Hace cosa de dos años, y esto es un tema personal, un profesional de la estafa me estafó. Unos dos mil euros. Un roto bastante importante en mi maltrecha economía, quieras o no. El caso es que la semana pasada me llegó la sentencia judicial: 6 meses de cárcel y que me pague lo que me estafó. Muy bonito todo. ¿Voy a cobrar?. Ya te digo yo que seguramente no por mucho que lo ponga en un papel. Ni yo ni los otros veinte estafados. Así que robar cuarenta mil euros sale baratísimo aunque lo diga un juez, una revelación de la virgen o la reencarnación de Constantino Romero poniendo voz de Darth Vader. Investigando he descubierto que hace 20 años sucedió exactamente lo mismo con el mismo muchacho y ahí está, esperando, en su casita, que los reyes le traigan regalos.
Todo eso me lleva a recordar esas leyes que te venden algunos políticos y que te aseguran que solucionan los problemas. No sé, una ley contra la pobreza que certifica que , a partir de ese preciso instante, ya no hay gente pobre. O que te digan que han publicado en el boletín oficial del estado algo que hace que tu prima Maria José pueda comprarse una casa sin tener que dejar de comer tofu.
A veces, la inmensa mayoría de las veces, decir algo sin hacer nada lleva como resultado que no pasa nada. Es lógica. A ver cuando una declaración institucional ha hecho que alguien deje de dar hostias a otro. En el colegio, cuando el abusón pegaba, el cura en cuestión le cogía de la oreja, le infringía un daño y además le echaban. Si la consecuencia era que le decían que era un niño malo pero nada más, en el recreo siguiente volvía a pegar al mismo. Por alguna razón llegamos a pensar que no era incorrecto pensar que un abusón era un ser que necesitaba algún tipo de ayuda con su comportamiento y le pusimos unos tutores específicos que, además, le conferían un trato especial. Viene a ser como ponerle una renta básica a mi estafador por ser estafador para que se de cuenta de lo bondadoso del sistema y así no volver a ser malo, trabajar mucho, ser bueno con el vecino y ganar con el sudor de su frente para pagarse la farlopa que ahora se está pagando con el dinero y el trabajo de los demás.
Hacer el mal está mal, apréndelo.
Luego está otra opción, que es llevarle a un descampado y reventarle a hostias, quitarle lo que tenga para dárselo a quien ha robado y asegurarle, cristalinamente, que la próxima vez le vas a clavar un sacacorchos en la rodilla. Es una opción cavernícola, si. Soy de los que opinan que en algunas ocasiones es la única.
Desafortunadamente una de las múltiples divisiones del mundo es la que nos cataloga en aquellas personas que dicen que algo está mal y que hay que arreglarlo y, por otra, los que la arreglan a su forma, aunque esa forma no sea la más elegante. Si quieres me voy al caso de Venezuela donde un estafador hacía las cosas muy malamente, se pasaba la democracia por el arco de su triunfo y le mandaban papelitos diciéndole que no estaba siendo bueno. Luego llega el macarra de turno, le pone un fusil en la cabeza y se lo lleva a nuevayol con un chandal de nike. ¿Está bien hecho? Pues no. ¿Es una solución o un cambio? Pues si. ¿A peor? Quien sabe. Los países capitalistas han sido, históricamente, los que han generado menos desigualdades porque necesitan hacerte creer tu propia sensación de prosperidad aunque somos tremendamente desiguales.
Cuando me estafaron contacté con un profesional del cobro. Me decía, con sus nudillos rotos de trabajos anteriores, que tampoco era tanta pasta pero me aseguraba que lo solucionaba en una tarde. Como soy un imbécil quise pensar que la justicia haría su trabajo y ahora, sin dinero y dos años después, tengo mis dudas. Las mismas que seguramente tendrá el pueblo venezolano cuando siguen siendo el perro de alguien y solamente cambia quien sujeta tu collar.
Hay un capítulo de Los Simpsons en el que llegan a la conclusión que las armas son malas. Las eliminan y se supone que se van a convertir en una ciudad feliz. Entonces llega uno con un palo con un clavo en la punta y les somete a todos.
La conclusión, quizá, es que la fuerza resulta necesaria en más de una ocasión porque el mundo real no es un boletín oficial del estado ni una declaración institucional. La clave, por supuesto, es quien manda sobre esa fuerza y que debe de hacerlo con inteligencia y justicia. Aún así, por muchas leyes y manifestaciones que hagamos no conseguiremos jamás nada si no nos ponemos a hacer cosas. Aunque sea ordenar un código rojo.
Soy de los que creen que hacer algo y equivocarse es mejor que no hacer nada.
También creo que una manifestación muy colorista y una ley en un papel no valen más que para la limpieza moral del que lo hace.
Será que el ejecutivo no está de moda o que se ejecuta poco. Si, eso es, poco se ejecuta. En todos los términos.
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