No sé si alguna vez has pasado una frontera a pie con el tiempo suficiente para hacer la tontería de dar un saltito y poner cara de autóctono de otro lugar. La primera vez que yo lo hice fue fue, por proximidad geográfica, con Francia. Di un brinco, se me estiró la cara, se me puso aspecto de chovinista, ya sabía todo de quesos y no era capaz de pronunciar la erre. Después, con un pasito "pa trás" , se me puso cara de tu colega el Jose, relajé los hombros y hablaba como un cristiano de Aluche.
Con los estados de ánimo pasa algo similar. Para pasar de la rabia a la pena, cuando estás en la frontera, solamente hace falta un salto pequeño. A veces un pasito para traspasar una delgada línea roja que vista desde fuera no es más que un artificio pero que nos arrastra de una forma mucho más fácil de lo que parece.
Me he pasado tres días de un sitio a otro cruzando sin pasaporte. Será cosa de la libre circulación de personas y estados de ánimo.
Con esto sucede algo curioso. Hay quien se comporta como un inglés pero no sabe que está en Inglaterra. A veces el Reino Unido vive en balcones de Mallorca. Aquel chico vino a recoger su portátil. Se lo encendí y funcionó perfectamente. "¿Qué le has hecho?". Preguntó inquisitorio. "Abrir, limpiar, desmontar y montar". Respondí. "¿Y cuánto es?". "50€". "Me cago en la puta. No voy a pagarte esa barbaridad por hacer algo que puede hacer uno de mis colegas". Hice una pausa. "Cuando viniste no funcionaba y ahora funciona. Es mi trabajo. Si quieres te cuento que le he hecho una reprogramación cuántica de las direcciones de memoria de la Eprom, pero prefiero decirte la verdad". Se puso muy agresivo pidiendo la hoja de reclamaciones y llamándome de todo. Entonces tuve un momento de lucidez, "¿Me puedes decir qué te pasa para ponerte así?. ¿Qué te ha pasado?". El chico se paró y le noté conteniendo lágrimas. Se derrumbó. Le había dejado la novia un par de horas antes. Acepto que terminó reconociendo que su comportamiento había sido excesivo y que lo sentía pero, en realidad, estaba saltando de un lado al otro de la frontera de las emociones.
Cuando una emoción se hace con todo, te lleva a los extremos. Pero no a los extremos de esa emoción sino a los de todas las demás. Supongo que es la base de los interrogatorios para hacer rendirse al sospechoso.
Supongo que es lo que les pasa a los borrachos. Que pierden los filtros y lo mismo te quieren pegar o abrazar. Lo mismo lloran que se creen los reyes del mundo mientras corren desnudos por la playa.
También les pasa a quienes les dan noticias con las que no cuentan o cuando es complicado entender las casualidades de las vidas. Entonces todo es del pais de Tristeza, o del estado de Enfado, o del condado de Impotencia. Entonces es cuando , de manera emocional, se salta de un lado al otro de la frontera y te conviertes en lo que crees que es quien vive allí. Y siempre, siempre, siempre, sin ninguna duda, lo tuyo es lo peor, lo más, lo imposible, lo máximo. A ver si vas a venir tú y contarme que no estoy en mi derecho de ser el nómada sentimental extremo de todos los demás. El egoismo, aunque lógico, es la visa con la que te sellan el pasaporte.
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