Por medio de una calle de dos carriles cruza un señor con dificultad. A su lado se detiene, para evitar una colisión dramática, un vehículo de dos ruedas a motor. El conductor del mismo hace señas al jubilado con cachava y el jubilado grita "!que soy jubilado!". Por una parte se podría pensar que un desaprensivo, atlético, ruidoso y nada empático joven está maltratando a un pobrecito señor mayor que bastante tiene con salir a la calle. Por otra se puede decir que un imbécil que no es capaz de reconocer sus carencias se está jugando la vida, y la de con quien tenga a bien de colisionar, haciendo algo que a su edad debería de tener aprendido.
Como el Quijote nos ha dejado huella a todos, tendemos a ponernos del lado del débil pero, sinceramente, el jodido viejo es culpable de lo que le pase porque es el creador de la imprudencia. No está demente ni hay ninguna emergencia sino que por sus huevos colorados cruza por donde le sale del orto.
Además no hay ningún problema porque aparecerá, en medio de la discusión, algún salvador necesitado de lavar su conciencia que se enfrentará al motorista. De esos tenemos muchos en este pais. Creo que conté alguna vez que, en medio de la pandemia, una joven se jactaba de no usar mascarilla en el metro de Barcelona. Alguien, un varón, le recriminó su actitud y ella usó el comodín del machismo. Como era de esperar, un tipo que pasaba por allí confrontó con el varón e incluso amenazó con ejercer la violencia física. Llegados a ese punto, dicho caballero le espetó: "Tú eliges, porque soy gay. Machismo u homofobia. Eso sí, ésta chica mascarilla no veo que lleve". Ante la mirada desconcertada del salvador ella volvió a su desafiante actitud de que no se ponía mascarilla porque no le salía de su coño feminista.
¿Hay que cuidar a nuestros jubilados y a las mujeres maltratadas por ser mujeres? Por supuesto.
Sin embargo (y desafortunadamente) estamos en un punto en el que no todos los que gritan, entre lágrimas de discriminación, por un maltrato irracional debido a un grupo identitario poderoso y abusador, lo hacen con la razón. Puede que sean mujeres, jubilados, negros, árabes, albaceteños o tuertos, pero eso es un dato que no se puede poner encima de la base de la discusión creyendo que por ello ya has ganado el debate o el conflicto. Quizá estás discutiendo por un puesto en la cola del Mercadona y ser del Atleti no te hace ganar puestos aunque el otro sea del Madrid.
El problema es que nos estamos acostumbrando rápidamente a oir victimizaciones y cuando hay una víctima de verdad nos cuesta identificarla. Eso no es una justificación, es la jodida realidad. También es cierto que hemos aprendido a victimizarnos rápidamente cuando nos encontramos en alguna situación compleja. Como buen comerciante experimentado he tenido visitas de pequeños rateros, y lo sé porque se despierta mi sentido arácnido, que cuando han sido invitados a abandonar el local han exclamado: "no me toques que soy menor". Es una estampa profundamente patria ver a la policía municipal desmantelando a un grupo de manteros que gritan racismo y a los que sale, presta y orgullosa, a defender una señora de mediana edad con el pelo morado. A ver si ese violento fascista machista y racista de policía que está haciendo cumplir la normativa municipal se va a atrever con una mujer inclusiva y emponderada. En ese caso resulta que pasa de ser una infracción administrativa contra las leyes del comercio a un conflicto humanitario. Pero los bolsos falsos del Guchi no cuentan como centradores del diálogo.
Por alguna razón nos hemos convertido en una sociedad en que cierto grado de hipocresía vende. No he llevado, lo admito, especialmente bien las manifestaciones de modernos con iphone y reserva para Ibiza con pañuelos palestinos jugando a la indignación para su propia satisfacción moral. No llevo bien a asalariados públicos de lujo, con sueldos por los 130mil€, intentando darme lecciones sobre la maldad de los ricos. Aborrezco a la gente que sin haber trabajado para comer de lo suyo en su puta vida me venga a decir cómo llevar mi negocio o mi casa. Es como cuando los curas te decían cómo debías follar, salvo que ahora te lo dice una consejera de igualdad. Y todos, absolutamente todos, buscan una forma de ponerse del lado de lo supuestamente correcto para tener la razón en cualquier otro tema del que estemos hablando. Tenemos un presidente que llena la boca de ayuda a la inmigracion, pero dos dias después impide atracar a un barco con personas recogidas en en Mediterraneo. Que es el más ecologista pero se va en helicóptero a ver a Sidonie. Que está a favor de las mujeres pero sabía que su colega tenía un descuento por cantidad en putas de Madrid. Que respeta los poderes del estado pero deja que intenten contratar a unos gitanos para asustar a una jueza. Que apuesta por España pero defiende el catalán en Netflix antes que a la gente que vive en Ceuta, Paiporta, Adamuz o La Palma. Que habla de memoria histórica pero la ley la redacta Bildu y oye, no existe ETA. Que con él se acababan las subidas de la luz y el gas y nunca iban a volver a existir los deshaucios. Ayer había que ponerse del lado de una pobre señora minusválida de 87 años que pagaba 500€, con un contrato discutible, por un piso donde, el más barato, son casi 3mil. En la televisión pública un tipo con 5 viviendas bien guapas se puso con la voz entrecortada aparentando empatía. La señora no estaba dispuesta a ir a Móstoles porque son malísimos quienes han adquirido su vivienda (que la han pagado para lo que les salga del nardo, que para eso es de ellos). Claro que, de la misma manera que el motorista era el malo, hay que cuidar a nuestros ancianos. Quizá no a todos.
No hay que pegar a los niños pero las dos veces que mi padre me reventó la cara sé que me lo había ganado. Otra cosa es que mi padre llegara a casa borracho perdido a diario y su único entretenimiento fuera darme de hostias.
Nos encanta ser molones y no asumir riesgos. Montar una flotilla pero solamente quedarnos en Malta. Luchar contra Franco cuando el cadáver está descompuesto. Defender la libertad sexual en un país con libertad sexual. Apostar por la baja da de alquileres si estamos de alquiler y hablar de libertad de mercado si hemos heredado el de la abuela. Llenarnos la boca con la solidaridad impositiva pero pedir en Amazon. Y si cruzamos por donde nos da la gana dejar bien claro que somos peatones indefensos en un mundo de contaminantes conductores salvajes. ¿Por qué eslogan mágico y bien formulado nos vamos a manifestar muy fuerte la semana que viene, antes de tomar unas cervezas artesanas?
Lo peor de todo es que cuando alguien realmente esté viviendo algo injusto no lo vamos a poder ver por la cantidad de victiputistas ( victimistas hijos de puta) que nos han puesto la cabeza como un bombo.
Y si no estás de acuerdo, me llamas de extrema derecha ( adjunto gráfico)
pd: Cuéntaselo a una mujer maltratada que está a la cola de alguna que llora mucho pero que está luchando por el piso de la playa (que algún caso se ha dado).