Mal dia para buscar

4 de noviembre de 2025

El gran trasvase.

Como somos muy de poner nombres a las cosas ahora viene "El gran trasvase".  Básicamente se refiere a la pasta que van a terminar teniendo los que ahora son post adolescentes debido a que sus padres se vayan muriendo. No trabajes, no te esfuerces, quéjate mucho, habla de lo mal que está todo y aguanta como puedas hasta que se mueran tus viejos. En ese momento alquila el piso lo más caro que puedas, trinca la pasta para irte de viaje, vende las joyas, el coche de combustión y dedícate a vivir de las rentas. Te lo mereces. Si tienen, además, un piso en el pueblo ya eres capitán general. A tomar por el culo los máster, madrugar y obedecer a tus jefes. Cuatro criptos y mirar lambos verdes pistacho.

Dicen que el 50% de los mayores de 65 años tienen una vivienda. En realidad las estadísticas dicen que cada viejo que se muere deja unos 400.000 eurales. El porcentaje de gente con entre 0€ y 15000€ en cuenta son el 63%. A partir de 60mil€ tiene ahorrado el 2,3%. España es un cohete. Hay toda una generación esperando a que se muera la mama independientemente que una muerte sea un negocio para el gobierno, que también está a la espera.

Yo tuve un profesor de filosofía que afirmaba, con muchísima razón, que alguien que no tiene nada es la persona más peligrosa que existe. Después leí que la manera de controlar a una población era convencerles que si se mueven van a perder lo poco que tengan, aunque ese poco sea un Opel Corsa de tercera mano o, añado, la posibilidad de heredar el piso de la abuela. Una posibilidad es, en este caso, una especie de posesión. 

¿Para qué vas a cansarte si te están bombardeando con la idea maquiavélica de que el esfuerzo y el sacrificio no valdrán para nada, que la meritocracia es un invento del gran capital?. Esa idea tan miserable de intentar convencer a quienes se asoman al mundo real que da igual lo que se formen, esfuercen o trabajen es uno de los orígenes más certeros de una generación de desganados ultraformados. Conozco a quien ha estado estudiando mucho hasta más allá de los 40 para intentar, quizá de manera inconsciente, trabajar de verdad lo menos posible. No sé si era verdad que más del 70% de la juventud (desconozco si era un dato español u occidental) sueña con ser funcionario. También es cierto que existe un mito no escrito en el que una vez que tienes una plaza puedes tocarte el arco del triunfo con obscenidad absentista sin riesgo a perder el ingreso mensual. Es decepcionante, y eso lo digo como lo siento, que la mayor aspiración de la mayoría de la población sea vivir lo mejor posible rascándose el toto. España, que alguna vez es líder en algo, presenta una tasa de absentismo laboral cercana al 7,5%. Euskadi, ese paradigma del trabajador fiel e incansable, gana con en el 9% ( Andalucía el 4,8). (Como es lógico y haciendo honor a la búsqueda del votante hay quien , desde el espectro político y sueldo público, te quiere convencer que trabajas demasiado y decir que se falta demasiado al laboro es de fachas).

Muchos de los estudios que se centraban en la evolución humana hablaban del gen egoista. Eso se refiere a la necesidad natural de perdurar en el tiempo. Es eso que nos lleva a intentar emparejarnos con personas que parecen más sanas, fértiles o válidas. No en vano la trampa del tinte rubio tiene que ver con el éxito sexual debido a que las mujeres tienden a oscurecer su cabello y hay algo que nos dice que si es rubia es joven y si es joven es fértil. A Darwin le ha ganado la carrera Loreal, vive Dios.

Yo soy de esas personas, probablemente idealista, que vive con la esperanza de poder dejar algún tipo de legado. Al menos que alguien pueda decir, en mi próximo entierro, que las cosas están mejor después de mi paso por ese lugar llamado vida. Una vez alguien, reconozco que después de un coito que no recuerdo si fue más o menos satisfactorio, limpió la encimera de mi casa. Es un tipo de legado y la cocina estaba muchísimo mejor después que pasar por ahí. Mi padre, ya en el hospital del que no salió, se sentía suficientemente orgulloso que mi madre no fuera a tener jamás necesidades económicas. Eso le valía como satisfacción al esfuerzo y tiempo que no había empleado en su vida familiar o social pero sí como algo por lo que sentirse válido.

La vida, en realidad, debe de tener algún motivo.

Ninguno de nosotros, seguramente, vamos a inventar el led azul ( que es el led jodido de inventar) o la maravilla de los diferenciales autoblocantes. Yo jamás lograré escribir el libro que deseo. Quizá nos pase como a la inmensa mayoría de las personas, que se olvidan con facilidad. Pero no concibo que el único motivo de levantarse por la mañana sea no hacer nada hasta que se muera la abuela y me deje algo que, sin ser una fortuna, me pueda hacer creer que me arregla una vida a la que no le he prestado nada de atención.

Es cierto que una sociedad sin aspiraciones es el inicio de una sociedad muerta o una sociedad en declive. Es igualmente cierto que para cuando heredes, si es que esa es tu única aspiración, habrá cien chinos que hayan logrado salir adelante por si mismos.

"El gran trasvase" tiene mucho de final, de romanos tumbados comiendo uvas esperando que otros les den tierras conquistadas.


Pd: Pero qué voy a decir yo que con 24 le dije a mi señor padre que no quería nada suyo y que iba a lograr salir adelante por mi mismo. Me hice autónomo y me han dado hostias en lugares que no sabía que era posible. Cuando voy a reuniones de antiguos alumnos me rodeo de funcionarios gordos o trabajadores subvencionados que me miran con cara de "¿ves?, tu tampoco has llegado a nada". Quizá tienen razón, pero mi pequeña aspiración es ver si mañana, con un poco más de trabajo, al menos llego con mis recursos. Y si heredo, pues ya se verá. Pero jamás cuento con ello como si fuera algo que me merezco. También cometo el error de preguntarme el por qué de la mayoría de las cosas, de intentar adivinar cómo funciona de verdad el mundo o los engranajes. Es agotador y da perspectiva, aunque te quedes sin tiempo y no haya hecho un crucero por el mediterraneo.

26 de octubre de 2025

El minority report de la intolerancia (explicado con un filete).

Hace unos años, supongo que en momento de alguna moda, nos disponíamos a comer en un restaurante del centro. María, que siempre fue una de esa personas que van de aqui para allá intentando convencerte que su decisión de este mes es la mejor, había iniciado su cruzada vegana. En realidad me daba un poco igual porque dos meses antes había asistido feliz a cenar, junto con el resto de las personas que nos juntábamos, unos filetes de dos dedos de grosor que me había regalado un buen cliente carnicero. Ella, como buena mujer corporativa, se definía intensa con las cosas de nuevo cuño. A saber: hizo un blog, porque en aquella época se llevaban los blogs, ensalzando a la empresa que la despidió después y contra la que se llegó a manifestar acusándoles de todo lo contrario de lo que la hemeroteca (suya) contaba que no hacían. También le dio por gritar enfurecidamente contra los toros lanzando cosas a quienes iban libremente a los toros, que es un grupo al que había pertenecido años antes. En otro momento de su vida miraba con muchísimo desprecio a quien llevaba abrigos de piel pero antes tuvo problemas de liquidez por su afición a comprarse bolsos de trescientos euros. Reconozco que nunca fue mala persona pero sí que se descubría como alguien de criterios extremos, contrarios y excesivos que jamás se quedaban en el medio de nada.

El caso es que yo pedí un filete.

En el momento en que me pusieron el plato sobre la mesa ella me miró con asco. Ahí estaba, con su brócoli o lo que fuera, esperando el momento en que fusilarme con su argumentario. -¿Cual es el problema?- le dije. -Mira- y empezó con un tono de superioridad intelectual que no iba bien- Si vas a cometer un asesinato y una salvajada te tengo que pedir que no lo hagas delante de mi, Si te vas a comer eso- que reconozco que tenía una pinta fenomenal ya que todavía lo acompañaba un juguillo caliente- me veré obligada a marcharme.

Como es lógico, y dada mi naturaleza, le quise recordar que el ser humano lleva comiendo carne millones de años y que, de una forma absolutamente tolerante, a mi me la traía completamente al pairo lo que ella se fuera a comer de la misma forma que yo no la iba a obligar a probar mi filete. Entonces hizo la siguiente analogía brutal: "Como comprenderás hay cosa que una persona de bien no puede tolerar. Si te vienes a comer con tu esclavo negro descalzo, sujeto con una correa de pinchos en el cuello y me dices que no me obligas a tener un esclavo, yo no debo de tolerar esa barbaridad. Con este caso es exactamente lo mismo". Se quedó muy satisfecha de su argumentario convencida que su notoria intolerancia resultaba ser la opción más adulta, digna y satisfactoria para el mundo mundial. Que, obviamente, iban a crecer más flores, reducirse el agujero de ozono, nacer terneros felices y acabar con diez o doce guerras.

Me comí el filete.

Me dejó de hablar y sé, porque miro de reojo al mundo alrededor, que en algún momento me ha podido acusar de homófobo, fascista, racista, machista y algún que otro -ista que viniera a cuento. Por supuesto, y de eso no hay ninguna duda, yo soy el intolerante miserable que no fue capaz de actuar como persona razonable.

Esa es una anécdota que ha vuelto a mi mente de manera recurrente durante los últimos tiempos. No por la actitud psicótica de una activista de la moda intelectual hace unos años sino por la tremenda similitud con discursos de guerra, censura y desprecio social que vienen de lugares que anteriormente se definían como paradigmas de la pluralidad de pensamiento. Conozco a quien le han intentado cancelar, le han apartado de una cuadrilla y le han acusado de fomentar el asesinato de niños árabes por decir que Ada Colau se está convirtiendo en el rubio de los Pecos.


Nuestro querido ex vicepresidente hizo unas declaraciones la semana pasada diciendo que controlar RTVE por parte del gobierno y poner a los suyos está muy bien porque si no lo hacen los buenos luego vendrán a hacerlo los malos. Su señora esposa, maravillosa defensora de la paz en el mundo ( no a la guerra pero la de Rusia un poco), ha arengado una intervención militar contra Israel para matar a los malos a manos de los buenos. La universidad, que debería de ser un lugar de expresión de ideas libre, ha demostrado varias veces a lo largo de los últimos tiempos que existe un poderoso ejército de personas de bien a favor del entendimiento entre las personas radicalmente en contra de que quienes no piensan bien tengan posibilidad de expresarse en libertad. El peor feminismo que existe es ese que jura que las mujeres son libres de hacer con su cuerpo y su vida lo que quieran pero no pueden participar de la gestación subrogada, ser modelos, cocinar para sus parejas o preocuparse demasiado por su aspecto. Nunca he entendido ese "tu eres libre de hacer lo que yo te permito" pero seguro que Bildu me lo  puede explicar susurrándome con amor, en la nuca, los motivos por los que hay que prohibir a los que no toleran a quien no piensan como ellos.

Probablemente hemos visto de una forma tan clara las tropelías de la Alemania Nazi o aquellas cosas que hizo el franquismo. Así que los de la derecha brutal, (aquella que mataba negros, acuchillaba maricas, señalaba y gaseaba judíos, metía en la cárcel a gente por hablar euskera o sacrificaba a los bebes menos sanos) no existen. Yo no conozco, aunque alguno habrá, a ningún chalado que haga cualquiera de esas cosas. Pero sí que conozco a quien cree que está perfectamente bien hecho cerrar un medio, golpear a quien no piense igual, prohibir la libertad diferente o incluso vandalizar a un comerciante que no rotule en el idioma adecuado o tenga un apellido de origen que no te guste. No vamos a hablar ahora de los que deciden que la mejor manera de pasar la mañana es joder un cuadro de hace 300 años porque les han contado que un español, hace 500 años, se folló a una colombiana que no  había consentido la relación. A ver si los romanos no se cepillaron sin consentimiento a una lozana de Albacete cuando llegaron y no voy yo a quemar el Coliseo.

Últimamente, y eso es peligroso, asisto estupefacto a actos de censura, intolerancia y hasta violencia por parte de personas que me dicen que lo hacen por la libertad y que además, se sienten orgullosísimos de ello. Están esperando, como Samantha, que les den una buena medallita institucional y, a ser posible, un billete de vuelta en Bussiness y una pensión pública.

Es perfectamente conocido que, tal y como pasó con aquel filete, en el momento en que te plantas e intentas hacer ver el acto de infame imposición que se está intentado cometer, se certifican en lo necesario de su acción y el violador, eres tú.

A ver si vamos a terminar prefiriendo a alguien que te dice que es un hijo de puta y se comporta como un hijo de puta a otro que te jure que es un adalid de la pluralidad y luego se comporte como un hijo de puta.

Anteayer echaron a patadas a un tipo que fue disfrazado de oficial Nazi a una fiesta de Halloween, donde se supone que se va vestido de algo que de miedo. Alguien me comentó que el disfraz fácil y eficiente de este año es ponerse un pasamontañas, una cinta verde en el pelo, un cinturón con granadas y un fusil de bandolera, 

Llevo un tiempo diciendo que la misma lógica de superioridad moral que hacía el chiste de "obreros de derechas" puede decir ahora que es absurdo ser "LGTBQ+ a favor de las leyes árabes", pero si lo dices alguien se va a sentir con el deber moral de reventarte a hostias y, además, se va a sentir orgulloso de ello. Aunque luego sea el mismo esquizofrénico paranoico,

Es jodido ver, quizá desde fuera, lo orgullosos que están algunos de hacer lo que critican en los demás. A veces incluso porque suponen que los otros, que solamente se preguntan el por qué, lo van a hacer. 

Si pones en duda cualquiera de las cosas que yo pienso eres un fascista miserable asesino cabrón. Es el minority report de la gilipollez dictatorial.

Y, joder, Ada, la marinera, se parece al rubio de los Pecos una barbaridad.


Pd: el problema es que como la sociedad es estúpida y pendular, tenemos un riesgo cierto que no tarde mucho en pasar lo mismo desde el otro lado. Al fin y al cabo si hemos tardado 90 años de gasear a quien no piensa bien a aceptar que matar a un facha es un acto de bondad... quizá en veinte volvamos al otro lado. Más o menos cuando los niños de ahora se conviertan en niños con cargos y se rebelen contra un poder absurdo que les criminalizó injustamente cuando eran menores.  Lo sé. Carezco de esperanza en la capacidad intelectual humana, salvo para piratear el fútbol o ver porno gratis.

Pd2: al que me saque la paradoja de la intolerancia de K. Popper, le reviento.

22 de octubre de 2025

Mr Wonderful, la quiebra (y Luis Aragonés).

Mr Wonderful se muere.

Deben casi 7 millones de euros y todo indica que se van al garete. Angela y Javier, mientras preparaban su boda, hicieron unas invitaciones chulísimas y positivísimas que gustaron tanto que decidieron lanzarse al mundo de la creación. No en vano eran diseñadores gráficos y gente feliz. Aquello era 2011.

Se pusieron a vender sus cositas por internet y les iba tan bien que decidieron dar el salto al comercio global. Hicieron colaboraciones con todo lo cool. Hasta lanzaron una línea de preservativos.

En 2016 facturaron 30 millones de euros. Un 25% desde redes sociales e internet. 150 empleados en 2017, 1800 puntos de venta, 40 comercios franquiciados. Todo chuli, no lo vamos a negar.

Entonces llega el momento excusa y la excusa son dos: que en internet los márgenes se reducen muchísimo y que la pandemia hizo que vendieran menos. Al menos eso es lo que dicen las fuentes acreditadas.

No me escondo si soy de los que creen que el futuro es la publicidad escéptica. Yo regale a mi sobrina, en su época de negatividad adolescente, una taza que ponía: Nadie Te Quiere. Soy un fan de la empresa de publicidad en la que Dudley Moore prepara una campaña sobre los coches Volvo , cuando eran suecos, con el eslogan: Feos pero seguros. Crazy People, se llamaba la película. El truco de su éxito, en la ficción, era decir la verdad.

La verdad, tal cual, no suele ser una estrategia de éxito. La sinceridad, y es un buen momento para recordarlo, consiste en decorar la verdad de una forma que salvaguarde los sentimientos de aquellas personas que te importan.

Los extremos, como en todo, son mentira.

Nadie es tan malo como para levantarse por la mañana buscando las formas de generar dolor por el dolor. Nadie sonríe al lechero , al cartero y al policía. Visto desde ese punto de vista y basándonos exclusivamente en cuestiones de marketing, Mr Wonderful era un negocio basado en una mentira. Debo decir que si le regalé una taza a mi sobrina significaba que al menos una persona, yo, la quería un poco.

A mi personalmente siempre me han producido urticaria las frases de coach barato de Mr Wonderful. Eso de "Levántate con una Sonrisa", "Hoy va a ser un dia fenomenal", "Sonríe que la vida vuela" atenta contra la realidad. Si me despierto en invierno, aún de noche, con dolor de espalda, un catarro incipiente, unos granos fruto de una alergia y me dices : "Lo único imposible es aquello que no intentas" te reviento de una hostia en la cara.

También es verdad que para decir frases de besugo no hace falta ser una empresa internacional. Conozco a quien montó un bar y quebró, puso otro bar y tuvo que cerrarlo. Después cogió un bar en funcionamiento y acabó en concurso de acreedores. Ahora da charlas sobre emprendimiento hostelero. Junta a personas, que sorprendentemente pagan por oírla, y les explica las fases del éxito en unas diapositivas con colores pastel. Los reyes del intrusismo en la psicología están a tres likes de aparecer antes de los videos de Youtube vendiéndote sus cursos de autoconocimiento feliz. Existe un mercado, que hace años monopolizaba la religión, de personas crédulas necesitadas de oír que van a ser felices siguiendo doce sencillos pasos. The Secret fue un libro de éxito que, como todos los libros de autoayuda, solamente colaboran en la felicidad económica del pastor.

Una de las cosas que se conoce poco es cuando, siendo ya una empresa de las de verdad, Mr Wonderful intentó llevar a juicio a todo el que hiciera frases positivas casi como si la ñoñería infinita fuera propiedad intelectual de una marca. Probablemente, quiero pensar, harían reuniones creativas a primera hora de algún lunes, quizá con resaca, en donde el jefe tendría que dar algún golpe en la mesa mientras grita: "¿Pero es que no hay cojones de sacar una puta frase positiva en esta empresa de vagos?". O , yo que sé, no creo que te mandaran frases positivas en la carta de despido: "Tienes un bonito futuro delante ( pero aqui no, inútil)". Porque la vida real no puede ser felicidad todo el rato, y mucho menos en la empresa cuando debes 8 millones de euros.

Otra de las cosas que tiene la felicidad empalagosa encremada de merengue es que termina saturando. Es probable que en 2011 viviéramos en una sociedad que necesitase, como un niño magullado, que le dijeran cosas chulas aunque fueran mentira. El problema es que después, como con los políticos populistas, descubres que son mentira, que no funcionan y tu decepción es doble. En 2011 aparecieron con fuerza dos grandes mentiras, preludios de decepciones: el 15M y Mr Wonderful. Casualidad. Casualidad también que estén prácticamente en quiebra dos creadores de frases molonas que te intentan hacer creer que eres mejor persona de lo que eres en realidad y que deseándolo mucho se puede cualquier cosa. Solo han tenido que pasar unos años y la realidad.


A veces se nos olvidan las enseñanzas de Luis Aragonés. Nadie ha dicho jamás que fuera un mal tipo y muchos de los jugadores a su cargo han afirmado que lograba sacar de ellos el máximo. Una de sus frases más conocidas es: "Digo más veces vete a tomar por culo que buenos días". Esa sí que es frase para una taza. 


21 de octubre de 2025

Escondiéndose en 1985

El pasado es un lugar del que aprender y también un sitio en el que esconderse cuando el presente te supera sin tener ninguna perspectiva de futuro.


De alguna forma casi todas las generaciones han tendido a esconderse en esos momentos en los que fueron felices. De alguna forma, también, suelen asociarse a esa edad de descubrimientos que se encuentran en ese espacio de tiempo entre dejar de hacer lo que dicen los padres y tener que hacer lo que obliga la vida.

Ahora que mi señora madre tiene mucho más claros los recuerdos de su infancia soy capaz de ver en sus ojos un poco de luz cuando se ubica en los años cuarenta y cincuenta. Los bailes y quizá un poco de resquemor de ese del que genera el "qué podría ser". Es ahora cuando, quizá por la incontinencia verbal que le da superar los 93, hemos conocido a Enrique y a Paquito. Paquito fue un muchacho que le regaló una medalla con su nombre antes de irse a la mili.  75 años después hemos encontrado esa medalla y ella, sin ningún rubor, nos confesó que era un pretendiente que tuvo pero que, al volver de la mili, dejó de parecerle interesante. Enrique, por el contrario, fue un chico con el que salía a bailar antes de conocer a padre. Cuando mi tía, gemela de madre, falleció, descubrimos una pequeña pulsera, supuestamente de plata, con su nombre y una fecha. La guardaba entre las piezas supuestamente valiosas y es más que probable que, aún sin valor dinerario, tuviera una significación importante en su vida. 

Sin embargo todo eso se corresponde a una generación sin impacto global. La juventud de los años cincuenta en España era radicalmente diferente a la americana, la británica o la polaca. Quizá fue la de los setenta la que empezó a igualarnos mundialmente. El cine, probablemente, y la música empezaron a igualarnos, al menos en influencias. Los Beatles fueron, quizá, el segundo fenómeno mundial por detrás de las grandes películas. Un señor de Ohio y tu tío el hippy que se había ido a Londres habían visto a Gregory Peck en el final desgarrador de "Duelo al Sol", aunque fuera del 46. Los Rolling, los vuelos intercontinentales, el crecimiento de la clase media, el turismo y la publicidad hicieron de nuestro mundo un lugar mucho mas pequeño. La ventaja es que si te gustaba La Guerra de Las Galaxias podías encontrar a un tipo en Trieste tan apasionado como tú, aunque fuera del lado oscuro.

Así que si bien nuestros hermanos mayores nos intentaron aleccionar sobre los fenómenos globales y lo buenos que fueron los tiempos pasados, hemos sido el ejército que maduró entre los 70 y los 80 los que  jugamos inconscientemente a imponer nuestros recuerdos a la conciencia global. No porque fuera mejor o porque después no hubiesen suficientes "tips" sino porque somos mayoría. Nuestros padres, al descubrir que podían mantener una familia, se dedicaron a tener hijos. Nosotros, al vernos incapaces de convertir en realidad nuestros sueños, nos acurrucamos en posición fetal delante de la televisión consumiendo una y otra vez Los Gonnies, Regreso al Futuro, El Equipo A y La Abeja Maya. Ni siquiera lo puntualiza la terrible sensación que tuve, después de conseguir todos los capítulos de Mazinger Z, lo horribles que me parecieron aquellos dibujos en comparación con el recuerdo de mi cerebro.

En el recuerdo amable, por cuestiones psicológicas, todo parece mejor. Mi abuela, que sacó adelante a una familia tras la guerra civil, era de las que afirmaba que con Franco se vivía mejor porque aquello coincidió con sus mejores años. Carlos, constructor ya fallecido burgalés, afirmaba, sentado en una silla de ruedas frente al mar, que la época de Felipe Gonzalez fue la mejor y lo fue porque supusieron esos años en los que ganó dinero y estableció las bases que luego sustentaron a su descendencia.

Lo que no hicieron ni mi abuela, ni Carlos, ni mi madre fue ese desparpajo moral de creer que lo suyo era mejor que lo anterior y lo siguiente. Ese es un pecado muy boomer: creer que lo que te gusta a tí debe de gustar al resto del mundo. No hay maldad sino inconsciencia. No es válida ninguna afirmación que lleve implícita la mayoritaria aceptación del público. Cuando Los Pecos llenan estadios no significa que sean mejores o peores sino que han hecho recordar a María del Carmen cuando estaba enamorada del moreno y cómo le rompió el corazón leer en el superpop que se había cortado mucho el pelo cuando se tuvo que ir a la mili. Somos capaces de endulzar ese recuerdo en el que jugábamos con una supuesta espada láser y magnificar los machacones estribillos de la época del pop. Hemos eliminado del cerebro el escenario gris de muchas de nuestras ciudades, los Seat 131 Supermirafiori aparcados en cualquier sitio y la gente fumando en El Corte Inglés. Se nos pasa muy por encima la lacra de la heroína y el Sida. Lo que nos queda es Madonna vestida como una mamarracha cantando Like a Virgin en una góndola y creemos que haber jugado en el barro era algo maravilloso. Que los columpios sobre cemento eran una fórmula de fortaleza contra los suelos de tartán de los flojos de nuestros pocos hijos de cristal.

Así que, siendo mayoría y habiendo edulcorado los recuerdos, nos hemos propuesto imponer aquella visión sesgada de los ochenta a todo el que tenga un ojo puesto en cualquier medio social de comunicación global. Los promotores, sabiendo que somos especialmente débiles, nos traen de nuevo a todas aquellas bandas y artistas que ahora se arrastran por escenarios repitiendo sus ancestrales éxitos. Todas las giras de los Rolling son la última.

Más de uno, de dos y de un grupo de gente capaz de llenar cualquier estadio, ha decidido esconderse en una época que ya no existe y que quizá no existió nunca tal y como la recuerda.

Hay toda una generación intentando esconderse en la época en la que cree que fue feliz. Aunque Thriller fuera del 82. Purple Rain, del 84. Pero eso no quita que la más brillante actuación conocida fuera la superbowl del 2007.
 
Dentro de 5 años los ochenta cumplen 50.
Dentro de 50 no sé qué parte de lo que estamos viviendo ahora estará idealizado.

15 de octubre de 2025

Vida de Subscripción

Hace dos semanas me comentó un gran conocedor del ocio contemporáneo que la gente, así, en general, tiende a no hacer planes ni siquiera del tipo "tomar una aqui, cenar allí y bailar allá". Eso son tres cosas a pensar. "Por eso"- decía- "lo de los tardeos y las fiestas funcionan. La gente no quiere pensar y está esperando que se lo des todo hecho".

Hoy he leido que la cultura de la subscripción se está haciendo fuerte. En EEUU el gran negocio es la subscripción a lavar el coche.  El artículo termina con una frase del nuevo rico del lavado de coches: "Veremos modelos similares en peluquerías, centros de estética o servicios para mascotas. La gente está dispuesta a pagar por la comodidad de no tener que pensar".

Es, exactamente, la misma conclusión.  Aunque ya sabíamos que pensar no está de moda y que la estupidez es un componente de éxito en una sociedad en la que no destacar en nada es sinónimo de tranquilidad y admiración del vecino.

El principal problema es, curiosamente, el grandísimo abanico de la posibilidad de elegir. Puedes elegir lo que quieres escuchar, la película que quieres ver, si te entra hambre a las tres de la mañana puedes encontrar pan y si te apetece que te lama los pies una indígena boliviana a las seis de la tarde estoy convencido que existirá la oferta, bombín incluido. Solo hace falta dinero y quizá ni siquiera mucho. Hay toda una generación pagando más de mil euros por móviles que no usan más allá de los primeros doscientos. El renting es una subscripción más.

También hemos hablado más de una vez del Efecto Tinder ( también denominado efecto Tyndall). Al existir un exceso de estímulos y de opciones , el usuario termina paralizándose y no eligiendo nada. Eso sucede, entre otros motivos, por la sensación de que quizá el siguiente perfil será el bueno. Es vivir en una máquina tragaperras infinita donde nunca se gana aunque haya pequeñas recompensas que caigan por el camino. Por otra parte no es más que intentar no pensar esperando que el algoritmo haga el trabajo que no queremos hacer.


Toda esta modernidad y sensación de tener cualquier elemento a nuestro alcance no ha generado en nosotros la mágnifica enseñanza de convertirnos en más sabios sino que nos hemos ido escondiendo en cubículos donde el confort está exactamente en no pensar. Leer la prensa que nos haga sentir bien , creer que estamos más sanos porque pagamos el gimnasio, ver el cine de la plataforma a la que nos abonamos y esforzarnos ya no en ampliar nuestro mundo sino encontrar las líneas marcadas que haya que recorrer, como un tren tonto que jamás se sale de su lugar y de sus rieles.

He leído, ultimamente, que quizá estamos ante algunas de las últimas generaciones libres. Cuando no haya dinero en metálico, se imponga el pensamiento único y nos globalicemos hasta el punto de no poder diferenciar a un jubilado de Ohio de otro de Valdemorillo, se habrá acabado todo.

Eric Fromm decía que la mejor manera de manipular a una sociedad es hacerles creer que pueden perder algo si se mueven. Ni siquiera es que puedas perder el sustento sino perder el Opel Corsa de 1987 que te queda en el garaje. Eso hace que te lo pienses dos veces antes de intentar rebelarte porque si no tienes nada eso mismo te convierte en una persona peligrosa. Desde hace años el sistema premia al mediocre y castiga al que destaca. El efecto Dunning-Krugger es tan poderoso que los más mediocres han aprendido a creerse superiores. La rentabilidad del victimismo junto con la tendencia a mantener una clase social votante subvencionada ha hecho que las democracias se perviertan con tremenda facilidad. Si con los impuestos de uno sin hijos mantengo a una familia de 7, son 7 votos contra uno. Sumemos ahora el cortoplacismo y adoptemos esa máxima en la que "para cuando reviente todo yo ya estaré muerto".

Por mil motivos como esos no pensar es rentable y no es raro descubrir que cada vez más haya personas que se suscriban a lo que sea solamente por no pararse a razonar lo que están haciendo. Se dejan arrastrar por el viento y eso, sinceramente, debe de ser mucho más cómodo que ir contracorriente.

El sueño de mucho es ser funcionario, hacer lo que le dicen, vestir a la moda, ir a las discotecas que salgan por la tele, ver los memes que ven todos, las películas más taquilleras, pagar con tarjeta, ser solidario con la movilización del mes y suscribirse a un lavado de coches porque hay que ir brillante al tardeo del sábado.

¿Por qué bebes? Porque es viernes. Pero, ¿te gusta?. No lo sé, pero he pagado la barra libre.

14 de octubre de 2025

Música de mentira.

Algunos sabeis que si Perales me cantase que "a qué dedico el tiempo libre" una de las respuestas sería empeñarme en oir un poco de todo. Los algoritmos musicales no han llegado a mi ecléctico nivel. Será por eso por lo que , últimamente, me bombardean con canciones que son COMPLETAMENTE FALSAS.

Por eso he decidido hacer una selección breve.

A partir de aquí todo lo que escuches no existe.









y así podríamos seguir casi hasta el infinito.

10 de octubre de 2025

El amor materno vs El activismo occidental

Ayer hablé con mi nonagenaria madre. Le conté, intentando disfrazarme de monologuista, que me había levantado con dolor en un hombro fruto de haberme pegado con alguien mientras dormía. Una molestia de esas que se despiertan contigo cuando no las habías invitado a dormir. Al principio de la mañana, le dije, un jubilado que venía a configurar su móvil se percató que me movía con dificultad. Así que me explicó que tenía, como suele ser, un remedio infalible. Se puso tras mi espalda. Sujetó con una mano mi tronco y con otra presionó el hombro con intención de desencajar los dolores. Me hizo daño y me explicaba que eso significa que la contractura estaba solucionada y que en unos instantes me iba a encontrar mejor. Me lo dijo con ese orgullo del que ha hecho la buena obra del día. Se lo agradecí y decidí no cobrarle nada por eliminar esa aplicación de supuesta limpieza que le había llenado el teléfono de publicidad y lentitud. Tres horas después no me dolía el hombro. Me dolía el hombro, la espalda y hasta debajo del sobaco. Tosí un poco notando unos pinchazos horribles a lo largo del costado y descubrí, con sorpresa, que era incapaz de mirar a la derecha ( cual intransigente zurdo medio). A mi me parecía, por la noche y con los dolores ya más reducidos a base de medicación y cuidado, una anécdota divertida para dar la sensación de compartir con mi señora madre el día a día. Al fin y al cabo ella disfruta sintiéndose parte de la vida de sus hijos.

Curiosamente ella actuó de forma refleja y me preguntó si había ido al médico. Hoy me mandó un mensaje preguntándome por mis dolores.

El motivo, en su punto último, es que quien es madre lo es siempre. Que incluso necesita seguir siéndolo aunque ya haya pasado esa labor con mayor o menor éxito. Si no lo es, si no se siente útil en esa labor, es atrapada por la tristeza de la irrelevancia. A veces las madres que tienen esa sensación de que los hijos ya no les necesitan se centran en los nietos. Cambia el objeto pero porque necesitan mantener la actividad. No hay ninguna crítica sino la certificación de una obviedad.

Es algo extensivo a otras facetas, edades y activismos de la vida.

Un aficionado a su equipo de balompié, de esos que van de viaje con el club, se busca otro cuando el suyo baja más allá de tercera. No es que no ame sus colores pero siente más amor al hábito hooligan. Hay quien necesita siempre actuar como un ser enamorado hasta el merengue, aunque cambie el objeto del amor de vez en cuando. No quiere tanto a su amor sino a las actividades intrínsecas al enamoramiento.

Existen, como todos sabemos, manifestantes muy enfadados por motivos justos. Se juntan, se identifican y consumen merchandising fabricado en china con simbología incuestionable. El problema o el vacío aparece en el momento en que aquello por lo que se manifiestan se soluciona o cambia. En ese caso viven un síndrome de abstinencia ideológica que rellenarán con la nueva reivindicación. No quita, en ningún caso, que esas reclamaciones sean injustificadas. Significa que es tan importante su satisfacción moral como la desigualdad por la que gritan. Normalmente, en este mundo modernísimo y sobreinformado, la desigualdad les importa algo menos porque hay conflictos que siguen vivos pero no es cool manifestarse por ellos.

La primera reacción ante la madurez de los hijos o los conflictos en proceso de solución es convencerse de que no se ha arreglado nada o que los hijos siempre son niños. Algunos necesitan creer que , después de llevar 50 años muerto, Franco está vivo. Otros necesitan vivir con la certeza falsa de que la banda terrorista ETA todavía mata a gente por la calle, culpables de pensar mal. Normalmente, como mi madre, han estado tan acostumbrados a que su vida gire alrededor de esa certeza que cuando no es tan cierta, la inventan.

Dispongo de la suficiente edad como para haber visto manifestaciones de todo tipo. Conozco a quien se ha manifestado por todo lo que estuviera de moda moral en ese instante. Da igual que fuera el hambre de Africa, las matanzas de la disolución de Yugoslavia, las mujeres que viven en países árabes, Ucrania, el asesinato miserable de Miguel Angel Blanco o incluso la defensa de una Euskadi independiente. Hay quien ha vivido reivindicaciones en forma de oximorón como quien ha votado a Podemos y luego a Vox, porque lo que necesita es fastidiar. (Conozco un caso).. Ahora resulta que estamos en un momento en el que salir a la calle con un palestino al cuello y gritar muy fuerte puede que deje de ser de actualidad. Soy de los que creen que da lo mismo si el propio Satanás evita muertes porque lo que importa es que deje de morir gente. Espero, con expectativas casi infantiles, que esa guerra infinita de dos niños enfadados irracionales y armados se reduzca e incluso pudiera parar hasta la próxima temporada.

Igual que hace mi madre cuando parece que necesita que me duela algo, observo cómo hay quien necesita que no se arregle nada porque se quedarían sin manifestación.

Si, por lo que sea, se arregla la ultima injusticia number 1 en las listas de conflictos, estoy ansioso de descubrir cual va a ser la siguiente moda reivindicativa. Es lo mismo que iba a pasar si en vez de no tener descendencia, me pidiera mi madre cuidar a mis hijos porque ya que ha descubierto que no tiene que cuidarme a mi. La diferencia, y siento decirlo de manera cruda, es que a mi madre le importarían sus nietos mucho más que a algunos activistas sus pobrecitos mártires lejanos. Mi madre se mancha las manos limpiando los mocos de los niños, que eso es más sucio que gritar de seis a siete. 

Claro, que también hay progenitores que maltratan o no cuidan a sus hijos aunque vayan por ahí jurando lo muchísimo que les quieren, salvo que haya partido. O manifa. O concierto. O.


Pd: Leo a estas horas que Maria Corina Machado, opositora venezolana (y quizá, su equipo, ganador democrático de las ultimas elecciones en aquel país sin haber llamado a la revuelta armada contra una dictadura poquito encubierta) ha ganado el premio Nobel de la Paz. Estoy esperando a ver cuando llaman fascista al jurado y recuerdan que Alfred propuso los premios porque se sentía culpable por haber inventado la dinamita. Así que es un responsable de muertes y, por tanto, facha. Claro que también se lo dieron a Obama por nada. Y Marie Curie, dos veces facha. En fin...

Pd2: no han tardado ni una hora.

7 de octubre de 2025

La telenovela social.

 En "Amanece que no es poco" se hace una asamblea entre las mujeres del pueblo para decidir quien serán las adulteras y la puta ese año. Democraticamente se lleva a votación.


En realidad pone en evidencia que hay puestos que nunca se pueden dejar vacantes. Tonto del Pueblo, Abusón, Empollón... Existen un grupo de personajes que siempre existen, que no pueden no estar. Da lo mismo que hablemos de una serie de dibujos animados como de la obra más magnífica de un guionista y director sueco. Siempre está el abuelo, el mendigo, la madre, la cotilla, la niña repelente, el niño cabrón, el gordo o la guapa. Está quien tarda mucho en la cola del supermercado o el que va a 30 por hora en las zonas de 30 por hora. Hay personajes que siempre están. Y cuando se mueren son sustituidos por otros simplemente por el hecho de que deben de existir. A todos nos toca, en mayor o menor medida, cubrir algún papel que haya quedado vacante. También es verdad que el papel puede ser variable y haber sido al que le pegan en el recreo del colegio para, con más edad, ser el yonki o el pijo desagradable que te mira hacia abajo.

Paseando por la calle veo a personas que, inconscientemente, han ido adquiriendo roles. Hace muchos años impartí clases de informática a un grupo de jubilados. Uno me preguntaba, todos los días, si ese era el que íbamos a ver chavalas en el ordenador. Era el viejo verde. Una señora me trajo, al finalizar el curso, una gallina (viva) para agradecerme que le había enseñado a moverse por la wikipedia y a aprender de la historia de su pueblo. Esa es la señora que también le pone un tupper para llevarse a todos los nietos. Le puse la misma cara que había puesto, años antes, a Diego (traficante de drogas reconocido) cuando apareció con cocaína para agradecerme no sé qué configuración que le hice en su ordenador. Para ellos es una forma de agradecimiento y así lo valoré por mucho que ni maté a la gallina ni me metí nada. También es una manera en la que certifican y se rebozan en el papel que han aceptado.

Existen papeles, como sucede con los actores, para los que se ha nacido. Hay quien lleva en los genes ser el imbécil de la reunión de vecinos. En mi caso son dos, el del sexto A y el del septimo B. Yo he vivido muchos años con el papel no correspondido de crápula sexualmente activo mujeriego, y no lo soy. También he vivido con el puesto de polemista profesional, y ese me sale solo. Tengo un don para llevar la contraria. He intentado, sin éxito, convertirme en ese tipo que cumple lo que promete siempre pero no se me ha tomado en serio. Conozco a quien ha sido muchos años la marica sobona que disfruta de la atención de jóvenes para alimentar su ego y, por edad, asisto como espectador al cambio de actor en dicha telenovela. He conocido a la descocada recién separada, con alma de princesa, que jura buscar el amor eterno hasta que dan las tres. A partir de ahí con atención le vale. También he asistido a la rendición por amor fatuo de un amigo tras un divorcio, a manos de alguien que no le interesaba más que por el soporte económico vital, pero que le mentía con dulzura. Hay jubilados que adoptan el rol de acumulador de actividades variadas, y van a clases de salsa tras haber subido tres montes. También hay jubilados que se abandonan, como esperando la muerte. Mi vecina de abajo, castigada por el fallecimiento de su, apreciado por mi, marido, se ha convertido en la compañera de juegos de sus nietos. Hay una cajera en el Mercadona que tiene pinta de haber llegado a una cuidad lejana por amor y quedarse abandonada reinventándose de nuevo. El mes pasado, un antiguo compañero del equipo de baloncesto pasó por mi comercio para contarme que esta vez si, que ahora había dado con el gran negocio de su vida. Lleva, de ilusión en ilusión, desde que le conozco. Supongo que es el que tuvo un videoclub, una tienda de cigarrillos electrónicos, que importó algún container de china, invirtió en bitcoins y jugó a ser asesor inmobiliario. Nunca con la suficiente constancia o intensidad. Será por eso por lo que se ha separado tres veces.

Mantengo la teoría que hay cosas que siempre son las mismas, aunque les demos nombres diferentes. Poliamor son cuernos. Muffin es magdalena. Queremos creer que somos diferentes que lo que eran nuestros abuelos y, sin embargo, los personajes de nuestro entorno no cambian aunque lo hagan los actores. Hay un profesor, un intelectual, una dama, un ladrón, el que te da el coñazo ideológico, un yonki y una puta.

Entre todos esos papeles nosotros vamos asumiendo alguno. Es como si nos estuviéramos riendo de los viejos sentados en el parque, viendo pasar gente, y sesenta años después los del banco seamos nosotros.

Ley de vida en la telenovela social.

2 de octubre de 2025

Homenajes inconscientes.

La mayor parte de las veces no somos conscientes, en realidad, de cuales son los hábitos y las costumbres que vamos forjando. Mantengo la teoría que la forma más sincera de poder valorar la importancia de las personas en nuestras vidas tiene mucho que ver con las acciones adquiridas. No son grandes cosas sino pequeños detalles que se nos quedaron por una frase, un comentario o una enseñanza. A veces solamente puede ser algo que aprendimos a hacer con la sana intención de agradar.

Uno es capaz de darse cuenta de ello cuando analiza las cosas que hace de manera inconsciente. Tener la costumbre de poner la mesa antes de comer, porque es lo que hacía en casa antes de reunirse la familia. Limpiarse el culo de arriba hacia abajo, o al revés, que es como lo aprendió de pequeño. Dejar enfriar la sartén antes de ponerla bajo el agua, porque alguien le contó una historia sobre el daño de la rotura térmica en los materiales. Descongelar pan en el microondas envuelto en un papel, porque lo leyó en algún lugar. Hay cientos de cosas que son costumbres y que resulta complejo adivinar el momento en que pasaron a ser parte de nosotros mismos. Movimientos reflejos.

Jorge era un compañero de clase que tenía que rascarse la nariz si veía que alguno nos tocábamos la nuestra. Cuando lo descubrimos le hicimos pasar una tortura y alguna vez que le he visto, muchos años después, me he tocado la nariz mientras hablaba con él para descubrir que seguía haciendo lo mismo.

Todas esas acciones que realizamos de manera inconsciente y que no son respirar o dar un paso después de otro tienen, en mi teoría, el valor de la importancia de quien nos las añadió. Llevar agua a la mesilla. Lavarse los dientes con el grifo abierto o cerrado, de arriba abajo o de izquierda a derecha. Subirse a la moto poniendo el pie en el estribo o subiendo la pierna con la otra en el suelo. Esperar a que las agujas del coche se pongan en su sitio antes de arrancar. Comprobar el gas antes de salir de casa, aunque ya no tengas gas. Cada vez que salgo del portal y me enciendo un cigarro en la puerta me acuerdo de esa mujer que lo hacía cada vez que iba a buscarla a casa. Antes, casi, de que se cerrara la puerta, en esa cadencia que tiene el final de los portales, ya estaba encendiendo un cigarro. Cuando me pongo a partir tomate recuerdo una vez que la madre de alguien me quitó un tomate de las manos porque no lo partía bien, y me fui a casa a aprender cómo se hace correctamente. Con menos de diez años me gustaba una chica pero le hizo más caso a un turista que era capaz de hacer juegos malabares con dos pelotas de tenis. Enfadado me fui a mi casa, cogí tres. Soy perfectamente capaz de mantener tres naranjas en el aire a la vez. Lo hago con balones de baloncesto y con casi cualquier cosa que pese parecido, si es que son tres y lo puedo sujetar con una mano.

Hay personas que han sido detestables en su paso, cual Atila, por tu vida pero un día te das cuenta que dejas el trapo de la cocina de la forma en que ella te obligaba a ponerlo. Y eso jode. Hay acciones que te recuerdan a personas como lo hacen los pueblos de algunos caminos, o algunas canciones. A veces te ves en el otro carril de la carretera, paseando acompañado porque ese lugar ya tiene persona propietaria. La pregunta que viene después es si a ella le pasará lo mismo, pero quieres pensar que no tiene corazón para no echarla de menos. Crazy, de Aerosmith. Lights, de Archive. Rock de Casbah,de los Clash. Puede ser, de Coque. Extrema pobreza es una canción que hay quien ni siquiera sabe que tiene su nombre, porque ya nos habíamos matado.

Cuando echo la sal a la comida siempre dejo los últimos granitos para lanzarlos. Eso lo hacía la rubia pija aquella que también me dejó la puta costumbre asquerosa de girar la toalla en la playa para aprovechar el sol. A veces la pongo al revés de como debo para recordarme del error. Ir en contra también es una forma de acordarse.

Un profesor, del que no recuerdo ni la asignatura, me metió en la cabeza la forma de diseccionar un problema irresoluble en problemitas fáciles. De alguien se adquiere echar el azucar al café y empezar a dar vueltas antes que se sumerja o dar tiempo a la inmersión. De alguien que nos importaba aprendimos a valorar el buen cine, o la música de verdad, aunque sea americana. También hay quien nos quiso enseñar, en mi caso sin éxito, a divertirnos o a viajar. 

Lo único que quiero decir es que tenemos millones de acciones, mayormente inconscientes, adquiridas. Todas y cada una de ellas son debidas, a veces muy a nuestro pesar, a personas importantes que pasaron o están en nuestras vidas.

Supongo que es el homenaje que hacemos a nuestro pasado conviertíendolo en nosotros mismos. 

27 de septiembre de 2025

Maria del Carmen va al colegio de su hija vestida de folclórica.

Maria Del Carmen ha decidido ir a buscar al colegio a su hija con un vestido de faralaes tremendamente folclórico mientras suena un altavoz con música de Marifé de Triana.

La han sacado en la tele como si fuera algo excepcional. Si lo pensamos friamente no lo es aunque ahonda en esa costumbre tan nuestra de considerar que nuestras cosillas son ridículas en comparación con la diversidad cultural enriquecedora que nos genera la interacción con usos y costumbres más lejanos. Matar un cordero es diverso pero la tauromaquia es asesinato. Se nos olvida, con facilidad máxima, tratar cada acto por el acto en si en vez de maquillarlo dependiendo de donde venga.

Los niños, de forma parecida a los primeros pasos de la inteligencia artificial, resultan ser espejos simplificados de lo que van viendo del mundo real. Lo interpretan a través de los ojos sesgados de sus padres y de su entorno. Generan outputs producto de su propia genética y de aquello que viven como cierto. La primera inteligencia artificial que sacaron al mundo, que se llamaba Tay, tuvo que ser retirada porque se volvió racista al interpretar como cierto todo aquello que leía mayoritariamante en twitter.  No fue que estuviera mal programada sino que nos devolvió, en un espejo digital, todo aquello que nosotros vomitamos en Internet.

Los niños, que son como son, tienden a señalar al diferente. Nosotros señalábamos al gitano o al negro de clase, porque eran la excepción. Habría que preguntarse cual es la excepción ahora. 

Quizá esa excepción sea Manolo, que no pertenece a ninguna minoría étnica y solamente quiere aprender matemáticas. Además, como le gusta la chica que se sienta tres filas delante, la profesora le quiere convencer que es un reflejo de su identidad machista y violadora latente en sus genes. Quizá es por eso, y no por ninguna otra cosa, por lo que Manolo vive alimentando a un minifacha en su interior. Cuando alguien se siente atacado, de una u otra forma, y no es capaz ni ha madurado lo suficiente para ponerlo en contexto, se radicaliza. Es la respuesta infantil más sencilla. No es extraño que haya adultos que, en la sociedad infantilizada y simplista en la que vivimos, sean Manolitos con carnet de conducir, nómina, hijos y derecho al voto.

Una de las cosas que tienen los disfraces o la vestimenta en general es que nos permiten excusar nuestro comportamiento porque se supone que pertenece al personaje que nos define por estética. No es algo determinado a nuestro tiempo si no que va con el ser humano y es por ello por lo que existen los uniformes. También es el mismo motivo por el que la primera norma del torturador o del carcelero es desnudar al reo.

Las sociedades marcan sus estéticas de una u otra forma porque eso manipula al humano obligándole a comportarse según las normas del conjunto. De la misma manera que algunos estudios determinan que no conducimos igual si nos sigue un Bmw M3 o un Dacia, no actuamos de la misma forma delante de un grupo de personas vestidas como moros, punkys o hermanas de la caridad. Eso no quita que sean filósofos lacanianos o traficantes de crack, pero todos sabemos en ese juego cuales son las cosas que pueden pasar a priori. Nuestras expectativas, sesgadas por lo que sea previo, tambien alteran el resultado de nuestras interacciones.

Resulta maravilloso, a veces, cuando descubres un grupo de personas variopinta conversando sin estigmas o niños siendo solamente niños, aunque uno lleve cresta y otro burka. Desafortunadamente, como el escorpión sobre la rana, por muchos acuerdos que hayan adquirido de manera previa, se van a ahogar en algún momento.

Supongo que si Maria del Carmen va al colegio con un vestido de folclórica, con sus topos y su peineta, es porque está hasta el coño de que ser diferente parezca que le convierte a alguien mejor cuando todos sabemos que, en pelotas, somos igual de frágiles y muchas veces , si es que estamos vestidos, parecemos igual de gilipollas.

Claro que cuando allá por los primeros 80, en clase, Alonso apareció con un pendiente, flipamos bastante. Ahora el raro es el que no tiene tatuajes. La hija de Maria del Carmen ha pedido hora para hacerse La Virgen De La Macarena en una nalga. No va a ser mejor pero sí más popular. Es la única de clase cuya madre ha salido en los informativos sin haber matado a nadie.

25 de septiembre de 2025

Sueño recurrente ( !Pero si estoy muerto! )

Tengo un sueño recurrente.

Algunos ya lo sabeis pero para el lo desconozca mi alimento llega a través de las mil horas que dedico a atender y trabajar en un comercio de informática doméstica que ayer cumplió 30 años abierto. Puedo decir que prácticamente sin faltar un sólo dia.

En mi sueño, como el día de la marmota, me encuentro en el establecimiento. Estoy cerca de la puerta de entrada, ordenando piezas y componentes en alguna de las estanterías. Las miro medianamente saisfecho por su nuevo orden y recibo uno de esos calambrazos que te dejan frito en el suelo. Infarto y me desplomo. Fallezco.

Obviamente no me da tiempo a poner un cartel de "cerrado por asuntos personales" y la tienda se queda abierta.

En ese instante, quizá conmigo algo más frío, entra un chico recién salido de la pubertad. Moreno y de esos que creen que son originales llevando unos pantalones algo cagados y sudadera con capucha, aunque haga sol. "¿Me atiendes?"- pregunta a mi cadáver. Obviamente yo no estoy para responder. El muchacho se inquieta y me da unas pataditas suaves mientras repite: "¿Me puedes atender?". Yo continúo impertérrito, lo cual tiene que ver con mi falta de circulación sanguínea. "¿No me quieres atender?"- insiste. En su cara empieza a notarse un considerable malestar.

Llegados este punto lo lógico es que me robase. Que cogiera algo y yo asistiese, inmóvil, al robo sin poder hacer nada. Sin embargo llega a un punto de indignación máxima y se marcha furibundo.

Al salir del comercio saca esa, que algunos suponen, arma de destrucción masiva que es el móvil y abre Google con los ojos inyectados en sangre de venganza. Busca mi comercio y me pone una reseña negativa. "No me quieren atender. Discriminan a las personas". Confirma la reseña y se va caminando, con fuertes pisadas, hacia el destino que considere.

Entonces, por alguna razón, me llega una notificación con dicha reseña y la respondo: "!Pero si estoy muerto!".

El día siguiente, mientras sigo fiambre en el suelo de la tienda, aparezco en las noticias. No en los titulares, sino en ese saco de noticias anecdóticas que hay siempre al final del telediario. "Atentos a la noticia"- comenta la presentadora- "se ha hecho viral la respuesta de un comerciante a un cliente descontento". La crónica del suceso es exactamente lo que he contado anteriormente. Lo narran con humor y con esa mezcla de cotidianeidad y devenir de los acontecimientos que, aunque excepcionales, le pueden pasar a cualquiera. Curiosamente nadie se da cuenta del drama de estar muerto, de estar pudriéndome sobre el frío suelo desde hace días.

La tienda sigue funcionando como si no pasara nada. Mis compañeros atienden, los clientes vienen y van. La única diferencia respecto de una temporada normal es que han de esquivarme pero, como todo en la vida, el tiempo lo soluciona y yo voy desapareciendo hasta no quedar nada. Ni siquiera me quedo para ser encontrado por unos arqueólogos dentro de mil años, sino que me diluyo.

De vez en cuando comentan aquella anécdota graciosísima en la que el jefe respondió "Pero si estoy muerto", y todos se ríen.

Después me despierto y me voy a trabajar. 

Ya lo he soñado varias veces. Ni se os ocurra intentar explicarme los sueños porque luego me vais a venir con algo del horóscopo. Hoy me han puesto una reseña negativa (afortunadamente entre muchas positivas) porque dicen que no he cumplido mis horarios y, curiosamente, estaba trabajando con la puerta abierta a esa hora. Y vivo.

Hay muertes más extrañas y mucho más dramáticas, pero para eso ya hicieron la mejor serie de la historia, que es Six Feet Under.

21 de septiembre de 2025

El mundo es un trastero a subasta, amigos.

No sé si alguna vez habrás visto algún programa de esos en el que un grupo de americanos arquetípicos se dedican a comprar trasteros abandonados y tras la parte de la subasta llega ese momento en el que van descubriendo lo que se encuentran dentro. Entonces van sacando cosas y poniéndole precios ficticios que va haciendo subir un contador de dinero obtenido que se contrapone al dinero pagado.De pronto, y sin avisar, pone cara de asombro y grita que ha encontrado algo sorprendente. Empieza la publicidad.

Después de los anuncios volvemos al momento hallazgo. Puede ser un arma, que es muy americano. Puede que una coleccion de cromos de valor desconocido o algún tipo de dispositivo que necesita de un "experto" que nos cuente la historia de dicho elemento y nos de un valor maravilloso que hace sonreir al que compro ese mugriento trastero abandonado,

Mientras el experto habla se puede ver una expresión de altísimo interés en la otra parte. Es apasionante cómo nos explica, con una aceptable pasión y horrible doblaje, cual es la historia del fabricante o de la manera en la que se emplea o se empleaba tal o cual producto a valorar. Viene a ser como descubrir un ópalo entre los muros de una mina abandonada pero lo que realmente le importa al de la tele es si vale algo o no. Si te encuentras La Mona Lisa en un trastero te la pela si es más antigua o más moderna. Si te estremece los sentidos o pudiera resultar una representación de la historia del ser humano. Lo único que importa es que valga pasta. ¿Vale pasta? Entonces es bueno aunque sea una colección de zurullos petrificados de los beatles en su gira de EEUU. 

Así que aprendemos que el valor de algo no es su valor intrínseco, que es el que me han estado un rato contando, sino el que alguien esté dispuesto a pagar por ello. No es que sea bueno de por si, sino que haya alguien que lo paga. Entre un motor de agua que realmente funciona y aquello del culo de Lennon, el pagador manda. Es el mercado, amigos.

Desafortunadamente esta es una anécdota que vale perfectamente para el mundo real. Uno puede tener en su mano un pedazo de historia o un invento maravilloso. Se alegra por ello. Es más, aparenta sorpresa y emoción mirando a cámara. Después toma aire y pregunta: ¿cuánto puedo sacar por esto?. Y eso, solamente eso, es lo que le importa.

20 de septiembre de 2025

España, el país de asesores.

España es un país de asesores.

En absoluto lo digo por los 948 del presidente o los 1573 en total del gobierno. Al fin y al cabo es de dominio público que la burocracia es un tipo de enfermedad muy contagiosa: cuando algo sale mal se hace un observatorio o una comisión de expertos que mete en la rueda del salario público a otro saco de burócratas. Tenemos cargos tan cómicos como el jefe del gabinete del jefe del gabinete. No es broma.

Sin embargo cuando digo que somos un país de asesores es porque somos un país de jubilados en las obras explicando a los que trabajan cómo se debería de hacer bien. Somos un país de voceros tertulianos frustrados que se empeñan en poner cara de superioridad explicando a quien tiene un problema de verdad la manera más sencilla de resolverlo. Somos esa sociedad que, portando la bandera que toque en ese momento, sale a la calle a reivindicar la solución que cree adecuada para un conflicto que no conoce, no es partícipe y calma su sed de moralidad cuando se vuelve a casa a tomarse unas cervezas con los colegas.

Si algo tiene el Español medio es su capacidad de asesorar a cualquiera mientras ejerce la procrastinación con sus problemas de verdad.  El español medio te asesora respecto de la manera de que tu primo, al que no conoce, acabe la relación con su pareja tóxica mientras, después, queda con la toxicidad hecha relación personal sin hacer nada al respecto.

Somos los reyes en decir a cualquiera lo fácil que se solucionan sus problemas pero no hacemos nada por arreglar los nuestros. Salimos a la calle enfurecidos exigiendo la bajada de los precios del alquiler pero buscamos quien nos pague más si es que heredamos el piso de la abuela (Hostia, y siguen subiendo los precios). Nos ponemos dignos con la importancia de pagar impuestos pero le pedimos al pintor que nos lo haga en B. Arrasamos con la vuelta ciclista pero que nadie nos toque al Atlético de Madrid. Exigimos trabajar menos y cobrar más siempre que lo pague otro. Esquivamos la hipocresía de la forma cool de vivir actual negando nuestras acciones reales, que no suelen ser ninguna de las que asesoramos.

Probablemente es porque nadie quiere ser el que lleve la bandera al salir de las trincheras ya que es el primero al que le pegan un tiro.

Si algo tienen ( o tenemos, porque yo he ejercido de ello) los tertulianos es que todos tenemos la solución a cualquier problema. Somos asesores sociales. Pero ni uno solo se irá a aplicar sus recetas donde toque. Vivimos en una sociedad que premia al estúpido y al que hace las cosas como se supone que las debe de hacer. Tenemos aspiración de funcionario que cumple órdenes. Sabemos, porque eso lo hemos aprendido bien, que el tipo que se va por el ladrón que le arrancó el dinero de la pensión al viejo es el que se lleva la primera hostia. Hemos aprendido que el emprendedor que arriesga su dinero, tiempo y esfuerzo es el que lo pierde todo si sale mal. Si te vas a una guerra a defender al bando que crees adecuado, puede que te maten. Si, en definitiva, asumes cualquier tipo de riesgo acorde con tu dialéctica, te puede salir mal. Joder, nadie quiere que le salga mal pero todos queremos sentirnos empáticos y justos. Por eso nos convertimos en asesores, que es un grado de cobardía.

Un asesor es alguien que te dice lo que debes de hacer pero el que pierdes eres tú. Viene a ser como un gobernante que si se equivoca pierde el dinero, la casa o el trabajo de otros sin ningún perjuicio para él mismo.

Vivimos en un país de asesores, en mayor o menor medida. Eso, por lógica, es un país muerto.

En 1989 un profesor nos comentó que el futuro era un futuro de servicios. Servicios de abogacía, ingeniería, logística o lo que fuera. Nos decía que el servicio siempre es a alguien que tiene una empresa o una actividad que genera algún tipo de riqueza. Obviamente sin ese ente superior empresarial no hay a quien dar servicio y que si queremos avanzar no debemos ser el servicio sino ser la empresa, pero que nadie quiere ser empresario porque es duro y poco gratificante. Que te manchas las manos. Que te duele la espalda.

Ser un país de asesores, en cualquier sentido, es disponer de un país relleno de hipócritas. Bienvenidos a España: te digo como debes de hacer las cosas bien y si no las haces eres imbécil, pero yo no me mancho las manos de mierda jamás. 

Lo peor de todo es que cuando alguien hace algo, acertada o equivocadamente, se le señala con el dedo. Reivindico furibundamente el valor de las personas que hacen cosas y me parecen unos mierdas los que gritan mucho haciendo gestos moralmente superiores y simbólicos para luego irse a su puta casa. Eso sí, son mayoría.

13 de septiembre de 2025

Rick is dead. (Supertramp magic piano man)

Hace unos días murió Rick Davies.

La historia, y la voy a contar de memoria, empieza a principio de los años 70 donde Rick, tocando en algún bar, es interpelado por un tipo con dinero de sobra que le insta a montar un grupo y grabar algún disco que él iba a pagar. Rick, entusiasmado por el proyecto, pone unos anuncios en prensa, que es como se hacían las cosas por entonces, y recluta a Roger Hodgson y un par de tipos más. Graban su primer disco homónimo, cargado de canciones largas y demasiada flauta aparentando ser celta. Después ese Indelibly Stamped, con la portada de las tetas tatuadas, y más o menos les come comercialmente la mierda. El tipo de la pasta les dice que se acabó el dinero y la banda sufre una transformación. Rick y Roger se quedan, vuelven a poner unos anuncios, y aparece el carismático John Antony Helliwell, Dougie Thompson y Bob Sienberberg. Pillan la pasta que les queda y se van , con sus correspondientes familias a una granja. Allí suenan los hijos jugando y un grito de la mujer de Roger cuando empieza School del Crime Of The Century.

Entonces si, llegó al número 38 de las listas y, con el tiempo, ha sido catalogado como el disco 108 de los 200 mejores discos de la historia. He de decir que yo, que viví el nacimiento del Cd, me lo compré como mi primer Cd. Le quise dar ese honor porque me parece una joya. Es que yo he sido más de Supertramp que de PInk Floyd porque me atrapó la forma de tocar el piano de Rick Davies.

Publicaron Crisis, What Crisis?, con una portada icónica de un hombre tomando el sol, sombrilla incluída, en medio de un paisaje de abandono industrial. Se volvieron más melódicos en el Even in the Quietest Moments ( el del piano lleno de nieve) y reventaron el mercado con Breakfast In America. Número uno indiscutible y mas de 20 millones de copias vendidas.

El 29 de noviembre de 1979 grabaron su concierto en París.

Fue la primera cinta de cassette que yo tuve y escuché en bucle. Me la grabó un tipo llamado David en unas vacaciones en Laredo. Me dejé poseer por el ambiente que irradiaba ese sonido y Fool´s Overture me dejaba absorto por la forma de entrar el sintetizador después de las frases de lo que luego descubrí que era el mismo Churchill.

Supertramp, por entonces, era lo que pudo ser en los años 2000, U2. Pero eran más virtuosos.

Sin embargo por detrás existía un cansancio laboral y unas diferencias artisticas dentro del grupo. Como si fuera una premonición el disco "Famous last words" fue precisamente el ultimo con la formación que les llevó tan arriba. Siempre pensé que Rick era el genio y Roger el punto pop que les llevó al éxito. Si nos vamos a Mecano, Nacho es el niño pop y Jose María el brillante. Eso es otra historia. 

Roger sacó sus discos. Afirmo que son flojitos.

Rick se quedó con el nombre (y la pasta). En 1985 publicó lo que intentó que fuera el "The Wall" de su banda. Brother Where You Bound es un disco que, acompañado de una película bastante conceptual, es una obra de arte infravalorada de un tipo de música que no tenía hueco en el mundo comercial. Eso no quita que, con los años, sea uno de mis favoritos de la banda.

Después, a mi parecer, se dedicaron a entretenerse. Sacaron un par de discos con algún retazo de brillantez pero sin dejar de ser colecciones de canciones. Nada rescatable en realidad. Se dejaron convencer por los recopilatorios, sin llegar a ser Police que estuvo sacando el mismo recopilatorio todos los años ( lo cual es obvio porque sólo grabaron 5 discos). Al igual que Police, los componentes de la banda terminaron denunciando al líder por no haber cobrado derechos de sus trabajos. Hicieron alguna gira y da la sensación que Rick empezó a tocar lo que le daba la gana. Incluyeron algunas canciones de r&b y leí que en sus grandes tiempos buscaban bares de aquellas ciudades en las que tocaban para irse a improvisar y tomarse unas cervezas. La versión de Another Mans Woman (que fue la música de informe semanal muchos años)  publicada en 2006 y perteneciente a un directo en el Royal Albert Hall certifica lo maravilloso que puede ser oir a Davies con su piano y una banda engrasada por detrás.

2015 quisieron hacer una gira mundial nueva pero Rick fue diagnosticado de cancer y se murió el martes pasado.

Reconozco que es un grupo que me ha acompañado más de la mitad de mi vida. No es el rock al que me he inclinado ni me han llamado la atención sus letras. Sé que no son tan grandes como Pink Floyd, a los que vi con un sonido absolutamente perfecto en su gira de Pulse donde David Gilmour llevaba la guitarra al cielo en Confortably Numb. Sin embargo han sido una debilidad y he catalogado a Rick Davies como un genio.

Jimmy, técnico de sonido y buen amigo, me decía que jamás asistió a una profesionalidad mayor que el equipo de Supertramp preparando un evento en Bilbao. Que consiguieron que ese pabellon deportivo de acústica miserable sonara como un teatro de ópera. Jimmy también ha muerto esta semana y aunque no era un genio como Rick, era muy muy buen tipo.

Es una semana triste, de aquí en adelante.


Pd: perdón por los errores, si los hubiera. Lo he escrito como fan y sin consultar nada.

12 de septiembre de 2025

Matar a un cabronazo

Charlie Kirk era un cabronazo. Probablemente eso es un hecho indudable. ¿Por qué lo era?. Por estar a favor y defender un argumentario trasnochado.  más que fuera de lo que nos gustaría que fuese el mundo. En contra de los derechos Lgtb, muy a favor de Israel, a favor de las deportaciones masivas de EEUU y defensor del derecho a tener armas. Derecho gracias al cual un tipo, desde una azotea a 200m, le pegó un tiro letal.

En una campaña electoral americana, hace años, algunos voceros llegaron a decir que Hillary secuestraba niños y los tenía esclavizados en los bajos de sus sedes. Un tipo, pistola en mano, entró en una de esas sedes exigiendo la liberación de los niños. ¿Qué niños? le preguntaron cuando buscaba ansiosamente el sótano que no existía.

Estoy absolutamente convencido que tanto el asesino de Kirk como el que buscaba aquel sótano lleno de niños esclavizados sexualmente creían que estaban haciendo un bien. No existe ninguna figura histórica, mayor o menos, que no creyera que sus desmanes estaban justificados por un bien mayor. La maldad por maldad, solamente por el hecho de hacer el mal, no existe. Los grandes asesinos en serie disponían de justificación aunque solamente fuera porque oían voces o sentían la imperiosa necesidad de satisfacer a su demonio interior. Mao Zedong, con sus más de 45 millones de asesinados. Stalin, con 23 millones o Hitler con sus 17 ( seguido de cerca por Leopoldo de Belgica) estaban convencidos de ser los únicos que tenían los huevos de arreglar los problemas del mundo erradicando el mal como quien acaba con un avispero del jardín.

Lo que sí que es verdad es que en todos los casos las víctimas es necesario que estén en el lado incorrecto con el fin de despersonalizarlas y poder incluirlas en la categoría de prescindibles. Los asesinos de ETA, que a algunos les conozco bastante bien, solamente mataban españoles enemigos de la identidad euskaldun. Primero les metían el saco, luego les señalaban y más tarde alguien les pegaba un tiro. Después, con el arma aún humeante, se marchaba a casa creyendo que había hecho un gran bien por todos los vascos.

Los psicóticos solamente necesitan una excusa, por pequeña que sea. Su sesgo de confirmación se activa y por muy salvaje que sea lo que haga siempre será un daño menor que el del enemigo. Cuando mataron a Carrero Blanco se brindó con espumoso en lugares insospechados. Cuando mataron a Martin Luther King, probablemente también.

Los días que escribía Gora España, ese libro maldito en el que intentaba contar que los chalados de la derecha y de la izquierda son iguales, me percaté que un imbécil de izquierdas suele estar orgulloso de ser un imbécil. Que, después de una tropelía, va donde sus colegas dándose golpes en el pecho orgulloso. Sin embargo un chalado de derechas se calla y te dice: "vaya, qué pena, se ha muerto". Eso no quita que sean iguales y hayan hecho lo mismo aunque su manera de comunicar la imbecilidad resulte diferente.

Quizá por eso resulta vomitivo ver cómo la izquierda mundial se sienta orgullosa de que hayan matado al cabronazo de Kirk, pero eso no quita que existan momentos en los que, ante barbaridades equivalentes, la derecha mundial te diga que es una pena que se hayan muerto tantos niños bombardeados.

La clave de todo ello está en la confrontación en la que parece que nos gusta vivir. Cuando, casi siempre por intereses políticos, nos obligan a elegir entre uno de los dos lados del muro y odiar a los del lado contrario, suceden estas cosas: que uno se salta el muro y se lía a hostias o a tiros creyendo que hace lo correcto. La confrontación es una herramienta política, no lo dudes, preparada para quitarte el derecho a pensar por ti mismo. Como buena herramienta obliga a certificar como bueno todo lo que dice tu lado y malo lo contrario. Evita poder considerar la razón en algún aspecto que no sea de este lado del muro y, por supuesto, no reconocer como lo mismo cuando lo hacemos nosotros. En España resulta que no queremos que venga la derecha porque van a controlar la televisión pública, van a poner colegas en todas las empresas que puedan, van a corromperse cobrando de adjudicaciones, van a intentar controlar la justicia o se van a comprar chalets y putas con tu dinero. Nada de lo que diga la oposición está bien, incluido el trazado del carril bici de Valdemorillo. Por supuesto que el otro lado del muro hace lo mismo, y así nos va. Escapar de quien te quiere convencer que el otro bando es malo en todo resulta una obligación complicada de llevar democráticamente a cabo. Vivimos en esos juegos para casi todo: telefónica o vodafone, android o ios, windows o mac, coche o bici. También estamos sumergidos en publicidades que te intentan convencer que son la única opción: Ikea jamás te dice que hay otros fabricantes de muebles y las compañías de seguros se aburren de contarte que todas las demás te engañan, pero nunca dicen en qué. Los otros son los malos, me tienes que creer, pero no te voy a explicar cuales son los motivos porque ya lo pienso yo por ti. 


El siguiente paso de la confrontación empieza cuando se hacen cosas por joder. Lo mismo se saca una norma para que los que matan corderos no recen en un polideportivo como se pide la expropiación de los bienes de los toreros. Lo mismo se da un dinero público para un taller de tatuaje de vaginas resilientes como se pintan de azul los bancos que antes eran morados. Quemar el coche del vecino porque es un Tesla y entonces significa que es un fascista en vez de uno que no sabe de coches. Echar chinchetas moralmente superiores a un grupo de ciclistas. Comprarte una bandera con aguilucho para fastidiar en la grada del campo de futbol. Todas esas gilipolleces están hechas para que te posiciones y tú o tu cuñado llegue al paso tres.

El tercer paso es cuando alguien, que es tonto hasta la médula, se lía a hostias con quien no piensa como él. Esa es la excusa perfecta para justificar la división y poner el foco en lo malo que es la raza inferior que vive al otro lado. También es la excusa perfecta para que otro imbécil actúe en la dirección contraria. Eso, si vamos añadiendo capas, termina con un tipo en una azotea apuntando a un cabronazo.

Pero matar a un facha o a un cabronazo no es excusable, por mucho que en las películas y en los mítines te quieran convencer que está bien hecho.