La última tendencia es pos de la búsqueda de un mundo más justo es censurar esta escena:
Mal dia para buscar
24 de mayo de 2023
Jodido woke: "tú no tienes matriz"
10 de mayo de 2023
Las etiquetas vs La calidad
Google, en su magnífica visión del mundo desde sus oficinas de Mountain View, ha decidido etiquetar los negocios para luchar contra el racismo. Por eso mismo en las fichas de algunas tiendas se puede leer: "Propiedad de negros". Con dos cojonazos.
También existen las leyendas: "Dirigido por mujeres", "LGTB+ friendly", "Espacio seguro transgénero" y cosas así. Todo maravilloso.
Será que soy un raro pero me importa, textualmente, una mierda pinchada en un palo si quien manda es una mujer o una cabra siempre que el producto o el servicio que voy a solicitar se haga correctamente. Desconozco el día en el que nos empezó a importar un carajo lo que vamos a comprar y fue más importante si el tipo que nos lo sirve mea sentado o de pie, si es adorador de Satán o si se la pela con los primeros videos de Wham!. Supongo, porque solamente es un suponer, que quien no ha hecho en su vida una barra de pan cree, porque estamos sumergidos en un mundo de estándares, que todos los panaderos lo hacen igual. Que todos los que tienen la carrera de medicina son médicos con las mismas capacidades y que, por supuesto, todos los que gestionan una tienda son exactamente iguales. Unicamente partiendo de esa premisa soy capaz de entender que sean relevantes otros factores.
Sin embargo, y esto es una lucha perdida, poner este tipo de adjetivos a un comercio se me hace muy similar al "Tienda de Judíos" de aquella Alemania. Es cierto que en este caso se intenta que sea a favor en vez de en contra, pero eso tiene más que ver con la visión del cliente que con la acción en sí. A mi primo Jose Ramon, de Burriana, si le dices antes de entrar que es "propiedad de moros", no entra. A alguna charocrática salvaje del Caribe, si le dices que es "propiedad de hombres", tampoco entra. Si el comercio es pequeñito y pone que es "gestionado por Gordos", te lo piensas. Y mira que la gordofobia es la última tendencia en victimización. Si la han cagado ya con las mujeres, los transexuales y los homosexuales, hay que añadir a los gordos.
De un tiempo a esta parte poner adjetivos a las cosas es una obsesión. Si vas a comprar pan y pides pan, en la panadería, esperan que le pongas apellido: de semillas, media cocción, gallega, rústica... Quiero pan, ya está. No es tan difícil. Crujiente por fuera y con miga para untar. No es mejor Mari Carmen López que Doña Luisa de Antuño Cifuentes de todos los Santos, las dos son "esa señora". Por supuestísimo, Mari Carmen la gorda y Mari Carmen la flaca, deberían de no tener adjetivo después del nombre. Un argelino asesino y un tipo de Mostoles asesino son asesinos. Las tendencias sexuales de la gente me importan exclusivamente si existe alguna posibilidad de que tenga sexo conmigo. Por lo demás, como si se la machaca con documentales de orcas asesinas.
Es cierto, por supuesto, que las palabras determinan cómo vivimos nuestro presente. Que si nos preocupamos de la manera en la que definimos nuestro entorno, éste va cambiando su realidad poco a poco eliminando aspectos que lo hacían bastante más áspero. No niego esa realidad pero se nos han ido las manos con la intencionalidad de etiquetarlo todo y creamos situaciones que sobrepasan lo entendible. -Hostia- le dice uno a otro desayunando un croissant que sabe como lamer el suelo de un after- esto está malísimo-. El otro le mira como si se hubiera follado a su gato después de votar a Hitler y le enseña la bolsa -Es LGTB+ friendly, fabricado por mujeres transgénero negras y gordas-. Así que, bajo la pena de haberse convertido en un homófobo racista que está en contra de la determinación sexual de las personas libres, te tienes que comer el puto croissant. Sin embargo los bollos que hace el repostero de la esquina, que se levanta a las 3 pero es blanco y le gustan las mujeres, no te los vas a comer por muy buenos que estén porque Google y los maestros de la nueva moral no le han dado respaldo intelectual. ¿A que es absurdísimo?.
Bienvenidos al mundo moderno homologado donde hacer las cosas bien, o mejor, es menos importante que la etiqueta.
Me encantaría que los que defienden estas gilipolleces fueran, no al mejor médico, sino al que sea gordo, negro, mujer, objetofóbico, hable euskera batua y con una polla tatuada en la cara. Ojo, que quizá pueda ser el mejor médico pero si jugamos a hacer un baremos de puntuación, las capacidades profesionales cuentan lo mismo que cada una de las estrellas anteriores.
Lo que no entiendo es cómo no nos hemos ido a la mierda ya. Buen camino sí que llevamos, sí.
6 de mayo de 2023
Del creador a la IA, pasando por el cuñado.
Hubo un tiempo en el que simplemente aparecer en un medio era casi un triunfo. Era la pequeña diferencia entre ser invisible y ser alguien. Si el periódico de tu ciudad te hacía una pequeña reseña en un pie de foto de un evento local, te guardabas el recorte orgulloso.
Una de las primeras veces que hice algo de radio fue en el interior de una furgoneta rotulada con el logotipo de La Ser aparcados en zona de carga y descarga. La televisión, con un solo cámara y en un plató del tamaño de mi salón, me tuvo casi 15 años caminando por las calles recibiendo esa mirada de la gente que no sabe si te conoce de ser amigo de su prima Mari Carmen o de otra cosa. He firmado libros, he dado charlas con muy poca gracia y me han parado tres veces para pedirme autógrafos. Si lo vemos desde la perspectiva de los 80 se puede parecer a una orgullosa cuota de fama pero si lo vemos desde ahora es, sencillamente, una castaña pilonga.
Hace unos días un amigo , crítico musical aficionado, expresó, después de haberlo escuchado con atención, la deriva en la que van cayendo los antes aclamados Depeche Mode. El primer error que cometió fue hacerlo en facebook y de una manera pública. Como el lógico y esperable aparecieron comentarios muy a favor y muy en contra, porque lo moderado no existe en el mundo contemporáneo y mucho menos en Internet. Uno de los contrarios era tajante: "No tienes razón, es perfecto". Sin explicaciones, ni comentarios extras. "¿Me puedes explicar el motivo?"- le puso. Responder, en ese lenguaje no escrito de los comentarios, es una declaración de guerra. En ese caso vino la clave de todo: "Soy creador de contenido y como tal has de respetarme". No hay ninguna razón salvo el situarse por encima y con eso callarlo todo.
Antes de dejarse llevar por la ira tuvo a bien buscar aquello que convertía a su enemigo dialéctico en un creador. Quizá era el nuevo Joaquin Luqui y él no lo sabía. Spoiler: no era así. Era un opinador sin razonamientos. "Bueno", "Malo". Poco más. Dando exactamente lo mismo que fuera un disco, un restaurante de pizza con piña o un motor bicilíndrico refrigerado por aire. Es cierto que los algoritmos que pueblan las redes se retroalimentan de cuantificaciones y a un número indeterminado de reseñas cuantificadas (sin texto) te envían un correo diciéndote que eres "Local Guide", "Star influencer" o alguna soplapollez. Eso, cuando no te das cuenta que no significa absolutamente nada, alimenta tu ego y te hace creer que estás un paso por encima de la plebe. Engorda tu ego y te genera seguidores mentales que te argumentan el motivo por el que, sin más, tienes razón.
Con todo ello me percaté que cualquier cafre puede creerse una estrella de la tele porque tiene un canal en youtube, un rey de las ondas porque lucha contra los silencios en un podcast o un literato infinito porque cada seis meses pone una frase en un blog. Conozco a más de uno que dice que te hace las fotos de la boda porque publica lo que come en Instagram.
El peligro de todo esto es que los fotógrafos de verdad, algunos que saben escribir, los comunicadores y hasta quienes disponen del complicadísimo don de hacer buena televisión se cansan de tener que luchar contra ejércitos de mediocres que se caracterizan por el desprecio absoluto a hacer un trabajo de calidad.
Primero llegaron los voceras y el periodismo basura. Luego los imbéciles sin argumentos de Internet. Los que se graban en su cuarto haciendo el orangután. Las que se quejan de la cosificación de la mujer con fotos en micro bikinis de Instagram. Los graciosetes con un podcast y más de alguna pose con la gorra del revés.
Lo que se llamó "democratización de la cultura" , sin filtro alguno, nos ha traído oleadas de ruido y mucho autotune. No hace falta pasar ningún examen para creerse Mariano José de Larra.
No os preocupeis, que la inteligencia artificial lo joderá todo aún más.
Pd: no estoy libre de pecado: tuve un podcast, hago fotos de mi moto en instagram, he publicado tres libros y mis tertulias eran retransmisiones de bar. Lo que no haré jamás será cantar y bailar.
1 de mayo de 2023
Resumen presentación GORA ESPAÑA
29 de abril de 2023
Egoista y Ganchito de Oro.
22 de abril de 2023
La importancia de sentirse único
Alguien bastante más listo que yo me contaba, delante de un anaranjado salmón a la plancha con salsa tártara, lo mucho que le sorprendía esa necesidad tan contemporánea de sentirse importante. Pero no porque alguien te trate bien sino porque algún tipo de algoritmo te diferencia antes de llevarte por el lugar que le de la gana. Me explicaba como, de una forma casi irracional, hay una obligación de sentirse especial y único en cada situación. Que ni siquiera tenía que ser algo mejor sino diferente. "Puede que a todo el mundo le den un caramelo y a ti nada, pero ese nada es lo que te diferencia de los demás y ya está, ya te sientes especial". No tiene que ser bueno ni tiene que ser verdad, pero tiene que ser.
Un rato después, procrastinando como quien mira por la ventana la vida de los demás, me encuentro a uno de los tipos más conspiranoicos, voceras, orgulloso de si mismo y con una posición moral por encima de la media, que cuenta en una red social que se ha puesto duro con la red y que de ninguna manera va a ser censurado por sus libres opiniones a manos de la opresión de los medios. "He mandado un correo muy duro haciendo valer mis derechos"- dice con orgullo. Yo pienso que ningún humano habrá al otro lado, que a la red en cuestión le importa menos que cero pero que seguramente toda esa dinámica le hace sentir único y especial. Y eso es lo que le importa mientras su sesgo de confirmación se alimenta con esos que le incitan, como los que animan desde la trinchera al primero que sale corriendo hacia la trinchera enemiga, contándole lo valiente que es.
Hay que reconocer que se ha avanzado mucho desde esas cartas que llegaban a casa con "Estimado ______ " y hasta el tipo de letra era diferente en el nombre, a esos mensajes personalizados que utilizan algún dato irrelevante pero que te hace sentir que te vecino no es tratado igual. Si ves anuncios de motos te envían un artículo sobre la que te gusta y si te pasas el día fisgando a morenas en Instagram, sale una morena que te cuenta lo que sea. El objetivo siempre es el mismo, pero se hace de una forma mucho más sibilina. No hay gran diferencia entre un taxi y un Uber o entre un fraude de Internet y Tony Leblanc haciendo un tocomocho en la estación de Atocha. La estrategia de ventas moderna pasa por preguntarte tu nombre al principio de la conversación para hacer hincapié en él mientras te explican las bondades del producto.
Aunque es obscenamente obvio parece que resulta rentable.
"Y"-me sentenciaba cuando ya no quedaba salmón-"lo jodido es que no importa que el producto sea mejor sino lo importante que te haga sentir la compra".
Así que le tuve que dar la razón aunque fuimos a un restaurante que él conoce y al que le gusta ir porque le tratan por su nombre.
31 de marzo de 2023
Gone with the wind
29 de marzo de 2023
Un año sin libélula.
Elegía las películas por el título. Daba igual la calidad. Si era algo así como "el lúgubre escarnio de la juventud", tenía que verla. Sabía que era mala, pero las conocia todas. Así que se acurrucaba en un pequeño sofá y se tapaba con una manta para caer dormida a los pocos segundos. Nunca recordaba el argumento pero yo sabía que me iba a jurar haberla visto porque simplemente, era así.
Siempre le cogía la muñeca y la rodeaba con mi mano. "Te estás quedando en nada"- regañaba si es que era capaz de tocar mis dedos haciendo un círculo y ella la quitaba diciéndome que comia lo suficiente y que no me preocupase. Se empeñaba en rescatar a los demás continuamente impidiendo, como efecto contrario, que alguien la fuera a rescatar.
No sé hasta que punto sabía que estábamos ahí.
Tenía un jersey arrugado y viejo al que se abrazaba al dormir. Siempre el mismo, como una necesidad de sentirse acompañada. Ponía nombre a todo lo que entraba en su mundo: Indarki, era su nuevo coche, poderoso y chiquitín.
Aquellas navidades hasta le había tocado la lotería. Pintó la casa. Me llamó para preguntarme si quizá era un buen momento para arreglar el baño, tirar algún tabique o volverse loca y buscar otro piso. Me había enseñado, unos meses antes, cómo estaba pintando la habitación de su hijo para hacerla parecer más de mayor que del niño que tuvo. Pusimos juntos la lámpara que estaba sobre su cama. Le dediqué un capítulo de un libro. Estaba algo triste pero me llamó para contarme que "ya está. Me conoces. Me acurruco en mi cama con el jersey, apago la luz, lloro un poco y se me pasa".
Miraba como si la ilusión se la llevara al verte. Este invierno estrené una bufanda que me regaló hace varios años. Le gustaba hacer carrilleras. Se reía de lo torpe que se sentía en clases de ukelele, en un gimnasio que había encontrado o dando larguísimas caminatas los domingos. Fue la primera persona a la que llevé en mi moto con su pelo rojo y rizado, agarrándose y diciéndome que no corriese. Los jubilados que toman un vino antes de ir a comer justo delante de donde aparco me hicieron bromas cuando me vieron con ella.
Yo fumé, alguna vez, en su terraza. Un lugar alto, con un gran vacío delante y un cenicero sin vacíar escondido en una esquina.
-Si seguimos así, Ricardo- me decía- Tendremos que pensar donde nos vamos a ir a cuidarnos mutuamente cuando seamos viejecitos.
Yo me estoy haciendo viejo como terminan las canciones que no acaban, como resuenan los mensajes que no mandas.
Se reía. Sus piernas como palillos caminaban a mi lado. Me llamaba "cariño" ,con mucha C, porque sabía que eso me hacía rabiar y aunque los dos teníamos nuestras vidas no dejábamos de mirarnos de reojo. Cada semana, más o menos, nos poníamos al día y yo llegué a creer que esa llamada de los domingos era una buena costumbre. Por eso sabía que por fin estaba tranquila en el trabajo. Que su padre ya estaba en una residencia después de mucho solicitarlo. Sabía que las luchas contra la adolescencia de su hijo iban por un buen camino de superación y que la casa había quedado bien pintada. Probablemente, después de un año, creo que haber ganado todas las peleas que tenía en marcha fue el principal motivo. Quiero pensar que es eso porque sé que no le gustaba dejar las cosas a medias.
A los nos gustaba sentirnos útiles.
Así que cuando la vi tumbada, demasiado seria para ser ella y tras el cristal, le dije, porque estábamos solos en el tanatorio, que era una putada lo que había hecho, Hay gente especial que se hace un hueco en tu vida y sabes que es tan suyo que no puede llenarse con nadie que escoja las películas tan mal, te sonría tanto, se empeñe en salvarte, no engorde nunca y haya saltado de un balcón que veo cada vez que paso por la autopista. Entonces es cuando me quedo, en silencio y triste, recordando cómo salía del portal un poco tarde, con un pantalón estrecho, algo de color al cuello y una sonrisa infinita al encontrarme.
La última vez que lloré sin poder parar fue porque te fuiste. Hace un año de eso.
8 de marzo de 2023
26 de febrero de 2023
Muerte vudú.
Dicen que si eliges una carta de entre estas cinco ( escoge una):
Body Bag
Pues me ha recordado poderosamente a Aimee Mann
18 de febrero de 2023
17 de febrero de 2023
La moda de ser un gilipollas.
Hay un dato que, para todos los que tenemos más de 30 años es de una obviedad aplastante, parece que se olvida cuando se juega a los juegos de los relatos: cuando eres joven tiendes a cometer gilipolleces.
Hay gilipolleces que son menos importantes: llevar hombreras excesivas, teñirse el pelo de amarillo pollo o dormir en el asiento de atrás de un Volkswagen Golf blanco. Son los tres ejemplos que se me ocurren sin pensar demasiado.
Hay gilipolleces que, como las cicatrices, se te quedan y te pueden generar una sonrisa pero no llegan al grado de importancia suprema: haberte intentado bajar en marcha y en un camino de gravilla de una BH roja para terminar frenando en el suelo con la cara.
Hay otras que, por el contrario, pueden llegar a ser absurdas si se ven desde cierta distancia: tatuarte el nombre de tu primer amor en el cuello, grabarte apaleando un gato y subirlo a una cuenta de tiktok con tu nombre y apellidos o cortarte los cojones. Tus amigos te pueden incluso animar mientras lo haces pero el tatuaje no se quita, el video sale en la entrevista de trabajo que hagas con 25 y los huevos no te crecen solos. Quizá, incluso sin haber consumido demasiadas substancias que te hayan dejado el cerebro como un queso de gruyere, te puede parecer una buena idea porque te despertaste muy mujer y mucho mujer esa mañana, pero a la larga es posible que un día sufras de un profundo arrepentimiento.
¿Acabo de hacer un razonamiento transfóbico o estoy atentando contra la libertad personal de un ser vivo?. Pues no, te estoy diciendo que hay cosas que hoy te pueden parecer una buena idea pero te recomiendo que las pienses diez o doce veces. Es más, te estoy diciendo que es más que recomendable visitar a alguien que te haga ver lo trascendente de esas decisiones y que si aún así quieres seguir, sigas. Que a mi me la suda.
Existe un discurso interesadamente miserable que tiende a repetir, una y otra vez, que tienes derecho a todo lo que te salga del orto. Que ni los poderes, ni los padres, ni los profesores, ni los profesionales y mucho menos el sentido común puede poner en duda lo que tú quieres ahora mismo. ¿Que quieres que se te trate como un helicóptero apache?. Perfecto, el gobierno obligará a tu comunidad de vecinos a poner un helipuerto para satisfacer tus derechos fundamentales. ¿Que, dado que te has puesto macarrón a alitas de pollo del KFC pesas 150 kg, te han llamado gordo cuando te quedaste anclado en el torno del metro? Vamos a cambiar todos los metros del pais para no fomentar la gordofobia. ¿Que ahora en vez de helicóptero dices que eres un hamster?. Haremos una rueda de esas infinitas para que corretees y pondremos las hojas de lechuga subvencionadas en el Mercadona. Da igual porque aquí estamos, con una bandera nueva, para defenderte de todos los demás. La otra opción es decirte, a tu puta cara, que eres gilipollas. Pero eso no es electoralmente rentable.
¿Sabes lo que pasa?. Que de la misma forma que todos los imbéciles nos poníamos hombreras ahora los imbéciles juran que quieren que se les respeten sus derechos como Opel Corsa, que se les ponga una plaza de parking digna con dinero público y se les regalen unos puntitos en cualquier oposición pública a la que accedan, ya que son una minoría oprimida. La manera de conseguir cosas no es esforzarse, es ofenderse.
Con todo eso no quiere decir que sea perfectamente digno ser trans, gay, gordo, negro o que te pongas palote viendo a Ana Rosa Quintana. El problema reside cuando, después de ciertos discursos que aparentan ser ventajistas, aparecen datos sorprendentes: en Suecia, pioneros en leyes trans, se pasó de 8000 casos en 30 años a 1000 el año pasado. Hay un 7600% ( sietemil seiscientos) más de personas trans en Cataluña. No pongo en duda que durante años exista un porcentaje de personas que se hayan escondido por miedo a represalias sociales pero ¿tanto?. En España hay un 5% de personas gay segun algunos estudios. El 80% de la población del planeta se define como heterosexual. La OMS establece que hay un 0,5% de personas trans ( unas 10000 en España). Pero si a un Español le dices que le pones un piso , le das una paga o le regalas una tapa si te dice que le gusta olerle el culo a las cabras, le gusta no mucho, muchísimo. Y si pones de moda entre algunos sectores poco formados intelectualmente que ser objetofílico es mucho mas guay, mañana aparecen copulando con la estantería del Ikea.
En Escocia detuvieron a Adam Graham. Adam había violado a un par de mujeres y le metieron en la carcel. Da la casualidad que Adam ya no era Adam, sino Isla Bryson y ahora se identificaba como mujer. Así que se fue a una carcel de mujeres. Oye, lo mejor que puedes hacer es meter a un violador en una carcel de mujeres. No sé. Es que ahora es mujer y no vamos a cercenar sus derechos fundamentales de género. Ponle un helipuerto.
Desde mi absolutamente personal punto de vista lo tengo bastante claro: eres libre de tomar una decisión. Pero una. No dos, ni tres, ni volver atrás, ni quitarte el tatuaje, ni adelgazar sin sudar. Tampoco creo que haya que poner por delante del derecho del 95% de la población, el 5% restante. Ni siquiera, y lo digo con total sinceridad, el 50% contra el otro 50%. Las bases de la igualdad, la de verdad y no la de algunas espantapájaros, es tratar a todos como iguales. Si yo te trato como diferente porque eres trans o chino, soy un mierda. Pero hay cosas que no se quitan como las hombreras y si tomas una decisión, es para siempre. No me toques los huevos cuando se ponga de moda lamer sobacos. Que a alguien le gustará, porque hay gente para todo, pero la vida no son retos de tiktok.
Respeto tus decisiones pero me cago en tus modas. ¿Quieres ser independiente?. A la puta calle, pero no vengas a pedir dinero o que te lave las bragas. Acepta y jódete con tus decisiones porque no hay vuelta atrás. No es algo temporal ni una experimentación. No es una moda que luego vayas a revender el wallapop para sacarte unos euros y ser feliz como la del anuncio, guapi.
Sí. Hay quien juega con su vida como quien juega con la moda. Eso NO es respetable, sintiéndolo mucho. Si Jose ramón quiere ser Mari Carmen, perfecto. Si José Ramón, que tiene 16 años, quiere ser Mari Carmen pasándose por el forro todas las voces que le piden que se lo piense dos veces porque así tiene más seguidores en su cuenta de Twitch, que se quede como Mari Carmen, pero siempre, aunque le salga bigote.
El problema, supongo, es que si tenemos a gilipollas que se creen en posesión de la verdad ( como un adolescente futbolista mal avenido que gana más de cien mil) poniendo leyes, no nos salen leyes, nos salen modas.
¿Te acuerdas de los tatuajes tribales que se pusieron de moda hace unos años?. Pues ahora, con 16, nadie te puede decir que estás haciendo el imbécil. Aborta, cámbiate de sexo, métete unas rayas, llega a casa todos los sábados a las nueve, ponte macareno a ron. Son tus derechos. Eso sí, si te metes una hostia con el coche te lo tienen que pagar papá y mamá. Trabajar y esforzarse, en una sociedad en la que el victimismo es más rentable que la capacidad personal, es de loosers.
En vez de educar y aconsejar vamos a dejar que, con el razonamiento pueril de la libertad, hagas lo que te de la gana. En un futuro nos vamos a reir casi como cuando veo a una madre negociando con sus hijos de tres años sobre si van a cenar verdura o tres pizzas.
En asia dicen que quien va a terminar con la civilización occidental van a ser las generaciones de idiotas que nos persiguen. No creo que estén muy desencaminados porque, en realidad, les estamos dando munición.
14 de febrero de 2023
14 escápulas de febrero
Todos los 14 de febrero, casi como una aspiración irresoluble, he escrito en este quejumbroso blog gotas de amor aspiracional que, casi de la misma forma que el éxito profesional incuestionable, no ha llegado nunca de una forma plena.
Eso es muy malo para los enemigos del conformismo entre los que me incluyo.
Después, mirando atrás sin llegar a romperme el cuello, creo que soy capaz de reconocer más de una ocasión en la que, sin saberlo, he estado cerca. Como casi todas las cosas que tiene la vida, uno no es consciente de donde está hasta el momento en el que ya no está. Uno no es consciente de su agilidad hasta que la pierde o de la posibilidad hasta que se ha difuminado lo justo para convertirse en un recuerdo. O cuando, sencillamente ( de forma real o metafórica) se muere.
El amor se ha convertido con el cine, las redes, las parejas subiendo al monte a buen paso o las exageraciones pornográficas, domésticas, gastronómicas o viajeras, en un reto en el que parece que hay que rendir a un nivel muy por encima de las posibilidades personales porque esa puta pareja feliz que te cuenta cuánto disfrutan de su vida en común no va a ser menos que tú. Y, por supuesto, llegada una edad no vas a ser menos que todos los que estuvieron antes. La cabeza, que es una consejera infame, busca continuamente ese lugar perfecto, la receta adecuada, las palabras indicadas y una nueva sorpresa con la que llenar de plenitud esos ojos que son capaces de ser el espejo en el que sientes que esa persona, gracias a que existes, es feliz. Que, como un primer sorbo de elixir, has conseguido anclarte en su cerebro. Eso, no otra cosa, es algo que me hace sentir bien.
Pero no se puede ser excepcional a todas horas y, como en la teoría psicológicas del síndrome del impostor, la idea de no ser suficiente se va haciendo poderosa hasta el punto de llegar a la conclusión de que para ser mediocre, mejor no ser. Entonces es cuando una vocecilla te intenta convencer que quizá es que no ha llegado, que la vida te tiene preparada una gran sorpresa, que todo es una cuestión de estar dispuesto y en orden, como un bombero en forma para el aviso que te haga salir urgentemente. Es una voz mentirosa, aviso.
Estar enamorado, probablemente, es hacer equipo.
Sin embargo te han convencido que se tiene que estar sano, desayunar sonriendo, no roncar en la cama, mantener relaciones sexuales de calidad suprema, cenar mirando al mar, descubrir paisajes infinitos, reconfortarse al calor de un fuego de leña, aportar una cantidad de dinero importante a la economia familiar y que el vino no rasque cuando lo bebas en el siguiente bar de diseño nuevo con el que hayas sorprendido ese martes.
Hay quien está solo porque, en su papel de princesito o princesita, nadie se lo dio nunca teniendo en cuenta lo muchísimo que lo merecía. Hay quien está en su soledad atronadora porque siempre se vió incapaz de acercarse, ni de lejos, a ese estándar imposible. Yo pertenezco al último grupo.
Quizá el amor es como los hijos: estabas convencido que te iba a salir ingeniero, deportista, ordenado, guapo, culto y que hablase seis idiomas. Mi madre lo piensa de mi pero ninguna de las afirmaciones son ciertas del todo. Será que me quiere. Claro que de un hijo no puedes deshacerte y del amor se puede salir corriendo, lo cual es demasiado habitual hoy en dia.
Como dice mi canción de amor favorita:
Como no soy directo, ni fácil, ni honesto
Me he hecho un remedio con lo que había dentro
Es sólo cuestión de fé, es sólo cuestión de fé
Y como tengo problemas, para decir te quiero
Por prejuicios extraños, por esnobismo agorero
Voy a morir de pie, voy a morir de pie
29 de enero de 2023
Mari Carmen es la buena de su serie.
Hay quien cree que el nazismo se arregla matando violentamente a todos los alemanes o que el machismo se soluciona convirtiendo a tu hijo en tu abuela y estando muy orgullosa de ver cómo le pega su mujer.
Créeme, tampoco importa.
Solamente importa el trabajo publicitario e identificativo de uno mismo y tener muy clara la serie en la que se vive donde, por supuesto, todas las acciones malas recaen en los malos y todas las bondades sobre nosotros y nuestro brillante lado de la balanza.Conozco perfectamente a defensores de la igualdad, las causas políticamente modernas y la justicia social que se indignan escandalosamente siempre que la consecución de sus fantasías les suponga un beneficio. Conozco, por poner un ejemplo demostrable vivido en primera persona, a una mujer que defiende coléricamente que las pruebas para bomberos y bomberas sean diferentes ( y menos exigentes a las mujeres dada su constitución física media) pero no entendería que si se le quemara la casa alguien pudiera tardar tres minutos más en subir las escaleras para salvar a sus puto perro, que pesa un jodido quintal. Como se puede deducir es una reivindicación que le supone cierta ventaja si quisiera ser bombera pero que, si se le quema el chucho, es culpa de unos gestores públicos incompetentes que, a dia de hoy, habrán de ser fascistas.
Supongo que uno defiende el discurso que le resulta más provechoso y después se viste con los colores identitarios de causas originariamente justas para defenderlo.
¿Es egoismo? Por supuesto. Vivimos en el mismo pais en el que , en la época franquista, unos eran más de Franco que nadie para conseguir un pisito de protección. No es muy diferente a victimizarse y ofenderse con lo que haya que hacerlo para una paga. Ambas partes son herederas directas del Lazarillo de Tormes y solamente cambia el viento por el que hay que dejarse llevar en cada momento histórico. ( Y digo que hay que ayudar al que lo necesita y no a todo el que se victimice dramáticamente). Conozco a quien ha trabajado toda su vida de peluquero desarrollando un amaneramiento explícito porque eso le resultaba rentable para lograr clientela y, después, creo que dejó como legado un amplio catálogo de vida heterosexual. Supongo que si hubiera sido gay en 1945, hubiera actuado justamente al contrario.
Las personas consecuentes no son tan habituales como creemos, y es una pena. No lo son porque no es rentable, porque pierdes amigos, porque si bien es tremendamente digno hacer uso de la libertad de opinión y acción que juramos tener y respetar, ni la tenemos ni la respetamos.
Si alguien es capaz de asegurar que está de acuerdo con una cosa que haya dicho el gobierno y , a su vez, con otra cosa diferente que haya defendido la oposición, explota la cabeza de bastantes. Y explota aunque sea algo tan nimio como el color de las señales de tráfico o si el telediario se pone a las 10. No se puede ser de los dos bandos porque hay que ser de uno y, además, hay que ser del mio.
Vamos camino de una sociedad libre de opinar y actuar solamente como diga la serie en la que vivo. Por ejemplo: La mujer es libre de hacer lo que quiera porque es un ser libre (pero gestación subrogada, el porno, sujetar las sombrillas en una carrera de coches, servir copas vestida prieta o hacer de modelo para vender brandi o incluso ser libremente prostituta ya no mola y deberia de prohibirse)
Y es triste porque resulta cada vez más complicado saber si alguien expresa su opinión por convencimiento o porque le viene bien.
Mari Carmen: vegana, feminista, ecologista, anti tabaco, concienciada con la salud mental y animalista. Se caga en tu puta madre cuando la recriminas que el perro deje un zurullo en el portal mientras te mira los filetes de la bolsa con asco y te dice que has utilizado a aquella novia con la que te veía llegar a casa y que te dejó por un asistente de quirófano fan de Antonio Orozco.
Ahí está: comprándose ropa del Primark y soplapolleces en Amazon para ir, digna como nadie, a hacer fotos con el iphone en las manifestaciones contra el capitalismo y los trabajos precarios exigiendo que los ricos ( que no son ella) coticen en este país porque así le tocará más en el reparto. Su perro vive mejor que tú y no come brocóli.
En seis meses se hará de la nueva moda y, fumando como Greta Garbo, defenderá a otro partido político con la misma virulencia. Siempre con causas justas en sus perfiles y haciendo lo que le salga de las narices porque está en su derecho.
Y siempre, siempre, tiene razón en todo.
Pd: lo cual me recuerda aquel post de "la mujer corporativa"
6 de enero de 2023
Kina
Una vez compartí sala de maquillaje con Mikel Erentxun. Obviamente, como yo no soy nadie, al ver que me acercaba a la silla junto a la suya cogió un papel y se propuso firmar un autógrafo. En aquel momento yo saqué esa parte desagradable y prepotente que habita en mi y le dije que no quería un autógrafo porque tampoco es que sea un fan pero lo que sí que tenía que agradecerle era haber sido el productos del disco Poligamia de Los Piratas.
Basicamente porque en ese disco, muy inferior al MARAVILLOSO "manual para los fieles" , está la canción KINA,
Luego yo fui parte del relleno de un programa en el que el plato fuerte era él. Al fin y al cabo, es la estrella.
Felices reyes.


