Mal dia para buscar

1 de julio de 2026

El (mal) envejecimiento de las modas y los tatuajes.

Hoy he leído la tremenda tontería que no pintarse las uñas es hacer propaganda neoliberal. Luego, no sé por qué, me he acordado lo maravilloso que les parecía a algunos los tatuajes tribales. Como siempre hay que dar un salto hacia adelante, me vienen a la cabeza las imágenes de adolescentes con cosas chulísimas tatuadas en el cuello e incluso, los más modernos, con diseños de tinta en la cara. Ya sabemos que Victoria se hizo un tatuaje con su primer novio, porque era para siempre. Con el segundo simplemente fue un dibujito que se complementaba con el que se había hecho él. El tercero ya era algo puntual y más escondido. Con el cuarto, el quinto y el último se va a tatuar algo tu puta madre. Los tatuajes son, entre otras cosas, ejemplos bastante claros de los espectacular que parece en la cabeza y un envejecimiento incierto de dicha decisión. Porque a veces quedan elegantes y estupendos pero hay una fina línea en la que un "Carpe Diem" tatuado en el cuello a modo de collar indeleble resulta incompatible con dar ruedas de prensa en tu puesto soñado de portavoz de la embajada Sueca explicando a quien se dan los premios Nobel ese año.

¿Que cosas nos parecían modernas, estupendas y maravillosas hace no mucho y ahora son infamias?

Tunear el coche con llamas y alerones gigantescos. Hablar muy alto con el móvil en medio de la calle creyendo que estas irradiando un estatus social. Las hombreras excesivas. Los oros. Jactarse de tus inversiones en criptomonedas. La exaltación de la vigorexia. Ir de vacaciones a un resort. Mandar una imagen de "Buenos días" con un muñequito sosteniendo un corazón por whatsapp a todos tus contactos. Las drogas sintéticas mezcladas con tecno machacante al estilo de la ruta del Bakalao. Citar a Sabina como si fuera Aristóteles, quizá. Jugar a Squash.

Todas estas cosas cambian con el tiempo y quizá, con sus puntualizaciones, son cíclicas. El Pádel es el Squash del siglo XXI, aunque siempre ha estado mirando desde arriba el tenis. En la edad media estar blanco como la leche era un síntoma de ser un rico porque los pobres trabajaban en el campo y se ponían morenos. Con la aparición de las oficinas fue al revés y al ver a una tanoréxica creemos que es rica en vez de pensar que es la que más algodón recoge. Cosas de los tiempos.

También existen las personas, piénsalo, que llegan tarde a las modas. José Ramón tuvo el sueño, de adolescente, de ir montado en su Opel Calibra con alerón y se lo ha podido comprar con 59, calvo y de sexta mano. Le miran cuando va despacio por el parking de la playa, pero no hay envidia en los ojos de los demás. Al fin y al cabo muchas de todas estas cosas no las hacemos por nosotros sino por la imagen que creemos estar dando. Y, con esa tara tan habitual del ser humano incapaz de pensar a medio o largo plazo, la posibilidad que lo estupendo de hoy sea una gilipollez futura ni siquiera se considera. Hay quien se compró un piso con muchas escaleras, diseño minimal y luces indirectas. Después de la lesión por intentar que su cuerpo de 62 haga lo que dicta su mente de 17 vive, el 90% del tiempo, en la planta inferior. Se ha puesto una cama articulada en el vestidor de la entrada y su dormitorio-ático con vistas es un trastero al que no puede subir. Jenny se puso unas tetas bien grandes de joven y tiene tremendos dolores de espalda por no poder dormir en condiciones. Molaba molar pero ahora camina como la vieja del visillo.

Me pregunto, también, cuántas de las actitudes, elecciones estéticas, formas de vida, bebidas energéticas o esfuerzos de fans incondicionales van a ser ridículas en poco tiempo. Si tu hija se quiere tatuar la cara de Taylor Swift en el culo, que no lo haga. Te lo agradecerá. No te digo yo lo mal que van a envejecer los mil millones de poses de influencer de cuarta división en una hamaca de la playa que se va a grabar este verano.

Siempre he pensado que los refranes, aunque viejunos y simples, terminan teniendo razón. Con los consejos que llevan perspectiva pasa lo mismo.