Mal dia para buscar

10 de mayo de 2018

La vida moderna es miserable.

La vida moderna es miserable.

No lo es exclusivamente por la automatización  del mundo  y no lo digo por los millones de procesos que se ven sustituidos por máquinas para, principalmente, eliminar el factor humano del balance de gastos. Lo digo por la necesidad, absurda en su extrapolación al futuro, de simplificar las obligaciones hasta convertirlo todo en algo que fuera capaz de hacer un mono o un instrumento mecánico articulado sin sentimientos. Sentir, pensar, mejorar o algo tan loco como razonar para llegar a conclusiones es algo que por alguna razón aterra al humano medio.

Así que se producen datos y recompensas absurdas. Pongo un ejemplo: Spotify paga a los creadores. Hasta ahí está todo correcto. Resulta que ese cálculo lo hace una máquina y esa máquina no entiende más que de rentabilidad. Un autor recibe 50€ al año por millones de reproducciones y otro que se dedica a hacer "mierda" a las que pone nombres de personas, como la gente busca nombres tiene unos ingresos de 2000€ al mes. No es música pero hacen muchos clicks y vive de ello mientras el que hacía música tiene que comprarse una bicicleta y hacerse falso autónomo para llevar la comida a todos esos molones que se sientan en el sofá a hablar de lo mal que está el mercado laboral mientras han dado la dirección confusa para ver si tarda algo más de 30 minutos y así logran cenar gratis.

Yo gano 1.2€ por cada libro (de 18€) que se vende (a cobrar dentro de un  año). Para ganar 1000€ al mes hay que vender 30 libros al día. Amazon (si es que alguien lo compra en el infierno) se lleva 4 y no sabe escribir. Para sobrevivir hay que explotar al creador y lo curioso es que la librería se lleva 5. Hacienda 1. El más tonto es el que se lo trabaja. El que menos gana en una obra es el obrero y el que menos gana con tu camisa es el que la sabe coser. Aprender un oficio es, con estos datos, ruinoso.

Así que se enseña a no esforzarse más que lo justo, a automatizar la labor y un día, al llegar a la oficina, una máquina que no coge la baja y que no tiene a un perro que se ponga enfermo o que no de por el culo con la línea siete del convenio está en el sitio haciendo lo mismo porque no hemos aportado nada, absolutamente nada, a la labor que se supone que queremos hacer. La culpa es nuestra pero, claro, nadie nos ayudó a mejorar porque llegamos a la conclusión que a nadie le importó si sonreíamos o no al cliente. Los empleados del mcDonalds que quedan, después que se empezara a pedir dando con el dedo a una pantalla, no sonríen jamás. Están planteando hacer robots que escupan justo en el medio del Big Mac.

La revolución 4.0  tiene mucho del hastío que produce la falta de horizontes de la vida actual, del desprecio por el trabajo en condiciones. Tiene mucho de la muerte por agotamiento de los grandes ebanistas a manos de ikea. Tiene mucho del desgaste de los camareros amables con pajarita por la presión de estudiantes que se pagan la carrera poniendo nombres en los vasos del Starbucks. Se basa en la incapacidad de un autor para hacer una obra con tiempo y paciencia cuando el autotune llena las listas de ventas. Si nosotros no recompensamos a quienes lo hacen bien no podemos pedir que nadie nos recompense por ser mediocres.

"Siempre habrá alguien mejor"- me enseñaron.  Lo que no nos enseñaron es que el futuro estaba lleno de mierda con forma de libro, café, mueble, aplicación  de teléfono, tonadilla insufrible o garabato mucho más rentable que lo que se supone que debía ser algo bien hecho.

Porque el sucedáneo es más barato y todo es un negocio. Entonces da igual hacerlo bien y lo hacemos de forma automática. Y nos sustituye un robot. Y nos quejamos. No lo vimos venir o simplemente ya estaba aquí.

La vida moderna es miserable. 

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