Mal dia para buscar

20 de agosto de 2018

Magia , ironía, sarcasmo y purpurina

(Relato breve, fantasía y humor sobre las fiestas de Bilbao 2018 que ya estan en marcha)

Hay grandes acontecimientos que se nutren de las grandes campañas de comunicación y hay pequeñas fiestas locales a las que los autóctonos de los pueblos emigran. Se basan en un amor incondicional por sentir algo parecido al olor del hogar cuando se entra en casa de la madre. Las primeras son efímeras si las comparamos con el devenir de los tiempos y las segundas, curiosamente, son eternas. 

Vivimos tiempos extraños en los que lo que no aparece en grandes titulares no existe. Hace muchos años, antes incluso del 19 de agosto de 1978, a los juguetes se les ponía una pegatina que decía “anunciado en televisión” para confirmar que era de verdad porque si no era así no existía.  Hoy en día no ser Trending Topic es lo mismo que no salir en televisión y, sin embargo, hay un mundo real mucho más allá y por supuesto mucho más acá. 

Me dijo una vez que estaba en las fiestas de Bilbao vestida con unos vaqueros justos que hacían aún más flamencas sus largas piernas finalizadas en dos playeras cómodas. Que pasó riendo y acompañada de sus amigas junto a un grupo de chicos y que uno, alto y seguro de sí mismo, le dijo que se iba a casar con ella. Son esas cosas que se dicen, normalmente, fruto del alcohol y de la exaltación de la amistad. Me lo dijo unos minutos después de haberme contado lo duro que es un divorcio pero sin dejar de brillar recordando uno de esos momentos en los que parece que algunos sueños tienen un periodo de tiempo  en el que se hacen verdad. De esa verdad que a veces se puede tocar y que termina con un piso comprado a medias aunque después haya problemas para dividir la televisión en dos. En este caso se la quedó él pero ella se llevó una mesa de salón de aquellas que se van abriendo hasta convertirlas en infinitas. Creo que la iba a pintar de blanco.  

La mentira y la verdad tienen mucho que ver con la posición del individuo en medio del entorno que le rodea.  La modernidad tiende a hacernos espectadores de espectáculos imposibles y nos hace creer que somos una parte si es que, en los momentos  seleccionados, se grita o se aplaude como un palmero contratado. Hay quien se siente parte de su equipo de fútbol sin haber pateado un balón jamás. Hay quien,  sin embargo, prepara durante un año la procesión o el disfraz de carnaval. Hay quien se pasa toda la vida, en ciclos de once meses, buscando la forma de hacer Aste Nagusia, que es el momento en el que huele a tortilla, pólvora y casa, una extensión del hogar. 

Ella es delgada. Mucho. Hay mujeres delgadas que llevan la piel blanca como un  resplandor pero ella dispone de la virtud de estar morena la mayor parte del año y tiene, en todos los momentos de intimidad, una línea que señala al final de la espalda la claridad de lo privado. Siempre ha soñado con vivir en Italia y en una de esas casas que, al coger una curva cerrada en alguna carretera perdida, hacen que el conductor se pregunte si hay alguien viviendo en  aquel lugar colgado sobre el mar. Se separó, como me dijo. Y lloró. Es una mujer emotiva, cerebral y de extremos. Parece un oximorón porque va de un lado a otro como si fueran lugares contrapuestos dentro de la misma frase. Salta en los conciertos. Grita. Bebe para socializarse y hay veces que la socialización acaba con ella en un sofá, muerta porque su anguloso cuerpecillo ha dicho basta. Y se despierta con sed y ganas de cariño. A veces piensa comprarse un gato porque no requiere los cuidados de un perro. Las mascotas han de ser a juego con la actividad personal. Yo soy de perros grandes y ella de gatos independientes con arena que sepan usar de una forma elegante.  “Un gato”- me dijo-  “no te hace perder un concierto para ir a sacarlo”. Yo pregunté qué tipo de concierto y me dijo que daba igual porque la música es música. Si te gusta la atiendes y si no te gusta tienes a tus amigos para pasar el momento.  La excusa es el concierto pero la verdad, el disfrute y lo que hace especial ese instante es la amistad. “Sin amistad dejan de tener sentido muchas otras cosas” 

“Hay que salir más, bailar más, viajar más y follar más”- repitió como un mantra mientras se ajustaba un sombrero de paja que tenía forma de ser del west end y dirigió sus zapatillas de deporte en la dirección de la fiesta. Estoy seguro que tiene miedo muchas veces a lo largo del día pero no se le nota. 

Llegó como quien llega con energía. Una sonrisa y esos ojos abiertos en forma de cuencos dispuestos a contener lo que suceda. Ya habían sacado una ronda de cerveza que van pasando poco a poco para beber en tragos cortos o largos, compartidos. No hay planificación. El concierto que sea, después de ver los fuegos artificiales. Esperar a ver si la casualidad, como una teoría del caos controlada, alberga sorpresas en su interior. A diferencia del gato de Schrodinger se puede afirmar que el minino de la  casualidad,  en fiestas, siempre está vivo. Igual que el gato doméstico, no hace falta sacarlo. 
Se pasan la bebida. Cuentan anécdotas con o sin gracia.  Mueven los pies al ritmo de canciones que conocen. Miran de reojo los pequeños ríos de gente que va y viene, metidos en un oasis que se crea desde el ayuntamiento hasta detrás del teatro Arriaga. De ahí hasta la estatua de Don Diego.  Astérix en lo alto de un mecanotubo, Groucho mirando desde otro. La decoración de las txosnak acompaña el decorado como el sol al verano de Agosto. El pájaro de Txori Barrote o las mil y unas caricaturas de los políticos que por una razón u otra están de moda. La moda no entiende de gusto ni de virtudes morales. La monarquía y algún cristo crucificado como si no hubiera un límite en la libertad de crítica o de sarcasmo. “La diferencia en ironía y sarcasmo es que”- dice a sus amigos- “la ironía hace burla contando lo contrario de lo que se quiere decir. El sarcasmo directamente hace sangre con la situación” 

-Ironia: me ha gustado tanto recibir la  nómina este mes que estoy deseando que llegue el mes que viene- dice un  amigo 

-Sarcasmo: me siento tan miserable con esta nómina que es casi como si se hubiera acabado.- responde otro. 

Se ríen. Las ocurrencias son recursos maravillosos para las reuniones de amigos. De repente, como un fallo eléctrico, las luces se apagan y la música termina. Hay un ruido instantáneo de voces que se aplaca de golpe porque el ser humano es mucho más lento que la velocidad de la luz. Llega un silencio global que da paso a un pequeño murmullo y se ven las miradas oteando para saber si hay alguna respuesta a lo que ha pasado. Simplemente es un corte de luz. Sin embargo la vista va a sus teléfonos, que se han apagado completamente. No es una falta de cobertura sino algo parecido a aquello que leyeron una vez: el efecto en los dispositivos electrónicos  de las tormentas solares. La energía vuelve pero los teléfonos no. Tampoco pasa nada. Lo que sucede en fiestas, se queda en fiestas. Es nuestro Las Vegas sin casinos. Ya se arreglará mañana. Es un problema general así que no es tan dramático estar sin móvil. Que sea el de uno solo puede parecer pero sólo por eso de los agravios comparativos. ¡Cuántas cosas hicimos de adolescentes por no ser el único que no! 

Vuelve a sonar la música. Vuelven las conversaciones.  

-¿Dónde estábamos? 

-En ironía o sarcasmo 

Detrás se les acerca alguien. Bajito. Fumando,  porque fumar en  la calle aún no es delito. 

-¿Quieren ustedes saber qué es ironia?- les dice mientras se hace un hueco en el grupo- ironía es cuando una mujer me dijo, al preguntar el motivo  por el que había tenido veinte hijos en su matrimonio, que era porque amaba mucho a su marido. Yo le dije que a mí me gusta mucho mi puro pero de vez en cuando me lo saco de la boca. 

La realidad es que aquello era ironía en estado puro pero se quedaron callados porque el mismísimo Groucho Marx quienes les hablaba con su levita, su bigote, las gafas de  intelectual despistado, el pelo levantado y por supuesto,  su puro. 

Mientras los amigos entran  y salen de su asombro poco a poco ella levanta la cabeza. Otea,  que es mirar a lo lejos como quien está en lo alto de una muralla. Descubre que hay remolinos de personas alrededor de personajes.  En el centro de uno está la caricatura hecha persona del antiguo alcalde, Iñaki, como si fuera uno más hablando del orden de las fiestas y la necesidad de tener una ciudad más limpia y preparada para el futuro. En otro está el sol de Eguzkizaleak, la txosna ecologista, dando luz y calor de manera sostenible con unas pequeñas patitas  y una cara amigable y sonriente. A lo lejos hay un revuelo con un cristo bajado de la cruz, corona de espinas, trapo alrededor de la  cintura y llagas en el costado. Está el rey, alto y con voz lánguida. Hay incluso algunos políticos corruptos despistados, un par de jugadores del Atlhetic y por el puente de Arenal, acompañado de Astérix, baja Don Diego con su cota de malla  espada en ristre, con  cara de querer poner orden en ésta  que es su noble villa de Bilbao. La decoración  festiva se ha vuelto real casi como si fuera un pasacalles improvisado. 

Ella decide acercarse a Groucho y llevarle. Va recogiendo personajes por el camino.  Se lleva a Marijaia también, que es una gran mujer que no puede bajar los brazos jamás, quizá por algún tipo de lesión de hombro.  Gargantúa  también ,que no puede cerrar la boca y por eso no hay ninguna figura femenina que le acompañe: porque ronca mucho por las noches. Al final les mete en el Arriaga, arriba de las escaleras de entrada, justo debajo del balcón desde el que se da el pregón. 

En la plaza, curioseando sobre lo que sucede, se  acumula la gente esperando que ocurra algo. 

Groucho está intentando convencer a Jesucristo de que no existe con razonamientos absolutamente certeros. 

Dos políticos corruptos intentan edificar un complejo vacacional en la aldea gala que resiste al invasor romano. 

Iñaki Azkuna conversa amablemente con Don Diego sobre la expansión internacional de la villa. Rajoy cecea, Pedro Sánchez sonríe, Albert negocia con Urkullu, el yin y el yang de la euskaldunización,  sobre algo de cupos o de cupones. 

El pájaro de Txori barrote está picoteando en los marcos carísimos que completan los cuadros del interior de Arriaga. El Sol de Eguskizaleak intenta no quemar la moqueta. Los jugadores de Athletic ya se han hecho una portería con dos sillas. Iribar hace de portero. A Cristiano Ronaldo  le han puesto de recogepelotas, para que se joda.  

 -¡Silencio!- les  grita hasta que se callan- A  ver si nos  ponemos de acuerdo. 

Ella sabe, aunque no lo parezca, establecer un punto de autoridad. Es curioso que cuanto  más frágil parece una persona es más  sorprendente que tenga los arrestos necesarios para imponerse. Los tiene todos si se empeña. En realidad si se empeña lo puede casi todo. Sabe ser determinante cuando es necesario y ésta es una de esas ocasiones. 

-No tengo ni idea de cómo habéis aparecido aquí pero el caso es que estáis aquí. Vamos a poner un poco de orden. Figuras históricas a la izquierda. Figuras locales, estatales  o deportivas a la derecha. Figuras, digámoslo, mitológicas, en el centro. Vamos a ver, por ejemplo: Jesucristo, Don diego, Karl y Groucho Marx  a la izquierda. Gargantúa, Mariajaia, Txori Barrote, Eguski, en  el centro. Políticos varios a la derecha. Los deportistas también. 

-Yo no quiero ir a la derecha- dice Pablo iglesias 

-¡Tú vas donde te diga yo!- le responde. Y él baja la cabeza caminando a su rincón. -¡Y tú, Cristiano, a la derecha! 

-Pero si soy una estrella mundial dice intentando ser histórico. 

-¿Voy a tener que partirte una pierna?- Y se va, mascullando que es una injusticia, al rincón del deporte. 

-Vale, ya estáis- dice cuando por fin les ha ubicado. Ahora los corruptos me sobráis. Todos los que estén aquí, en una fama mal ganada, por ser unos mangantes, que se vayan a las escaleras a esperar.  Para los demás: son las 22:15. A las 22:45 empiezan los fuegos así que lo que haya que hacer tendrá que ser antes de esa hora. La gente se está acumulando en la plaza y tenemos el balcón justo aquí delante. Lo que vamos a hacer es salir y saludar. Decir unas palabras y conseguir que la fiesta sea, un año más, algo excepcional aunque con vosotros aquí ya no sé qué más se puede pedir. Tenemos que decidir quién es el que habla. 

Dos políticos catalanes proponen hacer un referéndum vinculante entre los que estén dentro del recinto festivo. Rajoy se opone. Empiezan a discutir sobre lo que es o no la democracia. -La política- le dice Groucho a Karl- es el arte de buscar problemas,  encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados. 

Marijaia dice que ella no quiere hablar porque luego siempre la queman. Gargantúa no puede. Jesucristo dice que le parece muy bien que la gente salga y se divierta pero que no le parece muy conveniente alentar cierta deriva moral implícita desde su posición. Don Diego está entretenido en las escaleras. Un político le ha propuesto un negocio ilegal y en aras de la manera de aplicar justicia al estilo de la edad media se ha puesto a  cortar cabezas de corruptos como quien parte jamones. La corrupción se solucionaba sin causas judiciales entonces. 

Le miran a Iñaki. Pone cara de circunstancia pero coge el camino al balcón. Lo abre. Abajo una multitud le mira y le aplaude. A su alrededor van saliendo los demás. Lleva su pelo engominado, las gafas con el cristal al aire sujeto por dos doradas piezas de metal. Ese bigote canoso  y una corbata azul Bilbao que destaca sobre la camisa blanca y junto a una chaqueta de dos botones que se ajusta, pañuelo perfecto en el bolsillo superior. 

-Señoras y señores- empieza- Bilbaínos y bilbaínas.  Turistas de aquí y de allá. Esto es Bilbao. 
La gente aclama como cuando se nombra la ciudad en un  gran concierto, como si todo englobara a cada uno de los que están en la calle. Él mira alrededor. 

-Pero también es todo esto: Historia, ironía, política, el Athletic. Mitología, tradiciones. Aquí, conmigo, lo tengo todo y todo esto sois vosotros. Sois Asterix, Iribar, Jesucristo bendito- dice poniendo cara de pecador liviano delante del mismo Dios que hace como si  le perdonarse de forma inmediata.- En realidad no sé lo que hacemos aquí porque la fiesta siempre debería de ser la fiesta pero de vez en cuando hay que recordar lo que somos y lo que tenemos, lo que hicimos y lo que nos compone porque esa es la mejor manera  de saber hacia dónde queremos ir. Todos estos que están aquí conmigo –y da un pequeño paso atrás para que se les vea bien y bien apelotonados en el balcón y en los balcones adyacentes que han ido llenando- sois vosotros. Tenéis la parte que os gusta y la que no pero también es vuestra. Bilbao es así. Sin una parte no tiene sentido la otra. No podemos tener al Athletic sin Cristiano –y Cristiano al verse señalado intenta hacer su grito que es acallado por la multitud- y tampoco sería lo mismo sin el rey –al que le cuesta pasar desapercibido pero se queda callado ante algunos abucheos-  o políticos como yo –señalando a los que van al Congreso.- También somos historia – dice buscando a Don  Diego,  que aparece con la  espada manchada- y somos parte del mundo. Lo único que os puedo decir es que Bilbao lo es todo  y que Bilbao es respeto, sobre todo, por el que no piensa igual que nosotros. Si no fuera así no estaríamos aquí ninguno o no seríamos, como podéis ver, tan diferentes y tan parte de una misma fiesta, que es la vuestra. 

-¡Bilbaínos!- grita. La gente responde con otro grito mayor. 

-¡Viva Aste Nagusia!-y ¡Viva! Se oye en toda la ciudad. 

-¡Gora Aste  Nagusia!- y ¡gora! Retumba. 

En ese momento la ciudad se vuelve a oscurecer. Desde el parque Etxeberria sale un cohete que explota encima de todos. Una lluvia de purpurina cae incesante sobre Bilbao iluminando las caras y poblándolo todo. El cielo tiene millones de pequeñas luces que caen como copos sobre las personas y que caen también en los balcones del teatro donde todos saltan y sonríen. La purpurina, al caer sobre los que aparecieron, les va difuminando como un fundido a negro. A los de aquí y a los de allá. A los que te gustan y a los  que no. A todos los que son una parte  de la semana de nueve días que siempre es tan mágica como se recuerda. 

Al cabo de un momento en el balcón sólo queda purpurina. 

Ella sale por la puerta de atrás del Arriaga como si no fuera protagonista.  Los teléfonos vuelven a funcionar y los fuegos artificiales van pasando de traca en traca. Lo único que queda son los restos  de purpurina sobre la ropa y en la base del cuello de todos los que estuvieron ahí.  Don diego vuelve a su estatua, otros a sus grandes caricaturas. 

Cuando ella reencuentra a sus amigos, porque sin amistad nada es posible, y ellos le preguntan qué es lo que ha pasado cuando todos estaban juntos antes de salir al balcón sólo les dice que lo que pasa en fiestas… 

-Se queda en fiestas- responden los demás. 

Ella es delgada. Mucho. Siempre vuelve a fiestas. A veces se casa. A veces se divorcia. A veces tiene que poner orden entre todo lo que compone la vida de Bilbao y la suya misma. Le gusta ser así  porque sabe, aunque es cerebral como una ciudad del norte llamada Bilbao, que todo es magia. Eso es su oximorón. 

Todo el que tiene purpurina ha estado bajo la misma magia. 

No hace falta marketing enorme ni ser trending topic en ningún sitio. Sólo hay que estar. 
Y respetar. 
Y vivir. 


Pd: -Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.- dijo Groucho. –Bilbao sólo  hay uno- le respondió Jesucristo. 

16 de agosto de 2018

Alégrame el día

(Literatura)

Si ahora mismo un grupo de terroristas, de esos que piden cosas que no son para ellos sino para alimentar algún tipo de ideal que probablemente es imposible o ve la diversidad del mundo con un ojo tapado, se pusieran a pegar tiros como locos en medio de la calle es seguro que no me tiraría al suelo. Alguno lo podría ver como un acto de valentía y otros como un tremendo rasgo de estupidez. En mi caso la realidad es que sinceramente no me importa. No me importa una bala anclada en el cerebro. No tengo miedo a la muerte, ninguno. Tengo miedo al dolor, eso sí. He superado ese momento en el que me hubiera tirado al suelo lleno de pavor protegiéndome la cabeza con las dos manos, el momento de suplicar por mi vida. He pasado, y eso me costó más, los días en los que morir era darle un gran disgusto a mi madre. Hay una visualización casi cristalina en la que las balas zumban a mi alrededor, a cámara lenta y con el sonido del efecto doppler una y otra vez en mis costados, mientras no muevo ni un músculo de la cara acercándome a uno de los tiradores para morir o matar, siendo ambas opciones válidas porque ese es un punto de inflexión en la vida: la muerte.

Pero, eso sí, sin la tensión del héroe. Sin el arranque épico de la búsqueda de la justicia entre los ojos o el momento aquel del final de la película en la que se aclama al protagonista. Si llegué solo hasta aquí también quiero morir solo, aunque fuera en un charco de sangre sobre la acera, con un zoom que se aleja cenitalmente mientras suena la voz desgarrada de TomYorke llenándolo todo o en un forcejeo que salve a dos docenas de niños y del que hablen los telediarios dos días apoyándose en una mala grabación de móvil.

Incinerarme y que nadie se quede mis restos porque ese montón de polvo granuloso y gris tampoco vale para nada. No soy yo. Las despedidas se han convertido en un ejercicio de marketing subvencionado por las familias o los seguros sin saber que hay publicaciones programadas para joder después de la muerte con derechos de autor de google. No me llores si has dejado que me fuera difuminando cada día que no respondiste a mis mensajes y estabas buscando alguien que tuviera un don especial parecido a volar o a teletransportarte.

Pero tengo la mala fortuna de no vivir en una zona de atentados. Es como añorar haber sido Clint Eastwood pidiendo a los malos que me alegren el día. No es una alegría, es una satisfacción. Un descanso. Uno de esos momentos en los que, tras años sin dormir en condiciones, despertarse más allá de las once casi resulta obsceno. He pasado tantas noches en vela esperando que la puerta sonara sin tener que hacer mucho más que ser yo que no duermo sino que me caigo, con todo lo que eso desgasta el estómago, los párpados y las palmas de las manos. Yo sólo quería poder pasar las yemas de los dedos por tu espalda y que me dijeras lo que íbamos a hacer mañana.

En ese caso me hubiera tirado al suelo en medio del atentado. Porque tenía cosas que hacer. Para ti.

12 de agosto de 2018

Pequeño apunte sobre la soledad

La soledad no es,  en realidad,  una cuestión física.  No lo es.  Se puede estar acompañado y solo demasiadas veces.  Es una soledad amarga y tensa,  de las que no entienden cómo entre tanta multitud puede existir tanto silencio.  Las ciudades son,  cuanto más grandes,  quesos de grullere con millones de agujeros de ansiedad y tristeza.  Eso es porque la soledad,  la de verdad,  tiene mucho más que ver con los sueños no cumplidos,  con todas esas promesas que alguna vez nos hicimos pero que no las llevamos a cabo en los veinte segundos que dura un anuncio.  Tiene que ver con las veces que nos quedamos esperando y todas,  absolutamente todas las ocasiones en las que pusimos la etiqueta de prescindible a lo que estábamos viviendo porque alguien nos prometió algo mejor si eramos capaces de esperar sin decirnos realmente a que.

Es entonces,  cuando se es capaz de oír la manera en la que los músculos crujen al pasar las yemas de los dedos apretando sobre ellos,  cuando se hace un balance injusto de la verdad y se siente esa sensación entre hambre y nevera vacía que tiene la soledad de verdad, la que persigue si se acelera mas rápido y la que al llegar la noche no deja dormir quedándose entre los dedos de los pies creyendo que cualquier otra cosa pudiera calmarla pero,  en verdad,  sólo intentamos sustituirla por algo que nos impida pensar hasta que llegue el sueño, el amanecer o alguna ocupación que no nos deje mirar dentro,  en el agujero del queso, en el sonido del último coche rodando por el asfalto.

Esquivamos esa pequeña angustia con la televisión encendida,  con amantes a los que sujetarnos después del sexo sin hablar del sexo,  porque es la excusa.  Hacemos recortes a nuestros fantasmas con la última serie que está a medias o con volver a poner otra lavadora.  Con mil millones de asuntos pendientes y una proyección interesada del siguiente cuerpo o el nuevo proyecto que no será tan hermoso como lo habíamos soñado.

La soledad sigue ahí porque viene de serie.  Las calles se llenan, los domingos por la tarde, de personas que caminan como si fueran a algún sitio y en realidad llevan la maleta de sus sueños a medias arrastrando,  sonando incomoda en los dibujos de las aceras. Muchos se abrazaran como niños antes de dormir.  Puede que incluso rocen sus desnudeces mirando fijamente a los ojos de quien esté enfrente,  suplicando por que no les deje caer en el camino del que no conocen el final ni el destino.  Es una mirada que se me escapa todas y cada una de las veces en las que las sensaciones suben hasta los párpados de mis ojos,  temblorosos frente a algunas manos que ya estoy pensando que se irán.  Se puede estar tan solo en el cuerpo de alguien como acompañado en la parte alta de un acantilado. 

La soledad se pega a la piel sin darnos cuenta, como la vejez.  La diferencia es que nos convencieron que ser puede volver a ser joven.

Incluso en estos tiempos.

I may know the world

I may know the word /  But not say it / I may know the truth / But not face / I may hear a sound  /A whisper, sacred & profound /But turn my head Indifferent / I may know the word But not say it / I may love the fruit / But not taste it / I may know the way /To comfort & to soothe A worried face / But fold my hands Indifferent / If I'm on my knees I'm begging now / If I'm on my knees Groping in the dark / I'd be praying for deliverance  From the night into the day / But it's all gray here / It's all gray to me / I may know the word But not say it / This may be the time But I might waste it / This may be the hour / Something move me Someone prove me wrong / Before night comes With indifference / If I'm on my knees I'm begging now / If I'm on my knees Groping in the dark / I'd be praying for deliverance From the night into the day / But it's all gray here But it's all gray to me /
 I recognize the walls inside / I recognize them all I've paced between them Chasing demons down / Until they fall In fitful sleep Enough to keep their strength Enough to crawl / Into my head With tangled threads They riddle me to solve

Puedo saber la palabra Pero no lo digas Puedo saber la verdad Pero no cara Puedo escuchar un sonido Un susurro, sagrado y profundo Pero gira la cabeza Indiferente Puedo saber la palabra Pero no lo digas Me puede encantar la fruta Pero no probarlo Puedo saber el camino Para consolar y calmar Una cara preocupada Pero dobla mis manos Indiferente Si estoy de rodillas Estoy suplicando ahora Si estoy de rodillas A tientas en la oscuridad Estaría orando por la liberación Desde la noche hasta el día Pero todo es gris aquí Todo es gris para mí Puedo saber la palabra Pero no lo digas Este puede ser el momento Pero podría desperdiciarlo Esta puede ser la hora Algo me mueve Alguien me prueba que estoy equivocado Antes de que llegue la noche Con indiferencia Si estoy de rodillas Estoy suplicando ahora Si estoy de rodillas A tientas en la oscuridad Estaría orando por la liberación Desde la noche hasta el día Pero todo es gris aquí Pero todo es gris para mí Reconozco las paredes dentro Los reconozco a todos He caminado entre ellos Persiguiendo demonios Hasta que caigan En sueño intermitente Suficiente para mantener su fuerza Suficiente para arrastrarse En mi cabeza Con hilos enredados Me acribillan para resolver


Pd: imprescindible la orquestación desde el minuto 6
Pd2: la GRAN Natalie Merchant, 1995

10 de agosto de 2018

Istas. Comparte si estás de acuerdo

Hay un determinado tipo de persona o personaje que bombardea como si fuera una metralleta las redes sociales con sus múltiples grados de indignación. Feminista, animalista, comunista, dietista... un "ista", en general. Es el mismo tipo de personaje que lo mismo te pone la foto de un  actor porno contando que le  han dado una beca por ser el matemático más veloz como te habla de ese video del tipo repartiendo documentos entre los escaños (del parlamento ucraniano). Es quien te pone fotos de presos peligrosos, de un  pederasta de tu pueblo o de unos que van por ahí engañando a las viejas para que contraten, mucho más caro, el gas. Los que jamás preguntan si esa noticia es más o menos verdad y que deben de tener un gen especial que les hace ser una especie de reporteros de "El Caso" a los que lo único que les importa es lo escandaloso del titular, aunque sea de elmundotoday.

Comparte y difunde, firman.

Son los que ponen fotos de Franco como si hubiera vuelto a la vida, pistola en mano, a matar personas de bien al exhumarle de la tumba. Y los que si oyeran a Hitler sin saber que es Hitler, repetirían sus frases (Recuerdo la maravillosa película "Ha Vuelto")
También son los que ponen un cero más allá de las víctimas de la inmigración salvaje del siglo XXI o no tienen ningún reparo en poner fotos de niños muertos de la misma forma que ponen fotos de sus perros o de sus hijos comiendo copiosamente de vacaciones junto al mismo mar. Los que copian  ese mensaje en el que exigen a facebook que respete su privacidad (en facebook).

Son los que escupen a los toreros, los árabes, los curas o los  de albacete para pedir después trato igualitario a todos independientemente de la manera de pensar de cada uno. Los que se quejan de los falsos autónomos y luego se apuntan a un sorteo de deliveroo o de Amazon. Los que firman en Change.org contra los que hacen negocio con los sentimientos en internet. Los que señalan con el dedo pero no sale su cara en el perfil. Odiadores (haters) de salon. Indignados por todo y ademas cada día por una cosa nueva. Son los que hablan del derecho a sentirse catalán pero no español (o al revés). Da igual. Hablan de micromachismos, de vergüenza, de indignación, de jubilados indigentes por culpa de unos gobiernos salvajes que roban como bellacos, del aborto en Argentina pero sin darse cuenta que es Argentina porque no han leído la noticia. Hablan del trabajo de la mujer del presidente, de unos bancos que no devuelven el dinero aquí pero sí en Alemania, de un vídeo que no te podrás imaginar lo que sucede después.

Ponen noticias sin leerlas, sin criterio, bombardeando. Ya me tienen  hasta las mismísimas narices porque siempre parte de algo nuestro que les parece un asco y que nos hace ser miserables pero aparte de poner una y otra vez cosas reales, falsas o de otros... no hacen más. Istas, por definición, que saturan de mierda y sin criterio con todo lo que les da la gana. Las noticias falsas o interesadamente exageradas tienen en ellos megáfonos.

Istas, que no indignados. A golpe de click.

9 de agosto de 2018

Salvador


-¿Por qué intentas salvar a todo el mundo?
-No lo hago, ni siquiera lo intento.
-No seas hipócrita, no lo puedes evitar. Vas por ahí como si fueras un salvador o, lo que es peor, un justiciero. Les dices a las personas lo que crees que realmente quieren o cómo deben de cruzar la calle. No les aconsejas, les obligas a hacerte caso. No quieres que te den la razón, quieres que te obedezcan. Y no puedes hacer eso. La libertad de los demás es también el derecho a equivocarse.
-Pero su libertad no tiene que afectar a la mía. No puedo tener que estar pendiente de si un soplagaitas le da por hacer uso de su libertad cruzando por donde no debe para que yo termine atropellándolo. La libertad en estos tiempos es una cuestión  de egoísmo. La sinceridad una excusa para decir lo que te sale de los genitales. La diversidad sexual una forma de no sentirse culpable traicionando a quien te espera. “Oh, es que yo soy poliamorosa”- dice poniendo cara de hipócrita- Y lo que pasa es que el viernes te has tirado a Pepe, que te hizo gracia en la cuarta copa. ¿Te acuerdas de aquel caso?
-Cual
-El de aquella chica. Llevábamos unas semanas viéndonos los fines de semana. Hablábamos los viernes, nos veíamos los sábados. Pero aquel viernes no me cogió el teléfono. ¿Dónde estabas ayer?  Le pregunté. Ayer me lie y me terminé acostando con uno. Oh, muy bien. Claro, me dijo, yo soy una mujer libre. Vosotros, los machistas, creéis que somos de vuestra propiedad. ¡Me había convertido en un  machista!. Un machista cornudo y gilipollas, por supuesto.
-¿La salvaste?
-¿De qué?
-No sé, de lo que sea que la quisieras salvar.
-Lo intenté
-¿Lo conseguiste?
-En realidad no.
-¿Y quién terminó jodido?
-Yo
-Entonces el problema lo tienes tú. Deberías de salvarte primero.
-Las mujeres, los niños y yo
-Tú. Después ya se verá.
-En eso consiste, ¿verdad?. Me refiero a la sociedad en la que vivimos.
-Es probable.
-Es una mierda.
-Lo es. Pero no puedes salvar a todo el mundo.
-O salvarlos y quedarme lleno de cicatrices.
-Las tienes

3 de agosto de 2018

Cada uno su verdad

Supongo que ante la obligada necesidad de vivir cada día ella tomó la determinación de vivirla de la mejor manera posible: alejando el dolor que producen los excesos, tomando mucho el sol, teniendo un amante oficial y dos en el banquillo. Preocupada por las cosas fáciles que están a su alcance: la forma en  la que le queda un determinado vestido y si le han hecho una raya en un pequeño deportivo para el que ha comprado unas gafas que le hacen tener un punto más de glamour en los semáforos.

La mejor manera de no sentir que la deriva del universo arrastra a lugares desconocidos, por definición incontrolables, es crearse un mundo a medida. Se parece a esas noticias de algunas cadenas que hablan de ellas mismas y hacen de serpiente comiéndose la cola en un ciclo infinito. Los seres humanos tenemos un entorno vital que no suele superar los 10km cuadrados. Dicen los científicos que tener más de 150 amigos es imposible para la capacidad humana. Es más que seguro que cada uno nos creamos de manera consciente o inconsciente un universo a medida donde las cosas son  como nos interesan. No sé, todos los ricos son malos, los ex unos hijos de puta,  los inmigrantes almas de cántaro y los gin tonic deben de llevar pepino. Si te sacan de ahí la cabeza explota como una bomba atómica.

En verano, casi como quien lee el periódico que le dice lo que quiere oír, algunos se crean y retozan como piaras en los lodazales de sus universos. Los que se van de viaje a un resort y dicen que conocieron  el país. Los que persiguen las actuaciones de artistas que ya saben que les harán cantar. Las que quieren sentirse adoradas por argentinos amables que las tratan de "vos". Quienes están convencidos que descansar es dejar la mente en blanco preocupada sólo por las quemaduras del sol. Hay quien  ignora lo que fue y se inventa lo que quiere ser entre las anécdotas que se decoran con una cerveza entre el atardecer y altas horas de la madrugada.

Pocos terminan en el Gran Hotel Budapest, escuchando.

No hay ninguna crítica en mis palabras. Es más, hay una envidia desatada. Casi la misma que me lleva cuando alguien, en medio de una comparación, me pone en el lado del "antes" haciendo el símil con las fotos de productos para adelgazar.

La interpretación de las palabras es mucho más peligrosa que las mismas.  Mucho más.  Jugamos con los significados de maneras infames. Unas veces no queremos darnos cuenta y otras llevamos al rincón que nos duele las mismas frases, poniendo limpias las sábanas de nuestros fantasmas.  Nunca volvió a llamar y ese engranaje podrido la dibujaba desnuda,  con la piel erizada,  las alas abiertas y sintiendo,  susurrando incluso que esa sensación nunca se la podría dar ni siquiera por equivocación o borracho,  que es cuando se me caen los filtros. No es verdad (o si) pero hay un momento entre la cena y el sueño en el que sube esa idea desde el estómago hasta un músculo que no existe cerca de la garganta,  impidiendo respirar con propiedad.

El error consiste en imaginar un universo incontrolable.  Un universo infinito. Un lugar donde da igual lo que haga,  lo que diga,  lo que sea o en el que me convierta en un superhéroe porque no pertenezco a ese espacio.  Para los amigos que ya no están lo que sucede es que no existes.  Lo mismo para las amantes que cerraron la puerta al salir. 

Y aunque, en esa gestión de la culpa unida a la nostalgia que lleva la constatacion de la ausencia,  queramos creer que hay una solución para todo, no la hay. Teletransportarse no es una buena idea si la cápsula de destino está sellada porque es del mundo a medida de otra persona.  Una burbuja que ya ha terminado el aire. 

Así que como hay que vivir,  y eso es casi una obligación insana,  ella puso las piezas que consideró y ahí va,  de un lugar al otro sin salir ni un milímetro.  Sonríe y los ojos miran donde ve lo que quiere,  donde ponen una y otra vez "Love Actually " y donde llega al orgasmo,  la ducha tiene un fluido y agradable caudal de agua,  donde la toalla limpia la sujeta encima del pecho  y sobre todo donde casi nada perturba las normas no escritas que debe cumplir la verdad. Un lugar donde es el centro,  la reina,  todas las princesas y solo suenan canciones y opiniones aprobadas por su señoría. Un espacio con los dramas a medida y donde el doble check azul solo lo vea quien sea adecuado para ese momento.  

Y es una verdad. Hay tantas como veraneantes.