Hay días que, al salir de casa, pienso que debería de haber fregado la taza del desayuno por si me muero y encuentran que aquello estaba sin recoger. No lo hago, lo admito, porque no tengo previsto morirme ese día.
En "Cuando Harry encontró a Sally" él confiesa que, al leer un libro, ojea cómo termina por si se muere leyéndolo porque no soporta la idea de no saber la manera en que termina.
"Pásame con tu tía"- me dijo mi madre al teléfono la semana pasada. Titubeé. La tía se murió, hará casi dos años, tres habitaciones al lado de donde falleció mi padre. "La he estado buscando por casa y es que no la encuentro"-siguió. Tuvo un momento de lucidez extraña y pragmática. "Claro"-dijo casi como si fuera un chiste que acabas de entender- "!si está muerta!". "Pues nada, hijo, ya hablamos más tarde. Te cuelgo"
Entonces pensé en las últimas veces.
La mayor parte de las veces no somos conscientes. Me refiero a que no sabemos cuando fue la última vez que hablamos con aquella persona que dejó de ser un amigo o incluso el ultimo momento de intimidad con aquella supuesta novia. Hay demasiadas relaciones entre personas que, simplemente, se disuelven. Muchas veces creamos ese último instante porque necesitamos ese instante. Necesitamos crear en nuestro recuerdo un momento de inflexión memorizado, supongo que por calma personal. Otras veces, cuando es la vida la que va marcando la dirección de los acontecimientos, vivimos con el miedo de que esa sea la última vez. Las últimas navidades, la última vez en la que mi madre pilló un chiste, el último abrazo que nos dimos, el día que mi padre me llamó diciendo que se volvía al hospital. La mirada aquella, a eso de las tres de la mañana, en la que creo que me reconoció. También quiero pensar en el último partido que jugué con el equipo, antes de aceptar que mi cuerpo no está para competiciones. No tengo muy claro cuando cogí la bici y me fui por el paseo hasta el pueblo. Sé, más o menos, cuando vi publicado el último libro pero tengo muy nítida la emoción que sentí al ver una caja con mi primer volumen físicamente en papel. Nos cuesta, muchísimo menos, traer a la memoria las primeras veces antes que la últimas. A Elixabet jamás la he encontrado en Internet.
Hay un momento de la vida en el que todo es nuevo. Hay un punto de inflexión en el que empiezan a llegar todas la últimas veces. Yo estoy en ese instante en el que empiezan a llegarme las primeras últimas veces. Al menos es que me doy cuenta, porque la ultima vez que comí potitos, no me acuerdo.
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