Ayer me llamaron facha por Internet. Pregunté por qué. Me dijeron que porque lo soy. Volví a preguntar por qué. Resulta que hace una semana aparecí en un programa de televisión local y comenté que en España se han dado, en los últimos 8 años, 272mil deshaucios, que los pisos han subido un 54%, los alquileres un 75%, que el salario más habitual es inferior a la pensión más común, que se prometieron 180mil pisos y se han hecho 9mil, que no se iba a pactar con Bildu, gobernar con Podemos o decretar amnistías. Que se iban a quitar los aforamientos, bajar la luz y el gas o que no se iban a manipular los medios de comunicación públicos. Lo de respetar la separación de poder me lo dejé. Que vivir bajo un gobierno que ha subido 141 impuestos y ha destrozado las siglas que lo representan tras una personalización del poder extrema, junto con casos de corrupción similares a los que se criticaban del gobierno anterior, es para sentirse estafado. Dije, y aquí es donde se agarraban, que veía con envidia ese momento histórico en el que Fraga, Carrillo, Suarez, Roca y alguno más se sentaban a charlar por el bien de todos. Así que he sido objetivo de un ataque irracional, sin argumento alguno, en el que se me llama facha como insulto, como si hace un rato me hubiera ido a violar a unas mujeres , quemar un par de negros y matar unos gays ahogándolos con la bandera preconstitucional. Vamos, nada que no pase a diario en el Congo, pero eso es cosa de africanos.
Primero me enfadé. Luego pedí explicaciones razonadas por si alguno de mis datos era incorrecto. Más tarde, sencillamente, me fui a dormir. Hay gritos que la única manera de que cesen es ignorándolos. Haber dicho que un día se fue la luz en el país resulta que ahora es facha y yo no sabía que el día que se fue la luz no era más que una manera de que los vecinos hablásemos entre nosotros para salir mejor, y más fuertes.
Por alguna razón vienen tiempos convulsos y preelectorales. No es importante la verdad, sino el relato y el conflicto. Una vez comenté que saber euskera era cultura y me dijeron que quería matar guardias civiles. Ahora tengo la misma sensación, pero al revés.
Me encantaría limpiarme el culo con todos los sectarios. Viven, sin lugar a dudas, en ambos lados.
No va a mejor.
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