Mal dia para buscar

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29 de agosto de 2014

El triclosán, el escándalo y mi canela.

Desde que Internet se convirtió en masivo, desde que cualquier magarrán tiene la misma difusión mediática que un tipo con criterio, pruebas y razonamiento científico u homínido, no hago más que asustarme escandalizado. El colgate tiene triclosán. Es un escándalo.

Rexona maltrata animales, los aviones nos fumigan, la agencia de datos americana tiene una copia de las fotos que mandas por whatsapp a tus amantes, hay un tipo que maltrató a un perro, una niña abandonada en Móstoles, un político que se mea en las subvenciones por desempleo de doce parados...y a mi, a mi me huele el pito a canela.
Lo importante es escandalizarse, tirarse un cubo de agua por encima de la cabeza, hacer un "me gusta" en la próxima exclamación, compartir un vídeo con un imbécil haciendo una gracia o sacar conclusiones antes de leer el contenido porque el contenido es lo menos importante. Un 0,0000001% de heces de caballo en la comida de ikea se convierte en "Ikea vede mierda de caballo". Y no deja de ser cierto pero tampoco es verdad del todo, porque no todo es mierda aunque haya una parte de cierto, incluso dentro de los muebles.

Claro que, después, se sigue comprando en Ikea, no se dona nada a quienes financian estudios para enfermedades, sigues haciendo el tonto con las fotos que mandas y, por supuesto, te lavas los dientes con mucha pastita y agua corriente.

Y me sigue oliendo a canela. Vamos, un escándalo. Estoy por publicarlo en facebook con muchas exclamaciones y con un "si estás de acuerdo COMPÁRTELO!"

27 de agosto de 2014

Los bultos de la sociedad

¿Acaso se puede encontrar conciencia social en el bar del club de golf de la Moraleja, izquierdismo en Libertad Digital, amor verdadero en Badoo, filosofía en una sesión de un Dj de pacotilla o salubridad en el baño de un piso alquilado por estudiantes británicos en Salou el día antes de abandonarlo?. Estadísticamente no pero hay una posibilidad.

Hay, desafortunadamente, una posibilidad para casi todo. Esa ínfima parte de verdad es la que hace todo jodidamente complejo. Conocí, un día, a un pobre de derechas. Tengo el teléfono de una izquierdosa que se compra la ropa en Loewe. Ambos son dos personas de esas con las que da gusto hablar y, en realidad, no son un par de vendidos a la autocensura del corporativismo.

Porque ese es uno de los problemas de la falta de criterio personal: si no conozco la manera apropiada de comportarme me comportaré como se supone que se hace en el lugar en el que estoy. Yo no soy así pero tampoco quiero parecer un extraño. La dependencia del grupo me hará ser un arquetipo del mismo. Así que si juego al golf me compraré un polo de Lacoste, si voy a una tertulia de 13tv insultaré a los catalanes y a los vascos. Si, desesperado, perdido o aburrido, hago un contacto en una red destinada al sexo fácil y sin compromiso, me quitaré la ropa. En un concierto absurdo y ruidoso, en un sinsentido regettonero, no citaré a Kierkegaard

La autocensura es la más maléfica de las censuras y, sin embargo, la más dificil de erradicar.

-"He salido mucho este verano"- me dijo enseñando las pulseras que atestiguan fiestas variadas como si fueran sellos de discotecas que aún no se han borrado -"Me lo he pasado fenomenal". Y yo asentí para apoyar esa falacia, que es del mismo tipo que la que afirma que follando mucho se es más guapo. Sólo se es más guapo cuando se folla bien y con la plenitud de ser con quien se quiere, pero eso es otro post.

Conozco a un tertuliano del nacionalismo. Está feliz de residir en platós. Se cree en posesión de la verdad de la misma forma que los fans de la Pelopony hablan de ella como una artista cuando , en realidad, lo que vende es el personaje que tapa cualquier producto artístico o intelectual subsiguiente. Los detractores de Marhuenda le adoran como los fans de Star Wars al emperador. No se entienden si él. No se entiende el grupo sin el arquetipo. Los imitadores de Elvis no adoran la música, adoran a Elvis. El señor que está al fondo de la sala, ese que está en silencio, el mismo que se preocupó de sentarse a leer un libro que nunca hubiera buscado o a ver una película por la que jamás hubiera apostado, dejando a un lado los prejuicios, ese mismo, está más cerca de la verdad que las gruppies de la primera fila por mucho que parezca disfrutarlo menos. Porque lo disfruta menos. Ese es un problema.

La adolescencia, esa edad que va desde los 15 hasta que se decide dejar de ser un gilipollas (que puede ser 30, 40 o 60), presupone el YOLO y presupone que una buena fiesta acaba en polvo y en alcohol. "El mes que viene tengo una boda. A ver a quien me follo"- me dijo una delgada mujer algo desequilibrada y orgullosa de si misma como si fuera una obligación cuando yo, que debo de ser un tonto muy aburrido, nunca he ligado en una boda. Supongo que es rendirse a la situación sin pensar en las repercusiones de la misma forma que beber las tres últimas copas sin pensar en la resaca.

Es mucho más difícil disfrutar desde la serenidad que desde el griterío, mucho más complicada la ternura que el sexo, mucho más complicado razonar que criticar. Es mucho más sencillo culpar a la otra parte que rendirse, vociferar que llegar a acuerdos, mantener la calma que jugar al ping pong de los improperios.

Es mucho más comercial y mucho más popular ser P.Iglesias, Kiko Matamoros, Kim Kardashian, Paula Echevarria, un amago de itgirl o el mismísimo Ramoncin que ser una de esas personas que son capaces de mantener una postura social, intelectual o personal, por encima de la rendición al arquetipo. Y unos días van en bici y otros días huelen bien.

Esos somos, y me incluyo, los bultos de la sociedad. Al ser inclasificables no estamos en ningún sitio.
Somos sombras.

En esta necesidad imposible de clasificar todas y cada una de las mentes, de las ideologías, de las actividades, razas, músicas o tribus, volvemos locos a los demás. Pero sólamente a los que, necesitados de simplificar el mundo, han compartimentado el universo. Conmigo o contra mi, aunque sea por la marca de la ropa o por el medio en el que escribes.

Y nunca iremos a gran hermano. Tengo un sueldo de mierda y una cartera nueva de Loewe.

26 de agosto de 2014

Deseo nº 43

Los deseos son una arma de doble filo:
Hemos jurado querer amar, follar, saltar más alto, ser ganadores en el agravio comparativo de la competencia social. Hemos deseado, casi como si fuera un anhelo incomprensible, a la chica de la puerta de al lado. También hemos querido volver atrás para solucionar conflictos y errores, para no cometer las estupideces que nos marcaron como lo que somos. Hemos soñado con teletransportarnos y una vez, tumbados en la cama en medio de una intoxicación etílica de amor, hemos preguntado "¿donde querrías estar dentro de dos años?" para ver si acaso quería seguir estando a nuestro lado.

Pero dos (o tres, o 7, o 5 o 12) años después, sencillamente, no estaba. Aunque la naturaleza humana quiere lo mismo, cada uno lo busca en los lugares que considera oportunos. Y yo no era ese lugar. Y ella no era mi lugar. Y no pasa nada, solo un extraño vacío que cada uno tapa como quiere. Después, en un café, si es que se tercia (aunque todo esto, para aclararlo, es una metáfora rellena de literatura), cada uno defiende su postura. "Me va muy bien en el trabajo, creo que me van a ascender". "Hace quince días estuve conociendo los fiordos noruegos y son maravillosos". "He conducido un porsche". "Sali toda la noche hasta que no podía mas y desayuné donuts rellenos de chocolate". Pero nadie habla de los sueños y de los deseos que se tenían antes. Nadie habla de los fracasos o de los errores, porque no son lo mismo. En ese caso, casi como la manera de ganar en una discusión no declarada, se puede preguntar "¿Eres feliz?".

Porque nadie es realmente feliz. Es una utopía forjada a base de la determinación de deseos equivocados. Si dice que sí, miente. Si dice que no, también. Si afirma sentir orgullo de ir y venir, en sinusoides, por un camino sin dirección enrrollado en la bandera del carpe diem, está todo perdido. En realidad los deseos que tenemos pueden ser inalcanzables, pasados, correcciones, arrepentimientos, estupideces o simplemente anhelos. Quizá hay que recordar los deseos que tuvimos y ver el motivo por que el que fueron o por el que no fueron.

Así que yo tuve 42 deseos.
Y ahora viene el 43.

Nunca tuve mucho cuidado en desearlos porque no supuse que se pudieran convertir en verdad. Algunos se cumplieron, otros se rompieron, alguno los destrocé y otros se marcharon. Aprendí, hace no mucho, a desear lo que pudiera conseguir independientemente que el niño que llevo dentro siga soñando con imposibles. Alguno de vosotros sabe cual es ese deseo. Es el número 43. Es una dirección, no cuantificable. Es querer llegar a sentir la felicidad de jugar con juguetes mucho más que desear juguetes, porque los juguetes son el medio y no el objetivo.

Porque quiero pensar que , en este mundo lleno de gente estancada, cometemos el error de desear incorrectamente y, alguna vez, habrá que empezar a desear con cabeza.

Feliz cumpleaños. Para mi.

Pd1: 42
Pd2: 41
Pd3: 40
Pd4: 39


5 de agosto de 2014

La pulsera magnética con forma de app.

Se define Software como "el conjunto de los componentes lógicos necesarios que hacen posible la realización de tareas específicas, en contraposición a los componentes físicos".

Software es el funcionamiento del cajero, es esa indicación que dice que hay personas que quizás conozcas. Software es cada tontería que aparece en tu teléfono, el Call of Duty, la voz que te atiende cuando deseas quejarte a una persona en un servicio de atención al cliente y una instrucción que pone un semáforo en rojo delante del que te detienes.

La prueba de Church-Turing estableció, allá por los años 30, una especie de tesis con la que discernir si se estaba, en más de un caso, delante de una máquina o de un humano. Se supone que un humano, al contrario de una máquina, es capaz de razonar, usar un lenguaje natural, tener conocimientos y aprender. Las teorías de la inteligencia artificial admiten que el comportamiento humano se puede simular y que, incluso, se puede engañar para hacer creer que lo que hay delante es una persona pero que, en definitiva, aún existe un universo entre ambas partes. Por otro lado existe quien afirma que las máquinas llevarán su propia evolución de la misma forma que las palomas son inspiración para la aeronaútica pero los aviones no se parecen a ellas. Son teorías.

También es cierto que al ser humano le caracteriza, igualmente, su estupidez.

Dentro de la estupidez humana está la necesidad de obtener respuestas válidas, muchas incontrastables, como si fueran respuestas de fe. El oráculo, mimetizado en el teléfono, vive en nuestro bolsillo.

Conozco a quien se duerme con una app de una luz azul que se proyecta durante unos minutos hasta alcanzar el sueño. Conozco a quien pagó por que su teléfono simulara el sonido del mar para alcanzar más rápidamente la fase rem. Por supuesto muchas mujeres controlan sus hormonas con alarmas que aparecen junto a las notificaciones de cumpleaños. El gran negocio son, para desesperación de los bares de abandonados, las aplicaciones para ligar. Da lo mismo que sea para un polvo rápido y mugriento al estilo Badoo o Grindr que una búqueda para solteros exigentes, porque de todo hay en todos lados. Se supone que el software es capaz de decidir por nosotros lo que nos satisface y lo que nos viene bien y es eso, precisamente eso, lo que nos cura de aceptar que nos equivocamos en aquella decisión. No se eligen a las personas equivocadas, es un bug. Así la culpa es del informático y no de no saber reconocer nuestros deseos reales.

De la misma forma que un tipo ha conseguido 55.000 dólares para hacerse una ensalada con financiación de los internautas existen miles de aplicaciones que buscan convertirse en un éxito económico. Algunas entran en la lista de las más tontas. "Yo", el ejemplo de la app que no sirve para nada, ha recaudado el millon de $. Cada vez más veces veo, alrededor de una mesa y en uno de esos momentos de silencio incómodo que hay que romper, a quien saca su teléfono y enseña la última tontería que descargó porque mostrar las fotos casi es vintage.

También están despegando las aplicaciones pseudocientíficas. La que te cuenta que se emiten ultrasonidos para evitar a los insectos. La que jura que con una cámara de 5mpx se puede medir con exactitud el nivel de radiación solar. Tambien existe otra que asegura que con un escaner del dedo acierta el momento de tu muerte o que te dice donde está la policía o que te hace una radiografía. Hay varias aplicaciones que dicen detectar el cáncer de piel. Y millones de descargas, millones de moscas no pueden estar equivocadas. "Oye, que tiene una puntuación de 7 en la store".

Mi sobrina me dijo, antes de madurar (un poco) que se fiaba más de las respuestas de Yahoo que de los consejos de su madre porque su madre era una sola persona y en internet hay millones.

Las almohadas cervicales y las pulseras magnéticas han dejado de ser hardware para convertirse en software.

Pero siguen siendo lo mismo, alimentando lo mismo en el cerebro y en la búsqueda de respuestas. "Lo aconseja un tipo con bata que sale en la teletienda" es ahora "tiene cuatro estrellas en Google Play".

La chorrimanguera 2.0 está en las recomendaciones del mes.

4 de agosto de 2014

1, 50, 1200 y 3000

Soy un español medio. A partir de 300€ empiezo a perder la cuenta y cuando me hablan del precio de un piso o de un coche tiendo a pasar la cantidad mentalmente a pesetas.

Cuando me hablan del fraude de Urdangarin y acaban la cantidad en "1,2 millones de euros" me hago una imagen mental de una habitación de hotel, de esos de cuatro estrellas pero algo lúgubres, quizá como en Amor a Quemarropa y después de la declaración de amor de Patricia Arquette. Tiene el resol del atardecer y la cama llena de billetes. Dejo caer mi cuerpo como un ángel para ver, en cámara lenta, los billetes aleteando por el cielo. Si fuera Nicolas Cage, Elisabeth Shue me esperaría con ese bañador negro, una botella y una sonrisa pecaminosa. Supongo que después el room service recibiría una llamada para que cenáramos en la bañera, con las copas de vino manchadas por la espuma.

Los pobres tenemos sueños con detalles.

Después oí hablar de los 50 millones de Bárcenas y me asusté. 50. Son muchos. Son demasiados Maseratti. Varias residencias de verano. Obras de arte para disfrutarlas en salón con un whisky en la mano. Unos cuantos yates. Siempre he afirmado que por mucho dinero que tuviera jamás me compraría un yate porque, en realidad, no me convence. Una isla sí pero un yate como un efecto oligofrénico de mi necesidad de aparentar es algo que me parece fuera de lugar, como los bolsos con marca bien grande.

Más tarde llegaron los 1200 millones de lo de la junta de Andalucia. Claro que llegaron también con noticias de putas y de coca porque, supongo, a partir de 100 empieza lo que se considera vicio y si el cuerpo se maltrata, se compra uno nuevo como dicen que Bowie, Jagger y Dylan hicieron al finalizar la década de los 80.

Tiene que existir un punto a partir del cual el dinero tapa las heridas de la desigualdad social.

Y ahora los 3000 millones del tipo este que se parecía al lider de la resistencia de Desafio Total (Kuato) . Es más (se puede poner la primera con mayúscula para un doble sentido) que lo que genera Andorra en un año, diez veces más que todos los que hablaban español en los años 70, medio euro por cada habitante del planeta. Aún así, si fuera verdad, leo que sería la séptima fortuna de España.

Me da un miedo atroz esperar al próximo expolio porque he perdido la cuenta y, supongo, se han perdido unos cuantos hospitales, alguna que otra ayuda a alguien que lo necesite realmente y más vergüenza de la que puede acumular un español medio, uno de esos que hoy hemos tenido que ir a trabajar. Mañana, también. En mi moto de segunda mano, esa que me compré, creyéndome rico, por 2500€. Fue la última vez que tuve tanto dinero en la mano.

No me arrepiento de ser (creo) honesto, en absoluto. Simplemente soy incapaz de imaginarme algunas cantidades y el trastorno de acumulación compulsiva que se da cuando las necesidades básicas, los deportivos, las obras de arte e incluso los yates y las transfusiones de sangre, están pagadas.

3000+1200+50+1=4251 (...millones de euros)

Debería de existir un límite de riqueza. Incluso si fuera obtenida de una manera legal, que las habrá.

1 de agosto de 2014

Agosto, el exoesqueleto.

Exoesqueleto era la zapatilla de mi madre castigándonos cuando nos portábamos mal. Exoesqueleto es un guante, unas gafas graduadas o un relleno de sujetador.

Exoesqueleto es un monovolumen lleno de veraneantes, cargado con sus misiles en forma de maletas, dispuesto a explotar sobre la casa de verano de los abuelos que tiene un jardin en medio de la nada. Y es mejor que una quincena en un resort de Punta Cana, pero menos cool.

Exoesqueleto es mi motocicleta conmigo encima, mi casco con bichos estrellados en la visera.

En definitiva, y aunque parezca modernísimo, exoesqueleto es cada cosa, cada componente que usamos para llegar más allá de nuestras posibilidades mundanas. Exoesqueleto es un mensaje de teléfono diciendo, la mayoría de las veces de una forma confusa, que te echo de menos porque es una forma de llegar donde nuestras limitaciones no llegan. También lo son los mensajes que no mandas.

Es un zapato con alzas, una camiseta que te hace más fuerte. Es un vestido ajustado o una faja, mentirosa como la teletienda, que prometes no quitarte en la intimidad. En la edad media era una armadura.

Es un verano vivido en medio de la incógnita de la vuelta de septiembre.

Exoesqueleto es agosto, porque es una de esas cosas que nos hace sentir que somos más de lo que somos.


pd: El exoesqueleto (del griego ἔξωéxō "exterior" y σκελετόςskeletos "esqueleto") es el esqueleto externo continuo que recubre, protege y soporta el cuerpo de unanimalhongo o protista. Un exoesqueleto o dermoesqueleto recubre toda la superficie de todos los animales del filo artrópodos (arácnidosinsectoscrustáceos,miriápodos y otros grupos relacionados), donde cumple una función protectora, de respiración y otra mecánica, proporcionando el sostén necesario para la eficacia del aparato muscular.

pd2: Probablemente exoesqueleto, también, debería ser esa persona que nos hace sentir invencibles.

29 de julio de 2014

Honestidad brutal.

Odié, durante dos años, a mi psicólogo. Sencillamente porque me cogía la cabeza y me la metía por el culo viendo mi mierda y olíendo mis miserias. Curiosamente aprendí. Descubrí una tendencia a adivinar algunos tufillos y la manera de hacer que salpicaran menos, aunque estuvieran ahí.

Me marché de terapia sin saber mirarme la espalda y casi como una redención nunca dejé de aprender y cometí el error de sentarme a hablar con las personas que creí querer o que quise, porque nunca he entendido realmente la diferencia. Como siempre, casi como un problema no solucionado, mi bocaza me perdió. Mejor dicho: me hizo perder.

Así que me odiaron por destapar miserias, por no ser un payaso divertido y guasón que dice a todo que sí y que se queda hasta la última copa para robar los besos de la última chica en la última casa bajo las últimas sábanas. Pedí perdón, dije "deberías de pensar en esto". Pedí directamente un abrazo. Personalicé mis sueños. Prometí lo que podía cumplir y dije que no a muchos imposibles.

Confundí el concepto de honestidad con la honestidad brutal de ese disco de Calamaro fruto de una desolación sentimental. (Leo: Honestidad brutal es cuando en la película "Closer", Julia Roberts le dice a Clive Owen “a qué sabe” el semen de Jude Law. O cuando, en la misma "Closer", Natalie Portman le dice también a Owen “mentir es la cosa más divertida que puede hacer una chica sin quitarse la ropa”. Honestidad brutal es un primer plano a la Portman, es un primerísimo primer plano a Uma Thurman.)



Pensé, en un momento de lucidez extrema, que ser un hipócrita era una condición necesaria para el éxito (social, sexual o popular). No supe. No valgo de la misma manera que he admitido hace mucho que soy un nadador nefasto. Y un bocazas honoris causa.

Ahora me odian a mi de la misma forma que yo odié a mi psicólogo. Al menos él lo hacía por dinero y yo había asumido que me iba a doler, que ese es el motivo por el que la mayoría de las personas dejan la terapia al empezar: porque duele. Duele como el amor, como las despedidas, como los sentimientos no devueltos o como la justicia universal que no existe.

La naturaleza humana es miserable y mentirosa. Dice cosas, hace las contrarias. Hablamos de justicia, de igualdad, de equilibrio y de bondad cuando nos llevan los vientos del egoismo, de la avaricia y de los pecados capitales. Odiamos a nuestros padres porque nos obligan a estudiar y les añoramos como perros abandonados cuando su voz no está marcando algún camino. "¿Realmente quieres fumar?"- me dijo mi padre en la terraza cuando encontró un cigarro entre mi aliento. "Si"- respondi como el adulto que no era. Entonces le odie por hacerme fumar ese puro que me dio y que me tuvo tosiendo dos días. En realidad hizo reales mis deseos, equivocados como los de un adolescente rebelde, en vez de intentar convencerme de mi error.

Así que la moraleja es que, quizá, no hay que ser ese tipo asqueroso que va por la vida dando lecciones.

¿Sabes ese tipo que va por ahí con la cabeza alta como si estuviera de vuelta de todo y que se atreve a decirte el tamaño de la hostia que te vas a dar? Ese era yo y, además, intenté aprender a estar para recogerte como compensación a todas las veces que no estuve.

Y ese es un error aunque parezca que es la posición más brutalmente honesta.

Es cuestión de naturaleza humana. Los idiotas viven mejor más.

Pd: A veces se olvida que se supone que después, se mejora. Claro que la constancia no es una virtud hoy en día y yo, que soy un tipo perseverante, también tengo un límite. En terminator 2 un cientifico herido se queda sujetando una bomba que les hará explotar a todos por los aires. Les mira. Dice "corred, no sé cuanto tiempo podré aguantar"

26 de julio de 2014

La recesión musical

Hubo una época en la que a cada fiesta que acudía sonaba, en uno u otro momento, el "Should I Stay or Should I go" de los Clash. Sonaba, viejuno para entonces, "My Sharonna". Podía sonar "Beds are Burning" o, como una concesión, "Simply Irresistible", "Video Killed the Radio Star", "Back in Black", que era una amenaza para dejarse llevar y acompañar la cerveza con otro cigarro. Un poco de INXS con, por ejemplo, "Need you tonight". "Smells like teen spirit", "Come on Eileen", que fue siempre un poco floja. Casi cualquiera de Madness. Podía sonar Rosendo y, por aquí, Sarri Sarri.

Más adelante podía sonar, cuando hablamos de veranos y noches, de vasos en la mano y de multitudes populares, la grandiosa Can´t Stop, la facilona de Outkast, Last Nite de los Strokes, The Hives rompiendo un par de cosas, The Raconteurs, La de siempre de White Stripes, que ya es un himno futbolistico.

Joder. Podía sonar U2, Madonna, Moby, Big Soul, Soundgarden, Oasis, Smashing Pumpkins,  Blur y su Song2, que nunca defrauda. System of a Down, si te vuelves loco. Rage Against the Machine, que siempre enciende. Pearl Jam, Radiohead excepto si se han vuelto místicos. Tirar un poco de las selecciones de Tarantino.

De todo y de casi todo con un poco de variedad y hasta, en más de un caso, letras. Reconozco que soy un nazi musical anclado en otro lugar. También es una cuestión de sonoridad.
Así que me encuentro en un campo abierto. Un altavoz a mi lado. Una chica disfruta bailando, uno tras otro, ritmos similares que procuro distinguir sin notar más diferencia que la pausa, para mi dramática, entre selección y selección. "¿No bailas?". En realidad estoy demasiado ocupado en aguantar los golpes de adolescentes borrachas que salen y entran, con vestidos llenos de flores, sandalias con barro y excesos etílicos, seguidas por una amiga solidaria o un muchacho a la espera de su momento. "No, no lo entiendo"- respondo. "¿El qué?"- pregunta pasándome un vaso grande de plástico. "¿Donde está el rock&roll?"-digo y sigo. "Estamos oyendo reggetton continuamente. Es machista, es culturalmente criticable, musicalmente infantil, artísticamente poco elaborado y parece que no hay más, que no se puede pasar de un sitio a otro, de un mensaje a otro y, para mi asombro, lo que se supone que es un grupo de mujeres educadas y modernas, lo idolatra como si os poseyera. No lo comprendo. No es una concesión puntual, como pudiera ser poner Grease en los años 90, es una línea que dura horas y horas."- bebo del vaso y se lo devuelvo. "Es una recesión en toda regla".

Así que bebe un poco y pasa el vaso a otro lugar. Sé que no me ha escuchado y que, si lo hubiera hecho, tampoco le importa. Está para divertirse y da lo mismo. Más fácil es siempre de mejor consumo, como los amantes ocasionales o las personas trampolín. "Estas viejo y ya se te ha olvidado divertirte"- dice como un punto final. Frente a ella un tipo mayor que yo baila con pasos de Ska todo lo que suena.

Y me marcho dejando atrás aquel sonido, recordando que los discos eran singles entre las historias que contaban y ahora son singles inconexos que se han dejado de preguntar por las historias, al menos entre las fiestas, entre el consumo y la exaltación, entre mirar un escote o buscar una sonrisa.

No hablo de la música que me gusta o la que solía gustarme. Simplemente llego a la conclusión de que ya no existe rock and roll, al menos de una forma masiva, para el disfrute global. Los grupos nuevos que descubro se pudren en bares o llenan conciertos de hipsters vanidosos mientras djs con pen drives y reggetton infame que habla de "Amol", de "muñequitas" y pone a las mujeres contra la pared van llenándolo todo.

Al fondo un tipo saca un soporte con una GoPro para grabar la fiesta.

"Cagando", se llama la única versión de E.Iglesias que me hizo gracia. Estoy seguro que nadie notaría la diferencia. Es más, hay veces que hay quien prefiere a quien le hace subir aunque no sea a ninguna parte, con ningún sentido, muchas copas, sexo fácil y whatsapp juguetones antes que el esfuerzo de hablar con otra persona para ir juntos a otro lugar, probablemente mejor.

Es cuestión, como siempre, de esfuerzos que se renuncian a hacer. Queremos dietas pero comemos chocolate, dejar de fumar pero dame una calada, hacer deporte pero lo haré mañana, encontrar amor pero hacerlo mientras se entretiene en otras sábanas siendo incapaz de asumir compromisos y, que es de lo que se trata en medio de la metáfora, disfrutar de la música pero consumir una mierda pinchada en un palo facilón hasta altas horas de la madrugada.

Quizá sea una recesión cultural y esto sea sólo la variable musical del término.

Por eso me parece música de mierda de la misma forma que hay televisión de mierda y literatura de mierda.  Todos son fáciles, todos están orientados a un espectro masivo, todos se parecen. Algunos los consumo, lo reconozco, para no escaparme de este mundo del todo o, al menos, aprender a diferenciarlo.

Decían los Rolling Stones que era sólo Rock&Roll, pero les gusta. Me hubiera valido con un "es una mierda, pero me gusta". El problema es cuando lo único que existe para algunos, que es lo mismo que les sucede a los fans de Ikea con los muebles, es eso.
Pd: probablemente lo que pasa unicamente es que me equivoqué de fiesta.

22 de julio de 2014

La vida pública

En "La Vida Inesperada" Javier Cámara se empeña en contarle a su madre lo maravillosamente bien que le van las cosas, lo estupendo y fantástico que es vivir el sueño de lograr lo que uno ha querido conseguir a lo largo de la vida y, en realidad, no es así. No lo es porque lo cierto es que casi nunca es así y, de una manera irracional e inconfesable, intenta mantener esa imagen paralela mientras sobrevive como buenamente puede y, lo que es peor, "comiéndose los marrones" en la soledad del mentiroso.

En realidad empiezo a estar convencido que hay una especie de agravio comparativo que exige a cada uno ser diferente a lo que es. Es más, exige ser una especie de clon de los demás.

Algunos estudios empiezan a demostrar que nos dedicamos a imitar, más tarde o más temprano, el comportamiento de nuestros "amigos" en las redes sociales. Casi de la misma manera que miles de adolescentes convencidas de ser entes personales, incomprendidos por sus padres, independientes, particulares y con gustos personales e intransferibles se compran minishorts vaqueros para ser calcomanías entre si, una gran mayoría de personas se empeña en irradiar una imagen cada vez más similar hacia el mundo exterior. Fotos de verano. Fotos de fiesta. Fotos de playas o de montes. Indignaciones con los que abusan de los animales o de la naturaleza. Chistes tontuelos. Los virales van convirtiendo a la mayoria en una misma cosa.

Dice un artículo sobre la felicidad y la infelicidad:

And then there’s social media. Today, each of us can build a personal little fan base, thanks to Facebook, YouTube, Twitter and the like. We can broadcast the details of our lives to friends and strangers in an astonishingly efficient way. That’s good for staying in touch with friends, but it also puts a minor form of fame-seeking within each person’s reach. And several studies show that it can make us unhappy.
It makes sense. What do you post to Facebook? Pictures of yourself yelling at your kids, or having a hard time at work? No, you post smiling photos of a hiking trip with friends. You build a fake life — or at least an incomplete one — and share it. Furthermore, you consume almost exclusively the fake lives of your social media “friends.” Unless you are extraordinarily self-aware, how could it not make you feel worse to spend part of your time pretending to be happier than you are, and the other part of your time seeing how much happier others seem to be than you?

En una determinada medida la exaltación de la vida pública tiene una serie de puntos negros. La infelicidad de no ser tan feliz como aparentan ser los demás, casi como si una parte de nosotros nos quisiera convencer que todo aquello es cierto, que nadie tiene malas tardes, que ninguno, en ningún momento, se siente solo, que a nadie le dejan, que no discuten, que tienen el césped más verde y carecen de granos.

Claro que tampoco consiste en ser un pozo de insatisfacción con patas.

El otro punto negro es creerse sus propias mentiras. "Soy feliz, mira mi perfil de facebook". "Soy ocurrente, revisa mi twitter". Ayer mismo tuve que defender que, aunque nuestra documentación insista en que somos adultos cada vez más una parte de la sociedad se niega a admitir lo que realmente es y el motivo por el que hace muchas cosas. Un alcohólico puede asegurar que bebe porque se siente solo, porque le gusta demasiado la bebida, porque necesita aislarse de la realidad. Hay miles de alcohólicos y de yonkis del postureo social que juran que lo hacen porque son así, porque son felices, porque su personalidad es así de arrolladora. En realidad es una manera de escapar porque nadie está eternamente de fiesta ni es completamente feliz. Debajo de la manta de la última actualización hay una suciedad que no se quiere ver, que se niega y que, por supuesto, desaparece de una imagen pública cada día más parecida a la que socialmente se establece como estándar. También nos imitamos en los restaurantes. En "En Club de los Poetas Muertos", aun siendo libres para caminar a su libre albedrío, terminan caminando a la vez.

Pasar cinco minutos al dia pensando a solas es un drama para muchas personas. Ser uno mismo, si acaso se puede llegar a intuir cómo es uno mismo en realidad (lo cual no es tan sencillo ni tan habitual)  es aterrador, difícil, complicado. Se corre el riesgo de no ser aceptado y eso, en este mundo necesitado de pertenecer a algún tipo de grupo, es un drama inaceptable para una mayoría.

Cuantas veces, en medio de una urbanización, las casas se despiertan casi a la misma hora y van al mismo supermercado. Cuantas veces conducen el mismo tipo de coche y tienen los hijos a la vez. Cuantas veces se ríen de las mismas cosas y escuchan a los mismos artistas, que no la misma música. Cuantas personas dicen que les gusta Melendi y no Estopa cuando, en realidad, hacen casi lo mismo. Cuantas personas han caido en mil modas y han hecho el mismo régimen o han ido al mismo sitio de vacaciones. El tsunami de "lo que debe de ser" empapa todo y arrastra, como si fuera una maldición, a quien no sigue las normas de ese instante. Todos sabemos que hay dos tipos de amigos: los que tienen whatsapp y los que no. Para algunos los que no tienen whatsapp desaparecen, los que no publican en facebook no existen. Yo no tengo twitter y eso no me hace menos ocurrente.

En esa carrera de fondo consciente o inconsciente por lograr una felicidad personal hay trampas, metas que no lo son, fakes sociales.

Yo no le cuento a mi madre, cuando estoy acatarrado, que lo estoy. Pienso que así no la preocupo. Ella sabe que estoy acatarrado pero tampoco insiste de la misma manera que, si me nota triste, hace como si no pasara nada. Mis clientes creen que tengo una salud de hierro porque nunca he faltado al trabajo. Quieren ser tan sanos como yo. En realidad no lo soy. En realidad hay días que me siento solo, que me encantaría que me desearan y me follaran y me buscaran y me contaran un chiste. Hay días en los que quiero ver una película acompañado y hay días que quiero dormir solo de la misma forma que me gusta, a veces, bajar a por un croissant y otras tomarme un café para salir a la carrera. He aprendido últimamente que soy todas esas personas y, lo cual es más dificil y mucho más importante, que cada uno de los que me rodean, por mucho que insistan en que no lo son, también lo son.

El miedo, el frío, la sonrisa, el deseo, la angustia, la soledad, la compañía... las tienes tú también aunque tus perfiles digan lo contrario, aunque quieras creer que no y aunque mientas a tu madre volcando la balanza hacia tus sueños, como Javier Camara.

No quiero decir que tú, tus amigos o yo mismo mintamos o seamos conscientes de esas mentiras, ni siquiera quiero decir que no puedan ser satisfactorias mentiras piadosas para maquillar la verdad que se compone de sabores y sinsabores, gatillazos y abrazos a partes iguales. La vida pública, si es que es tan chula como un anuncio o una telenovela, poco a poco está dejando de ser la vida.

La posibilidad de ser cualquier cosa nos está, por el motivo que sea, convirtiendo en clones.

16 de julio de 2014

Bustamante y las referencias culturales.

Casillas puso una foto de su niño en Instagram y salió un iluminado que le dijo que lo tirara al agua a ver si flotaba. Muchos medios se congratularon de ver como Papa Casillas le llamaba al otro "hijo de la gran puta", que no es lo mejor pero es comprensible.

El Busta, ese que está casado con una que quiere ser el referente de la moda y las tendencias españolas a la sazón que un buen pelo pantene (vamos, lo que se llama ahora itgirl),se ha hecho un Casillas cuando alguien le ha dejado caer por ahí que hay una ley de proteccion del menor que recomienda que no pongas fotos de tus hijos en internet, no sea que haya por ahí un taiwanés (es un suponer) pelín pedófilo que se la pele mirando a los ojos de la niña, por ejemplo. "Hay que ser muy hija de la gran puta para poner ese comentario en una foto en la que sale mi hija", dijo Busta, el amante padre y esposo. Que digo yo que quizá eso de recordar que internet lo ve cualquiera no se merece este tipo de respuesta y que si te pones en internet es bastante lógico que no te digan siempre lo quieres oir.

Vamos, que me da lo mismo y que me da igual, pero me replanteo las fuentes culturales y de opinion que tiene el habitante medio. ¿por qué?. Porque Rihanna la ha liado en Twitter al pedir una Palestina libre. Claro , que lo de Palestina ya lo sabíamos los que leemos la prensa pero parece ser que más de uno de los (ojo) 36 millones de seguidores) no lo sabían y están más indignados que el peluquero de Pablo Iglesias. Resulta curioso esto de no leer prensa, no ver la información y creer que se tiene una concepción real del mundo porque lo dice Rihanna. Y quien dice Rihanna dice tambien esos que se indignan mucho porque lo ponen en su muro de facebook.

¿Qué mierda de referentes sociales quedan? ¿Shakira? ¿Los youtuber gritones que dicen tontadas? Las diez personas más seguidas en internet son, agárrense los machos, Kate perry, Justin Bieber, Barack Obama, lady gaga, Taylor Swift, Britney Spears, Rihanna, Justin Timberlake, Jennifer Lopez y Ellen DeGeneres (y su selfie). De ese Top Ten se ha caido, de culo por supuesto, Kim Kardashian (que todavía no se a qué se dedica).

Recuerdo oir la radio al desayunar, ver a mi padre con el periódico bajo el brazo y con las esquinas gastadas de leerlo. Ahora, antes de despertar, se alarga la mano y se mira el muro de facebook y las últimas cosas que pone ese mini universo que supone twitter donde, por supuesto, también hay información inteligente y veraz pero... pero parece que la mayoría ha desistido de buscarla. Los americanos y muchos españoles han demostrado saber más de la historia de Springfield y los Simpsons que de geografia y geopolítica. En el caso americano por desidia y en el español por repetición, al estilo príncipe de Bel Air o Verano Azul.

Nunca hubo más acceso a la información, nuca hubo más capacidad de contrastar datos, de poder estar al dia de las opiniones y razonamientos de premios nobel y de intelectuales de interés. En esta época que algunos llaman la "Edad Nespresso" en la que todo ha de ser rápido, con una sensación intensa y de consumo inmediato se ha despeñado una mayoría por el acantilado de la banalidad, por una portada tras otra del Pronto. Todo ello segmentado y controlado por google para no sacarnos de la sedación porque ¿aún queda alguien que navega con la barra de direcciones?.

Ganan los gatos, los hamsters con flores en el pelo y resulta que Beyonce o Justin Biener tienen suficiente influencia en la masa democrática como para establecer tendencias y derrocar paises con sus fans armados de twits. Porque a nadie le gusta ver cosas desagradables, a nadie le gusta que le lleven la contraria. Los tipos y las chicas que dicen a todo que si, que les parece estupendo, tienen mucho más éxito. Las páginas de humor facilón, las fotos de una famosa en pelotas. El culo de Beyoncé tiene más visitas que la columna diaria de un premio Pulitzer. Bustamante, pasandose por el forro la ley de protección de la infancia mientras su mujer se fotografía con un bikini pequeño y poniendo a disposición mundial esa imagen de familia más feliz que un chino atendiendo, quiere ser tu nueva referencia cultural. Ataca desde twitter, desde instagram y desde el canal Divinity, entre ese programa de novias americanas y unas mariposas.

Por Dios, por favor, hay que negarse a eso. 
El sendero al lado oscuro no tiene camino de vuelta.


15 de julio de 2014

Cero - Arboles cruzados.

Yo voy detrás, tú vas siempre delante. No me mires mal si te quiero adelantar. Ya te lo dije una vez. un dia querré estar de pie. Ya tengo húmedos los huesos y me voy a resfriar. Yo duermo mal. Tu duermes siempre en la cama. No te enfades conmigo si un dia en la cama quiero estar. Me sale pelo en el hombro, me duele mucho una muela. Ríete y verás como luego llorarás. No se dirige nadie a mi. A ti no te para de hablar la gente. Perdona si te interrumpo pero me quiero marchar. Creo que alguien preguntó por mi. Quiere invitarme a su casa a dormir. Así que hasta pronto, ya no te veré más, consigue su teléfono y me podrás llamar. Ahora voy a dormir muy bien, ahora voy a estar delante, ahora voy a cortarme el pelo y no tendré nadie detrás dibujando un cero. Ahora voy a dormir muy bien, ahora voy a estar delante, ahora voy a cortarme el pelo y no te tendré a tí detrás dibujando un CERO.



Esta canción, insulsa y profunda, es la que daba título al disco que fue su auge y caida, como Reginald Perrin, una serie de televisión brillante y anacrónica que nunca puede dejar de ser, en esencia, una obra de arte poco reconocida, como las obras de arte que nos gustan a los raros.

Grabado en 1992 decía que "entiendo que a veces la vida es tranquila, entiendo que, a veces, aniquila. Entonces respiro muy fuerte. Más que nunca me alegro de verte (...) y yo estoy aquí, esperando un milagro". Empezaba, según cuentan algunos, con un guiño a Sgt peppers (con ese sonido de una orquesta afinando en ya Volverán) y acababa con una canción que se llamaba Final, que es como se deben de acabar los discos redondos, los que se escuchan de principio a fin. Tú verás.

Repleto arreglos maravillosos, secciones de viento y todas esas frases que se clavan en medio de párrafos sin aparente sentido y de canciones que no calaron en su momento está ese CERO que es una manera irónica de definir lo que sería escapar de esa persona que continuamente dice a todo que no y regaña señalando con el dedo mirando de arriba hacia abajo como si fueras un perro mal educado mientras insiste en lo clarísima que tiene su misión en la vida. Y, sobresaliendo, ARBOLES CRUZADOS con ese "mi amigo tiene miedo de tu amiga. Tu amiga tiene miedo de mi amigo. ¿Por qué no se conocen ya? Tendremos dos amigos asustados".

Pd: el video no estaba en youtube.

Un disco que podría ser un desconocido y, tantos años después, volvió a mi después de oir Black Star. Todo por culpa del Shuffle y esta memoria tan extraña que aún se sabe las letras.

9 de julio de 2014

Los exitosos olvidadizos.

Se me olvidó.

Ser un soplagaitas, un gilipollas, un arquetípico trasnochado.

Pertenecer a un grupo, llevar a cabo los actos establecidos. Nunca preguntar por qué.

Dejar a un lado la verdad como un publicista de éxito, eliminar de la ecuación las variables irresolubles como un político en campaña. Se me olvidó dejar de ser consciente de todas las verdades y procuré poner el bien global por encima del bien personal como un autónomo arruinado con empleados que aún cobran.

Se me olvidó ponerme el primero de la fila aunque fuera a empujones porque pensé más en los empujones antes que en el puesto. No hice la falta al delantero porque tuve un momento de debilidad con su tibia debajo de los tacos de mi bota aunque él era mucho más rápido. Cedí el paracaídas como quien cede el asiento a una embarazada.

Y me preparo para ver cómo me señalan con el dedo sin un panegírico elegido, aunque fuera para un sacrificio, porque hay momentos en los que parece haber nacido en el momento equivocado, haber pensado más de cinco minutos al día para enfrentarse a los demonios o haber sido un deportista de élite acusando los excesos y doliéndose continuamente de sus músculos lesionados eternamente.

Se me olvidó.

Salir a la calle sin pensar en más. Reírme en una fiesta popular. Beber porque toca, follar porque sí, subirme encima de una mesa, hablar muy alto, tener conciencia errónea de pensar que mis caprichos son el centro del universo. Pagar los vicios sin pensar en pagar la comida o un alquiler. Trasnochar sin pensar antes en la resaca. Nunca dije "te quiero" sin pensarlo cien veces.

Usar argumentos de otros como si fueran una defecación de mi cerebro. Sufrir de la exaltación que te aportan los silogismos. Negar lo obvio y mirar a otro lado para no aceptar mis propias limitaciones.

Ser un imbécil que se ahoga en su argumentario negando a los demás.

Simplemente se me olvidó.

Y ese es el error. No hay éxito sin un porcentaje de olvido. No hay triunfo sin un componente de amputación de la verdad. No podrá ser feliz si no desaparezco de sus recuerdos, no querré a nadie si no olvido que la quise, no se puede ser religioso valorando a los dioses de los demás de la misma manera que no se puede defender una marca o una ideología sin insultar y degradar las elecciones libres de los otros.

Porque hay un momento en el que me pregunto el por qué empiezo a pensar y, entonces, se me olvida que se me olvidó.

Y vuelve la imposibilidad de seguir, como un bucle.

Es muy difícil imposible llegar a nada sin olvidar, sobre todo cuando este mundo de almacenes de información infinita está repleto de exitosos olvidadizos.

Pd: no hablo de saber que está ahí y simplemente ignorarlo, porque eso sería un acto de infinita valentía. Hablo de olvidar, de negar, de ni siquiera saber que existe. Sencillamente de castrar la realidad por la realidad que nos interese o que le interese al personaje de turno.