

14 de febrero de 2021

El San Valentin de lo esencial

 Una de las frases más repetidas de este blog es: Elegir es renunciar.

¿Qué es lo que eliges?.

No, no me valen las propuestas y las frases biensonantes que después, cuando no sucede nada, se convierten en excusas dignas de algún político falsario que todavía te dice que te quiere mientras te sigue sodomizando. No me vale decir que eliges ser libre, que escoges el amor y la libertad. No me vale que me cuentes, como una taza de café comprada por un adolescente, que quieres las experiencias que aporten felicidad. No es correcto ni válido decir que quieres lo que te suma en vez de lo que te resta.

Sé valiente. Dí que quieres un jersey, un filete de ternera, una tortilla sin cebolla, viajar a ese lugar al que sí puedes ir, echar los polvos que te puedes permitir por tu edad o un paseo por las afueras del lugar donde vives. Eso son cosas reales y las puedes llevar a cabo. Hazlas. Existe una satisfacción extrema cuando descubres que tus apuestas se convierten en tus verdades, aunque sean verdades pequeñitas.

Siempre pensé que apostar a la cima era una manera adecuada de quedarse más cerca que jugando a llegar a media montaña. Era un error porque, así, el fracaso es seguro.

Sin embargo seguimos diciendo y asegurando que queremos, que deseamos, cosas imposibles: Acabar con una pandemia en un mes, encerrarnos en casa creyendo que todo será igual al salir de las cuevas, vivir sin bares y, que es donde quiero llegar, mercantilizando y eliminando el amor porque, eso sí, se ha convertido en un imposible desde antes que los virus dañaran nuestro sistema afectivo más, incluso, que el respiratorio.

Hemos elegido cerrar los bares, precarizar la economía, priorizar la sanidad, recelar de quien no sea parte de nuestra cédula habitacional y tener miedo a darnos. Si nos daba miedo a poner nuestras cartas encima de la mesa, incluyendo todos los resortes de nuestras debilidades, en un año el albañil de los miedos ha hecho muros de siete pisos entre nosotros. La incertidumbre nos hace elegir y elegir, es renunciar.

Cuando te juntas con tus amigos en una convención de solteros sin gracia te quejas de no haber tenido sexo y estás diciendo que el amor no es esencial. Que es menos que una frutería, un estanco, unos cuidados sanitarios o una subscripción televisiva. Que es mejor tener wifi y papel higiénico. Hemos elegido lo que es y no esencial a lo largo de un año.

Espero que no hayamos renunciado a los abrazos. Sería una renuncia complicada.

(Aunque sé que te pierdo sin estar seguro si quien ya está perdido soy yo).


11 de febrero de 2021

Libertad de coherencia.

A una de las actrices de The Mandalorian la han fulminado de su puesto de trabajo por hacer alguna que otra consideración a favor de Trump y contando que cuando a los judíos les apaleaban no solamente lo hacían los nazis de pro sino sus propios vecinos. Hasta lo que yo tengo entendido estar a favor de Trump no es delito. Podría ser tratable pero delito, lo que se dice delito, no es.

Tampoco es delito, por supuesto, decir que el rey te chupa un huevo y que la monarquía es tirar dinero a ciertas cloacas. No lo es, desde mi punto de vista y aplicando el mismo baremo, comentar que el ministerio de igualdad te parece un derroche absurdo o que el mismísimo Pablo te chupa, igualmente, un huevo.

Todo esto, de una forma u otra, se podría considerar algo que entra dentro de la cacareada libertad de expresión. Básicamente disponer de la libertad de decir lo que te parezca oportuno aunque sea que el gobierno nos rocía con chemtrails, que los alienígenas controlan el sistema, que los republicanos jamás mataron a nadie o que Franco te cae fenomenal. Todos tenemos nuestras taras y nuestras deficiencias mentales. Otra cosa ya es que me meta con la libertad de los demás y les obligue a rezar el Corán, adorar a Manuel Azaña, beber lejía o simplemente les meta en la cárcel por pensar diferente a mi persona.

Con todo ello intento afirmar que si meterse con un lado es hacer uso de la libertad de expresión, meterse con el otro también debe de serlo.

Hace unos años, con ETA matando, se ilegalizó a aquel partido ( Que no sé si era HB, Bildu o cualquiera de sus variantes) y tuve que dar la razón a aquellos que si bien defendían que matar no estaba mal del todo, ellos no lo hacían. No hice muchos amigos pero reconozco que no se puede ilegalizar una idea aunque sí se debe castigar un delito. Hace no mucho me he aburrido de aplicar el mismo cuento con aquellos que pueden defender, no con tanta desfachatez, ajusticiar inmigrantes. Si Bildu es legal, que lo debe ser, también debe serlo Vox. Y aunque me producen el mismo asco respeto que haya personas que piensen sus propias barbaridades.

Sin embargo nos encontramos con el caso del tipo ese que ha utilizado su puesto de "rotulista" en TVE para hacer chistes sobre la monarquía y eso, deontológicamente, está muy feo. Si le han despedido no es por lo que piensa sino por imbécil. De la misma forma, y ahora voy a hacer pocos amigos, al rapero ese no le meten en la cárcel por decir que el rey es un putero sino por pedir, repetidamente, que ciertos grupos terroristas maten a determinadas personas. Hombre, que digo yo que a esas personas no les hará mucha gracia. No es lo mismo que defequen sobre una señora que lo hagan sobre tu puta madre. Aún así, en mi opinión personal, una pena de cárcel por ello hasta podría ser discutible pero, claro está, si yo pido que le pongan una bomba en el culo a Pablo Iglesias, también debería de salir Echenique pidiendo que me dejen libre. En eso consiste una cosa llamada coherencia: en mantener criterios.

Desafortunadamente y haciendo ostentación de un revanchismo y una infantilidad fuera de lo común disponemos de seres que consideran lo que debe ser o no delito. Es delito hacer hacer chistes de negros, de mujeres, de tartamudos o de judíos. No lo es, curiosamente, si son de hombres, de blancos, de ricos o de nazis. Y eso, también personalmente, creo que no es justo. O todos o ninguno.

La libertad de expresión no pude ser delimitada por lo que debes expresar con tu propia libertad. Eso es un oximorón ( que afirma una cosa y la contraria). Sé libre pero solo con la franja de libertad que yo te diga que debes usar.

Y si decidimos que la libertad de expresión tiene unos límites en un lado, hay que ponerlos en el otro.

Porque si solamente cambiamos de lado el lugar de la censura, estamos haciendo lo mismo. Me hace mucha gracia a algunos exaltados defendiendo la libertad tirando piedras a otros exaltados que también juran ser libres. Ver a algunos gritar contra la dictadura de unos queriendo imponer la suya.

Por eso siempre hago el ejercicio de contar el mismo chiste con el lado contrario y pregunto si te hace la misma gracia. Es para ver si tengo libertad de coherencia expresión.

(Y para ver si eres coherente con eso de hacer uso de la  libertad)

10 de febrero de 2021

Salir corriendo del dentista.

A mi me madre le gusta contar, ahora que con el paso de los años los recuerdos son mucho más vívidos, que ese superhéroe implacable que era mi querido progenitor no siempre se enfrentaba a todo con la valentía que dan las películas.

Así que me explica que una vez, que tenía cita con el dentista, hizo una pausa en su trabajo y se fue a consulta. Ahí estaba, con su traje, su calvicie, las gafas negras de pasta y los zapatos bien limpios. He de suponer que con una de esas carpetas de piel donde guardaba la documentación que revisaba de forma intensa, con lápiz y goma de borrar, llena de apuntes contables y anotaciones de caligrafía excelente.

Ese día, según cuenta mi madre, volvió a casa pronto. Un cambio de horario en alguien cuyos hábitos hasta la jubilación bien pudieran ser firmados por un alemán convencional sólo podían significar acontecimientos excepcionales.

-¿Qué ha pasado?- le preguntó.

-Estaba sentado ahí, en la sala de espera. Me entró el pánico. Me fui sin decir nada.

-No te preocupes, no pasa nada.- Le respondió haciéndole ver que estaba ahí para ayudarle con sus debilidades.

Años después y sin conocer de primera mano esa anécdota, que se guardó en el armario de los inconfesables de la familia, yo estaba esperando para entrar al examen de química de segundo en la carrera. Había estudiado pero, como casi todas la incógnitas de la vida, no tenía ninguna seguridad de éxito. Quizá pensé en el dolor de ver un suspenso y cuando nos dijeron que podíamos entrar al aula del cuarto piso fui dejando que mis compañeros entrasen, sin decidir lo que iba a hacer cuando fuera el último. Unos minutos después, cuando iban a cerrar la puerta, no entré.

Tampoco me comprometí cuando no podía saber si aquello no generaría un dolor infinito con forma de fracaso. No invertí en negocios de posible rentabilidad negativa. Tuve muchos problemas en hacer viajes más allá de mi zona de confort. Cuando te preocupas de poner la red demasiado dejas de subir al trapecio.

Así que en la función circense que es la vida, en muchas ocasiones, hice lo mismo.

A veces nos descubrimos, al crecer. haciendo lo mismo que nuestros padres. Yo tengo una caligrafía bastante más mediocre.

Sin embargo, mirando atrás, hice inversiones mejores y peores, viajé sin rumbo, adquirí compromisos que no salieron bien y aprobé química. Obtuve mucho más cuando salté por encima del miedo (justificado siempre) que si hubiese salido corriendo.

Hoy tengo dentista. 

No me da miedo eso. No me da miedo el dolor. Me aterra llegar a casa después y, cuando se vaya la anestesia, mi madre no me diga que no pasa nada, que está ahí hasta que se me pase. Que hay alguien a tu lado que te protege cuando te sientes débil.

6 de febrero de 2021

La rentabilidad de la novedad

Hace unos dias volví a recibir una bofetada de realismo sobre el mundo en el que vivimos. En este caso, en unos de mis entretenimientos musicales, donde comentaban, basándose en las rentabilidades económicas de la música moderna, que si alguien ha entendido la manera de consumir actual son esos artistas que planifican y lanzan temas de manera continuada para mantener la atención del consumidor sin pausas para que se entretenga en otras cosas. Es mejor, si hablamos de comercio y de negocio, sacar doce temas al año que un solo disco. No hace falta que se empleen años de trabajo en un producto conceptual que narre una historia a lo largo de temas que se van entendiendo cuando se conoce el anterior sino que la inmediatez, la continuidad y vivir siempre en una promoción continua es lo que te posiciona.

Si a estas alturas alguno no lo conoce, el Efecto Coolidge mantiene que la excitación sexual de los mamíferos es mayor si tiene, el mamífero en cuestión, la sensación de que es una pareja diferente. He de suponer que es algo parecido a lo que pasa con el consumo.

Por eso las marcas han descubierto que es importante vivir siempre en el lanzamiento del nuevo coche, del nuevo móvil y del nuevo frigorífico. Por una parte le impides al consumidor pensar que hay algo diferente en otro lugar y siempre puedes conseguir algo parecido a una especie de fan que "necesite" el nuevo producto aunque sea prácticamente igual que el anterior. Será por eso por lo que los nuevos singles se parecen demasiado a los anteriores. Será por eso por lo que algunas parejas se disfrazan para mantener viva la llama de la pasión.

Nos hemos vuelto una sociedad que necesita la etiqueta de "nuevo" casi tanto como la etiqueta de "oferta" aunque ni sea nuevo ni esté de oferta.

Existen películas que son, ellas solas, de una calidad mayor que todo el catálogo de Netflix. Pero Netflix te da la sensación que cada vez habrá algo nuevo esperando para ti. Es lo mismo que nos ofrece Internet en contraprestación de nuestra nevera. Cada vez que abrimos Internet parece que hay algo nuevo que quizá, solo quizá, sea un revulsivo en nuestra vida. Pero cuando abrimos la nevera vemos lo mismo que había hace diez minutos, menos lo que nos comimos.

Si nos damos cuenta con la frialdad que da la distancia, en ningún momento hemos dicho que deba de ser necesario, bueno o diferente. Son adjetivos que, a día de hoy, no tienen nada que ver con la rentabilidad.

Terminaremos viendo: "!!NUEVO!!: Torrijas. Antes 50€, ahora 2€". Y algunos pensarán que es la última tendencia a precio de ganga de la misma forma que el último single de J Balvin sea igualito (de coñazo) al anterior. Pero, joder, es nuevo. Voy a poner alguna canción que no hayas oído para darle alimento a tu Efecto Coolidge.


Pd: y cuando no hay musica, móvil, aspirador o coche que promocionar lo que hay que hacer es mantener el nombre vivo. Te puedes tirar a una famosa como Kanye West, buscar alguna polémica entre Twitteros, poner fotos de tu edad infantil como Rosalía o sacarte seis fotos en pelotas como Pedroche. Mira, nos vale de ejemplo, ¿qué hace diferente a los demás?: se encarga de estar, con vestido, tonterías o posados siempre vendiendo una novedad. Y ahí la tienes, con la cartera calentita sin ser mejor ni más guapa ni, por supuesto, mejor profesional que las demás. 

4 de febrero de 2021

Remedios de la abuela

Una de las cosas que tienen casi todos los cambios de ciclo es algo parecido al desprecio por el ciclo anterior. Supongo, y eso es mucho suponer, que necesitamos aceptar como cierto que venimos de algo peor cuando vamos a algún lugar nuevo. Que nuestra ex se merecía mucho más daño que el que sentimos, que no se puede ser más explotador capitalista que nuestro anterior jefe, que el año que terminó no va a ser peor que el que empieza y que los remedios de la abuela eran tonterías.


Lo curioso es cuando, pasados varios ciclos, te descubres a ti mismo poniéndote frío en un dolor de muelas ( como hacía tu abuela) y descubres que te calma. Aceptas como cierto que el año puede empeorar, que trabajar requiere un esfuerzo y que, en realidad, los ciclos son ciclos. Sin más. En algún sitio lo llaman madurar.

Pero para todo eso hay que tener una cosa llamada perspectiva. La perspectiva viene a ser como la memoria histórica. Es necesaria para no caer en errores de bulto en el que ya cayeron otros antes. Es necesaria y tiene como obligación básica entenderlo en su contexto sin juicios de valor presentistas. A ver si ahora vamos a juzgar a Grease como una película sexista. No sé, exigir que los Aristogatos se retiren porque no podemos permitir que nuestros hijos vean a los gatos siameses de esa película como un guiño a la maldad del pueblo asiático. Censurar "Lo que el viento se llevó". Tildar de esclavista a Volkswagen o a Ikea. Quizá, mirado así, la memoria es una asignatura pendiente porque vivimos todavía en el estado negacionista de todo lo anterior. Es mucho más entretenido y calmante para la psique achacar nuestras miserias a otros en vez de procurar mirar hacia delante. Si España, por decir algo, es el pais europeo en el que más ha crecido el desempleo femenino en los últimos dos años y ademas ha bajado 10 puestos en el ranking WPS de los mejores paises del mundo en los que ser mujer, podemos pensar que algo hacemos mal o directamente culpar a Alfonso XIII  por haberse olvidado de su pueblo en 1931. La culpa de todo la tiene Yoko Ono.

Siempre he mantenido que las sociedades son una especie de seres vivos que evolucionan y crecen más lentos que el ser humano normal. Si un año de un perro son 7 años humanos, 100 años humanos son un año social. Dicho así y poniendo como perspectiva el año 1 de nuestra era, tenemos 21. ¿Qué hacen los de 21?: Sexting, quejarse, notas de voz, intentar seguir siendo niños sin aceptar responsabilidades de adulto, bloquearte si les dices algo que no les gusta, echar la culpa al perro de comerse sus deberes, buscar la hora feliz en el bar y la oferta (real o no) en la página web con más anuncios que encuentren, considerarse a si mismos como los primeros que descubrieron la justicia social y no aceptar que fomentan la esclavitud cuando piden cualquier cosa a domicilio. Le sonríen al repartidor y eso les vale para pensar que le han tratado dignamente. También hay quienes se sientan y trabajan, obtienen resultados, ayudan y actúan con solidaridad real, pero es más divertido generalizar en el otro lado porque hacen más ruido y algunos están en el gobierno.

Pruebas de que vivimos en una sociedad sitiada culturalmente por los amantes de los 80 y mentalmente por los postadolescentes hay demasiadas. Unos se encargan de que Pretty Woman, Regreso al Futuro, los Gremlins, Terminator o Star Wars se repitan cada semana.


Otros, ignorando completamente que llevamos miles de años equivocándonos y que la velocidad de equivocación ha crecido exponencialmente en el último siglo, cometen los mismos errores que debían de haber aprendido a no cometer y en vez de aprender de ello buscan, con agilidad sorprendente, la culpa en cualquier otro lugar mientras intentan que la historia no sea la verdad sino lo que les conviene que sea verdad. Dame mi título, mi casa, mi trabajo con 16 semanas de vacaciones. 

A veces se me olvida que un 10 en 1988 es un 14 ahora. También que alguien descubrió el maravilloso mundo de los títulos por encima de los conocimientos. Se puede ser ingeniero con un cursillo en vez de con los 6 años de pelea en los que entrábamos 500 y salíamos de 50 en 50. Pregúntale a Patxi Lopez que nunca pasó de primero. A mi no me tenía manía el de química de segundo sino que yo era un paquete. Con ese revisionismo viejuno no digo que fuera una época mejor pero sí menos infantil. La comodidad impide crecer.

Pero un día, después de negar mil veces el valor de lo que te dejaron de herencia, vuelves a encontrarte usando los remedios de la abuela. Y te has hecho mayor.

Entonces es cuando al caminar por la calle te ves en aquel portal donde diste aquellos primeros besos. Te ves jugando en el patio del colegio, sentado en el muro en el recreo o escondiendo una revista porno debajo del colchón. Y estás ahí, mirándote de lejos con una sonrisa. Puedes saborear aún aquel cuello inquieto de la única mujer casada que pasó por tu vida y darte cuenta que, de una forma u otra, todo eso te hizo ser quien eres ahora. Porque ya no eres aquel y nosotros no somos lo que fuimos pero renegar, jamás. Asumir errores, eso sí. Pensar que si la abuela lo hacía será por algo, siempre.

Me dijeron: "ok, boomer. Tú sacaste un 9 y yo tengo un 11. ¿Ves? !Un 11!". Y se alejaron con el tremendo error de no mirar atrás ni pensar en las razones del otro. Porque 11 es más que 9. Entonces es cuando yo pienso que 1430 es más que 911. Pero uno es un Seat de 1979 y otro un Porsche.

Pd: Es como comparar el punk con el regetton. Se protestaba mucho mejor antes, eso no se puede negar.

3 de febrero de 2021

El equilibrio es imposible.

 


Hoy me persiguió una canción que, en mi submundo, es un clásico.
Será que se acerca San Valentín y no hago más que pensar que en este año en el que nos hemos olvidado de lo primordial, lo primordial era más sencillo.

28 de enero de 2021

Borrar la hemeroteca ( y los chats)

Hay algo que creemos que solamente afecta a los personajes públicos pero nos está haciendo daño a todos: La hemeroteca. En realidad no es porque salgamos en la prensa o porque La Sexta haga un documental muy dramático sobre algo malísimo que hayamos hecho y que nos locute Gloria Serra. Solamente son nuestras redes, nuestras conversaciones o algunas de las frases que dejamos caer por whatsapp un día tonto.


- Yo no te he dicho eso nunca
- ¿Cómo que no?. Me lo dijiste el martes 12 de hace dos años a las 17:43. ¿Te envío el chat?

En ese caso es cuando la hemeroteca nos está gastando una mala jugada. En ese caso es exactamente lo mismo que cuando te recuerdan, al salir del coche oficial, que jamás usarías coches oficiales. Es igual que tener a Oriol en la calle cuando jamás ibas a apostar por un indulto. La excusa esa de que lo que dijo el candidato no es aplicable al presidente no cuela. La hemeroteca te golpea por todas partes. Afortunadamente nuestras incongruencias o cambios de opinión suelen ser mucho más domésticas. Que si te iba a llevar a la playa o que si estaba en el trabajo. Que si este año sí que nos vamos de vacaciones a casa de tus primos.

Una de las cosas que tiene la tecnología es que carece de capacidad de filtración de datos. Solamente los acumula. A esos servidores enfriados llenos de luces les da lo mismo guardar una falsa promesa, una intención no realizada, un amor desatendido, una fotopolla o una teoría perfecta que pudiera salvar el mundo de su segura destrucción. Todos son ceros y unos puestos en ordenes variables. Y todos están ahí, para recordarte como eras en 2008. Que si eras más joven, más guapo, más rápido, más voluble a la posibilidad de encontrar algo parecido a lo que soñabas por aquellas fechas. En algún lugar, como si fueran universos paralelos, todavía estás enamorado de quien no fue. En algún disco duro está esa frase en la que ella te dice que te echa de menos. Y al lado pone el día y la hora. Como metadatos aparece el lugar desde donde te lo envió. Un poco más abajo guarda la clave de la wifi de todos sus ex. Los que llegaron después de ti y a los que les dijo lo mismo pensando que era, por fin, la primera vez que lo decía de verdad.

La memoria humana, que es una cosa maravillosa, dispone de mecanismos que hacen que los recuerdos no sean cuchillos literales que te paralicen el corazón. ( En el 2017 ya lo puse). Te deja el regusto de aquel momento y prioriza lo que te sienta bien eliminando detalles que, aparte de innecesarios, te castigan y paralizan. Te dice que estuviste bien, que guardas esa tarde de paseo con cariño. Te ves sonriendo y como mucho te retrotrae a los chistes que te hicieron gracia o a la forma en la que te miraba detrás de la anteúltima copa. No te pone, delante de la cara, tus ojeras o las veces que te traicionaste con promesas que eras incapaz de cumplir. La mente, gestionando los recuerdos, es un colega que te hace bien y no una hemeroteca.

Por eso borro los chats . Siempre. No es discreción sino autoprotección. Prefiero el recuerdo a la literalidad.
Quizá por eso caigo varias veces en lo mismo pero es que quizá me encanta caer de vez en cuando.
Quizá por eso jamás saco una frase que me dijiste el seis de abril del 2011.

Estoy convencido que ni siquiera Benito Perez Galdós se siente orgulloso de aquel "estoy deseando volverte a ver para comerte los pechos" que le envió a Emilia Pardo Bazán con una cosa muy viejuna que son las cartas y que se han convertido en la copia del chat del whatsapp del siglo XIX

Creo que nadie tiene la clave de mi wifi. Y eso que es fácil. Fácil de recordar.

Pd: hoy es el dia europeo de la protección de datos. Lo que intento decir es que, a veces, proteger es borrar. Al menos en lo personal.

27 de enero de 2021

Cuando dejen de girar los discos

Se han publicado, como cada fin de año, muchas listas. Una en particular especifica los 100 vinilos más vendidos en España allá en el 2020. Hay un dato estremecedor: para estar en el puesto 99 hace falta haber vendido once ( !!11!!) discos.

Como siempre que algo se basa en las estadísticas hay que conocer el grupo de control y es bastante cierto que no tiene en cuenta las tiendas convencionales. Pero, aún así, !que son once!. ( En mi presentación pandémica de "Dame Cuerda" se vendieron 30. Claro, que yo no canto)

Así que me vienen a la memoria tiempos en los que me compraba un disco a la semana. O tiempos en los que a lo largo de un mes acumulaba algún libro, varios discos y alguna película. Jopé, y me iba de conciertos. Después de aquellos locos años 90 reconozco que ese absoluto acceso a la cultura hizo que empezara a comprar con criterios extraños. Dejé de comprar discos de artistas ricos. Será que mi cultureta izquierdoso me hizo pensar que Bruce o Madonna eran los Amancios de la música. Así que llené mi estantería de discos nacionales de gente pequeña que me hacía tremendamente feliz. Aún dispongo de bastantes sin abrir porque me gustó tanto lo que me bajé de internet que decidí comprarlo como una forma de agradecerles esos buenos momentos. Entonces, una vez, cuando fui a comprar uno de esos pequeños discos, descubrí que era imposible hacerme con el formato físico. Que alguien, en una oficina ruinosa de antiguo éxito, ya se había rendido al futuro gratuito. Esos fueron unos años complejos en los que, hasta cierto punto, una desorientada industria sobredimendionada se daba continuamente tiros en el pie. Después de eso he de reconocer que en el año 2020 no habré llegado a diez discos comprados. Primero porque no hay prácticamente tiendas, segundo porque esos discos que me llevaban a un lugar a lo largo de hora y media han sido devorados por tonadillas de escasos tres minutos en busca de ser el audio del meme del momento y tercero porque la tecnología me ha vuelto vago, pirata y poco solidario con el trabajo intelectual de los demás.

Luego me quejo porque no vendo un jodido libro y tengo mi grano de arena de responsabilidad.

¿Somos responsables de la lenta muerte de la cultura? Sí. Porque cuando alguien no puede vivir de su trabajo lo que suele hacer es trabajar en otra cosa. Sin conciertos, con unos algoritmos que no premian la calidad sino las reproducciones en bucle, con producciones hechas a golpe de estadística y sin discos que comprar lo que se termina es no gastando. El grueso del gasto en "cultura" de nuestro país reside en plataformas de cine y series abarrotadas de producciones molonas que te hacen pensar en un mundo feliz alternativo y solidario con las que, quienes tienen dinero, contratan gente con salarios de Rider y se llevan tu pasta a lugares más baratos que Andorra para tributar.

Quizá, podría pensar, la cultura ya no responde a lo que yo tenía entendido por cultura. Quizá cultura es coger a una choni , invertir dos millones de euros, esperar a que se deje las uñas largas y ponerle detrás una producción excelente para usar a Rosalía como un producto. Quizá es poner a un niñato abotargado que no sabe cantar detrás de un autotune esperando que haga polémica para que, con la curiosidad, Spotify pague 0.01€ por reproducción. Quizá el Pronto es el nuevo Mariano José de Larra y yo aún no me he enterado. Quizá Ciudadano Kane son Ocho Apellidos Vascos.

Pero aún así, si con once copias alguien está entre los discos más vendidos es que no se compran discos y eso solo significa que, de una forma u otra, la cultura se desangra en una esquina mientras estamos mirando hacia otro lado.

Y un mundo en silencio es un mundo muy triste. Cuando dejen de girar los discos quizá dejará de girar el mundo.

23 de enero de 2021

Viva la libertad de no pensar.

En Italia han cerrado Tik Tok porque una niña de 10 años se ha asfixiado con el cinturón de la bata al hacer un reto de esos. En España ya tenemos el culo pelado de ver los bares cerrados porque parece ser que somos una banda de inconscientes que se tose a la cara cuando se toma una cerveza. En La Rioja, directamente, está prohibido hablar en los autobuses. En las discotecas, si es que las abren, se prohibe bailar. Y no se puede fumar. No se puede ir a más de 30. Hay que usar lenguaje inclusivo. No se puede emitir porno. Está mal visto tomar bebidas azucaradas y mis vecinos se niegan a bajar en el ascensor con alguien que no sea de su burbuja habitacional.

Por una parte es de rigor aceptar que no es, precisamente, uno de esos tiempos que se van a recordar como unos años libres.

Por otra tenemos que reconocer que hay normas que se establecen para proteger a los gilipollas. No les dejas ver los "retos" de internet porque, como son imbéciles, los harán. No les dejas hablar porque , al fin y al cabo, para lo que tienen que decir. Que no bailen porque solamente agitan los brazos. Que no fumen porque la sanidad no está para curar inconscientes.

A ser posible, si conseguimos que la gente no piense más que lo que queremos que piensen, mejor.

Y, curiosamente, cuando una persona no piensa le suele ir ferozmente bien.

Estamos creando un sistema que premia, con golosinas de baja calidad pero alta satisfacción inmediata, a quien no se pregunta el por qué de las cosas.

Existe un libro (la rebelión de Atlas) en el que las personas que piensan se declaran en huelga cansados de tanto soplagaitas y el mundo se va a la mierda.  Somos animales racionales que cuando dejan de ser racionales el sistema les premia de la misma forma que los mayores premios en los concursos de televisión no se dan a los más listos sino a los que cumplen las normas y generan algún escándalo procaz.

Cuando quienes tienen que decidir, aparte de no ser especialmente valientes, creen que no nos llega la cabeza para pensar, se toman decisiones que directamente y por nuestro supuesto bien ( un bien que nosotros no hemos decidido) consideran que somos estúpidos.

Así que no veas internet, no fumes, no bailes, no folles, no hables incorrectamente, no escuches música alternativa de finales de los 70, no abraces y si tu trabajo no me parece oportuno, no trabajes. Lo hago por tu bien.

No pienses, que ya lo hace el estado por ti. Viva la libertad de ser rebaño y estúpido. Un azucarillo para ti.


Pd: esto no significa que no haya un virus, que no se muera gente y todas esas cosas. No me metáis en sacos.

13 de enero de 2021

Steve Tyler y el Ornitorrinco nerd

Hace muchos años tuve, durante una temporada, la costumbre de irme con unos compañeros de universidad a un bar junto a la playa en el que, los viernes, nos daban unos batidos gigantescos y jugábamos partidas de trivial. No se nos daba mal porque éramos, siento admitirlo, un grupo muy culto de estudiantes de ingeniería industrial que estaban al bode de la marginación social por aquel principio de los 90.

Nuestros compañeros de colegio habían disfrutado de los últimos coletazos del rock radikal vasco y de los conciertos con drogas en los Gaztetxes que, a golpe de cartelismo independentista, poblaban los cascos viejos de las ciudades cargados de reivindicaciones que, hoy en día, resultan un tanto intemporales. Nosotros, sin embargo, jurábamos disfrutar con chistes basados en el principio de indeterminación de Heissenberg o alteraciones imaginativas del teorema de Frobenius. Ahora seríamos nerds.

Pero éramos, ya en tercero de carrera, unos nerds que habían encontrado a otros nerds y eso de sentirse parte de un grupo siempre resulta reconfortante.

Así que nos lanzábamos preguntas que respondíamos con certeza o con mucha gracia si es que no la sabíamos. Me preguntaron: "¿cual es el mamífero con la boca más grande?". No la sabía, lo acepto. Sin embargo mi cabeza me dio una respuesta que me hizo mucha gracia. Tanta que me reí yo solo antes de decirla y hasta dejé gastar el tiempo para darle un componente de expectación en el último segundo.

Me empecé a carcajear. Ellos sabían que , por lógica, iba a ser muy gracioso. Así que entre mis propias risas dije: Steve Tyler.

Casi con lágrimas en los ojos los abrí. Y miré alrededor dándome cuenta que nadie, en esa mesa, sabía quien era el cantante de Aerosmith. Crazy, del grandes éxitos, era número uno en aquellos días pero ni aún así. "No sabeis quien es, ¿verdad?". Y negaban con la cabeza entre cierta incomodidad al no saber reconocer el lugar donde estaba mi humor. Se hizo un silencio.

"El mamífero con la boca más grande es..."- dijo girando la carta y poniéndola ordenada y en su dirección adecuada en el perfectamente rectangular montón de las tarjetas- "el ornitorrinco".

Y los demás asintieron con la cabeza.

Justo ahí , como Juan Salvador Gaviota pero al revés, volví a ser un nerd que volaba solo.

Y así , hasta hoy.


7 de enero de 2021

Parecidos razonables ( Toni y el de los cuernos).

Si algo va haciendo la historia contemporánea es demostrar que la estupidez y el esperpento no tienen ideología. Cuando veo las imágenes de un tipo con cuernos y sombrero de Buffalo Bill en el congreso de EEUU me resulta igual de ridículo que Toni, aquel que vendía sus botas independentistas (a 600€) tras las revueltas que acabaron ( oh, cielos)  con un acoso a la Generalitat a la que Arthur Mas tuvo que acceder en helicóptero.

Los mismos argumentos absurdos se usaron en esos casos y en, por ejemplo, el asalto al congreso de Argentina, Paraguay o aquella vez que en Grecia se liaron a bofetadas porque ya se habían endeudado más allá de las cejas. No nos olvidemos que, por mucho que algunos lo nieguen, en España se pidió hace no mucho que se Rodease el Congreso y se han tirado piedras a cargos electos en un maravilloso homenaje a la democracia. Se ha acosado en las casas de unos partidos y de otros. ¿Qué diferencia hay?. Ninguna. Bueno, si, aquí no entraron a hacerse selfies (salvo Tejero, que se dejó el móvil en casa)

No hay ninguna diferencia entre la foto de una señora sangrando el uno de octubre en Cataluña y una de Vox sangrando en Sestao. Podemos encontrar los mismos argumentos a favor y en contra. Que si es ketchup, que si se tiró una piedra a si misma, que si le reventaron la cabeza los violentos sin escrúpulos que estaban gritando enfrente. Lo mismo me da que me da lo mismo. El resultado, si dejas a un lado tu propio sesgo cognitivo, es idéntico.

No hay ideología en el victimismo, en la excusa de que cualquier revuelta está justificada contra el otro y en saltarse cualquier norma básica de comportamiento humano. Los escaparates los rompen igual los fanáticos de la derecha y de la izquierda. Es más, cuando un gilipollas nace se hace del fanatismo que le pille más a mano. Si es de Hospitalet luchará contra el invasor español. Si es de Parla lo hará contra los inmigrantes que vienen a robarle el trabajo. Si es de Ohio lo hará contra el partido republicano. Pero si es de NY lo hará contra el demócrata. Y si es de Vallekas ( con K), lo hará contra el gobierno franquista, machista, capitalista y poco ecologista. En Euskadi hemos vivido bajo el fascismo de Eta 30 años. Eran fascistas de izquierdas que cogieron alegremente el relevo de un fascista de derechas para terminar haciendo lo mismo: amedrentar y matar a quien no piense igual.

Y, en ese caso, da igual lo que uno haga: pegar un tiro a un guardia civil delante de su hijo, entrar con los grises en una manifestación en Vitoria, quemar Barcelona, reivindicar a un dictador muerto hace 40 años, ponerse un cinturón bomba en un mercado de Kabul o entrar a pie en el Capitolio de EEUU para hacerse una foto en la tribuna de oradores. Cuando nos hemos creído que "el otro" personifica todo lo malo del mundo nuestra respuesta ya tiene justificación.

Hay artículos que acusaban a Biden y a Trump de pederastas según el medio que buscases. Ser peor que eso, es difícil.

Por supuesto que uno debe de ser libre de opinar las tonterías que quiera. Uno está en su derecho a ser comunista, franquista, independentista y del Leganés. Para eso vivimos en un país mundo supuestamente libre. Pero, eso sí, cuando nos creemos algo parecido al Harry El Sucio de la moralidad y que eso nos permite pasarnos por el forro la libertad de los demás, en ese momento somos unos estúpidos.

La estupidez no tiene bandera política. Es sólo estupidez. La historia lo va, tozudamente, demostrando. Todos los ejemplos son, conscientemente, de extremos que se parecen.

Hoy, un día después del esperpento americano, algunos que ya lo intentaron o que hicieron lo mismo en otros lugares se echan las manos a la cabeza. El último tweet de Trump ponía: apreteu. Supongo que cuando el que hace el ridículo es otro los argumentos cambian. Al menos en EEUU entraron disfrazados, que tiene mucha más gracia. Eso sí, 4 muertos. Eso ya no tiene tanta gracia.

Y sólo son parecidos razonables.

Quizá debemos criticar los hechos en vez de preguntarnos quien los hace porque no es quien lo hace, sino lo que hace. A ver si va a ser diferente que te reviente el culo un tipo de derechas o de izquierdas , nacionalista de un lado o de otro, negro, árabe, mujer o pigmeo. Te dejan el ojete igual de roto.

5 de enero de 2021

He pedido a los reyes: irme a la mierda un poco más tarde.

España. Día de reyes. Un país de entrenadores de futbol, de presidentes del gobierno, de planificadores de vacunaciones, de críticos literarios y musicales. Un país lleno de cuñados pero un país en el que si llamas al portero automático y dices "yo", te abren la puerta.

Y cuando alguien descubre el hecho demostrable de que no ganamos la liga, que no nos vacunamos y que nuestras artes se van , poco a poco, convirtiendo es música de anuncios y eslóganes , lo que se hace es culpar al otro. Otro que siempre es muy poderoso y que me oprime por ser, a elegir: mujer, inmigrante, proletario, pobre, cojo, con un solo huevo, bajito, con granos o simplemente gilipollas si es que se usa como excusa cualquiera de las anteriores.

Y lo que sucedió es que como éramos entrenadores, gestores, vicepresidentes y sesudos críticos, no había nadie que supiera patear el balón, poner una inyección o hacer una canción.  Quizá lo había pero le matamos ( después de reírnos del único que cogía el destornillador en este país de ingenieros).

No pido que seamos más listos y menos estúpidos, porque eso es imposible.

Solamente deseo que la degradación sea lenta y, como el cambio climático o el pago de la deuda, se lo coman tus hijos y no yo.


Pd: la canción de reyes. y abajo, otra que no es de reyes.
I can't escape it I'm never gonna make it out of this in time I guess that's just fine I'm not there quite yet My thoughts, such a mess Like a little boy What you runnin' for? Run at the door Anyone home? Have I lost it all? Struck me like a chord I'm an ugly boy Holdin' on the night Lonely after light You begged me not to go Sinkin' like a stone Use me like an oar And get yourself to shore Bang at the door Anyone home? That's just what they do Right in front of you Like a cannonball Slammin' through your wall In their face, I saw What they're fightin' for I can't escape it I'm never gonna make it till the end, I guess Struck me like a chord I'm an ugly boy Holdin' on the night Lonely after light Bangin' on the door I don't wanna know Sinkin' like a stone So use me like an oar Onto fight what I can't see Not tryna build no dynasty I can't see beyond this wall But we lost this game so many times before I've been on a cold road I'll be waiting I'll be waiting for the old times Waiting for the time to pass I've been on a cold road I'll be waiting for the old times Waiting for the time to pas