Contaban, allá por los ochenta, que una familia alimentaba a su hijo con lonchas de queso que pasaban por debajo de la puerta. El muchacho tenía SIDA y en aquellos días no se sabía mucho sobre la manera de contagiarlo, así que le demostraban amor a base de delgados aportes alimenticios y desprecio por no abrir la puerta.
"Todo se pega menos la hermosura"- repetían los abuelos para decirte que no les gustaban tus amigos.
En una sociedad que se jactaba de haber superado abiertamente las discriminaciones de género, orientación sexual, religiosa, racial o de edad, nos topamos con una pandemia y se repitieron escenas de expulsión si es que tenías a bien toser en el autobús.
Probablemente la turba siempre ha estado ahí y se han quemado a brujas en todos los periodos históricos. Cambia la concepción de bruja por homosexual, negro, rojo, facha o acatarrado pero la turba siempre ha existido. La turba, por definición, es irracional y violenta. Considera que su acción salvaje supone un bien mayor para la sociedad y, por supuesto, deshumaniza al objetivo eliminando su capacidad de pensar o de ejercer su libertad para reconocer que van contra una cosa en vez de contra una persona. En la segunda guerra mundial se iba a matar alemanes porque si decías que habías matado a Friedich, que le gusta el bricolaje, leer poesía y es padre de dos niños rubios, ya no te hacía sentir bien mientras limpiabas ,orgulloso, tu fusil.
Las sociedades siempre han necesitado, por otra parte, un enemigo al que echar la culpa de todos los males. La figura del demonio siempre ha estado ahí, como la figura de Dios. En estos tiempos de creencias variables puede que no esperes la intercesión divina pero, dado el carácter victimista con el que toda una generación ha llegado a los cuarenta, Satanás es imprescindible. "No creo en Dios. Eso es de beatos insufribles"- dice Flavia mientras se le ve un poco del tatuaje en letras árabes de la base del cuello. Después de dar un sorbo a la Kombucha y una calada a su porro recién liado, porque fumar tabaco es de los insoportables ochentas, vuelve a culpar al capitalismo y a Julio Iglesias de no tener un trabajo mejor pagado, con coche de empresa y 16 semanas de vacaciones pagadas. Su titulación Master en intermediación social de conflictos y gestión de documentos debería de ser suficiente para la consecución, tal y como marcan las constituciones, de un trabajo digno y una vivienda digna . Flavia sabe que ella, en todo su esplendor, rebosa dignidad. Mucha más dignidad que esos rentistas con varias casas que se juntan por las noches en las catacumbas a violar menores y planificar qué hacer para joder sus sueños. Los suyos. Así que esos, impersonales y brujeriles, son su reencarnación de Satán.
Porque Flavia es una persona ultratolerante que no entiende cómo se puede tratar mal a un moro, una mujer o un homosexual. Es alguien que se preocupa por el planeta más que tú. Que tiene a bien el diálogo y el reciclaje. Que respeta las tormentas culturales porque nos enriquecen. Pero si te gustan los toros, cantas canciones del Duo Dinamico o pones en duda cualquiera de sus conceptos básicos, JAMAS se sentará contigo ni en el autobús. Es más, es perfectamente lógico que no te dejen subir al autobús, votar, trabajar o vivir. Matar a un facha está bien porque no es matar, es limpieza. A ver si ese racista no me va a dejar a mi ser quien quiero ser y la manera de que eso no pase es encerrarle tras una puerta y no pasar ni lonchas de queso por la rendija. Que se joda. A ver si mi tolerancia con el mundo va a ser mancillada. !Paradoja de Popper!- grita para dejar bien claro que lo suyo no es discriminación como lo de los otros sino justicia social. Hay que ser respetuoso con todas las personas e ideas menos con los fachas, que son, casualmente, los que no piensan como yo. Eso no quita que Flavia viva del piso que heredó de la abuela y que tiene alquilado a precio de mercado.
Cayetano, que es más joven que Flavia, es un muerto de hambre con pantalones de pinzas. Limpio a rabiar, afeitado casi hasta tener una cara que parece el culo de un bebé. Viste de colores pastel y camina con la espalda recta. Habla engolando las frases. Limpia sus zapatos dos veces por semana. Paga el alquiler a la nieta de una señora, ya fallecida, cada mes. Está convencido que sin esa banda de miserables vagos quejicas que tienen brazos como para trabajar pero no lo hacen porque no quieren nos iría todo mucho mejor. En realidad se la suda que sean negros, hippis o moros pero esta convencido que sobran. No se jacta de no relacionarse con ellos, aunque no lo hace. -Tengo muchos amigos gays y negros- le gusta decir como si eso le salvara aunque ninguno que sea las dos cosas a la vez.
¿Tienes un inquilino facha?- le preguntan a Flavia cuando se cruzan por la calle. "Una cosa es la pasta y otra la ideología"- responde. No se sentaría a hablar con él pero sí que le coge el alquiler. Le quemaría en la hoguera si no necesitara su dinero.
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