Rod Stewart confiesa, en su biografía, que compraba pastillas contra los catarros, las vaciaba, las llenaba de cocaína y se las metía por el culo. También dice que no ha follado tanto como dicen, pero bastante.
Si algo sabemos de Fredy Mercury es que disponía de un gran apetito sexual, entre otras cosas. También que no se arrepintió demasiado al morir porque había vivido lo que tú y yo viviremos en cien vidas.
Los Rolling, con documentales hechos por aquellos años 70 en los que más de un país les prohibió entrar por sus asuntillos con las drogas y cuyas noticias de orgías harían empalidecer al mismísimo Rocco. La canción Angie tiene dos supuestos orígenes: un síndrome de abstinencia de Richards o un guiño de Jagger a la que era la mujer de Bowie en esos días. A Bowie no le importaba porque proclamaba lo abierto que era su matrimonio y la facilidad en la que se montaban fiestas sexuales en pareja. Angela contó, en sus memorias, como encontró a los dos iconos del rock en la cama.
Tommy Lee y Pamela, Led Zeppelin masturbando a una grupie en 1969 con un tiburón recién pescado, Sting practicando sexo tántrico en grupo. Gene Simmons, bajista de Kiss, afirmó que se había acostado con cinco mil mujeres. Debbie Harry hablando de cómo le gustaba el sexo y sus experiencias bisexuales. Lou Reed , cuentan, se llegó a inyectar heroína e el escenario y sus andanzas bisexuales eran épicas. Se ofreció, en una entrevista, a tener sexo con el Papa. Janis, que cuando se enteró de la muerte de Hendrix afirmó que dos grandes no podían morir el mismo año ( y ella cayó ese), tapaba esa imagen de niña fea que arrastró desde siempre, aparte de con las drogas y el alcohol, acostándose con una persona diferente cada día. Si buscais el motivo por el que los Guns pusieron el título de "The Spagetti Incident", vais a sentir una arcada.
Prácticamente todas y cada una de las personas que consideramos estrellas de la música arrastran, si es que triunfaron entre los 70 y los 80, una azarosa y desaforada vida sexual. Que ese coqueteo con las drogas y un par de records mundiales en los campeonatos del sexo no les hace, a mi parecer, de menos en su legado cultural. Michael jamás fue condenado por pederastia, por mucho que se empeñen en decirlo. En el caso de que lo fuera, con la misma certeza de que Picasso reventaba a hostias a su mujer, no deja de ser un genio.
La vida sexual escandalosa no solamente es exclusiva de los músicos. A cualquier adolescente que le des dinero y reconocimiento de sobra, que lleva implícito un huracán de adulamiento y posibilidades sexuales infinitas, se va a follar hasta a una cabra. Magic Johnson, que para mi fue el inventor del baloncesto moderno más allá de Jordan, tuvo un desliz extraño que le convirtió en VIH positivo. Casi no se libra nadie y para eso puedes verte el Lobo de Wall Street un par de veces, que está basado en hechos reales.
Todas esas anécdotas son básicamente ciertas y, por supuesto, vistas desde el siglo XXI se pueden considerar salvajes y representativas de una manera de ver el mundo y el sexo que ya no encaja con la manera que lo vemos ahora. Como hemos podido ver no tienen que ver con ser hombres exclusivamente sino con un efecto colateral de la fama y el dinero. Chrissie Hynde, Marianne Faitfull, Patty Smith, Fidel Castro, Dalí. Elvis era un mirón. La líneas de la carretera eran discontínuas cuando pasaba Kate Moss.
En bastantes casos el ascenso a la fama pasaba por acuerdos privados sexuales entre dos partes, lo cual puede ser moralmente criticable pero no dejaba de ser un determinado tipo de contrato. Hombres y mujeres han llegado a lugares pasando por camas. Todas esas veces, siempre no haya sido de forma obligada, es respetable. Sydney Sweeny afirmó, el año pasado, que tiene las mejores tetas de Hollywood. Eso mismo dijo, en 1965, Jane Mansfield. Supongo que cada uno, al igual que Rocco Sigfredi, intenta sacar partido de sus virtudes.
Haciendo uso del revisionismo más absurdo y utilizando a figuras que han terminado trascendiendo su propia actividad artística se han señalado a más que a Michael. A Dylan le acusaron de una supuesta violación de hace 60 años. A Plácido de algo de hace más de 25. Aunque suene machirulo visto desde hoy, estoy convencido que si no fueran Dylan, Suarez o Plácido, nadie hubiese dicho gran cosa. Mercedes Milá le agarró los testículos a Frank Blanco haciéndose la graciosa. Eduardo Casanova le tocó la polla e intentó besar a Broncano en la revuelta hace dos meses y le van riendo las gracias mientras te dice que el VIH no se contagia aunque luego declare que lo tiene. Anabel Alonso hizo, en Masterchef, algo que deja a Rubiales en una película infantil. Ya sabemos que, en este puto país, no importa lo que hace sino quien lo hace.
En el caso de Julio Iglesias vivo con sentimientos encontrados. Lo que estoy seguro que es Julio se ha podido tirar a más mujeres que el bajista de los Kiss y quizá hasta lo ha hecho. Esa es su vida y su decisión. Si ha hecho la mitad de todo lo que he contado antes, refiriéndome a iconos de la historia, es su historia. Los griegos, los troyanos y los jodidos romanos se follaban unos a otros sin miramiento. Me cuesta creer que cualquiera de los anteriores se haya metido en una cama donde no le hayan recibido con las sábanas abiertas, precisamente porque tenían donde elegir. Hasta Esteso y Pajares llegaron a decir que habían follado como campeones. Otra cosa es en estos tiempos. Conocí a Arévalo poco antes de que muriera y reconozco que era un baboso. En nuestro grupo había una alta mujer curvilínea a la que se acercó de una forma bastante repulsiva pero no dejó de ser alguien que creía vivir en 1975 y mucho más alto de lo que era. En realidad vino con Bertín, que estaba más preocupado de un partido del Real Madrid que de nosotros.
Cuando alguien aparece contando que no le gustó comerse la polla de tal o cual famoso hace un montón de años, siempre tengo alguna duda. Siempre me pregunto si funcionaría igual si fuera la de Jose Ramón, el pescatero de la esquina. También me pregunto qué le puede llevar a alguien que lo tiene todo a enfangarse en algo no aceptado por la contraparte, aunque sea a cambio de fama o de lujos ocasionales. También me pregunto el motivo por el que a algunas estrellas les reímos las gracias y hacemos libros sobre sus excesos y a otras parece ser de interés condenar, como si hubieran sido los únicos que han follado más que tú.
A mi me quiso reventar a polvos una premio planeta. Si hubiese dicho que sí no sé si me valdría para exclusiva. Dije, en mi libertad, que no. Otra cosa, por supuesto, es que me hubiese atado a la cama después de romperme los tobillos y se hubiese sentado sobre mi cara. En ese caso la hubiera denunciado llegando con muletas a comisaría, y hace 30 años.
En fin, la vida, como dicen, sigue igual.
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