Mal dia para buscar

28 de abril de 2026

10 demostraciones de la realidad por encima del discurso.

Hoy es un buen día, dado el primer aniversario, para recordar empíricamente algunas de esas cositas que en la cabeza suenan espectacular pero después se demuestran poco o nada efectivas.

La primera puede ser que si tienes un país lleno de molinillos de viento o de placas solares pero se te olvida estabilizar una red con fuentes energéticas controlables (hidroelectrica, gas, carbon o las nucleares), se te va la luz.

La segunda es que si a Maria del Carmen, que se compró dos pisos, la das por el saco a todas horas y la convences que su esfuerzo no va a valer más que para que alguien le pague tarde mal o nunca, vende el piso y que le den a los inquilinos.

La tercera, que como dicen algunos titulares podemos aprender de otros países, es que si das dinero infinito a alguien por no trabajar lo que consigues es que no trabaje.

La cuarta bien podría ser esa idea tan loca del tope a los salarios, que hace que a los que les ofrecen más dinero en otros países, casualmente, se van a otros países.

La quinta, que te la voy a contar yo, es que si vas subiendo el salario mínimo sin subirle la pensión a mi madre en el mismo porcentaje, te encuentres con que hacerse mayor dependiente le está suponiendo perder, cada mes, un puto pastizal del que hacienda se lleva prácticamente un salario. La otra, que también te la voy a contar, es que yo llegué a dar trabajo a casi 20 personas a la vez y el único consejo que puedo dar a alguien que emprende es que contrate lo menos que pueda porque a nadie (al menos institucional de este país) le importa una mierda ni la vejez de mi madre ni que seas un generador de riqueza. Si eres un bar no puedes vender el cafe a 15€, así que te tienes que joder porque para que los baños estén limpios ( esto es una metáfora) alguien tiene que limpiar. La economía real no es un capítulo de Succession o de Industry.

La sexta, y para eso voy a usar una canción de 1985, es que si juegas a llevarte mal con EEUU en el mundo real, ellos empiezan a montar bases en Marruecos, dar armas a aquel país y nos vamos a reir el día que te hagan la marcha verde en Ceuta, Melilla, Canarias y, ya de paso, Córdoba y Almería.

La séptima es que ya vamos aprendiendo que siendo hiperregulativos lo que hacemos es alimentar al monstruo de lo institucional y cohartando las libertades de aquellos que son tan locos de querer innovar. Por eso es una realidad que se inventa en EEUU, los chinos lo copian ( cada vez mejor) y los europeos lo regulan. Soy de los que piensan que es más importante crear riqueza que rellenar papeles.

La octava, mal que nos pese, es saber que uno no es ladrón o corrupto por ser de un partido político. Chorizos, cabrones y caraduras hay en todos los sitios. Creer que alguien no puede cometer un delito por su sexo, raza o ideología es de sectarios sin cerebro.

La novena (que puede ser octava fase B) resulta del hecho empíricamente demostrable en el que cuando hay que salvar el culo propio o el bienestar personal ya no te importa echar de podemos con la ley de despido de Rajoy a la gente, comprarte un chaletón, regalar a tu hija un bolsazo que hagan niños bengalíes ( porque era falso) con jornadas de 14 horas, ir en coche a la reunión por el clima o cualquier cosa que aunque sea poco estética y contraria a tu discurso te haga la vida más confortable.

La décima es que, obviamente, vivimos en unos tiempos en los que el discurso y las promesas están por encima de la verdad o los hechos. Y así nos va, que cuando miramos los hechos no se parecen en nada a lo que nos habían contado de la misma forma que el video de la promoción de tiktok era mentira.

Pero (corolario o punto 11) la culpa es nuestra por ser tan gilipollas. Claro que el alcalde de NY gano las elecciones prometiendo que todo va a ser gratis, ecológico y feliz. Que las calles estarán limpias sin que las limpies tú ( es la misma metáfora de antes). Está claro que cuanto más avanza la humanidad, má estúpida se vuelve y, como un adolescente, se quiere creer cosas que son obviamente falsas. A los diez pasos me remito.

Si fueran 12 sería desintoxicación de los propios humanos a base de realidades. Por ser "humanálicos" o mongólicos (de Móngol, que es un pais imaginario buenista y feliz sin pobres ni guerras ni delitos, recubierto de amor.).

25 de abril de 2026

Piénsate, humano

No comprendo la diferencia que puede haber entre "Los Españoles primero" y tener que demostrar que sabes Euskera nivel aizkolari de Gernika para trabajar barriendo calles en Alsasua.

Personalmente me la ha traído completamente al pairo cualquiera de los componentes con los que uno viene de fábrica siempre y cuando aporte o colabore con el sistema de todos de una forma positiva. No tengo ningún conflicto en meter en un avión a un hijo de perra con sesenta y tres apellidos de la patria para dejarle caer sobre el desierto del Sahara, a ser posible sin paracaídas. Me niego a creer que alguien es mejor o peor que otro porque va con un componente racial, lingüistico, confesional o heredado en particular.

Sin embargo los humanos sociales estamos llenos de prejuicios. Algunos, incluso, se empeñan en comportarse como creen que deben dadas las circunstancias o las modas. José Ramón, que siempre fue un conductor precavido, empezó a conducir como un loco al adquirir un deportivo. Es más, dejó de usar los intermitentes porque era un BMW. En algún lugar de su minúsculo cerebro llegó a la conclusión que no era él, sino el coche, lo que le convertía en un peligro.

Desconfío, igualmente, de aquellos que utilizan como argumento principal en la defensa de sus planteamientos la titulación personal. "Estás equivocado en la manera de freir un huevo porque yo, !yo!, soy sociólogo"

El caso es que hay una tendencia brutalmente marcada por la que algunos, para que el otro no manipule la información, ponga a sus colegas en puestos públicos, se lleve la pasta, cambie las normas del juego a medio partido o se comporte como un tirano, ya lo hace él antes. "Más roban los otros"-me dijo alguien cuando se aprovechaba de los fondos de su partido (de mucha izquierda) para pagar el hotel en que realizábamos actividades sexualmente atléticas. Hago una llamada y te abren un quirófano cuando quieras, me dijo un político (de derechas) al comentar que los médicos de mi hospital no operan en verano porque sufren mucho estrés y mi maltrecha economía de autónomo no permite otras fechas.

Se nos olvida con facilidad ideológica la inmensa cantidad de veces que defendemos hacer lo que criticamos en el lado contrario del posicionamiento mental. Eso nos lleva a situaciones absurdas donde alguien tacha de racista a alguien por hacer lo mismo que defiende. Es como diferenciar matar guardias civiles o etarras, cuando los muertos se descomponen igual y sus hijos sufren lo mismo.


Si algo he ido aprendiendo es que el ser humano es humano muy por encima de sus ideas. Las ideas, en este mundo hipócrita, se quedan para aparentar ser una persona ideal tomándote cañas con los colegas. Los hechos, que son los que determinan lo que somos, se parecen mucho más cuanto más nos acercamos a los extremos. El imbécil es imbécil allá donde nace y algunos nacen con la necesidad de ser imbéciles. Por eso mismo se hacen de la imbecilidad mayoritaria geográfica o cultural. Un tipo con ropa amplia, un perro sin correa, con tres pines pro palestina, que quema incienso y tiene una novia que no se depila los sobacos llevaría un pantalón de pinzas, una pulsera de España y miraría con deseo a la más operada de sus conocidas si tuviera a bien nacer en otro lugar. Es el mismo tipo cargado de puntualizaciones geográficas o actitudes que ha asumido por mera supervivencia social.

Así que antes de hablar de cositas con furiosa cólera, corazón, piénsate.

22 de abril de 2026

Man jaqueao las cañerías

 "Man jaqueao las cañerías!"

Básicamente eso me dijo un señor, estéticamente el doble de Abraham Boba (Leon Benavente), mientras yo ponía cara de estupefacción extrema esperando que me cantara la de Gloria.


Pero no. Aquello iba en serio.

"¿Me lo puede explicar?"

"Es fácil"- me dice- "hoy he recibido una de esas llamadas que no te dicen nada y me he dado cuenta que tenía el bluetooth activado. Claro, que es por ahí por donde te entran. Después, nada, diez minutos después me ha llamado el vecino de abajo de un piso que tengo en Zalla contándome que las cañerías se han atascado. Así que me he dicho, !claro, con la llamada me han hackeado!"

No daré muchos detalles pero sí que puedo resumir el hecho de que, para quitarme cualquier labor informática al respecto, le remití a las fuerzas de seguridad y a un fontanero. Ante eso respondió que no se fia porque el fontanero y la policía están "en el ajo". Después hizo un amago de empezar a contarme algún tipo de conspiración que evité llamándome desde mi teléfono personal al del trabajo y poniendo cara de que la llamada iba a ser larga para que se fuera a contar sus cosas a otro. Al fin y al cabo hay un porcentaje de locos que solamente desean que alguien les preste atención a sus cositas.

¿Qué le lleva a alguien a una conclusión así?. Personalmente creo que haber aceptado como cierto algo que se le escapa ( la informática o la fontanería) y, después, hacer una relación de causa y efecto entre dos elementos que nada tienen que ver. Si esa relación le exime de responsabilidades, mejor.

Mi señora madre, que vive en ese proceso de desconexión fruto de la edad, acepta como real casi todo lo que oye en la tele. Como la tele es como es, ella ha aceptado como cierto un cúmulo de elementos dramáticos y alarmantes. Los robos, la ocupación o las mafias calabresas. Son cosas que existen pero no significa que haya un grupo de mafiosos esperando en su portal o tres familias marroquíes aguardando que baje a por el pan. Sin embargo en el momento en que no encuentra la crema que se compró (porque no la ha sacado del bolso o la ha dejado en un sitio diferente) entra en cólera acusando de ladrona a la persona encargada de su cuidado. Cuando esa persona le pide que mire en el bolso por si se la dejó ahí, ella lo revisa con cuidado porque, en su cabeza, la otra está queriendo quitarle las llaves de casa para ocuparla con un grupo de carteristas rumanas con las que está compinchada. No es cierto pero son elementos que encajan perfectamente en la cabeza de mi madre. Luego se le pasa, pero tengo anécdotas como para un show de varias horas.

Que todo eso suceda en alguien que se acerca a los cien años está dentro de lo lógico pero que empiece a ser habitual en personas que supuestamente son cabales me preocupa. No me refiero a que vayas por ahí diciendo que te han hackeado las cañerías, porque eso es un caso extremo, pero conozco a quien sigue pensando que el apagón que se vivió en España ahora hace un año fue fruto de Amancio Ortega especulando contra el españolito de bien porque Franco. Y se quedan tan tranquilos. Hay causas y efectos que redimen de responsabilidad al sujeto. "Me han despedido por gay". "No me ascienden porque soy mujer". "Tengo que hacer cola para las entradas del concierto de Rosalía porque soy negro". Jamás es porque soy vago, hay alguien mejor o simplemente porque la cola es para todos. A ver si la responsabilidad personal ya, directamente, no existe. Hay quien, a sus más de 40, sigue amparándose en que el profe le tiene manía o que le hackean algo. Ser una víctima, de una u otra forma, es la actitud infantil más habitual en personas adultas modernas.

Yo ya he asumido que una de las mejores excusas es echar la culpa al informático. Nosotros siempre le echamos la culpa al transporte.

Todo eso no quita que existan fraudes tecnológicos de múltiples formas, mafias, franquistas, izquierdosos chalados, profesionales de la okupación, homofobos, racistas, misantropos , adoradoras de la misandria y misóginos. Por supuesto. Pero el porcentaje de veces que son, cualquiera de ellos, responsables de tus mierdas son casi las mismas en que te pueden hackear las cañerias con una llamada, aunque tengas el bluetooth activado. Quizá un 5% más de las veces, pero no más. El resto son fantasmas que te creas para excusarte de ser un gilipollas.

20 de abril de 2026

Compartimentalizar.

 "Ya tengo una edad"- me decía superados los 60. Su caso es uno de esos ejemplos en los que no se puede tener todo. Es un tipo listo, casi llevado al extremo de la lógica aplastante, que ha sido aceptablemente triunfador en la parte laboral de la vida. Con el paso de los años eso ha resultado obvio y, sin embargo, su desastrosa vida personal siempre le ha ido marcando. Al poco tiempo de conocerle, yo con 25 y él casi 40, acudí a la celebración de su cumpleaños. La casa resultaba ser un apartamento luminoso y limpio con vista al mar desde un pequeño acantilado. Al llegar la noté especialmente vacía y sobre unos caballetes habitaban varias tablas a modo de mesa con aperitivos variados. En el salón unas sillas plegables estaban dispuestas para los invitados. Yo conocía a su pareja y tuve cierto reparo en preguntar por ella, aunque lo hice. "Nos hemos enfadado y cuando he llegado a casa hoy, se había llevado sus cosas"-él hizo una pequeña pausa y esbozó una sonrisa resignada- "y también se ha llevado los cuadros, las sillas y las mesas".

El caso es que casi 30 años después quedamos para comer de vez en cuando. Abrimos una botella de vino y comentamos sobre la vida, las finanzas, la situación geopolítica del mundo o nuestras cosas y milagros.

Algo que sabemos los dos es que la manera de solucionar un problema complejo prácticamente irresoluble es dividirlo en pequeños problemitas de sencilla solución. Compartimentalizar.

Al segundo vino y después de pedir el postre hemos llegado a los asuntos de la vida.

"Ya sé cual es el error con las mujeres"- me dice como si hubiera encontrado El Dorado. A él le gustan los barcos y una socialización de tipo medio, algún dia ir al cine, quizá excursionar de manera casual pero no profesional y actividades sencillas de ocio. "El error que cometemos es pensar que hay alguien que está ahí para todo. Que es la persona con la que vas feliz en el barco y con quien te lo pasas bien en el cine o tomando un vino. O follando. Eso"- me hace hincapié en ello- "eso es el error." Ahí me hace una pausa porque es algo parecido a haber terminado parte de la disertación. "El truco es encontrar a alguien que le guste ir en barco, y compartir con ella los momentos de barco. Encontrar a alguien con quien estés bien tomándote un vino, y saber que es mejor tomarte un vino si estás acompañado de ella. Salir al cine. Follar. Ir de excursión al monte. Lo que sea. Hasta este punto todo es correcto salvo que para cada actividad has encontrado una persona diferente"- Yo afirmo con la cabeza entendiendo el lugar al que hemos llegado- "El truco es"- me dice casi a modo de conclusión- "que por muy bien que estés con la que va contigo en el barco !no hay follársela!. Si la que folla estupendamente contigo quiere ir al cine !hay que decirle que no!. ¿Que quien sube al monte contigo los fines de semana te propone salir en barco?. !Bajo ningún concepto!. Así no hay problemas y todos sabemos lo que nos toca. Así no te dicen "cariño, nunca me llevas en barco". No, joder, porque tú no eres la del barco y si vinieras al barco lo más probable es que luego, si sale bien, también quieras salir al cine y así hasta que haya algo que no salga bien y nos quedamos sin la actividad primaria, enfadado y solos. El error que cometemos siempre es abusar de las opciones y, al final, quedarnos sin ninguna. Si somos ordenados eso no va a pasar". Está claro que lo que propone es monogamia pero de cada actividad. Solo vas al barco con una persona, solamente tienes sexo con una persona, solo juegas al tenis con  una persona, pero esa persona no es la misma para todos los casos sino la adecuada para cada uno. Or-ga-ni-za-ción.

Nos traen el postre, agradecemos su trabajos al camarero y hace su puntualización final. 

"No es un tema de hombres"- me indica. "Vale también para mujeres. Yo"- afirma con sinceridad- "asumo perfectamente que mi rol puede ser uno u otro. Acepto que no debo de salirme de él. El problema, Ricardo"- y aquí adquiere un tono paternalista- "es que es muy complicado vender esa idea y más aún a una mujer que sigue creyendo que hay un príncipe en algún lugar esperándola."

"Después de muchos años es la conclusión a la que he llegado, pero no tengo solucionado el marketing de la idea".

"¿Compartimentalizar?"- le pregunto. "Compartimentalizar"- afirma.

Ya os he dicho que es un tipo muy listo que ha hecho de la lógica su manera de subsistir en este mundo pero le cuesta, siempre, el lado comercial de la vida.


15 de abril de 2026

Cuando lo menos importante de un concierto es la música.



Se está celebrando el festiva Coachella allá, en California. Hay que reconocer, viendo el cartel, que la seleccion musical es amplia y bastante bien pensada para los tiempos que corren. He elegido un himno de los últimos tiempos para intentar ejemplificar la sensación que me produce. El truco es fácil: fíjate en el público. O, por si aquello no fuera un cabeza de cartel, date cuenta de la pasividad infinita con el temazo de Reptilia de los Strokes o con el super clásico de Passenger de Iggy a sus 78 años.



Podríamos pensar que es una cuestión de cambios en los gustos musicales, pero incluso el pop infantil y teatralizado de Sabrina Carpenter resulta como si el público estuviera viendo la tv. Con los herederos más modernos de Depeche y su elaboradísima puesta en escena pasa lo mismo. ¿Cual es mi teoria? Un festival de 600€ de precio por anticipado con café a 17€ no lleva a amantes de la música sino a aquellos que, mayoritariamente, lo viven como una especie de estatus extraño que dura tres días. Eso incluso cuando se hayan puesto de moda los microcréditos para ir a un concierto. Hace ya tiempo comentamos que existe toda una generación que como no se puede permitir "inversiones" de cierto calado (un coche, un piso o cualquier esfuerzo económico a largo lazo) se concentran en lujos "baratos" que, aunque sean gilipolleces o tampoco les agrade, pueden hacerles irradiar una imagen de potentados en el mundo estético de las redes. Por eso los chuches caros, los alquileres puntuales, y todo lo que pueda denominarse "lujo barato". Si a todos los que se han rendido a esperar al gran trasvase o se niegan a sacrificar absolutamente nada a cambio de su satisfaccion a corto plazo (!viva el descuento hiperbólico!) les sumamos los kidults, disponemos de una clase social entera a la que lanzar nuestras ofertísimas. Al fin y al cabo siempre es el mercado, amigo.

Coachella, por alguna razón, hace años que se convirtió en un espectáculo con los conciertos como excusa aunque la financiación personal sea secundaria. Cientos de vídeos con tutoriales de cómo hay que vestirse para ir o con recopilaciones de los outfits van ametrallando Internet. Noticias sobre lo vacíos que están los puestos de comida ( porque la juventud se pincha Ozempic) me recuerda a una parte de la serie (6,5/10) de The Beauty en donde se supone que existe una inyección que te hace guapo aun a riesgo de que te revienten las entrañas, y las adolescentes americanas se las inyectan incluso pidiendo créditos para el pico.

Que la música es secundaria es algo que ya pasó con Eurovisión y muchas discotecas. Hay demasiados eventos que utilizan como excusa lo que antes era el centro del acto. Demasiadas personas que no saben leer van a presentaciones de libros. Hay novias de futbolistas que jamás han creído en el amor. Hacer el bien para el pueblo ya no era importante ni para los políticos romanos. He oido jurar lo buenísima que es alguna peli a gente que estoy seguro que no la ha visto pero que siente que debe de hacer esa u otra valoración, y hacer una foto con el cartel a la puerta del cine.

A Coachella, como a muchos otros lugares, no van amantes (mayoritariamente) de la música independientemente de lo bueno o malo que sea el espectáculo. Es, porque se ha ido haciendo ese hueco desde hace años, un escaparate carísimo que elogia el vacío cultural y del que no se intenta volver después incluso de haber vivido una experiencia enriquecedora sino poder torpedear con tus fotos a una supuesta plebe de adoradores virtuales que te hagan sentir admirado/a lo suficiente como para sentir que tu ego puede pagar los créditos que te has pedido (económicos o personales). La música, igual que a los eurofans, no te importa en absoluto. Viene a ser lo mismo que comprarte un coche carísimo con muchos oros, pero a menor precio. Por supuesto, sin disfrutar en absoluto de la conducción.

Conozco a fans de los coches a los que se les iluminan los ojos cuando se les va de atrás un renault 5 culo gordo o pasan al lado de un Jaguar E Type. Sin embargo en los tiempos que corren parece que tres pantallas, muchos pitiditos y que parezca que lo tienes más grande que tu vecino es muchísimo más rentable para los fabricantes que la sensación de conducción o la sonrisa tonta que se te puede poner al entrar de costado en una curva de montaña mientras te va persiguiendo el atardecer sin saber, exactamente, el lugar al que vas porque lo importante es lo mucho que disfrutas devorando kilómetros.

Actualmente no hay lugar más bello para sentir la música que los miles de conciertos pequeños, con una cerveza en la mano, en donde lo importante es lo que has ido a ver, que es la música. Aquellos espectáculos increíbles con Wembley lleno de personas dispuestas a disfrutar se acabaron con varias cosas: los móviles, las redes, la hipócrita necesidad humana de notoriedad y llegar a la conclusión que en un show en el que nadie presta atención al escenario no te lo puedes pasar bien. Los intentos de reinvención musical han pasado por aquel show de U2 dentro de la esfera de Las Vegas, la gracieta ecosostenible de un grupo muerto (vive aún de sus dos primeros discos y medio) con ínfulas como Coldplay o los espectáculos de música sin músicos de divas al estilo Beyonce o Rosalía, hijas todas de la Madonna del conffesion tour.

Pero, desafortunadamente, un momento Freedie en Wembley , un Burging en 1991 con Antonio Vega de rodillas frente a Pepe Risi o un AcDc en Buenos aires no lo vas a vivir en Coachella. Lo dicho: fíjate en la gente y dime quien está disfrutando.

Serán los tiempos nuevos y que cada uno se gasta el dinero en lo que quiere, pero no me digas que te gusta la música si no te veo disfrutar excepto cuando me cuentas el outfit o me publicas tres poses en Coachella. Al menos reconoce que lo menos importante del concierto para ti es, la música.

8 de abril de 2026

Eva y nuestra búsqueda de alimento para el ego.

Más o menos poco tiempo pasados los 2000 terminé, una noche, de copas con Eva. Podría parecer que como éramos dos personas heterosexuales, de edad similar, fisicamente activos y en cita exclusiva, aquello fuera lo que parecía pero, sinceramente, no era así. Es más, ella había empezado una relación con quien actualmente es su marido y padre de sus hijos. Son, ahora, una familia aparentemente feliz que hace cosas de gente que mola y publican fotos felices en la nieve, en Brooklyn o en donde cojones quieran restregárselo al resto del mundo por las narices. Lo digo con amor. Yo la conocía por ser amiga de la que era mi pareja por entonces y con la que únicamente tengo contacto por algún pésame. Todos salimos ganando.

El caso es que después de algún que otro copazo y haber criticado duramente a la gente que puebla las calles desde la tarde hasta la noche, porque si algo nos unía era la acidez creativa para con los demás, Eva me propuso algo loco. Como a todos, y quien lo niegue es un hipócrita, nos gusta sentir que alimentan nuestro ego. Básicamente puede ser que nos digan que hay algo que hacemos bien o que somos guapos. Puede ser cualquier tipo de alabanza gratuita de esas que nos dejan buen cuerpo. Que fuimos buenos amigos, que escribimos algo que mereció la pena o que hacemos una tortilla de patata deliciosa. A esas horas, pasadas las dos, se nos ocurrió visitar algún local popular.

"El balcón de la Lola", que es su descriptivo nombre aunque por entonces era más "El andamio de la Lola", resultaba ser un espacio industrial (porque no había una gran inversión decorativa) plural donde se mezclaban diferentes gustos, géneros (por lo menos 6), músicas y bebidas espirtuosas. La idea era clara. Como tanto Eva como yo nos considerábamos seres atractivos e interesantes y aquel era un espacio de una afamada promiscuidad sexual. Optamos por situarnos en lugares opuestos de la barra, sacar una cerveza y esperar que algún ser se nos acercara con la firme propuesta de alimentar nuestro ego. Nos daba lo mismo que fuera un hombre, una mujer, una cabra o un helicóptero Apache. En realidad íbamos a declinar gentilmente la oferta porque sólo deseábamos llegar a ese punto. A favor de ella estaban sus apabullantes y firmes pechos. A mi favor que el bar era un 65% gay.

Cuando nuestras cervezas ya se estaban terminando y nos mirábamos de un lado a otro de la barra sorprendidos por nuestro nulo poder de atracción, me jugué una baza extra. Me acerqué al baño. La miré como quien ha descubierto una grieta en las normas del juego. Se me acercó una muchacha andrógina de pelo corto y vestimenta colorista. Hice una seña a Eva con cara de haber ganado el juego. Aquella chica y yo intercambiamos un par de frases. Volví a mi sitio. Acabé la cerveza y me fui donde mi amiga. "Nos vamos"-le dije. Al salir me preguntó qué había pasado. Ella esperaba que me hubiesen propuesto sexo salvaje, algún tipo de intercambio de fluidos, una orgía múltiple sadomasoquista o incluso la utilización extrema de artefactos variados. "Me ha ofrecido cocaína"- sentencié.

La verdad es que me voy dando cuenta que jamás he ligado en un bar pero sí que me han solicitado como drogadicto en varias ocasiones. También es cierto que un hombre solo en un local de fama disoluta puede ser, igualmente, un depredador, un alcohólico, un drogadicto, un sin techo o un mierda. En vez de volver a casa con el ego alimentado llegué a la conclusión de no volver solo a ningún espacio de ambiente. Excepto si me vuelvo yonki.

Supongo que todos necesitamos un chute a nuestro ego de vez en cuando, aunque en aquella situación no se apareció el tipo de chute en que yo estaba pensando. No es que quedásemos empate sino que ella se quedó a cero y yo puntué en negativo.

Ella se casó. Yo sigo soltero. No he intentado, jamás, esperar ligar en un bar. Tengo el ego por los suelos.