Uno de los detalles que más me llamó la atención en Londres fue descubrir que lo que para mi, en el centro del mundo que es Bilbao, son los grupos de marroquíes, allí eran los indios. Pensé, probablemente, que cada uno tiene estigmatizado a un origen étnico. Los británicos poseen el "spaniard" como despectivo y en algún otro país del norte de europa se tiene al español como un fanfarrón vago. Hay una constante en la degradación del inmigrante: los autóctonos son mejores. Es como si el adn fuera una determinación directamente proporcional a la capacidad.
He de decir que en Madrid hay una importante población de origen sudamericano. En los últimos años han pasado de 80mil a más de un millón y eso se nota en las calles. Son el 15% del total. Es una cantidad tremendamente respetable. Hay una imagen dual que hasta podría ser la misma persona. A primerísima hora, en el transporte público, Wilfred va con una pequeña mochila a la espalda y camino de lo que se supone que es un trabajo. Casi siempre con seriedad y aparentando que esa labor es de primordial importancia. Me he estado fijando, en los andenes de la estación de Atocha, la firme determinación en las caras de los viajeros. Será por una cuestión estadística o la costumbre de usar transportes públicos pero no he sido capaz de identificar un africano, un alemán, un chino (estos van en sus Suv Bmw) o un pakistani a esas horas con cara de asistir seriamente a su labor. Sé que estoy haciendo valoraciones probablemente injustas.
Sin embargo cuando llega la noche y sobre todo en sábado, un tropel de sudamericanos con una importante carga de alcohol en sangre, pueblan algunos locales. Un hostelero me confesaba lo siguiente: "Tuve un bar de copas y no iba bien. Lo convertí en un bar para gays modernos pero tampoco se volvió especialmente rentable. Decidí hacer un bar latino. Entonces empezaron a pedirme botellas y más botellas. El consumo se disparó porque, y será cultural, beben desaforadamente. Claro que eso siempre termina en peleas y cada dos semanas tenía que cambiar un baño roto o algún borracho hacía que los vecinos llamaran a la policía". Eso no es una consideración sino un dato. Es un dato como si decimos que el español medio lo deja todo si hay un Madrid-Barcelona en la tele, que un americano del norte va a lanzar petardos el 4 de julio o que un africano árabe va con chanclas en invierno. ¿Cualquiera de esas cosas te hacen mejor humano?. No. Wilfred, que ya es hijo de sus padres, hace lo que se supone que debe de hacer pero también se agarra unos pedos macarenos porque está en su derecho. A ver si Manolo Rodriguez, de Alpedrete de toda la vida, no se ha cogido un cesto tremendo jamás.
Mi madre tiene una vecina un tanto escorada a la derecha. Bueno, en realidad es una hija de la gran puta que ha aprendido a culpabilizar de todos sus males a aquello que viene de fuera. Hace con la inmigración lo mismo que los del otro extremo con los ricos: focalizar sus incompetencias e inseguridades. Como es una jubilada rica solamente es capaz de ver a Wilfred mamado cual mono, que es cuando le molesta. Es vieja, lenta y olvidadiza porque estos inmigrantes... y ese discurso no se diferencia mucho de los que no se pueden comprar un piso, ascender en su trabajo, echarse novia o tener más vacaciones... porque los fachas. Si ella ve a Wilfred borracho ellos ven a los ricos solamente cuando disfrutan de sus Ferrari, aunque el Ferrari sea un Renault Captur usado.
El caso, que es hacia donde intentaba ir, he visto a un tipo con la mochila, a las seis de la mañana, con el paso firme hacia lo que parece un trabajo. He visto al mismo tipo, a las diez de la noche, perreando como un cabrón y varias copas de más encima. Ahora mismo Madrid es la ciudad de las dobles migraciones: por la mañana al trabajo y por la tarde al bar. Y no pinta bien porque tiene toda el aspecto de ser meramente un círculo, como animales, que van del norte al sur y del sur al norte sin hacer hogar en ningún lugar. Nunca me dijeron, en biología, donde están los hogares de las golondrinas.
Creo que vivimos siguiendo los sueños que nos contaron que eran posibles antes y, sin embargo, desconocemos los sueños que se pueden llegar a cumplir ahora. Hay que reconocer que en España, con una tasa de paro juvenil brutal, es complejo encontrar a María del Carmen, de 23 años con un master en intermediación de estudios de género, aceptando levantarse a las cinco por el salario mínimo o siendo un falso autónomo de una empresa modernísima. Por eso lo hace Wilfred, que se convertirá en un hombre gris o en un alcohólico. Puede que las cosas le vayan mal y se vuelva un delincuente o que se convierta en el jefe de sus compañeros. Quizá, como aquellos indianos, vuelva a su tierra explicando cuentos cargados de mentiras en las que siempre sale ganador. Todo es posible. Si algo tiene el futuro es que no sabemos lo que pasa.