Mal dia para buscar

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28 de enero de 2015

Queridos hijos de puta

Llevo un tiempo pensando en clave de agotamiento, en el gesto del pez sacado fuera del agua agitándose con exceso aire y dando coletazos sobre el fondo mientras sus compañeros yacen muertos y mojados a su lado. Cuentan que alguno, en un último estertor, logró volver al río aunque basándonos en las leyes de la estadística, va a morir. La mayoría, siguiendo la ley empírica de la bandada de Juan Salvador, han aprendido a vivir más cómodos continuando las leyes no marcadas de la subsistencia de la especie. Desovan a un lado, abren la boca con cara de asustados mientras nadan en círculos durante la vida y mueren en la barca.

Me he cansado de clamar por la estupidez global hasta llegar a la conclusión de que hay munición imposible.

Queridos hijos de puta:

Me teneis hasta los huevos con ese cacareo infernal de lo que se debe y lo que debería de ser mientras no haceis nada, mientras os quedais parados mirando cuando parte del mundo se desmorona. Vivis en la queja eterna y en la estupidez supina, como si llorar muy alto os llevara comida al plato y dinero a la cartera. Quereis al prójimo pero no estais. Os importa el ébola, los niños abandonados, el maltrato animal y la igualdad de género pero os da igual el vecino o el compañero porque eso es una labor poco digna para vos. O se salva el planeta o se jode el de enfrente. "Debería de reciclar la gran empresa", clamais como ecologistas pero tirais papeles al suelo para que lo recoja el barrendero porque ese es su trabajo. Estais esperando a los nuevos salvadores como quien espera a Superman cuando los villanos arrasan la ciudad y esos villanos sois vosotros mismos con vuestro hipócrita eterno superpoder. Millones de hormigas locas discutiendo cómo construir el hormiguero. Cientos de clientes exigiendo el cumplimiento de la garantía después de haberse sentado en su teléfono, rompiendo la pantalla y jurando que se ha roto sola. Reclamais vuestros derechos escurriendo los errores propios y olvidando la lógica o las obligaciones. No os gustan los ricos, excepto si lo sois vosotros. La oferta, luminosamente decorada con un gratis a 100 euros, de la últma todopoderosa compañia es la próxima dosis en la adicción de la muerte por consumo. Soñais con un mundo feliz que siempre os deja por encima de la media y, tal y como sucede entre las guerras de los idiotas, ganan los terceros cuando os habeis aniquilado entre vosotros y arrasado con los demás en un daño colateral. Los centros comerciales sobreviven cuando habéis dejado de ir a los comercios de verdad, la mayoría absoluta de la felicidad es un anuncio después de acabar con la vida social en las calles.
Así que de vosotros aprendí a quejarme por no lograr lo que he saboteado siempre.
Y negar mi maldad, mis errores y mis millones de equivocaciones.
Siempre se equivocan los demás

Llevo un tiempo con demasiado oxígeno en las branquias.

21 de enero de 2015

La legalidad y la ética

Hace muchos años, tantos como 25, estaban de moda las tiendas en las que se alquilaban cds. En realidad, según me explicaba uno de los dueños, se establecían como organizaciones culturales sin animo de lucro y precisamente al revisar sus cuentas no aparecía ningún beneficio. Después, analizando con detenimiento las anotaciones resultaba que el dueño aparecía como señor de la limpieza por lo que percibía cantidades enormes lo cual no es ilegal porque cada uno paga lo que considera oportuno a sus empleados siempre y cuando no esté por debajo del salario mínimo. Era piratería encubierta, era un negocio con todas las letras pero no era ilegal.

Cuando Jesús Gil se puso a traer fichajes sorpresa del Africa más profunda resultaba que lo que se traía era maulas que casi no daban ni una sola patada pero que costaban cientos de millones y, en realidad, era una manera de lavar dinero pero él decía que lo que pasaba es que tenía muy mala suerte con los fichajes y la verdad es que no era ilegal pero olía más podrido que Dinamarca.

Ahora resulta que Modenero, adalid de la refrescada nueva política que nos va a salvar a todos, ha facturado más de 400.000€ por un trabajo sobre la implantación de la moneda bolivariana en sudamérica. Dice que se ha esforzado mucho, que ha cobrado las facturas que ha emitido y que ha tributado lo que corresponde por ello. Y tiene razón. Es legal pero por alguna razón no pinta especialmente bien porque no conozco a nadie, y menos de entre los pobres, que facture 200.000€ al año a un solo cliente por hacer un informe que, además, le ha dejado tiempo libre para unos cuantos mítines.

De la misma manera Monago ha viajado un buen montón de veces a Canarias. Como representante de todos los españoles y por ley tiene los viajes pagados para visitar cualquier parte del estado a fin de estar al lado de quien le necesite y ha dado la casualidad que en Canarias tenía una amiga muy amiga, pero eso no quita que lo que hizo fuera legal, aunque no parece muy ético.

Visto así es más que probable que muchos de los casos en los que nos escandalizamos no sean ilegales aunque tengan bastante tufillo a podrido. Son los asesores con sueldos enormes o los expresidentes en consejos de administración. Son las adjudicaciones a empresas amigas o las facturaciones desmesuradas. Cuando me presenté a mi segundo concurso público el funcionario me explicó que lo tenía complicado porque "siempre gana Angel" que era un tipo que se tomaba vinos con los tipos del ayuntamiento sin disponer de empresa ni estructura. Era un subcontratador. En este país que se valora más al famosete que al científico también se valora más al contacto que al profesional. Quizá por eso se caen los edificios y se cuelgan los ordenadores del ayuntamiento en cuestión. Quizá por eso, porque el pastel se reparte entre el amigo, el del medio, el asesor y el que hace el laboro, es por lo que las personas que realmente han aprendido un oficio se tiran de los pelos. Pero, a nuestro pesar, no es ilegal.

Tenemos un país en el que las leyes, en realidad, siempre se hacen con una buen fin. Eso no se pone en duda. Pero tenemos unos habitantes, entre los que me incluyo y te incluyo, que buscan como perros amaestrados la manera de usar la ley para su propio provecho. Una pareja que no se casa para cobrar las ayudas a madres solteras con hijos, un tipo que pone todo a nombre de la mujer y pide una ayuda para pobres sin serlo, una mujer que se quiere divorciar y alega maltrato psicológico para acelerar los trámites, un tipejo que factura a otro cien mil por un asesoramiento que no ha dado y así no pagan el 33% sobre los beneficios, hacer publicidad de una oferta sujeta a stock y que ya se ha terminado, tener ocho años y escupir en la cara al profesor para enfrentarse diciendo "si me pegas te denuncio" o un uso indebido del teléfono de la empresa o un exagerado uso de las dietas. Nada de lo que he descrito es ilegal pero sí lo es encenderte un cigarro cerca de la puerta de un bar cuando llueve afuera.

Legislar no es sencillo porque los legislados son españoles.

Y la ética es algo tan voluble que solamente se ve claramente cuando se refiere a la ética del otro. De eso saben los portavoces parlamentarios.

Uno de esos portavoces dijo, en sede parlamentaria, que la ley está para cumplirla y que se presupone que las personas adultas son suficientemente inteligentes como para usar los medios que tienen a su alcance de una forma ética y correcta. Dijo, con razón, que el mundo de verdad, que el mundo de los adultos no es un lugar en el que poner a un policía a ver si cumplen con sus deberes de una manera correcta.

Y debería de ser así, pero no lo es. Y no se libran ni los de siempre ni los nuevos ni los que vienen por detrás. Cuando les preguntas dicen "es legal" y lo es. Pero no es ético. "Chincha rabiña" decía mi compañero de acampada cuando se quedaba el último bollicao y yo estaba detrás en la fila. Como buen tipo nunca lo compartió conmigo. Probablemente yo, creyendo que era lo justo, tampoco lo hubiera compartido con él. Las normas decían que se repartían hasta acabarse. Nada le obligaba a compartir. Nunca lo hizo.

Pues eso mismo.

Claro que no existe una línea ética y por eso se salta como si fuera una comba.

20 de enero de 2015

Consuelo de tontos, predisposición de muchos.

Por alguna razón la predisposición, como el acto de visualizar la molécula en el principio de indeterminación de Heissenberg, siempre afecta al resultado global. Los años 80, enfebrecidos por la posibilidad de ser todo aquello que nos prupusiéramos, derivaron en una generación de atrevidos desaprensivos que cambiaron la faz del mundo. El principio del siglo XXI ha llevado hasta los megáfonos de la sociedad a hordas de quejicas, de conspiranoides, de silogistas convencidos de la partida perdida contra el sistema. Son todos los que hablan de los desmanes de los poderosos y de los maltratos animales. Son los que buscan maquiavélicas artimañas en el precio del pan o en el motivo por el que un médico hace más tactos rectales que la media ponderada de la unión europea. Son gritones, quejicas y no disparan en una sola dirección porque entonces se les supondría criterio. Disparan ráfagas como quien aprieta el gatillo de una ametralladora y pierde el control con el retroceso, como un dibujo animado gore.

En los años 30 se hizo un estudio sobre la forma que tenían de pensar los habitantes de Uzbekistán. Se llegó a la conclusión de que las personas analizadas respondían a los diferentes dilemas a base de aquello que conocían y resultaban incapaces de llegar a más, aunque la pregunta fuera obvia. Cada persona tiende a actuar y a responder según las ideas y experiencias que posee. La educación, como elemento sustitutivo de todas las experiencias a las que no podemos tener acceso, puede mitigar o acercar las respuestas a la verdad pero la educación, como elemento controlador de la sociedad del futuro, siempre es una mercancía interesada por todos aquellos que creen tener cotas de poder. Independientemente de ello es el baúl que llevamos con nosotros el responsable de nuestra actitud, nuestra estupidez o nuestra valentía. Tuve que justificarme mil veces porque ella estaba acostumbrada a que la traicionaran y, por defecto, llegué a su cama con el cartel de traidor. Al final me convenció de ser un traidor, como todos. Me traicionó de forma preventiva y me convenció, de forma cautelar, de ser incapaz, inmaduro y pueril. Y lo demostró como se demuestran las conspiraciones que es con mucho drama, palabras grandilocuentes y grandes despedidas. Ahora, convencido de que más tarde o más temprano desgarraré el alma de quien confíe en mi, salgo por las ventanas.

No es valida en ningún caso la utilidad mística de creerse capaz de todo, porque eso es imposible. Tampoco es válido el extremo contrario, porque algo nos quedará que merezca la pena, aunque sea jugar a la petanca. Mi psicólogo insistía en que tenemos un lugar donde nos sentimos cómodos, casi como si fuera una zona de confort o un espacio en el que nos sentimos resguardados. Nuestra forma de protegernos es llegando a ese lugar. Para unos es jugar al mus, para otros llevar la conversación a un punto en el que domine la argumentación. Para la mayoría es defender lo socialmente correcto que es, como en Uzbekistán, lo que comprende la manera que han tenido de sobrevivir hasta ahora. Es la forma de sobrevivir la que nos va marcando como si nuestras acciones fueran una explicación de la selección natural aplicada al comportamiento social. El problema está en que las mismas acciones llevan a un mismo resultado y realizar acciones nuevas producen el vértigo de lo desconocido. Quejarse o apostar por el fracaso es una manera segura de perder cuando creer en algún tipo de triunfo no da la certeza de ganar.

Así que viviendo en un entorno de perdedores lo más común es volver a perder y el problema aparece cuando no gana nadie. Consuelo de tontos, predisposición de muchos.

Los cantantes tristes siempre están solteros y se acercan a quienes les van a abandonar. En realidad buscan una nueva canción, pero no lo saben. Cuando componen algo feliz les sale mierda. Cuando un humorista se pone serio no le interesa a los demás. Cuando nos convencieron de ser marionetas nos lo creímos.

Es muy complicado escapar de lo que, por una u otra razón, nos tiene convencidos y menos sin soltar los puntos de sutura.

18 de enero de 2015

Hay caminos que es mejor no recorrer

Hay caminos que es mejor no recorrer. Porque antes en los mapas ponía "ahí dentro hay dragones" y ahora ya no, pero eso no significa que no haya dragones.
(Pd: es una escena de una serie...lo de los términos y condiciones de uso lo bloquea... Youtube: no. Daylimotion: no ... bueno... por eso está dos veces)

17 de enero de 2015

Don´t you forget about me


Hey, hey, hey, hey Ooh, oh Won't you come see about me? I'll be alone, dancing, you know it baby Tell me your troubles and doubts Giving me everything inside and out And love's strange so real in the dark Think of the tender things that we were working on Slow change may pull us apart When the light gets into your heart, baby Don't you forget about me Don't, don't, don't, don't Don't you forget about me Will you stand above me? Look my way, never love me Rain keeps falling, rain keeps falling Down, down, down Will you recognize me? Call my name or walk on by Rain keeps falling, rain keeps falling Down, down, down, down Hey, hey, hey, hey Ooh, oh Don't you try to pretend It's my feeling, we'll win in the end I won't harm you or touch your defenses Vanity and security Don't you forget about me I'll be alone, dancing, you know it baby Going to take you apart I'll put us back together at heart, baby Don't you forget about me Don't, don't, don't, don't Don't you forget about me As you walk on by Will you call my name? As you walk on by Will you call my name? When you walk away Or will you walk away? Will you walk on by? Come on, call my name Will you call my name?
I say, la la la
When you walk on by And you call my name

Pd: la opcion nº 2 era esto.

15 de enero de 2015

Pepito Grillo, la divina comedia y la privacidad.

En la divina comedia, sobre el dintel de la puerta, se lee "Oh vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza". Es un limbo entre el cielo y el infierno, un lugar donde residen "las tristes almas de aquellos que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio, confundidas entre el perverso coro de los ángeles que no fueron rebeldes ni fieles a Dios, sino que solo vivieron para si".

Ayer al recuperar la copia de seguridad de mi cuenta de Google descubrí, con la quietud de las mejillas del barquero de las lívidas lagunas, que las contraseñas de las wifi que utilizo también están en los servidores de aquella empresa que tiene a bien ser del mal, como una contraposición de marketing, como un impuesto no pagado, como un contrato que haya cedido mi alma, como Fausto, como Mefistófeles.

Descubro que en mi facebook aparecen anuncios de la marca y modelo de coche que está buscando un compañero de trabajo y que, de una forma entrecortada, aún me intenta vender alguna página la última actuación en directo del grupo favorito de una novia con la que hace años que no me hablo. Es mucho más dificil retirarse de la cama de alguien a quien se quiso que de la publicidad orientada de internet. "A mi novia"- me dice un compañero- "le aparecen anuncios de solteras en su ciudad cada vez que nos enfadamos y me resguardo, como una infidelidad a medias, en el porno por abandono". Entonces pone cara de informático abandonado y dice "ni siquiera hay tres grados de separación entre una cosa y otra. A Google le da igual mi estabilidad sentimental."

Cuando alguna persona se presenta a un casting para un reality lo primero que hace es firmar un documento por el que cede su vida a una cadena de televisión. Ni siquiera sabe si va a ser elegido pero ya ha vendido cada paso que dé hasta la cancelación del mismo. Ha vendido sus palabras, su opinión y su posible escarnio público. En el momento de la firma estaba convencido de la fama, de la relevancia social, de hacerse una portada de Interviú. En el momento de la firma, cuando el notario empieza a leer con ese tono machante, aburrido e inteligible las claúsulas, se piensa en la decoración del piso o en el viaje a Punta Cana. Se piensa en la calma de la recompensa pero nunca en arder en el infierno. Apple no inventó el teléfono pero sí que lo hizo con los términos de acuerdo de más de 10 páginas. Google solamente le copió y no me estoy refiriendo al entorno gráfico porque eso es de un tipo pobre que hizo Unix pensando en el software libre. Un paso después vino ese momento en el que te pregunta si quieres aceptar los términos pero ya no hay pestaña para decir que no.

En algún blog tecnológico leo que las contraseñas de mi wifi las utiliza Google para comerciar con los servicios secretos de los países y no para que sus fundadores puedan conectarse sin pagar en cualquier lugar del mundo, que es para lo que usaría esa información un melindroso usuario de calle. Si le preguntamos a los responsables de prensa nos dirán que esa información y ese gasto en servidores y en discos duros es algo que se hace por la comodidad del usuario, por la sencillez y la practicidad, por favorcer "la experiencia de uso". Dirán que, además, eso es algo que se hace gratis porque hace tiempo que se asocia "gratis" a "sin desembolso económico" aunque dicho así es obvio que no es verdad. Con las nuevas versiones de Google viene de serie el Google Fit que, sin tener que pagar dinero, nos dice si estamos sanos, si andamos, si vamos en bicicleta o en coche o si hemos dormido las suficientes horas. Nos saca estadísticas maravillosas sobre los pasitos que hemos dado y las calorías consumidas. Deduce, con unos algoritmos de tercero de primaria, que si el teléfono está varias noches en el mismo lugar es que aquella es nuestra casa, que si nos movemos a una determinada velocidad es que tenemos un vehículo y que si paseamos por calles con tiendas es que vamos de compras. Cruza los datos con nuestra cuenta de gmail y sabe si la consultamos desde otro equipo, por lo que ya conoce que tenemos un ordenador y también es capaz de saber el sistema operativo que tiene, por lo que adivina el tiempo que hace que lo hemos comprado y, casi por consecuencia, se aproxima a nuestro poder adquisitivo y así puede ofrecernos productos más caros o adecuados al arquetipo que ha generado de nosotros.

Hace unos años, hablando entre copas con un amigo sobre la posibilidad de hacer una aplicación móvil, comenté que podíamos acaparar todos los datos del teléfono. Sacar conclusiones de uso. "Si se llama mucho a un contacto determinado podemos considerar que es su pareja y si deja de llamar es que han roto. En algún momento, como pasa con muchos humanos, intentará volver a saber de esa persona y es ahí cuando la aplicación saltará con un mensaje que diga: Parece que quieres llamar a tu ex. No lo hagas". Entonces nos reímos. Le dije que si el móvil se movía a altas horas de la madrugada pero ya sabemos que suele ir a trabajar a las 8 y que si la posición gps lo situaba cerca de bares podíamos sacar un mensaje que dijera "Deja de beber y vete a casa, que mañana trabajas". En realidad pensaba en una aplicación que supiera todo del usuario y, con esos datos, convertirse en el amigo puñetero que le dijera lo que no quiere oir pero fuera una especie de conciencia cibernética. Decidimos que la aplicación se llamaría "Pepito Grillo" pero también pensamos que nadie querría pagar para que le estuvieran señalando con el dedo a todas horas. Menos aún aceptar, en nuestro contrato de condiciones de dos líneas, que nos quedábamos todos sus datos con el fin de joderle.

Estábamos equivocados: La nueva tecnología lo hace y nadie se preocupa por ello. Es gratis.

"A partir de aquí, abandonad toda esperanza" debería de poner al configurar una conexión a internet, una cuenta de gmail o un teléfono.

"Pepito Grillo, la app" existe, pero sólo se usa para vender tu alma mientras te dice que todo es maravilloso.

14 de enero de 2015

El mierda anónimo y el cambio del mundo

Tuve, como cualquier magarrán que se creía el centro del universo a finales de los años 90, una época en la que me puse a tontear con las acciones de bolsa. Llevaba, con lujuriosa y excéntrica ostentación, un "busca" (si, es correcto) que me proporcionaba las cotizaciones en bolsa a tiempo real de mis valores favoritos. Nada que, en este preciso momento, no pueda hacer un teléfono de 50€ entre "guasa" y "candy crush". El caso es que una mañana en vez de comprarme 200.000 pesetas en acciones de Pescanova (que tenía un efecto rebote después de los movimientos de Zeltia) la señora del banco compró 200.000 acciones de Pescanova. De ese error me percaté en el momento en que dichas acciones empezaron a subir y afortunadamente las pude vender unas horas después por lo que solamente me quedé con los beneficios. Al llegar al cubículo que era mi apartamento y ver ese punto de rebote en la gráfica del valor tuve la certeza de haber ganado dinero sin dinero y, por otra parte, haber hecho ganar y perder dinero a otros. En defnitiva: con una llamada de teléfono (y un error) había cambiado la bolsa de un pais del primer mundo durante un rato. Lo había hecho yo que era, y sigo siendo, un mierda anónimo.

Cuando, el 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip disparó sobre el archiduche de Austria y su mujer, detonó la primera guerra mundial que duró prácticamente hasta acabar la segunda. En realidad era un nacionalista bosnio que cambió el orden mundial sin darse cuenta y mucho antes de morir de tuberculosis. Héroe o villano, lo que era es un mierda y casi un mierda anónimo.

Probablemente es el el siglo XX en el que se descubrió que casi cualquiera podía dejar una pequeña impronta en la historia de la humanidad y, al estilo de un reality televisivo, daba igual el resultado siempre y cuando existiera esa línea en la wikipedia. Daba igual que fuera por error u omisión, daba igual ser un lobo solitario con un rifle en Dallas o un tipo al que se le hace la boca agua por cada follower. Da igual un manifestante frente a un tanque en alguna plaza de Pekin o aquel que le tiró un zapato a Bush. El caso es tener relevancia creyendo que aquello va a conllevar un buen puñado de vírgenes.

Claro está que el concepto de "historia" se ha modificado sustancialmente. Aparecer en gran hermano, ser Kim Kardashian o acostarse con un torero tiene la misma relevancia histórica que ser el perro de Paris Hilton aunque dicho cánido es más famoso que el descubridor del grafeno y los dos tienen página en la wikipedia. (Miento: Tinkerbell (el perro, que no campanilla) no tiene página propia). El camino hacia la relevancia social, que no hacia la historia de verdad, se ha acortado con la globalización. Estoy absolutamente convencido que muchas de las acciones, salvajes o estúpidas, tienen que ver con la búsqueda del reconocimiento entre nuestro entorno más próximo y es la cultura la que hace que esa búsqueda sea convertirse en un viral (al estilo "primer" mundo retrasado) o atarse el cinturón de explosivos (al estilo "retrasado" mundo). No creo que en ninguno de esos casos se busque aparecer en la Historia. Eso sí, ambas acciones las puede ejercer sin problemas cualquier mierda anónimo.

Y si un mierda anónimo puede, haciendo gala de la teoría del caos, modificar el precio del petróleo, dar una excusa para que lean tus mensajes privados, subir el gasto en armamento, monopolizar las estúpidas conversaciones de ascensor o ganar más dinero que con dos máster y tres carreras a base de enseñar culo... entonces me asusto pensando lo que puede hacer alguien con poder para cambiar nuestro entorno a voluntad. Fácil ya hemos visto que es. Sólo necesitamos a un mierda anónimo con ganas de creer que puede lograr una página propia en la wikipedia porque en el siglo XXI cualquiera puede modificar el mundo, aun sin proponérselo.

Pd: Hasta con una tontería en youtube. Ya hacen películas de eso, aunque empiecen por atemorizar a los adolescentes

8 de enero de 2015

Salvapatrias musulman

Tengo un amigo musulman que, al estilo del paranormal de Willy Toledo, busca una especie de respuesta al motivo por el que un par de asesinos se han ido, kalasnikov en mano, a matar franceses de ascendencia árabe. Habla, en su muro de facebook, de las injusticias que va por ahí ejerciendo el imperialismo occidental y que si acaso aquello es una razón por la que dos soplagaitas hayan entrando en una cólera irracional. Habla de criminalización de lo musulman, de la amenaza que quieren vender de Alá y de los problemas que va a generar toda esta mierda. Habla de asesinatos lejanos, de los israelitas y de los palestinos. Habla de los hombres bomba y de las tropas americanas por los desiertos. No habla, en ningún momento, de que dentro de cada sociedad hay siempre unos imbéciles que se creen los Charles Bronson de su comunidad y que la llevan despiadadamente hacia el caos.

La única manera de acabar con ello es cuando sus vecinos les señalen con el dedo, le digo. En Euskadi, donde hemos vivido bajo la alargada sombra de unos salvapatrias que mataban jurando defender lo que yo más amaba, se ha ido acabando tanta irracionalidad desde el momento en el que les enseñamos que no nos representaban. En ese momento nos hablaban de la imposición dictatorial de Franco y nos enseñaban las patrullas de la guardia civil, llenas de odio porque les habían matado a los compañeros, haciendo controles en las carreteras generales. Nos enseñaban a los asesinados por el Gal y nos decían que todos los muertos valían lo mismo. Y lo valen de la misma manera que todos los asesinos juntos no valen nada.

Los únicos que pueden acabar con los asesinatos con motivación religiosa árabe son los propios árabes.

Ninguna invasión, castigo o derrocamiento militar podrá hacer nada hasta que ellos mismos escupan sobre la cara de sus salvapatrias asesinos.

Lo demás, simplemente, son las cruzadas 2.0

Y es muy triste ver cómo nos dejamos llevar por tanta estupidez y cómo esa vergüenza nos lleva a ver, continuamente casi como si fuera habitual, a personas muertas. Sobre todo escuchar la forma en la que cada uno intenta mirar hacia otra parte. Mi amigo musulman, desafortunadamente, hoy es menos amigo porque es incapaz de condenar con el mismo desprecio que hemos sentido los euskaldunes a los terroristas de casa, a los que dicen ahora que son sus vecinos y sus salvadores armados.

Me cago en Ala, en Buda y en diez angelitos negros.

7 de enero de 2015

Cambiar

No es lo mismo Sabina antes y después del disco "Mentiras Piadosas". No es lo mismo Bono con la bandera blanca que Bono después del Achtung Baby. Ni siquiera fueron los mismos esos cuatro muchachos que se ganaban la vida haciendo versiones de Chuck Berry a los Beatles de después de su paso por la India. Todos ellos cambiaron pero eso no significa que fueran otros grupos ni otras personas. Fueron diferentes versiones de ellos mismos.

Es cierto que más de uno se queda clavado en lo mismo, que Phil Collins se quedó estancado, que Elton John, después de Nikita, hizo todas las canciones iguales de la misma forma que Estopa lleva veinte años haciendo el mismo disco y que las canciones de Fito son una y otra vez la misma. A ellos les funciona y es lícito, pero eso es no cambiar, que de eso trata el tema.

Existe un cambio de esos que parecen no suceder. Cambiamos con el tiempo. Madurar, crecer, envejecer. Cambian los hábitos y cambian las maneras de hablar, las maneras de crecer y la manera de pensar. Todo eso cambia y cambio, en este caso, es casi no reconocerse al verse reflejado en otro espacio tiempo.

Existe otro cambio que tiene que ver con la versión de nosotros mismos, casi como si viviéramos en un reality. Podemos ser unos hijos de perra y ser de esos que regalan flores. Nadie es el mismo las 24 horas del día. Ningún perro se pasa ladrando desde que sale el sol. Puede ladrar más o menos según le tiremos piedras o filetes, según nos acerquemos a su lado con ternura o le incitemos. El amor, el compañerismo y la amistad son un compendio de lealtad, confianza y compañía. Visto así es un perro pero, desafortunadamente la realidad es que es un gato.

 "Me he dado cuenta de la persona que eres. Son ya demasiados años, haces deporte con adolescentes, tienes rollos de dos días, no estas con tu familia y tus amigos son tipos que llevan la misma vida que tu. En el trabajo te dedicas a jugar a videojuegos y no puedes esperar que nadie con un plan de vida maduro quiera estar contigo. Es la vida de un quinceañero"- En realidad estaba llamando a Bitelchus porque si dices tres veces la palabra Bitelchus, aparece. En realidad es lo mismo que recordar a un alcohólico que es alcohólico y poner un cartel indicando el camino a la bodega. A veces, como a un artista al que le piden ese primer éxito que aborrece una y otra vez, el público hace lo imposible porque nada cambie y luego, esperando a que el café se enfríe, insisten en que las personas no cambian. Me estaba pidiendo que no ladrase mientras me tiraba piedras. Reclamaba otra versión de mi cuando me aseguraba que era imposible cambiar.

Cambiar, si hablamos de esos propósitos que se hacen a principio de año, se compone de un firme propósito personal y un pequeño apoyo orientado en la dirección correcta. Quitar los dulces de los armarios o fumar solamente en la terraza. Es buscar las diferentes versiones que nos definen y saber reconocer cuando aparece la que ya no queremos para que gane espacio la que nos agrada.

Porque nadie deja de ser la misma persona pero evoluciona y la evolución, casi como la selección natural, es definida por los acontecimientos y el cúmulo de recompensas y castigos que nos va dando la vida. Muchas veces, la mayoría, buscamos las recompensas equivocadas que nos reafirmen en lo que fuimos mientras juramos que deseamos otro tipo de vida. Castigarse en la barra de un bar a base de copazos. Volver a buscar una relación en el filo. Jurar que ese es el último cigarro. Escuchar, una y otra vez, las carencias en vez de las pequeñas virtudes. Tengo un amigo que lleva veinte años con parejas mediocres porque tiene pavor a sentirse menos al lado de una persona brillante.

Se puede cambiar. Se cambia también a base de tiempo. Es mucho más dificil hacerlo según se va haciendo más fuerte la determinación de querer defender la forma en la que aprendimos a protegernos con los años. El problema es que hace falta la decisión, el apoyo, un pequeño estímulo y saber, al menos, de donde deseas marchar y qué parte se va a quedar en el cajón de lo que fuimos. Otra cosa es que llegues acompañado o si, por el camino, necesitas oir tus propios pensamientos.

Tomando una cerveza me dijo una psicóloga de pelo corto y rubio que ella empezaba la terapia con sus pacientes preguntando a dónde querían llegar y, entonces, les decía que lo más probable es que no llegaran a ese mágico lugar pero que iba a estar con ellos hasta que considerasen haber llegado a un destino, el que fuera.

Buen viaje. Cambiar es avanzar.

Pd: parezco Coelho. Juro que intentaré que no vuelva a suceder.

4 de enero de 2015

Jackie, los no humanos y los deseos de reyes.

Jackie dijo, justo cuando se casaba con Kennedy: "al casarme con John sabia que experimentaría la decepción y el desamor, pero sabía que el desamor merecía el dolor". Visto así es la manera de aceptar una derrota pero, claro está, como primera dama de los EEUU de los 60. Era la esposa de un semidios cobarde y automatizado, presidente detrás de la valla publicitaria que era su imagen. Al fin y al cabo quizá es la primera prueba de que el marketing moderno lo puede todo.

John era inseguro, inmaduro, infantil y guapo. Era un experimento de su padre para ser presidente de EEUU, y salió bien. Al final, con un tiro en la cabeza, es el gran mártir del siglo XX. Es blanco, es poderoso, es rico y murió joven y en su gran momento que es como mueren las estrellas. A su lado, recogiendo pedazos de su cráneo sobre el Lincoln del 61 descapotable, Jackie manchaba su vestido con la sangre del presidente y el contacto de Onassis ya en su agenda. Marilyn estaba muerta y Mary Meyer murió en extrañas circunstancias un año después sin que nadie aceptara que John se sentía tan solo y tan abandonado en la cúspide del mundo que la agenda infinita de sus amantes era la prueba inexcusable de su miedo a sentirse solo cada noche. No era apetito sexual, era miedo. Viene a ser como robar para comer, que es un delito pero tiene un atenuante. A veces la soledad es un atenuante. A veces, solo a veces, porque el origen de ese miedo es no aceptar nuestro propio infierno o nuestra propia decepción. Ser un estúpido y no saberlo es casi una excusa aunque, como la ley, el no conocimiento de la misma no exime de su cumplimiento. Nadie dijo jamás si John era consciente de su incapacidad personal. Jackie afirmó una vez, al oirle decir que ella era una gran mujer de la que esperaba que algún día tuviera conciencia política, que esperaba que su marido, ese gran político, algún día tuviera conciencia familiar.

Sin embargo representaban como ningún otro lo que se suponía que eran los valores familiares de la época. "La familia real americana" les llegaron a llamar cada vez que se les veía ir a misa después de algún truculento episodio interno. Hoy en día se ve con la perspectiva que dan 50 años pero entonces, sumergidos en la vorágine publicitaria que controlaba como nadie Edgar Hoover, suponían una aspiración de la clase media y ha sido esa imagen casi bucólica la que parejas como Rainiero y Grace o Lady Di y Enrique de Gales han deseado imitar. Todos frustradamente. Todos, como un matrimonio que se rompe al ver la incapacidad de ser la mitad de lo que soñó en su noche de bodas, abruptamente derrotados por la realidad, sajados por el cuchillo de no haber tenido en cuenta el poder de sus miedos y taparlos con los analgésicos que tiene la vida moderna en vez de ponerlos en la balanza de la verdad.
Así que, sistemáticamente como espectadores a través de la televisión, varias generaciones han querido llegar a sus sueños sencillamente porque nos los vendieron como posibles. Quizá no es ser presidente y primera dama, quizá no es ganar un concurso en televisión pero siempre hay un componente de ilusión y magia, como la mañana en la que aparecen los regalos tras pasar los reyes. El problema está en lo que se desea porque puede que no se convierta en realidad y es entonces cuando, con un rifle de mira telescópica, algo despliega el drama por la confortable tapicería del coche.

Quiero pensar que el los 60 se aspiraba a salir adelante con pequeños pasos que incorporara a cada uno la idea de ser un poco más de la clase media, que en los 70 se miraba con ojos de conquistador a las playas de Levante, casi como si fueran la Punta Cana de la época. En los 80 se pedía riqueza, quizá ya desorbitada, porque queríamos más que la vulgar recién lograda clase media y a finales de los 90, con las hipotecas y los créditos a modo de esos pesos que se ponen algunos jugadores de baloncesto en los tobillos para entrenar, se pedía todo para todos como si la ejecución de los sueños fuera un derecho constitucional de obligado cumplimiento. Y se nos rompieron los tobillos de tanto apretar el acelerador en nuestro coche alemán.

Ahora, quizá, los deseos están rotos. En la carta a los reyes magos de una parte está la súplica de volver a ser lo que éramos y la promesa de volver a portarnos bien. En la carta de otra parte está la exigencia a los reyes de devolvernos lo que creemos que nos robaron y la amenaza portarnos mal de verdad, como si eso fuera posible, como si fuera una rabieta cuando nos han quitado el juguete que no nos pertenecía o que nos dijeron que podía ser nuestro pero no recordamos el precio que no quisimos pagar, porque nada fue ni es  gratis. No se ha ganado nada sólo por existir. Ningún atleta obtuvo una medalla solamente por ir a las olimpiadas.

Cuando empieza el 2015 hay dos mundos dentro del nuestro. En uno bajamos del avión presidencial con un vestido impecable al lado de nuestro presidente, amante, padre y compañero. En otro nos refugiamos en un armador griego mientras él se abriga con una actriz antes de decidir qué hacer con la crisis de los misiles en las aguas de Cuba. En uno volvemos a dejarnos llevar por la publicidad y los sueños. En otro nos escondemos de nosotros mismos. Jackie redecoró la Casa Blanca. John pedía a los servicios secretos que le trajeran a prostitutas a su hotel y consumía anfetaminas para subsanar los dolores de las enfermedades que le castigaban y que nunca se hicieron públicas. El presidente y la primera dama han de parecer perfectos y no humanos. Al fin y al cabo representan la aspiración del ser humano en dejar de serlo por mucho que eso mismo nos obligue a renegar de lo que somos.

Conozco a alguna mujer que se cambiaría por Jackie sin dudarlo porque si algo ha hecho nuestra sociedad es eliminar todas las variables que no nos agradan en la ecuación de nuestros deseos. Camisas baratas sin mano de obra infantil. Servicios sociales gratuítos sin impuestos. Amor incondicional sin cariño a cambio. Y, por supuesto, regalos de reyes sin habernos portado bien y ni siquiera haber pedido perdón, ni siquiera haber reconocido los pequeños errores e incongruencias que cometemos cada día.

Probablemente si Jackie y John se hubieran parado a aceptar su condición humana esa experimentación de la decepción y el desamor no hubiera terminado de una manera tan trágica o, al menos, con ese decorado tan turbio. No hay tanta diferencia entre esa familia, la política, las empresas, los países, las aficiones deportivas, la cultura, la tecnología, tú y yo. En realidad esto es una carta a los reyes disfrazada de metáfora histórica.

Lo que pido, y eso sí que es mágico, son las herramientas para aprender a vivir con nosotros mismos, con todas nuestras variables. Hasta esas que no nos gustan. Dejar de perseguir sueños no humanos para vivir juntos como personas.

Que os lo traigan los reyes.

31 de diciembre de 2014

Por otro año

Se acaba. Es un año. No será el mejor año y tampoco el peor, porque nunca son los extremos unos consejeros sabios. Nunca nos hemos ido a la mierda del todo y nunca, tampoco, hemos llegado al cénit escandaloso al que quisimos llegar. Nunca se logra estar en el lado exacto de la imaginación.

Para más de uno no alcanzar esos extremos es el fracaso en si mismo. Eso, en realidad, es parte de la necesidad de vivir en el fracaso porque siempre la teoría está más nítida, siempre en el cine los malos parecen malos y los buenos, junto con los espectadores, acaban con una sonrisa.

Hay quien vuelve y revuelve a buscar sus extremos. Hay quien se simplifica, como una app de móvil, para no perderse en los detalles. Hay quien se ahoga por no entender la interface de la vida y, sobre todo, se niega a aceptar sus propias limitaciones echando la culpa, como siempre, a algo externo que no supone asumir responsabilidad. Hay quien se esconde, como una celebración, detrás del decorado o de la copa, de la cama o de la ocupación infinita.

En algún caso que conozco podría decir que ha sido simplemente un año de esfuerzo para seguir en pie. Un año complejo y un año en el que tuve que aprender a rendirme y eso no es fácil en absoluto porque siempre quise creer que era invencible. Y no lo soy.

Rendirse es tan importante como ganar una medalla y, muchas veces, más complicado.
Porque no es perder.

Mi padre decía que lo que le hizo grande a Muhammad Ali no era su capacidad de golpear sino su forma maravillosa de esquivar los golpes.

28 de diciembre de 2014

La inocentada es España

Definitivamente un pais con unos gobernantes sordos, una oposición más sorda, una tercera via aceptablemente muerta (IU), unos nacionalismos anacrónicos, unos envalentonados salvadores sin experiencia y alguna que otra opción ignorada porque no sale en la televisión. Un pais con unos sueldos desorbitados en los futbolistas, a los que se adora como semidioses, y demacrados en la investigación o en todo aquello que nos puede hacer crecer. En esta región del mundo con un consumo que vive manipulado por el marketing y que olvida el bienestar de sus vecinos y de sus empresas cuando ejerce su libertad de gasto. En este pais en los que se llama cine a comedias sin gracia ni gusto y música a tonadillas vulgares que se olvidarán pasado mañana. En este lugar en el que se regodea una mayoria en la opción más fácil para cada una de las opiniones que han de ser políticamente correctas pero no racionalmente lógicas, donde nos gusta decir que nosotros nunca pensamos en defraudar a hacienda, que ninguna mujer (por ejemplo) denuncia para aprovecharse de las leyes, que todos los inmigrantes son buenos, todos los políticos malos, todos los universitarios listos y los pobres honestos. Ya se sabe que aquí no hay nadie que busque la forma de vivir subvencionado sin dar un palo al agua. En una piel de toro de buenos y malos donde los malos son los otros siempre, en este lugar se celebra el día de los inocentes y se hacen bromas. Pero, !qué cojones! , si este puto pais es una broma en si mismo.

Pd: Un pais maravilloso, sí. Un pais de paises. Un pais de bromistas. Nadie sabe el nombre del ultimo premio nobel de medicina pero todos saben quien es Chiquito de la Calzada.

26 de diciembre de 2014

La sal en las heridas (y la cena de navidad)


En la cena de navidad siempre hay un momento en el que aparece cierta pregunta incómoda y se hace un silencio esperando tu respuesta.

Puede ser el típico "Y...¿qué tal de novias?" que va seguido de un "...con lo buena que era..." y el "...a saber lo que la has hecho". Puede ser un comentario sobre la obesidad de tus hijos o alguno sobre lo bien que le va a alguien. En ese caso tu cerebro hace, casi de una manera refleja, el agravio comparativo con la propia sensación sobre uno mismo. Y siempre perdiendo.

El caso es que todas y cada una de las ocasiones son torpedos directos a la línea de flotación de nuestros propios miedos, de nuestras propias incertidumbres. Son boquetes que agrandan vías de agua que ya conocemos y contra las que no nos queremos enfrentar.

Tengo un amigo negro. Siempre ha sido el negro. Él sabe que es negro y cuando nos encontramos con otras personas y no le identifican por el nombre le definimos por su color de piel. También tengo un amigo que era gordo y durante muchos años lo definimos como tal. Ahora está delgado pero sigue siendo "el gordo" de la misma manera que el hijo de Alberto, que ya tiene nietos, siempre será Albertito. Hay aspectos de todos y cada uno de nosotros que vienen de serie, nos guste o no. Unos son estéticos, otros son buenos y otros, los que molestan, son malos. A veces ni siquiera son malos pero son, ¿como decirlo?, esa sensación que recorre el cuerpo antes de ver el extracto del banco, al que le falta la frase "y esta es tu mierda después de tanto esfuerzo" al final del mismo.

A ninguno nos gusta, como en la cena de navidad, que nos pongan delante de la cara las carencias o los fracasos, las espinas o todo aquello que hemos intentado erradicar mil veces.

Ahí está el error. Erradicar.

En este mundo en el que nos emociona escuchar que vamos a ser mejores, que vamos a dejar de fumar, que vamos a ser delgados y altos, listos y ricos, estilizados e inteligentes. En este mundo en el que los anuncios nos hacen creer que tenemos razón y que estamos por encima de la media. En este mundo lo difícil es aceptar que hay cosas, como una peca en la espalda o un antojo en la mejilla, que van a seguir con nosotros siempre.

Y van a estar ahí, acechando. Las ganas de comer de mi amigo el gordo siempre van a estar ahí, mientras saliva cuando huele un gofre a varios cientos de metros de distancia. La sensación que tiene una novia cuando se prueba el vestido de si, acaso, está cerrando la puerta a un hombre mejor. El miedo a que el extracto me recuerde que no soy una cifra macroeconómica sino un autónomo más. La cólera cuando, una vez más, soy incapaz de reconocer si el anteúltimo fracaso volvió a ser mi culpa. Los gritos de la madre cuando la abuela le dice que su hijo es un demonio y, en realidad, ve juzgados sus esfuerzos para hacer de ese infante un hombre de bien y le ha salido un delincuente infantil. Las mil últimas veces que nos hemos enfadado es porque nos han tocado alguno de esos lugares en los que nos sentimos inseguros.

Tú no te enfadas porque alguien sea injusto en sus palabras sino porque sala las heridas que ya tienes.

Ese es el motivo por el que quien te conoce, a quien has abierto en algún momento tu alma, es quien te hace más daño. Son las personas que te han conocido sin armadura, que es como conocer a una mujer por la mañana y sin maquillaje.

"Nunca le preguntes a una mujer su edad ni su peso"- te dicen como consejo. "A ese"- me avisan- "no le hables de fútbol". Marty McFly, cuando alguien le llamaba "gallina", perdía el control. Yo no soporto a los listos que adelantan por la derecha y en el carril de aceleración de la autopista. Ella recordaba la vez que aquel otro tipo no volvió todas las veces que yo salía por la puerta, aunque hubiera jurado que iba a volver. Mi madre, desde que el hijo de una amiga murió en medio de una carretera, está inquieta cuando voy de viaje. Todas esas veces no es el viaje, ni la ausencia, el fútbol o el peso. Todas las veces son los miedos y no aceptar que están ahí, esperando su momento para convertirnos en seres irracionales.

Así que algunos, los que comprenden que existe algo que les arrastra, juegan al juego de eliminar sus puntos débiles. Y no se puede. En absoluto. La única forma es convivir con ello como quien convive con una humedad en el salón que sale con cada capa de pintura. La única forma es saber que eso va a estar ahí, siempre. Que va a llamar a la puerta. Que va a aparecer, escondido, debajo del nórdico de tus soledades y tus inquietudes, detrás de las fotos de tus amigos sonriendo en facebook, sobre el espejo, en forma de arruga, al entrar en la ducha la próxima mañana.

Que te lo van a recordar en la próxima cena familiar o la nueva vez en la que una pareja se lanza agravios a la cara. Él le recordará que no es la mujer en la que se quiso convertir y ella que no es el adulto por el que apostaba. Los dos se sienten juzgados en lugares en los que se creen culpables. La mayoría de las ocasiones ese ruido ensordecedor, amplificado por la sensación de incapacidad que viene de dentro, termina con forma de ruptura.

Nadie es culpable de ser imperfecto.

Al final de la cena casi todas las familias se dan abrazos.
Y los torpedos que dan donde duelen se quedan en la recámara hasta el año que viene porque hay conversaciones que se quedan en suspenso para recuperarlas la próxima vez. A todos los solteros nos preguntan sobre nuestra soledad, todos los padres sienten un punto de crítica sobre la manera de educar a sus hijos, todos los cuñados desaprensivos y los padres sin delicadeza hacen las preguntas que no deben.
El abuelo Albertito ya no se siente pequeño cuando le llaman así al pasarle la mayonesa de las gambas.

Pd: Yo sigo intentando aceptar que lo que no me gusta de mi viene conmigo, pero ya no me arrastra con tanta facilidad. Me he enfadado poco en la cena de navidad mientras otros años entraba en cólera. Eso sí, por la derecha no me intenteis adelantar.

24 de diciembre de 2014

Pequeña historia de la música y la reivindicación

"Soy un guepardo de las calles con un corazón lleno de napalm. Soy un hijo fugitivo de la bomba nuclear. Soy un niño olvidado por el mundo. El que busca y destruye." -cantaban The Stooges en 1973 sucios como el más gran Neil Youg. Luego los versionearon los Red Hot. Había pasado bastante tiempo desde que la revolución hippy y quizá desde un momento, allá sobre los años 60, en los que alguien empezó a tener cierta conciencia de algo global. Los alemanes habían perdido dos guerras y los americanos del norte habían ganado otras dos. Todas arrasando europa porque cuando se juega fuera no hay que poner el campo. Alguien había descubierto que era verdad eso de que el mundo era redondo y que hay publicidades, gobiernos, movimientos de ajedrez y aleteos de mariposas que terminan afectando al sabor de las pechugas de pollo sobre nuestros platos. En algún sitió germinó esa poderosa neurona que nos tiene temerosos de saber si acaso aquel deseo o aquella aspiración no es nuestra en realidad sino fruto de una bajada de interés, un mensaje subliminal o una necesidad impuesta por la sociedad de consumo que necesita la grasa de nuestro sacrificio para seguir girando.

Quizá en el 69, con Richie Heavens cantando a la libertad, Janis borracha, Jimmy desatado y Joe llegando a lo más alto con 25 años, lo único que se esperaba era que todos esos jóvenes fueran cayendo golpeados por las drogas e ignorados por el tiempo.Si iba a matar a Elvis también lo haría con todos esos truculentos tipos que cantaban imposibles pero que, y en eso hay a quien se le olvidó, arrastraron en su barbaridad artística y en su locura comunal, al estilo Jim Morrison, a su generación y las que aparecimos por detrás.

Diez años después, no muchos más, esa reivindicación sobre lo que podía ser posible se convirtió en un desastre imposible, en una incapacidad, en una lucha perdida. El punk representaba la bajada de brazos sumida en la rabia de una generación que se veía incapaz de cambiar nada. Una generación que no tenía futuro, una generación sin sentimientos pero que irradiaba la agresividad del perro apaleado. La prueba más clara que tuvimos en España fueron los cerebros destruídos de Eskorbuto porque se los llevaron por delante las drogas duras con las que toda una generación se quedó parada en un portal aunque fuera Pepe Risi, Antonio Vega, Enrique Urquijo o el hijo de Berlanga. Entre los 70 y los que duraron los cuerpos bajo el paraguas de la heroína toda una gran manada de ira saltaba de entre las cenizas del ocaso de la industrialización salvaje. Fue un puñetazo en la mesa pero a aquellos espectadores del punk alguien les compró con un pequeño utilitario que ya no querían perder porque era algo que podían perder.

Así que todo aquello se convirtió en un poco de grunge y mucho pesimismo. Soundgarden, Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains o The Smashing Pumpkins recogieron las cenizas que quedaban pero, por alguna razón, ya no era la crítica la base que arrancaba cada nota. Había una pesadumbre infinita y un lúgubre malestar que casi se metamorfoseó en la marioneta triste que fue Robert Smith en alguna de sus más tristes interpretaciones sobre la tristeza irrompible. Por alguna razón, quizá de supervivencia, esperanza de vida o aprendizaje de experiencias anteriores, la mayor parte de estos muchachos aún no han muerto como tampoco lo han hecho los Rolling, Bowie o el mismísimo Dylan.

Pero también hacía falta algo de reivindicación, así que Rage Against de Machine se subieron al escenario mientras Radiohead estaba experimentando y no reivindicando, mientras U2 blandía la bandera blanca de la corrección y Madonna, como exponente, quiso hacer de la reivindicación contra los poderes y los ricos una herramienta de venta en el que los niños buenos de papa se sintieran trasnochados anarquistas. En ese momento, a mediados de los años 90, empezaba a ser complicado descubrir donde estaba la lucha contra un sistema y el postureo, donde encontrar, quizá fuera de un hip hop minoritario de bandas de los Angeles, aquella voz donde sentir representada la neurona que nos queda en medio de este cerebro embotado con miles y miles me metros cúbicos de información inutilmente orientada.

Porque ya no teníamos un utilitario sino también un ordenador, un teléfono, un trabajo precario, una subvención irrisoria y pocas energías para diferenciar.

Así que ahora, después de todo eso, después del principio del Rock&Roll, los hippys, los punks, el grunge, el rap o el hip hop... nos quedan videos de youtube. Son esos que empiezan con publicidad y que cada vez nos van quitando las ganas de "omitir anuncio". Esa es la droga que acabara con este ciclo.

Lo que no sé es si nos repondremos otra vez.

Iggy Pop sigue cantando "Search and Destroy" pero Beyoncé llena los estadios. Reconozco que los profesionales del sonido son mucho más elegantes y más profesionales pero las letras se han convertido en relleno.

Sin alma no es posible que exista espíritu.

El pop y el metal (en todas sus variantes) me los he dejado conscientemente

20 de diciembre de 2014

Lo que aprendí y desaprendí (22/9/09 - 20/12/09)

-Ven- dijo mi hermana al otro lado del teléfono un martes. Al llegar me dijo, en el pasillo, que en un momento dado, vidriosos los ojos, había confesado no poder más, no soportar notar cómo se estaba rompiendo y deshaciendo. -Dos o tres días- me dijo. Fueron cinco.

Anteriormente a eso mi teléfono sonó, una vez, sobre las cinco de la tarde -¿Qué haces aquí?- me decía -Deberías de estar trabajando-. -Estoy trabajando, papá. No he ido a verte- respondí. Quizá seguido hubo una pausa o un momento de debilidad. -Joder- dijo desde las entrañas en medio de un soplido -La morfina me puede. Será eso. ¿Van las cosas bien?- preguntó.-Van, ya sabes- dije sin más, como cuando se cambia de tema sin poder dejar de pensar en lo que acaba de suceder. -El sábado estoy ahí- . -Bien. Ten cuidado con el capital circulante- Porque era un contable hecho a base de experiencia. En realidad lo cierto es que había confesado que, en medio de la medicación, soñaba conmigo y la morfina que colgaba del gotero lo que hacia era convertir las ensoñaciones en momentos casi reales.

Unos días antes me había llamado, con un hilo de voz. -¿Sabes que me vuelven a ingresar, verdad?- . -Si, lo sé- . -Es por si se te olvidaba que he vuelto al hospital y te vienes directo a casa. Que sepas que -e hizo un silencio- bueno, tu hermana te dirá la habitación-.

La última vez que había estado yo en casa, después de haber medido el pasillo para entrara la silla y colocando algunas barras en el baño, se había despedido de mi sin levantarse y casi sin decir nada. Se señaló con dos dedos a los ojos y después me enfocó con ellos, como si me vigilara. Las otras veces, las semanas anteriores, había cogido aire, apretado los dientes y con andador o si él, había llegado a mi, estático en el salón o la habitación, sabiendo que era una cuestión de honor y de orgullo, de ser digno y mantener el control que había tenido siempre con la máxima del bien familiar y algún que otro valor moral supuestamente inalterable.

Previamente a todo eso habíamos pasado un tiempo en el hospital, casi como quien necesita un certificado que ya conoce. Habíamos recorrido los pasillos con la silla, con el andador o con pasos muy lentos. Los habíamos recorrido en bata las últimas y las primeras con corbata, porque la elegancia solo hay que perderla en contadas ocasiones y él era de los que bajaba a comprar el periódico con traje.

Un poco antes, justamente la segunda semana de hospital, que es cuando los pacientes todavía se quejan de la comida, yo le pregunté si acaso teníamos algo que decirnos. -Tu hermana y tú sois lo mejor que he hecho y lo he hecho gracias a tu madre. Sin ella hubiera sido imposible.- En la televisión se veía un partido de baloncesto, casi sin sonido. -¿Tienes miedo?- dije y tomó aire. -Por mi, ninguno. Por tu madre, por si acaso me he dejado algo y no está bien el tiempo que esté, pero creo que todo está en orden-. Esa pausa fue un instante de repaso mental de todas y cada una de las opciones que había considerado. -¿Cambiarías algo?- . -Si- dijo rotundo. -He estado poco con vosotros. He trabajado, mucho. Me he esforzado y me he sacrificado. Todo eso ha sido algo en lo que he creído y nos ha dado esta habitación y cierta tranquilidad y... está bien. Pero ahora no están aquí ninguno de mis logros laborales o los compañeros de trabajo. Está tu madre. También estáis vosotros. Está la familia. Creo que debía de haber pasado mas tiempo con vosotros porque, en realidad, es lo que soy. Lo que somos- . -No cometas el mismo error que yo-

Aproximadamente veinte días antes de aquel momento, antes de esa tarde de sábado con la persiana a la mitad y el baloncesto en la televisión, recibí una llamada al trabajo. Era un 22 de septiembre. Serian las seis de la tarde. Al otro lado, derrotada, mi hermana me confesaba que los problemas de espalda eran , en realidad, una metástasis de un cáncer definitivo sin ninguna posibilidad de paso atrás. -Tres meses- dijo. También me consultó la manera en la que se lo íbamos a decir. -No lo sé- dije entre calmado y bloqueado -Luego te llamo- Me senté en un bordillo. No sé cuánto tiempo, quizá esperando despertarme. Unas horas después volvió a sonar el teléfono. -Hola, hijo- . -Hola, papa- . -¿Has hablado con tu hermana?- y yo hice una pausa. Fue una pausa larga pero no dije nada. -¿Me muero, verdad?-. -Si- le respondí.

A finales de agosto habíamos estado paseando cerca de la playa y me daba consejos, de esos que no se tienen muy en cuenta, sobre cómo cuadrar un balance. Yo no fui de vacaciones con la familia y me arrepentí siempre.

-Tranquilo, no pasa nada, estas cosas suceden y ya está. Preocúpate, eso sí, por tu madre y no dejes tus obligaciones. Te diré como lo hacemos.
-Vale.

Después de esa conversación estuve perdido seis meses. Tres de hospitales y recuerdos, de intensidades y conversaciones, de cunetas en la carretera llorando. Otros tres ido, sin ningún rumbo. Yo fui a trabajar, como un autómata, con el traje del entierro después de 450km de carretera y nieve. Creo que perdí todo lo que tenía dentro del alma para no enfrentarme al dolor de aquel vacío y ese desagüe se llevó demasiadas cosas valiosas por el sumidero. No tuve valor para compartir ese desamparo. Soy absolutamente incapaz de recordar los tres meses después del 20 de diciembre del 2009 de la misma forma que la claridad cristalina de algunos instantes grabados a fuego han ocultado todo lo demás entre la llamada de mi hermana y la nevada que cayó sobre Madrid a las seis de la mañana del dia 20. Como un miembro amputado aún me duele muchas veces y busco, en definitiva, todo lo que aprendí y desaprendí en aquel tiempo.

No fue poco pero no fue suficiente porque, si me fijo en la historia, después de años y enseñanzas para intentar enseñarme a ser digno y orgulloso, valiente y honrado, masculino y esforzado o simplemente fuerte lo que estaba era empezando a aprender cómo también nos debíamos llorar juntos.

Han pasado cinco años y no lo he aprendido todavía.
Sigo llorando solo.