He visto a gente, en las gradas de un estadio, reventándose la cabeza a sillazos porque uno decía que era penalti y otro que se había tirado.
La primera guerra mundial explota cuando Gavrilo, un nacionalista, le pegó unos tiros al archiduque de Austria.
Yo tuve un conflicto gravísimo con una "novia". Estábamos en el principio de aquella relación y a mi me dio un apretón estando en su casa. Es cierto que habíamos compartido cama y todas esas cosas pero por alguna razón absurda, sobre todo si intuyo que va a ser algo mayor a lo habitual, prefiero defecar en casa. Claro que es raro argumentarlo, por lo que opté por inventarme que me tenía que ir. Y me fui. Reconozco que no sonó especialmente convincente y ella, que venía de alguna infidelidad previa con un tal David ( con el que luego me la pegó), empezó a pensar que todos los hombres somos iguales. Veinte minutos después me estaba llamando enfadada. Yo estaba sentado en el water. "¿Donde estás?"- "En casa". "No te lo crees ni tu". Le envié ubicación. "¿Y con quien has quedado?"- "Con nadie". "No te creo"-decía enfadada. "Seguro que te estás tirando a alguna zorra". No estaba yo en situación sensual ni sexual. Recibí algún que otro improperio. "!Me he venido a mi casa a cagar, joder ya!". Fue nuestra primera crisis porque aunque el dia siguiente me acompañó a comprar Acuarius y después de mi grito lo rematé con el sonido de la cisterna, nunca me llegó a creer.
Si lo piensas fríamente los conflictos más enquistados detonan con situaciones absurdas. La personas gastan una energía descomunal en situaciones carentes de importancia e incluso polémica. El problema es que la energía no es infinita y cuando la necesitas de verdad puede que no te quede.
Por eso es importante no dejarse llevar por algunas circunstancias y preocuparse por las que importan.
Así que hoy, aunque digan que empieza el frio, que el vecino haga más o menos ruido, que piten un penalti que no es, un chalado se compre una pistola o me haya sentado mal la comida de ayer, lo importante de verdad es que mi señora madre cumple 95.
Y se lo tendré que recordar cien veces. Y cien veces me preguntará qué día es. Quizá no se acuerde más que a ratos que en 1931 nació, de parto múltiple, 20 minutos antes que mi tía en un piso de la calle Ave Maria 36, en pleno Lavapiés. Hace mes y medio la monté en el coche y pasamos por su portal. Se enfadó conmigo porque no la dejé bajar a llamar a Pepito, el del cuarto. Ni siquiera sé si Pepito está vivo. Pero eso no es importante. Lo importante es que hoy, es su cumpleaños.La llamé hace un rato. Luego lo vuelvo a hacer. A las 21:30 repetiré. Lo bueno de lo que pasa es que todas y cada una de las veces responde como si fuera la primera felicitación que recibe. El lunes me llamó diciendo que donde estaba porque no había llegado a comer. "Estoy a 500km, madre. El próximo domingo nos vemos". Me sentí algo culpable, lo admito.
Feliz cumpleaños. 95 veces. Le gusta quitarse años pero a mi me sorprende tener el contador tan alto.


