Mal dia para buscar

14 de enero de 2026

Rodeados de Rock Hudsons.

Existe un determinado tipo de persona que, fruto de la publicidad, se acaba de comprar un enorme vehículo con tracción a las cuatro ruedas, importante ángulo de ataque, capacidad de superar profundas balsas de agua, modo de conducción fuera de camino, tropecientos caballos y que se detiene casi en seco delante del primer badén que encuentra en la ciudad.

No es muy diferente a alguien que se viste con unas Dr Martens, unos mitones de cuero, un collar de pinchos, una raya del ojo perfilada en negro carbón y le ves con un Bitter Kas en la mano bailando la canción de la Oreja de Van Gogh que ha pedido en el bar.

Resulta desconcertante porque falta tiempo para carnaval.

Mi abuelo materno, que sobrevivía del trabajo de mi abuela manteniendo a cinco hijos en la posguerra, era un señor que se vestía como si fuese el Conde de Lavapiés pero, después, se hacía colega de los conductores de los camiones de comida del ejército para que se cayera, de vez en cuando, algún saco de azúcar. Probablemente entonces, y me refiero a 1945, la imagen era más determinante que ahora para conseguir que tu entorno te tratara de una forma especial. Hoy en día, curiosamente, si te encuentras a un tipo plagado de collares de oro, un coche aparentemente caro y más marcas que una grada de futbol, puedes apostar que trafica con substancias o lleva, en su lista de audio, seis canciones de Camarón y dos de tecnorumba regettonera.

Vivimos en unos tiempos en que adivinar el tipo de persona que se esconde detrás de una imagen resulta complicado. Tampoco es que me importe demasiado, pero al menos me da algo a lo que atenerme.

Lo que viene a suceder es que, en unos tiempos cargados de contradicciones, los aliades son abusadores, los curas defienden la infancia, los de derechas son pobres y esa chica que te aseguró, mirándote con cara de vicio y complicidad, que te iba a sorprender en la cama lo que hace es sorprenderte porque te pide que apagues la luz, se pone un pijama de franela y duerme a tu lado como un gato mientras tus espermatozoides se preguntan qué ha pasado para quedarse donde estaban. Pocas cosas son, a día de hoy, como se suponen que deberían ser. Las películas de miedo no dan miedo y un tipo con corbata y traje paseando por tu barrio a media mañana es un vendedor de una franquicia de pisos. Ahora resulta que el que crees que te va a robar en la puerta del supermercado es psiquiatra y lo peor que puede hacerte es hablarte de Lacan.

Yo, personalmente, he tenido que vivir toda la vida con pinta de malote festivo que se droga antes de empotrarte. No me he drogado (drogas duras) jamás y podría darte teléfonos de mujeres que pondrían en duda esa idea, aunque también de lo contrario. Ya lo decía Krahe, que es un burdo rumor. En mi caso, al menos, no es una pose, es que me dibujaron así. 

Lo que llevo mal son las poses que luego se quedan en nada. Los del pañuelo palestino o la pulserita con la bandera, importándoles nada los niños de Gaza o la madre patria. Los del coche con alerón deportivo y menos de 100 caballos que van por el carril rápido exactamente a la velocidad máxima permitida, aunque sea 30km/h. Aquel tipo del Opus que me dio una charla sobre la austeridad y, cuando terminó, me enseñó orgulloso sus nuevas zapatillas deportivas de edición limitada. El cliente que aparca en la puerta un coche de 60mil euros y me pide que le arregle, por menos de 50€, su ordenador del 2003.

Curiosamente, la mayor parte de las veces, me encuentro con disfraces de malotes que esconden a niños cobardes tras el volante, el cuero o las pegatinas de Metallica (de las camisetas de Los Ramones prefiero no hablar).

Tengo un conocido, cazador, que cuando le vienen un grupo de pijos con los Porsche Cayenne a una cacería, les mete por zonas de barro donde sabe que se van a quedar enganchados mientras el Land Rover de 1985 las pasa con soltura pero sin asientos de cuero. Hay cosas que tienen que ser lo que tienen que ser: un mecánico tiene las manos sucias, un amigo está cuando lo necesitas y si te compras una moto de carreras, es para correr. Conozco a quien que se compró, a primeros de año, unas zapatillas de deporte del mismo tono que un equipamiento ajustado con el que ir al gym, y no fue jamás. Hay personas que saben perfectamente para qué valen todos los inventos de la zona de complementos de cocina del Ikea, pero no han cocinado en su puta vida.

En 1963 se estrenó "Su Juego Favorito". Rock Hudson es un afamado vendedor de productos de pesca obligado a participar en un concurso pero lo que no saben los demás es que no ha pescado en la vida y que , además, tocar un pez le produce repulsión. 

Pues, a lo que iba, es que más de 60 años después podemos afirmar que estamos rodeados de Rock Hudsons. Parece que son de una forma, se visten, tienen los complementos y hasta los modos de ser de esa forma, pero cuando toca llevarlo a cabo, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Ni te pescan un pez ni pasan con soltura por el badén. 

1 comentario:

Alberto Secades dijo...

La película es tronchante.
Favorita de esta casa.