Mal dia para buscar

5 de noviembre de 2013

El abismo del "bienquedar"

Un grupo de Burdeleses, que, según mi fisioterapeuta, son los habitantes de Burdeos, se han apropiado temporalmente de una llama de un circo en pleno éxtasis alcohólico y se han ido de fiesta por ahí con ella como una más. Les han pillado montándola en el autobús y, sinceramente, me ha hecho gracia porque ni se ha muerto la llama ni se ha dañado a ningún francés en el intento.

Cuando he comentado, en una de esas redes sociales infestadas de buenos deseos y fotos de perfil retocadas, que me ha hecho gracia he recibido varios comentarios. Uno, el más gracioso, comentaba que en cierto festival un grupo de amigos vieron una granja de avestruces y pensaron, casi al estilo francés, que aparecer en los conciertos montados en sus corceles de cuello largo sería divertido y les hubiera dado una perspectiva del escenario mejor pero, sin embargo, su tasa de alcohol en sangre les impidió saltar las vallas. Otro, el más absurdo, me acusa de promover el maltrato animal y considerarme un asesino torero de la humanidad por jalear a unos bastardos. Los demás, se sonríen y siguen a sus cosas.

Por otra parte hoy he leído que se ha puesto en marcha de manera casi mundial una acción para intentar mentalizar a los hombres sobre los peligros del cáncer de próstata y la manera de hacerlo es, sencillamente, dejarse bigote. Lo llaman Movember y se consideran cool, que es gafapástico con recochineo. Me recuerda a esas cosas que las chicas ponen en sus estado de facebook porque dicen que les preocupa el cáncer de mama y se hacen las interesantes poniendo "me gusta hacerlo en la mecedora de la abuela" para que les preguntes de qué se trata y entonces te digan que es por el cancer. !Coño, si no se te ocurre otra cosa,  hazte una foto de una teta, que es más interesante a la par que mucho más estético!. Ahora es cuando me llaman insolidario, machista y cabrón.

Soy un insolidario porque me gusta el humor negro o el humor absurdo, porque me incomoda más un gerente de una fábrica de Apple en China que un torero, y es que el último los mata de uno en uno. Soy capaz de perdonar todas y cada una de las estupideces del ser humano pero cada día que pasa soy menos tolerante ante la estupidez y la prepotencia de todos aquellos que se establecen como expertos de nada. "Me vas a decir a mi"- empiezan sus frases, las mismas que terminan molestos porque quisiste entrar con zapatillas de deporte en una discoteca o comes con cubiertos en el chino y eso resulta que es una degradación de la ancestral cultura respetable del asiático en cuestión.

De la misma manera que hace años no se podía hacer humor con ETA, el Rey, la guardia Civil o Franco ahora parece que no se pueden hacer chistes de negros o de chinos, de toreros (si es que quedan bien), de gangosos, de moros o de mujeres que conduzcan mal.
Ahora se vive con lo correcto del "bienquedismo". No hablemos mal del vecino pero sodomicémosle con una sonrisa en forma de puño. Respetemos a los extranjeros pero que no nos quiten los puestos de trabajo porque, en ese instante, pasan de ser una minoría respetable a unos insolidarios. Amemos a los perros y a las llamas, porque los animales tienen que tener derechos como almas de Dios que son, pero no nos escandalicemos porque sigamos pagando con armas a los del Congo y así tener barato el coltán de nuestros teléfonos de última generación para los que tenemos que tener, porque es un derecho constitucional, wifi gratis y de calidad, como la sanidad y la educación.

Y pongámoslo en twitter para que lo diga Wyoming o algún tipejo de Intereconomía, que al fin y al cabo son lo mismo pero del otro lado. Publiquemos cosas en nuestro muro que nos hagan sentir solidarios y miremos mal a los que hacen chistes de Madeleine. Compartamos tonterías de esas que dicen que te va a tocar un coche si pones la foto de la Peugeot o que el facebook va a ser de pago y estemos tranquilos cuando en Internet se censura a una mujer dando de mamar a un niño y se permiten videos de ejecuciones sumariales en páginas de máxima audiencia.

En realidad creo que nos lanzamos al abismo de tener mil cuidados en nuestro marketing y criticamos cuando alguno saca un poco de esencia. Queremos más a las compañías que abusan de las palabras "felicidad" y "diversión" que de las que se atreven a contarte sus verdades. Es como no admitir que has buscado porno: una hipocresía. Ahora insúltame porque ayer fui expresamente a buscar un buen par de tetas turgentes a mi ordenador. Tú no lo has hecho nunca, tampoco te has emborrachado jamás ni te has reído con chistes de tullidos.

Otra cosa es ser tan tonto como creer que los chistes son de verdad.
La misma tontería que creer que si no lo dices, no existe.
O que creer que si lo pones en facebook, desaparece.

Ahora, si te da la gana, te dejas bigote pero, lo siento, el cáncer se cura cuidándose y apoyando a la investigación. Las desigualdades se arreglan siendo solidarios de verdad. En definitiva: haciendo cosas de verdad y no tocándome los huevos con tantas tonterías.

Pd: Cada minuto que pasas copiando y pegando "likes"...muere un gatito.

3 de noviembre de 2013

De Pocoyó al Frutero (referentes)

-El día que llegue la revolución de verdad las personas bajaran a la calle para ver si les han quemado el coche.- Más o menos eso decían el otro día por televisión, y tienen razón.

A lo largo de las últimas semanas se ha muerto Pocoyó, que era el referente de una generación como lo pudo ser Espinete o como lo pudo ser Caponata, que estaba acompañada de Pérez Gil (que no Perejil, el caracol). También se ha muerto, o está agonizando en las brasas de los últimos 52 millones de dinero público, la empresa favorita de los terroristas de ollas a presión: Fagor. En el primer caso se jactaban, felices y ufanos, de ser la primera empresa de animación española: Zinkia. (Esto mismo le pasaba al enorme y subvencionado ejemplo de innovación tecnológica que era Hiriko, el coche eléctrico del futuro que pagaba sueldos de 26000€ a sus directivos y se murió antes de nacer sin que lo rescatara Gallardón) . El en segundo caso, el de la cooperativa en la que, más o menos y de forma estatutaria establecía que las felaciones y sodomizaciones se reparten entre los cooperativistas, se ha caído como se caen las grandes empresas sin que su estructura y ese entramado empresarial les salve porque están demasiado ocupados con salvar cada uno su propio esfínter, que es lo mismo que decir que están mirando su coche por si la rabia de los demás se lo queman. Eroski ya no va por ahí contando que vende más que El Corte Inglés y éste último, si te fijas con detenimiento, va alquilando sus espacios interiores para que las tiendas se instalen en sus edificios con la idea de reconvertirse en otro centro comercial donde el riesgo lo asuman otros y sea el gran casero español.

Se nos caen los referentes de la misma forma en que se mueren los grandes músicos y ese hueco lo cubre  Justin Bieber, los teléfonos chinos, la ropa vietnamita, Ryanair y unos kilos de marketing que incrustan en el cerebro la idea de que no pasa nada pero, a la vez, está pasando todo.

Se nos van referentes de esos que se necesitan para alimentar el ego innato de la superación, de tener un objetivo al que llegar, aunque sea inalcanzable como cuando Homer se comparaba con Edison. Tuvimos como ejemplo a Da Vinci, pero alguien nos contó que ese genio estaba fuera de nuestro alcance. Tuvimos como ejemplo a ese compañero de clase, torpe y procaz, que se puso a hacer casas y se hizo rico, pero luego se hundió cuando adivinamos que era una farsa. Algunos creyeron que Steve Jobs y su mito del garaje era algo a seguir, pero Wozniak era el genio pisado por el vendedor. Nos gustó el sueño del dibujo animado, de la cooperativa, del coche eléctrico, de la cadena de supermercados...y se van cayendo como se cayó el scalextrix. A nuestro alrededor las figuras se sustituyen por futbolistas y famosos de cama, se cambian por banqueros egoístas insolidarios y mesías políticos que no ven más allá de sus mentiras. Nos quedan las grandes corporaciones de bienes imposibles de renunciar en un mundo moderno: el agua, la luz, el teléfono. la gasolina, el gas. Casi como en Chinatown parece que hay un grupo de mafiosos detrás del control de cada uno de ellos ante los que debemos rendirnos como súbditos. En realidad, si quitamos a Zara y sus talleres clandestinos, son las únicas facturas que crecen sin parar.

Y vuelve a venir esa idea de que es imposible cambiar nada porque, al fin y al cabo, para escribir esto necesito luz y ayudarme a tragar con agua.

Así que aparecen en televisión superhéroes de barrio de esos que llevan zapatillas deportivas y cuentan que han inventado una aplicación de móvil o que tienen una empresa que manda jamón cortado a los titulados españoles en el extranjero. Y les va bien. Y se compran un coche. Y llega la revolución.

Y bajan a ver si se lo han quemado mientras esperan a que pase todo para intentar volver a hacer lo mismo, que ese es el riesgo.

Sobre todo si empieza a no haber donde mirar.

Claro que quizá ahora lo que nos queda es el frutero, el carnicero y el tipo que nos sonríe al cruzarse por la calle o al bajar en el ascensor. Son esos que, aunque los bancos no les dan créditos y viven temerosos del mañana, siguen vivos. Son los que dejan que los vecinos les deban un favor, los que sonríen a los niños cuando entran en su comercio, en su oficina o pasan a su lado. Los que te recuerdan al verte. Esos son los nuevos referentes porque (desconozco si tú lo harás) son los que se arriesgarán a quemarse cuando arda tu casa de la misma manera de Brad Pitt no va a ir a tu cama mientras aquel con el que no contabas sigue preocupándose de qué tal estás cada día que pasa.

Elegimos los héroes de la misma forma que los amantes y todos nos hemos equivocado más de una vez,  hemos aspirado a imposibles o hemos creído que merecíamos una top model que además fuera inteligente. Luego, sin maquillaje, era mucho más guapa y agradable la vecina.

2 de noviembre de 2013

Ni una sola palabra de amor

Recordé este corto y volví a llegar a la conclusión que las historias de desamor vistas en un solo lado son mucho más dramáticas pero, en realidad, siempre tienen dos partes. Claro que viendo las dos partes no es tan melodrama, no es tan emocional, ni siquiera es tanto el abandono, la miseria, la manera de darse y de no encontrar respuesta. Los monólogos son siempre más enérgicos. Por eso, en medio de las discusiones, intentamos no dejar hablar. Por eso, para lanzar nuestro discurso. El mismo discurso que repetimos en la cama cuando lo ensayamos antes de dormir sin darnos cuenta que, en realidad, buscamos una sola palabra de amor.


Y yo soy un tipo muy dramático pero creo ellas me han ganado siempre. También es verdad que se han repuesto mucho antes.

30 de octubre de 2013

Definición de loser (sentimental moderno).


Me cuenta un amigo.

-Tengo un colega que últimamente lo está pasando mal. Tiene un problema, la verdad es que es uno de esos problemas jodidos porque el chico es deportista de esos que se preocupa de sus calorías y de que si come demasiados hidratos de carbono y eso le hace pensar que la mujer que necesita es de esas que también hacen deporte y suben paredes escarpadas y tienen el culo durísimo y los pechos turgentes. Así que lo único que encuentra son jovencitas de veinte que, obviamente, le utilizan como su fuera una esterilla de baño con abdominales. Y se las folla, eso sí, pero luego se da cuenta que por ahí no va a ningún lado porque le lucen como una conquista molona y no puede hablar con ellas de nada más que no sea el próximo reto de deporte extremo. Pero luego no hay nada. Así que se deprime y se agarra unas borracheras tremendas y termina en casa, deprimido, sin saber si la bebida le va a exigir hacer unos kilómetros de más el día siguiente o si acaso ya empieza a estar viejo. Así que me cuenta que le ha llamado su novia, que está tremenda, y que le ha contado que tiene una amiga que ha descubierto que el marido se va de putas sistemáticamente todas las semanas. Ante eso él pone cara de estupefacto pero se queda al otro lado del teléfono porque, en realidad, la sigue queriendo. Y ella le cuenta que la otra, su amiga, está muy tocada con ese descubrimiento y que ha decidido devolvérsela, a su marido, poniéndole los cuernos para que vea lo doloroso que es. Entonces resulta que la ex novia ha pensado que él, que al fin y al cabo está solo porque ya no están juntos, pudiera ser ese tipo que se follara a la amiga para darle en la nariz al putero del marido, de la otra. Ahí él, que parece tonto, no lo corta ni piensa que qué cojones de relación ha podido llegar a tener con la que era su novia si es que ahora ella le propone este tipo de estratagema hipster contranatura. Él, que se queda callado y atontado, parece aceptar ese rol por alguna oscura razón. Así que su ex novia le organiza una cita con su amiga con ese fin extraño de follársela para intentar equilibrar el universo en aquellas relaciones extrañas envueltas con el papelillo tonto de la modernidad.

Y sigue:

-Así que queda con la otra. Y la otra, que debe de ser espectacular como un photoshop bien hecho, no le acepta una copa ni una cena. No pasean ni unos metros para descubrir si alguno no llega a un mínimo exigible en un pequeño intercambio intelectual. La otra le dice: "¿donde quieres que follemos?". Y él, que es idiota, se la lleva a su casa y entran por la puerta, se desnudan y están ahí, tumbados en la cama con sus cuerpos atléticos buscándose de manera artificial. Él se pone sobre ella y ella le mira con los pechos apuntando al techo y las piernas abiertas. En ese momento ella empieza a llorar. Y lo que iba a ser un polvo vengativo se convierte en tres horas de paño de lágrimas porque, en definitiva, ella quiere al putero de su marido y él no se atreve a admitir que accedió a todo eso porque quiere aún a la hija de perra de su ex novia, la misma que le ha metido en la cama con su amiga.

Esto, amigos mios, es la definición exacta de un perdedor. Un loser, para los modernos.

Pd: basado en una historia que me contaron como real.


Pd2: Looser es un sustantivo http://www.thefreedictionary.com/looser y loser es un adjetivo comparativo. http://www.thefreedictionary.com/loser  

26 de octubre de 2013

Hoy a las tres vuelve a ser 1975

Hoy se cambia la hora. A las 3 vuelven a ser las 2. Puedes corregir los errores que cometiste en ese periodo de tiempo, puedes volver a acercarte a esa chica o a tomarte otra vez esa copa y volverla a pagar. Puedes volverte a levantar y miccionar como si fuera un dejavú urinario, como si volvieras a por una botella de agua porque se acabó la de la mesilla. Puedes volver a abrazarte o intentar recuperar la sábana que te robó, en un sueño lejano, quien se acuesta a tu lado.

Puede ser que a las tres vuelva a ser 1975, por lo del poder adquisitivo.

Porque en 1975 no soñábamos con un teléfono de bolsillo ni había microondas. El sueño de la gran familia española era tener un Seat 124 y los viajes a la playa eran más intensos que ir a Punta Cana en el 2003. Por alguna razón, quizá por culpa de Imanol Arias o la erótica infinita de Ana Duato, parecían unos placeres de ricos al alcance de nosotros, si es que nuestro nada pingüe sueldo nos lo permitía.

Ahora creemos, quizá por el neuromárketing, que si no llevamos al trabajo un Porsche 911 y pasamos las vacaciones con cien sirvientes de los que quejarnos como el cliente selecto que somos, somos infelices. Tener un Opel Corsa de tercera mano hasta suena perroflaútico.

Lo cierto es que pasamos, en muy poco tiempo, de aprender usos y costumbres, de las titulaciones en maestría industrial, de los contables con caligrafía demostrable y de las costureras que contaban las intimidades de los vecinos a los directivos con traje de Armani, las aplicaciones contables en la nube y Zara para lo casual y Hugo Boss para las ocasiones especiales. Las intimidades, hoy, se comentan en Tele5. Ahora mismo no sé donde se quedó el punto medio pero cuando veo una charla en la que emplean las palabras "dinamismo" , "modernidad" o "sensorial" pienso directamente que me están engañando cómo cuando antes vendían enciclopedias por las casas.

Por supuesto que a lo bueno todos nos acostumbramos con facilidad, hasta los que no se lo merecen. Sobre todo, curiosamente, los que no se lo merecen y que son los que aprendieron sus derechos antes que sus deberes. Los que nos robaron y luego se sentaron a ver cómo los demás les rescataban sin que nadie les cambiara el coupé por un Seat 124. Son, también, los que consideraron que por existir debían tenerlo todo y, por supuesto, los que estabamos más preocupados por la manicura que por ensuciarnos las manos.

Hace treinta años los padres venían manchados con el mono de trabajo a casa y quien sabía inglés era directivo. Hace quince años las universidades cagaban directivos que no sabían coger un destornillador. Ahora ni se sabe coger un destornillador ni, por supuesto, se habla bien inglés. Hay un paso intermedio que no soy capaz de recordar, quizá porque nunca se dio y porque nos gustó pasar de 0 a 100 más rápido que un Ferrari.

Quizá por eso el reloj, hoy, vuelva hacia atrás.

No es una regularización de las horas de luz por el bien ecológico en nuestro consumo energético. Mañana volverá a ser 1975, a ver si podemos ir de 0 a 100 pasando por todos los números.

O volverá a ser 1975 porque ya se ha ido todo a tomar por el culo, que es otra opción. Tampoco estoy muy seguro.

24 de octubre de 2013

Mil imbecilidades innecesarias

Todo es cuestión de levantarse por la mañana, abrir la ventana, desayunar sano y , a ser posible, exprimiendo las naranjas del día. Hacer la cama, recortarse la barba, buscar unos calzoncillos limpios y una camisa planchada. Es preferible elegir unos zapatos que no parezcan de un vendedor jubilado de Tecnocasa. Salir a la calle y saludar con un leve movimiento de cejas al vecino o a uno del que la cara nos recuerda a algo pero no estamos seguros si acaso acabamos alguna noche abrazados cantando la macarena o si le contratamos una póliza, no sabemos si nos robó una novia o si es amigo de un amigo de facebook.

Trabajar con prestancia procurando dar solución a los problemas más o menos urgentes y mirar la hora cerca de la finalización de la jornada. Comer mucha verdura y no abusar de los hidratos de carbono, a no ser que vayamos a tener un desgaste físico programado en forma de gimnasio o de actividad grupal con o sin testosterona.

Leer la prensa e indignarse lo justo pero prestando atención a si un hombre mordió a un perro o si hay algún video de la danza nupcial de los delfines en algún lugar del Pacífico. Fingir un poco socialmente. Estar al corriente del tiempo, por si va a llover. Sonreir a quien te quiere (si se tercia). Revisar los recibos del gas, de la luz, ver si el banco nos ha vuelto a robar otra vez y llamar a casa para hacer un punto de control con los progenitores.

Lavarse los dientes con mucha pastita y agua corriente. Buscar el pijama. Esperar al sueño.

Y descubrir que pasamos el día haciendo recortes toreros a los problemas y a las gloriosas satisfacciones que dicen que tiene la vida de verdad.

Hay demasiadas distracciones que nos evitan fijarnos en lo que realmente importa y todo esto viene por una frase de un amigo: "es realmente ridículo lo que tenemos que hacer para sostener mil imbecilidades innecesarias en nuestra vida"

22 de octubre de 2013

Doctrina Parot

Mi madre me pregunta: la religión esa de parot... ¿qué es?. Doctrina, mamá, doctrina. Pues eso. ¿Doctrina no es religión?. Las octogenarias son sabias, creedme.

Véase:
 doctrina.
(Del lat. doctrīna).
1. f. Enseñanza que se da para instrucción de alguien.
2. f. Ciencia o sabiduría.
3. f. Conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo. Doctrina cristiana, tomista, socialista.


religión.
(Del lat. religĭo, -ōnis).
1. f. Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto



21 de octubre de 2013

Cómo aprendí a ser un cobarde

Yo era un niño tímido de esos que se quedaban en blanco cuando tenían que hablar para toda la clase. Con 14 años El Boti, que era el mote de mi profesor de lengua, se enfadó conmigo porque no usé más de 3 de los 5 minutos en los que tenía que hacer alguna exposición absurda mirando a los ojos de mis compañeros. No recuerdo cual fue el tema, sólo sé que me dijo que siguiera y yo, rojo y atontado, me quedé quieto sin poder hablar ni volver a mi asiento con los músculos agarrotados, un jersey de cuello vuelto y una pizarra verde a la espalda.

Sin embargo y casi desde que tengo conciencia recuerdo hablarme e incluso simular conversaciones con personas con las que me iba a encontrar más adelante. En una reunión con un psicólogo infantil de esos que pasan por los colegios como los médicos que te dicen que estás sano cuando tienes siete años mis padres oyeron que yo era un niño que planificaba las diferentes opciones de una forma casi obsesiva para que ninguna de ellas me pillara sin una respuesta prefijada.

Después un psicólogo de verdad me dijo que eso era una herramienta de defensa ante el miedo a equivocarme porque era ese, en realidad, mi fantasma más temido.

Lo sigo haciendo, ahora lo sé, el problema es que cuando uno crece las posibilidades son casi infinitas. El problema es que hay un día en el que las opciones se convierten en excluyentes.

Tampoco recuerdo cuando ni cómo perdí el miedo a hablar en público. No  fui capaz de hacerlo en la reunión de alumnos y eso es porque ahí, aun con muchos más años en el carnet, todos volvimos a tener 17. Pero ninguna de las semanas de los últimos 8 años me ha dado vergüenza salir en televisión, ninguno de los últimos 19 años me he callado delante de un cliente, quizá porque ahí no existen las puntuaciones. Me he muerto de miedo, más aún que en clase de lengua, delante de personas importantes de mi vida. Quiero suponer que es el temor a suspender en las notas, a sentirme inferior a la media, a recibir un correctivo para el que no estoy preparado. Algunos lo llaman temor a la frustración.

Cuando Harry Encontró a Sally:
He tenido el mismo sueño: estoy haciendo el amor y los jueces olímpicos me están observando; he superado las eliminatorias y estoy en la fase final; el canadiense me da un 9,8; un insuperable 10 el norteamericano, y mi madre, disfrazada de juez germano oriental, me da un 5,6. Seguro que habré fallado en algo...


Muchos años atrás, cuando yo era un niño aplicado que sacaba unas notas más que excelentes, llegué a casa con nueve sobresalientes y un notable. Mi padre, exigente como eran los padres de los 70 que adoraban el modelo educacional de los 50, me puso mala cara por aquel lunar en un resultado casi perfecto. Luego se aburrió de repetirme que nunca acababa nada pero lo empezaba todo. Nunca toqué bien la harmónica ni completé la colección de sellos. Los cromos de futbolistas siempre se quedaban a falta del aguador del Osasuna y en el equipo de baloncesto fui titular, pero nunca la estrella. Nunca me rebelé porque estaba convencido que aquel notable no fue un sobresaliente porque no puse la energía suficiente.

Así que perdí la desfachatez necesaria para lanzarme al vacío de los retos. Nunca escribí un libro porque ni un sólo párrafo resultaba ser lo suficientemente bueno en la "relectura". Nunca abandoné todo por una idea porque tengo el don de encontrar los fallos antes que los errores. Nunca pude darme entero porque podía darme mejor y así las perdí y perdieron su tiempo esperando que yo estuviera dignamente preparado.

En ese momento empecé a envidiar la desfachatez de los demás. La misma con la que algunos se venden a si mismos como gurús o ejemplificantes padres de familia. Les he criticado millones de veces en este blog. La desfachatez de no pararse ante sus imperfecciones, sus culos celulíticos, sus patas de gallo, sus materiales que se pudren en productos de alta tecnología y son fachadas con baterias. La desfachatez de seguir adelante aunque eso vaya en contra de su propia ética, si es que la tienen.

Y un día de octubre, en medio de la espera de esa luz que indique el camino del décimo sobresaliente, me doy cuenta de la gran cantidad de cosas que dejé de hacer a expensas de esa última nota. Y aunque al final El Boti me puso un diez hay demasiadas veces que no me presenté a los exámenes de la universidad porque no iba a ser lo brillante que yo me merecía mientras otros compañeros, copiando o arrastrando sus aprobados raspados, tenían la desfachatez de dejarme atrás, de robarme a mis novias, de tener a mis hijos y de usurpar mis trabajos.

No eran mejores, eran más valientes.

Eso es lo que nunca aprendí.
Soy un gran tipo con nueve sobresalientes y un diez en cobardía.
(Tampoco me dejé ayudar)

16 de octubre de 2013

Dulce elogio de la mediocridad

Cada día estoy más convencido que una de las características que debe tener el triunfo es un tanto por ciento de mediocridad.
Me sucede cuando veo que triunfa un programa en el que gente que no sabe de música elige a otra gente que no sabe de música sin verse un solo músico y con la excusa de disfrutar de la música.

Me sucede cuando veo a una mujer maravillosa al lado de un retrasado carahuevo de esos que llevan los cuellos levantados, las gafas en la cabeza y fuman sin abrir los ojos pero levantando las cejas mientras me miran como si me estuvieran perdonando la vida.

Me sucede cuando aparece uno de los mediocres de mi clase en los titulares de los periódicos por ser el último directivo de éxito, el próximo referente de la esperanza blanca o el portavoz de un organismo gubernamental repleto de carneros con carnet que viven del dinero público.

Me pasa los días en los que descubro todo lo que me hizo perder la idea autoflagelante de intentar ser especial, de tener una opinión y creer que expresarla hubiera podido ser una forma de avanzar en el conocimiento mutuo. Descubro, entonces, que dar la razón como un loro entrenado era mucho más rentable. No hablo de hipócritas que mienten a conciencia, hablo de devotos que no tienen razonamiento propio.

Me pasa cada minuto que pierdo revisando la casa para ver si dejé todo en orden mientras algunos me cogieron ventaja aunque no hicieron la cama. Eso es lo que me hace salir tarde y llegar a la almena cuando ya no está la princesa. Luego vuelvo a mi castillo ordenado para ver como se marchitan las flores que paré a comprar.

Me pasa cuando veo fracasar un buen producto agotado por una campaña de marketing de otro producto inferior, casi como la ruina de Gutenberg , Tesla o Kramer frente a Apple. Las tiendas de comercio justo están vacías mientras, en un colorido centro comercial, arrasan las estanterías de productos fabricados por mano de obra infantil de otras partes del planeta.

Para salir adelante no hay que tener opinión, no hay que hacer ruido, no hay que ser deslumbrantemente brillante. No se puede tener razón casi siempre ni hacer de la vida una santidad contínua. Hay que presentar un producto fácil y sencillo, un programa de televisión que se pueda seguir viendo sin pensar demasiado y sin perder el hilo después de perderse un rato para ir al baño.

Hay que alegrarse como un perrito cuando entra por casa, llevar la contraria el menor número de veces como si el cliente tuviera siempre razón aunque no la tenga nunca, culpar al ordenador cuando se estropea el router, a la oposición cuando se legisla con el ano.

Hay que decir contínuamente que se respetan los normas, los acuerdos, los compromisos y las fiestas de guardar pero comerse un kilo de carne en viernes santo y abrir los ojos sorprendido preguntando si es que ya es viernes en vez de aceptar que te importa un comino la vigilia.

Es más, hay que creerse todo y estar convencido de que eres un tipo íntegro y comprometido, un ejemplo y un digno representante de la verdad. No hay que tener siquiera un remordimiento porque eso te corroe como un mal óxido de responsabilidad, una punzada angustiosa de frustración. Hay hombres y mujeres que, a la vez que se ponen la ropa interior en la habitación de sus amantes, juran amor a sus desconsoladas parejas y se lo creen. Después, al llegar a casa, sus besos no saben a traición. Hay hombres y mujeres que se arrastran llorando por haber pensado por un segundo en el culo de la vecina o en el torso del jardinero y están dando una razón para quedarse abandonados y con la culpa en el reparto de bienes.

La búsqueda de la perfección, la opinión, la honestidad, levantarse después de aceptar que se cometió un error, pedir perdón o ir con el cartel de "imperfecto" colgado del cuello están castigados con la soledad en medio de una sociedad que premia continuamente a artistas, empleados o amantes mediocres.

Ya no hay seres admirables de esos que, al estilo Da Vinci, eran maestros. Se los han comido los intérpretes que no saben de música, futbolistas que no saben hablar, opinadores que no son periodistas, playboys con calzoncillos sucios, mujeres de busto turgente y wonderbra, cómicos sin capacidad de crítica y políticos que incumplen las promesas y vuelven a salir elegidos.

Ese es el dulce elogio de la mediocridad, y así nos va.

13 de octubre de 2013

El reencuentro (Carlos Siles & Boza)

Esta vez miraré de frente, 
Para que pueda contenerme, 
Estaré clavado tan fuerte, 
Que no sé si me hundiré para ti. 

Y abrazar, tan profundamente, 
Dolerá cuando no te encuentre, 
Nunca más pensaré “nunca más”, 
Nunca más te voy a buscar, 
Pero volverás. 

El día que se olvide todo, 
Ese día acabarás conmigo. 

Demostrar que no quedan restos, 
Desistir antes del comienzo. 
Y el terror a morir de frío, 
Cuando te quedes en silencio. 
Corazón, corazón...

10 de octubre de 2013

El desamor (con humor) desde el lado masculino (y musical)

Tengo la teoría de que el desamor, aunque  más igual de doloroso, se lleva con más humor desde el lado masculino. Adjunto cinco pruebas irrefutables:

Berto& The Border Boys: Me he puesto tetas (Extra: Me lo Tiro)
Ricky Lopez: El Busto es Mio
Rafa Pons: Malaputa
Alfredo y Fernando: Fea pero te quiero
Y, por supuesto, el gran Javier Krahe: mi mano en pena
Pd: Kevin Johansen: Desde que te perdi

9 de octubre de 2013

Los más tontos de la OCDE

Se ha publicado que los españoles somos casi los más tontos de la OCDE (23 paises supuestamente desarrollados) y supongo que eso no tiene que ver con que haya problemas con las H y los A VERes, no creo que tenga que ver con que caigamos en todas las trampas de 3x2 en los supermercados o porque no sepamos si es envuelto o emvuelto, si es alludar o ayudar, si acaso la segunda unidad al 50% es lo mismo que pagar la mitad o si la Babylon Toolbar es un estupendo complemento para tu navegador o un saco de mierda que cambiar tu página de inicio directamente desde el jardín de los troyanos que es softonic.

Somos los más tontos porque nos quejamos y no hacemos nada, porque salimos a la calle a reclamar por lo nuestro mientras nos importa una cagada lo que le pase al vecino, porque creemos en nuestros derechos pero no en los derechos de los demás y porque no sabemos admitir que hay gente mejor y peor que nosotros en todas y cada una de las actividades que acometemos.

Somos los más tontos porque nos creemos que lo de los demás siempre es más puro, más rico y más satisfactorio. Porque miramos el culo de la vecina sin abrazar a nuestra esposa, porque despreciamos a quien nos quiere pero nos jode cuando no está y porque no nos importa arrasar nuestra tierra siempre y cuando no tengamos que admitir que nos hemos equivocado al dejarnos llevar por la estupidez de los egocentrismos.

Somos tontos por fiarnos de un curandero nigeriano que se anuncia en los postes de los semáforos en vez de ir al médico, por creer en el resultado más que en la calidad o la satisfacción, por arañar la subvención aunque no nos haga falta, por no pagar el iva pero gritar por unos servicios públicos gratuitos y de calidad, por cogernos una baja el día que nuestro equipo de fútbol juega una final o por hacer frases que empiezan con "todos los..." y siguen con "...son unos...". Nos han soltado a la cara que todos los españoles son unos tontos y no apretamos los dientes para demostrar lo contrario.

Desconozco si sucede en otras partes del mundo, supongo que sí.

También desconozco si lo somos o nos lo hacemos. Quizá alguno creyó que había subvención al desarrollo cultural de la misma forma que yo no estaba tan malo cuando me libré de la mili y luego chuleé de ello como haría un españolito de a pie.

8 de octubre de 2013

Pirateos de los 80 y los 90

Reconozco que hace muchos años robé el disco de Tahúres Zurdos en El Corte Inglés, y me lo quedé por esta barbaridad de canción:
Era la manera que teníamos de piratear música en aquella época si exceptuamos grabar la radio con el cassette dando al play y al rec a la vez y esperar al pause en los anuncios. Después, porque algunos éramos ricos, teníamos un doble pletina y grabábamos del tirón los 45 minutos de una cara en una cinta de 90 de TDK. Lo primero que me grabé, porque soy así de raro, fue el Paris de Supertramp. Para eso ahorré una cantidad de dinero infernal y me compré una cinta de metal, que eran las buenas.
Más tarde me hice amigo de un chico al que le gustaba ser el malo de la clase y yo le señalaba el disco que quería y él, poniendo cara de delincuente, se lo metía en el abrigo y me lo daba tras ese flujo de aire que tenían siempre las puertas de los centros comerciales. Es decir, en la calle, que es donde le esperaba yo como un capo mafioso a la espera de un vinilo de Clapton, de Dylan, de Genesis o de Radio Futura..

Cuando él repitió curso yo me hice con un rollo de precinto de la sexta planta de El Corte Inglés y compraba cual ciudadano ejemplar mi disco. Lo llevaba a casa. Me lo grababa con calidad mientras dibujaba la carátula y lo volvía a empaquetar, añadiendo el precinto, para ir al mostrador de devoluciones contando que era un regalo que me habían hecho por mi cumpleaños y que no lo había abierto, por lo que reclamaba a la empresa el cumplimiento de su compromiso de devolución del dinero. Reconozco que esa era una estrategia malévola y casi perfecta que seguí realizando en todos los establecimientos de la marca a los que pude tener acceso durante años. Quizá por eso ahora mi colección de vinilos es pequeña.

Luego llegó el cd y la cosa era más sencilla, llegó el Napster y el Emule, llegó Mipony y el Jdownloader. No usé nunca el Ares porque me quedaba demasiado por oir y me entretuve con bandcampdownloader para poder escuchar las maquetas antes de comprar, como si fuera el último usuario, discos de oferta en secciones vacías de los nuevos centros comerciales donde agoniza una manera romántica de conocer la música y, he de decirlo porque han prescrito mis pecados, piratearla como yo lo hacía.

Pd: Y devoraba un disco a la semana mientras ahora salto de video a a video de youtube o termino apagando spotify al oir el decimosexto anuncio mientras he llegado a una banda de rock progresivo finlandés. Entonces me refugio en grooveshark y, por alguna razón, termino en algo que tuve en vinilo en mis manos.

Todavía me funciona el tocadiscos. Es donde escucho el Blood On the Tracks.

6 de octubre de 2013

La Mantis del marketing del XXI

Nos encanta lo gratis, nos encantan las promociones y la sensación de conseguir sin pagar algo por lo que el resto de los mortales dejan sus ahorros y sus esfuerzos. Nos encantan las ofertas y que nos juren que estamos ante una oportunidad infalible que nunca más se va a repetir. Nos encanta google y facebook sin llegar a pensar que de algun sitio tienen que sacar dinerillo para convertirse en dos de las empresas más ricas del mundo. Nos gustan los mercadillos y los rastros, creernos que nos van a regalar un iphone5 desprecintado por compartir un estado en el muro.
Así que, casi como si fuera una sordera, después de escuchar la palabra "gratis" ya no se oye nada más. Viene a ser como cuando la Mantis Religiosa se acerca al macho en un after del campo y le ofrece sexo gratis. Luego le mata y se lo come, pero era gratis.

Eso es tener un master en marketing del siglo XXI y, por algún motivo, es comercialmente rentable.