Mal dia para buscar

18 de abril de 2022

Otro día en la tierra ( Monte del Oso)

 Con lo cual recuerdo LA canción que para mí tienen estos muchachos:


25 de marzo de 2022

Las ventajas del extremismo

Me hubiera encantando que alguien me hiciera un prólogo exactamente ASI. 

Lo cogí prestado y lo podreis leer en el libro nuevo.

LAS VENTAJAS DEL EXTREMISMO

(JOHN CLEESE)

Hemos oído mucho acerca del extremismo últimamente. Sobre cómo hay un ambiente áspero y desagradable en todo el mundo. Abusos y actitudes macarras, menos amabilidad, tolerancia y respeto a los adversarios…

Lo que nunca oímos decir sobre el extremismo son sus ventajas. La mayor ventaja del extremismo es que te hace sentir bien porque te proporciona enemigos.

Lo mejor sobre los enemigos es que puedes fingir que toda la maldad del mundo reside en ellos y que toda la bondad del mundo entero reside sobre ti. Suena bien, ¿no?

Así que si por alguna razón tienes mucha ira y resentimiento en ti, y por tanto disfrutas maltratando a la gente, puedes fingir que sólo lo haces porque esos enemigos tuyos son personas terribles. Que si no fuera por ellos, de hecho, serías amable, cortés y racional todo el tiempo.

Si quieres sentirte BIEN, conviértete en un radical.

Ahora tienes que elegir.

Si te unes a la extrema izquierda, te darán su lista de enemigos autorizados:

Casi cualquier tipo de autoridad, especialmente la policía. Americanos. Jueces. Multinacionales. Escuelas privadas. Peleteros. Directores de periódicos. Cazadores. Generales. Traidores de clase. Y, por supuesto, moderados.

Si prefieres ser un radical de extrema derecha no hay problema. Sigues teniendo una encantadora lista de enemigos, solo que son diferentes:

Grupos minoritarios escandalosos. Rusia. Frikis. Manifestantes. Gorrones. Clérigos entrometidos. Pacifistas. La BBC. Huelguistas. Trabajadores sociales. Comunistas. Y, por supuesto, moderados.

Ahora que tienes una de estas súper listas de enemigos puedes ser todo lo desagradable que quieras y, pese a todo, sentir que tu comportamiento está moralmente justificado. Puedes ir por ahí maltratando a la gente, diciéndoles que podrías zampártelos para desayunar, y al mismo tiempo creerte un campeón de la verdad. Un luchador en pos del bien mayor y no el triste esquizoide paranoico que en realidad eres.

22 de marzo de 2022

ESTO NO SE HACE (radio)

 Todas las semanas ( exactamente los sábados), un capítulo nuevo.

Noticias reales comentadas con gracejo por voces de ultratumba. Porque todo te parece mal. "A mi me parece mal, lo que está mal....". Que si un tipo borracho roba una retroescavadora, que si un perro se va de casa y vuelve con una cabra, que si se vende un jacuzzi para testículos por 40$, que un británico salta por un balcón y denuncian a la barandilla.... lo normal.

También nos puedes encontrar en Instagram. #estonosehaceradio






21 de marzo de 2022

La bomba 4,0

 ...del libro nuevo...


Xabi ha comprado el kit completo (una bomba para un atentado). Internet tiene esas ventajas. Ha podido contrastar ofertas y filtrar por distancia. Al final el tipo hasta le ha dado un folio con instrucciones, un detonador de regalo y un bono de descuento para futuras compras. La competencia comercial y procesos de fidelización del cliente no se diferencian por el tipo de producto. Es cuestión de mercadotecnia y, por supuesto, de esa cosa tan moderna que valora la experiencia del cliente. Sin embargo, es complejo que reciba una llamada automatizada que le pida valorar del 0 al 10 la satisfacción producida por el caos dramático de su bomba adquirida gracias a nuestro moderno sistema de atención personalizada. Y que termine con un “para nosotros usted es lo más importante. Gracias”.

Joaquin el necio / Assumpta / Hegal egiten

 Canciones que aparecen de soslayo en el libro nuevo...




19 de marzo de 2022

Guerras del primer mundo ( extracto)

...del libro nuevo...

Ella se levanta de la silla. Sabe, porque siempre se dio cuenta, que a él le gusta. No podemos perder esta guerra. 

Hay palabras que, en su verdadero significado, son muy diferentes.

Iñaki se separa. -¿Guerra?. ¿Tú has visto las películas o has hablado con tus abuelos?. ¿Tu te crees que en una guerra te vas a montar una reunión de peñas del Athletic?. ¿Crees que vas a poder manifestarte libremente con tus ideas tras una pancarta?. ¿Crees, acaso, que en una guerra tienes internet y te llega el repartidor con la videoconsola nueva antes de la hora de comer?. ¿Qué abren las peluquerías o que puedes ir por ahí pidiendo que te hagan un poco más el filete?. ¿Cuántos tanques has visto?. ¿Cuántos bombardeos?. No me jodas, anda. Ahí fuera está uno que se cree el Che tomándose una cerveza y quejándose de lo mala que es la marihuana que se está fumando, con el culo caliente. Al menos el Che se arrastró por las playas de Cuba. Y, eso sí, igual que el Che está convencido que la lucha armada es la respuesta. Para vosotros el Che es una camiseta y ese que está ahí va pegando tiros como si viviera en el puto juego del Call of Duty. Hace setenta años del Che, cuarenta de Franco. La ropa que te llega en cajas la hacen niños bengalíes mal pagados por ricos americanos y es transportada por camioneros polacos para que te la entregue un inmigrante en la puerta de tu casa, desde la que juegas a hacer la revolución. Y tu revolución se preocupa de que la etiqueta esté escrita en euskera, la hagan con lana de ovejas felices o quien esquile al animal sea mujer. Pero claro, que sea barato.

Da tres pasos hacia la puerta, pero se da la vuelta -¿Sabes lo que pasa? Que cuanto sales a la calle y no tienes todo lo que pensabas que ibas a tener, te enfadas. Como no eres capaz de admitir la verdad encuentras la respuesta a todo cuando te ubicas en ser víctima. Crees que no eres la estrella de un anuncio porque eres mujer, pobre, euskaldun, negra o coja. Que hay una reunión de machos ricos españoles blancos preocupados en que tú, precisamente tú, nunca llegues a nada. 

Alazne se queda callada mientras Iñaki tiene una sensación de haber sobrepasado más de una línea.

18 de marzo de 2022

La modernidad y la negociación ( extracto)

...del libro nuevo...


 Como en casi cualquier transacción moderna se ha pasado de pensar que la otra parte actúa con palabra y honestidad a plantearse que hay que descubrir el punto en el que quiere estafarme y, como yo no voy a ser menos, tengo que hacerlo antes para no quedar como un idiota. Eso ubica a cada uno en un punto de recelo absoluto que suele hacer imposible sentirse orgulloso del trato alcanzado. Da lo mismo que se esté negociando un alto el fuego como si se está intentando comprar un cargador para el teléfono. La desconfianza es un ingrediente parecido a la nitroglicerina que se ha hecho su hueco en el mundo contemporáneo. Vivir buscando la trampa es agotador. Tenemos un mundo de consumidores cansados. ¿Me estará engañando?- piensa la novia cuando él le dice que ha quedado con los amigos. Así que si se le acerca alguien, le hace la cobertura por si aquello fuera real, no sea que quede como una tonta cornuda. Y se siente culpable. Infiel, pero culpable.

17 de marzo de 2022

Iñaki y Marta ( extracto)

 ...tenemos acabado , al menos en su parte argumental, el libro nuevo.


Iñaki ha llegado, apurando el domingo por la tarde, de pasar el fin de semana con Marta en un Spa de lujo de las Bárdenas reales. Han comido de fábula, llegado al sueño con el cielo de fondo y desayunado al aire libre corriendo, desnudos, desde la cama hasta la bañera climatizada doble que tenían en su estancia. Desconectar del mundo puede hacer sentir, bajo el prisma de los dipsomaniáticos de las noticias, que todo se va a derrumbar si no se le presta atención. Al contrario, el mundo sigue perfectamente adelante aunque no se le mire, debata o analice. Es más, probablemente todo aquello que parece un conflicto irremediable son minucias. La preocupación por los asuntos más próximos evita percatarse de cómo la globalidad se desarrolla. Cuando un especialista en rodamientos llega a casa preocupado porque los surcos de rodadura no están como deben, se deprime. Eso le impide pensar en si es para un coche, un avión o una máquina que cuenta melones. Además, los melones crecen igualmente sin ello. Y sin él.

A Marta y a la parte principal de Iñaki les importa muy poco si el mundo se está derrumbando a su alrededor. Aunque no se enamoran al estilo de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en Casablanca.

14 de febrero de 2022

14 Febrero y el trastorno límite.

En este mundo en el que los extremos cada vez son más y más grandes, devorando al equilibrio como Saturno, las canciones nos dieron la teoría. Algunos tuvieron la suerte de hacer unas prácticas. Pero no supimos encontrar el punto exacto en el que el amor de verdad, el que no vive en las películas ni en los dramas, subsiste.

Así que decidimos escondernos en nuestras cuevas de las que solo salimos para sonreir ante la foto y contar que todo, todo, es estupendo.

Cada vez que alguien insiste en lo estupendo que es todo. Cada vez que oigo las quejumbrosas penurias. Cada vez que delante mio se desgrana algún tipo de extremo, sé que es mentira.

Porque curiosamente todos vivimos en la mitad, con subidas y bajadas que siempre pueden ser mejores y siempre mucho más definitorias. Y ese concepto real es algo con el que muchos son incapaces de lidiar.

El amor cierto no es un trastorno límite de personalidad.




12 de febrero de 2022

Capitulo 12 ( extracto del libro nuevo)

porque, solo a veces, me pongo categórico...

CAPITULO 12

Si algo tiene el siglo XXI es la necesidad de opinar absolutamente de todo. Hay quien lo hace de manera amateur, y entran en la categoría de cuñados. Hay quien cobra por ello, y se llaman a si mismos analistas, pero también entran en el saco del periodismo. Hay quien es elegido por las masas, y se llaman representantes de la soberanía popular o, acortando, políticos. Si algo tienen en común, inicialmente todos ellos, es que no han hecho nada más que hablar para alcanzar ese estatus de referente intelectual. No hace falta trabajar para opinar. Ni siquiera tener experiencia, porque eso se define como “práctica prolongada que proporcional el conocimiento o habilidad en hacer algo”. Disponer de un conocimiento teórico no es tener práctica. Así que tu cuñado y el recién nombrado portavoz del asesor del ministro saben, más o menos, lo mismo. Quizá la diferencia es la entonación argumental y, en un mundo de ruidos incesantes, el volumen se sobrepone a la razón.

Otra de las características asociadas a la modernidad es la incapacidad de valorar los hechos dentro del contexto. Hay quien se enerva con cara de desagrado extremo considerando que resulta un despropósito el hecho que el general Custer no tuviera en cuenta, en 1876, el valor de la diversidad étnica al afrontar Little Bighorn. También hay quien está convencido, porque solamente depende del lado del discurso, que las normas del Imperio Romano están vigentes y nos encontramos en lucha infinita para no perder Constantinopla.

Poco más o menos vivimos rodeados de seres que habitan en sus propias series de televisión y se han otorgado a si mismos el papel protagonista. Los hechos y las diferentes realidades son valoradas bajo la lupa del héroe y los parámetros establecidos en la línea argumental de la franquicia. De esa manera los malos siempre han de ser los malos y los buenos, los mejores. Ya no importa qué se dice sino quien lo dice. Y si alguien tiene que parecer bueno o malo, según guión, se buscan motivos para ello.

Lo primero, entonces, es establecer la inmensa y lógica bondad de lo que se va a defender. Lo segundo, la irracional y malévola acción del enemigo. Lo tercero, la línea de confrontación. Lo cuarto, la superioridad moral y, para terminar, hay que ignorar las debilidades de los argumentos propios. Hay un chiste en el que una mujer yace ferozmente, con goce reseñable, en la cama con un caballero. En ese instante, como una cuba, aparece su esposo en la habitación. Él se sorprende y se queda, tartamudeando, casi sin habla. Ella le mira y le dice: “¿ya estás otra vez borracho?. Así no puede avanzar este matrimonio.”


5 de febrero de 2022

Sé que eres un estúpido (extracto con espoíler)

 A veces se me olvida como escribia yo mismo hace unos pocos años ( Extracto de "Sé que eres un Estúpido". por si no lo habeis leído):


Han quedado en la cafetería de un pequeño hotel de un pueblo equidistante de demasiados sitios. Roberto decide ir con María disfrazada de asistente, por si hay alguna parte de la recopilación de datos que se le escapa. Cuando llegan Manuel está sentado al fondo, aceptablemente sumergido entre papeles y algún dispositivo informático que aporta datos y datos sin ningún corazón, como todo lo tecnológico. Se saludan. Roberto saca un libro y se lo dedica en ese preciso instante, como una dádiva inicial, como un procedimiento de marketing calculado. Le pregunta, directo y rápido, por el origen, resumen e implicación del test de la estupidez en los últimos años. Manuel coge aire, como si tuviera que defender un proyecto frente a un tribunal al que dejar con la boca abierta.

-No es difícil recordar el lugar del que nuestra sociedad venía- empieza- En la historia las sociedades se han intentado organizar de múltiples formas. Tuvimos tribus y tuvimos reyes absolutistas. Dimos muchos pasos hasta llegar a lo que se supone que es la modernidad o, al menos, lo que vivimos como modernidad. Si nos fijamos en todo lo que llevamos a las espaldas como humanos podemos estar de acuerdo que todas y cada una de las evoluciones técnicas han alterado y cambiado nuestra forma de actuar llegando, casi siempre, a un punto mejor que el anterior. Incluso en el origen de algo tan etéreo como las religiones hay un razonamiento técnico: no relacionarse con la tribu de al lado era una forma de no pasar enfermedades para las que nuestro grupo no estaba inmunizado.

-Pero eso llevó a las cruzadas, a la lucha entre religiones.

-Cierto. La invención de la máquina de vapor y de los medios de locomoción modernos ha llevado al sedentarismo y a la obesidad como una enfermedad pero no por eso vamos a dejar de fabricar automóviles.

-No es lo mismo

-Lo es.- dice haciendo un gesto que implica querer seguir por el camino que había iniciado sin interrupciones- El caso es que la propia organización social bebe de dos fuentes: nuestras necesidades y los medios de los que disponemos para cubrirlas. Las primeras tienen una parte básica y otra que va variando. Comer es algo básico, tener wifi –dice señalando a su tablet- o que haya un buzón de correos cerca para las cartas que se mandaban el siglo pasado es algo variable. Cuantos más humanos hay en el planeta más difícil es la organización de los mismos y las formas de organizarnos han de modificarse. Es perfectamente lógico pensar que ya no somos un grupo de pequeñas organizaciones autosuficientes sino que de la misma manera que los hombres cazaban y las mujeres cuidaban de la cueva en estos momentos unos cultivan, otros manufacturan, otros dan servicios y otros se van organizando para ir moviendo el engranaje que es la propia sociedad. Todo lo que estoy contando son obviedades pero, en realidad, aún estoy a principios del siglo XIX. ¿Qué pasó después?. La democracia.

-Pero- dice Roberto- la democracia es un invento de los griegos. Antes de Cristo.

-No esa democracia.- responde como si esperara esa interrupción- Los griegos hablaban de democracia como concepto pero sólo podían tener poder de decisión los llamados hombres libres que eran, en realidad, el 10% de la población. El resto estaba muy ocupado sobreviviendo. Lo mismo puedo decir de las mal llamadas democracias urbanas que proliferaban en Europa algo después de la edad media. Un grupo de elegidos ponían las normas a su antojo. Hacían, por decirlo así, clubes de elegidos que gobernaban sobre los demás contando la mentira de ser una decisión de todos. Pero la idea “todos” es la clave. ¿Por qué?. Porque cuando en la toma de la decisión entran más personas la decisión en si misma cambia ya que responderá a lo que se considerará más o menos importante por esa conciencia, digamos, global. Cuando realmente se impone la democracia tal y como la entendemos es en el XIX y nos encontramos en una época en la que se han diluido las visiones completas de la sociedad en pro de la especialización de cada uno en el diente de su engranaje y se han primado elementos como “tener” por encima de “subsistir”. Surge esa avaricia tan humana no solamente en la mente de los poderosos sino de cualquiera que, además, cree tener poder de decisión sobre la vida de su vecino. La revolución industrial, aunque buena en su origen, es la principal responsable de la primera guerra mundial y cuando nos recuperamos de ella nos dimos de bruces, tras los “felices años 20”, con la gran depresión. ¿Por qué?. Aquí empezamos a acercarnos, porque los ciudadanos y los gobiernos se comportaron como unos estúpidos. Al descubrir la grandiosidad del mundo y poder esquilmarlo y manipularlo decidieron por su propio interés más que por el interés general. No es fruto de una sola decisión sino el cúmulo de millones de decisiones simultáneas. No hace falta decir que, como lo de las religiones de antes, era una buena idea que terminó de forma aceptablemente dramática. Las guerras mundiales son las cruzadas del siglo XX.

Manuel coge aire como si la parte de la introducción inicial hubiera quedado aceptablemente correcta e interesante. Es casi una conferencia en la que el orador está poseído por su propia seguridad. Los tres saben hasta dónde quiere llegar pero, como las películas en las que se sabe quien gana y quien pierde, en las peleas cinematográficas en las que el bueno empieza apaleado y cuando todo parece perdido se recupera victoriosamente, hay que dejar que el argumento conocido suceda y creer que hay un cambio argumental alternativo sorprendente. En realidad los finales aceptados como correctos no son más que la guionización de la esperanza mayoritaria en la supervivencia del héroe. Las historias de asombroso final no suelen tener éxito.

-Entonces alguien pensó que la democracia era la gran respuesta a todos los males, que el egoísmo de unos líderes malvados habían llevado a la quiebra a nuestra sociedad. Si los líderes los elegimos entre todos la responsabilidad se diluye. Entonces se eligió democráticamente Hitler, fruto del aprovechamiento publicitario de las condiciones impuestas a la sociedad alemana por ser la responsable, como siempre pasa con los perdedores, de la gran guerra. El problema no es que fuera algo democrático sino que utilizó el mensaje de “no se preocupen porque si yo estoy aquí no habrá ningún problema. Podrán sentarse en sus casas mientras mis amigos nazis y yo nos encargamos de su felicidad”. Luego ya pasó eso de invadir Polonia para conseguir mano de obra más barata y eso de matar judíos porque sí. Eso, dicho así, es lo mismo que luego llamaron “estado de bienestar”, basado en las teorías de Keynes. También se parece a todo aquello que denominaron comunismo donde, que es a lo que quiero llegar, alguien se encargaba de la felicidad prometida a los demás a base de ceder libertades. El capitalismo y el comunismo son dos formas de someter a un pueblo repitiéndole una y otra vez que es una decisión de todos para el bien de todos. Ganó el capitalismo porque, probablemente, dispone de la maquinaria de la publicidad y de la hipocresía. Estamos a mediados del siglo XX. Las industrias vuelven otra vez a la marcha. Los gobiernos juegan al juego de “ya estamos aquí para solucionarlo todo” y Polonia es Asia. Cuando Asia se agote nos queda India. Después de la India, África. ¿Qué pasa ahora?

 Es el momento de la traca final o, al menos de la parte en la que aparece la estrella.

 -Que cuanto más estúpido sea el ciudadano más sencillo será que las cosas no cambien. Hagamos que se preocupe por la tapicería de su utilitario, que se quede las noches trabajando para consumir los mismos productos para los que trabaja. Que su meta no sea otra que ir a un evento deportivo, cambiar de teléfono, ir de vacaciones o quejarse. Quejarse, cuando es algo constante y no resolutorio, es un rasgo de estupidez. Los últimos años del siglo XX fueron la eclosión desmesurada de la estupidez. Los derechos laborales, buenos en un principio, se convirtieron en las excusas para intentar cobrar sin trabajar. Las mejoras en seguridad automovilística un motivo para hacer tonterías conduciendo porque había creencia de inmunidad ante el choque. Las ayudas sociales, necesarias, crearon una clase social dependiente. La adaptación al final del siglo no era una adaptación de mejora sino de la forma de la obtención del mayor resultado al menor esfuerzo y la búsqueda de metas absurdas: salir en televisión por acostarse con un famoso, ser una estrella con coches caros y cicatrices de cirugía que no se noten, cobrar más por trabajar menos. Alargar, en realidad, la infancia casi hasta la muerte. La infantilización de la sociedad es absoluta. Los ciudadanos se convierten en niños a los que se les tiene que cambiar el pañal de la protección y donde descubren, como malcriados, que el que más grita, el que más se deja, el que hace la monería más grande es el que obtiene mayores resultados. Es decir, el más estúpido gana. ¿Cuál es la decisión a tomar?. Ser más y más estúpido. En ese caldo de cultivo vemos la evolución de la sociedad y esa evolución responde a las necesidades de la mayoría. En el siglo XIX se hacían carreteras, presas hidroeléctricas, medios de locomoción duraderos. A finales del siglo XX las grandes mentes se sentaban a pensar como meter a los consumidores en la rueda de algo nuevo que tampoco necesiten y la forma de transmitir fútbol en mayor calidad por televisión. La gran evolución del vídeo por internet respondió a la necesidad de ver más y más porno. No seamos hipócritas. La mayoría, igual que lo de la democracia, impone sus necesidades a resolver y no son comer ni hacer el mundo mejor. Son ver porno, tener wifi, llevar el coche más grande y tocarse las pelotas lo más que puedan la mayor parte de tiempo posible mientras un ente llamado gobierno tiene la obligación de ocuparse de todo lo demás. Eso solamente puede, en poco tiempo, acabar con la humanidad. Eso es estupidez. Erradiquémosla.

Se hace un silencio. María y Roberto se dan cuenta que hay un punto de desprecio absoluto por un determinado tipo de vida, que hay una culpabilización de los males contemporáneos perfectamente marcada en un tipo de persona o personaje.

 -¿Erradicar es aniquilar?

-No- responde Manuel con una sonrisa autocomplaciente- Erradicar es curar. La estupidez, y eso es un buen titular, se puede curar.

En ese momento asiente con un punto de satisfacción. Con una cara de haber encontrado una respuesta o una solución a algo que parecía no tenerlo. Cambia la expresión al único niño que explica, ante sus compañeros, la manera en la que solucionó el problema que puso el profesor en clase.

-El test, y eso ya lo conocemos todos, puede medir la estupidez. Yo creía que eso era todo y que era suficiente. Con esa herramienta tenía que dejar que alguien la aplicara con sabiduría y ya está. Sin embargo poder ampliar el estudio de los resultados en un campo mayor supuso establecer una serie de “estúpidos de control” y el asombroso descubrimiento que alrededor de un gran estúpido siempre hay un grupo de estúpidos contagiados. Me explico: cuando una persona se ha convertido en uno de esos que hacen de la estupidez su bandera no cree, jamás, en su propia estupidez. Así que se jacta de ello y genera un discurso sesgado en el que ha conseguido una ventaja sobre los demás. Me da igual el motivo: un producto más económico, no pagar impuestos, fingir una baja laboral o ganar más con menos rendimiento. Nunca incorpora sus contraprestaciones generales: que no haya servicios públicos o que sus compañeros tengan que trabajar más porque, en realidad, no tiene empatía aunque sí necesita una aprobación ajena. Ese es un punto negro. Entre aquellos que le escuchan aparece uno que piensa que si el primero lo ha hecho él también puede y ese, ese es un infectado. Y ese último es recuperable. Se puede curar porque hay un mecanismo mental reversible.

-¿Reversible?- pregunta María, que ya está en medio de la conversación

-Si. Tras la publicación del test y mis experimentos previos me encargaron hacer el test al funcionariado. Ahí vi esos globos de estupidez alrededor de puntos. Pero después, cuando Jorge Canales propuso y se aprobó hacer el test a la totalidad de la población descubrí que los porcentajes cambiaban y fui comparando los resultados de determinadas personas a las que habíamos hecho el test tres años antes. Las cifras eran similares pero variaban. Y no lo hacían siempre hacia arriba. Los puntos negros seguían ahí pero los contagiados, sobre todo aquellos alejados de la zona de influencia de los primeros, se curaban. Y digo se curaban porque debemos de tratar este tema como una enfermedad más. Es decir: la estupidez es una enfermedad que podemos diagnosticar. A partir de un punto es irrecuperable pero existe una franja que aún tiene vuelta atrás. Cambiando las recompensas, casi como si fuera el perro de Pavlov, podemos solucionar el problema. El hábito, la empatía, el cumplimiento de las normas aceptadas, la capacidad de proyectar las decisiones a largo plazo y el control de las recompensas inmediatas y lejanas son los parámetros con los que se puede curar la estupidez.

María se da cuenta que está hablando de los campos de reeducación de estúpidos como una necesidad y una obviedad. También como una deriva completamente razonada a la que ha llegado, punto por punto, a través de todo lo que ha ido contando. –Hay- le dice casi como si fuera una apuesta a que continúe- un rumor en Internet sobre que hay campos de reeducación.

-Hay uno- le afirma- No sé si presidencia me permite dar ese dato pero la verdad es que me da lo mismo porque sé que vamos por el buen camino.

-¿Qué es ir por el buen camino?- le pregunta Roberto.

-Joder. Es una obviedad. Cada vez que subimos un poco el grado de implicación del test en la vida de las personas la sociedad mejora. Mejoró ostensiblemente el rendimiento de las administraciones públicas. Se redujo el grado de absentismo. Se optimizó la recaudación y se pasó de un 8% a un 5% el número de estúpidos. Al ver que los organismos funcionaban mejor un gran número de ciudadanos se dieron cuenta que utilizando el sentido común las cosas iban a mejor y sabemos que hay datos sorprendentes en ese periodo: menos atropellos porque se cruzaba por los sitios correctos, mayor recaudación de impuestos porque se consideraba correcto pagarlos para el bien de todos y el propio bien futuro, menor numero de divorcios porque los compromisos eran más de verdad. Hay miles de datos positivos que derivan directamente de un comportamiento más inteligente por parte de una mayoría. ¡Estábamos volviendo hacia atrás!- dice con énfasis.-  Mejoró la televisión y retiraron programas que potenciaban públicamente la nada. Subieron los sueldos de los científicos y bajaron los de los futbolistas. Eso fue, exclusivamente, apelando al sentido común.

-Y retirando el voto a unos millones de personas.

-No es el retiro, eso no importa. El voto va y viene. ¿Cómo se educa a un adolescente?. Haciéndole ver que debe de esforzarse para conseguir algo, que tiene que pensar, mejorar, trabajar.- Y saca el dedo índice- Y además en la dirección adecuada. No tenemos una sociedad tonta sino preocupada en tonterías. Abrimos el grifo y hay agua. Es un puto milagro. Pero hay que recordar de vez en cuando que eso es un milagro en vez de hacer creer que el agua potable y cristalina saliendo del grifo es un derecho constitucional.

Manuel se va desinflando. Probablemente ha llegado al final de su locución, como el freno que se pone al final de las conferencias.

-Probablemente estamos en el principio de una era- sigue como una batería de titulares necesarios para preparar el corolario- Si tenemos que seguir con el esquema democrático no podemos dejar que el sentido común se pierda porque nos perderemos con él. Puedo- dice en primera persona- acabar con la estupidez y demostrar que es el principio de una nueva sociedad mejor. Tengo las herramientas y los medios adecuados.

El científico apocado y casi invisible se ha convertido en un mesías poderoso. Lo que es más grave: está convencido de su santidad. No duda de él ni de su función. No es arrogancia pero sí vanidad. Se ha levantado como si aquello fuera un signo de haber llegado al final de la conversación. María le mira aún sentada -¿Los puntos negros no se pueden recuperar?- le pregunta. –Probablemente no- le responde con resignación -¿Y qué hará con ellos?

-Serán daños colaterales y, en lo que a mi concierne, objetos de estudio

-¿Cómo enfermos terminales?

Manuel se ha puesto una chaqueta y ha recogido sus papeles.

-Son daños colaterales. No es la primera vez que sucede en la historia- le responde con frialdad- Pero sí la primera vez en que sabemos sin ninguna duda que son culpables.

Se sienta delante de ella con la pose de un profesor al final de una clase

-Piensa en la pena de muerte. Es una barbaridad. Lo es porque existe la posibilidad de equivocarse. Porque podemos ser tan asesinos como aquel al que se decide matar. Una sola equivocación es nuestra condena. Pero –entorna los ojos- ¿y si no hubiera ninguna duda?. ¿Y si supiésemos con certeza que ese tipo que, digamos, ha matado a unas niñas después de violarlas lo volvería a hacer?. No hay posibilidad de error. En ese caso, quizá, la pena de muerte podría tener una justificación. Bien. Yo tengo esa justificación.

Y Manuel decide salir del hotel hacia su coche.


15 de enero de 2022

¿80s o 90s?

Después de la dictadura de los boomers de los 80 en internet , donde se juraba que lo más de lo más era la generacion en la que crecieron, ahora llega la dictadura de los 90s.

Supongo que cada uno intenta demostrar que lo suyo era mejor.

Y no era mejor, sino lo que le tocó vivir.

Los 80:


Los 90:

13 de enero de 2022

Badboys

Reconozco que no me pondría, ni borracho perdido, delante de un mamut, con un trozo de rama de árbol afilada, para llevarme comida a casa. Probablemente porque existen escopetas. 

Tampoco, creo, me iría con un cuenco, y descalzo, para llenarlo de agua en un río lejano. Probablemente porque existen acueductos y, más modernamente, conducciones de agua potable que llegan hasta mi casa.

Sin embargo, probablemente por esa perspectiva que da una incierta edad, soy consciente que para que yo coma o beba agua han sido necesarios miles de años de avances y seres inconscientes que o bien han cazado mamuts o se iban al río. Y también, claro está, mentes maravillosas que han inventado las escopetas, las conducciones de agua, los generadores eléctricos, la calefacción y hasta el aire acondicionado. Y las neveras. Y el microondas. Y la wifi. Y la rueda. Joder, y el velcro.

Hace unos años hicieron una encuesta que afirmaba que la gente joven valora más la wifi que la comida. Incluso prefieren estar conectados a internet que salir a la calle. Una de las características más relevantes de la modernidad resulta ser esa tendencia infame a considerar que hay determinados elementos que han de ser otorgados por el mero hecho de existir: una casa, un coche, un móvil, internet, un salario o una comida saludable. No por merecerlo o por realizar algo (estudiar, hacer la cama o no sodomizar a sus padres) que tenga como recompensa esas necesidades básicas. Solamente por ser. 

El problema reside en que cuando alguien no se ha esforzado por nada es bastante complicado que ponga en riesgo su móvil cuando tenga que enfrentarse a un mamut.

Es obvio que en el mundo en el que vivimos los sacrificios y las recompensas han cambiado drásticamente. Probablemente el nehandertal que llevamos dentro no sea capaz de comprender que alguien dedique su vida a contar la probabilidad estadística de que suceda una plaga de cucarachas en un submarino, pero eso, existe. Existen millones de seres que dedican sus esfuerzos y alimentan sus ansiedades con trabajos que, bien pensados, son zurullos mentales.

En medio de ese cambio también está esa tendencia que algunos tienen, por edad y efervescencia hormonal, de enfrentarse con lo establecido y sentirse malotes. La modernidad, y con ello me voy hasta los años 50, generó un estado social de revolución continua en el que las normas estaban para romperlas y cuestionarlas. El puto rock&roll y la movilización contra Vietnam. Incluso, fuera de ese contexto histórico, la toma de La Bastilla. Las drogas para agitarse o evadirse. El punk. Los discos de Tool y los dos primeros de Pearl Jam. Jimmy Hendrix tocando el himno americano. Yo mismo conduciendo borracho dos días después de manifestarme contra los asesinatos de la Euskadi de los 80. Existía, sin dudarlo, una posibilidad de poder cambiar y mejorar algo para todos. Si algo quedaba latente en la música de 1971 era la conciencia propia de valer para algo, de poder generar un cambio. La rebeldía tenía implícita una intención superior y cierta capacidad de afectar a cambios porque hasta entonces se habían dado cambios.

Pero algo se diluyó con el siglo.

Primero nos sorprendimos con aquellos que querían ser futbolistas. Mi madre no comprendía que los hijos de algunos de sus amigos no querían ser médicos o ingenieros, sino dar patadas a balones. Ahora aceptamos como normal que un niñato jure que quiere ser youtuber y lo achacamos a la edad. 

Después vivimos aquejados de la enfermedad de la comparación sin reflexionar sobre nuestros males.


Recientemente , fruto de una cultura victimista hasta límites fuera de lo común, la alta concepción personal como protagonistas de los anuncios de la tele o simplemente el sujeto de un coach que te convence que lo puedes todo solamente con desearlo ferozmente. Eso ha llevado a sentarse en el bordillo de la vida y aprender a usar frases grandilocuentes que te pueden dar una vicepresidencia pero no la capacidad real de hacer cosas porque, cuando llega el momento de hacerlas, ya se te han pasado las ganas.

Y es entonces, justo en ese momento en el que te sientas a hacer balance sobre los motivos por los que no eres ni la sombra de lo que estabas convencido que ibas a ser o no lograste ni una décima parte de lo que jurabas que ibas a conseguir, buscas un motivo por el que sin ser negro , ni marica, ni mujer, ni de una etnica minoritaria, te convertiste en una victima. Esa es la excusa.

Y miras atrás pensando que fuiste un tipo malo. No con un arma. No con dias en el calabozo. No con una manifestación. No con un sonido que enerve a tu generación. No con un invento revolucionario o un cambio en los poderes desde dentro de los poderes. No. Le cambias el nombre, lo pones en redes, se lo vendes a Netflix, lo comercializas en Amazon, dar charlas en medios de comunicación privadísimos, metes el dinero en un banco, compras un coche eléctrico de una multinacional y les cuentas a tus hijos que tú no eras un tipo malo, tu eras un gilipollas vendido Badboy: de esos que creen que son los más malos y son ridículos.

Porque mis padres fueron más duros que yo, mis abuelos más que mis padres e incluso antes comían alambre de espino y meaban napalm.

5 de enero de 2022

Necesarios y prescindibles.

 Hay regalos necesarios y regalos prescindibles. Curiosamente es lo mismo que sucede con los deseos.

Podemos desear un coche y, como hemos aceptado erróneamente que todos andan igual, lo elegimos por si tiene una pantalla de más o menos pulgadas donde dar con el dedo. Podemos querer un ordenador y presuponer, cual imbécil argumentario estético, que si tiene luces es mejor y no un residuo visual de un prostíbulo de Pancorbo. Como si fuéramos cuervos ingenuos (remember la cancion de Krahe) los brillos nos ciegan y queremos llevarnos eso a nuestro nido.

Cuando veo a los pajes ( y las pajas, en lenguaje inclusivo) con bolsas por las calles me pregunto hasta qué punto los regalos, respuestas de los deseos de aquellos que han sido buenos, son necesarios o prescindibles. Si han comprado un carísimo purificador de ozono con ziritione o una trócola de recambio cargada de luces led. Si van a regalar un móvil de mil euros, comprado a plazos, a la niña de 13 años ( una de las cosas más tontas que se pueden hacer, aunque tengas los mil euros) o un kit masturbador certificado ( existe).

También sucede lo mismo con los deseos. Querer una energía libre de carbono y barata pero que no sea nuclear. Querer unos filetes de animales que hayan sido criados felices pero que no valgan 40€/kg. Querer una camisa o algo tecnológico que no dañe al medio ambiente y no haya empleado trabajadores en estado de semi esclavitud pero me salga económico. "Elegir es renunciar"- es una frase que adoramos en este blog.

Sin embargo hay quien aún vive evadiendo la realidad de sus deseos. Alguien que, iluso e infame al 50%, desea regalos como deseos. 

Probablemente hay personas, también, necesarias y prescindibles. O contingentes. O necesarios.


Quizá, solo quizá, haya quien desea cosas buenas imposibles. Cuando descubre que no pueden ser verdad, por imposición realista de la verdad de las cosas, pide una banana anti flatulencias ( disponible en varios colores, por lo de la inclusión) y te cuenta que lo hace por lo malos que es el metano en la atmósfera. Luego, no sé, se hace ministro de consumo.

A ver qué os traen los reyes.

24 de diciembre de 2021

El amor y la felicidad, impregnando los hogares.

Con los años y esa postura de espectador he llegado a una terrible conclusión: ser buenista es rentable.

Dias como el de hoy, navidad (fun , fun, fun ),  se reciben felicitaciones de esas personas que no están convencidos si te has muerto desde la del año pasado. Que si te desean que la familia y el amor. Que si el calor de la amistad. Que si a los tuyos y la bondad. Que si, que los deseos se hagan realidad.

No se puede responder que has dado positivo en el test de estar hasta las narices. No se puede decir que hace falta ser hipócrita de mierda para aparecer solamente cuando se lo marca el calendario. No responder parece hasta un agravio. No se puede, tampoco, indicar que son unas fechas de mierda cargadas de compromisos estériles entre un frio que se te pega a los huesos.

El día de navidad es una publicación amable de facebook con un filtro de instagram.

Y aunque es perfectamente lícito, en una sociedad supuestamente libre, decir lo que uno piensa sobre las cosas sin imponer su criterio a los demás, no se debe. No es rentable. No es amable. No es popular. ni siquiera es algo que tenga que ver con la navidad sino que se puede hacer extensible al resto de las facetas de la vida. No se puede decir que tu marido mujer me parece una hija de puta. Que ese político que tanto te gusta creo que es un miserable cabrón interesado falso. Que tu equipo de fútbol son una banda de niñatos millonarios vagos y quejumbrosos. Ni siquiera se puede comentar que eras mucho más adulto hace unos años. Ojo, que todo te lo digo desde el amor y la amistad. Diciendo esas cosas se acaba la amistad. Quizá es que aunque la teoría lleve impreso que la amistad es poder decir lo que piensas a una persona que sabe que la quieres, la gente se ha convertido en gatos que te arañan si no les acaricias el lomo.

Cuando eres aceptablemente amable se abren las puertas. Cuando eres honesto contigo y con el entorno, sobre todo si dispones de un alma crítica, vas mal.

Conozco a quien ha vivido toda la vida con el freno puesto. Alguien que piensa tres veces las consecuencias de sus palabras. Es esa persona a la que saludan por la calle.

Conozco a quien es tan absolutamente infantil y bondadoso hasta dar repelús que te mira como una abuela con su primer nieto cada vez que se acerca. Alguien que te llama cariño y que te desea amores. Alguien que disfruta del frio en invierno, del calor en verano, de la multiculturalidad si es rodeado por un grupo de atracadores magrebíes a las cuatro de la mañana. Alguien que reconoce ser feliz pagando impuestos y tiene salud cuando no le toca la lotería. Nadie es malo en su mundo. Abraza y sonríe. Da tanto asco como un presentador graciosete de un programa de televisión que lleve diez años en antena y se aferra a un papel que se ha creído como cierto. Esa persona es alguien a quien todo el mundo ama. Todo el mundo ama a Lucy, incluso cuando envía felicitaciones de amor y felicidad que impregne a ti y a los tuyos en estas fiestas en las que la bondad nos lleva por la vida feliz hacia un mundo mejor.

Las felicitaciones , como cada vez que hablamos, ayudan a reflejarnos como las personas que somos. Yo soy de los que no repite mensaje , de los que no responden a mensajes que no hayan escrito para mi.

Hace unos años era un tipo desagradable que devolvía lo que es, ciertamente, un agravio envuelto en amor eterno navideño. Sobre todo porque algunos creen que ser feliz es algo que , si no lo eres, es porque no te da la gana. Un interruptor que se enciende y se apaga a voluntad, como la tele. Era de esos que respondían con existencialismo a mensajes impersonales. Reconozco que eso elimina los mensajes para el año que viene.

Ahora no respondo.

El siguiente paso es ser un hipócrita y desearos a todos que el amor y la felicidad impregnen vuestros hogares.

Hola, soy Edu.