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11 de agosto de 2026

Jose Ramón, el progresista concursal (relato)

Se podría suponer que Jose Ramón era un tipo de esos que se llaman ufano. Simpaticón. Resuelto. Con un grado de sobrepeso que no llega a la obesidad ni al incómodo visual sino que, por el contrario, irradia una buena vida. Queramos o no las formas físicas dicen de nosotros bastante más de lo que parece y todos los excesos se asocian a negatividades. Tan malo es aparentar ser un adicto al fentanilo como estar vigoréxico perdido ya que ambos lados llevan implícito estar escapando de algo. Así que ese punto de gordura, el traje de Cortefiel, el coche aceptable pero no excesivo, la mediana edad, la forma de pasar la mirada de uno a otro de sus interlocutores en el bar o la, probablemente, alta valoración de sus propios logros le resultan en un espécimen que se coloca a mitad de camino entre un rey del pelotazo de los 80 y un propietario de una explotación agrícola de Zamora que ha llegado a un punto en el que no ha de trabajar con (animales) cerdos. Tuvo una mascota una vez, pero eso fue justo antes de montar su negocio.

Jose Ramón se dedica a personales menesteres. Jose Ramón tiene una empresa que organiza eventos mundiales. No eventos cualquiera, sino mundiales. Ayer mismo se fotografió con el orgulloso ganador del premio al mejor torrezno de Soria del mundo. Tiene los billetes para entregar la documentación correspondiente, mañana mismo, al mejor roscón con fruta escarchada del planeta. En un par de meses irá, ciudad por ciudad, dando premios a la mejor tortilla de patata 2026. En algunas poblaciones da hasta dos. Cada vez que vas a un comercio y ves un cartel que lo reconoce como ganador de algo en un concurso del que no tenías constancia, Jose Ramón está detrás. Ha otorgado, por ejemplo, el premio al plato de ducha más ecológico del mundo. Aquello fue en Burgos y tuvo que imprimir los carteles en una copistería. Saneamientos Pérez luce dicho galardón en el escaparate y en la página web. En Oviedo, entre cachopo y cachopo, se hizo una foto con Alberto, que es un esforzado panadero, y un bollo preñao ganador, sin lugar a dudas, del galardón al mejor del país. No fue mundial porque Alberto no llevaba más dinero suelto. Pero si vas un par de calles abajo de la catedral puedes encontrar la foto de la entrega y, por supuesto, el diploma.

La empresa, sin dudas, funciona. Él jamás cuenta los detalles de sus ingresos pero le gusta decir que vende felicidad e interacción humana. Hace feliz a alguien que trabaja duro por su producto y sorprende al cliente haciéndole sentir que ha dado con un sitio exclusivo. Le da un tema de conversación al comercial para que cuente, con detalles añadidos o decorados, lo que le llevó a ganar aquella durísima competición. Le deja poner cara de pillo, frente al cliente, para permitir guardarse su secreto. "No puedo contar el secreto con el que fabricamos nuestras reconocidas perchas"- explica un premiado al ser preguntado por un cliente- "pero el caso es que son las mejores. Por eso tenemos aquel reconocimiento". Cuando un trabajo no deja ningún daño colateral, es bueno. Y si alguien se molesta porque su vecino, que ha sido siempre un chapucero sin gracia con un producto claramente inferior, fue premiado, no pasa nada porque José Ramón, tras un pequeño abono de gastos de gestión, te hará ganar el año que viene. ¿Sabes esas competiciones donde todos tienen medalla?. Es algo parecido, pero pagando por la medalla y el acuerdo no escrito de no contar cómo te la dieron.

¿Busca la excelencia? En absoluto. Cuando un negocio se plantea objetivos asume el riesgo de poder perder. "A este concurso pudo optar cualquiera y, de los que optaron al mismo, aquel rodamiento de aluminio fue reconocido como el mejor"- contestó ante un afamado fabricante de rodamientos que no entendía cómo su competidor había salido en prensa recogiendo un trofeo.

Jose Ramón ha aprendido que hay un nicho de mercado en todas esas sociedades en las que no importa la calidad o la capacidad, sino el título. Con los premios pasa como con los imperios: ¿a quien no le gusta un imperio romano?. Cuando aquella mascota que tuvo murió en manos de un veterinario multititulado se preguntó por qué fue a aquel y no al que está al lado de su portal, que conocía a Willy (su perro). Lo hizo porque vió que le habían dado un premio y muchas reseñas positivas en webs de pago. Su perro no salió de consulta pero Joserra tuvo una revelación.

Así que con su gordura controlada y un desparpajo aprendido de su juventud vendiendo enciclopedias que las señoras no necesitaban, sigue repartiendo felicidad. Es, sin duda, un bienhechor. Su gran sueño es montar una universidad privada donde todo, absolutamente todo el mundo, se vaya a casa trotando satisfecho con sus títulos bajo el brazo. Eso si, tras pasar por caja. No mucha caja, porque no hay que abusar. Sus trajes son de Cortefiel, aunque sean los caros de Cortefiel. Al fin y al cabo lo importante es proporcionar alegrías. No hay gran diferencia entre él y un político que da subvenciones y llaves de pisos para hacerse la foto sabiendo que, además, le repercute en su propio patrimonio. Nunca fue, ni la justicia ni la verdad, una premisa insalvable. Si nos ponemos tiquismiquis, se nos acaba el negocio. Podríamos definirlo como un progresista concursal: hace concursos que gana quien paga importando muy poco si se lo merece e incluso si es que sabe. Jamás consume en los lugares que premia. Excepto donde Alberto, que hace unos bollos preñaos que se te va la pinza.


Pd: basado en algunos hechos reales, algunos basados en todas esas personas que primero ven reseñas y luego van. Otros son políticos e incluso alguno académico. Todo lo demás, salvo el bollo, es coincidencia.

22 de julio de 2026

Nora, Pedro y su canal del futuro.

Basado en hechos reales.


Nora y Pedro tuvieron un hijo. El niño les salió ruidoso, revoltoso, desordenado, obstinado y cabezón. Como no era perfecto y ellos están convencidos que sí que lo son, aunque él tiene una napia digna de mención egipcia, le llevaron al médico. El médico no podía decirles que no veía nada extraño en aquella infancia, así que les dijo muy serio que el niño tenia TDH. Les recetó unas pastillas que le dejan un poco colocado pero la anestesia se puede interpretar como equilibrio y, de esa forma, volvería tener clientes con más hijos infantiles. Ahora, cuando se les pasa darle la medicación y el niño vuelve a ser un niño, lo graban en video y han creado una comunidad en internet titulada "Vivir con TDH". Es la manera más estupenda de monetizar la infancia. Tú y yo sabemos que el niño será niño, tal y como están las cosas, hasta los 30. Que un día le pillarán tocándose, que otro vendrá borracho, que se echará una novia y la novia le dejará, que unos estudios aprobará y otros no, que se creerá el rey del mambo sobre los 18 y que no llegará a jugar en primera división. De todo eso habrá dramas, highlihgts y shorts. Y si alguien se atreve a decirles que no hay nada de excepcional, lanzarán odio gritando que lo que pasa es que eres un nazi intolerante con los pobres niños con enfermedades raras.

Y lo raro que hay en ello es que son tres niños. Con más de un millón de seguidores. Nora y Pedro han dejado de trabajar para vivir del contenido. En el fondo necesitan que el niño sea satanás hasta que les llegue para el chalet con piscina.

Cada vez hay más contenido cargado de drama que consiste en adultos llorando por cosas que nos han pasado a todos. No sé, que te has quedado sin leche para desayunar o que el coche se lo ha llevado la grúa. No digamos aún a quienes lloran porque el outfit del festi no les queda bien. He visto a gente con una camiseta gastada de Los Porretas pasándoselo pirata en una verbena de pueblo, pero eso parece el pasado.

Bienvenidos al futuro ( que no es de Los Porretas, pero suena parecido)


12 de julio de 2026

El ataque de las personas perro

(es una metáfora)

 Encuentra un perro abandonado que, al encontrarlo y por definición ya no lo esté.

Dale de comer.

Vuelve a darle de comer el siguiente día. Y el siguiente.

El perro aprende que ha de volver. Simular que te quiere. Hacerte caso. Darte la pata. Incluso crees que te defiende porque gruñe a quien se acerca, pero no te das cuenta que lo que defiende es su comida. Llévatelo contigo. Aprende a creer que es tu compañía, amigo, escudero y pon el testamento a su nombre. Haz horas extras para llevarle chuches de perro. Siente un disfrute extraño al ver cómo devora y devora y devora todo lo que está a su alcance. Siempre pide más y si no hay más te pone cara de pena, finge dolor extremo, ladra y ladra porque sabe que le darás. Serías capaz de matar por proteger al perro.

La manera de robarte en casa, por si no lo sabes, es llevarle una chuleta bien sabrosa. Al fin y al cabo han aprendido a hacer sus trucos siempre que puedan sacar algo a la otra parte.

Vale tambien para determinados tipos de personas, las personas perro.

(se esconden en parejas, hijos, compañeros de trabajo, hinchas solamente de los equipos ganadores, fans del artista de turno, radical de la última moda o ideología... No hace falta que te llames Andrés, por si necesitas más pistas basadas en el refranero)

Pd: solo me entra la duda si a quien hay que matar es al perro, al que ha educado asi al perro o a los dos.

26 de marzo de 2026

El suicidio de Dios.

Juan no es psicólogo, es bombero. Sin embargo, cada vez que tienen que acudir a la llamada de algún ciudadano (de esos que no tienen que hacer más que mirar por la ventana y en vez de fijarse en el devenir hipnótico de la corriente del rio, lo que hacen es fijarse en los suicidas del extremo del puente), es quien está encargado de entretener al desesperado el tiempo adecuado para que sus compañeros protejan el impacto.

Así que aquella madrugada acudió, bajo el ensordecedor pitido de las sirenas, a hacer su labor porque un hombre de mediana edad amenazaba con saltar. Mientras los compañeros se hacían con una zodiac él se acerca al "usuario del servicio".

-Hola- le dice Juan, amigable.

Hola

-¿Cómo por aqui?

-Pues ya ves- le responde sentándose con los pies colgando fuera del puente- valorando firmemente saltar.

-Hombre- siguiéndole la conversación- No tiene buena pinta esa decisión.

-Es probable. Lo de la gravedad no me salió mal.

Juan, que no es la primera vez que se ve en estas situaciones, empieza a considerar el tipo de alteración de su "cliente". El manual mantiene que cualquiera que desee quitarse la vida posee algún tipo de desarreglo mental junto con algún drama supuestamente insuperable. El truco, que es fácil en teoría, está en insuflar confianza para establecer algún tipo de conversación que deje cualquiera de esas facetas en un segundo plano. Hay que establecer lazos.

-No me has dicho tu nombre.

-Jesús

-Pues hola Jesus, yo soy Juan.

-Hola Juan, ¿te sientas conmigo?- Le hace gestos para que se aposente a su lado con los pies jugando con el vacío.

Juan se sienta, no sin antes asegurarse a la estructura del puente con un arnés. Abajo sus compañeros y un par de buzos están preparados para cualquier contingencia. Sabe que ha de empezar a bordear líneas rojas para controlar la conversación.

-Dime, Jesús, ¿cómo es que has llegado hasta aquí?

Jesús toma aire y mira al horizonte. "Supongo que como otros muchos. No me han salido las cosas como yo pensaba". "No será para tanto"- responde rápido Juan- "estoy seguro que habrá algo que merezca la pena"-sigue rápido- "y si no lo encuentras, ya verás como está esperando más adelante".

-Tengo mis dudas.

-No seas dramático. Hay cosas maravillosas. Sé que voy a caer en tópicos pero un amanecer, la amistad, el amor, el sonido del viento en un campo de trigo, ya sabes.

-Claro que lo sé. No todo lo hice tan mal.

-¿Lo hiciste?

-Ah, si. Pensaba que ya te lo había dicho. Soy Jesús, pero me puedes llamar "el hijo de Dios".

Juan no se sorprende. Lo mete directamente en el saco de "chalados".

-Joder, pues entonces estarás convencido que no te vas a morir.

-Al contrario. Uno es divino para muchas cosas pero recuerda que soy mortal. Me crucificaron y todo aquello. Luego ya, si eso, volveré o no pero que si salto no sobrevivo es algo que te aseguro. La física es algo que no se me da mal. Para una cosa que funciona no voy a quitarme méritos. Luego ya está todo lo demás.

-¿Y qué es lo demás?

-Lo de los terremotos y lo metereológico. Ah, y ese error de daros libre albedrío. Mira que me lo hacéis pasar mal con lo de las guerras y esa manía de romperlo todo. A mi me parecía buena idea porque de esa forma delegaba, pero sois unos- y hace el gesto de comillas- empleados bastante mediocres.

-Hombre, Jesús- sabiendo que a un loco hay que darle la razón- tampoco te ha salido mal. Nadie es perfecto.

-Ese es el problema- dice interrumpiendo- que se supone que soy omnipotente. Yo, precisamente yo- señala su propio pecho- no debería de equivocarme. Al principio llegué a pensar que unos cuantos problemas climáticos e incluso alguna que otra pandemia, e incluso guerra, no estaba tan mal porque regulaba las cosas. Es- y se lo dice en tono de maestro- como cuando podas las ramas de un árbol para que crezca más fuerte. Pero si suelto a la peste, me sale una guerra. Después hago una isla en el pacífico con un volcán submarino y se me pasa que eso genera una ola gigante en las costas de Chile. No sé si alguna vez has estado arreglando algo y se te ha roto otra cosa. Pues así llevo miles de años. Y cada vez es peor. Así que, sinceramente Juan, ahí os voy a dejar. Os podeis matar o salvar, pero conmigo no conteis. Me daban mucho menos trabajo los nehandertales, que eran una banda de amiguetes y sólo se preocupaban por cazar un par de mamuts. Aquello sí que era gratificante. Que si ahora voy a ver si les doy el fuego, que si les doy pistas para inventar la rueda... Pero os dió por copular y aunque os hice ver eso de la agricultura , !hala, a recorrer el mundo y mezclaros!. Entonces es cuando me equivoqué la primera vez: me inventé lo de las religiones. Pero no para que creyerais en algo, sino para que os diera miedo mezclaros. Lo de que una musulmana no se acostara con un cristiano no era por nada más que yo estaba probando diferentes tipos de humanos, nada que ver con la pureza o no de la raza. No me hicisteis ni caso. No os vale ni un cambio climático, ni dos guerras mundiales, ni una pandemia de broma, ni un sida, ni nada. Y ahora ya no es que empeceis a creer en ídolos, que a mi los Beatles no me importan por mucho que Lennon dijera que era más famoso que yo. Pero es que hace falta ser imbéciles para creer en ChatGpt más que en mi.- Jesús suelta un largo y sostenido soplido- Hasta los huevos estoy.- Y le mira fíjamente a Juan- !que es una máquina, coño!

Los dos se quedan mirando al horizonte. Abajo, como si les fuera la vida (de otro) en ello, les miran con atención e imaginando lo que sucede. Juan tiene un récord de suicidas salvados. Por la distancia al agua saben que solamente podrán buscar el cadáver, pero siguen haciendo su trabajo por si hubiese algún, nunca mejor dicho, milagro.

Juan se busca algún comodín. -¿Y tu familia?-. Jesús responde: "No tengo, Juan. !Cómo voy a tener familia si llevo aquí millones de años!". Vengo, hago mi trabajo y ahora me doy cuenta que por mucho poder universal y todo eso, no me ha salido bien. Me canso. Que lo haga otro o, fíjate lo que te digo, que no lo haga nadie. Os vais a la mierda y solucionais vuestros problemas. Eso sí, ya te digo que lo teneis complicado. Os quedais con vuestra sensación de poder con todo y ya verás las risas cuando hagas una presa en un sitio y te cepilles al altramuz perdiguero del ecosistema. Que no Juan, que no. Que cada vez que he intentado arreglar una cosa se me estropean tres. Te voy a poner un ejemplo: eres un camarero estupendo y vas con tu bandeja con las copas. Vas vestido con tu uniforme de pantalon y pajarita negros, con la camisa blanca impoluta. Entonces esquivas el balón de un niño jugando y te tiembla la botella de whisky. Para que no se caiga, giras la bandeja pero se desliza el vaso, y los hielos van para el otro lado. Haces unos malabares y un grupo de humanos que se creen muy graciosos, en vez de echarte una mano, se ponen a grabar con el teléfono. Vas haciendo intentos entre las mesas pero siempre se te cae algo. Al final, aquí, en el puente, decides que lo mejor es tirar todo al suelo y que lo recojan los demás. Eso es saltar. Ojo- le dice- podrías pensar que es una rendición pero es más un hartazgo. ¿Decepción?. Eso te lo compro, pero porque me convencieron que yo, precisamente yo, lo podría todo. Y no es verdad porque se me ha ido de las manos.

Jesús le mira casi de forma condescendiente. "Habéis sido mi proyecto de fin de carrera de ser Dios y no me van a dar el título". Jesús se deja caer.

Curiosamente antes de tocar el agua, por un instante, se convierte en paloma. Roza un milímetro la superficie y desaparece con el amanecer. Juan y sus compañeros deciden acordar que no encontraron el cadáver porque se quedó en el fondo. Sin familiares conocidos ni identificación alguna, un suicida más de los que vagan por las urbes agotados de vivir.

-¿Qué tal el día?- le pregunta su esposa a Juan al llegar a casa- Uno más- responde lacónico.

Efectivamente. Otro día más se sientan delante de las noticias llenas de tempestades, guerras y enfermedades infinitas.

8 de febrero de 2026

La reordenación del caos ( literatura)

Hay mañanas, sobre todo las laborales, en las que, al salir de la burbuja de sueño o de presuposición laboral inmediata aparece un universo en forma de plano secuencia solo levantando la vista. Moviendo lentamente la cabeza y buscando entre los detalles se pueden adivinar cientos de historias ajenas pobladas de detalles.

Un jubilado sacando a un perro que juega dado saltos en un jardín. La forma en la que se detiene de golpe y mira a lo lejos, donde ha aparecido otro can. Esquivar la desidia infinita de un barrendero a pie mientras pasan los barrenderos del tipo "pro" montados en sus naves espaciales con forma de camión, deteniendo puntualmente el tráfico el tiempo justo de vaciar contenedores. Parados, detrás, conductores con prisa para sentarse en algún despacho poblado de bases de datos sobre medios de producción. Quizá hay niños en los asientos de atrás, mirando por las ventanas. Los mismos que se juntarán con los que cruzan, mochila a la espalda, los pasos de cebra sin mirar.

Y, por el carril bici, dos. Son bicicletas eléctricas. Él, delante, lleva una negra. Detrás, en un asiento ergonómico, el niño lleva un casco negro también como el de su padre. Más atrás una chica joven pedalea con pocas ganas, porque para eso está el motor eléctrico que susurra como un mosquito recién cargado, sobre su vehículo blanco, con el casco blanco y la niña a juego. Aparcan en la mismísima puerta del colegio. Es una actitud que aparenta normalidad pero no se puede evitar el concepto de espectáculo. Sonríen sin parar a los otros padres. Descargan, protocolariamente, a sus impolutos niños. Seguramente si viviéramos en los 80 hubiesen llegado en un Mercedes largo. En los 90 en una Chrysler Voyager con puertas correderas, Existen, como las modas, envoltorios adecuados a cada época. 

Al entrar, correteando, en el centro educativo los padres se quedan hablando con otros padres. Los cascos perfectamente colocados de forma ocasional en los manillares y la sensación de no tener prisa. El desprecio para con el tiempo es, en estos momentos, algo parecido a una ostentación de riqueza y la riqueza puede interpretarse como restregar en la cara del interlocutor que tú eres mejor. En realidad hay tres tipos de ricos: los que lo son, los que desearían serlo y los que buscan sentirse satisfechos por lo logrado. Sin embargo se puede interpretar la exaltación de la felicidad extrema familiar escupida sobre la cara de los demás padres como una especie de agresión, como una declaración de guerra. Al anuncio de colonia le perdonamos ser tan estupendo porque sale por la tele pero cuando lo hacen los padres del compañero de pupitre de tu hijo, escuece. Si hubiese una explicación lógica como una herencia o que sean jodidamente listos, no. Sin embargo existe ese momento en el que alguien que aparenta ser más vago, más tonto, más feo y objetivamente mediocre te escupe una felicidad extrema a tu cara ojerosa porque no encajaban las cifras a las dos de la madrugada anterior. Eso es una declaración de guerra. Es un agresión.

Quizá por eso cuando cogieron sus bicicletas eléctricas y se fueron pedaleando con cadencia feliz y sonrisas amatorias de película excesivamente guionizada de merengue José Ramón llegó a la certeza de adivinar que, aunque no sabía cómo ni cuando, no tenía más remedio que matarlos de la manera más salvaje que se le pudiera ocurrir. Ciertamente el universo ha de equilibrarse de alguna forma y hay veces que hay que ayudarle. No es violencia ni delito, es reordenación del caos.

5 de diciembre de 2025

Odio a la gente feliz ( hallazgo)

He encontrado unas líneas de algo que tuvo, una vez, la forma de introducción de un libro.

Dice asi:

Odio a la gente feliz.

Es un diagnóstico, el de la felicidad que no el del odio. Lo del odio es natural  porque está justificado. Lo que no es natural es la necesidad aquella de ser feliz siempre, con todo. Hay personas que se sienten plenas cuando sus hijos recién nacidos, mientras les cambian el pañal, les orinan en la cara. Si bien cada uno vive el milagro de la vida a su forma y yo no he pasado por esa situación. Cuentan que es aparentemente similar a una inyección de droga potente y creo que un escenario feliz no iba a ser mi decorado elegido. Mucho menos, que ahí viene lo más grave, esforzarse en demostrar al resto del público lo inmensamente maravilloso y pleno que me hace ser dicha circunstancia es algo que me resulta desaprensivo y maquiavélico. Las personas felices sonríen como payasos después de haber seccionado en trozos a su última víctima. Así que ese odio tan cristalino que me hacen sentir no es una maldad sino un equilibrio poético entre la verdad y la hipocresía. Debería de estar justificada la ejecución de un dolor directamente proporcional al halo de felicidad que irradian cuando se ponen el disfraz de personas plenas, incluso llegando a la amputación.


15 de noviembre de 2025

Electrodos por el recto.

Hace unos días alguien mucho más listo que yo comentaba en la radio que era habitual que los avances científicos fueran expuestos casi como número de magia. Explicaba que Luigi Galvani en el siglo 18 descubrió que aplicando electricidad a las patas de una rana muy muerta, daba patadas.  Tiempo después alguien llevó ese experimento más allá. Cogió a un fallecido y se lo llevó a las ferias escondiendo los conectores eléctricos y haciendo creer a las personas que era capaz de volverlo a la vida. Ponía electrodos en la mandíbula y parecía hablar. Le metía unos cables de una batería por el recto y el público explicaba que habían visto bailar a un muerto.

He de suponer que el ser humano, en esa búsqueda de algo parecido al control sobre la muerte, necesita creer que es capaz de superar a la naturaleza. No en vano todas las revoluciones han ido dando pequeños pasos en ese sentido. Nos encanta creer que estamos por encima de los vientos, los huracanes, el frío, las enfermedades e incluso algunos de los disfraces que tiene la muerte. Nadie se muere de viejo o porque le toca sino que se especifica un tipo, previsiblemente evitable, por el que falleció.

Como buen ejemplo de carácter contemporáneo y formación técnica, yo era un defensor de la ciencia por encima de creencias, refranes y complejos retos que superar. Quise apostar, apoyado por los avances y las grandes obras de la historia, que el ser humano carece de límites. Probablemente en el segundo año de carrera me metí una hostia descomunal contra el muro de la realidad. En el preciso instante en el que estudias con detenimiento la verdad y la manera matemática de considerar haberlo definido te das cuenta que tampoco es tan exacto. Al final casi todo es estadística y se acierta un número medianamente alto de las veces, pero no todas. El ser humano quiere creer que acierta pero al mirarlo de cerca no es más que una variable más que intenta adivinar el universo.

Así que descubrí, buscándolos con curiosidad, que los refranes aciertan casi el mismo número de veces que las matemáticas. Pude afirmar, con sorpresa, que la sabiduría popular es una ciencia en si misma. Es más, que esa sabiduría incorpora elementos que la ciencia desprecia.

Por aquellos años en la zona del gran Bilbao se estaba ejecutando un gran cambio. Los Altos Hornos de Vizcaya, origen de riqueza y sustento de miles de personas, tenían su fecha de caducidad. Como trabajo universitario analizamos las necesidades técnicas y procesos que venían a implementarse por parte de la empresa sucesora que se llama Acería Compacta de Bizkaia. Esta empresa se iba a especializar a recoger materiales traídos por barco a su muelle y elaborar acero. Mis compañeros analizaron los procesos metalúrgicos e incluso logísticos. Alguno propuso valorar la viabilidad económica. Hicieron un análisis científico de la ejecución del proceso e incluso de la organización interna de la planta, valorando las plantillas y maquinaria necesaria. Reconozco que yo estaba sumido en un momento de incredulidad extrema y no se me ocurrió otra cosa que acercarme, a mis veinte años, a un cambio de turno en los Altos Hornos allá por un miércoles lluvioso y a las tres de la mañana. La estampa al entrar en el único bar que vi abierto ( como una canción de Sabina) no la olvido: Un grupo variopinto de operarios, ya con el mono azul de la fábrica, consumían breves copas de brandy sujetas entre los dedos mientras en las televisiones de culo se proyectaba porno de los años 80 y esperaban a la hora en la que sustituir a sus compañeros. Nadie le prestaba atención a las pantallas y el camarero, con una camisa blanca y aspecto de estar preso tras la barra, me miró con extrañeza. No consumí. Simplemente marché otra vez al coche pensando que aunque mezquino, sucio y bastante zafio, ese era un estilo de vida como otro cualquiera que iba a ser cercenado por la evolución. Valoré que daba lo mismo que a esos hombres se les abonara una cantidad ingente de dinero o no porque ese era el precio de cambiar una vida entera que probablemente no deseaban pero que era la que tenían. En la exposición, tiempo después, de nuestras conclusiones sobre la Acería Compacta, expliqué que no era capaz de dar una respuesta al cambio social que toda esa ciencia suponía y llegué a la conclusión que si bien todo estaba maquillado con matemáticas y tecnología, había que valorar la forma en que la modernidad afecta a los hábitos. La única conclusión a la que pude llegar, después de acercarme racionalmente al problema y mirar más allá de la ingeniería, fue a la duda. A esos hombres les puedes haber proporcionado dinero o energía, aunque sea con una batería por el recto y disfrutar de que bailen, pero quizá estaban muertos antes.

Ese efecto, de una forma u otra, lo seguimos viendo a diario. La electricidad que reciben algunos cadáveres son coches con alerones, móviles carísimos que usan para ver memes, hamburguesas a veinte  euros, bolsos con logotipos bien visibles o cadenas de oro por encima de la ropa. La diferencia es que los electrodos se los meten ellos mismos.

Solamente me puse a pensar en todas esas veces que parece que alguien baila, muchos creen que es feliz, y ya estaba muerto. Después me inventé a un prejubilado de Altos Horos, con la cuenta corriente llena, bailando en un resort de Punta Cana con el dinero que se le proporcionó por irse de su vida.

2 de octubre de 2025

Homenajes inconscientes.

La mayor parte de las veces no somos conscientes, en realidad, de cuales son los hábitos y las costumbres que vamos forjando. Mantengo la teoría que la forma más sincera de poder valorar la importancia de las personas en nuestras vidas tiene mucho que ver con las acciones adquiridas. No son grandes cosas sino pequeños detalles que se nos quedaron por una frase, un comentario o una enseñanza. A veces solamente puede ser algo que aprendimos a hacer con la sana intención de agradar.

Uno es capaz de darse cuenta de ello cuando analiza las cosas que hace de manera inconsciente. Tener la costumbre de poner la mesa antes de comer, porque es lo que hacía en casa antes de reunirse la familia. Limpiarse el culo de arriba hacia abajo, o al revés, que es como lo aprendió de pequeño. Dejar enfriar la sartén antes de ponerla bajo el agua, porque alguien le contó una historia sobre el daño de la rotura térmica en los materiales. Descongelar pan en el microondas envuelto en un papel, porque lo leyó en algún lugar. Hay cientos de cosas que son costumbres y que resulta complejo adivinar el momento en que pasaron a ser parte de nosotros mismos. Movimientos reflejos.

Jorge era un compañero de clase que tenía que rascarse la nariz si veía que alguno nos tocábamos la nuestra. Cuando lo descubrimos le hicimos pasar una tortura y alguna vez que le he visto, muchos años después, me he tocado la nariz mientras hablaba con él para descubrir que seguía haciendo lo mismo.

Todas esas acciones que realizamos de manera inconsciente y que no son respirar o dar un paso después de otro tienen, en mi teoría, el valor de la importancia de quien nos las añadió. Llevar agua a la mesilla. Lavarse los dientes con el grifo abierto o cerrado, de arriba abajo o de izquierda a derecha. Subirse a la moto poniendo el pie en el estribo o subiendo la pierna con la otra en el suelo. Esperar a que las agujas del coche se pongan en su sitio antes de arrancar. Comprobar el gas antes de salir de casa, aunque ya no tengas gas. Cada vez que salgo del portal y me enciendo un cigarro en la puerta me acuerdo de esa mujer que lo hacía cada vez que iba a buscarla a casa. Antes, casi, de que se cerrara la puerta, en esa cadencia que tiene el final de los portales, ya estaba encendiendo un cigarro. Cuando me pongo a partir tomate recuerdo una vez que la madre de alguien me quitó un tomate de las manos porque no lo partía bien, y me fui a casa a aprender cómo se hace correctamente. Con menos de diez años me gustaba una chica pero le hizo más caso a un turista que era capaz de hacer juegos malabares con dos pelotas de tenis. Enfadado me fui a mi casa, cogí tres. Soy perfectamente capaz de mantener tres naranjas en el aire a la vez. Lo hago con balones de baloncesto y con casi cualquier cosa que pese parecido, si es que son tres y lo puedo sujetar con una mano.

Hay personas que han sido detestables en su paso, cual Atila, por tu vida pero un día te das cuenta que dejas el trapo de la cocina de la forma en que ella te obligaba a ponerlo. Y eso jode. Hay acciones que te recuerdan a personas como lo hacen los pueblos de algunos caminos, o algunas canciones. A veces te ves en el otro carril de la carretera, paseando acompañado porque ese lugar ya tiene persona propietaria. La pregunta que viene después es si a ella le pasará lo mismo, pero quieres pensar que no tiene corazón para no echarla de menos. Crazy, de Aerosmith. Lights, de Archive. Rock de Casbah,de los Clash. Puede ser, de Coque. Extrema pobreza es una canción que hay quien ni siquiera sabe que tiene su nombre, porque ya nos habíamos matado.

Cuando echo la sal a la comida siempre dejo los últimos granitos para lanzarlos. Eso lo hacía la rubia pija aquella que también me dejó la puta costumbre asquerosa de girar la toalla en la playa para aprovechar el sol. A veces la pongo al revés de como debo para recordarme del error. Ir en contra también es una forma de acordarse.

Un profesor, del que no recuerdo ni la asignatura, me metió en la cabeza la forma de diseccionar un problema irresoluble en problemitas fáciles. De alguien se adquiere echar el azucar al café y empezar a dar vueltas antes que se sumerja o dar tiempo a la inmersión. De alguien que nos importaba aprendimos a valorar el buen cine, o la música de verdad, aunque sea americana. También hay quien nos quiso enseñar, en mi caso sin éxito, a divertirnos o a viajar. 

Lo único que quiero decir es que tenemos millones de acciones, mayormente inconscientes, adquiridas. Todas y cada una de ellas son debidas, a veces muy a nuestro pesar, a personas importantes que pasaron o están en nuestras vidas.

Supongo que es el homenaje que hacemos a nuestro pasado conviertíendolo en nosotros mismos. 

27 de septiembre de 2025

Maria del Carmen va al colegio de su hija vestida de folclórica.

Maria Del Carmen ha decidido ir a buscar al colegio a su hija con un vestido de faralaes tremendamente folclórico mientras suena un altavoz con música de Marifé de Triana.

La han sacado en la tele como si fuera algo excepcional. Si lo pensamos friamente no lo es aunque ahonda en esa costumbre tan nuestra de considerar que nuestras cosillas son ridículas en comparación con la diversidad cultural enriquecedora que nos genera la interacción con usos y costumbres más lejanos. Matar un cordero es diverso pero la tauromaquia es asesinato. Se nos olvida, con facilidad máxima, tratar cada acto por el acto en si en vez de maquillarlo dependiendo de donde venga.

Los niños, de forma parecida a los primeros pasos de la inteligencia artificial, resultan ser espejos simplificados de lo que van viendo del mundo real. Lo interpretan a través de los ojos sesgados de sus padres y de su entorno. Generan outputs producto de su propia genética y de aquello que viven como cierto. La primera inteligencia artificial que sacaron al mundo, que se llamaba Tay, tuvo que ser retirada porque se volvió racista al interpretar como cierto todo aquello que leía mayoritariamante en twitter.  No fue que estuviera mal programada sino que nos devolvió, en un espejo digital, todo aquello que nosotros vomitamos en Internet.

Los niños, que son como son, tienden a señalar al diferente. Nosotros señalábamos al gitano o al negro de clase, porque eran la excepción. Habría que preguntarse cual es la excepción ahora. 

Quizá esa excepción sea Manolo, que no pertenece a ninguna minoría étnica y solamente quiere aprender matemáticas. Además, como le gusta la chica que se sienta tres filas delante, la profesora le quiere convencer que es un reflejo de su identidad machista y violadora latente en sus genes. Quizá es por eso, y no por ninguna otra cosa, por lo que Manolo vive alimentando a un minifacha en su interior. Cuando alguien se siente atacado, de una u otra forma, y no es capaz ni ha madurado lo suficiente para ponerlo en contexto, se radicaliza. Es la respuesta infantil más sencilla. No es extraño que haya adultos que, en la sociedad infantilizada y simplista en la que vivimos, sean Manolitos con carnet de conducir, nómina, hijos y derecho al voto.

Una de las cosas que tienen los disfraces o la vestimenta en general es que nos permiten excusar nuestro comportamiento porque se supone que pertenece al personaje que nos define por estética. No es algo determinado a nuestro tiempo si no que va con el ser humano y es por ello por lo que existen los uniformes. También es el mismo motivo por el que la primera norma del torturador o del carcelero es desnudar al reo.

Las sociedades marcan sus estéticas de una u otra forma porque eso manipula al humano obligándole a comportarse según las normas del conjunto. De la misma manera que algunos estudios determinan que no conducimos igual si nos sigue un Bmw M3 o un Dacia, no actuamos de la misma forma delante de un grupo de personas vestidas como moros, punkys o hermanas de la caridad. Eso no quita que sean filósofos lacanianos o traficantes de crack, pero todos sabemos en ese juego cuales son las cosas que pueden pasar a priori. Nuestras expectativas, sesgadas por lo que sea previo, tambien alteran el resultado de nuestras interacciones.

Resulta maravilloso, a veces, cuando descubres un grupo de personas variopinta conversando sin estigmas o niños siendo solamente niños, aunque uno lleve cresta y otro burka. Desafortunadamente, como el escorpión sobre la rana, por muchos acuerdos que hayan adquirido de manera previa, se van a ahogar en algún momento.

Supongo que si Maria del Carmen va al colegio con un vestido de folclórica, con sus topos y su peineta, es porque está hasta el coño de que ser diferente parezca que le convierte a alguien mejor cuando todos sabemos que, en pelotas, somos igual de frágiles y muchas veces , si es que estamos vestidos, parecemos igual de gilipollas.

Claro que cuando allá por los primeros 80, en clase, Alonso apareció con un pendiente, flipamos bastante. Ahora el raro es el que no tiene tatuajes. La hija de Maria del Carmen ha pedido hora para hacerse La Virgen De La Macarena en una nalga. No va a ser mejor pero sí más popular. Es la única de clase cuya madre ha salido en los informativos sin haber matado a nadie.

25 de septiembre de 2025

Sueño recurrente ( !Pero si estoy muerto! )

Tengo un sueño recurrente.

Algunos ya lo sabeis pero para el lo desconozca mi alimento llega a través de las mil horas que dedico a atender y trabajar en un comercio de informática doméstica que ayer cumplió 30 años abierto. Puedo decir que prácticamente sin faltar un sólo dia.

En mi sueño, como el día de la marmota, me encuentro en el establecimiento. Estoy cerca de la puerta de entrada, ordenando piezas y componentes en alguna de las estanterías. Las miro medianamente saisfecho por su nuevo orden y recibo uno de esos calambrazos que te dejan frito en el suelo. Infarto y me desplomo. Fallezco.

Obviamente no me da tiempo a poner un cartel de "cerrado por asuntos personales" y la tienda se queda abierta.

En ese instante, quizá conmigo algo más frío, entra un chico recién salido de la pubertad. Moreno y de esos que creen que son originales llevando unos pantalones algo cagados y sudadera con capucha, aunque haga sol. "¿Me atiendes?"- pregunta a mi cadáver. Obviamente yo no estoy para responder. El muchacho se inquieta y me da unas pataditas suaves mientras repite: "¿Me puedes atender?". Yo continúo impertérrito, lo cual tiene que ver con mi falta de circulación sanguínea. "¿No me quieres atender?"- insiste. En su cara empieza a notarse un considerable malestar.

Llegados este punto lo lógico es que me robase. Que cogiera algo y yo asistiese, inmóvil, al robo sin poder hacer nada. Sin embargo llega a un punto de indignación máxima y se marcha furibundo.

Al salir del comercio saca esa, que algunos suponen, arma de destrucción masiva que es el móvil y abre Google con los ojos inyectados en sangre de venganza. Busca mi comercio y me pone una reseña negativa. "No me quieren atender. Discriminan a las personas". Confirma la reseña y se va caminando, con fuertes pisadas, hacia el destino que considere.

Entonces, por alguna razón, me llega una notificación con dicha reseña y la respondo: "!Pero si estoy muerto!".

El día siguiente, mientras sigo fiambre en el suelo de la tienda, aparezco en las noticias. No en los titulares, sino en ese saco de noticias anecdóticas que hay siempre al final del telediario. "Atentos a la noticia"- comenta la presentadora- "se ha hecho viral la respuesta de un comerciante a un cliente descontento". La crónica del suceso es exactamente lo que he contado anteriormente. Lo narran con humor y con esa mezcla de cotidianeidad y devenir de los acontecimientos que, aunque excepcionales, le pueden pasar a cualquiera. Curiosamente nadie se da cuenta del drama de estar muerto, de estar pudriéndome sobre el frío suelo desde hace días.

La tienda sigue funcionando como si no pasara nada. Mis compañeros atienden, los clientes vienen y van. La única diferencia respecto de una temporada normal es que han de esquivarme pero, como todo en la vida, el tiempo lo soluciona y yo voy desapareciendo hasta no quedar nada. Ni siquiera me quedo para ser encontrado por unos arqueólogos dentro de mil años, sino que me diluyo.

De vez en cuando comentan aquella anécdota graciosísima en la que el jefe respondió "Pero si estoy muerto", y todos se ríen.

Después me despierto y me voy a trabajar. 

Ya lo he soñado varias veces. Ni se os ocurra intentar explicarme los sueños porque luego me vais a venir con algo del horóscopo. Hoy me han puesto una reseña negativa (afortunadamente entre muchas positivas) porque dicen que no he cumplido mis horarios y, curiosamente, estaba trabajando con la puerta abierta a esa hora. Y vivo.

Hay muertes más extrañas y mucho más dramáticas, pero para eso ya hicieron la mejor serie de la historia, que es Six Feet Under.

31 de julio de 2025

Click.

(literatura)

A veces escribo cosas.

Tengo la mala suerte de no vender demasiados libros como para hacer realidad mis sueños. Eso no significa que, cada día, se me escapen unas líneas. Supongo que es parte de la esquizofrénica capacidad de observar alrededor sin perder los detalles.

Vivimos en un mundo impaciente en el que siempre parece que queramos ser el centro. En una plataforma de opciones en la que damos por seguro que el algoritmo va a saber lo que deseamos antes, incluso, de poder adivinarlo.

No puedo hacer más que imaginar lo que pasa por tu cabeza y siempre es algo que lleva consigo la mirada perdida que tiene pasar por los títulos de las películas esperando una señal que tampoco sabemos cual es.

Cerrar puertas amparándose en una supuesta línea roja que no está dibujada en el suelo, dadas las circunstancias, es algo así. Pasar de título con el mando sin haber visto el trailer o leído una crítica. He vivido demasiadas veces la sensación de expulsión sin opoder contar que a veces me falta el aire y siento los latidos en los párpados, sin haber esplicado si alguna vez tuve un perro. No dar oportunidad a que te cuente que fue la sexta vez que aparecí en Londres cuando me percaté que no había visto el Big Ben.

Lo mismo es no oir un disco porque te dijeron que una vez, aquel cantante, tuvo una novia de Tel Aviv. Te queda la tranquilidad de saber , positivamente, que hay muchos más cantantes en el espectro global.

A veces, como las aventuras, la magia está en no esperar un destino, en saborear lo que va pasando por el trayecto. Esa es el alma de motero. Te diré, sin que nos oiga nadie, que esa manera de vagar por la vida sólo tiene dos opciones: sale muy bien o terminas en una cuneta de Despeñaperros, a las dos de la mañana, echando de menos un cigarrillo y aguantando el sonido de la soledad. Salir muy bien, al contrario de lo que pudiera ser, es poder ser uno mismo. Y eso puede ser una larga conversación en ningún lugar o despertarse sin querer salir de la cama. Pero no darle la oportunidad a eso, lo bueno y lo malo, hacer un click con el mando para pasar a la siguiente portada, tiene la misma probabilidad de éxito y fracaso que la anterior. La estadística, en el mundo infinito de las posiblidades, no cambia.

A veces hay que ver las películas, oir los discos o conocer lo que piensan otras personas para saber lo que te puede comunicar. Sobre todo, si te permite ser tú. Incluso si no vamos de viaje o a todos los conciertos y hemos decidido sentarnos en un banco sin hablar, mirando una cuidad vacía y llena de prisas.

Quizá el problema es que a alguien se le olvida saber quien es y espera que, mágicamente, el próximo siervo se lo recuerde o se invente una historia bonita.

Claro que si hay que hacer un esfuerzo, el botón de pasar al siguiente cromo está ahí al lado, a ver si alimenta un sesgo que ya tenemos.

Click.

20 de junio de 2025

Día mil doscientos cuarenta y dos.

Dia mil doscientos cuarenta y tres, el mar aún no ha llegado a Salamanca.

Desconozco lo que vendrá en el futuro. Las visiones solamente van en dos caminos: el de la apocalipsis y el de la modernidad limpia y feliz. Vengo a avisarte que las dos son falsas.

Cuando Marty McFly llega a su futuro, que es el 2015, se sorprende y se congratula por vivir en Hill Valley. En 1985 era un símbolo de estatus. En 2015 no. Cuando los supersónicos imaginaban el futuro todo parecía funcionar perfectamente. Es más, existen documentales sorprendentes sobre cómo se imaginaba el siglo XXI desde el siglo XX y casi ninguno evita caer en los coches voladores. De lo de transportarnos telepáticamente mejor ni hablo.

Probablemente era más que lógico creer que, dada la revolución industrial y la revolución tecnológica, el avance de la informática y la auto conciencia de la evolución humana, ese proceso de cambio era infinito. Algo parecido a la ley de Moore.

Después, metidos ya en las últimas décadas y tras el golpe de realidad de los primeros 90, la Idiocracia ganaba enteros. Claro que eso es como una apocalipsis zombie. Probablemente todos los Nostradamus olvidaron la naturaleza humana. Esta ha sido la misma durante miles de años y aunque hemos cambiado el sílex por los bits enviados por cables submarinos de uno a otro continente, seguimos siendo animales con comportamientos innatos. Seguimos dejándonos llevar por nuestro gen egoísta y eso no hace que la evolución sea a mejor sino que sea una evolución hacia lo desconocido. No niego que la edad me hace ser, cada día que pasa, menos devoto en la naturaleza humana. Vivo en un pragmatismo dramático.

Soy capaz de mirar atrás y descubrir con cuánta ilusión llegaron los coches y la clase media. Los felices años en los que la luz eléctrica, el teléfono, la televisión y los servicios públicos nos hicieron creer que esa mala pesadilla de las guerras mundiales eran cosas de un paleolítico. Si algo tuvieron los 80 fueron los colores y la sensación de poderlo todo. Si algo tuvieron los 90 fue golpearnos con la pobreza de los otros mundos que viven en éste. Si por algo se va a caracterizar la primera década del siglo XXI es por una necesidad reivindicativa e integradoramente buenista de cualquier tipo de causa que me haga sentir bien sin poner en perjuicio mi físico. Si por algo se va a caracterizar la siguiente década es por reconocer que aquello no solucionó nada más que nuestras necesidades morales. La que viene después, espero, podría caracterizarse por el baño de realidad que antepone las soluciones y la realidad a las ideologías imposibles.

Porque lo importante, igual que siempre, es comer, procurar reproducirse y hacer de la vida un trayecto lo más agradable posible. Lo quieren los perros y lo quieres tu. Después estamos los imbéciles que creemos que estamos por aquí con el desalentador objetivo de dejar algo de legado. Somos menos y algunos son castores. Más allá están, como los búhos, los que observan. Aquellos que saben que el mar Cantábrico será el Mediterráneo algún día. Y Laredo, Benidorm.

Eso fue unos siglos antes de que el mar superara los Picos de Europa filtrándose por el túnel de la última autopista, concedida a una empresa corrupta que se ahorró el estudio de freáticos, que atravesaba Covadonga.

En el futuro, igual que en el pasado, algo mejora y algo empeora. No hay, salvo en periodos puntuales, zombies por las calles. Lo que sí que hay es demasiados gilipollas. Y, como ha pasado siempre, humanos poniendo zancadillas a humanos. Podemos llamar de diferente forma a lo que hemos hecho siempre, pero seguimos haciendo lo mismo. Nuestros impulsos vitales son idénticos y es que nos hemos preocupado de mejorar las herramientas sin preocuparnos de nuestras taras.

Las personas más listas, aquellas que en su momento apostaron por la tecnología y la modernidad, van por ahí diciendo que tener un huerto, saber hacer pan, disponer de conocimientos mecánicos y dominar el bricolaje serán las aptitudes pro. Lo que está claro es que dentro de mil años seguiremos comiendo, cagando, follando y respirando. Quizá nos comuniquemos telepáticamente y viajemos en coches voladores. O no. Quizá ese barrio de ricos sea de traficantes de órganos o no exista barrio y vivamos en planetas por destrozar.

Quizá, en el día mil doscientos cuarenta y cuatro, el mar llegue a Salamanca.

Pero habrá algún imbécil que llamará bird wacthing a mirar pájaros, muffins a las magdalenas, poliamor a la promiscuidad sexual o pec a "por el culo". No deja de ser algo que también hacían tus abuelos y lo harán tus nietos. No me refiero a hablar como un idiota, sino a comer magdalenas.

Dia mil doscientos cuarenta y cinco, PEC te la hinco.

12 de junio de 2025

La decisión habitacional (minirelato con moraleja)

En ese barrio hay dos construcciones nuevas. En realidad el precio de cada piso, los metros cuadrados, los servicios comunitarios e incluso el garaje son idénticos. La única diferencia es que uno de los edificios, frente al otro, es horroroso. El otro, sin embargo, presenta una fachada digna de ser una obra de arte. ¿A cual te vas a vivir?.

Logicamente al feo.

Porque cada día, al levantarte, disfrutas de una maravilla arquitectónica mientras tomas café asomándote a la ventana.

27 de mayo de 2025

Dolores sin poco a poco.

Hay dos tipos de personas. Unas reservan un día para ponerse a limpiar la casa a conciencia. Otras, cada vez que hacen algo, pasan un trapito. En realidad llegan al mismo lugar pero cada una calma su conciencia de formas diferentes. La cultura judeo cristiana es más de la primera forma. Vas por ahí haciendo lo que consideres oportuno y un día lloras muy fuerte delante del confesor saliendo con los pecados limpios.

Puedes sorprender a tu pareja apareciendo con un ramo de flores, comprando una nueva ropa interior, alegrando el día con una visita a ese sitio que sabes que le gusta o cediendo a aquella actividad que siempre evitaste. Viene a ser lo de estudiar mucho el ultimo día y esperar que la magnifica bondad divina te apruebe ese examen. En realidad también cubre la sensación de hacer las cosas en vez de la falta de agotamiento o magnífico esfuerzo que supone hacer las cosas poco a poco. Si me preocupo por ti cada día un poco parece que es menos que contratar a la tuna para que te canten una serenata conmigo mirando atento, con ojos de gato amoroso, tu balcón desde el jardín.

Cuando las cosas son granito a granito, parece que no son.

En realidad la vida es un progreso constante. Y me refiero a progreso como cambio , que no como mejoría. Si algo determina la sociedad en la que vivimos actualmente es que no siempre vamos hacia delante. Avanzar a peor también es un avance, salvo que la positividad de la palabra desaparece. Luego ya podemos ponernos muy dignos y asegurar, porque es una certeza, que de los fracasos se aprende mucho más que de las victorias. Sin embargo los sabios, por definición, no son personas felices.

También es cierto que somos especialmente receptivos a la inmediatez. Si me tomo una pastilla, me curo. Si llego al gobierno, te lo arreglo. Si hacemos match, es amor eterno para siempre. 

Mi profesor de termodinámica, al que llamábamos épsilon porque era pequeño y despreciable, definía la entropía de la siguiente forma: "imaginemos que son ustedes unos cerdos y no ordenan su cuarto. Éste, por lógica y uso, estará cada día más sucio y desordenado. La energía que deben de utilizar para llegar a una situación de limpieza es mayor cada vez. Pues esa energía es la entropía, que crece siempre y son ustedes los que deciden si la reducen de golpe o poco a poco".

No existen, por una cuestión científica, soluciones mágicas de mínima entropía. La magia, aunque nos guste creer en ella, siempre tiene un truco detrás. Ese truco incluso puede ser mostrarte roto algo que estaba perfecto y luego convencerte que se reparó. Ese es el juego del dedo que se corta que se hace a los niños o quitarles la nariz para devolvérsela. No hay gran diferencia entre la cara de un niño, sorprendido en su silla porque aún no anda, con la de un votante.

Al fin y al cabo siempre nos queda esa esperanza de que aquel sea el momento en el que aprendes que existe la magia. O que chasquees los dedos, como en el anuncio, y la casa brille.

O que cuando veas a esa persona, suenen violines.

En cierta época casi prehistórica, cuando aún creía que me albergaba un brillante futuro por delante y tras un indeterminado fracaso sentimental, la chica que llevaba la contabilidad de , por entonces, mi boyante empresa me indicó que tenía una amiga, majísima como es de esperar, con ganas de conocer a alguien. Nos organizó una cita para ese viernes. Al llegar lo primero que se me ocurrió decirle es que era igual que Dolores O´riordan, que en esos tiempos aún estaba viva. Para mi es un piropazo porque Dolores siempre me ha puesto al estilo de Susana Hoffs o Sharlene Spiteri. Tengo querencia , o tenía, que ahora no lo sé, por ese aspecto de mujer determinada con una belleza intrínseca de la que vaqueros y camiseta blanca son el mejor complemento. "Ella tiene algo más que yo"- me dijo. "Todos los dedos". Y es que a ella le faltaba un dedo de una mano. Recuerdo esa noche como algo entretenido sin la pesadez de tener que contar la pena de Murcia y la historia de tu vida a alguien que se está tomando algo contigo. No hubo nada forzado ni nada exigente y nos dieron altas horas de la madrugada. Definitivamente -pensé- quiero volver a ver a esta mujer. A partir de ese momento mi intención era no cagarla y para eso tuve un cuidado exquisito en mi comportamiento. Salimos del último bar y fuimos a mi coche. Le dije que la acercaba a su casa y me dio la dirección. Llegamos a su portal. "Tengo muchas ganas de volver a quedar contigo"- verbalicé. "Por supuesto"- me dijo haciendo casi una pausa. Tomé la determinación de mantener la galantería. "Mañana te llamo". Ella hizo una pausa y dijo que le parecía bien. Abrió la puerta y subió a casa.

Marché a casa orgulloso de no haber cedido al obsceno escenario en el que procuro dormir en su hogar. Prefería hacer algo bien hecho y no tener prisa, sino ir con tiento. El día siguiente le mandé un mensaje intentando cerrar una segunda cita. Me respondió con evasivas. Sucedió lo mismo el siguiente y el siguiente. Cuando volví a ver a mi chica de contabilidad le pregunté si sabía el motivo por el que su amiga no volvía a quedar conmigo. "Hombre"- me dijo- "la llevaste a casa y te fuiste". "Si"-respondí yo. "Es que"- y entonces dudó como queriendo buscar las palabras- "ella lo que quería era echarte un polvo con ganas, y tú te hiciste el caballero". En ese preciso instante descubrí que a veces intentar hacer las cosas poco a poco resulta mucho peor, menos emocionante y , por supuesto sexualmente de rentabilidad exigua.

La siguiente vez que tuve una sensación similar con otra mujer intenté, fruto de la experiencia, resguardarme entre sus sábanas. Me dijo que era un cerdo desaprensivo y también me volví a casa solo. Pero eso es otra historia exactamente contraria la anterior. Al menos me libré de ese par de días de desconcierto.

Supongo que lo único que aprendo es que cada uno quiere SU magia y hay que adivinarlo. Bueno, y la que entropía siempre crece. Yo soy de esos que van recogiendo y limpiando cada vez que usan algo  porque meterme de lleno con un día de limpieza, me asusta. Ya sabemos que no sé limpiar bien los cristales por mucha energía que gaste.

27 de marzo de 2025

Alicia, el alcohol y el móvil.

Maria del Carmen es una madre soltera emponderada. Trabaja, con la intensidad que su energía le permite, para que su única hija, fruto de un fracaso con el hijo de perra machista vago y cabrón que fue su desaprensivo marido, salga adelante. Alicia, que es el nombre de la adolescente, apareció en casa el sábado cuatro horas tarde, vestida como la Jennifer, borracha como una macarena, sin un euro, tras haber perdido el móvil y en un Bmw de cuarta mano con los tubos de escape cambiados para rugir más.

Obviamente el domingo por la mañana la situación es un tanto tensa. Alicia está sentada, mal desmaquillada, en la mesa de cocina con cara de no saber si está ahí o saliendo de una anestesia general en un hospital comarcal de Nueva Guinea, donde la sedaron con peyote. "Me han robado el móvil. Necesito otro"- dice en voz baja. En un primer intento Maria del Carmen se mantiene con cierta fortaleza y está firmemente convencida de no tolerar ese desdén. ¿Donde te lo han robado?-pregunta- No sé, por ahí- obtiene como respuesta. -Eso es que has andado sin cuidado- . -Claro, ahora va a ser todo culpa mia. ¿Qué culpa tengo yo de que la gente vaya por ahí robando cosas?. ¿Te crees que yo quiero que me roben el móvil donde lo tengo todo?-. Alicia ha adoptado el rol de víctima indignada castigada por el sistema cruel y deshumanizado. -No estoy diciendo eso, cariño- aplaca su madre en modo pérdida de discusión- pero quizá hay que tener más ojo.

-De todas formas- sigue Alicia en su razonamiento- ya no cargaba bien y había que cambiarlo.

-Pero si tiene menos de dos años.

-Había que cambiarlo

-¿Y qué tienes ahorrado?

-¿Yo?. Pero si me paso el día estudiando y no tengo trabajo. Yo no tengo.

-Entonces no hay móvil.

Alicia se levanta como si tuviera un resorte. -¿Y qué hago?. ¿Me muero?. ¿Como voy a hablar con mis amigas y cómo me van a enviar los deberes del colegio?. No tendré vida social, no podré estudiar y nunca llegaré a nada. La verdad es que jamás te puedes poner en mi lugar.

Tras ese silogismo catastrófico en el que la responsabilidad del desarrollo personal de tu descendencia cae sobre las espaldas de un dispendio económico, surge la duda.

El lunes siguiente Maria del Carmen toma un café con sus compañeros de trabajo. Les cuenta que la delincuencia está por las nubes y que incluso su hija, modélica como ninguna, sufrió un atraco al salir de la discoteca sin alcohol a la que va los sábados. Que se le abalanzaron unos muchachos de origen sospechoso y antes de ser violada les dio el teléfono. Que le acababa de comprar uno nuevo, de ultimísima generación y con una funda de diseño, porque su hija no se merece un móvil de 150€ , sino de mil porque de esa forma estudia mejor y sacará mejores notas. Por eso, precisamente, había pedido hacer un doble turno en el trabajo y que esperaba que el miserable de su ex pagara la mitad de ese imprevisto.

Es curioso pensar que una generación que ha crecido con el drama de Marco sin encontrar a su madre, Heidi con su amiga paralítica, la casa de la pradera, Chanquete y la madre de Bambi muriéndose e incluso la muerte de Fofó, sea una generación tan flojeras.

Dos semanas después y cuando ya amanecía el domingo, Alicia llegó a casa en un estado lamentable y con la pantalla del móvil rota. "Es que me has comprado el de 128gb y si no es el de 256, no me vale".

Otra vez en vez de hablar del problema de verdad se quedaron discutiendo sobre advenimientos tecnológicos. La mejor forma de no solucionar un problema es quedándote en otros detalles del conflicto. Es como discutir muy fuerte sobre de qué color pintar los tanques sin hablar del motivo por el que hay que ir a la guerra o no.

6 de enero de 2025

Cómo los reyes se conviertieron en los padres ( en algunos sitios) ( Cuento)

 -!Alto!. ¿ Quien anda ahí?

Una de las cosas que tiene ir acumulando años y haber fumado el dia anterior es que la garganta rasca por la noche y la probabilidad de tener que levantarse a beber agua es bastante mayor. Juana (de nombre, pero le gusta que la llamen Jona) se encontró a tres caballeros en su salón. Ellos, al verse sorprendidos, lo único que hicieron fue decir la verdad.

-Shhh- le dicen poniendo un dedo delante de la boca y hablando en tono bajo- Somos los reyes magos. Traemos unos regalos para tus hijos.

Jona les mira como perdonándoles la vida, como si fueran los sirvientes aplicados a los que se les ha olvidado algo y han de ser aleccionados con la sabiduría de su dueña.

Ella suelta un soplido largo. -Tres hombres tenían que ser... Bueno, vemos a ver. ¿Y qué traeis?

Baltasar le pide a Melchor que acceda al registro de regalos y tras unos segundos, dice: -A tu hijo menor le traemos un balón de futbol, que es lo que nos pidió.

-¿Y la camiseta de Messi?

-Pues no, eso no. Con el balón nos pareció sufciente.Ademas no sabíamos si era la del Barcelona o la del Miami. Asi que lo dejamos en eso.

-Poco me parece. En fin , ¿ Qué más?

-A tu hija la mediana, ¿Aire se llama?

-Si.

-Muy bonito. Pues a Aire le traemos unas pulseras de la amistad de Taylor Swift que nos pidió junto con un estuche de maquillaje.

-¿Maquillaje?

-Bueno, es lo que pidió.

-No me parece bien porque eso es sexista

-Pues no sé, es lo que ponía. Será que quiere maquillarse. 

-Eso os lo llevais porque lo único que quereis, como hombres claro, es perpetuar que las mujeres desde niñas, se preocupen de gustar al hombre patriarcal.

Baltasar pone cara de resignación y le da la caja a Gaspar para que la guarde.

-¿Y al mayor?. ¿Qué le traeis al mayor?

Los reyes buscan y sacan una caja. -A tu hijo Kante le hemos traído carbón.

-¿Carbón?

.Pues sí. Nos sale que ha sido un poco malo. Que ha empezado a fumar porros y que te ha respondido bastante mal durante el año. Nos pidió una moto y una playstation de las caras pero no se ha portado bien y por eso debería de tener carbón.

-!Eso es una injusticia!. !Es un niño!

-Pero es malo y no puedes premiar a un niño malo porque seguirá siendo malo.

-Al contrario. Tiene que saber que aunque se porte mal se le quiere igual.

-Bueno, si a sus hermanos, que se han portado bien, les traemos un balon y unas pulseras, no le podemos dar una moto.

-¿Y no teneis la moto?

-No



-Definitivamente os voy a tener que denunciar. No me dejais más remedio. Sois tres hombres que no cumplen la igualdad de género imponiendo vuestro criterio machista, fascista y meritocrático a unos pobres niños que sufren a diario los desmanes de un sistema impuesto y opresor que les castiga con una vida complicada.

Gaspar la interrumpe mirando alrededor: -Jona, disculpame, estamos en un chalet de tres plantas de una zona noble de las afueras de la capital. La nevera la tienes llena y si no me equivoco en esta casa entra un buen dinero debido a tu puesto de asesora de la ministra en el gobierno.

-Pero es que yo trabajo mucho. Ya vino aqui el machirulo a juzgarme.

-No, al contrario. Pero hemos traido los regalos con toda la bondad posible, incluso no haciendo feos al platito de tofu vegano que has dejado junto a la chimenea, y nos estás tratando de una manera algo brusca.

-Ah, claro. Se me meten tres hombres en casa que probablemente vienen a violarme a mi o, lo que es peor, a mi hija menor de edad, y tengo que decir que si a todo como si fuera una persona de segunda. No, no. Esto no va a quedar aqui.

En ese momento Melchor decide tomar una decisión. Recoge el balón, las pulseras y el carbón. Les pide a sus compañeros que salgan y se despide. "Los regalos, de aquí en adelante, los compras tú"

Así que los años siguientes , en esa casa, los reyes fueron los padres. Y les contaban a los niños como la monarquía es injusta, fascista, meritocrática, sexista y castiga a la gente de bien, que son ellos.


20 de septiembre de 2024

Cuando descubrí que no soy un hombre.

Decía, en su presentación, que le gustaba el cine, la música y las relaciones con base. El día que la conocí recibió varios mensajes. Confesó, quizá porque pensaba que eso le haría parecer más moderna o mas resolutiva, que unos eran de un tipo con el que había quedado hace un par de días. Los otros de un caballero, gentil y educado, con el que cenó ayer. La sinceridad, en su concepto basto del término, suele estar enfrentada al buen gusto y si alguien piensa que resulta moderno hacer ostentación , nada más llegar, de una azarosa vida sentimental o sexual podríamos pensar en qué hubiese pasado si le dijera que tengo que ir al baño a limpiarme del polvo que acabo de echar. Todo eso mientras pongo cara de travieso, moderno y gilipollas. Me resulta desagradable hasta a mi.

Tampoco pasa nada porque reconozco que hay determinadas licencias que algunos se permiten para parecer lo que creen que deben parecer. Es exactamente lo mismo que Maria del Carmen, 25 años de fiel matrimonio y recién separada, que al salir de copas por primera vez aparece embutida en un vestido animal printing y quiere tocar el culo a todos los camareros. Si queremos ser igualitarios podemos hablar de José Ramón y Eduardo que una vez al año, calvos con pelillo en las sienes, vaqueros de 1987 y camisetas de Barcelona 92 ( compradas en Barcelona, 1992), se fuman un porro pegando botes en la primera fila de un concierto punk moviendo la cabeza como si tuviesen cresta.

El caso es que, como soy un cabrón dialéctico, me quedé a investigar los extraños mecanismos de ese cerebro. Pregunté por aquellos muchachos. Obviamente, hablando en frío, hizo gala de modelos previamente aceptados. "Yo busco tener una relación con alguien y ya se verá. Quiero concer a las personas y después, solamente después, dar el paso a la intimidad". Correcto. Quise, por ahondar en ello, preguntar por su último año. "He tenido tres o cuatro relaciones". "¿A la vez?". "No, hombre"-dijo con cara de haber pensado mal sobre su integridad moral. "Entonces, si es un año y son cuatro, quiere decir que el tiempo que tardas en decidir que alguien puede ser el hombre de tu vida es"-y puse cara de hacer un cálculo mental.-"tres meses". Luego quise ser malvado y añadí: "dos si te das unos días para asimilar los fracasos. Eso, quedando los fines de semana alternos, son tres cenas. Así que la cuarta vez que quedas con alguien ya es el hombre de tu vida. La primera es un café, la segunda es una cena con beso en la despedida y la tercera ya está. ¿Ayer cenaste con el hombre educado?. ¿Qué numero de cita era?". Me miró enfadada: "La segunda". "Pero no te creas"- quiso puntualizar- "que soy como alguna de mis amigas que salen por las noches y si ven a un tipo que les gusta se acuestan con él".

Hicimos un silencio.

- Presupones que ellos no tienen capacidad de decisión.

- Los hombres sois todos iguales. Quereis lo mismo.

Curiosamente es obvio que llegados a ese punto o su afirmación era falsa o yo no era un hombre.

- ¿Ayer te despediste con un beso?

- Si.

No me iba a poner a preguntar sobre la ultima película que vio entera o el último disco que escuchó completo. Vivimos en una sociedad que pasa a la siguiente canción en menos de 10 segundos, que consume series porque son de media hora y se quedan en 20 minutos quitando la introducción y los créditos. Vamos camino de llegar a la conclusión que una relación estable dura lo que tarda el dedo en pasar al próximo perfil.

Aunque lo más importante es creer en la propia integridad. Asegurar que te gusta el cine, la música y las relaciones estables. 

Me confesó que jamás llegaba al final de una película porque se queda dormida, supongo que en el sofá de su próxima relación estable de dos meses con un hombre muy hombre, no como otros.

12 de julio de 2024

Coldplay, Segovia y aquello que fuimos.

Supongo que lo he contado alguna vez. Conocí a Coldplay en un bar de Segovia. No a ellos, como es lógico, sino a su música. Bajaba a Madrid en coche, probablemente en invierno. En aquella ciudad que te pilla de camino si haces un desvío estudiaba una mujer frágil y energica, que dicho asi parece un oximorón pero es real en ella. Hace mucho que no la veo. Estaba perdiendo peso casi hasta ser un cadáver de lo que era. Yo tenía una herida en el labio superior, que es la forma en la que tiene de marcarme el frío y la soledad. Por una parte llevaba alimentando, todo el viaje, las ganas de besarla pero me podía la vergüenza de una más de mis taras físicas.

Cuando nos vimos nos abrazamos de esa forma que hacen los que no saben cómo comportarse y buscamos un lugar neutral donde dejar que la forma que tienen los adultos de poblar el silencio nos llevara a algún lugar mágico en el que ya hemos estado anteriormente. Hay personas con las que solamente estar, incluso en silencio, proporciona calma y cariño en proporciones similares. Supongo que lo que nos pasaba, sobre todo a ella, es que nos sentíamos libres cuando estábamos juntos. En mi caso, aunque tenga cara de malote, casi nunca hay nada emocionante que contar. Mi formalidad cristiana me puede y me castra. Sin embargo ella, colorista y elegante, me empezó a contar con un tono que podría ser hasta tildado de coqueteo, que Segovia era una ciudad extraña. Parece un castillo en medio de la nada pero en cuanto lo recorres aparecen las mazmorras y las habitaciones ocultas. "He descubierto"- me dijo- "que soy un mujer débil". Se sonrió como si viniera una maldad detrás. "He conocido a mucha gente que está aquí estudiando y curiosamente me he topado con dos chicos a los que les falta un dedo de la mano. Es raro, ¿verdad?". Yo hice un cálculo estadístico y me acordé de Gil, un compañero de clase , muy listo por cierto, que había nacido con dos dedos pegados. "Es raro, si"- acerté a responder. "El caso"- continuó- "es que parece que no puedo evitarlo y aunque son dos chicos normalitos, es como si me dieran pena". Yo puse la cara de alguien que se intenta demostrar empático con los sentimiento ajenos. "Y no puedo evitar tirármelos"- concluyó.

Uno de los problemas que tiene dejar, abiertamente, que la otra persona haga uso de su libertad porque te gusta mucho pensar que siendo una mujer maravillosa va a elegir quedarse contigo es que estas cosas , pasan.

Así que durante un silencio de estupefacción en el que ella esperaba que sonriese por el mutilado y prolífico sexo casual mi cerebro buscó datos en el entorno a los que poder agarrarme y fui consciente, por primera vez, de Yellow. que era el segundo single de ese disco más que fantástico titulado Parachutes que habían sacado los chicos de Coldplay en el 2000. Me giré a preguntarle al tipo del bar qué era lo que estábamos oyendo y cambié de tema afirmando que sonaba muy bien. Luego nos puso Shiver y puedo empezó Trouble ya había llegado a la conclusión que eran una mezcla entre el U2 que me gustaba y el RadioHead que me apasiona. La diferencia, que eso no se sabe con un primer disco pero sí viéndolo en perspectiva, es que los más grandes evolucionan ( Zooropa no se parece a War y The Bends es tan acojonante que cuando los puristas me hablan de Kid A, pongo caras). Me compré el segundo disco de Coldplay. El single, In my Place, todavía sonaba al disco anterior, pero con más medios. Les buqué en The Scientist pero algo decía que ya no era lo mismo y no creo que fuera por la influencia malévola de Gwyneth Paltrow, novia de Chris Martin justo en ese disco. Ella, por retomar el anecdotario anterior, es físicamente muy parecida a la chica de Segovia. Ambas son capaces de parecer princesas abandonadas en almenas y hacerte sentir culpable por no estar en algún momento mientras te cuentan la violencia del sexo con el chico que limpia las caballerizas. 

Luego sacaron Fix You. La letra dice: "Cuando lo intentas todo Pero no tienes éxito, Cuando obtienes lo que quieres Pero no lo que necesitas, Cuando te sientes tan cansado Pero no puedes dormir, Atascado en marcha atrás. Cuando las lágrimas Caen por tu rostro, Cuando pierdes algo Que no puedes reemplazar, Cuando amas a alguien Pero se desperdicia, ¿Podría ser peor? Las luces te guiarán a casa ,encenderán tus huesos. Y yo intentaré arreglarte. Bien arriba o bien abajo Cuando estas muy enamorado Como para dejarlo pasar. Si nunca lo intentas nunca sabrás Lo que realmente vales. Las luces te guiarán a casa Y encenderán tus huesos. Y yo intentaré arreglarte. "


A partir de ahí, musicalmente y para mi gusto, Coldplay se murió.

Sin embargo, como casi todos los fenómenos publicitarios, alguien les ha buscado un hueco en el que reinar. Coldplay lleva, más de unos años, intentando convertirse en un referente molón, eco resiliente, bondadoso, integrador, amistoso y que haga que la gente regale abrazos por las calles a los demás porque los seres humanos somos personas amables, empáticas y generosas. Los conciertos, con sus pulseras y mensajes incuestionables sobre quererse mucho y salvar el planeta, se han ido convirtiendo en algo parecido a telepredicadores con dinero que hacen un espectáculo que intenta llevarte al éxtasis para hacer un poco más de caja. Como todo milagrero, la forma de llegar a ello es una mezcla entre dejarse sorprender, hacer grupo férreo alrededor del nuevo Dios y no poner en duda las escrituras. Probablemente, a falta de música, el espectáculo es el que manda. Eso no quita que te digan que sus conciertos reducen las emisiones de carbono, que te expliquen que los escenarios son de bambu y que ponen bicicletas que generan energía eléctrica para que los pedaleos de sus asistentes alimenten la luces. Que pidan a sus espectadores que no vayan en coche y usen botellas de agua rellenables. Nada de ir en coche, ponerse macareno a cerveza y tirar los vasos al suelo como hacen los heavys. Si vas a un concierto de Coldplay puedes hacerlo por la música o salir con la sensación de que hay un arbol más después de pagar la entrada. Todo eso independientemente de los 500 millones de dólares (estimados) que se sacan por gira. O que te rompan el corazón por darle una oportunidad a unos muchachos a los que les falta un dedo.

Supongo que Coldplay es uno de esos conciertos masivos a los que vas porque dices que te gusta la música pero gastas más tiempo en elegir la ropa que en oírte los discos. Esos instantes en los que haces algo porque quieres sentirte bien tú y luego te pones digna contándome no sé qué sobre el ecologismo. Vamos, como tener un coche eléctrico pero no hablar jamás de los pueblos africanos donde se sulfatará la batería que ya no uses.

Es un reflejo de nuestros tiempos.

No sé qué será de ella pero cuando oigo el mejor disco de estos chicos, que es cuando soñaban con la música, yo sueño con una taberna irlandesa vacía de Segovia.

23 de mayo de 2024

Calidad de circunstancia

Durante los años en los que se adquiere conciencia de la vida uno descubre que las enfermedades son algo circunstancial. Ese dolor, simplemente,  pasará.

Sin embargo hay un dia en el que esa circunstancialidad desaparece y hay que asumir que va a estar ahí siempre. Puede ser una enfermedad, un vacío, unas agujetas fruto del desgaste o la certificación de la imposibilidad de los sueños.

En ese instante la enfermedad deja de ser circunstancial y le ponen el apellido de crónica.

Algunos, la mayoría, ni siquiera tenemos el rédito que poseen los artistas olvidados que una vez fueron grandes.

18 de mayo de 2024

Los Jueves.

 Descarte del libro "Dame CuerdaDame Cuerda"

Tenían costumbre de follar, los jueves.

Con el paso del tiempo ni siquiera sabían por qué, pero era los jueves. Daba exactamente lo mismo que lloviera o que fuera uno de esos días de invierno en el que el primer soplo de aire enmohece la nariz. A veces tenían que dejar las ventanas abiertas porque el calor golpeaba, más fuerte que un fugitivo en la puerta de la iglesia, los cristales. No había excusas ni motivos especiales, solamente el día de la semana.

No hablaban de nada en especial. No existían los hijos, enfermedades, los miedos ni las decepciones de los trabajos. No pasaba el tiempo por sus cuerpos ni había un ápice de vida anterior o de futuro. Ese instante, fugaz como son las pasiones, era el sobrecillo de azúcar que, grano a grano, les iba endulzando. A veces, y cuando sucedía siempre lo negaban, él se quedaba casi dormido sobre sus piernas mientras ella jugaba con su pelo sin decir nada. En ocasiones ese sopor que se hace fuerte entre las sábanas, aún con la forma de su mano arrugándolas, les poseía sin darse cuenta que pasaban los minutos pero nunca las horas.

Eran capaces de verse a si mismos tal y como se desvistieron, probablemente en jueves, muchos años atrás. Se habían hecho más viejos, murieron personas a su lado, creyeron haber encontrado a alguien en algún momento, leyeron libros de los que no hablaron, discutieron con el mundo, estuvieron tristes y bailaron en la fiesta de algún pueblo con pajar. Sin embargo cuando llegaba el jueves volvían a ser los mismos de la primera vez. Aunque, si hicieran el esfuerzo de pensarlo, sabían que no era igual, lo era. Ella seguía soltando un suspiro fuerte y entrecortado mientras le tiemblan los labios y al entreabrir los ojos parece que siente vergüenza. El sigue extendiendo la mano por su espalda como queriendo alcanzar el infinito y le gusta quedarse mirándola como si se fuera a dormir en diagonal sobre la cama.

Por alguna razón, los jueves, el tiempo y el espacio se habían quedado parados. Siempre. Todos y cada uno de los jueves. Sin obligación ni contrato, solamente costumbre.

Aquel día, probablemente, era martes. Alguien hizo café y alguien habló de los hijos. Uno se quejó de la espalda y otro comentó que estaba preocupado por quedarse sin trabajo. Los padres estaban enfermos y el coche parecía no querer arrancar. -¿Tú sabes donde hay un taller barato de confianza?- le preguntó. Un instante después explicaba cómo aquel tipo parecía un buen tipo pero no era tan buen tipo después de pasar por su cama. O era eso o que aquella mujer no supo cómo entenderle cuando debían de entenderse. Se hizo una pausa y la cama se había ido a vivir a otro continente, como una toma de esas en las que todo se aleja. Un plano secuencia de unos segundos en el que pasan años y en el que, delante de ese mismo café, envejecen y se alejan porque se vuelven humanos y eso es lo mismo que imperfectos.

“Real, pero no perfecta”-pone si la buscas en whatsapp. Sigue jurando que los jueves no eran pausas perfectas en el tiempo y en el espacio. “El amor es cuando lo excepcional se convierte en costumbre”- le gusta decir a él cuando se empeña en conocer a alguien que tiene prohibido aparecer los jueves. “¿Por qué no los jueves?”- le preguntan sin que responda nada. Por supuesto que nadie aparece ningún día de la semana con esos condicionantes.

Asi que aunque llueva o haga un calor infernal, aunque la mañana se haga corta o el miércoles den una película a la tarde, se acuerdan.

Los jueves.

Cogieron la costumbre de recordarse, los jueves.