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18 de septiembre de 2014

La novedad contínua.

Un nuevo sistema operativo( con 43 páginas de términos y condiciones de uso). Y de aquella vorágine de la presentación del antiguo no queda nada en el recuerdo, aunque haga unos pocos meses desde aquello. Y un nuevo líder de la oposición que ha descubierto la publicidad del programa de televisión sin cerebro. Casi se nos aparece, en blanco y negro, el anterior líder. Pero de eso hace demasiado poco tiempo. La memoria hace estas pasadas. Parece que te vi ayer, con esa marca en el trasero que adiviné cuando salías de la ducha. No recuerdo si era de mis manos o venía de serie con tu piel. Tampoco puedo adivinar el año en el que empecé la universidad y unas veces está lejos y otras demasiado cerca.

No entiendo la necesidad de vivir en la novedad contínua.

Seis es más que cinco. El Seat 131 era más que el 124. Windows 9. La última aplicación para conocer gente, la próxima moda. Lo estupendo y maravilloso que son los amantes baratos de un rato, cuando el rato está cerca. Hay que aceptar y abandonar, como un ciclo infernal que gira en espirales, las tecnologías, ideologías y modas para rendirse a las nuevas, los modernos manás de la felicidad siempre llevan la vitola de "nuevo" o de "revolucionario". Puedo adivinar cuando decidiste comprar el perro por la raza que tiene, porque yo tuve un Husky cuando lo tenía todo el mundo y ahora se llevan los perros patada o los que caraspean cuando se hacen mayores. De pequeño envidiaba a los que tenían un pastor alemán.

"Nuevo" no tiene que significar "mejor". Yo llevo aquí demasiado tiempo y no debo de ser mucho mejor aunque me sienta un hombre nuevo.

Abandonemos, en una caja tirada en el trastero, la ropa de ayer. Dejemos en un baúl a las amantes y a los besos que nos erizaron la piel al despedirnos en la puerta, porque son besos antiguos. Hay una esperanza no firmada en que, lo próximo, será mejor. Sin embargo sigo usando el teléfono de baquelita de mi abuela cuando suena en la mesilla de noche. Sin 4G, sin whatsapp. Con un sonido metálico casi como si hablara desde un pozo y ese auricular pesado y negro con el cable corto. Lo llaman vintange cuando quieren decir viejo pero sin tono despectivo. Aquí estoy, con mi moto con 11 años, mi coche de segunda mano, mis cicatrices de antaño y dos equipos con windows xp. Claro que sigo mirando de reojo todas las novedades, no sea que, al estilo Pleasentville, pase del color al blanco y negro en un supuesto mundo de ilusión.

La mayoría de las veces estamos entretenidos en aprender la novedad y se nos olvida disfrutar lo que ya funciona. La publicidad de "nuevo" mató la idea de "definitivo", casi como a la estrella de la radio.

(No es la versión original, por supuesto.)

12 de septiembre de 2014

La app del cálculo moral (y el contagio)

Leo, de un estudio sobre las acciones morales de los humanos y la posibilidad de calcularlas por una app (cara de asombro), que: "Las personas que fueron objeto de acciones morales mostraron mayor tendencia a realizar un acto moral más tarde en el mismo día (contagio moral); mientras que las que llevaron a cabo una buena acción al comienzo del día fueron más proclives a cometer un acto inmoral más tarde (moral de autoconcesión de licencias). "

En ese sentido, deduzco con interesada lógica, que las personas somos, en realidad, volubles a la moralidad. Predecibles. Facilonas. Simples. Llenos de resortes que se activan de manera automática.

"Si tus amigos se tiran por un puente, ¿te vas a tirar tú después?2- nos ha dicho nuestra madre en algún momento de la adolescencia. La respuesta, psicológicamente hablando, es sí.

Aunque sea algo de lo que se acusa a los jóvenes, y más en medio de la vorágine de las redes y las modas, los shorts y Magalluf... el contagio moral o , mejor dicho, el contagio de determinado tipo de moral es algo que se extiende como la lepra. Nunca antes se habló más de ser uno mismo, de la independencia del individuo, de la libertad personal y, casi como un eslogan, de la posibilidad de ser libre. Libre para comprar la misma camiseta, beber la misma cerveza (tengo esa chamarra), ir al mismo banco, usar el mismo teléfono o ir de vacaciones al mismo horrendo lugar. Somos mucho más sectarios que nuestros abuelos y más nazis que nuestros padres. Eso también es, supongo, contagio moral. A veces sois más infantiles que vuestros hijos.

Es creer que tienes ébola cuando se habla de ébola, escandalizado como un gran titular y recitando síntomas leídos en un foro de Internet cuando se llega con los ojos vidriosos a la consulta del médico. Y quejarse de la sanidad pública. Y gritar en el atasco. Y tener una app en el teléfono para calcular cuánto de moral nos queda a lo largo del día sin parar a pensar cual es la clase de moral o si la app la ha pagado una multinacional, porque estaba de descarga gratuíta.

Moral es, también, "Árbol ecuatoriano tropical, de la familia de las Moráceas, de madera incorruptible, muy empleada en la construcción de casas."

Su fruto es la mora. "Estar morado", en argot, es estar borracho. Eso es lo mismo que estar ebrio y ebrio es "poseído con vehemencia". No lo dudes. Si hubiera una guerra termonuclear quedarían las marcas.

Pd (AnexoAntes hubo la masa de fieles, la masa de trabajadores o la masa de soldados. Ahora también hay una masa formada por individuos televisualizados, porque han sido fabricados con el mismo molde, con la misma publicidad, con las mismas series, con los mismos concursos y los mismos programas. Y esa masa está controlada en su forma de pensar, en sus actitudes, en su comportamiento. Yo a eso lo llamo totalitarismo. Lo aceptamos porque no nos pegan ni nos meten en la cárcel. Así es.

11 de septiembre de 2014

Verbalizar

-Ya tengo bastante con mi mierda como para tener que lidiar con la tuya sin red ni paracaídas.

En realidad es ese salto evolutivo que se da cuando la madre descubre que su niño ya puede ir al baño solo, y limpiarse.

En un determinado punto de la escala de atención en los restaurantes existe un lugar en el que el camarero parece tener la obligación de ir a la mesa para preguntar si está todo a su gusto. Desconozco el motivo por el que alguien pensó que aquello era grato para el comensal. Por una parte, casi con la boca llena y cortando de cuajo la conversación (que puede llegar a ser más o menos interesante), parece que existe la obligación de decir que todo está bien porque deseas volver a la comida o a tu interlocutor. Por otra, casi como si hicieran un quite en medio de la plaza, dan ganas de pedir papel y bolígrafo para enumerar, uno por uno, todos los errores del menú empezando por la temperatura de la vichyssoise y acabando por el coñazo de camarero que no deja comer en paz.

En cierta ocasión pregunté a la camarera, cuando sirve el vino y se queda esperando la confirmación de su buen sabor, si alguna vez le habían comentado que ese vino era una basura momumental. -Nunca- respondíó. Quien estaba conmigo asintió y sonrió, aceptando que el vino era de su agrado. -¿Qué tal está el vino?- pregunté al irse la camarera. - Bah, bien- dijo con desdén. -Haberlo dicho, gilipollas- pensé sin verbalizarlo.

Es un ejemplo de la incapacidad de verbalizar algunas cosas y verbalizar, que es parte de la diferencia evolutiva con otros primates, solamente ayuda a que las cosas sean mejor aunque, por supuesto, depende de que se pueda verbalizar con cerebro.

Es, en definitiva, una de esas actividades, como la sinceridad, que no consisten en soltar por esa bocaza cualquier cosa que se nos ocurra. La sinceridad de verdad parte de un pacto de no agresión con el contrario. Convertir en palabras los deseos, los anhelos y los miedos, es un arte que medianamente llevado sólo puede traer bienaventuranzas.

Y requiere un esfuerzo.

En esta sociedad llena de vagancia, de whatsapps, de segundos sentidos, de partes de la comunicación castradas y de palabras cortas, de abreviaturas y de sobreentendimientos absurdos, la verbalización se va muriendo. A veces "echemos un polvo" significa "tengo ganas de un abrazo tuyo" porque se pasa más tiempo abrazando que follando. A veces "tomemos un café" es un café y otras es un "me faltas". Son, simplemente,  complejidades añadidas. 

Y nos pasa lo que nos pasa, como un bloqueo al no ser capaz de verbalizar lo que nos sucede porque alguien no supo lidiar con nuestra mierda sin red, paracaídas o paracaidista. Tenía bastante con la suya. Necesitaba oirte y escucharte para hacer un hueco para las dos.

El camarero se marchó creyendo que todo estaba bien y nunca volvimos, quizá, a aquel restaurante.

Pd: "Lo que quieras, pero hablemos" dice la canción. También dice "Hablas para no oirme. Bebes para no verme".

8 de septiembre de 2014

Mujer blanca, soltera, busca (adaptación)

"Entonces se quedó callada con ese silencio que dejan las llaves al caer sobre la repisa de la entrada al volver a casa. Por la ventana sonaban coches y personas ociosas, niños gritando cuando ya ha caído el sol. Mientras la ropa caía en su espacio sobre el sofá quiso pensar en el momento en el que decidió llegar a ese punto, el día en el que esperó, quizá en vano o quizá aún en tiempo, que llegara el momento, el príncipe o el mínimo que le habían prometido. Mientras tanto por la vida de sus amigas pasaron maridos, hijos ruidosos, divorcios flagrantes y caras de mucha rutina con tintes de aburrimiento. A ella le tocaron los insulsos y los amantes, esos que no se quedan para siempre pase lo que pase, esos a los que nunca les dijo lo que sentía de verdad por si mostrar sus cartas fuera un perder seguro. Ella , con su espacio perfectamente organizado, tenía en el "haber" todo lo que quiso tener: la experiencia, la clase, la cocina ordenada, el trabajo digno y los cojines simétricos sobre la cama. Y tenía en el "debe" los errores de las adolescentes, las neuras de las madres primerizas y la fiebre de las separadas que creen que han perdido el tiempo. Nunca quiso sentir que era alguien que había fracasado y , sin embargo, en ese momento, justo al abrir la nevera, se derrumbó al caer en la cuenta que aquel cúmulo de convivencias no generadas, de vida mundana no vivida, de puntos débiles no aireados o de ruido no tolerado era lo que le faltaba. Y esa noche cenó la envidia de no ser imperfecta y, sin embargo, fue incapaz de sentir alivio. Tampoco tuvo la valentía de coger el teléfono y decir "me equivoqué", porque su orgullo ya había borrado el número hace tiempo."

3 de septiembre de 2014

Feminazis políticamente correctas

Dice: "Yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo una noche looooooca..." y lo dice Enrique Iglesias mientras, durante todo el verano, millones de mujeres sin ningún criterio musical vociferaban la letra. En ese momento, el speaker del Bizkaia Arena, tras ver la actuación de las cheerleaders de falda corta y pechos voluptuosos dice "quien pudiera pasar la noche con las Dreamcheers" y es fulminantemente despedido por machista gracias a la paranoia persecutoria de una supuesta periodista que ha terminado denunciando a internet por "vejaciones" (véase "efecto Streisand)". De la misma manera dicen, en una postura extraña y desde El Pais, que ver las fotos de las celebrities desnudas filtradas en internet no debería de hacerse porque fomenta la "Cosificación de la mujer".

Y ya está, y molo, y no me depilo. Y luego doy grititos cuando veo a Cristiano Ronaldo en calzoncillos o les digo a mis amigas lo bueno que está ese y que "a ver si me lo follo".
No voy a decir más, aunque no hay cosa más triste que la misma actuación sea moderna en un caso y despreciable en la otra. Pongámonos de acuerdo. O todos o ninguno.

Tonterias

Estas son las tonterías que me he encontrado en mi móvil al llegar Septiembre. Ahora voy y las borro. Tengo un extraño sentido del humor.

















2 de septiembre de 2014

Fans

Vuelve la televisión de diario, esa que se repite y que parece la misma. Sale Pablo Motos bailando y con cara de payaso al que le acaban de blanquear los dientes. No encuentro el mando a distancia para cambiar de canal, tampoco para oír las críticas humorísticas de Wyoming (o algún equivalente menos ocurrente del bando contrario) tirando a dar contra todas las sociedades (menos la que le paga el sueldo para pagar menos impuestos) a base de guionistas que se están dejando coleta y se molan frente al espejo cuando se carga la batería de su iPhone.

Me pregunto si, entre el público, hay alguien que no se ria de todos y cada uno de los chistes. Estoy pensando si acaso hay algún fan de uno , del otro o de Shakira, que sea capaz de decir que este disco o aquel programa fue, realmente, una basura. Un dios del Olimpo de la música como es Bruce Springsteen va a publicar un cuento infantil y sus fans están como locos cuando nadie sabe si es un buen escritor de la misma manera que Houllebelleq estoy convencido que sería un horrendo rockero.

¿Por qué parece necesario tener la conciencia de que lo que es bueno (para uno) lo tiene que ser siempre y lo que es malo nunca tiene remedio?. Bankia siempre serán unos ladrones, ikea está a la vanguardia del diseño y, la mentira más flagrante, Mediamarkt es barato. 

Como más veces se ha demostrado las compañías, el marketing, los bancos, las productoras de televisión e incluso los partidos políticos quieren fans. Supporters no: hoolligans. Alguien que este dispuesto a partirse la cara contra quién no piense como la empresa, el artista o el sistema operativo.

Algunos tuvimos el sueño de que la reciente historia del mundo nos permitiria, como consecuencia de haber aprendido que el consumo no es infinito ni provechoso, pensar diez segundos antes de ceder a los estímulos facilones de los publicistas. Quisimos creer que se iba a comparar antes de comprar, que se iba a razonar antes de elegir canal, disco o tendencia política. Una día soñamos con una sociedad que había hecho suyas la inteligencia y la solidaridad.

Nos despertamos, con ese entumecimiento muscular que tienen las mañanas, sorprendidos cuando tres opiniones de internet, dos bulos o seis medias verdades, matan a grandes productos o ensalzan a mediocres. Se nos olvida que solamente un 1% de los usuarios opina en eso que llamamos la democracia de la red. No caemos en la cuenta que tu frutero no tiene contratados a diez tipos votando en internet y El Corte Inglés posee cientos de perfiles falsos.

Y, aún así, hay quién necesita ser fan. Fan de tu marca de teléfono, del último mainstream, de la nueva o la vieja red social, de tu próxima pareja o de un reality. Fan de un líder político, diciendo que si a todo lo que diga  como quien cree que Prince, que es un genio, ha cagado oro todas y cada una de las veces que ha tocado un instrumento. Obviamente no es verdad y el chico es un superdotado como lo pudo ser Michael, pero nadie acierta siempre.
Yo no acierto siempre, claro que tampoco tengo fans. Será porque soñé con ser reconocido por lo que hago y no por la manera de venderme.

El fenómeno fan se suponía que se iba con la pubertad pero madurar parece que no está de moda y algunas jubiladas, en vez de tirar sus sujetadores a sus artistas favoritos, te cuentan que están enganchadas al Facebook, que sólo van a restaurantes de más de cuatro estrellas en tripadvisor y te dicen que todos sus complementos son de Uterque. No te dicen si son bonitos o feos, te cuentan la marca, las estrellas o las veces que pusieron "me gusta". Los buenos videos son los que tienen más visitas y recitan como verdades lo que son solamente eslogans.
Y, por supuesto, que les hace mucha gracia Pablo Motos o a quien tengan a bien de adorar como sus nietas hacen con One Direction.

1 de septiembre de 2014

Septiembre cognitivo

En el 2:55 dice: "La emociones las produce nuestro pensamiento. Nosotros nos deprimimos a nosotros mismos con lo que nos decimos."
Y muchas de las cosas que nos decimos tienen que ver con la autoexigencia que nuestra sociedad nos lanza como rocas de lava que van a quemar nuestro pensamiento. Nada ni nadie nos pone una pistola en el pecho pero son nuestras ideas, la mayor veces de la parte erróneas y amplificadas en la presión y en la maldad, en el drama y en la miseria, las que nos dominan.

A veces, sencillamente, hay que parar y ver esas ideas desde fuera. Sentarse en calma. Ayer, dejando la visera de la moto un poco abierta para que entrara el aire, en medio de una carretera comarcal del interior y sin rumbo, pude ver llegar alguna de esas ideas: "no voy a poder con la cuesta de septiembre", "debería de haber llegado a alguno de los objetivos que me propuse", "puede que ella tuviera razón y estar solo es lo que me merezco", "si me caigo en la próxima curva tardarán en encontrarme". Entonces, casi como una premonición, frené tarde. No me caí pero vi el poder de los pensamientos.

Si algo aprendí es que los pensamientos no se pueden tapar. Se pueden despistar. Puede tapar su sensación de soledad con mil primeras citas, porque lo hizo. Puede ahogar, con mil copas hasta quedarse en un portal, las voces que no encuentran la solución a sus miedos. Puedo meterme en la bañera esperando que todo pase, casi en posición fetal, para no dejarme arrastrar. Sin embargo aquellas ideas siguen estando ahí, así que habrá que lidiar con ellas. Asumir que seguirán saliendo en cuanto las busque casi como carteles de dirección hacia el drama. Y no seguirlos.

Parar en el desvío, tomar aire, ignorar los caminos que no llevan a ningún lugar y seguir, hacia donde sea, pero sin estar en el bamboleo del junco que se mueve sin control por los vientos o por los pensamientos cuando dejamos de controlarlos, de filtrarlos o de diferenciar entre los buenos y los malos.

Así que de eso se trata Septiembre, cuando es cognitivo: la ideas que nos persiguen no tienen que ser verdad. Consiste en diferenciarlas, en separarlas y en quedarse con lo que es y no con lo que nos interesa creer que es. Sin eso, sería un año más. Uno de esos años que empiezan en septiembre.

La mente es maravillosa pero, al igual que a los dioses, no hay que hacerla caso siempre.




Pd2: El año pasado descubrí una actividad que deja en pausa mi cerebro. Aparta unas ideas, apoya otras y es un oasis que me deja el brazo fatal. Es esta:

29 de agosto de 2014

El triclosán, el escándalo y mi canela.

Desde que Internet se convirtió en masivo, desde que cualquier magarrán tiene la misma difusión mediática que un tipo con criterio, pruebas y razonamiento científico u homínido, no hago más que asustarme escandalizado. El colgate tiene triclosán. Es un escándalo.

Rexona maltrata animales, los aviones nos fumigan, la agencia de datos americana tiene una copia de las fotos que mandas por whatsapp a tus amantes, hay un tipo que maltrató a un perro, una niña abandonada en Móstoles, un político que se mea en las subvenciones por desempleo de doce parados...y a mi, a mi me huele el pito a canela.
Lo importante es escandalizarse, tirarse un cubo de agua por encima de la cabeza, hacer un "me gusta" en la próxima exclamación, compartir un vídeo con un imbécil haciendo una gracia o sacar conclusiones antes de leer el contenido porque el contenido es lo menos importante. Las madres, indignadas porque han dicho en televisión que la mantequilla es muy mala para los triglicéridos, la tiran a la basura en la casa de sus hijos mientras sus vástagos, por no llevar la contraria, hacen de aquello un dogma. Y beben leche de soja los meses impares. Un 0,0000001% de heces de caballo en la comida de ikea se convierte en "Ikea vede mierda de caballo". Y no deja de ser cierto pero tampoco es verdad del todo, porque no todo es mierda aunque haya una parte de cierto, incluso dentro de los muebles. 

Al igual que la democracia, en la que tu voto, el mío y el de un mono mayor de edad con documento de identidad valen lo mismo, en internet tus comentarios, los míos y los del mono valen igual. Y el loco no es el loco, sino los que siguen al loco. Así qué podemos considerar los bulos o los aciertos como estigmas de la verdad y dejar de ir a un restaurante o a un hotel porque tripadvisor diga lo contrario bajo la extraña bandera de la democracia de la red. Es más sencillo criticar, gritar, hacer de la barbaridad lo mismo que aquel perro, la niña, el foie y Riki Martín. Después, al intentar comportarse como un humano medio, hacer como si no supiéramos nada. "Por sí acaso", dicen las viejas y los llamados troles de internet. Unas porque se pierden al romperse el hilo que les une a la realidad. Otros porque han descubierto que eso les proporciona una popularidad que nunca tendrán.

En ese mundo en el que lo que no es fake es una barbaridad y la verdad no es emocionante, hay quien ya no diferencia sino que se deja llevar como una borracha en una fiesta, como un junco a merced del viento.

Claro que, después, se sigue comprando en Ikea, no se dona nada a quienes financian estudios para enfermedades, sigues haciendo el tonto con las fotos que mandas y, por supuesto, te lavas los dientes con mucha pastita y agua corriente.

Y me sigue oliendo a canela. Vamos, un escándalo. Estoy por publicarlo en facebook con muchas exclamaciones y con un "si estás de acuerdo COMPÁRTELO!"

27 de agosto de 2014

Los bultos de la sociedad

¿Acaso se puede encontrar conciencia social en el bar del club de golf de la Moraleja, izquierdismo en Libertad Digital, amor verdadero en Badoo, filosofía en una sesión de un Dj de pacotilla o salubridad en el baño de un piso alquilado por estudiantes británicos en Salou el día antes de abandonarlo?. Estadísticamente no pero hay una posibilidad.

Hay, desafortunadamente, una posibilidad para casi todo. Esa ínfima parte de verdad es la que hace todo jodidamente complejo. Conocí, un día, a un pobre de derechas. Tengo el teléfono de una izquierdosa que se compra la ropa en Loewe. Ambos son dos personas de esas con las que da gusto hablar y, en realidad, no son un par de vendidos a la autocensura del corporativismo.

Porque ese es uno de los problemas de la falta de criterio personal: si no conozco la manera apropiada de comportarme me comportaré como se supone que se hace en el lugar en el que estoy. Yo no soy así pero tampoco quiero parecer un extraño. La dependencia del grupo me hará ser un arquetipo del mismo. Así que si juego al golf me compraré un polo de Lacoste, si voy a una tertulia de 13tv insultaré a los catalanes y a los vascos. Si, desesperado, perdido o aburrido, hago un contacto en una red destinada al sexo fácil y sin compromiso, me quitaré la ropa. En un concierto absurdo y ruidoso, en un sinsentido regettonero, no citaré a Kierkegaard

La autocensura es la más maléfica de las censuras y, sin embargo, la más dificil de erradicar.

-"He salido mucho este verano"- me dijo enseñando las pulseras que atestiguan fiestas variadas como si fueran sellos de discotecas que aún no se han borrado -"Me lo he pasado fenomenal". Y yo asentí para apoyar esa falacia, que es del mismo tipo que la que afirma que follando mucho se es más guapo. Sólo se es más guapo cuando se folla bien y con la plenitud de ser con quien se quiere, pero eso es otro post.

Conozco a un tertuliano del nacionalismo. Está feliz de residir en platós. Se cree en posesión de la verdad de la misma forma que los fans de la Pelopony hablan de ella como una artista cuando , en realidad, lo que vende es el personaje que tapa cualquier producto artístico o intelectual subsiguiente. Los detractores de Marhuenda le adoran como los fans de Star Wars al emperador. No se entienden si él. No se entiende el grupo sin el arquetipo. Los imitadores de Elvis no adoran la música, adoran a Elvis. El señor que está al fondo de la sala, ese que está en silencio, el mismo que se preocupó de sentarse a leer un libro que nunca hubiera buscado o a ver una película por la que jamás hubiera apostado, dejando a un lado los prejuicios, ese mismo, está más cerca de la verdad que las gruppies de la primera fila por mucho que parezca disfrutarlo menos. Porque lo disfruta menos. Ese es un problema.

La adolescencia, esa edad que va desde los 15 hasta que se decide dejar de ser un gilipollas (que puede ser 30, 40 o 60), presupone el YOLO y presupone que una buena fiesta acaba en polvo y en alcohol. "El mes que viene tengo una boda. A ver a quien me follo"- me dijo una delgada mujer algo desequilibrada y orgullosa de si misma como si fuera una obligación cuando yo, que debo de ser un tonto muy aburrido, nunca he ligado en una boda. Supongo que es rendirse a la situación sin pensar en las repercusiones de la misma forma que beber las tres últimas copas sin pensar en la resaca.

Es mucho más difícil disfrutar desde la serenidad que desde el griterío, mucho más complicada la ternura que el sexo, mucho más complicado razonar que criticar. Es mucho más sencillo culpar a la otra parte que rendirse, vociferar que llegar a acuerdos, mantener la calma que jugar al ping pong de los improperios.

Es mucho más comercial y mucho más popular ser P.Iglesias, Kiko Matamoros, Kim Kardashian, Paula Echevarria, un amago de itgirl o el mismísimo Ramoncin que ser una de esas personas que son capaces de mantener una postura social, intelectual o personal, por encima de la rendición al arquetipo. Y unos días van en bici y otros días huelen bien.

Esos somos, y me incluyo, los bultos de la sociedad. Al ser inclasificables no estamos en ningún sitio.
Somos sombras.

En esta necesidad imposible de clasificar todas y cada una de las mentes, de las ideologías, de las actividades, razas, músicas o tribus, volvemos locos a los demás. Pero sólamente a los que, necesitados de simplificar el mundo, han compartimentado el universo. Conmigo o contra mi, aunque sea por la marca de la ropa o por el medio en el que escribes.

Y nunca iremos a gran hermano. Tengo un sueldo de mierda y una cartera nueva de Loewe.

26 de agosto de 2014

Deseo nº 43

Los deseos son una arma de doble filo:
Hemos jurado querer amar, follar, saltar más alto, ser ganadores en el agravio comparativo de la competencia social. Hemos deseado, casi como si fuera un anhelo incomprensible, a la chica de la puerta de al lado. También hemos querido volver atrás para solucionar conflictos y errores, para no cometer las estupideces que nos marcaron como lo que somos. Hemos soñado con teletransportarnos y una vez, tumbados en la cama en medio de una intoxicación etílica de amor, hemos preguntado "¿donde querrías estar dentro de dos años?" para ver si acaso quería seguir estando a nuestro lado.

Pero dos (o tres, o 7, o 5 o 12) años después, sencillamente, no estaba. Aunque la naturaleza humana quiere lo mismo, cada uno lo busca en los lugares que considera oportunos. Y yo no era ese lugar. Y ella no era mi lugar. Y no pasa nada, solo un extraño vacío que cada uno tapa como quiere. Después, en un café, si es que se tercia (aunque todo esto, para aclararlo, es una metáfora rellena de literatura), cada uno defiende su postura. "Me va muy bien en el trabajo, creo que me van a ascender". "Hace quince días estuve conociendo los fiordos noruegos y son maravillosos". "He conducido un porsche". "Sali toda la noche hasta que no podía mas y desayuné donuts rellenos de chocolate". Pero nadie habla de los sueños y de los deseos que se tenían antes. Nadie habla de los fracasos o de los errores, porque no son lo mismo. En ese caso, casi como la manera de ganar en una discusión no declarada, se puede preguntar "¿Eres feliz?".

Porque nadie es realmente feliz. Es una utopía forjada a base de la determinación de deseos equivocados. Si dice que sí, miente. Si dice que no, también. Si afirma sentir orgullo de ir y venir, en sinusoides, por un camino sin dirección enrrollado en la bandera del carpe diem, está todo perdido. En realidad los deseos que tenemos pueden ser inalcanzables, pasados, correcciones, arrepentimientos, estupideces o simplemente anhelos. Quizá hay que recordar los deseos que tuvimos y ver el motivo por que el que fueron o por el que no fueron.

Así que yo tuve 42 deseos.
Y ahora viene el 43.

Nunca tuve mucho cuidado en desearlos porque no supuse que se pudieran convertir en verdad. Algunos se cumplieron, otros se rompieron, alguno los destrocé y otros se marcharon. Aprendí, hace no mucho, a desear lo que pudiera conseguir independientemente que el niño que llevo dentro siga soñando con imposibles. Alguno de vosotros sabe cual es ese deseo. Es el número 43. Es una dirección, no cuantificable. Es querer llegar a sentir la felicidad de jugar con juguetes mucho más que desear juguetes, porque los juguetes son el medio y no el objetivo.

Porque quiero pensar que , en este mundo lleno de gente estancada, cometemos el error de desear incorrectamente y, alguna vez, habrá que empezar a desear con cabeza.

Feliz cumpleaños. Para mi.

Pd1: 42
Pd2: 41
Pd3: 40
Pd4: 39


5 de agosto de 2014

La pulsera magnética con forma de app.

Se define Software como "el conjunto de los componentes lógicos necesarios que hacen posible la realización de tareas específicas, en contraposición a los componentes físicos".

Software es el funcionamiento del cajero, es esa indicación que dice que hay personas que quizás conozcas. Software es cada tontería que aparece en tu teléfono, el Call of Duty, la voz que te atiende cuando deseas quejarte a una persona en un servicio de atención al cliente y una instrucción que pone un semáforo en rojo delante del que te detienes.

La prueba de Church-Turing estableció, allá por los años 30, una especie de tesis con la que discernir si se estaba, en más de un caso, delante de una máquina o de un humano. Se supone que un humano, al contrario de una máquina, es capaz de razonar, usar un lenguaje natural, tener conocimientos y aprender. Las teorías de la inteligencia artificial admiten que el comportamiento humano se puede simular y que, incluso, se puede engañar para hacer creer que lo que hay delante es una persona pero que, en definitiva, aún existe un universo entre ambas partes. Por otro lado existe quien afirma que las máquinas llevarán su propia evolución de la misma forma que las palomas son inspiración para la aeronaútica pero los aviones no se parecen a ellas. Son teorías.

También es cierto que al ser humano le caracteriza, igualmente, su estupidez.

Dentro de la estupidez humana está la necesidad de obtener respuestas válidas, muchas incontrastables, como si fueran respuestas de fe. El oráculo, mimetizado en el teléfono, vive en nuestro bolsillo.

Conozco a quien se duerme con una app de una luz azul que se proyecta durante unos minutos hasta alcanzar el sueño. Conozco a quien pagó por que su teléfono simulara el sonido del mar para alcanzar más rápidamente la fase rem. Por supuesto muchas mujeres controlan sus hormonas con alarmas que aparecen junto a las notificaciones de cumpleaños. El gran negocio son, para desesperación de los bares de abandonados, las aplicaciones para ligar. Da lo mismo que sea para un polvo rápido y mugriento al estilo Badoo o Grindr que una búqueda para solteros exigentes, porque de todo hay en todos lados. Se supone que el software es capaz de decidir por nosotros lo que nos satisface y lo que nos viene bien y es eso, precisamente eso, lo que nos cura de aceptar que nos equivocamos en aquella decisión. No se eligen a las personas equivocadas, es un bug. Así la culpa es del informático y no de no saber reconocer nuestros deseos reales.

De la misma forma que un tipo ha conseguido 55.000 dólares para hacerse una ensalada con financiación de los internautas existen miles de aplicaciones que buscan convertirse en un éxito económico. Algunas entran en la lista de las más tontas. "Yo", el ejemplo de la app que no sirve para nada, ha recaudado el millon de $. Cada vez más veces veo, alrededor de una mesa y en uno de esos momentos de silencio incómodo que hay que romper, a quien saca su teléfono y enseña la última tontería que descargó porque mostrar las fotos casi es vintage.

También están despegando las aplicaciones pseudocientíficas. La que te cuenta que se emiten ultrasonidos para evitar a los insectos. La que jura que con una cámara de 5mpx se puede medir con exactitud el nivel de radiación solar. Tambien existe otra que asegura que con un escaner del dedo acierta el momento de tu muerte o que te dice donde está la policía o que te hace una radiografía. Hay varias aplicaciones que dicen detectar el cáncer de piel. Y millones de descargas, millones de moscas no pueden estar equivocadas. "Oye, que tiene una puntuación de 7 en la store".

Mi sobrina me dijo, antes de madurar (un poco) que se fiaba más de las respuestas de Yahoo que de los consejos de su madre porque su madre era una sola persona y en internet hay millones.

Las almohadas cervicales y las pulseras magnéticas han dejado de ser hardware para convertirse en software.

Pero siguen siendo lo mismo, alimentando lo mismo en el cerebro y en la búsqueda de respuestas. "Lo aconseja un tipo con bata que sale en la teletienda" es ahora "tiene cuatro estrellas en Google Play".

La chorrimanguera 2.0 está en las recomendaciones del mes.

4 de agosto de 2014

1, 50, 1200 y 3000

Soy un español medio. A partir de 300€ empiezo a perder la cuenta y cuando me hablan del precio de un piso o de un coche tiendo a pasar la cantidad mentalmente a pesetas.

Cuando me hablan del fraude de Urdangarin y acaban la cantidad en "1,2 millones de euros" me hago una imagen mental de una habitación de hotel, de esos de cuatro estrellas pero algo lúgubres, quizá como en Amor a Quemarropa y después de la declaración de amor de Patricia Arquette. Tiene el resol del atardecer y la cama llena de billetes. Dejo caer mi cuerpo como un ángel para ver, en cámara lenta, los billetes aleteando por el cielo. Si fuera Nicolas Cage, Elisabeth Shue me esperaría con ese bañador negro, una botella y una sonrisa pecaminosa. Supongo que después el room service recibiría una llamada para que cenáramos en la bañera, con las copas de vino manchadas por la espuma.

Los pobres tenemos sueños con detalles.

Después oí hablar de los 50 millones de Bárcenas y me asusté. 50. Son muchos. Son demasiados Maseratti. Varias residencias de verano. Obras de arte para disfrutarlas en salón con un whisky en la mano. Unos cuantos yates. Siempre he afirmado que por mucho dinero que tuviera jamás me compraría un yate porque, en realidad, no me convence. Una isla sí pero un yate como un efecto oligofrénico de mi necesidad de aparentar es algo que me parece fuera de lugar, como los bolsos con marca bien grande.

Más tarde llegaron los 1200 millones de lo de la junta de Andalucia. Claro que llegaron también con noticias de putas y de coca porque, supongo, a partir de 100 empieza lo que se considera vicio y si el cuerpo se maltrata, se compra uno nuevo como dicen que Bowie, Jagger y Dylan hicieron al finalizar la década de los 80.

Tiene que existir un punto a partir del cual el dinero tapa las heridas de la desigualdad social.

Y ahora los 3000 millones del tipo este que se parecía al lider de la resistencia de Desafio Total (Kuato) . Es más (se puede poner la primera con mayúscula para un doble sentido) que lo que genera Andorra en un año, diez veces más que todos los que hablaban español en los años 70, medio euro por cada habitante del planeta. Aún así, si fuera verdad, leo que sería la séptima fortuna de España.

Me da un miedo atroz esperar al próximo expolio porque he perdido la cuenta y, supongo, se han perdido unos cuantos hospitales, alguna que otra ayuda a alguien que lo necesite realmente y más vergüenza de la que puede acumular un español medio, uno de esos que hoy hemos tenido que ir a trabajar. Mañana, también. En mi moto de segunda mano, esa que me compré, creyéndome rico, por 2500€. Fue la última vez que tuve tanto dinero en la mano.

No me arrepiento de ser (creo) honesto, en absoluto. Simplemente soy incapaz de imaginarme algunas cantidades y el trastorno de acumulación compulsiva que se da cuando las necesidades básicas, los deportivos, las obras de arte e incluso los yates y las transfusiones de sangre, están pagadas.

3000+1200+50+1=4251 (...millones de euros)

Debería de existir un límite de riqueza. Incluso si fuera obtenida de una manera legal, que las habrá.

1 de agosto de 2014

Agosto, el exoesqueleto.

Exoesqueleto era la zapatilla de mi madre castigándonos cuando nos portábamos mal. Exoesqueleto es un guante, unas gafas graduadas o un relleno de sujetador.

Exoesqueleto es un monovolumen lleno de veraneantes, cargado con sus misiles en forma de maletas, dispuesto a explotar sobre la casa de verano de los abuelos que tiene un jardin en medio de la nada. Y es mejor que una quincena en un resort de Punta Cana, pero menos cool.

Exoesqueleto es mi motocicleta conmigo encima, mi casco con bichos estrellados en la visera.

En definitiva, y aunque parezca modernísimo, exoesqueleto es cada cosa, cada componente que usamos para llegar más allá de nuestras posibilidades mundanas. Exoesqueleto es un mensaje de teléfono diciendo, la mayoría de las veces de una forma confusa, que te echo de menos porque es una forma de llegar donde nuestras limitaciones no llegan. También lo son los mensajes que no mandas.

Es un zapato con alzas, una camiseta que te hace más fuerte. Es un vestido ajustado o una faja, mentirosa como la teletienda, que prometes no quitarte en la intimidad. En la edad media era una armadura.

Es un verano vivido en medio de la incógnita de la vuelta de septiembre.

Exoesqueleto es agosto, porque es una de esas cosas que nos hace sentir que somos más de lo que somos.


pd: El exoesqueleto (del griego ἔξωéxō "exterior" y σκελετόςskeletos "esqueleto") es el esqueleto externo continuo que recubre, protege y soporta el cuerpo de unanimalhongo o protista. Un exoesqueleto o dermoesqueleto recubre toda la superficie de todos los animales del filo artrópodos (arácnidosinsectoscrustáceos,miriápodos y otros grupos relacionados), donde cumple una función protectora, de respiración y otra mecánica, proporcionando el sostén necesario para la eficacia del aparato muscular.

pd2: Probablemente exoesqueleto, también, debería ser esa persona que nos hace sentir invencibles.