Mal dia para buscar

14 de febrero de 2026

14 febrero. La búsqueda de certezas.

Sé que hay precisos instantes en los que un extraño vacío golpea desde dentro, ahogando parte de la respiración. He tenido que parar, en la moto, para llorar un poco sin abrir el casco y sin saber si era una sensación de rabia o de ausencia. Llamarte, buscarte o echarte de menos está fuera de lugar en un universo en el que parece que todos tenemos superpoderes y me doy cuenta que no he encontrado el mío.

Soñé que podía volar pero solo en interiores.

Aprendí, demasiado pronto, que no estaba bien falsearme. Puedo mantener un personaje durante una función pero no puedo vivir siendo alguien en quien no creo. Si estoy, estoy. Si te digo que te llamo, lo hago. Si alguna vez te prometí que iría a buscarte donde fuera si me necesitas, iré. Precisamente eso, supongo, me impide hacer promesas. Soy un espécimen anacrónico autoconsciente agotado. He prometido amor tres veces y solamente dos en voz alta. Una se fué, otra me equivoqué. Así que ahora hago declaraciones bajo la ventana, cargado de flores y con una orquesta sinfónica poniendo la banda sonora, en forma de extraños mensajes a horas random que no dicen nada explícito. La mayor parte de las veces simplemente me lo guardo, no sea que sienta la obligación de que mis siguientes discos deban ser mejores que el anterior. Es un síndrome del impostor sentimental. Se gestiona a base de una depresión crónica de la que solamente disfruta mi jubilado psiquiatra. "No se preocupe tanto"- me decía- "La terapia me ha enseñado que llega un día en el que todo encaja y se ordena". Él ya no pasa consulta y yo no conozco ese momento. A veces, creo, estoy tan seguro de ser incapaz de reconocer ese orden que me pregunto si estuvo mientras lo ignoraba. He visto paisajes en los que faltabas a los que hice una foto que no te mandé.

El 14 de febrero es un día infame en el que se supone que has de estar enamorado y, sin embargo, yo he conocido Halloween en los que me he sentido muerto. Vivo al contrario que una mayoría y es que las películas de miedo no me hacer temblar y las de amor no me las creo. También, y no lo niego, me cargan de odio las demostraciones de felicidad y amor ajenos que no me resultan especialmente creíbles. No por envidia sino porque me parecen menos sinceras que mi límite inferior y siempre me he rebelado ante las estafas. Es muy diferente que Ana busque todos los 14 de febrero un regalo una persona, de la que necesita sentirse enamorada, que Ana sepa que está enamorada de Juan, como todos los 14 de febrero. A la primera la odio, a la segunda la envidio porque lo sabe y está en su "lo cierto".

Será eso. Una búsqueda de certezas en un universo de Heissenbergs.

Estoy esperando a poder volar en exteriores.

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