Mal dia para buscar

18 de marzo de 2026

Eligiendo arma para el apocalipsis.

A veces más que preguntar por cual es el sentido de la vida dan ganas de preguntarse por el arma elegida para el apocalipsis final. Supongo que los cobardes escogen un dron, porque no te mancha y puedes creer que solamente es un videojuego. Un misil guiado es lo mismo pero pierde la gracia del control. Una granada lleva implícita la tensión entre quitar la anilla y esconderse de la defraglación. Un rifle de francotirador es algo parecido a un Dios justiciero. Te quedas apoyado con el cigarrillo a medio fumar creyendo que puedes impartir justicia divina desde tu atalaya.

Una pistola, sin embargo, es un poco pelea de patio de colegio. Apuntas, como si te pusieras en posición de pelea y pensaras que solamente con eso tienes ganada la disputa. A veces hay que disparar pero con seis tiros no sé yo si te va a dar para mucho. Cuando, en las películas y en las persecuciones, descargan el cargador contra el coche contrario, me sorprende que no dan al conductor pero aciertan en cuanto se fijan en el neumático.

La metralleta es el arma de los torpes. Incluso si tiene retroceso. Es pintar sobre un papel con un rotulador como si lo hiciera un mono borracho y luego vendiesen el cuadro como "apología de la justicia" en una galería de arte conceptual. Lo mejor de las metralletas, a mi parecer, son los pasatiempos de unir los puntos de los boquetes en las paredes para ver si, al seguirlos, aparece un dibujo de un tucán.

Un bazoka no es más que un misil pequeñito con pinta de pesar bastante. Que lo cojan los que hacen crossfit.

A mi dame una recortada. De esas que hay que recargar haciendo el gesto con el brazo para que salga el cartucho, a ser posible en cámara lenta. Que haga ruido. Que me salpique la sangre del contrario. Que me deje tatuajes de pólvora en la cara desencaja por el odio y ese punto de satisfacción de, por fin, dejarme llevar por los instintos más básicamente violentos. Al fin y al cabo, en el fin del mundo los pecados ya no cuentan.

No sé cual es el sentido de la vida pero sí que tengo claro el arma que quiero para mi propio apocalipsis.

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