Las aplicaciones para ligar de éxito fueron diseñadas basándose en la mecánica de las máquinas tragaperras. Juegan con la idea absurda de que el siguiente tiro quizá sea el bueno. Eliminan, si te das cuenta, cualquier imput de fracaso o de rechazo. Se recrean en un mínimo atisbo de llegar al objetivo buscado y te prometen prebendas gloriosas a cambio de interactuar sin esfuerzo. Por supuesto, y eso no hay que dudarlo nunca, el éxito consiste en que no tengas éxito y vuelvas a jugar.
Curiosamente todos los juegos de azar se basan en darte pequeñas migajas a cambio de tu implicación en el juego poniendo la vista siempre en un premio mayor que quizá llegue en la siguiente jugada.
Ser un buen jugador consiste en saber retirarse. Conformarse, en realidad, no es algo asociado a la mediocridad o a la vagancia sino que es parte de ganar a la banca. Esa es la parte que no te cuentan. La principal competidora de Tinder, si es que hablamos de aplicaciones para la satisfacción personal, se llama Humble y la hacen los mismos. Parece que es diferente pero es la misma rueda.
De vez en cuando aparecen trucos en internet que te cuentan la manera en la que puedes saltarte limitaciones de los juegos, de la forma de ver el futbol pirata o de conseguir más match. En ese caso me acuerdo cuando, a principio de siglo , había una lucha a muerte entre dos plataformas de deportes. Una, curiosamente, era fácilmente pirateable y el público optó mayoritariamente por ella. Tenías que pagar la conexión básica pero con un par de líneas de código te podías ver hasta la liga Malasia de cricket. ¿Perdió dinero?. Si y no. Cuando su competidor no lo usaba nadie dejó de funcionar el código pero ya no había competencia. Comercialmente habían aprovechado la puta naturaleza humana para hacerse con el mercado. Habían jugado con nosotros de una manera zafia y brutal hasta conseguir SU éxito. En los años 60 el dueño del El Corte Inglés se dio cuenta que la gente quería su tele y su nevera pero aquello suponía un gran esfuerzo económico por parte de una sociedad que estaba descubriendo la prosperidad económica. Así que fundó su financiera. Las personas entraban en el establecimiento y el comercio ganaba dos veces: con la venta del electrodoméstico y con los intereses de la financiación. Además, casi como un visionario, se hacía con las capacidades económicas de la familia en cuestión para saber si podría ofrecerles otro producto. Hola Fausto, firma aquí.
Todos los mecanismos que prometen triunfar rápidamente y a cualquiera son, a mi parecer y por definición, falsos. Las criptomonedas, el bingo, las franquicias y Tinder son parecidos. En todos, absolutamente todos, te va a aparecer un cuñado que te va a decir la cantidad vergonzosa de dinero que ha ganado o lo ciego que se ha puesto a follar. Pero cuando te lo dice está soltero y tieso de pasta. Soy de una generación a la que, a veces, se le acercaba al marido de alguien para decirle que era tonto por no invertir en los sellos de Forum Filatélico.
En todas esas actividades, modernísimas y más viejas en su constitución que el timo de la estampita, se juega con la propia ambición y necesidad de sentirse especial que dispone el ser humano. En la absurda creencia en la suerte y la eliminación de la realidad empírica que es un juego hecho para que gane el otro, el que reparte las cartas. Puedes pensar que es cosa de los otros jugadores o que las fotos de tu perfil no son las adecuadas. Puedes creer en las gráficas de valores o en las estadísticas de los números premiados de los últimos cien años. Sin embargo es jugar a las tragaperras y has de aceptar que alguien se sentó en su casa con un informático, un psicólogo, un contable y un matemático para diseñar un juego en el que jamás vas a ganar del todo. Subirá la cotización de alguna acción, cantarás línea y quizá hayas encontrado a alguien que realmente merezca la pena pero ahí está ese mensaje que te dice que hay alguien más rico, el bingo acumulado es poderoso y tu media naranja está online cerca de ti.
Conocer las normas cambia tu percepción del juego, siempre.
La manera de ganar una veces es retirarse y muchas, como decía Berne, no jugar.
Vivimos rodeados de juegos a los que jugamos en forma de scroll infinito. Hay que aceptar que están diseñados para no ganar del todo jamás. Es la modernidad. Hagan juego.
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