Mal dia para buscar

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21 de abril de 2014

Aral, la metáfora con forma de desierto.

A mediados de los 70, que ya pertenece a esa parte de la historia en el que el ser humano se creía por encima de naturaleza, los entes gubernamentales soviéticos decidieron que necesitaban algodón y para lograrlo se dispusieron a desviar un par de ríos con el fin de regar los campos. En algún momento alguien se percató que aquello acabaría con el Mar de Aral y, como un administrador de males menores, la autoridad sentenció que aquel mar caería como un buen soldado en el frente para ayudar a ganar la batalla.

Ahora, unos pocos años después, no hay mar, no hay unión soviética y nadie quiere algodón.

En los años 50 Detroit era el centro del universo. Desde ahí, capitalizando el mundo en todas las facetas de la palabra, se creaba el gran sueño americano. Dos millones de soñadores poblaban sus calles y mientras uno tiraba para un lado y otro para el otro, la cuidad se murió siendo un espejismo en bancarrota que deja entrever los huesos del cadáver de la codicia y la globalización.

De la misma manera que los propietarios de las conserveras de Moynaq se hicieron ricos, los dueños de General Motors miran hacia otro lado cuando se les ponen las fotos de sus muertos sobre las mesas de cristal de sus despachos.

En realidad estos no son más que ejemplos extremos del siglo XX, que fue el siglo de los extremos. Un siglo en el que el fascismo creyó ser capaz de aniquilar al mundo, el capitalismo engañar al mundo y el comunismo en arruinar al mundo. Fue un siglo en el que los científicos descubrieron asustados que tenían en sus manos la capacidad de arrasar el planeta con unas cuantas bombas y un siglo en el que descubrimos que si queríamos podíamos ir a merendar a la luna.

Debajo de mi casa hay locales abandonados con maniquíes podridos por la luz del sol en el escaparate. En medio de las carreteras se amontonan prostíbulos arrasados con zapatos de tacón raídos y dispongo de grandes edificios "grafitados" que se reflejan sobre las aguas que una vez poblaron barcos que traían y llevaban sueños al otro lado del océano.

Nuestra historia, que se emociona con un trozo de sílex tallado en una cueva del Caúcaso, desprecia y arrincona los últimos fracasos o las últimas apuestas que salieron mal a los faraones de nuestros tiempos y, también hay que decirlo, las pirámides estaban edificadas sobre vergeles que ya no existen de la misma forma que algunas civilizaciones fueron devoradas por las selvas tropicales para que las encontrara la mismísima Lara Croft.

Cada vez que se hace una apuesta existe el riesgo de perder. El que no llora no mama. El que no juega no pierde. El que se cree por encima del bien y del mal deja uno o millones de cadáveres en cualquiera de sus variantes: carreteras que no llegan a ningún lugar, centrales nucleares sin acabar o reventadas, promociones urbanísticas como esqueletos, exilios e historias que hablan de lo que pudo ser. Y no fue.

Nadie tira los escombros.

En el casino de la vida no tiene por qué ganar la banca aunque la banca sea nacer, estudiar, enamorarse, procrear, enseñar, mejorar y morirse. Algunos van al rojo y les sale negro, como en el anuncio. Sin embargo también tenemos nuestros cadáveres y son mucho más imponentes según nos creemos con la capacidad de dominar la naturaleza porque no hay una gran diferencia entre lo que hace la sociedad como un gran monstruo global y lo que hacemos en cada uno de nuestros castillos. Cambia la escala. Hay un día en el que creemos poderlo casi todo. Podemos coger un avión al otro lado del mundo con un destructivo animal autóctono y dejarlo libre para arrasar Australia (como pasó con los conejos). Podemos atentar contra el primer ministro de Canadá y hacer tambalearse al mundo, matar a John Lennon para pasar a la historia, irnos a vivir a Cuenca, poner las fichas en la casilla de una persona que puede ser la equivocada o esperar, sin más, sin querer aprender y sin mirar las ruinas.

Suiza no se arruinó tanto porque decidió no entrar en conflictos de la misma manera que aquellos que se dejan llevar tienden a no perder o ganar como hacen los soñadores, los valientes, o los gilipollas que corren con la bandera delante de las filas enemigas hasta que les meten un tiro entre los ojos.

Una vez me contaron que en las regiones del centro de China existen grandes cráteres cerca de pueblos evacuados que rompen una belleza natural incomparable porque allí se probaron las bombas atómicas de Mao. No aparecen en los mapas y nadie habla de ello como un gran tabú, pero ahí están siendo responsables de la posición de aquella nación monstruosa en el mundo y también de malformaciones naturales y humanas indecentes.

Así que el algodón soviético, los coches americanos, las pirámides egipcias y el poder chino dejaron a su paso pequeño al caballo de Atila y, sin embargo, sustentan parte de ese poder artificial ante el que nos arrodillamos servilmente y no como Charlton Heston ante las ruinas de la estatua de la libertad, maldiciendo.

Algunos habitantes de lo que era la costa del Mar de Aral esperan (sin hacer nada) que vuelvan las aguas y los peces, la bonanza y los barcos que están podridos en el desierto que fueron sus corales. Otros se dejan consumir por el sol ajenos a cualquier esperanza. Todos son el tapete donde jugaron a los dados aquellos que se creyeron dioses. Quizá el resto de los planetas sean las fábricas desoladas de intentos fallidos por creadores superiores y nosotros sigamos el mismo patrón, pero con otra escala. Quizá, sencillamente, hemos aprendido a hacer antes que a pensar y se nos ha evaporado el mar.

Al fin y al cabo, el Mar de Aral es una metáfora con forma de desierto que habita en cada lugar donde reside el hombre moderno. Cada lugar es su monte, su fábrica, sus ríos, su casa, su alma, sus sueños o su corazón.

14 de abril de 2014

Los superhéroes bipolares.

Una de las cosas que tienen en común los superhéroes es que proceden de un pasado atormentado. Spiderman perdió a su padre y mataron a su tío, Batman vió como un delincuente callejero pegaba dos tiros a bocajarro al señor Wayne detrás del teatro, Superman perdió un planeta entero y el señor Banner era el incomprendido hijo de un alcohólico.

Tenemos que reconocer que quizá aprendimos que un gran drama era la condición obligada para un buen héroe. A Iñigo Montoya le mataron a su padre y buscaba la venganza mientras su enemigo se preparaba para morir.

Así que parece que hay que sentir o creer que se siente un dolor intenso como paso previo para ser el héroe que quisimos ser. Hay que sentir una gran pérdida, un desarraigo, un engaño, un crimen. Hay que alimentar la excusa del vengador, pero siendo un vengador de los buenos, de los que salvan el planeta y a si mismos para, después, hacerse el modesto y esconderse en una callejuela de la gran ciudad mientras la población se alegra de haber sido salvada por otro. La alegría popular tampoco está dentro del papel del héroe y , sin embargo, contiene la satisfacción de la misma manera que los padres se contienen el primer día en el que sus hijos montan por si solos en bicicleta.

Quizá por esa enseñanza a golpe de cómic más de alguno (y de alguna) viven en un mundo sinusoidal creyendo que deben de hacer más dramáticas sus penas para lograr un impulso mayor que les lleve al nirvana de la verdad y la justicia. Las borracheras son más lloronas y los polvos más enérgicos. Las discusiones exceden de lo aceptable y la exaltación de la amistad roza el postureo. La aceleración del coche les clava contra el asiento y , sin embargo, la obsolescencia programada les deja en una cuneta, con la lluvia empapando, el teléfono sin cobertura y solamente acompañados por la chica de la curva y un reportero de Cuarto Milenio.

Parece que si no pasa nada, excesivo en uno u otro sentido, desaparece el interés por vivir.

No sé cuando empezamos a adorar los dramas y los excesos casi carnavalescos de la vida.

En ese mundo poseído por aquellos que tienen una depresión o están exultantes parece que no queda lugar para la paz, para la monotonía, para la falta de causalidad, para las tardes tumbado en el sofá o para unas vacaciones aburridas en las que no pasa nada. No hay sitio para vivir sin pensar si esa puede ser LA persona, el polvo definitivo o el divertimento del jueves por la tarde. Llorar o reir, sin punto intermedio. Los días han de ser, como el pronóstico de un meteorólogo bipolar, exceso de sol o catástrofes medioambientales.

Y, a veces, lo mejor es que disfrutemos de una temperatura agradable. A veces los superhéroes apoyan su cabeza sobre ti y te miran desde abajo quedándose dormidos. Y ya te han salvado. A veces esperas que aparezca un supervillano destrozándolo todo y, cuando todo esté casi perdido, con una capa, un poco de licra y entre las sombras de la noche, te recupere de una muerte segura, te mire sin decirte nada perforándote el corazón castigado por el anteúltimo desengaño y se gire rápidamente para volver a su guarida.

Por alguna razón somos una generación a la que le engañaron contándole que podía ser un superhéroe si se esforzaba lo suficiente, que todos teníamos un poder oculto, que cuando todo pareciera lo suficientemente perdido la verdad se iba a imponer y que el mal no gana nunca. Nos enseñaron a ponernos en forma, a comer sano, a dejar de drogarnos, a reservar apartamentos por internet. Aprendimos lo que era una batamanta, una almohada anatómica y un repelente de cucarachas. Algunos hasta resolvíamos integrales eulerianas en breves instantes.

Se nos olvidaron varias cosas. Dejamos de tener paciencia para ver un video completo, de llegar tarde porque nos topamos con una puesta de sol, de oir serenamente un disco de música clásica o algo que no fuera un single simple y estúpido abotargado como la telerrealidad. Se nos olvidó esperarla porque no estaba en el momento que creímos necesitarla o porque, aunque su última hora de conexión fue después de nuestro mensaje, no respondió y empezamos a creernos los argumentos malévolos de un telefilm de 76 minutos con pausas para publicidad. Se nos olvidó lo maravilloso que es, a veces, aburrirse, comprar yogurt, repartir entre dos el último calabacín, dormir abrazados o quererse despacio, mirando a los ojos, tras haberte devorado con besos que nunca creíste que estaban escondidos ahí. Se nos olvidó que los superhéroes no existen. Se nos olvidó, en realidad, aprender a querernos y dejar que la realidad y no los zafios argumentos que devoramos delante del televisor haga su trabajo.

Quizá eso, lo de conocernos y aprender a mirar dentro sin buscar tormentas o paraísos,  es el superpoder que se nos pasó de largo en siglo XXI.

Ese y teletransportarse.


12 de abril de 2014

Vacaciones (al 26%)

Con un 26% de paro y una inmensa mayoría de habitantes de vacaciones he llegado a la conclusión de que ésta es la imagen del español medio:
Porque algunos, cuando después de quejarse tanto y de criticar tanto y de hablar de la solidaridad global, las desigualdades y lo mal que lo pasan para poder comer todos los días, ponen la misma cara de los jubilados cuando cruzan los semáforos en rojo: hacen como que no te han visto, desvían la vista al frente y se alejan después de hacerte frenar.

Y luego, con un vino al sol, se pavonean sin ser pavos, porque son gallinas.

9 de abril de 2014

Es literatura, estúpidos

Vivimos subyugados por opiniones, por columnistas fracasados que se empeñan en lanzar palabras como quien lanza boniatos contra las paredes de un ministerio. Vivimos creyendo que realmente los humanos sin el rótulo de actor que aparecen en televisión son de la forma que se muestran, que no hay dobleces y que la imagen pública y la  realidad es exactamente lo mismo. Vivimos creyendo que las personas tienen una sola faceta, una sola imagen, un solo doblez. A los humoristas les paran por la calle para que les cuenten un chiste. A los contertulios les llevan la contraria, a los periodistas deportivos les ponen la zancadilla.

Yo hago literatura cada vez que me siento delante de un teclado y más aún cuando fantaseo con un bolígrafo, esparciéndome con un microrrelato o tres palabras inconexas que me puedan decir algo sin tener que decir , precisamente, nada que sea verdad.

"Se acercó contra mi cuerpo con la ropa desajustada y las yemas de los dedos apretando en la base del cuello" es literatura en estado puro. "A lo lejos, jugando con su teléfono desde la ventanilla del coche e iluminando la calle con los cuatro intermitentes que señalizaban mi destino, un grupo de adolescentes ruidosos se interponían entre el tráfico y la distancia, casi a modo de logística imposible" también es literatura.

Y sin embargo la literatura, como todas las impresiones correctas o incorrectas de la vida, tiene un origen real que se distorsiona según van pasando los párrafos y las ideas comienzan, de una manera mágica, a vivir su propia vida. Conozco a quien tiene los mismos celos de mis frases como yo de sus últimas horas de conexión. Conozco a quien cree, simplista y envidioso ocasional, que todas y cada una de mis historias son ciertas. Son las mismas personas que creen que los vascos somos cerrados y brutos, los catalanes avaros, los andaluces sencillos y los madrileños ególatras y un poco chonis.

Conozco a quien, votante convencido, cuando se le ponen dos declaraciones públicas de su político favorito diciendo con firmeza lo mismo y lo contrario, entra en una paradoja espacio-tiempo que le hace borbotear la masa encefálica.

Abstraerse de la imagen de la verdad es la mejor forma de comprenderla.

Nuestro cerebro no nos permite ver la realidad tal y como es, afirman científicos. El cerebro edita los recuerdos constantemente y eso nos hace ver amores, engaños, penaltis, fracasos, presentes y pasados de una manera lejana a la verdad, como si fuera nuestra forma de hacer literatura con la salvedad de que más de uno se lo cree. El problema está en creérselo y dar por cierto lo que se nos ha formado, como un coágulo, en la memoria.

Superman empezó a ser un problema cuando los niños, con las capas que recibían en navidad, empezaron a saltar de los edificios.

"El aire que me golpeaba la cara ni siquiera llegaba a los pulmones. Entraba ahogando sin darme vida. Giraba la muñeca para tapar con el ruido del motor las escenas dramáticas de las que había escapado tras colgar el teléfono y entonces aquel coche, negro y antiguo, me despertó del letargo casi con un accidente del que volví sin un rasguño. Pensé que por un momento aquella estupidez me hubiera convertido en una estadística, en un hueco a rellenar de la zona de sucesos. Me sentí bufón y estúpido." Es literatura y tampoco lo es. La verdad suele estar por ahí cerca pero siempre hay una decoración, una idea, un filtro, una palabra buscada, un poco más de lluvia o unos dedos que no pasaron tan próximos.

Me da igual que sea sexo, política, una anécdota de bar, la manera en la que nos vimos al abrir la puerta o el día que llegue la próxima despedida. Da lo mismo que sea la imagen de un universo paralelo o el eco de mis pasos si vuelvo a dar paseos inconclusos por el parquet.

Algunos lo hacemos poniéndole nombre y otros lo viven como si estuvieran sumergidos en un mal libro escrito por un guionista en paro. Es literatura, estúpidos.

No todo lo que escribo es cierto. No todo lo que creemos es verdad. Todo tiene un punto válido y mil detalles inventados. Yo no vuelo con capa pero existe mi kriptonita. Lois, ¿donde estás?

7 de abril de 2014

Windows XP, el "fin" del mito.

Mañana se acaba el windows xp. En realidad no quiere decir que por arte de birlibirloque toda esa cantidad de ordenadores con sus windows xp más piratas que Barbanegra (estimado en el 30%) vayan a dejar de funcionar porque sería lo mismo que decir que en el momento en que la SEAT decidió que había que dejar de hacer el 600 todos los coches se fueran a desintegrar dejando a las familias sentadas en el suelo a la altura de Despeñaperros.

Algunos, poseídos por una temporalidad absurda, se quejan amargamente porque Microsoft no libera el código para poder seguir sin pagar un chavo por un sistema operativo caduco como si las empresas tuvieran la obligatoriedad de regalar su trabajo. (Que digo yo que, a no ser que uno sea periodista, lo de trabajar gratis no le gusta a nadie). Así que hablan del secuestro de Microsoft.

Otros, que se creen los hackers del universo como los masters de la programación, ya tienen esa licencia "alternativa" de windows 7 ultimate dispuesta a montarla en ordenadores de hace 10 años porque aseguran, gracias a un foro escrito por un adolescente locuaz,  que el windows 8.1 es peor.

Los cool de Apple se ríen sin percatarse que ellos llevan secuestrados desde que mordieron la manzana y sin comentar que cuando un Mac se actualiza borra sin contemplaciones los programas "piratas". ¿Que pasaría si microsoft borrara todo lo que estuviera pirata en esos equipos que costaron 300€ hace diez años?.

En realidad, desde un punto de vista bastante personal, creo que Microsoft hizo una jugada arriesgada pero maestra con el windows XP. ¿Por qué?. Porque piratearlo era muy fácil, solamente hacía falta una clave válida, a ser posible corporativa. Así que se compraba un equipo de mierda de 300€ y ya estaba en marcha. Luego algunas claves dejaron de funcionar pero, en definitiva, ya estaba la mayoría enganchada. Microsoft llegó a tener una cuota de mercado del 98%. Así que los jubilados, tu prima, una morena que pasaba por ahí, el consumidor de porno online y casi todos tus amigos usaban windows xp. La mayoría lo siguen usando. Muchos compradores, aún hoy en día, insisten en no pagar por algo que creen que debería de ser gratis, infinito, universal y libre. (De Ubuntu no vamos a hablar porque no mola la consola de comandos)

Llegó el Vista, el 7 y el 8. Llegó el 8.1 con su entorno RT que nadie explica que se cierra bajando la manita y de repente, saltaron las alarmas: el Windows Xp deja de funcionar, cosa que nunca ha puesto en el mensaje. ¿Qué nos va a pasar?. Nada. No va a pasar nada. Si tienes un equipo de hace 12 años: tíralo. Yo maté a mi perro y le quería más que tú a tu ordenador pero no quería que sufriera con ese sonido a carraca de ventilador que te resuena cada vez que pone Bienvenido y te quejas por lo mal que va sin pensar que no pagaste nada o casi nada y ha estado funcionando desde que Aznar era presidente del gobierno (en su primer mandato).

Mañana acaba un mito de la misma forma que Renault ya no hace el 5 copa turbo.

Y no hay más. Tampoco se va a acabar el mundo ni va a ser todo gratis. Siempre ha costado dinero. Otra cosa es que, como un buen traficante, te lo diera por la cara para tenerte enganchado.

La gran campaña comercial de Microsoft pasa a la fase 2. Es un negocio. Parece que es un buen negocio.

Y yo prefiero que me digan lo que cuesta algo antes de que me cuenten que es gratis pero no haya un equipo de menos de 1000€. Prefiero que me digan que son 100€ antes de que se dediquen a comerciar con mis búsquedas o me manden anuncios de las cosas que le gustan a las chicas que fisgo en facebook.

Sobre todo comprendo que el windows xp, presentado el 25/10/2001 con trece discos de 3,5", supone el final de un mito pero hasta los grandes deportistas se retiran.

El día que yo vendí mi primer XP me dijo un cliente: "No lo quiero porque me ha dicho un amigo que no va bien. Prefiero el 3.11". Hoy me lo han dicho del Windows 8.1.



Pd: Aquí aprovecho para meter una cuña: MOUSE MULTIMEDIA, para tus ordenadores, teléfonos (ojo a Wiko, que funcionan mucho mejor que esos Bq que apasionan a aficionados), tablets y asesoramiento profesional, que últimamente se añora bastante.

5 de abril de 2014

Bienaventurados los simples.

Llevo años rebelándome contra los idiotas.

No puedo sentarme en una mesa y oir contínuas estupideces que se basan en una visión sesgada del mundo como si se hubiera creado a la medida publicitaria del habitante medio que se regodea en ello. Actuar, que no creer, como si los únicos muebles fueran del Ikea, la única bebida la Coca Cola, el único bar el que está de moda, la única pareja la última que nos besó, el único sistema operativo el de nuestros dispositivos, la única marca de coches la del nuestro y nuestra casa el centro del mundo.

Pero, sin embargo, esa religiosa exclusividad en todos y cada uno de los aspectos les hace felices, les tranquiliza. Lo necesitan porque, en definitiva, no les deja pensar en otras opciones. Evita el malestar de la sensación de error en el que se puede llegar a vivir cuando me percato de todos los lugares y entornos en los que podría estar ahora mismo. Es mucho más reconfortante creer que éste, sea el que sea, es el mejor. Es mucho más inteligente, que no estúpido, creer que éste es el lugar único.

Las publicidades con recursos venden esa idea de exclusividad. La asocian a la felicidad. Es una cuestión de fe. Evita buscar entre opciones, ahorra tiempo, parejas, desencantos y gestión de garantías. Ser un simple, votar entre dos partidos, no leer los títulos de crédito, despreocuparse de si pudiera hacerse mejor, no ir de una canción a otra y quedarse con el numero uno, hacer nada más que el misionero sin pasión, saber donde va a estar el jueves... quizá sea un reflejo de una inteligencia superior en la que, para ser feliz, hay que rendirse. 

Es muy complicado sentirse como aquel guitarrista de los RHCP: frustrado (esto es un chiste para intelectuales con humor). Me empeño en aprender todos los días, soy incapaz de parar y ese es el origen de mis luces y mis sombras, mis destellos y mis profundos desencantos cuando, agotado, tengo que parar de mandar sangre a la cabeza. Bienaventurados los simples, porque de ellos será el futuro corporativo de la felicidad.

Así que el idiota soy yo. Me lo digo a la cara

2 de abril de 2014

Aquella chica y la fiera dentro.

Puedo asegurar que era una chica muy guapa. Sonreía de esa forma gratuita y contagiosa que hacen instintivamente algunas personas. Creo que en algún lugar aún guardo una foto de ella, luciendo piernas delante de una barra de bar y sonriendo, pero sólo una porque en aquella época los móviles con cámara casi eran una exclusividad snob de los freaks. De esto hace demasiados años.

Recuerdo que la conocí de una forma casual, casi en uno de esos momentos en los que crees que te has perdido y te chocas con otra persona despistada, emocional y al borde de un mismo barranco. Su primera mirada fue casi como una temeridad y media hora después estábamos tomando una cerveza. Estuvimos riéndonos y nos dimos cuenta de la forma en la que, a veces, uno se percata que no siempre hay que tener miedo a todo el mundo. Probablemente fue una de esas ocasiones en las que, aunque anochece, aparece una luz en un sitio insospechado.

El dia siguiente me desperté a su lado. Se abrazaba como para no perder. Probablemente, y eso es anecdótico, se puso una cinta elástica en el pelo para que no me fuera por mucho que aquel lugar fuera mi casa. Dormía muy cerca, con una pierna tocándome continuamente. Respiraba fuerte, suspirando entre los sueños, y volvía a sonreir cuando me encontraba a la mañana.

A lo largo de dos semanas apareció con compra para el desayuno y para la cena. Me pidió quedarse alguna noche en la que yo iba a llegar tarde y se acercaba entre las sábanas en el mismo instante en el que, cansado, yo me metía a la cama sin hacer ruido. Se dió cuenta que tenía unos trapos muy viejos. Los cambió. Creo que vino a buscarme al trabajo y me presentó a su hermano mientras me hablaba por encima de su madre y yo, que en aquel momento era un miserable incapaz de darme cuenta de nada que no tuviera que ver con mi culo, empecé a dejar distancia, a ser un hipócrita digno, a reforzar las cerraduras de los compartimentos que cada uno poseemos en nuestras vidas. Así que no hablé de mi de la misma forma que Mickey Rourke solamente habla de él mismo en el momento en el que Kim le abandona, y eso es al final de 9 semanas y media.

Unos dias después de perdernos llamó. Sonaba a desesperación. Era un martes. Era tarde. Probablemente hacía frio. Tuve que pedirle la dirección de su casa porque nunca me había preocupado por ello. Aparqué en el portal y la puerta estaba abierta. Era una de esas casas antiguas, decoradas en los 70, con todas las luces encendidas. En la cocina quedaban botellas abiertas y ella, con una breve camiseta blanca y en ropa interior de esas de usar todos los días, apuraba unas rayas en la encimera. "Me lo he bebido todo"- me dijo. "Esto"- dijo señalando- "lo he encontrado entre las cosas de mi hermano". Puso una beoda y drogada versión de la cara que alguna vez había visto entre mis piernas. Se tropezó al acercarse. Da exactamente igual el tipo de drama que arrastraba por dentro. La sujeté, pregunté donde estaba su cama. "Eres malo"- me dijo dejando el cuerpo caer sobre el mio. La acosté y volvi a la cocina. Me puse a recoger un poco, a abrir las ventanas para que saliera el humo, a poner las botellas cerca de la basura y a tirar la farlopa.

Volví a su cuarto. Estaba desnuda pero de una forma obscena, casi como un pedazo de pecado pero de esos pecados que son malos. La miré desde la puerta con la mano en el interruptor. "Tienes que dormir. No puedes permitirte esto"- dije. Me preguntó si acaso no quería follarla como si no hubiera un mañana. Me recordó esa frase favorita y excitante que me decia: "ya sabes que soy muy oral". Me aseguró que iba a ser una noche de las que no se olvidan, de las que te dejan los músculos clavados a la forma que se queda de las sábanas. Sabía positivamente que esa mujer era capaz de ello pero también me di cuenta que se daba, se quedaba, que parte del tiempo yo fui la excusa con la dejar para después el momento de enfrentarse a ella misma.

Así que me marché.

Al salir a la calle me encendí un cigarro y me paré frente a mi coche. Desde arriba, con aquellos pechos por encima de la barandilla del balcón me gritó "!maricón de mierda, eres un maricón que no me quiere follar. Me follaría cualquiera pero tú vienes y me metes en la cama y no me quieres follar!. !Mañana me voy a follar al primero que vea porque tú no eres nadie para hacerme de menos!. !Ni tú ni nadie!. !No mires, cabrón, no mires!.!No lo mereces!". Y no miré. Dudé incluso porque su sexo siempre había sido diferente pero me di cuenta que era diferente porque me había follado, más con vicio que con pasión aunque a veces sean la misma cosa, para no estar sola. Y lo hacía como bebía: hasta caerse.

En los edificios de la calle se encendían las luces y algunos vecinos me miraban con sonrisas acusadoras.

Pasaron años hasta volver a verla. Estaba algo más gruesa y eso es una buena señal porque significa que ya no hay drogas. Estaba sosegada. Se le escapó una tímida sonrisa. Le pregunté por sus dramas y sus dramas seguían ahí pero tuve la impresión de que ellos y ella habían aprendido a convivir juntos. Yo quise decirle que también estaba aprendiendo a convivir con mis dramas y con mis taras. Que he quitado las cerraduras de las puertas para ver si se van abriendo solas, aunque mi verdad sea peor que mi marketing. No se lo dije.  Me acordé de la canción de Sabina "cómo decirte, cómo contarte, que el cielo está en el suelo, que el bien es el espejo del mal. Nena. Como decirte que Dios le paga un sueldo a Satán. Como contarte que nadie va a ayudarte si no te ayudas tú un poco más".

No hicimos, a lo largo de tres minutos en los que la conversación no fue lo más importante, ninguna mención a aquella noche. Podría asegurar que perdí a alguien que se daba incondicionalmente, brutalmente, ferozmente... pero no lo hacía por mi sino por no quedarse a solas con ella misma. Quiero pensar que, la siguiente mañana, al despertar con la cabeza entumecida, pudo leer ese mensaje que estaba, como la conversación que después no tuvimos, no escrito. Decía: lo mejor que puedo hacer por ti es esperar a que te quieras un poco y después, quizá, tendremos esa noche.

No la tuvimos. Porque nadie va a ayudarte si no te ayudas tú un poco más.

Al fin y al cabo ésta es una historia real que se basa en ese miedo tan contemporáneo a enfrentarse al peor enemigo que muchos llevamos dentro y al que hay que domesticar o comprender para poder acercarnos a los demás. Hay quienes se niegan a hacerlo. Hay quienes necesitan hacerlo. Hay a quien les supera. Hay quienes no tienen más remedio que hacerlo. Hay muchos que son incapaces de aceptar que se la llevan consigo a todos los sitios. "La fiera dentro" se llama una canción de Julio de la Rosa.

27 de marzo de 2014

La importancia de unos zapatos limpios

Mi padre, en su sabiduría, decía que puedes ir hecho un andrajoso pero que los zapatos había que tenerlos limpios siempre. Decía, y le he de dar la razón, que los zapatos son una seña de identidad que nos marca y que nos define porque son esa prenda que requiere un esfuerzo y que te la puedes poner con cuidado o como quien se pone lo primero que encuentra o lo que le importa poco.  Son los calzoncillos limpios o el cuidado por el vello interior, pero a la vista de todo el mundo. 

Cuando alguien viene a venderme algo le miro los zapatos. Si están gastados, sucios o parece que se compraron en el outlet de Springfield de 1998, ya no le hago caso porque estoy convencido que no le importan los detalles y mucho menos parte de su aspecto. A veces son como las casas desordenadas y a veces como las casas que parecen un hotel sin ser ninguna de las dos opciones una casa en realidad. Si brillan mucho es un exceso o un interés excesivo en agradar pero si, casi de una manera mágica, encajan con la impresión del personaje, entonces le presto atención. Es una consideración racista pero suele ser cierta. Los hipster llevan zapatillas perfectamente adecuadas y, en algún caso, a juego con las gafas de pasta.

Algunas mujeres son fanáticas de los zapatos. Los compran, los almacenan, los miran y los limpian. Tienen tacones de aguja, en cuña, plano, con cordones o de esos que dejan los dedos amontonados en la punta como sí fuera la historia de los tres amigos entrando por la misma puerta y quedando amontonados. Hay zapatillas deportivas que nunca se usaron para hacer deporte y sandalias con alguna flor en las cintas que separan el dedo gordo de los demás.

Los hombres tenemos deportivas sucias y limpias. Alguna generación tuvo unas Adidas Stan Smith blancas porque iban bien con todo. Tenemos botas de chicos malos y unos zapatos elegidos por nuestra madre que usamos en todas las bodas y en algún bautizo. En algún lugar interior del zapatero hay unas plantillas gastadas que tienen la forma de nuestro pie.

Todos usamos calzado y las katiuskas  ahora se llaman hunters. Ya no se chapotea en los charcos. Probablemente ese ceremonial que se vivía en mi casa los domingos por la mañana, antes de ir a misa, cuando se sacaba el betún y los cepillos para dar brillo, ya no existe. Mi madre elegía los zapatos y mi padre, con un trapo, extendía el betún adecuado sobre el calzado. Lo dejaba uniforme, con un color mate. Entonces yo metía la mano izquierda y con la derecha frotaba con un cepillo, marrón o negro, hasta que brillaban lo suficiente. Los dejaba emparejados en la terraza hasta que el olor remitía y cuando estábamos preparados para salir volvían a sus armarios con una hoja de periódico enrollada en su interior para que no perdieran la forma. Solamente un par lucíamos ese domingo y al salir a la calle mi padre nos repetía que, aparte de tener dinero para gastar y dinero para enseñar, era muy importante tener siempre los zapatos limpios.

26 de marzo de 2014

21% de gen egoísta y yo.

El 21% de los jóvenes vascos afirma con seguridad que no tendrá hijos (en el año 2001 lo decía el 5%). Así que como soy un elemento contracultural he decidido que yo sí, que quiero tener. Que conste que lo digo con absoluto conocimiento de causa, que en estos momentos gano menos de la mitad del dinero que ganaba en el 2001 y que es bastante probable que, dada mi vida díscola y poco estructurada, tenga los soldaditos muertos.

Hay quien me dice que ni se me ocurra, que es el reloj biológico con la alarma desatada, que es el resultado previsible a una colección de fracasos y por eso necesito creer que aquello, como clavo ardiendo al que se aferran parejas en crisis continuas, pudiera ser una respuesta. Sin embargo ahí estoy, babeando como un tonto cuando un infante se acerca, añorando como un estúpido la obligatoriedad que tuve de reexplicar el mundo cuando mi sobrina me hacía preguntas con trampa. Creo, positivamente, que tener que simplificar la realidad para traducirla a una infancia de esas que aparece con los ojos abiertos mirándolo todo, es un ejercicio que no dan más que en el gimnasio de la vida.

Las teorías evolutivas mantienen que en realidad existe un componente que no controlamos y nos hace tomar determinadas decisiones sin darnos cuenta. Lo suelen llamar la teoría del gen egoista. Más o menos viene a decir que los humanos (los mamíferos en general) tendemos a buscar la manera de perpetuar nuestros genes, a continuar la especie, a seguir la estirpe. Por eso, dicen algunos, los hombres se sienten atraídos por las rubias y es que el pelo rubio suele asociarse a la juventud y la juventud con la fertilidad. (A mi me han gustado históricamente las morenas.) Por eso los hombres sanos y fuertes son más deseados. Por eso y de manera inconsciente aquella teoría evolutiva sexual es la que nos dirige sin darnos cuenta.

Y, por el contrario como si fuera un atentado contranatura, el 21% de los jóvenes ha decidido no tener hijos. Algunos afirmarán que no se puede tener hijos, un coche biturbo, una conexión de internet de fibra óptica, una hipoteca e ir a ver a los Iron Maiden. Otros asegurarán que con 1000€ para dos personas y un crío (en un caso aceptablemente común) es un imposible. A nosotros nos criaron con un sueldo y marchando de vacaciones en un Seat 124 a casa de los abuelos. La mayoría estará convencida que la posibilidad, en este mundo de infinitos, de internetes, de parejas ocasionales y de viajes sin hacer, de encontrar alguien que sea capaz de soportar nuestras taras es sencillamente cero. Algunos prefieren un iphone a un niño, aunque les despierte por la noche un chat secreto de telegram o no les guste el nuevo estado del whatsapp de su último insulso polvillo.

Una vez le pregunté a un amigo, recién parido, si acaso tener un hijo era una sensación mística, si era verdad eso que cuentan y no se me ocurrió otra cosa que preguntarle "¿Es mejor que el primer bocado de un solomillo con fouie cuando tienes mucha hambre?"- "Son cien solomillos".  Y me miró con la cara de alguien que recibe regalos cuando aún cree en los reyes magos.

La mayoría de los padres descreídos lo son por una cuestión de pareja, lo cual comprendo porque es la variable en la que llevo anclado demasiado tiempo. Conozco a más de una mujer que, llegado el momento y cansada de adultos desaprensivos, se quedó embarazada de un joven fornido y poco locuaz en un espacio de tiempo imposible para el amor verdadero. Las salas de espera de los centros públicos de inseminación están porcentualmente llenas de hermosas mujeres solteras cargadas de historias de amor dramáticamente inconclusas.

Muchas personas han decidido no tener hijos por una excusa de dinero pero, como casi muchas otras excusas en la vida, la realidad se extiende más allá de lo aceptable o lo asumible. De la misma forma que no somos capaces de controlar nuestro gen egoista tampoco somos capaces de aceptar nuestros miedos o nuestras miserias, nuestras incapacidades o nuestros más absurdos pensamientos. Nadie, absolutamente nadie, habla de sus sentimientos en el siglo XXI. Queremos ser dignos, altos, máquinas sexuales, mejores padres, excelentes hijos y algunos hasta hemos aspirado a ser cultos y buenas personas. Un día descubrimos que no lo éramos y nos bloqueamos mientras ella, que también estaba tropezada en la misma piedra, nos gritaba que no éramos capaces de dar otro paso.

Y no lo dimos. Un 21% ya ha asumido que no lo dará nunca. El futuro estará lleno de jubilados solitarios.

Y a mi me han entrado las ganas porque, a pesar de todo y después de pensarlo con detenimiento, creo que hay que dejar hablar al gen egoísta. De egoísmo va todo aunque se disfrace de amor y de acontecimientos económicos. Es una cuestión humana y una forma de replantear en términos sencillos todo lo que aprendí de cómo funciona el mundo.

Quizá por eso siempre me han dicho que sería un buen padre. Quizá.

Hay una estúpida fórmula matemática que promete calcular la duración del amor eterno. También hay miles de cuestionarios en el Cosmopolitan, millones de polvos que nunca tendré en internet. Un punto cero de partida, supongo, es un punto de partida. Supongo que he tardado demasiado tiempo en aprender quien soy para poder enseñar a alguien a ser él mismo.

Pd: ahora hay que ver cómo llevar a cabo dicha cruzada porque no tengo ni Rapunzel, ni pelo, ni canción, ni almena, ni vicio.

21 de marzo de 2014

El hombre que buscaba respuestas.

En este mundo de mierda poblado de cortoplacismos como zarzales con dos o tres moras se nos van los tiempos y los suspiros casi como sin darnos cuenta. Se nos mueren las estrellas que convirtieron sonidos en música y se quedan miserables de one hit wonder. Se nos va el amor y la soledad a cambio de polvos facilones torpemente interpretados. Se nos fueron las películas a favor de las teleseries y las teleseries a favor de los videos de youtube. Se fueron las virtudes de los anuncios para sustituirlos por la felicidad y los hábitos de vida saludables. Los chicos honestos se fueron solos a casa mientras que los arquetipos convencidos, intérpretes facilones de las comedias románticas imposibles, se llevaron a las mujeres que creen que el sexo es meterla más dentro porque nunca supieron hacer círculos con la lengua. Se acabó la pausa porque debe de suceder algo que contar en una red social. Se fueron los momentos a cambio de los acontecimientos, los chaparrones a cambio de los temporales y los debates fueron sancionados a golpe de denuncia y de querella.

Y se fueron, como si no hubiera reservas para las grandes estrellas, los políticos que por decir lo que pensaban lograron un hueco en nuestro espacio vital. Los han sustituido, casi como una caricatura moderna, aquellos que besan a los niños y escupen en la intimidad, aquellos que sonríen y tienen la virtud de decir lo que deseas oir para sodomizarte cuando estés dormido viendo una eurocopa, aquellos que no paran de hablar para terminar no diciendo nada, que es la virtud imposible de los charlatanes.

Hay cosas que solamente suceden una vez en la vida porque en el resto de las ocasiones que llaman a la puerta de la sociedad, se castran. Seria imposible Elvis hoy, sería imposible Woodstock, sería imposible sentir a Dylan o movilizar a todo un planeta por una excusa justa. Empiezo a pensar que es imposible no añadir un poco de marketing en la vida diaria si es que quiero llegar sin una crisis de ansiedad al próximo jueves.

-"Las personas han dejado de buscar respuestas"- sentenciaba un amigo detrás de un café y un nicorette utilizado para calmar la ansiedad. -"Viven mejor los mediocres"-decía- "los que están disfrutando como bellacos de la vida por la que yo lucho a diario"-y tomó aire- "Ni siquiera se preguntan el motivo. Lo hacen, y ya está"-

La muerte de Iñaki Azkuna (alcalde de Bilbao al que conocí personalmente) es uno de esos ejemplos imposibles. Era una de esas personas que era capaz de acercarse a mi, llamarme por mi nombre,  y decirme si acaso no estaba contento. -"Me has dado tanta caña que te vas a venir conmigo a inaugurar un parking"- me dijo en cierta ocasión y mi madre dispone de una foto que atestigua ese momento, a la par que un trozo de cinta ceremonial. Resultaba ser un hombre de esos que no tapaban ni sus formas, ni su ira ni su enorme humanidad. Resultaba ser un hombre imposible hoy en dia y quizá por eso la ausencia será más grande.

Sencillamente era un tipo de esos que buscaba respuestas y, afortunadamente, las encontró.

En este mundo en el que los impostores van ganando partido algunas pérdidas se notan más que otras.

Pd: también vale para Suárez.

16 de marzo de 2014

La mentira (no piadosa) de los primeros besos.

El video de los primeros besos es una mentira, un fake, una patraña, un gran cacho de sentimentalismo a golpe de camara lenta, marketing y emoción que parece de verdad pero no es verdad, porque no lo es, porque es asquerosamente emocionante y está tan perfectamente realizado que nunca pudo ser verdad y, sin embargo, millones de personas quisieron que fuera verdad. Los mismos millones que se emocionan con que les hagan el amor mientras les dicen que "la cura para la locura son los besos que me tocan con tu boca" o alguna mierda similar porque si les follan y les dicen que "llegar a la cama, joder, es una guarrada sin si" les recorre el calambre de las cosas que, aunque imperfectas, huelen a verdad. "Yo no debo conformarme con lo que no me merezco"- se repiten creyendo que merecen lo que vieron en youtube cuando lo cierto es que más de una vez todos hemos tenido mucho más de lo que hubiéramos apostado por conseguir.


Vivir engañando no es malo si uno es consciente. Vivir, en este mundo de fakes consentidos y utilizaciones idealistas del sentimentalismo, capacidad de superarse y lo que debería de ser la realidad, empieza a ser complicado cuando se es partícipe y participante de la verdad y sus limitaciones.

Sin embargo, últimamente, todo es un fake, un bulo, un hoax, una mierda pinchada en un palo. El sexo son películas porno protagonizadas por profesionales y los rumores saltan de "el mundo today" a las portadas de la prensa con facilidad pasmosa porque es mejor creerse las historias bien documentadas que no son verdad y se pueden emitir los videos de alta definición y las fotos con filtros en momentos de máxima audiencia. Las fotos de perfiles tienen tantos retoques que cuando se hace real una cita virtual las personas son incapaces de reconocerse.

-Es un chico encantador. Te gustaría- le dice una amiga a otra con los ojos como platos para intentar convencerla de la emoción que la recorre- Me ha regalado flores. ¿Sabes?. Flores, joder. Hacía años que no lo hacían.- Y deja una pausa.- Me da las buenas noches y le gusta escucharme. Adora los niños y ha dejado un cepillo de dientes en mi baño-. Y entonces respira profundamente y se imagina un videoclip en slow motion con banda sonora, una foto de instagram, un texto al estilo ctrl+v sacado de lugares insospechados elegidos sin criterio.

Hace años que llegué a la conclusión de que cuando algo parece perfecto sencillamente no es verdad. Tampoco hay que jactarse y revolcarse en el barro de las imperfecciones, tirarse pedos en la cama, llorar por las esquinas como un perdedor que descubrió que vivía en un mal sueño, cortarse las venas en la bañera para que le encuentren en un charco de sangre de dramatismo, pegarse un tiro como Kurt o matarse a tranquilizantes como Marilyn.

Debe de existir un lugar invisible equidistante de la manipulación social que ejerce, sobre nuestras mentiras y nuestros comportamientos, el marketing y la decepción absoluta y agotadora que tiene adivinar lo que hay de verdad detrás de cada día.

Porque levantarse cada mañana queriendo oler el culo al próximo perro feliz es tan imbecil como estar atento buscando la mentira de todo lo que nos moja como las tormentas que azotan al principio de la primavera.

Tanta mentira y tanta noticia falsa correctamente formada empieza a ser una bola de nieve que nos lleva ladera abajo. En las cenas se recitan de memoria textos de páginas web que prometen la salvación o la dieta eterna y definitva. Las noticias más emocionantes son falsas o tapan aceptablemente bien la verdad, que nunca es tan divertido (casi como aquel himno la cancion). Las novias son imperfectas y los trabajos suelen mostrarse como poco gratificantes y mal remunerados pero, sin embargo y casi al estilo de la camiseta raída a la que profeso un cariño indescriptible, tienen sus excepcionales dipsomanías cotidianas. (y utilizo dipsomanía como "esa irrefrenable necesidad")

Yo soy incapaz de tirar esa camiseta cuando acepto que más de uno tire toda su ropa cada nueva oleada de anuncios de temporada. Más aún cuando los anuncios me hablan de felicidad, amor, superación y cariño en unas cantidades imposibles para un mortal. Reniego de los publicistas que en vez de ser honestos insisten en que voy a ser mucho más feliz porque eso no depende de ellos.

Besos en la frente, cantaba Joaquin. Que te follen, la cabra mecánica. Te odio, los seis días. Será maravilloso viajar hasta mallorca, cantaba un grupo llamado "Los mismos". "Ya verás cómo me olvidas y te encuentro en cualquier bar pegando saltos de alegría y me dices que lo nuestro no era lo que merecías. Seré cosas que se cuentan, vueltas de la vida"- dice una canción que no sé si meter en el saco de los fakes o de extremoduro.

"Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera, contarle que el universo era más ancho que sus caderas. Le dibujaba un mundo real no una color de rosa, pero ella prefería escuchar mentiras piadosas"- cantaba Sabina. Quizá ese es el resumen y quizá puede extenderse a los motivos por los que la verdad pierde terreno en un presente poblado de mentiras que, como los primeros besos, están sobrevaloradas.

Y, al menos esta vez (que no será la última), es mentira.

Besos son estos:


10 de marzo de 2014

La invasión de los místicos.

Soy un tipo racional.
 
Y sin embargo por alguna razón, quizá con la creencia de que sin conocer algo es imposible criticarlo, he leido a Bucay y a Coelho, he soportado tonadillas infumables llenas de melancolía de instituto y he revisado uno por uno los estados de whatsapp de mis contactos. "Sueña como si fuera a vivir siempre y vive como si fuera a morir hoy", "La vida no es esperar a que pase la tormenta", "Solo hay dos cosas que podemos perder: el tiempo y la vida...2º es inevitable y la 1º imperdonable", "No se puede volar con águilas si estas rodeado de pollos"... Entonces es cuando me doy cuenta: La invasión de los místicos está llegando.

Estoy absolutamente convencido de que cuando la ciencia era incapaz de demostrar muchas cosas eran las creencias las que daban las explicaciones plausibles. Los eclipses, los terremotos, los dioses en cólera. La magia. Poco a poco, quizá con el método científico en una mano y la ciencia en la otra, fuimos encontrando explicaciones a casi todo. Luego llegó la informática y los viajes en el espacio. Quizá en ese momento en el que la razón era más compleja que las creencias es cuando algunos tiraron la toalla y necesitaron volver a creer. En ese momento creer, como un mal anuncio de televisión en el que lo puedes hacer todo si compras unas zapatillas, volvió a ser necesario para levantarse por la mañana. Eliminar la justificación lógica y compleja de nuestra vida cambiándola por una mierda creíble y bonitamente formulada ya es más fácil. Creer que es el hombre de tu vida en vez de una excusa rápida y pueril para no afrontar el miedo humano a la soledad, leer que "los objetivos están en tí" cada vez que abres la nevera en vez de aceptar y avanzar con las cartas que te tocan y que son las que no puedes cambiar es mucho más sencillo.

Hacer propias las frases grandilocuentes que se le ocurrieron a un mierda sentado en el baño son la excusa de muchos para levantarse cada mañana. Y,quizá, no son tan malas si es que se levantan, aunque se levanten engañados. No son tal basura descomunal como parecen si es que van por ahí sin hacer daño a nadie. Pero lo hacen. Lo hacen porque dicen lo que quieres oir: que puedes con todo, que la verdad llegará, que te espera media naranja con zumo de amor verdadero y que todo mejora cuando menos lo esperas.

Así que un día encuentras a un nuevo feligrés del misticismo por la calle. Te sientas en una terraza y empieza con esa psicología de baratillo en la que el futuro lo creas con tus actos, llevas las riendas de tu vida, eres EL hombre que te mereces y toda esa parafernalia. "¿Por qué"- preguntas. Y vuelven a parecer más tópìcos: porque la bondad reside en cada uno, porque elimino los componentes tóxicos de mi vida, porque pongo las bases para el futuro que deseo.

Yo estuve dos años en terapia. Aún vuelvo cuando me rompo. Luché con fuerza buscando una explicación lógica a muchas de las cosas que no era capaz de comprender y tuve explicaciones a medias que aún hoy pongo en duda. Oí muchas frases perfectamente formuladas: juegos psicológicos, la utilización de la ira, el poder del niño adaptado, la limerencia, la resiliencia, "las cosas que nos pasan o que hacemos y nos duelen no son el problema, son el síntoma". "Cuando alguien te pone un reto imposible, te está diciendo que no".

En realidad busqué respuestas casi de la misma forma en la que puedo esforzarme por encontrar emoción con un disco de Pablo Alborán (sin conseguirlo). Logré más dudas, quedarme sin novia, engancharme al orfidal y tener una capacidad sobrehumana de responder en sus mismos términos a todos los que, porque vieron tres minutos de un programa de Punset, se creen los nuevos mesías de la verdad mística.

Porque hay una verdad cierta en esta tendencia: también existe una frase que dice lo contrario de forma grandilocuente: "Aprende a vivir contigo antes para poder vivir con alguien después", por ejemplo.

Los místicos nos invaden. Son más mujeres que hombres, pero los hombres también están cayendo. Es una invasión lenta y poco ruidosa. Son los creacionistas de la nueva filosofía en la que se ignorará la ciencia porque es mucho más dificil de entender que dos citas que entran en un tuit. Es más complejo explicar cómo llega la luz a tu bombilla que decir una frase que ilumine las mañanas como si fuera un faro en medio de la tormenta de los problemas que te comes como marrones.

Los místicos se entienden entre ellos, copulan entre ellos y dan a luz más místicos. Algunos dicen que hablan con sus gatos. Otros creen positivamente en el reiki y en la homeopatía. Todos dan como razón la pervivencia milenaria de sus frases, la verdad infinita de aquello que les consuela. Y lo imponen como cierto sin decir más, sin pensar más, sin razonar más allá. Devoran libros de autoayuda con casos de extraños que les conmueven y donde se buscan, ansiosos de respuestas inmediatas. También se buscan en todas y cada una de las comedias románticas mientras sueñan con la felicidad amatoria eterna. Carecen de pausa, de método. Creo que incluso, tras ese frontal de ternura y bondad, carecen de sentimientos porque mañana tendrán una frase nueva que es probable que defienda una dirección opuesta a la anterior.

Los nuevos predicadores, y este es un dato demostrable, van ganando espacio y cuota de mercado en el campo de lo que se necesita creer cuando no se quiere pensar. Es lo mismo que considerar que basura sentimentaloide con dos acordes es música cuando no lo es. "Me gusta mucho la música, tengo dos discos de Alborán, uno de Bisbal y me bajé tres canciones de Melendi". Es lo mismo que dejarse guiar por aquello que conviene porque el resto del camino parece lleno de espinas. Es un jodido canto de sirena, una colección de esloganes pseudo psicológicos que están volviendo locos a miles de habitantes. Un vademecum de respuestas facilonas e infames que rebotan muchas personas emocionadas por creer que han encontrado la verdad y que te insisten como lo hace un testigo de Jehová en la puerta de casa para vender un libro que te llevará a la salvación eterna.

Yo estoy seguro.Tú mira a tu alrededor. Revisa los tuits, los muros de facebook, los estados del whatsapp... escucha las frases en los bares cuando la conversación toca un tema humano, cuando una amiga le dice a otra que "lo que te mereces, que es mucho, está ahí cerca". Postureo filosófico, silogismos de cuarta división, mentiras para no pensar. El ametrallamiento es contínuo y resuena como las balas pasando cerca desde todas partes.

La invasión de los místicos, como el mileniarismo, ha llegado.

4 de marzo de 2014

Free to play. La gran estafa consentida.

La comisión europea, salvaguarda de la estupidez de todos los europeos, ha decidido investigar esa cosa tan moderna y tan chula que son los micropagos de los juegos esos que te dicen que son gratis de la muerte y que resulta imposible ganarlos o disfrutarlos sin hacer algun pequeño pago que, en más de un caso, hace que una mierda de videojuego llegue a valer más de 80€ cuando antes valían 20€. Esto es como lo de iTunes, el asesino de los discos como concepto, que cobra 1€ por cada canción llegando a costar un cd (sin cd ni ese papelito donde venían las letras) más de 20€ cuando antes costaba 14€.

Algunos son capaces de mantener lo contrario y valorar, como si fuera un argumentario creado por un creativo a sueldo, que esta es la forma de logar una canción o un juego de una manera mucho más económica. En realidad es que te la toquen gratis pero tener que pagar un fin de semana de lujo para saber si es capaz de echar la espalda hacia atrás mientras te mira con los ojos entornados. Y aun así, después de pagar, quizá no te guste o ganes en ese juego.

El éxito de los juegos "freemiun" está basado en la cultura del gratis total. Nadie lee, al instalarlos, la advertencia en letra pequeña de que puede estar sometido a micropagos. La clave es ese "micro", que lo hace pequeño sin parar a decir que muchos micros son un macro. El truco está en engancharse creyendo que no hay riesgo y después, ansioso a las dos de la mañana, querer más.

Dicen, desde las instituciones, que es una estafa. En realidad y casi como todo lo que nos va rodeando en este nuevo mundo moderno,  no lo es. "Te voy a querer mucho y hacerte muchas cosas"- pueden decirte con la boca grande y susurrar que es probable, quizá, acaso, tal vez... que te hagan daño o te estafen como lo hacían los tahúres. La culpa es del usuario, como siempre, que arruinado y enganchado, yonki violento de un vicio que parecía un juego entretenido, se queda sin ganar por no haber leído con atención.

Una de las grandes mentiras del nuevo comercio es la letra grande. 0€, GRATIS. Nada es gratis en la vida, decía la canción

Estamos sumergidos en un momento en el que la verdad se rompe y se fracciona en dos partes miserablemente opuestas.

En un lado está lo gratis total, los estados de whatsapp que parecen filosofías de broma, frases que se ocurren haciendo fuerza en el baño, promesas que suenan a ciertas mientras suben a tu casa para abandonarte, personas que aseguran que mañana te van a llamar mientras te dicen que son diseñadores gráficos porque se piratearon una versión antigua de photoshop. Anuncios que aseguran que serás feliz.

En el otro vive el extremo de la imposibilidad de hacer promesas que se desconoce que se puedan cumplir. Residen juegos que, aunque caros y desarrollados con clase, se quedan en las estanterías esposados a su precio sin poder demostrar sus bondades. En ese lugar está ese tipo con estudios y capacidades que se niega a trabajar gratis o al precio de aficionado. En aquel sitio está todo aquello que se preparó para que llegara su momento y, cuando su momento llegó, ya había pasado una mala promesa por allí para arrasarlo todo como el caballo de Atila.

Los juegos "free to play" son un ejemplo de algo mucho mayor donde reside la gran estafa en la que va cayendo una gran parte de la modernidad. Es lícito caer y creerse, por un momento, que aquellas pequeñas satisfacciones con trampa valen para esconderse cada día de todas las verdades que tiene la cotidianeidad. Al fin y al cabo es mucho más sencillo creerse las mentiras que afrontar la verdad.

Sigue siendo más caro, al final, jugar a un juego gratis que pagar por lo que vaya a ser. Claro que "joder, es gratis". Aunque no lo sea.

No es una estafa, pero lo es. Es todas esas veces que, abrumados, vamos por el camino que parece más fácil.

28 de febrero de 2014