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6 de noviembre de 2025

Todas las estafas empiezan con un engaño.

Mi experiencia dice que todas las estafas empiezan con un tipo de engaño. Da igual que sea Toni Leblanc haciendo el timo de la estampita en las explanadas de la estación de Atocha sobre los años 60 o que tu prima esté enviando dinero a un supuesto Brad Pitt que se ha enamorado locamente de sus huesos. Más de un ticket del supermercado me lo ha pagado quitar publicidades que parecen en tus dispositivos electrónicos donde me aseguras que no has tocado nada.

Casi recién sacado el carnet de conducir me paró un tipo por una circunvalación de mi ciudad. Nervioso y apresurado me aseguró que me había pasado un accidente y, dado que yo soy imbécil, volví sobre mis pasos con mi utilitario con la intención de ver qué pasaba. Al llegar me aseguraron que el accidente lo había causado yo y cuando me pude dar cuenta ya estaba la policía levantando atestado. El testigo y el del coche magullado, casualmente colegas, afirmaban sin ninguna duda que yo manejaba mi volkswagen polo como Fangio obteniendo como resultado que ellos hubiesen colisionado. Dado que Fangio ganó cinco campeonatos del mundo ( entre 1951 y 1957) era lógico que no tuviera ninguna marca. Al final del proceso mi compañía le reparó el coche y es perfectamente obvio que caí, como un mirlo, en un engaño. ¿Una estafa?, si. Pero el inicio siempre pasa por el engaño.

El engaño puede ser más o menos burdo. Muchas veces apela al egoismo personal. En el timo de la estampita te crees más listo que el retrasado que te cuenta que se ha encontrado papelitos repes. En las criptomonedas es el ansia de ganar dinero a espuertas siendo más listo que el currante de tu vecino.


Por las mañanas, si soy sincero, aún soy de esos que viven ese traspaso de cadáver a persona, vía ducha, escuchando un antiguo transistor con las noticias del día. A eso de las ocho y cuarto suele aparecer un anuncio que me parece brutalmente miserable. Unas personas cuentan, emocionadas, que gracias a no sé qué empresa han pasado de pagar miles de euros en créditos a un poquito cada mes. No te cuentan por qué pero establecen la falsedad de que da igual lo endeudado que estés porque gracias a ellos no tendrás que hacer frente a tus pagos. Un poco más tarde, digamos a las nueve, se publicita una compañía de abogados que viene a decirte que sea lo que sea siempre tienes razón y que si te pones en sus manos tu jefe te pagará mas, el Corte Ingles te regalará la televisión de plasma y jamás pagarás una multa. Da lo mismo que fueras borracho, con un coche robado sin la ITV, en dirección contraria, con un jabalí muerto en el techo y atropellando a una abuela. Con "Lionel Hutz, abogados" se acaban los castigos.


En esos momentos me pregunto si alguien es tan sumamente idiota de contratar esos servicios pero después me llega Feli contándome que le han llamado para decirle que tiene un virus en el ordenador y que solamente les ha dado autorización a cobrar 5€ de la cuenta pero le han levantado 5000€. Que le mire el ordenador. Ella no quiere admitir que ha sido engañada, pero sí. Luego viene Juanjo que le ha llegado un mensaje, al que ha dado, en el que el Banco le pedía que cambiara las claves y, como es muy aplicado, lo ha hecho aunque fuera el Zantandé en vez de Santander. Hay quien se ha llegado a enfadar conmigo porque "¿como va a ser culpa mia?. Es el dispositivo que me has vendido, que se ha metido donde no debe".

Obviamente es de primero de naturaleza humana renegar de la responsabilidad aunque sea obstinadamente cierto el error o la mentira. Ayer configuré cinco teléfonos traspasando fotos y conversaciones de whatsapp de forma íntegra mientras una responsable del gobierno afirmaba que al haber cambiado de teléfono había perdido las conversaciones ( que podrían incriminar a su jefe). Lo decía, en sede judicial, con la misma seguridad de quien ha dado click en un mensaje de un pibón de 25 años que le asegura que se habia levantado esa mañana queriendo enseñarle un pezón a José Ramón. Pobre José Ramón, que en vez de un pezón ha instalado un programa que le bloquea el  terminal a cambio de 100€.

Es curioso haber pensado, en algún momento, que la posibilidad de disponer de casi todo el conocimiento a golpe de click fuera a hacer algo por mejorar al ser humano. Es un error haber esperado que todos los esfuerzos en educación fructificasen en una generación con criterio que se desquite de los errores de sus padres y abuelos. Al contrario. Ha sido mucho más poderoso el engaño que la lógica. Todavía existe quien, cerca de la jubilación, cree que si deseas algo mucho lo vas a conseguir. Le puedes decir que por mucho que yo entrene, lo desee con fuerza y me vea corriendo los cien metros, a mis 54 con la cadera reventada, en menos de diez segundos, no lo voy a lograr. Quizá hasta te lo compre, observando la forma de caminar con flow. Pero luego se van a manifestaciones contra la pobreza y pidiendo que todos ganemos diez mil al  mes. O veinte mil. O cien mil. En Nueva York ha ganado las elecciones un señor de menos de cuarenta prometiendo lo siguiente:

– Crear 200.000 pisos de vivienda social con impuestos a los ricos
– Supermercados comunitarios de propiedad municipal con alimentos asequibles
– Salario mínimo de 30 dólares la hora
– Cuidado infantil totalmente gratuito hasta los 5 años
– Autobuses completamente gratuitos en toda la ciudad
– Prohibir Airbnb y la subida del precio de los alquileres
– Reducir el gasto policial y transferirlo a programas comunitarios sobre salud mental y contra la pobreza

Le va a quedar una Barcelona preciosa. La misma que después de un gobierno que se ha "colau" la ha dejado muy por detrás de lo que era mientras te piden un amigo segarro. Lo curioso de todo esto es que cuando las cosas no suceden, cuando yo no hago los cien metros en diez segundos o se sigue pagando por el autobus o no se crean 184mil pisos siempre hay una excusa: la herencia recibida, el fascismo o una guerra algo lejos. O, lo que ya es una coña marinera: yo jamás dije eso.

Ya se nos ocurrirá una promesa nueva algo más imposible que las demás porque, en realidad, hay una mayoría que desea ser engañada y la democracia consiste en eso, mayorías. 

Pasa exactamente lo mismo que con los banners, las inversiones en criptos, el sexo brutal facilísimo y cualquier cosa gratuita para tí, porque te ha llegado una oferta solamente hoy. Pulsa aquí.


Todas las estafas empiezan con un engaño y hay demasiada gente deseando ( por soledad, pobreza, avaricia o ingenuidad) ser engañada.

Ah, y reacondicionado es de segunda mano. Hablemos con propiedad, MariTere.

14 de octubre de 2025

Música de mentira.

Algunos sabeis que si Perales me cantase que "a qué dedico el tiempo libre" una de las respuestas sería empeñarme en oir un poco de todo. Los algoritmos musicales no han llegado a mi ecléctico nivel. Será por eso por lo que , últimamente, me bombardean con canciones que son COMPLETAMENTE FALSAS.

Por eso he decidido hacer una selección breve.

A partir de aquí todo lo que escuches no existe.









y así podríamos seguir casi hasta el infinito.

6 de agosto de 2025

En internet solo hay pibones.

Sydney Sweeney tiene 27 años. Probablemente no es cosa de ella, sino de quien lleva su carrera, pero se ha convertido en un referente casi mundial. Es cierto que ha realizado buenos papeles en The White Lotus ( que nunca me enganchó) y en Euphoria (que no he visto). Hasta ahí. Entonces, ¿cual es su éxito?. Está tremenda. Ya está, no hay mucho más para certificarlo. No es malo ni machista. Andrés Velencoso también. Está ahí por guapísimo. Jon Kortajarena, que es colega de un colega y cuyo padre es cliente de quien escribe, también. No pasa nada porque alguien disponga de la virtud de la hermosura y admitirlo. Parece mentira que haya que justificarse de una u otra manera. 

Lil Tay, que hasta ayer no sabía quien era, ha batido el récord de ingresos en Onlyfans. Parece ser que , siguiendo la senda de las famosas a pequeña edad, llegó a la relevancia internacional con nueve años. Que se hizo viral en instagram y amasó una buena cantidad de ingresos junto con seguidores. Al cumplir 18 años se supone que se sacó una teta de jovencita en Onlyfans y se ha ganado un millón de euros en tres horas.  Si pensábamos que lo de Hanna Montana era un exceso , lo de Lil lo pone a otro nivel porque tampoco hace gran cosa. En los años 80 interviú lo reventaba todo con los desnudos de famosas, aunque luego la que te excitaba de verdad era la modelo del póster central. El problema, que es el mismo por el que los jugadores de balompié ganan tanto, es que hay quien paga. El segundo problema es que si Mari Tere, de Albacete, que se cree muy guapa y no tiene muchas más virtudes, ve esas cifras, quiere dedicarse a hacer tortillas de patata en pelotas en Onlyfans para pagarse sus vicios. Después se encuentra, con 45 años y sin nada a sus espaldas, haciendo porno amateur por cien euros que le abone Torbe. El 95% de los que dejaron todo para ser estrellas del deporte terminan jugando, cargados de lesiones, en equipos de tercera división regional por la cantidad justa que de para las botas y el alquiler.

Curiosamente si hacemos una búsqueda de las mujeres que más dinero ganan en visualizaciones en internet, están todas buenas. Se sientan con sus cascos delante de la cámara o se hacen sus fotos por aquí y por allá. Desafortunadamente para el discurso de la igualdad navegan entre el filo de la seducción demasiadas veces. Hay muchos escotes y faldas muy cortas. No se lo impone nadie pero, como una confirmación de la hipócrita sociedad en la que vivimos desde nuestras íntimas pantallas, es una forma de monetizar generosamente el tiempo invertido. ¿Que hay hombres que hacen lo mismo?. Por supuesto que Jordi Wild podría usar camisetas de su talla, pero analizando el contenido hay una diferencia. Por supuesto, igualmente, hay mujeres que independientemente de su belleza realizan contenido interesante y elaborado. Los pibones ganan más. Las modelos ganan más que los modelos. Las actrices porno ganan más que los actores porno. Ninguna niña de 18 años, superdotada y que ha resuelto un problema matemático con siglos de antigüedad, va a ganar un millón de dólares en tres horas.

Ante toda esta obviedad hay quien grita muy fuerte y se le llena la boca con eso de los cuerpos normativos pero cuando está en la playa no se le van los ojos detrás del gordo mugroso. Supongo que es la misma persona que se manifiesta para que los alquileres bajen pero si hereda intentará sacar lo máximo por el piso de la abuela. Está estadísticamente demostrado que la gente guapa lo tiene más fácil en la vida. No por ellos o por una sociedad maléfica sino porque los interlocutores, cuando tienen delante a alguien guapo, se relajan y son más permisibles. Eso, igual que el gato que te pone carita de pena para que no le castigues, es algo que se utiliza por parte del Adonis o la Afrodita.

Por mi parte tuve una temporada, allá por los años 90, en los que afirmaba que como ya no me quedaba atractivo físico tuve que desarrollar el intelectual. Es muchísimo menos rentable a corto plazo, afirmo. Supongo que si tuviera unas buenas tetas llevaría tremendos escotes. Lo de hacerme un OnlyFans lo veo más complicado. Tampoco entiendo cómo, habiendo tantísimo porno en Internet, hay quien paga por ver una teta en particular pero acepto el hecho de que cuando puedes llegar a pensar que esa teta está solamente para ti, aunque sea la de Mari Tere, te da un gustito especial.

El caso, y como conclusión, es que por supuesto que hay quien comercia con su cuerpo y es perfectamente lícito siempre y cuando lo haga de manera libre y por la pasta o por el gustazo. Es una actividad que desarrollan mucho más las mujeres que los hombres, y eso no es un problema. Pero pasa lo mismo que con Sydney Sweeny, que es porque está tremenda. Y lo sabe. 

No lo hace porque esté sometida a una sociedad machista miserable sino porque quiere y porque quiere más pasta. Si alguien se lo paga, es su problema. Si pagásemos más a los que explican la teoría de la relatividad con manzanas aunque lo hagan con un jersey de cuello vuelto, llevaría jersey de cuello vuelto e intentaría sacar un doctorado en física.

8 de abril de 2025

Los falsos directos

Dentro de los avatares de la vida y de las enseñanzas que a uno le llegan sin pedirlo y solamente fijándose en los detalles, tengo a bien conocer a un Comunicador. una de las cosas que hace, a veces, es guardar entrevistas en la recámara y programarlas en un determinado día. Al verle, desde el salón, da la sensación que a esa hora en la que ya estás pensando con qué ropa vas a dormir, está trabajando para entretenerte. Que mientras tu ya has puesto el piloto automático de vivir en vez de trabajar, él todavia lo hace. Efectúa preguntas. Pone pequeñas trampas, según la afinidad con el entrevistado. Hace algún chiste. Cambia el ritmo de la tele e incluso, a veces, deja que el invitado se meta en charcos para ver si, de ahí, sale algún viral.

Lo cierto, analizando los detalles, es que no es directo. El truco, que es fácil como una navaja de Ockam, es llevar la misma ropa con cada uno de los invitados. De esa forma la cabeza del espectador asume que es el mismo instante pero no lo es. Es, lo que se llama, un falso directo.

En un falso directo no se miente, porque no se da la hora. Tampoco se dice la verdad al respecto, porque es irrelevante.

La mejor manera de robar, según mi teoria de cumplidor de las normas, es aparentar que no sucede nada. Supongo que la actitud, vacilante y atenta, de algunos ladrones es lo que les delata. La mejor forma de colarse en una fiesta es no esperar la cola, acercarse a la puerta, dar las buenas noches y pasar orgulloso al lado de los de seguridad, Actuar, en realidad, como si fuera algo que tienes asumido como lógico y que han de detener desde la contraparte. Si no das cancha al análisis y la obligación de detención por el adversario ya tienes algo ganado. Es empezar un partido con un gol a favor.

Una de las cosas que tiene la tecnología, aparte de la eliminación de puestos de trabajo por el abaratamiento de costes, es su capacidad de generar falsos directos a cualquier hora del día. Puedes conversar con una inteligencia artificial a la hora que te de la gana y sobre el tema que te de la gana sin que te lleve mucho la contraria y, sobre todo, con la principesca sensación de ser el centro de dicha interacción. Te puede haber gritado tu jefe por inútil, rayado el coche un repartidor en patinete, abandonado tu pareja o incluso quedarte sin leche en la nevera porque cerraron el supermercado justo cuando llegabas pero enciendes tus dispositivos electrónicos y ahí están, diciendo que ese contenido es para tí. Que ese premio es tuyo si pulsas el banner. Que han buscado canciones que saben que te gustan. Que eres especial, en definitiva. Y si, es una máquina. Podríamos decir que es un falso directo. Sin embargo juega con saber que es algo que te reconforta.

En oposición a un mundo en el que hay que lidiar contra la irrelevancia, la tecnología bombardea con la idea de que eres especial y que lleva todo el día esperando que llegues a casa para darte tu serie, tu canción, tu premio o tu noticia favorita.

Es mentira como el falso directo, pero una parte de nuestra cabeza ignora esa obviedad e intenta dejarse llevar por el espejismo.

Como una prostituta amable y servil las mentiras que nos hacen sentir especiales, aunque sea un rato, resultan ser las drogas tecnológicas en las que vamos cayendo cada día hasta que nuestra cartera se queda vacía. Y la cartera tiene nuestro dinero, o nuestros datos personales, o nuestros gustos que van a ser vendidos a otros postores. A veces pagamos simplemente con el tiempo que dejamos de emplear en ser nosotros mismos.

Resulta desconcertante cómo los falsos directos, en el sentido más amplio de la palabra y con trucos sencillos pero efectivos, son mucho más habituales de lo que pensamos. No estás hablando con una persona de la misma forma que esas entrevistas no las están haciendo ahora. Y, sobre todo, nada de todo eso que te juran que es exclusivamente para ti, como una oferta de último minuto, es para ti.

Eso sí, es mucho más entretenido creérselo.

12 de marzo de 2025

Diógenes y vergüenza digital.

En algún sitio están guardadas todas y cada una de las soplapolleces que escribiste en un dispositivo electrónico en algún momento de tu vida. Muchas veces me pregunto el motivo por el que un americano rico o un chino avaricioso quiere tener copia de las ocurrencias que les envío a los amigos, los desgarradores mensajes de ayuda creados en algún momento y seguro que los borradores no enviados de las declaraciones de amor que, por orgullo o absurdo comedimiento aprendido, escribí.

En algún servidor, encriptado o de libre acceso, hay más de una foto que siempre negaré y tres o cuatro mil errores que parecían espectaculares en mi cabeza allá por 1998. Supongo que si nos viéramos, gracias a una máquina del tiempo hacia atrás, sentiríamos vergüenza. Si tengo escondida la orla en la que aparezco en el mismo flequillo de George Michael cuando se le suponia hetero, también quiero que desaparezca aquel momento en el que, vestido con un guardapolvo negro con hombreras, salía por la calle creyéndome el nuevo componente de Duran Duran.

Tecnológicamente hablando ese síndrome de diógenes digital que tienen las compañías modernas tiene que ver con la idea de poder revender o monetizar parte de esos datos. Programar un bot, aburrido y cotilla, para que se lea todas las mierdas y sea capaz de sacar conclusiones a partir de nuestros más íntimos comportamientos. Esas conclusiones pueden ser sobre lo que nos gusta comprar o vender, lo que nos apasiona o no y esos grados de separación que nos relacionan con el mundo. Cuando a ella le gustaba Depeche Mode a mi me aparecían opciones para comprar entradas de sus conciertos. Cuando, más tarde, ella se compró una moto, a mi me salían ofertas de naked. Desafortunadamente ahora estoy cansado de que aparezcan páginas para hacer feliz a los solteros y me jode, mucho, que me certifique una puta máquina sin sentimientos, que soy un incompetente sentimental.

Curiosamente los análisis de comportamientos llegan hasta el punto de poder determinar, con muy poco error, nuestra edad, capacidad económica, estado sentimental, salud, gustos, biorritmos y hasta hábitos sociales. El gps de nuestro móvil, las pulsaciones de nuestro reloj, el sistema operativo de nuestro ordenador y todas nuestras búsquedas. Pero también nuestras conversaciones, fotos y contenido de correos electrónicos. Nada es gratis en la vida.

Quiero pensar que, de la misma forma que lo pensábamos de los bibliotecarios que habitan los sótanos de los almacenes de los libros perdidos y se sientan en una mesa, con un flexo amarillento a leer, existe alguien en el extremo de los grandes centros de datos que, a través de su terminal vintage, pasa las horas viviendo la vida de los demás a través de sus mensajes encriptados. John Smith Washington, que logró con esfuerzo su master en análisis de datos, se dedica a fantasear con la vida de Jessica Wilkinson, de Oklahoma, a través de su azaroso whatsapp. Traspasando las normas básicas de confidencialidad ha decidido bloquear los mensajes de Gary Johhanson porque sabe que ese chico no le conviene. Ella cree que le ha bloqueado pero es el ángel de la guarda del centro de datos de Ohio, que la cuida anónimamente. Quizá no me llegaron tus mensajes porque alguien ha llegado a la conclusión que no te merezco.

Yo borro las conversaciones por norma. Es algo que me hace sentir mejor porque conozco el mecanismo de mi memoria. Ella es una aliada y es capaz de mejorar, ocultar e incluso inventarse recuerdos con la premisa necesaria de mi salud mental. Por eso mismo borro toda aquella literalidad, que vista en perspectiva es fría y avergonzante, y me quedo con el recuerdo de las sensaciones que aquello produjo en mi. Es mucho más bonito recordar un beso que verte besando torpemente.

Pero me produce pavor saber que en algún sitio están guardadas todas y cada una de las soplapolleces de mi vida digital, porque no tengo excusa. Era así y hoy soy otra persona. Si me sacas de contexto o juzgas un instante desde el presentismo, seguro que salgo a perder.


16 de marzo de 2024

Matchmaking

Los algoritmos tienen su gracia. Algunos, si no la mayoría, se piensan con criterios obvios pero no públicos. Quizá por eso a muchos les gusta hablar de los intereses ocultos de las grandes confabulaciones que hay detrás de la tecnología que nos rodea. El matchmaking es uno de ellos.

Básicamente, si nos vamos a la elección que la máquina hace para escoger un contrincante para ti, consiste en seleccionar aquel que regule el nivel de dificultad pero no te quite las ganas de seguir jugando. El algoritmo elegirá a alguien a quien no te resulte facilísimo o imposible ganar porque sabe, de ambos, vuestras capacidades y os ha catalogado previamente en uno u otro saco. Obviamente, y casi como el vida real, si te has hecho el tonto muchas veces ganarás con facilidad y si vas de listo te darán más bofetadas que las que recibió Jorge Maromero Paez al final de su carrera. Lo que no hace es ponerte a competir con los mejores porque se te van a quitar las ganas y vas a dejar de jugar.

Cuando era un niño, aproximadamente con doce o catorce años, me gustaba el tenis. Tenía la percepción, probablemente equivocada, de haber superado el nivel de mis amigos y cogi mi bicicleta junto con las raquetas de mi funda completa de Donnay para localizar contrincante en alguna otra pista. Encontré a un caballero, bastante mayor que yo entonces, con un buen drive, y le propuse jugar un partido el dia siguiente. Allí me presenté dispuesto a dar lo mejor de mi y me metió un 6-1 , 6-0 como un puñetazo en las costillas. A partir de ahí me dediqué al baloncesto, al frisbee y a la bicicleta, pero no al tenis.

Una de las cosas que tiene la educación moderna es la obtención de premios. Los niños reciben premios únicamente por participar y podemos razonar que si no hay una enorme recompensa en el triunfo o en el sacrificio necesario para ser primero, si el primero y el último del maratón son recompensados igualmente, se te quitan las ganas de correr. Haber matado la meritocracia a golpe de mediocridad da alas a una legión de estúpidos solicitantes de sus premios.

Al final lo que hace el algoritmo es emparejarte con seres más o menos iguales para mantenerte activo en tu mediocridad con la falsa creencia de mejora inexistente.

Las aplicaciones de citas funcionan de una forma similar. El programa ha catalogado tus fotos, conoce el tiempo que gastan otros usuarios en verte, valora si tienes conversaciones más o menos largas y busca, entre ellas, palabras clave que determinen si ha sucedido algo más. Con eso te mete en un saco y te va mostrando de forma interesada alimentando las estadísticas para afinar, cada vez más, la forma en que juega con ciertas ilusiones amatorias. El algoritmo no quiere que salgas de ahí pero sí desea que creas que eso es posible. Es como un traficante que te da y te quita dosis pero sabe que necesita convertirte en un yonki. Quizá por eso tiende a cruzarte con gente chalada, porque cuando fracases volverás.

El principal problema que tienen esos algoritmos es que su éxito reside en mantener al usuario siempre en el mismo lugar, a ser posible un lugar de extraña comodidad. Y es extraña porque nos sabemos desenvolver aunque estemos intentando salir. Los toros de lidia, en los campos de la Salamanca más cercana a Portugal, viven en cautividad pero ninguno salta el muro de medio metro que hay entre sus pastos y la libertad. Las recomendaciones musicales que te envía internet son clones de lo que sabe que te gusta para que veas el anuncio del siguiente video.


Obviamente todo se reduce a una cuestión de dinero y la búsqueda de rentabilidad. Si la música de la discoteca está muy fuerte forzarás la voz, se secará tu garganta y pedirás otra copa. El negocio está en la bebida o en que pases más tiempo dentro de la aplicación creyendo que la próxima pantalla será la definitiva.

La otra opción es pagar. Entonces la estadística, como contraprestación, te proporciona resultados mágicos. Haces más match con gente que parece más atractiva, las canciones son mejores o te incluyen tres copas con la entrada. Si le hubiera dado dinero a mi contrincante es probable que se hubiera dejado ganar en el tie break.

En los tiempos del matchmaking, realmente, el objetivo es mantenerte en tu lugar cercenando las posiblidades de mejora o de evolución. Establecerte en un sitio caminando en círculos ocultando, interesadamente, que existen otros. Si sé que te gusta la pasta te ofreceré ravioli, macarrones, espagetti, fideos y tortellini, pero jamás un plato de cocido. Por supuesto que te mostraré únicamente a gente que le guste la pasta hasta que llegues a la conclusión de que el mundo es justamente así. Y me contarás lo mucho que te gusta y todo lo que sabes de comida. O de música. O de las personas.

13 de noviembre de 2020

500 ( 100 ) primeras citas.

Un tipo, al que imagino metódico y quizá con alguna psicopatía, ha realizado un análisis estadístico de 500 mujeres con las que ha tenido algún tipo de contacto bien sea por redes de contactos, personal o físico, durante unos años. La gráfica es la siguiente:


Así que, resumiendo, ha contactado con 500 mujeres. De esas ha quedado con 100 ( a lo largo de dos años). Se besaron 41 veces, estaban dispuestas a tener sexo 24 pero lo tuvo con 16 ( en la primera cita). La mitad de las veces fueron ellas las que dieron el primer paso y hablan de sus hijos, de sus ex o de sus depresiones. La inmensa mayoría llegaron tarde, casi las mismas estaban más pendientes del teléfono que de él y solo 3 confesaron estar enamoradas nada más verle.

Obviamente no es una estadística científica ni fiable porque no conocemos al muchacho ni a las que componen el estudio. El grupo de control siempre es importante para dar fiabilidad al estudio. Hay que tener en cuenta que una vez tuvo que poner una denuncia, que 9 le pidieron dinero o que 4 lloraron en la primera cita. 13, y eso me parecen pocas, le hicieron ghosting después ( lo de no contestar para ver si te aburres y te vas sin que te hayan bloqueado, como hicieron 2).

Y más que un análisis de cómo funciona el asunto de las relaciones ( que no es el amor ni el sexo aunque te puedes enamorar y puede que eches un polvo) tiene más que ver con el asunto de la manera en la que algunas mujeres ven su situación relacional en el mundo. Mujeres que intentan hacer lo que creen que hacen los hombres, mujeres princesitas que reaccionan a golpe de adulación y mujeres fatal , que diría Sabina.

Mujeres que en un 38% no se parecían en absoluto a lo que contaban en sus perfiles, esos lugares en los aparecen haciendo deporte y siendo quien les gustaría ser.

Por eso lo importante es encontrar a alguien que conozca sus taras y sea la misma persona que se cree.

No es fácil. A mi me pasó 4 veces ( solo una por internet) y la cagué 3,5 veces. Me gusta repartir la culpa en uno de los casos. 

Por eso el las tapas del yogurt ponía "sigue buscando. Hay miles de premios"

3 de diciembre de 2019

Seres perfectos: críticas de una estrella.

Hubo un día en el que Houellebeq me comentó que podría escribir mejor si cambiara algunas cosas. Sabina hizo comentarios sobre algunas de mis letras. Arzak estuvo explicándome la temperatura a la que freír los huevos. Nadal me sujetó la mano para coger la raqueta en la forma en la que el drive fuera más ajustado a la línea. Wozniak mejoró una rutina para optimizar la memoria del ordenador. Amancio dio unas pinceladas sobre la manera de optimizar la logística de mi negocio.

Pero luego llegó un gilipollas perfecto y me puso un comentario negativo en Internet. "Una puta mierda"- decía. Daba lo mismo que fuera un libro, una canción, un huevo frito, el resto de un saque, un driver en windows o que el camión llegue más tarde. Le busqué en Internet y oscilaba, bipolar de los comentarios como si no tuviera otra cosa que hacer, entre lo maravilloso y lo apocalíptico como si tuviera criterio, como si supiera discernir entre lo infernal y lo divino.

Vivimos rodeados de seres perfectos que todo lo hacen bien, que nunca se equivocan, que son los mejores en todo. Seres con la superioridad moral de decir cómo debes hacer tu trabajo y con la capacidad de criticarte.

Los mejores cocineros, los mejores hosteleros, los mejores informáticos, escritores, panaderos y críticos de cine son aquellos que no han hecho nada de todo eso. Con un gran vacío experimental lleno de nada sientan cátedra con sus estrellas incapaces de pensar si se reflejan, joden o simplemente hacen un ruido muy molesto.


Esos tipos con complejo de jubilado detrás de la valla diciendo lo mal que se hace todo pero que no saben coger una pala.

Pd: "Tiene poco producto. En internet hay más"- me puso ayer uno negativamente. Otros seres perfectos leen sus críticas. Local guide, dice su perfil. Es perfecto: nunca mea fuera de la taza.

27 de septiembre de 2019

Activismo de tuit y de reclamación.

Hay un vídeo ejemplarizante de lo que quiero contar. En él un adolescente cuenta, en calzoncillos y con una camiseta a juego del nuevo accesorio de su iphone, que tiene un invento que le hace estar tecnológicamente por encima de los demás y más a la moda que el Capitán América. Cuenta lo bonito que es, lo moderno y lo maravilloso. Cuenta, en un alarde tan cuidado como su tupé, que si tira el teléfono al suelo el invento lo protegerá. Y lo tira. Y se rompe. Entonces dice, obviando el hecho de que el que lo ha tirado al suelo es él mismo, que mañana mismo pondrá una reclamación.

Lo curioso es que si bien algunos no son especialistas en nada, el arte de la reclamación es algo que dominan con creces.

Yo vivo en un mundo donde una reclamación es un acto excepcional pero descubro que para algunos es un medio de eximente moral de la estupidez. Hay quien demanda al gps porque le ha levado por mal camino. Quien reclama porque el teléfono que se compro 300€ más barato no era el del anuncio. Quien sale llorando en la tele porque ese alquiler de 100€ al mes de un coqueto apartamento en el centro era, en realidad, un zulo.

Se pone la reclamación,  la denuncia, la queja dramática y perfectamente decorada. Se pone a Greta llorando contra el cambio climático y se espera a que todo se solucione solito porque ya sabemos que el dueño del Primark se sienta en su despacho y piensa "joder, hay miles de firmas en Change contra la explotación infantil. Quizá debería de usar adultos y pagarles bien sin subir los precios". Todo el mundo sabe que los diputados en España van a renunciar a 6000€ porque haya quejas en Twitter de la misma forma que tú vas a devolver algo que te han ingresado en la cuenta. ¿O si?. Y si no se hace caso a tu reclamación, pues empiezas a poner comentarios en contra en internet para arruinar a quien haga falta. Porque internet, ese lugar al que parece que hay que hacerle caso, tiene ejemplos como el tipo que puso a un cobertizo como el mejor restaurante de Londres gracias a comentar con miles de cuentas falsas.

Estamos entrando en la era de la queja por cualquier cosa, del simbolismo dramático. En cataluña se hace de el homenaje al bolardo caído un ejemplo de resistencia al invasor español pero nadie se ha sentado a preparar un plan para pagar las pensiones (o controlar las fronteras, o el espacio aéreo, o a gestión de la electricidad) el día después de la república. Vamos a quejarnos y lo de mancharse las manos o asumir responsabilidades, si eso, que lo hagan los demás. Mientras tanto hagamos publicidad de la defensa de lo que creemos que merecemos aunque no hayamos hecho nada por su consecución más allá de desearlo, como un adolescente que se va de casa y descubre, atónito, que la nevera no se llena sola.

Se buscan mil y un problemas que en realidad lo son pero que no es nuestra culpa y , además, no podemos solucionar ni solos ni en el breve espacio de tiempo que dura un tutorial de youtube. Y se hacen comentarios en Internet a favor de liberar a las gallinas oprimidas,  los contratos basura, el coltan del congo o las dictaduras disfrazadas de democracias que no nos permiten ganar más pagando menos por lo que consumimos. La culpa siempre es de otros y con un tuit se debería de solucionar todo. Vamos a quejarnos haciendo fotos de nuestras pancartas imaginativas

Activismo de mentira a golpe de like. Y muchas reclamaciones. Sobre todo las que haces tras haber tirado tu teléfono al suelo como un gilipollas.

24 de julio de 2019

Los nuevos vendedores de enciclopedias

Vivimos tiempos de egoismo dramático.

La web del Alcampo de Sevilla se ha equivocado. Puso, por un ratillo, una PS4 a un céntimo. Obviamente, y no hace falta ser muy inteligente, es un error. Pero como internet es como es una manada de trolls compraron un buen montón de consolas. (Algunos hasta 80) con idea, sin miedo de admitirlo, de venderlas después  y sacarse un dinerillo. Al descubrirse el problema Alcampo ha cancelado los pedidos. Entonces empiezan los mensajes diciendo que es explotación, robo, ladrones, miserables... hacia el vendedor y exigiendo lo que han comprado con argumentaciones en las que parece que el vendedor es un nazi matando judíos.

Hay un ejemplo que a mi me gusta poner: si a un tipo le da un ataque al corazón en la calle y al caerse se le ve la cartera... quitársela es problema del infartado porque no debería ponerla tan fácil.

Ese argumento empieza a ser habitual. Robar, porque es robar, basando las acciones moralmente discutibles en bases legales donde la culpa siempre es de otro, parece que no es robar. Pero lo es. 

Las reclamaciones a los seguros de móviles aumentan un 40% cuando se acerca el lanzamiento de un terminal nuevo. ( se han detectado 146.000 casos)

¿Cual es el problema? Que se cree que lo peor que puede pasar es quedarse como estás. Sin ps4, sin cartera. Debería de existir una pena por aprovechado, caradura, gualtrapa. Denunciar a ver qué pasa es un deporte nacional sin un castigo.

Ahora parece que todos quieren ser lo que fueron los vendedores de enciclopedias a domicilio en los 80 y 90. Esos que decían que tenían que engañar al cliente porque, y es una respuesta que me dio uno una vez,  si no lo hago yo lo hará el próximo que venga.

12 de julio de 2019

Su hipócrita favorito

En 1964 se estrenó "Su juego favorito", una película protagonizada por Rock Hudson en el que él es un supuesto experto en pesca, que vende artículos de pesca y que ha escrito un exitoso manual de pesca pero que, curiosamente, odia pescar y le un tremendo asco tocar peces. Incluso no sabe ni nadar.

Él es perfectamente consciente que no puede enfrentarse a la participación en un concurso de pesca y cuando eso le sucede,  se descubre su torpeza y la farsa que tenía construida.

Pero , y ahí está la clave, es consciente.

Hoy en día vivimos en un mundo en el que todos son expertos en algo, incluso dan lecciones en Internet. La diferencia es que son incapaces de admitir que no tienen ni idea. Me da igual de pescar, de tecnología, de trócolas inversas, reiki o inversión en monedas virtuales.

Y cualquiera les lleva la contraria.

Ayer una señorita contaba, indignadísima, lo vergonzoso que es que los políticos y algunos empresarios no paguen impuestos en España. Después, muy poco tiempo después, contaba lo maravilloso que es Amazon. No pude evitar preguntarle si conocía la ingeniería fiscal de esa compañía y , como no puede ser menos lista que nadie, dijo que por supuesto. "Entonces"- le dije- "tú eres cómplice de defraudar impuestos". "!No!- dijo con indignación- eso es culpa del gobierno". Le expliqué que hay miles de opciones de compras por Internet que cotizan para ella, para el médico que la  tiene que tratar o el profesor de sus hijos. Que incluso el precio (que suele ser el argumento) es igual o inferior. Sin embargo seguía enfadada. "Me ha llamado tonta"- comentó. Y yo le dije que tonta no, pero cómplice,  si. Que no debería de recibir asistencia médica ya que no está de acuerdo en que se exija el pago de impuestos en el país donde se genera. La culpa no es mía, es del gobierno"- continuaba en bucle. La culpa siempre es de otros. Me dejó de dirigir la palabra con  desprecio.

Y era una experta. Era una persona que daba lecciones. Hubiera sido más sencillo hacer la de Rod Hudson: reconocer que es un fraude.

"Su juego favorito" acaba bien. La hipocresía que nos arrastra socialmente, no estoy tan seguro.

Bienvenidos al A Prime day de los cómplices en ingeniería fiscal. Luego se van a primark a colaborar con la explotación infantil o vuelan en Ryanair a manifestaciones contra los contratos basura mientras piden un deliveroo . Enhorabuena. La culpa es del gobierno.

Yo conozco a uno que dice que si un tipo se cae en la calle y le asoma la cartera es lícito quitársela porque... coño, no haberte caído.

14 de febrero de 2019

San Valentín en los tiempos de las apps.

(De un relato.Literatura)


Hay componentes del mundo que están desapareciendo de una manera galopante. El contacto humano es uno de los primeros. Los supermercados y los bazares son una forma de ir de compras sin  la necesidad de hablar con nadie. Pero tienen el problema del contacto visual al menos a la hora de pagar. Cuando llegó internet se podía comprar sentado en el wáter. No es la logística ni la amplitud de gama. Es la posibilidad de llevar a cabo el proceso sin tener que interactuar con ninguna persona. Como es lógico eso llegó al mundo de la seducción. Una foto que pueda ser más o menos intrigante y que nadie sabe en realidad si eres tú. Esperar.  Hacer un match. Hablar y hablar. No hace falta peinarse, quitarse los pelos de las piernas o esos tan rebeldes que salen por los agujeros de la nariz. Se puede conquistar a otra persona sentado en el wáter y sin decir ni una sola palabra. No hace falta ser alto, guapo o incluso listo. Hay que ser ocurrente y algunos copian y pegan frases sólo con la intención de continuar el juego. Verse, hablarse, mirarse e incluso dudar con el tono de voz son demasiados elementos como para no fracasar en alguno. Hay quien ha pasado más de una noche en vela contando cosas y descubriendo enfoques de su cuerpo y de un cuerpo ajeno que si bien no suple a la verdad entusiasma a distancia. Hay relaciones eternas que no han intercambiado una mirada. Hay sexo sin poder olerse complementando las noches con instantáneas que adivinan las formas que imaginamos. La falta de datos o el control de los mismos nos puede hacer creer que hemos encontrado una perfección sólo y exclusivamente porque la otra persona es consciente de sus puntos débiles y esos, justamente esos, no se mandan por whatsapp. Incluso whatsapp es demasiado íntimo y pasar de una aplicación de contactos ahí ya es casi como subir a casa a tomar una copa. 


8 de noviembre de 2018

Justicieros gilipollas. Malditos.

España es un país de justicieros. Y de gilipollas.

Ayer salia la noticia de que un buen grupo de justicieros españoles, defendiendo la integridad moral de la patria, habían decidido como buenos jueces del supremo que Dani Mateo, la sombra alargada de la gracia más recalcitrante del único programa que sigue haciendo chistes de Rajoy, era indigno de vivir como una persona. Así que gracias a la contrastadísima información de un twitt decidieron hundir un restaurante propiedad supuestamente del sr Mateo. Y fueron en hordas a por él. ¿A quemarlo?. No, por favor, qué poco moderno. Vamos a ponerle puntos negativos en Tripadvisor y luego juntar las puntas de los dedos como hace el malvado Sr Burns de Los Simpsons. Claro que además el restaurante en cuestión no es del sr Mateo y ahí están, los gilipollas justicieros, jodiendo a un tipo que probablemente estaba trabajando sin saber el motivo por el que le venían las hostias.

En España, que no sé si sucede en otros lugares del mundo, hemos arrasado con la vida de uno al que le pusieron la foto diciendo que era pederasta. Hemos matado miles de veces a Samar Badawi sin tener ni puta idea de quien es. Hemos ensalzado a actores porno diciendo que son grandes científicos. Hemos metido a Albert Rivera como narcotraficante gracias un chiste de Monedero. Miguel bosé ha muerto más veces que su gato y antes que existiera Internet. 

Unas cuantas verdades: Urdangarín sigue en  la cárcel, Ada Colau no ha declarado la guerra a los españoles, ser gay no sumará para ser funcionario con el psoe, no se han prohibido los villancicos por la igualdad de religiones, no hay tuberculosis en Nájera, echenique no ha dicho que Nadal sea un imperialista, la revista Time no considera a la Policía Nacional como la mejor del mundo, Amancio Ortega no ha comprado 100 millones de Bitcoin... (son todos bulos reales)

Existe más de una página para contrastar los bulos y a veces sólo hace falta aplicar el sentido común o buscar tres segundos, pero es mucho más divertido creer que desde casa, haciendo clicks (no de Famobil), se equilibra el universo.

Y luego, además, todos esos que van por ahí ajusticiando, se quejan de que el sistema quiere manejarnos. Los mismos que no se preocupan si la foto es real, si acaso le están jodiendo la vida a un inocente o si los datos son verdad o mentira.

El problema de Internet es que si escupes para arriba, no te cae en la cara  porque no hay gravedad.

No he visto a nadie perdiendo perdón en sus publicaciones justicieras. Perdón pero por gilipollas.
Leed, leed, malditos.

Extra: Queman a vivos a unos por un bulo de whatsapp.

10 de agosto de 2018

Istas. Comparte si estás de acuerdo

Hay un determinado tipo de persona o personaje que bombardea como si fuera una metralleta las redes sociales con sus múltiples grados de indignación. Feminista, animalista, comunista, dietista... un "ista", en general. Es el mismo tipo de personaje que lo mismo te pone la foto de un  actor porno contando que le  han dado una beca por ser el matemático más veloz como te habla de ese video del tipo repartiendo documentos entre los escaños (del parlamento ucraniano). Es quien te pone fotos de presos peligrosos, de un  pederasta de tu pueblo o de unos que van por ahí engañando a las viejas para que contraten, mucho más caro, el gas. Los que jamás preguntan si esa noticia es más o menos verdad y que deben de tener un gen especial que les hace ser una especie de reporteros de "El Caso" a los que lo único que les importa es lo escandaloso del titular, aunque sea de elmundotoday.

Comparte y difunde, firman.

Son los que ponen fotos de Franco como si hubiera vuelto a la vida, pistola en mano, a matar personas de bien al exhumarle de la tumba. Y los que si oyeran a Hitler sin saber que es Hitler, repetirían sus frases (Recuerdo la maravillosa película "Ha Vuelto")
También son los que ponen un cero más allá de las víctimas de la inmigración salvaje del siglo XXI o no tienen ningún reparo en poner fotos de niños muertos de la misma forma que ponen fotos de sus perros o de sus hijos comiendo copiosamente de vacaciones junto al mismo mar. Los que copian  ese mensaje en el que exigen a facebook que respete su privacidad (en facebook).

Son los que escupen a los toreros, los árabes, los curas o los  de albacete para pedir después trato igualitario a todos independientemente de la manera de pensar de cada uno. Los que se quejan de los falsos autónomos y luego se apuntan a un sorteo de deliveroo o de Amazon. Los que firman en Change.org contra los que hacen negocio con los sentimientos en internet. Los que señalan con el dedo pero no sale su cara en el perfil. Odiadores (haters) de salon. Indignados por todo y ademas cada día por una cosa nueva. Son los que hablan del derecho a sentirse catalán pero no español (o al revés). Da igual. Hablan de micromachismos, de vergüenza, de indignación, de jubilados indigentes por culpa de unos gobiernos salvajes que roban como bellacos, del aborto en Argentina pero sin darse cuenta que es Argentina porque no han leído la noticia. Hablan del trabajo de la mujer del presidente, de unos bancos que no devuelven el dinero aquí pero sí en Alemania, de un vídeo que no te podrás imaginar lo que sucede después.

Ponen noticias sin leerlas, sin criterio, bombardeando. Ya me tienen  hasta las mismísimas narices porque siempre parte de algo nuestro que les parece un asco y que nos hace ser miserables pero aparte de poner una y otra vez cosas reales, falsas o de otros... no hacen más. Istas, por definición, que saturan de mierda y sin criterio con todo lo que les da la gana. Las noticias falsas o interesadamente exageradas tienen en ellos megáfonos.

Istas, que no indignados. A golpe de click.

7 de junio de 2018

Jubilados millenial

Conozco a alguien que tiende a definir a la cultura millenial como un conjunto de seres tremendamente decepcionados por el mundo que les ha tocado vivir. Que han llegado a la conclusión de preocuparse por su culo, echar la culpa siempre a algo ajeno y procurar unas rápidas satisfacciones personales basadas mucho más en el objetivo que en cualquier otra cosa.

Tener un título es más importante que saber.

Por otra parte, de una manera casi mágica, han descubierto gracias al gran mentiroso y mal educador que es Internet, que todo es posible. Ayer alguien me llamó para pedirme que le recuperara de facebook una foto que había borrado. Cundo le dije que eso es facebook, un servidor lejano, y que debería de ponerse en contacto con aquella compañía para, probablemente, que no lo hicieran caso o le respondiera una máquina me dijo que había un video en youtube con un procedimiento que le aseguraba el éxito en unos pasos sencillos. Tuve la tentación de explicar que si en google se pone "china con tres tetas" salen vídeos y fotos pero que no existe. No lo hice porque ya había empezado a decirme, de una manera casi grosera, que lo que estaba pasando es que yo no quería hacer ese trabajo porque no me daba la gana. La frustración genera, últimamente, reproches muy desagradables.

La pregunta es qué mierdas lleva a alguien a desplegar sus insultos contra mi que ni he borrado nada ni me importa. La respuesta es que yo no soy una máquina ni un procedimiento así que paso a ser directamente el enemigo en vez de su dedo loco que ha borrado lo que no quería borrar.

Y, como un karma inexplicable, cuando facebook, amazon, google, deliveroo, airbnb o la nueva página de torrents hace una barbaridad el usuario simplemente vuelve. Es como cuando el whatsapp dejó de funcionar en los iphone (porque a apple le dió la gana) y las personas se compraban otro iphone. Cuando los samsung s7 explotaban las personas, sencillamente, se compraban otro Samsung. Quizá es que da la sensación que todas esas compañías siempre están ahí, esperando.

Así que retroalimentan. No hay una sola de todas esas empresas que se libre de ser un referente en explotación y miseria. Impuestos pagados en paraísos fiscales, explotación laboral, vacíos legales... Un millenial con conciencia se manifiesta para poner en evidencia los desarreglos del nuevo mundo pero luego se va a Ikea, se come una hamburguesa en McDonalds, lo publica en sus redes, compra en Amazon (que tiene todas las taras de la nueva economía), se hace un deliveroo y va de vacaciones a pisos colaborativos. Cuando se le acaban los recursos y casi de casualidad se encuentra con un profesional y le insulta. Lo hace porque le dicen que lo que pide es imposible y su pantalla, cuando pide lo imposible le miente o le dice que le enviará un mensaje con la respuesta en breve.  "Tú no puedes encajar la verdad" podría ser algo que define, al estilo Nicholson, una gran verdad moderna. Las interfaces de la nueva economía nunca dicen que no aunque se les pida una barbaridad.

Hay un dato bastante curioso que certifica esta teoría. No llaman por teléfono y mucho menos se enredan en conversaciones presenciales. Podría parecer absurdo pero esconde algo más. Cuando la comunicación es undireccional, bien sea con mensajes o notas de voz que no pueden tener interrupción, no se acepta que haya un interlocutor que arrebate el poder de la conversación y, además, no jugamos a un juego juntos sino a un partido de tenis donde uno da un raquetazo y ya verá el otro si lo devuelve o no. La forma de relacionarse se establece por los protocolos del procedimiento, casi como una página web más donde si no se me da lo que quiero obtener de una forma instantánea, iré a otro lugar que me lo ofrezca porque "no es que no exista sino que no he buscado la web adecuada", aunque sean chinas con tres tetas.

Hoy un niño decía a su padre que el Fortnite es gratuíto y el padre le miró al niño y le dijo, mientras pagaba el ordenador nuevo, que si se daba cuenta cuanto (aparte de lo de hoy) llevaba gastado en el jodido juego. "Bueno"- decía el niño- "pero descargarlo es gratis". Imposible hacérselo entender.

El problema es que cuando ésta generación o la siguiente vaya a buscar trabajo verá que sólo hay explotación y miseria. Que sólo tienen la opción de ser falsos autónomos o ser explotados en almacenes de Amazon o fabricar para Amazon como mano de obra barata a la que ponga precios y condiciones ella misma. Que no quedan hoteles ni comercios, taxis o profesionales. restaurantes o carpinteros... en ese momento, mis pequeños hijos de la gran puta que es la modernidad, os daréis cuenta que ese mundo es el que habéis hecho vosotros.

Y no podréis recuperar, jamás, la foto que borrasteis de facebook y eso que facebook es "gratis". Allá os jodais.

El problema es que hasta los jubilados son millenial hoy.




Imagina un mundo donde no exista más que aquello que empleas, consumes o utilizas.

4 de abril de 2018

¿Si tus amigos se tiran por el puente? Te tiras.

Lo primero que hay que decir al seguro cuando te roban  algo es que fue con violencia, con mucha violencia. Algo casi de película de Charles Bronson. Porque si es un hurto quiere decir que te han robado por gilipollas y ser un gilipollas no está cubierto por el seguro.

Se aprende en primero de partes al seguro.

Si algo tenemos claro es que el elemento más débil es aquel por el que se rompe la cadena. En la tecnología el elemento más débil siempre es el usuario porque existe una probabilidad muy alta de que sea gilipollas. O torpe. O tonto. O estúpido,que no es lo mismo pero como resultado puede ser casi igual.

Hay una gran indignación porque resulta que alguno ha descubierto que facebook se alimenta de la venta de sus datos. Se sorprenden y se indignan, a partes iguales, cuando es algo que ya se sabía. Es algo parecido a asustarse porque en invierno hace frío y en verano calor. Lo ponen en sus perfiles diciendo que sus datos son suyos y después, como quien no quiere la cosa, ponen fotos de sus hijos menores o la marca de su nuevo coche o si quieren comprar un jersey. Lógico es pensar que como son sus datos facebook no va a ir a un vendedor de jerseys a decirle que un tipo quiere uno de lana. Claro, no lo va a hacer.

Hablando del tema comentaba con un muchacho que si yo, digamos, tuviera el dato de qué persona atractiva tiene ganas de no dormir sola y puedo vender ese dato en la puerta del bar en el que va a entrar, quizá es más que probable que alguien pagara por ello a fin de incrementar sus probabilidades de éxito. Bien, pues en ese caso yo soy facebook , el comprador una compañía y la persona, que ha entrado gratis a cambio de esa información, no tiene derecho a escandalizarse porque  el dato me lo ha dado ella, que es, una vez más el elemento más débil de la cadena. Y el producto.

Cuando algo es gratis el producto eres tú.
Pero nos centramos en Facebook cuando en realidad las aplicaciones lo que buscan en saber más y más de nosotros para descubrir, después, a quien  se lo pueden vender. Grindr, la aplicación estrella de contactos homosexuales, tiene un apartado en el que los usuarios indican si son portadores de ViH para que de esa forma los demás sepan el riesgo. Es algo muy digno pero da la casualidad que ha vendido ese dato y alguno se lleva las manos a la cabeza porque le legan anuncios de farmaceúticas que no deberían de saberlo. Pero lo saben y lo saben porque se lo has dicho tú, que eres gilipollas.

Google vende tus intereses de compra, los sitios donde estás, a quien llamas, las horas que el teléfono se queda en la mesilla de noche. El banco el dinero que tienes, dónde sacas la tarjeta. Las tarjetas de fidelización de cliente cruzan los productos que compras y saben, con la minería de datos (que no es nueva) que cuando compras leche te llevas azúcar. Así que subiremos el azúcar y pondremos una oferta en leche, para que caigas como un lerdo. Yo siempre miento en el número del código postal cuando me lo preguntan en Ikea porque sé que no es para hacerme ningún bien pero muchos siguen creyendo en la bondad de la compañía y que es para darles una piruleta en forma de mueble con diéresis. Con los datos se sacan conclusiones y cada vez que nos conectamos no se mira las tonterías que escribimos sino el modelo de nuestro ordenador o teléfono (que habla de nuestro supuesto poder adquisitivo), nuestras búsquedas anteriores (que puede determinar nuestra edad y sexo), la ubicación (que determina nuestra posición geográfica habitual), nuestros contactos (que hace suponer que algo tendremos en común con esas personas) o, yo qué sé, el paisaje de nuestras fotos (que da una idea de si viajamos, a dónde y en qué fechas). Regalamos cosas que ni siquiera imaginamos.

Uno de los timos más absurdos de los últimos años son todas esas aplicaciones que prometen poder espiar el whatsapp de tu ex. Lo que demuestra es que muchos quieren ser una de esas compañías y que pagarían por los datos que luego se quejan que les roban. Es lo mismo que quejarse de los ricos y cuando uno, por herencia, azar o pelotazo lo es,  se convierte en un imbécil.

Pero hay algo más grave, más absurdo: el uso de aplicaciones gratuitas crece exponencialmente. Los datos van y vuelan, se cruzan y se acumulan. Instagram, Snapchap, el Gps de tu coche, la tontería esa para ponerte orejitas en las fotos que pide acceso a tu agenda, Twitter. Todos van  a por los datos y a todos se les da. Las opciones de navegación privada de los navegadores, que están ahí, no las usas, ¿verdad?.

Algún adolescente y más de un adulto afirma que hay que estar en esos lugares porque ahí están todos sus amigos y conocidos, tirándose por el puente. Y las madres siempre dicen que si tus amigos se tiran tú deberías de no hacerlo.

Ya nadie hace caso a las madres. O es que ya están todas en las redes, poniendo tonterías.




Pd: Luego jurarás, cuando saquen una foto tuya borracho hace años al ir a buscar trabajo, que te robaron los datos con violencia. Pero no, es un hurto.

10 de noviembre de 2016

Algoritmos, caminos cortados y matemática complaciente.

Sobre el papel un algoritmo, como conjunto de reglas ordenadas para la consecución de una tarea, tiene bondad en si mismo. El problema, como casi todo lo bondadoso, es que según se van añadiendo variables por parte de los humanos el resultado se envilece. En realidad en estos momentos los algoritmos gestionan muchas de nuestras interacciones con el mundo. Hasta nos hemos acostumbrado a ello. Al final nos reconforta que aparezcan anuncios de las cosas que nos gustan, las posibles parejas en nuestra zona geográfica y dentro de nada es probable que alguno sea capaz de encontrar a esa mujer cercana, sin hijos ni mascotas, dispuesta a saltar al vacío, con una poderosa vida interior, amante de la música indie, de posaderas prietas, sexualmente activa, que sepa hacer croquetas y que hable lo justo por las mañanas mientras disfruta de las noticias y el zumo pensando en el redesayuno de los domingos. Son datos al azar.

Los algoritmos refuerzan nuestra zona de confort y si nos fijamos en aquellos que dominan las redes sociales nos intentan poner en contacto con aquellas personas que piensan como nosotros. Una experta en nuevas tecnologías me comentó una vez que curiosamente había entablado amistad con personas con las que compartía sus creencias y manera de ver el mundo. Lo achacaba a la casualidad de la vida olvidando que en el mundo matemático no existen las casualidades sino las variables. En las matemáticas de segundo de carrera existían muchos resultados aproximados que también eran matemáticamente válidos y es que las matrices de variables empezaban a ser enormes.

Cuando me despidieron de un periódico (en el que no me pagaban) por decir lo que pienso la conversación se resumió en lo siguiente: "el periodismo moderno lo que hace es buscar a sus propios fanáticos y les damos lo que quieren oir porque si no les damos eso comprarán otro medio". La reafirmación es, en definitiva, un negocio rentable.

Así que cuando yo aparecí en su vida no fue capaz de entender que la diferencia nos podía hacer más grandes y, por el contrario, terminó buscando el carpe diem de su algoritmo mientras yo luchaba por salir de mi zona de confort pero siendo yo mismo y no la respuesta que buscaba irracionalmente siempre.

Nos hemos acostumbrado a encontrarnos y a rodearnos de personas, productos, culturas y tipos de letra que nos hacen sentir cómodos. Los borrachos se hacen amigos de alcohólicos y los fanáticos deportivos lo hacen con otros fanáticos de su equipo pero no con deportistas. Los campos de interacción se reducen porque saliendo de ahí hace demasiado frío. Un homeópata podrá hacerse uña y carne de un experto de reiki pero no de un médico. Ella hace el amor con quien le da lo que quiere cuando lo quiere y el esfuerzo se lo dejaremos a los perdedores. Es mucho más cómodo, más rápido, aceptablemente más satisfactorio y más efectivo. Es como las canciones de tres minutos en comparación con las sinfonías, los posts en comparación con los libros y coger un taxi para llegar a casa mientras aún tiembla el cuerpo no da cancha a jugar enseñando las cartas, que es lo que pasa cuando nos ven los sueños que son lo que se ansía sabiendo que hay un lugar nuevo al final del camino.

La vida moderna nos alimenta de nuestros pensamientos autárquicos y lo hace sibilinamente, escondiendo todo lo que queda fuera, tapando y evitando que podamos pensar o creer que haya vida más allá de Pleasentville (link a película completa). Es una poderosa herramienta de marketing hacernos creer que no hay más coches, ordenadores, muebles o ropa que bajo una determinada marca. Es cómodo pero es falso.

Sin embargo nadie recela de la bondad de los algoritmos. Recelamos de lo diferente, de lo que no conocemos, del miedo, más que nunca, a lo que no entendemos. Recelamos de quien no nos ama exactamente de la forma que soñamos o de la forma que marcaron nuestros clicks en las pantallas, tenemos pavor de lo que no son nuestros bares favoritos o las películas que amamos polacas subtituladas en inglés.

Esa técnica que refuerza lo que deseamos en vez de enseñarnos deseos nuevos se ha convertido en una forma de vida, en un refugio, en un fácil orgasmo de satisfacción que nos hace cada vez más pequeños. Conocer discos nuevos en youtube cada día es más difícil porque te lleva, irremediablemente, a los que oíste antes. Cambiar el voto a un candidato que no diga todo lo que quieres oir o apostar por la pareja que te hace esforzarte para llegar más lejos es casi una utopía. No hay sacrificio porque uno cree de si mismo que es tan grande, tan perfecto, tan listo y tan guapo que los beneplácitos de la vida habrán de llegar solos.

Yo me cansé de esperar, como una princesa en el alto del torreón, a que vinieran a rescatarme aunque más de una noche sueño con que me follen con la complicidad de sus ojos clavados en los míos y después, que eso es lo importante, nos abracemos hasta quedarnos dormidos (y dormir cada uno en su lado con mis fuertes respiraciones y su sonido cadenciosa para encontrarnos en una sonrisa). El día siguiente vuelvo a acostarme esperando mi rescate como un país en bancarrota. Y que luego me enseñe sobre la vida, sea un terremoto en mis creencias mientras yo le pongo canciones que no conoce. Viajar sin rumbo por estepas lejanas de las que ni siquiera hemos oído hablar. Caminar sin que el trayecto nos vaya marcado aunque nos pillen tormentas o comarcales sin salida.

No estamos siendo educados en el esfuerzo y mucho menos, en apreciar lo bueno de lo diferente.

Google sólo me lleva a lugares que conozco, que no quiero, que juegan a reforzar lo que ya sabía y lo que no supe jamás es hasta donde hubiéramos llegado juntos, acumulando la energía de una central nuclear juntando en una explosión todo lo que nos diferenciaba.

Se vive mejor haciendo caso a los algoritmos pero intuyo que es mucho más aburrido y se está, definitivamente más solo.

"Ya estoy fuera"- me dijo en el último mensaje. Estaba dentro de su espacio y allí no estuve jamás. No fui, es verdad, pero se marchó. Sus amantes son una copia masculinizada de si misma, anuncios de sus preferencias, artículos con sus ideas, reafirmaciones. Capuchas que dan calor. Clicks interesados. Matemática autocomplaciente.

26 de febrero de 2015

El futuro de cuñados, gatos y videos en vertical

-y... ¿Por qué este es más caro que el otro?
- Porque es del tipo 3.
- ¿Y el otro?
- Del 2. Como usted sabrá 3 es más que 2.

La clienta, absolutamente convencida, compró el del tipo 3. Bajó a la calle con su bolso pequeño, sus zapatos de tacón limpios, se puso las gafas de sol al salir del comercio y se subió a su Porsche 911 que, como todo el mundo sabe, el menos que el Seat 1430 y mucho, mucho más que un estrafalario Renault 5.

Es una cuestión numeraria, simplificada y cuantificable. Un argumento de venta, un razonamiento lógico. Una estadística explicable con un gráfico. Un sosiego para la incógnita absoluta y una respuesta ante futuras críticas.

A veces, la mayoría de las veces, me congratulo de que todos los brillantes músicos no aparezcan en conciertos de productos de marketing creado a base de reverb con las metralletas cargadas asesinando el mal gusto de artistas y comparecientes. En ocasiones me extraña que los comerciales formados en los productos no descuarticen a las niñatas desinformadas que un día venden informática y otro bragas en los diferentes pisos de El Corte Inglés. Me sorprende que los economistas de verdad no hagan comandos para degollar contertulios que los jueves saben de deuda externa y los martes huelen bien.

Después de años de evolución en motores gráficos e inteligencia artificial todos los programadores sueñan con hacer el próximo Candy Crush. 

Dame veinte años de formación, detalle extremo en cuidar el resultado, autoexigencia enfermiza y te pisaré con mi meme, con el video en el que se tropieza un gato, con una gracieta en un tuit o con una foto para que la mandes por whatsapp.

Las imágenes desenfocadas de una gorda con leggins sacando dinero del cajero son más rentables que el trabajo de una vida de un fotógrafo profesional. La última gilipollez acabó con la razón.

Gilipollez que es del tipo 3. Y todo el mundo sabe que 3 es más que 2.

Los memes mueven el mundo mientras los profesionales se ahogan en un mar de cuñados, de sabiondos de bar, de amateurs y de esa clase social que podría ser del tipo 4, que es más que 3, mucho más que 2 y los que yo aprendí de mis mayores, porque soy 1.

El futuro está dirigido por cuñados, gatos y vídeos grabados en vertical.



Ejemplo práctico:

Primero llegó un músico (tipo 1)
Después un aficionado a la música (tipo 2)
Más tarde un tipo con una flauta (tipo 3)
Ahora está el perro que se tira un pedo en un trombón. Millones de visitas. Ha sacado una línea de ropa. (tipo 4). Están pensando, dado el éxito, presentarle a las municipales de su ciudad. Crece en las intenciones de voto. Es un caso hipotético.

15 de enero de 2015

Pepito Grillo, la divina comedia y la privacidad.

En la divina comedia, sobre el dintel de la puerta, se lee "Oh vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza". Es un limbo entre el cielo y el infierno, un lugar donde residen "las tristes almas de aquellos que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio, confundidas entre el perverso coro de los ángeles que no fueron rebeldes ni fieles a Dios, sino que solo vivieron para si".

Ayer al recuperar la copia de seguridad de mi cuenta de Google descubrí, con la quietud de las mejillas del barquero de las lívidas lagunas, que las contraseñas de las wifi que utilizo también están en los servidores de aquella empresa que tiene a bien ser del mal, como una contraposición de marketing, como un impuesto no pagado, como un contrato que haya cedido mi alma, como Fausto, como Mefistófeles.

Descubro que en mi facebook aparecen anuncios de la marca y modelo de coche que está buscando un compañero de trabajo y que, de una forma entrecortada, aún me intenta vender alguna página la última actuación en directo del grupo favorito de una novia con la que hace años que no me hablo. Es mucho más dificil retirarse de la cama de alguien a quien se quiso que de la publicidad orientada de internet. "A mi novia"- me dice un compañero- "le aparecen anuncios de solteras en su ciudad cada vez que nos enfadamos y me resguardo, como una infidelidad a medias, en el porno por abandono". Entonces pone cara de informático abandonado y dice "ni siquiera hay tres grados de separación entre una cosa y otra. A Google le da igual mi estabilidad sentimental."

Cuando alguna persona se presenta a un casting para un reality lo primero que hace es firmar un documento por el que cede su vida a una cadena de televisión. Ni siquiera sabe si va a ser elegido pero ya ha vendido cada paso que dé hasta la cancelación del mismo. Ha vendido sus palabras, su opinión y su posible escarnio público. En el momento de la firma estaba convencido de la fama, de la relevancia social, de hacerse una portada de Interviú. En el momento de la firma, cuando el notario empieza a leer con ese tono machante, aburrido e inteligible las claúsulas, se piensa en la decoración del piso o en el viaje a Punta Cana. Se piensa en la calma de la recompensa pero nunca en arder en el infierno. Apple no inventó el teléfono pero sí que lo hizo con los términos de acuerdo de más de 10 páginas. Google solamente le copió y no me estoy refiriendo al entorno gráfico porque eso es de un tipo pobre que hizo Unix pensando en el software libre. Un paso después vino ese momento en el que te pregunta si quieres aceptar los términos pero ya no hay pestaña para decir que no.

En algún blog tecnológico leo que las contraseñas de mi wifi las utiliza Google para comerciar con los servicios secretos de los países y no para que sus fundadores puedan conectarse sin pagar en cualquier lugar del mundo, que es para lo que usaría esa información un melindroso usuario de calle. Si le preguntamos a los responsables de prensa nos dirán que esa información y ese gasto en servidores y en discos duros es algo que se hace por la comodidad del usuario, por la sencillez y la practicidad, por favorcer "la experiencia de uso". Dirán que, además, eso es algo que se hace gratis porque hace tiempo que se asocia "gratis" a "sin desembolso económico" aunque dicho así es obvio que no es verdad. Con las nuevas versiones de Google viene de serie el Google Fit que, sin tener que pagar dinero, nos dice si estamos sanos, si andamos, si vamos en bicicleta o en coche o si hemos dormido las suficientes horas. Nos saca estadísticas maravillosas sobre los pasitos que hemos dado y las calorías consumidas. Deduce, con unos algoritmos de tercero de primaria, que si el teléfono está varias noches en el mismo lugar es que aquella es nuestra casa, que si nos movemos a una determinada velocidad es que tenemos un vehículo y que si paseamos por calles con tiendas es que vamos de compras. Cruza los datos con nuestra cuenta de gmail y sabe si la consultamos desde otro equipo, por lo que ya conoce que tenemos un ordenador y también es capaz de saber el sistema operativo que tiene, por lo que adivina el tiempo que hace que lo hemos comprado y, casi por consecuencia, se aproxima a nuestro poder adquisitivo y así puede ofrecernos productos más caros o adecuados al arquetipo que ha generado de nosotros.

Hace unos años, hablando entre copas con un amigo sobre la posibilidad de hacer una aplicación móvil, comenté que podíamos acaparar todos los datos del teléfono. Sacar conclusiones de uso. "Si se llama mucho a un contacto determinado podemos considerar que es su pareja y si deja de llamar es que han roto. En algún momento, como pasa con muchos humanos, intentará volver a saber de esa persona y es ahí cuando la aplicación saltará con un mensaje que diga: Parece que quieres llamar a tu ex. No lo hagas". Entonces nos reímos. Le dije que si el móvil se movía a altas horas de la madrugada pero ya sabemos que suele ir a trabajar a las 8 y que si la posición gps lo situaba cerca de bares podíamos sacar un mensaje que dijera "Deja de beber y vete a casa, que mañana trabajas". En realidad pensaba en una aplicación que supiera todo del usuario y, con esos datos, convertirse en el amigo puñetero que le dijera lo que no quiere oir pero fuera una especie de conciencia cibernética. Decidimos que la aplicación se llamaría "Pepito Grillo" pero también pensamos que nadie querría pagar para que le estuvieran señalando con el dedo a todas horas. Menos aún aceptar, en nuestro contrato de condiciones de dos líneas, que nos quedábamos todos sus datos con el fin de joderle.

Estábamos equivocados: La nueva tecnología lo hace y nadie se preocupa por ello. Es gratis.

"A partir de aquí, abandonad toda esperanza" debería de poner al configurar una conexión a internet, una cuenta de gmail o un teléfono.

"Pepito Grillo, la app" existe, pero sólo se usa para vender tu alma mientras te dice que todo es maravilloso.

26 de noviembre de 2014

El tipo que dice "feis"

Una de las expresiones que más asco me dan es cuando alguien dice: el feis. (traducción: facebook) (versión jubilado 2.0: el frusfus)

Otra de las cosas que chirrían, como una puerta mal engrasada, son los que hablan de "ciberhacking" y de "pensamiento global", los que se revuelcan en los estados de opinión mundiales y definen a las redes como el único y exclusivo lugar donde se puede encontrar la verdad obviando que la red, como la vida misma, está llena de mentiras. Es más, la cacareada libertad permite incluso que no haya ni un solo filtro entre la paranoia, la estupidez y la certeza.

De la misma manera que una mentira repetida mil veces en anuncios publicitarios no se convierte en verdad, cientos de miles de tuits tampoco convierten nada en verídico. Millones de visitas a un video de youtube no le da credibilidad, sino popularidad. Milli Vanilli eran muy populares y nunca cantaron. Hasta les dieron un grammy de la misma forma que, a más de uno, un premio bitácoras o un millón de followers.

Vivimos en una época de fakes que nos encanta creer que son verdad gracias a la excusa de lo masivo. Vivimos rodeados de personas que son, en sí mismos,  fakes con ínfulas.

Y los fakes y las paranoias tecnológicas se alimentan de los herederos del bricolaje. De la misma manera que mi padre se encerraba con sus herramientas de black&decker para hacer discutibles estanterías, miles de personas, poseídas por los tutoriales que encuentran en internet, se enclaustran con un par de destornilladores creyendo que veinte minutos después tendrán en sus manos la nueva ciberherramienta con la que derrocar al gran poder, al monstruo de siete cabezas que nos somete desde los grandes y blancos despachos en los rascacielos de nuestras ciudades. Cada vez más y con más virulencia se acerca una ufana horda de listos, en el sentido más irónico de la palabra, que se consideran a si mismos unos activistas que compran por internet mejor y más barato, que creen bloquear webs de bancos extranjeros o que se las dan de piratear cualquier software, perfil, animal o cosa que se les ponga por delante.

También son de izquierdas o de derechas, pero siempre radical y sin ningún respeto a quien no piensa igual porque ese es el enemigo. Se les llena la boca con machismo, con capitalismo, con comunismo, con democracia, amor por los animales y las causas justas, con los pobres. Sin embargo, aburridos de hacer "likes", nunca dieron nada a un pequeño banco de alimentos. Hablan de cultura gratuita pero exigen que su sueldo sea digno y la dignidad, en ese caso, si tiene más ceros es mejor. Insultan a los que creen que son poderosos y son solidarios con todas aquellas cosas que no les toca ni el bolsillo ni la moral, porque cuando se trata de ética personal, miran hacia otro lado exactamente con el mismo orgullo con el que compran camisas de Zara porque son baratas y luego se van a quejarse porque el mismo Zara usa mano de obra infantil, por lo mismo que vuelan en compañías de mierda y exigen trato Vip, por la idéntica razón con la que reclaman que el médico que les trata y cobra de los impuestos que procuran no pagar no les ha sonreído al hacerles el tacto rectal.

Así que se sientan en sus casas a hacer algo que denominan "hacktivismo" y, después, escriben tonterías en twitter y cuentan los retuits. Se toman una cerveza a tu lado y te dicen, ufanos y orgullosos: "nos vemos en el feis".

Quiero pensar que es una epidemia que se cura con el tiempo, unas cuantas bofetadas y la visión en bucle de vídeos de mascotas resbalando hasta que vomiten. Mientras tanto están ahí, mandando una y otra vez el mismo chiste por whatsapp.