Mal dia para buscar

26 de septiembre de 2026

Juegos a los que jugamos para perder siempre. La modernidad.

Las aplicaciones para ligar de éxito fueron diseñadas basándose en la mecánica de las máquinas tragaperras. Juegan con la idea absurda de que el siguiente tiro quizá sea el bueno. Eliminan, si te das cuenta, cualquier imput de fracaso o de rechazo. Se recrean en un mínimo atisbo de llegar al objetivo buscado y te prometen prebendas gloriosas a cambio de interactuar sin esfuerzo. Por supuesto, y eso no hay que dudarlo nunca, el éxito consiste en que no tengas éxito y vuelvas a jugar.

Curiosamente todos los juegos de azar se basan en darte pequeñas migajas a cambio de tu implicación en el juego poniendo la vista siempre en un premio mayor que quizá llegue en la siguiente jugada.

Ser un buen jugador consiste en saber retirarse. Conformarse, en realidad, no es algo asociado a la mediocridad o a la vagancia sino que es parte de ganar a la banca. Esa es la parte que no te cuentan. La principal competidora de Tinder, si es que hablamos de aplicaciones para la satisfacción personal, se llama Humble y la hacen los mismos. Parece que es diferente pero es la misma rueda.

De vez en cuando aparecen trucos en internet que te cuentan la manera en la que puedes saltarte limitaciones de los juegos, de la forma de ver el futbol pirata o de conseguir más match. En ese caso me acuerdo cuando, a principio de siglo , había una lucha a muerte entre dos plataformas de deportes. Una, curiosamente, era fácilmente pirateable y el público optó mayoritariamente por ella. Tenías que pagar la conexión básica pero con un par de líneas de código te podías ver hasta la liga Malasia de cricket. ¿Perdió dinero?. Si y no. Cuando su competidor no lo usaba nadie dejó de funcionar el código pero ya no había competencia. Comercialmente habían aprovechado la puta naturaleza humana para hacerse con el mercado. Habían jugado con nosotros de una manera zafia y brutal hasta conseguir SU éxito. En los años 60 el dueño del El Corte Inglés se dio cuenta que la gente quería su tele y su nevera pero aquello suponía un gran esfuerzo económico por parte de una sociedad que estaba descubriendo la prosperidad económica. Así que fundó su financiera. Las personas entraban en el establecimiento y el comercio ganaba dos veces: con la venta del electrodoméstico y con los intereses de la financiación. Además, casi como un visionario, se hacía con las capacidades económicas de la familia en cuestión para saber si podría ofrecerles otro producto. Hola Fausto, firma aquí.

Todos los mecanismos que prometen triunfar rápidamente y a cualquiera son, a mi parecer y por definición, falsos. Las criptomonedas, el bingo, las franquicias y Tinder son parecidos. En todos, absolutamente todos, te va a aparecer un cuñado que te va a decir la cantidad vergonzosa de dinero que ha ganado o lo ciego que se ha puesto a follar. Pero cuando te lo dice está soltero y tieso de pasta. Soy de una generación a la que, a veces, se le acercaba al marido de alguien para decirle que era tonto por no invertir en los sellos de Forum Filatélico.

En todas esas actividades, modernísimas y más viejas en su constitución que el timo de la estampita, se juega con la propia ambición y necesidad de sentirse especial que dispone el ser humano. En la absurda creencia en la suerte y la eliminación de la realidad empírica que es un juego hecho para que gane el otro, el que reparte las cartas. Puedes pensar que es cosa de los otros jugadores o que las fotos de tu perfil no son las adecuadas. Puedes creer en las gráficas de valores o en las estadísticas de los números premiados de los últimos cien años. Sin embargo es jugar a las tragaperras y has de aceptar que alguien se sentó en su casa con un informático, un psicólogo, un contable y un matemático para diseñar un juego en el que jamás vas a ganar del todo. Subirá la cotización de alguna acción, cantarás línea y quizá hayas encontrado a alguien que realmente merezca la pena pero ahí está ese mensaje que te dice que hay alguien más rico, el bingo acumulado es poderoso y tu media naranja está online cerca de ti.

Conocer las normas cambia tu percepción del juego, siempre.

La manera de ganar una veces es retirarse y muchas, como decía Berne, no jugar.

Vivimos rodeados de juegos a los que jugamos en forma de scroll infinito. Hay que aceptar que están diseñados para no ganar del todo jamás. Es la modernidad. Hagan juego.

24 de septiembre de 2026

Los victiputistas

Por medio de una calle de dos carriles cruza un señor con dificultad. A su lado se detiene, para evitar una colisión dramática, un vehículo de dos ruedas a motor. El conductor del mismo hace señas al jubilado con cachava y el jubilado grita "!que soy jubilado!". Por una parte se podría pensar que un desaprensivo, atlético, ruidoso y nada empático joven está maltratando a un pobrecito señor mayor que bastante tiene con salir a la calle. Por otra se puede decir que un imbécil que no es capaz de reconocer sus carencias se está jugando la vida, y la de con quien tenga a bien de colisionar, haciendo algo que a su edad debería de tener aprendido.

Como el Quijote nos ha dejado huella a todos, tendemos a ponernos del lado del débil pero, sinceramente, el jodido viejo es culpable de lo que le pase porque es el creador de la imprudencia. No está demente ni hay ninguna emergencia sino que por sus huevos colorados cruza por donde le sale del orto.

Además no hay ningún problema porque aparecerá, en medio de la discusión, algún salvador necesitado de lavar su conciencia que se enfrentará al motorista. De esos tenemos muchos en este pais. Creo que conté alguna vez que, en medio de la pandemia, una joven se jactaba de no usar mascarilla en el metro de Barcelona. Alguien, un varón, le recriminó su actitud y ella usó el comodín del machismo. Como era de esperar, un tipo que pasaba por allí confrontó con el varón e incluso amenazó con ejercer la violencia física. Llegados a ese punto, dicho caballero le espetó: "Tú eliges, porque soy gay. Machismo u homofobia. Eso sí, ésta chica mascarilla no veo que lleve". Ante la mirada desconcertada del salvador ella volvió a su desafiante actitud de que no se ponía mascarilla porque no le salía de su coño feminista. 

¿Hay que cuidar a nuestros jubilados y a las mujeres maltratadas por ser mujeres? Por supuesto.

Sin embargo (y desafortunadamente) estamos en un punto en el que no todos los que gritan, entre lágrimas de discriminación, por un maltrato irracional debido a un grupo identitario poderoso y abusador, lo hacen con la razón. Puede que sean mujeres, jubilados, negros, árabes, albaceteños o tuertos, pero eso es un dato que no se puede poner encima de la base de la discusión creyendo que por ello ya has ganado el debate o el conflicto. Quizá estás discutiendo por un puesto en la cola del Mercadona y ser del Atleti no te hace ganar puestos aunque el otro sea del Madrid.

El problema es que nos estamos acostumbrando rápidamente a oir victimizaciones y cuando hay una víctima de verdad nos cuesta identificarla. Eso no es una justificación, es la jodida realidad. También es cierto que hemos aprendido a victimizarnos rápidamente cuando nos encontramos en alguna situación compleja. Como buen comerciante experimentado he tenido visitas de pequeños rateros, y lo sé porque se despierta mi sentido arácnido, que cuando han sido invitados a abandonar el local han exclamado: "no me toques que soy menor". Es una estampa profundamente patria ver a la policía municipal desmantelando a un grupo de manteros que gritan racismo y a los que sale, presta y orgullosa, a defender una señora de mediana edad con el pelo morado. A ver si ese violento fascista machista y racista de policía que está haciendo cumplir la normativa municipal se va a atrever con una mujer inclusiva y emponderada. En ese caso resulta que pasa de ser una infracción administrativa contra las leyes del comercio a un conflicto humanitario. Pero los bolsos falsos del Guchi no cuentan como centradores del diálogo.

Por alguna razón nos hemos convertido en una sociedad en que cierto grado de hipocresía vende. No he llevado, lo admito, especialmente bien las manifestaciones de modernos con iphone y reserva para Ibiza con pañuelos palestinos jugando a la indignación para su propia satisfacción moral. No llevo bien a asalariados públicos de lujo, con sueldos por los 130mil€, intentando darme lecciones sobre la maldad de los ricos. Aborrezco a la gente que sin haber trabajado para comer de lo suyo en su puta vida me venga a decir cómo llevar mi negocio o mi casa. Es como cuando los curas te decían cómo debías follar, salvo que ahora te lo dice una consejera de igualdad. Y todos, absolutamente todos, buscan una forma de ponerse del lado de lo supuestamente correcto para tener la razón en cualquier otro tema del que estemos hablando. Tenemos un presidente que llena la boca de ayuda a la inmigracion, pero dos dias después impide atracar a un barco con personas recogidas en en Mediterraneo. Que es el más ecologista pero se va en helicóptero a ver a Sidonie. Que está a favor de las mujeres pero sabía que su colega tenía un descuento por cantidad en putas de Madrid. Que respeta los poderes del estado pero deja que intenten contratar a unos gitanos para asustar a una jueza. Que apuesta por España pero defiende el catalán en Netflix antes que a la gente que vive en Ceuta, Paiporta, Adamuz o La Palma. Que habla de memoria histórica pero la ley la redacta Bildu y oye, no existe ETA. Que con él se acababan las subidas de la luz y el gas y nunca iban a volver a existir los deshaucios. Ayer había que ponerse del lado de una pobre señora minusválida de 87 años que pagaba 500€, con un contrato discutible, por un piso donde, el más barato, son casi 3mil. En la televisión pública un tipo con 5 viviendas bien guapas se puso con la voz entrecortada aparentando empatía. La señora no estaba dispuesta a ir a Móstoles porque son malísimos quienes han adquirido su vivienda (que la han pagado para lo que les salga del nardo, que para eso es de ellos). Claro que, de la misma manera que el motorista era el malo, hay que cuidar a nuestros ancianos. Quizá no a todos.

No hay que pegar a los niños pero las dos veces que mi padre me reventó la cara sé que me lo había ganado. Otra cosa es que mi padre llegara a casa borracho perdido a diario y su único entretenimiento fuera darme de hostias.


Nos encanta ser molones y no asumir riesgos. Montar una flotilla pero solamente quedarnos en Malta. Luchar contra Franco cuando el cadáver está descompuesto. Defender la libertad sexual en un país con libertad sexual. Apostar por la baja da de alquileres si estamos de alquiler y hablar de libertad de mercado si hemos heredado el de la abuela. Llenarnos la boca con la solidaridad impositiva pero pedir en Amazon. Y si cruzamos por donde nos da la gana dejar bien claro que somos peatones indefensos en un mundo de contaminantes conductores salvajes. ¿Por qué eslogan mágico y bien formulado nos vamos a manifestar muy fuerte la semana que viene, antes de tomar unas cervezas artesanas?

Lo peor de todo es que cuando alguien realmente esté viviendo algo injusto no lo vamos a poder ver por la cantidad de victiputistas ( victimistas hijos de puta) que nos han puesto la cabeza como un bombo. 

Y si no estás de acuerdo, me llamas de extrema derecha ( adjunto gráfico)



pd: Cuéntaselo a una mujer maltratada que está a la cola de alguna que llora mucho pero que está luchando por el piso de la playa (que algún caso se ha dado).


22 de septiembre de 2026

Por qué lo que toca es una hostia. ( por ley de vida)

En una fiesta universitaria no tuve mejor idea que colarme en una clase de otra carrera, hacer que tomaba apuntes e incluso esforzarme en hacer preguntas inquisitorias. En aquel momento me pareció muy gracioso aunque supongo que es una gilipollez fruto de la ingesta de alcohol y algún que otro problema hormonal de mis 20 años. Tuve la suerte, o la desgracia, de creerme el rey del mambo entre 1989 y 1994. Eso es un error y un acierto a la vez, aunque la hostia es un poco más traumática. Al menos si es que te das cuenta.

El ser humano, que dispone de mecanismos de autoprotección incorporados en su propia maquinaria, reacciona de diferentes formas ante algún que otro sinsabor que va de serie con eso que llaman la vida. Unos acabamos en terapia porque reconocemos ser incapaces de poder con ello. Otros se compran un descapotable, se dedican al turismo sexual, adoptan tres gatos, pintan la casa, les da por engancharse a talleres de reiki o se hacen fuertes reconstruyendo los años 80 a su alrededor porque es el último momento en que recuerdan haber sido felices.

Lo que es cierto, absolutamente y sin ninguna duda, es que todos nos metemos una o varias bofetadas con las que no contábamos a lo largo de la vida. Como decían en aquella película es ese momento en que te crees que lo tienes todo bajo control cuando te viene un batacazo que no tenías previsto. Quizá tener la guardia baja es parte del menú que lleva, de primero, el restaurante Catástrofe.


¿Es malo?. Visto con perspectiva no del todo, salvo las cicatrices. No dejan de ser martillazos que nos moldean. A uno para bien y a otros les rompe la escultura que, mejor o peor, estaban haciendo.

El caso es que hay animales que, cuando se sienten amenazados de forma determinante, se hacen los muertos. Otros intentan parecer más grandes. Muchos rugen y adoptan actitudes intimidatorias. Algunos escapan. Los seres humanos somos un animal más y, muchas veces, somos todos los animales a la vez.

Entonces ¿es bueno equivocarse?. Según como reacciones. Si te haces el muerto y el depredador sabe que es mentira, te devora. La cabeza, que es el órgano que más nos determina y que entrenamos bastante poco, es la que nos salva o nos entierra. Cuando queremos argumentar que es imposible luchar contra los elementos ya hemos perdido. Cuando despreciamos el mérito, aceptamos que hay lugares en donde jamás vamos a entrar, imperfecciones imposibles de arreglar o caminos prohibidos a nuestros tránsitos significa que hemos claudicado. Todo eso sin olvidar que hay fiestas a las que nunca vamos a ser invitados, pero eso no es más que una circunstancia de espacio y tiempo. Hagamos del pragmatismo una virtud en vez de la victimización infantil tan de moda últimamente.

Personalmente mantengo la teoría de que la sociedad es una especie de ente, muy humano, que va madurando de una forma lenta. Hemos sido los hijos de la madre naturaleza y hemos sobrevivido al abrigo de lo que nos ha podido proporcionar, casi como si fuera nuestra pareja de progenitores. Hemos aprendido a cazar y cultivar como quien estudia un poquito. Se supone que hemos madurado a golpe de civilización, no sin algún que otro conflicto por el medio. Quemar a Juana de Arco es como una pelea de patio de colegio. Hemos aprendido cosas y hemos ido creciendo haciendo de nuestra cueva un hogar con calefacción central. Si un año de perro son siete de humano, quizá un año de sociedad son 100 o 200 de humano. Quiero pensar que hemos sobrepasado la adolescencia. Tampoco mucho más allá. Hemos conquistado el mundo y, como yo en 1993, ya nos creemos los reyes del mambo. Se supone que tenemos controlado lo de la democracia, la economía, las energías renovables y fósiles, las creencias religiosas, las retransmisiones deportivas, el matrimonio homosexual, la ingeniería genética y casi los viajes interestelares. Joder, si hemos pasado la varicela de dos guerras mundiales. !Me vas a decir a mi que no soy más grande que Jesucristo! (sin ser Lennon).

Vale. Pues ahora, por pura ley de vida, viene alguna hostia que lo flipas. Lo importante no es que llegue sino cómo se encaja y cómo nos reinventamos. 

Si me tocas las narices diciendo, mientras te haces el muerto, que salimos más fuertes, te meto.
Hay gente, mucho más lista que yo ( que es mayoria), que lo veía venir en 1964.


18 de septiembre de 2026

Enseñanzas experimentales para la resolución de problemas.

Cuando alguien me mira a la cara (incluso vía video) explicándome que un problema complejo se soluciona en veinte minutos, ya he aprendido que es imbécil.

Tampoco son santo de mi devoción todos esos salvadores de la verdad que emplean su tiempo en buscar culpables antes de sentarse a localizar soluciones.

Sin embargo, así mismo, sé que cuando alguien se enfrenta a un problema complejo y decide no hacer nada porque es demasiado complejo, también es imbécil.

Obviamente hay un miedo atroz a la sensación que queda, acumulada al desgaste, si ese problema no se arregla. Esa punzada, en medio de las cejas y en la boca del estómago, es algo que hay que digerir y mirar de frente. Sin embargo requiere, como cualquier actividad que implica desgaste, un entrenamiento previo.

No nos vamos a engañar: hay toda una mayoritaria clase social que asegura ser perfectamente capaz de hacerlo todo pero no lo hace porque hoy le viene mal. Se puede aplicar al sistema y selección del equipo nacional de balompié, el arreglo de la migración (en ambos sentidos pero no los mismos destinos), la forma de asfaltar la acera, lo de los precios de los pisos, el valor de los huevos en el supermercado, aquello de las energías renovables o fósiles y la manera correcta de relación entre los diferentes elementos de las familias. Yo he escrito tres libros sin éxito y me he cansado de oír a gente que es incapaz de mandar un whatsapp sin faltas asegurar que si escribiesen un libro de su vida se iban a forrar.

Los problemas, por definición, son el conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la ejecución de un fin. La manera que yo aprendí, y fue lo más importante de mi educación universitaria, de solucionar uno de esos problemas consiste en dividirlo en varios de más sencilla resolución. También, según cual sea el conflicto, ser capaz de verlo desde fuera es algo que ayuda. Al fin y al cabo perder cinco minutos antes de empezar a gastar energía suele ayudar a ahorrar tiempo. Es un oximoron temporal de conflictos.

Más adelante aprendí que una vez tomada una decisión hay que llevarla hasta su conclusión. Si decides por un desvío del camino, tira hasta el final. No vas a saber, hasta llegar a destino, si ese era el destino buscado. Una vez descubierto el error, ya vuelves al punto de elección anterior. Yo soy de esos que tiran hacia delante pero dejan un camino de migas de pan por si hay que volver. Lo que tengo claro, y es algo de reciente aprendizaje, es que una vez decidido hay que caminar. Solamente son discutibles las opciones que aún se pueden cambiar. Lo demás es perder el tiempo. "Si mi abuela tuviera ruedas sería un patinete, pero está muerta"- decía alguien que conozco. 

La vida, haciendo una analogía sueca, es una especie de mueble de Ikea: hasta que no completas el punto uno no debes de ver la hoja de explicaciones del punto dos. 

Y, por supuesto, hay problemas que son irresolubles con los que no existe más remedio que convivir, como las cicatrices.

Mi profesor de termodinámica de tercero nos explicó que si nuestros cálculos llegaban a la conclusión que el vapor residual estaba a 10 millones de grados ( lo cual es imposible), es que algo habíamos hecho mal. La enseñanza, al final, es que si nuestra conclusión es una gilipollez no podemos cerrarnos en que hemos hecho bien todo, porque no puede ser verdad. Vale para los ejercicios de termo y para el precio de los pisos en Barcelona.

Así cuando veas un problema, que suelen ser elefantes en las habitaciones de la vida, no seas imbécil y piensa en estos breves pasos como si fuera un texto de autoayuda.

Ahora siéntate a ver las noticias y fíjate la cantidad de veces que no se sigue ninguna de mis enseñanzas experimentales.

16 de septiembre de 2026

7 días para el otoño

La llegada de la lluvia permite ir caminando, sin paraguas, por la calle, llorando levemente sin fingir que ese frío sobre la cara va mezclado con el propio calor corporal. Supongo que, curiosamente, es una de las ventajas de la llegada del otoño: que ha aterrizado el tiempo para dejar de fingir que eres absurdamente rico y feliz. Sin bucólicos y sonrientes paisajes poblados. Incluso sin tener que aceptar que, en vez de la luminosa imagen de un atardecer entre el camino del trabajo a casa, tu deseo estaba en quedarte dormido, sin cargo de conciencia alguno, en una hamaca anclada a una playa del Caribe.

Claro que no soy quien para escribir nada porque me voy a chocar contra el muro de la comprensión lectora.

Habrá, fácilmente, que sentarse a esperar el momento en que la IA nos mate a todos, como Skynet, sin pararnos a pensar que se alimenta de la vagancia humana. En realidad los grandes momentos del entrenamiento de la IA se han vivido cultivando la banalidad y la tontería ( sube una foto y mira como serás en 20 años) o acaparando datos para simular que sabemos hacer algo que no nos da la gana de hacer ( bienvenidos estudiantes contemporáneos. Conozco a quien no puede ( o quiere) pagar la luz de su piso de alquiler pero la subscripción pro de ChatGpt ha sacado las mejores notas de tercero). En una sociedad en la que no sabemos vivir sin productos manufacturados, quien sabe usar las manos es el rey. En una sociedad sedada por los procesos burocratizados, quien sigue pensado es arrasado por definirse como una amenaza.

Con el paso de los años, y de los otoños, acumulo la sensación de repetición somnolienta de las obviedades. Sucede como muchos éxitos musicales: eso ya lo he oido antes. La diferencia es que antes eran músicos y ahora es un sampler. La diferencia es que antes eran ricos y ahora son influencers de camper. La diferencia es que antes, sin hacer alardes de indignación contra la desigualdad ajena, se iban a cocinar para los pobres y ahora se hacen fotos con camisetas cargadas de mensajes. Hay quien dice que se preocupa mucho muchísimo por los demás porque les envía un whatsapp los martes. "No hace falta que vaya a ver a la abuela porque está bien. Me ha respondido un whatsapp con un pulgar arriba"

Aunque estoy convencido que somos más estúpidos porque se ha premiado históricamente la estupidez, albergo la certeza de que cada vez somos más hijos de puta. Eso sí.

Verlo me produce desesperanza. Al menos, si llueve, no se me nota.

Faltan siete días para el otoño.


Pd: Dice la letra de una canción mal cantada pero que sería dificil con otra voz:

vuelvo a esconder mis penas en un bote de Orfidal
Tengo problemas que jamás debí contar, pero mis ojos no se callan la verdad de esta mierda que aun sigo viviendo
Yo me calmo pillando medio cacharro
Aún sigo mirando al cielo esperando algún milagro
Buscando en los ceniceros las chustas de los cigarros para ver si alguna de ellas a pasado por tus labios
Y es que debo hacerme daño
Para así sentirme vivo
he sufrido desengaños de mis seres más queridos
Pero tranqui que me apaño ya me voy acostumbrando
A perder to las cosechas de lo que estuve sembrando
Y en mi rostro solo queda
El reflejo de la ira
1000 movidas que pasé
Y el espejo me recuerda
Lo perra que es esta vida
Me obliga a seguir en pie