Mal dia para buscar

26 de enero de 2026

Que se llama Soledad

Hace unos meses apareció la noticia que comentaba que la aplicación más descargada por los jóvenes chinos era una llamada "¿Estas muerto?" Consiste, únicamente, en entrar al menos una vez cada dos días y pulsar un botón que certifica que todavía sigues vivo.

Sus usuarios son, de manera principal, jóvenes ( cuidado que la adolescencia dura hasta los 32 años) de grandes ciudades que viven con el hecho de soportar la soledad y la incertidumbre de lo que sería de ellos si se mueren. No hay suficiente gato doméstico para tanta persona en descomposición en sus casas.

Cada poco tiempo nos encontramos con noticias de Manolo, jubilado de 86 años que llevaba quince muerto en casa. Nunca es un eremita del campo, nunca es un suceso que aparezca en un pueblo de cien habitantes. Casi siempre es en un entorno urbano, masificado, con vecinos, con servicios sociales. La soledad es inmensamente dolorosa y abundante en un entorno lleno de personas. Las ciudades son ácaros de soledad que van saltando de unos a otros como la lepra, como la pandemia silenciosa que está ahí carcomiendo a los humanos.

Después de darle muchas vueltas puse en entredicho esa concepción tan contemporánea de la necesidad de mantenerse vivo a toda costa. Ya no es solamente lo de la calidad de vida o ese planteamiento tan chulísimo de que la vida es maravillosa. No tiene por qué serlo. El único motivo que encontré para seguir viviendo es tener una razón por la que hacerlo. Porque estás haciendo una catedral con guijarros del río o porque has de ir a una reunión con los profesores de tus hijos a los que han pillado fumando en el water. Porque te quedan unas cosillas que hacer en el fructuoso camino de la consecución de algún tipo de objetivo. Porque no has revisado lo suficiente el informe o porque te han quedado por escuchar los tres cortes de un disco en directo de Supertramp. El motivo es lo que te hace levantarte por las mañanas. Después, como un papalagi, estarás en tu derecho de quejarte y jurar que lo que deseas es estar sin hacer nada bebiendo mojitos en una playa del Caribe. Pero eso también es un motivo.

Algo que no deseo a nadie es, como me pasó, conocer a alguien que decidió quitarse la vida. Lo primero que pensé es cual era aquel dolor infernal que la llevó a saltar desde ese balcón que veo cuando tomo esa curva de la autopista. La conclusión a la que llegué, después de mucho darle vueltas sobre todo a la última conversación que tuvimos, es que se le habían acabado los motivos. Los problemas con los que la conocí estaban resueltos aquel martes. Dejó todo solucionado. Cuando, una mañana a las siete, pasé a recoger a mi compañero de universidad, me dijo que su abuelo había fallecido. Unas semanas más tarde me dijo: "el muy cabrón lo sabía. Nos hemos enterado que cambió el testamento. Además, el taburete de la cocina, ese que siempre cojeaba, por fin lo había arreglado. Es más, dejó afilados los cuchillos y toda la ropa recién planchada. Sabía que se iba a morir y no os lo dijo". Esto es algo que he oido más veces: por alguna razón la muerte, al menos la no accidental, es algo que se ve venir y que te obliga a solucionar aquellas pequeñas o grandes cosas que has ido dejando en pendientes. Supongo que una vez hecho eso solamente hay que esperar. El abuelo de mi compañero se sentó junto a su hija enferma, le cogió la mano y allí se quedó.

Supongo que la modernidad ataca directamente a nuestros sueños y esos también los podemos llamar nuestros motivos. Existen varios momentos en la vida en la que nos vemos obligados a asumir que nunca lograremos alcanzar aquellas ensoñaciones. En ese caso uno se puede volver realista y cambiarlos, como un alpinista que escoge una cima más baja. A veces en vez de ir a Punta Cana se puede aspirar a Benidorm, o a visitar Soria que me han dicho que es precioso. La dictadura social, que es un tiro de farlopa en la sien de la felicidad ( artificial, adictiva y dañina) nos hace creer que queremos cosas que no queremos, por las que luchamos para no conseguirlas y que cambiamos por objetivos sociales que no tienen por qué ser los que nos hacen felices. Ni siquiera la felicidad es un elemento empíricamente demostrable, dado que es una sensación.

En el comercio de egos en que se han convertido algunas ciudades, donde vas y vienes sin mirar a los lados más que para compararte con escalas de valores totalmente falseadas, es perfectamente lógico que el día que Manolo decide no volver a levantarse del sofá nadie le eche de menos. Ni los hijos, ni los vecinos, ni siquiera las compañías de suministros porque la cuenta corriente se rellena con la pensión. 

En China, los McDonalds, están cambiando la decoración para poner mesas de una sola persona. Dicen que es debido a esa costumbre de estar más solo que la una escondido en el mentiroso universo con el que nos estafa el algoritmo. No me extrañaría encontrarme con la noticia de algún chino muerto en una mesa unipersonal de un local sin empleados totalmente robotizado. Y que lleve allí seis meses.

Siempre me he preguntado qué sucede cuando te mueres y gente que dice que son tus amigos piensan que estarás por ahí, con siete vedetes caribeñas, sin tiempo para escribir nada. En realidad no lo son pero es que la amistad es un concepto más prostituido que el amor. Eso es porque no se quiere muchas veces (dicen que 3) y se es amigo de verdad pocas (algunos estudios ponen 5 como cifra). Lo curioso es que se dice "te quiero" con facilidad espantosa y "es amigo mio" se oye bastante como para puntualizar si es tanto como para pararse por la calle a saludarte por tu nombre.

He fantaseado muchas veces sobre mi muerte. No sobre el dolor o el descanso que pudiera contener sino sobre el agujero o no que se quedara en la pequeña parcela de universo que tengo a bien de ocupar. Me he preguntado, en repetidas ocasiones, quien me iba a echar de menos y quien iba a encontrar mi cadáver. No tengo mascotas, así que también puede ser por el olor. Probablemente, al no ser pensionista y sí autónomo, me encontrará el cobrador del gas. Después alguien pondrá cara de pena y dirán que era un hombre excepcional y muy buena gente. Un ser humano bondadoso que no quiso ser una carga para nadie.

Hay una epidemia se extiende lentamente a lo largo del planeta. Infecta básicamente a los núcleos urbanos y aparece el día que los sueños se han vuelto imposibles. Consiste en seres infelices escondidos en sus pequeños cubículos donde, al final, mueren sin hacer ruido. Incluso para eso han hecho una app de móvil: para que digas que estas vivo sin tener que decírselo a nadie, sin interacción alguna.

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