Mal dia para buscar

Mostrando entradas con la etiqueta comercio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comercio. Mostrar todas las entradas

30 de mayo de 2026

Todo igual, aburrido y estadísticamente correcto.

Hay cosas que vistas desde lejos son verdades absolutas.

Una de las verdades absolutas que tiene la globalización y el triunfo de la estadística en la vida moderna es que hay demasiadas cosas que son prácticamente iguales. Un grupo de adolescentes caminando en grupo por la calle son uniformados idénticos que juegan a ser todos el mismo ser. Me da lo mismo el informal pero trabajado semi deportivo muchacho con mirada de malote, deportivas y sudadera, que la sutilmente maquillada con toques de nínfula curvosa pero socialmente emponderada. Me da exactamente lo mismo cualquer móvil idéntico, cualquier anuncio de colonia idéntico o cualquier coche modernísimo e idéntico.

La semana pasada presentaron el nuevo Ferrari eléctrico y podría ser el último coche chino o el último desarrollo de la plataforma de Stellantis. El equipo de diseño principal es el mismo que diseñó el iphone y son una especie de Elton John después de Lady Di, que hacía la misma canción todo el rato porque, al fin y al cabo, es lo que funciona.

Con la música pasa exactamente lo mismo. Todo suena igual. Sí que es cierto que, como los coches pueden ser berlinas, compactos o suv, la música puede ser rock, salsa, bachata, pop o regetton. Pero salvando esas nimiedades cada uno termina en el mismo lugar que sus competidores.


A partir de ahí surge una teoría.

Podríamos pensar que nos hemos vuelto predecibles, aburridos y militantes. Eso implica una decisión personalmente libre que se adopta conscientemente. No lo creo. Eres perfectamente libre para ir con el pelo de colores, una pulsera enorme con la bandera de España y una camiseta reclamando la república. El problema, en una sociedad miserablemente canceladora, es que te vas a quedar solo como los de Tudela. Así que adoptas una u otra estética en virtud del grupo al que quieres pertenecer y que presupones que te aceptará mejor con tal o cual envoltorio.

De la misma forma un diseñador, asalariado de una empresa, puede querer o considerar que aquí o allá se puede poner un alerón. Puede creer que un motor de combustión ruidoso, nervioso y divertido, es lo que le hace recuperar la ilusión de la conducción y ese golpe de adrenalina tan adictivo que lleva consigo la sensación de riesgo. O puede imaginar un pequeño y silencioso minibus autónomo para grupos de amigos. Sin embargo sabe que llegarán los estudios de mercado, las sentencias estadísticas y las previsiones de ventas convirtiendo su imaginación en un robot obligado a generar un producto final que se adecúe a satisfacer a aquello que le da de comer. Así que la necesidad de subsistencia le termina volviendo uno más en la amalgama de novedades que se parecen unas a otras.

Es conocido que innovar o crear tiene muchas más posibilidades de fracaso que hacer lo que se espera que hagas. Al fin y al cabo, hay que comer. Por otra parte si tu producto fracasa pero ha cumplido todos y cada uno de los parámetros que la IA le dijo al consejo de dirección que debía de tener, la culpa no es tuya.

Por eso mismo, y por subsistencia personal, es cada vez más flagrante que salirse de la norma implica ostracismo y pobreza. Hay canales de televisión que emiten durante 24 horas historias de visionarios y arriesgados creadores, pero de este siglo creo que no sale ni uno.

Ahora casi todas las series se parecen, las canciones se parecen, las personas se parecen, los coches se parecen y las vidas se asemejan. Hay ciudades enteras que podrían ser cualquier ciudad del mundo. Los barrios periféricos de Doha se parecen a las afueras de Valladolid. Un grupo de chavales con sus Nike viendo videos de TikTok en un parque de Móstoles se podrían teletransportar a Central Park sin despertar sorpresa en los runners, que también son idénticos.

Hay una sumisión total previa a la estadística conocida que impide al humano convencional hacer algo que vaya a ser diferente y prefiere ser el mediocre éxito probabilístico. El problema más grave es que es una decisión que últimamente parece inconsciente. No hay peor censura que la que nos infringimos a nosotros mismos.

Esto, y solamente tienes que ver los coches, la ropa, las casas o los móviles, es una verdad absoluta. Una verdad aburridísima.

Pd: recuerda el capítulo en el Homer diseña un coche. Ya lo predijeron.

18 de mayo de 2026

Los marqueses de Chorrapelada

Vivimos con una realidad, cada vez más extendida, en la que el cliente actúa con la certeza de que tú solamente tienes una fuente de ingresos que es, precisamente, él. Has de estar a la hora que le viene bien, con la respuesta que espera, la resolución que ansía, la inmediatez instantánea y prácticamente la gratuidad que han leído que les dan en Internet.

Creo recordar que allá por el siglo pasado buscabas a alguien que supiera hacer algo que tú no sabías y respetabas sus tiempos, precios y consideraciones. A mi hermana, médico, le vienen con el diagnóstico hecho por Google exigiendo la receta que no pueden lograr de otra forma. Hace unos días aparecía un video (no lo he encontrado) en el que una muy joven explicaba a sus seguidores que en el bar en el que estaba había solicitado la caja de la leche del cafe para comprobar el porcentaje de no sé qué y así certificar que es muchísimo más lista era que el tipo que lleva una vida sirviendo cafés porque vivimos en un mundo proteínicamente enemigo de la vida saludable. Después se puso a hablar, casi como una bióloga molecular, de las trazas de algo en el aceite con el que fríen los huevos. Con la mano abierta le daba.

El jueves pasado hice un presupuesto a un tipo y a su chatGpt, que viene a ser "el amigo que sabe" en versión digital.

No es que vivamos en una época llena de recelos en donde los seres humanos van por la vida pensando que han de ser más listos que el que tienen enfrente, que seguro que les está intentando engañar. Ahora nos vamos ubicando en ese extraño lugar en el que tú, mi esclavo servidor, has de hacer lo que yo te diga porque soy mejor que tú  al ser quien paga se ha de hacer lo que digo yo, aunque sea una soberana gilipollez. Es más, si es una gilipollez la culpa es tuya porque yo, cliente y amo del calabozo, no me equivoco jamás. Soy el Marqués de Chorrapelada.

20 de febrero de 2026

El triunfo de los clientes masoquistas

Una de las cosas más injustas de la economía es la actitud miserable de tratar comercialmente mejor a los posibles nuevos clientes que a quien ha sido fiel a tu empresa media vida. Es infernal saber que si dices que te vas es cuando te hacen la oferta que antes deseabas. Pasa con las tarifas de telefonía, con los seguros de coches y con los antivirus. En algunos casos, quizá más pueriles, también te tratan así algunas parejas o amigos. Se presupone que, como ya estás ahí, no te vas a marchar nunca. Como buen efecto Coolidge, produce una excitación sorprendente el nuevo mamífero y una desidia incomprensible el mamífero habitual.

Quizá por eso hay quien cambia de compañía de servicios cada año y de pareja o amigos cada varios meses. Curiosamente se sienten tan orgullosos de ser más listos que los demás que es una de sus conversaciones favoritas de bar. Siempre he pensado que el calendario de esas personas está lleno de fechas a cumplir para no penalizar la permanencia de tal o cual contrato. Son los mismos que aprendieron a ir al bar X a la hora en la que hacen promoción pero no entrar a ninguna otra. Los que van por las estanterías del centro comercial comprobando si la oferta del folleto es la misma que la del establecimiento. Son los que se van al funcionario de turno adjuntando la documentación que pone en el artículo tres del boletín oficial con la que se desgravan quince euros.  Son, en definitiva, los que van con el coche a la gasolinera de la comunidad autónoma aledaña porque el litro está dos céntimos por debajo.

Sin embargo, en lo que para mi es un error comercial brutal, ese cliente siempre estará pensando en cómo serte infiel. Cuando alguien se mueve exclusivamente por el precio, siempre existirá otro que se lo venda más barato.

"Si haces un esfuerzo y compras más producto lo venderás más barato, es cierto"- me decía un amigo. "Pero llegará otro que traerá tres contenedores de lejos y lo venderá más barato"- seguía. "Después alguien traerá diez contenedores". Entonces hacía una pausa. "Así que cuando alguien traiga cien contenedores y no pueda venderlo, llegas tú y se lo compras para calmar su desesperación. Tienes producto, tienes precio y no has arriesgado tanto". Esa es la forma de funcionar en el mundo global y la manera en la que actúan los nuevos supermercados llenos de ofertas. Es una buena lógica cuando solamente somos capaces de ver el precio. En este puto mundo egoista y cabrón los inútiles solamente son capaces de ver lo que despersonaliza al otro y se olvidan que el vendedor también es una persona que, probablemente, sabe más que tu primo el listaco y además te aporta muchas más cosas al intercambio comercial ( asesoramiento, garantías, puesta a punto, atención). Sin embargo, eso parece que ya no cuenta.

El tipo que te sonríe en la tienda o el profesional que te soluciona los problemas, con los años, se va agriando. No lo hace por ganas, porque a nadie le agrada ser un limón pasado durante las horas de trabajo pero a base de recibir input tras input miserable, te conviertes en uno más. Si me tratas como si yo fuera una web china de portes gratis, te trataré como una web china de portes gratis y me sudará tres huevos chinos lo que te pase después.

Muchas veces nos gusta decir que, con el tiempo, las cosas se van poniendo en su sitio. Que lo bueno perdura. Que la bondad prevalece. Vosotros sois muy jóvenes pero os voy a dar una pista: es una puta mentira.

Si las empresas que tratan comercialmente como basura a sus clientes se hacen ricas y los comercios de proximidad se mueren es por los clientes, que apoyan lo que perdura. Es un mundo de clientes masoquistas que, al final, solo hacen sobrevivir a los que azotan sus genitales a base de maltrato. Barato, pero maltrato.

Así que, como nunca he sido de engañar ni de pegar, he concluido que soy un unicornio. Al borde de la extinción. En un futuro me expondrán en un museo como una rareza arqueológica. O en la cárcel, por agarrar una recortada.

22 de octubre de 2025

Mr Wonderful, la quiebra (y Luis Aragonés).

Mr Wonderful se muere.

Deben casi 7 millones de euros y todo indica que se van al garete. Angela y Javier, mientras preparaban su boda, hicieron unas invitaciones chulísimas y positivísimas que gustaron tanto que decidieron lanzarse al mundo de la creación. No en vano eran diseñadores gráficos y gente feliz. Aquello era 2011.

Se pusieron a vender sus cositas por internet y les iba tan bien que decidieron dar el salto al comercio global. Hicieron colaboraciones con todo lo cool. Hasta lanzaron una línea de preservativos.

En 2016 facturaron 30 millones de euros. Un 25% desde redes sociales e internet. 150 empleados en 2017, 1800 puntos de venta, 40 comercios franquiciados. Todo chuli, no lo vamos a negar.

Entonces llega el momento excusa y la excusa son dos: que en internet los márgenes se reducen muchísimo y que la pandemia hizo que vendieran menos. Al menos eso es lo que dicen las fuentes acreditadas.

No me escondo si soy de los que creen que el futuro es la publicidad escéptica. Yo regale a mi sobrina, en su época de negatividad adolescente, una taza que ponía: Nadie Te Quiere. Soy un fan de la empresa de publicidad en la que Dudley Moore prepara una campaña sobre los coches Volvo , cuando eran suecos, con el eslogan: Feos pero seguros. Crazy People, se llamaba la película. El truco de su éxito, en la ficción, era decir la verdad.

La verdad, tal cual, no suele ser una estrategia de éxito. La sinceridad, y es un buen momento para recordarlo, consiste en decorar la verdad de una forma que salvaguarde los sentimientos de aquellas personas que te importan.

Los extremos, como en todo, son mentira.

Nadie es tan malo como para levantarse por la mañana buscando las formas de generar dolor por el dolor. Nadie sonríe al lechero , al cartero y al policía. Visto desde ese punto de vista y basándonos exclusivamente en cuestiones de marketing, Mr Wonderful era un negocio basado en una mentira. Debo decir que si le regalé una taza a mi sobrina significaba que al menos una persona, yo, la quería un poco.

A mi personalmente siempre me han producido urticaria las frases de coach barato de Mr Wonderful. Eso de "Levántate con una Sonrisa", "Hoy va a ser un dia fenomenal", "Sonríe que la vida vuela" atenta contra la realidad. Si me despierto en invierno, aún de noche, con dolor de espalda, un catarro incipiente, unos granos fruto de una alergia y me dices : "Lo único imposible es aquello que no intentas" te reviento de una hostia en la cara.

También es verdad que para decir frases de besugo no hace falta ser una empresa internacional. Conozco a quien montó un bar y quebró, puso otro bar y tuvo que cerrarlo. Después cogió un bar en funcionamiento y acabó en concurso de acreedores. Ahora da charlas sobre emprendimiento hostelero. Junta a personas, que sorprendentemente pagan por oírla, y les explica las fases del éxito en unas diapositivas con colores pastel. Los reyes del intrusismo en la psicología están a tres likes de aparecer antes de los videos de Youtube vendiéndote sus cursos de autoconocimiento feliz. Existe un mercado, que hace años monopolizaba la religión, de personas crédulas necesitadas de oír que van a ser felices siguiendo doce sencillos pasos. The Secret fue un libro de éxito que, como todos los libros de autoayuda, solamente colaboran en la felicidad económica del pastor.

Una de las cosas que se conoce poco es cuando, siendo ya una empresa de las de verdad, Mr Wonderful intentó llevar a juicio a todo el que hiciera frases positivas casi como si la ñoñería infinita fuera propiedad intelectual de una marca. Probablemente, quiero pensar, harían reuniones creativas a primera hora de algún lunes, quizá con resaca, en donde el jefe tendría que dar algún golpe en la mesa mientras grita: "¿Pero es que no hay cojones de sacar una puta frase positiva en esta empresa de vagos?". O , yo que sé, no creo que te mandaran frases positivas en la carta de despido: "Tienes un bonito futuro delante ( pero aqui no, inútil)". Porque la vida real no puede ser felicidad todo el rato, y mucho menos en la empresa cuando debes 8 millones de euros.

Otra de las cosas que tiene la felicidad empalagosa encremada de merengue es que termina saturando. Es probable que en 2011 viviéramos en una sociedad que necesitase, como un niño magullado, que le dijeran cosas chulas aunque fueran mentira. El problema es que después, como con los políticos populistas, descubres que son mentira, que no funcionan y tu decepción es doble. En 2011 aparecieron con fuerza dos grandes mentiras, preludios de decepciones: el 15M y Mr Wonderful. Casualidad. Casualidad también que estén prácticamente en quiebra dos creadores de frases molonas que te intentan hacer creer que eres mejor persona de lo que eres en realidad y que deseándolo mucho se puede cualquier cosa. Solo han tenido que pasar unos años y la realidad.


A veces se nos olvidan las enseñanzas de Luis Aragonés. Nadie ha dicho jamás que fuera un mal tipo y muchos de los jugadores a su cargo han afirmado que lograba sacar de ellos el máximo. Una de sus frases más conocidas es: "Digo más veces vete a tomar por culo que buenos días". Esa sí que es frase para una taza. 


18 de mayo de 2025

A ti, rey de la oferta en internet, mi pequeño cuervo.

Hay un pequeño corto de un muchacho que defiende el barrio. En él dice: "en mi barrio hay dos talleres de coches: al que llevábamos a hinchar las pelotas cuando éramos pqueños y en el que cambio las ruedas de mi vehículo".

Es un ejemplo, sin detalles añadidos, que define con claridad el compromiso, el ocaso del comercio de proximidad y eso tan moderno que es agradecer los favores pero jamás devolverlos. Se puede aplicar a comercios, amigos, extraños de buena y mala voluntad, amantes, egoismo, altruismo y fidelidad de consumo.

No hay nada que le guste más a un cliente final (normalmente con capacidades técnicas mínimas, véase Dunning-Kruger) que creer que es más listo que su vecino, que el del cuarto, que el tipo del anuncio y que incluso el profesional del medio porque ha adquirido algo, a las cuatro de la mañana, en una web oculta, con un código de promoción, después de cien rewies anónimas, siendo la última unidad y con portes gratis.

Obviamente hay un resorte en el cerebro , que es incontrolable y atenta directamente con todas las lógicas previas. Es como el perro adiestrado a para cuidar al dueño que deja que unos ladrones lo maten porque tiene comida que comer en el plato. Y comer es lo primero.

Existe, y es más que obvio, todo un entramado de vendedores de humo, subvenciones, ofertas, banners y últimas unidades que están ahí trabajándose a la gente. En cierta ocasión hice una propuesta de un portatil a una clienta. Hablando con el almacen nacional ( legal y garantizado) de dicho fabricante localicé una fecha de llegada a España de dicho producto, digamos, en un mes y a mil euros. La clienta, haciendo uso de herramientas, encontró un lugar en mi misma cuidad, con entrega inmediata y 900€. Tuvo la decencia de comentármelo y yo, curioso, fui a buscar el sitio. Cuando llegué era una oficina, en un primer piso, con unos muchachos delante de ordenadores gestionando compras online que bien podrían ser pantalones, licuadoras, unas figuras de accion de Superman o ese ordenador. Daba lo mismo. Quizá podrían ser más listos que yo pero el fabricante solo es uno. Opté por que la clienta hiciera lo que quisiera y decidió comprar allí. Pagó y esperó. Dos meses después recibió un mensaje diciendo que el producto estaba disponible y que debía de abonar 150€ más por cambios arancelarios. se lo entregaon y me lo tuvo que traer para configurar y poner a punto, con el coste añadido. Al revisar el número de serie descubrí que en vez de garantía europea era garantía asiática, con lo que cualquier incidencia le implicaba enviarlo a Corea con portes y que, además, la responsabilidad de la oficina que hizo la gestión era ninguna. Ni fue más barato, ni en tiempo, ni garantizado, ni nada. Al menos tuvo un ordenador, eso si. Y yo, ese mes, no pude cambiar las ruedas de la moto.

Después de ver eso mismo repetido mil veces y decepcionándome con las pautas de compra que se van imponiendo, me dan las ganas de convertirme en una oficina, carecer de escrúpulos, profesionalidad y verdad, y comprar un garaje más grande para meter más motos. Solamente me lo impide un extraño código moral que me deja dormir pero castiga mi economía. Ser bueno te proporciona palmadas en la espalda pero demasiadas decepciones.

Porque no te decepciona el cliente que te pone los cuernos con una estafa descarada, sino la repetición. No te decepciona que te dejen o que no te devuelvan los favores sino que te juren, mirándote a los ojos, que est´n contigo a muerte y cuando te da la vuelta apuntan directamente a tu ojete. Y, sobre todo, que si consigues demostrárselo después, cuando te necesitan, te saquen excusas peregrinas en vez de reconocer que se han comportado como niñatos estafados de seis años y tarjeta de crédito.

Después, en un futuro, cuando no haya profesionales y solo te queden cuñados, páginas de oferta y tutoriales en youtube, nos vais a echar de menos.

"Mi sobrino, que sabe mucho de esto, me ha dicho que me lo hace más barato" y aunque le responda que "Mi primo, que se ve todas las series de médicos, me opera mejor que el médico titulado y experimentado con medios de la Seguridad Social", las cosas no cambian.

A todos los que juran que las grandes distribuidoras por internet  están matando el comercio les digo que no, que sois los clientes los que estais acabando con él. Y vuestra responsabilidad está ahí, aunque seais cuervos detras de cosas que brillan.

24 de julio de 2019

Los nuevos vendedores de enciclopedias

Vivimos tiempos de egoismo dramático.

La web del Alcampo de Sevilla se ha equivocado. Puso, por un ratillo, una PS4 a un céntimo. Obviamente, y no hace falta ser muy inteligente, es un error. Pero como internet es como es una manada de trolls compraron un buen montón de consolas. (Algunos hasta 80) con idea, sin miedo de admitirlo, de venderlas después  y sacarse un dinerillo. Al descubrirse el problema Alcampo ha cancelado los pedidos. Entonces empiezan los mensajes diciendo que es explotación, robo, ladrones, miserables... hacia el vendedor y exigiendo lo que han comprado con argumentaciones en las que parece que el vendedor es un nazi matando judíos.

Hay un ejemplo que a mi me gusta poner: si a un tipo le da un ataque al corazón en la calle y al caerse se le ve la cartera... quitársela es problema del infartado porque no debería ponerla tan fácil.

Ese argumento empieza a ser habitual. Robar, porque es robar, basando las acciones moralmente discutibles en bases legales donde la culpa siempre es de otro, parece que no es robar. Pero lo es. 

Las reclamaciones a los seguros de móviles aumentan un 40% cuando se acerca el lanzamiento de un terminal nuevo. ( se han detectado 146.000 casos)

¿Cual es el problema? Que se cree que lo peor que puede pasar es quedarse como estás. Sin ps4, sin cartera. Debería de existir una pena por aprovechado, caradura, gualtrapa. Denunciar a ver qué pasa es un deporte nacional sin un castigo.

Ahora parece que todos quieren ser lo que fueron los vendedores de enciclopedias a domicilio en los 80 y 90. Esos que decían que tenían que engañar al cliente porque, y es una respuesta que me dio uno una vez,  si no lo hago yo lo hará el próximo que venga.

12 de julio de 2019

Su hipócrita favorito

En 1964 se estrenó "Su juego favorito", una película protagonizada por Rock Hudson en el que él es un supuesto experto en pesca, que vende artículos de pesca y que ha escrito un exitoso manual de pesca pero que, curiosamente, odia pescar y le un tremendo asco tocar peces. Incluso no sabe ni nadar.

Él es perfectamente consciente que no puede enfrentarse a la participación en un concurso de pesca y cuando eso le sucede,  se descubre su torpeza y la farsa que tenía construida.

Pero , y ahí está la clave, es consciente.

Hoy en día vivimos en un mundo en el que todos son expertos en algo, incluso dan lecciones en Internet. La diferencia es que son incapaces de admitir que no tienen ni idea. Me da igual de pescar, de tecnología, de trócolas inversas, reiki o inversión en monedas virtuales.

Y cualquiera les lleva la contraria.

Ayer una señorita contaba, indignadísima, lo vergonzoso que es que los políticos y algunos empresarios no paguen impuestos en España. Después, muy poco tiempo después, contaba lo maravilloso que es Amazon. No pude evitar preguntarle si conocía la ingeniería fiscal de esa compañía y , como no puede ser menos lista que nadie, dijo que por supuesto. "Entonces"- le dije- "tú eres cómplice de defraudar impuestos". "!No!- dijo con indignación- eso es culpa del gobierno". Le expliqué que hay miles de opciones de compras por Internet que cotizan para ella, para el médico que la  tiene que tratar o el profesor de sus hijos. Que incluso el precio (que suele ser el argumento) es igual o inferior. Sin embargo seguía enfadada. "Me ha llamado tonta"- comentó. Y yo le dije que tonta no, pero cómplice,  si. Que no debería de recibir asistencia médica ya que no está de acuerdo en que se exija el pago de impuestos en el país donde se genera. La culpa no es mía, es del gobierno"- continuaba en bucle. La culpa siempre es de otros. Me dejó de dirigir la palabra con  desprecio.

Y era una experta. Era una persona que daba lecciones. Hubiera sido más sencillo hacer la de Rod Hudson: reconocer que es un fraude.

"Su juego favorito" acaba bien. La hipocresía que nos arrastra socialmente, no estoy tan seguro.

Bienvenidos al A Prime day de los cómplices en ingeniería fiscal. Luego se van a primark a colaborar con la explotación infantil o vuelan en Ryanair a manifestaciones contra los contratos basura mientras piden un deliveroo . Enhorabuena. La culpa es del gobierno.

Yo conozco a uno que dice que si un tipo se cae en la calle y le asoma la cartera es lícito quitársela porque... coño, no haberte caído.

6 de julio de 2019

Copiones ricos.

Los black keys hacen rock del bueno. Al menos del que me gusta a mi. El problema, quizá, es que su ultimo disco me da la sensación que ya lo he oido.


Algunos, con toda la razón del mundo, mantendrán que si algo se hace bien es suficiente. Por eso Jarabe de Palo hizo mil veces la misma canción. Por eso Phil Collins, Sting, Fito o Elton John se han ido repitiendo una y otra vez hasta mimetizar todas sus canciones en la misma. Se puede aplicar a la música pero también a las series, al cine o al diseño industrial.

Es curioso como vivimos en una época en la que una banda de visionarios se dedican a probar opciones, a crear y experimentar. Esos son los que persiguen sus sueños una y otra vez, zancadilleándose con cada prueba hasta que uno de un millón da con algo que funciona y que tiene la etiqueta de masivo o de rentable. Sobre todo de rentable.

Entonces van los chinos y lo hacen más barato. O esa fórmula se la dan a un par de productores que contratan a tres niñatos de OT, les ponen el autotune y se los llevan a los festivales. Vivimos en un momento en el que la única manera de despuntar es hacer algo que no haga nadie más y, sin embargo, existen especialistas en copiar las ideas de los demás. Amazon se dedica a ver qué productos tienen éxito y cuando lo localizan se hace su marca propia para aprovechar la suerte de los demás, incluso eliminando el producto anterior de su plataforma.

Los barrios ricos están llenos de copiones.
Los barrios pobres de idealistas con menos suerte.

Lo que me sucede al volver a oir lo que han hecho los Black Keys es que se han copiado a si mismos para ver si ahora llega algo más de pasta. Eso si, y lo diré en voz baja, el original siempre es mejor.

23 de mayo de 2019

Futuro 4.0 sin cebolla.

 El futuro se resume en lo siguiente. Llegas a un comercio de sandwiches, miras mientras quien te atiende espera con su uniforme. Dudas. Decides que quieres un numero 3 pero sin cebolla. Al fin y al cabo los hacen alli mismo, tras un cristal muy limpio. Entonces te dice que el numero 3 lleva cebolla. "Bueno- le dices- pues no le pones cebolla y ya está". "No señor- te responde- el 3 lleva cebolla. Es imposible servirlo sin cebolla porque no sería el numero 3". Llegados a ese punto le miras y le dices que es tan fácil como no poner la cebolla. Te insiste en lo mismo e incluso, en un alarde fuera de su competencia, te dice que le quites la cebolla cuando te lo den. Le explicas que es que se queda el sabor en el resto del sandwich. "Lo siento mucho- sigue sin dejar de sonreír forzadamente- el 3 lleva cebolla". Ahí es cuando descubres que es con cebolla o nada. Y tres meses después, cuando pasas por delante, quien hace los sandwiches es un robot que, al fin y al cabo, hace lo mismo que el gilipollas de la caja de antes que está en el paro.


22 de noviembre de 2018

Nada que olvidar.

Ayer hace 18 años que asesinaron a Ernest Lluch. El mismo tipo al que gritaban en un acto electoral , en una de las pocas plazas de toros cuadradas del mundo que hay que hay en Donosti, de Odon Elorza y respondía así:

Son los mismos, los que gritan,  los que algunos hoy llaman demócratas mientras se fotografían con, probablemente, alguno que colaboro o que se alegró de que a Ernest le metieran un tiro en la cabeza en su propio garaje. Se les llena la boca diciendo lo asesino que era Franco, que lo era sin ningún lugar a dudas, de la misma forma que lo era el que ordenó matar al hermano de mi abuelo por ser el cocinero del regimiento de Paracuellos. La historia es un arma de doble filo que olvida lo que le interesa para crear un argumento acorde con la situación que haya que defender la actualidad.

Somos una sociedad muy injusta con  su historia y eso , con mucha seguridad, nos hará repetir errores una y otra vez. Errores miserables, como votar a un nazi. Errores tontos, como creer que el Black Friday es real y no una chufa fuera de la regulación de las rebajas donde se ofrecen productos más caros, fuera de temporada o tarados. Eso sí, fomentando lo mismo que la reinterpretación de la historia: un lugar donde quedas como un campeón siendo el más listo en un mundo de mediocres.

En España hemos aderezado la historia como nos ha dado la gana y desconozco si es algo que sucede también en otros lugares. Podemos gritar al rey, a los jueces o cagarnos en lo más sagrado sin problema porque es un uso lícito de nuestra libertad. Pero no podemos llamar guapa a una chica guapa por la calle o decir alguna barbaridad sobre negros o gitanos. Eso no es compensar una situación históricamente injusta sino mover la balanza al lado contrario como si fuera una revancha. Es España no sólo mató Franco, que lo hizo a manos llenas, sino que también mataron los rojos y los republicanos y, de una manera más reciente, los miserables salvapatrias de ETA que acompañan ahora los mítines independentistas de los derechones de un partido condenado por corrupción que se llamaba CIU. Porque la corrupción y la "miserabilidad" no es exclusividad del PP sino de los miserables de la misma forma que ser un asesino, aunque no es un valor único de quienes aprietan los gatillos, es algo de lo que hemos tenido bastante a lo largo de la historia.

Y alguno de esos se llevó por delante a un tipo que hace 18 años y un día fue acribillado en su garaje.

El mismo que pone la piel de gallina al demostrar, en el vídeo de arriba, que era un tipo valiente y lleno de verdades.

Valientes también hay en nuestra historia y por eso estamos mejor que hace 18 años. Antes luchábamos porque no nos mataran, hoy porque no nos estafen. Claro que estamos sin comercio de verdad y sin  Ernest.

No hay que olvidarle. Nada hay que olvidar. Tampoco que el Black friday es una chufa. Siempre hay que tener memoria no sea que te vuelvan a engañar mañana porque se te olvidó que te engañaron ayer.

"Si me engañas una vez es culpa tuya pero si me engañas dos, la culpa es mía"

5 de noviembre de 2018

La culpa es de los demás

A todos los que no quieren pagar los portes
A los que vuelan en low cost, se cortan el pelo low cost.
A los que compran más barato que nadie.
A los que fingen bajas o no van a trabajar porque no les sale de los huevos.
A los que piden ayudas para ver qué pasa y las cobran
A los que van a manifestaciones contra la esclavitud infantil con ropa de Primark
A los que se reúnen para hablar de lo miserable que es el trabajo y se piden un Deliveroo
A los que reclaman que la cultura sea gratis porque a un artista no hay que pagarle
A los que dicen que los hoteles son caros
A los que se quejan de que ya no hay tiendas

...me encanta cuando contáis, indignadísimos, que la culpa de todo es de los demás.

(dadle una vuelta a la cabeza, si os queda, que llega la navidad)


30 de julio de 2018

Consumidores esclavistas del nuevo siglo

Hay taxistas que piden comida en Deliveroo, productos en Amazon, se alojan en Airbnb, vuelan en Ryanair o van a la india con ropa de Zara.

En realidad el debate es si los usuarios, con la excusa del precio barato, toleran y se hacen cómplices de las peores prácticas laborales e impositivas que se han visto en siglos. Los pagos de impuestos en paraísos fiscales por parte de Amazon, Apple, Google o facebook e incluso la conciencia de que eso es así no evita que sigan creciendo dichas empresas. Las mismas que mantienen un discurso "buenista" pero en realidad hacen lo contrario como si estuvieran repitiendo una y otra vez la definición de hipócrita.

Por otra parte si los gobiernos, arrastrados por una ética correcta y acorde con la firmeza de algunas de sus palabras, cerraran dichas empresas más de uno saldría a la calle a quejarse porque cree que tiene que comprar barato y que esos desmanes se atajan solamente de manera institucional. Y no es así.

Quien consume es tan cómplice como el putero o el aficionado a los toros. Sin ellos, sencillamente, esa injusticia no existe. Sin drogadictos no hay droga por mucho que se prohíba.

Pero como se vive continuamente en el poema de Niemöller seremos los esclavistas de excusa fácil hasta que vengan por nosotros.

"Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada,
porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada,
porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada,
porque yo no era judío.
Luego vinieron por mi, y no quedó nadie para hablar por mí."

Y será demasiado tarde

Nuestro consumo es nuestra forma de cambiar nuestro futuro.

24 de noviembre de 2017

Fraudey.

Los cuervos, dicen, van a los lugares que brillan y te roban las joyas aunque sean de mentira. Es algo que no pueden evitar y va intrínseco en su adn. Dale a un español una oferta.

Una oferta que deje bien claro que es ese momento, ese instante y ese producto. A ese precio que no hace falta contrastar pero que lleva unas grandes exclamaciones. Que sea algo grande o brillante, con mucho de todo y que sea algo por lo que el vecino pagó bastante más. Una oferta que da igual que sea mentira o que sea uno de esos restos que quedan en los almacenes y que no saben cómo quitárselo de encima. Una oferta, un "¡ahorra o nunca!", un "¡sólo hoy!".

Dale a un español una oferta, porque ya no importa nada como si fuera una zanahoria delante del burro de sus entrañas. "Orina de perro: antes 100€, ahora sólo 2€. Sólo hoy". Alguno lo compraría orgulloso.

Hoy es el día del brillo. Hay cuervos orgullosos en los telediarios.

Haceos un favor: ved si la vergüenza está de oferta.


Pd: no sé si es algo nuestro como el rabo de toro en salsa o es algo humano. En eso tengo dudas.

11 de abril de 2015

Cada vez que haces botellón se muere un camarero

Ayer defendía un muchacho, alarde de la modernidad y los ajustes enfrentados a la postadolescencia, el botellón. A su lado un hostelero con ocho mil dias de experiencia asiente al hablar del precio de las copas, como si con cada diez euros pusiera cara de avaricioso al lado de la caja. Le dice que las copas son excesivas y él responde, tras tomar aire, que un bar no solo es cerveza. Es la música, los baños, la sonrisa del camarero, las chicas que te ligas y el suelo limpio. Un bar no solamente da copas. Dicho así posee una lógica aplastante. A veces que el camarero atienda a tus estupideces hay que pagarlo. No es tu amigo, tu siervo ni tu psicólogo.

Afortunadamente las copas aún no se pueden pedir en webs chinas.

Hoy tuve un cliente que, casi como un especialista, había decidido arreglar las averías de su ordenador. Después de leer en foros, contrastar guías y doblar algún destornillador, pide una pieza muy particular. "65€"- le digo poniéndola en la mesa. "No"- replica. "Más de 20€ no te voy a pagar". "¿Por qué?"- le pregunto sabiendo que su precio es ajustado. "Porque he comprado en una web china por 20 esa misma pieza". Entonces le miro y le pregunto "¿Ha funcionado?". "No"- dice con una sonrisa- "si hubiera funcionado no estaría aqui". Entonces le intento explicar que lo mío funciona, que tiene garantía, que dispongo de cierta titulación y conocimientos como para saber lo que es y responder por ello pero, por sorpresa, se fue sin comprar y, como últimamente pasa más a menudo de lo que sería inteligente, sin querer valorar la experiencia, garantía, sonrisa, calidad e inmediatez. Si no son solamente las copas, tampoco solamente es algo que parezca un producto final porque, al menos en este caso, ni siquiera funcionaba lo comprado por internet.

Parece que los clientes básicos asumen que un centro comercial o una web sin garantías puede estafarles pero, por el contrario, el especialista es un esclavo que debe de ceder a sus deseos monetarios. No hay problema en pagar la cerveza a precio de oro en los bares del Santiago Bernabeu pero la salida de un electricista de carrera para reparar a domicilio el microondas es un escándalo.

De la misma forma en que la publicidad actual no se habla de virtudes del producto sino de sensaciones experimentadas (sea un coche, un seguro, un teléfono o un yogurt) parece un delito razonar que estamos aquí para hacer negocio y lo que pone "gratis" implica "estafa encubierta". Hay quien se gasta 120€ en una camiseta de Messi pero le parece un abuso que una bandeja de lomo valga 3.45€ y manda un whatsapp desde su iphone al telefono chino de imitación sin bateria ni garantía de su cuñado. Nunca hay punto intermedio.

La licencia de apertura, las cotizaciones a la seguridad social, las calidades, las garantías y la experiencia no se tienen en cuenta al comparar la manta del negro con el bolso de Bisca&Lolas con la emprendedora que abrió debajo de casa y te trata por tu nombre.

Porque, sencillamente, no es lo mismo.

Dicho así es una obviedad mientras, a base de estupidez, algunos os vais quejando de los pocos comercios que quedan de verdad y de lo frías que son las franquicias, las grandes superficies o que no saben hablar los chinos.

Cuando no queden médicos porque los acupuntores asiáticos o los curanderos guineanos que matan un carnero hayan acaparado el mercado porque son más baratos se procederá a la extinción de la especie.

Hay cosas que no se mueren solas sino que se matan de inanición.
O de botellón

Nuestro consumo, mucho más que nuestro voto, es la manera más democrática que tenemos de organizar nuestro futuro.

Cada vez que vas a ikea se muere un ebanista. Cada día que haces botellón despiden a un camarero. Cada vez que pasas por un centro comercial hacen un nuevo contrato basura quitando a un indefinido. Cada click en una página sin garantía fallece un dependiente. Eso no es modernidad, es el resultado de tus actos.

La copa tiene un precio que es suma de todos lo que la acompaña de la misma manera que si eres de esos afortunados que tienen trabajo habrás valorado lo que te cuesta llegar a la oficina (pero, claro, ese es tu trabajo y no el de otras personas a las que te importa un bledo valorar)

Y ahora te vas en un vuelo de Ryanair, que paga miserias a sus empleados, a protestar por los salarios dignos.

9 de marzo de 2015

La muerte de la virtud

Por supuesto que existirá algún libro estupendamente editado y avalado por alguna universidad o unos cuantos testimonios de americanos anónimos con nombre y apellido que contará lo mismo pero hay una realidad que se nos olvida desde la razón. Esta realidad es el mundo real, el impulso, las acciones compulsivas o simplemente, el letargo del cerebro.

Nuestro cerebro, que es una máquina maravillosa, intenta conseguir los mismos objetivos con el menor consumo posible. Es absolutamente permeable al amarilleo de la prensa, a los realitys y a los chistes fáciles. Se deja guiar, como un cuervo con los elementos luminosos, por los carteles de gratis y algunas cómodas verdades absolutas. Se arrastra con tremenda facilidad por el dramatismo y la exaltación, por los eslóganes y los ritmos machacones o por la pertenencia a grupos en los que se siente protegido. Todo eso, todo aquello que simplifica aparentemente la existencia, consume menos neuronas y de una manera absurda nos engaña con una supervivencia superior casi como una selección darwiniana.

Por eso triunfa Internet, porque no hay que memorizar el dato. Por eso los community managers que tienen miles de seguidores gracias a soplapolleces dan charlas sobre coaching. Por eso, aunque la historia nos explique una y otra vez que es mentira, el resarcimiento exagerado es un refugio para las venganzas mal entendidas. Todo ello apela a algo fácil en vez de a algo mejor.

"Si me votas"- seguro que dice algún candidato- "te devolveré lo que te han robado los otros". "Si me compras"- estoy convencido que lo dirá alguna publicidad- "serás más feliz". "Pulsa aquí"- dicen los programas publicitarios- "y te arreglaré todos tus problemas informáticos aparte de que podrás ver cualquier partido o serie totalmente gratis". Aunque tres segundos de razonamiento impiden caer en dichas tentaciones la realidad nos dice que ese tipo de mensajes son exitosos.

Hay éxito en las polémicas, en una contertulia a la que pillan sin bragas, en un escándalo controlado por twitter o en una salida de tono políticamente planificada. Recordamos a todos los freaks de la televisión pero no conocemos el nombre de ningún tertuliano que utilice correctamente todas y cada una de las palabras esdrújulas. Sin embargo nos quejamos de que vivamos en este turbio mundo donde no triunfa el esfuerzo, el equilibrio o la razón sino el próximo nuevo chascarrillo o la próxima nueva estrella a la que se le ve un pezón en un photocall.

Y en cuestiones de mercado, que al fin y al cabo es de donde comemos casi todos, hay una brecha mucho mayor que la que puede llegar a existir entre ricos y pobres. Los productos insultantemente de lujo se agotan y las marcas blancas llenan estanterías a donde acude el cliente que cree que se ahorra cientos de euros. Internet, despreciando las condiciones de garantía, la profesionalidad o los controles de calidad se ha convertido en el montón de saldos donde ávidos buscadores de chollos caen una y otra vez en trampas que no admiten cuando se jactan de sus hallazgos en los bares. "Casi cualquier cosa es válida"- me decía un experto en marketing- "si consigues atraer la atención del cliente. Lograr un viral es un éxito. Fíjate en la tontería del vestido blanco o azul. Son ricos y no lo son porque el vestido sea mejor o peor, más bonito o más feo, sino porque es viral". "Entonces"- le respondía yo con una pregunta- "¿no hay que ser mejor?". "Para vender, ahora mismo, no".

Así que reuní al equipo y les conté la buena nueva. Les expliqué que hacer las cosas bien e incluso mejor ya no es un sinónimo de éxito. Les dije que si salimos a la calle correteando con los genitales al aire y logramos salir en televisión es probable que las ventas mejoren. Les dije que si en vez de contratar a una persona preparada nos atrevemos a valorar más un buen escote o un paquete prieto es probable que haya más clientes. Les demostré que un tipo en monociclo disfrazado de Darth Vader tocando Star Wars con una gaita es más famoso que nosotros y nuestra manera de clonar los discos duros o la forma que tenemos de optimizar el rendimiento de los ordenadores de nuestros clientes. Les aporté cifras de cómo los ordenadores "todo en uno" siguen siendo un éxito porque son bonitos aunque valgan más rindiendo mucho menos. Les hice suponer que un trozo de mierda con una manzana mordida sería siempre una apuesta segura de ventas y que más de uno, sin pararse a pensar, haría cola para comprarlo. Les puse un anuncio de Marimar donde un tonto hace de tonto sin hablar de la calidad o la garantía, del servicio o la experiencia. "Si un chino estuviera atendiendo aqui"- terminé- "podríamos vender más caro porque bastantes clientes creerían que es más barato y la prueba es que el chino de la calle de arriba vende las tarjetas de memoria un 200% más caro que nosotros y sigue abierto".

Apostar, hoy en día, por la profesionalidad y por lo que debería de ser parece un desvío asegurado hacia algún tipo de desastre porque se basa en la capacidad de razonamiento de la mayoría y no en apelar a sus arquetipos o ideas preconcebidas. Vender la impresora 3€ más barata pero obligar a comprar un cable por 5€ da un argumento para no gastar 3€ más, aunque yo regale el cable y al final de la historia 50€ parezca más que 52€.

Hemos acabado hace muchos años con el amable gasolinero que se manchaba las manos con las mangueras del surtidor y nos quejamos al tener que salir, con lluvia de costado bajo esas estaciones de servicio de diseño que gotean por todos los lados, a llenar el depósito.

Quizá habría que ejercitar el cerebro un poco más porque, si lo pensamos tres segundos, nos iría mucho mejor. Si no lo hacemos ya tenemos una imagen de nuestro futuro: políticos publicistas, tronistas que no saben escribir, graciosetes con alma de comercial, gratuidades con trampa y lujo mal entendido. En definitiva, si dejamos que la vagancia de nuestro cerebro sea lo que mande en nuestras vidas, vamos a matar la clase media. Y en la media, así lo aprendí yo, está la virtud.

Otra cosa es que ser virtuoso no mole porque es más divertido ver a una choni con un pezón fuera, a un político insultando gravemente a otro, leer a un community manager de un centro comercial diciendo mamonadas, hacer acto de fe con un banner o quedarse solamente a ver las tanganas de los resúmenes de los partidos de fútbol porque no importan los goles sino los puntos de sutura de las cicatrices.

Aún quiero pensar que haciendo las cosas bien se obtienen mejores resultados pero últimamente la política, el deporte, las redes sociales, los nichos de mercado, la tecnología, las frutas y las verduras o la realidad no me dan la razón.

Veo a personas haciendo botellón en un banco y luego tomando copas a 17€ en discotecas con entrada mientras cierran bares con el cubata, servido en copa con esmero y cuidado, a 8€ con un músico tocando en directo canciones con más de cuatro acordes. 

26 de febrero de 2015

El futuro de cuñados, gatos y videos en vertical

-y... ¿Por qué este es más caro que el otro?
- Porque es del tipo 3.
- ¿Y el otro?
- Del 2. Como usted sabrá 3 es más que 2.

La clienta, absolutamente convencida, compró el del tipo 3. Bajó a la calle con su bolso pequeño, sus zapatos de tacón limpios, se puso las gafas de sol al salir del comercio y se subió a su Porsche 911 que, como todo el mundo sabe, el menos que el Seat 1430 y mucho, mucho más que un estrafalario Renault 5.

Es una cuestión numeraria, simplificada y cuantificable. Un argumento de venta, un razonamiento lógico. Una estadística explicable con un gráfico. Un sosiego para la incógnita absoluta y una respuesta ante futuras críticas.

A veces, la mayoría de las veces, me congratulo de que todos los brillantes músicos no aparezcan en conciertos de productos de marketing creado a base de reverb con las metralletas cargadas asesinando el mal gusto de artistas y comparecientes. En ocasiones me extraña que los comerciales formados en los productos no descuarticen a las niñatas desinformadas que un día venden informática y otro bragas en los diferentes pisos de El Corte Inglés. Me sorprende que los economistas de verdad no hagan comandos para degollar contertulios que los jueves saben de deuda externa y los martes huelen bien.

Después de años de evolución en motores gráficos e inteligencia artificial todos los programadores sueñan con hacer el próximo Candy Crush. 

Dame veinte años de formación, detalle extremo en cuidar el resultado, autoexigencia enfermiza y te pisaré con mi meme, con el video en el que se tropieza un gato, con una gracieta en un tuit o con una foto para que la mandes por whatsapp.

Las imágenes desenfocadas de una gorda con leggins sacando dinero del cajero son más rentables que el trabajo de una vida de un fotógrafo profesional. La última gilipollez acabó con la razón.

Gilipollez que es del tipo 3. Y todo el mundo sabe que 3 es más que 2.

Los memes mueven el mundo mientras los profesionales se ahogan en un mar de cuñados, de sabiondos de bar, de amateurs y de esa clase social que podría ser del tipo 4, que es más que 3, mucho más que 2 y los que yo aprendí de mis mayores, porque soy 1.

El futuro está dirigido por cuñados, gatos y vídeos grabados en vertical.



Ejemplo práctico:

Primero llegó un músico (tipo 1)
Después un aficionado a la música (tipo 2)
Más tarde un tipo con una flauta (tipo 3)
Ahora está el perro que se tira un pedo en un trombón. Millones de visitas. Ha sacado una línea de ropa. (tipo 4). Están pensando, dado el éxito, presentarle a las municipales de su ciudad. Crece en las intenciones de voto. Es un caso hipotético.

2 de septiembre de 2014

Fans

Vuelve la televisión de diario, esa que se repite y que parece la misma. Sale Pablo Motos bailando y con cara de payaso al que le acaban de blanquear los dientes. No encuentro el mando a distancia para cambiar de canal, tampoco para oír las críticas humorísticas de Wyoming (o algún equivalente menos ocurrente del bando contrario) tirando a dar contra todas las sociedades (menos la que le paga el sueldo para pagar menos impuestos) a base de guionistas que se están dejando coleta y se molan frente al espejo cuando se carga la batería de su iPhone.

Me pregunto si, entre el público, hay alguien que no se ria de todos y cada uno de los chistes. Estoy pensando si acaso hay algún fan de uno , del otro o de Shakira, que sea capaz de decir que este disco o aquel programa fue, realmente, una basura. Un dios del Olimpo de la música como es Bruce Springsteen va a publicar un cuento infantil y sus fans están como locos cuando nadie sabe si es un buen escritor de la misma manera que Houllebelleq estoy convencido que sería un horrendo rockero.

¿Por qué parece necesario tener la conciencia de que lo que es bueno (para uno) lo tiene que ser siempre y lo que es malo nunca tiene remedio?. Bankia siempre serán unos ladrones, ikea está a la vanguardia del diseño y, la mentira más flagrante, Mediamarkt es barato. 

Como más veces se ha demostrado las compañías, el marketing, los bancos, las productoras de televisión e incluso los partidos políticos quieren fans. Supporters no: hoolligans. Alguien que este dispuesto a partirse la cara contra quién no piense como la empresa, el artista o el sistema operativo.

Algunos tuvimos el sueño de que la reciente historia del mundo nos permitiria, como consecuencia de haber aprendido que el consumo no es infinito ni provechoso, pensar diez segundos antes de ceder a los estímulos facilones de los publicistas. Quisimos creer que se iba a comparar antes de comprar, que se iba a razonar antes de elegir canal, disco o tendencia política. Una día soñamos con una sociedad que había hecho suyas la inteligencia y la solidaridad.

Nos despertamos, con ese entumecimiento muscular que tienen las mañanas, sorprendidos cuando tres opiniones de internet, dos bulos o seis medias verdades, matan a grandes productos o ensalzan a mediocres. Se nos olvida que solamente un 1% de los usuarios opina en eso que llamamos la democracia de la red. No caemos en la cuenta que tu frutero no tiene contratados a diez tipos votando en internet y El Corte Inglés posee cientos de perfiles falsos.

Y, aún así, hay quién necesita ser fan. Fan de tu marca de teléfono, del último mainstream, de la nueva o la vieja red social, de tu próxima pareja o de un reality. Fan de un líder político, diciendo que si a todo lo que diga  como quien cree que Prince, que es un genio, ha cagado oro todas y cada una de las veces que ha tocado un instrumento. Obviamente no es verdad y el chico es un superdotado como lo pudo ser Michael, pero nadie acierta siempre.
Yo no acierto siempre, claro que tampoco tengo fans. Será porque soñé con ser reconocido por lo que hago y no por la manera de venderme.

El fenómeno fan se suponía que se iba con la pubertad pero madurar parece que no está de moda y algunas jubiladas, en vez de tirar sus sujetadores a sus artistas favoritos, te cuentan que están enganchadas al Facebook, que sólo van a restaurantes de más de cuatro estrellas en tripadvisor y te dicen que todos sus complementos son de Uterque. No te dicen si son bonitos o feos, te cuentan la marca, las estrellas o las veces que pusieron "me gusta". Los buenos videos son los que tienen más visitas y recitan como verdades lo que son solamente eslogans.
Y, por supuesto, que les hace mucha gracia Pablo Motos o a quien tengan a bien de adorar como sus nietas hacen con One Direction.

28 de junio de 2014

Las plantas carnívoras de los buscadores de chollos.

Una de las más extrañas alteraciones del comportamiento humano tiene forma de oferta. Da lo mismo que el razonamiento diga, con exclamaciones tanto al principio como al final, que es mentira. Es una oferta, una oportunidad, es un ahora o nunca. Antes era mucho más, es la última unidad. No vale para nada pero está de oferta. Y si no me lo llevo yo se lo llevará otro y no va a ser de otro. Tiene que ser mio. Lo compro. Es mi tesoro y Mordor está gobernado por un publicista sin escrúpulos.

La segunda unidad al 50%. Si una unidad vale 100 y la segunda nos cuesta 50 tenemos que pagar 150 por algo cuyo coste era 200. Es un 25% menos pero ponia 50% y es más que probable que, como los días sin iva de Marimar, haya subido un 30% de ayer a hoy. La ropa de Zara alcanza un 70% en rebajas. Yo, que debo de ser tonto como un mirlo en invierno, tirito con un margen del 10% y nunca hago descuento. Claro que mi problema es el altavoz, la desfachatez del cartel. Cuanto más grande es el rotulador estoy convencido que es mayor la mentira o la verdad a medias, que son las verdades de Mayra Gomez Kemp.

El marketing no es barato y se paga con los descuentos engañosos.

Pero hay una clase social, un estrato popular, que vive de oferta en oferta, de outlet a liquidación. Corretean con sus bolsas buscando productos con tara, segundas manos imposibles, saliban viendo contenedores abandonados en el canal discovery. Se creen más listos, más hábiles, son los Frank de la Jungla de la selva del consumismo. Llegas a sus casas y sacan sus nuevas adquisiciones haciendo hincapié sobre la oferta, sobre lo baratísimo, sobre el 50%, el 70%, sobre el última oportunidad. -"Esta es mi mujer, estaba de oferta"- podría ser una definición absurda aplicable a una camiseta de Primark a la que se le tiene cariño o a una estantería de Ikea de la sección de oportunidades. Estoy convencido que, a veces, también es así. Las últimas unidades de las seis de la mañana.

Internet es un mundo moderno en el que nada aparece sin el cartel de oferta ni el de descuento. Hasta los abonos a las páginas pornográficas, los besos virtuales, los superpoderes y los falsos antivirus que entran cuando pasas de soslayo por softonic tienen el cartel de "precio especial".  Estoy cansado de ver tabletas compradas por internet que parecen tablets, tienen botones de tablet pero están en chino y no funcionan ni cargan ni aguantan ni tienen garantías. En ese momento han dejado de ser baratas a ser una estafa pero nadie acepta que fue estafado porque dejaría de ser más listo.

Esa es la parte del cerebro que el neuromarketing necesita para ser rentable: el escándalo y hacerte creer que eres más listo.

Engaños con clase. Ziritione. Ecosistema informático. Barato. Oferta. Descuento. Da igual que el teléfono llame porque tiene una funda de diseño, da lo mismo si el coche anda porque tiene un equipamiento multimedia.

Las rebajas empiezan el lunes.

De la misma forma que uno sólo perdonaba los crímenes si es que eran pasionales yo sólo me creo las ofertas cuando veo la necesidad en los ojos del comerciante vapuleado por la crisis. Y , en ese caso, soy tan lelo que creo que no merece perder. Mucho menos a manos de las plantas carnívoras que son los buscadores de chollos, carne de cañón de la publicidad de mentira.

Se arregla, como muchas otras cosas, pensando. ...pero es tan emocionante no pensar...