Mal dia para buscar

24 de mayo de 2012

Eurovisión, cuervos y orgullo

En 1974 ABBA (que llegó a factura más que Saab convirtiéndose en la primera empresa sueca) ganó Eurovisión con 302 votos. De eso hace 38 años. España se presento con Peret, que sacó a relucir el "canta y sé feliz" quedando décimos de 17. En el festival de la OTI del mismo año quedamos cuartos con una cantante llama Lia Uyá, porque la OTI era el festival donde secábamos nuestras lágrimas europeas.

Si tengo que recordar el festival de Eurovisión me viene a la mente Martes y Trece imitando el Lalala de Massiel (1968) y a toda la familia alrededor de la televisón deWalt haciendo apuestas en el apasionante momento de la votación mientras esperábamos que Portugal nos votara un poco más. En realidad la votación de Eurovisión siempre ha sido el momento más emocionante.

Después vivimos la humillación estatal de sacar 0 puntos con Remedios Amaya en 1983 tras habernos creído capaces de todo organizando el mundial de futbol al estilo naranjito un año antes. Fue, hay que admitirlo, un "Zas, en toda la boca".

Después, casi como si fuera un efecto postraumático, casi nadie es capaz de recordar mucho de Eurovisión. El "bailar pegados", quizá. A David Civera (que es un tipo encantador). Quizá recordar a las Azucar Moreno exigiendo que, cual estrellonas incomprendidas, les dejaran repetir la actuación. Por supuesto que  ver que Europa no sentía fascinación por nuestros ganadores de Operación Triunfo tampoco ayudó.

Del resto, poca cosa. Sabemos que llegaron cien países del este que se votan entre ellos, como los familiares que se casan entre sí y descubrimos gracias a la mente preclara de Jose Luis Uríbarri que cualquier cosa era más importante que una buena canción.

Como muchas cosas de la vida el éxito no suele ser para el mejor sino para el mejor relacionado.

Y como otras cosas de la vida, casi como una boda, existe una línea finísima entre la elegancia de esos vestidos largos, esa orquesta en el foso ante cantantes de voz para premio y ver a Rodolfo Chikilicuatre con la guitarra de un chino haciendo eso de que "como no voy a ganar me voy a reir". Hay una delgada línea entre la admiración por el lujo que podría tener Grace Kelly o la voz de Barbra Streisand y los modelos que llegan en coupés de segunda mano con alerones a una boda gitana mientras dentro se canta a gritos "paquito el chocolatero" o su equivalente croata.

Con este festival se ha vivido el desgarro moral que puede sufrir un ladrón de guante blanco cuando descubre que ha dejado de robar brillantes para quedarse, como un cuervo ciego, con una colección completa de complementos de Bijou Brigitte.

Tuve una amiga, de esas que te duran hasta que uno va hacia la izquierda y el otro a la derecha, que trabajaba en una de aquellas tiendas de bisutería barata y aparente. Me confesaba que sus mejores clientes no eran las señoras ansiosas de poder cambiar a diario de enjoyamientos. Sus mejores clientes eran un par de strippers, algún pastillero poligonero despistado y todo el grupo de plumadas mariconas que frecuentaba la zona y se volvían locas con los brillos y los reflejos.

Las mismas que esta semana se hacen llamar eurofans.

Porque Eurovisión se ha convertido en la ceremonia del orgullo gay si lo vemos desde el otro lado de la televisión, aunque TVE siga diciendo que es un festival de la canción.

Cuando presentemos a la reina drag del carnaval de Tenerife ganamos, seguro.

23 de mayo de 2012

Domingos, hijos, felicidad y valentía

Creo que era un domingo luminoso. Ni siquiera era mi casa. Dejé los pasos atrás haciendo ventosa sobre el parquet del pasillo y aproveché el conocimiento previo que tenía de la cocina. Hice café con una de esas cafeteras italianas pequeñas que viven en las casas de las solteras y me dispuse a preparar un par de tostadas. A mi espalda, casi como una aparición, llegó con unas zapatillas blancas, el pelo despeinado y un albornoz. Su culo se movía despacio mientras se apoyaba sobre media naranja exprimida. El motor del exprimidor lo llenaba todo y cuando me quise dar cuenta sobre una pequeña mesita había dos manteles, mantequilla de esa que se compra envuelta en papel, un par de cucharillas, el azucarero blanco, una vasija también blanca y pequeña con leche y ella sentada en la silla del centro. Yo me senté en un lado de la mesa y untamos las tostadas convirtiendo lo blanco de la mantequilla en esa grasienta y amarillenta capa que abriga al pan como un papel transparente.

-He pensado- me dijo y la miré- que me gustaría tener un hijo.
-¿Cuando?- respondí
-En verano.

Lo siguiente que recuerdo es que todo se estropeó.


Deduzco que es el beneficio que produce la valentía que no pude, no quise o no tuve mientras alargo mi adolescencia hasta límites insospechados.

22 de mayo de 2012

Aguirre y la demostración de la igualdad de sexos.

Ayer lei una frase, atribuída a una mujer con poder y referente a la igualdad de sexos, que decía: "La igualdad de sexos tan sólo se habrá logrado cuando pongan a una mujer inútil en un cargo de responsabilidad".

En España, que en eso de los sexos hemos dado pasos de gigantes en los últimos años, tenemos a Esperanza Aguirre.

Deduzco, entonces, que hemos llegado a la igualdad de sexos.


Supongo que por eso dicen que el fútbol es algo más: una espoleta para los idiotas.

21 de mayo de 2012

No, no es la mejor generación.

Llegados a este punto quizá ha quedado bastante claro para más de uno que cuando un pais o un continente entero se dedica a pensar que el dinero es un bien infinito por el que solamente tienen que luchar los pobres pero nosotros somos ricos y nos llueve de las nubes subvencionadas... nos vamos directamente a la mierda que es donde estamos ahora.

Y donde estamos es en un punto de excusas y quejas, de rabia y eliminación de la culpa porque vamos a tirar por tierra la mejor generación que hemos tenido nunca.


Porque aunque es cierto que tienen más títulos que nunca también me puedo sentar a pensar que cuando yo estudiaba la carrera el padre, también ingeniero, de mi compañero de pupitre se entretenía haciendo las integrales eulerianas que teníamos como ejercicios y yo, a día de hoy, juego mejor al Angry Birds que hacer un integral sencilla.

Probablemente aquella notaza que saqué en cálculo de segundo se quedó en el mismo sitio que mis apuntes: olvidados.

Tenemos una generación que ha vivido al abrigo de esa titulitis que nuestros padres nos inculcaron porque en su época tener un título era sinónimo de éxito y exclusividad. Hoy en día, en el que casi todo el mundo tiene una orla en su casita, tener un título es una razón más para quejarse. Tienes un título, dos máster, tres o cuatro idiomas y aún no has llegado a los 30. Tus padres están orgullosos y te sientan en una mesa con una integral euleriana para resolver.

Y no puedes.

Porque hemos estudiado como caballos desbocados al galope para la consecución de un título pero, ¿quisimos aprender?.

Ni siquiera me pregunto si la mayoría se preocupó por pensar durante todos esos años en los que a la sociedad española lo único que le importaba era cagar titulados desde un, cada día más sencillo, quebradizo sistema educativo incompatible con el futuro que ahora es presente.

20 de mayo de 2012

Desayunando whatsapp

Aclaraciones prácticas sobre las dos dudas de whatsapp más habituales:
1-Un tick verde significa que el mensaje se ha enviado correctamente a los servidores de WhatsApp Messenger y cuando aparece el doble check verde significa que el mensaje se ha enviado desde el servidor de WhatsApp Messenger al móvil de la persona destinataria, pero no indica que obligatoriamente lo haya leído.
2-La hora de conexión corresponde a la última hora que el otro usuario ejecutó whatsapp. No significa que a esa hora haya mandado un mensaje sino que ha ejecutado el programa. Puede, simplemente, estar psicótico perdido mirando a la hora a la que te conectaste tú (y esa hora no cambia por recibir ningún mensaje).

19 de mayo de 2012

Dionis de ayer y hoy.

Uno de los días más freak de mi vida lo viví en un pueblo de la zona norte de Madrid llamado El Molar. Ïbamos, aún no recuerdo el motivo, la novia que tenía hace 20 años y yo a visitar a su antiguo novio, motivo por el que yo tomé prestado el opulento coche de mi padre y ella se puso un vestido que todavía me excita al recordarlo. Son, en definitiva, esas acciones estúpidas que haces intentando parecer alguien que no eres. Así que aparecimos casi como jóvenes estupendos con posibles en las fiestas de aquel pueblo donde encontramos al susodicho montado en una Mobilette Cady roja entrando hasta el fondo de un bar vestido con la ropa sudada y deportiva de un evento en el que había participado. Entró en el bar, lo atravesó, dejó la moto junto a la puerta del baño, hizo aguas menores con la puerta cerrada, arrancó y salió diciendo que en quince minutos volvería. La novia que tenía aquel muchacho nos miró con cara de vergüenza, pero se quedó e incluso creo recordar que era una chica bastante agradable y aceptablemente comedida, porque creo que cuando, en una pareja, uno se excede, el otro se coharta.

El caso es que después, en el momento de cenar, Luis (que ese era su nombre) nos llevó a un pequeño local en un alto y nos presentó al dueño. El local se llamaba "El furgón del Dioni" y el dueño, como era de esperar, resultó ser ese hombre de fama encontrada, robo celebrado, peluquín obvio y mirada perdida que es El Dioni. Creo que Sabina ya le había hecho la canción.


Así que El Dioni, copa en mano, música infumable en el ambiente y cigarro entre en índice y el anular, nos contó, casi como el niño que cuenta una y otra vez aquella gamberrada que hizo una vez y al estilo del artista que tiene un único éxito en su vida, toda esa historia debía de ser contada para que no se le olvidara ni a él ni a su fama encontrada.

Y se sintió tan reconfortado al vernos escucharle que hasta nos pagó las copas y nos sacó un plato con chorizo.

 
Aquel día volvimos por un paseo de la Castellana iluminado y vacío que era un preludio del verano.
 
Ahora, unos años después, los robos de furgones son noticias menores. Y los ladrones son más. Es más, ni siquiera te pagan las copas.

18 de mayo de 2012

Gerentes (y animadores de las fiestas)

Martha Nussbaum ha ganado el premio Príncipe de Asturias por, básicamente, demostrar que la economía y la ética son dos aspectos del mundo en el que vivimos que deben de ser considerados en conjunto y que haberlos creido separados durante los años en los que estábamos en disposición de unirlos nos ha llevado hasta el lugar donde estamos, que es un sitio bastante puñetero.

En realidad corresponde a una visión chulísima de la vida.

Ayer mismo, justo entre la copa de vino que entra fenomenal y la sexta y la séptima que te dejan la cabeza tal y como la tengo ahora mismo, mantuve una conversación simplista y alterada sobre un tema similar.

Una de las personas que se sentaba a la mesa hablaba de cómo en su empresa se habían iniciado unas jornadas de reflexión sobre la compañía con el fin de optimizar el rendimiento de los componentes de la misma que son, en su cómputo global, cinco personas. Mantenía, con una serie de razonamientos basados en la humanidad y la visión globalizadora e igualitaria del mundo, que los gerentes de su empresa no estaban capacitados para serlo porque durante un tiempo las actitudes de otros empleados eran criticables y destructoras para la empresa.

En el otro lado de la mesa alguien le daba la razón.

Así que, en un alarde beligerante, pregunté: "pero... ¿la empresa gana dinero?"

"Eso se da por hecho"- me respondieron como si por si la mera razón de ser "empresa" se sobreentendiera el beneficio.

"Entonces"- dije- "el objetivo primario de un gerente, que es ganar dinero, está bien"

Como era de esperar en ese momento se avalanzaron sobre mi los dragones de la modernidad echando los futbolines de Google como fuego por la boca. "La responsabilidad de un gerente es hacer que sus empleados se sientan tan bien en los brazos de la empresa que se obtenga el mayor rendimiento posible de ellos". Lo cual es una afirmación que consideré lógica, pero secundaria.

Al trabajo se va, en mi simplista punto de vista, para obtener dinero. Si un gerente gana dinero ha cumplido su objetivo primario. Si no lo hace puede que no sepa motivar a su plantilla o gestionar el activo circulante. Considero que la gerencia, como la ingeniería y como la bioquímica, es mucho más sencilla de lo que parece y que las grandes mentes son aquellas que se permiten simplificar la realidad en vez de enfangarse en community managers o jornadas de confraternización que son exactamente lo mismo que irnos todos a tomar unas cervezas. El objetivo primario en muchas facetas de la vida se suele quedar oculto entre el bosque de las formalidades o más de un tecnicismo. Si mi gerente fuera mi pareja podría decir que el objetivo primario es poder llegar a esa sensación de "casa" que te reconforta muchas veces. Si, además, me excita sexualmente y tenemos unas relaciones dignas de más de alguna página porno amateur, mejor. Si, aparte de todo eso, tenemos una mesa de billar en el salón y no se indigna cuando me comporto como un imbécil... entonces estoy casado con recursos humanos de Google.

Pero si me invita a su casa, me enseña la mesa de billar y me siento incómodo, entonces el supuesto objetivo primario no está satisfecho, por lo que todo lo demás sobra.

A eso me refería con aquello de que la primera responsabilidad de un gerente es que el balance sea +1. El secundario es convertirse en el animador cultural de la compañía disfrazándose o contratando a Ronald McDonald.

Y, tal y como están las cosas, a más de uno se le olvida en este momento en el que muchas compañías tienen vacías las guarderías para los hijos de los empleados y las mesas donde debería de haber empleados y sólo quedan huellas de parados.

Es un caso de objetivos primarios sedados por la crisis.

17 de mayo de 2012

La historia de mi vida

Claro, que no pone lo que hace el niño en el hipotético caso que la niña diga que si. He de suponer que se queda bloqueado, se asusta, y se va.

16 de mayo de 2012

Marca de País.

Hace bastantes años las marcas con sello de calidad de pais se vendían bastante bien. Supongo que un tiempo antes de descubrir que nuestro planeta es pequeño. "Es un producto americano"-y eso se decía abriendo los ojos como si tanta modernidad no pudiera entenderla el españolito de a pie. "Es un invento japonés"-y sabíamos que tendría botones y alguna pantallita. "Es un coche alemán" y no hacía falta que fuera más austero que la vida de postguerra de mi abuela.

Luego lo convertimos en un "Es un producto chino"-con lo que sabíamos que era un horror muy barato e incluso "un producto italiano" resultaba ser de diseño pero mal acabado. Desconozco, porque supongo que no me va a gustar, lo que "un producto español" podría llegar a significar en el resto del mundo (si es que no era una figura de sevillana o un toro con torero para poner encima de la tele de tubo)

Después los productos fueron continentales: "producto europeo", "producto asiático", "producto americano" (eliminando en "americano" la parte de América del Sur)

Con el baloncesto y con el cine se puede ejemplificar.

El cine europeo es lento, sesudo, gris.

El baloncesto europeo es inteligente, con cambios de ritmo y hasta complejo.

En EEUU las estrellas saltan mucho, hacen ruido y estoy convencido que terminarán poniendo fuegos artificiales en los marcos de las canastas para que se activen con algún mate desde la línea de tiros libres que, aunque vale lo mismo que meterla con una sosa bandeja, parece que cuenta como siete porque 5 son de espectáculo.

El cine americano tiene que tener unos cuantos tiros, un par de coches rotos, una venganza ciega, un retorno de la justicia y hasta un equilibrio moral mientras ondea la banderita al fondo como si fuera el colofón adecuado a dos horas de entretenimiento que mañana habremos olvidado.

Según van pasando los años todos esos conceptos, desconozco si es por mi propia madurez o porque empieza a aburrir tanta tontería, se han ido difuminando. Algunos van a espectáculos profundamente americanos a dejarse llevar por los gritos y el "we will rock you" que suena por megafonía sabiendo positivamente que están siendo sometidos al embriagador y falso prostíbulo de la publicidad. Otros llegan a creer que ese es el destino de la modernidad. Existen aquellos que se han pasado el té de hierbas, se sientan en el suelo, escuchan mientras cierran los ojos el sonido de un gong, meditan y tienen erecciones con hentai. Un porcentaje de la población admira el enraizado culto a la historia, el arte y las costumbres de la europa más ancestral mientras se castigan por no haber hecho un viaje con mochila y en interrail para terminar borracho , después haber hablado sobre las bases de la democracia, en la cama de una checoslovaca. En definitiva, ya no hay un concepto, un arquetipo o incluso una manera de hacer las cosas que esté moralmente por encima de las demás sólo por el hecho de venir acompañada de una marca de país.

Es como si se hubiera diluido en el ácido del tiempo todo aquello a lo que queríamos parecernos.

Y creo que es bueno, pero desconcertante.

Pd: con tipos de mujeres también se podría explicar (porque la voluptuosa americana neumática ya no está de moda, la asiática casi pueril parece un delito de viajero vicioso, la europea moderna de pelo corto y cigarro entre los labios asusta, la sudamericana con demasiados accesorios que salió de una teleserie parece excesivamente servil y la árabe siempre pienso que tiene bigote), pero últimamente eso me excita demasiado.

15 de mayo de 2012

Duda patológica: epidemia del XXI

En una entrevista que publica La Vanguardia a Giorgio Nardone se dan pistas sobre el concepto de Duda Patológica.

Más o menos se refiere a todas esas preguntas que nos hacemos pensando que si nos esforzamos con la suficiente energía encontraremos una respuesta correcta porque, en definitiva, el ser humano está absolutamente convencido que vive en un mundo racional en el que todo lo puede resolver con la suficiente inteligencia.

Duda patológica es preguntarse continuamente si Dios existe, si cerré bien la puerta de casa, la del coche o estar preocupado mucho más por no saber cuando te vas a morir que por el dramático momento de la muerte. En realidad es la preocupación por la preocupación, casi como si fuera ese el objetivo (estar preocupado) que la mera búsqueda de la respuesta a una u otra pregunta.

En su caso extremo, como es lógico, se convierte en un transtorno obsesivo compulsivo muy relacionado con la ansiedad como enfermedad.
La duda patológica es ese pensamiento que te persigue sin poderte deshacer de él. Es el miedo contínuo a que todo vaya a peor, a encontrarte a tu mujer en la cama copulando con furiosa cólera con un atlético muchacho de fibrosa figura, a que te hayan robado el coche por la noche, a que te pillen meneándotela como un mono delante de un video porno que apareció sin avisar o a que ese dolor del pecho sea un cáncer en vez de una mala postura.

La mayoría de las veces esa duda reside en una pregunta incorrecta que nos hacemos, en un planteamiento incorrecto que nos bloquea, en un término que no podemos cambiar, entender o arreglar. Podemos preocuparnos viendo la televisión porque la bolsa ha bajado, porque va a llover o porque han hecho un estudio afirmando que la calidad del esperma ha bajado de una forma considerable. Asumimos, entonces, la negatividad como un problema que nuestra inteligencia debe de resolver, casi como si fuera una obligación, y no encontramos solución mientras nos martillean las preguntas.

Algunos estudios hablan de contagio emocional. Quizá se refieren a influencias recibidas en la educación pero lo que es cierto es que toda esa inseguridad y obligatoriedad hace tiempo que se convirtió en algo habitual en el ser humano contemporáneo.

Nos preguntamos si acaso ella nos quiere o nos desea, aunque sabemos que también, en otro momento y en otro lugar, quiso y deseó a otro. Nos preguntamos si pudiéramos encontrar una sociedad más justa, aunque sabemos que el ser humano tiene un componente egoísta e hipócrita con el que hay que contar. Nos preguntamos si no estamos desperdiciando el tiempo con tanto trabajo y tanta economía, pero nos gusta competir en juegos que sólo existen entre seres humanos del industrializado y laboral siglo XXI. Nos preguntamos sobre la globalidad, pero luego nos hacemos pequeños debajo de las sábanas tapándonos hasta la nariz. Nos preguntamos sobre demasiadas cosas que no tienen respuesta o al menos una respuesta determinante.

Y mientras estamos pensando (y asustados), pasa el tiempo.

Y el truco no está en no pensar, sino llegar a la conclusión que algunas preguntas obsesivas que nos graban a fuego en la cabeza, no tienen respuesta. En definitiva, hay momentos en los que parece que la gran epidemia de este principio de siglo es la duda patológica en la que nos invitan a vivir y en la que muchos nos hemos acomodado durante mucho tiempo para no hacer nada, salvo castigarnos como si la vida fuera excusivamente una canción paranoica con Tom Yorke cantando.

14 de mayo de 2012

¿Donde está MI dinero?

Una amiga, directora de sucursal, me contaba en cierta ocasión que un anciano pasaba todos los viernes por la oficina para ver su dinero. Le llevaban a la caja fuerte y le enseñaban unos fajos de billetes asegurándole que eran los suyos y, de esa forma, se marchaba tranquilo hasta la semana siguiente.

En realidad, y como es lógico, el dinero que depositas en el banco y que es tuyo nunca está esperando en una cámara acorazada a que decidas ir a visitarle. Eso pasa con los enfermos y con los presos, pero no con los euros.

Se va de viaje hacia construcciones financiadas, hacia préstamos por los que cobran más de lo que a tí te dan y que unos señores en unas oficinas han calculado estadísticamente que repercutirá en determinados beneficios para la entidad.

En definitiva los bancos toman el dinero que algunos consideran que les sobra para dejárselo a otros que lo necesitan pagarán más. Una pequeña cantidad es la que se queda en cada caja fuerte por si te has quedado sin billetes para pagar la cuenta del tomate frito en el supermercado.

Hasta aquí es lógico.

Sin embargo algunos se escandalizan al saber que si todos fuéramos a sacar nuestro dinero del banco no habría para todos y creen que lo que ha sucedido es que unos banqueros disfrazados de vampiros se han hecho mansiones con ello. Otros se asustan porque nadie supuso nunca que los que se comprometieron en pagar los créditos no lo iban a poder hacer y más de uno piensa que un mundo sin bancos es una utopía maravillosa que se puede alcanzar en un hipotético mundo justo.

Sin embargo pienso que si un banco, que es un negocio como otro cualquiera, cierra, aquellos que esperan que sus monedas vuelvan a sus bolsillos el día que las necesiten, se quedarán sin ellas.

Por supuesto, en ese caso, alguien que ha luchado por ahorrar no puede, en ningún caso, quedarse sin su dinero.

Así que, como todo en este mundo en el que los gobiernos tienen la obligación de cuidar por el bien global, para que mi madre pueda sacar algo de dinero de la ventanilla resulta que el gobierno quita dinero de la sanidad para dárselo al banquero y así no llegar a un mal mayor (porque, al final, quien pierde es el más débil, que es el que dejó su dinero en un lugar que tanto el gobierno como el banquero le aseguraron que era de confianza).

Y el banquero lo sabe.

Y el gobierno lo sabe.

Y hasta mi madre lo sabe.

Quizá es una de esas cosas que todo el mundo sabe pero que nos molesta admitirlo como admitir que no siempre fuímos buenos, que nos pusimos dos días seguidos la misma ropa interior, que ayer no hicimos la cama, que mentimos en un currículum o en un bar, que creemos en un mundo justo pero sólo si nos deja en buen lugar y que hemos comprado ropa que sabemos positivamente que esclaviza a niños en su confección.

Mientras tanto mi amiga acompaña al señor a la caja fuerte y le deja ver un fajo de billetes haciéndole creer que es el suyo. Es parte de las mentiras que nos encanta creer.

13 de mayo de 2012

12m15m

Que conste que el año pasado, cuando miles de personas se lanzaron a la calle bajo un perfil mayoritariamente joven, llegué a emocionarme. Por supuesto que, en medio de alguna asamblea y dentro de alguna acampada, viví esa dualidad extraña que puedo llegar a sentir cuando la prioridad era, para algunos, que los vecinos abrieran sus redes Wifi para poderse conectar con sus iPads. Sin embargo la publicidad, la atención, la idea primaria, la convocatoria y hasta la ejecución de la misma resultó digna de la mejor campaña de marketing social de los últimos años.

Un año después, casi como si fuera un buen anuncio de un producto que no hemos consumido, se vuelve a salir a la calle para desafiar en medio de los primeros calores del verano a un gobierno injusto que cercena los derechos de las mayorías (que es lo mismo que pasaba con el anterior gobierno injusto, con todos los gobiernos injustos y probablemente con todos los gobiernos).

Y nos quejamos. Hablamos del dinero que se da a los bancos y se quita de educación con furiosa cólera. Hablamos de los miles de jóvenes que salieron a buscar su gran empleo en Alemania y sirven copas por 400€ de sueldo en Berlín, que es más que nada en un Chriringuito de Matalascañas. Hablamos de la desfachatez de los poderosos. Hablamos de la subida de los bienes básicos y pensamos que esta vez sí que nos vamos a ir al desastre.

Y, más tarde, todos a casa. Nos vemos el año que viene.

A veces tengo la sensación que detrás de ese gran oropel publicitario no hay producto de calidad para vender. De eso va la viñeta.

11 de mayo de 2012

Tenemos que hablar

- Tenemos que hablar.
Esa es una frase que normalmente está llena de reproches y que casi nunca acaba bien.

La biblioteca británica ha puesto en marcha un proyecto que trata de guardar, como si fueran documentos históricos, las conversaciones comunes que mantienen los habitantes contemporáneos para que, a base de escucharlas, los investigadores del futuro sean capaces de entender mejor la complejidad de la sociedad actual en la que vivimos. Sinceramente me parece una idea excelente porque las grandes conversaciones y los mejores momentos, si nos centramos en el mundo de lo personal, suelen venir marcadas por todo aquello que, disfrazado de banalidad, va configurando nuestras realidad y nuestras decisiones.

Sin embargo estamos poseídos por toda esa parafernalia de citaciones, reuniones marcadas, turnos de palabra y puntos a tratar que nos encanta establecer como un paso previo a la toma de decisiones.

Existen, para explicarlo, dos tipos de cine: en uno hay un momento en el que el bueno jura venganza y acaba en el preciso instante en el que mata al malo, justo detrás de un par de persecuciones y un buen montón de tiros. En otro tipo de cine, mucho más lento y lleno de argentinos en su faceta más comercial (si es que sale Ricardo Darín) las conversaciones son las que lo dicen todo sin que ningún efecto especial te distraiga de la verdad. Quizá, casi como si fuera "El mismo amor, la misma lluvia", "Martin Hache", "Leolo", "Todo es mentira" o el final lacrimógeno y maravilloso de "Cinema Paradiso", no hace falta más.

A veces las grandes conversaciones están disfrazadas de casualidad. A veces, dicen, el 93% de la comunicación ni siquiera es verbal.
El dia que la conocí, si aún soy capaz de recordarlo, hablamos de nuestras vidas sin miedo a usarlas como agravios comparativos, hablamos del tiempo y de música, creo que pregunté qué es lo que quería tomar. Ni siquiera recuerdo la conversación exactamente, sólo se que esa noche quería volver a verla.

Una vez, quizá antes de perderla, dijo: "tenemos que hablar".

Esa conversación no se guardará en el archivo de conversaciones de la biblioteca británica. También he oido que la nostalgia genera calorcito en el ser humano. Supongo que por eso intento recordar las conversaciones donde no decíamos nada importante cuando aparecen los momentos en los que me arropo.

9 de mayo de 2012

If you love Distrés, set them free

Hace un par de semanas me decían, txakolí arriba, txakoli abajo, que hay veces al escuchar a algunas personas da la sensación que viven sumergidos en medio de una telenovela de tercera división. Reconozco, admitiendo que no es algo sentimental sino extensivo a todas las facetas de la vida, que hay un componente de verdad en todo ello. Ayer me enviaban, con la verdad de saber precisamente a quien se lo estaban enviando, una entrevista a cierto cirujano preocupado por la salud mental de las personas, en la que viene a decir que en más de una ocasión nuestro cerebro, que es el órgano que nos afecta físicamente al resto del organismo, nos hace pasar malos ratos irracionales porque tenemos una querencia absoluta al dramatismo y a las telenovelas de tercera.
En el fondo los dos mensajes, aquel que se basaba en una dramática conversación ajena sobre el desamor y los deseos no cumplidos y el que me viene a reafirmar que siendo un pesimista existencial no se va a ningún lado que no sea el distrés (que es ese estrés negativo que hace que el cuerpo se revuelva como si le hubieran pataleado), son el mismo mensaje.

La fuerza de nuestro cerebro es casi infinita. Sin ser prácticamente nunca cierto nos permite castigarnos, dejarnos sin dormir, ilusionarnos con estupideces, querer como si nadie hubiera querido antes, odiar como si se hubieran meado sobre la tumba de nuestro gato e incluso, en algunas ocasiones, hacer como si hoy fuera un primer día para empezar de nuevo en un sitio mejor al que dejamos atrás. Las adolescentes abandonadas se sientan en los bordillos de la acera a llorar desconsoladas porque su cerebro les dice que se acabó el amor de su vida cuando todos sabemos que esos son pasos obligados en la vida que nos toca vivir.

En ese caso Sting cantaba: If you Love Somebody, Set them free.

Es un buen consejo. Claro que mientras siempre pensé que ese alguien a quien quieres y debes de dejar atrás era otra persona quizá ahora a quien debes de dejar atrás es a la persona que quieres, que es tú mismo y que debe de empezar a ser otro. Al menos con otro cerebro, otra manera de encajar las cosas que te pasan. Al menos en un sitio que no sea una telenovela donde los amores se van para siempre, los abismos laborales son pozos sin fondo y la lluvia nunca deja de caer.

Y si ves que te sales del camino: respiras y empiezas de nuevo. Nada de lo que te martillea importa porque esa migraña la alimenta el enemigo que va con una armadura de pensamientos irracionales escritos por un guionista atormentado.

8 de mayo de 2012

Europa: ni una, ni libre

Definitivamente hay cosas que no soy capaz de entender. Supongo que son debidas a la simplificación del mundo que me gusta hacer de vez en cuando. Voy por partes. Se supone que nos hemos metido la bofetada que nos hemos metido porque hemos considerado que el dinero era un bien infinito al que teníamos derecho y que la política expansionista basada en la recaudación por impuestos indirectos que puso en marcha el Sr Rato (el mismo que ha logrado que Rajoy haga un "digodiego" con Bankia) hizo que nos gastáramos todo lo que no teníamos para comprar coches, pisos, pikachus de peluche y cremas de baba de caracol  hasta que nos dimos cuenta que el saco estaba vacío. Entonces el gobierno de ZP hizo un "no pasa nada, dejarme sólo" y empezó a gastarse el dinero en comprar votos a base de 400€ por cabeza, agrandar todas las aceras de España con el plan E y dar dinero a los bancos para que pagaran las indemnizaciones millonarias de sus directivos. Como los bancos se quedaron sin dinero dejaron de dar créditos y tu vecino frutero tuvo que cerrar. Entonces ya nos dimos cuenta que las cosas no podían seguir como estaban y quebró la empresa de babas de caracol.

Así que llegaron los alemanes y dijeron que quizá no podíamos dedicarnos a gastar como puercos. Y el frances dijo que estaba de acuerdo. Los ingleses dijeron que ellos estaban muy ocupados tomando té y que no les daba la gana de ayudar a un grupo de griegos que se habían gastado lo de ellos y lo de los demás mientras Berlusconi se lo pasaba estupendamente bien con jovencitas pagadas de dinero suyo, que al fin y al cabo es italiano porque Italia es suya.

Claro que si no gastas tampoco sobrevive el carnicero de tu calle, que tiene la desagradable costumbre de comer a diario del porcentaje que deja lo que tú te gastas.

Entonces pensaron que había que subir los impuestos, que es una cosa muy de derechas cuando se hace democráticamente a todos y muy progre cuando se hace solo a los ricos (los mismos que ya tenían el dinero en paraísos fiscales). Se subieron. Se pensó que hay muchas cosas con las que, si no están, se puede vivir (que es lo mismo que cuando yo no compro ginebra). Se quitó de fotocopias, de líneas de móvil, de sueldos de funcionarios (administrativos, profesores, médicos y comisarios de exposiciones de arte moderno). Se quitó de investigación, porque se presupone desde el gobierno que somos incapaces de inventar nada. Se quitó de ayudas a ONG, porque al fin y al cabo los pobres, por definición, no tienen dinero. Y luego tuvimos elecciones y los de la izquierda nos dijeron que teníamos que tener cuidado con la derecha.
Y la derecha volvió a subir los impuestos, ayudar a algunos bancos, joder a los pobres, cobrar peajes, cerrar hospitales, castigar la investigación y sentarse muy serios a decir que no había más remedio que generar un paisaje lunar en este país en el que ya nadie invita a una ronda en ningún bar. Así que el bar de al lado del la antigua frutería, ese que estaba junto a la carnicería, cerró.

Entonces casi asuminos como lógico que había que apretarse el cinturón. Al fin y al cabo los portugueses, los griegos, los británicos y hasta los franceses se habían propuesto dejar de gastar como quien va de rebajas con las visa de otro.

Pero, de un tiempo a esta parte, han empezado a decir que si seguimos sin gastar no habrá dinero para la pequeña tiendita de informática que subsiste reparando los PentiumIV que compraste cuando te creías rico, que si la gente no compra coches no podrán pagar a los operarios de Almusafes, que si se queda el poco dinero que nos queda quietito en un rincón nos vamos a convertir en el Sahara del consumo.

Así que aparece un francés y cuenta que se va a pasar por el arco del triunfo lo de ahorrar, que la alemana le cae gorda. Y gana las elecciones.

Y en Grecia muchas personas votan a una banda de nazis que creen que la culpa de todo es de los turcos.

Y en el Reino Unido pierden más dinero del que cobran, aunque tengan olimpiadas y kebabs con ese pan enrollado que abren hasta las tres de la mañana haciendo la competencia a los fishs&chips.

Así que ahora las cosas están así: los griegos y los portugueses no tienen de donde ahorrar más. Los españoles estamos recortando de sitios que duelen más que seccionarse los genitales (aunque Patxi Lopez, más cadaver que Abu Simbel, diga que la sanidad y las inversiones van a ser el nuevo maná vasco). Los franceses van a agrandar las aceras con el dinero de los fondos europeos. Los Alemanes jugarán a ser el gran padrino de Europa. Los polacos hacen casas como en Marina D'or y los rumanos que quedan en rumanía buscan vuelos baratos a Italia, donde esperan que Berlusconi no vuelva pero siguen cobrando el tabaco en los hoteles de Venecia sin factura.

Así que supongo que Europa es una, pero cada uno hace lo que le da la gana.

Y yo, en mi tienda de informática, me asusto de pensar que si antes tenía la sensación que el dinero estaba quieto esperando ver qué pasaba, ahora creo que el tipo que no me paga es porque, sencillamente, ya no tiene.
Va a ser un verano de larguísimos paseos, porque pasear, casi como aquel estado, genera bienestar (y es barato).
Pd: y, mientras tanto, en vez de leer (que es gratis)...