Mal dia para buscar

28 de enero de 2021

Borrar la hemeroteca ( y los chats)

Hay algo que creemos que solamente afecta a los personajes públicos pero nos está haciendo daño a todos: La hemeroteca. En realidad no es porque salgamos en la prensa o porque La Sexta haga un documental muy dramático sobre algo malísimo que hayamos hecho y que nos locute Gloria Serra. Solamente son nuestras redes, nuestras conversaciones o algunas de las frases que dejamos caer por whatsapp un día tonto.


- Yo no te he dicho eso nunca
- ¿Cómo que no?. Me lo dijiste el martes 12 de hace dos años a las 17:43. ¿Te envío el chat?

En ese caso es cuando la hemeroteca nos está gastando una mala jugada. En ese caso es exactamente lo mismo que cuando te recuerdan, al salir del coche oficial, que jamás usarías coches oficiales. Es igual que tener a Oriol en la calle cuando jamás ibas a apostar por un indulto. La excusa esa de que lo que dijo el candidato no es aplicable al presidente no cuela. La hemeroteca te golpea por todas partes. Afortunadamente nuestras incongruencias o cambios de opinión suelen ser mucho más domésticas. Que si te iba a llevar a la playa o que si estaba en el trabajo. Que si este año sí que nos vamos de vacaciones a casa de tus primos.

Una de las cosas que tiene la tecnología es que carece de capacidad de filtración de datos. Solamente los acumula. A esos servidores enfriados llenos de luces les da lo mismo guardar una falsa promesa, una intención no realizada, un amor desatendido, una fotopolla o una teoría perfecta que pudiera salvar el mundo de su segura destrucción. Todos son ceros y unos puestos en ordenes variables. Y todos están ahí, para recordarte como eras en 2008. Que si eras más joven, más guapo, más rápido, más voluble a la posibilidad de encontrar algo parecido a lo que soñabas por aquellas fechas. En algún lugar, como si fueran universos paralelos, todavía estás enamorado de quien no fue. En algún disco duro está esa frase en la que ella te dice que te echa de menos. Y al lado pone el día y la hora. Como metadatos aparece el lugar desde donde te lo envió. Un poco más abajo guarda la clave de la wifi de todos sus ex. Los que llegaron después de ti y a los que les dijo lo mismo pensando que era, por fin, la primera vez que lo decía de verdad.

La memoria humana, que es una cosa maravillosa, dispone de mecanismos que hacen que los recuerdos no sean cuchillos literales que te paralicen el corazón. ( En el 2017 ya lo puse). Te deja el regusto de aquel momento y prioriza lo que te sienta bien eliminando detalles que, aparte de innecesarios, te castigan y paralizan. Te dice que estuviste bien, que guardas esa tarde de paseo con cariño. Te ves sonriendo y como mucho te retrotrae a los chistes que te hicieron gracia o a la forma en la que te miraba detrás de la anteúltima copa. No te pone, delante de la cara, tus ojeras o las veces que te traicionaste con promesas que eras incapaz de cumplir. La mente, gestionando los recuerdos, es un colega que te hace bien y no una hemeroteca.

Por eso borro los chats . Siempre. No es discreción sino autoprotección. Prefiero el recuerdo a la literalidad.
Quizá por eso caigo varias veces en lo mismo pero es que quizá me encanta caer de vez en cuando.
Quizá por eso jamás saco una frase que me dijiste el seis de abril del 2011.

Estoy convencido que ni siquiera Benito Perez Galdós se siente orgulloso de aquel "estoy deseando volverte a ver para comerte los pechos" que le envió a Emilia Pardo Bazán con una cosa muy viejuna que son las cartas y que se han convertido en la copia del chat del whatsapp del siglo XIX

Creo que nadie tiene la clave de mi wifi. Y eso que es fácil. Fácil de recordar.

Pd: hoy es el dia europeo de la protección de datos. Lo que intento decir es que, a veces, proteger es borrar. Al menos en lo personal.

27 de enero de 2021

Cuando dejen de girar los discos

Se han publicado, como cada fin de año, muchas listas. Una en particular especifica los 100 vinilos más vendidos en España allá en el 2020. Hay un dato estremecedor: para estar en el puesto 99 hace falta haber vendido once ( !!11!!) discos.

Como siempre que algo se basa en las estadísticas hay que conocer el grupo de control y es bastante cierto que no tiene en cuenta las tiendas convencionales. Pero, aún así, !que son once!. ( En mi presentación pandémica de "Dame Cuerda" se vendieron 30. Claro, que yo no canto)

Así que me vienen a la memoria tiempos en los que me compraba un disco a la semana. O tiempos en los que a lo largo de un mes acumulaba algún libro, varios discos y alguna película. Jopé, y me iba de conciertos. Después de aquellos locos años 90 reconozco que ese absoluto acceso a la cultura hizo que empezara a comprar con criterios extraños. Dejé de comprar discos de artistas ricos. Será que mi cultureta izquierdoso me hizo pensar que Bruce o Madonna eran los Amancios de la música. Así que llené mi estantería de discos nacionales de gente pequeña que me hacía tremendamente feliz. Aún dispongo de bastantes sin abrir porque me gustó tanto lo que me bajé de internet que decidí comprarlo como una forma de agradecerles esos buenos momentos. Entonces, una vez, cuando fui a comprar uno de esos pequeños discos, descubrí que era imposible hacerme con el formato físico. Que alguien, en una oficina ruinosa de antiguo éxito, ya se había rendido al futuro gratuito. Esos fueron unos años complejos en los que, hasta cierto punto, una desorientada industria sobredimendionada se daba continuamente tiros en el pie. Después de eso he de reconocer que en el año 2020 no habré llegado a diez discos comprados. Primero porque no hay prácticamente tiendas, segundo porque esos discos que me llevaban a un lugar a lo largo de hora y media han sido devorados por tonadillas de escasos tres minutos en busca de ser el audio del meme del momento y tercero porque la tecnología me ha vuelto vago, pirata y poco solidario con el trabajo intelectual de los demás.

Luego me quejo porque no vendo un jodido libro y tengo mi grano de arena de responsabilidad.

¿Somos responsables de la lenta muerte de la cultura? Sí. Porque cuando alguien no puede vivir de su trabajo lo que suele hacer es trabajar en otra cosa. Sin conciertos, con unos algoritmos que no premian la calidad sino las reproducciones en bucle, con producciones hechas a golpe de estadística y sin discos que comprar lo que se termina es no gastando. El grueso del gasto en "cultura" de nuestro país reside en plataformas de cine y series abarrotadas de producciones molonas que te hacen pensar en un mundo feliz alternativo y solidario con las que, quienes tienen dinero, contratan gente con salarios de Rider y se llevan tu pasta a lugares más baratos que Andorra para tributar.

Quizá, podría pensar, la cultura ya no responde a lo que yo tenía entendido por cultura. Quizá cultura es coger a una choni , invertir dos millones de euros, esperar a que se deje las uñas largas y ponerle detrás una producción excelente para usar a Rosalía como un producto. Quizá es poner a un niñato abotargado que no sabe cantar detrás de un autotune esperando que haga polémica para que, con la curiosidad, Spotify pague 0.01€ por reproducción. Quizá el Pronto es el nuevo Mariano José de Larra y yo aún no me he enterado. Quizá Ciudadano Kane son Ocho Apellidos Vascos.

Pero aún así, si con once copias alguien está entre los discos más vendidos es que no se compran discos y eso solo significa que, de una forma u otra, la cultura se desangra en una esquina mientras estamos mirando hacia otro lado.

Y un mundo en silencio es un mundo muy triste. Cuando dejen de girar los discos quizá dejará de girar el mundo.

23 de enero de 2021

Viva la libertad de no pensar.

En Italia han cerrado Tik Tok porque una niña de 10 años se ha asfixiado con el cinturón de la bata al hacer un reto de esos. En España ya tenemos el culo pelado de ver los bares cerrados porque parece ser que somos una banda de inconscientes que se tose a la cara cuando se toma una cerveza. En La Rioja, directamente, está prohibido hablar en los autobuses. En las discotecas, si es que las abren, se prohibe bailar. Y no se puede fumar. No se puede ir a más de 30. Hay que usar lenguaje inclusivo. No se puede emitir porno. Está mal visto tomar bebidas azucaradas y mis vecinos se niegan a bajar en el ascensor con alguien que no sea de su burbuja habitacional.

Por una parte es de rigor aceptar que no es, precisamente, uno de esos tiempos que se van a recordar como unos años libres.

Por otra tenemos que reconocer que hay normas que se establecen para proteger a los gilipollas. No les dejas ver los "retos" de internet porque, como son imbéciles, los harán. No les dejas hablar porque , al fin y al cabo, para lo que tienen que decir. Que no bailen porque solamente agitan los brazos. Que no fumen porque la sanidad no está para curar inconscientes.

A ser posible, si conseguimos que la gente no piense más que lo que queremos que piensen, mejor.

Y, curiosamente, cuando una persona no piensa le suele ir ferozmente bien.

Estamos creando un sistema que premia, con golosinas de baja calidad pero alta satisfacción inmediata, a quien no se pregunta el por qué de las cosas.

Existe un libro (la rebelión de Atlas) en el que las personas que piensan se declaran en huelga cansados de tanto soplagaitas y el mundo se va a la mierda.  Somos animales racionales que cuando dejan de ser racionales el sistema les premia de la misma forma que los mayores premios en los concursos de televisión no se dan a los más listos sino a los que cumplen las normas y generan algún escándalo procaz.

Cuando quienes tienen que decidir, aparte de no ser especialmente valientes, creen que no nos llega la cabeza para pensar, se toman decisiones que directamente y por nuestro supuesto bien ( un bien que nosotros no hemos decidido) consideran que somos estúpidos.

Así que no veas internet, no fumes, no bailes, no folles, no hables incorrectamente, no escuches música alternativa de finales de los 70, no abraces y si tu trabajo no me parece oportuno, no trabajes. Lo hago por tu bien.

No pienses, que ya lo hace el estado por ti. Viva la libertad de ser rebaño y estúpido. Un azucarillo para ti.


Pd: esto no significa que no haya un virus, que no se muera gente y todas esas cosas. No me metáis en sacos.

13 de enero de 2021

Steve Tyler y el Ornitorrinco nerd

Hace muchos años tuve, durante una temporada, la costumbre de irme con unos compañeros de universidad a un bar junto a la playa en el que, los viernes, nos daban unos batidos gigantescos y jugábamos partidas de trivial. No se nos daba mal porque éramos, siento admitirlo, un grupo muy culto de estudiantes de ingeniería industrial que estaban al bode de la marginación social por aquel principio de los 90.

Nuestros compañeros de colegio habían disfrutado de los últimos coletazos del rock radikal vasco y de los conciertos con drogas en los Gaztetxes que, a golpe de cartelismo independentista, poblaban los cascos viejos de las ciudades cargados de reivindicaciones que, hoy en día, resultan un tanto intemporales. Nosotros, sin embargo, jurábamos disfrutar con chistes basados en el principio de indeterminación de Heissenberg o alteraciones imaginativas del teorema de Frobenius. Ahora seríamos nerds.

Pero éramos, ya en tercero de carrera, unos nerds que habían encontrado a otros nerds y eso de sentirse parte de un grupo siempre resulta reconfortante.

Así que nos lanzábamos preguntas que respondíamos con certeza o con mucha gracia si es que no la sabíamos. Me preguntaron: "¿cual es el mamífero con la boca más grande?". No la sabía, lo acepto. Sin embargo mi cabeza me dio una respuesta que me hizo mucha gracia. Tanta que me reí yo solo antes de decirla y hasta dejé gastar el tiempo para darle un componente de expectación en el último segundo.

Me empecé a carcajear. Ellos sabían que , por lógica, iba a ser muy gracioso. Así que entre mis propias risas dije: Steve Tyler.

Casi con lágrimas en los ojos los abrí. Y miré alrededor dándome cuenta que nadie, en esa mesa, sabía quien era el cantante de Aerosmith. Crazy, del grandes éxitos, era número uno en aquellos días pero ni aún así. "No sabeis quien es, ¿verdad?". Y negaban con la cabeza entre cierta incomodidad al no saber reconocer el lugar donde estaba mi humor. Se hizo un silencio.

"El mamífero con la boca más grande es..."- dijo girando la carta y poniéndola ordenada y en su dirección adecuada en el perfectamente rectangular montón de las tarjetas- "el ornitorrinco".

Y los demás asintieron con la cabeza.

Justo ahí , como Juan Salvador Gaviota pero al revés, volví a ser un nerd que volaba solo.

Y así , hasta hoy.


7 de enero de 2021

Parecidos razonables ( Toni y el de los cuernos).

Si algo va haciendo la historia contemporánea es demostrar que la estupidez y el esperpento no tienen ideología. Cuando veo las imágenes de un tipo con cuernos y sombrero de Buffalo Bill en el congreso de EEUU me resulta igual de ridículo que Toni, aquel que vendía sus botas independentistas (a 600€) tras las revueltas que acabaron ( oh, cielos)  con un acoso a la Generalitat a la que Arthur Mas tuvo que acceder en helicóptero.

Los mismos argumentos absurdos se usaron en esos casos y en, por ejemplo, el asalto al congreso de Argentina, Paraguay o aquella vez que en Grecia se liaron a bofetadas porque ya se habían endeudado más allá de las cejas. No nos olvidemos que, por mucho que algunos lo nieguen, en España se pidió hace no mucho que se Rodease el Congreso y se han tirado piedras a cargos electos en un maravilloso homenaje a la democracia. Se ha acosado en las casas de unos partidos y de otros. ¿Qué diferencia hay?. Ninguna. Bueno, si, aquí no entraron a hacerse selfies (salvo Tejero, que se dejó el móvil en casa)

No hay ninguna diferencia entre la foto de una señora sangrando el uno de octubre en Cataluña y una de Vox sangrando en Sestao. Podemos encontrar los mismos argumentos a favor y en contra. Que si es ketchup, que si se tiró una piedra a si misma, que si le reventaron la cabeza los violentos sin escrúpulos que estaban gritando enfrente. Lo mismo me da que me da lo mismo. El resultado, si dejas a un lado tu propio sesgo cognitivo, es idéntico.

No hay ideología en el victimismo, en la excusa de que cualquier revuelta está justificada contra el otro y en saltarse cualquier norma básica de comportamiento humano. Los escaparates los rompen igual los fanáticos de la derecha y de la izquierda. Es más, cuando un gilipollas nace se hace del fanatismo que le pille más a mano. Si es de Hospitalet luchará contra el invasor español. Si es de Parla lo hará contra los inmigrantes que vienen a robarle el trabajo. Si es de Ohio lo hará contra el partido republicano. Pero si es de NY lo hará contra el demócrata. Y si es de Vallekas ( con K), lo hará contra el gobierno franquista, machista, capitalista y poco ecologista. En Euskadi hemos vivido bajo el fascismo de Eta 30 años. Eran fascistas de izquierdas que cogieron alegremente el relevo de un fascista de derechas para terminar haciendo lo mismo: amedrentar y matar a quien no piense igual.

Y, en ese caso, da igual lo que uno haga: pegar un tiro a un guardia civil delante de su hijo, entrar con los grises en una manifestación en Vitoria, quemar Barcelona, reivindicar a un dictador muerto hace 40 años, ponerse un cinturón bomba en un mercado de Kabul o entrar a pie en el Capitolio de EEUU para hacerse una foto en la tribuna de oradores. Cuando nos hemos creído que "el otro" personifica todo lo malo del mundo nuestra respuesta ya tiene justificación.

Hay artículos que acusaban a Biden y a Trump de pederastas según el medio que buscases. Ser peor que eso, es difícil.

Por supuesto que uno debe de ser libre de opinar las tonterías que quiera. Uno está en su derecho a ser comunista, franquista, independentista y del Leganés. Para eso vivimos en un país mundo supuestamente libre. Pero, eso sí, cuando nos creemos algo parecido al Harry El Sucio de la moralidad y que eso nos permite pasarnos por el forro la libertad de los demás, en ese momento somos unos estúpidos.

La estupidez no tiene bandera política. Es sólo estupidez. La historia lo va, tozudamente, demostrando. Todos los ejemplos son, conscientemente, de extremos que se parecen.

Hoy, un día después del esperpento americano, algunos que ya lo intentaron o que hicieron lo mismo en otros lugares se echan las manos a la cabeza. El último tweet de Trump ponía: apreteu. Supongo que cuando el que hace el ridículo es otro los argumentos cambian. Al menos en EEUU entraron disfrazados, que tiene mucha más gracia. Eso sí, 4 muertos. Eso ya no tiene tanta gracia.

Y sólo son parecidos razonables.

Quizá debemos criticar los hechos en vez de preguntarnos quien los hace porque no es quien lo hace, sino lo que hace. A ver si va a ser diferente que te reviente el culo un tipo de derechas o de izquierdas , nacionalista de un lado o de otro, negro, árabe, mujer o pigmeo. Te dejan el ojete igual de roto.

5 de enero de 2021

He pedido a los reyes: irme a la mierda un poco más tarde.

España. Día de reyes. Un país de entrenadores de futbol, de presidentes del gobierno, de planificadores de vacunaciones, de críticos literarios y musicales. Un país lleno de cuñados pero un país en el que si llamas al portero automático y dices "yo", te abren la puerta.

Y cuando alguien descubre el hecho demostrable de que no ganamos la liga, que no nos vacunamos y que nuestras artes se van , poco a poco, convirtiendo es música de anuncios y eslóganes , lo que se hace es culpar al otro. Otro que siempre es muy poderoso y que me oprime por ser, a elegir: mujer, inmigrante, proletario, pobre, cojo, con un solo huevo, bajito, con granos o simplemente gilipollas si es que se usa como excusa cualquiera de las anteriores.

Y lo que sucedió es que como éramos entrenadores, gestores, vicepresidentes y sesudos críticos, no había nadie que supiera patear el balón, poner una inyección o hacer una canción.  Quizá lo había pero le matamos ( después de reírnos del único que cogía el destornillador en este país de ingenieros).

No pido que seamos más listos y menos estúpidos, porque eso es imposible.

Solamente deseo que la degradación sea lenta y, como el cambio climático o el pago de la deuda, se lo coman tus hijos y no yo.


Pd: la canción de reyes. y abajo, otra que no es de reyes.
I can't escape it I'm never gonna make it out of this in time I guess that's just fine I'm not there quite yet My thoughts, such a mess Like a little boy What you runnin' for? Run at the door Anyone home? Have I lost it all? Struck me like a chord I'm an ugly boy Holdin' on the night Lonely after light You begged me not to go Sinkin' like a stone Use me like an oar And get yourself to shore Bang at the door Anyone home? That's just what they do Right in front of you Like a cannonball Slammin' through your wall In their face, I saw What they're fightin' for I can't escape it I'm never gonna make it till the end, I guess Struck me like a chord I'm an ugly boy Holdin' on the night Lonely after light Bangin' on the door I don't wanna know Sinkin' like a stone So use me like an oar Onto fight what I can't see Not tryna build no dynasty I can't see beyond this wall But we lost this game so many times before I've been on a cold road I'll be waiting I'll be waiting for the old times Waiting for the time to pass I've been on a cold road I'll be waiting for the old times Waiting for the time to pas

31 de diciembre de 2020

31/12/2021 ( vs 1978 en San Francisco)

Se me olvidaba. Una de las cosas que han pasado, si lo pensamos con la distancia que dan 9 meses de pandemia, es que algunas de esas personas que se daban golpes en el pecho jurando que pasara lo que pasara iban a estar ahí, ya no están. Y , sin embargo, quienes no hacían tanto ruido han demostrado que su palabra es suficiente y que cuando nos hemos sentido solos eran capaces de recordarnos que podíamos contar con ellos. Es una criba. Quien se ha difuminado lo hizo porque quiso. Solo queda el humo de su evaporación espontánea.


 El 31 de Diciembre, pero de 1978 y siendo teloneros de ¿Grateful dead?, pasaba esto:


Es el mejor concierto que vas a ver hoy.

30 de diciembre de 2020

2020. No dejé de fumar. ( resumen comentado)

He estado revisando, como todos los años, las entradas de este blog. Reconozco que no son muchas pero vosotros, los que me leéis, ya no sois los miles de cada día sino una banda de degenerados locos que se aferran a refugios absurdos como puede resultar mi vomitorio.

No voy a dejar escapar de entre los momentos del año el hecho de haber publicado mi segundo libro que es, y lo siento por el primero, mucho mejor. Es una radiografía del egoísmo humano en las relaciones modernas, en la mercadotecnia y en el valor de la vida. Toma ya.

Curiosamente una de las cosas que nos deja el año es algo parecido a lo que quise escribir, aunque algunos se quedan sólo con la mamada interruptus de la página 39. Nos hemos descubierto como egoístas, como vendedores sin escrúpulos con discurso moral y hemos dado un valor a la vida que quizá, solo quizá, tampoco es tan importante.

Siempre pensé que a nosotros nos parecía muy loco que alguien se pusiera un cinturón bomba y se hiciera explotar en un mercado de infieles pero es porque creímos que la concepción de la vida que tenemos es la misma en la cabeza del terrorista suicida que, con la vida de mierda que probablemente tiene, prefiere lo que le espera en el más allá. Con y sin cien vírgenes para él. ( que no entiendo la manía que tienen algunos con las vírgenes cuando entrenadas son mucho más divertidas)

Por otra parte hemos descubierto cómo nos venden cosas que ni nos hacen falta ni son a nuestro favor. Nos venden, por ejemplo, que cerrar nuestro bar y quedarnos sin ingresos está muy bien porque así seremos mejores personas. Mientras tanto, quien nos vende ese discurso, se sube el sueldo público. Nos venden, y voy a ser honestamente hostil, que van a castigar a los ricos y hemos descubierto que si somos autónomos ( que se nos sube la cuota en plena pandemia) o si cambiamos de coche (que a partir de mañana son una media de 700€ más de matriculación) o si tomamos un refresco, o si tenemos un par de empleados, o si trabajamos para vivir, entonces es que los ricos éramos nosotros. Se nos venden discursos pero se nos sodomiza, eso sí, diciéndonos que nos quieren. Dime que eso no es de comercial de tercera división o tercera vicepresidencia. O segunda, que ya ha ascendido. O primera. O desde el banquillo de la oposición. Ha sido un año de trampas. España se ha convertido en un lugar de extremos.

Y, lo que me resulta más claro: somos una banda de egoístas de mierda. Alguien me dijo que tenía muchas ganas de verme y le duró hasta el martes que apareció uno con un máster ( o varita mágica, no sé. Varita, seguro. "Ha sucedido así"- me dijo. Yo pensé, entonces, que cambiaba más rápido de parecer que un presidente del gobierno).

Si algo ha sacado todo esto, en donde a algunos les gusta pensar que están viviendo en una serie de televisión de demasiados capítulos, es que exigimos de los demás lo que no damos. Nos queremos creer el protagonista bondadoso atacado por las fuerzas del mal encarnadas en los demás: En los negacionistas, en Trump, en el fascismo que solo es de derechas, en la Eta, en la industria cárnica o en los fabricantes de incienso para quemar en tu casa mística. Da igual. Vivir en un extremo está de moda porque nos permite ser víctimas. Y a las víctimas, me da lo mismo que sean del imperialismo progre o del capitalismo que mueve a los políticos como títeres, hay que darles lo que piden sin preguntar el por qué lo piden. Creo que lo escribí con ganas aqui.

Así que así acabamos el año: hipócritas, en una guerra contra todo y procurando haber elegido el arquetipo correcto de comportamiento.

Y no hemos descubierto lo que es verdaderamente importante porque hemos jugado a un juego que yo propuse hace muchos años: imagina un mundo en el que no existe lo que a ti no te gusta o no te interesa. Por ejemplo, en mi mundo no hay espárragos. Así que el mundo que estamos dejando, piénsalo bien, asesina al comercio de la equina que da trabajo a tu vecino. No hay conciertos ni se compran los libros que deberíamos ( ¿ te he dicho que he escrito un libro?). Los bares están cerrados. Las calles son desiertos a partir de las ocho de la tarde. No puedes conocer gente nueva que te aporte puntos de vista diferentes. No debes bailar. Nadie sabe, en realidad, si sonríes al verle.

Quizá nos hemos equivocado al elegir. Y elegir, me lo dijo quien me hizo daño al irse jurando que la había echado, es renunciar.

Lo único que ha salido más fuerte es el sesgo cognitivo que no es más que buscar pruebas de eso que ya creíamos para ratificar nuestras razones. Y en eso internet es maravilloso porque si crees que existe una china con tres tetas, la buscas y hasta sale una foto. Pero eso no quiere decir que exista.

Así que es un año de egoismo, vendedores falsarios y exageración del valor de la vida. Sé que no estareis de acuerdo con esto último pero yo no creo que vivir sea respirar cada mañana sin poder hablar, reir, amar o aprender. Eso sí, cotizando como un perro.

Nos vemos en el 2021 que podría ser peor, podría llover.



Pd: ya he empezado el libro nuevo. Es de humor. Y de terroristas. Y de contraterroristas que son terroristas. Vamos, que va de intentar demostrar que los extremos son demasiado parecidos. Que si cambias tus argumentos de lado y te parecen una mierda quizá es que son una mierda. Que Podemos, Bildu y Vox se parecen demasiado. Cada uno vive en su serie televisiva pero ninguno en el mundo real. ¿ Para qué? Si les va de puta madre así.


23 de diciembre de 2020

20 de diciembre de 2020

Arde el imperio (Voy a incendiar las calles el dia que quieras que sea Navidad)

 

20 de Diciembre (2009).

 

Había pasado un pequeño tiempo en casa, sentado en su sitio delante de la tele y con una bata azul que escondía la forma en la que perdía toda la energía.

No me llames a casa mañana porque vuelvo al hospital me dijo.

Fui obediente y no le llamé a casa.

Creo que me reconoció un par de veces aquella última semana y se fue sin hacer ruido, esperando a que todos estuviéramos dormidos, a las seis de la mañana de un frío y nevado veinte de diciembre.


Saqué su ropa del armario ese mismo día. Recogí todo lo que pude, incluso la caja del dvd que todavía habitaba la mesa del salón.

Al revisar el ordenador me encontré unas instrucciones precisas de qué hacer en ese momento, a quien llamar, cuáles son los seguros que hay que reclamar. Mi padre siempre se adelantaba a los acontecimientos.

Después de una breve ceremonia a primera hora de la mañana y sin nadie más que los mínimos en número, con un palmo de nieve en las afuera de Madrid y el hielo colgando de los pequeños árboles en un fenómeno que se llama “lluvia engelante”, hice lo que se esperaba de mí: Conducir quinientos kilómetros para ir a trabajar.

Nadie me vió, con mi traje oscuro y en alguna cuneta camino de la Nacional I, romperme del todo.

19 de diciembre de 2020

Master en imbécil

Siempre, desafortunadamente, tiene que haber un imbécil que dice las cosas. ¿Sabes?. Ese que te dice que has engordado y que una vez te dijo que te veía más guapa. O ese que te pregunta el por qué, como si fuera el muñeco de nieve Olaf. Siempre ha de existir, de la misma forma que está el gordo, el borracho, el promiscuo, el básico o el snob, ese incómodo compañero que duda de todo o se pregunta por el motivo de las cosas. Ese gilipollas que piensa en de donde venimos y hacia donde van nuestros pasos si es que actuamos de la manera que nos planteamos en este presente.

Bien. He descubierto, a mi pesar, que yo soy ese imbécil.

Y como ahora, en esta sociedad de múltiples elecciones, podemos elegir con quien nos juntamos, ya no existen esos grupos heterogéneos de los pueblos de verano en donde la elección de los amigos la hacía la edad. Si te tocaba ser el malo , lo aceptabas. Si te tocaba ser el borracho o el que caía en todas las bromas, lo aceptabas. Yo era el estudiante deportista en invierno y el rarito pequeño en verano, porque sacaba buenas notas y jugaba al baloncesto pero en verano , aparte de tener un año menos que los demás, no jugaba al fútbol pero me iba por ahí en bicicleta. Ahí estábamos, como si fuera verano azul o física y química: grupos formados por la casualidad y el baby boom.

Sin embargo hoy en día los grupos parecen más fruto del sesgo cognitivo. Por una parte los pijos o los  emos ( no sé si existen) , o los que van de rojísimos, feministísimos, mariconísimos (me refiero a la pluma), nazísimos o incluso pesadísimos militantes de lo que sea. Y avanzan, como los tipos de reservoir dogs, dándose la razón los unos a los otros casi como si se chuparan las pollas en una orgía de pensamiento identitario. Ojo a quien se atreva a preguntarse, ni siquiera de soslayo, si existe alguna opción diferente a la marcada por el grupo. Será condenado directamente por el delito de cuestionar alguna verdad. Hereje. Quememos en la hoguera a Galileo o , al menos, hagámosle un arresto domiciliario.

Reconozco que yo viví el final de los Punk y los Mods. Acepto, con muchísimo respeto, el mundo Heavy. Pero, es curioso, se puede ser Heavy y gay. Se puede ser Mod y hacer punto de cruz en casa. Hay Punks que se duchaban a diario y alguno hasta no tenía perro

¿Se puede, hoy en día, jurar ser de izquierdas pero aceptar que existe un feminismo intransigente revanchista diferente a la idea de igualdad de género?. ¿Se puede ser de derechas y aceptar que una muerte digna es el último derecho que debe respetarse a una persona de bien mientras se rompe por dentro?. Te veo ardiendo en la hoguera.

O quizá sí, pero no lo parece.

Creo que hemos perdido algo llamado tolerancia entre 1969 y hoy. Nunca más que ahora se habla de diversidad, libertad y democracía pero es un derecho exclusivamente para quien piensa como yo. Al menos en los grupos que se forman en las esquinas de las calles y que ayudan a forjar lo que seremos mañana. Y como alguien nos quiso convencer que podíamos ser adolescentes hasta la jubilación, las bandas ideologías juveniles se extienden hasta más allá de la emancipación de tu primer hijo.

Al menos eso veo. Yo. Que soy el imbécil que cuando preguntó por qué, se quedó solo. Que soy el que cuando dice algo en alguna red social no es rebatido sino directamente insultado.

Un máster en imbécil. Estoy esperando que me llegue el título.


14 de diciembre de 2020

De esta navidad salimos más tontos ( felicitaciones dulces)

 "A mi"- decía una chica en la mesa de detrás del bar abierto y en peligro de extinción por el bien de todos ( menos de los hosteleros)- "me gustan los hombres sentipensantes". Y se quedó haciendo una pausa dramática esperando la aprobación de sus interlocutoras. "Ya sabéis que yo soy sapiosexual"- dijo otra. En ese instante pensé, por un momento, que si existe el karma un coche con seguro a todo riesgo debería empotrarse contra la cristalera asesinando a dicho grupúsculo y abonar generosamente los gastos de los arreglos al dueño del establecimiento.

Pero el karma, amigos, no existe.

En realidad lo que existe es la proximidad de una de esas navidades en las que, otra vez más y con una fuerza acumulada casi como de seres que provienen del averno, las felicitaciones de falso afecto edulcorado van a bombardearte.

Olvida una llamada y por supuesto nada por escrito en papel. La posibilidad de contacto personal está estrictamente prohibida. Prepárate, protegido por la bibliografía de Bukowski o los mejores momentos de Houellebecq, al ametrallamiento de deseos parecidos al final de una película de sobremesa de sábado. A la horadada y miserable consecución de frases rebuscadamente horteras. A los "que la magia de la navidad nos haga más fuertes y solidarios de lo que fuimos nunca para conseguir tener un año feliz". A las personas mágicas de chocolate que viven en las casas de caramelo del barrio de la piruleta.

¿Cuándo nos volvimos  gilipollas   ridículos del todo?.

Porque gente ridícula ha existido siempre. Paco Clavel. Rappel en tanga de leopardo. Los sombreros de frutas que llevaron a Carmen Miranda a ser la actriz mejor pagada de Hollywood. Pero eran excepciones. Ahora lo excepcional es no hacer nada ridículo. Decir "Feliz Navidad" en navidad o "Feliz cumpleaños" el día que alguien que aprecias y conoces cumple años. Decir, incluso, que "prefiero que sea lista a que sea un pibón aunque si tiene las dos cosas, mejor". Reconocer que "soy un mierda" en vez de argumentar que "soy un ser introspectivo con una vida interior que no entienden las personas normales" porque eso es una excusa que, analizándolo, te coloca en una posición superior a la media cuando la verdad es que eres un mierda y , además, ridículo.

En algún momento entre los ochenta y ahora creímos que éramos publicistas, pero de los chungos. Que si "de esta salimos más fuertes". Que si "la belleza del mundo se vive de forma intuitiva". Que si "el tiempo es el único polígrafo". ¿Os habéis vuelto todos tontos?

Hace años escribía aquí mismo que llegaba "La invasión de los místicos" y estas navidades van a ser la definitiva prueba de que ese virus ha convertido a la mayoría en Zombis de un buenismo cursilón vacío de contenido donde, después de "anhelar el calor de los corazones en tu vida gloriosa que te traerá de todo con el año nuevo", no habrá más que un extraño que perdió medio bit de datos en su móvil para calmar su propia inmadurez.

Y, como el karma no existe, se quedará tan tranquilo como la imbécil de la mesa de atrás buscando hombres sentipensantes no binarios en Badoo, que es un sitio donde está para ver si un sábado borracha, alguien le sube el ego. Ya, si eso, quizá eche un polvo. Eso sí, un polvo sapiosexual introvertido.

Al terminar intercambiarán los números de móvil o los nombres en Telegram. ¿ Para qué?. Para enviar una felicitación de mierda. Dulce como una tarta de tu abuela. Muerta, como la mía.

De esta navidad, salimos más tontos.

7 de diciembre de 2020

La necesidad de una guerra

Orwell mantenía, no sin razón, que en ese mundo distópico de 2020 1984 los seres humanos tenían la necesidad de estar siempre en guerra. De esa forma y con la excusa de una situación de excepción, se podían mantener las estructuras de manera continua para, así , continuar el control sobre la masa. La guerra para Orwell no consistía en la conquista o no de unos territorios sino defender una determinada y supuestamente mejor organización social de una debacle absoluta que iba a llegar si se fracturaba lo que  con tanto esfuerzo se había logrado conseguir.

En realidad hay personas que, como aquel japonés que fue encontrado en la selva 30 años después de haberla perdido, necesitan mantener en su día a día la sensación de estar continuamente en guerra contra algún tipo de enemigo. Los hay que siguen luchando contra Franco y los hay que siguen luchando contra el comunismo de Lenin. Entre ellos, de vez en cuando, generan supuestas disputas que alguna vez se lleva por delante uno o dos contenedores quemados. Y se van a casa, ufanos, creyendo que han hecho algo importante en la batalla de Midway, de las ramblas o de los alrededores del Santiago Bernabeu. Luchan contra la imposición por parte del "otro" de valores incorrectos que atentan contra la moral de "los unos". Y, con eso, me da igual que digan que es que se les impone una religión que no quieren, una lengua que no hablan o un documento de identidad con unos colores que no le gustan. La manera, entonces, de ser el libertador de las ideas justas, es imponer la religión contraria, favorecer la otra lengua e inventarse un documento de identidad alternativo, aunque sea con una impresora de inyección de tinta de 60€ con cartuchos compatibles, de esos que dejan rayas.

La guerra jamás, decía Orwell, logra resultados positivos y definitivos.

Las guerras, brutales o domésticas, sólo dejan dos bandos de perdedores.

¿Cuándo no se ha estado en una especie de guerra?. No de las de bombas sino de las otras, de las de cada día. En guerra contra el capitalismo, contra el machismo, contra las feminazis. En guerra contra la moral cristiana, contra la monarquía, contra el maltrato animal. En guerra por mantener el estado del bienestar, la sanidad pública, por un mercado de trabajo justo. En guerra por los precios de los pisos y por el paro juvenil. En guerra por la educación de calidad y gratuíta con bajadas de impuestos y subidas de salario a los profesores. En guerra por el racismo. Da igual, hay que estar en guerra.

Y, en realidad, ya no hace falta que haya enemigo porque somos perfectamente capaces de crearlo, como un virus que nos mata y nos bombardea. Algo que nos sirve como excusa para defendernos o sacrificarnos creyendo que hay un motivo, una razón, una libertad o una moral que defender. Da igual estar en guerra contra dictadores muertos o contra terroristas vencidos. El caso es estarlo.

Mientras tanto, justo antes de darnos cuenta que al final también somos perdedores, lo que hay que hacer es estar en guerra.

Porque parece que tenemos esa necesidad: la necesidad de una guerra.

5 de diciembre de 2020

Lucille y la intransigencia.

 -¿Qué haces?

-Estoy acabando un vino malo. Oyendo llover de costado. He empezado oyendo los discos de Burning del 74 y estoy con Black Pistol Fire a todo volumen para dejar que el final del día me posea.

-Yo estuve oyendo bb king.

-¿Con Lucille?

-No, sólo BB king.

-Lucille es la guitarra.

-Ah. No lo sabía. BB king me gusta mucho. Soy fan.

-Hombre. Mucho no porque yo no soy un gran fan pero conocía el dato.

-¿Vas de listo?

-No, solamente intentaba ser empático con lo que decías estar oyendo.

-Me aburre esta conversación.

-Bueno. Oye. Si lo que querías era hablar de los filósofos alemanes de princpios del XX, haberlo dicho.

Creo que me dijo alguna palabra malsonante y me bloqueó para siempre. En realidad BB King estaba tocando en Arkansas allá por 1949 y dos tipos se empezaron a pelear. En medio de la pelea golpearon un un barril y éste salió ardiendo. Todo se quemaba y, una vez fuera del local, King entró a rescatar su guitarra. Una Gibson acústica. En ese incendio murieron dos personas y él se enteró que aquellos hombres se peleaban por una mujer llamada Lucille. Desde entonces todas sus guitarras llevaban ese nombre.

Una mujer impaciente (princesita y soplagaitas) se quedó sin conocer la historia pero dirá que es una fan. Supongo que también jurará que es cinéfila porque tiene una suscripción a netflix y dirá que es melómana porque usa Spotify. Estamos rodeados de personas y personajes que te dicen que te calles, si es que hablas de Cuba, porque estuvieron en un resort en 1997 con sus padres sin salir del complejo hotelero.

¿En qué puto momento recorrer la M30 te hace un experto en Madrid? ¿Cuándo haber discutido con el novio del instituto te hace una experta en violencia de género? Es más, ¿ por qué cuando alguien sabe un poco de algo pero, en realidad, no tiene ni puta idea , no es capaz de reconocer la derrota o su mentira previa? Quienes más ruido hacen hablando de terrorismo no han salido de Moratalaz ni para orinar mirando al norte.

Hace muchos años estuve invitado a un cumpleaños. A mi lado un muchacho como yo ( he dicho muchos años) me contaba que era algo parecido a un Hacker. Que entraba en ordenadores y hacía no sé cuantas cosas. Yo estaba callado y le miraba con una pose de admiración. Es más, le pedía que me contara más y, según hablaba, sus faltas de rigor eran mayores. Así que fui malvado. Le pregunté si conocía a gente de la ciudad que supiera tanto como él. Y ahí cayó porque me empezó a hablar de unos chicos que, desde una pequeña tienda, hacían cosas con sus equipos. Y la verdad es que les tenía magnificados porque, casualmente, yo trabajaba allí. Sin embargo le dejé hablar y hablar. Eché la mano a la cartera y, dándole una tarjeta, le pedí que viniera a enseñarnos. Ahí descubrí que yo, quizá, ya sabía desde el principio que aquello era una pose. Jamás apareció. Supongo que es lo mismo que bloquearme cuando te hablo de Lucille. Supongo que es por eso por lo que no hago muchos amigos. Y parto del principio obvio en el que ni sé de BB King ni de informática porque si algo tengo muy claro es que cuanto más sabes de algo, más cuenta te das que te queda mucho por aprender.

Falsa modestia, dirán algunos haciendo trampa. De verdad que no. Pero estoy, literamente, hasta la punta de la polla de todos esos que van de expertos en todo y solo son mierdas. El problema es que cuando la conversación, el chat, el titular o el tipo de letra no es el que sus majestades esperan, lo desprecian sin hacer el más mínimo esfuerzo de preocuparse por el contenido. "No voy a hablar contigo porque, aunque hayas razonado tu forma de sacar del último puesto a España de la recesión económica mundial, estudiaste con el vecino del concejal de Vox de Alpedrete así voy a hacer lo que diga mi cuñado, que piensa como yo y me hace todos los años la declaración de la renta". Algunos hasta son ministros. "Me vas a decir tú a mi"- le dijo seguramente un tipo a BB King discutiendo sobre blues.

Lucille estaba en su estuche.

No hay mucha diferencia entre las princesitas del Tinder, los que llevan el gen del cuñado como un virus y algunas actitudes viciadas de los predicadores políticos.

Por cierto. Los black pistol fire son así de buenos:


2 de diciembre de 2020

El amor, los grupos, la velocidad, el esfuerzo y la modernidad

Un buen amigo, que ha llegado a Esa Incierta Edad, me remite a un documental de esos que nos ponen parte del supuesto futuro deseado delante de la cara y nos explota: La teoría sueca del amor.


Y lo que sostiene, con nítida razón, es que eso que llamamos modernidad tiene un poso de soledad absoluta que tapamos con migas virtuales. En realidad él, que es un optimista escondido tras una carcasa de crítica, lo quiere llevar a la necesidad del ser humano de pertenencia a un grupo y que ese grupo es, o debería ser, algo parecido a lo que entendemos como familia. En todas sus variantes. Eso lo dice porque dispone del resultado contrastable de haber logrado uno de esos triunfos llamado Familia. Mas o menos, y ahora que no nos oye, se siente orgulloso de pertenecer a un grupo y que ese grupo sean quienes le acompañan a cenar. Masturbación psicológica en estado puro. O reafirmación. O frases ocurrentes sin continuidad, que le encantan.

Sin embargo, de la misma forma que la definición de familia es variable, el grupo al que cada uno necesita pertenecer cambia con cada cual. Podemos suplir nuestras carencias personales con un club de ajedrez, llevar la camiseta de un equipo de fútbol o jurar que somos militantes convencidos de alguna ideología política. Algunos, de forma inconsciente, necesitan sentir que pertenecen a algo y ese algo les aliena. Recibimos imputs continuos con ofertas de pertenencia: ser de una marca, defender una idea, vestir de una determinada forma. El marketing sabe que el ser humano necesita pertenecer a un grupo y te da opciones aunque te cuesten dinero o amigos, si es que los tienes.

Cuando un ser humano de mediana edad vive ese momento dramático en el que descubre que su vida no va a ser como la película que le emocionó en su adolescencia, se reformula. Ha vivido un desengaño, ha descubierto que no será el personaje históricamente trascendente que soñó o simplemente se ha hecho mayor de golpe. Son esos momentos en los que más de uno vuelve a ser el adolescente permeable que fuimos todos, el cuñado que ha de tener razón por defecto, aquel que te mira con cara de condescendencia cuando le llevas la contraria. Durante ese cambio de carácter la necesidad de una guía es prioritaria y, como los falsos ídolos, algunos se dejan llevar por predicadores. Supongo, porque solamente soy un observador, que es mucho más sencillo ir a la moda (ideológica o de ropaje) que el esfuerzo a largo plazo que tiene aquello de generar unos vínculos humanos.

Si algo tiene de verdad el documental es que la individualidad, que más de uno considera una virtud, lleva implícito un destino de soledad y un incremento del número de personas que encuentran en sus casas muertas y detectadas por el olor. Es muy complicado mantener la cordura cuando queremos creer que nosotros solos podemos con todo. Pero también es complicado aceptar que las relaciones humanas son, por definición, imperfectas. Si algo se extiende como una pandemia es la cantidad de personas que viven en sus almenas esperando que venga a rescatarlas alguien perfecto que, obviamente, no llega nunca. Un bombero con tres carreras y dos máster, que hable seis idiomas. Una ejecutiva lista y culta de largas piernas que se ponga el mono de cuero los fines de semana, siempre soleados, y siga por la carretera en nuestras Harley. Cuando aparece el tipo algo ajado con una licenciatura y solamente dos idiomas, no pasa el corte. Cuando ella tiene bruxismo ya lo la quieres. Somos unos hijos de puta egoístas que queremos mucho más de lo que somos capaces de dar. Eso termina con el licenciado y la bruxista buscando en tinder lo que no existe. Y, como tienen ese vacío de dependencia, se hacen de Podemos, de Vox, de Apple o del Atlético de Madrid. Lo mismo da que da lo mismo. Es tapar. Se detecta fácilmente: defienden irracionalmente a su grupo sin cuestionarse siquiera la verdad del discurso oficial.

El ser humano necesita pertenecer a un grupo. La familia era ( y es) una respuesta pero lleva un esfuerzo que algunos se niegan, en estos tiempos de inmediatez.

La teoría sueca del amor es dolorosa. La teoría española del amor, probablemente más promiscua pero igualmente solitaria, lleva a lugares similares donde separados o desengañados intentan ser quien no son para poder sentirse parte de algo mayor que les defiende, les recompensa, les protege y, si hay suerte, les proporciona satisfacción carnal.

Pero sólo es capaz de protegerte lo que proteges. Solo es capaz de quererte a quien quieres. Solamente es posible crear algo con tiempo, dignidad, modestia y esfuerzo. Y honestidad.

Quizá el principio es ser honesto con uno mismo y dejar de intentar ser quien no somos.
Es mucho más difícil de dar un abrazo de verdad que media hora de sexo incendiario.
Conozco a quien, cuando empieza la conversación, lo único que quiere es vestirse y salir corriendo.

Los grupos de verdad no son rápidos. La modernidad se disfraza de velocidad.

La sociedad sueca, moderna y veloz, tiene un problema. Quizá no es tan bueno lo que viene, multiconectado desde el cubículo de tu casa. Quizá es que a mi, una mujer que jamás admitió que tenía bruxismo, me engañó con un sueco.

"No pertenecería a un club que me admitiese" si es que soy Groucho o si me admite demasiado rápido.