El domingo, fruto de la desidia y las lesiones, encendí la tele por la mañana. Frente a mis ojos, un programa de esos en los que alguien cuenta, feliz como un villancico, lo maravilloso que es vivir en el remoto lugar en el que vive. Entre copas y vistas espectaculares de la noche urbana de no sé donde, explica que estamos en uno de los "ruftops" más de moda. Entonces yo me pregunto qué es eso y resulta que es una terraza o una azotea donde han puesto una barra de un bar. De ahí nos lleva a un "clap", que es una discoteca. Lleva un traje claro, que seguro que llama "autfit" con un pañuelo que asoma en el bolsillo superior, algún pin que seguramente tiene un significado espectacular y habla en un inglés forzado a los camareros con un tono que podría identificarse como si hubiera sido el padrino de alguno de sus hijos pero que, estoy seguro, nunca lo fue ni como opción. Una de las cosas más ridículas de la vida moderna son los expertos en nada con cara de cuñados modernos. Vale para los programas de viajes, para las pequeñas reparaciones del hogar, para supervisar presupuestos de cualquier cosa y para que te digan, conduciendo, que has de girar al oeste en vez de diferenciar entre izquierda y derecha.
Esto es algo que sucede intensamente en todos y cada uno de los que te quieren vender algún tipo de estudio formativo. Los ingenieros más vulgares que he conocido fueron los que trabajaban exclusivamente como profesores. La diferencia con aquellos que pasaban otra parte de su tiempo solucionando problemas reales era cuántica. Sucede algo parecido con los asuntos médicos: uno te dice que las transaminasas de tipo b se coagulan intravenosamente y el otro te comenta, sereno, que dejes las patatas fritas. Por alguna razón el primero tiene más títulos colgados de la pared, aunque uno sea el diploma de haber comprado los dvd de bricomanía. No me voy a meter en el mundo coach, que eso ya es una guasa.
Algunas veces nos cuentas que nuestras palabras determinan nuestro mundo. Que hablar de negros, aunque sean negros, fomenta el racismo. Por eso es más bonito y moderno usar el término afroamericano o persona racializada. No es subnormal sino discapacitado intelectual. De género fluído, poliamoroso, dar cringe, estar de chill, te han funao, bro.
Yo mantengo que es la intención la que determina la maldad en cualquier término. Que se puede ser exactamente igual de colega o de hiriente empleando cualquier tipo de término y que las palabras lo único que hacen es maquillar la realidad incluso, muchas veces, dejando claro el tipo de persona que eres o que estas intentado fingir que eres.
La conclusión a la que llegué es que el que va al "ruftop" y luego al "clap" vestido con un "autfit" que ha elegido ad hoc es, tal cual, un imbécil.
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