Hay cosas que vistas desde lejos son verdades absolutas.
Una de las verdades absolutas que tiene la globalización y el triunfo de la estadística en la vida moderna es que hay demasiadas cosas que son prácticamente iguales. Un grupo de adolescentes caminando en grupo por la calle son uniformados idénticos que juegan a ser todos el mismo ser. Me da lo mismo el informal pero trabajado semi deportivo muchacho con mirada de malote, deportivas y sudadera, que la sutilmente maquillada con toques de nínfula curvosa pero socialmente emponderada. Me da exactamente lo mismo cualquer móvil idéntico, cualquier anuncio de colonia idéntico o cualquier coche modernísimo e idéntico.
La semana pasada presentaron el nuevo Ferrari eléctrico y podría ser el último coche chino o el último desarrollo de la plataforma de Stellantis. El equipo de diseño principal es el mismo que diseñó el iphone y son una especie de Elton John después de Lady Di, que hacía la misma canción todo el rato porque, al fin y al cabo, es lo que funciona.
Con la música pasa exactamente lo mismo. Todo suena igual. Sí que es cierto que, como los coches pueden ser berlinas, compactos o suv, la música puede ser rock, salsa, bachata, pop o regetton. Pero salvando esas nimiedades cada uno termina en el mismo lugar que sus competidores.
A partir de ahí surge una teoría.
Podríamos pensar que nos hemos vuelto predecibles, aburridos y militantes. Eso implica una decisión personalmente libre que se adopta conscientemente. No lo creo. Eres perfectamente libre para ir con el pelo de colores, una pulsera enorme con la bandera de España y una camiseta reclamando la república. El problema, en una sociedad miserablemente canceladora, es que te vas a quedar solo como los de Tudela. Así que adoptas una u otra estética en virtud del grupo al que quieres pertenecer y que presupones que te aceptará mejor con tal o cual envoltorio.
De la misma forma un diseñador, asalariado de una empresa, puede querer o considerar que aquí o allá se puede poner un alerón. Puede creer que un motor de combustión ruidoso, nervioso y divertido, es lo que le hace recuperar la ilusión de la conducción y ese golpe de adrenalina tan adictivo que lleva consigo la sensación de riesgo. O puede imaginar un pequeño y silencioso minibus autónomo para grupos de amigos. Sin embargo sabe que llegarán los estudios de mercado, las sentencias estadísticas y las previsiones de ventas convirtiendo su imaginación en un robot obligado a generar un producto final que se adecúe a satisfacer a aquello que le da de comer. Así que la necesidad de subsistencia le termina volviendo uno más en la amalgama de novedades que se parecen unas a otras.
Es conocido que innovar o crear tiene muchas más posibilidades de fracaso que hacer lo que se espera que hagas. Al fin y al cabo, hay que comer. Por otra parte si tu producto fracasa pero ha cumplido todos y cada uno de los parámetros que la IA le dijo al consejo de dirección que debía de tener, la culpa no es tuya.
Por eso mismo, y por subsistencia personal, es cada vez más flagrante que salirse de la norma implica ostracismo y pobreza. Hay canales de televisión que emiten durante 24 horas historias de visionarios y arriesgados creadores, pero de este siglo creo que no sale ni uno.
Ahora casi todas las series se parecen, las canciones se parecen, las personas se parecen, los coches se parecen y las vidas se asemejan. Hay ciudades enteras que podrían ser cualquier ciudad del mundo. Los barrios periféricos de Doha se parecen a las afueras de Valladolid. Un grupo de chavales con sus Nike viendo videos de TikTok en un parque de Móstoles se podrían teletransportar a Central Park sin despertar sorpresa en los runners, que también son idénticos.
Hay una sumisión total previa a la estadística conocida que impide al humano convencional hacer algo que vaya a ser diferente y prefiere ser el mediocre éxito probabilístico. El problema más grave es que es una decisión que últimamente parece inconsciente. No hay peor censura que la que nos infringimos a nosotros mismos.Esto, y solamente tienes que ver los coches, la ropa, las casas o los móviles, es una verdad absoluta. Una verdad aburridísima.
Pd: recuerda el capítulo en el Homer diseña un coche. Ya lo predijeron.
Que la vivienda es un problema es España no es nada nuevo. Al fin y al cabo somos una sociedad que ha sido educada en la compra y es por eso por lo que, hasta hace bien poco ( en 2007 un 80%) los españoles comprábamos nuestras casas. Para algunas cosas somos muy Paco Martinez Soria, no nos engañemos. También somos una sociedad muy poco capaz de pensar a largo plazo y dada la pirámide poblacional tampoco sería algo muy loco pensar que la gente se va a morir y nos van a sobrar casas porque tus abuelos tuvieron seis hijos, tus padres dos y tú tienes un gato.
Así que hay que mirar en Japón.
En Japón se estima que, en 2038, el 30% de las casas estén vacías. Es cierto que sucederá basicamente en las zonas rurales pero ese fenómeno de casas vacías a precio asombrosamente barato y que tiene nombre: AKIYA, no hace más que crecer por allí. Son casas que están bien y que, una vez muertos los propietarios sin herederos o con herederos que no van a ir allí ni locos, van cogiendo polvo.
¿Nos sucederá algo parecido después del Gran Trasvase?. Es posible. Al fin y al cabo tu sobrina, que está ahí quejándose de lo caros que están los pisos pero en el fondo sabe que va a heredar la casa de la abuela, la tuya, la de sus padres y la del pueblo, ha hecho en su cabeza un cuento de la lechera en el que vive de las rentas, aunque no será rentista porque ella es muy roja de espíritu. El problema es que también lo ha hecho mi sobrina, el hijo de los primos de tu vecino y un recién nacido del mes pasado. Así que hay una posiblidad brutal de que el propio mercado genere más oferta que demanda y eso, por las propias leyes de la vida ( que no de la regulación estúpida), nos vuelva japoneses.
Un día, después de años de estudio y preparación, Fermín tuvo una idea revolucionaria. Era ese tipo de producto que podría revolucionar la vida de muchas personas y, además, generar riqueza y binestar. Obviamente el paso previo era montar una pequeña empresa. Necesitaba un par de personas para el equipo contable, un abogado para los asuntos legales, un par de personas para el equipo de diseño, dos o tres comerciales con experiencia en marketing digital y un grupo de cinco personas para la fabricación. Unos quince puestos de trabajo. Había calculado que vendiendo el piso que le dejó la abuela y sus ahorros podría hacer frente a los primeros gastos y créditos. Tenía calculada la maquinaria, los salarios, el alquiler del pabellón y la publicidad. Todo en orden.
Entonces cerró una cita con un organismo público para tantear las ayudas o indicaciones que pudiera recibir desde las instituciones.
Allí se lo dejaron muy claro:
Debería etiquetar en todas las lenguas oficiales, realizar cursos de integración de género entre sus empleados, contratar obligatoriamente nueve mujeres, realizar obras de acceso de minuválidos al pabellón, establecer controles de acceso regulados para enviar al ministerio de trabajo, disponer de un liberado sindical al que pagar por no ir al trabajo, pagar su cuota de autónomo, establecer unas facilidades de contratación de personas que se autoidentifiquen de género no normativo, homologar la página web, establecer un proceso de reciclaje industrial, implantar paneles solares en el tejado y no trabajar, jamás, más de 35 horas.
-¿Y respecto de mi idea de empresa?- preguntó
- Ah, nos parece fantástico. Por supuesto que deseamos que le vaya fenomenal, siempre y cuando establezca, previamente, las normas establecidas.
- Bien- dijo Fermín de una manera dubitativa mientras se marchaba de esa reunión. Se acordó que cuando uno recibe una multa injusta lo primero que debe de hacer es pagarla y luego ya se verá lo que se decide.
Entonces llegó a la conclusión que necesitaba buscarse otro país o preparar oposiciones.
Ahora Fermín se dedica, desde su mesa institucional, a matar el sueño de los emprendedores que van a preguntarle, tras su cartel de "asesor para la ayuda institucional al empredimiento", si pueden crear algo nuevo en un "país de progreso". Es uno del 52% de los españoles funcionarios que regulan al 40% de generadores de riqueza.
Por supuesto que , a día de hoy, todo lo que compra está fabricado en otros paises.
Pd: basado en hechos exagerados pero reales.
Pd2: las dos noticias son reales y son de hoy mismo: no es legal comer unos huevos de tus gallinas en tu casa pero es legal enfarloparte en el coche.
En cierta ocasión alguien me comentaba que estaba muy mal pagado su trabajo. Eso es algo muy español porque no conozco a nadie que afirme, incluídos futbolistas, que le pagan mucho más de lo que merece. Entonces, haciendo gala de mi pacto con el diablo, pregunté que cuánto de beneficio consigue para su empresa. Que si su trabajo se convierte en un beneficio superior, aunque sea un euro, a la cantidad por el que es recompensado.
Tras un momento de duda se fue a la afirmación estandard: yo hago lo que me dicen que tenga que hacer.
Quizá mantengo una visión anacrónica de la función del trabajo pero siempre he mantenido que si la empresa gana, ganamos los que trabajamos en ella. Que la justicia es que sea una ganancia proporcional al riesgo o al esfuerzo aplicado y que la función de la empresa es una función de mejora ( investigación, etc..) o la búsqueda de un beneficio. Quizá porque si la empresa dispone de dinero podrá pagar salarios mayores. Sin eso, salvo que sea Tesla o cualquier compañía pagada con el dinero de los contribuyentes, es imposible la subsistencia.
Es por eso que, en realidad, hacer la cuenta de la vieja en la que se separa lo que recibes y lo que aportas, es lo que nos da la visión adecuada a la viabilidad del sistema.
En Dinamarca, allá por el 2018, hicieron un análisis en esos términos. Pusieron una gráfica, basada en datos estrictos, donde por encima de la línea del 0 se aporta al sistema y por debajo se recibe del sistema. En las edades tempranas, como se recibe educación y sanidad, el sistema es el que pone encima de la mesa recursos. Más adelante, una vez educados y colocados en un puestito de trabajo, se pagan impuestos como el rico que ya eres y aportas al sistema, estando por encima del punto de corte. Llegados a la tercera edad se empiea a cobrar pensión, asi que volvemos a recibir. Luego vas y te mueres.
Por curiosidad los daneses separaron esas gráficas por los orígenes de los contribuyentes llegando a la fascista conclusión demostrable que existe un grueso de personas que van cambiando sus residencias a fin de lograr el mayor número de beneplácitos posibles de los sistemas. Viene a ser como un cliente de bares que va de happy hour en happy hour intentando pagar lo mínimo por sus consumiciones. El problema está en que si el bar se aprieta hasta perder en esos momentos y no se toman copas en horario normal, terminará cerrando.
Quizá, solo quizá, ese es el motivo por el que sociedades anteriormente enormemente abiertas han llegado a la conclusión de endurecer sus fronteras. Suecia, Dinamarca, Finlandia, son ejemplos. Y todo eso no es malo ni es racista, sino que es lo que es. Desafortunadamente nadie emigra intentando ir a peor. Nadie emigra (en estos casos) siendo rico. Nadie se va de un lugar en el que vive fenomenal para estar en una tienda de campaña en Noruega. Cada uno intenta beneficiarse de lo que esté a su alcance y es una actitud lícita. Ahí es donde entra la función de quienes gobiernan.Viene a ser lo mismo que un empleado que intenta cobrar el máximo posible trabajando lo menos que pueda y quien es el responsable de que sea rentable es su jefe. Jefe que le terminará despidiendo si no aporta al menos lo mismo que lo que cuesta. Eso, en la anaogía anterior, se llama deportación. La diferencia es meramente dialéctica.
El truco, en muchos momentos, es no hacer caer en la cuenta de la realidad. Se juega al juego que los servicios públicos, la luz de la calle y las carreteras son gratis porque no pagas en el momento que las usas y nadie te dice, cuando compras un ordenador, que hacienda se queda 200 de tus euros. Tres de tu copazo. Dos mil de tu coche. Unos buenos euros de lo que recibes de salario. Quince de la factura de la luz. Eso multiplicado por 50 millones de habitantes.
Sin embargo es mucho más divertido creer que el dinero es infinito, que la gente es buenísima, que las guerras se acaban cantando con guitarras, llevando camisetas con reivindicaciones y regalando flores a los militares, que esforzarse es un invento del capitalismo que nos esclaviza y que las baterías de los coches eléctricos se fabrican y se eliminan sin contaminar. Que si Fermín se ha comprado dos pisos es porque es un hijo de puta asqueroso ya que a nosotros no nos llega con la wifi, las copas, el netflix, el abono del futbol y las vacaciones en Sicilia ( todo dentro de lo que se supone que es una vida minimamente digna). Si, por lo que fuera, heredamos una vivienda es inmoral que nos cobren impuestos. Así sucesivamente. El ser humano occidental contemporáneo es, por definición, hipócrita, infantil y egoísta. Si lo que nos define son nuestras acciones en vez de nuestras palabras, salimos perdiendo y nos llevamos por delante casi todo lo que nos rodea. Somos un adolescente que se queja de la explotación laboral pidiendo un producto de aliexpress a las diez de la noche de un sábado exigiendo que nos lo sirvan a las diez de la mañana del domingo con portes gratis y sin impuestos.
Quizá lo lógico es poner encima de la mesa lo que uno aporta al sistema y lo que recibe de él. Y si sale a devolver, que se vaya a otro lugar a dar por el culo. Me da lo mismo que sea de Almendralejo que de una aldea de Mali. En mi empresa quiero que todos rememos en la misma dirección porque es la mejor forma de llegar a algun destino todos juntos.
Si quieres cobrar más piensa en cuánto generas. Luego ya, si eso, hablamos del resto.
Si los recursos y los esfuerzos son limitados, que lo son, es nuestra responsabilidad valorar hasta donde hemos llegado. Pasa algo parecido con las lenguas autóctonas. Gastamos dinero, recursos, legislaciones, educaciones y no sé cuantas cosas más en una hipotética sociedad global donde poder comunicarse en Bable (por ejemplo) con el resto del mundo. Si todos esos recursos los empleamos en investigar el cáncer quizá, sólo quizá, estemos más cerca de erradicar el cáncer, aunque sea en inglés. En las inundaciones de Valencia se comentó , un poco de soslayo, que no limpiar algunos cauces para salvaguardar el autóctono mosquito valenciano ( es un ejemplo inventado) hizo que bajaran unos cuantos troncos de más directos a los colegios de Paiporta. Y está precioso hablar Bable y un Euskera regulado por el organismo de turno. Es maravilloso disponer de una biodiversidad rica y televisiones Oled en cada casa con Wifi gratis que te permitan ver El juego del Calamar doblado al Extremeño pero quizá, solo quizá, se nos ha ido la mano en la elección de dónde emplear nuestros recursos amplios pero limitados.
Uno de los principales problemas es que quienes marcan las direcciones carecen de brújula y del valor necesario para decir "basta". No conozco a ningún político de primera división que se enfrente de cara a determinadas soplapolleces occidentales porque eso te quita votos. Teniendo en cuenta que la política se ha convertido en una enorme empresa de marketing orientada a la obtención de votos y la subsistencia personal, nadie va a decirte que te vas a quedar sin pensión, que los idiomas minoritarios serán fagocitados por el chino y el inglés y que no te pueden operar a tiempo porque le están poniendo un útero a un imbécil con muchos seguidores en tiktok.
El ejemplo que nos viene de golpe en 2025 tiene que ver con la automoción. En Europa nos hemos convencido que podemos, porque somos el centro del mundo, acabar con el cambio climático, los accidentes y los atascos. Así que llevamos unos cuantos años exigiendo a los fabricantes de coches que pongan cositas de esas que te avisan si te cambias de carril, no sé cuantos airbags, los controles de velocidad, los sistemas de frenado para no llevarte por delante a un repartidor y que tengan curvas para no dañar al peatón. Llámame loco pero ninguna de esas órdenes están orientadas a hacer coches que duren más y nos ponemos las gafas de cerca para ver el poco ruido que hacen cuando andan. No vamos a pensar que las baterías las hacen unos chinos con sus fabricas ultracontaminantes y las enviamos a Africa cuando ya no tiene la autonomía que deseamos o sale otro con Ziritione. (el 7% de los gases malos en la atmosfera es europeo, chino es el 32%)
Independientemente de eso y para el 2025 se han establecido unas multas para los fabricantes que contaminen nuestros cielos. Eso quiere decir que si la contaminación por coche ( suma de contaminacion de cada coche dividido por el numero de coches vendidos) es más de una cantidad, les fríen a multas. Visto así es muy bonito porque nos venderán coches que no contaminen, ¿verdad?. Pues no. Obviamente como el objetivo es que no me pongan multas a mi, que soy fabricante de coches, lo que puedo hacer es comprar "bonos de ecologismo" a otro fabricante que le sobre. Puedo subir el precio de mis coches contaminantes para que la multa la pague el cliente final o dejar de vender coches en Europa. Puedo matricularlos en Marruecos y traerlos en barcos para venderlos como kilómetro cero con otra razón social. Lo de vender coches eléctricos baratísimos es la última opción porque lo que yo quiero es, como también le pasa a Jose Ramon que tiene una panadería en Valdemorillo, ganar dinero. Así que si te vas a comprar un coche y te piden 30mil ( 5 millones de pesetas) por un Renault 5, una parte de culpa la tiene esa moralidad infinita superior con la que hemos premiado a nuestros legisladores. Es curioso que uno de los coches más resistentes del planeta, el Toyota Land Cruiser y el Hilux, se fabrican en Gibraltar para enviar al resto del mundo pero en Europa no se pueden vender tal y como se hacen porque te llevan, te traen y no se rompen aunque te vayas a invadir Siria con ellos.
Si hay algo que no hemos aprendido es que nada es gratis en la vida y que cuando ponemos multas a los bancos, exigimos cosas a los que hacen coches, pedimos energía ecológica y sanidad gratis... lo tenemos que pagar nosotros. Y que mientras estamos preocupados por la sostenibilidad de la tela del reposacabezas existen otros fabricantes en otras partes del planeta que tienen como objetivo que, si es un coche, nos lleve y no se rompa. Y si en la república de Tuatolu ( inventada) al hijo de la Pili le da por exigir que le pongan un útero para abortar, le revientan la cara de un soplamocos. Ojo, no por gay, que eso nos importa bastante poco ya que cada uno se tira a quien puede y le consiente, sino por tonto. Y se lo decimos en inglés o en algo que nos entienda, que aqui tenemos predilección por Faulkner.
Europa ( y lo occidental por defecto) no se está pegando un tiro en el pie sino que se lo está ametrallando.
El problema reside en que parece que no nos queremos dar cuenta y empieza a ser tarde.
Estuve el fin de semana buscando un coche y esa es la conclusión a la que he llegado, aparte de recordar este episodio de South Park.
Pd2: El principal riesgo es que, cuando nos hayamos ido completamente al guano, seamos tan gilipollas de irnos de un extremo al otro y que ser racista, homofobo, contaminante y violento se ponga de moda como lo es ahora ser ecoresiliente, enemigo de la familia tradicional, funcionario y violento.
Hace años alguien descubrió que, casi en cualquier deporte, gana el que mete más puntos pero también el que consigue que no le metan ninguno. Los italianos, que para soluciones determinantes tienen un gen dedicado, inventaron el catenaccio y ello nos llevó a aburridísimos partidos de futbol donde ganaban ellos , excepto si jugaban contra alemanes. También pasó en baloncesto (obviamente sin alemanes pero con el Maccabi y los yugoslavos) , lo cual me lleva a las defensas salvajes de Dino Meneghin que siempre recuerda como , con 31 años, se enfrentó a un joven de 19 llamado Fernando Martin. Eso es otra historia.
El caso es que en una sociedad en la que el resultado prima sobre los métodos utilizados para ello ( siempre y cuando se actúe dentro de las normas) aquello era una posibilidad de ganar y ya sabemos bastante bien que el triunfo, desafortunadamente, no siempre va de la mano de la ejecución más precisa, la más estética o la más elegante.
Muy por encima del deporte y como juego máximo creado por los humanos está la economía.
De todas formas, tal y como sucede con los ganadores históricos en ciertos deportes, también hay potencias variables en los ciclos económicos. Fenicios, vikingos, persas, los europeos, americanos del norte, quizá los chinos... todo son fases del juego y en cada una de ellas se pone de moda una forma de jugar: La invasión, el capitalismo, las regulaciones legales, el terror o la ciencia como elemento colonizador. Cada época ha tenido su forma de jugar y grandes ganadores y perdedores. Los romanos te hacían un acueducto y unas cuantas calzadas para poderte cobrar más tributos y los alemanes generaban unas deudas a Grecia que se cobraban poniendo sus empresas de gratis, con mano de obra barata, hace 10 años. Los americanos echaron una mano en la segunda guerra mundial a cambio de vendernos sus cositas durante más de 50 años. Cada uno ha usado las variables de su época para ir ganando fases de ese juego. A nosotros nos tocó traernos cositas de América como quien hace dropshipping desde su cuarto.
Una cosa es cierta: las fases cada vez parecen más cortas. Los imperios no duran siglos. A veces ni siquiera décadas. Y como buenos humanos que viven con un ojo en el pasado y otro en el futuro, sin mirar al presente, sabemos que el cambio está a la vuelta de la esquina. Casi como un deportista que entrena, nos preparamos para la próxima competición.
Comparto la idea que se basa en que al final, fruto de la tecnología y de los competidores, del patrón dolar muere. Los chinos (y los rusos), que saben de esto, han ido acumulando materias primas (básicamente oro) desde hace tiempo porque hasta que nos pongamos de acuerdo con el próximo patrón, pasaremos por ahí. El terremoto mundial que fue la pandemia, si algo nos hizo ver fue el poder infravalorado que tienen las cosas que eres capaz de tocar, comer o transformar. En una sociedad sobre tecnológica se nos había olvidado el poder de nuestra tierra y que todo deriva de ella. Para un bitcoin hace falta un ordenador y para un ordenador silicio y para tener silicio hace falta alguien que lo extraiga de algún sitio. Ese sitio, por cuestiones lógicas, será Africa y ahí hay dos maneras de llegar: los chinos les hacen las carreteras a pagar en cómodos plazos ( al estilo romano) y los rusos les echan una mano para dar golpes de estado y arrasar un poquito ( al estilo Persa). El resto del mundo está muy ocupado mirándose el ombligo (basicamente europa) o tienen demasiados problemas como para meterse en los de los demás. Esos últimos son las ligas menores y es ahí, como en los campos de futbol de Brasil o de los barrios de Buenos Aires, donde aparecen curiosas y nuevas formas de jugar. Al fin y al cabo cuando uno no tiene nada que perder, la innovación o el atrevimiento loco es el camino.
Nayib Bukele, salvadoreño de origen palestino ( que ya determinó a Hamás como bestias salvajes) , llegó a un pais arrasado por la violencia y, ayudado por su conocimiento publicitario, sin que pareciera un dictador del siglo pasado, ha sido reconocido como alguien que ha reducido esa violencia en un tiempo record utilizando unos medios discutibles pero eficientes. Eligió el bitcoin como moneda nacional ( mala idea) y adoptó como suyas políticas liberales en lo económico que han llevado a este pequeñito pais a mejorar su posicion en el tablero mundial. Quizá pasar de 140 homicidios por cada 100mil habitantes a 2.4, ayuda, Parece que el pueblo, por ahora, le respalda y le tolera muchas de las cosas que hace porque va ganando partidos.
Otro al que el pueblo le ha elegido como entrenador es a Milei. Ya no es un pais pequeñito. Aunque considero personalmente que es un payaso hace años ya, cuando no era más que un señor que gritaba en las tertulias, captó mi atención. Aquí teníamos a Pablemos y allí al Pelanas. Este tipo está firmemente convencido que Argentina es un gran pais y que, como un club de gran cantera hundido en tercera división, la forma de hacerlo volver a primera es gestionarlo bien. El principal diagnóstico de Argentina, como era la violencia en El Salvador, reside en la inmensidad del estado. Una sociedad dependiente del estado lo único que consigue es perpetuar al propio estado. Los votantes volverán a votar a los mismos porque son quienes les proporcionan trabajos, dinero o mera subsistencia. Sin embargo cuando las empresas son estatales y carecen de comperencia o incentivo para realizar mejor su labor, no tiene pinta que lo harán especialmente bien. Así que la línea de actuación principal es adelgazar el estado al máximo y aprender que hay que trabajar y trabajar bien para salir adelante. Quitamos el ministerio de fomento y buscamos quien nos haga las mejores carreteras. El estado pasa a ser la grasa necesaria para que funcionen los engranajes de la economía. De la misma forma que en El Salvador aparecía el gobierno para meter a tu hijo pandillero en la cárcel, en Argentina tienes que ir a buscar trabajo porque se te acabó el chollo de ser funcionario.
Ahora ya, si eso, desde la visión occidental del estado del bienestar y como apelativo global puedes llamar fascista a estos dos sin saber definir exactamente qué es el fascismo, por supuesto. El problema es que, por ahora y como los italianos con su futbol de mierda, están ganando partiditos. Al menos en la liga de la economía.
El problema, obviamente, es qué sucede si les va bien. De la misma forma que vivimos en Europa el ansia de que el Reino Unido se vaya un poco al guano sin nosotros, miramos de reojo a éstos por si resulta que hayan acertado en algo. En un pais, como es España, donde más de la mitad de los jóvenes suspiran por ser funcionarios y los políticos, sobre todo los del gobierno, se aburren de prometernos pagas a realizar con nuestro propio dinero y a base de endeudarnos más ( porque eso será un problema del que venga después), me pregunto si no vamos de cabeza a una situación en la que el único destino sea convertirnos en Argentina. Zelenski era un actor de comedia cuando llegó al poder en Ucrania. No es tan diferente de un payaso ( y dadas las circunstancias no lo hace nada mal). La diferencia es que nuestros políticos actuales son payasos y comediantes, pero te intentan convencer que no lo son y, por supuesto, que quien no juega como ellos dicen es el enemigo diabólico del deporte.
Nunca me gustó el balompié italiano de aquella época pero ha ganado cuatro mundiales.
(Deneuve hizo un disco delicioso que se titulaba "El codazo de Tassotti")
El otro día escuché algo que me obligó a escribirlo:
"Estar o no de acuerdo con algo es absolutamente irrelevante porque a la realidad le importa un bledo que tú estés o no de acuerdo con ella. La realidad va a funcionar al margen de tus acuerdos o desacuerdos de tal manera que lo que tiene que hacer el ser humano es ser consciente de cómo funciona la realidad. El ser humano tiene que conocer el orden operatorio de la realidad y dejar sus acuerdos o desacuerdos para terapias de grupo o para sobremesas familiares pero a la realidad le importa un auténtico bledo que tú estés o no de acuerdo con ella porque la realidad ni siquiera sabe quien eres tu ni lo va a saber nunca. Es decir, lo que diferencia a las personas inteligentes y con conocimiento de las que carecen de ello, en los grados requeridos para cada contexto, es simplemente que las unas conocen como funciona la realidad y las otras simplemente lo ignoran. Y quien ignora el orden operatorio de la realidad tiene dos alternativas: la primera es el idealismo y la segunda es el fracaso."
Es más que seguro que ese derrumbe por capítulos que estamos viviendo en las supuestamente culturas modernas tiene mucho que ver con la interpretación de la realidad y un empecinamiento en que sea como queremos que sea en vez de cómo es. Ese "en su cabeza era espectacular" es el meme en el que estamos viviendo y el problema es que hay una lucha a muerte entre una cosa y la otra. Ejemplos nos sobran y casi me da lo mismo cual tengamos que elegir.
El último de esos ejemplos tiene que ver con la fruta, que ya sabemos lo mucho que me gusta. Alguien, convencido firmemente en la sostenibilidad del planeta (pero sin haber plantado un pimiento en la vida) se hizo un estudio en el que consideraba que si un agricultor feliz hablaba a las plantas éstas iban a crecer más contentas, tener más nutrientes y alimentar a niños más listos y más sanos. Así que se sentó con sus estadísticas en un parlamento y convenció a sus colegas de obligar a que se hiciera terapia de grupo con las plantas, se les proporcionara agua de lluvia con nutrientes de los Alpes y que se enviase un excel al sistema agrícola europeo para que las estadísticas le dieran la razón. Ojo, que no era mala idea en su cabeza pero los boniatos se pusieron carísimos. No porque el agricultor lo quisiera sino porque el ordenador, el agua de los alpes y los 5 años de psicología agrícola cuestan un dinero.
Tampoco hay que recordar que para que las cuidades sean verdes y ecosostenibles es mucho mejor que no haya coches echando humo cabrón por ellas, asi que alguien se dió cuenta que los coches eléctricos no hacen "brum". Si no lo hacen habrá menos ruido y Maria del Carmen dormirá mejor, será más feliz y saludará a sus vecinos. Que para tener baterías haya que explotar los montes de El Congo o que tarden en descomponerse tanto como los residuos de Chernobil es otro tema. Tampoco pasa nada porque el automovil tenga, por obligación, que llevar asistentes de conducción, calefacción, un sistema de conectividad con el teléfono, cuarentaytres airbags y localización via satélite. Que un Opel Corsa se acerque a los veinte mil euros es tu problema o culpa de las malévolas empresas que quieren hacerse ricas a tu costa.
Hace no mucho un colega me comentaba que había contratado a una chica en su empresa y que el sistema el obliga a realizar un curso para que no se le ocurra violarla en las pausas para comer. Es perfectamente lógico que haya que poner los medios para que eso no suceda pero por el mismo motivo tendríamos que obligar a las empresas a realizar cursos que conciencien a los trabajadores de no cagarse en el ascensor. Todo el mundo sabe, como es lógico, que un empleado feliz es un empleado más productivo pero si se pasa el día haciendo cursos de cosas lógicas o de soplapolleces, no está trabajando. Y si no trabaja no produce y si no produce no hay. Y si no hay, te vas al carajo.
Podría seguir con las energías límpias o las camisas baratas. Podría regodearme, horas, en mil trámites burocráticos que si bien tienen sentido desde un despacho, aletargan la ejecución de los procesos. Los estados, los procedimientos y las obligaciones han de tener un encaje orientado a la facilidad de la ejecución pero cuando se olvida el poder operatorio de la realidad y se intenta imponer algo que se aleja enormemente de la verdad, es el idealismo el que lleva todo al fracaso.
Me dijo "yo te quiero y deseo que tengamos una vida plena y feliz. Para eso nuestro nivel de ingresos ha de estar en tal nivel y disponer de un piso con terraza, dos coches y seis semana de vacaciones". Cuando le dije que eso era imposible me gritó que yo no la quería, y se fue. Sé que su verdad es que vive en un primer piso sin terraza, pero aquello lo tengo marcado como un fracaso. No fue más que una lucha a muerte entre la realidad y el idealismo en la que perdieron los dos, como en todas las luchas.
Una parte de mi quiere pensar que estamos saliendo, a golpe de obviedades, de una oscura época en la que, como seres humanos que se creen capaces de todo, quisimos imponer a la realidad lo que nosotros creíamos que era lo correcto y hemos descubierto que no es así.
Si somos ignorantes de la realidad nuestro final es vivir en el idealismo y fracasar. No sin antes rellenar algún que otro formulario ideado por alguien que desconoce la verdad y cree que su primer piso sin luz es un loft.
Hace más años de lo que puedo admitir mi trabajo consistía en ir de banco en banco, a primera hora de la mañana, con mis billetes en el bolsillo, mis órdenes en una carpetilla y una lista de propósitos a realizar con todos y cada uno de los cajeros que, gentilmente, ya me llamaban por mi nombre.
Supongo, no sin cierta nostalgia, que eran esos tiempos en los que salía un tipo con un mono puesto en la gasolinera y te echaba gasolina antes de cobrarte, después de saludar y de llenar el depósito. A mi tía, que siempre fue una dama, hasta le limpiaban el cristal. Claro, que era muy de dar propina.
En las terrazas de Madrid se veía algo tan castizo como los camareros, con pajarita y camisa blanca, atentos a las indicaciones de los clientes para que les sirvieran otra ronda, que acompañan con una tapa.
Debajo de mi casa, en Ultramarinos Benito, yo cogía el pan y mi madre bajaba a pagar todas las semanas las cuentas pendientes.
Incluso recuerdo estar improvisando el pedido de la comida basura mientras se echa una mirada al gran cartel luminoso que está encima de la caja donde un futuro abogado en paro, te atiende con la gorra de la compañía.
Pues bien.
Ahora resulta que los pedidos los tienes que hacer en unas enormes pantallas táctiles, que tú te coges el pan y lo pagas al pasar por caja, que echar gasolina torpemente es una asignatura en la autoescuela y que tienes que levantarte a pedir en el bar. No está el chico que te atendía y te soportaba. Ya no quedan camareros incansables pendientes de un nuevo pedido como un subastador esperando una nueva puja.
Hace más años de lo que debo admitir una cajera me dijo que no podía ingresar dinero en ventanilla. No podía, aunque fuera mi cuenta y fuera medio millón de pesetillas. Que tenía que hacerlo en el cajero. Que si no lo hacía en el cajero me iba a cobrar una comisión. Así que quité aquella cuenta y me fui a otro banco. Y me pasó lo mismo con el tiempo. Después, con una pandemia, usaron la excusa de que el dinero puede estar contaminado y tuve que usar la jodida máquina del exterior con sus normas infranqueables. No puedo meter más de una cantidad, no me admite billetes de 500, no puedo usarla el 20% de las veces porque hay problemas técnicos. "Si todo sigue así"- le dije a la chica que me mandó a la máquina- "te vas a quedar sin trabajo". Me respondió que "son las normas". Aquello era la Caixa y ayer mandaron al paro a 8300 personas. Hoy casi 4000 del BBVA. No son los primeros ni van a ser los últimos.
Se llama revolución 4.0.
Curiosamente, casi como el poema de Niemöller, como no trabajo en un banco hago como que no me importa. Cuando te pase a ti será demasiado tarde.
Y será un mundo sin personas porque parece que, como en la Superliga de fútbol ( que se planteaba para ser rentable sin público), es lo que sobra.
Hace unos dias volví a recibir una bofetada de realismo sobre el mundo en el que vivimos. En este caso, en unos de mis entretenimientos musicales, donde comentaban, basándose en las rentabilidades económicas de la música moderna, que si alguien ha entendido la manera de consumir actual son esos artistas que planifican y lanzan temas de manera continuada para mantener la atención del consumidor sin pausas para que se entretenga en otras cosas. Es mejor, si hablamos de comercio y de negocio, sacar doce temas al año que un solo disco. No hace falta que se empleen años de trabajo en un producto conceptual que narre una historia a lo largo de temas que se van entendiendo cuando se conoce el anterior sino que la inmediatez, la continuidad y vivir siempre en una promoción continua es lo que te posiciona.
Si a estas alturas alguno no lo conoce, el Efecto Coolidge mantiene que la excitación sexual de los mamíferos es mayor si tiene, el mamífero en cuestión, la sensación de que es una pareja diferente. He de suponer que es algo parecido a lo que pasa con el consumo.
Por eso las marcas han descubierto que es importante vivir siempre en el lanzamiento del nuevo coche, del nuevo móvil y del nuevo frigorífico. Por una parte le impides al consumidor pensar que hay algo diferente en otro lugar y siempre puedes conseguir algo parecido a una especie de fan que "necesite" el nuevo producto aunque sea prácticamente igual que el anterior. Será por eso por lo que los nuevos singles se parecen demasiado a los anteriores. Será por eso por lo que algunas parejas se disfrazan para mantener viva la llama de la pasión.
Nos hemos vuelto una sociedad que necesita la etiqueta de "nuevo" casi tanto como la etiqueta de "oferta" aunque ni sea nuevo ni esté de oferta.
Existen películas que son, ellas solas, de una calidad mayor que todo el catálogo de Netflix. Pero Netflix te da la sensación que cada vez habrá algo nuevo esperando para ti. Es lo mismo que nos ofrece Internet en contraprestación de nuestra nevera. Cada vez que abrimos Internet parece que hay algo nuevo que quizá, solo quizá, sea un revulsivo en nuestra vida. Pero cuando abrimos la nevera vemos lo mismo que había hace diez minutos, menos lo que nos comimos.
Si nos damos cuenta con la frialdad que da la distancia, en ningún momento hemos dicho que deba de ser necesario, bueno o diferente. Son adjetivos que, a día de hoy, no tienen nada que ver con la rentabilidad.
Terminaremos viendo: "!!NUEVO!!: Torrijas. Antes 50€, ahora 2€". Y algunos pensarán que es la última tendencia a precio de ganga de la misma forma que el último single de J Balvin sea igualito (de coñazo) al anterior. Pero, joder, es nuevo. Voy a poner alguna canción que no hayas oído para darle alimento a tu Efecto Coolidge.
Pd: y cuando no hay musica, móvil, aspirador o coche que promocionar lo que hay que hacer es mantener el nombre vivo. Te puedes tirar a una famosa como Kanye West, buscar alguna polémica entre Twitteros, poner fotos de tu edad infantil como Rosalía o sacarte seis fotos en pelotas como Pedroche. Mira, nos vale de ejemplo, ¿qué hace diferente a los demás?: se encarga de estar, con vestido, tonterías o posados siempre vendiendo una novedad. Y ahí la tienes, con la cartera calentita sin ser mejor ni más guapa ni, por supuesto, mejor profesional que las demás.
Ayer acerqué a un colega, justo a la hora del anochecer, a ese lugar en el que Jaime Bertani (protagonista del libro Dame Cuerda) se esconde antes del desenlace a fumar un cigarro. Y nos fumamos un cigarro. Nos bebimos dos cervezas y nos comimos un par de Durum aunque yo soy más de Kebab. Es un lugar que da paz y miedo, como la situación que se acerca. El nuevo paradigma, me dice parafraseando a un coach de tercera división ( ¿hay de primera o es todo una chufa?). En realidad a lo lejos se ve la paz del mar y abajo, a los pies, muros de piedras que se van cayendo al mar sin protecciones . Hice una foto:
Si algo tuvo la crisis del 2008 fue la idea, equivocada en los resultados, de que aquello cambiaría la forma de actuar del supuestamente inteligente ciudadano medio. Que por ganar cinco mil euros un mes nadie se iba a comprar un BMW y pedir una hipoteca a treinta años. Que la estupidez salió a flote y se nos había llevado por delante. Y, sin embargo, hay que reconocer que no fue así como el que comete un error cada vez que se encuentra con la misma disyuntiva, como si nuestra sociedad fuera una yonki que no sabe decir que no a lo que le hace daño.
Poco tiempo pasó desde aquello y ahora, sin suficiente tiempo para que las cicatrices dejen de notarse, nos golpea una bofetada invisible. Nos golpea sin poder vender el BMW que no necesitamos y que está en el garaje o sin las escrituras de un piso que no podemos pagar en el cajón. Solamente nos golpea.
Y cuando lo hace salen a la luz, a veces como el pus de un grano que explota, nuestras infecciones. Supongo que por eso lo primero que se acabó fue el papel higiénico.
En estos seis meses nos podemos sentar a ver lo que ha pasado. Se vive sin comprar una camisa por semana o sin el ultimo móvil pero necesitamos las dos cosas. Preferimos el ordenador y nos sentamos delante de la tele rogando porque nos entretengan el mayor tiempo posible, aunque sean contenidos sin criterio pero que sean muchos. Si algo tienen las plataformas es la preferencia por la cantidad más que por la calidad, para darnos la anormal sensación de poseer algún tipo de control. Hemos aprendido a cocinar por obligación y a asomarnos al vecindario. Algunos han descubierto que hay tiendas debajo de casa y otros, bocazas solidarios (porque dicen amar al médico y al comerciante pero en realidad no), que hacen un click y tres días después aparece un tipo mal pagado que les deja un paquete en el ascensor.
No nos hemos comprado un coche ni nos hemos ido a Bali. Tampoco hemos tenido un affair con una checoslovaca (ellos) o un italiano ( ellas) porque se quedaron en sus casas. Algunos han descubierto que tener hijos es un trabajo a tiempo completo. Hay quien ha dejado a un lado el racismo, el machismo, la ecología, el animalismo e incluso la defensa activa de las libertades de las minorías porque se dio cuenta que tenía que limpiar el baño antes o usar la excusa de sacar la basura en una bolsa de plástico.
No conozco a nadie que se haya comprado un disco pero todos han estado oyendo canciones.
Me han preguntado cien veces que de donde se pueden descargar mis libros.
Así que todo eso nos da una pista de ese "nuevo paradigma" del que me habla mi amigo después de guardar el papel de plata que cubre el Durum en la bolsa y apurando la cerveza. Es un futuro en el que aprendemos que se vive perfectamente con lo necesario y en el que se llenan de buenos sentimientos los balcones pero si el repartidor (¿portes gratis?) aparece veinte minutos tarde con la trócola (producto inútil ficticio) rosa que pedimos a china ayer o si el rosa no es del mismo tono que soñamos al ver la foto nos indignamos con energía sacando toda la frustración que hemos acumulado en el niño consentido que creímos que merecíamos ser.
Quizá el futuro esté lleno de niños malcriados con cuerpos de adulto. Esos egoistas de manual que te quieren mucho hasta que te sacan la paga, que van al bar solamente la hora feliz y que exigen sentirse especiales mientras tratan a los demás como sus esclavos.
O quizá no.
Hay quien cree que esto nos hará reflexionar y valorar lo que realmente importa. Bueno, eso si te importan las trócolas rosas de oferta.
Bilbao, ciudad que me tiene a mal como habitante, celebra sus fiestas en agosto. A finales. Esa semana el jueves es festivo y lo que suele suceder desde hace muchos años es que el miércoles anterior se junta el ayuntamiento y hace la subida de impuestos anual. ¿Por qué? Porque se está despistado con eso de que hace calor, que mañana es fiesta y que estamos en agosto.
Es exactamente lo mismo que hacia el PP subiendo el IVA cuando se jugaba alguna semifinal de la champions.
Y con eso no estoy diciendo en ningún caso que hubiera que subir algún impuesto o no, sino que cuando hay que hacer algo que se sabe que es doloroso y criticable, se tiende a esconder. Algunos adolescentes ponen carteles diciendo que han sacado una buena nota en ciencias pero deslizan el suspenso en matemáticas a sus padres cuando creen que se van a dar menos cuenta.
Por otra parte personalmente tuve, en cierta ocasión, la mala fortuna de ser la diana de unos ladrones y sufrí unos cuantos robos. Me sorprendió amargamente la respuesta pública del concejal de seguridad ciudadana asegurando que no había robos. Y la excusa es que mi denuncia no había sido gestionada por los municipales sino por la policía y, como son dos cuerpos diferentes, no aparecía en su estadística. Así que él, en debate público, insistía que no había ningún robo porque en sus datos no aparecía.
Contado todo esto creo que tenemos muy claro que una cosa es lo que hay que hacer, otra la valentía y otra la manera cobarde en resguardarse en las estadísticas que tienen a bien hacer algunos políticos.
Pues bien. Este gobierno que se supone que tenemos y que antes de la pandemia ya rumoreaba que no iba tener dinero para todo lo que prometía se ha dado cuenta que se han apuntado al paro más de dos millones de personas. No se puede permitir que esa estadística crezca. Así que prohíbe el despido. Como no tiene dinero piensa, en su concepción del mundo anacrónica, que todos los empresarios son Amancio Ortega y decide que sean los empresarios quienes paguen los gastos aunque no puedan facturar nada. Y que paguen los impuestos, porque necesitan dinero de donde sea para ir tapando agujeros. Como mucho que lo paguen a plazos, pero que lo paguen.Y aplican un sesgo ideológico de ricos explotadores capitalistas y pobrecitos los demás sin tener los huevos de explicar a la ciudadania que cuando salgan de sus casas, deslumbrados por el sol como quien sale de un refugio antiatómico, su salario ( si lo tienen) será del 60%. Y no es que se vayan a hacer ajustes sino que aparte de una pandemia tenemos un virus político que lo hace todo empeorar porque Amancio es probable que no seamos la mayoría. El Banco Santander tampoco, ni siquiera telefónica. El tipo ese que tiene un bar con cinco camareros, el que montó un hotel para la campaña de semana santa con 30 empleados, el que hipotecó su casa para coger una franquicia de zapatillas deportivas y tiene tres dependientes o el que capitalizó el paro para poder salir adelante con una academia, por poner unos ejemplos, esos se van a la mierda teniendo que pagar por no trabajar y porque esos, que son el 70% de las empresas de este pais, no son Amancio.
Yo siempre he pensado que una empresa con el 10% de la plantilla es mejor que una empresa muerta. Y se mueren si las matas por ley. La constitución española dice en el artículo 38 que el estado tiene la obligación de proteger a sus empresas. "Sus empresas" mientras Amazon sigue vendiendo, con el beneplácito gubernamental, lo que algunos no tienen permitido vender y pagando impuestos en Luxemburgo.
Hay que ser valiente y darse cuenta de la realidad en momentos como éste. Y aquí valentía: ninguna. Miran las estadísticas desde sus despachos con el salario íntegro y siguen creyendo que el mundo es ese juego de buenos, machistas y malos en el que creían vivir. Se ponen delante del micrófono diciendo que no pasa nada, que mañana volverá la normalidad, que estamos en el pico. Que hay que hacer un esfuerzo. Yo me esfuerzo, pero no me asesines para salvar tu culo con mis últimas gotas de sangre.
Gracias, como autónomo, por la nueva ruina. Oigo desde cerca llorar a mis clientes que son, casi todos, luchadores.
Podíamos con el virus pero no sé si podremos sobrevivir a tanta inutilidad que aprovecha la emergencia, como algún ayuntamiento las fiestas con los impuestos, para asesinar a cualquiera que haya soñado con trabajar y crear empleo.
Es decir, que HOY más de 100.000 personas se quedan con los ingresos reducidos o eliminados.
Sin contar los millones de pequeños empresarios que no pueden facturar pero han de pagar los salarios de sus trabajadores y, por supuesto, los impuestos correspondientes. Esos caerán sin hacer ruido.
No sólo se infecta uno con tos, fiebre y dificultad respiratoria.... hay infectados económicos y esto no se va a arreglar en 14 días.
Pd: pero tú, que estás en tu casa tocándote los huevos, vas a comprar a Amazon que usa a falsos autónomos (que van por la calle con sus coches particulares hoy) y cotiza en Luxemburgo. A ver si la solidaridad la vemos por algún sitio, que vienen tiempos jodidos. Esto acaba de empezar. Ahora te pides un Glovo, imbécil. Y te enfadas porque no lleva guantes.
Una de las cositas maravillosas de la nueva economía que tanto nos gusta alabar es el que tenemos la falsa percepción de precios baratos. Esto sucede porque si un martes a las once de la mañana comparas el precio de un Taxi y de un Uber la balanza se inclina por el segundo y , además, te dan una botellita de agua. Quizá pasa lo mismo si vas a Amazon y a la tienda de muebles debajo de tu casa. Ese producto , supuestamente idéntico, es más barato allá que acá. Mira tú que bien, las nuevas maneras de vender han llegado para quedarse. No te cuento si hablamos de los vuelos que varían sus precios cada minuto con algoritmos locos en donde el usuario, en un alarde de intentar ser más listo que la máquina ( que es la pone las reglas del juego) espera a las cuatro de la mañana del día valle para reservar su asiento de ventanilla.
Pero da la casualidad que hay un día, con un concierto o una alarma, que el Uber se pone por las nubes porque los precios son variables. En San Francisco, donde los Taxis se han ido muriendo poco a poco, los precios no regulados multiplican por dos los precios fijos que establecían las normas previas. Es decir, que a la larga no es más barato, mis pequeños consumidores. Gol.
Así que aparece un virus que ha recorrido más paises ya que Puigdemont y nos volvemos todos locos. Se compran mascarillas y se compran mil millones de mierdas que aunque son bulos, pues me lo compro por si acaso ya que la supervivencia está sobrevalorada. Y Amazon, con sus precios variables para el interés de la economía personal... pone las mascarillas a 1000€. Con dos cojones y un palo. Se acaban los geles de manos en el mercadona y se encuentran subidas de precio del 660% en algunos productos que la histeria popular cree milagrosos. Vamos a morir todos pero algunos con una buena cuenta corriente gracias a la nueva economía de precios.
Cuando suceden situaciones nuevas es cuando conocemos las taras que nos rodean. Una es el egoismo donde Maria Teresa se va al supermercado para comprar toda el agua que encuentre por si acaso llega la apocalipsis y no sea que su vecino se lo lleve antes. Y sube el precio del agua. Otra son las miserias que hemos ido permitiendo y que con la falsa percepción de "el mejor precio" ahora te golpean en la cara con las consecuencias del libremercado sin que haya nadie que, desde la sociedad o desde los gobiernos, que pongan freno a algo que no es más que abuso. Y no será el último abuso.
Tenemos lo que hemos creado. Hemos creado monstruos.
-¿Qué es lo más caro de una empresa?
-Las materias primas
-Vale, pues algo sin materias primas.
-Los trabajadores
-Entonces que no haya trabajadores sino "colaboradores"
-Los impuestos
-Hagamos "ingeniería fiscal".
-¿Y si sale mal?
-Apagamos el ordenador
Y con eso ya tenemos una startup moderna.
Uber no tiene licencias, JustEat no tiene restaurantes, Airbnb no tiene pisos... los "colaboradores" ponen el coche, la comida y las casas. Los gobiernos todavía están buscando donde guardan el dinero que se quedan.
En algún momento pasó a ganar más el que pone el medio que el que hace el trabajo.
Definitivamente algo estamos haciendo mal con la modernidad.
Nada más empezar el año se anunció un jueves negro: 4000 personas a la calle. Y a lo largo de pequeños artículos y noticias se van desgranando cientos de pequeños negocios de esos que son de toda la vida que van cayendo en la quiebra y el olvido. No es algo de una sola ciudad ni de algo que podamos culpar a algo etéreo sino a nosotros mismos.
La diferencia entre la crisis del 2008 y la que viene es que en aquel momento un albañil cobraba 3000€ y pensaba que iba a ser rico siempre. Entonces se compraba un BMW y un chalet. El banquero le daba más créditos y los gin tonics se ponían sin pepino a 18€ la copa. Aquí hasta el más tonto era rico y, obviamente, eso reventó.
Ahora con la excusa de que yo me encuentro jodido pero no estoy dispuesto a renunciar a nada me importa una mierda pinchada en un palo que el que me trae la comida de mierda a casa sea un falso autónomo, que mi ropa la cosan niños o que la plataforma online pague impuestos en Luxemburgo y sus trabajadores estén en huelga contínua. La nueva economía se basa en el esclavismo se mire por donde se mire. Me da lo mismo que no haya fábricas ni comercio siempre y cuando no sea el mio , siempre y cuando no sea mi trabajo. Siempre y cuando no sea yo porque si soy yo la culpa es de todos los demás pero yo no he hecho nada malo. En mi derecho estoy de gastar el poco dinero que no me han robado los políticos en donde me de la gana. No me importan los derechos de los demás pero yo soy muy consciente de los míos. Somos , como los adolescentes que compran alcohol barato en el súper para ir borrachos al bar (que cerrará), adolescentes egoístas.
Ahí estamos ahora. Apriétate que viene. El bazar chino debajo de mi casa cerró ayer.
Hay una parte de Pretty Woman en la que Julia, con su gran e interminable bocaza, le pregunta a Richard qué es lo que fabrica para ser tan rico. Él le dice que nada y que es precisamente eso lo que le hace rico. En la historia hay un cambio en el que él decide que quiere fabricar algo, lo que sea, porque sólo el dinero no le proporciona más que una satisfacción visual al mirar el saldo de las cuentas (y, dicho así de soslayo, le permite un alto gasto en prostitución). Los espectadores, en el momento del cambio en la línea empresaria del Sr Gere, se enternecen porque el tiburón ha descubierto una de las enseñanzas de la vida: hacer algo útil. Crear.
Así que todos estamos de acuerdo en lo bueno que es crear, fabricar, imaginar, hacer. Pero de la misma forma que ninguna de las grandes empresas envidiadas fabrican nada (Amazon, Google, Facebook...donde quien crea son los usuarios) resulta que las que parece que lo hacen lo único que tienen es un grupo de compradores enormes que van por ahí recogiendo los inventos pequeños de humanos visionarios pobres. No hay, en la industria moderna, un sólo producto desarrollado desde cero por una gran compañía. Xiaomi es el gran copiador. Las memorias de los Apple son de Samsung y las cámaras de Samsung de Sony, las de Huawei de Leica. Y todos ellos han comprado esas ideas a quien las pensó en realidad de la misma forma que lo que compras en Amazon es de algún pequeño comercio agarrado por los huevos con la distribuidora americana. En realidad la economía moderna lo único que quiere es acaparar clientes y, con ello, seguir haciendo negocio. Pensemos en local: Mercadona se hace un nombre y genera una distribución. Entonce va al ganadero a decirle que si quiere vender leche la tiene que vender a un determinado precio o terminar matando a sus vacas. Que es lo que hay. (Exactamente igual que tener que soportar las devoluciones de Amazon sin rechistar porque el que corre con el gasto no es Amazon sino quien está detrás, sufriendo). Mercadona no fabrica pero es, como Richard Gere, el que hace dinero. Bastante además y haciéndote creer que el Sr Roig sabe hacer queso.
Los creadores, los "ilusionarios", los artistas o los ingenieros a la antigüa usanza son los becarios imprescindibles de la nueva economía y los que menos cobran. El que limpia el piso de Airbnb y se hipotecó para ponerlo en alquiler es el que hace rico a uno que, sentado frente a la playa de Santa Monica, se preocupó de tener el cliente y el procedimiento. Los dueños de todo son los dueños del procedimiento que no del producto. Las bicicletas de deliveroo son de los repartidores, que se llaman riders pero podrían ser los pringados de la historia. Quizá Tesla quiera fabricar algo pero ha echado al 9% de la plantilla y no ha ganado dinero jamás. El sr Musk se hizo rico con Paypal, que no fabricó nada. Supongo que se fue de putas con corazón y empezó a perder dinero con los coches eléctricos.
Hay un desprecio absoluto por quienes intentan, en mayor o menos medida, hacer algo. Los escritores son los parias de la literatura ganando una cuarta parte de lo que gana la librería. Entonces alguien dice que "deberías de estar orgulloso" y te das cuenta que el orgullo no llena la nevera.
Jode, de una manera hasta dolorosa, ver pasar en deportivos a quienes nunca hicieron nada.
Y que jueguen a que les hagas la ola.
Adoramos a futbolistas y distribuidores. Despreciamos a quienes crean.
Conozco a alguien que tiene un alto concepto de si mismo que jamás, en su puta vida, ha enviado un chiste que no haya copiado. Sus amigos dicen que es muy original y le llaman para las cenas.
A ver si al final, como en casi todo, el problema está en la forma en la que como sociedad premiamos a los mediocres que convierten en prostitución a todo lo que les rodea. No en vano los usuarios somos las putas de facebook. Los camareros las meretrices de sus clientes. Las busconas de la literatura los escritores. Los ganaderos las furcias de las grandes superficies. Las rameras de la música, los músicos.
Quien se mancha las manos es la gran cortesana de la economía.
Conozco a alguien que tiende a definir a la cultura millenial como un conjunto de seres tremendamente decepcionados por el mundo que les ha tocado vivir. Que han llegado a la conclusión de preocuparse por su culo, echar la culpa siempre a algo ajeno y procurar unas rápidas satisfacciones personales basadas mucho más en el objetivo que en cualquier otra cosa.
Tener un título es más importante que saber.
Por otra parte, de una manera casi mágica, han descubierto gracias al gran mentiroso y mal educador que es Internet, que todo es posible. Ayer alguien me llamó para pedirme que le recuperara de facebook una foto que había borrado. Cundo le dije que eso es facebook, un servidor lejano, y que debería de ponerse en contacto con aquella compañía para, probablemente, que no lo hicieran caso o le respondiera una máquina me dijo que había un video en youtube con un procedimiento que le aseguraba el éxito en unos pasos sencillos. Tuve la tentación de explicar que si en google se pone "china con tres tetas" salen vídeos y fotos pero que no existe. No lo hice porque ya había empezado a decirme, de una manera casi grosera, que lo que estaba pasando es que yo no quería hacer ese trabajo porque no me daba la gana. La frustración genera, últimamente, reproches muy desagradables.
La pregunta es qué mierdas lleva a alguien a desplegar sus insultos contra mi que ni he borrado nada ni me importa. La respuesta es que yo no soy una máquina ni un procedimiento así que paso a ser directamente el enemigo en vez de su dedo loco que ha borrado lo que no quería borrar.
Y, como un karma inexplicable, cuando facebook, amazon, google, deliveroo, airbnb o la nueva página de torrents hace una barbaridad el usuario simplemente vuelve. Es como cuando el whatsapp dejó de funcionar en los iphone (porque a apple le dió la gana) y las personas se compraban otro iphone. Cuando los samsung s7 explotaban las personas, sencillamente, se compraban otro Samsung. Quizá es que da la sensación que todas esas compañías siempre están ahí, esperando.
Así que retroalimentan. No hay una sola de todas esas empresas que se libre de ser un referente en explotación y miseria. Impuestos pagados en paraísos fiscales, explotación laboral, vacíos legales... Un millenial con conciencia se manifiesta para poner en evidencia los desarreglos del nuevo mundo pero luego se va a Ikea, se come una hamburguesa en McDonalds, lo publica en sus redes, compra en Amazon (que tiene todas las taras de la nueva economía), se hace un deliveroo y va de vacaciones a pisos colaborativos. Cuando se le acaban los recursos y casi de casualidad se encuentra con un profesional y le insulta. Lo hace porque le dicen que lo que pide es imposible y su pantalla, cuando pide lo imposible le miente o le dice que le enviará un mensaje con la respuesta en breve. "Tú no puedes encajar la verdad" podría ser algo que define, al estilo Nicholson, una gran verdad moderna. Las interfaces de la nueva economía nunca dicen que no aunque se les pida una barbaridad.
Hay un dato bastante curioso que certifica esta teoría. No llaman por teléfono y mucho menos se enredan en conversaciones presenciales. Podría parecer absurdo pero esconde algo más. Cuando la comunicación es undireccional, bien sea con mensajes o notas de voz que no pueden tener interrupción, no se acepta que haya un interlocutor que arrebate el poder de la conversación y, además, no jugamos a un juego juntos sino a un partido de tenis donde uno da un raquetazo y ya verá el otro si lo devuelve o no. La forma de relacionarse se establece por los protocolos del procedimiento, casi como una página web más donde si no se me da lo que quiero obtener de una forma instantánea, iré a otro lugar que me lo ofrezca porque "no es que no exista sino que no he buscado la web adecuada", aunque sean chinas con tres tetas.
Hoy un niño decía a su padre que el Fortnite es gratuíto y el padre le miró al niño y le dijo, mientras pagaba el ordenador nuevo, que si se daba cuenta cuanto (aparte de lo de hoy) llevaba gastado en el jodido juego. "Bueno"- decía el niño- "pero descargarlo es gratis". Imposible hacérselo entender.
El problema es que cuando ésta generación o la siguiente vaya a buscar trabajo verá que sólo hay explotación y miseria. Que sólo tienen la opción de ser falsos autónomos o ser explotados en almacenes de Amazon o fabricar para Amazon como mano de obra barata a la que ponga precios y condiciones ella misma. Que no quedan hoteles ni comercios, taxis o profesionales. restaurantes o carpinteros... en ese momento, mis pequeños hijos de la gran puta que es la modernidad, os daréis cuenta que ese mundo es el que habéis hecho vosotros.
Y no podréis recuperar, jamás, la foto que borrasteis de facebook y eso que facebook es "gratis". Allá os jodais.
El problema es que hasta los jubilados son millenial hoy.
Imagina un mundo donde no exista más que aquello que empleas, consumes o utilizas.
"Industry and commerce toppled to their knees The gears of progress halted The underclass set free The super-ego shattered with our ideologies The obscene injunction to enjoy life Disappears as in a dream And as we return to out native state To our primal scene The temperature, it started dropping And the ice floes began to freeze". Eso dice el último vídeo de Father John Misty y, curiosamente, la unión europea dice que ya se acabó la crisis. Eso que no existía en el 2008, cuando todos éramos ricos y parecía que estábamos en un paraíso de bienes infinitos que nunca, jamás, iba a dejar de darnos sus beneplácitos.
También cantaba Dire Straits: "I used to like to go work but the shut it down. I´ve got a right to go to work but there´s no work here to be found. Yes, and they say we´re gonna have to pay what´s owed. We´re gonna have to reap from some seeds that´s been sowed". Pero eso fue en 1982
Todo es un ciclo porque no aprendemos. La moda y las hombreras, las canciones de mierda y las personas que nos hacen daño. Quizá somos sadomasoquistas de las crisis y de las piedras que, como Julio Iglesias, nos hacen tropezar de nuevo.
¿Qué éramos en el 2008?. Unos gilipollas. ¿Que somos casi en el 2018?. Unos gilipollas pobres.
Lo curioso es cómo se interioriza lo que nos ha pasado durante este tiempo. Perez Reverte afirma, en algún caso, que si la gente vuelve a tener medios la volverá a cagar porque somos así. No le quito razón. Es curioso que mi abuela, tras haberse tenido que esconder de las bombas durante toda una guerra y con dos hijos, fue una trabajadora infinita que guardaba las joyas en un baldosin suelto de la cocina. Que nunca se permitió un lujo y que tenía más dinero que un torero en comparación con sus gastos. Mi padre, que emigró para conseguir mejorar en la vida, fue siempre hacia delante guardando en los tiempos buenos para los malos, que eran cíclicos. Y nos dio de comer todos los días mientras pintaba la terraza en verano, arreglaba las bicicletas en otoño y cuadraba balances el resto del año. Nosotros, que vimos a nuestra abuela y a nuestros padres trabajar para salir adelante, quizá hasta lo interiorizamos pero no mucho porque la realidad es que eso de no tener es algo de lo que nos habían hablado casi tanto como lo de ir al lado oscuro de la fuerza. Así que no le hicimos mucho caso incluso sabiendo que Darth Vader es un personaje de ficción. Nos pusimos dignos y coherentes con la ecología y la economía en conversaciones grupales en la que quisiéramos aparecer como razonables y le dimos a nuestros hijos todo lo que nos pidieron, a veces hasta con copias fraudulentas de la verdad. A veces con peluches falsificados de Pluto o de Bob Esponja, pero se lo dimos. Y un móvil. Y les hablamos de lo importantes que son los derechos y que si alguien se esfuerza podrá tenerlo todo. Les mentimos como perros pero tampoco les íbamos a decir que las cosas eran jodidas porque la ordinariez de la vida es muy fea para explicarla antes de dormir, como un cuento en el que termina llegando el hombre del saco. El malo. El otro. El responsable de nuestras penas, de las que no nos merecemos, de las que nos envían los malos, siempre los malos. Los de las películas. Las mismas películas en las que se encontraba a la persona perfecta entre sonido de violines.
Me cuenta un amigo que se rodea de jóvenes menores de 30 y cargados de ilusión que lo primero que hacen cuando intentan sacar adelante un proyecto es valorar en qué parte de la oficina pueden poner el futbolin porque todos quieren ser la parte que mola de google y hablar como Musk, que pierde un millon de euros cada vez que parpadea. Me dice que todos quieren hacer una app tonta que les saque de pobres pero mientras tanto actúan como ricos. Mi padre me daba dos billetes cuando yo quería salir. "uno para gastar y otro para enseñar"- me decía porque no está bien que los demás piensen que eres un mierda. Me explica, mi amigo, que antes de aprender a golpear la pelota los aspirantes a estrellas ya llevan las gafas de futbolista rico y que esos sueños les duran hasta que se acaba el dinero y que eso suele ser un par de años. No más. No son capaces de preguntarse qué sucederá si la fuente se acaba porque la fuente, de una forma u otra, de los padres, de abuelos o del estado siempre ha manado. Trabajan, eso sí, en lugares trampolín hacia sus sueños: comerciales, repartidores, camareros o almaceneros. Pero si les preguntan todos son artistas, coach, ceo, product manager o directores. Tienen un trabajo para gastar y otro para enseñar. Los diez años de penuria no son su problema porque ellos no lo causaron. Son las víctimas de un sistema y, sin embargo, compran en páginas que no pagan impuestos, en tiendas que utilizan niños, en aplicaciones que no hacen nada más que joder a quien trabaja (las aplicaciones de reservas joden a los hoteleros sin tener hoteles, las de comida rápida a los restauradores sin tener comida, las de alquiler de coche al que pone el coche). Tienen un discurso para contarte lo que se preocupan por los demás y otro para hacerlo cuando están en la intimidad de su consumo.
Y los mayores de 30 no quieren ser menos. Los jubilados y mi hermana, leyendo las opiniones de los hoteles a los que quiere ir (con ofertas de mentira), son un mercado potencial brutal de la mediocridad en la que nos ha dejado la crisis. Si se sobrevive sin hacer nada, ¿para qué hacer algo?. ¿Inventar el rock?. Hagamos regetton con autotune y creamos que es lo único que existe. Compra el pan por Amazon y después asómbrate de que cierre la panadería que estaba a todas horas abierta debajo de tu casa, cabrón.
Cambio de afirmación: En el 2008 éramos gilipollas y en el 2018 somos gilipollas que no sabemos que somos gilipollas. Y ademas somos pobres porque nos quitamos el pan los unos a los otros.
Cuando, autónomo sin futbolin, digo que llevo más de cinco años sin vacaciones me dicen que es porque yo no quiero y luego me miran como si fuera imbécil. Algo debo de serlo, si.
Los repartidores de deliveroo están en huelga. Oh, que pena. Nótese cierta ironía en esta desagradable tragedia. Me sucede más o menos lo mismo que cuando a un grupo de padres defensores de lo natural se les muere un hijo porque no les ha dado la gana de vacunarlo. Me da pena pero hay una parte de mi que dice que cuando se compran muchos boletos para algo hay veces que toca.
Bien.
No se si sucederá lo mismo en el resto de los lugares del mundo pero España es el puto paraíso low cost. Low cost de vuelos, de hoteles, de cervezas en una happy hour, de black friday, de orange weekend, de bloddy sunday. Los reyes del outlet y de la rebaja. La mejor manera de engañar a un español es decirle, aunque sea una mentira como un record mundial en los doscientos cincuenta metros lisos de tu primo el cojo, que tiene un descuento de un 60% en esa unidad que es, además, la última.
Y después, sacar otra para buscar a otro que no se preocupa de mirar lo que costaba antes o valorar si realmente lo necesita para algo.
Si algo tiene el cambio cultural al que estamos siendo sometidos desde hace un relativo poco tiempo es que busca satisfacer esa necesidad tan absurda e imbécil de querer ser más listo que el vecino aunque sea poniéndole una zancadilla. Engañar a nuestros iguales es algo muy de los pobres, qué quieres que te diga. Es algo absurdo pero es cierto. Viene a ser como disfrutar viendo por el circuito cerrado de televisión cómo dos se pegan por unas enaguas de rebajas cuando dispones de un almacén lleno pero sabes que el hecho que se peguen es lo que le da valor a esa prenda de mierda.
Lo que se llama economía colaborativa tiene mucho de eso. Creo que requiere de una explicación:
La inmensa mayoría de esas aplicaciones, esos servicios que parece que se han inventado ahora y existen desde los confines de los tiempos, hablan de la ecología, de la felicidad, de la ilusión enorme que supone ser un nuevo elemento colaborar de un mundo mejor que haremos entre todos contra las garras de la polución, la indignación y el capitalismo. Conducir una bicicleta por una gran ciudad, contaminar menos con un coche compartido, aprovechar esas cosas que ya no usas para que hagan felices a otros... no sé, enriquecerse de la cultura de otros mientras se despiertan en el sofá compartido de tu casa. Hostia, cómo me molo. Lo hago por la alegría, por la bondad. Todos olemos a rosas y nadie se lleva el candelabro de tu abuela cuando le dejas al británico borracho solo en tu salón. Es un componente absolutamente hipócrita porque, mi querido cabrón, lo haces por la puta pasta. Por no pagar un hotel, por no ir en taxi o por pagar menos por el porte. lo haces por sacar unos euros miserables aunque el niño se haya cagado cien veces en ese cochecito que has puesto de segunda mano. Apuestas por internet, intentas poner publicidad en tu blog o quieres hacerte youtuber por un porcentaje de ego y, sobre todo, por el maldito parné.
Y claro está, te importa una mierda el trabajo del repartidor, si gana un salario digno o si la plataforma de mierda es la que se lleva el dinero a cotizar al Congo para no pagar impuestos. Eso no te importa porque , sencillamente, no es tu problema. He visto a cargos electos de la izquierda reaccionaria colaborativa española reclamando acabar con el esclavismo infantil con una camisa de zara, unas bragas del primark y haciendo fotos con su iphone. Eso, en mi idioma, es la definición de hipocresía. A ver si nos aclaramos: el trabajo basura es una mierda pero cada vez que usas un puto servicio low cost estás ayudando a crear otro trabajo basura. Unos los crea un gobierno poco sensibilizado con las personas y otros, hijo de puta, los creas tú.
La economía colaborativa, al menos a la que me refiero, exprime a la mano de obra intermedia al máximo. No protege a sus trabajadores, no ayuda a generar riqueza y nos aboca a un futuro donde ganes una mierda alquilando tu salón por airbnb, otra mierda repartiendo pizzas en bici, unos euros vendiendo la ropa usada y la licuadora con restos de pomelo, otro poco con la publicidad que google quiera poner en tu blog y el resto para llegar a fin de mes a base de apuestas por internet de esas en las que sólo ganan los matemáticos. Es decir: por ese camino en vez de un trabajo de calidad tendrás cuatro trabajos de mierda. Decía un amigo de universidad: Más fijo que un Longines.
Por detrás nuestro viene una generación que no quiere renunciar a nada. Quiere móvil, internet, viajar, conocer mundo y hacerlo todo. Vivir en un jodido anuncio. No saben que no se puede tener todo y lo que queda es tenerlo todo pero de una calidad de mierda.
Elegir es renunciar pero es un verbo que no se aprende a conjugar viendo la televisión. Mucho menos en una app. Mucho menos trabajando para una app, comprando en Amazon (impuestos en Luxemburgo) y descubriendo que el capitalismo 4.0 es mucho más cabrón que del que queríamos escapar.
Lo curioso es que en éste algunos entran de cabeza jurando que no es verdad.
Cuéntaselo a los repartidores de Devliveroo.
A ver si al final los taxistas, los comerciantes e incluso el dueño del Corte Ingles va a ser un tipo que trata mejor a las personas que Google, Uber o el imbécil que está ahora mismo buscando una excusa molona para encontrar mano de obra gratuita de una nueva web gay friendly, ecologista y solidaria.
No me jodas, anda, que badoo pone que es para hacer amigos y todos sabemos que es para follar.
Uno hizo un amigo, si. Y yo contaminé menos llevando a cuatro en BlaBlaCar pero, ¿sabes?, !me pagaron el viaje!.