Mal dia para buscar

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18 de junio de 2013

Las mentiras posibles: Fase uno, fase dos, fase tres.

Dentro de ese saco de animadversión con la realidad existe la idea comercialmente brutal que afirma aquello que le dicen a los niños americanos cuando vienen al mundo: puedes ser lo que quieras. A nosotros, que hemos sido educados al abrigo de la maquinaria publicitaria occidental, nos han dicho lo mismo.

Así que nos hemos creido que el mundo es un buen lugar que ha sido dirigido por hombres malos. Hemos creido que la bondad es un componente intrínseco a la propia humanidad y que, casi como el concepto de Dios o la necesidad de comer, está grabado a fuego dentro del ADN de cada uno de nosotros.

Un día, más o menos cuando crees que estás preparado para lanzarte desde la rama donde está el nido que te ha resguardado hasta finalizar la parte básica de tus estudios, descubres con furiosa cólera que aquello no era verdad y que un imbécil con un padrino se ha quedado tu puesto de trabajo o que un artista de tercera con una chequera a sus espaldas es quien ha vendido las entradas que debían ser para los conciertos que no has dado. Es cuando terminas de leer una columna en un periódico y te preguntas si acaso quien lo firma sabe leer, porque escribir es un imposible. Es cuando ves cómo la masa hace cola para ser engañado en un centro comercial mientras te fumas un cigarro a la puerta de tu tienda viendo pasar los coches.

En ese momento te azota una bofetada de realidad parecida a las sensación que te queda cuando aquella chica se va con el tonto parlanchin y empieza a llover mientras llegas sin dinero a tu casa como un pagafantas de tercera división.

Sin embargo creo poder afirmar que es un estado mental temporal porque, de la misma manera que no es verdad que puedas ser el jodido rey del universo en todas y cada una de las cosas que te propongas con la intensidad adecuada, tampoco es verdad que todo vaya a ser una mierda.

Es cierto que hay hijos de puta afortunados. Es cierto que quien creías que era la mujer de tu vida se irá para siempre. Es absolutamente cierto que, en este mundo de globalidades magníficas, nunca lo tendrás todo. "La felicidad- decía alguno- es darse cuenta que nada es demasiado importante".

Por supuesto que es un problema educativo y un problema de tolerancia a la frustración. Me han dejado mil veces con mil agujeros en el alma por no ser aquel que debía ser, el que se comportaba como debía comportarse o en el que debía de convertirme. He perdido mil clientes por no darles la razón y me han dejado mil amigos por no haber acertado en el día en el que hicieron piña. Me arrastré por la universidad porque aquello no eran maquinitas girando y sorpresas científicas en un entorno cultural , tecnológico y juvenil sino un aburridísimo conjunto de fórmulas y pizarras que se repetían desde primero hasta sexto sin que jamás llegará la satisfacción de ver si todo eso era verdad. En la universidad científica de los 90 se hacían menos experimentos que en un programa televisivo de late night con un presentador sin gracia. Me he castigado mil sábados contra las paredes de mi casa por no ser mejor, da igual el aspecto a mejorar.

"La felicidad- dice otro- es tener buena salud y mala memoria"

Hay una tribu del amazonas, los Pirahä, que carecen de los conceptos de pasado o futuro en su lenguaje. Carecen, incluso, de los números: "Hay suficientes peces". "Hay muchos peces". "Hay pocos peces". Esta utilización del lenguaje, que nos puede parecer una aberración porque nosotros, como seres occidentales, vivimos en proyectos y futuros inciertos, es la que les permite vivir en una situación de felicidad carente de mentiras y de comparaciones.(video aqui) Carecen de decepciones porque han eliminado las expectativas.

No quiero decir con ello que crea que la fase que viene después de la decepción sea la de la pasividad. No quiero decir que después de descubrir que fuimos educados en una gran mentira la solución pase por dejarse llevar o abandonarnos al los vientos que nos soplen por las nucas. No quiero decir que, incluso en un alarde de venganza, tengamos que esperar a que ella vuelva o que el tiempo ponga a los inútiles en su sitio, porque eso no va a suceder.

Quiero pensar que ahora viene el momento en el que nos sentamos en una silla, miramos a nuestro alrededor y aceptamos que tenemos suficientes peces. Eso es lo que importa mucho más que los peces que nos dijeron que podíamos tener, los que quisimos tener o los que tengan los demás. Volvemos a retomar nuestros proyectos fijándonos en el camino más que en el destino. Aprovechamos lo que tenemos y lo que somos. Intentamos, como dijo Gandhi definiendo a la felicidad, "que es cuando lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos están en armonía".

"Una mesa, una silla, un plato de fruta y un violín, ¿qué más necesita un hombre para ser feliz?" Einstein.

Supongo que si la enseñanza era la fase uno y la decepción la fase dos, ahora viene la fase tres. Las tres son necesarias para que no nos suceda como a los Pirahäs, que fueron fagocitados por la cultura moderna y sus mentiras posibles.

De eso, aunque yo me he rebelado cien millones de veces contra la imposibilidad de ser mejor o de llegar más lejos, va el post.

15 de junio de 2013

Es la economía, estúpido

-Hola, quiero un procesador
-¿Cual?
-Uno. El más barato.

Desconozco si acaso este tipo de ejemplos se pueden dar en otras facetas comerciales del mundo.

-Bien. Tiene usted que tener en cuenta que hay muchos tipos diferentes.
-Si, pero mi cuñado me ha dicho que lo que tengo mal es el procesador.
-Y su cuñado es...
-...frutero.

Desconozco si acaso, por no pagar a un médico, alguno responderá a esos anuncios pegados en los semáforos de nuestras ciudades donde un tarotista nigeriano se compromete a curar el cáncer. Desconozco si alguno, casi con la misma mala realización que tuvo un par de cambios de enchufes de mi casa, se atreve a ajustar la quinta marcha del cambio de su vehículo por no pagar a un mecánico aunque, con ello, le salga una bujía volando cada vez que pase de 110 km/h.

Una cosa es la autosuficiencia y otra es la estupidez.

-Lo lógico, caballero, es que traiga el equipo para que nuestros técnicos titulados y experimentados hagan un diagnóstico (gratuito) y después decida usted.
-Ya, pero tienes que entender que la economía es la economía.

En ese momento el cliente se fué. Estoy convencido que compró un Intel Pentium 100 MMX por 10€ a través de una página rusa y ahora está doblando los conectores para meterlos donde sea que haya considerado su cuñado. Así que ya es definitivo, ya hemos pasado la barrera del ahorro. Si lo único que parece importar es el precio podemos considerar que lo que importa es que te la chupen, aunque lo hagan con las encías. Ahora ya hemos llegado al lugar donde todo es el dinero y no importa la calidad, la experiencia, la profesionalidad, la seguridad personal o la ética.

Ahora: "Es la economía, estúpido".

14 de junio de 2013

La economía inconfesable de los videojuegos

Con la celebración del E3 vuelven a dar el mismo dato que repiten desde hace años: el mundo de los videojuegos mueve más dinero que el del cine y la música juntos. Sin embargo parece que es como la prostitución, las drogas o el tráfico de armas: algo de lo que no se habla.
Resulta curioso como algunas de las actividades del ser humano se ocultan casi de una manera culturalmente admitida. Resulta totalmente correcto hablar del último disco del último fenómeno televisivo pero no del anteúltimo freak o de que Ron Jeremy ha estado en el hospital como si fuera el fin de una generación marcada por el porno cutre de los 70. Se puede hablar de lo mucho que necesitas sentirte arropado por una pareja que te quiera pero es de mal gusto afirmar que aspiras a que te desee sexualmente como uno de los aditivos que convierten una relación en una adicción que se perpetúa en el tiempo.

Una de las cosas que tiene la economía del siglo XXI es que ha buscado sus nichos en las bases de la propia naturaleza humana. Los nuevos ricos han cimentado sus ganancias en lo que consumimos y no en lo que decimos consumir. Nos gusta el cine pero un tipejo se hizo multimillonario con nuestras descargas. El antiguo dueño de napster (y socio de facebook) se acaba de gastar 10+2.5 millones de dólares en su boda. Nos gusta la buena ropa pero cada dia aparecen más talleres furtivos de copias de mala calidad donde CH significa Carmen Hornillos. Nos gusta estar con los amigos pero los videojuegos no paran de crecer, los "free to play" dan dinero en carretillas y mientras los redactores de los telediarios dejan la partida en pausa siguen creyendo que aquello es entretenimiento para niños. El día que alguno introduzca en el "coaching" un apartado de "herramientas de la gamificación" miles de gamers saldrán de sus cuevas y dominarán el mundo.

Dicen que se ha demostrado que los aficionados a los videojuegos tienen una visión diferente del mundo y son capaces de encontrar más detalles en la misma escena que un humano normal no adiestrado. Mi madre y el responsable de los informativos de televisión siguen creyendo que aquello es el germen para volverse loco y ametrallar a los compañeros de instituto.

Whatsapp movió 27mil millones de mensajes en un día y yo no recibí ninguno invitándome a una cerveza, a escuchar un chiste, ver una película o invitándome a una cama. Tampoco ninguno que fuera un reconfortante "espero que estés bien" y que, en realidad, es el más necesario, el que decimos que mandamos a diario y el que menos se da. Es mucho más dificil encontrar a alguien con quien poder hablar y reir que a un soplagaitas que sea ocurrente en tu teléfono.

Los nuevos comerciantes se nutren de tus bajas pasiones, de creerte el rey de las ofertas, ver más videos de esa pornostar húngara o de reconocer que pagando unos dólares podrás gastar el tiempo matando unos cuantos malvados o derrapando por las calles de San Francisco con el Lamborgini que nunca te podrás comprar en la vida real.

Será por eso por lo que, aunque es una de las industrias que mueven el mundo, no es éticamente correcto hacerlo público. Quizá porque a la mayoría nos da miedo mostrar públicamente cómo somos en realidad, quizá el niño que fuimos se averguenza del adulto que somos en la intimidad.

Tengo una partida a medias y un video en pausa. Me da miedo volverme un geek o un freak, que no es lo mismo (aunque de pequeño fuera un nerd).

11 de junio de 2013

Waiting in vain

Aunque es de Bob Marley, Annie Lennox la convierte (como casi todo lo que toca) en maravillosa.

I don't wanna wait in vain for your love; I don't wanna wait in vain for your love. From the very first time I rest my eyes on you, girl, My heart says follow t'rough.  But I know, now, that I'm way down on your line,  But the waitin' feel is fine:  So don't treat me like a puppet on a string,  'Cause I know I have to do my thing. 

Don't talk to me as if you think I'm dumb;  I wanna know when you're gonna come - soon.  I don't wanna wait in vain for your love; I don't wanna wait in vain for your love;  I don't wanna wait in vain for your love, 
'Cause if summer is here,  I'm still waiting there;  Winter is here,  And I'm still waiting there. 
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Like I said:  It's been three years since I'm knockin' on your door,  And I still can knock some more: Ooh girl, ooh girl, is it feasible?  I wanna know now, for I to knock some more.  Ya see, in life I know there's lots of grief,  But your love is my relief:  Tears in my eyes burn - tears in my eyes burn  While I'm waiting - while I'm waiting for my turn, See! 

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I don't wanna wait in vain for your love; 

8 de junio de 2013

El periodismo y la malnutrición infantil

Hace unos días se lanzaban desde determinados medios las acusaciones que decían que los catalanes, derrochando dinero para hacer embajadas, estaban dejando que 740 niños casi se murieran de hambre en sus escuelas.

De ahí se pasó a 2865 solamente en Barcelona. Otros subieron al 25% de los niños españoles. Los mismos  niños que tienen ese problemilla con el botellón.

Ayer la Cadena Ser se lanzó a hacer "El mapa de la malnutrición infantil en España" contraponiéndolo con los gin tonics subvencionados del congreso de los diputados donde manda el PP.

Más o menos se lanza la idea de que Urdangarín se pone ciego a marisco mientras los niños que deberían de ser nuestros científicos del futuro se mueren de hambre por las esquinas en el mismo instante en que sus padres van perdiendo sus puestos de trabajo. Se intenta dibujar un lugar enfermizo donde los banqueros se ríen de los pobres que se mueren de hambre y los famélicos niños catalanes piden pan en su idioma natal porque el poder opresor del estado español les quitó la sonrisa. Se lanza la piedra de que en este pais, con más hamburgueserías que fruterías y con Matutano en plena expansión, no hay para comer.

Y nadie es capaz de decir que existe una posibilidad de que la malnutrición sea un problema del primer mundo al que nos queremos parecer más que al tercero que algunos quieren describir.

Hay días en los que el periodismo, utilizando a niños, me produce vómitos. Será que estoy malnutrido.

7 de junio de 2013

Modas, vagos e indignación

Parece que está de moda lo vintage por mucho que los hombres de buena presencia y mediana edad no tengamos a nadie que nos de un codazo por la mañana, unos ánimos y nos recargue las pilas diciéndonos que todo va a salir bien. Parece que está de moda lo analógico para hacerle fotos y subirlas a twitter y parece que está de moda escandalizarse como un perro por todo lo que sucede y después no hacer nada.

Es lo mismo que escandalizarse porque EEUU nos espía a todos y seguir comunicándose a través de tecnologías americanas.

En el único dia de sol que me ha dado la semana nos juntamos a la mesa un idealista, un crítico y un contrincante (que soy yo). Hablamos de cómo todos aquellos que se creen grandes pensadores parece que tienen una opinion formada sobre las miserias y las carencias de la sociedad en la que estamos siendo removidos como jugos gástricos productivos. La opinion la tienen formada porque son muy cultos y porque el 94% de la población dice informarse a diario. Ven documentales y ven programas de "periodismo de investigación" que te deja el cuerpo con una mala leche que te corta el colacao. Reciben cifras y guardan datos: El tesorero se quedó 38 millones. Se llevaron 700 millones en Eres falsos. Un futbolista con pinta de Justin Bieber reggetonero ha costado 50 millones.

¿Y?

Y nada.

"Los programas indignan pero lanzan un mensaje encubierto"- decía el idealista- "el mensaje es que no puedes hacer nada".

Así que el contrincante intentó llegar un poco más allá: "¿No será que, en realidad, no interesa?". Es como si la función del periodista, casi como un político opositor, sea perpetuarse en su rol crítico. Es como esas relaciones en las que ella insiste en lo mal que estás haciendo las cosas pero nunca es capaz de decirte exactamente la manera humana de solucionarlo. Te dice que quiere sentirse bien y que quiere que todo sea "una relacion normal" como cuando un político pide vivir en "una democracia normalizada" pero no sabes si quiere ir a un chino, un italiano, no sabes si quiere un abrazo o follar contra la pared. Te señala, como hacía mi madre cuando la habitación estaba desordenada, los errores pero, al contrario que mamá, no te dice cual es el cajón de los calcetines. Muchos de los periodistas de investigación se encuentran más cómodos en el escándalo que alguna pareja en el borde del abismo de la ruptura.

Entonces el tercero en la mesa puso los pies en la tierra. "Si nos dijeran lo que soluciona las cosas, si desde la televisión o los medios se lanzara algún mensaje claro para solucionar los problemas la audiencia se hundiría". Ahí hizo una pausa- "porque somos una sociedad de vagos".

Tiene razón. Sabemos que las grandes compañías nos estafan, que los "marimars" son más caros que la informática del barrio y que los apple y los carrefour y los amazon pagan impuestos en paises lejanos que impiden que nuestros médicos mantengan sus servicios y nuestros profesores sus salarios. Sin embargo, después de escandalizarnos nos vamos a un centro comercial porque parece más cómodo. Sabemos que la verdura es sana y que nos da años de vida pero consumimos basura en bolsas llenas de aire ondulado. Nos mandamos mensajes y videos que hablan de la felicidad pero nos importa una mierda que el vecino esté en paro. Creemos en el amor y no sabemos ponerlo por encima del orgullo. Queremos que las personas de bien cobren salarios dignos pero montamos en ryanair donde el truco para que sea tan barato es que azotan a sus empleados y escupen en los depósitos de fueloil.

Así que, casi con el café, llegamos a la pregunta de si acaso no hay vuelta atrás. Probablemente sea una moda estar informado y una tara ser incapaces de movernos del sofa esperando que lo arregle otro. O que no lo arregle. Si las cosas siguen mal tendremos con lo que indignarnos en el próximo "salvados" donde un comunicador nos escandaliza y, quizá, nos pide que veamos los anuncios de las mismas compañías que critica.

Con el último anuncio de cocacola dan ganas de tener una vida sana, eso sí, consumiendo azucar que, como la organización mundial de la salud ha advertido en más de una ocasión, es tan adictivo como la heroína.

PD: Cuestionario:
¿Te enfanda que los bancos ganen tanto dinero? . ¿Pagas con tarjeta?
¿Te indigna la esclavitud infantil?. ¿Compras ropa barata?
¿Te gustan las mafias?. ¿Compras productos en alfombras?
¿Quieres un pais culto?. ¿Gastas en cultura?
¿Crees en la solidaridad?. ¿Apoyas a trabajadores de otras empresas con tus actos?
¿Estás a favor de la sanidad y la educacion publicas? . ¿Pagas todos tus impuestos?
¿Apuestas por tus vecinos?. ¿Compras en tu barrio?
¿Ves los documentales y los informativos?. ¿Haces algo?
¿Cómo se llama el último fichaje del barcelona?. ¿Y el último premio nobel?


4 de junio de 2013

Egoismo de andar por casa

He sido durante tantos años "el amigo informático" que creo poder decir lo que es el egoismo. Creo poder detectar, casi como si hubiera hecho un máster, todas esas ocasiones en las que alguien te llama y te pregunta qué tal estás para terminar en su casa quitando unos cuantos troyanos a cambio de unas palmaditas en la espalda y después, cuando has desgastado tu tiempo y tu esfuerzo de una forma gratuíta, hacen una pausa dramática para que te sientas incómodo y te vayas a tu cueva madriguera.

Supongo que es la misma sensación que puede tener una adolescente que se deja tocar las tetas más de un sábado por la tarde o a lo largo de los recreos, porque ya no conozco el timing de la juventud. Al fin y al cabo dicen que el sexo y la convivencia aumentan la fidelidad. Con el virus de la policía me han salido más amigos que nunca.

Está demostrado que cuanto mayor es la sociedad en la que nos movemos menor es nuestro grado de empatía. Si sufres un infarto en una población pequeña te ayudarán y en una gran urbe dejarán que te ahoges en la acera por no meterse en problemas. Por esa misma razón y teniendo en cuenta que las tecnologías lo que han hecho ha sido convertir nuestro mundo en algo más global es casi una obviedad afirmar que la solidaridad se ha convertirdo en una especie de moneda de cambio en una sociedad que he hecho como suyo el cambio de favores, siempre y cuando el balance final sea a favor.

Un antiguo amigo, quizá para reconfortarme diez minutos antes de dejar de llamar, me intentó demostrar que aquellas personas que están en tu vida van y vienen, como series de televisión que reponen, actualizan y se olvidan. Me intentó convencer que son ciclos, como en todo, y que esa idea que me persigue y que afirma que hay cinco (5) personas que no se van nunca es intrínsecamente falsa. Después le dije que teníamos que quedar otro dia. Me dijo que si. Nunca más se supo. Supongo que ya ha aprendido a quitarse sus virus. Supongo que ese es el motivo por el que no coge el teléfono.

En realidad son ciclos y eso es cierto. Hay personas que se acuerdan de ti porque no fuiste especialmente desagradable en la cama y hay personas que se acuerdan de ti porque pagabas las copas. Hay personas que se acuerdan de ti porque siempre estuviste disponible para escuchar y algunas porque saben que en tu persona van a encontrar aquello que necesitan en ese momento. No dudo que yo hago lo mismo. No dudo que esas búsquedas son irracionales.

El gran problema de la sociedad contemporánea, poseída por las tecnologías y la comunicación, por los medios y por los teclados en pantalla, es la soledad. Quizá es por una falta de toleracia a la frustración o un recelo absoluto al contrario, si es que incluímos como contrario a todos los demás. Supongo que por eso, en vez de perdonar, solidarizarnos y gastar un rato en preguntar gratuítamente qué tal estas esta mañana, el contacto entre humanos hipócritas suele tener escondido un objetivo personal ególatra e interesado que te deja cara de gilipollas cuando vuelves a casa después de actualizar un sistema operativo, defragmentar un disco duro, quitar unas cuantas toolbars y sentirte utilizado.

Estoy convencido que, aparte de afimar que va en aumento, puede hacerse extensivo a cualquier otra faceta de la naturaleza humana.

30 de mayo de 2013

Virales culturales (Fans de Rihanna)

Se me acerca un amigo, joven y glamuroso, para decirme que, entre todas las actividades de su fin de semana ha estado, casi como punto álgido y en una erección de satisfacción, en el concierto de Rihanna. "!Qué espectáculo!"- me dice. "!Qué manera de bailar!"- afirma como si no hubiera visto bailar a nadie jamás.

Yo sonrío por no llevarle la contraria y con el desconocimiento completo de la concepción de espectáculo disfrazado de culturilla musical que tienen las beyoncés, las rayanas, las gagas, las espears y toda la troupe similar. Reconozco que son las réplicas, casi como terremotos, de aquel fenómeno mundial que supuso ser Madonna.

En cierta ocasión un crítico musical afirmaba que las grandes estrellas son aquellas que han hecho algo, lo que sea, por primera vez. Ponía como ejemplo a Bowie porque, en realidad, fue quien inventó el glam y el fenómeno de fans adoradoras de alguien casi de otro planeta (Véase Starman). Ponía como ejemplo a Michael Jackson, a U2 (con reservas), a Madonna y, por supuesto a esos dos grandisimos que murieron el mismo año y a la misma edad como fueron Janis Joplin y Jimmy Hendrix.

En realidad la música, como cualquier otra actividad cultural, se compone de genios y de imitadores. Luego, como en la cartelería comercial, están aquellos que hacen negocio usando las técnicas que dan dinero.

Recuerdo una conversación con el mismo muchacho en el que, afirmando que la visita de RadioHead era un acontecimiento, tuve que explicar el motivo por el que resulta ser un grupo TAN grande. También he de reconocer que el hecho que Iron Maiden tocara el dia siguiente en el mismo lugar produce un fruncido de ceño apercibible de repulsa en ese riahnoso seguidor musical que no sabe diferenciar a AcDC de los maiden o a los Rolling de los Beatles.

Y es que muchas veces la incultura es la base del atrevimiento.

A mi no me ha gustado Prince, pero reconozco que es un genio. Maceo Parker es un semidíos pero nunca tendrá el éxito que se merece. Yo veo programas de televisión y consumo música que sé positivamente que es una bazofia. Eso sí: lo admito. Supongo que es un paso.

La verdad es que nos resistimos a admitir cosas que suelen ser obvias. "Soy viejo", "Mi novio es feo", "Telecinco es escoria", "Uso internet para ver pornografía". Por el contrario el 99% de los adolescentes que van a comprarse un ordenador con sus padres de la mano afirman que lo quieren para poder estudiar y después, cuando aparecen con cinco toolbars y cincuenta troyanos, tienes que quitar el utorrent y el ares de la secuencia de inicio, tienes que recordarle que badoo no es precisamente un lugar en el que preservar la virginidad y, aún así, siguen pidiendo que lo arregles con urgencia porque tienen exámenes. Más o menos como intentar defender que Rihana es un faro musical que todo lo guía.

Es curioso admitir que en estos tiempos de sobreinformación tenemos muchos más medios para poder llegar a conclusiones ciertas sobre cultura, política, educación y arte. Sin embargo ese hecho de que sea fácil nos ha convertido en fanáticos de los virales culturales haciéndonos olvidar, como se olvida un favor debido, cual es la verdad y la historia que llevamos a las espaldas. Se nos olvida donde está lo genuino y donde los imitadores comerciales del arte verdadero.

Y, aún así, no nos da la gana admitir la verdad.

Ni en música, ni en lo demás.

24 de mayo de 2013

90% de mierda

El 90% de lo que consumimos es una auténtica mierda. No es un consimo físico, pero es un consumo. Es publicidad, son los estados de facebook, las soplapolleces de twitter, los whatsapp vacíos, las fotos de tuenti. El grado de tolerancia para con esa mierda es enorme en el ser humano contemporáneo que ha sido entrenado por los anuncios de la televisión para preparar la mente en ese estado casi hipnótico donde todo rebota y se queda, como si fuera un estado de opinión global.

Para crear un estado de opinión ya no se actúa de una manera legal y ética. Se convierte en noticia que los árabes no se lavan y que matan a sus perros para, después, no encontrar oposición pública en invadir sus paises. Da igual que sea verdad o que sea mentira porque lo que realmente importa es lanzar esa mierda para justificar lo que haya que justificar después. Por eso mismo los americanos hacían películas con alemanes malvados en la segunda guerra mundial. Por eso mismo se mandan mensajes aparentemente sin sentido, porque nos hemos convertido en publicistas de andar por casa.

Sin embargo, quizá por el miedo a poner las cartas sobre la mesa, lo que lanzamos y lo que nos lanzan las empresas y los medios es mierda. "Te ha tocado un premio". "Hola, me llamo Laura y quiero ser tu amiga, pulsa aqui". "Vamos a nuestra mesa de debate". "www.youtube.com/...". Todo es parte de una mierda.

En realidad el ser humano está siempre ansioso de recibir información, aunque esa información no sirva para nada. Es más, nos encanta consumir basura como si fuera una comida embriagadoramente adictiva que solamente engorda nuestro cerebro. Creemos, de una manera errónea, que nos evade. Es un placebo informativo. Es un reality para las neuronas.

Cuando, de noche y justamente antes del sueño, el teléfono pita o ilumina un led que alumbra el techo de la habitación, existe un imán que te aleja de la primera ensoñación para ver qué has recibido, por si fuera importante. Nunca lo es. Nunca es un "tengo ganas de verte" sino un nuevo comentario en un blog, un mail de premio, un phising de un banco o una actualización de linkedin que nunca he desactivado.

Cuando nos sentimos poseídos por la noticias terminamos comentando la última tontería del famoso de turno o la nueva indignación casi como si fuera el hallazgo para dejar pasar el tiempo. Y ahora que nos creemos responsables de la creatividad, que intentamos sentirnos un faro que guía la opinión público de nuestro grupito de seguidores, lo que hacemos es vomitar la misma mierda que hemos aprendido a adorar.

Hay un 10% de creadores y un 90% de copiadores. De ese 10% hay un gran porcentaje que cree que con la exaltación del número de visitas se ratifica su capacidad creadora y estoy convencido que los freaks se agarran a las estadísticas de sus videos en youtube como las cadenas de televisión a sus índices de audiencia.

Pero, no nos engañemos. El 90% de lo que consumimos intelectualmente es mierda.

Creo que esto mismo, también. Nunca estuve en el 10% de los mensajes de verdad, sólo en las libretas de direcciones erróneas.

22 de mayo de 2013

Musica independiente 2013

Las cinco canciones nominadas a ser la mejor independiente del 2013 son:

LA BIEN QUERIDA A veces ni eso (Elefant Records)

LA HABITACIÓN ROJA Ayer (Mushroom Pillow)

ESPANTO Rock’n Roll (Austrohúngaro)

NAPOLEÓN SOLO Antes de que ocurriera (El Volcán Música)

JOHN TALABOT Destiny (Permanent Vaction)

21 de mayo de 2013

Mi madre no es falangista.

Mi madre siempre cuenta que, cuando era pequeña, quiso hacerse de la Falange porque le encantaba el color azul de aquellas camisas. Mi sobrina juraba que Tokio Hotel era el mejor grupo de la música, casi con la misma excitación que ahora las preadolescentes sienten por One Direction. Conozco a mujeres que casi se afeitaron la cabeza para acompañar a las chamarras de cuero con hombreras durante los años 80 y quienes lucían una permanente rubia en las fotos grupales de las primeras borracheras.

Nadie llama a mi madre falangista porque eso, a dia de hoy,  es otra cosa.

En los tiempos que vivimos existe un motivo histórico por el que despreciar al contrario. El caché de Internet, que es un miserable, resulta ser la hemeroteca infinita donde todos hemos metido la pata alguna vez y, si no lo crees, busca a Toni Cantó, busca a Alejandro Sanz, a Bisbal, a un mitin preelectoral de cualquiera o en las fotos antiguas que te queden en facebook. Juzgarte por ello es como juzgarme a mi por haberme comprado el primer disco de Whitney Houston que aún está, con esa cubierta anaranjada, en forma de vinilo cerquita del directo doble de Ramoncín en el que también dejé los cuartos durante alguna época anárquica de mi vida musical.

Existen dos maneras de meterse con la monarquia española. Una es decir que Franco, en uno de sus últimos estertores, decidió que JC fuera rey y como Franco era muy malo, JC también lo es. Otra es desglosar los elefantes muertos y los polvos subvencionados que aún están recientes. Hay que reconocer que uno es un dato actual y otro de un tiempo en el que la televisión era en blanco y negro. Existen casos de personas muy malas que se han vuelto buenas, al menos eso dicen los amantes de la reinserción y los que creen en la base innata de la bondad humana. Solamente el emperador Palpatine está convencido que no hay camino de vuelta cuando entras en el lado oscuro, pero para eso hay que ser un Lord Sith.

Por alguna razón nos encanta creer que quien ha sido malo lo será siempre. En este momento de desconsuelo hemos aprendido a regodearnos en todos y cada uno de los motivos por los que las cosas van a salir mal, como si fuera una negativa ley de Murphy. Un cura abusará de un monaguillo y ella te recordará lo mal que te comportaste el ocho de abril. Un político robará de la caja y  un empresario explotará a inmigrantes sin papeles. Para eso tenemos los datos de antiguos abusos, los titulares de los periódicos de entonces, un mensaje guardado en el móvil o las fotos del Ere en la carpeta de "mis imágenes".

Desconozco la razón por la que, aunque la memoria humana tiende a olvidarse de las cosas que hacen daño, utilizamos la tecnología para castigarnos con la imposibilidad de tener un futuro mejor o, al menos, que contenga un mínimo de ilusión.

Nadie es bueno siempre de la misma forma que nadie se equivoca en todas las ocasiones. Yo cometo errores todas las mañanas pero me resulta imposible vivir pensando en la próxima vez en la que me vaya a equivocar como si resultara imposible ir por la senda correcta porque esa sensación de ser un incapaz es la misma que nos bloquea como sociedad. Existen políticos que siguen castigados por un Yak42 o artistas sometidos por un twitt desafortunado. A mi me han tirado a la cara algún post de este mismo blog como si lo que pensara en aquel momento fuera la misma opinión que tengo ahora, como si el presente se pudiera estirar en el tiempo de manera infinita, sobre todo si sirve para condenarnos.

Las condenas se asumen y se cumplen. Luego se olvidan y se marcan como lugares a los que no hay que volver y que se quedan como cicatrices. Hay veces que las cicatrices nos recuerdan donde no hay que volver o qué cosas sientan fatal.

Porque no hay motivo por el que volver al lado oscuro.

Por eso mi madre, que nunca fue falangista más que por las camisas, es la única que me dice que mañana será mejor. Será porque no sabe usar el facebook o porque no ha aprendido a leer mensajes del movil o buscar el google y creer que los resultados son de ahora. O porque es más lista. Dicen que ahora somos más tontos que hace dos siglos.

14 de mayo de 2013

Los que nos quedamos

Muchas veces tengo la sensación que los jovenes que se van son todos premios nobel y que los que nos quedamos a trabajar en España más o menos somos los asesinos de Marta del Castillo.

Podemos lanzarnos al abismo de las cifras y comentar cómo más de un pais se ha preocupado en acaparar investigadores y cómo les hemos cambiado a los paises del norte de europa a nuestros licenciados por sus borrachos. Podemos hablar de cómo las madres hablan orgullosas de sus hijas "que estudian en Wisconsin" y hacen callar a las que "trabajan en Almendralejo" como si aquella premisa que establece que "cuanto más lejos es mejor" fuera verdad, como si los españoles por el mundo nos estuvieran llamando tontos desde la televisión de nuestro salón.

Se han ido muchos jovenes. Tan inteligentes como los que se quedan porque cualquiera sabe que un título universitario en este pais de risa nunca significó que pudieras ser un tipo capaz de hacer algo provechoso para el mundo. En la universidad nunca me enseñaron a servir café en un Starbucks de Oslo. Reconozco que tampoco me explicaron que existía una posibilidad de no ejercer, de una manera obscenamente remunerada, en aquella profesión para la que me estaban aleccionando. Tampoco estoy convencido que los saharianos, los ecuatorianos o los alemanes que vienen a España sean ni lo mejor ni lo peor de su pais.

También emigraba, con el pañuelo de cuatro puntas en la cabeza, Alfredo Landa.

Discriminar a quien se queda o a quien se va es una simplificación digna de un habitante de la casa de gran hermano. Llamar estúpido a un joven universitario que ha decidido esforzarse el doble para salir adelante en su pais natal es darle una patada en la boca. Decir tres veces la palabra Bitelclus hace que aparezca Bitelchus Lampreave.

Seguimos viviendo en esa concepción rural y arcaica en la que el césped del vecino es mucho mejor que el nuestro, sobre todo si es americano, británico, alemán o francés. Seguimos fantaseando con los pechos de la vecina sin darnos cuenta de lo maravillosamente perfectos que son los que se acuestan a nuestro lado o las imperfecciones quirúrgicas de los de Angelina Jolie.

Bombardear diariamente desde los medios con lo buenísima que es la materia prima española que se va deja en muy mal lugar a los que un dia decidimos quedarnos como si fuéramos las ratas que ni siquiera abandonamos el barco.

De España se van científicos y se van porreros. Se va Diego el Cigala, se fue Yola Berrocal y se va Willy Toledo. También volvió Mariano Babacid. Se van parados cansados de no encontrar trabajo y se van algunos por amor mientras otros se van, casi como ha pasado siempre, buscando aventuras. De España se van jubilados buscando otras playas y algún que otro prófugo de la justicia como los pederastas británicos que pasean con calcetines por las costas de Málaga.

Fuera de nuestro pais hay algunos que viven como soñaron mientras otros se arrastran como mochileros eternos. "El alquitrán del camino embriaga más que el suave vino del hogar"- cantaba Sabina para describir la sensación agridulce de no atreverse a volver a casa sin haber ganado alguna guerra, como un indiano chulesco. Pasa exactamente lo mismo con la gente que decide quedarse a cuidar de su madre. Nadie es mejor ni peor por decidir irse, quedarse o dejarse los pelillos de la nariz largos.

Quienes se fueron siguieron sus sendas, no son mejores. Pensar lo contrario es lanzar piedras contra el tejado de quienes, ahora, sacan este pais adelante.

Estoy muy cansado de que por ser universitario, empresario, español y luchar cada dia por trabajar y dar trabajo pagando los impuestos con los que pagar a los médicos y los profesores estupendos que tenemos venga un medio de comunicación a decirme que, además, soy tonto por no marcharme.

Cuidarnos un poco, joder.

8 de mayo de 2013

Desparpajo 2.0

Hace un par de dias un ciudadano medio apareció en mi negocio. "Hola, buenas. Estoy buscando un cable para conectar mi televisión al ordenador". Dicho así no es una petición extraña en estos tiempos de multimedia digital que nos atañen. "Correcto, caballero"- le respondí- "¿me puede indicar, por favor, el tipo de conexión que tiene en dichos extremos y lo que quiere hacer con ello para que le de el cable idóneo?". "Si. Quiero, conectando la cámara betacam al dvd antiguo de la televisión, poder editar los videos que tengo grabados de mis hijos con el pc y subirlos a internet para que los vea mi cuñado".

Tras unos segundos de estupor máximo sentencié: "Lo siento, señor. Lo que me pide es imposible".

"¿Como va a ser imposible si el dvd tiene usb y en el ordenador me queda uno libre?"

En ese momento estuve muy tentado en explicarle que por mucho que le entre el prepucio en un vaso de tubo no quiere decir que pueda tener hijos con el síndrome del niño de cristal. Estuve tentado de hacerle entender que un agujero no tiene la función que queramos, sino la que tiene, aunque nuestros deseos irracionales infantiles, aquellos que creen que existen los gallifantes, le quieran hacer fantasear con lo contrario.

Hace unos años la tecnología era algo a lo que las personas de bien tenían respeto. No metían los dedos en el enchufe porque sabían que les iba a dar corriente. No pensaban, ni en sus sueños más húmedos, que un dia la tecnología les permitiera hacer la mitad de las cosas con las que soñaron pero el marketing tiene la culpa de que ahora, con tanto anuncio diciendo y jurando que algún ingeniero loco ya ha pensado por ti lo que se te podría ocurrir, alguno piense que la modernidad es infinita.

No pongo en duda que más de uno cree que, ya que su coche es tan seguro, puede reventarlo contra una pared sin miedo a romperse una uña. Tampoco me extraña que, entre una y dos copas de un after, alguno jure que realiza transposiciones genéticas de la trócola de su coche con un software pirata que ha instalado sobre el android de su teléfono. El problema está cuando hay alguien que se lo cree viene a quejarse de no ser capaz de hacerlo después de comprar un ratón inalámbrico y exigir que le digas donde está la tecla mágica que todo lo puede.

Una vez entró un cliente enfurecido con una torre en el servicio técnico. Enfadado como un mandril se fue al mostrador "este ordenador está mal" y lo puso sobre la mesa "porque cuando me bajo una película no es la que yo quiero, es porno".

¿Cuando empezó la era del desparpajo 2.0?. ¿Cuándo y cómo hicimos creer a alguien que con tener una pala y un rastrillo podían hacer el Empire State Building?. ¿En qué maldito momento se perdió el respeto por la experiencia y la lógica, por lo posible y lo imposible?. Bricomanía, algún cuñado mentiroso y esos anuncios en los que las personas sonríen mientras un ordenador hace todo por ti son los responsables de la decadencia de lo mágico y la insolencia de la irracionalidad.

Hace unos minutos alguien me dijo que su tablet (de 100€) estaba mal porque no podía instalar el Battelfield 3 pirata que había descargado su sobrino con un torrent. Ayer alguien se alteró porque su ipad no era capaz de adivinar las claves de las wifi a su alcance porque "si me he gastado 600€ debería de conectarse solo"- sentenciaba. La semana pasada me pedían cambiar un panel roto de un portátil por menos de 30€ "porque no estoy dispuesta a pagar más" y porque "no entiendo cómo se ha roto si se me ha caido un par de veces". Hace tiempo un cliente se enfadó porque había aparecido una foto de su cuñado entre los documentos recuperados de su disco duro "y no le aguanto" (era su excusa). Existe quien cree que escaneando las facturas aparecen solas en una tabla de excel y hasta hay alguno que mantiene que conectando el ordenador a internet te sale novia, voluptuosa y turgente, en menos de diez minutos.

A alguno se le pone cara de hacker cuando es capaz de desinstalar la babylon toolbar, cara de Fernando Alonso cuando derrapa un poco al salir del semáforo, cara de Nacho Vidal si le dura la erección diez minutos.

Estúpido caradura, cuando se lo cree. Más de uno está convencido que si hace cosas en "la nube" es que es un semidios y no un mortal con experiencia y carrera al otro lado del mostrador.

Pd: todas las anécdotas son verídicas y de este último mes.