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24 de agosto de 2026

Pelea de inválidos.

 Uno de los grandes momentos de South Park es aquel en el que Cartman entra en una iglesia en silencio y grita "Pelea de Inválidos".Entonces todo el mundo sale a la calle a observar cómo dos tullidos se pelean.


Por alguna razón nos encanta ser espectadores de las iras de los demás, de los debates que sean cuanto más desde las entrañas, mejor.  Nos agrada de una manera inconsciente una discusión de tráfico o que se insulten varios políticos. Si, además, llegan a la irracionalidad violenta, más. Mi madre nos pedía que la avisásemos si se pegaban en el futbol. El resto no importa. Da igual que alguien haga un pase de rabona desde medio campo y rematen con una chilena perfecta. Un buen puñetazo y una buena tangana no tiene comparación.

Hace ya muchos años se demostró que una de las herramientas de control de la población puede ser hacer que unos se enfrenten a otros. Mientras están entretenidos llamándose fachas o rojos, machirulos o feminazis, quien mantiene la calma se encuentra el camino libre para hacer sus cositas. Por eso se suben los impuestos en medio de un campeonato del mundo o se juega con las polémicas. Se agita una mano mientras el truco se hace con la otra. Es obvio y fácil, pero ha funcionado siempre. A los alemanes les daban muchas cosas que habían sido sustraídas a los judíos, pero no me voy a quejar o a preguntar de donde sale mi último subsidio ( excepto si me lo quitan a mi). Es una estafa piramidal de libro, como casi todas.

Actualmente vivimos en momentos en los que se cita a la pelea de inválidos. La salvedad es que los inválidos somos nosotros. Se nos van soltando estímulos hasta dar con el que nos hace pegarnos con el de enfrente. Entonces Cartman grita "pelea de inválidos" y la gente deja lo que esté haciendo para ser espectador. Se acaba el mes de agosto y eso es lo que nos toca. 

Recuerda que es un truco y que el inválido, cuando te pongas a discutir por un impuesto, un ático, una invasión, un decreto de ley o si te has hecho una foto con tu primo que una vez pensó en violar a un gato o por eso eres un violador de gatos... el inválido quieren que seas tú.


20 de agosto de 2026

Idiotas de cosas básicas

Siempre me han parecido del género tontísimo algunas de las instrucciones que vienen en determinados productos o servicios. Después me doy cuenta que si lo pone es porque algún imbécil ha pensado, quien sabe, que si el coche tiene gps puede echarse una siesta circulando a 180 por autopista. Que José Ramón se encendió un cigarro mientras llenaba de gasolina el camión cisterna de Campsa o que a Maria del Carmen le pareció una buena idea, después de secarse el pelo con el secador enchufado a la luz, dejarlo en la bañera (llena) con ella dentro.

Bien.

Ahora resulta que en UK, que para algunas cosas no tienen pudor en reconocer la verdad, han sacado unos cartelitos explicando que no hay que violar a nadie y que tampoco hay que abusar de niños porque esas dos cosas están muy mal. No es coña.

Podríamos pensar que se debe a los flujos migratorios y que hay que reconocer que las bases culturales de algunas sociedades consideran "normal" actitudes que son, occidentalmente, barbaridades. Pegar a tu mujer, follarte una cabra, limpiarte el culo con una piedra, cortar las manos a los ladrones, ponerte ciego a pellote y luego conducir, tener una granja de gallinas en el salón... Sin embargo llevo oyendo cuñas radiofónicas todo el verano que recuerdan a las personas que escupir en la calle es una guarrada, que no hace falta que todo el autobus oiga la conversación con tu prima o que aunque estés de vacaciones hay que ducharse para no apestar.

Así que pienso que lo que yo consideraba que eran instrucciones locas empiezan a ser casi necesarias y que por alguna razón, quizá resultado de habernos tratado desde las instituciones como si fuéramos idiotas, nos ha convertido en idiotas de cosas básicas.


Por todo eso es más que probable que lleguemos, más adelante, a situaciones que si las viera mi abuela las consideraría absurdas. No solamente porque te tengan que decir que no escupas al suelo o que te duches. Ni siquiera porque te tengan que recordar que abusar de niños es algo muy feo sino porque eso abre una puerta bastante turbia en relación con el comportamiento humano y resulta bastante desalentador tener que reconocer que las instituciones hayan de hacer lo que hacía mi madre al preguntarme si me había limpiado las manos antes de comer. Pertenezco a una generación que, a mi parecer, entiende como lógico que no hay que violar a nadie. Sin embargo parece que ahora hay que recordar cosas que, como las instrucciones para retrasados, yo creía fuera de toda duda. Pero parece que no.

Lo que no sé es si es el resultado de tantos años en los que nos hemos dejado tratar como niños sin cerebro y ahora, de no usarlo, sea obligado recordarnos obviedades.


31 de julio de 2026

las dos personas: El que no va y el que te prohibe ir.

Hay cosas que se agotan porque sí. En realidad nadie sabe, exactamente, cuando desaparecieron. La cinta de casette, por ejemplo. El cd de los ordenadores esta teniendo un lento morir. Curiosamente hay muy poca gente as quien le de pena, en realidad. No es como el vinilo, que llevó asociada a él toda una cultura y liturgia. También sucede con usos populares o actividades cotidianas. Lavar con jabón chimbo sobre una piedra al borde de un río ya no se hace. Tirar a una cabra de un campanario, tampoco. No se lleva a tu hijo a un prostíbulo para que se estrene como si fuera algo parecido a los rituales aquellos de Africa en los he han de saltar de un árbol, en mi cerebro agarrados de los huevos con una liana, para demostrar que son adultos. Todas esas actividades se han ido diluyendo con los tiempos, así de sencillo. Sabemos que hace relativamente poco (2015) se derogó una ley que permitía matar vascos en Islandia pero, aunque fuera legal, no se les mataba porque era una barbaridad. Legal si, pero una barbaridad. 

También hay eventos o acciones que no son locas y que se mueren solas. Yo soy comerciante y sé de lo que hablo. Simplemente la modernidad impone sus normas aunque sean imbecilidades que, a medio y largo plazo, nos van a joder vivos.

Sin embargo hay dos tipos de personas o dos maneras de reaccionar ante todo esto.

Existe quien no es partícipe de algo y, simplemente, no colabora con ello o no lo consume. Y punto. 

Ahora viene lo bueno: hay quien no es, igualmente y en su libertad, simpatizante del asunto en cuestión y exige que sea prohibido, penado, hace tres manifestaciones en contra y grita muy fuerte. 

Casos que se me ocurren: La gestación subrogada, los toros, que Maria del Carmen planche. Da exactamente lo mismo que ambas partes ( aqui no hablo de toros) estén de acuerdo (por ejemplo en una prostitución libremente ejercida) pero como no me gusta a mi, hay que prohibirlo. Obviamente y debido a la publicidad gratuita que genera, hay quien se da cuenta que aquello existe y, además, les jode la intolerancia de los voceros, con lo que dan ganas de ir a los toros por joder. 

Normalmente, además y de forma bastante habitual, suelen ser manifestantes que se esconden tras una pancarta de tolerancia. Aquí llegamos al gran oximorón de la reivindicación moderna donde, para salvaguardarte a ti ( que he considerado que eres idiota sin criterio), te obligo a ser y actuar como yo he decidido que debes. Contra la supuesta imposición de los demás: mi tiranía.

Porque si a mi nadie me obliga a alquilar un útero, planchar o irme de putas libres, tampoco quiero que me lo prohíbas tú.

Sigo pensando que con el paso del tiempo, y no hace falta mirar my atrás, la sociedad impone cierta sabiduría. No conozco a nadie que pegue a alguien exclusivamente por ser marica o negro. No sé de ninguna universidad que impida estudiar a una mujer. Pero sí que conozco gimnasios solo de mujeres y en las fiestas de Algorta  que se están celebrando ahora, casi como los baños para negros de la América racista, hay zonas para consumidores españoles. Y eso es de ser muy hijo de puta intolerante. Si vas a pedir en inglés, francés o alemán seguro que Erlantz se esfuerza en atenderte y hasta te dice donde están los lugares turísticos de la zona pero si eres Ramón, de Alpedrete, que te jodan. Y todo por la tolerancia. Tolerancia de mis cojones. No sé cuando ser un sectario pasó a ser un ejemplo de convivencia, pero es algo que está ahí. Obviamente me la pela y son lugares en donde, seguro, no voy a consumir. Al fin y al cabo si no hacen caja tendrán que replantearse su modelo de negocio, de la misma forma que las zapatillas con esteladas catalanas las hacen los chinos. Pero ¿qué sucedería en unas fiestas donde los negros, los viejos o las lesbianas solamente fueran atendidos en un lugar destinado a señalarles?. Alguien ha aprendido a indignarse mucho con lo que hicieron los abuelos de algunos y eso les vale como excusa para hacerlo ellos hoy. Pero lo que me jode ni siquiera es eso sino que no tienen el valor de reconocer que se convierten en exactamente lo mismo que contra lo que creen que luchan.

Todo esto me resulta una reflexión bastante obvia pero mientras el tiempo, espero, termine con estupideces de este calibre, hay que joderse. Porque si te pones delante explicando que hacer eso está mal, ya te saltan al cuello gritando que ayer te follaste un perro, niegas el cambio climático, crees que la tierra es plana, deseas matar moros (que todos son buenísimos y respetuosos), quemas los montes y, por supuesto eres un taurino putero machista que quiere meter en la cárcel a todo el que hable vascuence. Joder, !que yo no me he follado a un perro en la vida!


16 de julio de 2026

La falsa necesidad de la épica.

Disfruto del balompié mucho más con el análisis de lo que le rodea que con el evento en si mismo. Supongo que será un gen de mi madre, que solamente le gusta si es que se pegan. No sé si viene porque a mi padre adoraba el boxeo, aunque también era del Madrid. El caso es que lo que engancha casi siempre es lo épico.

Y no tiene que ser solamente el fútbol sino cualquier otra cosa. A veces, en un concierto, parece que lo que importa es irradiar la exageración emocional del momento muy por encima del evento musical. Ya lo hacía Pink Floyd hinchando unos cerdos gigantes sin aviso en medio de alguna canción mientras el señor Gilmour te llevaba a cielo con su guitarra. Pero ¿por qué todo ha de ser épico?. ¿Qué jodida necesidad satisface el ser humano con esa exaltación continua del momento exigiendo que sea siempre máximo y único?. ¿Cuando todas las películas parecen tener la música de John Williams?. 

Si la vida fuera siempre épica estarías muerto de un infarto antes de la hora de comer. No se puede, por definición, desayunar épico, lavarte los diente épico, ir al trabajo épico, trabajar épico, comer como si fuera la quinta esencia, hablar en tono épico, jugar al padel en cámara lenta, adelantar por la autopista como si fueran Los Dias del Trueno, follar como una peli porno, fregar los cacharros como si bautizases al mismísimo jesucristo y echarte dormir creyendo que lo haces en una cama de pétalos de rosa sobre el cielo del Himalaya. Todo a tope, todo el rato.

¿Es posible? . No, no lo es. Pero lo puedes fingir.

Puedes simular que eres rico, hacer fotos con la luz de una forma que esa casa de 40 metros, interior y destrozada, parezca mansionable. Fingir los orgasmos.  Sentarte al lado e la tele con el asa de un bote de suavizante a modo de ventanilla del jet privado. Decir lo mucho y muy que te sientes. Lo más y de todo que eres de especialista. Poner cara de velocidad como si iniciaras las persecución de Bullit en el siguiente semáforo.


Quizá por eso cuando me cuentan la heroica, la épica, la mística y la iliada, no me lo creo. Puedes ser un héroe una vez, pero no puedes serlo siempre. A todos nos duele un hueso. No todos los atardeceres son mágicos en verano. Los amores, estadísticamente, no son fantásticos todos. Los que no limpian nunca la cocina, sencillamente, la tienen sucia. Ningún grupo tiene, como himnos, todas y cada una de sus canciones. Ni batman era superhéroe a todas horas y vas a serlo tú, Maria del Carmen.

19 de junio de 2026

La estúpida espera feliz y emocionante de los milagros.

No soy de los que creen en la suerte, pero sí en la mala suerte.

Me pasa lo mismo con los magos: sé que hay un truco. Tener eso tan absolutamente presente es algo imposibilitante para el disfrute de la magia.

Envidio sobremanera a todos los que aún se emocionan con un juego de cartas, un billete de lotería y los que, llegados los calores, se sientan en los bancos a ver pasar el tiempo esperando que la suerte les provea. De ahí paso rápidamente al enfado cuando en los semáforos descubro una proporcionalidad inversa entre la cara de carahuevo podrido con poco riego mental y el volumen del vehículo. No es, como hace relativamente poco, que quien esperaba la luz verde del semáforo montado en su Tesla se ponía digno sabiendo que estabas ahí por la vision periférica de su ojo. Ahora, y esto mismo me pasó ayer, un SUV gigantesco con más luces led que los autos de choque Manoli, a tope de bachata, parece que ha de llamar la atención mientras es conducido por alguien con la gorra hacia atrás, gafas de policía americano, rasgos de peruano bajito y camiseta blanca de tirantes. Conocedor como soy del precio en el mercado de dicho vehículo me pregunto de donde, salvo si es tráfico de alguna substancia, sale el dinero. Siempre se me olvida que hay una cosa que es el truco de la satisfacción a corto plazo contra las pequeñas cuotas pero es que soy de los que, cuando me ofrecen una financiación, hago el ejercicio loco de sumar todos los pagos en vez de centrarme si dispondré del dinero para el pago del mes que viene.

Pero es entonces cuando ratifico que la estupidez te proporciona felicidad. Efímera si, pero felicidad.

Hay quien es "feliz" porque confunde un chute de endorfinas con un estado vital y yo siempre pensé que era un lugar al que llegas porque allí te ha llevado el recorrido del camino. Hay quien necesita creer en los milagros, en los reyes magos, en las mentiras de los anuncios de colonia, en las moralejas de las películas de amores infinitos, en las promesas electorales, en que esta vez sí que va a ganar la liga tu equipo, en el que juegas sin haber entrenado. Hay quien sigue pensando e incluso es capaz de defender que sin haber oido música puedes hacer un hit el lunes y ser famosísimo y riquísimo el martes. Que la felicidad es un derecho y punto. Que la suerte y la magia, existen.

Y luego estoy yo, dando por saco, como el pitufo gruñón. Valorando a cada rato todo lo que puede salir mal. Eliminando de la ecuación todas las variables positivas porque una vez acepté como correcto que si eres capaz de ubicarte en lo peor solamente puede mejorar, hasta que aprendí que el camino al infierno siempre puede ser más profundo.

Pasado el tiempo soy capaz de aceptar que soy igual de estúpido que el otro, salvo que yo acierto más veces y los coches los pago al contado.

Pero no dudes que es peor ser como yo porque entre ser gilipollas y ser gilipollas dándose cuenta de que lo eres, duele más lo segundo.

Es cierto que vivimos en una sociedad en la que todo serán experiencias, alquileres, fútiles momentos de goce puntual. Perdurar, mejorar, poseer, alcanzar metas tras periodos extensos de sacrificio va a ser mal visto en pocos años. El hedonismo como una fórmula secreta de estar engañándose el mayor tiempo posible es la consecuencia directa de buscar alargar la adolescencia hasta pasados los 50.

Sin embargo, y con el profundo desprecio que me hace sentir, me gustaría aprender a disfrutar de la espera supuestamente feliz y emocionante que tienen los milagros.

11 de junio de 2026

Todos los muertos huelen igual.

Conozco a gente que entendía y hasta compartía los disturbios por la muerte de George Floyd pero ahora se calla como un perro cuando en Belfast están ardiendo las calles por la muerte de un hombre blanco a manos de un decapitador Sudanés. En el caso de tener que dar su opinión se le llena la boca con "ultraderecha" sin parar en la obviedad que aquella turba que anteriormente era representada por el IRA ( de izquierda extrema) es la misma turba que ahora ejerce la violencia en las calles. La diferencia es que si antes era contra los británicos, ahora es contra los negros. He visto a hijos de perra, supuestamente defensores de la rebelión negra en EEUU, mofándose de la familia de Austin Metcalf, a quien asesino un compañero de color y que ha sido condenado a 35 años de cárcel. Para mi es exactamente lo mismo que un grupo de señores con capirote ( que no son nazarenos) alegres quemando a un negro en una cruz en algún sitio de Texas. No se hizo muy pública aquella noticia en la que, tras un atraco en fiestas de Hernani, un grupo numeroso de abertzalísimos y al grito de Eta mátalos, se hicieron una "caza al moro". La mañana siguiente se pusieron super dignos con lo de que nadie es ilegal, pero lo que pasó, pasó.  A ver si decir que con la inmigración se puede perder la identidad nacional no sabes si lo ha dicho Abascal u Otegi. No sé cuantas putas pruebas quieres para demostrarte que los extremos son jodidamente iguales. En una competición de hijos de puta, créeme, quedan empate. Lo de que los medios de comunicación son esparcidores de mentiras contra el presidente, que colocar a gente de confianza en puestos de relevancia es por el bien del país, que el estado soy yo y que los contrapoderes (jueces u opiniones en contra) son poderosos contra los que yo te estoy salvando, eso es algo que ha dicho Trump y P.S. No es una opinión que yo te suelte de manera interesada sino que es drásticamente verdad.

Dicen que hasta los 5 años la mayoría de los niños solamente son capaces de interactuar con aquello que son capaces de ver. Por eso en el juego aquel en el que tapas los ojos del niño y se los destapas para ver la cara de sorpresa que pone al reconocerte, funciona. Obviamente como nos tratan como niños lo que se suele hacer es esconder alguna noticia. Hay un pequeño video que ejemplifica lo que quiero decir. Por eso hay un juego diabólico con el control de la opinión pública. Por eso España e Italia tendrán récords de turismo este verano, porque si en Egipto cortan el cuello a la gente, me voy a Marbella. Al fin y al cabo intentar contraponer las noticias hasta llegar a la verdad es un esfuerzo complejo cuando estás a medias de una serie de Netflix. Si te dejas llevar por la opinión de la mayoría, acertada o no, la culpa en el caso de errar es de los otros.

Hay verdades, maquilladas por el presente, que están admitidas: las mujeres han tenido menos derechos que los hombres, a las razas minoritarias (normalmente más oscuras en el mundo occidental) se les ha marcado en sociedades pasadas, la libertad sexual no era libertad hasta hace poco, los nazis mataban judíos para ver si se les terminaban de una vez por todas y a alguno se le quemó por afirmar que la tierra no era el centro del universo. Lo que sucede es que hoy en día hay, y cada vez más, lugares en los que ninguna de esas cosas suceden. Ni siquiera mi abuela, que ahora tendría más de 120 años, fue impedida legalmente de trabajar o ser propietaria de su casa. Pero te encuentras, con facilidad extrema, a quien me asegura que mi abuela es mentira y, además, si ella (la que se queja muy fuerte) no fue ascendida en su trabajo solamente fue por ser mujer. O negro. O judío. O marica. Sé de quien no ejecuta felaciones pero exige cunnilingus por defender la libertad de la mujer. Y no tengo nada contra las prácticas sexuales de cada uno pero solamente te pido que no busques excusas intemporales. Tampoco creo que la excusa perfecta tras matar a un hombre blanco, siendo tú negro en Detroit, es porque su abuelo esclavizó al tuyo. Cuando haces lo mismo que tu enemigo no puedes decir que lo haces porque él era peor. O, quizá mucho más hipócrita, porque tienes derecho a la autodefensa cuando contra quien dices luchar, está comido por los gusanos. Al fin y al cabo los cobardes son especialistas en guerras en las que no te pegan tiros, te meten en la cárcel o te parten las piernas. Cobardes e hipócritas también hay en los dos lados, no te creas. Hay quien quiere matar cristianos y hacer mezquitas mientras él es ateo del todo. Hay quien se enfada porque matan a negros pero silba si mueren blancos. Hay jueces que ponen una multa gravísima de 720€ a una mujer por amenazar, perseguir, insultar y amedrentar a su ex porque no soportaba que no la hubiera elegido.

Acepto y reconozco que cada uno es más permeable a las injusticias que cree que le afectan. Entiendo que vivimos en una época infame en la que no importa el hecho en si, sino los aderezos. No es matar a una persona sino matar a un chino como si el chino no fuera igual de persona que un paquistaní o que tu prima Eutropia. También hay quien asegura que nadie le ayuda y que solamente ayudan a los que han sabido victimizarse lo suficiente y que los gobiernos se han olvidado de los seres comunes, los de toda la vida, los que no usan pronombres o hacen activismo moral en sus cuentas de twitter.

Pero si nos vamos a los hechos, son los mismos. La ambientación no debería de tapar la verdad. Porque un ordenador tenga más luces, no va mejor. Alguien, a quien habían matado a su padre en un atentado, me dijo que todos los muertos huelen igual.

9 de junio de 2026

Nos encanta ser idiotas.

Decian, en Alta fidelidad: "¿Escuchaba musica pop porque estaba deprimido o estaba deprimido por escuchar musica pop?"


Es una pregunta que se puede replantear: ¿Nos tratan como idiotas porque lo somos o es que somos idiotas porque nos tratan así?. Lo cierto es que hay una tercera variante que se nos olvida muchas veces y es que los estúpidos no viven mal. Si el sentido de la vida, para algunos, reside en la gloroficación máxima del tiempo limitado con latido, entonces ser un estúpido es un boleto más hacia el disfrute personal de ese periodo. No inventes, no recojas nada, no limpies, no dejes las cosas mejor que como estaban al llegar. Simplemente consume, desgasta, desordena y retuerce lo que haya que retorcer con el único y exclusivo interes de tu propio gozo a un plazo corto en modo máximo. Cómete la comida con el hocico metido dentro sin dejar nada para después. Sé un gorrino, un hamster con la boca llena. Cóbra todas las subvenciones que puedas, pisa a quien haya que pisar, no recicles, pide que no te cobren el iva, compra en Temu. Folla sin condón.

En el anterior mundial de futbol, la ministra de trabajo argentina respondió, ante la preocupacion por una inflacion !del 100%!, que era más prioritario ganar el mundial que estar un mes preocupados por aquello. Luego nos preguntamos por qué después ganó Milei pero el caso es que triunfaron en aquel mundial y seguro que a muchos argentinos les supuso mucha más alegría ver a Messi levantando la copa que se les pusiera el precio de los tomates al nivel de las joyas que alguno tenía en una caja fuerte. Nuestro presidente, que sabe que somos favoritos en el mundial que empieza pronto, ha decidido hablar de sus cositas cuando ya estemos en fase de grupos. Mi ayuntamiento tiene la fea costumbre de aprobar los presupuestos justo la semana antes de fiestas y nos cuenta que van a traer a tal o cual artista con la nota a pie de página de la subida de impuestos municipales. No sé qué diferencia tiene con el clásico de "el opio del pueblo" de toda la vida. Es muy entretenido, y a la vez ridículo, escuchar a moralistas superdotados intelectuales prohumanos que te explican lo muy por encima que se encuentran de los borregos de lo otro cuando, veinte minutos después, aplauden como focas lo que les gusta a ellos. Es más, conozco a quien te mira con desprecio por delatarte como creyente católico pero luego se gastan un dineral en limpiarse los chacras y que le echen las cartas en una consulta a pie de calle por parte de una tarotista de Albacete que, aunque se hace llamar Lady Arkana la bautizarton como María Soledad.

Quizá, sólo quizá, es que no queremos admitir que nos encanta que nos engañen, que nos digan que nos quieren aunque no sea cierto. Que nos prometan más cosas que el alcalde de NY, aunque es imposible. Recuerda que el problema de la vivienda, el precio de la luz y lo de los alimentos se iba a solucionar de una manera mágica hace 8 años y resulta que va a ser que no. Supongo que el que perro se comió las promesas. No hablemos de política. Piensa en Mari Tere y cómo cada vez que hay un imbécil en el bar se lo termina tirando mientras te jura, la mañana siguiente en un mensaje que suda emoción, que es el definitivo ( otra vez). Que éste no va a ser un falso maltratador violento y promiscuo como los seis
(del año pasado). ¿Es Mari Tere idiota?. Si, pero le encanta, aunque no lo admite nunca, ser así. Cada vez que hay un candidato que le dice lo que quiere oir, le vota y rebota. Hay quien pone en estado de alerta toda la oxitocina de su cerebro si ve un cartel de oferta, aunque no le haga falta. Por eso hay una diferencia entre hurto y robo. Te hurtan por idiota y te roban contra tu voluntad. La estafa, en este caso, tiene connivencia por parte del estafado. Vivimos en una sociedad llena de primos que caen, una y otra vez, en lo mismo y cada vez de una manera más burda. Hay quien te asegura que no te va a robar como los otros mientras está metiendo el candelabro de plata de tu abuela en una saca y, si te preguntan, confirmas que no era un ladrón porque te dijo que no lo era. Además no tenía pasamontañas y si no tiene pasamontañas no puede ser un ladrón. Conozco a montañeros que no han robado jamás aunque también conozco a ladrones que aseguran ser gente honrada.

Hay que reconocer que no es de gusto sentarse a charlar con quien te dice que estas viejo, que caminas con cojera, que ya no eres ágil y que necesitas gafas para leer. Es mucho mejor que te mientan un poco o que, incluso, termines con la sensación de no tener pecados pendientes al terminar la confesión. Fausto sufrió un chute de serotonina aunque firmase un contrato pero se creyó el rey del mundo durante un rato. Supongo que sería como ligar con una guapa, el subidón de Mari Tere o la sensación de limpieza después de arreglarte los chacras pagando por reiki, que ni siquiera te soban.

Así que ¿nos tratan como idiotas?. La respuesta es que si.
¿Nos tratan como idiotas porque somos idiotas?. Quizá no, pero, y aquí está la clave, nos encanta ser idiotas porque es una manera rápida, fácil, defendible y victimizable de sentirnos bien los primeros veinte minutos.

Probablemente en una sociedad cortoplacista y con bastante tendencia a la infantilización lo que pasa es que si nos tratan como niños es porque queremos ser niños. Ser adulto es mucho más aburrido y, sobre todo, menos rentable. A ver si vas a ligar tú diciendo la verdad.

6 de mayo de 2026

Simplificar

Supongo que una de las cosas que caracterizan al ser humano, aparte del sexo recreativo, es un afán de conocimiento. No quiero decir que José Ramón viva desentrañando los misterios de la vida cual hombre del renacimiento pero sí que hay una satisfacción muy humana en aprender, aunque ese aprender sea hacerse porros con una mano, defraudar a hacienda con la otra o partir nueces con el rabo. Cada uno aprende lo que quiere.

El caso es que una vez llegados al siglo XX e incluso el XXI a cualquiera se le puede demostrar que tiene acceso a la globalidad del conocimiento. Hay un tutorial, locutado por un sudamericano, prácticamente para todo. Hace unos meses, no sin dificultad, cambié el mecanismo de la cisterna del water y casi di un "me gusta" a alguien de Bogotá. Sin embargo lo que no tuvimos en cuenta es que ,cuantas más posibilidades existen, el mismo ser humano va simplificando su universo a un espacio que le resulte abarcable. Viene a ser como aquello de que vivimos en un entorno de 20km cuadrados aunque tengamos vehículos que nos puedan llevar a Albacete todos los días. Podemos tener, como la canción, un millón de amigos pero los ciudadanos convencionales estamos en mínimos de amistad. Que sí, que te puede contar un tipo en un bar que tiene más amigos que puntos metió Petrovic en la final de la recopa del 89 pero le puedes intentar pegar ( como intentó Fernando Martin al acabar) porque saludar a alguien no es ser su amigo. Hablar de virus, de cuestiones sociopolíticas o de los residuos nucleares es algo que puede hacer hasta Maikel. Si algo resulta difícil de escuchar es a alguien que te diga que de ese tema no sabe lo suficiente. Aquí todos tienen una opinión, aunque sea un mojón de opinión. Parece que el que reconoce no saber es tonto y a nadie le gusta ser señalado como tonto.

Obviamente no se puede saber de todo así que alguien se inventó el discurso políticamente correcto. Es esa especie de argumentario que te hace quedar bien en cualquier circunstancia: la guerra es mala, el planeta hay que cuidarlo, las libertades son respetables, la culpa es de los ricos, cuidemos a los niños, los políticos son corruptos y el Quijote, una joya. Sin matices y, a ser posible, defenderlo con vehemencia. Es como si la defensa de cualquiera de esos componentes te hagan ganar un punto. El problema es cuando hay un conflicto entre dos de ellos. En pandemia una chica, por su coño moreno, iba en el metro sin mascarilla. Un muchacho se le acercó y le recriminó no llevarla en un espacio público. Ante ello la manceba gritó victimizada que un machista quería imponerla su voluntad. Por supuesto que, prontamente y a lomos de un caballo blanco salvador, apareció un joven a rescatarla. "Haz lo que quieras"- le dijo el incriminador- "porque soy gay y si me pegas tienes que elegir entre machismo u homofobia". Al entrar en conflicto entre dos dogmas el salvador cesó su salvamiento.

Lo que es verdad es que la estúpida simplificación del mundo para poderlo amoldar a lo que te crees que es lo adecuado se hace en casi todo. Es como escuchar solamente música country que huele a caballo, decir que eres el Joaquin Luqui de 2026 pero es que no sabes nada de rock nacional garajero porque no se puede escuchar todo. Hay quien lo acepta ( sí señor, es usted) y quien te dice con dignidad insultante que si no escucha el ultimo disco de Bernal es porque es una mierda y la realidad es que no está en el mundo sonoro simplificado que se ha creado.

La simplificación del mundo lleva consigo, en las mentes más infantiles, la exaltación de lo propio y el desprecio de lo ajeno. Si matar animales ya tienes asumido, comiéndote una smash burguer, que es malísimo de la muerte y los toros no te llaman nada la atención, los taurinos son unos hijos de puta que merecen morir empalados por el ano hasta que se desangren. Vamos a algo más sencillo: si no te gusta la Formula 1 cualquiera que se despierte a las 5am para ver la clasificación de China es un imbécil retrasado fascista que quiere joder el planeta con el humo de los motores de combustión en un deporte machista. Si a ti te parece ( hayas ido a verla o no) que determinada película es buenísima y alguien te comenta que no le ha llamado la atención entonces tú, que te llaman Stanley en el estanco donde compras papel para los porros, sentencias que a ese lo que le pasa es que no tiene ni puta idea de cine. También es cierto que la degradación del contrario, aunque soez e intolerante, se vende mucho mejor que reconocer que hay tantos puntos de vista como melones.

Hemos aprendido que si, haciendo zapping, en un canal están explicando la teoría de la relatividad con manzanas y en otra hay dos bonobos gritándose, te quedas en los bonobos. Al ser humano convencional le alimenta el ego eso de captar audiencia.

Así que quizá todas esas acciones consecuencia de la intolerancia y, como consecuencia, del desprecio al otro, son fruto de la necesidad de reducir nuestra realidad al mínimo para creer que la tenemos controlada. Por supuesto, si alguien pone en duda las leyes universales de nuestro universo o nos comenta que en algún lugar hay un universo más grande o mejor, pasa a ser directamente el enemigo. Para eso nos queda la tontería esa de Popper de que esté justificado ser intolerante con alguien a quien ya hemos ubicado en el mundo de la intolerancia, porque para un imbécil la discrepancia es lo mismo que la intolerancia, y no lo es.

Vivimos en un mundo enorme lleno de personas que, en vez de descubrirlo y aprender, lo han hecho más y más pequeño, como nacionalismos unipersonales intolerantes, donde se desgastan degradando al que no piensa igual y buscando la afirmación social porque son capaces de gritar mucho y más alto.

Lo único que han hecho con todo lo que se puede degustar y saborear del mundo es, sencillamente, simplificar.

28 de abril de 2026

10 demostraciones de la realidad por encima del discurso.

Hoy es un buen día, dado el primer aniversario, para recordar empíricamente algunas de esas cositas que en la cabeza suenan espectacular pero después se demuestran poco o nada efectivas.

La primera puede ser que si tienes un país lleno de molinillos de viento o de placas solares pero se te olvida estabilizar una red con fuentes energéticas controlables (hidroelectrica, gas, carbon o las nucleares), se te va la luz.

La segunda es que si a Maria del Carmen, que se compró dos pisos, la das por el saco a todas horas y la convences que su esfuerzo no va a valer más que para que alguien le pague tarde mal o nunca, vende el piso y que le den a los inquilinos.

La tercera, que como dicen algunos titulares podemos aprender de otros países, es que si das dinero infinito a alguien por no trabajar lo que consigues es que no trabaje.

La cuarta bien podría ser esa idea tan loca del tope a los salarios, que hace que a los que les ofrecen más dinero en otros países, casualmente, se van a otros países.

La quinta, que te la voy a contar yo, es que si vas subiendo el salario mínimo sin subirle la pensión a mi madre en el mismo porcentaje, te encuentres con que hacerse mayor dependiente le está suponiendo perder, cada mes, un puto pastizal del que hacienda se lleva prácticamente un salario. La otra, que también te la voy a contar, es que yo llegué a dar trabajo a casi 20 personas a la vez y el único consejo que puedo dar a alguien que emprende es que contrate lo menos que pueda porque a nadie (al menos institucional de este país) le importa una mierda ni la vejez de mi madre ni que seas un generador de riqueza. Si eres un bar no puedes vender el cafe a 15€, así que te tienes que joder porque para que los baños estén limpios ( esto es una metáfora) alguien tiene que limpiar. La economía real no es un capítulo de Succession o de Industry.

La sexta, y para eso voy a usar una canción de 1985, es que si juegas a llevarte mal con EEUU en el mundo real, ellos empiezan a montar bases en Marruecos, dar armas a aquel país y nos vamos a reir el día que te hagan la marcha verde en Ceuta, Melilla, Canarias y, ya de paso, Córdoba y Almería.

La séptima es que ya vamos aprendiendo que siendo hiperregulativos lo que hacemos es alimentar al monstruo de lo institucional y cohartando las libertades de aquellos que son tan locos de querer innovar. Por eso es una realidad que se inventa en EEUU, los chinos lo copian ( cada vez mejor) y los europeos lo regulan. Soy de los que piensan que es más importante crear riqueza que rellenar papeles.

La octava, mal que nos pese, es saber que uno no es ladrón o corrupto por ser de un partido político. Chorizos, cabrones y caraduras hay en todos los sitios. Creer que alguien no puede cometer un delito por su sexo, raza o ideología es de sectarios sin cerebro.

La novena (que puede ser octava fase B) resulta del hecho empíricamente demostrable en el que cuando hay que salvar el culo propio o el bienestar personal ya no te importa echar de podemos con la ley de despido de Rajoy a la gente, comprarte un chaletón, regalar a tu hija un bolsazo que hagan niños bengalíes ( porque era falso) con jornadas de 14 horas, ir en coche a la reunión por el clima o cualquier cosa que aunque sea poco estética y contraria a tu discurso te haga la vida más confortable.

La décima es que, obviamente, vivimos en unos tiempos en los que el discurso y las promesas están por encima de la verdad o los hechos. Y así nos va, que cuando miramos los hechos no se parecen en nada a lo que nos habían contado de la misma forma que el video de la promoción de tiktok era mentira.

Pero (corolario o punto 11) la culpa es nuestra por ser tan gilipollas. Claro que el alcalde de NY gano las elecciones prometiendo que todo va a ser gratis, ecológico y feliz. Que las calles estarán limpias sin que las limpies tú ( es la misma metáfora de antes). Está claro que cuanto más avanza la humanidad, má estúpida se vuelve y, como un adolescente, se quiere creer cosas que son obviamente falsas. A los diez pasos me remito.

Si fueran 12 sería desintoxicación de los propios humanos a base de realidades. Por ser "humanálicos" o mongólicos (de Móngol, que es un pais imaginario buenista y feliz sin pobres ni guerras ni delitos, recubierto de amor.).

25 de abril de 2026

Piénsate, humano

No comprendo la diferencia que puede haber entre "Los Españoles primero" y tener que demostrar que sabes Euskera nivel aizkolari de Gernika para trabajar barriendo calles en Alsasua.

Personalmente me la ha traído completamente al pairo cualquiera de los componentes con los que uno viene de fábrica siempre y cuando aporte o colabore con el sistema de todos de una forma positiva. No tengo ningún conflicto en meter en un avión a un hijo de perra con sesenta y tres apellidos de la patria para dejarle caer sobre el desierto del Sahara, a ser posible sin paracaídas. Me niego a creer que alguien es mejor o peor que otro porque va con un componente racial, lingüistico, confesional o heredado en particular.

Sin embargo los humanos sociales estamos llenos de prejuicios. Algunos, incluso, se empeñan en comportarse como creen que deben dadas las circunstancias o las modas. José Ramón, que siempre fue un conductor precavido, empezó a conducir como un loco al adquirir un deportivo. Es más, dejó de usar los intermitentes porque era un BMW. En algún lugar de su minúsculo cerebro llegó a la conclusión que no era él, sino el coche, lo que le convertía en un peligro.

Desconfío, igualmente, de aquellos que utilizan como argumento principal en la defensa de sus planteamientos la titulación personal. "Estás equivocado en la manera de freir un huevo porque yo, !yo!, soy sociólogo"

El caso es que hay una tendencia brutalmente marcada por la que algunos, para que el otro no manipule la información, ponga a sus colegas en puestos públicos, se lleve la pasta, cambie las normas del juego a medio partido o se comporte como un tirano, ya lo hace él antes. "Más roban los otros"-me dijo alguien cuando se aprovechaba de los fondos de su partido (de mucha izquierda) para pagar el hotel en que realizábamos actividades sexualmente atléticas. Hago una llamada y te abren un quirófano cuando quieras, me dijo un político (de derechas) al comentar que los médicos de mi hospital no operan en verano porque sufren mucho estrés y mi maltrecha economía de autónomo no permite otras fechas.

Se nos olvida con facilidad ideológica la inmensa cantidad de veces que defendemos hacer lo que criticamos en el lado contrario del posicionamiento mental. Eso nos lleva a situaciones absurdas donde alguien tacha de racista a alguien por hacer lo mismo que defiende. Es como diferenciar matar guardias civiles o etarras, cuando los muertos se descomponen igual y sus hijos sufren lo mismo.


Si algo he ido aprendiendo es que el ser humano es humano muy por encima de sus ideas. Las ideas, en este mundo hipócrita, se quedan para aparentar ser una persona ideal tomándote cañas con los colegas. Los hechos, que son los que determinan lo que somos, se parecen mucho más cuanto más nos acercamos a los extremos. El imbécil es imbécil allá donde nace y algunos nacen con la necesidad de ser imbéciles. Por eso mismo se hacen de la imbecilidad mayoritaria geográfica o cultural. Un tipo con ropa amplia, un perro sin correa, con tres pines pro palestina, que quema incienso y tiene una novia que no se depila los sobacos llevaría un pantalón de pinzas, una pulsera de España y miraría con deseo a la más operada de sus conocidas si tuviera a bien nacer en otro lugar. Es el mismo tipo cargado de puntualizaciones geográficas o actitudes que ha asumido por mera supervivencia social.

Así que antes de hablar de cositas con furiosa cólera, corazón, piénsate.

15 de abril de 2026

Cuando lo menos importante de un concierto es la música.



Se está celebrando el festiva Coachella allá, en California. Hay que reconocer, viendo el cartel, que la seleccion musical es amplia y bastante bien pensada para los tiempos que corren. He elegido un himno de los últimos tiempos para intentar ejemplificar la sensación que me produce. El truco es fácil: fíjate en el público. O, por si aquello no fuera un cabeza de cartel, date cuenta de la pasividad infinita con el temazo de Reptilia de los Strokes o con el super clásico de Passenger de Iggy a sus 78 años.



Podríamos pensar que es una cuestión de cambios en los gustos musicales, pero incluso el pop infantil y teatralizado de Sabrina Carpenter resulta como si el público estuviera viendo la tv. Con los herederos más modernos de Depeche y su elaboradísima puesta en escena pasa lo mismo. ¿Cual es mi teoria? Un festival de 600€ de precio por anticipado con café a 17€ no lleva a amantes de la música sino a aquellos que, mayoritariamente, lo viven como una especie de estatus extraño que dura tres días. Eso incluso cuando se hayan puesto de moda los microcréditos para ir a un concierto. Hace ya tiempo comentamos que existe toda una generación que como no se puede permitir "inversiones" de cierto calado (un coche, un piso o cualquier esfuerzo económico a largo lazo) se concentran en lujos "baratos" que, aunque sean gilipolleces o tampoco les agrade, pueden hacerles irradiar una imagen de potentados en el mundo estético de las redes. Por eso los chuches caros, los alquileres puntuales, y todo lo que pueda denominarse "lujo barato". Si a todos los que se han rendido a esperar al gran trasvase o se niegan a sacrificar absolutamente nada a cambio de su satisfaccion a corto plazo (!viva el descuento hiperbólico!) les sumamos los kidults, disponemos de una clase social entera a la que lanzar nuestras ofertísimas. Al fin y al cabo siempre es el mercado, amigo.

Coachella, por alguna razón, hace años que se convirtió en un espectáculo con los conciertos como excusa aunque la financiación personal sea secundaria. Cientos de vídeos con tutoriales de cómo hay que vestirse para ir o con recopilaciones de los outfits van ametrallando Internet. Noticias sobre lo vacíos que están los puestos de comida ( porque la juventud se pincha Ozempic) me recuerda a una parte de la serie (6,5/10) de The Beauty en donde se supone que existe una inyección que te hace guapo aun a riesgo de que te revienten las entrañas, y las adolescentes americanas se las inyectan incluso pidiendo créditos para el pico.

Que la música es secundaria es algo que ya pasó con Eurovisión y muchas discotecas. Hay demasiados eventos que utilizan como excusa lo que antes era el centro del acto. Demasiadas personas que no saben leer van a presentaciones de libros. Hay novias de futbolistas que jamás han creído en el amor. Hacer el bien para el pueblo ya no era importante ni para los políticos romanos. He oido jurar lo buenísima que es alguna peli a gente que estoy seguro que no la ha visto pero que siente que debe de hacer esa u otra valoración, y hacer una foto con el cartel a la puerta del cine.

A Coachella, como a muchos otros lugares, no van amantes (mayoritariamente) de la música independientemente de lo bueno o malo que sea el espectáculo. Es, porque se ha ido haciendo ese hueco desde hace años, un escaparate carísimo que elogia el vacío cultural y del que no se intenta volver después incluso de haber vivido una experiencia enriquecedora sino poder torpedear con tus fotos a una supuesta plebe de adoradores virtuales que te hagan sentir admirado/a lo suficiente como para sentir que tu ego puede pagar los créditos que te has pedido (económicos o personales). La música, igual que a los eurofans, no te importa en absoluto. Viene a ser lo mismo que comprarte un coche carísimo con muchos oros, pero a menor precio. Por supuesto, sin disfrutar en absoluto de la conducción.

Conozco a fans de los coches a los que se les iluminan los ojos cuando se les va de atrás un renault 5 culo gordo o pasan al lado de un Jaguar E Type. Sin embargo en los tiempos que corren parece que tres pantallas, muchos pitiditos y que parezca que lo tienes más grande que tu vecino es muchísimo más rentable para los fabricantes que la sensación de conducción o la sonrisa tonta que se te puede poner al entrar de costado en una curva de montaña mientras te va persiguiendo el atardecer sin saber, exactamente, el lugar al que vas porque lo importante es lo mucho que disfrutas devorando kilómetros.

Actualmente no hay lugar más bello para sentir la música que los miles de conciertos pequeños, con una cerveza en la mano, en donde lo importante es lo que has ido a ver, que es la música. Aquellos espectáculos increíbles con Wembley lleno de personas dispuestas a disfrutar se acabaron con varias cosas: los móviles, las redes, la hipócrita necesidad humana de notoriedad y llegar a la conclusión que en un show en el que nadie presta atención al escenario no te lo puedes pasar bien. Los intentos de reinvención musical han pasado por aquel show de U2 dentro de la esfera de Las Vegas, la gracieta ecosostenible de un grupo muerto (vive aún de sus dos primeros discos y medio) con ínfulas como Coldplay o los espectáculos de música sin músicos de divas al estilo Beyonce o Rosalía, hijas todas de la Madonna del conffesion tour.

Pero, desafortunadamente, un momento Freedie en Wembley , un Burging en 1991 con Antonio Vega de rodillas frente a Pepe Risi o un AcDc en Buenos aires no lo vas a vivir en Coachella. Lo dicho: fíjate en la gente y dime quien está disfrutando.

Serán los tiempos nuevos y que cada uno se gasta el dinero en lo que quiere, pero no me digas que te gusta la música si no te veo disfrutar excepto cuando me cuentas el outfit o me publicas tres poses en Coachella. Al menos reconoce que lo menos importante del concierto para ti es, la música.

30 de marzo de 2026

Libertad para los chalados.

A ver si se me puede entender.

En una sociedad supuestamente libre y donde cualquiera puede disponer de la opinión que le parezca, aunque se aceptan las opiniones de la mayoría, ¿por qué hay manifestaciones que están "bien" y otras que están "mal"?. ¿Por qué es moralmente maravilloso manifestarse por Palestina y no por Israel?. ¿Por qué está fenomenal, este fin de semana en Euskadi, organizar un evento popular a favor del euskera y sería problemático hacer uno a favor del español?. ¿Por qué una manifestación por la mujer es algo fantástico y una manifestación por los hombres se podría considerar un atentado contra la sociedad?. No estoy quitando ni poniendo razones sino que estoy haciendo un paralelismo con el presupuesto de la libertad absoluta de opinión. Y si a alguno, alguna o algune le parece que defender a Israel, el español, las centrales nucleares,los hombres o que se pinten todos los semáforos de fucsia es algo que debería de estar prohibido, ESA persona lo que está es en contra de la libertad de quien no piensa como él. ESA persona es, por definición, alguien intransigente y totalitario que solamente acepta SU opinión como verdad.

Me cuesta entender cual es el proceso por el cual unas reivindicaciones se aceptan como "buenas" y otras como "provocaciones". De verdad que me cuesta. Durante los años 80 siempre me parecía provocador ver, de manera semanal y con puntualidad alemana, a grupos de personas del barrio enalteciendo a algunos que habían asesinado en "defensa" del pueblo. Sin embargo aprendí que era su manera de sentir y que mientras no quemaran algún contenedor o se liaran a bofetadas aquello era una expresión de libertad ( que no habían tenido hacia sus asesinados). Aprendí que una sociedad adulta y tolerante se caracterizaba por respetar opiniones que no tienen que ser la tuya. Es más, creo que aquella banda de miserables desapareció en el momento que la propia sociedad que decían defender les dijo que no necesitaba ser salvada.

Después, con el paso de los años, las reclamaciones callejeras se han popularizado. Hay manifestaciones de médicos que piden más dinero, de bomberos que piden más dinero, de jubilados que piden más dinero, de servicios de limpieza de organismos públicos que piden más dinero, de profesores de instituto que piden más dinero. También hay manifestaciones a favor de la moral: las mujeres (que, a mi parecer, ya son iguales ante la ley), las guerras que son muy malas pero que nos gusta tener un malo y un bueno para poder gritar algo y así sentirnos mejor, lo mucho que hay que cuidar el planeta y el poco dinero que tenemos para pagar el alquiler. 

Pero no hay manifestaciones de dueños de pisos que estén hasta las narices de que no les paguen, de personas que consideren que la energía nuclear es barata, limpia y estable. No hay israelitas por la calle con su estrella de David clamando contra ser siempre los malos desde antes de los Reyes Católicos. No hay españoles clamando contra la ocupación romana pero sí mexicanos enfadados con Hernán Cortés. No hay empresarios exigiendo mayores controles contra el absentismo laboral tan de moda ultimamente.

Personalmente, igual que no tengo ningún problema con unas manifestaciones tampoco lo tengo con las otras. A unas iría y a otras no. Podría estar a favor de pagar más a los profesores pero exigir mayor control del absentismo. Estar de acuerdo con algo no me obliga a aceptar el pack de ese espacio. Ahí está la clave. Te pueden horrorizar las imágenes de muertos en Gaza pero no significa que, por eso, tengas que aceptar que Cuba es una democracia. Es más, podrías estar a favor de la discriminación positiva del colectivo trans y ser un defensor de las centrales nucleares o, algo muy loco: aceptar que hay dos géneros biológicos. Lo que me niego a aceptar son los packs o la obligación de posicionarte en un lugar que no ha de representarte. A mi me parece culturalmente enriquecedor la existencia de lenguas minoritarias pero jamás he defendido matar a un guardia civil que va con su hijo al colegio.

Así que soy un idealista que cree que si jugamos al juego de una sociedad libre debemos de ser libres de expresar cualquier opinión, acertada o no. Imponer, como mucho, se ha de imponer la opinión de la mayoría, porque esas son las normas de la democracia. Y si te jode que el otro no opine como tú y además pida poder expresarlo como tú, y eso es algo que se te hace indignante y prohibitivo, eres un tirano cabrón.

Quieras o no la ventaja que se supone que tiene nuestra sociedad es que puedes salir a la calle a decir que tu gobierno es un hijo de perra indecente o que es Dios en la tierra. Hay otros paises, que algunos defienden de forma sorprendente pero haciendo uso de su libertad (de aqui), donde no puedes salir vestido de lagarterana a decir que quieres follarte a tu novio mientras orinas sobre la tumba de algún dictador muerto. No significa que lo vayas a hacer pero sí puedes expresar esa opinión. Y si puedes hacer eso también tienes que poder salir a la calle a decir lo que te salga del arco del triunfo.

Porque la libertad no es libertad si no es para todos, chalados incluídos.

Pd: Nunca sobra el clásico del Sr Cleese, que fue mi prólogo en "Gora España":

24 de marzo de 2026

La excepcionalidad absurda.

!Señoras y señores. Ñoños y niñas. Monstruos y monstruas!, !Tenemos el placer de presentar ante ustedes... el misterioso caso del hombre con tres testículos, el caso del varón coprófago de más de doscientos kilos, la mujer barbuda pero sólo de un lado, un político honesto, el ciclista que no se salta los semáforos, el asesino sin manos ni pies, una mujer trans negra embarazada de su pareja therian.

¿No te das cuenta que vivimos con la atención continuamente puesta en los casos excepcionales?

¿Cuando dejó de ser interesante o aleccionador José Ramón, que cursó sus estudios, se compró un pantalón de pinzas, empezó a trabajar de administrativo, conoció a Maria Del Carmen, tuvieron un par de hijos y los lleva al colegio antes de acudir a su mesa llena de antiquísimos excel?

Por alguna razón, que seguramente tiene una explicación psicológica, en un universo cada vez más normalizado se gasta una energía excesiva en esconder nuestra vulgaridad a base de comportamientos, tatuajes, exageraciones, escaparatismo virtual o simplemente actitudes. 

Siempre he pensado que un ladrador es inofensivo, la verdad. Jesús, que era carnicero, abrió su carnicería en un barrio conflictivo. Sin embargo era el mismo barrio en el que se crió. Jesús era un hombre menudo. Desde su delgadez casi extrema y su estatura por debajo de la media me comentaba, al preguntarle sobre su posible miedo a la delincuencia del lugar, lo siguiente: "Los chicos de ahora son todo ruido. Te gritan, te dicen cosas desde lejos y hasta puede que te amenacen. A veces me veo pintadas o sorpresas por el barrio cuando voy a la carnicería pero yo, personalmente, nunca tengo un problema de verdad. Lo cierto es que yo me crié con sus padres. Ellos saben que aunque a sus progenitores se los llevó por delante la heroína, yo estaba con ellos. Que yo no grito nunca pero que atraqué algún banco, que robé muchos coches y que no se me da mal manejarme con cuchillos. Eso lo saben. Yo no amenazo más que una sola vez. Así que jamás he tenido un problema de verdad". Jesús no llamaba la atención pero era de esos señores bajitos que hablan en voz baja a los que hay que tener miedo. Y, sin dudarlo, cortaba los filetes con una maestría de museo.

Quizá por la necesidad de visitas y de clickbait una gran cantidad de estímulos supuestamente informativos o culturales se han vuelto algo parecido a bombas de racimos de extrañeza. Quiza, también, esa búsqueda de los quince minutos de gloria por parte de ciudadanos que no disponen de nada excepcional es la responsable de inventarnos o exagerar facetas para ver si , así, se sale en algún informativo o titular. Obviamente estar convirtiéndonos en inmunes a escenas o noticias nos hace buscar el asombro un poco más allá. 

Viene a ser lo mismo que el porno. En 1984, sin internet y con las hormonas encendidas, nos íbamos al quiosco a comprar "flashes", que eran esos helados de colores y sabores difuminados en agua servidos en envoltorios de plástico. Mientras mareábamos al señor, Santi afanaba una revista porno. Una Lib o algo así. Luego nos íbamos a algún descampado a sorprendernos de excesivos vellos púbicos y redondos pechos desnudos. Eso ya era más que suficiente. Sin embargo quince años después ya habíamos vivido los videoclubs con las secciones de adultos. Incluso nos habíamos juntado en casa de Gonzalo después de que Joaquín, que jugaba al baloncesto y parecía mayor de edad, hubiese alquilado una. El video de Pamela y Tommy circulaba por internet. Una mamada no era algo excepcional sino una más. Para sorprenderse era necesario subir el listón. De ahí hasta algunas barbaridades solamente existe algo parecido a la adicción a las drogas, que te van pidiendo más para lograr los mismos efectos. Es más, personalmente puedo admitir que los castos y elaborados desnudos del Interviú que compraba mi abuela generaban en mi una excitación muy superior a cualquier orgía que encuentre en Internet un día de profundo aburrimiento.

Con las noticias pasa algo similar. Para captar la atención de un espectador bregado en excesos no vale decir que va a llover sino que se esperan las mayores inundaciones que se hayan visto. Para que nos fijemos en un individuo no es suficiente que sea un licenciado en física cuántica sino que sea un homosexual albino con una oreja impresa en 3d que domestica camellos en el Kurdistán. Y, aún así, se ha sacado la carrera de filología etrusca pero el sistema le impide encontrar un trabajo de lo suyo porque vivimos en una sociedad clasista. Ahora vas, y lo cuentas.

Creo que fue antes la búsqueda del exceso que las personas excesivas, pero eso no quita que gastemos demasiado tiempo en buscar, dentro de nosotros, algo que nos convierta en excepcionales o en un titular. Sacamos nuestros dramas, amplificamos nuestras puntualizaciones diferenciales e incluso hay quien vive esperando ser el próximo titular. Una amiga, sexualmente bastante activa, me confesaba que no encuentra sexo "normal". Que ahora todo el mundo que se encuentra quiere hacer el salto del tigre, copular del revés, recitar a Espronceda haciendo volatines con el rabo o vestirse de Tortuga Ninja pornográfica. Lo que no localiza es alguien que la abrace, la desee, no la obligue a contorsionismo y con suerte le saque una sonrisa después relajadamente. "A ver si ahora lo raro es ser "normal""- sentencia.

!Señores y señoras! !Niños y niñas! Con todos ustedes: !Manolo el contable!. Y mientras aparece un señor con un traje de Cortefiel azul oscuro el público se va a sorprender, porque ESO es lo raro hoy en día. Vivir en la normalidad es extraño cuando todo nos intenta obligar a la excepcionalidad absurda.

11 de marzo de 2026

Tírate (o vota) a un mediocre y te sentirás bien.

Hace tiempo apareció una noticia en la que indicaban que según un estudio de una universidad de Canadá "Las personas que comparten demasiadas frases "profundas" en Internet son más tontas". Estoy aceptablemente de acuerdo. (Recordemos La invasión de los místicos, del 2014). Podemos extrapolarlo a eslóganes, titulares, argumentarios y cualquier otro elemento que se rebota al universo con la intención pueril y ridícula de parecer más listo, con criterio, simpático o sabio.

Sin embargo, en esta sociedad que premia la mediocridad, la falta de ruido, el seguidismo y la previsibilidad, son actitudes que parecen hasta loables. Ahí tienes a Josefina, que está convencida que es rockera porque una vez fue a un concierto de Melendi, mirándote con cara de asco porque has dudado de una frase que copió de un meme supuestamente de Descartes donde la foto era de Jordi ENP. No pongas en duda jamás que Pepe, cuya manera de ligar es sacar tres vinos y dar cifras al azar supuestamente estadísticas para luego meterte la boca prometiendo amor en el segundo momento privado, dispone de una vida afectiva y sexual muy superior a quien procura relacionarse honestamente. No es algo masculino, en absoluto. A ver si tu amiga super lista, recatada y cabal no está hasta la pepitilla de que el pibón curvilíneamente llamativo que también pertenece al grupo capte la atención animal de la mayoría de los varones virilmente hormonados. Gracias a la igualdad de sexos la frase "un hombre sería capaz de nadar en mierda si cree que va a echar un polvo", también se puede cambiar de género. Luego está ese momento de dignidad en el que dices que tú no eres como los demás pero, te lo digo en bajito y como un susurro, es porque no te pone lo suficiente.

Relaciones sexuales aparte, aunque siempre han sido una metáfora certera del mundo real, no hace falta remitirse a Dunning Kruger para certificar que los menos inteligentes disponen de un campo de crecimiento social bastante más amplio que la parte de la estadística que está por encima y también por debajo. En la campana de Gauss de la inteligencia social hay, esperando, una recompensa a quien está entre el 30 y el 55%. No molestan, no piensan, se visten solos y aceptan cualquier cosa sin preguntar el motivo. Voy a poner un ejemplo: estás sin trabajo y te ofrecen mover cajas de un sitio a otro. A Pepe, que viene de follarse a la última que le hicieron gracia sus chistes y se vio deslumbrada por datos no contrastados, le parece bien y acepta. Tú, que eres imbécil, preguntas lo que hay en las cajas y te dicen que son drogas para niños menores escondidas en vapers con la cara de Pluto, con lo que no te sientes bien y te quedas en el paro.

La pregunta fácil que viene es el motivo por el que seres tremendamente mediocres ascienden con tanta facilidad. Una es todo lo anterior: son previsibles y fáciles de entender. La otra es que a la mayoría le incomoda que haya alguien tremendamente listo llamando la atención. Siempre hemos sido amables con el payaso porque es torpe y nos hace reír. Nos hace sentir mejores hasta cierto punto. Chirac, presidente de Francia, ganó unas elecciones con el eslogan: "el mejor de los malos" (2002). Eso define que no se vota por el programa electoral sino por la percepción que cada candidato genera en mi. En algunos casos apoya nuestro sesgo de confirmación y en otros, quizá, queremos ver hasta qué punto es capaz de llegar ese puto payaso. Es inconsciente pero es así. Se vota, se asciende o se escoge al personaje muy por encima de sus capacidades. Es España hemos tenido a políticos listísimos ( Margallo, Borrel, Josu Jon, Fraga, por citar a alguno) que no han llegado más arriba porque son listos y no escuadristas mamporreros. Sin embargo hemos votado a payasos ( Jesus Gil, Ruiz Mateos) quizá esperando que aunque no van a solucionar nada nos vamos a divertir.

Así que en los mítines se ponen a decirte frases grandilocuentes, te sueltan una cifra que se han encontrado por ahí y se meten en tu cama después de trabajar moviendo cajas sin preguntar lo que llevan dentro. 

Porque aunque sabemos que son menos inteligentes, nos reconforta y premiamos la mediocridad. En el trabajo, en la política y en la cama.

Yo no soy listo en absoluto y por supuesto que mi lugar en la vida no es nada relevante. Sin embargo una amiga de gran bagaje sexual es capaz de afirmar que no pillo nada porque me empeño en hablar demasiado, se me coge cariño y con eso cambio el foco del objetivo. Tiene razón. Si vamos a setas, vamos a setas.


PD: Remember "Bienaventurados los Simples"

12 de febrero de 2026

Almudena y el toro

Almudena siempre sintió un amor feroz por los animales. Un día, intentando demostrar al universo su razón, apostando por la bondad intrínseca de la creación, saltó a un ruedo una corrida televisada y se quedó quieta en medio porque en sus sueños el toro se acercaba, olisqueaba su buen corazón y se abrazaban. Esa cornada de 17 centímetros , junto con el golpe de la caída desde más de dos metros de altura, que es hasta donde alcanzó, la mató sin que se diera mucha cuenta.

Más o menos es lo que pasa cuando, a tus creencias firmes,  las arrolla la realidad.

Cada vez hay más y más personas poseídas por una idea que traen desde su casa. Nos hemos convertido en una sociedad de creyentes o quizá de seres necesitados de creer. Después de tomar parte por una creencia, se mantiene hasta que te empitona.

Que si los videojuegos hacen adolescentes asesinos. Que si el porno te da unas ganas locas de violar a la vecina. Que todos los inmigrantes son buenos o delincuentes. Que los de derechas matan negros y violan niños. Que los de izquierdas no se duchan. Que no existe la ocupación. Que hay seis familias rumanas esperando que vayas por el pan para ocuparte la casa. Conozco familias en las que los nietos reprenden a sus abuelos, que vivieron la guerra, diciéndoles lo que pasó realmente en la guerra. En un pueblecito de Canadá alguien se ha liado a tiros en un colegio pero dice la realidad que es una menor mujer trans en vez de un joven facha. Detienen a un grupo organizado de marroquíes en Almería que quedaban con varones a través de apps gays para reventarles a hostias. No eran jóvenes fascistas de zonas acomodadas de Madrid. Ayer, en una rueda de prensa para presentar una película le preguntaron al director el motivo por el que no aparecían personas racializadas y respondió que la película se basa en la Dinamarca de de 1750.. Por supuesto que existen cientos de ejemplos en el otro lado y que incluso hay quien, chalado perdido, tiene ansias de violar a tu prima después de creer que el porno es cierto. Pero el problema es cuando hay quien pone por delante de la realidad ese argumentario previo adquirido que no permite cuestionar. El problema es cuando alguien, infantil y terco, se empeña en negar realidades una y otra vez.

En ese caso solamente queda esperar la cornada. Directamente proporcional al sesgo previo.

Y tenemos dos extremos saltando a ruedos diferentes creyendo que cada uno de los toros les va a querer. Hay uros mejores y peores, más o menos violentos. De la misma forma hay personas que aciertan y se equivocan independientemente de su origen o ideologías, aunque no sé cuando llegamos a la conclusión que estaba de moda creer que sólo se equivocan los otros.

Así que te aviso que se puede abrazar a un toro, por supuesto. Eso sí: lleva tiempo, trabajo, cautela y no olvidar jamás que es un animal salvaje.

Porque la realidad es salvaje y no la materialización ideal de un constructo que te hacía sentir bien, jodido imbécil.

Recuerda a Almudena.

26 de enero de 2026

Que se llama Soledad

Hace unos meses apareció la noticia que comentaba que la aplicación más descargada por los jóvenes chinos era una llamada "¿Estas muerto?" Consiste, únicamente, en entrar al menos una vez cada dos días y pulsar un botón que certifica que todavía sigues vivo.

Sus usuarios son, de manera principal, jóvenes ( cuidado que la adolescencia dura hasta los 32 años) de grandes ciudades que viven con el hecho de soportar la soledad y la incertidumbre de lo que sería de ellos si se mueren. No hay suficiente gato doméstico para tanta persona en descomposición en sus casas.

Cada poco tiempo nos encontramos con noticias de Manolo, jubilado de 86 años que llevaba quince muerto en casa. Nunca es un eremita del campo, nunca es un suceso que aparezca en un pueblo de cien habitantes. Casi siempre es en un entorno urbano, masificado, con vecinos, con servicios sociales. La soledad es inmensamente dolorosa y abundante en un entorno lleno de personas. Las ciudades son ácaros de soledad que van saltando de unos a otros como la lepra, como la pandemia silenciosa que está ahí carcomiendo a los humanos.

Después de darle muchas vueltas puse en entredicho esa concepción tan contemporánea de la necesidad de mantenerse vivo a toda costa. Ya no es solamente lo de la calidad de vida o ese planteamiento tan chulísimo de que la vida es maravillosa. No tiene por qué serlo. El único motivo que encontré para seguir viviendo es tener una razón por la que hacerlo. Porque estás haciendo una catedral con guijarros del río o porque has de ir a una reunión con los profesores de tus hijos a los que han pillado fumando en el water. Porque te quedan unas cosillas que hacer en el fructuoso camino de la consecución de algún tipo de objetivo. Porque no has revisado lo suficiente el informe o porque te han quedado por escuchar los tres cortes de un disco en directo de Supertramp. El motivo es lo que te hace levantarte por las mañanas. Después, como un papalagi, estarás en tu derecho de quejarte y jurar que lo que deseas es estar sin hacer nada bebiendo mojitos en una playa del Caribe. Pero eso también es un motivo.

Algo que no deseo a nadie es, como me pasó, conocer a alguien que decidió quitarse la vida. Lo primero que pensé es cual era aquel dolor infernal que la llevó a saltar desde ese balcón que veo cuando tomo esa curva de la autopista. La conclusión a la que llegué, después de mucho darle vueltas sobre todo a la última conversación que tuvimos, es que se le habían acabado los motivos. Los problemas con los que la conocí estaban resueltos aquel martes. Dejó todo solucionado. Cuando, una mañana a las siete, pasé a recoger a mi compañero de universidad, me dijo que su abuelo había fallecido. Unas semanas más tarde me dijo: "el muy cabrón lo sabía. Nos hemos enterado que cambió el testamento. Además, el taburete de la cocina, ese que siempre cojeaba, por fin lo había arreglado. Es más, dejó afilados los cuchillos y toda la ropa recién planchada. Sabía que se iba a morir y no os lo dijo". Esto es algo que he oido más veces: por alguna razón la muerte, al menos la no accidental, es algo que se ve venir y que te obliga a solucionar aquellas pequeñas o grandes cosas que has ido dejando en pendientes. Supongo que una vez hecho eso solamente hay que esperar. El abuelo de mi compañero se sentó junto a su hija enferma, le cogió la mano y allí se quedó.

Supongo que la modernidad ataca directamente a nuestros sueños y esos también los podemos llamar nuestros motivos. Existen varios momentos en la vida en la que nos vemos obligados a asumir que nunca lograremos alcanzar aquellas ensoñaciones. En ese caso uno se puede volver realista y cambiarlos, como un alpinista que escoge una cima más baja. A veces en vez de ir a Punta Cana se puede aspirar a Benidorm, o a visitar Soria que me han dicho que es precioso. La dictadura social, que es un tiro de farlopa en la sien de la felicidad ( artificial, adictiva y dañina) nos hace creer que queremos cosas que no queremos, por las que luchamos para no conseguirlas y que cambiamos por objetivos sociales que no tienen por qué ser los que nos hacen felices. Ni siquiera la felicidad es un elemento empíricamente demostrable, dado que es una sensación.

En el comercio de egos en que se han convertido algunas ciudades, donde vas y vienes sin mirar a los lados más que para compararte con escalas de valores totalmente falseadas, es perfectamente lógico que el día que Manolo decide no volver a levantarse del sofá nadie le eche de menos. Ni los hijos, ni los vecinos, ni siquiera las compañías de suministros porque la cuenta corriente se rellena con la pensión. 

En China, los McDonalds, están cambiando la decoración para poner mesas de una sola persona. Dicen que es debido a esa costumbre de estar más solo que la una escondido en el mentiroso universo con el que nos estafa el algoritmo. No me extrañaría encontrarme con la noticia de algún chino muerto en una mesa unipersonal de un local sin empleados totalmente robotizado. Y que lleve allí seis meses.

Siempre me he preguntado qué sucede cuando te mueres y gente que dice que son tus amigos piensan que estarás por ahí, con siete vedetes caribeñas, sin tiempo para escribir nada. En realidad no lo son pero es que la amistad es un concepto más prostituido que el amor. Eso es porque no se quiere muchas veces (dicen que 3) y se es amigo de verdad pocas (algunos estudios ponen 5 como cifra). Lo curioso es que se dice "te quiero" con facilidad espantosa y "es amigo mio" se oye bastante como para puntualizar si es tanto como para pararse por la calle a saludarte por tu nombre.

He fantaseado muchas veces sobre mi muerte. No sobre el dolor o el descanso que pudiera contener sino sobre el agujero o no que se quedara en la pequeña parcela de universo que tengo a bien de ocupar. Me he preguntado, en repetidas ocasiones, quien me iba a echar de menos y quien iba a encontrar mi cadáver. No tengo mascotas, así que también puede ser por el olor. Probablemente, al no ser pensionista y sí autónomo, me encontrará el cobrador del gas. Después alguien pondrá cara de pena y dirán que era un hombre excepcional y muy buena gente. Un ser humano bondadoso que no quiso ser una carga para nadie.

Hay una epidemia se extiende lentamente a lo largo del planeta. Infecta básicamente a los núcleos urbanos y aparece el día que los sueños se han vuelto imposibles. Consiste en seres infelices escondidos en sus pequeños cubículos donde, al final, mueren sin hacer ruido. Incluso para eso han hecho una app de móvil: para que digas que estas vivo sin tener que decírselo a nadie, sin interacción alguna.


14 de enero de 2026

Rodeados de Rock Hudsons.

Existe un determinado tipo de persona que, fruto de la publicidad, se acaba de comprar un enorme vehículo con tracción a las cuatro ruedas, importante ángulo de ataque, capacidad de superar profundas balsas de agua, modo de conducción fuera de camino, tropecientos caballos y que se detiene casi en seco delante del primer badén que encuentra en la ciudad.

No es muy diferente a alguien que se viste con unas Dr Martens, unos mitones de cuero, un collar de pinchos, una raya del ojo perfilada en negro carbón y le ves con un Bitter Kas en la mano bailando la canción de la Oreja de Van Gogh que ha pedido en el bar.

Resulta desconcertante porque falta tiempo para carnaval.

Mi abuelo materno, que sobrevivía del trabajo de mi abuela manteniendo a cinco hijos en la posguerra, era un señor que se vestía como si fuese el Conde de Lavapiés pero, después, se hacía colega de los conductores de los camiones de comida del ejército para que se cayera, de vez en cuando, algún saco de azúcar. Probablemente entonces, y me refiero a 1945, la imagen era más determinante que ahora para conseguir que tu entorno te tratara de una forma especial. Hoy en día, curiosamente, si te encuentras a un tipo plagado de collares de oro, un coche aparentemente caro y más marcas que una grada de futbol, puedes apostar que trafica con substancias o lleva, en su lista de audio, seis canciones de Camarón y dos de tecnorumba regettonera.

Vivimos en unos tiempos en que adivinar el tipo de persona que se esconde detrás de una imagen resulta complicado. Tampoco es que me importe demasiado, pero al menos me da algo a lo que atenerme.

Lo que viene a suceder es que, en unos tiempos cargados de contradicciones, los aliades son abusadores, los curas defienden la infancia, los de derechas son pobres y esa chica que te aseguró, mirándote con cara de vicio y complicidad, que te iba a sorprender en la cama lo que hace es sorprenderte porque te pide que apagues la luz, se pone un pijama de franela y duerme a tu lado como un gato mientras tus espermatozoides se preguntan qué ha pasado para quedarse donde estaban. Pocas cosas son, a día de hoy, como se suponen que deberían ser. Las películas de miedo no dan miedo y un tipo con corbata y traje paseando por tu barrio a media mañana es un vendedor de una franquicia de pisos. Ahora resulta que el que crees que te va a robar en la puerta del supermercado es psiquiatra y lo peor que puede hacerte es hablarte de Lacan.

Yo, personalmente, he tenido que vivir toda la vida con pinta de malote festivo que se droga antes de empotrarte. No me he drogado (drogas duras) jamás y podría darte teléfonos de mujeres que pondrían en duda esa idea, aunque también de lo contrario. Ya lo decía Krahe, que es un burdo rumor. En mi caso, al menos, no es una pose, es que me dibujaron así. 

Lo que llevo mal son las poses que luego se quedan en nada. Los del pañuelo palestino o la pulserita con la bandera, importándoles nada los niños de Gaza o la madre patria. Los del coche con alerón deportivo y menos de 100 caballos que van por el carril rápido exactamente a la velocidad máxima permitida, aunque sea 30km/h. Aquel tipo del Opus que me dio una charla sobre la austeridad y, cuando terminó, me enseñó orgulloso sus nuevas zapatillas deportivas de edición limitada. El cliente que aparca en la puerta un coche de 60mil euros y me pide que le arregle, por menos de 50€, su ordenador del 2003.

Curiosamente, la mayor parte de las veces, me encuentro con disfraces de malotes que esconden a niños cobardes tras el volante, el cuero o las pegatinas de Metallica (de las camisetas de Los Ramones prefiero no hablar).

Tengo un conocido, cazador, que cuando le vienen un grupo de pijos con los Porsche Cayenne a una cacería, les mete por zonas de barro donde sabe que se van a quedar enganchados mientras el Land Rover de 1985 las pasa con soltura pero sin asientos de cuero. Hay cosas que tienen que ser lo que tienen que ser: un mecánico tiene las manos sucias, un amigo está cuando lo necesitas y si te compras una moto de carreras, es para correr. Conozco a quien que se compró, a primeros de año, unas zapatillas de deporte del mismo tono que un equipamiento ajustado con el que ir al gym, y no fue jamás. Hay personas que saben perfectamente para qué valen todos los inventos de la zona de complementos de cocina del Ikea, pero no han cocinado en su puta vida.

En 1963 se estrenó "Su Juego Favorito". Rock Hudson es un afamado vendedor de productos de pesca obligado a participar en un concurso pero lo que no saben los demás es que no ha pescado en la vida y que , además, tocar un pez le produce repulsión. 

Pues, a lo que iba, es que más de 60 años después podemos afirmar que estamos rodeados de Rock Hudsons. Parece que son de una forma, se visten, tienen los complementos y hasta los modos de ser de esa forma, pero cuando toca llevarlo a cabo, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Ni te pescan un pez ni pasan con soltura por el badén.