Mal dia para buscar

9 de octubre de 2016

La ordinariez de la vida.

Un día se tiene un sueño. Todos hemos tenido sueños. Conozco a quien soñó con tener un restaurante, una empresa o una amiga, amante y esposa. Hay incluso quien soñó con tener hijos perfectos a los que enseñar a montar en bicicleta corriendo a su lado y viviendo el momento maravilloso en el que ya no se sujeta el sillín y se sonríe diciendo eso de "ahora vas sola" dejando que siga su camino frenando la carrera propia para verla alejarse con orgullo. Son partes de anuncios.

Un día alguno de esos sueños se convierte en verdad y se hace una carta con los productos del menú. Se pone el cartel luminoso. Se sirven las mesas y entonces se sale el agua del water porque un cliente insolidario, cerdo y miserable, ha hecho una bola con papel higiénico y atrancó las cañerías. Entonces, en ese preciso instante, en ese momento en el que aparecen partes que no estaban en el sueño, es cuando se empieza a sentir la ordinariez de la vida.

A veces la realidad aparece en lugares insospechados: en impuestos indirectos, en gatillazos incomprensibles. "Todas esas mujeres parecen maravillosas"- le dice- "pero son fantasías. Siempre parecen maravillosas porque no hay ningún problema o problemas absurdos. Pero cuando llego a casa tú y yo tenemos problemas de verdad. Me he dado cuenta que estoy harto de fantasía. Me he cansado de todo lo demás pero no me canso de tí". Esa es la declaración y la aceptación de las partes más ordinarias del sueño pero las películas no cuentan nunca qué es lo que sucede después porque necesitan de unos finales felices. Se puede verbalizar pero no es tan fácil enfrentarse a las promesas.

Los sueños y los guiones son como las modelos de las revistas: sabes que también tienen granos y que se sientan en el baño pero no eres capaz de imaginarlas así.

Hemos querido querer de una forma incontrolada. Hemos querido prometer amor y comprensión, fidelidad y compañía. Logística amatoria irrefrenable. Lo hemos querido de verdad. Funcionó unos días, unos meses. A veces hasta unos años. Entonces, una tarde, encontramos una grieta. Tenía la forma de un desencuentro o de una debilidad. Tenía la forma de una cicatriz mal curada en el corazón. Tenía la voz de un amante idealizado (del otro) o de un miedo escondido de esos que se llevan debajo de la coraza. Empezamos a rascarlo, a hacerlo crecer, a convertirlo en una obsesión o en un recurso para escondernos. En realidad no era importante porque las discusiones siempre son por excusas y las peleas son lugares en los que pierden todos. A veces hemos querido querer por encima de nuestras promesas o, a veces, simplemente era imposible pero eso no entraba en el sueño.

No entra en el sueño que la luz de la ventana no deje ver el televisor, que la wifi vaya lenta o que haya que poner gasolina al coche. Eso no sale en los anuncios. No aparecen los fracasos ni los reveses. No hay eternos días de lluvia con nadie esperando al llegar a casa. "Yo le quería contar la verdad por amarga que fuera. Contarle que el universo era más ancho que sus caderas. Le dibujaba un mundo real, no uno color de rosa. Pero ella prefería escuchar mentiras piadosas"- cantaba sabina en el último disco que sonaba a verdad.

Tampoco es todo un asco y un saco putrefacto de obstáculos que se empeñe en zancadillearnos a diario. No es blanco o negro. No es negro. Casi siempre es gris. Queremos jugar al juego de las expectativas hasta que nos topamos con la verdad y entonces, como auténticos cobardes, buscamos expectativas nuevas o nos escondemos en casa esperando que alguien venga a salvarnos. Hemos aprendido con demasiada facilidad que nos merecemos que nos quieran, jugar hasta morirnos, disfrutar de la vida a cada instante y se nos olvidó que hay más de una vez en la que es necesario ponerse serio, hacer un plan de trabajo, marcar unos objetivos y disfrutar del camino que nos lleve hasta las medallas sobrellevando los sinsabores del entrenamiento y mirando como crecemos aunque nos crezcan los enanos.

El carpe diem es la falacia más infantil que algunos se empeñan en llevarse a la tumba y que sigue funcionando en las películas, en los anuncios y en el principio de las relaciones muertas.

Algunos políticos amantes empresarios padres humanos han soñado con hacer grandes cosas y un día tuvieron que elegir en algo malo y algo peor. Y no supieron. Simplemente no estaban preparados para la ordinariez de la vida. No estaba en las premisas.

1 comentario:

Alberto Secades dijo...

Un día comprendí que si debo tomar una decisión importante y hago una lista con dos columnas ("pros" y "contras"), cuando al terminar de hacerla en la columna del "pro" sólo hay uno, indefinido ("¿por qué no?"), y en la columna de los "contras" hay muchos, demasiados, pero todos definidos en exceso, la única decisión válida, aunque insensata, sea decir "SÍ".

Quizá.