Mal dia para buscar

29 de abril de 2023

Egoista y Ganchito de Oro.

Conocí, en cierta ocasión, a un tipo que se ganaba (bastante bien, por cierto) el pan haciendo los ganchitos que se ponen los obreros para no caerse de las alturas en las protegidas construcciones de viviendas y obra publica. En realidad le importaba muy poco que fuera una cosa u otra, que las paredes fueran de pladur o de ladrillo, que se vendieran caras o baratas las casa, que fuera a ir a vivir Maria del Carmen o si se quedaban abandonadas. Él hace los ganchitos y punto. Le pagan por los ganchitos y no se rompe ninguno. El resto le da exactamente lo mismo. Como si cuelgan vacas sagradas de las fachadas. Siempre y cuando el uso sea el homologado y le abonen las facturas, da igual.
"Este es mi asunto. El resto es responsabilidad de los demás"

Una de las primeras cosas que me enseñaron en la escuela de ingenieros fue, precisamente, todo lo contrario. Al revés de los alemanes o los americanos que eran los reyes de la especialización, nos intentaban dar una concepción global del proceso para ser capaces de optimizar los recursos. No teníamos que saber exactamente la aleación con la que se hacen los ganchitos pero sí cuantos hacen falta y los lugares adecuados donde ponerlos para conseguir que el proceso se realice en menor tiempo y coste. "Ustedes"- nos decían casi en primero- "son ingenieros. Tienen que saber como se dibuja pero no tienen que ser delineantes. Tienen que saber como se produce una soldadura pero no son soldadores. Tienen que entender el flujo de datos pero no son informáticos"- seguía en un tono tremendamente clasista, porque eran los ingenieros de los 80- "Para mancharse las manos están los demás, pero ustedes han de conocer por qué se manchan y, sobre todo, si han hecho bien su trabajo".

Yo, que he sido ejemplo de interiorización, terminé sabiendo un poco de casi todo pero no siendo experto en nada. Un montón de años y ecuaciones después me había convertido en un cuñado de lujo y en alguien obsesionado en saber el por qué. No me vale saber el mecanismo del interruptor sino la magia que lleva a convertir el embalse de un río en luz que se enciende al pulsar el botón.

Varios, demasiados años después, me voy dando cuenta que estaba equivocado. El mundo no es de aquellos capaces de separarse de los detalles y aprender a mirar en global sino de los que se preocupan exclusivamente de sus pequeños reductos de especialización ignorando el global. El mundo, si fuera una comunidad de vecinos, se compone de personales e independientes viviendas sin que nadie se preocupe de la limpieza del descansillo y mucho menos de la decoración del portal. Nadie quiere estar en el equipo ganador porque no hay reconocimiento personal pero todos quieren ser Messi.

Y Messi no es nadie si no le pasan el balón, pero eso lo tiene que hacer otro. Hay muchos partidos en que le ves andando por el campo esperando el momento en que le toca correr como una gacela porque defender no es su cometido. Es el mejor en lo suyo, pero no es capaz de hacerlo todo. Además, no le importa excepto en lo que pueda interferir en su éxito personal.

Muchas veces me pregunto el motivo por el que nos hemos convertido en ególatras que no quieren mirar alrededor. La respuesta es clara: soy capaz de controlar un pequeño reducto de universo y creo que soy capaz de hacer que no haya nada que se me escape o que sea imperfecto. Por el contrario, si quiero preocuparme por un todo habrá algo que no esté bien, que no sea adecuado o que sea realmente mejorable y eso ya no me hace ser el mejor de mi mundo, sino un mierda más de una realidad imperfecta. Puedo idealizarme y estar orgullosísimo de mis ganchitos. Quiero la bota de oro, el campeonato del mundo y el world best ganchito men. Soy el jodido Messi, ríndeme pleitesía. "Pero si la casa se vino abajo"- le respondes- "Eso es cosa del arquitecto. No es mi problema. ¿Se rompió algún ganchito?. Pues ya está."

Terminamos siendo actores correctos preocupados por la pequeña escena en la que salimos sin ningún interés en que sea una buena película. El cine cada vez cuenta menos historias y tiene más efectos especiales.

Ni las leyes, ni los ministerios, ni los jugadores, ni los trabajadores, ni los artistas ponen por delante de sus propios intereses el resultado global. Son los signos de los tiempos. Cada vez somos más egoístas para no tener que asumir que no somos perfectos y, sobre todo, que dependemos de los demás. Será por eso por lo que no hay aceptaciones de los fracasos, sino solamente excusas.


22 de abril de 2023

La importancia de sentirse único

Alguien bastante más listo que yo me contaba, delante de un anaranjado salmón a la plancha con salsa tártara, lo mucho que le sorprendía esa necesidad tan contemporánea de sentirse importante. Pero no porque alguien te trate bien sino porque algún tipo de algoritmo te diferencia antes de llevarte por el lugar que le de la gana. Me explicaba como, de una forma casi irracional, hay una obligación de sentirse especial y único en cada situación. Que ni siquiera tenía que ser algo mejor sino diferente. "Puede que a todo el mundo le den un caramelo y a ti nada, pero ese nada es lo que te diferencia de los demás y ya está, ya te sientes especial". No tiene que ser bueno ni tiene que ser verdad, pero tiene que ser.

Un rato después, procrastinando como quien mira por la ventana la vida de los demás, me encuentro a uno de los tipos más conspiranoicos, voceras, orgulloso de si mismo y con una posición moral por encima de la media, que cuenta en una red social que se ha puesto duro con la red y que de ninguna manera va a ser censurado por sus libres opiniones a manos de la opresión de los medios. "He mandado un correo muy duro haciendo valer mis derechos"- dice con orgullo. Yo pienso que ningún humano habrá al otro lado, que a la red en cuestión le importa menos que cero pero que seguramente toda esa dinámica le hace sentir único y especial. Y eso es lo que le importa mientras su sesgo de confirmación se alimenta con esos que le incitan, como los que animan desde la trinchera al primero que sale corriendo hacia la trinchera enemiga, contándole lo valiente que es.

Hay que reconocer que se ha avanzado mucho desde esas cartas que llegaban a casa con "Estimado ______ " y hasta el tipo de letra era diferente en el nombre, a esos mensajes personalizados que utilizan algún dato irrelevante pero que te hace sentir que te vecino no es tratado igual. Si ves anuncios de motos te envían un artículo sobre la que te gusta y si te pasas el día fisgando a morenas en Instagram, sale una morena que te cuenta lo que sea. El objetivo siempre es el mismo, pero se hace de una forma mucho más sibilina. No hay gran diferencia entre un taxi y un Uber o entre un fraude de Internet y Tony Leblanc haciendo un tocomocho en la estación de Atocha. La estrategia de ventas moderna pasa por preguntarte tu nombre al principio de la conversación para hacer hincapié en él mientras te explican las bondades del producto.

Aunque es obscenamente obvio parece que resulta rentable.

"Y"-me sentenciaba cuando ya no quedaba salmón-"lo jodido es que no importa que el producto sea mejor sino lo importante que te haga sentir la compra". 

Así que le tuve que dar la razón aunque fuimos a un restaurante que él conoce y al que le gusta ir porque le tratan por su nombre.

31 de marzo de 2023

Gone with the wind

 


¿Cuando se fue todo a la mierda?
Te crees que controlas, eres el rey del mambo. Pues nada más que eres un gilipollas, que no controlas nada. Un día llegas a tu casa y ya no está. Crees que puedes hacer lo que te salga de la polla, que ella te va a estar esperando siempre. Que no tiene vida, que su vida eres tú. Otra vez: "gone with the wind".


Ultimamente esa es una escena que me viene continuamente a la mente. No por el adolescente ingrediente del amor perdido y la pena infinitamente melodramática que emana, sino por el hecho, empíricamente demostrable, que supone que todos, absolutamente todos los que han vivido entre los 45 y los 55 años reciben una bofetada que les pone la cabeza del revés. Lo más importante es que es algo con lo que no contaban. Por eso me lleva a la escena. Gone with the wind.

Puede ser un despido, un divorcio, una muerte, una enfermedad, dos lesiones, un duelo mal llevado, un giro del destino laboral, un accidente o cualquier otra cosa con la que no se contaba porque, precisamente, ya creían que estaba todo bajo control, que eran los reyes del mambo. Nada más eran unos gilipollas.

Hay eventos para los que uno se prepara: para ir solos al colegio, para la vida laboral, para el desamor o incluso para los acercamientos y alejamientos en la vida sentimental. Sin embargo se supone que todo eso es para lograr unas bases y una artificial sensación de asentamiento. Que llegue un día en el que sepas que al llegar a casa, después de un trabajo que no te desagrada y por el que te pagan, encuentres la paz que te mereces y tengas algo parecido a un regusto de serenidad. Un refugio, me gusta decir a mi. Básicamente es algo parecido a haber perdido el miedo a conducir y disfrutar del paisaje mientras pasan los kilómetros. Los anuncios de la dirección general de tráfico son claros: es ahí cuando llega el riesgo y es ahí cuando el anuncio pasa de gustoso a dramático. Ahí es cuando unos segundos de exponen a cámara lenta y todo cambia de paz a ruido y de ruido a silencio hasta que llegan las ambulancias.

Según voy preguntando, nadie se libra de ese momento.

El segundo punto es cómo se reacciona. Ahí existen una disparidad de personajes. Quizá el más fácil es la recién separada que se viste como creen que se visten las personas de la edad que ella cree aparentar y descubre, a las cinco de la mañana, que no tolera el alcohol como considera ni ese príncipe guineano era príncipe. Quizá también hay quien se encierra en un pequeño mundo que supone a salvo de las maldades del exterior. Hay quien, con una crisis de niñato adolescente, se pone un implante de pelo que se nota y se compra un deportivo. Hay quien, y conozco alguno, se refugia en aquellos años en los que recuerda haber sido feliz y vuelve a comprarse en vinilo todos los discos de Duran Duran, o se va a primera fila de los conciertos de La Polla Records a sus casi 60 años. Muchos beben porque creen que se socializa mejor y más de uno vuelve a drogas de otra época. Las reacciones, después del golpe, son demasiado variadas pero casi nunca van a mejor sino a olvidar o creerse quien no se es porque la persona que creíamos ser, no somos. Creíamos que controlábamos, que éramos los reyes del mambo.

Y ahí está, otra vez: "gone with the wind".

29 de marzo de 2023

Un año sin libélula.

Elegía las películas por el título. Daba igual la calidad. Si era algo así como "el lúgubre escarnio de la juventud", tenía que verla. Sabía que era mala, pero las conocia todas. Así que se acurrucaba en un pequeño sofá y se tapaba con una manta para caer dormida a los pocos segundos. Nunca recordaba el argumento pero yo sabía que me iba a jurar haberla visto porque simplemente, era así.

Siempre le cogía la muñeca y la rodeaba con mi mano. "Te estás quedando en nada"- regañaba si es que era capaz de tocar mis dedos haciendo un círculo y ella la quitaba diciéndome que comia lo suficiente y que no me preocupase. Se empeñaba en rescatar a los demás continuamente impidiendo, como efecto contrario, que alguien la fuera a rescatar.

No sé hasta que punto sabía que estábamos ahí.

Tenía un jersey arrugado y viejo al que se abrazaba al dormir. Siempre el mismo, como una necesidad de sentirse acompañada. Ponía nombre a todo lo que entraba en su mundo: Indarki, era su nuevo coche, poderoso y chiquitín.

Aquellas navidades hasta le había tocado la lotería. Pintó la casa. Me llamó para preguntarme si quizá era un buen momento para arreglar el baño, tirar algún tabique o volverse loca y buscar otro piso. Me había enseñado, unos meses antes, cómo estaba pintando la habitación de su hijo para hacerla parecer más de mayor que del niño que tuvo. Pusimos juntos la lámpara que estaba sobre su cama. Le dediqué un capítulo de un libro. Estaba algo triste pero me llamó para contarme que "ya está. Me conoces. Me acurruco en mi cama con el jersey, apago la luz, lloro un poco y se me pasa".

Miraba como si la ilusión se la llevara al verte. Este invierno estrené una bufanda que me regaló hace varios años. Le gustaba hacer carrilleras. Se reía de lo torpe que se sentía en clases de ukelele, en un gimnasio que había encontrado o dando larguísimas caminatas los domingos. Fue la primera persona a la que llevé en mi moto con su pelo rojo y rizado, agarrándose y diciéndome que no corriese. Los jubilados que toman un vino antes de ir a comer justo delante de donde aparco me hicieron bromas cuando me vieron con ella.

Yo fumé, alguna vez, en su terraza. Un lugar alto, con un gran vacío delante y un cenicero sin vacíar escondido en una esquina.

-Si seguimos así, Ricardo- me decía- Tendremos que pensar donde nos vamos a ir a cuidarnos mutuamente cuando seamos viejecitos.

Yo me estoy haciendo viejo como terminan las canciones que no acaban, como resuenan los mensajes que no mandas. 



Se reía. Sus piernas como palillos caminaban a mi lado. Me llamaba "cariño" ,con mucha C, porque sabía que eso me hacía rabiar y aunque los dos teníamos nuestras vidas no dejábamos de mirarnos de reojo. Cada semana, más o menos, nos poníamos al día y yo llegué a creer que esa llamada de los domingos era una buena costumbre. Por eso sabía que por fin estaba tranquila en el trabajo. Que su padre ya estaba en una residencia después de mucho solicitarlo. Sabía que las luchas contra la adolescencia de su hijo iban por un buen camino de superación y que la casa había quedado bien pintada. Probablemente, después de un año, creo que haber ganado todas las peleas que tenía en marcha fue el principal motivo. Quiero pensar que es eso porque sé que no le gustaba dejar las cosas a medias.

A los nos gustaba sentirnos útiles.

Así que cuando la vi tumbada, demasiado seria para ser ella y tras el cristal, le dije, porque estábamos solos en el tanatorio, que era una putada lo que había hecho, Hay gente especial que se hace un hueco en tu vida y sabes que es tan suyo que no puede llenarse con nadie que escoja las películas tan mal, te sonría tanto, se empeñe en salvarte, no engorde nunca y haya saltado de un balcón que veo cada vez que paso por la autopista. Entonces es cuando me quedo, en silencio y triste, recordando cómo salía del portal un poco tarde, con un pantalón estrecho, algo de color al cuello y una sonrisa infinita al encontrarme.

La última vez que lloré sin poder parar fue porque te fuiste. Hace un año de eso.



26 de febrero de 2023

Muerte vudú.

 Dicen que si eliges una carta de entre estas cinco ( escoge una):


No cogerás el rey porque es la única cara.
El 7 de tréboles es la unica negra
El 9 de diamantes es la primera carta
Y el as , pues es un as y resulta demasiado importante y centrado...
Así que como el 4 de corazones es bastante visible y además se reafirma con estar la cuarta. Esa es la tuya.


(Spoiler chungo: He hecho el experimento un par de veces y no ha funcionado)

Sin embargo he pensado seriamente en si acaso existen partes de nuestro jodido comportamiento humano que va marcado y contra el que es muy dificil luchar. Quizá es eso con lo que juegan los magos, encontrando el hueco en el que caemos una y otra vez.

Y, poco a poco, he llegado al concepto de la muerte vudú. 

¿Qué es eso?. Da la casualidad que en 1942 un tipo llamado Walter Bradford Cannon se percató que en algunas tribus, cuando el chamán señalaba a uno y le decia que se iba a morir, resultaba que se moría. Que, exactamente al contrario del efecto placebo, el cuerpo humano actúa, gracias a la mente, creando daños físicos que pueden llegar a matarte porque, precisamente, estabas convencido que te ibas a morir. Una especie de autoprofecía cumplida pero a lo bestia.

Como vivíamos en los tiempos de la falta de consideraciones éticas, alguien ( Ritcher, en el año 1950) hizo el siguiente experimento: cogió a unas ratas y las metió en recipientes llenos de agua para calcular el tiempo en quie tardaban en morirse. Los resultados fueron dispares: unas ratas , aparentemente dándose cuenta que iban a morir, se rendian a los 10 minutos y otras, empeñadas en sobrevivir, duraban hasta 50 horas. Eso no era determinante para el estudio porque no había ningún patrón.

Así que aplicaron cambios. Lo primero era usar ratas savajes en vez de ratas de laboratorio. Ahora, como no estaban acostumbradas al ser humano, más de una murió incluso antes de entrar en el agua, quizá adelantando el momento de lo irremediable. Las ratas salvajes morían antes aunque eran más fuertes que las de laboratorio.
 
Con las ratas de laboratorio hicieron algo curioso: se quedaban esperando hasta que practicamente estaba muerta, La sacaban, la cuidaban y la ponían en forma de nuevo, y la volvían a meter. Entonces, quizá con algo parecido a la esperanza ratuna de volver a ser salvada, la rata duraba casi siempre el tope máximo de horas. Se podría decir que la esperanza o la ilusión de esperanza daba energías para la supervivencia.

Lo que intentaban explicar era la poderosa capacidad de la mente, incluso si eres una rata, de aplicar sus convencimientos al resto del cuerpo. Tanto para bien o para mal aunque no haya explicacion física ninguna tanto a la muerte como a la mejoría. 

Pero claro que, como con el juego de cartas, dicen que siempre escoges el 4 de corazones pero...la esperanza es lo último o lo primero que se pierde.

Body Bag

 Pues me ha recordado poderosamente a Aimee Mann


Calm me down with Ketamine
It's better than you holding me
Hollywood apologies don't work for me
My father thinks you're full of shit
And Lea thinks you're a narcissist
They went through the hell of it
They hurt for me

[Pre-Chorus]
She's at the [?]
She likes how you play guitar
I hope that she's worth all the lying, lying


[Chorus]
Hold me through the heart attack
If it's love will you love me to the body bag?
Help me hurt and then I'll come back
I'll come back, I'll come back to you
I know people never change
If it's love I will love you til my body breaks
Help me hurt and then I'll come back
I'll come back, I'll come back to you

[Verse 2]
Blame it on the mania
But I'm the one who stayed with you
Sex and drugs and stadiums don't bother me

[Pre-Chorus]
She's at the [?]
She shows you her plastic heart
I hope that she's worth all the lying, lying

[Chorus]
Hold me through the heart attack
If it's love will you love me to the body bag?
Help me hurt and then I'll come back
I'll come back, I'll come back to you
I know people never change
If it's love I will love you til my body breaks
Help me hurt and that I'll come back
I'll come back, I'll come back to you


[Bridge]
Hold me, hold me now
Hold me, hold me now
Hold me, hold me now
Hold me, hold me now

[Chorus]
Hold me through the heart attack
If it's love will you love me to the body bag?
Help me hurt and then I'll come back
I'll come back, I'll come back to you

( no he encontrado versión de estudio, sorry)
Chralotte Lawrence, se llama.

18 de febrero de 2023

17 de febrero de 2023

La moda de ser un gilipollas.

Hay un dato que, para todos los que tenemos más de 30 años es de una obviedad aplastante, parece que se olvida cuando se juega a los juegos de los relatos: cuando eres joven tiendes a cometer gilipolleces.

Hay gilipolleces que son menos importantes: llevar hombreras excesivas, teñirse el pelo de amarillo pollo o dormir en el asiento de atrás de un Volkswagen Golf blanco. Son los tres ejemplos que se me ocurren sin pensar demasiado.

Hay gilipolleces que, como las cicatrices, se te quedan y te pueden generar una sonrisa pero no llegan al grado de importancia suprema: haberte intentado bajar en marcha y en un camino de gravilla de una BH roja para terminar frenando en el suelo con la cara. 

Hay otras que, por el contrario, pueden llegar a ser absurdas si se ven desde cierta distancia: tatuarte el nombre de tu primer amor en el cuello, grabarte apaleando un gato y subirlo a una cuenta de tiktok con tu nombre y apellidos o cortarte los cojones. Tus amigos te pueden incluso animar mientras lo haces pero el tatuaje no se quita, el video sale en la entrevista de trabajo que hagas con 25 y los huevos no te crecen solos. Quizá, incluso sin haber consumido demasiadas substancias que te hayan dejado el cerebro como un queso de gruyere, te puede parecer una buena idea porque te despertaste muy mujer y mucho mujer esa mañana, pero a la larga es posible que un día sufras de un profundo arrepentimiento.

¿Acabo de hacer un razonamiento transfóbico o estoy atentando contra la libertad personal de un ser vivo?. Pues no, te estoy diciendo que hay cosas que hoy te pueden parecer una buena idea pero te recomiendo que las pienses diez o doce veces. Es más, te estoy diciendo que es más que recomendable visitar a alguien que te haga ver lo trascendente de esas decisiones y que si aún así quieres seguir, sigas. Que a mi me la suda.


Existe un discurso interesadamente miserable que tiende a repetir, una y otra vez, que tienes derecho a todo lo que te salga del orto. Que ni los poderes, ni los padres, ni los profesores, ni los profesionales y mucho menos el sentido común puede poner en duda lo que tú quieres ahora mismo. ¿Que quieres que se te trate como un helicóptero apache?. Perfecto, el gobierno obligará a tu comunidad de vecinos a poner un helipuerto para satisfacer tus derechos fundamentales. ¿Que, dado que te has puesto macarrón a alitas de pollo del KFC pesas 150 kg, te han llamado gordo cuando te quedaste anclado en el torno del metro? Vamos a cambiar todos los metros del pais para no fomentar la gordofobia. ¿Que ahora en vez de helicóptero dices que eres un hamster?. Haremos una rueda de esas infinitas para que corretees y pondremos las hojas de lechuga subvencionadas en el Mercadona. Da igual porque aquí estamos, con una bandera nueva, para defenderte de todos los demás. La otra opción es decirte, a tu puta cara, que eres gilipollas. Pero eso no es electoralmente rentable.

¿Sabes lo que pasa?. Que de la misma forma que todos los imbéciles nos poníamos hombreras ahora los imbéciles juran que quieren que se les respeten sus derechos como Opel Corsa, que se les ponga una plaza de parking digna con dinero público y se les regalen unos puntitos en cualquier oposición pública a la que accedan, ya que son una minoría oprimida. La manera de conseguir cosas no es esforzarse, es ofenderse.

Con todo eso no quiere decir que sea perfectamente digno ser trans, gay, gordo, negro o que te pongas palote viendo a Ana Rosa Quintana. El problema reside cuando, después de ciertos discursos que aparentan ser ventajistas, aparecen datos sorprendentes: en Suecia, pioneros en leyes trans, se pasó de 8000 casos en 30 años a 1000 el año pasado. Hay un 7600% ( sietemil seiscientos) más de personas trans en Cataluña. No pongo en duda que durante años exista un porcentaje de personas que se hayan escondido por miedo a represalias sociales pero ¿tanto?. En España hay un 5% de personas gay segun algunos estudios. El 80% de la población del planeta se define como heterosexual. La OMS establece que hay un 0,5% de personas trans ( unas 10000 en España). Pero si a un Español le dices que le pones un piso , le das una paga o le regalas una tapa si te dice que le gusta olerle el culo a las cabras, le gusta no mucho, muchísimo. Y si pones de moda entre algunos sectores poco formados intelectualmente que ser objetofílico es mucho mas guay, mañana aparecen copulando con la estantería del Ikea.

En Escocia detuvieron a Adam Graham. Adam había violado a un par de mujeres y le metieron en la carcel. Da la casualidad que Adam ya no era Adam, sino Isla Bryson y ahora se identificaba como mujer. Así que se fue a una carcel de mujeres. Oye, lo mejor que puedes hacer es meter a un violador en una carcel de mujeres. No sé. Es que ahora es mujer y no vamos a cercenar sus derechos fundamentales de género. Ponle un helipuerto.

Desde mi absolutamente personal punto de vista lo tengo bastante claro: eres libre de tomar una decisión. Pero una. No dos, ni tres, ni volver atrás, ni quitarte el tatuaje, ni adelgazar sin sudar. Tampoco creo que haya que poner por delante del derecho del 95% de la población, el 5% restante. Ni siquiera, y lo digo con total sinceridad, el 50% contra el otro 50%. Las bases de la igualdad, la de verdad y no la de algunas espantapájaros, es tratar a todos como iguales. Si yo te trato como diferente porque eres trans o chino, soy un mierda. Pero hay cosas que no se quitan como las hombreras y si tomas una decisión, es para siempre. No me toques los huevos cuando se ponga de moda lamer sobacos. Que a alguien le gustará, porque hay gente para todo, pero la vida no son retos de tiktok.

Respeto tus decisiones pero me cago en tus modas. ¿Quieres ser independiente?. A la puta calle, pero no vengas a pedir dinero o que te lave las bragas. Acepta y jódete con tus decisiones porque no hay vuelta atrás. No es algo temporal ni una experimentación. No es una moda que luego vayas a revender el wallapop para sacarte unos euros y ser feliz como la del anuncio, guapi.

Sí. Hay quien juega con su vida como quien juega con la moda. Eso NO es respetable, sintiéndolo mucho. Si Jose ramón quiere ser Mari Carmen, perfecto. Si José Ramón, que tiene 16 años, quiere ser Mari Carmen pasándose por el forro todas las voces que le piden que se lo piense dos veces porque así tiene más seguidores en su cuenta de Twitch, que se quede como Mari Carmen, pero siempre, aunque le salga bigote.

El problema, supongo, es que si tenemos a gilipollas que se creen en posesión de la verdad ( como un adolescente futbolista mal avenido que gana más de cien mil) poniendo leyes, no nos salen leyes, nos salen modas.

¿Te acuerdas de los tatuajes tribales que se pusieron de moda hace unos años?. Pues ahora, con 16, nadie te puede decir que estás haciendo el imbécil. Aborta, cámbiate de sexo, métete unas rayas, llega a casa todos los sábados a las nueve, ponte macareno a ron. Son tus derechos. Eso sí, si te metes una hostia con el coche te lo tienen que pagar papá y mamá. Trabajar y esforzarse, en una sociedad en la que el victimismo es más rentable que la capacidad personal, es de loosers.

En vez de educar y aconsejar vamos a dejar que, con el razonamiento pueril de la libertad, hagas lo que te de la gana. En un futuro nos vamos a reir casi como cuando veo a una madre negociando con sus hijos de tres años sobre si van a cenar verdura o tres pizzas.

En asia dicen que quien va a terminar con la civilización occidental van a ser las generaciones de idiotas que nos persiguen. No creo que estén muy desencaminados porque, en realidad, les estamos dando munición.


14 de febrero de 2023

14 escápulas de febrero

Todos los 14 de febrero, casi como una aspiración irresoluble, he escrito en este quejumbroso blog gotas de amor aspiracional que, casi de la misma forma que el éxito profesional incuestionable, no ha llegado nunca de una forma plena.

Eso es muy malo para los enemigos del conformismo entre los que me incluyo.

Después, mirando atrás sin llegar a romperme el cuello, creo que soy capaz de reconocer más de una ocasión en la que, sin saberlo, he estado cerca. Como casi todas las cosas que tiene la vida, uno no es consciente de donde está hasta el momento en el que ya no está. Uno no es consciente de su agilidad hasta que la pierde o de la posibilidad hasta que se ha difuminado lo justo para convertirse en un recuerdo. O cuando, sencillamente ( de forma real o metafórica) se muere.

El amor se ha convertido con el cine, las redes, las parejas subiendo al monte a buen paso o las exageraciones pornográficas, domésticas, gastronómicas o viajeras, en un reto en el que parece que hay que rendir a un nivel muy por encima de las posibilidades personales porque esa puta pareja feliz que te cuenta cuánto disfrutan de su vida en común no va a ser menos que tú. Y, por supuesto, llegada una edad no vas a ser menos que todos los que estuvieron antes. La cabeza, que es una consejera infame, busca continuamente ese lugar perfecto, la receta adecuada, las palabras indicadas y una nueva sorpresa con la que llenar de plenitud esos ojos que son capaces de ser el espejo en el que sientes que esa persona, gracias a que existes, es feliz. Que, como un primer sorbo de elixir, has conseguido anclarte en su cerebro. Eso, no otra cosa, es algo que me hace sentir bien.

Pero no se puede ser excepcional a todas horas y, como en la teoría psicológicas del síndrome del impostor, la idea de no ser suficiente se va haciendo poderosa hasta el punto de llegar a la conclusión de que para ser mediocre, mejor no ser. Entonces es cuando una vocecilla te intenta convencer que quizá es que no ha llegado, que la vida te tiene preparada una gran sorpresa, que todo es una cuestión de estar dispuesto y en orden, como un bombero en forma para el aviso que te haga salir urgentemente. Es una voz mentirosa, aviso.

Estar enamorado, probablemente, es hacer equipo.

Sin embargo te han convencido que se tiene que estar sano, desayunar sonriendo, no roncar en la cama, mantener relaciones sexuales de calidad suprema, cenar mirando al mar, descubrir paisajes infinitos, reconfortarse al calor de un fuego de leña, aportar una cantidad de dinero importante a la economia familiar y que el vino no rasque cuando lo bebas en el siguiente bar de diseño nuevo con el que hayas sorprendido ese martes.

Hay quien está solo porque, en su papel de princesito o princesita, nadie se lo dio nunca teniendo en cuenta lo muchísimo que lo merecía. Hay quien está en su soledad atronadora porque siempre se vió incapaz de acercarse, ni de lejos, a ese estándar imposible. Yo pertenezco al último grupo.

Quizá el amor es como los hijos: estabas convencido que te iba a salir ingeniero, deportista, ordenado, guapo, culto y que hablase seis idiomas. Mi madre lo piensa de mi pero ninguna de las afirmaciones son ciertas del todo. Será que me quiere. Claro que de un hijo no puedes deshacerte y del amor se puede salir corriendo, lo cual es demasiado habitual hoy en dia.

Como dice mi canción de amor favorita:

Como no soy directo, ni fácil, ni honestoMe he hecho un remedio con lo que había dentroEs sólo cuestión de fé, es sólo cuestión de féY como tengo problemas, para decir te quieroPor prejuicios extraños, por esnobismo agoreroVoy a morir de pie, voy a morir de pie




29 de enero de 2023

Mari Carmen es la buena de su serie.

Hay quien cree que el nazismo se arregla matando violentamente a todos los alemanes o que el machismo se soluciona convirtiendo a tu hijo en tu abuela y estando muy orgullosa de ver cómo le pega su mujer.

Créeme, tampoco importa.

Solamente importa el trabajo publicitario e identificativo de uno mismo y tener muy clara la serie en la que se vive donde, por supuesto, todas las acciones malas recaen en los malos y todas las bondades sobre nosotros y nuestro brillante lado de la balanza.

Conozco perfectamente a defensores de la igualdad, las causas políticamente modernas y la justicia social que se indignan escandalosamente siempre que la consecución de sus fantasías les suponga un beneficio. Conozco, por poner un ejemplo demostrable vivido en primera persona, a una mujer que defiende coléricamente que las pruebas para bomberos y bomberas sean diferentes ( y menos exigentes a las mujeres dada su constitución física media) pero no entendería que si se le quemara la casa alguien pudiera tardar tres minutos más en subir las escaleras para salvar a sus puto perro, que pesa un jodido quintal. Como se puede deducir es una reivindicación que le supone cierta ventaja si quisiera ser bombera pero que, si se le quema el chucho, es culpa de unos gestores públicos incompetentes que, a dia de hoy, habrán de ser fascistas.

Supongo que uno defiende el discurso que le resulta más provechoso y después se viste con los colores identitarios de causas originariamente justas para defenderlo.

¿Es egoismo? Por supuesto. Vivimos en el mismo pais en el que , en la época franquista, unos eran más de Franco que nadie para conseguir un pisito de protección. No es muy diferente a victimizarse y ofenderse con lo que haya que hacerlo para una paga. Ambas partes son herederas directas del Lazarillo de Tormes y solamente cambia el viento por el que hay que dejarse llevar en cada momento histórico. ( Y digo que hay que ayudar al que lo necesita y no a todo el que se victimice dramáticamente). Conozco a quien ha trabajado toda su vida de peluquero desarrollando un amaneramiento explícito porque eso le resultaba rentable para lograr clientela y, después, creo que dejó como legado un amplio catálogo de vida heterosexual. Supongo que si hubiera sido gay en 1945, hubiera actuado justamente al contrario.

Las personas consecuentes no son tan habituales como creemos, y es una pena. No lo son porque no es rentable, porque pierdes amigos, porque si bien es tremendamente digno hacer uso de la libertad de opinión y acción que juramos tener y respetar, ni la tenemos ni la respetamos.

Si alguien es capaz de asegurar que está de acuerdo con una cosa que haya dicho el gobierno y , a su vez, con otra cosa diferente que haya defendido la oposición, explota la cabeza de bastantes. Y explota aunque sea algo tan nimio como el color de las señales de tráfico o si el telediario se pone a las 10. No se puede ser de los dos bandos porque hay que ser de uno y, además, hay que ser del mio.

Vamos camino de una sociedad libre de opinar y actuar solamente como diga la serie en la que vivo. Por ejemplo: La mujer es libre de hacer lo que quiera porque es un ser libre (pero gestación subrogada, el porno, sujetar las sombrillas en una carrera de coches, servir copas vestida prieta o hacer de modelo para vender brandi o incluso ser libremente prostituta ya no mola y deberia de prohibirse)

Y es triste porque resulta cada vez más complicado saber si alguien expresa su opinión por convencimiento o porque le viene bien.

Mari Carmen: vegana, feminista, ecologista, anti tabaco, concienciada con la salud mental y animalista. Se caga en tu puta madre cuando la recriminas que el perro deje un zurullo en el portal mientras te mira los filetes de la bolsa con asco y te dice que has utilizado a aquella novia con la que te veía llegar a casa y que te dejó por un asistente de quirófano fan de Antonio Orozco.

Ahí está: comprándose ropa del Primark y soplapolleces en Amazon para ir, digna como nadie, a hacer fotos con el iphone en las manifestaciones contra el capitalismo y los trabajos precarios exigiendo que los ricos ( que no son ella) coticen en este país porque así le tocará más en el reparto. Su perro vive mejor que tú y no come brocóli.

En seis meses se hará de la nueva moda y, fumando como Greta Garbo, defenderá a otro partido político con la misma virulencia. Siempre con causas justas en sus perfiles y haciendo lo que le salga de las narices porque está en su derecho.

Y siempre, siempre, tiene razón en todo.

Pd: lo cual me recuerda aquel post de "la mujer corporativa"

6 de enero de 2023

Kina

Una vez compartí sala de maquillaje con Mikel Erentxun. Obviamente, como yo no soy nadie, al ver que me acercaba a la silla junto a la suya cogió un papel y se propuso firmar un autógrafo. En aquel momento yo saqué esa parte desagradable y prepotente que habita en mi y le dije que no quería un autógrafo porque tampoco es que sea un fan pero lo que sí que tenía que agradecerle era haber sido el productos del disco Poligamia de Los Piratas.

Basicamente porque en ese disco, muy inferior al MARAVILLOSO "manual para los fieles" , está la canción KINA,

Luego yo fui parte del relleno de un programa en el que el plato fuerte era él. Al fin y al cabo, es la estrella.

Felices reyes.


27 de diciembre de 2022

Los 80 y la fuente de la eterna juventud.

Se cumplen, dentro de nada, 40 años de Thriller:

Cada vez estoy más convencido que existe una edad clave que podemos ubicar entre los 45 y los 55 en la que, prácticamente sin excepción, todos y cada uno son golpeados por uno o varios avatares (Vicisitud o acontecimiento contrario al desarrollo o la buena marcha de algo). Una muerte, un despido, un divorcio, un accidente o una enfermedad, da igual el detalle.

Así que, fisgando entre la gente, descubro una de las formas más comunes en las que lidiar con aquello: volver, sin ningún complejo, a aquella época en la que recordamos haber sido felices. Prácticamente oda la generación del baby boom se refugia en ese curioso lugar establecido entre el nacimiento del punk (mediados de los 70) y 1996, año que está establecido como el origen del autotune.

No se puede entender de otra forma la eterna durabilidad de fenómenos como Mazinger ( spoiler: no volvais a verlo porque es mucho mejor en vuestro recuerdo) o el Scalextrix. La repetición, casi como en una sesión continua, de la Guerra de las galaxias, Regreso al futuro, los Goonies o la siempre lider de audiencia Pretty Woman. No son mejores que muchas otras pero te llevan, te evaden y te posicionan en un momento de la vida en el que aun tenías la esperanza de poder ser quien creías que te merecías. 

Suelen decirte que la música , el cine, la literatura y las relaciones personales eran mucho mejores que ahora. Te ponen ese video de Fredy mercury ensayando y, después, a Bad Bunny berreando. Se les olvida Milli Vanilli. Te hablan de los efectos especiales del Halcón milenario pero jamás te indican el chroma infame tras el que volaba Christopher Reeve. Te van a contar que los 80 fueron un despiporre de libertades que ahora están siendo castradas por los arquetipos a los parece que te obligan a pertenecer. Se les olvida que no se podía ser punky sin perro mugriento o mod sin una vespa casi como ahora que parece que no se puede ser gay de derechas o rico de izquierdas (excepto si eres político). Lo importante no está ahí por mucho que se nos juntara la muerte del dictador y la llegada en tromba de todo lo que existía ahí fuera.

En verano de este 2022 me fui a ver a Los Enemigos y Los ilegales. Ahí estaba Josele, calvo y ronco. El día siguiente Jorge, más calvo pero sin el martillo que dicen que guardaba en el periódico de los domingos. En las primeras filas un grupo de cincuentones con las camisetas de los primeros discos. Borrachos, gritones, ruidosos, vociferando las letras e incluso con alguna cadena de eslabones enganchada en el cinturón hasta el bolsillo donde llevan las llaves. Se pasaban un porro trompetero y la única diferencia entre ese instante y 1993 eran las arrugas. Sin embargo estoy convencido que la hora y media de concierto volvieron a tener 19. Así que quizá, solo quizá, en cada concierto de Spandau Ballet, Depeche, La Polla records, Duran Duran o cualquiera que haya vuelto 25 años después se produce un efecto de rejuvenecimiento que algunos van buscando desesperadamente como la fuente de la eterna juventud.

Dicen que los juguetes que compran los adultos (maquetas de R2d2, trivial de los 80, ediciones limitadas de clicks de playmobil o seis cajas de Legos, por poner ejemplos) mueven más de 300 millones de euros, solo en navidad, en España. Súmale los discos, el renacer del vinilo, las giras infinitas de los números uno de los 80 y todas las visualizaciones de aquellas películas.

Como todas las épocas, incluidas la actual, hay joyas y maravillas. Pero lo que no tiene el mejor disco del 2022 es que no nos lleva, mágicamente, a ser jóvenes de nuevo. Demasiadas veces se confunde algo que nos gusta con algo que sea bueno, no me vale esa expresión de que el arte es arte y no es  comparable. El primer disco de Los Ronaldos me encanta aunque suene como un gato mojado y aquellos de Prince&The Revolution son muy buenos pero jamás me gustaron. Suena, ahora mismo, Once Upon a Time in the West, del Alchemy. Me parece maravilloso pero no estoy muy seguro si es porque sea una obra de arte o porque yo era el jodido rey del mambo en tercero de BUP mientras lo descubría.

Como buen boomer también tengo tendencia a buscar la fuente de la eterna juventud. Dicen que tiene bastante rock y un poco de pop facilón. Bueno, y la forma de ver el mundo de Spielberg cuando se tomaba unas copas con George Lucas.


Pd: Quizá es porque somos mayoría por lo que parece que los 80 y parte de los 90 nunca se van, pero también hay que pensar el motivo por el que vuelves allí.

20 de diciembre de 2022

20 diciembre y mi casa

Cuando, casi por propia ley de vida, me enfrenté a las decisiones que mi señor padre deseaba tomar para mi, simplemente no se opuso. Me dijo: "adelante". También me dijo: "a partir de aqui estás solo". Eso, en realidad, significaba que iba a estar por si me caía pero que me iba a recoger al segundo bote porque parte de la enseñanza también reside en reconocer todas aquellas cosas que duelen.

Así que lleno de orgullo y de esa desfachatez que se tiene cuando hay una vocecilla dentro que te repite contnuamente que eres el futuro rey del mundo emprendí un camino que muy rapidamente dejó de ser tan facil como parecía.

Una de las primeras enseñanzas llegó con la solución habitacional. Yo estaba acostumbrado a mis dos habitaciones con baño, a que la casa estuviera siempre limpia y ordenada y que mis calzoncillos llegaran, mágicamente limpios, de la cesta de la ropa hasta mi armario. Busqué vivienda con unas previsiones favorables respecto de mis ingresos futuros y descubrí la cantidad que era capaz de afrontar hipotecariamente. Sin embargo adiviné una zona en expansión dentro de la ciudad y un segundo piso monísimo del que me encapriché. También encontré una coqueta vivienda de delgados tabiques y peculiares vecinos pequeñita cerca del trabajo. Fui a hablar con mi padre. "Me gusta el piso cerca de la ría. El blanco"- le dije. "El otro"-por el pequeño- "es mucho más humilde y los patios tienen serios problemas de mantenimento". Él me miró atentamente. "Así que si me ayudas con un aval superior o, lo que es más fácil, con seis o siete millones de pesetas"- reconozco que es algo del siglo pasado- "podría acceder al mejor piso que, ademas, se revalorizará bastante con los años".

-¿Cual te puedes pagar?

Efectivamente. Los siguientes años jugué a ver si la rata de esa semana en el patio era más o menos grande que la de la semana anterior. Y me tuve que esforzar para mejorar de ubicación. No me fui de fiesta ni de vacaciones porque cada día me daba cuenta que el camino por recorrer estaba delante.

Por otra parte la vida, que es injusta y posee extraños giros de guión, me colocó muy cerca de una debacle económica pocos años después. Casi como un accidente de un conductor borracho que no era yo me puso muy contra las cuerdas. En ese momento me dijo que quería hablar conmigo.

-Cualquier cosa que necesites. Cualquier cantidad. Yo te la doy.

De aquello salí por mis medios con sacrificio, paciencia, abogados y trabajo. Un par de años después me mudé a un lugar mejor pero siempre supe que él estaba allí para las cosas importantes. Jamás me hubiera comprado una vivienda de lujo pero siempre iba a ser el primero en llegar cuando las cosas se ponían verdaderamente duras. Aprendí dos cosas: a valerme por mi mismo y a saber que no estaba solo.

A veces solamente tener la certeza de que está , te tranquiliza. No está desde un 20 de diciembre de hace demasiados años. Pero está. Sé que me entiendes.

Mañana tengo trabajo y recuerdos.

Pd: por cierto, padre, yo tenia razón y aquella zona se revalorizó. Tú también: no me la podia pagar.

19 de diciembre de 2022

Diferentes palabras, mismo significado.

Poliamor son cuernos. Fijo discontinuo es temporal. Aportación por uso es peaje. Crush es tu pareja. Outfit es tu pinta vistiendo. Stalker es cotilla. Sieteveinticuatro es, básicamente, todo el rato.

Ayer juraba un político que nunca se hará un referendum en Cataluña, que como mucho será una consulta. Hace no mucho, en uno de esos reportajes que me poseen cuando me despliego en el sofá, contaban que Uber, con el tiempo, se ha convertido en una compañía de taxis convencional en San Francisco. La realidad, obstinada y miserable, termina convirtiendo en lo mismo lo que parecía que era diferente pero, en realidad, era igual. Solamente se maquilla con palabras diferentes para que algunos puedan vivir en la ilusión de ser los primero en hacer lo mismo.

El gobierno de Uk, atosigado con sus problemas de brexit, de inflaciones y de cambios gubernamentales, ha enviado una nota a sus funcionarios pidiéndoles, encarecidamente, que no utilicen el término Navidad para no excluir ni ofender a otras religiones. Importantísimo. No lo llames igual para no ofender a Abdul. A veces tengo la sensación que los gobiernos y las leyes se parecen a las compañías de teléfonos. Cuando eres cliente te hacen ofertas mucho peores que las que hacen a quienes no son clientes. Se trata peor al de casa que al vecino. Se obliga a un respeto para con el otro que no nos profesamos entre nosotros. Pero, a lo que íbamos: no lo llames Navidad pero haz regalos, cena con la familia, date un paseo por la sierra, acuérdate de tus amigos y familiares, añora con cariño a los que se fueron y haz propósitos para el cambio de calendario. Pero no se te ocurra llamarlo navidad porque eso es de retrógrados anacrónicos.

Dice, mi cuñado de pega, que el fascismo solo lo puede ejercer la derecha porque viene de fascio y eso es un invento italiano que hicieron los de derechas. Por eso mismo, y respaldado por las referencias de la wikipedia, no se puede ser fascista de izquierdas. No se puede pegar un tiro en la cabeza a alguien por pensar diferente , dar un golpe de estado, manipular los resortes del estado, convertir los medios de comunicación en títeres de los propios intereses o simplemente dar una patada en el culo a los derechos humanos. Si alguien hace eso no se le puede llamar fascista o dictador. Ni Castro, ni Eta, ni el tipo ese de Perú, ni Stalin son fascistas. Son "incorrectas formas de llevar a cabo el ideal social de la izquierda". Y así se zanja la discusión. Se cambia el nombre y punto pelota.

Conozco a quien me aseguraba que las palabras son los instrumentos que van educando a nuestra sociedad. Que si eliminamos expresiones terminaremos extirpando problemas intrínsecos como el racismo o el machismo porque lo que vamos haciendo es normalizarlos de forma inconsciente. Yo siempre he mantenido que lo que importa es la intencionalidad del lenguaje. Que si a un colega le digo "qué pasa, hijo de puta" es más que probable que no considere a su madre una meretriz y que incluso represente un grado de cercanía mayor que con aquellos a los trato de usted.


Pero como nos hemos dado cuenta que somos incapaces de solucionar los problemas nos hemos dedicado a jugar con la literalidad, que es una forma de hacer trampa. Si no se llama igual ahora me quieres convencer que no es idéntico. No me cuentes que no es lo mismo porque le has encontrado un nombre nuevo. Imbécil es lo mismo que "persona que dispone de un retraso mental moderado"

Así que : feliz navidad, hijos de puta. ( Y hanukka,  adviento,  ceremonia de sacrificio de la cabra o como te de la gana de llamarlo)

28 de noviembre de 2022

Texto presentación

 Si alguno no va a estar el jueves 1 en la presentación, se va a perder algo así ( es el borrador de mi intervención):




Si nos damos cuenta, el video, es una verdad absolutamente vigente. Unos tenían a Nostradamus, los más jóvenes a Goku, los que tienen 30 a Los Simpsons y nosotros a los Monty Phyton. Es lo mismo con otro nombre. Hay cosas que no cambian y otras a las que se les cambia el nombre para que parezca nuevo. ( Crush, Hater, Boomer, Poliamor, Hype, Salseo...)

Lo que si que ha cambiado, si nos damos cuenta, es la forma de resolver conflictos. Me explico: antiguamente, supongo que en la época de Nostradamus, cuando tú y yo teníamos opiniones encontradas la solución era sencilla: nos batíamos en duelo y el que quedara vivo es el que tenía razón. Eso es un tanto, digamos, salvaje. Así que de esa época del honor tuvimos que pasar a la época de la dignidad donde tú y yo habíamos decidido que Jose Ramón ( a partir de ahora , el juez) decidiera quien tenía razón después de que le contásemos nuestras mierdas. Claro que eso tiene un problema y es que no sabes si vas a ganar la discusión. Por eso alguien tuvo la gran idea de cultivar la cultura de la victimización. El funcionamiento es sencillo y consiste en situar, muy por delante del motivo de la discusión, algún elemento en el que yo o el grupo en el que yo me identifico haya sido víctima de ti o de un grupo en el que te pueda meter. Si estamos en Ohio y tenemos un accidente de trafico yo puedo asegurar que como soy nativo americano y he vivido oprimido por los blancos , tengo prioridad en el cruce.

A mi me pasó. Vendí un ordenador y el cliente, llamémosle Borja Mari, me llamó desde casa. -¿Donde están las películas de la Barbie?- me preguntó. Yo, entre dudas, le respondí -...no están. Las tendrás que poner tú-. Así que cuando se sintió mal, por el motivo que fuera, utilizó la herramienta que vale para todo. -Claro- aseguró -eso pasa porque soy gitano porque si fuera payo como tú las tendría-. En ese momento dijera lo que dijera yo había perdido. Si le digo que es una tontería o que es un caradura ratifica que soy un racista. Es un "win-win", que dicen los modernos, en toda regla. Si me ponen las películas de la Barbie he ganado y si no lo hacen es porque soy una víctima. Nunca, en ningún caso, es porque soy un gilipollas. O un caradura.

Con el fútbol puede pasar lo mismo. Si soy un fanático del Madrid siempre creeré que los míos son mejores, que no se tiran nunca y que, en el caso que pierda, los árbitros están comprados por mi enemigo. Si soy un fanático del Barcelona es lo mismo, pero en Barcelona. Y además, para certificar que tengo razón leeré el As en un caso y el Sport en el otro. ¿Como no voy a tener razón si aquí dice exactamente lo que yo pienso?. Necesito dos cosas: algo que fomente mi sesgo de confirmación y un enemigo. Además, aunque es perfectamente lícito ser del Madrid, del Barcelona, gitano o conquense, cuando nos vamos a los extremos descubrimos que uno necesita del otro para existir. Descubrimos que Internet, en vez de haberse convertido en un lugar libre donde contrastar opiniones diferentes a las nuestras, se ha convertido en la gran herramienta de confirmación de todo aquello que queremos leer. Si quieres demostrar que existen chinas con tres tetas solo tienes que ponerlo en Google y salen hasta fotos. Pruébalo.

Tenemos, en plena actualidad, la manera de ganar cualquier discusión, una herramienta potentísima (Internet) que certifica lo que quiero decir y a David. ¿Quien es David?. David es el responsable de que yo me haya lanzado a escribir este libro. Fue mi gota, la que colmó el vaso. David me dijo, hace muchos años, cuando Aznar ilegalizó Bildu, Batasuna, Sortu o como se llamase, que en un país democrático no puedes ilegalizar una idea. Que puedes meter en la cárcel a alguien por robar, matar, secuestrar, extorsionar o atentar contra la libertad de los demás, pero jamás por pensar algo por muy diferente que sea a lo que pienses tú. Y le di la razón. Así que estábamos en plena pandemia y puso en Internet que había que ilegalizar a Vox. Como soy un tocapelotas le puse que no puedes ilegalizar una idea. Que puedes meter en la cárcel a alguien por matar, robar, extorsionar o atentar contra la libertad de los demás, pero no por pensar. Procuré, como es lógico, escribir palabra por palabra lo que él me había dicho años atrás. Para mi sorpresa ( o no) me dijo que no era lo mismo. Y no era lo mismo porque cuando eres de un equipo de fútbol no puedes ver a tu delantero fingiendo un penalti. No puedes reconocer que un regettonero haga una buena canción si eres de rock&roll o que tu grupo favorito haya publicado un auténtico tostón. Esas cosas, cuando son tremendamente obvias, resultan irrisorias si eres capaz de verlo desde fuera.

-Yo no voy a España- dice un personaje del libro - porque siempre que salimos los euskaldunes, la guardia civil nos detiene y nos castiga por la opresión al pueblo vasco que llevan haciendo desde hace décadas. !Acuérdate de Valencia!. Acabamos en el cuartelillo detenidos-. Entonces un compañero, un camarada, le replica: - Hombre, ibas borracho, sin luces ni seguro y en dirección contraria-. -Pero soy euskaldun y me detuvo la guardia civil- . - Eso si- le responde. .-Pues eso-. Viene a ser lo mismo que no tener las películas de la Barbie por ser gitano.

Así que si cogemos esa época de la Euskadi de los 80 y nos preguntamos si con el caldo de cultivo actual pudiera ser posible toda la sátira loca que escribo a lo largo de unas entretenidísimas 200 páginas, la respuesta es que, probablemente, si. De una forma loquísima, con mucho sesgo de confirmación, tremendas cargas de victimismo y ridículo extraño en el que los extremos se necesitan y son sospechosamente iguales. Unos fuman marihuana y otros se meten coca. Unos se compran unas furgonetas camperizadas chulísimas y otros mercedes deportivos, pero vienen a ser detallitos mínimos.

Cuando teníamos el título, el hijo de mi editora comentó que le parecía fuerte. Que le resultaba una provocación. Le pregunté que qué le parece a él si te pones la camiseta de la selección de Euskadi y te vas a Torrejón a pasear. Que qué tipo de persona es quien te insulte o te diga algo inapropiado por llevar esa camiseta. "Un fascista intolerante"- determinó. Entonces le pregunté qué iba a pasar si te pones una camiseta de la selección española y te vas de paseo por los bares de Rentería. "Te estás buscando una paliza"- me dijo. "¿Y no es lo mismo?". Decir que por llevar una prenda de ropa puedes tener un problema es algo que no podemos interiorizar como normal porque te podría hacer el mismo ejemplo con una minifalda.

Los extremos son muy parecidos y actúan prácticamente igual. Si pertenecemos a uno nos perdemos lo absurdo e irrisorio que resulta ver a cualquiera de los dos, e incluso a los dos, haciendo el imbécil. Si algo aprendí en Gesto por la Paz es que los muertos se quedan igual cuando se les va la vida.

En fin. Cojamos Airbag, vaya Semanita, cualquier debate del congreso actual, tres youtubers, el Deia, el Público, la Razón, el Naiz y la cadena Ser. Agítese adecuadamente.

Dice una canción: "Si me viese mi amatxo, si me viesen los colegas, me colgaban en la plaza por traidor y por idiota. Yo que soy más vasco que el arbol de Gernika cuando juega la selección no sé qué me pasa"- y aqui viene el título del libro- Juega España, !rarara!. Los mundiales ganará. Mi conciencia me da igual, no puedo evitar gritar: GORA ESPAÑA.

Así que esta es la presentación de un libro que mezcla extremos, la Euskadi de los 80 revivida en 2022, la modernidad, el victimismo y la provocación: GORA ESPAÑA y... ARRIBA EUSKAL HERRIA.

Disfrútenlo porque no va de política.

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