Mal dia para buscar

30 de marzo de 2020

Cobardía, mundo de ilusión, estadística y ruina.

Bilbao, ciudad que me tiene a mal como habitante, celebra sus fiestas en agosto. A finales. Esa semana el jueves es festivo y lo que suele suceder desde hace muchos años es que el miércoles anterior se junta el ayuntamiento y hace la subida de impuestos anual. ¿Por qué? Porque se está despistado con eso de que hace calor, que mañana es fiesta y que estamos en agosto.

Es exactamente lo mismo que hacia el PP subiendo el IVA cuando se jugaba alguna semifinal de la champions.

Y con eso no estoy diciendo en ningún caso que hubiera que subir algún impuesto o no, sino que cuando hay que hacer algo que se sabe que es doloroso y criticable, se  tiende a  esconder. Algunos adolescentes ponen carteles diciendo que han sacado una buena nota en ciencias pero deslizan el suspenso en matemáticas a sus padres cuando creen que se van a dar menos cuenta.

Por otra parte personalmente tuve, en cierta ocasión, la mala fortuna de ser la diana de unos ladrones y sufrí unos cuantos robos. Me sorprendió amargamente la respuesta pública del concejal de seguridad ciudadana asegurando que no había robos. Y la excusa es que mi denuncia no había sido gestionada por los municipales sino por la policía y, como son dos cuerpos diferentes, no aparecía en su estadística. Así que él, en debate público, insistía que no había ningún robo porque en sus datos no aparecía.

Contado todo esto creo que tenemos muy claro que una cosa es lo que hay que hacer, otra la valentía y otra la manera cobarde en resguardarse en las estadísticas que tienen a bien hacer algunos políticos.

Pues bien. Este gobierno que se supone que tenemos y que antes de la pandemia ya rumoreaba que no iba tener dinero para todo lo que prometía se ha dado cuenta que se han apuntado al paro más de dos millones de personas. No se puede permitir que esa estadística crezca. Así que prohíbe el despido. Como no tiene dinero piensa, en su concepción del mundo anacrónica, que todos los empresarios son Amancio Ortega y decide que sean los empresarios quienes paguen los gastos aunque no puedan facturar nada. Y que paguen los impuestos, porque necesitan dinero de donde sea para ir tapando agujeros. Como mucho que lo paguen a plazos, pero que lo paguen.Y aplican un sesgo ideológico de ricos explotadores capitalistas y pobrecitos los demás sin tener los huevos  de explicar a la ciudadania que cuando salgan de sus casas, deslumbrados por el sol como quien sale de un refugio antiatómico, su salario ( si lo tienen) será del 60%. Y no es que se vayan a hacer ajustes sino que aparte de una pandemia tenemos un virus político que lo hace todo empeorar porque Amancio es probable que no seamos la mayoría. El Banco Santander tampoco, ni siquiera telefónica. El tipo ese que tiene un bar con cinco camareros, el que montó un hotel para la campaña de semana santa con 30 empleados, el que hipotecó su casa para coger una  franquicia de zapatillas deportivas y tiene tres dependientes o el que capitalizó el paro para poder salir adelante con una academia, por poner unos ejemplos, esos se van a la mierda teniendo que pagar por no trabajar y porque esos, que son el 70% de las empresas de este pais, no son Amancio.

Yo siempre he pensado que una empresa con el 10%  de la plantilla es mejor que una empresa muerta. Y se mueren si las matas por ley. La constitución española dice en el artículo 38 que el estado tiene la obligación  de proteger a sus empresas. "Sus empresas" mientras Amazon sigue vendiendo, con el beneplácito gubernamental, lo que algunos no tienen permitido vender y pagando impuestos en Luxemburgo.

Hay que ser valiente y darse cuenta de la realidad en momentos como éste. Y aquí valentía: ninguna. Miran las estadísticas desde sus despachos con el salario íntegro y siguen creyendo que el mundo es ese juego de buenos, machistas y malos en el que creían vivir. Se ponen delante del micrófono diciendo que no pasa nada, que mañana volverá la normalidad, que estamos en el pico. Que hay que hacer un esfuerzo. Yo me esfuerzo, pero no me asesines para salvar tu culo con mis últimas gotas de sangre.

Gracias, como autónomo,  por la nueva ruina. Oigo desde cerca llorar a mis clientes que son, casi todos, luchadores.

Podíamos con el virus pero no sé si podremos sobrevivir a tanta inutilidad que aprovecha la emergencia, como algún ayuntamiento las fiestas con los impuestos, para asesinar a cualquiera que haya soñado con trabajar y crear empleo.

25 de marzo de 2020

Mi vecino: el solidario gracioso.

No sé si alguna vez has estado delante de un tipo que parece que le cae bien a todo el mundo. Ese que es recordado por su buen humor pero a ti no te hace ni puta gracia. Es ese del que intentas escapar cuando te lo encuentras por la calle y el mismo que alguna vez determinó con su presencia si ibas o no a aquel encuentro de colegas. ¿Por qué? Por que no es tu colega. Es un jodido gracioso sin gracia que parece que porque es bajito, calvo, gordo o porque simplemente ha tenido un vida muy complicada hay que hacerle la ola.

Pues bien. Mi vecino de enfrente es ese tipo. Se cree el más cooperativo y el más solidario. Sale con un trombón ( verídico) comprado en Amazon a la hora del aplausómetro y el otro día llegué a pensar que un barco intentaba atracar frente a mi casa. Después, no tranquilo con eso, le da por poner música a todo volumen para animar el barrio y a mi, sinceramente, veinte segundos de reggetón me hacen buscar la escopeta de cañones recortados que no tengo en el fondo de los armarios. No te digo veinte minutos en los que lo más salvable es Rafaella Carrá. Ayer quiso, megáfono en la ventana, jugar al veo veo. Y alguien, alguno de esos que le hacen la ola como si fuera muy gracioso, le seguía el juego. !NO!. No hay que hacer eso porque se viene arriba y quiere organizar su propia actividad de balcón hasta que consiga salir en las noticias de Antena 3 como ejemplo de los estupendos y maravillosos que somos los españoles cuando tenemos que estar en casa. Le estáis dando alas y eso es muy peligroso.

Estoy seguro que hace whatsapp supuestamente graciosos o concienciados que envía a todos sus contactos. Se pone compungido, políticamente correcto, solidario y forofo si hace falta, cada día. Se cree contingente, como un alcalde, cuando ni siquiera es necesario y su mujer está siempre un paso detrás en el salón, algo avergonzada antes de ponerle cara condescendiente cuando él, alegre cual niñato simpaticón más coñazo que una mosca cojonera, la mira diciendo con sus ojos "!qué bueno soy!"

Es el que sale a las 8, cacerolea a las 9 y estoy convencido que los dibujos que hay en los cristales de su casa con rasgos de niño con ceras de plastidecor, los hace él. Por las mañanas quiere ser Eva Nasarre en su balcón. Grita a los que van sin perro y les graba con el móvil sin pensar que pueden ser sanitarios, panaderos o informáticos que intentamos que pueda seguir vivo y gordo enviando sus soplapolleces.
Pero claro, no le puedo decir que es un imbécil de esos que creen que porque le guste algo nos tiene que gustar a los demás y estos días, si le llevas la contraria, eres un italo-asiático enfermo que lo que quiere es matar al barrio.

Más o menos lo mismo que si le dices, en el último chiste, al amigo graciosete que deje de dar por culo con su falta de humor: te excluyen del grupo aunque en la intimidad te reconocen que estan hartitos del muchacho en cuestión.

Y el grupo, como mi barrio en esos momentos, me da vergüenza ajena porque al frente va un gilipollas. Solidario quizá ( aunque lo hace por su propio ego). Gracioso para ti ( porque no tiene ni puta gracia). Pero gilipollas: todo.

Voy a cerrar las ventanas, que empieza el aplausómetro con trombón.

Y yo, sin escopeta.

16 de marzo de 2020

Infectados económicos.

Son noticias de HOY:
Seat: 14812
Burguer King: 14000
Vips: 22000
Caf; 2000
Mercedes: 5000
Nissan: 2500
Cortefiel y Iberostar: numero indefinido

Es decir, que HOY más  de 100.000 personas se quedan con los ingresos reducidos o eliminados.

Sin contar los millones de pequeños empresarios que no pueden facturar pero han de pagar los salarios de sus trabajadores y, por supuesto, los impuestos correspondientes. Esos caerán sin hacer ruido.

No sólo se infecta uno con tos, fiebre y dificultad respiratoria.... hay infectados económicos y esto no se va a arreglar en 14 días.

Espera,que ya hay más.

La cancion es del 2008


Pd: pero tú, que estás en tu casa tocándote los huevos, vas a comprar a Amazon que usa a falsos autónomos (que van por la calle con sus coches particulares hoy) y cotiza en Luxemburgo. A ver si la solidaridad la vemos por algún sitio, que vienen tiempos jodidos. Esto acaba de empezar. Ahora te pides un Glovo, imbécil. Y te enfadas porque no lleva guantes.

15 de marzo de 2020

FOMO, papel higiénico y estupidez global.

Existe un término en ingles denominado FOMO ( Fear Of Missing Out, miedo a perderse algo) que hace que el comportamiento gregario de algunos se lleve a lugares insospechados. Explica, ese comportamiento, la necesidad irracional de muchos en ser una parte más, en hacer cosas que le hagan pertenecer al grupo aunque el grupo haga gilipolleces. Miro el movil por miedo a perderme algo (ahí esta el FOMO) y descubro que compran rollos de papel. 

Algunos psicólogos explican la compra impulsiva de papel higiénico con ese término. Un término que se hace patente en los malditos virales que se propagan más rápidos que los virus donde da igual si es verdad o mentira. Voy a hacer lo que se dice aquí no sea que sea verdad y yo quede como un imbécil. Lo importante es ser un engranaje más para seguir teniendo la sensación de control que da sentirse protegido por la mayoría. Nos encanta, en el victimismo en el que nos gusta refugiarnos, sentirnos también bajo el paraguas de algo más grande al que rendimos pleitesía con algunos de nuestros actos. Si soy una mujer que no es presidenta de un banco diré que es por ser mujer y me iré a una manifestación a gritar proclamas que no pienso para sentirme dentro de un grupo que me defienda porque yo lo valgo ( es un ejemplo). Si soy un independentista digo que me quieren quitar mi identidad nacional con la excusa de una pandemia sin pensar en la soberana tonteria que estoy diciendo. Esto, en realidad, es algo muy parecido a lo de comprar papel higiénico a lo loco.

Y también es muy parecido a seguir cosas simbólicas que no arreglan nada en realidad como aplaudir a los sanitarios o poner cosas de colores en la ventana de mi casa para que los demás sepan bien claro que en el octavo vive un tipo solidario y concienciado ( que ha comprado doce kilos de arroz después de verse seis capítulos de The Walking Dead).
Si algo ha sacado a la luz estas semanas es que estamos repletos de hipócritas en los actos que viven con una máscara de solidaridad grupal que se pasan por el forro de sus genitales en la intimidad.

El FOMO es real y cada vez más fuerte, pero la realidad ( que es lo que realmente importa porque importa lo que hacemos y no lo que decimos) es que buscamos para no perdernos la forma de hacer de nuestro propio egoísmo algo desmesurado. En esta crisis se ve más claro que nunca como a cada uno le interesa solo y exclusivamente su puto culo.

Pero luego te mandan abrazos virtuales por internet negando que tienen la despensa llena. La miran y piensan que ellos son más listos, que se van a salvar cuando lleguen los zombies. No piensan en que te salves tú también. Si eres sanitario te aplauden pero debes estar para ellos si les sale un grano en medio de la histeria colectiva.

Y te ponen una reclamación. Y te hablan de sus derechos como víctimas de tu maldad. Luego van, los cabrones, y te aplauden a las 22:00

A veces pienso que si hay que confinar a la gente en casa es porque la estupidez en la calle es lo que resulta contagioso.

Pd: en "Se que eres un estúpido" se me olvidó el efecto pandemia pero la idea es basicamente la misma

Pd: para el primer comentario: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51893598
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26 de febrero de 2020

El ultimo abuso: mascarillas a 1000€

Voy a intentar ponerme didáctico.

Una de las cositas maravillosas de la nueva economía que tanto nos gusta alabar es el que tenemos la falsa percepción de precios baratos. Esto sucede porque si un martes a las once de la mañana comparas el precio de un Taxi y de un Uber la balanza se inclina por el segundo y , además, te dan una botellita de agua. Quizá pasa lo mismo si vas a Amazon y a la tienda de muebles debajo de tu casa. Ese producto , supuestamente idéntico, es más barato allá que acá. Mira tú que bien, las nuevas maneras de vender han llegado para quedarse. No te cuento si hablamos de los vuelos que varían sus precios cada minuto con algoritmos locos en donde el usuario, en un alarde de intentar ser más listo que la máquina ( que es la pone las reglas del juego)  espera a las cuatro de la mañana del día valle para reservar su asiento de ventanilla.

Pero da la casualidad que hay un día, con un concierto o una alarma, que el Uber se pone por las nubes porque los precios son variables. En San Francisco, donde los Taxis se han ido muriendo poco a poco, los precios no regulados multiplican por dos los precios fijos que establecían las normas previas. Es decir, que a la larga no es más barato, mis pequeños consumidores. Gol.

Así que aparece un virus que ha recorrido más paises ya que Puigdemont y nos volvemos todos locos. Se compran mascarillas y se compran mil millones de mierdas que aunque son bulos, pues me lo compro por si acaso ya que la supervivencia está sobrevalorada. Y Amazon, con sus precios variables para el interés de la economía personal... pone las mascarillas a 1000€. Con dos cojones y un palo. Se acaban los geles de manos en el mercadona y se encuentran subidas de precio del 660% en algunos productos que la histeria popular cree milagrosos.  Vamos a morir todos pero algunos con una buena cuenta corriente gracias a la nueva economía de precios.

Cuando suceden situaciones nuevas es cuando conocemos las taras que nos rodean. Una es el egoismo donde Maria Teresa se va al supermercado para comprar toda el agua que encuentre por si acaso llega la apocalipsis y no sea que su vecino se lo lleve antes. Y sube el precio del agua. Otra son las miserias que hemos ido permitiendo y que con la falsa percepción de "el mejor precio" ahora te golpean en la cara con las consecuencias del libremercado sin que haya nadie que, desde la sociedad o desde los gobiernos, que pongan freno a algo que no es más que abuso. Y no será el último abuso.

Tenemos lo que hemos creado. Hemos creado monstruos.
Y no va a mejor.

14 de febrero de 2020

14_02_2020

Con el amor acabarán los anuncios de amor.

Acabarán con él las apps de amor, y las flores de plástico.

Y sobre todo esa jodida ola de egoísmo y victimismo en el que para el humano medio su culo propio es lo único que importa, en donde la empatía desaparece con la misma falta de educación del que quiere ligarse a la viuda en el entierro y se enfada cuando le dice que no, incapaz de entender que su erección no elige el momento.

Hay quien cree que el amor es como uno de esos mensajes de móvil un sábado a la una de la mañana: salido, martilleante, obsceno y pueril.  Es solamente un grito buscando tapar la soledad para no pensar en ella. Es un síntoma pero casi nunca es el amor.
Si lo tenéis, enhorabuena cabrones. Si no es así, está el mercado repleto de gente con mochilas incapaz de verse la espalda.

Pd:
“Nunca amamos a nadie: amamos, solo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos”. F. Pessoa

11 de febrero de 2020

Ultraneomachota

Existen millones de teorías que determinan que la sociedad es tremendamente permeable, que una mentira no se convierte en verdad repitiéndola mil veces pero que sí que hace un  poco de poso y que ese poso, al haberlo asimilado con lo que se supone que es cierto, termina modificando algunos de los comportamientos globales.

Cuando uno de esos comportamientos se convierten  en legión resulta una infamia contrariarlos y aunque en la intimidad más de uno fomenta el desvío de impuestos de grandes compañías y la explotación infantil, públicamente somos más papistas que el papa y nos rasgamos las vestiduras por las insolidaridades de los demás.

Una de las ideas que se repiten como metralletas incesantes es aquella en la que todas las mujeres son buenas, todos los hombres unos machistas en potencia y si ella se tropieza con una baldosa suelta al bajar a por el pan el problema reside en que fue un hombre quien hizo esa acera. Hay, y ahora puede venir cualquiera de la revista pikara a acuchillarme, una pasada de frenada algo excesiva en donde se ha llegado a considerar como justificadas las acciones indénticas hacia el hombre que supusieron un menosprecio social a la mujer hace un siglo. Si hay un hombre muerto en casa y una mujer con un cuchillo es, por defecto, defensa propia. Son esas cositas que explican de una manera curiosa a mono de revanchismo los desmanes del lado que fue un injusto perdedor. Matar nazis no es matar porque ellos eran muy malos.

Como la vida es la que es y de la misma forma que en los 80 las películas con niños se pusieron de moda, la industria del entretenimiento, permeable como todas si huele la carnaza de la recaudación, se apremia a encargar historias que deben,  obligatoriamente, disponer de elementos acordes con la ametralladora de lo correcto. Entonces cogen Cazafantasmas y hacen ese bodrio infumable de Cazafantasmas ( la del 2016) donde una gorda, un pibón incomprendido, una tia muy lista y una loca han de salvar el mundo. En las películas de niños estaba el gordo, el guapo, el chino listo y el gracioso. Ninguna diferencia. Me imagino a un directivo exigiendo los personajes al guionista con cara de haber descubierto, él solo, el santo grial. Hace poco se estrenó Aves de Presa, con poco éxito comercial, donde Harley Quinn hace una llamada a las mujeres del mundo para apalizar, sin ningún miramiento y de una forma bellamente coreografiada, a todos los hombres que vean porque, según he leído, no hay ni uno bueno en todo el telefilm. Y eso mola porque ya sabemos que todos , absolutamente todos los hombres lo único que deseamos es violar, degradar, subyugar y violentar a las mujeres. Yo hoy aún no lo he hecho pero tengo toda la tarde.

Han pasado a juicio una demanda del ministerio de igualdad ( ese en el que no se contratan hombres y donde una de las que mandan dice cositas así) contra una cadena de gimnasios por denigrar a la mujer en su publicidad ya que va en shorts. Y, mira tú, está de puta madre ese en el que unas mujeres se relamen de gusto al ver un obrero cachas de la construcción o aquel en el que ella le baja el calzoncillo sobre una barca en un paraíso. Alguien ha denunciado a la película 1917 porque no salen mujeres ni negros. Claro está, ya sabemos que en el frente europeo de la primera guerra mundial había muchas mujeres y muchos negros ( sale uno al final llevando una camilla). "Venga"- dirá el próximo directivo- "hagamos un biopic de los beatles pero pongamos un Ringo negro, un Lennon mujer, un Harrison gordo y Paul... bueno a Paul déjale como está".

Todo esto suena tremendamente loco pero,sinceramente, es lo que es. Y es así. Podemos pensar que ese grupo de gilipolleces que nos bombardean no nos afectan pero empiezan a aparecer resultados y resulta que hay un reality donde una pandilla de poco desarrollados intelectualmente pero físicamente interesantes ponen a prueba su amor y son las mujeres las que son infieles a sus parejas mientras ellos tienen miedo a lo que puedan decir o hacer rodeados de lagartas con prima contractual si logran llevarlos a la cama. Y ellas, cuando son cuestionadas, no se sienten culpables porque los hombres han engañado mucho históricamente. A ver si ahora voy a llevar yo los cuernos por lo que le hizo mi tatarabuelo a tu tatarabuela. Quizá es el fin de las relaciones.

Con ello lo único que quiero decir es que una mentira o una exageración nos está llevando a lugares incorrectos. Muy incorrectos. Tan incorrectos como de los que veníamos. Más de una mujer empieza a decir, en privado eso sí, que se niega a ser un ultraneomachota como le piden sus contemporáneas más gritonas.

Porque la gilipollez no tiene sexo ni ideología. A ver si la igualdad va a ser la desigualdad contraria.



ACLARACION A LO ANTERIOR:

Probablemente haya algo más en todo esto y lo que yo cuento solamente de soslayo pueda resumirse en la utilización infame que hacen demasiados medios para lanzar ideas que nos hacen sentir nada culpables con nuestros actos. Hay un anuncio de Audi en el que ella, Julieta moderna, abandona a su Romeo porque le sale del coño y porque tiene todo el derecho a sentirse libre aunque le deje abandonado como un puto perro. Así que se va, blasón en mano, poniendo su culo en el asiento de su flamante auto. Y el mensaje es precisamente ese: lo único que importa es tu culo.

Ese es un mensaje que cala profundamente en esta sociedad plagada de insatisfacciones y que necesita alimentar el victimismo hasta el odio por el contrario. y ese contrario puede ser España, los hombres, los ricos, Trump, el comunismo, la pareja que no es perfecta o los ganadores de los Grammy latinos.

Quizá, solo quizá, el feminismo excesivo sea uno de esos ejemplos pero sí que es cierto que, si buscamos, hay muchos más que llegan a límites irracionales en todos y cada uno de sus casos.

El origen es el alimento del ego, del propio egoísmo y de la falta de asunción de culpa personal que hace el ciudadano medio. Si la culpa de lo que nos pasa es exclusivamente responsabilidad de otro recibo un mensaje que me calma y que me hace asociar ese producto con mi tranquilidad.

Así que te venden coches, te ponen personajes en las películas y te bombardean con tu nula responsabilidad personal para reducir al mínimo tu empatía con los demás.

Y cuando nos lo creemos, si eso, nos volvemos gilipollas.

Y pasa lo de arriba.

28 de enero de 2020

El efecto Rashomon

Con el nombre de una película de Kurosawa el efecto Rashomon viene a explicar que el mismo hecho, sin incluir ningún dato falso pero explicado por tres personas diferentes da lugar a tres historias distintas.

En realidad, buscando una explicación a algo absolutamente cierto, se presupone que el cerebro humano vive ansioso por encontrar lógica a lo que sucede y que, en virtud de localizar una respuesta que le haga quedar en paz con lo que es capaz de recordar, adecúa esos elementos ciertos en un discurso que tenga sentido, al menos, para el individuo que lo narra.

El Homo Narrador, lo llaman.

Cada día o al menos con este exceso de información que nos abruma resulta más obvio. Se cogen unas estadísticas y se saca el dato que nos interesa para establecer un discurso en el que nuestra concepción previa y nosotros mismos quedemos, literalmente, a salvo de críticas.

Hasta hace poco mi teoría básica se basaba en el desconocimiento de la realidad de los demás. Es decir, que si no has sido autónomo en tu puta vida con las deudas persiguiendo tu culo y dos empleados de baja es imposible que puedas solucionar un puto problema de los de verdad porque crees que todas las empresas son Amazon. (va por este inútil) Y el problema no es que sea un inútil sino que su visión de la realidad es la que es y se le ha olvidado que hay más realidades que personas. Recuerdo un estudio que hicieron hace muchos años en un pueblo escondido de Uzbequistan donde las respuestas de las gentes eran acordes con la realidad que conocían y no con la realidad global. No es que fueran más tontas sino que lo que viven es lo que determina su respuesta. Para los adolescentes que han sido criados en la sobreprotección infinita y económica de sus familias mancharse las manos no es una opción. Para quien ha sido educado en que la culpa siempre es de otro resulta complicado aceptar la responsabilidad personal.

De esta influencia brutal del universo que nos creemos como verdadero, obviamente, habrá un poco.

Pero también existe ese efecto Rashomon en el que, una vez consumados los hechos, necesitamos explicarlos acorde con lo que nos viene bien y, sobre todo, nos deja en buen lugar.

La mente y sobre todo esa manera que tiene de ir modificando los recuerdos, procura dejarnos bien cuando hay que contar la historia. Contar cómo nos arruinamos o cómo nos dejó aquella mujer. Contar cómo en ese accidente el otro venía como un loco. Explicar, razonadamente en una consecución de silogismos, la concatenación de circunstancias que nos llevaron de A hasta B. Y que ella lo cuente, desde los mismos datos, a lo largo de una historia que parece otra es un ejemplo de que este efecto es cierto.

En el ejemplo anterior: Probablemente su universo está lleno de hombres desagradecidos pero no miente cuando lo narra. Yo tampoco cuando lo cuento. Para ella soy el malo. Para mi, simplemente, me dejó marchar.
Por mi parte he de admitir que siempre borro los chats. Es una manía. La literalidad, como las hemerotecas, suele ser demasiado fría y carece de detalles. Creo que el recuerdo es capaz de filtrarlo todo y hacerlo suave. Es más, acepto como cierto que el regusto de una conversación es mucho más cierta que las palabras que se emplearon para ello. Aunque soy consciente que me quedo con lo que no me hace tanto daño y que parecerá una historia diferente si lo cuentas tú, sigo borrando los chats.

La memoria nos protege más de lo que pensamos. El homo narrador se cuida de sus fantasmas creando historias a medida.

24 de enero de 2020

Apocalipsis Zombien en "El Caso"

Tenemos el Coronavirus y parece que nos gustan las noticias de un mundo apocalíptico. Nos creemos esos bulos de gente muriéndose por la calle ( que si nos dicen que son rusos juraremos que están hasta arriba de vodka) y vivimos pensando que la destrucción zombie está mucho más cerca. ( Gran momento para recordar Zombieland, pero la primera)
Pero, si echamos la mirada muy poco más atrás, tuvimos el ébola en Alcorcón. Tuvimos a las vacas locas. La gripe A y aquello de la carne mechada que mataba a las señoras de 90 años y provocó algún aborto. No digo que no haya nadie que se haya muerto de comer carne mechada o que la gripe mate a unos cuantos cada año pero no nos hemos ido a la mierda después de vivir todo eso e incluso lo de la colza.

Vamos, que me pregunto si acaso necesitamos, cíclicamente, alguna que otra alerta sanitaria mundial.

De la misma forma que todas las tormentas son las más virulentas desde que hay registros y todas las sequías las más dramáticas. De la misma forma que los índices (de lo que sea) siempre son los mayores o menores jamás recordados y ponen a un señor mayor diciendo que nunca vio nada así.

Hoy en día todo es lo más o lo menos  pero nadie dice que en invierno, pues llueve y hace frío.
Nadie dice que la gente, a veces, se muere de gripe.

"Va a ser la ruina", "Los ricos más ricos que nunca", "Los infectados caen en las calles", "La mayor alerta mundial desde que se tienen registros"

Todo empieza a ser una apocalipsis zombie que nunca llega, excepto a la prensa que cada vez se parece más a "El Caso".

En un libro de próxima publicación dice que lo que nos altera de la muerte es la personalización de la misma, que si las noticias cuentan que se han muerto cien indios y un dentista de Burgos, nos sentimos identificados con el dentista. ¿Sabes? Se han muerto 25 chinos. La prensa está llamando a todos los tipos de burgos que viven en Asia. Periodismo del bueno.

16 de enero de 2020

Inexistente ordinariez.

La vida es, por definición, ordinaria.

Esta expresión, en manos de un comunista de esos que tienen Netflix y piden cosas por Amazon mientras esperan un Deliveroo, es casi una amenaza a su propia integridad moral. Conozco a quien ponía la mítica persecución de Bullit por San Francisco y decía sentir asco de ver humear al Mustang V8 de Steve Mcqueen. Se compró un Tesla hace unos meses y alardea de su adquisición como si estuviera moralmente por encima de cualquiera que lleve un Seat Panda. Y es que, claro, contaminas porque quieres, cabrón. El medio ambiente bien merece que aflojes unas decenas de miles de euros y hagas cola en los supercargadores. Hay que ver la insolidaridad de algunos.
Probablemente no haya maldad, lo digo en serio. Solamente una concepción de la realidad que incluye, exclusivamente, aquella que es capaz de ver. Viene a ser esa conversación entre un funcionario y un autónomo en la que el primero, al verle las ojeras al otro, le dice que es muy fácil: "cógete una baja". El cerebro es incapaz de enviar esa señal en la que las bajas no existen en el mundo de los otros. Quiero pensar que la empatía en lo primero que se pierde, cual daño colateral, con el estado del bienestar. No la empatía con el protagonista de la nueva serie de moda sino la que se tiene con el vecino o con el compañero. O con el tipo que lleva 10 horas en una tienda y al que exiges tus derechos cuando llegas dos minutos antes de cerrar con ganas de charla.
Obviamente queremos, deseamos (porque querer y desear aunque se solapan y se parecen no son exactamente lo mismo) una vida de amor y felicidad en chalet con piscina y jardín por el que correteen, felices, nuestros hijos sanos. De la misma forma que nos imaginamos a nuestra pareja limpia y perfumada, sonriente y con la palabra adecuada en cada momento. El coche limpio y con más de medio depósito ( o media carga). El día, soleado. El pan, crujiente por fuera y esponjoso por dentro. La temperatura: 24 grados. La conexión a Internet veloz como speedy gonzalez. Las noticias:  todas felices.

Pero no es así, sobre todo si lo esperamos como el maná que ha de llegar.

Así que cuando no llega, cuando es un apartamento con humedades, el pan está duro, hace frío o simplemente ella ronca más que tú ( que eres imperfectísimo), la frustración se hace fuerte en tu cabeza. Curiosamente existe un estudio reciente que afirma que edad de mayor infelicidad, en los países supuestamente desarrollados,  se encuentra a los 48 años porque a esa edad las personas se dan cuenta que ya no van a ser estrellas del rock o presidentes de su país. A esa edad la vida se descubre ordinaria,  porque lo es, independientemente de que llegue el gilipollas de turno que quiere creer de si mismo que es perfecto, a decirte que si no es así solamente es consecuencia de no haberlo deseado con la suficiente intensidad. Y después se va, ufano, a limpiar las mierdas de su perro, oler los pedos de su pareja y pegarse con la irreverente estupidez de la adolescencia de alguno de sus hijos.
Existen quienes quieren legislar (supongo que con toda su buena fe y ningún ánimo revanchista) creyendo que el mundo es como ellos lo han vivido y negando que en su intimidad hay ordinariez como la de los demás. Creen que los que suponen buenos son muy buenos y los demás , demasiado malos. Nos llega un periodo de leyes estadisticamente demostrables. También hay un buen montón de relaciones que no dan cancha a la naturaleza humana. "Trátame con corrección y con  cariño. Dime cosas bonitas y llévame a ver el mar cuando llegan los atardeceres". Debería, en mi teórica relación perfecta, haber un lugar para ponerse sincero, para llorar, para decir al oído que tienes ganas de follar, para pedir ayuda sabiendo que tus debilidades no se volverán en tu contra,  para hacer chistes malos y para sorprender apareciendo mientras sientes que respetan tus espacios. Y equivocarse. Y acertar. "Tú quieres corrección controlada"- respondí, sabiendo que algo estaba herido de muerte porque si la decía lo que deseaba contra la pared me iba a acusar de obsceno ( como si eso fuera malo).

A veces recuerdo con íntima excitación a una mujer que se empeñó en follar con unos horrendos calcetines puestos. No follamos pero nos reímos y tuvimos más intimidad que cientos de matrimonios de larga duración. ¿Por qué? . Porque fuimos ordinarios juntos.

No podemos, bajo ningún concepto, olvidarnos que la vida es así, que hay un porcentaje enorme de egoístas y que hay estadísticas capaces de afirmar lo que creemos y lo contrario. Que no hay alguien bueno siempre ni malo a todas horas. Que no existe la vida perfecta y que por eso es vida, aunque jode descubrir que por mucho que nos esforcemos, siempre es ordinaria.

13 de enero de 2020

La etiqueta, los sacos y los hechos

Llevamos unos años viviendo en un lugar donde se aspira a triunfos absurdos y likes de nada con  seguidores que no te aclaman, que ni siquiera te valoran por lo que eres sino por lo que parece que eres, por el simbolismo del pin en la solapa cuando juras el cargo más que por lo que haces o que ni siquiera has llegado a pensar en hacer. Hacer es secundario cuando ya te han metido en un saco. No me gusta que me metan en sacos, tampoco que me restrieguen cosas por la cara (excepto si son tetas, pero es eso otro tema). "Los hombres sois así"- se suele decir como argumento determinante como si por encima de todo existiera una determinación genética que pudiera contra las buenas intenciones. Y es que se suele referir a consideraciones dolorosas. "Los catalanes son avaros"- y eso impide ser catalán y filántropo. "Los ricos evaden  impuestos"- y ahí está un rico pagando un irpf descomunal sin decir ni pío. "Los andaluces, vagos"- y eso deja en mal lugar a todos los sevillanos que madrugan. Son ejemplos de sacos en los que metemos a las mayorías que no somos nosotros. Porque nosotros, cada uno de nosotros, somos seres únicos si se nos pregunta.

Es la individualidad personal y la generalidad ajena.

Hemos aprendido a despreciar la personalidad de los demás pero exigir, con furibunda cólera, que se respeten nuestras decisiones personales.

"No lo puedes entender"- me dijeron una vez- "porque no has tenido que estar con tus padres buscando en los cubos de los restos que tiran los supermercados". Esa frase tiene varios elementos: el desprecio por mi capacidad de empatía y la dramática situación que parece contrastar con las langostas que cenábamos los martes ( nótese la ironía) en mi casa de obreros con  algo más de suerte. Pero yo estaba en un saco metido y no me había dado cuenta.

Existe quien exagera sus dramas de una manera extrema y exige pensar si acaso puede llegar a ser cierto. Me recuerda a esa familia que pagaba 1000€  por un alquiler de un piso ( 140 m) en una buena zona de Barcelona e Irene acusó a la dueña de ser una explotadora deshauciadora por querer cobrarles 300€ menos de lo que se paga habitualmente ahí. Era un drama vivir por debajo de precio de mercado en el centro. Reconozco que hay quien no se queja y tiene dramas de verdad pero quizá , si no se cuenta, no existe. Esperanza Aguirre no llegaba a fin de mes, una pena.

El caso es que importa el símbolo en el que te regodeas , el pin que llevas en la solapa, los dramas que me vendas y el saco en el que te metan.

Y todo eso no es nada porque no es verdad. Exactamente lo mismo que aspirar a tener muchos seguidores en instagram. Aspirar a nada y llegar a esa aspiración que no significa nada. Quizá estamos adorando a dioses que no hacen nada y condenando al infierno a inocentes porque necesitamos llenar los sacos de odio. No importa si hacen algo, si es verdad, si el drama es cierto.

Importa más la etiqueta que los hechos.

8 de enero de 2020

¿Hay alguien brillante ahí fuera?

¿Hay alguien brillante ahí fuera?

Y tras esa pregunta suena Paris, Texas, como si fuera un sonido que lleva al vacío absoluto.

Una de las nuevas revoluciones sociales es el triunfo de lo mediocre. Quizá porque nos dan miedo los que son mejores que nosotros en todo y nos hemos empeñado en destruirlos para poder sentir que estamos por encima de la media. Podríamos buscar ejemplos. Personalmente me gusta la historia de Saab. Esta empresa se dedicaba a hacer motores de aviones y coches. En realidad sus esfuerzos eran absolutamente de calidad y se les olvidaba esa cosa tan moderna que es saber vender. Perdieron dinero 17 años seguidos y por eso estaban al borde de la muerte. Entonces llegó GM y les dieron una oportunidad. También les dieron la base del Focus y les pidieron que hicieran un coche con ello. Si no me equivoco fue el Saab 9-5 que era, de lejos,  mucho mejor que el Focus. También un poco más caro y GM, envidiosa y anormalmente altiva, les dejó morir. No podía permitir que una banda de suecos hiciera un coche mejor que el suyo.

Conozco a alguien que solamente se siente atraído por personas que son, aparentemente, más tontas que él.

Conozco, y eso es una consideración que podemos hacerla extensiva al entorno público, a quien se empeña en destruir todo lo que le supera aunque sea de una manera irracional. De ahí viene eso de que todos los ricos son unos hijos de puta ( que los habrá y también quien se lo merezca). De ahí viene aquello de pensar que si alguien triunfa en algo es porque se acostó con alguien o tiene un padrino de valor. Lo de que realmente sea válido es una opción secundaria. Se darán casos aunque no sean el de Leiva o el de Melendi, que viven tan bien como Belen Esteban sin arriesgar lo más mínimo. ¿Es arriesgar un síntoma de brillantez? Buena pregunta. Marc Parrot podría contar algo sobre eso.

Una de las cosas que nos vende el cine es el papel del brillante solitario atormentado que saca al héroe de sus problemas. No sé, Kevin Smith haciendo de Warlock en La Jungla 4. Es alguien que, como Doc en Regreso al Futuro y para los que no recuerden La Jungla 4, vive en su brillantez y en su soledad sin querer acercarse demasiado al mundo real porque sabe que le cortarán las piernas. Quizá por eso los malos suelen ser más brillantes que los buenos, porque las piernas las intentan cortar ellos o porque siempre hay un resquemos absoluto con la sociedad que no les supo valorar y a la que destruyen como si fuera esa, al estilo Skynet o Thanos, su única forma de redención.

Vivimos en un mundo en el que El dilema del Prisionero nos persigue. Ahí, en un determinado caso, en vez de ganar todos terminamos jodiendo a los demás aunque vaya en nuestra contra. Vamos, que ya que me voy a joder, me llevo por delante lo que haga falta. Nos vale para las trabas políticas y para las tramas que se dan en los trabajos donde a uno no le importa el bienestar de sus compañeros o la subsistencia de la empresa. Hagamos una huelga destructiva. Rompamos escaparates. Quememos contenedores aunque sean a los que baja la basura la abuela de nuestro vecino. No suena a actuaciones brillantes pero si alguien avisa que es una tontería, le queman a él. Si no estás de acuerdo con Pdro, eres un franquista. Si estás de acuerdo, eres de Eta.

Lo curioso de todo esto es que la brillantez se ubica en un lugar en el que se reciben bofetadas desde todos los sitios. Y si alguien es realmente brillante, se esconderá excepto si es masoquista. No hay hombres (y mujeres) del renacimiento ni grandes pensadores ahí fuera. No hay.

La brillantez es el nuevo racismo. Matemos al mejor, excepto si es futbolista.

4 de enero de 2020

Quaoar (Tough Guy)

Podrían ser de Arkansas pero son de Bilbao.


Titulos inventados.

Hace unos años, no demasiados pero sí los suficientes, uno de mis profesores de la universidad nos indicó que para el examen podíamos llevar lo que quisiéramos. A saber: apuntes, calculadoras, libros, a nuestro abuelo... porque lo que nos iba a hacer era proponer un problema que debíamos de solucionar en un tiempo determinado. -Esa será su función en el trabajo- decía- Solucionar problemas con los medios a su alcance-. Y tenía razón. He de reconocer que aquel examen no lo superamos ninguno.

Aquellos años, que no digo que fuera hace demasiado tiempo pero sí a finales de los ochenta, todavía intentaban generar productos y profesionales de calidad más allá que la mera apariencia. Los coches debían ser duraderos y los ingenieros que los diseñaban resolutivos. Desde mi punto de vista esos hitos en la ingeniería no han sido superados con el paso de los años. Las soluciones de aquellos tiempos, fijémonos en el Boeing 747 en su concepción, han sido retocadas pero no sustituidas. Los vehículos tienen más luces y se sincronizan con el teléfono pero un Seat 124 1430 tiene una durabilidad que jamás tendrá un jodido Tesla. Es decir: se fabrica de una manera más limpia y mucho más atractiva  pero el marketing, la satisfacción a corto plazo y la apariencia están por encima de la rentabilidad para el cliente final que es el que paga por el coche. De informática, que de eso sé un poco, mejor ni lo cuento.

Hoy en día lo que importa no es la calidad sino decir que "hago cosas". Incluso a alguno se le llena la boca con los títulos que tiene, porque en España los títulos resultan algo facilones, pero luego no sabe hacer nada de nada. Es decir: antes el título significaba que se sabia de algo y ahora no le veo esa correspondencia. Lo importante no es, pongamos un ejemplo, conocer la historia de Jerusalem sino haber estado en Jerusalem aunque lo hayas estado borracho persiguiendo a una judía que te dio calabazas. Da lo mismo. Da exactamente igual tener un 9 en resistencia de materiales de cuarto que haber aprobado en quinta convocatoria con un 5. Y no, no da lo mismo. Uno es un ingeniero sospechoso y otro uno de verdad. Como no da lo mismo ser presidente por un voto que ser presidente con una mayoría sostenible.

Y estamos en una situación en la que, por ejemplo, Belen Esteban dice que es escritora, porque ha salido su cara en la portada de un libro. Tertulianos juran que son periodistas ( yo he escrito en un periódico y mira tú). Youtubers afirman ser expertos en tecnología o Greta experta en cambio climático.

Esto no sería un problema si se quedaran en anécdotas pero resulta que, por alguna estúpida razón, se les da más pávulo que a profesionales que se han preocupado en formarse.

Soy de esos que siguen creyendo que es mejor saber que tener un título y, por supuesto, más que uno inventado.

Porque la vida consiste en solucionar problemas y los incompetentes se caracterizan no por no solucionarlos, sino llevarlos a peor.



Fdo: Yo ( Ingeniero Industrial, Experto en sistemas, Periodista, Locutor, Deportista, Contable, Gerente, Gestor de equipos, Comunicador, Presentador, Profesor, Piloto, Catador de vinos y amante) ( Todo Cum laude)

1 de enero de 2020

Volver

Empezar un año es una especie de intención de Volver a algun lugar que parezca casa. ( O encontrarlo)

26 de diciembre de 2019

Navidad: tomas de temperatura amistosa

Siempre he pensado que la manera de felicitar la navidad, así como las fechas señaladas, tiene mucho que ver con quien lo hace. Si envía algo del tipo "que tu familia y la felicidad de estas fiestas inunden tu corazón" es un mierda sin gracia. Si te manda el mismo meme que recibiste cien veces y que ademas aparece al final del informativo como un referente de lo moderno y simpático que es nuestro pais, es un sinsorgo. Si te manda algo que solamente podeis entender esa persona y tú las cosas empiezan a parecer próximas. Si llama por teléfono, en estos tiempos de contacto bidireccional escaso, la situación mejora. Si aparece con un abrazo, joder, es alguien importante.

Pero, oh cielos, eso pone el foco siempre en el otro como si uno no fuera parte de la ecuación.

Así que empiezo a creer que no es la mierda que te manden, aunque hay personas que son siesas hasta en el amor más profundo, sino del tipo de interacción que se genera entre ambos. Por eso creo que la navidad, así como las fechas señaladas, son un termómetro del estado en el que la amistad se encuentra entre esa otra persona y tu.

Como caso más asquerosamente flagrante se encuentran esas antiguas novias, posibles o amantes, que no responden a los mensajes. Incluso alguna me tiene bloqueado cuando, en el caso particular, quien resultó sexualmente popular para el sexo opuesto no fui yo. Detallitos aparte resulta de una decepción importante descubrir que quien, por lo que fuera, tiene marcado a fuego un camerino en los entresijos del vodevil de tu propia vida ha abandonado el teatro. Hay quien responde con estupor y por educación aunque se ve, entre las lineas, lo innecesario de recordar que estas vivo. Hay quien cree que una felicitación es lo mismo que pedir algo, y no lo es. Hay quien te felicita con un regusto a los buenos momentos que tuvimos juntos sin ninguna obligación a repetirlos pero con un poso amistoso que hace sentir parecido a un abrazo de los de verdad. No me refiero a amantes porque vale para amigos, quienes creímos amigos o solamente quien alguna vez pasó por delante. La vida nos da estímulos, amistades, momentos, canciones o películas que nos afectan de una manera muy diferente dependiendo del momento en el que nos encuentren y cuando dos personas coinciden siempre vienen por caminos distintos. Tu pudiste ser para mi algo mejor, peor o casual como el anteúltimo vino de un martes.

Pero da rabia descubrir que cuando miramos al pasado lo vemos de otro color. A veces uno se siente mal por no ser lo amistoso que se le necesita. A veces uno se siente solo esperando que esté ahí, aunque solo sea para recordar lo que nos unió. A veces da rabia no acertar el momento en el que me convertí en el enemigo.

Hay momentos en los que se puede medir. Las felicitaciones de navidad son un buen termómetro que congela si está frío y abriga como una chimenea si da calor.

La realidad es que las sorpresas amables y reconfortantes son muchas más que las cabronas, pero las hay. Y es culpa de los dos. Acepto el 51% de los motivos por los que no nos hemos felicitado las fiestas (o lo hicimos de manera impersonal).

Y que el amor inunde tu corazón esta navidad. Reenviar.