No quiero tener que luchar cada dia como si tuviera que dar pedales en la maquina de supervivencia asistida que me sostiene. No quiero obligarme a buscar otro camino, ni volver a contar todos los vericuetos por que me perdí hasta llegar al momento de contar cómo soy. No quiero echar otro folio a la papelera para enfrentarme a otro en blanco, ni que me duela el silencio cuando no soy capaz de dormir por las noches. Estar valorando, continuamente, si debo de hacer o decir esto o aquello por lo que pudiera defraudar a mi palabra. No quiero que todo sea tan complicado cuando parece que solamente elegimos en el escaparate de la vida pero cuando parece que hacemos click, ya no queda existencia de ese producto y hay que volver a empezar. No quiero hablar por las mañanas, pero quiero hacerte café.
-"Vos no sabés. Quité la aplicasión. Vení buscando algo que no supe lo que era pero estás ahí. Ya no la nesesito."- me relató mi amigo al contarme, después de dar muchos rodeos y ensayar, seguramente, el acento argentino delante del espejo. Hablaba ilusionado de cómo es bonito sentirse, sobre todo cuando hay una serie de datos anteriores que certifican las ganas de abandonar, elegido. Noté envidia.
Sentirse elegido debe ser maravilloso sobre todo si coincide en el momento y la forma en la que se necesita. Calor a medias, pizza recalentada, mojarse en un aguacero inesperado. No debe de ser algo fantástico y perfecto porque, como las canciones que se quedan, es la casualidad la que las convierte en únicas. Con el tiempo y casi por azar resulta que no se han ido nunca y al final son parte de nuestras vidas, los refugios a los que volver en nuestros recreos.
Las elecciones son puntos de inflexión y, aunque se supone que se refuerzan como un cimiento que se asienta con el tiempo, se rompen en sus inicios con una facilidad pasmosa. Conozco, de la primera a la última, todas las canciones de desamor y rabia que se han compuesto. Vienen a mi. Y también susurros pidiendo más vicio en las noches que lo necesitan mis miedos atormentados. No hay nada más volátil que la lucha entre la razón, las cicatrices, la curiosidad y el conformismo,
Me eligieron cien veces y elegí mil. Nunca a la vez. En ocasiones fueron minutos de diferencia. En otras fueron meses. A veces me he despertado de noche intentando volver a lugares que no existen. A veces abrí la boca, tomé aire, pensé las palabras y me callé. Quise creer en las señales y muchas las ignoré.
Y pasa el tiempo. A mi lado, como una frase hecha llena de reproches, hay frío y canciones. Hoy todas son de Carmen Boza.
Tengo sangre argentina. "Vos no sabés. No hagás juisios sin oir a todos los culpables, reputo"
8 de marzo de 2018
Me hubiera encantado escribir estas frases pero no, no son mías. Sin embargo tienen ese regusto al orgullo nunca admitido que tiene la soledad del soltero entrado en años, la soltera que se cuida y que por una u otra razón abre una botella de vino los jueves al llegar a casa mirando por la ventana la vida de los del edificio de enfrente. Tiene algo de escondite y añoranza. Idealismo. Y vuelta al disfraz de la modernidad.
Lo hubiera firmado yo pero no, no son frases mías.