Mal dia para buscar

11 de marzo de 2026

Tírate a un mediocre y te sentirás bien.

Hace tiempo apareció una noticia en la que indicaban que según un estudio de una universidad de Canadá "Las personas que comparten demasiadas frases "profundas" en Internet son más tontas". Estoy aceptablemente de acuerdo. (Recordemos La invasión de los místicos, del 2014). Podemos extrapolarlo a eslóganes, titulares, argumentarios y cualquier otro elemento que se rebota al universo con la intención pueril y ridícula de parecer más listo, con criterio, simpático o sabio.

Sin embargo, en esta sociedad que premia la mediocridad, la falta de ruido, el seguidismo y la previsibilidad, son actitudes que parecen hasta loables. Ahí tienes a Josefina, que está convencida que es rockera porque una vez fue a un concierto de Melendi, mirándote con cara de asco porque has dudado de una frase que copió de un meme supuestamente de Descartes donde la foto era de Jordi ENP. No pongas en duda jamás que Pepe, cuya manera de ligar es sacar tres vinos y dar cifras al azar supuestamente estadísticas para luego meterte la boca prometiendo amor en el segundo momento privado, dispone de una vida afectiva y sexual muy superior a quien procura relacionarse honestamente. No es algo masculino, en absoluto. A ver si tu amiga super lista, recatada y cabal no está hasta la pepitilla de que el pibón curvilíneamente llamativo que también pertenece al grupo capte la atención animal de la mayoría de los varones virilmente hormonados. Gracias a la igualdad de sexos la frase "un hombre sería capaz de nadar en mierda si cree que va a echar un polvo", también se puede cambiar de género. Luego está ese momento de dignidad en el que dices que tú no eres como los demás pero, te lo digo en bajito y como un susurro, es porque no te pone lo suficiente.

Relaciones sexuales aparte, aunque siempre han sido una metáfora certera del mundo real, no hace falta remitirse a Dunning Kruger para certificar que los menos inteligentes disponen de un campo de crecimiento social bastante más amplio que la parte de la estadística que está por encima y también por debajo. En la campana de Gauss de la inteligencia social hay, esperando, una recompensa a quien está entre el 30 y el 55%. No molestan, no piensan, se visten solos y aceptan cualquier cosa sin preguntar el motivo. Voy a poner un ejemplo: estás sin trabajo y te ofrecen mover cajas de un sitio a otro. A Pepe, que viene de follarse a la última que le hicieron gracia sus chistes y se vio deslumbrada por datos no contrastados, le parece bien y acepta. Tú, que eres imbécil, preguntas lo que hay en las cajas y te dicen que son drogas para niños menores escondidas en vapers con la cara de Pluto, con lo que no te sientes bien y te quedas en el paro.

La pregunta fácil que viene es el motivo por el que seres tremendamente mediocres ascienden con tanta facilidad. Una es todo lo anterior: son previsibles y fáciles de entender. La otra es que a la mayoría le incomoda que haya alguien tremendamente listo llamando la atención. Siempre hemos sido amables con el payaso porque es torpe y nos hace reír. Nos hace sentir mejores hasta cierto punto. Chirac, presidente de Francia, ganó unas elecciones con el eslogan: "el mejor de los malos". Eso define que no se vota por el programa electoral sino por la percepción que cada candidato genera en mi. En algunos casos apoya nuestro sesgo de confirmación y en otros, quizá, queremos ver hasta qué punto es capaz de llegar ese puto payaso. Es inconsciente pero es así. Se vota, se asciende o se escoge al personaje muy por encima de sus capacidades. Es España hemos tenido a políticos listísimos ( Margallo, Borrel, Josu Jon, Fraga, por citar a alguno) que no han llegado más arriba porque son listos y no escuadristas mamporreros. Sin embargo hemos votado a payasos ( Jesus Gil, Ruiz Mateos) quizá esperando que aunque no van a solucionar nada nos vamos a divertir.

Así que en los mítines se ponen a decirte frases grandilocuentes, te sueltan una cifra que se han encontrado por ahí y se meten en tu cama después de trabajar moviendo cajas sin preguntar lo que llevan dentro. 

Porque aunque sabemos que son menos inteligentes, nos reconforta y premiamos la mediocridad. En el trabajo, en la política y en la cama.

Yo no soy listo en absoluto pero conozco a quien me dice que no pillo nada porque me empeño en hablar demasiado. Tiene razón. Si vamos a setas, vamos a setas.

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