Mal dia para buscar
8 de mayo de 2022
18 de abril de 2022
Otro día en la tierra ( Monte del Oso)
Con lo cual recuerdo LA canción que para mí tienen estos muchachos:
25 de marzo de 2022
Las ventajas del extremismo
Me hubiera encantando que alguien me hiciera un prólogo exactamente ASI.
Lo cogí prestado y lo podreis leer en el libro nuevo.
LAS VENTAJAS DEL EXTREMISMO
(JOHN CLEESE)
Hemos oído mucho acerca del
extremismo últimamente. Sobre cómo hay un ambiente áspero y desagradable en
todo el mundo. Abusos y actitudes macarras, menos amabilidad, tolerancia y
respeto a los adversarios…
Lo que nunca oímos decir sobre el extremismo son sus ventajas. La mayor ventaja del extremismo es que te hace sentir bien porque te proporciona enemigos.
Lo mejor sobre los enemigos es que puedes fingir que toda la maldad del mundo reside en ellos y que toda la bondad del mundo entero reside sobre ti. Suena bien, ¿no?
Así que si por alguna razón tienes mucha ira y resentimiento en ti, y por tanto disfrutas maltratando a la gente, puedes fingir que sólo lo haces porque esos enemigos tuyos son personas terribles. Que si no fuera por ellos, de hecho, serías amable, cortés y racional todo el tiempo.
Si quieres sentirte BIEN, conviértete en un radical.
Ahora tienes que elegir.
Si te unes a la extrema
izquierda, te darán su lista de enemigos autorizados:
Casi cualquier tipo de autoridad, especialmente la policía. Americanos. Jueces. Multinacionales. Escuelas privadas. Peleteros. Directores de periódicos. Cazadores. Generales. Traidores de clase. Y, por supuesto, moderados.
Si prefieres ser un radical de
extrema derecha no hay problema. Sigues teniendo una encantadora lista de
enemigos, solo que son diferentes:
Grupos minoritarios escandalosos. Rusia. Frikis. Manifestantes. Gorrones. Clérigos entrometidos. Pacifistas. La BBC. Huelguistas. Trabajadores sociales. Comunistas. Y, por supuesto, moderados.
Ahora que tienes una de estas
súper listas de enemigos puedes ser todo lo desagradable que quieras y, pese a
todo, sentir que tu comportamiento está moralmente justificado. Puedes ir por
ahí maltratando a la gente, diciéndoles que podrías zampártelos para desayunar,
y al mismo tiempo creerte un campeón de la verdad. Un luchador en pos del bien
mayor y no el triste esquizoide paranoico que en realidad eres.
22 de marzo de 2022
ESTO NO SE HACE (radio)
Todas las semanas ( exactamente los sábados), un capítulo nuevo.
Noticias reales comentadas con gracejo por voces de ultratumba. Porque todo te parece mal. "A mi me parece mal, lo que está mal....". Que si un tipo borracho roba una retroescavadora, que si un perro se va de casa y vuelve con una cabra, que si se vende un jacuzzi para testículos por 40$, que un británico salta por un balcón y denuncian a la barandilla.... lo normal.
También nos puedes encontrar en Instagram. #estonosehaceradio
21 de marzo de 2022
La bomba 4,0
...del libro nuevo...
19 de marzo de 2022
Guerras del primer mundo ( extracto)
...del libro nuevo...
18 de marzo de 2022
La modernidad y la negociación ( extracto)
...del libro nuevo...
Como en casi cualquier transacción moderna se ha pasado de pensar que la otra parte actúa con palabra y honestidad a plantearse que hay que descubrir el punto en el que quiere estafarme y, como yo no voy a ser menos, tengo que hacerlo antes para no quedar como un idiota. Eso ubica a cada uno en un punto de recelo absoluto que suele hacer imposible sentirse orgulloso del trato alcanzado. Da lo mismo que se esté negociando un alto el fuego como si se está intentando comprar un cargador para el teléfono. La desconfianza es un ingrediente parecido a la nitroglicerina que se ha hecho su hueco en el mundo contemporáneo. Vivir buscando la trampa es agotador. Tenemos un mundo de consumidores cansados. ¿Me estará engañando?- piensa la novia cuando él le dice que ha quedado con los amigos. Así que si se le acerca alguien, le hace la cobertura por si aquello fuera real, no sea que quede como una tonta cornuda. Y se siente culpable. Infiel, pero culpable.
17 de marzo de 2022
Iñaki y Marta ( extracto)
...tenemos acabado , al menos en su parte argumental, el libro nuevo.
14 de febrero de 2022
14 Febrero y el trastorno límite.
Así que decidimos escondernos en nuestras cuevas de las que solo salimos para sonreir ante la foto y contar que todo, todo, es estupendo.
Cada vez que alguien insiste en lo estupendo que es todo. Cada vez que oigo las quejumbrosas penurias. Cada vez que delante mio se desgrana algún tipo de extremo, sé que es mentira.
Porque curiosamente todos vivimos en la mitad, con subidas y bajadas que siempre pueden ser mejores y siempre mucho más definitorias. Y ese concepto real es algo con el que muchos son incapaces de lidiar.
El amor cierto no es un trastorno límite de personalidad.
12 de febrero de 2022
Capitulo 12 ( extracto del libro nuevo)
porque, solo a veces, me pongo categórico...
CAPITULO 12
Si algo tiene el siglo XXI es la necesidad de opinar absolutamente de todo. Hay quien lo hace de manera amateur, y entran en la categoría de cuñados. Hay quien cobra por ello, y se llaman a si mismos analistas, pero también entran en el saco del periodismo. Hay quien es elegido por las masas, y se llaman representantes de la soberanía popular o, acortando, políticos. Si algo tienen en común, inicialmente todos ellos, es que no han hecho nada más que hablar para alcanzar ese estatus de referente intelectual. No hace falta trabajar para opinar. Ni siquiera tener experiencia, porque eso se define como “práctica prolongada que proporcional el conocimiento o habilidad en hacer algo”. Disponer de un conocimiento teórico no es tener práctica. Así que tu cuñado y el recién nombrado portavoz del asesor del ministro saben, más o menos, lo mismo. Quizá la diferencia es la entonación argumental y, en un mundo de ruidos incesantes, el volumen se sobrepone a la razón.
Otra de las características asociadas a la modernidad es la incapacidad de valorar los hechos dentro del contexto. Hay quien se enerva con cara de desagrado extremo considerando que resulta un despropósito el hecho que el general Custer no tuviera en cuenta, en 1876, el valor de la diversidad étnica al afrontar Little Bighorn. También hay quien está convencido, porque solamente depende del lado del discurso, que las normas del Imperio Romano están vigentes y nos encontramos en lucha infinita para no perder Constantinopla.
Poco más o menos vivimos rodeados de seres que habitan en sus propias series de televisión y se han otorgado a si mismos el papel protagonista. Los hechos y las diferentes realidades son valoradas bajo la lupa del héroe y los parámetros establecidos en la línea argumental de la franquicia. De esa manera los malos siempre han de ser los malos y los buenos, los mejores. Ya no importa qué se dice sino quien lo dice. Y si alguien tiene que parecer bueno o malo, según guión, se buscan motivos para ello.
Lo primero, entonces, es establecer la inmensa y lógica bondad de lo que se va a defender. Lo segundo, la irracional y malévola acción del enemigo. Lo tercero, la línea de confrontación. Lo cuarto, la superioridad moral y, para terminar, hay que ignorar las debilidades de los argumentos propios. Hay un chiste en el que una mujer yace ferozmente, con goce reseñable, en la cama con un caballero. En ese instante, como una cuba, aparece su esposo en la habitación. Él se sorprende y se queda, tartamudeando, casi sin habla. Ella le mira y le dice: “¿ya estás otra vez borracho?. Así no puede avanzar este matrimonio.”
5 de febrero de 2022
Sé que eres un estúpido (extracto con espoíler)
A veces se me olvida como escribia yo mismo hace unos pocos años ( Extracto de "Sé que eres un Estúpido". por si no lo habeis leído):
Han
quedado en la cafetería de un pequeño hotel de un pueblo equidistante de
demasiados sitios. Roberto decide ir con María disfrazada de asistente, por si
hay alguna parte de la recopilación de datos que se le escapa. Cuando llegan
Manuel está sentado al fondo, aceptablemente sumergido entre papeles y algún
dispositivo informático que aporta datos y datos sin ningún corazón, como todo
lo tecnológico. Se saludan. Roberto saca un libro y se lo dedica en ese preciso
instante, como una dádiva inicial, como un procedimiento de marketing
calculado. Le pregunta, directo y rápido, por el origen, resumen e implicación
del test de la estupidez en los últimos años. Manuel coge aire, como si tuviera
que defender un proyecto frente a un tribunal al que dejar con la boca abierta.
-No es
difícil recordar el lugar del que nuestra sociedad venía- empieza- En la
historia las sociedades se han intentado organizar de múltiples formas. Tuvimos
tribus y tuvimos reyes absolutistas. Dimos muchos pasos hasta llegar a lo que
se supone que es la modernidad o, al menos, lo que vivimos como modernidad. Si
nos fijamos en todo lo que llevamos a las espaldas como humanos podemos estar
de acuerdo que todas y cada una de las evoluciones técnicas han alterado y
cambiado nuestra forma de actuar llegando, casi siempre, a un punto mejor que
el anterior. Incluso en el origen de algo tan etéreo como las religiones hay un
razonamiento técnico: no relacionarse con la tribu de al lado era una forma de
no pasar enfermedades para las que nuestro grupo no estaba inmunizado.
-Pero eso
llevó a las cruzadas, a la lucha entre religiones.
-Cierto.
La invención de la máquina de vapor y de los medios de locomoción modernos ha
llevado al sedentarismo y a la obesidad como una enfermedad pero no por eso
vamos a dejar de fabricar automóviles.
-No es lo
mismo
-Lo es.-
dice haciendo un gesto que implica querer seguir por el camino que había
iniciado sin interrupciones- El caso es que la propia organización social bebe
de dos fuentes: nuestras necesidades y los medios de los que disponemos para
cubrirlas. Las primeras tienen una parte básica y otra que va variando. Comer
es algo básico, tener wifi –dice señalando a su tablet- o que haya un buzón de
correos cerca para las cartas que se mandaban el siglo pasado es algo variable.
Cuantos más humanos hay en el planeta más difícil es la organización de los
mismos y las formas de organizarnos han de modificarse. Es perfectamente lógico
pensar que ya no somos un grupo de pequeñas organizaciones autosuficientes sino
que de la misma manera que los hombres cazaban y las mujeres cuidaban de la
cueva en estos momentos unos cultivan, otros manufacturan, otros dan servicios
y otros se van organizando para ir moviendo el engranaje que es la propia
sociedad. Todo lo que estoy contando son obviedades pero, en realidad, aún
estoy a principios del siglo XIX. ¿Qué pasó después?. La democracia.
-Pero-
dice Roberto- la democracia es un invento de los griegos. Antes de Cristo.
-No esa
democracia.- responde como si esperara esa interrupción- Los griegos hablaban
de democracia como concepto pero sólo podían tener poder de decisión los
llamados hombres libres que eran, en realidad, el 10% de la población. El resto
estaba muy ocupado sobreviviendo. Lo mismo puedo decir de las mal llamadas
democracias urbanas que proliferaban en Europa algo después de la edad media.
Un grupo de elegidos ponían las normas a su antojo. Hacían, por decirlo así,
clubes de elegidos que gobernaban sobre los demás contando la mentira de ser
una decisión de todos. Pero la idea “todos” es la clave. ¿Por qué?. Porque
cuando en la toma de la decisión entran más personas la decisión en si misma
cambia ya que responderá a lo que se considerará más o menos importante por esa
conciencia, digamos, global. Cuando realmente se impone la democracia tal y
como la entendemos es en el XIX y nos encontramos en una época en la que se han
diluido las visiones completas de la sociedad en pro de la especialización de
cada uno en el diente de su engranaje y se han primado elementos como “tener”
por encima de “subsistir”. Surge esa avaricia tan humana no solamente en la
mente de los poderosos sino de cualquiera que, además, cree tener poder de
decisión sobre la vida de su vecino. La revolución industrial, aunque buena en
su origen, es la principal responsable de la primera guerra mundial y cuando
nos recuperamos de ella nos dimos de bruces, tras los “felices años
Manuel coge aire como si la parte de la introducción inicial hubiera quedado aceptablemente correcta e interesante. Es casi una conferencia en la que el orador está poseído por su propia seguridad. Los tres saben hasta dónde quiere llegar pero, como las películas en las que se sabe quien gana y quien pierde, en las peleas cinematográficas en las que el bueno empieza apaleado y cuando todo parece perdido se recupera victoriosamente, hay que dejar que el argumento conocido suceda y creer que hay un cambio argumental alternativo sorprendente. En realidad los finales aceptados como correctos no son más que la guionización de la esperanza mayoritaria en la supervivencia del héroe. Las historias de asombroso final no suelen tener éxito.
-Entonces
alguien pensó que la democracia era la gran respuesta a todos los males, que el
egoísmo de unos líderes malvados habían llevado a la quiebra a nuestra
sociedad. Si los líderes los elegimos entre todos la responsabilidad se diluye.
Entonces se eligió democráticamente Hitler, fruto del aprovechamiento publicitario
de las condiciones impuestas a la sociedad alemana por ser la responsable, como
siempre pasa con los perdedores, de la gran guerra. El problema no es que fuera
algo democrático sino que utilizó el mensaje de “no se preocupen porque si yo
estoy aquí no habrá ningún problema. Podrán sentarse en sus casas mientras mis
amigos nazis y yo nos encargamos de su felicidad”. Luego ya pasó eso de invadir
Polonia para conseguir mano de obra más barata y eso de matar judíos porque sí.
Eso, dicho así, es lo mismo que luego llamaron “estado de bienestar”, basado en
las teorías de Keynes. También se parece a todo aquello que denominaron
comunismo donde, que es a lo que quiero llegar, alguien se encargaba de la
felicidad prometida a los demás a base de ceder libertades. El capitalismo y el
comunismo son dos formas de someter a un pueblo repitiéndole una y otra vez que
es una decisión de todos para el bien de todos. Ganó el capitalismo porque,
probablemente, dispone de la maquinaria de la publicidad y de la hipocresía. Estamos
a mediados del siglo XX. Las industrias vuelven otra vez a la marcha. Los
gobiernos juegan al juego de “ya estamos aquí para solucionarlo todo” y Polonia
es Asia. Cuando Asia se agote nos queda India. Después de
Se hace un silencio. María y Roberto se dan cuenta que hay un punto de desprecio absoluto por un determinado tipo de vida, que hay una culpabilización de los males contemporáneos perfectamente marcada en un tipo de persona o personaje.
-No-
responde Manuel con una sonrisa autocomplaciente- Erradicar es curar. La
estupidez, y eso es un buen titular, se puede curar.
En ese momento asiente con un punto de satisfacción. Con una cara de haber encontrado una respuesta o una solución a algo que parecía no tenerlo. Cambia la expresión al único niño que explica, ante sus compañeros, la manera en la que solucionó el problema que puso el profesor en clase.
-El test, y eso ya lo conocemos todos, puede medir la estupidez. Yo creía que eso era todo y que era suficiente. Con esa herramienta tenía que dejar que alguien la aplicara con sabiduría y ya está. Sin embargo poder ampliar el estudio de los resultados en un campo mayor supuso establecer una serie de “estúpidos de control” y el asombroso descubrimiento que alrededor de un gran estúpido siempre hay un grupo de estúpidos contagiados. Me explico: cuando una persona se ha convertido en uno de esos que hacen de la estupidez su bandera no cree, jamás, en su propia estupidez. Así que se jacta de ello y genera un discurso sesgado en el que ha conseguido una ventaja sobre los demás. Me da igual el motivo: un producto más económico, no pagar impuestos, fingir una baja laboral o ganar más con menos rendimiento. Nunca incorpora sus contraprestaciones generales: que no haya servicios públicos o que sus compañeros tengan que trabajar más porque, en realidad, no tiene empatía aunque sí necesita una aprobación ajena. Ese es un punto negro. Entre aquellos que le escuchan aparece uno que piensa que si el primero lo ha hecho él también puede y ese, ese es un infectado. Y ese último es recuperable. Se puede curar porque hay un mecanismo mental reversible.
-¿Reversible?-
pregunta María, que ya está en medio de la conversación
-Si. Tras
la publicación del test y mis experimentos previos me encargaron hacer el test
al funcionariado. Ahí vi esos globos de estupidez alrededor de puntos. Pero
después, cuando Jorge Canales propuso y se aprobó hacer el test a la totalidad
de la población descubrí que los porcentajes cambiaban y fui comparando los
resultados de determinadas personas a las que habíamos hecho el test tres años
antes. Las cifras eran similares pero variaban. Y no lo hacían siempre hacia
arriba. Los puntos negros seguían ahí pero los contagiados, sobre todo aquellos
alejados de la zona de influencia de los primeros, se curaban. Y digo se
curaban porque debemos de tratar este tema como una enfermedad más. Es decir:
la estupidez es una enfermedad que podemos diagnosticar. A partir de un punto
es irrecuperable pero existe una franja que aún tiene vuelta atrás. Cambiando
las recompensas, casi como si fuera el perro de Pavlov, podemos solucionar el
problema. El hábito, la empatía, el cumplimiento de las normas aceptadas, la
capacidad de proyectar las decisiones a largo plazo y el control de las
recompensas inmediatas y lejanas son los parámetros con los que se puede curar
la estupidez.
María se da cuenta que está hablando de los campos de reeducación de estúpidos como una necesidad y una obviedad. También como una deriva completamente razonada a la que ha llegado, punto por punto, a través de todo lo que ha ido contando. –Hay- le dice casi como si fuera una apuesta a que continúe- un rumor en Internet sobre que hay campos de reeducación.
-Hay uno- le afirma- No sé si presidencia me permite dar ese dato pero la verdad es que me da lo mismo porque sé que vamos por el buen camino.
-¿Qué es
ir por el buen camino?- le pregunta Roberto.
-Joder. Es
una obviedad. Cada vez que subimos un poco el grado de implicación del test en
la vida de las personas la sociedad mejora. Mejoró ostensiblemente el
rendimiento de las administraciones públicas. Se redujo el grado de absentismo.
Se optimizó la recaudación y se pasó de un 8% a un 5% el número de estúpidos.
Al ver que los organismos funcionaban mejor un gran número de ciudadanos se
dieron cuenta que utilizando el sentido común las cosas iban a mejor y sabemos
que hay datos sorprendentes en ese periodo: menos atropellos porque se cruzaba
por los sitios correctos, mayor recaudación de impuestos porque se consideraba
correcto pagarlos para el bien de todos y el propio bien futuro, menor numero
de divorcios porque los compromisos eran más de verdad. Hay miles de datos
positivos que derivan directamente de un comportamiento más inteligente por
parte de una mayoría. ¡Estábamos volviendo hacia atrás!- dice con
énfasis.- Mejoró la televisión y
retiraron programas que potenciaban públicamente la nada. Subieron los sueldos
de los científicos y bajaron los de los futbolistas. Eso fue, exclusivamente,
apelando al sentido común.
-Y
retirando el voto a unos millones de personas.
-No es el
retiro, eso no importa. El voto va y viene. ¿Cómo se educa a un adolescente?.
Haciéndole ver que debe de esforzarse para conseguir algo, que tiene que
pensar, mejorar, trabajar.- Y saca el dedo índice- Y además en la dirección
adecuada. No tenemos una sociedad tonta sino preocupada en tonterías. Abrimos
el grifo y hay agua. Es un puto milagro. Pero hay que recordar de vez en cuando
que eso es un milagro en vez de hacer creer que el agua potable y cristalina
saliendo del grifo es un derecho constitucional.
Manuel se va desinflando. Probablemente ha llegado al final de su locución, como el freno que se pone al final de las conferencias.
-Probablemente estamos en el principio de una era- sigue como una batería de titulares necesarios para preparar el corolario- Si tenemos que seguir con el esquema democrático no podemos dejar que el sentido común se pierda porque nos perderemos con él. Puedo- dice en primera persona- acabar con la estupidez y demostrar que es el principio de una nueva sociedad mejor. Tengo las herramientas y los medios adecuados.
El científico apocado y casi invisible se ha convertido en un mesías poderoso. Lo que es más grave: está convencido de su santidad. No duda de él ni de su función. No es arrogancia pero sí vanidad. Se ha levantado como si aquello fuera un signo de haber llegado al final de la conversación. María le mira aún sentada -¿Los puntos negros no se pueden recuperar?- le pregunta. –Probablemente no- le responde con resignación -¿Y qué hará con ellos?
-Serán daños colaterales y, en lo que a mi concierne, objetos de estudio
-¿Cómo enfermos terminales?
Manuel se ha puesto una chaqueta y ha recogido sus papeles.
-Son daños colaterales. No es la primera vez que sucede en la historia- le responde con frialdad- Pero sí la primera vez en que sabemos sin ninguna duda que son culpables.
Se sienta delante de ella con la pose de un profesor al final de una clase
-Piensa en la pena de muerte. Es una barbaridad. Lo es porque existe la posibilidad de equivocarse. Porque podemos ser tan asesinos como aquel al que se decide matar. Una sola equivocación es nuestra condena. Pero –entorna los ojos- ¿y si no hubiera ninguna duda?. ¿Y si supiésemos con certeza que ese tipo que, digamos, ha matado a unas niñas después de violarlas lo volvería a hacer?. No hay posibilidad de error. En ese caso, quizá, la pena de muerte podría tener una justificación. Bien. Yo tengo esa justificación.
Y Manuel decide salir del hotel hacia su coche.
15 de enero de 2022
¿80s o 90s?
Después de la dictadura de los boomers de los 80 en internet , donde se juraba que lo más de lo más era la generacion en la que crecieron, ahora llega la dictadura de los 90s.
Supongo que cada uno intenta demostrar que lo suyo era mejor.
Y no era mejor, sino lo que le tocó vivir.
Los 80:
13 de enero de 2022
Badboys
Porque mis padres fueron más duros que yo, mis abuelos más que mis padres e incluso antes comían alambre de espino y meaban napalm.
5 de enero de 2022
Necesarios y prescindibles.
Hay regalos necesarios y regalos prescindibles. Curiosamente es lo mismo que sucede con los deseos.
Podemos desear un coche y, como hemos aceptado erróneamente que todos andan igual, lo elegimos por si tiene una pantalla de más o menos pulgadas donde dar con el dedo. Podemos querer un ordenador y presuponer, cual imbécil argumentario estético, que si tiene luces es mejor y no un residuo visual de un prostíbulo de Pancorbo. Como si fuéramos cuervos ingenuos (remember la cancion de Krahe) los brillos nos ciegan y queremos llevarnos eso a nuestro nido.
Cuando veo a los pajes ( y las pajas, en lenguaje inclusivo) con bolsas por las calles me pregunto hasta qué punto los regalos, respuestas de los deseos de aquellos que han sido buenos, son necesarios o prescindibles. Si han comprado un carísimo purificador de ozono con ziritione o una trócola de recambio cargada de luces led. Si van a regalar un móvil de mil euros, comprado a plazos, a la niña de 13 años ( una de las cosas más tontas que se pueden hacer, aunque tengas los mil euros) o un kit masturbador certificado ( existe).
También sucede lo mismo con los deseos. Querer una energía libre de carbono y barata pero que no sea nuclear. Querer unos filetes de animales que hayan sido criados felices pero que no valgan 40€/kg. Querer una camisa o algo tecnológico que no dañe al medio ambiente y no haya empleado trabajadores en estado de semi esclavitud pero me salga económico. "Elegir es renunciar"- es una frase que adoramos en este blog.
Sin embargo hay quien aún vive evadiendo la realidad de sus deseos. Alguien que, iluso e infame al 50%, desea regalos como deseos.
Probablemente hay personas, también, necesarias y prescindibles. O contingentes. O necesarios.
24 de diciembre de 2021
El amor y la felicidad, impregnando los hogares.
Con los años y esa postura de espectador he llegado a una terrible conclusión: ser buenista es rentable.
Dias como el de hoy, navidad (fun , fun, fun ), se reciben felicitaciones de esas personas que no están convencidos si te has muerto desde la del año pasado. Que si te desean que la familia y el amor. Que si el calor de la amistad. Que si a los tuyos y la bondad. Que si, que los deseos se hagan realidad.
No se puede responder que has dado positivo en el test de estar hasta las narices. No se puede decir que hace falta ser hipócrita de mierda para aparecer solamente cuando se lo marca el calendario. No responder parece hasta un agravio. No se puede, tampoco, indicar que son unas fechas de mierda cargadas de compromisos estériles entre un frio que se te pega a los huesos.
El día de navidad es una publicación amable de facebook con un filtro de instagram.
Y aunque es perfectamente lícito, en una sociedad supuestamente libre, decir lo que uno piensa sobre las cosas sin imponer su criterio a los demás, no se debe. No es rentable. No es amable. No es popular. ni siquiera es algo que tenga que ver con la navidad sino que se puede hacer extensible al resto de las facetas de la vida. No se puede decir que tu marido mujer me parece una hija de puta. Que ese político que tanto te gusta creo que es un miserable cabrón interesado falso. Que tu equipo de fútbol son una banda de niñatos millonarios vagos y quejumbrosos. Ni siquiera se puede comentar que eras mucho más adulto hace unos años. Ojo, que todo te lo digo desde el amor y la amistad. Diciendo esas cosas se acaba la amistad. Quizá es que aunque la teoría lleve impreso que la amistad es poder decir lo que piensas a una persona que sabe que la quieres, la gente se ha convertido en gatos que te arañan si no les acaricias el lomo.
Cuando eres aceptablemente amable se abren las puertas. Cuando eres honesto contigo y con el entorno, sobre todo si dispones de un alma crítica, vas mal.
Conozco a quien ha vivido toda la vida con el freno puesto. Alguien que piensa tres veces las consecuencias de sus palabras. Es esa persona a la que saludan por la calle.
Conozco a quien es tan absolutamente infantil y bondadoso hasta dar repelús que te mira como una abuela con su primer nieto cada vez que se acerca. Alguien que te llama cariño y que te desea amores. Alguien que disfruta del frio en invierno, del calor en verano, de la multiculturalidad si es rodeado por un grupo de atracadores magrebíes a las cuatro de la mañana. Alguien que reconoce ser feliz pagando impuestos y tiene salud cuando no le toca la lotería. Nadie es malo en su mundo. Abraza y sonríe. Da tanto asco como un presentador graciosete de un programa de televisión que lleve diez años en antena y se aferra a un papel que se ha creído como cierto. Esa persona es alguien a quien todo el mundo ama. Todo el mundo ama a Lucy, incluso cuando envía felicitaciones de amor y felicidad que impregne a ti y a los tuyos en estas fiestas en las que la bondad nos lleva por la vida feliz hacia un mundo mejor.
Las felicitaciones , como cada vez que hablamos, ayudan a reflejarnos como las personas que somos. Yo soy de los que no repite mensaje , de los que no responden a mensajes que no hayan escrito para mi.
Hace unos años era un tipo desagradable que devolvía lo que es, ciertamente, un agravio envuelto en amor eterno navideño. Sobre todo porque algunos creen que ser feliz es algo que , si no lo eres, es porque no te da la gana. Un interruptor que se enciende y se apaga a voluntad, como la tele. Era de esos que respondían con existencialismo a mensajes impersonales. Reconozco que eso elimina los mensajes para el año que viene.
Ahora no respondo.
El siguiente paso es ser un hipócrita y desearos a todos que el amor y la felicidad impregnen vuestros hogares.
Hola, soy Edu.
.jpeg)