Mal dia para buscar
23 de septiembre de 2024
El anuncio del AÑO
20 de septiembre de 2024
Cuando descubrí que no soy un hombre.
Decía, en su presentación, que le gustaba el cine, la música y las relaciones con base. El día que la conocí recibió varios mensajes. Confesó, quizá porque pensaba que eso le haría parecer más moderna o mas resolutiva, que unos eran de un tipo con el que había quedado hace un par de días. Los otros de un caballero, gentil y educado, con el que cenó ayer. La sinceridad, en su concepto basto del término, suele estar enfrentada al buen gusto y si alguien piensa que resulta moderno hacer ostentación , nada más llegar, de una azarosa vida sentimental o sexual podríamos pensar en qué hubiese pasado si le dijera que tengo que ir al baño a limpiarme del polvo que acabo de echar. Todo eso mientras pongo cara de travieso, moderno y gilipollas. Me resulta desagradable hasta a mi.
Tampoco pasa nada porque reconozco que hay determinadas licencias que algunos se permiten para parecer lo que creen que deben parecer. Es exactamente lo mismo que Maria del Carmen, 25 años de fiel matrimonio y recién separada, que al salir de copas por primera vez aparece embutida en un vestido animal printing y quiere tocar el culo a todos los camareros. Si queremos ser igualitarios podemos hablar de José Ramón y Eduardo que una vez al año, calvos con pelillo en las sienes, vaqueros de 1987 y camisetas de Barcelona 92 ( compradas en Barcelona, 1992), se fuman un porro pegando botes en la primera fila de un concierto punk moviendo la cabeza como si tuviesen cresta.
El caso es que, como soy un cabrón dialéctico, me quedé a investigar los extraños mecanismos de ese cerebro. Pregunté por aquellos muchachos. Obviamente, hablando en frío, hizo gala de modelos previamente aceptados. "Yo busco tener una relación con alguien y ya se verá. Quiero concer a las personas y después, solamente después, dar el paso a la intimidad". Correcto. Quise, por ahondar en ello, preguntar por su último año. "He tenido tres o cuatro relaciones". "¿A la vez?". "No, hombre"-dijo con cara de haber pensado mal sobre su integridad moral. "Entonces, si es un año y son cuatro, quiere decir que el tiempo que tardas en decidir que alguien puede ser el hombre de tu vida es"-y puse cara de hacer un cálculo mental.-"tres meses". Luego quise ser malvado y añadí: "dos si te das unos días para asimilar los fracasos. Eso, quedando los fines de semana alternos, son tres cenas. Así que la cuarta vez que quedas con alguien ya es el hombre de tu vida. La primera es un café, la segunda es una cena con beso en la despedida y la tercera ya está. ¿Ayer cenaste con el hombre educado?. ¿Qué numero de cita era?". Me miró enfadada: "La segunda". "Pero no te creas"- quiso puntualizar- "que soy como alguna de mis amigas que salen por las noches y si ven a un tipo que les gusta se acuestan con él".
Hicimos un silencio.
- Presupones que ellos no tienen capacidad de decisión.
- Los hombres sois todos iguales. Quereis lo mismo.
Curiosamente es obvio que llegados a ese punto o su afirmación era falsa o yo no era un hombre.
- ¿Ayer te despediste con un beso?
- Si.
No me iba a poner a preguntar sobre la ultima película que vio entera o el último disco que escuchó completo. Vivimos en una sociedad que pasa a la siguiente canción en menos de 10 segundos, que consume series porque son de media hora y se quedan en 20 minutos quitando la introducción y los créditos. Vamos camino de llegar a la conclusión que una relación estable dura lo que tarda el dedo en pasar al próximo perfil.
Aunque lo más importante es creer en la propia integridad. Asegurar que te gusta el cine, la música y las relaciones estables.
Me confesó que jamás llegaba al final de una película porque se queda dormida, supongo que en el sofá de su próxima relación estable de dos meses con un hombre muy hombre, no como otros.
11 de septiembre de 2024
Contra los poderosos, la excusa de los que mandan.
Existe toda una generación que irrumpió en este mundo para luchar contra los poderosos, y eso es bonito. Sentirse parte de un grupo maltratado. Buscar una manera de no discriminar al inferior, al pobre, al que ha tenido menos oportunidades. Cooperar. Reciclar. Establecer respuestas obvias a problemas complejos y escribirlas en carteles con rotuladores Carioca de colores. Sentirse un anarquista gritando a los cuatro vientos que no le dejan ser libre mientras le graban para el telediario y le escolta la policía en una manifestación autorizada por el ayuntamiento, con todos los permisos en regla.
Y un día, porque la vida avanza y porque la generación que viene por detrás es a la que le toca, se convierten en los poderosos.
Dirigen las empresas de sus padres, acceden a los puestos del consejo de administración, algunos tienen éxito en sus empresas y contratan empleados, se presentan a las elecciones y logran vicepresidencias, ministerios, salarios importantes. Alguno tiene un programa en prime time con su grupo de colegas de siempre.
Pero, como son incapaces de hacer lo que era "tan sencillo", siguen luchando contra los poderosos. Si no los encuentran, se los inventan. Si no se los inventan, crean conspiraciones o mantienen vivos a los muertos. Alguno, incluso, descubre que es poderoso sin saberlo mientras va en el metro a una empresa dirigida por un joven recién llegado que ha afirmado en una entrevista que lucha contra él. Viene a ser como cuando Sabina ya era rico y seguía haciendo canciones contando que se iba en furgoneta con una amante ocasional mientras les detenía la policía por quererse ( o algo así). El sueño americano no debería ser preparar paquetes en Amazon.
Así que tenemos empresas que dicen que son verdes y luchan contra la deforestación pero colaboran en las guerras de África para sacar los recursos más baratos. Políticos que nunca harían lo que están haciendo. Empresas que tratan a sus empleados (o falsos autónomos o lo que se llame) peor que el principio de la revolución industrial. Ni bajó la luz ni se acabaron los desahucios. Quizá porque ya ahorraron para pagarse una segunda vivienda y un coche de combustión. Algunos, ansiosos de experiencias, pagan billetes carísimos para hacer turismo espacial.
Pero lo más curioso, y en eso se diferencian de las generaciones anteriores, es que siguen teniendo que mantener el discurso de luchar contra los poderosos, aunque los poderosos sean, precisamente, ellos. Sabina tiene un buen disco llamado Juez y Parte. Cantaba "cuando era más joven".
9 de septiembre de 2024
Nuevo curso, nuevos titulados. Nuevas estadísticas.
Empieza un nuevo curso y tengo una buena noticia para ustedes: un porcentaje altísimo va a obtener su titulación. Eso, como diría la vicepresidenta, es bonito.
Hace bastantes años existía la idea, no sin base, de que estábamos viviendo en un pais con pocos titulados. Por eso mismo, haciendo la misma lógica, estábamos retrasados respecto de Alemania. Allí todos eran médicos, ingenieros y biólogos moleculares. Por ese mismo razonamiento si conseguíamos tener el mismo porcentaje de titulados por metro cuadrado llegaríamos a la felicidad extrema que se le suponía a la nación teutona.
Una de las formas de lograrlo era favorecer el acceso a la educación superior y otra, menos publicitada, era reducir el número de abandonos en ese periodo de la vida. Por alguna razón la titulación universitaria se convirtió en algo parecido al carnet de conducir: al final, con tiempo y dinero, siempre te lo sacas. Luego da igual que conduzcas como un retrasado o que te sepas las señales. Tienes el título y se puede afirmar que en España prácticamente nadie conduce sin carnet. Es casi como buscar esas estadísticas que afirman la inmensa cantidad de titulados superiores que hay a nuestro alrededor. Que sean buenos en lo suyo, incluso que es guste su trabajo o se esfuercen en hacerlo mejor es secundario. Por alguna razón alguien ha pensado que si eres futbolista federado del Club Deportivo Santutxu, tu desempeño es el mismo que el de Carvajal. Los dos tenéis la misma titulación. Es la misma base de razonamiento por la que Mari Tere, que juega al futbol los martes, debería de tener el mismo salario que Messi: mismo trabajo, mismo salario.
Políticamente hablando es chulísimo afirmar que, a dia de hoy, la mitad de los españoles entre 25 y 34 años dispone de una titulación superior. Es un porcentaje superior a la media europea. Nos podemos chupar las pollas mientras le decimos al francés de turno "a mi me lo vas a contar, que soy ingeniero agrónomo". Que sea un agricultor de Toulouse le quita toda la razón porque no tiene título.
La educación superior ha perdido desde hace tiempo su necesaria función de filtro. A alguien se le olvida decir al estudiante en cuestión que no, que no tiene madera de médico o de arquitecto. Que está muy bien que se sepa de memoria todos los capítulos de La Ley de Los Angeles pero que para estar en un turno de oficio del juzgado de Parla hay que tener otra actitud y preparación. Que si eres ingeniero industrial con tres máster en renovables pero no sabes coger un destornillador, algo falla. Vendría a ser alguien con el título de cantante, que hace poses en el escenario y lleva el pelo sorprendente, pero de cantar, poco. Bueno, eso es Samantha Hudson.
Siento estar en disposición de afirmar que cada vez me encuentro más titulados sin conocimientos. Por mi trabajo, cada año, recibo a media docena de personas en prácticas. Es su último paso a la inserción en el mundo laboral y no es que yo sepa más sino que cada vez saben menos y, curiosamente, les noto una menor gana de aprender o de hacer algo. Vienen, preguntan la hora de salida, están y se van poniendo cara de esfuerzo. Una conocida, cirujana, me comentaba que veía a los nuevos médicos bastante bien preparados en lo técnico pero que sentía un gran temor en los cambios de turno porque alguno dejara al paciente sin coser porque "si no me pagan horas extras no tengo por qué quedarme ni un minuto". Hemos pasado a una situación, básicamente en Europa, en la que en vez de aprender a mejorar el sistema es el sistema el que debe de proporcionarlo todo y donde si mis padres tienen un apartamento no puedo entender cómo no lo voy a tener yo, incluidas mis vacaciones, medios de transporte y plataformas de cine pagadas. Si ellos se esforzaron, yo me compré un samsung y no un iphone.
Es, como muchas otras cosas, un defecto cultural bastante cabrón basado en la exaltación de la individualidad por encima de todo, trabajo incluido. El tonto, y eso lo hemos hablado antes, es el que se esfuerza y el que trabaja porque los demás se sientan diciento:"yo lo merezco, que para eso tengo un título".
Al final la vida, como siempre, se impondrá y tendremos que encontrar un nuevo filtro para determinar las capacidades de las personas porque hoy por hoy tener un título ya no significa nada más que fuiste a la universidad pagando tus cuotas. Existe un político al que cada vez que se le recuerda lo mal que lo hizo, te recita su expediente académico. Mis compañeros con mejores notas normalmente no fueron los más brillantes en su trabajo, y eso que en primero estábamos 10 clases y en segundo, tres. Sin embargo alguien afirmará que el sistema es cruel con los sacrificados estudiantes titulados, presuponiendo que están preparados porque acabaron los cursos que empiezan hoy.
Y no, no somos Alemania.
30 de agosto de 2024
El seguidismo es la felicidad de los peces.
Definitivamente, para algún tipo de segmentación, hay dos tipos de personas. Unas son seguidistas y facilonas. Disfrutan yendo a las fiestas populares, disfrazándose en carnaval, tocando la turuta en medio de las charangas, manteniendo los discursos que estén de moda o convenciéndote de la bondad de la película taquillera y la serie más vista. Son esas personas que se divierten dejándose llevar y estableciendo como lo que debe ser a todo aquello que hacen, aunque pudiera ser incompatible entre si. Incluso aunque es imposible llegar a todo se intenta, como lanzarse al acantilado de la frustación Yolo ( acrónimo del inglés "you only live once" )
Sin embargo, como bien explicaban en "en la cama" ( película mucho más que recomendable), eso siempre es sospechoso porque no se pertenece a ningún conjunto o simplemente se es "feliz" aceptando el conjunto que toque en ese instante.
26 de agosto de 2024
53
Ultimamente me atormenta una tontería en forma de símil.
Imagina que eres un fabricante de hombreras. Montas una fábrica. Inviertes y arriesgas tu dinero y sueños en hombreras. En realidad es un producto más. Insulso, que normalmente pasa desapercibido, poco visible a la vista e incluso algo que, una vez acabada la raza humana, no será recordado si nos descubren civilizaciones alienígenas. Puede que descubran los motores de combustión, las grandes construcciones, quizá parte de nuestra tecnología o incluso los avances científicos que nos hicieron ser los reyes del planeta. Puede que, si lo hacen bien, conozcan a nuestros grandes artistas y pensadores. Quizá descubran a las figuras deportivas como quien encuentra un tótem en la campiña escocesa. Pero es muy complicado que se topen con las hombreras.
Y sí que es verdad que durante un breve periodo del tiempo, allá entre el final de los 80 y unos pocos años de los 90 estuvieron de moda y eran cool. Molaban. Estaba bien que se notara que las teníamos e incluso fueron unos años boyantes para la empresa pero, como todo en la vida, fue efímero. Como la juventud.
Así que hoy, que cumplo 53, iré a mi modesta fábrica de hombreras y me empeñaré en seguir empresarialmente vivo porque siempre hay alguien que necesita una hombrera. Me sentaré en algún momento del día a recordar lo que fueron los años dorados y querré pensar que no hay ningún motivo para pensar que puedan volver, aunque de otra forma. Y si no vuelven, pues no vuelven.
A veces no es la labor, sino la trayectoria. Y seguir. Del legado deberían de encargarse los arqueólogos de las civilizaciones que nos estudien.
Tampoco me importa que en los libros de historia se hable de las hombreras. O de mi, aunque sé que, como un replicante barato, es más improbable que lo que me contaron que iba a ser durante aquellos años en los que, hinchazo como una americana con hombreras, entraba en los bares haciendo el ridículo.
12 de agosto de 2024
La frutera y el marchante de arte.
-Y, dime, ¿a qué te dedicas?
-Soy gerente de un grupo de distribución de producto fresco que lleva muchos años siendo referencia en la cuidad.
Más tarde descubrí que era la que llevaba la frutería que fundó su abuela. Un trabajo dignísimo, por cierto. Algo alejado de ser responsable de producto fresco del Eroski, pero eso son detallitos. También conozco a quien jura que es escritor porque aparece su nombre en Amazon sin caer en la cuenta que a Jeff Bezos le importa un colín si sabes escribir que ahí hay un hombre que dice !ay!. Otros dimos con alguna editorial obscenamente pequeña que apostó por nuestro fracasito y ninguno somos Reverte. En verano hay tenistas, pescadores, montañeros y especialistas en barbacoas que solamente lo son durante dos meses. Si les oyes hablar son el mismísimo Nadal, Argiñano o Juanito Oyarzabal. Te proporcionan más consejos que un cuñado titulado y conducen su SUV con ayudas electrónicas por las rectas autopistas de Castilla como si fueran Fernando Alonso en las calles de Mónaco. Tampoco es elegante hacerles ver la verdad. Además, y lo digo por experiencia, no se ganan amigos.
Aquel futuro matrimonio ( spoiler, no duraron ni un año) nos quiso enseñar su futuro nido del amor eterno ( ¿he dicho que no fue ni un año?) . Así que nos llevaron a lo largo de las estancias de su vivienda mostrando , ufanamente, una configuración que denominaban "decoración fusión" y que, a mi parecer, resultaba ser una mezcla de los catálogos de Ikea y Masions Du Monde revueltos como la ropa al salir de la lavadora con la salvedad de haber incorporado sillones en lugares que hacían imposible el paso entre habitaciones. Ni siquiera se podría parecer al urbanismo de cualquier barrio periférico de cualquier cuidad, ordenado y sin personalidad. Carecía de personalidad, eso si. El problema fue cuando me preguntaron mi opinión y poco más o menos vine a expresar que el reloj de péndulo de la abuela Rosario no quedaba bien al lado de la televisión Oled con luz indirecta. Nunca más volví a pasar por allí, ni para recoger las cosas posteriores al divorcio.
Una de las funciones más infames de la modernidad es que cualquiera es capaz de definirse a si mismo como un experto. Fotógrafo si le das a la cámara del móvil. Locutor si una vez grabaste veinte segundos de un podcast. Creador si dijiste tres tonterías y lo pusiste en youtube. Deportista porque te vestiste con unas mallas. Yo podría ser surfero porque una vez, con mucha dificultad, me puse un traje de neopreno y entré en el océano. No vamos a discutir con Fermín sobre si es o no igualito a Indurain porque se compró una bicicleta eléctrica y subió siete repechos. Yo mismo me comparo con Julio Iglesias, no por mis dotes de cantante, sino porque he estado con más de dos mujeres a lo largo de mi vida y eso es de truhán.
Reconozcámoslo: nos encanta ser "expertos". Si, en una discusión, ponemos cara de estar basados en el tema ( subiendo las cejas), y empezamos con "me vas a decir tú a mi", ya somos expertos.
Conozco a expertos en grupos musicales que van a sus conciertos y no se saben ninguna canción. Melómanos sin discos en casa. Personas con criterio que no han leído un periódico. Cinéfilos cuya mayor virtud es saber diferenciar a Marvel de DC. Lectores compulsivos que llevan bajando el mismo libro a la playa tres años. Expertos en volcanes , política internacional y virología. Más letrados que los abogados de la ley de Los Angeles y, por supuesto, doctores en economía y nuevas tecnologías porque saben el nombre de tres criptomonedas. Dispongo, en mi agenda de teléfonos, de un número correspondiente a una muchacha peruana que se fue de su país, ha fracasado en tres negocios y se aburre de poner frases motivadoras vestida con traje de vendedor de pisos usados invitando a quien la lea a pagar un dinero por recibir charlas de emprendimiento moderno o situacion sociopolítica sudamericana.
Curiosamente cuanto menor es el conocimiento de una materia mayor es el desparpajo al respecto. He estado al lado de gente cultísima en medio de un museo, parado frente a un cuadro, con cara de no entenderlo mientras otro, sorbiendo de un refresco y por supuesto levantando las cejas, nos ha estado hablando del dominio de la luz. Un marchante de arte, después de acompañarnos a una exposición sobre Warhol y donde se hacían referencias a sus años con Mick Jagger, me explicaba lo curioso que es que dos chavales que se conocieron de pequeños en el barrio, fueran dos grandes estrellas. Le pregunté si acaso uno no es británico y otro de Pensilvania y me dijo: "¿quien es el que sabe de arte aquí?.
Tuve ganas de responderle que la que sabe de arte es, precisamente, la frutera.
9 de agosto de 2024
Las vacaciones de los demás.
Normalmente la foto de "aquí, sufriendo" la publica ese amigo tuyo que lleva todo el año quejándose de que no tiene un euro y que la vida es durísima porque no llega a fin de mes. El mismo que te cuenta los lunes la tremenda resaca que tiene, se ha comprado un coche y te intenta convencer que su iphone de ultimísima generación es mucho mejor que tu android, aunque su principal preocupación es que, en las fotos frente al espejo, se vea el logo.
Si le intentas hacer una pequeña crítica te dirá, rápidamente, que si acaso él, como trabajador proletario castigado por la maquinaria infame del capitalismo, no tiene derecho a vacaciones. No nos referimos a unas vacaciones en Valdemorillo del Bierzo sino unas dignas. Con su barco y su playa. Su chiringuito con copazo que lleve puesta una sombrillita. Su cama king size. Sus vistas al salir de la ducha y alguna visita guiada a lugares de fuerte componente cultural que desconoce pero le hacen interesantísimo. Obviamente, te dice, debe de recuperar energías porque en el último año ha trabajado mucho. Más o menos, entre bajas y paros discontínuos, tres meses. Claro que se puso mala su mascota y debía de estar cuidándola. Ahora, sin embargo, la ha dejado en un "hotel para mascotas" porque este sistema antiespecista no comprende que se pueda viajar con perro.
¿Tengo envidia de que el perro viva mejor que yo?. Probablemente si. Sin embargo lo que me jode y no logro entender es que yo vivo cada día exprimiendo mi rendimiento laboral hasta el máximo nivel que me da la energía y entre un crucero por el Caribe o reducir la hipoteca haya optado por la segunda opción. Por eso me quedo viendo los aparcamientos vacíos en una ciudad de influencers de Instagram que parece que crean porno para podólogos con tanta foto de pies en la playa.
Una parte de mi espera que tras ser la jodida cigarra pasen un invierno cabrón y frío pero nunca sucede. Año tras año los muy hijos de puta se superan. Han pasado de Marbella a Ibiza y de Ibiza a Chipre. De Chipre a Punta Cana, con parada cultural en Nueva York sin que les atraque ningún yonki del fentanilo. Cada maldito día publican algún atardecer y ya han cogido colorcito como si vivieran en un reportaje del Hola. Los mayores dramas son los días nublados, algún mosquito y que les han puesto poco hielo en el mojito.
Si algo tenían de castigo las vacaciones de los demás cuando no había redes sociales era tener que soportar el carrusel de fotografías mientras te contaban sus inmersiones entre tiburones en Papúa Nueva Guinea. Ahora no es necesario porque te mantienen al día en todo momento y sin que a ninguno les hayan arrancado un brazo al sacarlo de la jaula.
En septiembre te volverán a contar lo durísimo que es volver a la vida convencional y se harán los locos en la primera ronda, porque ya no les queda dinero. Contarán los días para las vacaciones de navidad, las de semana santa, tres o cuatro puentes de guardar y te intentarán convencer que el estado DEBE de ayudarles con los libros de los niños, lo cara que está la luz y los pocos puntos de recarga que hay para el coche eléctrico que van a comprar.
Y lo curioso, lo mágico, lo insospechado del término, es que siempre lo logran. Duermen caliente, comen rico, sonríen en los selfies y los vehículos los tienen limpios pero nunca les ves limpiando el coche. Jamás demuestran miedo a quedarse sin ingresos, enfermar, sentirse abandonados o simplemente arrepentirse de haber despilfarrado sus posibilidades como los perros que se lanzan a comer sin pensar que luego pudieran tener hambre de verdad.
La única conclusión a la que llego es que el mundo se divide en dos: los que ponen y los que usan. A mi me tocó poner como el que madruga para ir a por el pan sin ser, jamás, el que se despierta despreocupado porque alguien se encargó de hacer las tostadas y me quejo porque la mermelada es de fresa cuando a mi me gusta la naranja amarga.
7 de agosto de 2024
El cómplice inocente.
Aunque la conocía de antes, ella pasó de ser una persona de esas que reconoces entre la gente a ser alguien de tu entorno. Nos fuimos varias veces de cena por lo menos los cuatro: la que era mi pareja, la suya, ella y yo. En realidad nos llevábamos bien porque la mía era una pareja princesa, de las que se tumban en la playa como los cangrejos y valoran los restaurantes por el precio de la merluza, y las suyas ( porque en ese tiempo era la reina de las partidas sentimentales simultáneas) eran de ese tipo de malotes de buen corazón con poco recorrido intelectual que tratan a las mujeres como reinas en la intimidad porque no dan para mucho más.
He de admitir que, para su bien, actualmente sigue felizmente casada con un buen e inteligente tipo, padre de sus dos hijos. Se van a ibiza y ponen fotos en la playa los atardeceres mientras los niños llevan pelo de surfero hasta que empiecen a tener criterio propio.
Desconozco el motivo pero una tarde de esas en las que no hay gran cosa que hacer me acerqué a su casa. Vivía en una de las mejores zonas de los alrededores de la ciudad. Un edificio señorial y maravillosamente ubicado. Llegué al portal y no la vi. Entonces apareció por un lado y me hizo señales. A su vivienda se accedía por el lateral ya que era un antiguo almacén para los vecinos que habían habilitado como apartamento. Un semisótano de esos en los que se ven los pies de algún transeúnte por las ventanas. Era como vivir en un palacio, pero en la caseta del jardín. Sacó un par de cervezas y me comentó que uno de sus "amigos" había dejado marihuana en casa. Preguntó si sabía liar un porro. Yo, que soy un hombre práctico pero inexperto, le dije que no pero que podíamos vaciar con mucho cuidado algún cigarrillo, mezclar la marihuana con el tabaco y volver a meterlo con la ayuda de la mina de un bolígrafo. Mientras lo hacíamos, muy torpemente por cierto, me estuvo explicando que aquel muchacho no era el mismo que había llevado a una boda en la que coincidimos, pero que de vez en cuando se iban en el barco de sus padres. No es que le gustara pero "tiene un barco".
Con tiempo y maña empezamos a fumar. "Tengo unas coca colas"- me dijo- "aunque yo me tomaba un cubata de ron". Yo ya había empezado a elegir música. Sonó el timbre de la puerta. No sé quien era pero supongo que era el del barco. Me di cuenta perfectamente que me miraba desde allí como si estuviera mancillando el amor que estaba convencido que tenía con su pareja. Yo, que en ese instante era un yonki atolondrado en un sofá. El chico no entró y me extrañó. Ella se sentó con una sonrisa y me dijo "le he mandado a la gasolinera por ron". No era yo nadie que estuviera de disposición de criticar ese trato y pasados unos minutos decidimos repetir la operación "vaciado de cigarro". No tardó mucho en volver a sonar el timbre de la puerta. "Vaya repartidor eficiente"- dije. Sin embargo, al abrirse, era otro caballero. Algo más bajo y con ropa más deportiva. Hablaron y se marchó. "Me he dado cuenta que no tenemos hielos, así que le he dicho que vaya por hielos. Me ha preguntado quien eres y le he dicho que un amigo. !A ver si no puedo yo tener amigos". Empecé a pensar que todos sabían de qué iba el juego pero estaban poniendo mi cara en el lugar equivocado. Al cabo de un rato llegó el ron y yo estaba convencido que habría tres vasos sobre la mesa, pero no. Ella lo recogió , le dio gentilmente las gracias y nos empezamos a servir. "A ver si llegan los hielos". Y llegaron. "Claro"- pensé- "como va a venir el de los hielos ella no quiere que coincidan". Pero no. Nos estábamos fumando el tercero, cantando canciones horribles pero pegadizas de los 90, y bebiendo un par de cubatas fresquísimos.
-"Te veo tremendamente tranquila"- le dije.
-"¿No debería de estarlo?. Jon es muy majo y está muy bueno. Salimos con el barco y a mi eso me gusta. Eneko trabaja en temas de arte y suelo ir con él a exposiciones y fiestas. Está bien porque se conoce gente y hay veces que nos vamos a Paris o a Italia aprovechando su trabajo.
-Pero casi coinciden.
-!Qué tonto eres!. Los dos están seguros que les engaño contigo porque te han visto y tú- dijo dando una larga calada- eres el novio de mi amiga.
Caí en la cuenta en ese instante que si realizas una acción inapropiada, bien sea un engaño o un delito en el que es estrictamente necesario un cómplice, una de las maneras de librarse es encontrar a un inocente y pedir al jurado que valore la inocencia de éste. Porque si no es culpable, tú tampoco lo eres.
Nos entró hambre y llamó al chico que yo conocía para que trajera comida del chino.
Supongo que los tres, aunque ninguno la conoce, en algún momento le enviaría esta canción:
3 de agosto de 2024
Desprecio por el trayecto
Uno de los motivos por el que algunos ecologistas se oponen a los trenes de alta velocidad es porque fomentan origen y destino pero matan, aniquilan y abandonan todos los puntos intermedios que tiene el viaje.
Cuando veo fotos de estaciones abandonadas creo que soy capaz de oir el crujir del suelo en mis pies y el aire pasando por el vestíbulo de la estación, atravesando los cristales que no quedan. Es el sonido previo a la avalancha zombie. En algunos viajes han sido precisamente las paradas no previstas las que se han quedado en mi recuerdo. No sé donde fui o si lo hice con alguien pero aquella parada , en medio de nada, con los girasoles apuntando en una determinada dirección, es lo que me queda. En realidad me queda la sensación de ese instante y quizá por ese preciso momento estuvieron justificados los kilómetros.
Es algo parecido al desprecio que tienen algunos con dormir porque consideran que es tiempo perdido, excepto si sueñas.
23 de julio de 2024
Incomprensibles ingredientes innecesarios del ocio.
19 de julio de 2024
Las fotos de verano y la respuesta buscada.
18 de julio de 2024
Gente a odiar.
Gente (por la calle) que odio:
- Los que van por la calle hablando ( fuerte) a su teléfono como si fuera una tostada antes de metérsela en la boca.
- El conductor que te mira de reojo en el semáforo pero se queda mirando al frente como si no lo hubiera hecho.
- Los ciclistas daltónicos.
- Las madres que te miran mal porque su niño se ha tropezado contigo o te ha atropellado con la mini bici.
- Los repartidores de Amazon que aparcan en medio porque están trabajando y los demás nos estamos tocando el orto.
- Las personas que van con paraguas pegados a la pared obligando a esquivarles cuando llueve (y no tienes paraguas)
- Los grupos que caminan ociosos ocupando toda la acera
- Los que están más de diez minutos tocando cosas en el cajero y dicen que está roto.
- Los que sueltan al perro y se ríen mientras viene a olerte los genitales.
- Los que se acercan, beodos como un irlandés, a convencerte que necesitan 50 céntimos para el autobús
- Los que se hacen los condescendientes con los negros que venden pañuelos pero no les compran después de quince minutos de conversación
- Los que te dan golpecitos en el brazo mientras te hablan
- Los que se quedan en el semáforo mirando el móvil y cuando les pitas levantan el brazo gritando y diciendo "!que ya voy, pesaU!"
José Ramón: jaque mate desde el ayuntamiento.
Tres de cada cuatro españoles quiere ser funcionario.
Hace muchos años, cuando te salía un hijo que no sabías donde meterle, le mandabas con los curas. En realidad era una forma de buscarle un medio de alimentación para alguien que suponías poco capaz de valerse por si mismo.
Para que te echen, tanto de la Iglesia como de un organismo público, hay que liarla muy gorda. Con poco que se me conozca puedo afirmar que eso, precisamente, es el origen de problemas endémicos. Si desaparece la meritocracia, la multa, el despido, la ruptura, la flagelación moral y pública o la amputación de una mano, dan más ganas de robar, vaguear, cometer infracciones de tráfico o esforzarse.
Acabábamos de cenar y los fumadores nos escondimos en el colgador de la ropa que hay al final de la cocina. La rubia adolescente me pidió un cigarro. En esos momentos, casi como si fuera un grupo de yonkis a las puertas del bar unidos por sus adicciones, se abre la puerta a la sinceridad. Ella, aprovechándose del miedo que todas las madres protectoras poseen, había conseguido establecer un modo de vida aparentemente envidiable: casa en el centro con todo pagado, coche, móvil de los caros, dentadura perfecta, tiempo libre, vacaciones a elegir. -"¿No te das cuenta"- dije- "que nada de lo que disfrutas lo has conseguido tu?". Ella dió una calada larga como si estuviera esperando esa pregunta y se sinceró. "Veo a mis amigos en la misma habitación en la que nacieron, estudiando. ¿Qué quieren?. Tener un piso, un móvil, irse de vacaciones y disfrutar sin saber el dia de la semana en el que viven. ¿No?. Pues eso ya lo hago yo. Que lo haya logrado sin ese sacrificio es, sencillamente, que soy más lista". Puso, en ese momento, cara de jaque mate.
Si algo explicaba Eric Fromm en "el miedo a la libertad" es que todas las sociedades humanas necesitan de una figura superior. Puede ser un Dios, un Padre, un Jefe o incluso un Estado. Las características que se le suponen es la protección, capacidad de premio y de castigo, respuesta última a lo incomprensible y manutención. el "Dios proveerá" se ha convertido en "alguna ayuda habrá" o en "lo pagarán mis padres".
Probablemente hay mucho de cultural en todo ese funcionariado aspiracional que contagia a la sociedad actual. No es algo exclusivo de la juventud porque me encuentro a decenas de arrepentidos del sacrificio que, con sus sueños rotos, tienen sobre la mesa de su comedor de soltero infinidad de temarios públicos. Se cree que aquello es un mundo de ilusión en el que una vez que se es aceptado sólo queda sentarse a pensar en qué tipo de ocio popular gastarse las prevendas. Un club exclusivo donde los bienes llegan de manera mágica y son infinitos. Una empresa que no puede quebrar por muy mal que se haga el trabajo. Un jolgorio en el que nadie te va a mirar mal por una baja poco elegante fruto de la resaca o simplemente la desidia. Visto así es una bicoca, fantasía sexual de procrastinadores y progenitores de estúpidos.
Es no quita que haya funcionarios de vocación. Mari Carmen, que disfrutaba preparando formularios para organizar el uso del baño de sus hermanos pequeños. Alguno habrá y será eficiente hasta el extremo. Lo que habrá, y no lo pongo en duda, es algún tipo de profesional que, incapaz de enfrentarse al reto de demostrar su valía, haya decidido jugar con red al juego de la profesión. Es la misma diferencia que hay entre la intensidad de una final del campeonato del mundo y un partido playero de solteros contra casados.
Sin embargo el principal problema que tenemos en nuestra cultura occidental es que hemos asumido como verdad que quien se la juega, quien arriesga, quien se esfuerza, quien pierde, quien intenta hacerlo cada dia mejor y para el nunca es suficiente el grado de calidad de su resultado laboral, es un idiota.
Nadie quiere ser idiota.
Y José Ramon, que te envía memes mientras se toma el tercer café en el bar subvencionado del ayuntamiento, te quiere convencer que es feliz y más listo.
Así que quieres ser José Ramón porque te ha hecho un jaque mate.
Otra cosa es que un país relleno de funcionarios solamente puede terminar muriendo porque si eres un servicio, no hay a quien dar servicio y, sobre todo, de quien sacar para tu paga extra, el chollo termina. Pero claro está, es lo mismo que el ecologismo: ya solucionaran eso nuestros vuestros hijos. Que ese envase lo recoja otro. La productividad no está en mi convenio.
Tres de cuatro españoles quiere trabajar menos y ganar más sin riesgo a ser despedido.
12 de julio de 2024
Coldplay, Segovia y aquello que fuimos.
Supongo que lo he contado alguna vez. Conocí a Coldplay en un bar de Segovia. No a ellos, como es lógico, sino a su música. Bajaba a Madrid en coche, probablemente en invierno. En aquella ciudad que te pilla de camino si haces un desvío estudiaba una mujer frágil y energica, que dicho asi parece un oximorón pero es real en ella. Hace mucho que no la veo. Estaba perdiendo peso casi hasta ser un cadáver de lo que era. Yo tenía una herida en el labio superior, que es la forma en la que tiene de marcarme el frío y la soledad. Por una parte llevaba alimentando, todo el viaje, las ganas de besarla pero me podía la vergüenza de una más de mis taras físicas.
Cuando nos vimos nos abrazamos de esa forma que hacen los que no saben cómo comportarse y buscamos un lugar neutral donde dejar que la forma que tienen los adultos de poblar el silencio nos llevara a algún lugar mágico en el que ya hemos estado anteriormente. Hay personas con las que solamente estar, incluso en silencio, proporciona calma y cariño en proporciones similares. Supongo que lo que nos pasaba, sobre todo a ella, es que nos sentíamos libres cuando estábamos juntos. En mi caso, aunque tenga cara de malote, casi nunca hay nada emocionante que contar. Mi formalidad cristiana me puede y me castra. Sin embargo ella, colorista y elegante, me empezó a contar con un tono que podría ser hasta tildado de coqueteo, que Segovia era una ciudad extraña. Parece un castillo en medio de la nada pero en cuanto lo recorres aparecen las mazmorras y las habitaciones ocultas. "He descubierto"- me dijo- "que soy un mujer débil". Se sonrió como si viniera una maldad detrás. "He conocido a mucha gente que está aquí estudiando y curiosamente me he topado con dos chicos a los que les falta un dedo de la mano. Es raro, ¿verdad?". Yo hice un cálculo estadístico y me acordé de Gil, un compañero de clase , muy listo por cierto, que había nacido con dos dedos pegados. "Es raro, si"- acerté a responder. "El caso"- continuó- "es que parece que no puedo evitarlo y aunque son dos chicos normalitos, es como si me dieran pena". Yo puse la cara de alguien que se intenta demostrar empático con los sentimiento ajenos. "Y no puedo evitar tirármelos"- concluyó.
Uno de los problemas que tiene dejar, abiertamente, que la otra persona haga uso de su libertad porque te gusta mucho pensar que siendo una mujer maravillosa va a elegir quedarse contigo es que estas cosas , pasan.
Así que durante un silencio de estupefacción en el que ella esperaba que sonriese por el mutilado y prolífico sexo casual mi cerebro buscó datos en el entorno a los que poder agarrarme y fui consciente, por primera vez, de Yellow. que era el segundo single de ese disco más que fantástico titulado Parachutes que habían sacado los chicos de Coldplay en el 2000. Me giré a preguntarle al tipo del bar qué era lo que estábamos oyendo y cambié de tema afirmando que sonaba muy bien. Luego nos puso Shiver y puedo empezó Trouble ya había llegado a la conclusión que eran una mezcla entre el U2 que me gustaba y el RadioHead que me apasiona. La diferencia, que eso no se sabe con un primer disco pero sí viéndolo en perspectiva, es que los más grandes evolucionan ( Zooropa no se parece a War y The Bends es tan acojonante que cuando los puristas me hablan de Kid A, pongo caras). Me compré el segundo disco de Coldplay. El single, In my Place, todavía sonaba al disco anterior, pero con más medios. Les buqué en The Scientist pero algo decía que ya no era lo mismo y no creo que fuera por la influencia malévola de Gwyneth Paltrow, novia de Chris Martin justo en ese disco. Ella, por retomar el anecdotario anterior, es físicamente muy parecida a la chica de Segovia. Ambas son capaces de parecer princesas abandonadas en almenas y hacerte sentir culpable por no estar en algún momento mientras te cuentan la violencia del sexo con el chico que limpia las caballerizas.
Luego sacaron Fix You. La letra dice: "Cuando lo intentas todo Pero no tienes éxito, Cuando obtienes lo que quieres Pero no lo que necesitas, Cuando te sientes tan cansado Pero no puedes dormir, Atascado en marcha atrás. Cuando las lágrimas Caen por tu rostro, Cuando pierdes algo Que no puedes reemplazar, Cuando amas a alguien Pero se desperdicia, ¿Podría ser peor? Las luces te guiarán a casa ,encenderán tus huesos. Y yo intentaré arreglarte. Bien arriba o bien abajo Cuando estas muy enamorado Como para dejarlo pasar. Si nunca lo intentas nunca sabrás Lo que realmente vales. Las luces te guiarán a casa Y encenderán tus huesos. Y yo intentaré arreglarte. "
3 de julio de 2024
No te toques ( por tu bien)
Si algo tiene el ser humano actual es la innata capacidad de repetir los esloganes publicitarios. Tu puedes pasar el pronto y yo el paño. Hola, soy Edu, Feliz Navidad. Qué suave, ¿es nuevo?.
Por supuesto que la publicidad jamás es algo exclusivo de los productos a la venta. Sabemos, y para eso no hace falta pensar mucho, que las cosas "gratis" suelen ser mucho más caras porque la moneda eres tú. Sin embargo y por alguna oscura razón escondida en los maquiavélicos engranajes del cerebro, nos encanta esa sensación de ser especiales, únicos y estar por encima de la media cuando hemos logrado un gambusino que no necesitábamos gratis ( o de oferta) a cambio de traer un paquetito desde Marruecos. Es un ejemplo. También me vale ver diez minutos de anuncios, regalar mi ubicación o contárselo a mis contactos. Si algo tiene la tecnología, en su aplicación real, es la cesión de algo a cambio de algo. Comercio de toda la vida pero cambiando las palabras.
En una sociedad mucho menos social y tamizada por las pantallas hemos llegado a un punto en el que la manera de entrar en tu casa es a través de tus dispositivos. También, como siempre, a través de la publicidad y sobre todo a través de la publicidad institucional. No es baladí que el primer anunciador sea el estado. Una de las principales cosas que ha descubierto el estado es que con tu dinero te pueden bombardear hasta intentar cambiar tu percepción de la verdad y, sobre todo, fiscalizar todo aquello que hasta hace nada se correspondía a tu propia libertad.
Porque aunque nos quieran convencer que vivimos en la sociedad más libre de la historia eso no deja de ser un eslogan. Podemos ir donde queramos con nuestra aplicación de mapas pero me dice los bares que están cerca. Podemos usar nuestro coche eléctrico siempre conectado aunque le den los datos de nuestra forma de conducción a los seguros para que nos cobren diferente en la próxima cuota. Podemos pagar con tarjeta aunque el banco le diga a los anunciantes en qué nos gastamos el dinero. Podemos consultar cualquier cosa en Internet a cambio de que el algoritmo nos catalogue en una determinada categoría. Los ejemplos de esa libertad son infinitos. Al fin y al cabo solamente hay que hacer una triangulación de las antenas de telefonía para saber a qué velocidad andamos, en qué medio, con quien y por donde. Si algo tiene la modernidad es la infinidad de excusas que hemos aceptado como correctas a cambio de pequeñas cositas que no parecen importantes. Los granos de arena terminan poblando desiertos.
Cuando ya hemos aceptado todo aquello como válido pasamos a un segundo grado legislativo. Poner cámaras por tu seguridad. Prohibir pagar con dinero para controlar el blanqueo. Controlar el tiempo que pasas fregando los cacharros por la liberación de la mujer. Limitarte la masturbación a 30 veces al mes para que los niños no vean pornografía. Señalarte de alguna forma si no votas lo correcto. Obligarte a contratar a la prima coja del vecino. Poner la lavadora a las tres de la mañana porque es una hora valle de la compañía eléctrica y hay que proteger el planeta. No me extrañaría que cualquier día aparezca un funcionario (que no esté de baja) disfrazado de mi madre obligándome a peinarme y a sentarme bien por la salud de mi espalda. El término "es por tu bien", en esta sociedad mucho menos familiar, se ha convertido en un concepto institucional.
Si hay algo que me enoja soberanamente es que me traten como si fuera gilipollas. No porque no lo sea, que eso es más que discutible, sino porque se presuponga, de la misma forma que hacen algunas feministas con mujeres biológicas, que el ser humano necesita ser guiado por los pastores de la verdad disfrazados de legisladores. Esos mismos legisladores que, incapaces de solucionar los problemas de verdad, han decidido meterse en tu casa para imponerte la tele que ves, la ropa que planchas, los residuos que reciclas y las veces que te tocas. En cualquier momento usarán el mismo argumento que usaban los curas conmigo cuando la adolescencia me llegaba: "Te vas a quedar ciego". Los curas, que fueron los primeros en decirte cómo follar, como querer, como vivir y cómo alcanzar la santidad. Ahora, en cierto modo, el estado quiere ser la nueva iglesia. Sin hábitos pero con coches oficiales. Con impuestos en vez de pasar el cepillo. Igualmente intrusivo.
Un ejemplo de la obvia pérdida de libertad está en que algunos procuran no decir cosas políticamente incorrectas cuando hablan, aunque no haya maldad en sus palabras. Si en nuestro grupo hay un tipo especialmente obeso y nos piden que identifiquemos a José Ramón, no podemos decir que es "el gordo" porque eso está mal visto. Otro ejemplo es lo infantil y maniqueo (tendencia a reducir la realidad en bueno y malo) de las letras de las canciones mainstream.
Así que ya lo sabes:
"Haz uso de tu libertad, pero haz un BUEN uso".
Dios está en todas partes. Tu gobierno también.
No es magia, son tus impuestos.
Y no te toques.
Pd: ya verás como alguno, en una tertulia, termina afirmando que como para masturbarse hay que ver porno y en el porno se simulan violaciones, masturbarse es lo mismo que violar. Porque de la misma forma que el amor es ciego y Dios es amor, Steve Wonder es ciego y se puede deducir que Steve Wonder es Dios.




