Mal dia para buscar

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29 de julio de 2014

Honestidad brutal.

Odié, durante dos años, a mi psicólogo. Sencillamente porque me cogía la cabeza y me la metía por el culo viendo mi mierda y olíendo mis miserias. Curiosamente aprendí. Descubrí una tendencia a adivinar algunos tufillos y la manera de hacer que salpicaran menos, aunque estuvieran ahí.

Me marché de terapia sin saber mirarme la espalda y casi como una redención nunca dejé de aprender y cometí el error de sentarme a hablar con las personas que creí querer o que quise, porque nunca he entendido realmente la diferencia. Como siempre, casi como un problema no solucionado, mi bocaza me perdió. Mejor dicho: me hizo perder.

Así que me odiaron por destapar miserias, por no ser un payaso divertido y guasón que dice a todo que sí y que se queda hasta la última copa para robar los besos de la última chica en la última casa bajo las últimas sábanas. Pedí perdón, dije "deberías de pensar en esto". Pedí directamente un abrazo. Personalicé mis sueños. Prometí lo que podía cumplir y dije que no a muchos imposibles.

Confundí el concepto de honestidad con la honestidad brutal de ese disco de Calamaro fruto de una desolación sentimental. (Leo: Honestidad brutal es cuando en la película "Closer", Julia Roberts le dice a Clive Owen “a qué sabe” el semen de Jude Law. O cuando, en la misma "Closer", Natalie Portman le dice también a Owen “mentir es la cosa más divertida que puede hacer una chica sin quitarse la ropa”. Honestidad brutal es un primer plano a la Portman, es un primerísimo primer plano a Uma Thurman.)



Pensé, en un momento de lucidez extrema, que ser un hipócrita era una condición necesaria para el éxito (social, sexual o popular). No supe. No valgo de la misma manera que he admitido hace mucho que soy un nadador nefasto. Y un bocazas honoris causa.

Ahora me odian a mi de la misma forma que yo odié a mi psicólogo. Al menos él lo hacía por dinero y yo había asumido que me iba a doler, que ese es el motivo por el que la mayoría de las personas dejan la terapia al empezar: porque duele. Duele como el amor, como las despedidas, como los sentimientos no devueltos o como la justicia universal que no existe.

La naturaleza humana es miserable y mentirosa. Dice cosas, hace las contrarias. Hablamos de justicia, de igualdad, de equilibrio y de bondad cuando nos llevan los vientos del egoismo, de la avaricia y de los pecados capitales. Odiamos a nuestros padres porque nos obligan a estudiar y les añoramos como perros abandonados cuando su voz no está marcando algún camino. "¿Realmente quieres fumar?"- me dijo mi padre en la terraza cuando encontró un cigarro entre mi aliento. "Si"- respondi como el adulto que no era. Entonces le odie por hacerme fumar ese puro que me dio y que me tuvo tosiendo dos días. En realidad hizo reales mis deseos, equivocados como los de un adolescente rebelde, en vez de intentar convencerme de mi error.

Así que la moraleja es que, quizá, no hay que ser ese tipo asqueroso que va por la vida dando lecciones.

¿Sabes ese tipo que va por ahí con la cabeza alta como si estuviera de vuelta de todo y que se atreve a decirte el tamaño de la hostia que te vas a dar? Ese era yo y, además, intenté aprender a estar para recogerte como compensación a todas las veces que no estuve.

Y ese es un error aunque parezca que es la posición más brutalmente honesta.

Es cuestión de naturaleza humana. Los idiotas viven mejor más.

Pd: A veces se olvida que se supone que después, se mejora. Claro que la constancia no es una virtud hoy en día y yo, que soy un tipo perseverante, también tengo un límite. En terminator 2 un cientifico herido se queda sujetando una bomba que les hará explotar a todos por los aires. Les mira. Dice "corred, no sé cuanto tiempo podré aguantar"

26 de julio de 2014

La recesión musical

Hubo una época en la que a cada fiesta que acudía sonaba, en uno u otro momento, el "Should I Stay or Should I go" de los Clash. Sonaba, viejuno para entonces, "My Sharonna". Podía sonar "Beds are Burning" o, como una concesión, "Simply Irresistible", "Video Killed the Radio Star", "Back in Black", que era una amenaza para dejarse llevar y acompañar la cerveza con otro cigarro. Un poco de INXS con, por ejemplo, "Need you tonight". "Smells like teen spirit", "Come on Eileen", que fue siempre un poco floja. Casi cualquiera de Madness. Podía sonar Rosendo y, por aquí, Sarri Sarri.

Más adelante podía sonar, cuando hablamos de veranos y noches, de vasos en la mano y de multitudes populares, la grandiosa Can´t Stop, la facilona de Outkast, Last Nite de los Strokes, The Hives rompiendo un par de cosas, The Raconteurs, La de siempre de White Stripes, que ya es un himno futbolistico.

Joder. Podía sonar U2, Madonna, Moby, Big Soul, Soundgarden, Oasis, Smashing Pumpkins,  Blur y su Song2, que nunca defrauda. System of a Down, si te vuelves loco. Rage Against the Machine, que siempre enciende. Pearl Jam, Radiohead excepto si se han vuelto místicos. Tirar un poco de las selecciones de Tarantino.

De todo y de casi todo con un poco de variedad y hasta, en más de un caso, letras. Reconozco que soy un nazi musical anclado en otro lugar. También es una cuestión de sonoridad.
Así que me encuentro en un campo abierto. Un altavoz a mi lado. Una chica disfruta bailando, uno tras otro, ritmos similares que procuro distinguir sin notar más diferencia que la pausa, para mi dramática, entre selección y selección. "¿No bailas?". En realidad estoy demasiado ocupado en aguantar los golpes de adolescentes borrachas que salen y entran, con vestidos llenos de flores, sandalias con barro y excesos etílicos, seguidas por una amiga solidaria o un muchacho a la espera de su momento. "No, no lo entiendo"- respondo. "¿El qué?"- pregunta pasándome un vaso grande de plástico. "¿Donde está el rock&roll?"-digo y sigo. "Estamos oyendo reggetton continuamente. Es machista, es culturalmente criticable, musicalmente infantil, artísticamente poco elaborado y parece que no hay más, que no se puede pasar de un sitio a otro, de un mensaje a otro y, para mi asombro, lo que se supone que es un grupo de mujeres educadas y modernas, lo idolatra como si os poseyera. No lo comprendo. No es una concesión puntual, como pudiera ser poner Grease en los años 90, es una línea que dura horas y horas."- bebo del vaso y se lo devuelvo. "Es una recesión en toda regla".

Así que bebe un poco y pasa el vaso a otro lugar. Sé que no me ha escuchado y que, si lo hubiera hecho, tampoco le importa. Está para divertirse y da lo mismo. Más fácil es siempre de mejor consumo, como los amantes ocasionales o las personas trampolín. "Estas viejo y ya se te ha olvidado divertirte"- dice como un punto final. Frente a ella un tipo mayor que yo baila con pasos de Ska todo lo que suena.

Y me marcho dejando atrás aquel sonido, recordando que los discos eran singles entre las historias que contaban y ahora son singles inconexos que se han dejado de preguntar por las historias, al menos entre las fiestas, entre el consumo y la exaltación, entre mirar un escote o buscar una sonrisa.

No hablo de la música que me gusta o la que solía gustarme. Simplemente llego a la conclusión de que ya no existe rock and roll, al menos de una forma masiva, para el disfrute global. Los grupos nuevos que descubro se pudren en bares o llenan conciertos de hipsters vanidosos mientras djs con pen drives y reggetton infame que habla de "Amol", de "muñequitas" y pone a las mujeres contra la pared van llenándolo todo.

Al fondo un tipo saca un soporte con una GoPro para grabar la fiesta.

"Cagando", se llama la única versión de E.Iglesias que me hizo gracia. Estoy seguro que nadie notaría la diferencia. Es más, hay veces que hay quien prefiere a quien le hace subir aunque no sea a ninguna parte, con ningún sentido, muchas copas, sexo fácil y whatsapp juguetones antes que el esfuerzo de hablar con otra persona para ir juntos a otro lugar, probablemente mejor.

Es cuestión, como siempre, de esfuerzos que se renuncian a hacer. Queremos dietas pero comemos chocolate, dejar de fumar pero dame una calada, hacer deporte pero lo haré mañana, encontrar amor pero hacerlo mientras se entretiene en otras sábanas siendo incapaz de asumir compromisos y, que es de lo que se trata en medio de la metáfora, disfrutar de la música pero consumir una mierda pinchada en un palo facilón hasta altas horas de la madrugada.

Quizá sea una recesión cultural y esto sea sólo la variable musical del término.

Por eso me parece música de mierda de la misma forma que hay televisión de mierda y literatura de mierda.  Todos son fáciles, todos están orientados a un espectro masivo, todos se parecen. Algunos los consumo, lo reconozco, para no escaparme de este mundo del todo o, al menos, aprender a diferenciarlo.

Decían los Rolling Stones que era sólo Rock&Roll, pero les gusta. Me hubiera valido con un "es una mierda, pero me gusta". El problema es cuando lo único que existe para algunos, que es lo mismo que les sucede a los fans de Ikea con los muebles, es eso.
Pd: probablemente lo que pasa unicamente es que me equivoqué de fiesta.

22 de julio de 2014

La vida pública

En "La Vida Inesperada" Javier Cámara se empeña en contarle a su madre lo maravillosamente bien que le van las cosas, lo estupendo y fantástico que es vivir el sueño de lograr lo que uno ha querido conseguir a lo largo de la vida y, en realidad, no es así. No lo es porque lo cierto es que casi nunca es así y, de una manera irracional e inconfesable, intenta mantener esa imagen paralela mientras sobrevive como buenamente puede y, lo que es peor, "comiéndose los marrones" en la soledad del mentiroso.

En realidad empiezo a estar convencido que hay una especie de agravio comparativo que exige a cada uno ser diferente a lo que es. Es más, exige ser una especie de clon de los demás.

Algunos estudios empiezan a demostrar que nos dedicamos a imitar, más tarde o más temprano, el comportamiento de nuestros "amigos" en las redes sociales. Casi de la misma manera que miles de adolescentes convencidas de ser entes personales, incomprendidos por sus padres, independientes, particulares y con gustos personales e intransferibles se compran minishorts vaqueros para ser calcomanías entre si, una gran mayoría de personas se empeña en irradiar una imagen cada vez más similar hacia el mundo exterior. Fotos de verano. Fotos de fiesta. Fotos de playas o de montes. Indignaciones con los que abusan de los animales o de la naturaleza. Chistes tontuelos. Los virales van convirtiendo a la mayoria en una misma cosa.

Dice un artículo sobre la felicidad y la infelicidad:

And then there’s social media. Today, each of us can build a personal little fan base, thanks to Facebook, YouTube, Twitter and the like. We can broadcast the details of our lives to friends and strangers in an astonishingly efficient way. That’s good for staying in touch with friends, but it also puts a minor form of fame-seeking within each person’s reach. And several studies show that it can make us unhappy.
It makes sense. What do you post to Facebook? Pictures of yourself yelling at your kids, or having a hard time at work? No, you post smiling photos of a hiking trip with friends. You build a fake life — or at least an incomplete one — and share it. Furthermore, you consume almost exclusively the fake lives of your social media “friends.” Unless you are extraordinarily self-aware, how could it not make you feel worse to spend part of your time pretending to be happier than you are, and the other part of your time seeing how much happier others seem to be than you?

En una determinada medida la exaltación de la vida pública tiene una serie de puntos negros. La infelicidad de no ser tan feliz como aparentan ser los demás, casi como si una parte de nosotros nos quisiera convencer que todo aquello es cierto, que nadie tiene malas tardes, que ninguno, en ningún momento, se siente solo, que a nadie le dejan, que no discuten, que tienen el césped más verde y carecen de granos.

Claro que tampoco consiste en ser un pozo de insatisfacción con patas.

El otro punto negro es creerse sus propias mentiras. "Soy feliz, mira mi perfil de facebook". "Soy ocurrente, revisa mi twitter". Ayer mismo tuve que defender que, aunque nuestra documentación insista en que somos adultos cada vez más una parte de la sociedad se niega a admitir lo que realmente es y el motivo por el que hace muchas cosas. Un alcohólico puede asegurar que bebe porque se siente solo, porque le gusta demasiado la bebida, porque necesita aislarse de la realidad. Hay miles de alcohólicos y de yonkis del postureo social que juran que lo hacen porque son así, porque son felices, porque su personalidad es así de arrolladora. En realidad es una manera de escapar porque nadie está eternamente de fiesta ni es completamente feliz. Debajo de la manta de la última actualización hay una suciedad que no se quiere ver, que se niega y que, por supuesto, desaparece de una imagen pública cada día más parecida a la que socialmente se establece como estándar. También nos imitamos en los restaurantes. En "En Club de los Poetas Muertos", aun siendo libres para caminar a su libre albedrío, terminan caminando a la vez.

Pasar cinco minutos al dia pensando a solas es un drama para muchas personas. Ser uno mismo, si acaso se puede llegar a intuir cómo es uno mismo en realidad (lo cual no es tan sencillo ni tan habitual)  es aterrador, difícil, complicado. Se corre el riesgo de no ser aceptado y eso, en este mundo necesitado de pertenecer a algún tipo de grupo, es un drama inaceptable para una mayoría.

Cuantas veces, en medio de una urbanización, las casas se despiertan casi a la misma hora y van al mismo supermercado. Cuantas veces conducen el mismo tipo de coche y tienen los hijos a la vez. Cuantas veces se ríen de las mismas cosas y escuchan a los mismos artistas, que no la misma música. Cuantas personas dicen que les gusta Melendi y no Estopa cuando, en realidad, hacen casi lo mismo. Cuantas personas han caido en mil modas y han hecho el mismo régimen o han ido al mismo sitio de vacaciones. El tsunami de "lo que debe de ser" empapa todo y arrastra, como si fuera una maldición, a quien no sigue las normas de ese instante. Todos sabemos que hay dos tipos de amigos: los que tienen whatsapp y los que no. Para algunos los que no tienen whatsapp desaparecen, los que no publican en facebook no existen. Yo no tengo twitter y eso no me hace menos ocurrente.

En esa carrera de fondo consciente o inconsciente por lograr una felicidad personal hay trampas, metas que no lo son, fakes sociales.

Yo no le cuento a mi madre, cuando estoy acatarrado, que lo estoy. Pienso que así no la preocupo. Ella sabe que estoy acatarrado pero tampoco insiste de la misma manera que, si me nota triste, hace como si no pasara nada. Mis clientes creen que tengo una salud de hierro porque nunca he faltado al trabajo. Quieren ser tan sanos como yo. En realidad no lo soy. En realidad hay días que me siento solo, que me encantaría que me desearan y me follaran y me buscaran y me contaran un chiste. Hay días en los que quiero ver una película acompañado y hay días que quiero dormir solo de la misma forma que me gusta, a veces, bajar a por un croissant y otras tomarme un café para salir a la carrera. He aprendido últimamente que soy todas esas personas y, lo cual es más dificil y mucho más importante, que cada uno de los que me rodean, por mucho que insistan en que no lo son, también lo son.

El miedo, el frío, la sonrisa, el deseo, la angustia, la soledad, la compañía... las tienes tú también aunque tus perfiles digan lo contrario, aunque quieras creer que no y aunque mientas a tu madre volcando la balanza hacia tus sueños, como Javier Camara.

No quiero decir que tú, tus amigos o yo mismo mintamos o seamos conscientes de esas mentiras, ni siquiera quiero decir que no puedan ser satisfactorias mentiras piadosas para maquillar la verdad que se compone de sabores y sinsabores, gatillazos y abrazos a partes iguales. La vida pública, si es que es tan chula como un anuncio o una telenovela, poco a poco está dejando de ser la vida.

La posibilidad de ser cualquier cosa nos está, por el motivo que sea, convirtiendo en clones.

16 de julio de 2014

Bustamante y las referencias culturales.

Casillas puso una foto de su niño en Instagram y salió un iluminado que le dijo que lo tirara al agua a ver si flotaba. Muchos medios se congratularon de ver como Papa Casillas le llamaba al otro "hijo de la gran puta", que no es lo mejor pero es comprensible.

El Busta, ese que está casado con una que quiere ser el referente de la moda y las tendencias españolas a la sazón que un buen pelo pantene (vamos, lo que se llama ahora itgirl),se ha hecho un Casillas cuando alguien le ha dejado caer por ahí que hay una ley de proteccion del menor que recomienda que no pongas fotos de tus hijos en internet, no sea que haya por ahí un taiwanés (es un suponer) pelín pedófilo que se la pele mirando a los ojos de la niña, por ejemplo. "Hay que ser muy hija de la gran puta para poner ese comentario en una foto en la que sale mi hija", dijo Busta, el amante padre y esposo. Que digo yo que quizá eso de recordar que internet lo ve cualquiera no se merece este tipo de respuesta y que si te pones en internet es bastante lógico que no te digan siempre lo quieres oir.

Vamos, que me da lo mismo y que me da igual, pero me replanteo las fuentes culturales y de opinion que tiene el habitante medio. ¿por qué?. Porque Rihanna la ha liado en Twitter al pedir una Palestina libre. Claro , que lo de Palestina ya lo sabíamos los que leemos la prensa pero parece ser que más de uno de los (ojo) 36 millones de seguidores) no lo sabían y están más indignados que el peluquero de Pablo Iglesias. Resulta curioso esto de no leer prensa, no ver la información y creer que se tiene una concepción real del mundo porque lo dice Rihanna. Y quien dice Rihanna dice tambien esos que se indignan mucho porque lo ponen en su muro de facebook.

¿Qué mierda de referentes sociales quedan? ¿Shakira? ¿Los youtuber gritones que dicen tontadas? Las diez personas más seguidas en internet son, agárrense los machos, Kate perry, Justin Bieber, Barack Obama, lady gaga, Taylor Swift, Britney Spears, Rihanna, Justin Timberlake, Jennifer Lopez y Ellen DeGeneres (y su selfie). De ese Top Ten se ha caido, de culo por supuesto, Kim Kardashian (que todavía no se a qué se dedica).

Recuerdo oir la radio al desayunar, ver a mi padre con el periódico bajo el brazo y con las esquinas gastadas de leerlo. Ahora, antes de despertar, se alarga la mano y se mira el muro de facebook y las últimas cosas que pone ese mini universo que supone twitter donde, por supuesto, también hay información inteligente y veraz pero... pero parece que la mayoría ha desistido de buscarla. Los americanos y muchos españoles han demostrado saber más de la historia de Springfield y los Simpsons que de geografia y geopolítica. En el caso americano por desidia y en el español por repetición, al estilo príncipe de Bel Air o Verano Azul.

Nunca hubo más acceso a la información, nuca hubo más capacidad de contrastar datos, de poder estar al dia de las opiniones y razonamientos de premios nobel y de intelectuales de interés. En esta época que algunos llaman la "Edad Nespresso" en la que todo ha de ser rápido, con una sensación intensa y de consumo inmediato se ha despeñado una mayoría por el acantilado de la banalidad, por una portada tras otra del Pronto. Todo ello segmentado y controlado por google para no sacarnos de la sedación porque ¿aún queda alguien que navega con la barra de direcciones?.

Ganan los gatos, los hamsters con flores en el pelo y resulta que Beyonce o Justin Biener tienen suficiente influencia en la masa democrática como para establecer tendencias y derrocar paises con sus fans armados de twits. Porque a nadie le gusta ver cosas desagradables, a nadie le gusta que le lleven la contraria. Los tipos y las chicas que dicen a todo que si, que les parece estupendo, tienen mucho más éxito. Las páginas de humor facilón, las fotos de una famosa en pelotas. El culo de Beyoncé tiene más visitas que la columna diaria de un premio Pulitzer. Bustamante, pasandose por el forro la ley de protección de la infancia mientras su mujer se fotografía con un bikini pequeño y poniendo a disposición mundial esa imagen de familia más feliz que un chino atendiendo, quiere ser tu nueva referencia cultural. Ataca desde twitter, desde instagram y desde el canal Divinity, entre ese programa de novias americanas y unas mariposas.

Por Dios, por favor, hay que negarse a eso. 
El sendero al lado oscuro no tiene camino de vuelta.


15 de julio de 2014

Cero - Arboles cruzados.

Yo voy detrás, tú vas siempre delante. No me mires mal si te quiero adelantar. Ya te lo dije una vez. un dia querré estar de pie. Ya tengo húmedos los huesos y me voy a resfriar. Yo duermo mal. Tu duermes siempre en la cama. No te enfades conmigo si un dia en la cama quiero estar. Me sale pelo en el hombro, me duele mucho una muela. Ríete y verás como luego llorarás. No se dirige nadie a mi. A ti no te para de hablar la gente. Perdona si te interrumpo pero me quiero marchar. Creo que alguien preguntó por mi. Quiere invitarme a su casa a dormir. Así que hasta pronto, ya no te veré más, consigue su teléfono y me podrás llamar. Ahora voy a dormir muy bien, ahora voy a estar delante, ahora voy a cortarme el pelo y no tendré nadie detrás dibujando un cero. Ahora voy a dormir muy bien, ahora voy a estar delante, ahora voy a cortarme el pelo y no te tendré a tí detrás dibujando un CERO.



Esta canción, insulsa y profunda, es la que daba título al disco que fue su auge y caida, como Reginald Perrin, una serie de televisión brillante y anacrónica que nunca puede dejar de ser, en esencia, una obra de arte poco reconocida, como las obras de arte que nos gustan a los raros.

Grabado en 1992 decía que "entiendo que a veces la vida es tranquila, entiendo que, a veces, aniquila. Entonces respiro muy fuerte. Más que nunca me alegro de verte (...) y yo estoy aquí, esperando un milagro". Empezaba, según cuentan algunos, con un guiño a Sgt peppers (con ese sonido de una orquesta afinando en ya Volverán) y acababa con una canción que se llamaba Final, que es como se deben de acabar los discos redondos, los que se escuchan de principio a fin. Tú verás.

Repleto arreglos maravillosos, secciones de viento y todas esas frases que se clavan en medio de párrafos sin aparente sentido y de canciones que no calaron en su momento está ese CERO que es una manera irónica de definir lo que sería escapar de esa persona que continuamente dice a todo que no y regaña señalando con el dedo mirando de arriba hacia abajo como si fueras un perro mal educado mientras insiste en lo clarísima que tiene su misión en la vida. Y, sobresaliendo, ARBOLES CRUZADOS con ese "mi amigo tiene miedo de tu amiga. Tu amiga tiene miedo de mi amigo. ¿Por qué no se conocen ya? Tendremos dos amigos asustados".

Pd: el video no estaba en youtube.

Un disco que podría ser un desconocido y, tantos años después, volvió a mi después de oir Black Star. Todo por culpa del Shuffle y esta memoria tan extraña que aún se sabe las letras.

9 de julio de 2014

Los exitosos olvidadizos.

Se me olvidó.

Ser un soplagaitas, un gilipollas, un arquetípico trasnochado.

Pertenecer a un grupo, llevar a cabo los actos establecidos. Nunca preguntar por qué.

Dejar a un lado la verdad como un publicista de éxito, eliminar de la ecuación las variables irresolubles como un político en campaña. Se me olvidó dejar de ser consciente de todas las verdades y procuré poner el bien global por encima del bien personal como un autónomo arruinado con empleados que aún cobran.

Se me olvidó ponerme el primero de la fila aunque fuera a empujones porque pensé más en los empujones antes que en el puesto. No hice la falta al delantero porque tuve un momento de debilidad con su tibia debajo de los tacos de mi bota aunque él era mucho más rápido. Cedí el paracaídas como quien cede el asiento a una embarazada.

Y me preparo para ver cómo me señalan con el dedo sin un panegírico elegido, aunque fuera para un sacrificio, porque hay momentos en los que parece haber nacido en el momento equivocado, haber pensado más de cinco minutos al día para enfrentarse a los demonios o haber sido un deportista de élite acusando los excesos y doliéndose continuamente de sus músculos lesionados eternamente.

Se me olvidó.

Salir a la calle sin pensar en más. Reírme en una fiesta popular. Beber porque toca, follar porque sí, subirme encima de una mesa, hablar muy alto, tener conciencia errónea de pensar que mis caprichos son el centro del universo. Pagar los vicios sin pensar en pagar la comida o un alquiler. Trasnochar sin pensar antes en la resaca. Nunca dije "te quiero" sin pensarlo cien veces.

Usar argumentos de otros como si fueran una defecación de mi cerebro. Sufrir de la exaltación que te aportan los silogismos. Negar lo obvio y mirar a otro lado para no aceptar mis propias limitaciones.

Ser un imbécil que se ahoga en su argumentario negando a los demás.

Simplemente se me olvidó.

Y ese es el error. No hay éxito sin un porcentaje de olvido. No hay triunfo sin un componente de amputación de la verdad. No podrá ser feliz si no desaparezco de sus recuerdos, no querré a nadie si no olvido que la quise, no se puede ser religioso valorando a los dioses de los demás de la misma manera que no se puede defender una marca o una ideología sin insultar y degradar las elecciones libres de los otros.

Porque hay un momento en el que me pregunto el por qué empiezo a pensar y, entonces, se me olvida que se me olvidó.

Y vuelve la imposibilidad de seguir, como un bucle.

Es muy difícil imposible llegar a nada sin olvidar, sobre todo cuando este mundo de almacenes de información infinita está repleto de exitosos olvidadizos.

Pd: no hablo de saber que está ahí y simplemente ignorarlo, porque eso sería un acto de infinita valentía. Hablo de olvidar, de negar, de ni siquiera saber que existe. Sencillamente de castrar la realidad por la realidad que nos interese o que le interese al personaje de turno.

6 de julio de 2014

Gowex gratis y la palabreria.

Una de las cosas que tienen las nuevas tecnologías es que bajo el epígrafe de GRATIS se esconde siempre un negocio y esto significa precisamente que gratis, lo que se dice gratis, no es. De algún sitio saldrá el dinero que paga las vacaciones del CEO, porque son CEO y no gerentes, Community Managers, Personal Trainers o cualesquiera que sean los nombres que pueblen sus molonas tarjeta de visita que te pasan por NFC o con un QR desde su teléfono, porque el bluetooth es antiguo y el cartoncillo de perdedores.

Ya sabíamos que Google se financia de la publicidad que consigue de vender nuestros datos y nuestras búsquedas y que Facebook hace más o menos lo mismo experimentando con nuestras cuentas para sacar conclusiones con el fin de hacer negocio. Lo curioso de todo esto es que cuando Internet apareció la inmensa mayoría de las personas juraban que jamás pondrían datos propios en webs de terceros, que es como jurar que jamás harán sexting.

Así que, subiéndose al carro de las empresas molonas y chulas, de las oficinas luminosas en Silicon Valley y de las presentaciones con público como si fueran los nuevos telepredicadores de la modernidad, miles de iluminados aparecieron para prometernos una rentabilidad mayor y un negocio próspero para ellos mismos y sus acaudalados inversores.

En el Paseo de la Castellana y con unos inicios en 1999, está la sede de Gowex. Es una empresa premiada y subvencionada porque hay que ayudar a los jóvenes emprendedores. Es un referente de rentabilidad y crecimiento, una maravilla de la gestión de la innovación. Su CEO, un tipo sonriente como un anuncio, se enorgullece de mostrar la bondades de una compañía a la cabeza en el mundo de la tecnología. Así que crece y crece y crece como si fuera una erección infinita. Sale a bolsa y promete que va a reconectar el mundo con wifi GRATIS para todos.

Ya apareció la palabra GRATIS.

En ese momento (unos millones de euros después) llegan unos tipos que trabajan bajo el Batnombre de Gotham City Research y se preguntan, desconozco pagado por quien, que de donde saca dinero alguien que da algo gratis. Parece que el negocio estaba en dar, en este mundo de 3g y 4g, wifi gratis en las ciudades a base de firmar acuerdos con los ayuntamientos o los transportes públicos financiándose de lo que pagan los consistorios y algunos usuarios que quisieran navegar más rápido que en un anuncio. Nada que no hubiera estado inventado y economicamente fracasado hace años (Fon, Openwireless). Alguien se percata que el sistema, en realidad, casi no funciona y que los ingresos publicados no coinciden con las cuentas presentadas.

Efectivamente. El CEO asegura que lleva más de cuatro años mintiendo como un bellaco. Pide perdón en twitter, que es como se arrepìenten los CEOs.

Y ahora algunos se llevan las manos a la cabeza hablando del dinero del ICO que se va a perder y yo sólo puedo ver un argumento de película con moraleja, de un lobo de la Castellana en vez de Wall Street, de Lag y Dinero en vez de Dolor y Dinero, que vendía un producto imposible de rentabilizar pero muy chulo y muy moderno. Es más cool invertir en Wifi o en Trócolas Termonucleares Transgénicas, y ademas ambas gratis para la sociedad (porque todo el mundo necesita una trócola), que hacerlo en cosas tan poco emocionantes como alguien que se gaste una cantidad de dinero, fabrique un producto o le de un valor añadido, y lo venda un poquito más caro quedándose la diferencia.

A veces se nos olvida que los negocios siempre son negocios y que, como decían por ahí, nada es gratis en la vida. Esta vez, una parte, la vamos a pagar todos.

Creo, sinceramente, que nos encanta sentirnos estafados por la palabrería de lo tecnológico y el dinero fácil, el 113% de crecimiento anual y el marketing de un anuncio de esos, al estilo Apple, donde nada es verdad pero es bonito creerlo.

Nadie se preguntó de donde salía el dinero para tantas cosas GRATIS. La respuesta era que de ningún sitio. Era un agujero descomunal. Los sellos se han convertido en punto de acceso.

Ahora vete tú a pulsar en el próximo link donde aparezca "free" y no esperes que te estafen.

Pd: En menor medida esto es como lo del pan a 20 céntimos o el cliente que me dice que su sobrino compra por internet lo que yo le vendo por 150€ por 40€. Lo peor es que se lo creen y quienes intentamos ser honestos nos preguntamos si acaso deberíamos de ser unos hijos de perra para poder sobrevivir. Aún nos queda ética. Desconozco hasta cuando, supongo que hasta la pobreza. Mientras tanto nos desinflamos con ese punto de nostalgia por la bondad que tiene la guitarra de David Gilmour (y eso es una excusa para poner el video).

4 de julio de 2014

La nueva sociedad en guardia

Pues si. Lo de antes era un problema cultural. Todos quisimos pasar de ser Paco martinez Soria a ser el Brad Pitt de la escalera o del adosado. Todos ricos, todos altos, todos con una envidiable vida sexual. Todos, absolutamente todos, con coches de alta gama y los pechos turgentes, las reservas en locales de lujo y las camas king size. En un discurso en el que debían de existir desigualdades y clases, gordos y flacos, todos nos creímos que éramos más que eso, éramos atléticos. Hasta los del Atlético de Madrid  fueron felices y se vieron en la cúspide de la pirámide evolutiva.

Después se fue todo a la mierda y la culpa, como siempre que se trata de buscar culpables, fue de los demás. Los políticos corruptos, los banqueros aprovechados, las grandes compañías industriales, el FMI, las grietas de la democracia y un pobre conductor de trenes que se pasó de alta velocidad.

Y ahora vivimos un momento en el que se está esperando buscar el lugar por el que "el otro" nos vaya a engañar, se busca el sitio en el que nos estafen, nos hagan daño, nos perjudiquen. Si un tipo nos da un abrazo por la calle estamos atentos para ver si nos quiere robar la cartera. Si se hace una obra razonamos el lugar en donde se lleven una comisión ilegal. Si tiene el teléfono apagado lo primero que pensamos es que nos la está pegando con un soplagaitas. Es una plaga, una enfermedad. Es una situación de tensión agotadora que nos va arrastrando casi como un huracán, como un tornado, como una granizada de julio.

Hemos pasado a creer que podemos hacerlo todo mejor que los demás, que somos más listos o que estamos más preparados para que no nos arrastre el aguacero. Internet se ha mostrado como el oráculo donde descubrir que todo es posible de una forma más satisfactoria. Hay sexo más fácil, amor más puro, tutoriales para arreglar el coche sin tener que ir a un taller donde un tipo con 20 años de experiencia nos lo haga a las mil maravillas (pero cobrando por su trabajo). En internet hay respuestas para todo y hasta para las estupideces que nos podamos preguntar. Hay respuestas que dicen cómo debemos de comportarnos, cómo debemos satisfacer nuestras ansias de ser felices porque un tipo, en el medio Buenos Aires, dice que era nosotros mismos y ahora es un tipo feliz. Internet se ha convertido en un falso libro de autoayuda que lleva a una cúspide nunca antes vista el efecto Forer, que es eso que nos hace ver en todas y cada de una de las historias a nosotros mismos viviendo aquella falacia. Cuando me dicen que "lo pone en internet" siempre respondo que si pones en Google "china con tres tetas" salen hasta fotos.

Pero todo eso es el síntoma. Nos centramos en el síntoma en vez de intentar adivinar el motivo del mismo. Yo discutí intensamente sobre la manera de hacer el amor cuando lo cierto es que ya no quería estar a mi lado. Intenté hablar del motivo por el que no quería estar a mi lado y descubrí que se sentía poco valorada. Busqué la razón por la que se sentía poco valorada y vi que me había convertido, como la canción, en aquel del que se vengaba cuando estaba a mi lado. Lo mismo sucede cuando algunos se revuelven en medio de los bares hablando sobre las injusticias del mundo, criticando las injusticias y los robos, la concepción de un mundo poco solidario en el que la solidaridad tiene exclusivamente que ver con su culo. Volverse a sentir como un Quijote contra los molinos es tan sintomático como vivir con los ojos esperando que vuelvan a acuchillarnos por la espalda. Vivir con ese síntoma supone mirar las comisiones que salvajemente nos cobra el banco por tener nuestro dinero, supone llevar un listado con las fechas de caducidad de los productos en el supermercado porque presuponemos que nos quieren colar los pasados de fecha, supone preguntar a cada comensal si comió lo que pone en la factura del restaurante o si hay alguna aplicación que nos diga que la gasolina está más barata a doscientos metros. Vivir con ese síntoma nos excusa de intentar engañar a nuestro vecino porque ya nos engañan bastante por ahí, estafar porque nos estafan y traicionar porque nos traicionan o, casi como me dijeron antes de abandonarme, rendirse preventivamente al estilo Minority Reports, porque en algún momento yo volvería a equivocarme.

Así que ahora, en vez de vivir como vivíamos felices y despreocupados como un dibujo animado noruego, estamos preocupados en donde nos van a intentar acribillar, en cual será la claúsula que nos seccione los genitales para no tener la vida de felicidad que nos dijo el gran mentiroso de Coelho que nos merecíamos todos de una manera plena y satisfactoria.

Y estamos tan preocupados por ello que se nos olvida vivir de la misma forma que hace no mucho estábamos tan preocupados de exprimir el oasis que convertimos en desierto.

Pero estoy seguro que la mayoría está convencida que la culpa siempre fue de los demás, de la insolidaridad de los demás, de la maldad de los demás, del engrase con sangre de los justos del sistema.

Son síntomas diferentes de un mismo problema. Ahora vete tú a enfrentarte, guantes de boxeo en ristre, con tu nuestro problema.

También intento repetirme cada minuto, cada decepción o cada latigazo de irracionalidad de cada dia que la bondad sigue ahí, en algún lugar, esperando a que le hagamos caso.

Y que se vive mejor sin buscar mierda porque hace tiempo que aprendimos que si estamos convencidos de que la hay, encontraremos la manera de convencernos que está ahí. La capacidad mental de cambiar la realidad es enorme.

Ni fuimos tan grandes ni somos tan malos. Ni estaba en disposición de traicionarte. Algunos aprendimos o quisimos creer que fue así.

Los demás (y tú) siguen por la calle en guardia, con una mano atrás y un florete en la otra.

30 de junio de 2014

Carlos Cros

Carlos Cros presenta un disco titulado "Nadie se Resiste al amor" y la culpable de mi escucha es esta crítica, esta presentación y esta canción:

29 de junio de 2014

Los que no están en las trincheras.

Cuentan que en la primera guerra mundial los enemigos cavaban zanjas, uno frente a otro, y esperaban, días incluso, insultándose de una a otra. En muchos casos tanto lodo, tanta peste, tantas chinches y tanta sinrazón terminaba con ambas parte compartiendo un trago y firmando un armisticio parcial sobre alguna explanada europea.

Es por eso por lo que los mandos, aun a riesgo de sus propias tropas, les empezaron a exigir poner alambre de espino entre ambos lados y un poco más atrás para no poder desertar. En realidad el alto mando descubrió que en medio de la guerra lo importante era evitar la posibilidad de que alguien se diera cuenta de la estupidez de luchar.

Cuantas veces las trincheras han pasado a ser nuestro día a día. Cuántas veces se han separado a las aficiones con barreras, a dos manifestaciones con un alambre de espinos en forma de antidisturbios o a dos ideologías por el Hola en medio del kiosko.

Porque se sabe que si se pasa esa rabia irracional de alistarse para ir al frente llega un momento en el que, en medio de la serenidad, los conflictos cicatrizan solos.

Otra cosa es que, a los que no están en las trincheras, les siga interesando que nos aniquilemos.

Pd: metáfora en estado puro basada en un dato real.

28 de junio de 2014

Las plantas carnívoras de los buscadores de chollos.

Una de las más extrañas alteraciones del comportamiento humano tiene forma de oferta. Da lo mismo que el razonamiento diga, con exclamaciones tanto al principio como al final, que es mentira. Es una oferta, una oportunidad, es un ahora o nunca. Antes era mucho más, es la última unidad. No vale para nada pero está de oferta. Y si no me lo llevo yo se lo llevará otro y no va a ser de otro. Tiene que ser mio. Lo compro. Es mi tesoro y Mordor está gobernado por un publicista sin escrúpulos.

La segunda unidad al 50%. Si una unidad vale 100 y la segunda nos cuesta 50 tenemos que pagar 150 por algo cuyo coste era 200. Es un 25% menos pero ponia 50% y es más que probable que, como los días sin iva de Marimar, haya subido un 30% de ayer a hoy. La ropa de Zara alcanza un 70% en rebajas. Yo, que debo de ser tonto como un mirlo en invierno, tirito con un margen del 10% y nunca hago descuento. Claro que mi problema es el altavoz, la desfachatez del cartel. Cuanto más grande es el rotulador estoy convencido que es mayor la mentira o la verdad a medias, que son las verdades de Mayra Gomez Kemp.

El marketing no es barato y se paga con los descuentos engañosos.

Pero hay una clase social, un estrato popular, que vive de oferta en oferta, de outlet a liquidación. Corretean con sus bolsas buscando productos con tara, segundas manos imposibles, saliban viendo contenedores abandonados en el canal discovery. Se creen más listos, más hábiles, son los Frank de la Jungla de la selva del consumismo. Llegas a sus casas y sacan sus nuevas adquisiciones haciendo hincapié sobre la oferta, sobre lo baratísimo, sobre el 50%, el 70%, sobre el última oportunidad. -"Esta es mi mujer, estaba de oferta"- podría ser una definición absurda aplicable a una camiseta de Primark a la que se le tiene cariño o a una estantería de Ikea de la sección de oportunidades. Estoy convencido que, a veces, también es así. Las últimas unidades de las seis de la mañana.

Internet es un mundo moderno en el que nada aparece sin el cartel de oferta ni el de descuento. Hasta los abonos a las páginas pornográficas, los besos virtuales, los superpoderes y los falsos antivirus que entran cuando pasas de soslayo por softonic tienen el cartel de "precio especial".  Estoy cansado de ver tabletas compradas por internet que parecen tablets, tienen botones de tablet pero están en chino y no funcionan ni cargan ni aguantan ni tienen garantías. En ese momento han dejado de ser baratas a ser una estafa pero nadie acepta que fue estafado porque dejaría de ser más listo.

Esa es la parte del cerebro que el neuromarketing necesita para ser rentable: el escándalo y hacerte creer que eres más listo.

Engaños con clase. Ziritione. Ecosistema informático. Barato. Oferta. Descuento. Da igual que el teléfono llame porque tiene una funda de diseño, da lo mismo si el coche anda porque tiene un equipamiento multimedia.

Las rebajas empiezan el lunes.

De la misma forma que uno sólo perdonaba los crímenes si es que eran pasionales yo sólo me creo las ofertas cuando veo la necesidad en los ojos del comerciante vapuleado por la crisis. Y , en ese caso, soy tan lelo que creo que no merece perder. Mucho menos a manos de las plantas carnívoras que son los buscadores de chollos, carne de cañón de la publicidad de mentira.

Se arregla, como muchas otras cosas, pensando. ...pero es tan emocionante no pensar...

24 de junio de 2014

Exceso, criterio y medio.

-Si hubiera sabido que existía Podemos, les hubiera votado- me dijeron hace una semana. -Bueno...- interpelé - podías haberte preocupado por saber quien se presentaba a las elecciones pero... ¿por qué?- Y esperé una respuesta. -Porque si hubieran ganado las elecciones ya no habría corrupción- Y me quedé ojiplático con esa idea tan absoluta en la que aparece un genio en una lámpara, hace chás y se arregla todo sin esfuerzo.

Pero es que los españoles somos así.

Ganamos un mundial y somos los reyes del mundo para después ser los peores. Era mucho más divertido caer en cuartos, que no es nada, pero da gustito. Hemos pasado de ser el milagro español a batir todos los records de paro global y juvenil. Hemos pasado de tener la clase política de categoría que hizo la transición a insultar a cualquiera que se llame político a si mismo. Tuvimos la gran explosión cultural de los 80 para tener a Melendi. Bueno, eso último es verdad.

Parece que, de la misma forma que se anulan las clases medias, se han anulado los orgullos de los sextos puestos, de las participaciones honrosas o del trabajo bien hecho sin llegar a ser brillante ni una soberana chapuza casi como un aforamiento real.

Queremos con pasión o bloqueamos el whatsapp. Algo nos gusta y lo compartimos, lo retuiteamos o lo insultamos con cólera mediterránea. Se está en un bando o se está en el bando contrario y se gana o se pierde, pero siempre con demasiada intensidad. -Estoy viviendo un mal momento- puedes decir mientras todo, absolutamente todo se convierte en una mierda purulenta. Se sale a tope, se bebe a tope o se desploman unas melodramáticas lágrimas en un probador de El Corte Inglés.

En algún lugar debe de existir el punto intermedio del españolito medio.

Los telediarios hablan de los records mundiales, de Nadal en Roland Garros, de las cifras sobrepasadas en blanqueo y en drogas, en deshaucios y en divorcios. Se habla de que es la época histórica en la que más ha sucedido algo, de que va a ser el verano más caluroso y de que hemos dejado atrás el invierno más frio.

Se espera, con ansiedad e impaciencia, a la próxima cifra espectacular. Da lo mismo que sea hacia arriba o hacia abajo pero tiene que ser espectacular. Da lo mismo que sea personal o global, económica o deportiva. Follemos mil veces, insultémonos con mil culebras. Veamos los vídeos más virales, cantemos las canciones más radiadas o compremos esa estantería de mierda que es líder de ventas en Ikea.

Y creemos que tenemos criterio porque tenemos exceso. Da igual hacia donde, da igual el amor o el odio, la generalización o los goles. Que sea mucho y con mucha intensidad. Parece que "eso" es que estamos viviendo y , sin embargo, lo que hace es arrastrarnos en cien direcciones opuestas.

En el medio está la bondad.

Pero no hay medio.