Mal dia para buscar

24 de marzo de 2017

Lo que los demás crees que es, es.

No es lo mismo que te lo diga yo a que te lo diga un aliento nuevo después de la tercera cerveza. En mi caso sabes donde están las heridas cicatrizando y hay veces que te gusta creer que no hay heridas ni taras, que el hallazgo del nuevo mundo es el destino y, sin embargo, suena mi voz desde lejos por las mañanas, a veces, si es que no hace el suficiente sol.

No es lo mismo un disco de Leiva o de Sabina y se empeñan en cantar a dúo cuando uno sonó a verdad hasta el mentiras Piadosas y el otro siempre me suena a farsante.

Estamos llenos de prejuicios no por el contenido, sino por el continente de los alientos.

Da igual que el mismísimo demonio, en un acto de contricción infinita, venga a salvarnos la vida. Saldremos corriendo en dirección contraria a abrazarnos a uno vestido de ángel. No se escucha a los malvados ni tienen sentimientos los enemigos.

Sólo les hacen faltas a nuestros delanteros. Sólo tienen razón los políticos que os caen en gracia y de ahí la diferencia entre prevaricar o desfalcar, ser un cabrón o un gilipollas. Un bocazas o un imbécil. Un inútil o un desalmado. No debe de acertar, ni por error, el investigador que quiere acabar con el cáncer si es que acaso es de la otra universidad. Da igual el cáncer. Perder ni a las chapas, que decía un perdedor.

Estoy hablando de la manera más partidista que tenemos en el mundo moderno de ponernos las zancadillas.

Mi madre dice que uno es tanto lo que es como lo que los demás creen que es. Mi madre es sabia. No lo dice desde un estudio antropomórfico del mundo ni desde un análisis, sesudo y estadístico, sobre el comportamiento humano. Lo dice con la atalaya de sus 86, que es mucha más titulación que unos cuantos máster rellenando curriculums. Cuando los demás se empeñan en que eres alto, lo eres. Cuando los demás se empeñan en que eres tonto, lo eres. Cuando los demás, poseídos por la marea desconcertante de la "arquetipización", consideran que eres un crápula, podrás demostrar que llevas años sin pisar un bar y jurarán que te vieron borracho a las tres con dos componentes del equipo checoslovaco de natación sincronizada en un burdel mixto.

Hay, cada vez más, mentiras en forma de meme que se convierten en verdad.

Dura más una mentira socialmente aceptada que la vida media de un smartphone.

No es lo mismo que te diga al oído lo que pasa, no es lo mismo la verdad susurrada por mi que la mentira por un predicador con seguidores en twitter y un halo de santidad pagado de repercusión social. Te volví loca dando la razón a unos y luego a otros porque sólamente quise fijarme en el contenido de las palabras y no en las voces que las pronunciaban. Acepto equivocarme el 44% de las ocasiones, 45 el dia 30. Te alerté de acantilados y nos hicimos fotos en el extremo de alguno sabiendo que si resbalabas me iría detrás. No te suena a verdad cuando te digo que tengo ganas de verte. Crees que es un juego porque , quizá, los demás me pusieron en el rol de jugador. En el rol de alto, que no lo soy, de tonto, que puede, o de crápula sin saber lo que cuesta una cerveza. O de reptiliano.

Cada vez que uno sale en la radio, en una red social o en una declaración jurada poniendo en duda un argumento porque lo ha dicho "el otro", le retiro el voto.

Pero es más rápido que argumentar en contra y mucho más, por supuesto, que aceptar que quizá si, quizá el cáncer lo curó el otro. Muchos prefieren la enfermedad a aceptar las derrotas y así sólo hay cadáveres en las calles. Me dan mucho asco los políticos que juegan a "yo soy el bueno y tú eres el malo". Me dan pena sus votantes.



A veces paso junto a mis cadáveres, que soy yo fallecido de mil flechas diferentes. Una por cada prejuicio.

Me han llamado de todo. Lo he sido todo en muchas mentes. Lo difícil es ver lo que soy, si es que lo fui. Californication es la historia de amor de un perdedor empeñado en no ser feliz.

16 de marzo de 2017

"Recompensorio"

Es una concepción absurda y estúpida de la parte comercial de las relaciones sociales. A veces no es algo económico porque, en realidad, el dinero es la forma de cuantificar algunas de las aportaciones o la parte fría que tienen las recompensas.

A veces es un abrazo. A veces unas croquetas. En algún momento excepcional es una mirada y otras veces son las yemas de los dedos en lugares insospechados. Pero todas, absolutamente todas las ocasiones es una recompensa.

Y la recompensa, como si fuera una bofetada para aquellos que hablan de eso de que hacer el bien es satisfactorio en si mismo, tiene siempre un componente externo y de esfuerzo ajeno. Lo siento. Uno es recompensado cuando alguien decide que la primera acción requiere una reacción contrapuesta que la devuelve y agradece. Ni siquiera debe de ser en la misma medida. Nuestros padres dejaron a un lado las diversiones que nosotros consideramos propias y nuestros hijos un derecho para que luego les devolviéramos los ratos a su lado que necesitan cuando se hacen mayores y niños a la vez, que es lo que se llama envejecer.

Una señora me trajo un bizcocho a la tienda cuando le puse unas jotas en su teléfono. Otro caballero se fue sin decir nada después que luchara por ponerle la banda sonora de "la muerte tenía un precio" como politono. Ninguno me compró el teléfono y en los dos casos me quedé, lerdo y lastrado, esperando una recompensa. Porque de eso se trata. He hecho tantos equipos personales brillantemente configurados a la medida que debería de tener lista de espera para los agradecimientos y no la veo. Si, el día de mi muerte prematura, oigo más de tres veces lo bueno que he sido me apareceré todas la noches en forma de fantasma de la hipocresía.

Hice el mal y me equivoqué todas y cada una de las veces que después pedí sinceramente perdón, porque estoy lleno de errores y contradicciones. Sin embargo estuve en cada momento que creí que me necesitaban y, como la canción poco valorada de la unión, me pregunté donde estaban en los malos tiempos.
Es cierto. Es jodidamente cierto que el desarrollo incierto y misterioso de la vida hace que quien no queremos se desvanezca y que hay quien permanece o incluso vuelve de los infiernos. También que existen momentos en los que se hace el silencio antes del nuevo ruido. Es más, aparecen ruidos que no nos gustan en intermitentes periodos de ametrallamientos de los valores que considerábamos invariables. Es un encanto y un misterio. Es un billete para el carrusel de las sensaciones que tenemos comprado de serie.

Yo pertenezco a la generación a la que convencieron que el esfuerzo tiene su recompensa. Me llevo esforzando demasiado tiempo como para pensar seriamente en plantarme y exigir mi puta recompensa. Suspensorio es un calzoncillo diseñado para proteger los genitales masculinos de una actividad vigorosa. Recompensorio debería ser una recompensa diseñada para convencer a alguien que merecía la pena el sacrificio vigoroso. O la espera. O las horas en silencio.

No me vale la satisfacción de lo hecho. No me vale. -El problema lo tiene usted- me dice mi psiquiatra. -Lo sé- le respondo- pero lo necesito. Y ya no me vale un bizcocho porque me he ganado la fábrica entera.-

-Así no mejoramos
-Lo sé.

Vivo en un oximorón cuando se trata de sentir las palmadas en la espalda.

13 de marzo de 2017

Ser moderno es no tener cuello

Uno de los problemas principales que tiene la modernidad contemporánea es el desprecio por el pasado.

Voy a poner un ejemplo: el messenger. No el del facebook, que se llama igual pero no es lo mismo. No salen esos dos muñequitos. Alguno será capaz de recordarlo. Aparecían nuestros contactos con sus estados y nos decía si estaban online o no. Mandábamos mensajes. Tenía dibujitos que ahora se llaman emoticonos. Hablabas y te respondían y si tenías la suerte de tener una tarjeta de sonido full dúplex hasta podías interrumpirte. Tenía videollamada. Vamos, que era lo que quiere ser el whatsapp, pero el whatsapp es la puta modernidad.

Si, es verdad. Desapareció fagocitado por el skype (que sigue siendo una maravilla que incluso hace traducción en tiempo real para el que no lo sepa). Se lo llevó por delante esa revolución móvil que no vieron aquellos como yo para los que la revolución no eran mejores máquinas sino poderlas llevar con las llaves de casa para rallar la pantalla. Pero, joder, en 1999 ya teníamos lo que ahora nos quieren decir que es lo nuevo.

Si nos fijamos en los anuncios y en las grandes o pequeñas startups lo que nos venden como nuevo no lo es. Alquiler de casas ya hacía mi abuela. Compartir coche lo hacían con las diligencias. Ha cambiado la forma de venderlo pero el producto, tal cual, ya estaba ahí. Vender el candelabro de la tatarabuela de segunda mano se hacía en una cosa llamada rastro.

Hay pequeños detalles que parece que lo poseen todo: que si el coche aparca solo, que si cuando tu prima te manda un mensaje se oye por los altavoces o que te dice el camino más rápido para llegar a casa. Pero la realidad es que se aparca y te lleva a casa. Eso lo hacía mi tía con un Seat 124 1430 (léase catorcetreinta) en 1975. También mi abuelo taxista con un Hispano Suiza antes de la guerra civil. Nos venden quitadores de colesterol embotellados pero tu madre aparecía con un zumo de naranja diciendo que lo tomaras antes de que se fueran las vitaminas (esa es una de las grandes mentiras del ejército de las madres para que nos levantásemos). El bífidus es la madre del ciudadano soltero que vive solo

Los creativos de Volkswagen hicieron un anuncio exclamando que su coche tenía Ziritione, que no era nada, para reirse de la modernidad.

Las fichas perforadas, las cintas de cassette, el dvd, los discos duros y los discos ssd m2 tienen la misma base, pero han mejorado en eficiencia siendo 0 y 1 cuando los miras muy muy de cerca. Pero el queso es queso, los hoteles hoteles y ligar viene a ser más o menos lo mismo aunque ahora, como somos más, es un mercado de carne que pasa por nuestras pantallas eliminando el componente del cortejo a lo mínimo.

Algunos creen que los electrones que les llegan a su casa son verdes, mucho más verdes que el insolidario de su vecino, porque contrataron una tarifa green. Creen que hay un duende con cara de ecologista que discrimina si la intensidad está generada por combustibles fósiles o por molinillos de viento. Y lo creen porque se lo vendieron así, usando su conciencia poco razonable para acceder a su cartera.

La colonia no es colonia, es un medio de seducción.
Los alimentos son una manera de comprar felicidad. Nadie se alimentaba o era feliz en el siglo XIX
La democracia una manera de alquilar superhéroes para cuatro años.

La modernidad se basa en vender más o menos lo mismo e intentar que no se mire atrás para poder repetir las ventas de hace 25 años. Han sacado un donut de la pantera rosa. No es vintage, es futuro.

Si miras atrás te rompes el cuello pero también descubres que la mayoría de lo que viene, estaba.

En un mundo ansioso de moderneces no ha cambiado lo que nos venden sino la forma de venderlo.

Los millenials flipan con el 3310. 


Pd: el título no significa que Fernando Alonso sea moderno. (humor)

11 de marzo de 2017

Los pies en el barro.

Del capítulo 32...

"No es difícil entender que las normas o las leyes son necesarias porque hay que marcar unos parámetros que no hay que sobrepasar, unos comportamientos que no hay que repetir. Unas salvajadas que no hay que cometer. No es necesario un límite de velocidad si no hay accidentes por conducir rápido. No hay policías si no hay delitos. No hay delitos si no hay delincuentes. En un mundo ideal en el que no se delinque sobra el resto de la ecuación. Sin embargo mantenemos, con más fortaleza que nunca, la defensa de las normas y el cumplimiento de las mismas.
(...)
Tal y como nos lo explicaron un estúpido no es capaz de ver las consecuencias de sus actos a largo plazo, priorizando el bien personal inmediato contra el mal, incluso propio, en un periodo de tiempo más lejano. Es incapaz de empatizar y se exime a sí mismo de responsabilidad. Es lo que llamábamos en el colegio “un tonto a las tres”. Pero es cierto que lo que han hecho durante tantos años tantos estúpidos deja sus consecuencias y, en definitiva, los barros en los que metemos los pies muchas de nuestras mañanas.

Tenemos horarios porque hubo que ponerlos para que no se los saltasen los vagos. Tenemos que pagar impuestos porque la contribución personal filantrópica era lo mismo que nada. Tenemos cerraduras en las puertas porque algunos tenían la costumbre de entrar en nuestras casas a llevarse los candelabros de la abuela. (...). Casi todos los estúpidos, por norma o por naturaleza, han desarrollado sus estupideces a lo largo de los años. Quizá a lo largo de demasiados años. Han generado expectativas y una forma de vida. (...) Tenemos los pies en sus barros y la vida llena de todos los intentos que hicimos para pararles. Normativas, impuestos, horarios, sanciones, policía, ejército, guardias urbanos con y sin silbato. Lo hemos considerado normal pero no lo es. El cambio lógico debería ser una progresiva y necesaria laxitud en las leyes hasta la hipotética sociedad perfecta en la que nuestro sentido común nos regule. Algo muy bonito. Algo que un hippy cargado de flores podría firmar sin dudarlo.


Existe una historia en el que una sociedad elimina todas sus armas, aparece un tipo con un palo con un clavo en la punta y les somete a todos.

En un mundo feliz un solo estúpido nos hará infelices a todos"




Extra del capítulo 32 también:

"Te voy a decir que es bastante más complejo que tengan relaciones dos personas, digámoslo, inteligentes. Los estúpidos, y más en lo que se refiere al control de los instintos básicos, nos ven más allá de sus genitales. Sin embargo el sexo es mucho menos habitual entre personas de una mayor capacidad razonadora porque valoran consecuencias. Es francamente curioso aceptar que a mayor atracción intelectual se produce una menor intensidad sexual. Consideran las derivas morales y personales de sus actos. Ya no solamente la procreación sino los lazos sentimentales que se generan tras el sexo. No son perros, por decirlo de una manera. (...)  Parece mentira que la gestión de los instintos más básicos: comer, dormir, follar… sea también un rasgo de identidad de la estupidez. Los estúpidos tienen mucha más tendencia a los desórdenes alimenticios, al desarreglo de sus biorritmos y, como supondrás, al sexo deportivo"



Pd: que sepáis que, salvo que los personajes se empeñen en cambiarlo, ya hay final.

27 de febrero de 2017

La historia de mi único disfraz

Aunque ella nunca lo tendrá en cuenta sabe que le guardo un cariño muy especial.


El caso es que era un sábado a media tarde. No recuerdo de dónde veníamos pero descubrimos una tienda de esas de chinos horrenda en la que los artículos se acumulan en las estanterías. Entramos. En la planta de arriba había una colección de disfraces. -Hagamos una cosa- dije con cara de travieso- Elígeme un disfraz pero no me digas cual es. Yo haré lo mismo contigo.- Creo que me acerqué a su oído. -Luego nos vamos a tu casa y tú te lo pones en el cuarto y yo en la cocina. Y nos encontramos en el salón. Y follamos en el sofá con nuestros disfraces-. Ella aceptó el reto. Yo me fui a la zona de chicas y estuve mirando. Vi el disfraz de cortesana y el de enfermera sexy. Vi el de Batwoman. Vi uno muy corto de blancanieves. Ella se reía en su lado, que era justo en el pasillo opuesto. y me decía que si quería ir de militar y yo insistía en que no me lo dijera. Oía sus carcajadas y también los "uy" de sorpresa. Notaba cómo sacaba las perchas y cómo dudaba. Por mi parte elegí un disfraz de chacha corto pensando que aquellos pechos se iban a salir y que el complemento de la cofia y del plumero podía darnos bastante juego. Lo escondí y me fui a la caja donde la esperé con mi ticket en un perfecto chino cantonés.

Ella llegó un poco más tarde con su elección. Yo no quise mirar. Dejamos los disfraces en el coche y nos fuimos a su casa después de comprar algo de vino y una tonterías para el hambre que llega después. Se lo di y se fue a su cuarto. Yo me empecé a desvestir en la cocina. Dejé la ropa en los taburetes del desayuno y abrí el paquete. Me sorprendí.

Un momento después le pregunté si estaba preparada. Me dijo que sí. Abrimos las puertas y nos encontramos en el salón. Ella brillaba como lo hacen los plásticos. Tal y como había supuesto sus pechos se juntaban turgentemente cada vez que movía el plumero con cuidado de que no se le cayera la cofia. Y yo estaba andando con dificultad por unas especie de zapatillas palmípedas muy difíciles de poner cuando en las manos tienes aletitas naranjas del disfraz de cuerpo entero de pingüino que habia elegido para mi. Un disfraz, he de decir, que estaba diseñado como un mono de obra y que debía de quitármelo completamente si es que me entraban ganas de ir al baño en medio de la celebración. Una cresta naranja también, a juego con una corbata, remataba el disfraz. -!Qué mono estás!- me dijo. -Creo que no has entendido el objeto de este juego- respondí mientras me negué a que me hiciera una foto.

Después vimos una película y nos reímos sin tener sexo.

Sólo tengo un disfraz, uno de pingüino y en el armario. Con muy poco uso. Cada carnaval me acuerdo de aquello y la recuerdo con un beso y riendo, que es como se recuerda con cariño aunque yo quería recordarla de pornochacha. No fue. Es una más de mis frustraciones.

26 de febrero de 2017

Los idiotas que están aquí para salvarte.

Hay una diferencia importante entre dos tipos básicos de gilipollas. Uno lo es y el otro está aquí para salvarte.

Los idiotas convencionales pudieran ser ese tipo sonriente y aseado que va al instituto de una comedia americana en su coche joven y deportivo para ser el capitán del equipo de baloncesto e invitar a la jefa de las animadoras al baile de fin de curso. Quizá, salvando los accidentes culturales que tienen los años ochenta y ahora, puede ser Sheldon Cooper. En todo caso son ese tipo de personajes que viven en su mundo sin pedir nada más que su entorno cercano se adecúe a lo que le interesa, sin mucho más y sin ninguna pretensión más. Britney no quiere que seas tan guapa como ella, es más, le gusta ser la más guapa o la más lerda o la más rara pero necesita que exista Betty, la fea, para remarcarse en sus decisiones y en su mundo. Pudieran ser los pijos o los de la fraternidad alfa beta gamma. Crean un mundo en el que son el centro y en el que, por lógica absurda, el resto del universo quiere ser como ellos, ser lo que representan, tener los dientes perfectos.

Los otros idiotas se levantan por la mañana con la firme revelación de haber encontrado El Dorado de la verdad. Siempre es algo magnífico: democracia, libertad, igualdad. Siempre luchan contra un "ismo": machismo, fascismo, capitalismo. Siempre tienen razón y siempre están ahí para salvarnos. Quien haya hablado con un vegano recalcitrante lo sabe. No esperan que los demás, en uso de su libertad, sean como ellos sino que lo exigen. Cualquiera que no sea como consideran es, sencillamente, el enemigo. Es muy sencillo serlo porque preguntar por el motivo de su guerra es, directamente, una declaración de la misma sin saberlo. Luchan contra todo y todo es una gran conspiración que nos lleva a nuestra propia destrucción pero ellos, casi como unos iluminados tocando la pandereta por la calle, nos avisan de la llegada del fin de los tiempos. Eso sí, escribiendo pancartas en comic sans con sus iphone sobre telas compradas en los chinos que abren los domingos para luchar contra el capitalismo y la explotación infantil. Pero eso son detalles que les hacen certificar que el sistema es corrupto.

Unos son una lacra porque están perdidos y los otros son peligrosos porque están convencidos.

Pd aclarativa: no es lo que se piensa sino la imposición de una nueva verdad (y más aún con las mil contradicciones. Voy a poner un ejemplo verídico: un gobierno recién llegado a cierta provincia cree que debe de mejorar las condiciones de vida de las vacas de dicha provincia. Entonces hablan con expertos en vacas y establecen que para que una vaca sea feliz ha de disfrutar de, digamos, dos metros cuadrados de hierba. Hacen una ley que obliga a que cada vaca tenga ese espacio y los ganaderos hacen sus cuentas y van al gobierno explicando que con esa ley necesitan el doble de espacio en la provincia porque no hay tierra para tanta vaca. O las matan o invaden la provincia de al lado. Y nadie quiere más a las vacas pero... en fin...).

Pd2: Para llegar a un lugar amable hay que dar pasos pequeños desde donde estamos y desde el lugar de partida que tenemos para aproximarnos a donde queremos llegar. A ser posible buscando opiniones inteligentes diferentes a las nuestras que nos ayuden a ir por el camino adecuado. Es más lento pero parece más correcto.

No discrepo de los grandes valores pero sí de la consecución de los mismos. 

25 de febrero de 2017

Todas nuestras derrotas

Siempre hay una solución / para vencer esa adicción que tenemos a ganar / y destronar la vanidad / de esa amarga tentación / de apatra de ciudad / y es mi revelación / mantra que soñe / todas mis derrotas son amantes que amé / Es todo lo que soy / vencido y vencedor / a la vez. // Y el aliento del león / es un perfume embriagador / que sodomiza nuestro amor / Y queremos el control / Esta es la celebración / de mentir al vencedor // y es mi revelación / mantra que soñe / todas mis derrotas son amantes que amé / Es todo lo que soy / vencido y vencedor / Es todo lo que soy / Vencido y vencedor / A la vez, a la vez. A la vez. A la vez / Vencido y vencedor a la vez.


Santos. Del disco "El sueño del mamut", donde también está esto: EN CALMA.

(Otro ejemplo más de cómo hay música pero por alguna razón se castra la calidad en el mainstream)

14 de febrero de 2017

El amor y las telenovelas.

Hay dos sedes del museo de las relaciones rotas. Una en Los Angeles y otra en Zagreb. No dejan de ser reclamos de telenovelas, de excesos y extremos, de historias de amor de aquellas que rascan la pared dejando marcas. Si no hay restos de los naufragios parece que no hay amor. Si no existe ese viaje a la luna o al infierno hay quien puede llegar a pensar que no hay nada.

Caminando por la montaña rusa de los excesos se nos olvida la calma del camino llano.

Durante años quise pensar que el amor era uno de esos momentos en los que se da una alineación de planetas. Uno de esos momentos en los que las miradas se entremezclan, en los que hay un antes y un después, en los que los cuerpos no quieren separarse. Yo dije, una vez "espero que te guste el café que hago por las mañana" y tuve la suerte, más tarde, que le gustaba. "Llueve mucho ahí fuera, quédate". También me dijeron alguna que otra cosa más sutil: "¿subes?" y menos: "ven". También fui obsceno y lo fueron conmigo. Y también me engañaron y me engañé, me sentí estafado y digno. Tardé en responder un mensaje o me quedé mirando si leían el mío. Tuve celos de todos los colores y grité. Me gritaron. Me dejaron por otro que luego no era tan bueno. Dejé por ser incapaz de comprometerme y cuando me quise comprometer era tarde o era pronto. Soy un tipo que no acierta con los momentos en la mayoría de los casos, un visionario con la visión poseída por el astigmatismo, que es cuando se ve bien de lejos pero de cerca todo aparece nublado.

Nos dijimos frases feas y nos arrepentimos en silencio. Volví con las orejas gachas, que es como debería de tener las orejas Batman porque es un superhéroe atormentado. Rogué que se fuera para no sentirme culpable o que quisiera volver para dejarla yo, casi como un golpe de dignidad absurda que se da encima de la mesa.

Siempre, casi siempre, creí que el amor era una sucesión de emociones infinitas. Una telenovela dramática y enamoradiza que va de aquí para allá sin detenerse nunca. Creí, creímos quizá, que sin esos volcanes de emoción algo estábamos haciendo mal. Que quererse era ascender hasta la estratosfera para caer en picado, quemarnos las alas de cera como Ícaro.

Y no, no es eso.

Es desayunar. Y redesayunar. Y olor a café.

El amor no es una telenovela.


10 de febrero de 2017

Racismo igualitario

Hay muchos tipos de racismo. Es, exactamente: 1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive.

Para eso, inicialmente y como premisa mal entendida, hay que creerse que se pertenece a un grupo étnico diferenciado. Es un mal principio. Algunos, poseídos por una moral un tanto peculiar, llenan sus bocas de racismo cuando se meten con los suyos. Gritan que la culpa es de los otros que no son humanos, que no son capaces de comprender que hay gente diferente. Se meten con los blancos, con los ricos, con los heterosexuales, con los hombres. Se meten con los periodistas cuando no les dan palmadas en el hombro. Se meten con los que fueron sus amigos y con los que fueron sus colegas o sus vecinos. Les acusan de ser culpables. Hacen una bola con el papel del daño y lo lanzan a la cara del contrario, del otro, del malo, del, según palabras textuales, racista.

Ser racista parte de creerse en un lugar diferente, de usar un punto de partida en el que no nos ponemos en el mismo sitio, en el que "un hombre mata" es diferente a "un blanco mata" y a "un paquistaní mata". A veces nos gusta dejar que el cerebro cree los huecos que no tenemos en la historia, como una ilusión de esas que aparecen en los juegos que engañan a la mente. Nos gusta creer que todos los niños son puros, que todas las mujeres sumisas. Nos gusta imaginar a todos los pobres subyugados y a los ricos subyugadores. Nos calma creer que si un asiático tiene un restaurante es un chino y que tiene trazas de gato en los rollitos de primavera.

Así que no hay racistas de un lado ni de otros. Hay racistas en todos los lugares. Se puede ser racista de negros y racista de ricos. Racista de homosexuales y de heterosexuales. Racista de  la derecha y de la izquierda más barbuda y molona. Tontos hay en todos los bares, independientemente de la música que pongan. En este caso es sencillo: racistas son los que culpan a los demás de lo que les pasa y además, con ello, se han puesto en un punto de partida diferente, encima o debajo, de los demás.

El racismo empieza dentro de la estupidez de cada uno. No hay diferencias de clases ni de sexo ni de religión. El racismo no es, precisamente, racista. Va y viene para todos por igual.

Pd: tontos de nacimiento

7 de febrero de 2017

Mucho. Fue

Fue el atasco en la nacional, el ministro, mintiendo mal. Fue la cognitiva sin tapujos. Fue el demonio más oscuro la noche del exabrupto. Fue el destello en la mirada de tu amada. Ohhh. Fue la reunión con tus amigos barbudos, sus consejos siempre son oportunos. Fue la decisión del jurado. Fue la muchacha en apuros. Fue que las cosas siempre vienen mal dadas. Fue el comentario inoportuno del gilipollas de al lado. Ohhh Fue que tocar bien da igual. Ohhh Fue la incertidumbre con respecto al final. Fue que siempre te han ignorado. Fue una cagada compartir tu estado. Fue un problema no haberlo hablado. Fue totalmente inesperado. (roll eyes) Ohhh Fue la conjunción retórica de todos los momentos que perdí sin haber actuado. Fue el delirio atragantado en las profundidades del calor. Fue que nunca tuviste el valor. Fue que sucumbir al miedo, fue lo primero que te enseñaron. Ohhh Fue que saber pedir perdón, es mejor que tener valor Fue que saber pedir perdón, es mejor que tener valor.

30 de enero de 2017

Paloma Chamorro. Herencias.

Existió un pasado no muy lejano en el que era casi normal ver a personas fumando en los autobuses y en los lineales de los supermercados mientras el Seat 131 Supermirafiori estaba aparcado en un descampado que hacía como parking. Se supone que era el final de los 70 y el principio de los 80. España se despertaba de 40 años de letargo autárquico y nos daban miedo los primeros punkies.


Algunos se rasgaban las vestiduras porque Las Vulpes cantaban, con sus caras de niñas, "me gusta ser una zorra" y no pasaba nada con las canciones de la Velvet porque en España saber inglés y entender las letras (más o menos como ahora) era un privilegio de unos pocos. Almodovar vivia al amparo de Mcnamara y decía que iba a ser mamá, que iba a tener un bebé, que le llamará lucifer y le enseñará a vivir de la prostitución. Alaska meaba en el cine y cualquiera que fuera un artistazo o que hiciera ruido salía a la calle a explotar las grandísimas capacidades artísticas que siempre han existido en este pais.

Y todo lo veíamos por la televisión, como un gran gurú. En esa televisión, con los pelos arriba y con sus cueros y el humo de los cigarros entre el público de edades menores y mayores, Paloma Chamorro hacía entrevistas en las que preguntaba a los artistas por sus trabajos, por todo aquello que querían decir o proclamar con sus canciones. Paloma, que empezó entrevistando a Dalí y a Miró, lidiaba con los primeros Radio Futura, con Ejecutivos Agresivos, con Berlanga (que era un compositor sublime), con los sosos de los Secretos o con los nikis. Con aquella (Rubi) que tenía un novio que tocaba en un conjunto beat. John Cale, Golpes Bajos, Paralisis permanente, Kaka deluxe, Derribos arias, Siniestro, Nick Cave, Phychedelic Furs o incluso los Smiths. Todos ellos con ella y ella con su licenciatura en Filosofía Pura demostrando que se puede ser moderno sin ser un inculto porque en aquella época también, la preparación de los jóvenes era tremenda y su futuro algo muy incierto.
Y ayer murió Paloma, dato ratificado por otra grande como es Ana Curra. Supongo que en ese momento de lucidez del que se dispone antes de morir pudo llegar a plantearse si aquella sociedad que se luchaba por conseguir en los 80 se parece en algo a la que tenemos. Deduzco que no, que los problemas siguen siendo parecidos pero mucho más limpios, que Alaska hace realitys y saca la misma canción cada dos años y que los modernos habitan bares Vintage conduciendo coches híbridos mientras las reivindicaciones se convierten en panfletos que se defienden delante de Ana Pastor. Que las canciones que se cantan ya no tienen letras que digan nada más que Malú se volvió a quedar sin novio y que todo aquello que luchaba por una sociedad autosuficiente e inteligente se ha quedado en las sesiones alternativas de pequeños bares de cerveza que agonizan porque no tienen un bonito y wonderful perfil en instagram.

La herencia de Paloma nos dejaba libertad para pensar, para ser libres. Nos hacía creer que podemos ser mejores entre nosotros y solidarios con nuestros vecinos y amigos. Nos lanzaba de cabeza a un futuro en el que, como en su programa, todo estaba permitido y que aquellos a los que no se llevó la heroína por delante, a los que no atontaron con el resto de las drogas, éramos los que teníamos la responsabilidad de cambiarlo todo.

Y ha cambiado, pero no en esa dirección.

Seguimos con paro, con esa desaprensión al sistema, con una miserable incertidumbre. Nos incomoda pero ahora simplemente nos vamos Zara, colgamos fotos en facebook, compramos en Amazon (para que no tribute en nuestros médicos) y hacemos likes tontos creyendo que un gobierno en el que no confiamos nos arreglará la cabeza y las humedades de las ventanas. Esperamos la llegada de salvadores porque no nos vemos con energías para hacer nada por nosotros mismos pero creamos salvadores de tercera división sin un pie en la realidad y los dos en sus iPad. Vivimos en latas donde queremos conservarnos como anuncios con piernas. Nos globalizamos creyendo en el gratis total y vemos el hormiguero esperando un nuevo meme. En televisión nos escandaliza un pecho en horario infantil y creemos que hablar de drogas es generar yonkis. Tenemos miedo a oir a cualquiera hacer uso de su libertad dialéctica, de defender opiniones que no sean las nuestras sin ridiculizarlas, de confiar en los demás e incluso de abrir la mente a sonidos e ideas que no se nos hubieran ocurrido por nosotros mismos. Eso es lo que intentó Paloma que no sucediera y ha sucedido.

Sus herederos somos minoría discriminada y víctima del camino que nuestro país escogió, que era el más fácil.

Descanse en Paz y que no se mueran sus ideas.

25 de enero de 2017

Mad about you / Glory Box

Feel the vibe, feel the terror, feel the pain / it's driving me insane / I can't fake / for god sakes why am I / driving in the wrong lane / trouble is my middle name / but in the end I'm not too bad / can someone tell me if it's wrong to be so mad about you / mad about you / mad about you / mad 
Are you the fishy wine that will give me / a headache in the morning / or just a dark blue land mine / that'll explode without a decent warning / give me all your true hate / and I'll translate it in our bed / into never seen passion, never seen passion / that it why I am so mad about you / mad about you / mad about you / mad
Trouble is your middle name / but in the end you're not too bad / can someone tell me if it's wrong to be / so mad about you / mad about you / mad

I'm so tired of playing
playing with this bow and arrow
leave to the other girls to play
For I've been a tempestuous to long
Just give me a reason to love you
Give me a reason to be a woman
I just wanna be a woman

give me all your true hate / and I'll translate it in your bed / into never seen passion / that is why I am so mad about you / mad about you 


Y esto es lo que sale cuando se junta MAD ABOUT YOU con GLORY BOX (que pertenece al rotundo Dummy)

Extra: hay quien le suma Feeling Good

24 de enero de 2017

Dios soy yo y el Demonio todos los de allí.

Decía Fromm que todo ser humano necesita de la figura de un Dios. No es algo religioso pero sí una figura que sea capaz de premiar y castigar con enérgica justicia. Esa figura, realmente, aparece en todas y cada una de las culturas. Es un padre, un jefe, un gobierno o los elementos atmosféricos dando cosechas y asolando tierras. Hasta ahí podemos estar de acuerdo y puede ser incluso aquello de que "el tiempo pone a cada uno en su sitio", si es que el tiempo posee conciencia y justicia, aunque sea relativo.

Porque aunque sea falso es un argumento para seguir viviendo o para mantener ciertas las normas. "Lo que debe ser"- que decía mi madre.
Sin embargo es curioso como se disocia ese Dios Castigador en dos cuando se trata del ser humano contemporáneo.

Si alguien no tiene trabajo la culpa es del otro. Si nos dan un premio es porque nos lo hemos ganado nosotros. Perdemos por el árbitro y metemos los goles nosotros. España nos roba, Europa nos exprime, La gran invasión asiática, las multinacionales energéticas. La gestión laboral del gobierno. Las actividades culturales gratuitas de nuestra comunidad autónoma. Si te curan un grano es por el médico que puso tu alcalde. Dios es cercano. El demonio vive muy lejos. Aquí estoy yo para que me adores y si algo malo te sucede será por algo anónimo y difuminado que reside en Mordor, que es un oscuro, malvado y lúgubre lugar. (Pero los que viven allí, en el fondo sur del campo de fútbol de la vida,  creen que la culpa es nuestra)

Y así, se cierra el círculo donde la culpa nunca es de nosotros y nuestros "dioses" siempre pueden culpar a los demás. La culpa es del gobierno, de la oposición, de la mano de obra barata de la india, de tres árabes con camellos, de un ruso borracho o de dos americanos en un mustang colorado. Las buenas noticias son porque yo (véase yo=el que lo cuenta) soy muy buen gobernante, opositor, trabajador, árabe, ruso o norteamericano.

Dioses de cerca, demonios de lejos. Se han desdoblado geográficamente.

Sólo nos miramos a nosotros para lamernos las pelotas y si escuecen nos lo pegó aquel de allí, el de la otra tribu.

La división genera monstruos: los que lo creen así como dogma de fe.

En realidad tener siempre un culpable lejano sobre el que no tenemos capacidad de influencia es una manera de dejar nuestra libertad en manos de los demás, de dejar de ser libre, de justificar que por mucho que nos esforcemos nos joderá aquel demonio malvado. Es un acto de cobardía y una excusa para no responsabilizarnos de lo que nos pueda suceder, si es que es algo que no nos agrada. "Miedo a la libertad", miedo a enfrentarse a la ordinariez de la vida. Opositores y quejicas profesionales necesitan esa figura porque cuando se encuentran desnudos ante sus propias decisiones corren a esconderse. Luché por tenerla a mi lado y cuando llegó a la puerta me aterró darle las llaves porque estaba bloqueado por el miedo a equivocarme. Eso es otra historia aunque un ejemplo válido. Yo fui bueno y ella quien no me quiso. El otro, lejano, con el que se fue. El demonio que no puedo controlar.

Dios y El Demonio ya no son el mismo ente. Dios soy yo, el Demonio los demás.

(Pd: se puede aplicar al nacionalismo, economía globalizada, Trump, fútbol, manifestaciones artísticas, fracasos de taquilla, muerte del comercio local y responsabilidades sentimentales)

18 de enero de 2017

Retrohumanización

La primera vez que leí algo intenso sobre inteligencia artificial simplemente llegué a la conclusión que las máquinas, a base de programación más o menos compleja, eran capaces de simular un comportamiento aparentemente humano. Eran los años 80 y en realidad resulta cierto de una manera bastante aplastante que es muy sencillo parecer humano sin serlo: sólo hay que decir lo que sabes que se quiere oir.

Pero eso no es ser humano porque los humanos, si nos vamos a la escala de la realidad, somos imperfectos. Dudamos, nos caemos, buscamos, no vemos lo que está a nuestro alcance y nos quejamos siempre de las malas acciones de los demás.El ser humano es, como uno de sus componentes principales, estúpido. Y le gusta. Le apasiona. Todos nos sumergimos, de vez en cuando, en nuestras sinceras y más profundas apocalipsis. Montamos a caballo sobre el día del juicio final lanzando nuestros rayos de destrucción, cual Zeus, sobre todo lo que nos rodea incluso si nos quemamos las manos. Es más, a veces nos encanta enseñar las llagas en las palmas para demostrar lo dramático que es todo.

La autocomplaciencia, definida como la satisfacción por los propios actos, propia condición o manera de ser, está bastante mal vista. Necesaria sí, pero mal vista.

Actualmente la inteligencia artificial se centra en la necesidad de aprender por parte de las máquinas. Se basa en una cosa llamada la retropropagación y básicamente se establece un principio, un resultado deseado y se compara lo que se obtiene con lo que se desea para ir amoldando el "pensamiento" matemático hasta encontrar un patrón de funcionamiento aceptable. Visto así es como entrenar a alguien para que se convierta en un eficiente gilipollas. Muy eficiente y muy gilipollas por muchas capas de pensamiento que haya entre un lado u otro. No hay nada más repelente que alguien que siempre tiene razón. Sí lo hay: quien, sin tenerla, se empeña en imponer decisiones incorrectas. Conozco a quien está convencida que la ineptitud de sus superiores ha convertido su brillante trabajo en polvo. Eso la arrastra a una pequeña apocalipsis de la que sale de vez en cuando, incluso agarrando un almohadón mal enfocado, para que la recuerde como ahora.

La inteligencia artificial de los 80 quería parecer humana y la del siglo XXI quiere ser los humanos que no somos. Por eso Google no te responde "déjame, que estoy triste" o te pone "¿a mí que me cuentas?, tú sabrás". Hay días en los que reniego de la ineptitud humana y hay días en los que reconozco que soy tremendamente inepto. Mandar un mensaje del que, en realidad, no deseo respuesta. Contar algo sin importancia para obtener una consecuencia diferente o, simplemente, preguntarme amargamente el motivo por el que hice tal o cual cosa. A veces el motivo por el que no lo hice. Todas esas facetas me hacen humano y, sintiéndolo mucho para los programadores, imposible de emular por parte de cualquier retropropagación.

Sin embargo, cuando me siento en una mesa y me hago el digno, cuando explico con detalle algunos de los sueños y de los hipotéticos escenarios en los que deseo que se desarrolle el futuro, siempre responde a unos lógicos y razonables pasos. Estoy convencido que jamás se darán exactamente así porque en ese instante seré un algoritmo o un gilipollas, que también lo soy un poco. Entre la lucha de la razón contra la humanidad siempre pierden los dos.

El ser humano actual vive en unas cotas de desesperanza nunca alcanzadas. Los psicólogos, los psiquiatras y los fabricantes de substancias castigadoras de la voluntad campan como la muerte en el campo de batalla de la modernidad, poblado de cadáveres agonizantes con forma de abandonados, autónomos, ansiosas educadoras, bulímicos, youtubers, mujeres perfectas que duermen solas y románticos incomprendidos. Pasamos de la rabia a la desesperanza en un chasqueo de dedos, del amor al desprecio y de la soledad al más intenso de los amores como si nos fuera la vida en ello, como si la última oportunidad de ser felices se desvaneciera con el invierno. No nos vale con ser moderadamente felices ni aceptablemente mediocres. No nos vale con equivocarnos cada día y todo eso es, precisamente, lo que nos hace humanos. lo que nos hace estúpidos. Lo que nos hace grandes.

Ninguna inteligencia artificial puede con ello precisamente porque se basa en crecer acumulando errores. No me volvió loco que tuviera razón, porque no la tenía al difuminarnos, sino que era poderosamente humana. Mi ordenador nunca me lleva la contraria, excepto cuando se empeña en reiniciarse tras un amable mensaje de error del que siempre me siento culpable y no lo soy. Yo tengo las dudas y él hace lo que quiere. Y vuelve a reiniciarse, siempre, en bucle. La misma forma en la que, cada noche, vuelvo a sentirme humano. Retrohumano.

Tengo que aprender a equivocarme con más elegancia. Me niego a ser simulado en un procesador matemático sin alma aunque eso me acumule la mochila de dramas, de ausencias y a veces, como Zeus, de estigmas en las manos.