Mal dia para buscar

12 de marzo de 2026

2010, breve anécdota real

 La discoteca Garden, en el barrio bilbaino de Deusto, era una se esas salas de fiesta diseñadas en los 70.  Quizá la seña mas identitaria que tenía era una enorme lámpara como la del salón de tu abuela pero en modo XXL, sobre un escenario redondo. Actualmente no sé si es un multimercado chino o un supermercado, pero estoy seguro que ya no existe.

Aquel día ( supuestamente de 2010) estábamos invitados a una fiesta. En el escenario, entre otros, un Manu Tenorio que acababa de salir de aquel concurso de la tele y, como plato principal, un simpatiquísimo David Civera cantando "que la detengan". Nosotros, tal y como requería el local, estábamos sentados en mesas con nuestras copas, bordeando el escenario.

Al terminar el show y quizá por proximidad generacional, terminamos en la parte de atrás de la sala, que no era más que un almacen y un pequeño parking, 4 jóvenes simpaticones. En la foto se ve, de izquierda a derecha a un servidor con el pelo cortísimo, sin barba y hasta sonriente. A Yavhé, que en aquella época tenía puestas esperanzas en un futuro artísticamente multidisciplinar gracias a tu virtuosismo con la guitarra. Marta, maquillada, encuerada y profunda. Y Dani, que vivía un momento de esplendor siendo  Dj Kevin, estrella de las noches de la discoteca Anaconda, en la fabril Barakaldo. Obviamente y visto en perspectiva éramos: un pijo, un hippy, una gótica y un pastillero.


Llegados ese punto y dado que se supone que, al ser parte del equipo de televisión, recordamos que nos habían invitado a tomar alguna copa más en otro local del centro. En este caso mucho más noventero. Marta, que era la más cabal de los cuatro, decidió irse a su casa debido a que era un miércoles. El hippy, el pastis y el pijo se fueron a un pub ubicado en las galerías Urquijo del mismo Bilbao centro.

Como los "estupendos" buscan siempre un lugar apartado y cómodo lo que hicimos fue ir a la planta superior de aquel pub. Nos pedimos algo y, probablemente, fui yo quien se acercó a la barra. En ese instante y siendo completamente conscientes que nuestra llegada no había sido invisible para el resto del público del lugar aquel donde servían bebidas espirituosas, se me acercó un muchachito delgado y vivaracho que no llegaba al metro sesenta, "Eh"- me dijo casi en un susurro- "¿quieres anfetas?". Me giré y le miré fijamente con sorpresa y estupefacción. "¿Perdón?"- y él repitió- "que si quieres anfetas". Dejé las copa sobre la barra. Le dije: "acompáñame, anda". Y le llevé donde estaban Yavhe y Dani tal y como se ve en la foto adjunta. He de decir que Yavhve es actualmente un refutado especialista musical que escribe sobre jazz en prensa de gran tirada mientras viaja por el mundo contactando con artistas grandes  pequeños que amenizan festivales de enorme audiencia. Por otra parte Dani es un comunicador excelente de radio y modernos podcasts de barba larguisíma y delgadez física que vive la experiencia del trabajo autónomo con empleados desde una agencia de comunicación del centro.

El caso es que un muchachito me había ofrecido anfetaminas y ya estaba en medio de los tres. "Vamos a ver"- le dije. "¿Tú nos has visto?"- Él titubeó y dijo que si- "¿Te parece adecuado que entre nosotros tres tenga que ser A MI al que le ofrezcas drogas?". Yo ya estaba en modo indignación. -"Y, además, ¿qué mierda de droga es esa?. Si vas a ofrecer algo, al menos a mi, que sea droga que parezca la hostia. No sé, cocaína o algo así. Pero par ofrecer unas putas anfetaminas de mierda tienes que ir a quien parezca que toma anfetaminas, que son ESTOS DOS". Obviamente Yavhe tenía pinta de porros y Dani de Speed, pero yo no tenía pinta de anfetamínico. Lo que nos unía era ser buenos tipos poseídos en papeles de la época con alguna copita de más, pero no demasiada. "Mira"- de dije con la aprobación de mis compañeros- "vete y cuando reformules tu oferta comercial de una manera más adecuada al cliente final, vuelves". Y se fue, seguro que afirmando que éramos tres gilipollas, que es lo que éramos y seguramente seguimos siendo. Eso sí, ahora somos personas que aparentan ser bastante más de bien y que si nos encontramos con nuestro pasado nos cuesta reconocernos.

No me he tomado una anfeta en mi vida pero me sentó fatal que aquel día, que se nos suponía vips porque salíamos en una televisión local que emite desde la primera planta de un edificio fuera de ordenación urbana, se nos insultara de aquella manera tan soez. Claro que visto con perspectiva estábamos a centímetros de coger unos abanicos y creer que molábamos haciendo de locomia. Aún así, sigo sin saber por qué me ofrecían las drogas a mi.

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