Mal dia para buscar

28 de octubre de 2026

De clase: manifestante.

Sigo pensando que hay una determinada clase social que necesita, como quien vive esperando el próximo partido de su equipo de balompié favorito, manifestarse. El motivo, como el contrincante, es secundario. Habrá de ser algo moralmente digno y defendible: los pobres niños palestinos, una señora mayor en silla de ruedas, la subsistencia del jabalí ibérico, los bienaventurados servicios públicos, la libertad sexual de los ecologistas trans, por el bienestar climático de los menores migrantes o el derecho a la libre circulación de la gente de Yakarta. No tengo nada en contra de ninguna de esas reivindicaciones. Es más, soy de esos tipos extraños que creen que en democracia uno está en su libre derecho de reivindicar lo que le salga del orto.

Me da exactamente lo mismo que hagas una manifestación gritando que hay que matar a todos los judíos como si haces una reunión colectiva popular en la que quieres proclamar que te parece de justicia social aniquilar a los albinos. Pertenezco a una generación que se aburrió de oir, prácticamente todos los viernes, a grupos de defensores del nacional socialismo euskaldun decir que Eta, mátalos. Aprendí, y es una lección complicada de asimilar, que cada uno puede decir cualquier barbaridad pero en el momento que queman un contenedor se convierten, de forma automática, en delincuentes. Me la suda la misma cantidad de veces si viene alguien a decir que España es una, grande y libre como si alguien me quiere convencer que si tienes 8 apellidos vascos eres genéticamente superior a los de Burgos. Me parece perfectamente lícito una manifestación a favor de la tauromaquia como en su contra. Lo de matar toreros o toros es otra cosa.

Eso si. Sin ninguna duda cuando se insulta a alguien, se le quema el coche, se hace una pintada que no se debe, se tiran piedras o te da por robar en una tienda, en ese instante, eres un delincuente y no me importa que venga un policía y te reviente la cabeza a hostia viva. Eso no significa que no respete a tus niños palestinos, tu España grande, tu nacionalismo extremo, tu defensa del lince común o lo que te haya hecho llegar hasta ahí. Eso significa que has pasado una línea que se mete con la libertad de los demás y con el mismo derecho que los otros te han otorgado para reivindicar lo tuyo. Porque manifestarse es un derecho por el que tenemos que agradecer mucho a quien no piensa como nosotros. Sobre todo a quien no piensa como nosotros.

Lo curioso de hoy en día es que todos estamos de acuerdo en muchas cosas. Yo no quiero que maten niños afganos. Pero si voy a expresar que no deseo que violen a niñas iraníes lo que no tengo ni putas ganas es que me hagan gritar en contra de Trump o a favor de la ablación que se practica en Sudán. A eso no había venido y no porque esté o no de acuerdo, sino porque no es el momento. Jack el destripador es mi ejemplo de manifestante: hay que ir por partes. Es justamente ahí cuando identifico a esos que, como los fanáticos del balompié, lo que quieren es manifestarse. Se la pela los maricas en países árabes, el cambio climático o las desigualdades sociales. Lo que quieren es hacer cuchipandi y gritar un poco para calmar la egolatría de su moralidad. Además, si les criticas, te harán ver lo malo que eres porque, sin que lo sepas de antes, deseas matar mujeres, sodomizar gatos o especular con viviendas. Es más, alguno afirma que te vió hacerlo el martes, justo antes que tu perro comiera mermelada. Es lo que tiene ser un gilipollas detrás de una pancarta. Que si revienta una joyería para llevarle un collar robado a su prima y le meten en la cárcel, lo que pasa es que lo han hecho porque la policía está en contra de su pancarta, la libertad, la bondad y la honestidad.

Y así estamos. Viviendo en bandos que se alimentan de cualquiera en vez de echar a los gilipollas. En cuanto alguien expulse de sus ideas a los imbéciles, me hago de ese club. Me arriesgo a que me expulsen, eso sí. No me importa. No he quemado un contenedor en mi vida.

27 de octubre de 2026

Las parejas de mis ex

Germán. Se llamaba Germán. Aquella chica a la que probablemente quise de verdad me la pegó con Germán. En realidad lo supe de una manera dramática, o al menos así me gusta pensarlo. Yo había suspendido por tercera vez Electrotecnia de tercero, en la parte de trifásica. Ya sabes, lo de las redes de alta tensión y esas cosas.  Se me daba bien lo de la parte de los motores, porque en esa mitad no bajaba del 8, pero me resultaba imposible lo de aquellos tres putos hilos. Había que aprobar las dos y se me resistía. Me puse triste como todas esas veces que sientes que hay algo que te supera pero debes de abordarlo una vez más, y esa es una sensación que he aprendido a identificar cientos de veces después, aunque por diferentes motivos. La llamé y me dijo que había quedado con sus amigas y que nos veríamos el fin de semana. Así que, apresado por un papel tremendamente dramático decidí vagar sin rumbo y pedirme una cerveza en algún bar de la parte vieja del centro. Salí fuera con mi caña y en la pared del bar de enfrente, viviendo los subidones hormonales que se sienten nada más pasar los veinte años, ella se dejaba querer en los brazos de Germán. No me vio. Tiempo después, cuando cada uno pone las cartas sobe la mesa, adoptó una situación emotiva en la que ella, protagonista como Bette Davies bajando por una escalera, debía luchar contra el sentimiento de amar a dos hombres. Yo era uno, probablemente porque era a mi a quien se lo contaba, pero el otro era un tipo moderno que había recorrido Europa haciendo autostop y que le prometía una vida emocionante en el Reino Unido.

Cuando unos años después ella volvió, desde Brighton, a visitar a su familia, me confesó que German era, en realidad, un cocainómano de mierda con el que no duró ni un mes.Tuve la sensación de, aunque había perdido, haber ganado. Eso no quita que solamente nos quedara una unión invisible para siempre por mucho que cada uno viviera su propia vida y yo sea capaz de reconocer que en muchas de mis relaciones, reales o posibles, posteriores, siempre intenté buscar si iba a ser capaz de sentir cosas que sentí con ella por primera vez. Ahora sé que es imposible porque no es la misma época ni el mismo sitio ni la misma novedad ni la misma juventud, simplemente es absurdo, Pero recuerdo con nitidez extrema el nombre y los dos apellidos que aquel muchacho.

Las parejas de mis parejas siempre son, por defecto, mejores que yo.

Martin Tupper, de la serie "Sigue Soñando" que se emitió entre 1990 y 1996, es un hombre que se pasa los capítulos demostrando sus imperfecciones y vulnerabilidades. Su ex mujer ha rehecho su vida con Richard y Richard ha ganado un par de premios nobel, algún Pulitzer y es un filántropo mundialmente reconocido. Las parejas de mis ex siempre eran Richard, aunque no lo fueran. Debían de serlo. Si tu novia te deja por el tipo al que le pusiste mote en el colegio es indigno pero si te dice que quiere ser moja significa que te ha dejado por Dios y contra eso no se puede luchar. Cuando te dejan por alguien o cuando descubres que hay alguien más en la ecuación de la intimidad, necesitas que sea mucho mejor que tú. Inalcanzable porque si no es así eres un mierda. M estaba con otro tipo a la vez que conmigo. Lo supe por casualidad y dada la casualidad del entorno social finito, yo les tenía a los dos en whatsapp. Así que era capaz de ver la ridícula forma de expresarle su amor que tenía él ( de quien sigo siendo amigo) cuando le ponía frases en el estado de la aplicación. "Joder"- le dije a ella un día- "una cosa es que me la pegues con un tipo pero no lo hagas con alguien que te pone frases de canciones de Pablo Alboran en whatsapp". El otro día estuve con él, su mujer y sus dos hijos. De ella no sé nada. Espero que esté con un superhombre pero, conociéndola, me lo hubiese restregado por la cara. Así que será un tipo que la soporte y poco más. Alguien que seguro fue un superhéroe pero que ya no tiene poderes.


Reconozco que no soy un tipo fácil pero no soy un mal tipo. Acepto, como una verdad absoluta, que llego con facilidad hasta la puerta del compromiso pero es ahí cuando me paro a pensar si debo, o no, traspasar ese dintel. He aprendido a ser militar en la aceptación de promesas y quiero excusarme en que eso me bloquea llegados a ese punto porque creo, erróneamente, que cualquier cosa por debajo de Batman es fracaso. Es ahí, precisamente ahí, donde se van con otro. Para mi siempre son tipos con dos o tres máster, que entrenan diariamente, son ocurrentes hasta la admiración y disponen de virilidad infinita. "Es un gran conversador y creo que es algo que puede encajar perfectamente conmigo"- he oído. Luego lo han dejado y hasta me ha confesado lo poco que le gustaba, pero ha vuelto con él. A veces me he revuelto de rabia porque sabía perfectamente que aquel tipo estaba prometiendo imposibles para lograr sus objetivos a corto plazo, pero esa no es mi cama. "El tipo con el que quedé el viernes era simpático pero poco más". No entiendo por qué me tienen que confesar esas cosas, si es que el viernes yo terminé intentando no comprar vino para no bebérmelo. A veces hay días que no puedes prometer amor eterno pero matarías por no estar solo, y lo estás. Tampoco he encontrado la fórmula para estar acompañado sin obligarme a ser mejor que yo, y eso es agotador.

Sé quien me abandonó por un tipo de Madrid, y volvió. Luego se lió con un sueco, y volvió. A una amiga casi se le escapó algún desliz que tuvo en una boda, pero seguía ahí. Y después, en una de esas conversaciones de cama, me habló de lo que fantaseaba con encontrar a alguien que le hiciera sentir, pero con un postgrado. Ella me aparece, a veces , en Tinder. Tinder, para mi y aunque nadie se lo crea, no es un método de búsqueda de pareja o de compañía. Con el tiempo es el sitio donde se publican las esquelas sentimentales de mis ex. Por eso sé que sigue soltera. Yo no tengo un postgrado.

Las parejas de mi ex son, en mi cabeza, médicos especialistas guapísimos. Son tipos con tiempo libre de sobra para alternar entre bares hasta que caes rendida a sus encantos. No roncan. No tienen miedo. No huele cuando van al baño. Son un tipo de un pueblo costero, con dinero de sobra, habilidad en el surf y coche limpísimo, que sabe de vinos y siempre tiene fuego cuando buscas un cigarro. Son políglotas, algunos incluso con acento, que se sienten orgullosos de si mismos y más arrogantes que Göring al frente de la Lutwaffe cuando creía dominar el mundo. Son todos esos que hacen con facilidad excelsa lo que a mi me resulta casi imposible. Limpian los cristales sin dejar marcas. Planchan sin dejar arrugas. No les duele nada. Tienen la cartera repleta de logros de vida. Son unos hijos de puta bastante buenos en lo suyo.

Sé que no es verdad pero necesito que sea así. Porque si son tipos normales, con inquietudes normales, si acaso son un poco mejores o un poco peores que yo, con la salvedad que han aprendido a no esforzarse con ser perfectos o mejores que imposibles, la única diferencia es que yo estoy solo y ellos no. Así que, en esa lógica, el problema está en mi y en no haber aprendido que no tengo que tener un nobel para sentirme suficiente (para ti). Porque yo siempre creí que, en este mundo salvaje de supervivencia luchaba por ser mejor que mis adversarios para vivir esa adoradora sensación de sentirse elegido. Error. Lo que he hecho siempre ha sido luchar contra ms imperfecciones y vulnerabilidades. Por eso no lloro. Por eso me voy a dormir a casa. Por eso me invento que las parejas de mis ex son increíbles, aunque son tan mierdas como yo.

Martin Tupper y Hank Moody me han representado muchas veces.

21 de octubre de 2026

Utilitarios, deportivos, Brad y José Ramón.

Te voy a contar una realidad. Hacer un Seat Ibiza es muchísimo más dificil que un type57 moderno.

Pensarás que no es así porque el Bugatti (o un superdeportivo moderno, que me da igual porque es solo para explicarlo y a mi, ese coche, me parece una jodida delicia estética !de 1935!) es un vehículo exclusivo fabricado con cuidado por especialistas. Y el Ibiza es un coche que puede comprar tu prima Maria Jesús para celebrar la mayoría de edad de su hijo Pablo. 

Asi que el Ibiza es algo que tiene que estar preparado para que cualquier mangarrán desaprensivo pueda pasar de quinta a segunda sin que se rompa. El hipercar, por el contrario, está pensado para que corra mucho, que se agarre como spiderman en las curvas y que haga el cero a cien en menos de tres segundos pero, si lo revientas, es culpa tuya. En el caso del utilitario estoy convencido que ahí podremos encontrar a Maria Jesús gritando al comercial porque se ha roto el embrague después de que su hijo haya cambiado ciento veinte y dos mil veces de marcha sin pisarlo. El coche es que es malo. Si se rompe el Aston Martin es que lo has conducido mal.

El tiempo, esfuerzo, dinero y trabajo que supone pensar en la cantidad de barbaridades que le van a hacer al coche los usuarios es algo que con un Ferrari no pasa. Sin embargo somos una sociedad que ansía disponer de aquello que no se hace para durar sin que sea excesivamente caro, sino que queremos algo que asociamos a la exclusividad. Que sea más caro es hasta un valor añadido.

Con las atracciones afectivas viene a suceder algo parecido. Desean al hombre curvilíneo, perfecto e imposible. El pobre José Ramón, que no es especialmente feo, trabaja toda la semana y te lleva el jamón de york que se te olvidó comprar, es el utilitario. Desde el primer día que sabes que lo tienes, e incluso antes, puedes afirmar que deseas otra cosa. Si aparece Johnny Deep, pero sólo el de A quien ama Gilbert Grape o vestido de pirata ( que no borracho), le van a dar a José Ramón por el mismísimo orto. 

Existe un punto intermedio y para eso están los Mercedes. Curiosamente la percepción de calidad de esos coches por parte de sus clientes es especialmente baja. ¿Se rompen más? No. Sin embargo cuando intentaron que cualquiera pudiera tener un Mercedes apareció un tipo de cliente que usaba el coche como el Ibiza y se le rompía como el Ibiza ( incluso algo menos) pero, haciendo alarde de esa cosa tan moderna que nos impide aceptar nuestros errores, echaba la culpa a la marca con el añadido de "y encima es un Mercedes".

Así que en un caso hemos aceptado previamente que se tenía que romper, en el otro caso nunca se rompe y sólo lo hace porque somos poco cuidadosos pero en el tercero nos llenamos de indignación. Cuando Pepe, que se parece mucho a Brad Pitt, se tira un pedo en la cama pasa de ser un Corvette a un Mercedes.

Si lo racionalizamos vemos que claramente el utilitario es el coche más difícil de hacer. Ser José Ramón, y lograr hacerse querer, es complicadísimo. No porque no sea buen tipo sino porque tiene que luchar una guerra invisible en la que nunca será la idealización automovilística de todos los demás. 

Aunque José Ramón sabe que no son mejores que él, pero tienen mejor marketing.

Eso si: al final de los días le has hecho muchos más kilómetros al Ibiza que al Lamborghini.

14 de octubre de 2026

Lo importante ( 95 veces)

He visto a gente, en las gradas de un estadio, reventándose la cabeza a sillazos porque uno decía que era penalti y otro que se había tirado.

La primera guerra mundial explota cuando Gavrilo, un nacionalista, le pegó unos tiros al archiduque de Austria.

Yo tuve un conflicto gravísimo con una "novia". Estábamos en el principio de aquella relación y a mi me dio un apretón estando en su casa. Es cierto que habíamos compartido cama y todas esas cosas pero por alguna razón absurda, sobre todo si intuyo que va a ser algo mayor a lo habitual, prefiero defecar en casa. Claro que es raro argumentarlo, por lo que opté por inventarme que me tenía que ir. Y me fui. Reconozco que no sonó especialmente convincente y ella, que venía de alguna infidelidad previa con un tal David ( con el que luego me la pegó), empezó a pensar que todos los hombres somos iguales. Veinte minutos después me estaba llamando enfadada. Yo estaba sentado en el water. "¿Donde estás?"- "En casa". "No te lo crees ni tu". Le envié ubicación. "¿Y con quien has quedado?"- "Con nadie". "No te creo"-decía enfadada. "Seguro que te estás tirando a alguna zorra". No estaba yo en situación sensual ni sexual. Recibí algún que otro improperio. "!Me he venido a mi casa a cagar, joder ya!". Fue nuestra primera crisis porque aunque el dia siguiente me acompañó a comprar Acuarius y después de mi grito lo rematé con el sonido de la cisterna, nunca me llegó a creer.

Si lo piensas fríamente los conflictos más enquistados detonan con situaciones absurdas. La personas gastan una energía descomunal en situaciones carentes de importancia e incluso polémica. El problema es que la energía no es infinita y cuando la necesitas de verdad puede que no te quede.

Por eso es importante no dejarse llevar por algunas circunstancias y preocuparse por las que importan.

Así que hoy, aunque digan que empieza el frio, que el vecino haga más o menos ruido, que piten un penalti que no es, un chalado se compre una pistola o me haya sentado mal la comida de ayer, lo importante de verdad es que mi señora madre cumple 95.


Y se lo tendré que recordar cien veces. Y cien veces me preguntará qué día es. Quizá no se acuerde más que a ratos que en 1931 nació, de parto múltiple, 20 minutos antes que mi tía en un piso de la calle Ave Maria 36, en pleno Lavapiés. Hace mes y medio la monté en el coche y pasamos por su portal. Se enfadó conmigo porque no la dejé bajar a llamar a Pepito, el del cuarto. Ni siquiera sé si Pepito está vivo. Pero eso no es importante. Lo importante es que hoy, es su cumpleaños.

La llamé hace un rato. Luego lo vuelvo a hacer. A las 21:30 repetiré. Lo bueno de lo que pasa es que todas y cada una de las veces responde como si fuera la primera felicitación que recibe. El lunes me llamó diciendo que donde estaba porque no había llegado a comer. "Estoy a 500km, madre. El próximo domingo nos vemos". Me sentí algo culpable, lo admito.

Feliz cumpleaños. 95 veces. Le gusta quitarse años pero a mi me sorprende tener el contador tan alto. 

13 de octubre de 2026

Preelectoralismo facha.

Ayer me llamaron facha por Internet. Pregunté por qué. Me dijeron que porque lo soy. Volví a preguntar por qué. Resulta que hace una semana aparecí en un programa de televisión local y comenté que en España se han dado, en los últimos 8 años, 272mil deshaucios, que los pisos han subido un 54%, los alquileres un 75%, que el salario más habitual es inferior a la pensión más común, que se prometieron 180mil pisos y se han hecho 9mil, que no se iba a pactar con Bildu, gobernar con Podemos o decretar amnistías. Que se iban a quitar los aforamientos, bajar la luz y el gas o que no se iban a manipular los medios de comunicación públicos. Lo de respetar la separación de poder me lo dejé. Que vivir bajo un gobierno que ha subido 141 impuestos y ha destrozado las siglas que lo representan tras una personalización del poder extrema, junto con casos de corrupción similares a los que se criticaban del gobierno anterior, es para sentirse estafado. Dije, y aquí es donde se agarraban, que veía con envidia ese momento histórico en el que Fraga, Carrillo, Suarez, Roca y alguno más se sentaban a charlar por el bien de todos. Así que he sido objetivo de un ataque irracional, sin argumento alguno, en el que se me llama facha como insulto, como si hace un rato me hubiera ido a violar a unas mujeres , quemar un par de negros y matar unos gays ahogándolos con la bandera preconstitucional. Vamos, nada que no pase a diario en el Congo, pero eso es cosa de africanos.

Primero me enfadé. Luego pedí explicaciones razonadas por si alguno de mis datos era incorrecto. Más tarde, sencillamente, me fui a dormir. Hay gritos que la única manera de que cesen es ignorándolos. Haber dicho que un día se fue la luz en el país resulta que ahora es facha y yo no sabía que el día que se fue la luz no era más que una manera de que los vecinos hablásemos entre nosotros para salir mejor, y más fuertes.

Por alguna razón vienen tiempos convulsos y preelectorales. No es importante la verdad, sino el relato y el conflicto. Una vez comenté que saber euskera era cultura y me dijeron que quería matar guardias civiles. Ahora tengo la misma sensación, pero al revés. 

Me encantaría limpiarme el culo con todos los sectarios. Viven, sin lugar a dudas, en ambos lados.

No va a mejor.

7 de octubre de 2026

Abraham Wald y el fracaso.

En la segunda guerra mundial, Abraham Wald, de la universidad de Columbia, analizó los impactos de los aviones que volvían del frente. Dedujo, con razón, que los lugares en los que había que reforzar los aviones eran aquellos en los que no había impactos porque con ellos se había podido volver. Esos lugares dañados no impedían volar y los otros estaban muertos.

Eso explica, con claridad meridiana, una cosa que se llama el Sesgo del Superviviente.

Dicho sesgo es lógico pero incierto ya que podríamos pensar que lo que vemos es sobre lo que hay que trabajar, que hay que reforzar las partes más dañadas. Sin embargo, aquello que no vemos es lo que marca la solución y no ha venido ni un avión con impactos en el motor porque a los que les dieron, se pegaron una piña. Si dos alumnos de un colegio han llegado al éxito quiere decir que todos los demás no, asi que certificar que es un colegio maravilloso depende del éxito promedio y no del más brillante ni del que termina vendiendo ketamina en la esquina de la Tercera con Broadway. Como la vida misma resulta complejo llegar a una solución absoluta. Quizá, lo más probable, es que no existen soluciones exactas casi en ningún caso. Eso no quita que con la solución propuesta por el señor Wald se salvaran bastantes aviones.

Quizá esto ratifica aquella verdad que dice que se aprende más de los fracasos.

Yo soy sabio, pero no sé volar.


6 de octubre de 2026

Para en Boxes: no eres 007

El 4 de Agosto de 1957, en Alemania, Juan Manuel Fangio calculó que parando, podría ganar la carrera. Ir con menos gasolina y unas ruedas que se gastaban, pero repostar y cambiar a medio camino, le daba ventaja. Ahora ya sabemos que, cual ironía, parando corres más.

También te diré que la gran evolución del automovilismo no es ir más rápido sino poder hacer mejor las curvas. Así que, casi siguiendo el mismo razonamiento de antes, la manera de ganar es no siendo más lento cuando hay que ser lento.

Cuando era más joven tenía a bien participar en carreras populares. Como era hormonalmente de esperar tenía a bien situarme en puestos de cabeza al principio. Los señores mayores, delgados y fibrosos tenían que quedarse atrás. Más o menos en el kilómetro 6 o 7 empezaban a sobrepasarme exactamente al mismo lentísimo ritmo que yo despreciaba en los primeros metros.

Todo esto, aunque conocido y lógico cuando se piensa, va en contra de la sociedad de la inmediatez. No importa que algunos hayamos vivido las épocas del pelotazo donde parecía que las apuestas eran siempre un todo o nada y que el listo era el que lo ganaba todo. Sin embargo a nuestro alrededor existe un universo de reyes del tuvo. "Yo tuve"- es su frase favorita. Alicia siempre se ilumina al contar cuando, gracias a algún que otro pelotazo en la construcción, vivió un par de años en bussiness-resort. Ahora lleva una década con cualquier salario embargado, pero le resta importancia.

Seguimos, erróneamente, despreciando a la hormiga y soñando con ser cigarra. Y, por supuesto, cuando llega el invierno buscando excusas para culpar a la hormiga por su insolidaridad y su maléfica estirpe.


En los años 80, que son el primer referente de las culturas globales, hubo un tiempo en que todo el mundo quería ser médico porque las mejores audiencias eran de la serie MASH. Después, glamour mediante, Ali McBeal y la Ley de los Angeles crearon una generación de abogados. Mad Men le llevó a alguno a los estudios de marketing. Somos así de facilmente influenciables. Después del primer Operacion Triunfo nacieron muchas Rosas. Ahora hay demasiadas Aitanas. Superestrellas todas. Yo me sentía identificado con el Gran Héroe Americano que era, para el que no lo recuerde, un tipo gris que recibe un traje que le da superpoderes pero pierde el manual de instrucciones y se mete unas bofetadas tremendas porque no sabe frenar cuando vuela. 
Desafortunadamente queremos idealizar lo que nos llega por los medios. Da igual que sea la tele o youtube. Le quitamos todo lo banal y creemos, como hacía yo con las supermodelos de 1989 (un beso,  Linda), que todo lo hacen bien y disfrutan de una vida maravillosa. Lo siguiente es querer ser parte de ese universo y comportamos como hemos deducido que lo hacen. Casi como si fuera una cuestión de actitud. Si ese piloto va siempre a toda pastilla, habrá que acelerar. Parar es de cobardes, aunque sea a cambiar neumáticos.

Me vas a decir que nunca has soñado con ser James Bond o Meryl Streep. Que no te has pedido un martini removido pero no agitado aunque no te guste o que no has intentado imitar sin éxito a Thatcher. No hay nada más ridículo que alguien intentado ser otra persona porque cree que así es más interesante. En eso los hombres en celo somos especialmente ridículos, y me vale como ejemplo aunque también puedo dibujar a una señora de 70 años vestida con ropa prieta procurando seducir a un zagal más allá de las tres de la mañana. En el ridículo no hay mucha diferencia de género.

Así que es probable que nuestro comportamiento dependa sobremanera de la idealización de nosotros mismos. Eso no es malo siempre y cuando seamos plenamente conscientes de quienes somos. Es irrisorio ver a un señor de más de 60, incluso con ayuda química, intentando convencernos que es capaz de copular más que un babuíno adolescente porque cree que puede o, lo que es peor, porque dice que lo hizo anteayer. 

Por mi parte querría ser más alto, no tener estas ojeras que me persiguen, caminar con menos flow, fornicar sin desgaste físico, ver con la nitidez de mis 30, ser tan listo como Pedro Ruiz (que es jodidamente listo. He charlado con él), escribir mejor, ser reconocido económicamente por mi trabajo, saber hacer croquetas y tener gusto para combinar ropa. Sin embargo soy quien soy. No he copulado como un babuíno ni de joven, cuando no se me daban mal las medias maratones.

Y hace unos años aprendí que hay que parar en boxes a veces, aunque eso implique tener que adelantar en circuito. Fangio no ganó aquella carrera pero se recuerda como una de las mayores remontadas, hasta entonces, de la historia del automovilismo. 

Tengo un amigo que dice que soy una hormiga pero nunca veo la despensa llena y lo de cambiar de ruedas es carísimo.

2 de octubre de 2026

Publicidad vetusta.

 


En enero del 2009 yo estuve en ese concierto. Era la gira del primer disco de Vetusta. Fue un gran concierto. Eran frescos, limpios, duros y cultos. Tenían la pureza de alguien que se dedica a lo que le gusta y puede, por fin, salir a la luz y soñar con vivir de ello. En 2018 les volví a ver en un espectáculo industrial, programado, manufacturado, comercial y con exceso de aforo. Decepcionante. Mucho mensaje. Mucho buenismo. Frialdad del artista que no sabe si está aquí o allá. Hay faltas de emoción que, por mucha sobreproducción que haya detrás, se contagia.

A veces creo que debemos de ser conscientes de lo que sabemos hacer bien y procurar no salirnos de ahí. Tenemos el riesgo de convertirnos en Madonna, que aunque ha sacado (después de varios desastres) un buen producto, hace tiempo que es la versión "Abuela Paquita" de ella misma.

Sin embargo no quiero irme a esos lugares en los que alguien evoluciona a peor, que es una forma de evolución. Sabina dejó de ser brillante a partir del Mentiras Piadosas. Coldplay a mitad del tercer disco se convirtió en una broma. Prince siempre fue brutal, aunque no me gustara su época más pop. A lo que me refiero es a todos aquellos que creyendo que porque han sido exitosos en una de las facetas de su vida vengan a pensar que todo lo hacen bien. Una vez se vendió una tostada mordida por Lennon como si fuera el jodido mordisco de Dios. Cuando se metió en la cama con Yoko Ono ( la que tiene la culpa de todo) lo hizo por creer que aparte de lo musical, también era el faro de la moral y la verdad. Quizá es un efecto secundario de la fama. Aceptar que siempre estas en lo cierto, como un mesías. En un mundo en el que todos debemos de tener una opinión formada sobre todos y cada uno de los temas, disponer del altavoz de la fama suele significar hacer el ridículo. Joder, si yo soy un bioquímico con seis premios nobel, dispongo de la misma integridad intelectual para hablar de geopolítica que José Ramón, el del quinto. Es más, probablemente Jose Ramon, que no tiene que perder la financiación de ningún proyecto de investigación, sea más libre que yo. ¿Hay que hacerle más caso?. Tampoco. Los opinadores más firmes que conozco son, en su mayoría, idiotas sectarios.

Por supuesto que el hecho que un famoso exprese una opinión no debería de afectar a su trabajo primario. El primer y segundo disco de Vetusta son excelentes. Woody y Michael son referentes artísticos por mucho que uno se haya casado con la hijastra adoptada y exista el rumor (no contrastado) de que al otro le iban los menores. Pero cuando Susan Sarandon, Almodovar, Wyoming, BB, Bertín o San Pito Pato me intentan dar lecciones de moralidad, me jode. Cuando en 2018 Vetusta usó el concierto para jugar al juego de las enseñanzas morales de qué es lo bueno y qué es lo malo, dieron por el saco. Hay un universo diferencial entre la militancia de 1971 (Aretha, James Brown, Bowie, Marvin, los Rolling, Stevie, Dylan...) y la de ahora. Siento decirlo. Si en aquella época, quizá con la distancia, se enfrentaban a problemas tangibles, ahora hay un tufillo a campaña publicitaria continua. Como todo lo que tiene que ver con el compromiso y la bondad humana, dudo de si es cierto o comercializado.

Bon Scott abogando por las drogas es coherente sabiendo que terminó frito, tras una noche más de excesos, en el asiento trasero de un coche. Muhammad Ali resulta creíble cuando se la jugó negándose al reclutamiento y, con una medalla en la mano aceptando que su pais, aún siendo el mejor del mundo, tenía mucho que hacer en cuestiones raciales. Recordemos que en aquella época quemaban a negros en los campos de Alabama.

Admiro profundamente a todos aquellos que, esté de acuerdo o no, hayan arriesgado parte de sus vidas, tiempo, dinero o beneficios en pos de algo que consideraban justo. Ser cura en la república, antifranquista con Franco vivo, defensor de la democracia y la vida en Euskadi en 1983, objetor en una guerra de reclutación obligatoria o marica y comunista en la época de McCarty. 

Por el contrario desprecio, cada vez más, a los que van de antifranquistas en el siglo XXI, los que solamente defienden al colectivo en paises y sociedades donde la libertad sexual es una obviedad, quienes hacen publicaciones con sus iphone contra el capitalismo y a favor del ecologismo o los que, hoy, se ponen muy dignos con la vivienda en el primer mundo pero ponen el piso que vayan a heredar de la Abuela a un pastizal que lo flipas. Cuando huele a anuncio de colonia, me huele peor. Aborrezco a los que se ponen una bandera y se van a dar tres grititos para, después, ir a clase de batucada o de senderismo patrocinado por Qhechua. Una cosa es no hacer nada y otra es no hacer nada creyendo que estas haciendo algo, porque eso es de hipócritas. A ti y a mi nos la pela Mari Carmen pero yo soy el malo porque lo digo aunque los dos hemos hecho lo mismo.

Cuando la militancia va sin efectos, es un anuncio.

Y hay demasiada publicidad.

Me da más tranquilidad quien acepta que es un hijo de puta a quien me dice que es Santa Teresa de Calcuta pero, si lo miras de cerca, es un hijo de puta. Soy de aquellos que son capaces de reconocer la verdad personal, aunque no esté de acuerdo. Prefiero que me digas que no me quieres a que me jures que me quieres cuando hueles a otra persona.

pd: si, hay un video de los hombres G, pero es que me lo sacó el algoritmo.

26 de septiembre de 2026

Juegos a los que jugamos para perder siempre. La modernidad.

Las aplicaciones para ligar de éxito fueron diseñadas basándose en la mecánica de las máquinas tragaperras. Juegan con la idea absurda de que el siguiente tiro quizá sea el bueno. Eliminan, si te das cuenta, cualquier imput de fracaso o de rechazo. Se recrean en un mínimo atisbo de llegar al objetivo buscado y te prometen prebendas gloriosas a cambio de interactuar sin esfuerzo. Por supuesto, y eso no hay que dudarlo nunca, el éxito consiste en que no tengas éxito y vuelvas a jugar.

Curiosamente todos los juegos de azar se basan en darte pequeñas migajas a cambio de tu implicación en el juego poniendo la vista siempre en un premio mayor que quizá llegue en la siguiente jugada.

Ser un buen jugador consiste en saber retirarse. Conformarse, en realidad, no es algo asociado a la mediocridad o a la vagancia sino que es parte de ganar a la banca. Esa es la parte que no te cuentan. La principal competidora de Tinder, si es que hablamos de aplicaciones para la satisfacción personal, se llama Humble y la hacen los mismos. Parece que es diferente pero es la misma rueda.

De vez en cuando aparecen trucos en internet que te cuentan la manera en la que puedes saltarte limitaciones de los juegos, de la forma de ver el futbol pirata o de conseguir más match. En ese caso me acuerdo cuando, a principio de siglo , había una lucha a muerte entre dos plataformas de deportes. Una, curiosamente, era fácilmente pirateable y el público optó mayoritariamente por ella. Tenías que pagar la conexión básica pero con un par de líneas de código te podías ver hasta la liga Malasia de cricket. ¿Perdió dinero?. Si y no. Cuando su competidor no lo usaba nadie dejó de funcionar el código pero ya no había competencia. Comercialmente habían aprovechado la puta naturaleza humana para hacerse con el mercado. Habían jugado con nosotros de una manera zafia y brutal hasta conseguir SU éxito. En los años 60 el dueño del El Corte Inglés se dio cuenta que la gente quería su tele y su nevera pero aquello suponía un gran esfuerzo económico por parte de una sociedad que estaba descubriendo la prosperidad económica. Así que fundó su financiera. Las personas entraban en el establecimiento y el comercio ganaba dos veces: con la venta del electrodoméstico y con los intereses de la financiación. Además, casi como un visionario, se hacía con las capacidades económicas de la familia en cuestión para saber si podría ofrecerles otro producto. Hola Fausto, firma aquí.

Todos los mecanismos que prometen triunfar rápidamente y a cualquiera son, a mi parecer y por definición, falsos. Las criptomonedas, el bingo, las franquicias y Tinder son parecidos. En todos, absolutamente todos, te va a aparecer un cuñado que te va a decir la cantidad vergonzosa de dinero que ha ganado o lo ciego que se ha puesto a follar. Pero cuando te lo dice está soltero y tieso de pasta. Soy de una generación a la que, a veces, se le acercaba al marido de alguien para decirle que era tonto por no invertir en los sellos de Forum Filatélico.

En todas esas actividades, modernísimas y más viejas en su constitución que el timo de la estampita, se juega con la propia ambición y necesidad de sentirse especial que dispone el ser humano. En la absurda creencia en la suerte y la eliminación de la realidad empírica que es un juego hecho para que gane el otro, el que reparte las cartas. Puedes pensar que es cosa de los otros jugadores o que las fotos de tu perfil no son las adecuadas. Puedes creer en las gráficas de valores o en las estadísticas de los números premiados de los últimos cien años. Sin embargo es jugar a las tragaperras y has de aceptar que alguien se sentó en su casa con un informático, un psicólogo, un contable y un matemático para diseñar un juego en el que jamás vas a ganar del todo. Subirá la cotización de alguna acción, cantarás línea y quizá hayas encontrado a alguien que realmente merezca la pena pero ahí está ese mensaje que te dice que hay alguien más rico, el bingo acumulado es poderoso y tu media naranja está online cerca de ti.

Conocer las normas cambia tu percepción del juego, siempre.

La manera de ganar una veces es retirarse y muchas, como decía Berne, no jugar.

Vivimos rodeados de juegos a los que jugamos en forma de scroll infinito. Hay que aceptar que están diseñados para no ganar del todo jamás. Es la modernidad. Hagan juego.

24 de septiembre de 2026

Los victiputistas

Por medio de una calle de dos carriles cruza un señor con dificultad. A su lado se detiene, para evitar una colisión dramática, un vehículo de dos ruedas a motor. El conductor del mismo hace señas al jubilado con cachava y el jubilado grita "!que soy jubilado!". Por una parte se podría pensar que un desaprensivo, atlético, ruidoso y nada empático joven está maltratando a un pobrecito señor mayor que bastante tiene con salir a la calle. Por otra se puede decir que un imbécil que no es capaz de reconocer sus carencias se está jugando la vida, y la de con quien tenga a bien de colisionar, haciendo algo que a su edad debería de tener aprendido.

Como el Quijote nos ha dejado huella a todos, tendemos a ponernos del lado del débil pero, sinceramente, el jodido viejo es culpable de lo que le pase porque es el creador de la imprudencia. No está demente ni hay ninguna emergencia sino que por sus huevos colorados cruza por donde le sale del orto.

Además no hay ningún problema porque aparecerá, en medio de la discusión, algún salvador necesitado de lavar su conciencia que se enfrentará al motorista. De esos tenemos muchos en este pais. Creo que conté alguna vez que, en medio de la pandemia, una joven se jactaba de no usar mascarilla en el metro de Barcelona. Alguien, un varón, le recriminó su actitud y ella usó el comodín del machismo. Como era de esperar, un tipo que pasaba por allí confrontó con el varón e incluso amenazó con ejercer la violencia física. Llegados a ese punto, dicho caballero le espetó: "Tú eliges, porque soy gay. Machismo u homofobia. Eso sí, ésta chica mascarilla no veo que lleve". Ante la mirada desconcertada del salvador ella volvió a su desafiante actitud de que no se ponía mascarilla porque no le salía de su coño feminista. 

¿Hay que cuidar a nuestros jubilados y a las mujeres maltratadas por ser mujeres? Por supuesto.

Sin embargo (y desafortunadamente) estamos en un punto en el que no todos los que gritan, entre lágrimas de discriminación, por un maltrato irracional debido a un grupo identitario poderoso y abusador, lo hacen con la razón. Puede que sean mujeres, jubilados, negros, árabes, albaceteños o tuertos, pero eso es un dato que no se puede poner encima de la base de la discusión creyendo que por ello ya has ganado el debate o el conflicto. Quizá estás discutiendo por un puesto en la cola del Mercadona y ser del Atleti no te hace ganar puestos aunque el otro sea del Madrid.

El problema es que nos estamos acostumbrando rápidamente a oir victimizaciones y cuando hay una víctima de verdad nos cuesta identificarla. Eso no es una justificación, es la jodida realidad. También es cierto que hemos aprendido a victimizarnos rápidamente cuando nos encontramos en alguna situación compleja. Como buen comerciante experimentado he tenido visitas de pequeños rateros, y lo sé porque se despierta mi sentido arácnido, que cuando han sido invitados a abandonar el local han exclamado: "no me toques que soy menor". Es una estampa profundamente patria ver a la policía municipal desmantelando a un grupo de manteros que gritan racismo y a los que sale, presta y orgullosa, a defender una señora de mediana edad con el pelo morado. A ver si ese violento fascista machista y racista de policía que está haciendo cumplir la normativa municipal se va a atrever con una mujer inclusiva y emponderada. En ese caso resulta que pasa de ser una infracción administrativa contra las leyes del comercio a un conflicto humanitario. Pero los bolsos falsos del Guchi no cuentan como centradores del diálogo.

Por alguna razón nos hemos convertido en una sociedad en que cierto grado de hipocresía vende. No he llevado, lo admito, especialmente bien las manifestaciones de modernos con iphone y reserva para Ibiza con pañuelos palestinos jugando a la indignación para su propia satisfacción moral. No llevo bien a asalariados públicos de lujo, con sueldos por los 130mil€, intentando darme lecciones sobre la maldad de los ricos. Aborrezco a la gente que sin haber trabajado para comer de lo suyo en su puta vida me venga a decir cómo llevar mi negocio o mi casa. Es como cuando los curas te decían cómo debías follar, salvo que ahora te lo dice una consejera de igualdad. Y todos, absolutamente todos, buscan una forma de ponerse del lado de lo supuestamente correcto para tener la razón en cualquier otro tema del que estemos hablando. Tenemos un presidente que llena la boca de ayuda a la inmigracion, pero dos dias después impide atracar a un barco con personas recogidas en en Mediterraneo. Que es el más ecologista pero se va en helicóptero a ver a Sidonie. Que está a favor de las mujeres pero sabía que su colega tenía un descuento por cantidad en putas de Madrid. Que respeta los poderes del estado pero deja que intenten contratar a unos gitanos para asustar a una jueza. Que apuesta por España pero defiende el catalán en Netflix antes que a la gente que vive en Ceuta, Paiporta, Adamuz o La Palma. Que habla de memoria histórica pero la ley la redacta Bildu y oye, no existe ETA. Que con él se acababan las subidas de la luz y el gas y nunca iban a volver a existir los deshaucios. Ayer había que ponerse del lado de una pobre señora minusválida de 87 años que pagaba 500€, con un contrato discutible, por un piso donde, el más barato, son casi 3mil. En la televisión pública un tipo con 5 viviendas bien guapas se puso con la voz entrecortada aparentando empatía. La señora no estaba dispuesta a ir a Móstoles porque son malísimos quienes han adquirido su vivienda (que la han pagado para lo que les salga del nardo, que para eso es de ellos). Claro que, de la misma manera que el motorista era el malo, hay que cuidar a nuestros ancianos. Quizá no a todos.

No hay que pegar a los niños pero las dos veces que mi padre me reventó la cara sé que me lo había ganado. Otra cosa es que mi padre llegara a casa borracho perdido a diario y su único entretenimiento fuera darme de hostias.


Nos encanta ser molones y no asumir riesgos. Montar una flotilla pero solamente quedarnos en Malta. Luchar contra Franco cuando el cadáver está descompuesto. Defender la libertad sexual en un país con libertad sexual. Apostar por la baja da de alquileres si estamos de alquiler y hablar de libertad de mercado si hemos heredado el de la abuela. Llenarnos la boca con la solidaridad impositiva pero pedir en Amazon. Y si cruzamos por donde nos da la gana dejar bien claro que somos peatones indefensos en un mundo de contaminantes conductores salvajes. ¿Por qué eslogan mágico y bien formulado nos vamos a manifestar muy fuerte la semana que viene, antes de tomar unas cervezas artesanas?

Lo peor de todo es que cuando alguien realmente esté viviendo algo injusto no lo vamos a poder ver por la cantidad de victiputistas ( victimistas hijos de puta) que nos han puesto la cabeza como un bombo. 

Y si no estás de acuerdo, me llamas de extrema derecha ( adjunto gráfico)



pd: Cuéntaselo a una mujer maltratada que está a la cola de alguna que llora mucho pero que está luchando por el piso de la playa (que algún caso se ha dado).


22 de septiembre de 2026

Por qué lo que toca es una hostia. ( por ley de vida)

En una fiesta universitaria no tuve mejor idea que colarme en una clase de otra carrera, hacer que tomaba apuntes e incluso esforzarme en hacer preguntas inquisitorias. En aquel momento me pareció muy gracioso aunque supongo que es una gilipollez fruto de la ingesta de alcohol y algún que otro problema hormonal de mis 20 años. Tuve la suerte, o la desgracia, de creerme el rey del mambo entre 1989 y 1994. Eso es un error y un acierto a la vez, aunque la hostia es un poco más traumática. Al menos si es que te das cuenta.

El ser humano, que dispone de mecanismos de autoprotección incorporados en su propia maquinaria, reacciona de diferentes formas ante algún que otro sinsabor que va de serie con eso que llaman la vida. Unos acabamos en terapia porque reconocemos ser incapaces de poder con ello. Otros se compran un descapotable, se dedican al turismo sexual, adoptan tres gatos, pintan la casa, les da por engancharse a talleres de reiki o se hacen fuertes reconstruyendo los años 80 a su alrededor porque es el último momento en que recuerdan haber sido felices.

Lo que es cierto, absolutamente y sin ninguna duda, es que todos nos metemos una o varias bofetadas con las que no contábamos a lo largo de la vida. Como decían en aquella película es ese momento en que te crees que lo tienes todo bajo control cuando te viene un batacazo que no tenías previsto. Quizá tener la guardia baja es parte del menú que lleva, de primero, el restaurante Catástrofe.


¿Es malo?. Visto con perspectiva no del todo, salvo las cicatrices. No dejan de ser martillazos que nos moldean. A uno para bien y a otros les rompe la escultura que, mejor o peor, estaban haciendo.

El caso es que hay animales que, cuando se sienten amenazados de forma determinante, se hacen los muertos. Otros intentan parecer más grandes. Muchos rugen y adoptan actitudes intimidatorias. Algunos escapan. Los seres humanos somos un animal más y, muchas veces, somos todos los animales a la vez.

Entonces ¿es bueno equivocarse?. Según como reacciones. Si te haces el muerto y el depredador sabe que es mentira, te devora. La cabeza, que es el órgano que más nos determina y que entrenamos bastante poco, es la que nos salva o nos entierra. Cuando queremos argumentar que es imposible luchar contra los elementos ya hemos perdido. Cuando despreciamos el mérito, aceptamos que hay lugares en donde jamás vamos a entrar, imperfecciones imposibles de arreglar o caminos prohibidos a nuestros tránsitos significa que hemos claudicado. Todo eso sin olvidar que hay fiestas a las que nunca vamos a ser invitados, pero eso no es más que una circunstancia de espacio y tiempo. Hagamos del pragmatismo una virtud en vez de la victimización infantil tan de moda últimamente.

Personalmente mantengo la teoría de que la sociedad es una especie de ente, muy humano, que va madurando de una forma lenta. Hemos sido los hijos de la madre naturaleza y hemos sobrevivido al abrigo de lo que nos ha podido proporcionar, casi como si fuera nuestra pareja de progenitores. Hemos aprendido a cazar y cultivar como quien estudia un poquito. Se supone que hemos madurado a golpe de civilización, no sin algún que otro conflicto por el medio. Quemar a Juana de Arco es como una pelea de patio de colegio. Hemos aprendido cosas y hemos ido creciendo haciendo de nuestra cueva un hogar con calefacción central. Si un año de perro son siete de humano, quizá un año de sociedad son 100 o 200 de humano. Quiero pensar que hemos sobrepasado la adolescencia. Tampoco mucho más allá. Hemos conquistado el mundo y, como yo en 1993, ya nos creemos los reyes del mambo. Se supone que tenemos controlado lo de la democracia, la economía, las energías renovables y fósiles, las creencias religiosas, las retransmisiones deportivas, el matrimonio homosexual, la ingeniería genética y casi los viajes interestelares. Joder, si hemos pasado la varicela de dos guerras mundiales. !Me vas a decir a mi que no soy más grande que Jesucristo! (sin ser Lennon).

Vale. Pues ahora, por pura ley de vida, viene alguna hostia que lo flipas. Lo importante no es que llegue sino cómo se encaja y cómo nos reinventamos. 

Si me tocas las narices diciendo, mientras te haces el muerto, que salimos más fuertes, te meto.
Hay gente, mucho más lista que yo ( que es mayoria), que lo veía venir en 1964.


18 de septiembre de 2026

Enseñanzas experimentales para la resolución de problemas.

Cuando alguien me mira a la cara (incluso vía video) explicándome que un problema complejo se soluciona en veinte minutos, ya he aprendido que es imbécil.

Tampoco son santo de mi devoción todos esos salvadores de la verdad que emplean su tiempo en buscar culpables antes de sentarse a localizar soluciones.

Sin embargo, así mismo, sé que cuando alguien se enfrenta a un problema complejo y decide no hacer nada porque es demasiado complejo, también es imbécil.

Obviamente hay un miedo atroz a la sensación que queda, acumulada al desgaste, si ese problema no se arregla. Esa punzada, en medio de las cejas y en la boca del estómago, es algo que hay que digerir y mirar de frente. Sin embargo requiere, como cualquier actividad que implica desgaste, un entrenamiento previo.

No nos vamos a engañar: hay toda una mayoritaria clase social que asegura ser perfectamente capaz de hacerlo todo pero no lo hace porque hoy le viene mal. Se puede aplicar al sistema y selección del equipo nacional de balompié, el arreglo de la migración (en ambos sentidos pero no los mismos destinos), la forma de asfaltar la acera, lo de los precios de los pisos, el valor de los huevos en el supermercado, aquello de las energías renovables o fósiles y la manera correcta de relación entre los diferentes elementos de las familias. Yo he escrito tres libros sin éxito y me he cansado de oír a gente que es incapaz de mandar un whatsapp sin faltas asegurar que si escribiesen un libro de su vida se iban a forrar.

Los problemas, por definición, son el conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la ejecución de un fin. La manera que yo aprendí, y fue lo más importante de mi educación universitaria, de solucionar uno de esos problemas consiste en dividirlo en varios de más sencilla resolución. También, según cual sea el conflicto, ser capaz de verlo desde fuera es algo que ayuda. Al fin y al cabo perder cinco minutos antes de empezar a gastar energía suele ayudar a ahorrar tiempo. Es un oximoron temporal de conflictos.

Más adelante aprendí que una vez tomada una decisión hay que llevarla hasta su conclusión. Si decides por un desvío del camino, tira hasta el final. No vas a saber, hasta llegar a destino, si ese era el destino buscado. Una vez descubierto el error, ya vuelves al punto de elección anterior. Yo soy de esos que tiran hacia delante pero dejan un camino de migas de pan por si hay que volver. Lo que tengo claro, y es algo de reciente aprendizaje, es que una vez decidido hay que caminar. Solamente son discutibles las opciones que aún se pueden cambiar. Lo demás es perder el tiempo. "Si mi abuela tuviera ruedas sería un patinete, pero está muerta"- decía alguien que conozco. 

La vida, haciendo una analogía sueca, es una especie de mueble de Ikea: hasta que no completas el punto uno no debes de ver la hoja de explicaciones del punto dos. 

Y, por supuesto, hay problemas que son irresolubles con los que no existe más remedio que convivir, como las cicatrices.

Mi profesor de termodinámica de tercero nos explicó que si nuestros cálculos llegaban a la conclusión que el vapor residual estaba a 10 millones de grados ( lo cual es imposible), es que algo habíamos hecho mal. La enseñanza, al final, es que si nuestra conclusión es una gilipollez no podemos cerrarnos en que hemos hecho bien todo, porque no puede ser verdad. Vale para los ejercicios de termo y para el precio de los pisos en Barcelona.

Así cuando veas un problema, que suelen ser elefantes en las habitaciones de la vida, no seas imbécil y piensa en estos breves pasos como si fuera un texto de autoayuda.

Ahora siéntate a ver las noticias y fíjate la cantidad de veces que no se sigue ninguna de mis enseñanzas experimentales.

16 de septiembre de 2026

7 días para el otoño

La llegada de la lluvia permite ir caminando, sin paraguas, por la calle, llorando levemente sin fingir que ese frío sobre la cara va mezclado con el propio calor corporal. Supongo que, curiosamente, es una de las ventajas de la llegada del otoño: que ha aterrizado el tiempo para dejar de fingir que eres absurdamente rico y feliz. Sin bucólicos y sonrientes paisajes poblados. Incluso sin tener que aceptar que, en vez de la luminosa imagen de un atardecer entre el camino del trabajo a casa, tu deseo estaba en quedarte dormido, sin cargo de conciencia alguno, en una hamaca anclada a una playa del Caribe.

Claro que no soy quien para escribir nada porque me voy a chocar contra el muro de la comprensión lectora.

Habrá, fácilmente, que sentarse a esperar el momento en que la IA nos mate a todos, como Skynet, sin pararnos a pensar que se alimenta de la vagancia humana. En realidad los grandes momentos del entrenamiento de la IA se han vivido cultivando la banalidad y la tontería ( sube una foto y mira como serás en 20 años) o acaparando datos para simular que sabemos hacer algo que no nos da la gana de hacer ( bienvenidos estudiantes contemporáneos. Conozco a quien no puede ( o quiere) pagar la luz de su piso de alquiler pero la subscripción pro de ChatGpt ha sacado las mejores notas de tercero). En una sociedad en la que no sabemos vivir sin productos manufacturados, quien sabe usar las manos es el rey. En una sociedad sedada por los procesos burocratizados, quien sigue pensado es arrasado por definirse como una amenaza.

Con el paso de los años, y de los otoños, acumulo la sensación de repetición somnolienta de las obviedades. Sucede como muchos éxitos musicales: eso ya lo he oido antes. La diferencia es que antes eran músicos y ahora es un sampler. La diferencia es que antes eran ricos y ahora son influencers de camper. La diferencia es que antes, sin hacer alardes de indignación contra la desigualdad ajena, se iban a cocinar para los pobres y ahora se hacen fotos con camisetas cargadas de mensajes. Hay quien dice que se preocupa mucho muchísimo por los demás porque les envía un whatsapp los martes. "No hace falta que vaya a ver a la abuela porque está bien. Me ha respondido un whatsapp con un pulgar arriba"

Aunque estoy convencido que somos más estúpidos porque se ha premiado históricamente la estupidez, albergo la certeza de que cada vez somos más hijos de puta. Eso sí.

Verlo me produce desesperanza. Al menos, si llueve, no se me nota.

Faltan siete días para el otoño.


Pd: Dice la letra de una canción mal cantada pero que sería dificil con otra voz:

vuelvo a esconder mis penas en un bote de Orfidal
Tengo problemas que jamás debí contar, pero mis ojos no se callan la verdad de esta mierda que aun sigo viviendo
Yo me calmo pillando medio cacharro
Aún sigo mirando al cielo esperando algún milagro
Buscando en los ceniceros las chustas de los cigarros para ver si alguna de ellas a pasado por tus labios
Y es que debo hacerme daño
Para así sentirme vivo
he sufrido desengaños de mis seres más queridos
Pero tranqui que me apaño ya me voy acostumbrando
A perder to las cosechas de lo que estuve sembrando
Y en mi rostro solo queda
El reflejo de la ira
1000 movidas que pasé
Y el espejo me recuerda
Lo perra que es esta vida
Me obliga a seguir en pie

26 de agosto de 2026

55

Llego a un año de doble rima.

Probablemente con el cuerpo magullado de peleas que es imposible ganar y decisiones tomadas. No muchas. Ni siquiera las importantes. Pero soy consciente de mi mismo. Eso, se vea por donde se vea, es una victoria previa porque permite valorar las contiendas en las que triunfar es una utopía.

Ya sabemos que la única manera de salir airoso, muchas veces, es no jugar.

Dispongo de pelo, moto, coche y achaques. Dispongo de perspectiva cultural y veo, entre la gente, los pozos en los que se vuelve a caer. Las decisiones sociales, intuyo, se parecen a las modas porque vuelven. Sigo estando orgulloso de quien soy pero no de donde estoy. Quizá fui educado en una esperanza en la recompensa que me niego a creer que nunca llegará.

He hecho terapia, bastante deporte, me he perdido por carreteras desconocidas, he follado por encima de mis posibilidades, tuve fama, me sentí invisible, gané dinero, lo perdí, monté en avión, en barco pero no en globo. Escribí tres libros, fracasé tres veces. Fui empresario orgulloso y autónomo avergonzado. Una vez me ricé el pelo. Luego me lo afeité. No sé cantar, bailar o comer con las manos sin mancharme. Vi morir a padre y veo como madre se desconecta de la realidad. Procuro ser firme con mis promesas, pero prometo pocas cosas. Tampoco es mucho pero son suficientes actividades. Ahora, quizá y simplemente, es el inicio del viaje de vuelta.



24 de agosto de 2026

Pelea de inválidos.

 Uno de los grandes momentos de South Park es aquel en el que Cartman entra en una iglesia en silencio y grita "Pelea de Inválidos".Entonces todo el mundo sale a la calle a observar cómo dos tullidos se pelean.


Por alguna razón nos encanta ser espectadores de las iras de los demás, de los debates que sean cuanto más desde las entrañas, mejor.  Nos agrada de una manera inconsciente una discusión de tráfico o que se insulten varios políticos. Si, además, llegan a la irracionalidad violenta, más. Mi madre nos pedía que la avisásemos si se pegaban en el futbol. El resto no importa. Da igual que alguien haga un pase de rabona desde medio campo y rematen con una chilena perfecta. Un buen puñetazo y una buena tangana no tiene comparación.

Hace ya muchos años se demostró que una de las herramientas de control de la población puede ser hacer que unos se enfrenten a otros. Mientras están entretenidos llamándose fachas o rojos, machirulos o feminazis, quien mantiene la calma se encuentra el camino libre para hacer sus cositas. Por eso se suben los impuestos en medio de un campeonato del mundo o se juega con las polémicas. Se agita una mano mientras el truco se hace con la otra. Es obvio y fácil, pero ha funcionado siempre. A los alemanes les daban muchas cosas que habían sido sustraídas a los judíos, pero no me voy a quejar o a preguntar de donde sale mi último subsidio ( excepto si me lo quitan a mi). Es una estafa piramidal de libro, como casi todas.

Actualmente vivimos en momentos en los que se cita a la pelea de inválidos. La salvedad es que los inválidos somos nosotros. Se nos van soltando estímulos hasta dar con el que nos hace pegarnos con el de enfrente. Entonces Cartman grita "pelea de inválidos" y la gente deja lo que esté haciendo para ser espectador. Se acaba el mes de agosto y eso es lo que nos toca. 

Recuerda que es un truco y que el inválido, cuando te pongas a discutir por un impuesto, un ático, una invasión, un decreto de ley o si te has hecho una foto con tu primo que una vez pensó en violar a un gato o por eso eres un violador de gatos... el inválido quieren que seas tú.


20 de agosto de 2026

Idiotas de cosas básicas

Siempre me han parecido del género tontísimo algunas de las instrucciones que vienen en determinados productos o servicios. Después me doy cuenta que si lo pone es porque algún imbécil ha pensado, quien sabe, que si el coche tiene gps puede echarse una siesta circulando a 180 por autopista. Que José Ramón se encendió un cigarro mientras llenaba de gasolina el camión cisterna de Campsa o que a Maria del Carmen le pareció una buena idea, después de secarse el pelo con el secador enchufado a la luz, dejarlo en la bañera (llena) con ella dentro.

Bien.

Ahora resulta que en UK, que para algunas cosas no tienen pudor en reconocer la verdad, han sacado unos cartelitos explicando que no hay que violar a nadie y que tampoco hay que abusar de niños porque esas dos cosas están muy mal. No es coña.

Podríamos pensar que se debe a los flujos migratorios y que hay que reconocer que las bases culturales de algunas sociedades consideran "normal" actitudes que son, occidentalmente, barbaridades. Pegar a tu mujer, follarte una cabra, limpiarte el culo con una piedra, cortar las manos a los ladrones, ponerte ciego a pellote y luego conducir, tener una granja de gallinas en el salón... Sin embargo llevo oyendo cuñas radiofónicas todo el verano que recuerdan a las personas que escupir en la calle es una guarrada, que no hace falta que todo el autobus oiga la conversación con tu prima o que aunque estés de vacaciones hay que ducharse para no apestar.

Así que pienso que lo que yo consideraba que eran instrucciones locas empiezan a ser casi necesarias y que por alguna razón, quizá resultado de habernos tratado desde las instituciones como si fuéramos idiotas, nos ha convertido en idiotas de cosas básicas.


Por todo eso es más que probable que lleguemos, más adelante, a situaciones que si las viera mi abuela las consideraría absurdas. No solamente porque te tengan que decir que no escupas al suelo o que te duches. Ni siquiera porque te tengan que recordar que abusar de niños es algo muy feo sino porque eso abre una puerta bastante turbia en relación con el comportamiento humano y resulta bastante desalentador tener que reconocer que las instituciones hayan de hacer lo que hacía mi madre al preguntarme si me había limpiado las manos antes de comer. Pertenezco a una generación que, a mi parecer, entiende como lógico que no hay que violar a nadie. Sin embargo parece que ahora hay que recordar cosas que, como las instrucciones para retrasados, yo creía fuera de toda duda. Pero parece que no.

Lo que no sé es si es el resultado de tantos años en los que nos hemos dejado tratar como niños sin cerebro y ahora, de no usarlo, sea obligado recordarnos obviedades.