Nora y Pedro tuvieron un hijo. El niño les salió ruidoso, revoltoso, desordenado, obstinado y cabezón. Como no era perfecto y ellos están convencidos que sí que lo son, aunque él tiene una napia digna de mención egipcia, le llevaron al médico. El médico no podía decirles que no veía nada extraño en aquella infancia, así que les dijo muy serio que el niño tenia TDH. Les recetó unas pastillas que le dejan un poco colocado pero la anestesia se puede interpretar como equilibrio y, de esa forma, volvería tener clientes con más hijos infantiles. Ahora, cuando se les pasa darle la medicación y el niño vuelve a ser un niño, lo graban en video y han creado una comunidad en internet titulada "Vivir con TDH". Es la manera más estupenda de monetizar la infancia. Tú y yo sabemos que el niño será niño, tal y como están las cosas, hasta los 30. Que un día le pillarán tocándose, que otro vendrá borracho, que se echará una novia y la novia le dejará, que unos estudios aprobará y otros no, que se creerá el rey del mambo sobre los 18 y que no llegará a jugar en primera división. De todo eso habrá dramas, highlihgts y shorts. Y si alguien se atreve a decirles que no hay nada de excepcional, lanzarán odio gritando que lo que pasa es que eres un nazi intolerante con los pobres niños con enfermedades raras.
Y lo raro que hay en ello es que son tres niños. Con más de un millón de seguidores. Nora y Pedro han dejado de trabajar para vivir del contenido. En el fondo necesitan que el niño sea satanás hasta que les llegue para el chalet con piscina.
Cada vez hay más contenido cargado de drama que consiste en adultos llorando por cosas que nos han pasado a todos. No sé, que te has quedado sin leche para desayunar o que el coche se lo ha llevado la grúa. No digamos aún a quienes lloran porque el outfit del festi no les queda bien. He visto a gente con una camiseta gastada de Los Porretas pasándoselo pirata en una verbena de pueblo, pero eso parece el pasado.
Bienvenidos al futuro ( que no es de Los Porretas, pero suena parecido)
Disfruto del balompié mucho más con el análisis de lo que le rodea que con el evento en si mismo. Supongo que será un gen de mi madre, que solamente le gusta si es que se pegan. No sé si viene porque a mi padre adoraba el boxeo, aunque también era del Madrid. El caso es que lo que engancha casi siempre es lo épico.
Y no tiene que ser solamente el fútbol sino cualquier otra cosa. A veces, en un concierto, parece que lo que importa es irradiar la exageración emocional del momento muy por encima del evento musical. Ya lo hacía Pink Floyd hinchando unos cerdos gigantes sin aviso en medio de alguna canción mientras el señor Gilmour te llevaba a cielo con su guitarra. Pero ¿por qué todo ha de ser épico?. ¿Qué jodida necesidad satisface el ser humano con esa exaltación continua del momento exigiendo que sea siempre máximo y único?. ¿Cuando todas las películas parecen tener la música de John Williams?.
Si la vida fuera siempre épica estarías muerto de un infarto antes de la hora de comer. No se puede, por definición, desayunar épico, lavarte los diente épico, ir al trabajo épico, trabajar épico, comer como si fuera la quinta esencia, hablar en tono épico, jugar al padel en cámara lenta, adelantar por la autopista como si fueran Los Dias del Trueno, follar como una peli porno, fregar los cacharros como si bautizases al mismísimo jesucristo y echarte dormir creyendo que lo haces en una cama de pétalos de rosa sobre el cielo del Himalaya. Todo a tope, todo el rato.
¿Es posible? . No, no lo es. Pero lo puedes fingir.
Puedes simular que eres rico, hacer fotos con la luz de una forma que esa casa de 40 metros, interior y destrozada, parezca mansionable. Fingir los orgasmos. Sentarte al lado e la tele con el asa de un bote de suavizante a modo de ventanilla del jet privado. Decir lo mucho y muy que te sientes. Lo más y de todo que eres de especialista. Poner cara de velocidad como si iniciaras las persecución de Bullit en el siguiente semáforo.
Quizá por eso cuando me cuentan la heroica, la épica, la mística y la iliada, no me lo creo. Puedes ser un héroe una vez, pero no puedes serlo siempre. A todos nos duele un hueso. No todos los atardeceres son mágicos en verano. Los amores, estadísticamente, no son fantásticos todos. Los que no limpian nunca la cocina, sencillamente, la tienen sucia. Ningún grupo tiene, como himnos, todas y cada una de sus canciones. Ni batman era superhéroe a todas horas y vas a serlo tú, Maria del Carmen.
Encuentra un perro abandonado que, al encontrarlo y por definición ya no lo esté.
Dale de comer.
Vuelve a darle de comer el siguiente día. Y el siguiente.
El perro aprende que ha de volver. Simular que te quiere. Hacerte caso. Darte la pata. Incluso crees que te defiende porque gruñe a quien se acerca, pero no te das cuenta que lo que defiende es su comida. Llévatelo contigo. Aprende a creer que es tu compañía, amigo, escudero y pon el testamento a su nombre. Haz horas extras para llevarle chuches de perro. Siente un disfrute extraño al ver cómo devora y devora y devora todo lo que está a su alcance. Siempre pide más y si no hay más te pone cara de pena, finge dolor extremo, ladra y ladra porque sabe que le darás. Serías capaz de matar por proteger al perro.
La manera de robarte en casa, por si no lo sabes, es llevarle una chuleta bien sabrosa. Al fin y al cabo han aprendido a hacer sus trucos siempre que puedan sacar algo a la otra parte.
Vale tambien para determinados tipos de personas, las personas perro.
(se esconden en parejas, hijos, compañeros de trabajo, hinchas solamente de los equipos ganadores, fans del artista de turno, radical de la última moda o ideología... No hace falta que te llames Andrés, por si necesitas más pistas basadas en el refranero)
Pd: solo me entra la duda si a quien hay que matar es al perro, al que ha educado asi al perro o a los dos.
Conducir un coche eléctrico automático modernísimo que no hace ruido y te lleva a velocidad controlada con confort absoluto sin salirse de los carriles es un coñazo descomunal. No hay paliativos en esa afirmación. Absolutamente a nadie que le guste conducir le puede resultar eso entretenido. La prueba es que muchas compañías están intentando descubrir cómo hacer para recuperar el entretenimiento de la conducción. ¿Es un camino que será exitoso?. No. Desafortunadamente la modernidad se lleva por delante muchas cosas y ésta será una de ellas. Moriremos menos, llegaremos antes y estaremos más descansados pero será un pestiño brutal el intento de disfrutar de los trayectos. Sin embargo mi abuela Carmen, que era una señora que se alteraba con las sensaciones de los vehículos, sería tremendamente feliz.
Partimos del respeto personal a la libertad individual y mi tolerancia máxima al suicidio ajeno. No he sentido, jamás, un gramo de pena con los conductores suicidas. El problema, como en otras muchas cosas, es que se lleven por delante a alguien que no desea fenecer. La decisión institucional al elegir entre felicidad y vida, siempre es vida. Aunque sobrevalorada, prevalece.
En nuestro mundo moderno, a mi pesar, hay sensaciones de riesgo que solamente puedes sentir realizando actividades ilegales o en un parque de atracciones con todos los seguros pagados y tasa de accidentes ínfima.
Será que aquello de pelarte las rodillas jugando, clavarte un clavo oxidado en un parque, disponer de cicatrices de haberte caído de la bici o entrar a 70 en la gravilla, y de costado, con un talbot samba, es algo que ya no sucede. Aparte de todo eso aún me quedan marcas de haber frenado con la cara tras hacer el loco con una Bh roja.
Quiero pensar que cada generación tiene sus riesgos. Los que ahora tienen 20 tendrán los suyos y espero que no sean quedarse sin wifi, hacer apuestas erróneas por internet, discutir con un troll de por unas rebajas en wallapop, que te puedan echar por colarte en un concierto de regetton o que te engañe un criptobro. Lo de que haya más enfermedades venéreas que nunca no es un riesgo, es que sois imbéciles. Uno de los efectos secundarios de creer que no hay riesgo es que dejas de tener cuidado y se te pueden quedar los bajos como las tetas de mi abuela Carmen, que está muerta, si no piensas veinte segundos antes de darte al fornicio.
Independientemente del salto generacional hay una cosa clara: el confort y la modernidad acaba con el regusto de muchas de las sensaciones a las que no dimos importancia. Pongo un ejemplo: en avión vas del punto A al B, pero en un tren de aquellos lentos hablas con el de al lado mientras disfrutas de los cambios de color de los paisajes. Quedarse sin gasolina en un puerto de montaña con unos colegas, excepto si te los tienes que comer, aúna lazos. Aprender a domar el Renault 4 con marchas en el salpicadero de la tia abuela monja de tu novia te hace casi tener la superlicencia de rallys si es que lo has de llevar por carreteras comarcales sin señalización de la Euskadi profunda. Yo he llevado, con tres copas de más, un seat ronda rojo cuya caja de cambios era un círculo en vez de una hache, por la carretera que te lleva de Comillas a Cabezón de la Sal. A las tres de la mañana.
¿Es más divertido que la conducción autónoma? Por supuesto. Más aún si te gusta conducir. Quizá por eso hay una generación que conduce mucho menos. Podemos pensar también que cuando veíamos una teta en 1978 nos os duraba la erección dos días (yo tenia pocos años) y ahora hay una generación que está mostrando desdén hacia el sexo, quizá porque ha perdido la gracia. También pensábamos que podíamos ser lo que quisiéramos y ahora hay una moda que aborrece la meritocracia, quizá para justificar la desidia.
El tema es que los humanos nos hemos empeñado en simplificar los procesos y basamos demasiadas cosas en el resultado. Viajar es algo que nunca entendí como llegar a un lugar lo más rápido y confortable posible. Las relaciones no es fornicar sino todo lo apasionante del cortejo, la telenovela de la vida y sentir cositas en el trayecto. Crecer no es ser viejo de golpe sino acumular enseñanzas y tres millones de errores por el camino.
La industria de los automóviles va siempre un paso por delante de la sociedad y el camino que está marcando es tremendamente aburrido aunque te pongan el tik tok en la pantalla de entretenimiento del salpicadero. La semana pasada intenté subir un puerto de montaña poniendo de costado el coche en las curvas cerradas y mi moderno coche empezó a pitar como un perro sin derrapar un centímetro.
La pregunta es si quieres vivir mucho o vivir menos sintiendo más cosas. Lo de los coches, aunque una obviedad, es solamente un ejemplo.
Si no descansas, te mueres. Si lo consideramos desde el punto de vista no físico también se puede interpretar de la siguiente forma: si no descansas, quieres matar a más gente.
Hasta ahí todos de acuerdo.
Sin embargo en esta época del año, y cada vez más, aparece la noticia de que uno de cada cinco españoles se pide un crédito para irse de vacaciones. Ahí no queda todo. La media son unos 1500€ y eso supone que van a devolver al banco algo más de cinco mil, si es que lo devuelve a 70€ al mes.
Entonces resulta que te topas con ese amigo tuyo en paro (o con ingresos raquíticos) y le dices, con toda tu buena intención, que quizá irse a Malta a tocarse el arco del triunfo casi un mes para estar arruinado cinco años es un tanto pretencioso. La respuesta es clara: "!Tengo derecho a las vacaciones!". Curiosamente, en esos casos, nunca se van a la casa del pueblo de su abuela a pintarla y pasear por la era. Son, de una forma absurdamente pueril, los que publican, casi cada día, la foto con el mojito, el último concierto de algún artista que sabes que tampoco les gusta mucho, los putos atardeceres y las paellas en el restaurante de decoración minimal. Y están en Santorini, en Bali o en la citada Malta.
Curiosamente la gente que conozco que tiene dinero a paladas no hace este tipo de ostentación. Te ponen una foto en un bar de un pueblo pesquero, sin alardes ni geolocalización explícita. Sabes que han ido en su propio barco pero eso lo sabes porque les conoces.
Con las vacaciones pasa algo parecido como con los coches grandes y opulentos: normalmente quien te recuerda cada veinte minutos que lo tiene es porque no se lo puede permitir.
Sin embargo lo que hace que me vuele la cabeza es que pasa todos los años y con las mismas personas. Por definición tengo aprendido que la vida a crédito es finita pero algo pasa, que se me escapa, y nunca les veo reventar. Al contrario. El crédito de Malta de hoy es el de Punta Cana del año que viene.
Hay un tipo de economía de subsistencia, que yo no comparto, que se basa en el endeudamiento. A ver si me explico. Tesla es una empresa que ha estado perdiendo más de un millón de dólares al día durante un buen montón de años. Si yo tengo una empresa que es un saco sin fondo, me da una arritmia y me muero pensando que van a vender mis órganos para pagar lo que debo y, aún así, seguirán pagando mis hijos y los hijos de mis hijos. Pero ves al dueño de esa o de miles de empresas similares y está contento y feliz. Hay empresarios "de éxito" que aparte de no crear nada lo que hacen es gastarse los sextercios que consiguen que les presten los bancos donde has dejado tus mil euros para ahorrar por si acaso. Viene a ser como aceptar que hay personas que se pasan el día limpiando y otros ensucian. Lo curioso es que quien ensucia te jura que es una persona limpísima pero que de vez en cuando también tiene derecho a ensuciar. !Es mi derecho!. Y si no me lo puedo permitir, me pido un crédito.
Quizá es eso, que no me gustan las condenas y si bien entiendo un crédito para comprarte un sitio donde vivir, salir de una mala temporada o invertir en un futuro, lo que no comprendo es la vida a crédito para un móvil que no es estrictamente necesario, un concierto que puedo vivir sin él o unas vacaciones que puedo pasarlas paseando por el barrio. Serán maneras de vivir.
Hoy he leído la tremenda tontería que no pintarse las uñas es hacer propaganda neoliberal. Luego, no sé por qué, me he acordado lo maravilloso que les parecía a algunos los tatuajes tribales. Como siempre hay que dar un salto hacia adelante, me vienen a la cabeza las imágenes de adolescentes con cosas chulísimas tatuadas en el cuello e incluso, los más modernos, con diseños de tinta en la cara. Ya sabemos que Victoria se hizo un tatuaje con su primer novio, porque era para siempre. Con el segundo simplemente fue un dibujito que se complementaba con el que se había hecho él. El tercero ya era algo puntual y más escondido. Con el cuarto, el quinto y el último se va a tatuar algo tu puta madre. Los tatuajes son, entre otras cosas, ejemplos bastante claros de los espectacular que parece en la cabeza y un envejecimiento incierto de dicha decisión. Porque a veces quedan elegantes y estupendos pero hay una fina línea en la que un "Carpe Diem" tatuado en el cuello a modo de collar indeleble resulta incompatible con dar ruedas de prensa en tu puesto soñado de portavoz de la embajada Sueca explicando a quien se dan los premios Nobel ese año.
¿Que cosas nos parecían modernas, estupendas y maravillosas hace no mucho y ahora son infamias?
Tunear el coche con llamas y alerones gigantescos. Hablar muy alto con el móvil en medio de la calle creyendo que estas irradiando un estatus social. Las hombreras excesivas. Los oros. Jactarse de tus inversiones en criptomonedas. La exaltación de la vigorexia. Ir de vacaciones a un resort. Mandar una imagen de "Buenos días" con un muñequito sosteniendo un corazón por whatsapp a todos tus contactos. Las drogas sintéticas mezcladas con tecno machacante al estilo de la ruta del Bakalao. Citar a Sabina como si fuera Aristóteles, quizá. Jugar a Squash.
Todas estas cosas cambian con el tiempo y quizá, con sus puntualizaciones, son cíclicas. El Pádel es el Squash del siglo XXI, aunque siempre ha estado mirando desde arriba el tenis. En la edad media estar blanco como la leche era un síntoma de ser un rico porque los pobres trabajaban en el campo y se ponían morenos. Con la aparición de las oficinas fue al revés y al ver a una tanoréxica creemos que es rica en vez de pensar que es la que más algodón recoge. Cosas de los tiempos.
También existen las personas, piénsalo, que llegan tarde a las modas. José Ramón tuvo el sueño, de adolescente, de ir montado en su Opel Calibra con alerón y se lo ha podido comprar con 59, calvo y de sexta mano. Le miran cuando va despacio por el parking de la playa, pero no hay envidia en los ojos de los demás. Al fin y al cabo muchas de todas estas cosas no las hacemos por nosotros sino por la imagen que creemos estar dando. Y, con esa tara tan habitual del ser humano incapaz de pensar a medio o largo plazo, la posibilidad que lo estupendo de hoy sea una gilipollez futura ni siquiera se considera. Hay quien se compró un piso con muchas escaleras, diseño minimal y luces indirectas. Después de la lesión por intentar que su cuerpo de 62 haga lo que dicta su mente de 17 vive, el 90% del tiempo, en la planta inferior. Se ha puesto una cama articulada en el vestidor de la entrada y su dormitorio-ático con vistas es un trastero al que no puede subir. Jenny se puso unas tetas bien grandes de joven y tiene tremendos dolores de espalda por no poder dormir en condiciones. Molaba molar pero ahora camina como la vieja del visillo.
Me pregunto, también, cuántas de las actitudes, elecciones estéticas, formas de vida, bebidas energéticas o esfuerzos de fans incondicionales van a ser ridículas en poco tiempo. Si tu hija se quiere tatuar la cara de Taylor Swift en el culo, que no lo haga. Te lo agradecerá. No te digo yo lo mal que van a envejecer los mil millones de poses de influencer de cuarta división en una hamaca de la playa que se va a grabar este verano.
Siempre he pensado que los refranes, aunque viejunos y simples, terminan teniendo razón. Con los consejos que llevan perspectiva pasa lo mismo.