La política y las relaciones sexuales ( e incluso sentimentales) tienen mucho que ver. Ya he contado muchas veces que mi abuelo, al que no conocí porque no conocí a ninguno, decía que la diferencia entre la izquierda y la derecha es que la derecha dice que te va a dar por el culo, y te da. Sin embargo la izquierda dice que te quiere y, después, te da por el culo. Como mi abuelo era de derechas se excusaba diciendo que a él le gustaba tener el culo preparado.
Acepto como verdad que los últimos 50 años han sido bastante más amables que los anteriores, pero soy de los que creen que el ciclo se termina. No por obligación sino por agotamiento. Es algo como irse de casa de tus padres: crees que vas a hacerlo todo mejor pero, al final, tienes que apretar el culo, planchar la ropa, pagar la luz y comprar el pollo de oferta porque no te da para todo. Al principio pones las bases que consideras adecuadas y las intentas seguir pero hay un día que no puedes seguir llevándote bien con el vecino porque deja la tele a tope por la noche y le suda el arco del triunfo que vayas amablemente a su puerta a pedirle comedimiento. Así que puedes ser un hipócrita y sonreírle en el ascensor mientras preparas una votación a tu favor en la junta de vecinos o decirle que le vas a joder vivo si lo vuelve a hacer y, cuando lo hace, meter por su ventana un enjambre de avispas asiáticas hambrientas.
Una de las cosas que creo como ciertas, y aquí me voy a meter en asuntos patrios, es que Suarez, Felipe, Aznar , Rajoy e incluso el primer Zapatero ( de Calvo Sotelo no hablo), tenían una idea de país. Tomaban decisiones, correctas o no, basándose en esa idea. Puedes estar o no de acuerdo, pero fue así. Uno soltaba despacito al franquismo, el otro intentaba recuperar el tiempo perdido, el del bigote se creyó ser una potencia mundial, el más gracioso de todos hizo contención económica y Zp jugó a que nos sobraba la pasta para poner las bases de los modernos estados con subsidiario-votantes. A ver si no conoces tú a alguien que no haya votado o vaya a votar pensando (erróneamente) que lo que le da uno se lo va a quitar el otro. Y luego llegó P.S, al que le ha sudado seis millones de cojones ir un día en una dirección y tres en la otra. Alguien perfectamente capaz de encontrarle follándose a tu prima y que te intente convencer que la polla es de Franco. La virtud principal es que cada día te puede sorprender con algo nuevo que pensabas que era incapaz de hacer o justificar, y ya lo ha hecho. Lo más curioso es que, como el alumno que jamás entrega los trabajos de clase, lo que ha desarrollado hasta un límite psicopático es la generación de excusas. Los presupuestos de España son de la legislatura anterior y aunque la última excusa es la guerra de Ucrania, Ucrania ha aprobado presupuestos. Ha arrasado con lo que hay a su izquierda, con su propio partido, con todos y cada uno de sus manos derechas e izquierdas y tengo la idea que el país es un páramo económico insostenible. Pero ahí está, buscando datos a medias para la nueva excusita. Sacará el debate de la casa real y propondrá unos presupuestos imposibles para que, cuando no salgan, sean su programa electoral de fantasía y casas de piruletas. Nos dirá que nos quiere y que la polla que hemos sentido en nuestro culo es de los otros. Será como quien ha intentado convencer a las mujeres que si tenían un trabajo era porque han llegado ellas, pero mi tía trabajaba, siendo soltera y con título universitario, en 1950. No digo que los derechos de las mujeres, las diferentes orientaciones sexuales, las pensiones o la sanidad pública no sean maravillosos. Lo son. Pero es algo que hemos conseguido nosotros como país de la misma forma que como país acabamos con el franquismo, con Eta o logramos escolarizar a todo cristo, asfaltar las calles y tener wifi en Alpedrete. Los estados y los gobiernos acompañan a la sociedad en su maduración, no al revés. Si yo tengo agua en el grifo de mi cocina no es por Pedro ni por Franco, es porque José Ramón puso unas tuberías. Si yo ceno esta noche es porque me lo he trabajado. Pensar lo contrario es de imbéciles. Y ojo, porque probablemente algunos podrán afirmar que todos los presidentes le estafaron porque no se encarceló a los de Franco, se nos metió en la Otan, no había armas de destrucción masiva, se subió el Iva y se congelaron las pensiones. Y ahora alguien incompetente desea abiertamente convertirse en una víctima para que lo hagamos un mártir a golpe de obviedad y hemeroteca.
Lo que intento representar es que nos enfrentamos a dos tipos de política, y ahora sí que es un caso mundial. En un lado están , como el alcalde de NY, un cúmulo de promesas imposibles de cumplir que al llegar al poder se excusan y se hacen otras cosas. No hay ejemplo más clarinete que Barcelona, devastada institucional y socialmente después de dos legislaturas de buenas intenciones imposibles, con la mayor subida de delincuencia y alquileres de España. En el otro aparece esa política que te dice que va a quitar ayudas, cerrar fronteras o desmantelar el estado. Pero la diferencia es que cuando llegan al poder, lo hacen mayoritariamente y sin mirar el daño que pueden hacer. Tan mal está prometer lo imposible y empobrecer a una sociedad para pagarte los votos como olvidar que hay ayudas imprescindibles. Al final el ciudadano medio termina con el ojete como a bandera de Japón siempre. Básicamente lo que decía mi abuelo.
Si nos vamos a la analogía sexual se nos obliga a decidir entre dos parejas, sin poder quedarse soltero. Una te jura que te querrá siempre y que eres el amor de su vida, que todos los días serán maravillosos, siempre saldrá el sol, nunca dejará olor en el baño y pagará el 80% de los gastos. La otra te dice que quizá te engañe, que la mierda huele y que las cosas son así de cabronas. Estamos jugando al juego de elegir entre mentira o peor.
Hemos asesinado, con un tiro en el corazón de la esperanza de intentar hacer las cosas bien, la opción de las buenas intenciones factibles. Hemos matado al tipo que se te acerca en un bar diciéndote que no sabe lo que será de vuestra relación pero va a intentar hacerlo bien aunque no te promete cosas que no puede cumplir. Hemos acribillado a la política de centro realista. Nos hemos acostumbrado tanto a vivir la vida como un guion infantil de una película de buenos y malos que cualquier otra opción es desechada inmediatamente. Muchas veces creo que nuestro voto está maquillado por haber consumido demasiado cine en casa y jugar poco en la calle.
Estamos viviendo un momento de polarización brutal que solamente alimenta a los chalados de los extremos. Los ultraextremos se necesitan para existir. En España el PP se alimentó de Eta y P.S. vive de hacer oposición a Franco. Los idiotas que odiaban al PP simpatizaban con Eta y quien aborrece a P.S. se plantea volverse franquista. Los principales responsables del crecimiento de los extremos de un lado son los del otro extremo, porque sin uno no puede vivir el argumento del otro. Y así nos va a ir, que no pinta bonito, obligados a militar en algún bando mientras se odia al otro. En esta dualidad solamente pueden salir elegidos mediocres talibanes e incompetentes.
Pero, aunque te joda, si me tomo una cerveza con un moro no tengo por qué ser un progre. Si creo que es mejor un polícia que un banco morado no soy un facha. Si me jode ver al mismo parado cobrando (cuando puede trabajar porque tiene manos y salud) sentado en el bar cuando no sé si puedo pagar las nóminas del mes que viene tras 60 horas de curro, no soy un insolidario. Si soy gay no tengo que ser de izquierdas. Si tengo la sensación que el funcionariado es un saco de burocracia que lastra el emprendimiento, no soy un anarcoliberal. Estoy literalmente hasta los huevos de quien me obliga a comprar discursos completos y me grita que soy un pederasta porque al oir Thriller se me mueven las caderas.
Lo que intentaba decir, con muy poco éxito, es que nos hemos ido escorando hacia dos opciones. Una, cargada de promesas maravillosas y sus "no haré jamás X", para luego hacerlo y joderte. La otra lleva el pelo naranja, traje salvadoreño de lujo o patillas y te dice "te voy a joder por tu bien", para luego joderte. Son modos publicitarios de venderte ofertas de compra disfrazadas de poder y soportadas por cifras que siempre pueden ser maquilladas a gusto del discurso. Son dos ofertas: Una es mentira y otra es peor.
Ahora tienes que elegir.
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