Mal dia para buscar

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5 de agosto de 2026

El verano vouyeur

Por cuestiones de la vida, que es todo aquello que somos incapaces de reconocer como controlables, me toca vivir un verano escondido en el papel de espectador. Soy el que te ve conduciendo con prisa a las cinco de la mañana o el que tiene que esquivar a grupos de jóvenes turistas, con un móvil en una mano y una ruidosa maletita con ruedas en la otra, dejándose guiar por la tecnología para hacerse selfies con las tortugas de la estación de Atocha, si es que siguen vivas. Soy el que no te mira mal en absoluto sino que se pregunta qué es lo que te ha llevado a ponerte un septum o un tatuaje entre las tetas, si ya estaban bonitas de antes, como la nariz. Invento historias mientras reposto y veo salir, de un VW Passat gris de 1987, a tres muchachos, ajados de unos días de desgaste físico, camino del mostrador de patatas fritas con aire en bolsa. Hago cálculos de compatibilidad con las parejas que caminan por la calle y en los parques juego a "turista, sin techo o borracho" si es que, al lado de unas latas vacías y unas bolsas con ropa, duerme un tipo ocupando todo el banco. A veces le doy tres de tres. Una vez, por la chaqueta serigrafiada, aposté a operario de reformas en descanso laboral espirituoso. Fijándome con detalle estoy en disposición de afirmar que el alcoholismo público y la falta de limpieza personal es algo mayoritariamente masculino.

Leo las pintadas. Me fijo en las fechas en las que anuncian los conciertos. Intento adivinar si es cuidador o familiar quien acompaña al próximo anciano que se atreve, con su andador, a cruzar el Paseo de las Delicias y sus cuatro carriles de subida. Oigo las conversaciones vacías de la mesa de al lado y me enfada sobremanera cuando alguien tiene una conversación telefónica con el altavoz activo. Nadie debería de saber que el primo de Carmen está, con los niños, en la casa de Guadarrama todo el mes de agosto por mucho que Carmen se lo esté contando a un imbécil que acaba de salir del gimnasio, gafas de sol en la cabeza, mientras se está metiendo un café con churros en la mesa adyacente. Fantaseo con girarme y gritarle a Carmen que vaya a ver si se le ha quemado el rosal o si el perro de su primo ha defecado sobre las petunias.

En carretera me acerco, a veces, a los coches repletos de bolsas para descubrir el contenido. Me quedo detrás, sin adelantar. A veces me entretengo adelantando a los que tienen matrícula par o acomodarme a los de matrícula impar.

He visto a personas solitarias echando cartas al buzón. Ahí siempre hay un manuscrito en Bic azul y líneas rectas, con algún "te quiero" entre las líneas. Señoras con un carro con ruedas, aún vacío, camino del ultramarinos. Ramón les atiende, pienso, con una bata azulada y tratándolas por su nombre. "De esas no, pon de las de abajo"-le dicen. Ya no quedan señores con un transistor oyendo el carrusel deportivo, pero es que no hay liga.

No me tocan playas, así que no voy a hacer la apuesta de "resacosa o tanoréxica". Tampoco reirme de, que es algo muy habitual en escaparates públicos, aquellas personas que se ven con una edad diferente que la que señala su cuerpo. Me da lo mismo un jubilado con un deportivo del que casi no puede salir o de una señora disfrazada de la corista de Rosalia. El domingo le explicaba una mujer aparentemente jubilada y multitatuada, a un joven centroafricano, cómo pedir un vermut mientras sacaba del bolso un billete de veinte.

El verano es un momento del año en los que tener prisa para ir a los sitios parece demodé, así que me quedo observando a gente que finge o simplemente gente que es así. Jamás hay una crítica pero casi siempre busco una historia o una excusa que les haga pensar que les tranquiliza ser así. 

"Sueño que floto sobre la superficie de mi propia vida, observándola pasar. Soy un intruso que mira "- decía Dexter en la primera temporada. Yo levito sobre los sueños incompletos que se empeñan en vivir los veraneantes que van, de aquí para allá, en un triángulo de 500km de lado que recorro oyendo cómo pasan los segundos.

Cambio de canal fijándome en el nuevo personaje y, de la misma manera que se intenta entender el argumento de una película empezada, soporto hasta los siguientes anuncios. Doy al mando, giro la esquina, busco una nueva emisora. Es probable que vivir la supuesta vida de los demás, cual fracasado social disfrazado de cinéfilo, sea algo turbio. También puede ser una necesidad, también residente en las almas de los espectadores, de escapar de uno mismo. Un mecanismo de protección desde el palco en el que, una vez aprendido que la vida es algo incontrolable, me agarra mi madre del brazo y paseamos por Madrid. Vamos en silencio y despacio la mayor parte del tiempo. Compramos el periódico que no lee pero que le tranquiliza adquirir porque cumple su parte de la rutina. Y, cuando estoy entre las sombras de la terraza fumándome un cigarro creyendo que está dormida, aparece despeinada y en bata a comprobar si ha quitado el gas, si las llaves están en su sitio o si hay un botellín de agua fría en la nevera. Me mira y me pregunta cuándo llegué. Yo escondo, instintivamente, el cigarro. Ahí estoy siendo el hijo que se oculta para fumar y podría hacer una historia de todo eso, flotando sobre la superficie de mi propia vida. De la suya. Observándola pasar. Ella desaparece, lenta y con el raspar breve de las zapatillas, por el pasillo. 

Mañana repetimos. A veces la siento en el coche y la llevo a Lavapiés, para que vea la casa donde nació y no me diga, porque ya me lo contó mi padre, cual era la farola bajo la que la esperaba. Está justo a la vuelta de la esquina del número 36. El domingo el camión de la basura, escoltado por la policía municipal, recogía vidrio ruidoso y pautado, despertando lo que ahora es un barrio multicultural venido un poco a menos. Hay momentos en los que se le iluminan los recuerdos y otros en los que sus ojos abiertos han dejado de mirar. También la observo. Mucho. Pero esa historia es de las que duelen porque es incontrolable aunque sea la vida.

12 de junio de 2026

Ya está aqui el verano, ya está aqui la fruta

Ha muerto un británico tras saltar desde un balcón. Empieza, oficialmente, la temporada de verano.

Los estados de whatsapp se llenan de fotos de playas y atardeceres. De algún que otro bikini o una faldita corta. Algunos desaprensivos hacen fotos de sus pies en la orilla. Sonríen delante de una barbacoa. Paisajes identificables de lugares lejanos. Curiosamente los parados vuelan a otros continentes y ese amigo que te debe 50€ ya ha publicado una foto bailando en Ibiza.

La música, quieras o no, se envilece. Machacona, repetitiva, intencionadamente pueril con unas gotas de bondad impostada que huele a cala turística de Menorca. Si alguien cree que la canción del verano no debe de tener todos esos ingredientes es que no vive los cambios de estación.

También llegan los tiempos de flirteos intermitentes, de cameos en vidas que no te pertenecen. Son tiempos en los que el actor que todos llevamos dentro se hace con el personaje. Dudo, en multitud de ocasiones, si alguien que no conozco lo suficiente está haciendo lo que desea o lo que cree que quiere desear. Algunos no tienen cuerpo ni energía para subir ningún monte, saltar de algún puente o sonreir gozosos al lado de un fiordo noruego. José Ramón, que a ti te gusta el jamón y la cerveza del pueblo de tu abuela, no me mientas. María Dolores, que no has sido modelo nunca y ya no te quedan bien las transparencias de Stradivarius que no se pone ni tu hija. Pepe, a ver si con ese dolor en las rodillas me vas a engañar con que viajar en furgoneta es un placer, que tienes que cagar en el bosque. No me mientas con las fotos intentándo hacerme creer que has bailado todos los días de festi.

Como todas las supuestas novedades el verano es un periodo que se coge con energía, como el sexo o la pachanga de solteros contra casados del camping. Empiezas a tope, lanzando órdenes desde el cerebro a los músculos esperando que se cumplan más rápido que un impulso nervioso. Después, unas semanas después o algún gatillazo más tarde (hay gatillazos fuera del sexo, que es cuando ya no haces ese sprint hacia el balón o el mortal en la piscina), empieza un tiempo de aceptación. Supongo que a finales de agosto ya empiezas a estar un poco cansado como quien lo está de patatas fritas de bolsa, cervezas a 10€ y que el mismo jubilado te quite siempre el mismo sitio de la playa porque es mucho más disciplinado con madrugar que tú. Ahora no lo aceptas pero vas a desear comerte unas lentejas, ponerte ropa ancha e intentar dejar de hablar un ingles que no dominas en absoluto.

En realidad una de las cosas que tiene el verano es que, con el tiempo, también se acaba.

5 de agosto de 2025

Verano urbano. Pobres y locos.

Ya ha llegado ese momento del año en el que en las ciudades, si exceptuamos a los turistas, solamente quedan los pobres y los locos.

Afortunadamente para mi, lo cual puede ratificar tanto mi contable como mi psiquiatra, pertenezco a las dos categorías. El problema es que ser consciente de ello me aleja del loco medio.

Siempre he sabido que es peor saber que eres un gilipollas que serlo y no darte cuenta.

También era mucho más entretenido encontrarte a un grupo de señoras sentadas en sillas de playa al borde de la acera comentando la vida pasar. O esa estampa de cuatro jubilados, con las dos manos encima del bastón, mirando al infinito en un banco del parque. En el agosto moderno se disfrazan de ocupación incierta los paseos sin rumbo a lo largo de la ciudad, como si existiera urgencia por algo. La persona que te atiende en ese comercio abierto sabe perfectamente que no deseas comprar nada, porque perteneces al espectro pobre, pero le haces sacar la mitad del muestrario. O puede que no le hagas sacar nada, pero le usas de terapeuta, que es la titulación de los camareros al quinto año de trabajo.

Quizá por cuestiones personales no hago más que ver a ancianos caminando despacio, si no están ayudados por un andador, junto a jóvenes de origen alternativo antes que el sol haga su brillante y calurosa presencia.

Casi todas las mañanas, al salir de casa, tengo la sensación de que es sábado. Es esa desidia y agilidad del tráfico que me hace llegar diez minutos antes, jugando a adivinar cuántos de esos comercios están cerrados por vacaciones o abiertos por resignación. Hoy es martes. Es un barrio poblado de asfalto y persianas a medio bajar.

8 de julio de 2025

Verano de imbéciles

Una de las excusas más empleadas por los delincuentes ocasionales es que estaban borrachos. Esa posesión alcohólica es la que les exime de la tontería o delito que hubiesen cometido.

En verano, independientemente de la ingesta alcohólica, el sol, el calor y la estación son ese eximente.

Ayer me crucé con demasiados hombres de mediana edad con zapatos, pantorrillas blancuzcas y pantalón corto. En la parte superior existen dos versiones: la camiseta reivindicativa o la camisa hawaiana.

No es algo exclusivamente masculino. Aunque sea una época idílica para los vestidos vaporosos y las camisetas con un hombro al aire, aunque unas piernas con ese pequeño bronceado sean parte del brillo o incluso entrever las primeras marcas del sol pueden aparentar el acceso a lo prohibido, aparece ante ti una obesa embutida en un pantaloncito corto que si no la miras puedes imaginar que es de un finlandés jubilado. Va con la misma camiseta que usaba antes de tener el novio que le hizo el primer hijo ( ahora tiene seis) y cree que el pelo desordenado hace que se parezca a Farra Fawcett. El ombligo casi está para afuera y luce un prominente cinturón de jamón ( eso es una metáfora). 

También visualicé a un nutrido grupo de personas, alrededor de un banco del parque que hay debajo de mi casa, con unas mesitas de camping y unas sillas de esas plegables de plástico que parece tela y se te pega al culo, devorando unas tortillas de patata traídas expresamente en tuppers, mientras los niños se refrescaban en los chorrillos de la fuente más cercana.

Algo más adelante, como si fuera una ofrenda al Sol, una veintena de inmigrantes ecuatorianos, y lo digo por las banderas que ondeaban mientras bailaban lo que adiviné como folclore popular, cohabitaban felizmente a la sombra de otro de los escasos árboles de la zona verde urbana que tengo la suerte de visualizar al ir por el pan.

No me he inventado nada. Me sabe fatal caer en clichés.


El uniforme del verano, entiendo, es como la canción del verano. No me vale una canción cualquiera y sus virtudes no están en su calidad. Parece que más que nunca el verano es la excusa para ir como alguien que se ha puesto lo que estaba al fondo del armario, actuar como si no le importara la opinión social y, por supuesto, hacer eso tan incómodo de intentar hacer partícipe a los demás de su deriva estética y cultural. Yo no quiero oir tu música en la playa ni quiero enterarme del chiste que estás contando, a más decibelios que una vespino estropeada, tres mesas más allá en el chiringuito. Con las fiestas populares pasa lo mismo que en las bodas: parece que te obligan a apuntarte a la mierda de la conga cuando suena paquito el chocolatero.

El resto del año, sin embargo, compras todas las papeletas para acabar en el psiquiátrico si vas en pantalón corto abrazando a la gente e intentando bailar con ellos como si fuera tu mejor amigo.

¿Es el verano la excusa para volverte un imbécil?

La respuesta es si.

Hay gente estupenda, pero solo salen en los anuncios de la tele. Tampoco he querido decir nada de las personas que, como están de vacaciones descuidan su higiene y, por defecto, su fuerte olor corporal.

Yo no tengo pantalones cortos pero sí una camisa hawaiana. 

Ahora voy a seguir buscando una canción del verano que, entre otras, deberia ser la de Lizzo pero no lo va a ser.


9 de agosto de 2024

Las vacaciones de los demás.

Normalmente la foto de "aquí, sufriendo" la publica ese amigo tuyo que lleva todo el año quejándose de que no tiene un euro y que la vida es durísima porque no llega a fin de mes. El mismo que te cuenta los lunes la tremenda resaca que tiene, se ha comprado un coche y te intenta convencer que su iphone de ultimísima generación es mucho mejor que tu android, aunque su principal preocupación es que, en las fotos frente al espejo, se vea el logo.

Si le intentas hacer una pequeña crítica te dirá, rápidamente, que si acaso él, como trabajador proletario castigado por la maquinaria infame del capitalismo, no tiene derecho a vacaciones. No nos referimos a unas vacaciones en Valdemorillo del Bierzo sino unas dignas. Con su barco y su playa. Su chiringuito con copazo que lleve puesta una sombrillita. Su cama king size. Sus vistas al salir de la ducha y alguna visita guiada a lugares de fuerte componente cultural que desconoce pero le hacen interesantísimo. Obviamente, te dice, debe de recuperar energías porque en el último año ha trabajado mucho. Más o menos, entre bajas y paros discontínuos, tres meses. Claro que se puso mala su mascota y debía de estar cuidándola. Ahora, sin embargo, la ha dejado en un "hotel para mascotas" porque este sistema antiespecista no comprende que se pueda viajar con perro.

¿Tengo envidia de que el perro viva mejor que yo?. Probablemente si. Sin embargo lo que me jode y no logro entender es que yo vivo cada día exprimiendo mi rendimiento laboral hasta el máximo nivel que me da la energía y entre un crucero por el Caribe o reducir la hipoteca haya optado por la segunda opción. Por eso me quedo viendo los aparcamientos vacíos en una ciudad de influencers de Instagram que parece que crean porno para podólogos con tanta foto de pies en la playa.

Una parte de mi espera que tras ser la jodida cigarra pasen un invierno cabrón y frío pero nunca sucede. Año tras año los muy hijos de puta se superan. Han pasado de Marbella a Ibiza y de Ibiza a Chipre. De Chipre a Punta Cana, con parada cultural en Nueva York sin que les atraque ningún yonki del fentanilo. Cada maldito día publican algún atardecer y ya han cogido colorcito como si vivieran en un reportaje del Hola. Los mayores dramas son los días nublados, algún mosquito y que les han puesto poco hielo en el mojito.

Si algo tenían de castigo las vacaciones de los demás cuando no había redes sociales era tener que soportar el carrusel de fotografías mientras te contaban sus inmersiones entre tiburones en Papúa Nueva Guinea. Ahora no es necesario porque te mantienen al día en todo momento y sin que a ninguno les hayan arrancado un brazo al sacarlo de la jaula.

En septiembre te volverán a contar lo durísimo que es volver a la vida convencional y se harán los locos en la primera ronda, porque ya no les queda dinero. Contarán los días para las vacaciones de navidad, las de semana santa, tres o cuatro puentes de guardar y te intentarán convencer que el estado DEBE de ayudarles con los libros de los niños, lo cara que está la luz y los pocos puntos de recarga que hay para el coche eléctrico que van a comprar.

Y lo curioso, lo mágico, lo insospechado del término, es que siempre lo logran. Duermen caliente, comen rico, sonríen en los selfies y los vehículos los tienen limpios pero nunca les ves limpiando el coche. Jamás demuestran miedo a quedarse sin ingresos, enfermar, sentirse abandonados o simplemente arrepentirse de haber despilfarrado sus posibilidades como los perros que se lanzan a comer sin pensar que luego pudieran tener hambre de verdad.

La única conclusión a la que llego es que el mundo se divide en dos: los que ponen y los que usan. A mi me tocó poner como el que madruga para ir a por el pan sin ser, jamás, el que se despierta despreocupado porque alguien se encargó de hacer las tostadas y me quejo porque la mermelada es de fresa cuando a mi me gusta la naranja amarga.

19 de julio de 2024

Las fotos de verano y la respuesta buscada.

Poseo muchas taras. Afortunadamente las conozco casi todas pero eso no significa que las haya eliminado de mi vida sino que, como quien ha aprendido a vivir con sus disfuncionalidades, las dejo asomar si es medianamente conveniente.

El problema es que también sé que favores precisamente, no me generan.

Hace muchos años estábamos recuperando datos de un ordenador. Es curioso como la vida de las personas se puede imaginar con unos cuantos detalles que pasen por tus ojos. Primero sale en las fotos de fiesta, luego aparece siempre un muchacho, más tarde están los dos, después pasean a un perro, luego hay imágenes del embarazo, una niña muy mona jugando con el perro, de golpe él ha desaparecido, la niña crece, el perro se hace mayor y la protagonista vuelve a poner fotos de fiesta. No hay que ser Sherlock para unir los puntos de la historia.

El caso es que mi compañero no es ciego, al igual que los médicos, los fruteros o los bomberos. Comentó que la chica que aparecía en las fotos aparentaba ser tremendamente atractiva. En realidad no ese atractivo infinito y elegante de Linda Evangelista en 1989 sino algo más Samantha Fox en las paredes de los talleres mecánicos de la misma década. Algo me extrañó porque ese equipo lo había traido una familia convencional con padres del mismo atractivo que yo e hijos de bastante poca edad. Tomé la decisión, una vez recuperada la información y realizado con prestancia y calidad nuestro trabajo, de pedir a los padres que vinieran a una hora específica y sin los hijos. Así se lo hice saber. Cuando llegaron les llevé al taller. Al igual que hacemos con todos los clientes, encendí el equipo para mostrar que todo estaba en orden. "Sin embargo"- les comenté- "hay algo que creo que deberíais de saber". Me fui a las carpetas recuperadas. "Obviamente cuando recuperamos la información ésta pasa a ser visible y aunque nos importa muy poco lo que haya creo que como padres deberíais saber las fotos que guarda vuestra hija". Me miraron como si yo fuera un purista de 1949 que se hubiera escandalizado por verle el tobillo a una mujer en el autobús. "Ya sabes"- dijo la madre- "que estas niñas se hacen miles de fotos. Es normal". Entonces abrí una de las fotos en las que la "niña", a sus no más de doce años, aparecía en tanga, a cuatro patas sobre la alfombra, con un pecho que no tiene una senegalesa con tres hijos y con un chupete en la boca.

Llegados a ese punto los padres cometieron lo que me parece un error. Me pidieron que dejara el equipo ahí y fueron a buscar a su hija. Volvieron con ella y pasaron al taller. "Enséñaselo"- me pidieron como si yo fuera un verdugo. Yo abrí alguna de las fotos y me quedé callado. Ella puso la misma cara que ponen los perros cuando saben que han hecho algo mal. Sin embargo, como un primer ataque de adolescencia, quiso justificarse. "La verdad, mamá"- empezó buscando complicidades- "es que con las fotos del uniforme o jugando con mis amigas no me hacía caso nadie y con estas fotos tengo cientos de likes". Supongo que es algo parecido a las chicas que se subían las faldas de tablas un poco más allá de la rodilla y los del colegio de chicos les prestábamos un poco más de atención, pero en su versión 2.0.  A una determinada edad el reconocimiento, por el motivo que sea, es más importante que uno mismo.

Cuando me encuentro cientos de perfiles hipersexualizados en internet me acuerdo de aquel día.

Cuando llega el verano y los bikinis que dejan ver un poco pero no del todo aunque mi cerebro heterosexual juegue a completarlo, vuelvo a ese instante.

Y me doy cuenta que más de uno y de una, que han dejado atrás la adolescencia, quieren buscar la misma popularidad de aquella niña. Usan los mismos métodos. En Instagram, en Tinder, en Facebook, en una foto que te llega por whatsapp pidiéndote que te fijes en el paisaje.

Es mucho más popular una buena forma que un título de Harvard, sobre todo en estos tiempos de inmediatez.

Luego ya, si eso, puedes decir que la sociedad patriarcal te hipersexualiza pero si te lo estás haciendo tú, no te quejes.

Ahora ya podeis empezar a haceros las fotos vacacionales.

Y me las enviais, que estoy muy solo.

14 de agosto de 2023

El mono que publica en instagram

La naturaleza humana es caprichosa y obstinada. Muchas, quizá demasiadas cosas de las que hacemos vienen determinadas simplemente por el hecho de ser animales. Como animales que somos, irracionales y con instintos, nos inclinamos extrañamente hacia determinados lados. Un ejemplo, no determinante para el dia de hoy, es eso de sentir atracción por aquellas personas que nos parecen más fértiles o que disponen de las posibilidades adecuadas para algo parecido a la subsistencia en el tiempo de nuestros genes. Lo llaman "el gen egoista".

-Me acabo de separar- comentaba. -Mi exmarido - seguía como si estuviera despechada- ha dicho que mi adicción a la cocaína lo ha arruinado todo-. En ese momento es cuando, instintivamente pasé a sus brazos raquíticos, su dentadura amarillenta y no podía dejar de ver las fosas nasales. Seré un clasista, probablemente, pero se me quitaron las ganas que tampoco tenía.

Supongo que, de la misma manera que las yonkis acarrean algún punto negativo, el dinero y los posibles, así como irradiar alegria y jolgorio, puntúan en la otra dirección. Cuentan que los monos más idiotas son los más populares en sus comunidades. Claro que el concepto "idiota", en el estudio, se refiere a codiciosos y problemáticos. Yo siempre he pensado que el "idiota" era el cuñado, el que le decía a Sócrates que si sabía que no sabía nada, ya lo sabía él mucho antes.

Ayer oí en la radio que los seres humanos buscamos que alguien nos quiera (o se preocupe por nosotros) porque eso responde al instinto de supervivencia. No somos capaces de sobrevivir por nosotros mismos, aunque nos empeñemos en ello. Viene a ser lo mismo que buscar el reconocimiento y pertenencia a un grupo que nos acoge, porque en un grupo las posibilidades de subsistir son mayores. Llevo un tiempo que ni una cosa ni la otra, y reconozco que escuece. Esa búsqueda es de la que se nutren las redes, las modas y muchas decisiones que tomamos sin pensar. Llevar hombreras en los 80 o la mierda de foto del ala del avión responden a la necesidad de pertenencia a un grupo. Vamos, lo mismo que decía tu madre cuando te preguntaba que si tu amigo salta de un acantilado deberías saltar tú. La respuesta racional es que no porque tu amigo es un imbécil pero la natural es que si porque te hace sentir que eres uno más del grupo. La necesidad de pertenencia es mucho más poderosa de lo que parece cuando se racionaliza.

Si algo tiene el verano es que esa necesidad de pertenencia se acentúa. Nos hacemos amigos para siempre de gente que no estará en septiembre. Realizamos las mismas fotos de mierda que hacen todos los turistas y nos vestimos ridículamente. Ponemos la foto de la barbacoa y la del atardecer. La de los pies en la playa y alguna con las marcas del sol. Dos referencias a chiringuitos y alguna "in intínere" desde el paraíso hasta el edén. Todo ello son intentos ridículos, incluído el enfoque infame del concierto, de gritar que somos uno más. El mono que tenemos dentro hace click en "publicar".

Pero no solamente es publicar, sino dejar bien claro que somos personas resolutivas, resueltas ( que no es lo mismo) y válidas. Que a nuestro lado, queriéndonos un poco, podrás ser tan feliz como te estamos demostrando que somos. Te estoy diciendo que si me quieres tu vida será mejor porque irás en barco y verás campos de girasoles al atardecer. No hay alergias, ni resacas, ni colchones duros. Nadie que va de caravana te cuenta lo maravilloso que es cagar en una cuneta.

Así que en esas estamos: recibiendo una y otra vez fotos, publicaciones y maravillosas postales acompañadas de mensajes enriquecedores mientras dura el verano. De lo que no te has dado cuenta es que quien está disfrutando es el mono que llevas dentro. Ojo, que los "idiotas" publican más porque se sienten más populares. Porque el gen egoista permanece y el gen altruista desaparece.

Pd: Una cosa es que nuestra naturaleza nos intente llevar por determinados caminos y otra que los cojamos. Nadie te dice, a veces, que uno de esos caminos está lleno de dragones pero sí que es verdad que nos quieran sienta bien, casi igual que pertenecer a un grupo. Algunos aprendimos demasiado pronto que no había que tirarse del acantilado aunque lo hiciera tu amigo. Pero te quedaste sin amigo y quien te tenía que querer, porque lo hiciste fatal, se fue con un mono. Les va bien, supongo.


22 de junio de 2023

Canciones del verano ( que no)

Una persona no demócrata, intolerante, respetuoso a medias y alta me pidió, hace unos dias, escoger una canción del verano.

Obviamente pensé, porque es una maldición que va conmigo, que me estaba pidiendo una canción fuera a tener éxito este verano. Así que rápidamente llegué a la conclusión que tenía que ser facilona, en español, que llame la atención a mayores y jovenes, de calidad discutible, letra recordable y ya en el punto de partida de las más escuchadas.Si a eso sumamos que haya perdido en algún concurso, nos queda Nochentera de Vicco.


Entonces me llamó, asustado. "No puedo asociarte a esa canción. Es indigno para ti. Has de escoger algo que te guste a tí"- "Tendrá que ser de verano"- le respondí, estupefacto. Inmediatamente me vino a la mente la blanquísima "mo, mo, mo, mójate la tripa" del grupo de entretenidísimo directo Daltonics.



Esa es refrescante y fácil. "¿Pero suena increíble?"- preguntó. "No, claro que no. Es canción de verano". "Entonces no me vale". Tampoco valen, entonces, todas las siguientes:



Claro- pensé en soledad. Si el año pasado Leon Benavente eran el mejor directo del pais (aunque el directo de los Zigarros estaba muy muy tequilero), podría dejar bien claro los dos directos más interesantes que nos vienen, pero no es veraniego en absoluto. Y , además, siguen siendo en lengua española a rabiar. Uno porque me gusta mucho la chica del video y otro porque la sombra de C Durante es alargadísima y casi fue superada por la maqueta de Niña Polaca aunque, como Kitai, firmar con una multinacional les jodió vivos. En este pais los prometedores se joden cuando conocen a Leiva ( Zigarros, Quique gonzalez por poner dos ejemplos) o cuando firman con Warner ( nombre ficticio)



Pero también estuve dando vueltas en aprovechar la deriva electoral. Y me llegaron unas cuantas:



Pero claro está que ninguna de las anteriores son temazos porque los temazos son intemporales y NINGUNO vale para canción del verano. Si es del verano no es del otoño, ni siquiera de entretiempo.

Las canciones son para los momentos. No vale la canción de tu entierro para la boda del tipo del quinto. No vale para ponerte tierno la misma con la que gritas en el coche. No vale.

Voy a tener que seguir buscando. No me vale algo del mes pasado que suena a 1994 o aquel concierto de aquel grupo que desapareció ( primer disco espectacular) y en el que el líder es ahora un profesor de matemáticas canadiense.

28 de julio de 2022

El verano de Mari Tere

 Ayer, en Bilbao, 15,000 personas fueron a ver un concierto de música sin músicos.

Viene a ser lo mismo que apoyar al comercio sin entrar en una tienda, contar que dispones de una fabulosa vida sentimental sin compartir tus miedos con nadie, efectuar una conducción deportiva con un coche automático que lleva activado el asistente de cambio de carril o jactarse de sobrevivir en la selva por haber pasado tres días en un resort de Vietnam.

Estamos sumergidos en el verano de las experiencias descafeinadas donde es mucho más importante el título que el conocimiento. Vamos, como la educación moderna.

Nos enfrentamos a una situación donde el fantasma hedonista que habita en el hombro de una mayoría demasiado ruidosa se hace con las riendas de todo. Mari Tere ( nombre ficticio) se ha fijado en un muchacho atlético en la playa. Le ha mirado desde la toalla de enfrente. Con el movil, puesto de forma que no refleje demasiado el sol, le ha buscado en alguna aplicación sin éxito. Con una foto que le ha hecho ha efectuado una búsqueda de imágenes en Google. Se debate entre varios resultados y , por supuesto, ha elegido a un físico teórico termonuclear de buena planta con el que fantasea mientras se deja calentar por el sol sin percatarse que pone que se llama Rashid y vive en Nueva Delhi. En realidad el chico responde al nombre de Jose Ramón ( nombre ficticio, también) y trabaja en el servicio de recogida de basuras del ayuntamiento por las noches. Un trabajo dignísimo y mucho más útil para el día a día que la fusión fría teórica.

Mari Tere le piensa llegando a la puerta del hotel con su bata blanca y las gafas de pasta. Justo cuando ella acaba de salir de la ducha y se tapa las carnes con una toalla blanca y esponjosa. Quiere que pase eso, precisamente eso. Como ella lo desea tanto, debería de ser cierto. Si deseas algo con la suficiente intensidad, sucederá. A Jose Ramón, que está completamente ajeno a los deseos de Mari Tere, lo último que le apetece es acostarse con, según sus gustos, una tanoréxica arrugada sobrada de kilos que además lleva un aro en la nariz y un tatuaje, ajado ya, de una campanilla en el hombro. Es un dibujo que tenía gracia en 2003 pero ha envejecido peor que una camiseta con un smiley.

Ella escoge un selfie, de los quince que se ha hecho, con las gafas de sol y el muchacho al fondo. Pone filtros para parecer lo guapa que sería si estuviera buena y se queda esperando que todo suceda. Pero no hace nada por que suceda y, obviamente, no sucede.

"Qué guapo el chico de atrás"- le escriben en un comentario que lee al llegar a la pensión sin toallas en la que se aloja. "Era gay"- responde. "Ahora a disfrutar de la noche"- añade. Y enciende la tele mientras, en la calle, Jose Ramón pasa con el camión recogiendo el cartón de la pizza que ha cenado.


3 de agosto de 2018

Cada uno su verdad

Supongo que ante la obligada necesidad de vivir cada día ella tomó la determinación de vivirla de la mejor manera posible: alejando el dolor que producen los excesos, tomando mucho el sol, teniendo un amante oficial y dos en el banquillo. Preocupada por las cosas fáciles que están a su alcance: la forma en  la que le queda un determinado vestido y si le han hecho una raya en un pequeño deportivo para el que ha comprado unas gafas que le hacen tener un punto más de glamour en los semáforos.

La mejor manera de no sentir que la deriva del universo arrastra a lugares desconocidos, por definición incontrolables, es crearse un mundo a medida. Se parece a esas noticias de algunas cadenas que hablan de ellas mismas y hacen de serpiente comiéndose la cola en un ciclo infinito. Los seres humanos tenemos un entorno vital que no suele superar los 10km cuadrados. Dicen los científicos que tener más de 150 amigos es imposible para la capacidad humana. Es más que seguro que cada uno nos creamos de manera consciente o inconsciente un universo a medida donde las cosas son  como nos interesan. No sé, todos los ricos son malos, los ex unos hijos de puta,  los inmigrantes almas de cántaro y los gin tonic deben de llevar pepino. Si te sacan de ahí la cabeza explota como una bomba atómica.

En verano, casi como quien lee el periódico que le dice lo que quiere oír, algunos se crean y retozan como piaras en los lodazales de sus universos. Los que se van de viaje a un resort y dicen que conocieron  el país. Los que persiguen las actuaciones de artistas que ya saben que les harán cantar. Las que quieren sentirse adoradas por argentinos amables que las tratan de "vos". Quienes están convencidos que descansar es dejar la mente en blanco preocupada sólo por las quemaduras del sol. Hay quien  ignora lo que fue y se inventa lo que quiere ser entre las anécdotas que se decoran con una cerveza entre el atardecer y altas horas de la madrugada.

Pocos terminan en el Gran Hotel Budapest, escuchando.

No hay ninguna crítica en mis palabras. Es más, hay una envidia desatada. Casi la misma que me lleva cuando alguien, en medio de una comparación, me pone en el lado del "antes" haciendo el símil con las fotos de productos para adelgazar.

La interpretación de las palabras es mucho más peligrosa que las mismas.  Mucho más.  Jugamos con los significados de maneras infames. Unas veces no queremos darnos cuenta y otras llevamos al rincón que nos duele las mismas frases, poniendo limpias las sábanas de nuestros fantasmas.  Nunca volvió a llamar y ese engranaje podrido la dibujaba desnuda,  con la piel erizada,  las alas abiertas y sintiendo,  susurrando incluso que esa sensación nunca se la podría dar ni siquiera por equivocación o borracho,  que es cuando se me caen los filtros. No es verdad (o si) pero hay un momento entre la cena y el sueño en el que sube esa idea desde el estómago hasta un músculo que no existe cerca de la garganta,  impidiendo respirar con propiedad.

El error consiste en imaginar un universo incontrolable.  Un universo infinito. Un lugar donde da igual lo que haga,  lo que diga,  lo que sea o en el que me convierta en un superhéroe porque no pertenezco a ese espacio.  Para los amigos que ya no están lo que sucede es que no existes.  Lo mismo para las amantes que cerraron la puerta al salir. 

Y aunque, en esa gestión de la culpa unida a la nostalgia que lleva la constatacion de la ausencia,  queramos creer que hay una solución para todo, no la hay. Teletransportarse no es una buena idea si la cápsula de destino está sellada porque es del mundo a medida de otra persona.  Una burbuja que ya ha terminado el aire. 

Así que como hay que vivir,  y eso es casi una obligación insana,  ella puso las piezas que consideró y ahí va,  de un lugar al otro sin salir ni un milímetro.  Sonríe y los ojos miran donde ve lo que quiere,  donde ponen una y otra vez "Love Actually " y donde llega al orgasmo,  la ducha tiene un fluido y agradable caudal de agua,  donde la toalla limpia la sujeta encima del pecho  y sobre todo donde casi nada perturba las normas no escritas que debe cumplir la verdad. Un lugar donde es el centro,  la reina,  todas las princesas y solo suenan canciones y opiniones aprobadas por su señoría. Un espacio con los dramas a medida y donde el doble check azul solo lo vea quien sea adecuado para ese momento.  

Y es una verdad. Hay tantas como veraneantes.  


20 de julio de 2017

Yo, Batman y las cucarachas de viaje.

Si hay una apocalipsis sobrevivirán las cucarachas, no los superhéroes.

Entonces no entiendo el esfuerzo cotidiano en ser un superhéroe. Ni siquiera qué es lo que se puede considerar un superpoder. Si es encontrar una canción para cada momento, lo tengo. Si es comer con las manos sin que se me caiga un poco de salsa, no lo tengo. Del teletransporte no hablemos. La invisibilidad es mía más días de los que quisiera. La perseverancia no es un superpoder, excepto si es la capacidad superlativa de perder el tiempo, y se llama procrastinación.

A algunos os han convencido fuertemente en que teneis algún superpoder, que sólamente hay que apretar los dientes y esforzarse para llegar a encontrarlo porque, como si fuera esa frase de "campo de sueños" : si lo construyes, él vendrá. Es como un derecho, una obligación de la vida para con cada uno. Una falacia que te deja seguir vivo hasta que llega una mañana que, embutido en el traje de Superman, tratas de saltar por la ventana. Me han gustado siempre los superhéroes atormentados y una de las pocas diferencias entre Batman y yo es que él tiene dinero. Y un mayordomo. Y el batmóvil. Tenemos el mismo tono de voz. No volamos ninguno. Yo duermo más. A los dos nos vacilan payasos vestidos de comodines.

Las cucarachas no tienen objetivos en la vida, ni deadlines. Tampoco se ha constatado jamás que sonrían o lloren. Sin embargo están ahí, correteando por los azulejos de los baños de los bares de carretera en los que algunos se detienen sin saber muy claramente el motivo por el que hacen algún viaje. Por disfrutar, por aprender e incluso por escapar. "¿De qué me sirve salir de esta inmensa ciudad si de quien pretendo huir seguirá dentro de mí y eres tú?" dice una canción. El ser humano, curiosamente, necesita excusas plausibles para ir al otro lado. Si son magníficas, mejor.

Todos los que salen en los anuncios tienen superpoderes adjuntos a un coche, un móvil, un seguro de vida, un detergente, unas compresas o un crédito (caro) con el que irse de vacaciones. Algunos políticos en campaña quieren convencerte que tú eres así si les votas. Y lo haces como los demás, como los que después van a su casa con las orejitas abajo, como Batman cuando está triste, como yo. Pero yo ya he asumido que superpoder no me queda ninguno. Quizá hacer tortilla de patata muy rápido.


11 de junio de 2017

Canciones del verano 2017 (que no lo van a ser)

Filtros de decisión: de este año, castellano, y que deberían de valer como canción del verano 2017 ( optimistas (por eso no sale !Viva! de los Punsetes), alegres y entretenidas) pero no lo van a ser porque sera alguna mierda que vaya despacito o resulte insoportable.

(Iré completando)

1- Las Gachises - Operación verano 2017

2- Delafé - Lo más bonito del mundo (es del año pasado pero se lo merece)

3- Dolo - Ahora

4- Varry Brava - Chicas

5- Novedades Carminha - Te quiero igual

6- Sidonie - Siglo XX (se aceptan propuestas para cambiar por "Sexy Zebras - Quiero F****r contigo")

Extra - Canción para tararear  tranquilo mirando al infinito del mar, creyéndonos contemporáneos pero en realidad sintiendo ganas de algo parecido al amor, con esa mirada del final del video. Rusos blancos - Insuficiente
Y quiero que me recuerde a alguien que sé perfectamente quien es.

1 de agosto de 2014

Agosto, el exoesqueleto.

Exoesqueleto era la zapatilla de mi madre castigándonos cuando nos portábamos mal. Exoesqueleto es un guante, unas gafas graduadas o un relleno de sujetador.

Exoesqueleto es un monovolumen lleno de veraneantes, cargado con sus misiles en forma de maletas, dispuesto a explotar sobre la casa de verano de los abuelos que tiene un jardin en medio de la nada. Y es mejor que una quincena en un resort de Punta Cana, pero menos cool.

Exoesqueleto es mi motocicleta conmigo encima, mi casco con bichos estrellados en la visera.

En definitiva, y aunque parezca modernísimo, exoesqueleto es cada cosa, cada componente que usamos para llegar más allá de nuestras posibilidades mundanas. Exoesqueleto es un mensaje de teléfono diciendo, la mayoría de las veces de una forma confusa, que te echo de menos porque es una forma de llegar donde nuestras limitaciones no llegan. También lo son los mensajes que no mandas.

Es un zapato con alzas, una camiseta que te hace más fuerte. Es un vestido ajustado o una faja, mentirosa como la teletienda, que prometes no quitarte en la intimidad. En la edad media era una armadura.

Es un verano vivido en medio de la incógnita de la vuelta de septiembre.

Exoesqueleto es agosto, porque es una de esas cosas que nos hace sentir que somos más de lo que somos.


pd: El exoesqueleto (del griego ἔξωéxō "exterior" y σκελετόςskeletos "esqueleto") es el esqueleto externo continuo que recubre, protege y soporta el cuerpo de unanimalhongo o protista. Un exoesqueleto o dermoesqueleto recubre toda la superficie de todos los animales del filo artrópodos (arácnidosinsectoscrustáceos,miriápodos y otros grupos relacionados), donde cumple una función protectora, de respiración y otra mecánica, proporcionando el sostén necesario para la eficacia del aparato muscular.

pd2: Probablemente exoesqueleto, también, debería ser esa persona que nos hace sentir invencibles.

21 de junio de 2014

Verano digestivo.

Hoy, a las 12:51, ha empezado el verano
En realidad es un tiempo extraño, de esos en los que los calcetines y las chanclas se encuentran por la playa. Son esos meses en los que se pone encima de la mesa la esperanza, peliculera y tontuna, de que se arregle como en un cuento de hadas lo que no se pudo solucionar en invierno, ni en otoño, ni con las luces ilusionantes de la primavera. Al principio es un "esta vez sí" y a mediados se convierte en "ya verás como". Al final es un "ahora o nunca". En EEUU se ha puesto de moda el YOLO, que es la estupidez supina de vivir cada día como si fuera el último porque se agarra a la obviedad "coheliana" de que cada día es único. El problema es que es el único para cagarla, también.

Por supuesto que cada uno lo vive como quiere. Puede ser el año del whatsapp o puede ser uno de esos en los que se procura que las fotos tengan un bonito paisaje y una sonrisa enorme para autoconvencerse que es el mejor de todos o, como efecto colateral, mejor que el de los demás. Esto de estar por encima de los demás es muy humano. Follar más, ir más lejos, beber más rápido, tener más visitas en los videos de youtube, más amigos en facebook o simplemente más followers. Da igual la calidad, la entereza, el efecto que genere sobre nuestra parte más interna o nuestra psique más personal, el caso es que sea más. Si es más, como una audiencia extrema, se le presupone mejor.

Y no, no lo es. Hace tiempo, mucho antes de que Bisbal fuera citado por los nuevos reyes en vez de algún músico virtuoso, que la mayoría demostró que no es sinónimo de bondad o de felicidad. La mayoría es simbolo de saturación, como un outlet de centro comercial en un sábado con niños. ¿La mayoría es tonta?. No. La mayoría es FACIL.

Fácil es tostarse al sol sin hacer nada, comer comida precocinada, ir a lugares marcados en las guías turísticas con una estrella. Fácil es la telebasura y la canción del verano, crtiticar al gobierno, hablar de fútbol. Fácil es decir a todo que sí y no hacer nada, culpar a los demás, esconderse en una cueva o en la cueva de la multitud.

Es difícil asumir los errores propios, sentarse en la hierba para tomar aire y enfrentarse a uno mismo identificando las mil maneras en las que nos protegemos de nosotros y marcar los cien motivos para no cortarse de un tajo las venas. Es difícil decir sinceramente "quiero verte a tí" y estar preparado para recibir un "no" sin saltar al cuello de las debilidades ajenas. Es dificil sentarse a ver los desvíos incorrectos. Es difícil aprender, después de una siesta veraniega, que puede que las cosas no sean ningún cuento, que estemos hechos de hielo, que nos derrita el verano o que no lleguemos al invierno y, aún así, sigamos sin ir por el lado fácil de la vida que se metamorfosea en una estación en la que vuelven a ganar los mediocres. Y las reposiciones. Y los mundiales perdidos.

No espereis a John Wayne al frente del ejército mientras viene a salvaros al son de una corneta.No hay salvación en el lado fácil aunque pero me han dicho que es mucho más divertido hasta que llega septiembre.

Ni tú ni yo somos John Wayne.

Una canción de Los Enemigos no es más digestiva que una de Disney, pero dice mucho más aunque no  deje bañarte.

23 de mayo de 2014

Personal trainer

Ni primavera ni tormentas ocasionales: estamos en plena operación bikini que es el deadline de la grasa.
No importa la consecución intelectual del éxito, no hay un deadline cultural. Importa, de una manera sangrante y piadosa, de una forma sacrificada y obsesiva o con una actitud espartana y exigente que las grasas o las formas se vayan a los lugares donde deseamos que estén. No hay gordos en el escaparate veraniego. Hay que entrar en la ropa que se compre cuando lleguen las rebajas de verano con el mojito en la mano y poniendo cara de que se está así todo el año.

Son las oposiciones al postureo personal, las ganas de coger colorcillo, la necesidad humana de sentirse observado y deseado. Muchas veces lo único que importa es saber que te miran y para eso, como si fuera la intro de Fama, hay que ganárselo con sudor.

Y, quizá por ser un fetichista de la mente, me pregunto el motivo por el que no hay una "operación cerebro", una temporada del año en el que se agoten los autodefinidos y la wikipedia sea más consultada que la dieta Dukan. No comprendo por qué las librerias no están repletas de personas deseando tener temas de conversación inteligentes, los conciertos saturados con los carteles de "no hay entradas", los museos ampliados o las charlas intelectuales con oyentes en el suelo porque ya no quedan sillas.

Creo que es porque es más fácil, como un producto chino falsificado, cambiar la imagen que aprender a pensar. Aunque lo uno sea algo voluble y lo otro sea para siempre.



Pd: Claro que hay personas hermosas que además son mucho más listas que yo. Conozco alguna pero, como las que son sólo bellas o las que son sólo hermosas, están por ahí viviendo su vida. Unas no me quieren por tonto y otras por feo.

26 de junio de 2012

Pilar , Sara y Belén

Parece ser que la mejor manera de terminar por aurrinar este pais es que la portavoz sea Pilar Rubio, con lo cual fracasaremos como fracasan los programas que tiene la mala suerte de presentar esta buena muchacha pero, al menos, lo haremos con la representante gubernamental más guapa del continente.


Solo falta que la canción del verano tenga las palabras "Prima de Riesgo" para que yo, personalmente, decida cortarme las venas y mancharlo todo de sangre.

Hoy he visto a una señora jugarse la vida persiguiendo a un euro que se le ha caído y se ha ido rodando a la carretera. Mientras los coches frenaban ella iba en cuclillas subiéndose la parte de abajo del vestido y con los ojos fijos en el metal y he pensado, con la resignación del español medio, que si los árabes miran a la Meca las monedas en España siempre ruedan hacia Alemania.

31 de agosto de 2011

Se acabó el verano

Se acabó ese extraño momento en el que ir disfrazado de macarra por la playa es algo moderno. En el que ser un simpaticón sin recursos no es ningún problema. Se acabó el tiempo en el que te encanta inventarte historias para macerar la verdad delante de aquellos que te ven cada muchos veces. Se acabó, incluso (foto 1) el tiempo de los descubrimientos.


Se acabó pensar que vas por ahí (foto 2) tocando los culos de dos en dos, y que eso es sano y satisfactorio. Se terminó el agotador trabajo de esconder las bolsas de resaca debajo de los ojos y de soportar las largas carreteras en las que abres las ventanas (o un poco la visera del casco) para ver si el viento se va llevando los malos pensamientos.

En definitiva, se acabó ver culos y disfrutar como un niño pequeño (foto 3) para volver a ser un adulto que sonríe como si hubiera cometido una travesura que ha durado casi un mes.

Bienvenidos a casa, que es donde está la vida de verdad sonriendo mientras te ve llegar. Algunos vivimos todo el año en verano (porque tenemos alma de traviesos y zangolotinos) y por eso estamos en terapia. Aunque Fukushima siga irradiando, los empleos perdiéndose, las parejas rompiéndose, el 15M despistándose, las pensiones reduciéndose y las música de verdad dejando de radiarse este año. Y es que el año de verdad empieza ahora, en septiembre. Y va a ser, sinceramente, la rehostia.

Y si te lo pierdes: Tu verás (como la canción).
Pd: o como el final de verano azul.

22 de agosto de 2011

Turismo de calidad +7.4%

Bienvenidos, señores turistas, a España.

Aprovechando que Tunez, Egipto, Marruecos y todos esos paises baratísimos para el amante del low cost que es el turista europeo están un poco alborotados según la sacrosanta BBC, hemos decidido ampliar nuestra oferta.

Tenemos sangría barata, balconing, ibiza, estramonio, mallorca bilingüe (modo germano : on), miles de vírgenes ansionsas de ser penetradas por los borrachos falos de sus adolescentes, apuestos jóvenes con perfil en Badoo sentados sin camiseta delante de su Opel Astra con alerón y lengua bífida para sus mancebas de piel blanca. Tenemos Dj´s, un par de ruinas para justificar el elemento cultural del viaje, estupendas puestas de sol, los precios (y los comerciantes) más arrastrados del continente, centros residenciales con pisos en oferta propiedad del BBVA, más campos de golf que melones y un par de líneas de AVE que se han convertido en los orgullosos pantanos de la democracia moderna.

Tenemos diversidad cultural (a base de manteros políglotas) y sainetes de regalos (para los avanzados en el idioma) en el 5 de su canal. Tenemos licenciados en derecho que le sirven el cafe por la mañana, ingenieras químicas que le hacen la cama de su hotel, un grupo de farmaceúticos en paro que barren las calles mientras duermen la borrachera y el litro de cerveza a menos de 3 euros.

Tenemos toros, a Sergio Dalma, Bisbal, Malu llorando por el novio que no encuentra y, para rematar la oferta, nos hemos traído el Papa Tour 2011.

Tenemos un muchacho con un master en Harvard que volvió a casa de sus padres especializado en serviles un mojito mientras luce pectorales detrás de la barra, una doctora titulada que baila en el podium de la discoteca para pagar la hipoteca de su piso de 50m cerca de Aluche y algún que otro mendigo que, si le da 30 euros, le levanta el muro de su chalet de veraneo ya que pasó 10 años trabajando en la construcción.

No me extraña, pensando en ello, que nuestros políticos estén orgullosos del turismo de calidad donde el que te atiende está más cualificado que el turista de turno.

En septiembre asistiremos a un hinchado anuncio de la bajada del paro.