-Es una pasada- me dijo el primero de los amigos que fue a Nueva York- paseas por la calle y es como estar en una jodida peli. Los taxis, la gente, los edificios. Te sientes dentro de una peli.
El problema que tiene haber consumido cine de una forma incontrolada y no haber pisado la calle lo suficiente como para poder diferenciar un escenario y otro es que las experiencias sobre las que creamos nuestras decisiones, son de otros.
Quizá el problema es que el argumento no tiene por qué basarse en hechos reales y que en el cine actual no hay una sola dentadura torcida. Los buenos son buenos casi siempre y los malos, malísimos. Si te encuentras con un largometraje en el que no tienes muy clara la catadura moral del protagonista, es cine de autor.
Si te encuentras con noticias en las que un grupo de mujeres se quejan amargamente de la inexistencia de varones a la altura que ellas consideran es, en parte, por las expectativas cinematográficas recibidas. Obviamente a Julia no la vas a convencer que si está soltera es porque visualiza a los hombres como en una selección de personal o que, pasados los años, es absolutamente imposible que pueda vivir la pasión e ilusión de dos adolescentes que descubren el mundo juntos y ciegamente enamorados. La obviedad de que sea absolutamente imposible que alguien sepa lo que quieres sin darle un manual de instrucciones previo es clara, pero hay quien sigue convencido que eso existe.
Cuando nos hablan del fenómeno de la gran renuncia es más de lo mismo. Si viste que en el trabajo, tras una toma en plano secuencia con una banda sonora perfectamente coordinada, ya se llegan a los éxitos y tú te tienes que levantar mañana a enfrentarte con partes de la labor que no te agradan porque tu compañero se ha cogido una baja que sabes que no es cierta, te enfadas. Intentas dejar de respirar hasta ponerte azul y te vas. ¿Por qué?. Porque estás seguro que hay un trabajo maravilloso y mucho mejor pagado esperándote.
El señor Mujica, cuando le preguntaron el motivo por el que al ser presidente no pudo implementar todo aquello que prometió, respondía: "Me encontré con la realidad". Es la realidad la que debería de obligar a un ser humano a actuar como un adulto en vez de creerse el personaje principal de su película. Una de las principales decepciones de los últimos años ha sido que cuando esa generación que ahora se acerca a los 40 ha tocado poder, ha reventado del golpe que se ha dado contra el muro de la realidad. En España, por poner un ejemplo, los pisos están más caros, la luz más cara y las mujeres siguen muriendo. Estos tres eran pilares básicos que "si o se han solucionado es por la codicia de la caduca antigua política". Mira tú, es que todos eran lobos de wall street. Lo que sucede es que al contrario que el coherente señor Mujica, todos estos viven escondidos en sus puestitos públicos incapaces de aceptar que no era tan sencillo. Algunos han pasado de creer que el poder era "El ala oeste de la Casa Blanca" a buscar zombies en paisajes post apocalípticos.
Tampoco podemos dejar de lado a todos aquellos que, con su título de economía recién obtenido, se han puesto a legislar la forma de trabajar de aquellos que llevan haciéndolo desde los 14 años y ahora tienen más 60. Hay demasiados abogados de traje encargándose de decir a la policía que patrulla las calles la manera correcta de evitar que un ladrón que robe.
No niego que, en las generaciones que me pillan más cerca, algunos se hacían letrados porque estaba de moda "La ley de Los Angeles" y otros médicos por la fama de "Mash". Estoy seguro que alguno se habrá hecho mafioso porque se engachó a "Los Soprano" y alguno busca dragones y anillos que llevar hacia Sauron. Criminología no sería una carrera sin CSI.
Las elecciones de los nombres de los hijos y las decisiones académicas de los adolescentes tienen mucho que ver con la moda del momento. Básicamente porque a la hora de decidir, si uno no tiene una decisión firme, hace una proyección de lo que quisiera que fuera el futuro y siempre se ve como el que sale ganando en la trama de la vida.
Si algo veo, cada vez de unas formas más flagrantes, es cómo la mayoría de las personas actúan de la manera en la que vieron que hacen sus artistas favoritos en su peli preferida, aunque no estén en Nueva York. Y eso que dicen que cuando vas por la calle es como estar en una jodida peli.
Aunque no es la realidad, es mucho más entretenido. Sobre todo porque al final siempre acabas rico, feliz, sano y enamorado. Esperar menos es de perdedores.
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