Mal dia para buscar

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22 de octubre de 2014

LuisOrlando, la prynsesa

Dice un periodista y amigo que dejar a las personas mostrarse libremente las retrata. Voy a poner un ejemplo (ver prynsesa):

También hay alguno que dice que todas las personas, por el mero hecho de existir debemos ser escuchadas, que la opinión de un tarugo sometido y traicionado por carencias mentales debe de tener el mismo peso democrático que la opinión razonada de un intelectual de sobrada capacidad. Eso, quizá llevado a una lógica poco correcta, es mentira. Y es mentira porque unos corren más que otros, porque unos son más hábiles que otros y hay quien tiene gusto y quien no. Eso es una obviedad. Así que hay quien es listo y quien no. Por mucho que se esfuerce un tonto en parecer listo al final, en algún momento, se retrata.

Pero desafortunadamente hay algunos que, escondidos en sus cuevas e iluminados por la luz de unos mugrientos monitores continuamente conectados al espacio supuestamente democrático que es Internet, se dedican a escribir y escribir, a incitar y a criticar saltando de frame a casualidad y de conspiración a escándalo henchidos del orgullo que da tener más followers o más visitas. En realidad son ruido y son un divertimento peligroso como el lado más preocupante de la estupidez humana.

Tuvimos a Carlos Jesús, esperando que vinieran del cielo trece millones de naves. Tuvimos al risitas, a Pozí. Tuvimos a personajes que llegaban y se iban, que tenían su momento de gloria. Tuvimos a Salvador Raya, que fue uno de los primeros freaks 2.0 y que ha terminado entrevistando a Pablo Iglesias casi a la vez que Pedro Sanchez llamaba a Sálvame y mientras sintonizaban el canal de Rajoy en el plasma.

Sin embargo faltaba la invasión de los trolls.Véase: En la jerga de Internet, un troll o trol1 describe a una persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como un foro de discusiónsala de chat o blog, con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional en los usuarios y lectores

Claro que eso no es, en si mismo, un problema siempre y cuando alguien, al estilo de Norcoreano, sea consciente de lo que hace. El problema, en realidad, es cuando alguien se lo cree. El conflicto aparece cuando no existe la cantidad mínima de capacidad cerebral para diferenciar la ironía con la verdad y, por supuesto, el mundo real de la fantasía.

El problema está, precisamente, cuando el que no tiene físico intenta correr y el que no tiene cerebro hace como que intenta pensar. Algunos, incluso, creen que es tan caótico, tan irracional y tan patético que debe de ser una broma. LuisOrlando, la nueva estrella, es un ejemplo clarificador de lo que quiero decir.

Si fuera mujer, probablemente, sería una prynsesa.

En algún lugar, subido en su columpio, planea su nuevo movimiento esperando que la fama le "biole n el suelo". Se hará famoso porque la telebasura en internet son youtubers y trolls alimentados de seguidores.

"La verdad os hará libres"- decían. Y con la libertad florecerán los gilipollas.

20 de octubre de 2014

Querer, Poder, Creer, los huracanes y un puzzle.

Ya nadie se queda en casa haciendo puzzles o con hobbies que lleven más de quince minutos, a no ser que estén haciendo un timelapse para ponerlo en youtube. Actuar con una visión largoplacista debe de ser algo de los viejos. Eso ya lo sabemos con aquello del descuento hiperbólico.

Queremos las revoluciones que sean YA, a golpe de Like o de tuit. Queremos los cambios casi como si todo pudiera ser capaz de suceder en el tiempo que dura un capítulo de una serie y, a ser posible, con nosotros sentados en el sofá engordando con una Coca-Cola que nos engañe hablando de hábitos de vida saludables. Queremos estar en el bando de los buenos siempre. Queremos, como un idealista mal enfocado u Oriol en Salvados, que no exista lo que no piensa como nosotros. Una vez leí que los niños, hasta una determinada edad, no son conscientes que existe la realidad que no pueden ver con los ojos y es precisamente por eso por lo que si nos escondemos y aparecemos de golpe, abren los ojos sorprendidos.

Queremos ser niños, siempre.

Y que todo sea gratis (excepto nuestra retribución personal) o, al menos, que sea gratis lo que nos gusta a nosotros. Y libre de virus.

No es que Podemos, sino que Queremos. Sólo con quererlo, aún sin llegar a trabajarlo o merecerlo, ya parece un derecho. Inalienable, incontestable. Con una ronda de cervezas pagadas después de quedar para una manifestación ruidosa y algo folclórica, por si aparecen los de los tambores de Mayumana. Indignación cuando enfocan las cámaras y felicidad y compañerismo en porcentajes similares para con nuestros iguales porque la igualdad siempre está bien como concepto excepto si nos igualan con quien creemos que es inferior a nosotros. Claro que para eso hay que creer.

Lo curioso es que no hay que creer en Dios pero sí en el Dios de la democracia, como si uno se equivocara siempre y el otro, respondiendo a la sabiduría de una mayoría cabal y consecuente, fuera infalible. Hay que creer en la bondad de los pobres y la maldad de los ricos. Hay que confiar en que no hay vagos, ni infieles, ni trastornados. Los asesinos en serie de la convivencia no son delincuentes, son enfermos.

Hay que consumir fast food, fast sex y fast tv. Jactarse de ello como si arrepentirse fuera un delito cuando, en realidad, es una obligación moral pero nadie se arrepiente porque pedir perdón es arrastrarse y perdonar un acto poco cívico.

Pero se olvida con facilidad. Se olvida cuando no había microondas en casa y la televisión era en blanco y negro. Se olvida cuando las familias se sentaban a ver el Un, Dos, Tres. Se olvida que hace 20 años no tenía internet nadie. Se olvida que el número de visitas o el de discos vendidos no significa calidad, verdad o cultura. Se olvida que el número de polvos echados nunca fue sinónimo de popularidad. Se olvida a los muertos y a los que ya no salen por la televisión. Se olvida lo que deseábamos ayer porque hay que desear algo nuevo mañana creyendo, por supuesto, que es el deseo correcto y esperarlo como maná que venga del cielo porque, sencillamente, lo merecemos.

Se olvida el último escándalo porque hace falta vivir en la desazón de una nueva polémica. Casi sin recuperarnos del último huracán vienen los vientos del próximo sin poder hacer la casa, sin sentarse a hacer un puzzle.

Sin parar a pensar.

Merecer. Creer. Poder. Y no hacer más. Esforzarse por algo (que no vivir atormentado en medio de un selfie de amargura por no lograr los sueños)  ya no está de moda. 

(Dejar el chat cuando ya no emite la cam )

17 de octubre de 2014

La familia según apple y facebook.

Apple y Facebook, dos de esas empresas que van de estupendas y maravillosas como una familia americana que siempre sonríe en las fotos, financian la congelación de óvulos de sus empleadas para mantener el talento.

Es una especie de Gattaca, gran hermano ( el de Orwell, no el experimento sociológico),  los habitantes de la nave Axioma (de la película Wall-E) que viven contentos, obesos y  engañados sin mirar más allá de lo que les dictan sus pantallas y un poco de sedación empresarial para el reloj biológico que, queramos o no, tenemos todos de serie.

Antiguamente, cuando las empresas necesitaban que sus trabajadores vinieran de otras partes, hacían barrios enteros con sus correspondientes equipamientos para que las familias, los niños, lo perros y los abuelos vivieran en un entorno feliz protegidos por las prevendas de la compañía. Las casas de Sniace, en Torrelavega. Las construcciones de la parte baja de Bilbao pagadas por empresas que se instalaron en los años 60 y 70. En aquellos años la fábrica omnipotente ofrecía a sus empleados todo lo que consideraban necesario para vivir bajo aquel paraguas durante el resto de sus días.

Casi sin tener memoria histórica de cuando cambió aquello algunas compañías han decidido tomar ese rol perdido del Dios que todo lo puede y aparece la modernidad manchada con el control de la natalidad.

Quizá es porque el concepto de familia está caduco. Quizá es porque entre tanta familia unipersonal, monoparental, homosexual o matrimonio con hijos, nos hemos dejado la base por el camino. Nunca fue tener un hijo o comprar un monovolumen. Es una cuestión de afectos, de cariño, de proyecto y de futuro. El resto, que es lo anecdótico, parece que ahora es lo importante.

"Quiero tener un hijo"- oí una vez por el auricular del teléfono o en un mensaje- "Y creo que serías un buen padre"- siguió mientras yo sonreí sin que se notara. Entonces pensé en un abrazo o en un beso. Pensé en un silencio y en un refugio cargado de comprensión. Imaginé una llamada al salir del trabajo pidiendo que comprara yogurt, caer rendidos diez minutos después de lograr que durmiera el niño o saltar a la vez las vallas de la convivencia y los desencantos del día a día. Un idealista, lo sé. "Podríamos vivir cada uno en nuestra casa"- siguió mientras yo fantaseaba- "O, quizá, probar a estar juntos aunque eso lo veo más dificil porque somos muy diferentes"- Empecé a asombrarme. "Lo cierto es que esta semana me viene bien porque la que viene tengo una cena"- seguía como un robot. Yo, incauto y algo aturdido, paré a pensarlo. Quizá para ver o sordo de lo que quise, llamé  a última hora "¿Hay algo para cenar o tengo que comprar?"- pregunté. "Es tarde. Me tengo que lavar el pelo"- respondíó. "Mejor en otro momento". Nunca más la vi. Creo que hay algo del concepto básico en lo que no estábamos de acuerdo.

Porque hay partes de la vida que no son tener, sino ser. Es casi aquel libro de Erich Fromm. No se tiene una familia por poseer un coche, un niño, dos perros, sexo los jueves y un jardin. A veces la familia es un grupo de amigos. No se es mejor persona porque una compañía moderna que se cree en posesión de la verdad dé libertad para la congelación de unos cuantos óvulos o financie la educación de los niños mientras, como abejas, hacemos miel para el beneplácito de nuestro nuevo Dios que nos castiga, nos premia y ahora quiere tener el control de nuestras vidas más personales. De ahí a untarnos las tostadas de mantequilla o a obligarnos, por contrato, a tener un hijo con Juana, la de administración, va un milímetro.

A veces es un sí. A veces es un no. Pero nunca es "a cualquier precio". El control de la natalidad y de los ciclos de la vida es algo que la tecnología nos está proporcionando pero eso no implica que tengamos que despreciar las fases de nuestra propia naturaleza en uno u otro camino.

Porque no es tener. Tener es circunstancial. "Una familia"- me dijo una vez mi padre- "se trabaja".
"El trabajo se tiene".

14 de octubre de 2014

Lugares para quedarse

Existen ciudades para vivirlas y para estar un rato. Existen, también, ciudades para quedarse. Y nunca es lo mismo. Londres, Barcelona, Berlin supongo, son lugares en los que estar exprimiendo el tiempo. Casi son un erasmus convertido en ciudad, aunque ese erasmus pille más allá de la cuarentena.

Existen canciones para consumirlas. One Hit Wonder de un verano o de un ametrallamiento facilón. Después están las canciones que se quedan en la retina, como el Sweet Jane de la Velvet, aunque fuera el Maritxu o la misma versión del 2003. Canciones que no desaparecen y que están ahí.

Y están los amigos que van y vienen, las amantes que podrían haber sido y que no fueron. Las noches en vela y velando la ausencia. Están los trabajos que fueron para un rato y las mudanzas que no deberían de haber durado más que unos días y se convirtieron en eternas. Mi madre siempre cuenta que en su casa, como si fuera un chiste de Gila, estaban sus dos hermanas, sus dos hermanos, su madre, su padre y un señor que vivía en el pasillo. La posguerra era así. La segunda recesión se le parece cuando vemos a miles de jóvenes intentando ser adultos mientras comparten piso.

Dicen, en el know how americano más recalcitrante, que haberse aurrinado un par de veces es una condición indispensable para el triunfo. No estoy de acuerdo porque, bajo esa premisa, ya he arruinado mi vida personal varias veces y aún así no triunfé. Será que no di con la startup adecuada, me falló la inversora o sigo confiando en una errónea idea de negocio.

Mi padre, cabezón y trabajador, se forjó a fuego en una empresa durante 45 años. Yo llevo 20 en el único sueño que pude tener con 23. Tengo amigos que han cambiado de trabajo cien veces en cien días, que fueron amantes del hip hop y llevaban hombreras en los 80, que eran de Apple y se pasaron a Android. Incluso alguno, ahora encorbatado y con zapatos negros y arrugados, recorrió Europa haciendo autostop. Todo le hizo más grande pero, quizá, solo quizá, en algún lugar de nuestra infancia leimos que había que hacer muchas cosas sin llegar a saborear ninguna. Quedarse en un sitio, al lado de una determinada persona, en un único trabajo incompleto como son los sueños al ser de verdad, era conformarse y conformarse era perder. Ninguno nacimos para ser perdedores. El error está en creer que lo somos si acaso no viajamos lo suficiente o cambiamos tanto de trabajo o de novia, de coche o de afición. Es la obsolescencia de las mentiras de la modernidad que obliga a vivir en el cambio contínuo sin durar nada para siempre.
La búsqueda de la perfección mal entendida nos ha llevado a despreciar los lugares que aparecen en la vida en los que quedarse. Hemos cargado nuestras decisiones con "peros" que las anulan y las castran. "Deseo tener un futuro contigo"- me dijo- "Pero..."

Claro que quedarse requiere un esfuerzo y un apoyo que nadie nos enseñó que venía de serie en el pack de la madurez.

Y hay que quedarse, sí. No a cualquier precio. No en cualquier lugar. Arropado por las circunstancias y una voz suave, al oído, que te recuerde que ese es tu lugar. Sin esa voz somos errantes vapuleados por el viento.

12 de octubre de 2014

La privacidad y los ángeles


LOS ANGELES DE LA NUBE by maldia

Una de las cosas que tiene el comportamiento humano es eso comportarse en casa, mantener las formas, cuidar los detalles y, por el contrario, al ir de turismo reventar las calles, beber hasta caerse muerto, hacer balconing y asaltar a las británicas bebidas ( o a los italianos fáciles).

Con la información personal pasa algo similar. La guardamos como si fuera un tesoro de la vista de los conocidos, de los habitantes de nuestro hogar. Muchas veces por ese pudor que se tiene, casi como si se leyera nuestro diario de adolescente. Pero tampoco queremos perder esos momentos, algunos textos y muchas de las fotos que marcan nuestro pasado reciente. Así que decidimos guardarlo y para algunos no hay problema que se quede en un servidor desconocido, en un pais lejano, bajo una contraseña mugrienta o tras una cuenta gratuíta que se nos ofreció en un anuncio popup del explorador. Da lo mismo que lo pueda ver un depravado taiwanes si no lo va a ver tu primo cuando entra en casa y te pide el ordenador para mirar los resultados deportivos o tus sobrinas para jugar al cute the rope.

Eso sí, la carpeta de elementos enviados del whatsapp sigue sin borrarla nadie. (no, esa no sale en la galeria)

10 de octubre de 2014

La infamia de los robots de búsqueda

Una vez me dijo, antes de quererme, antes de que la defraudara y, por supuesto, antes de intentar recuperarla demasiado tarde, que estaba cansada de ver fracasar a sus amigos, de ver a niños que pasaban de las manos del padre a la madre en medio de un asistente social. Me decía que no estaba dispuesta a pasar por eso y que aquel era el motivo por el que había decidido iniciar alguno de esos viajes sola, que es la forma de controlar el destino. Se le olvidaba, por supuesto, que un viaje no disfrutado no es un viaje, es un traslado. Le aterrorizaba, como es lógico, el fracaso que va dejando huella en los músculos cada día, el miedo, la extraña sensación de haberse quedado a mitad de camino que tienen la mayoría de las historias de amor contemporáneas y no saber si acaso, al dejarse caer de espaldas, yo estaría ahí para recogerla antes de tocar el suelo.

Así que se agarró a la estadística y a las experiencias de su entorno, a lo que dicen los sociólogos y las partes tristes de las películas y las canciones que se regodean en la sensación de pérdida. Se aferró a esa idea incómoda, basada en las bienintencionadas frases de los conocidos que aparecen cuando estás perdido, que dicen que te espera algo mejor a la vuelta de la esquina y, al doblarla, solamente hay otra larga calle vacía.

Y se fué. Con los aspavientos de la culpa contraria y convencida de haberlo intentado todo, de haber tratado de darse y de estar y de asumir la mediocridad que tenemos todos cuando nos mostramos enteros, cuando nos despertamos por la mañana con ojeras o cuando nos despistamos en medio del viaje. Estar convencido no quiere decir que sea verdad pero también es cierto que cada uno se convence de lo que quiere, disfruta o se regodea de lo que considera y la verdadera aspiración del ser humano es ser feliz, aunque sea una sensación ficticia. Viene a ser lo mismo que ser muy feliz con un libro recomendado por Amazon sin haber elegido el libro por decisión propia. Viene a ser algo como conformarse. Viene a ser parecido a creer que ese nuevo chico o ese nuevo entretenimiento, por el que ya no responde a mis mensajes, es la decisión correcta porque el comparador de solteros dijo que era compatible.

Lo que hace, de una manera infame la tecnología, es vendernos las decisiones que no somos capaces de tomar por nuestra propia iniciativa. Dice, en una entrevista, Enrique Dans (gurú de las nuevas tecnologías),  que el software que te hace recomendaciones en las webs de compra es mucho más fiable que lo que te pueda decir el librero que te lleva vendiendo libros desde que eres pequeño. Dice que hace un cálculo de todas aquellas cosas que han comprado las mismas personas que buscaron lo mismo que tú, que te recomienda las canciones que oyeron personas como tú y que te ofrece respuestas que fueron válidas para otros. Son respuestas estadísticamente válidas y frías como dibujar en una barra de hielo mi dirección y mis mejores deseos.

La inteligencia artificial, por definición y por lógica, es capaz de simular la inteligencia real pero no puede ser inteligente. Siri no existe, no piensa, no quiere, no puede ser empática, no da besos ni abrazos, no tiene sexo cuando necesitas vicio y calor cuando lo necesitas. No es capaz de aprender lo que te sucede al oirte respirar. Yo era capaz, en algún momento, de adivinar las bragas que llevaba puestas sin pensarlo.

Los primeros libros que leí sobre el tema lo dejaban bien claro: el ser humano sigue siendo una incógnita para él mismo y, por tanto, es imposible implementar un software que pueda llegar a una mínima parte de lo que es pero, por el contrario y como si fuera magia, se puede, fácilmente, simular un comportamiento que sea capaz de engañar al interlocutor, aunque después te termine recomendando el mismo video de mierda, el mismo libro superventas carente de contenido o ese soltero exigente que es guapo, limpio, educado, viril y ve las mismas series que tú pero es un soberano gilipollas cuando escarbas en su corazón.

Y ese software maléfico que vive para venderte una visualización más, ese programa que pone "otros usuarios también probaron", ese campo de búsqueda o esa ventana emergente es incapaz de reconocer dos cosas: que puede que no te guste o que la estadística está para romperla.

Jamás un programa, destinado a vender e incorporado a una web, tendrá más razón que la propia naturaleza humana. Jamás atreverte será una variable empíricamente admitida. Jamás se atrevió de verdad. Quizá yo tampoco. Nuestra humanidad, que no la estadística, nos lo impidió.

Porque no somos cobayas controladas por robots de búsqueda.

Otra cosa es que, rendidos, necesitemos la luz artificial que tiene el sol de las recomendaciones web. Pero no somos las polillas que revolotean alrededor de la luz del flexo. Valdrá para un libro, un mal disco o terminar viendo ese video del hámster con ojos saltones. No vale para las cosas de verdad.

9 de octubre de 2014

Televisión pública musical

Cogemos un programa de música en televisión pagado por el dinero de todos los contribuyentes. Hacemos un video con clase  y juntamos un poco de todo: (Martin James Bartlett, Pharrell Williams, Emeli Sande, Elton John, Lorde, Chris Martin, Brian Wilson, Florence Welch, Kylie Minogue, Stevie Wonder, Eliza Carthy, Nicola Benedetti, Jools Holland, Brian May, Jake Bugg, Katie Derham, Lauren Laverne, Gareth Malone, Alison Balsom, One Direction, Zane Lowe, Jaz Dhami, Paloma Faith, Chrissie Hynde, Jamie Cullum, Baaba Maal, Dave Grohl y Sam Smith).
Y ahora dime tú si en España, que desprecia sistemáticamente la cultura y que hace años que ha considerado que invertir en música para televisión es un paso atrás, se podría hacer algo parecido.

(Y eso que tenemos músicos y clase como para hacer cien veces esto, pero lo más cercano es un anuncio de cerveza de gusto discutible)

8 de octubre de 2014

El ébola en los medios y las discusiones de pareja.

Desconozco si acaso alguno ha vivido, en alguna ocasión, una de esas discusiones absurdamente encendidas en las que las recriminaciones se tiran como si fueran misiles directamente a la cara del interlocutor. Uno de esos momentos en los que el tono, más que el contenido, llena la habitación, el whatsapp o el altavoz del teléfono hasta límites por encima de la tolerancia humana. Las dos partes tienen razón y no la tiene ninguna y, si somos capaces de sentarnos un momento para analizar el motivo exacto de los gritos, descubrimos que tampoco es tan importante. Me han gritado por echar de menos a las 20:00 en vez de a las 18:00, por quedarme dormido sin el cupo necesario de abrazos, por abrazar demasiado, por criticar con furiosa cólera el reggetton, por ser etiquetado en facebook en fotos que no eran mías, por no dejar un cepillo de dientes o por irme antes, por irme después o por decir que sí a todo. Quien haya tenido una discusión de pareja sabe de lo que hablo. Son todas esas veces en las que el motivo real es otro pero se saca la cólera bajo argumentos nímios.

Ada Colau ha dicho que el gobierno está preparando un "exterminio encubierto". Una cuenta bajo el nombre de PodemosAnchuelo añade, además, un componente de "lobby católico" a los responsables de que (a ver si lo puedo copiar) el ébola se esté extendiendo por las clases humildes de Madrid. A eso se puede añadir aquellas recriminaciones que dicen que este gobierno mata a los perros y que la manera que tiene de acabar con el paro es asesinarnos a todos pero dejar a los curas , a los ricos y a los militantes de algún partido vivos.

Claro que el obispo de Alcalá, en su línea habitual, dice que el PP está infectado por el lobby LGBT. Así que tampoco hay mesura por el lado contrario.

Aquí lo que hay que hacer es gritar. Mucho, a ser posible. Escandalosamente, si se tercia. Lanzar argumentos casi a modo de titulares. Sacar los errores del pasado para justificar las desazones de ahora. Usar los errores de hoy para impedir subsanarlos mañana o dentro de un rato. Los chicos de PodemosAnchuelo dicen que hay que erradicar el mito del amor romántico porque es el germen que utiliza el heteropatriarcado para humillar y dominar a la mujer. Y a tomar por culo la posibilidad de enamorarme sanamente sin ser un machista. También hay un movimiento importante que está en contra del maltrato a orcos por el nuevo juego de "El señor de los anillos" y es que los orcos (vuelvo a citar textualmente) también tienen sentimientos. Exterminio, humillación, derechos, asesinatos son sinónimos de escándalo, que no de posesión de la verdad.

Si alguno ha vivido una discusión de pareja sabe que se llega a un momento en el que, se diga lo que se diga, se pierde. "Tengo ganas de hacerte el desayuno, abrazarte y ver una película contigo" se convierte en "solo me quieres para follar y yo no soy una marioneta de tu sexo". "Nos tomamos un café y luego me voy a casa" se transforma en "no eres capaz de quedarte ni una sola noche".

Ahora los medios se han convertido en los megáfonos de las discusiones de pareja entre unos y otros. Da lo mismo que sea ébola, paro, corrupción, deshaucios, independentismos o los goles con el codo de Ronaldo. Lo importante es gritar. Y gritando, colgando el teléfono, lanzando puyas en twitter, poniendo estados en facebook, bloqueando el contacto o haciendo una lucha pasivo agresiva no se puede llegar a ningún lugar.

Claro que, quizá, el objetivo es no llegar a ninguna parte y no solucionar absolutamente nada.

En ese caso lo estamos haciendo fenomenal.

3 de octubre de 2014

Desdecirme

Envejezco. Irremediablemente. También envejeces tú. Envejece tu teléfono y tu sistema operativo. Envejecen las fotos sin el efecto vintage. Sucede en el preciso instante en el que no soy capaz de recordar cuando se hicieron los arañazos en el coche, en el casco de la moto o en el fondo del corazón. No lo recuerdo. Están ahí, marcados, profundos, dejando que se sientan cuando paso por encima las yemas de los dedos. Fue importante el enfado y la rabia al descubrirlos. Fue un esfuerzo en vano tanto intentar, continuamente y casi de manera obsesiva o destructiva, que es como lo hacen los disolventes o los pulimientos, eliminar las marcas.

Decidí, algún día o quizá hoy mismo, que era mejor vivir con ellas. Ese día me salió una arruga y la saludé al llegar porque aunque no me guste, como la mayoría de mis limitaciones, sé que ya no se marcha y he de vivir con ellas. No hay tiempo para cambiar y sí para seguir aprendiendo.

Envejezco al pensar donde está escrito que el paso del tiempo tiene que ser algo malo, en qué lugar me vendieron que hay que ser eternamente joven, estar continuamente feliz o automáticamente erecto, brincando alrededor del fuego que tiene la hoguera donde se consumen algunos de los sueños fatuos a los que creí estar amarrado.

Sucede cuando, una mañana, he descubierto que esa camisa sigue gustándome algunos años después. 

Es entonces cuando, mirando alrededor, algunas de aquellas partes irremediablemente imprescindibles de lo que creí que tenían que ser los ingredientes de la vida han dejado de tener importancia y otras, cargadas de lo que pensé que era el conformismo o la derrota, han aparecido enfocadas ante mis ojos.

Así que en este preciso momento en el que no soy joven pero tampoco puedo regodearme en una vejez achacosa y arquetípica he de aprender a vivir con la presbicia que desenfoca un tiempo en el que  simplemente envejezco.

Pero no es malo. Solamente es diferente.

Mientras algunos se siguen retorciendo buscando el quitamanchas definitivo para sus vidas cada día que pasa es más que probable que los que me conocieron en mi cercana juventud se sorprendieran si descubren cómo, en medio del continuo proceso que tiene el paso del tiempo, soy capaz de desdecirme.

desdecir.
(De des- y decir).
1. tr. ant. desmentir.
2. tr. ant. Negar la autenticidad de algo.
3. intr. Dicho de una persona o de una cosa: Degenerar de su origen, educación o clase.
4. intr. Dicho de una cosa: No convenir, no conformarse con otra.
5. intr. desmentir (‖ perder una cosa la línea).
6. intr. p. us. Decaer, venir a menos.
7. prnl. Retractarse de lo dicho.

2 de octubre de 2014

Google, fappening y Streisand

Leo que "Las famosas "hackeadas" amenazan a Google con una demanda" y, para rematar la faena: "Google está lucrándose del abuso de mujeres". Y se quedan tan anchas.

Probablemente como es complicado denunciar a los tipos que las han subido, de manera pública, a Internet,  como es mucho más difícil enfrentarse a Apple por tener una seguridad de mierda (o a "la nube" correspondiente), como nadie tiene el valor de admitir que hacerse fotos desnudo con su cara bien visible y ponerlas en manos de otros es un riesgo y como, además, Internet es lo mismo que Google (que es lo mismo que pensar que todos los muebles del mundo son de Ikea).

Entonces vamos a denunciar a Google y, además, porque es muy dramático, digamos que abusa de las mujeres para su beneplácito moral y económico.

A veces, la estupidez humana, carece de límites.

Porque, como todo el mundo sabe, las mujeres no ven porno (ironic mode: on) porque si lo vieran y se excitaran de una forma casual al ver hombres o mujeres desnudas estarían entrando en la degradación y abuso de otro ser humano. Si, sólo por comentarlo, al hacerse una foto hubiera dejado fuera de cuadro su cara de famosa, quizá ya no sería un problema porque carece de interés el robo del material. También es verdad que si algunas compañías no fueran tan voraces para con cualquier cantidad de información que puedan tener de nosotros para su minería de datos es probable que no estén activadas por defecto las "copias de seguridad" con las que nos catalogan y clasifican. Y, quizá después de todo, no se nos puede olvidar que , con lo de la pornografía en Internet tan al alcance de la mano, es mucho más suculento el pezón de una famosa que mil relaciones sexuales de extrañas y turgentes profesionales del medio.

Pero, claro está, si está en Internet solamente es culpa de Google. "¿Cómo se conecta a Internet?"- le pregunté una vez a un cliente- "Con la E"- me respondió.

A veces Google, aunque sea casi satán, no tiene la culpa de todo lo que se puede encontrar en él y, en su descarga diré que buscando "fappening" no se llega a dichas fotos (que están en un servidor ruso (vk) que no os voy a decir aqui).

Van a denunciar a Gutenberg por un artículo de opinión. O a un árbol. O a Ana Botella porque tira los árboles.

Yo denunciaría a Barbra Streisand porque, en realidad, ella puso el nombre a este fenómeno.

30 de septiembre de 2014

Símbolos

Hoy me han dicho, en la puerta del supermercado, que la mayoría de las guerras han empezado con los símbolos.

Y los símbolos, que en su mayoría son pequeños trozos de tela impregnados de orgullo, no dejan de ser, en esos casos, herramientas para fastidiar al supuesto enemigo para que levante la mano y, de esa forma, tener la excusa moral para levantar la propia hasta que alguno, normalmente un tercero que pille en medio, levante las dos a modo de rendición.

Hay un anuncio brutal sobre la utilización de los símbolos para dañar al otro, y es que las naciones, las aficiones o las comunidades de vecinos están condenadas a entenderse como una pareja más.

Pero símbolos, en medio de luchas estúpidas por imponer criterios sin tener en cuenta la opinión del otro, hay muchos. El símbolo pasivo-agresivo, que puede ser poner el despertador a las cuatro para que figure una larguísima última hora de conexión. El símbolo de la utilización torticera de la verdad y de las anécdotas pasadas para la discusión de hoy, que es como inventarse una historia al estilo de algunos nacionalismos. El símbolo de la felicidad extrema sin ti. El símbolo de la penuria absoluta con tu ausencia.  El símbolo, incluso, de robar a los amigos o a los líderes de naciones extranjeras. Todos buscan lo mismo y ninguno se pone en el lugar del otro. Ninguno, cuando se entra en el campo del simbolismo, busca un lugar común donde se estaba aquel día en el que, juntos, al estilo olímpico, fuimos felices en el mismo lugar y a la misma hora, aunque hubiera esa pequeña distancia entre tu orgasmo y el mio.

Así que, en este momento en el que empiezan, con virulencia descomunal, los símbolos en la estúpida discusión sobre el catalanismo, el españolismo y el imbecilismo (que son tres ismos en los que dos de ellos son el antifaz con el que no afrontar los problemas de verdad) quizá, sólo quizá, sería importante dejar a un lado los símbolos y centrarnos en lo que quieren las hordas de personas que, en medio de tanta tontería, sólo buscan ser felices.

También es verdad que muchas veces se busca un enfrentamiento, se sube el tono, se insulta y se sacan las banderas para poder mandar a tomar viento al otro pero, sinceramente, el desayuno en el plato por las mañanas o la felicidad por las noches, no tiene bandera.

Vivimos en una canción de Damien Rice. Tú no sabes quien es y yo no me dí ni cuenta.

Se desayuna mejor y se es mucho más feliz cuando se está acompañado. Del vecino, de un amigo, del presidente de la comunidad autónoma de al lado o de ti.

Creo que no hay mucha diferencia porque se trata de relaciones humanas y los humanos estamos por encima de los símbolos y lo que queremos, todos, es ser mejores personas.

27 de septiembre de 2014

Lo que quieres oír.

La nueva y cool red social ELLO dice en su publicidad: " tus datos no serán vendidos a los anunciantes, ya que "es espeluznante y poco ético. También creemos que los anuncios son de mal gusto, que insultan nuestra inteligencia y de que estamos mejor sin ellos"

Dicho así es hasta bonito, casi como decirte que tienes los ojos como dos luceros aunque seas el mismísimo Martin Feldman

Pero, claro está, por muy hipster que seas tienes que comer y para comer necesitas dinero. Así que, como todo, busca formas de financiarse. ¿Como? Con las famosas cuentas premium, que es un negocio que solamente le salió bien a Megaupload porque en el Premium estaban las películas en alta calidad y eso, aquí y en Albacete, sigue siendo un tipo de delito por mucho que me vengas ahora diciendo que la cultura deberia de ser gratuíta. Gratuita porque no te dedicas a ella, pero eso es otra historia.

Existe una línea cada vez más estrecha entre molar mucho y molar poco, ser gratis o ser un robo, ir contra el sistema y formar parte del sistema. Y existe una línea cada vez más gruesa entre decir la verdad o maquillar, como un político con sangre de publicista, la misma verdad. Sobre todo si se apela a la justicia, la libertad, la honradez y la reafirmación personal

Hemos pasado de poner el GRATIS bien grande, escondiendo los costes en letra pequeña con rótulos que pasan a toda velocidad, a descubrir que decir lo que el cliente quiere oir, sin ningún miramiento posterior, es más rentable. "Si yo gobierno"- lo estoy exagerando- "el sueldo mínimo será de 1500€ y todos tendrán una vivienda digna".

Hay una idealización de los pobres con labia y los pobres con espíritu aventureramente ideal. "Querernos todos". "Hacer un mundo mejor". "Pagar lo justo". "Llegar a las aspiraciones de cada uno con la ayuda de los demás". Mierdas.

Nos gusta el Crowdfunding  porque se supone que ayudamos a gente qyue está peor que nosotros o que nos hace gracia, como si fueran limosnas virtuales. Nadie, excepto Apple y porque los ricos se ayudan entre ellos, ayuda a U2 porque ya tienen suficientes millones y gafas de sol. 40mil dólares le dieron a uno para que se hiciera una ensalada de patata.

Sigue, más que nunca, funcionando "lo que quieres oir". En un bar, a las dos de la mañana, sigue teniendo un éxito mayor el "eres lo más bonito que he visto nunca y te voy a hacer feliz para siempre" al "me gustas, hablemos, veamos si nos hacemos reir y si todo va bien, repitamos mañana"

En cuestiones de mercado y de grandes compañías está a la orden del día. Los bancos sacan a Dylan y las compañías de teléfonos a gente feliz. No se habla del coste, de los daños colaterales, del coltán. no se habla de las condiciones del contrato ni de las cuotas. No se habla de las discusiones o de las noches en las que no sabes donde está porque solamente notas el agujero que ha dejado en su lado de la cama. Es suficiente con que aparezca y te diga que te quiere. Pues no, no es suficiente. Es suficiente que esté y aprendamos a aceptar el precio de la estancia de una manera mutua. Es suficiente, necesario y contingente, como el alcalde, saber las cuotas a pagar cada mes y las desventajas de una cuenta sin necesidad de pagarla. A facebook y a google les pagamos con nuestros datos porque se los venden a otros que nos quieren vender zapatos, viajes y solteras en mi ciudad. Tampoco nos lo dijeron. Es algo que descubrimos al verles crecer sin, aparentemente, pagarles nada.

Pero nada es gratis. Y empieza a ser verdad que cuando alguien me dice lo que quiero oír ya me está cobrando aunque una parte de mi intente decirme que es porque me quiere y porque se preocupa por mi.

Y no, no lo es.
Claro que decir la verdad, así , a lo bruto. No genera muchas simpatías.
Me dijo que me quería, si. Pero no está. No estuvo. Solamente dijo, cuando yo sentia que era el final de todo, lo que yo quería oir. Y, milímetro a milímetro, voy acaparando los dos lados de la cama. A veces, gracias a un vino.

26 de septiembre de 2014

Voy a romper las ventanas (2009)

Cuatro mil días después de aquel año obcecado ..Detecto que al fin te dignaste a cumplir con la cita inaudible.Y me alegro .. y me enfado a la vez.
Después de estudiar con cuidado este caso ejerciendo a la vez de fiscal y abogado ..De juez imparcial, sentencio lo nuestro ..Diciendo que el fallo más grande pasó por guardar solamente los días más gratos Y olvidar los demás.
Mirarte de frente. Admito en voz alta .. que no pocas veces he sido tentado en coger la esperanza y lanzarla sin más a la fosa común donde yacen los sueños .. que nos diferencian.
Tal vez, ¿has pensado en renunciar? Yo aún no.
Hada helada en vuelo inerte .. Tú nunca cambiarás. Hada helada en vuelo inerte .. Tú nunca caerás.
Tal vez, ¿has pensado en crecer más? Más no ..Tal vez, ¿te conseguiste equilibrar? Yo aún no.
Vamos a correr el gran sprint final y al cruzar la línea los dos ganarán.
Voy a romper las ventanas Para que lluevan cristales. Ven a romper las ventanas, Ven a gritar como antes.
Ven a romper las ventanas Y hacer del caos un arte.Voy a romper tus ventanas Y voy a entrar como el aire.

Y esto viene porque alguien me encontró esto, hoy: 

Últimos días de 1999 - EPÍLOGO

La vida son ironías en forma de capicúa. Y más tarde o más temprano, todo vuelve a un punto inicial, como un dibujo en forma de perverso lazo. La meta se parece al punto de partida, y lo del medio es sólo un camino que sirve para que, al final, comprendamos el inicio.

Te daré un ejemplo. El disco se hizo para rememorar lo acaecido en 1999. Entiéndeme. De alguna manera tenía que sacar provecho de la historia, ya me conoces, tengo bastantes defectos pero no podrás negar que, con el tiempo, he ido espabilando. La ironía del asunto es que, dentro de unos años, tú estarás algo más diluida y será aquella inolvidable gira, organizada con el pretexto de evocarte, lo que convertirá tu recuerdo en algo mucho más agradable. Y, de repente, todo ha cogido sentido. En cierta manera, conocerte me ha cambiado un par de veces la vida, entonces y ahora.

Aquí dentro encontrarás, simplemente, una selección de emociones. La mayoría de ellas, inmensas, inabarcables. Este compendio de imágenes con agradables ruidos quieren hablar de la alquimia: convertir una historia algo triste en una auténtica celebración. Gracias, de veras. Tendría que hacerte un monumento.

¿Sabes? Hace poco, alguien me pidió consejo, como si yo supiera algo de la vida, puedes reírte a gusto, tú que me conoces. La cuestión es que aquella persona quería saber cómo borrar a alguien de su cabeza para seguir adelante. Simplemente le pregunté:- ¿Y quién dijo que tienes que olvidar?

En mi caso, olvidarte significaba renunciar a mí mismo. Sin embargo, hace poco me llamaste, preguntando si 1999 hablaba de nosotros, te lo negué rotundamente. Llegué a decirte, entre risas, que lo nuestro no había sido tan importante. Pillaste la broma al instante, y te callaste, educadamente, claudicando a mi pequeña victoria. Luego colgaste y “ya nos veremos”. Como tiene que ser. Pero tampoco te mentía. Me explicaré. Aquí está todo muy convenientemente mezclado. Pasado, presente y me atrevería a decir que futuro, tú y otras personas. La batalla entre realidad y pura fantasía sigue en tablas. Como en aquellos tiempos, aún hoy, podría enervarte. En eso no he cambiado.Me he hecho mayor sin haber madurado.

Pero ahora va una verdad.

Aquí hay mucho esfuerzo, química, y magia, te lo aseguro. Por parte de la banda, como de nuestro equipo, de todos los que nos han ayudado en algún momento y, por supuesto y sobre todas las cosas, los que han acudido a nuestros conciertos, algunos de ellos, repitiendo, una y otra vez, dando sentido a tantas y tantas millas recorridas, de un lado a otro, como si anduviéramos huyendo de un punto fijo y estable donde parece que no pase nada, y esa nada da tanto miedo como aquellas cosas calladas que uno sabe que están a punto de explotar. Aquí dentro hay dos años encapsulados, dos años de ilusiones compartidas, en los que, definitivamente, un grupo de amigos recogimos los frutos de remar en la misma dirección. 

Y estar allí, junto a personas que quieres, te lo aseguro, es un auténtico regalo.

Pero aún vive el monstruo y aún no hay paz. Son ese tipo de sensaciones con las que uno tiene que aprender a convivir, hasta el fin. Y sigo pensando en que no pienso crecer más. Y sigo queriendo romper tus ventanas.No te aconsejo que te relajes. Sí. 

Voy a romper tus ventanas.
Y voy a entrar como el aire.


Eso, y la versión traducida de lo nuevo de Damien Rice.

25 de septiembre de 2014

Tres tetas tiene mi fama.

Hay quien se hace famoso por su labia, o por su aspecto, que siempre es un poco superficial. Hay quien, incluso, se hizo famoso por ser alguien en si mismo. Ya se sabe: un escritor, un músico, una artista de renombre. Incluso cuentan que una vez, un científico fue respetado por la masa.

Luego llegaron las novias de las estrellas del rock&roll y cómo vivían con ellos los desmanes de las drogas y las camas. Eran las gruppies. Marianne Faithfull fue la estrella indiscutible. Nosotros teníamos a Isabel Presley porque siempre hemos sido un poco más casposos en cuestiones de música melódica. Isabel era Jackie Kennedy y también era Angela Barnett. Marlon Brando era Imanol Arias pero más atormentado. Victor Manuel y Ana Belen , Sergio y Estíbaliz, eran Albano y Romina, Ike y Tina.

Entonces alguien llegó a la fama por un mal polvo. Alguien dijo que se folló a un cura progre llamado Padre Apeles, que echó siete polvos con el marido de la hija de una cantante que se había casado con otro cantante. O haber pasado una tarde con el  mismísimo hijo de Isabel Pantoja, que a su vez (y sin desmerecer a la copla y su arte) llegó apoyada por acostarse con un torero. Y lo del torero fue un filón, han sido nuestras estrellas del rock y Belen Esteban nuestra gruppie sin categoria.

Y aprecieron los realitys. Ya no hacía falta fornicar antes, sino hacerlo después, cuando la fama estaba bajando. Estar debajo del edredón moviéndolo o hacer una portada en Interviu. No llevar bragas. Estirar una y otra vez la polémica de no hacer nada. Llorar un poco en un plató porque la prima del vecino de uno que se cruzó con el perro de la antigua novia de un famoso no le hizo caso. Todo por una búsqueda de aquello que se denominaba fama.

Y ahora aparece una masajista en EEUU que dice que se ha puesto tres tetas. Y es un bulo. Pero ya es famosa. Le harán un fappening, que es el sexting de los famosos.

Ha aparecido otra manera de llegar al mismo sitio.

Curiosamente, aún con todo esto, muchas personas todavía sueñan con ser famosas.