Mal dia para buscar

12 de diciembre de 2017

Diciembre. La imposición.

Diciembre llega después del puente. De golpe, con un tumulto de frío y el frío golpeando en las persianas cerradas hasta el punto de quitar el sondo del último documental para oir como se agitan, casi como peleles a la deriva de una fuerza mayor, ocultando películas de terror tras sus pequeños agujeros.

En un pasillo del supermercado toda una familia contabiliza el número de raciones necesarias para dentro de unos días. En otro toda la comida de la semana entra en las manos de un tipo mal afeitado con un tres cuartos oscuro. Es un mes de contrastes en el que cada uno se refugia de la mejor manera que puede pero eso si, en su rincón.


Diciembre es largo (A long December and there's reason to believe  Maybe this year will be better than the last)  Tan largo como un partido de baloncesto con demasiados tiempos muertos. Tan largo como un nuevo episodio de una serie donde siempre, por muy dificil que parezca que se ponen las cosas, ganan los protagonistas y siempre acaba en una situación conocida de moralina y final feliz impuesto, a la espera del próximo capítulo igual que el anterior donde pasará lo mismo y lo volveremos a ver creyendo que, quizá, suceda algo mejor. Sólo los locos quieren que el coyote destroce por fin al correcaminos

Diciembre es la obligación de leer un libro de frases motivadoras como los deberes tras haber suspendido el año. Un susurro de traición, a veces. Un dejavú obligatorio del que es imposible escapar porque se cuela por las rendijas de las persianas. Aparece de forma infame. Son los mensajes que no eran para tí pero fuiste elegido en el envío genérico de turno por un gilipollas. Le importas menos que el ego que alimenta con los polvorones en forma de calmante de sus maldades a base de escritos con buenos deseos de mentira. Amor más falso que el de una telenovela venezolana. Hay quien, como Rudolf, sólo aparece para dar por saco en Navidad. Yo no le obligo a estar triste. Por favor, no me obliguen a estar feliz.

Cada vez que me dicen "alégrate, que es Navidad" me pongo de más mala hostia. No es innato, es un reflejo.

Llevo muy mal las imposiciones.
Podría ser feliz si nadie me obliga.
En Diciembre, por razones obvias, es un poco más complicado.

6 de diciembre de 2017

Escapar de los refugios

Una vez desperté y me quedé quieto mirando fijamente para ver desperezar los músculos de su cara y que me viera como el principio, de borroso a nítido, en la toma de la película que empezaba ese día. La sonrisa fue, y fue de esas amplias y sinceras. Las mismas con las que acaba una película feliz. 

Otra vez me desperté sin prisa. Una sola sábana tapaba su culo y dejaba la espalda al aire. Me puse en pie, con una pierna a cada lado para enfocarla desde arriba y se hizo la dormida mientras yo miraba de esas formas en las que más que mirar, se memoriza. Puedo dibujar cada uno de sus músculos y hasta los pliegues sabiendo que la cara se vuelve a la izquierda y que toda la imagen tiene el tono cobrizo de los amaneceres de agosto.

También me sé de memoria esos momentos en los que, sabiendo que estaba despierta, me levantaba haciendo un ruido mínimo y buscaba en los ordenados huecos de su cocina la forma de hacer un desayuno al que llegara, justo cuando terminase de poner la última servilleta a juego, con un pantaloncito de tela corto, una camiseta que estaba de moda hace unos años y la punta de los pies con las uñas azules en el travesaño de madera de la banqueta que era el punto de vista hacia el que apuntaba la tostada y el café.

Y esa manera de moverse al salir desde la cama al pasillo, como un balanceo que la Venus de Botticelli y yo vigilábamos en un guiño para quedarnos un poco entre el calor y los ruidos de las vigas de madera. Para oír a lo lejos la radio, perdida entre las noticias, y ser el invitado del desayuno en una cocina donde los zapatos residían bajo la ventana que daba a un patio interior que, mirándolo sin gps, parecía de un pueblo perdido en medio de una poderosa cuidad cubierta de escaleras.

Todas las veces fui incapaz de verbalizar la paz que estaba sintiendo.

Eso no quita que hace miles de años se quedara dormida en el sofá grande y yo, desde el pequeño, me paralizara sabiendo que esa era la última vez en la que la iba a ver caer, refugiada como un niño en brazos de sus padres al volver a casa, cerca de mi respiración.

Aquel concierto en el que, al girar a mi derecha, una lágrima cayera brillando sobre la piel clara y, al descubrirme, me diera un beso en forma de gracias, fin de año, de ciclo y de complicidad innata. Un lugar en el que mentirse como si fuéramos a engañarnos: dime mi cielo que esto va a durar siempre.

Llegar a la playa o a un castillo en moto, sintiendo sus piernas a mis costados. Quedarme con la cabeza en su regazo descubriendo que también lo puede llenar todo sin decir nada o esperando en la cama una mandarina recién pelada. Buscar una mirada entre la gente de un aeropuerto. Esperar a que entre al portal. Llevarnos el vino, de noche, a la playa. Perdernos en Castilla, en el sur de Francia o a diez minutos de casa con la siguiente copa. Volver del baño y verla levitar buceando en los 80 y en un beso que soñe que tuviera carmín pero no pude acumular el suficiente tiempo para saberlo. Esperar con una toalla, de noche, a que saliera de bañarse desnuda del cantábrico. Sentir los besos en la puerta de salida de su apartamento lleno de discos sin abrir. Montar una cómoda como si fuera un espacio común que nunca tuvo mi ropa. Sorprender, como un niño, con alguno de mis desamparados lugares favoritos. Llegar con cara de niño abandonado hasta su puerta. Mandar un mensaje pidiendo asilo con alguna frase poco coherente. Poner música como una manera de mostrarme en las palabras de otros. Esperar ser más poderoso con el abrigo de su aura enormemente infinita. Tener celos de ser insignificante.

Todas veces que me quedé quieto burbujeaba como si no me creyera capaz de mantener la cueva a salvo de los ladrones o de mi mismo como el peor de los fantasmas.

Los tuve todos y escapé, siempre, de los refugios. Quizá me hubieran echado después pero, por si acaso, ya me había ido antes.

No llevo bien las derrotas y por eso me rindo demasiado pronto.

2 de diciembre de 2017

El pegamento mental de la superstición.

Uno de los elementos que potencian algo tan tonto y vacuo como es la superstición resulta de la capacidad innata del ser humano de coger dos elementos que no tienen nada que ver y asociarlos. No sé, que un perro se rasque detrás de la oreja y que llueva. Entonces alguien dirá, disfrazado de coach o de chamán, que si queremos hacer llover hay que conseguir que a los perros les piquen las orejas. Luego, curiosamente, se reirán de los devotos que rezan a la virgen.

Lo desconcertante es que lo mismo que lleva a la superstición más escandalosamente imbécil también es el origen del método científico. Es decir, que alguien, en algún lugar del pleistoceno, se dio cuenta que las cosas redondeadas se movían con menos esfuerzo y entonces inventó la rueda. O, para ser más exactos, que comiendo naranjas los catarros duraban menos y a su superstición la llamó vitamina C.

A veces un mismo origen da lugar a prácticas humanas despreciables y a grandes avances científicos. Todo depende, parece, de cómo se tenga en cuenta. También depende del discurso novelado de la historia, de esa tendencia a meter dentro del mismo guión componentes de películas diferentes. Eso es algo para lo que algunos tenemos tendencia innata porque vivimos en el mismo drama la lluvia de las mañanas, el soplagaitas que se cuela en el atasco, la chica que se acercó con buenas intenciones pero por el flanco psicótico equivocado y el perro mugriento que quiso orinar en la esquina que nos quedaba cercana y, después, hizo ese gesto de tirar tierra encima sin darse cuenta que estaba rascando el asfalto.

La inmensa mayoría de las ocasiones no son más que hechos diferentes que juntamos con pegamento mental para generar conclusiones erróneas.

Una enseñanza pendiente -me dijo ayer Blas de Lezo disfrazado de psicólogo amistoso- es aprender a dividir los pequeños componentes para descubrir que no tienen nada que ver entre si. 

Tú tienes alma novelesca -continuó sin ningún cuidado por mis entrañas- y te equivocas al creer que todo tiene que ver con la misma historia. Son elementos separados.

Y yo me quedé pensando que dentro de mi propia historia los elementos se entremezclan. Que la perdí todas las veces que, al volver a casa agotado con la pelea de la consecución de mis sueños personales, no supe hacerla sentir tan especial como era en realidad. Que me perdí en el tiempo en el que no fui capaz de dejarme caer por miedo a los golpes que ya me había dado otra parte de la vida. Que el frío me bloqueó las manos, se me cayeron los vasos y, como si fuera la teoría del caos, llegué tarde al nuevo episodio que me guardaba oculto el destino. Que cuando llueve me duele la rodilla porque me caí de la moto haciendo el gilipollas detrás de un repartidor con prisa. Entonces es cuando llego a la conclusión errónea que si me duele la rodilla es que va a llover. Y soy supersticioso como mi abuela, que decía lo mismo. Tonto y vacuo.
Después pensé que más de uno cree que si no llueve es culpa del gobierno porque con éste gobierno llueve menos que con el anterior.

29 de noviembre de 2017

Juegos de mesa. Disforia

Se define como "disforia poscoital" a ese momento en el que las emociones despegan. A veces es una sensación de exceso y a veces uno de esos sueños que llegan desde los músculos. A veces hay quien ríe sin poder parar y una vez, en el lugar en que debía estar, me puse a llorar como un niño pequeño. Hay quien dice que se debe a un momento en el que las expectativas de sexo satisfactorio no han llegado al grado esperado y otros, con los que estoy más de acuerdo, que es un instante en el que las emociones llegan de una forma mucho más fácil a los cráteres de nuestros poros. Yo era feliz llorando en aquel momento y también lo soy cuando miro una cara calmada y feliz, de esas que arquean la comisura de los labios en medio de una sonrisa incontrolable. Me gusta el calor de ese momento y subir una sábana hasta la cintura. Me gusta dejarme llevar por el tiempo que se mueve más despacio y me suele dar hambre. Una vez hice una paella a las tres de la mañana y ella llevaba puesto un albornoz que colgaba de mi baño en la casa de mis padres.

Tengo un don, sin embargo, en el que por miedo o por no querer llegar a un momento en el que se abra mi alma desnuda en dos consigo que no suceda lo que pudiéramos querer los dos. Uno no lo dice por vergüenza y otro por alguna razón extraña, por pensar que si se pasa una línea marcada por la ropa ya nunca será lo mismo. Es ese momento de las películas americanas de tercera en la que dos adolescentes se despiden en la puerta de casa, esa situación en la que ella invita a subir o no, como si fuera un atrevimiento.

Tengo un don en el que en vez de un beso pongo una barrera de fuerza entre ambos, un comentario inconveniente, una película sin gracia o un saco de razones por las que lo que deseo es una mala idea. Y me vuelvo a casa como el niño que ha pasado la tarde mirando en el escaparate uno de sus sueños.

No sé dejar de pensar ni saltar al vacío sin pedir permiso.

Lo llaman, por la disforia, post-sex-blues. Es un apelativo mucho más musical.




Porque, cuando es posible, en vez de cagarla con frases y miedos, con fantasmas o con temores o conflictos inventados, las cosas deberían de ser mucho más sencillas. Supongo que de eso va esta canción. De las mil veces que en vez de hacer lo que se debe o se quiere, se dan rodeos. Algunos somos teóricos de lo que se supone y no hemos superado, jamás, el examen práctico.


Baja la guardia. Deshazte de todo, aquí no hay entregas, pagos pendientes ni citas ni deudas. Mi miedo es mi pena. Te sobra la ropa, Ahí viene la fiera, Los ojos retando, La piel implorando, Que empiece la fiesta. Y sobre la mesa, A viajar por el mundo. Si tanto te gusto aquí va un consejo: Follame mucho. Y todas las noches después de la cena mi tele ni pelis ni móvil. Tan solo estos juegos de mesa. Entiende el asunto. Es claro y confuso. Mareos los justos que luego hay disgustos y acabo en la arena. Si a ti te divierte. A mi esto no mucho. Un cuerpo versado es un cebo que puede dejarte sin rumbo. Disculpa la brasa. Ya acabo el discurso. Si tanto te gusto aquí va un consejo: Follame mucho. Baja la guardia. Deshazte de todo aquí no hay entregas, pagos pendientes ni citas ni deudas. Mi miedo es mi pena

24 de noviembre de 2017

Fraudey.

Los cuervos, dicen, van a los lugares que brillan y te roban las joyas aunque sean de mentira. Es algo que no pueden evitar y va intrínseco en su adn. Dale a un español una oferta.

Una oferta que deje bien claro que es ese momento, ese instante y ese producto. A ese precio que no hace falta contrastar pero que lleva unas grandes exclamaciones. Que sea algo grande o brillante, con mucho de todo y que sea algo por lo que el vecino pagó bastante más. Una oferta que da igual que sea mentira o que sea uno de esos restos que quedan en los almacenes y que no saben cómo quitárselo de encima. Una oferta, un "¡ahorra o nunca!", un "¡sólo hoy!".

Dale a un español una oferta, porque ya no importa nada como si fuera una zanahoria delante del burro de sus entrañas. "Orina de perro: antes 100€, ahora sólo 2€. Sólo hoy". Alguno lo compraría orgulloso.

Hoy es el día del brillo. Hay cuervos orgullosos en los telediarios.

Haceos un favor: ved si la vergüenza está de oferta.


Pd: no sé si es algo nuestro como el rabo de toro en salsa o es algo humano. En eso tengo dudas.

Las canciones parecidas.

Tengo una absurda sensación: muchas de las canciones que oigo podrían ser perfectamente la banda sonora de un anuncio de cerveza. Están contenidas, tienen un "chispún" emocionante y acaban perfectamente orquestadas. Los videos, en todo caso, podrían empezar con un tipo pensativo en una playa y terminar en una fiesta con mil millones de amigos, más que Roberto Carlos (el cantante)
Me temo que, aunque correctas en su forma y realización, morirán en el mismo nicho. Y es una pena pero creo que cuando no es nada más de lo mismo que ya conocemos al final y se convierte en nada. Pero es algo temporal ya que llevo una semana pensando que el Jack&Diane de J. Mellencamp se parece al grandioso inicio del no menos gran disco de Lou Reed (New York, 1989) Romeo had Julliette. Y sólo se parecen en unos acordes de la misma forma que con las dos me tomaría unas cervezas. El cerebro es un componente hermoso porque está absolutamente descontrolado y nos engaña.

Nos engaña como una oferta o jurándonos que esa vez es la definitiva aunque después, en el water o en la ducha, que es cuando no podemos escapar de los pensamientos que llegan a nosotros estando con los pantalones bajados o quitados, nos da todas y cada una de las razones por las que esa vez no, no es nada definitoria. Y cerramos detrás de nosotros la puerta al salir con los ojos como un cocainómano que viene del baño en medio de una revelación de mentira. Los drogadictos las ignorarán mañana y otros, los sanos fumadores que escuchan la marejada de los pensamientos,  nos quedamos bloqueados casi hasta los 50.

Porque todas las razones son válidas y sin embargo los caminos son diferentes. Estoy cansado de vivir en los desvíos. Me he comprado una silla plegable para sentarme y, es curioso, delante de los carteles con direcciones diferentes nunca hay hierba, sólo tierra gastada.

Y canciones parecidas, esperando ser elegidas para el siguiente anuncio.
Todos los desvíos se parecen.

Pd: alguna vez un encrespado, rojizo, adecuado, nervioso y enérgico camino se iluminó delante de mí. Fui yo quien se perdió por no desprenderme de la silla. Ni del cerebro. Ni de algunos fantasmas que siempre están en el camino más allá de marzo.

23 de noviembre de 2017

Debajo de.

Literatura:

"Debajo de ella hay una fiera y una reina de las flores que canta en medio de una colina. Hay una chica con botas que camina sola en una calle mojada de madrugada. Una traviesa que se va desnudando por el pasillo y también alguien que hace las cuentas en pijama mientras termina el desayuno. Debajo hay una hija de perra y un pastel de merengue con gominolas por encima, una señora que da consejos porque saltó todos los muros que sueñan con ver de lejos los adolescentes. Hay una dama con los dedos largos que cuando se enfada lo hace para siempre pero que luego sonríe cuando te acercas demasiado con una pequeña copa de potente alcohol que lleva un poco de fruta para despistar. Lo tiene todo y no lo sabe porque el gps se le quedó sin pilas o porque nunca fue buena con la tecnología." 


16 de noviembre de 2017

Política, sexo y esencia.

Me preguntaban. O respondía, que ya no lo sé, sobre parte de la esencia de la naturaleza humana.

Respondí, sin pensar pero con convencimiento, que hay unos pocos momentos en los que cada uno se muestra como es. Hemos aprendido a escondernos detrás del personaje que queremos ser, con mayor o menor gracejo. Nos hemos creado una imagen a medida de lo que nos gusta o lo que somos capaces de dar. Conozco alguna mujer que es tan hermosa desnuda que me hace preguntar el motivo por el que se esconde detrás de sus miedos o de sus fantasmas. No es una cuestión de ropa.

Dije "hay dos momentos en los que sale la realidad que tenemos dentro: con política y con sexo". En ambas circunstancias empezamos con cuidado pero un momento después, cuando las manos han traspasado barreras o cuando uno de los interlocutores ha saltado el muro de la corrección, empieza a ser imposible esconderse porque algo nos arrastra, porque nos sale de dentro. Quizá por eso hay quien prefiere la penumbra: porque no le gusta verse reflejado en los espejos. Ni siquiera en los espejos de los ojos de quien esté delante.

Cuando estábamos en clase nos preguntábamos, de una forma pueril y tonta, cómo sería en la cama nuestra profesora de álgebra. No había nada sexual sino preguntarnos si acaso también escribía fórmulas incomprensibles en la intimidad. Uno de los grandes recursos del humor es sacar de contexto una situación.

A la cuarta copa en una charla después de cenar alguno saca un tema que arrastra, como el una partida de cartas. Normalmente en los grupos hay un mamporrero dialéctico al que se le espera . Hay un moderador, hay opinadores. También hay algunos que salen a la cocina a hacer que recogen porque no quieren entrar en polémicas. Es el miedo a decir algo inconveniente y un modo de protección por miedo a no gustar, a no controlar lo que salga de dentro o a no cubrir el expediente de las expectativas que da nuestro personaje. No lo sé seguro porque yo soy un bocazas.

Y sin embargo, bocazas perdido, emocional asustadizo, creo que lo más gratificante de la política es dejar hablar al otro y no para que se entierre en sus inconsistencias dialécticas sino para saber lo que piensa y lo es es. Lo mejor del sexo no es sudar mientras la cama se va moviendo a pequeños saltos y se aprietan los dientes con esos ojos de halcón cuando hacen amor que se les dibuja a algunas. Lo mejor es quedarse después tranquilo, casi sin decir nada y diciendo demasiadas cosas. Pudo salir la fiera pero en ese instante, con las defensas bajas, aparece la esencia.

Hay quien repite, se va, dice lo políticamente correcto o empieza a hablar de fútbol. Se está escondiendo.

Y yo, que me he quedado callado (a veces pasa) y me he quedado a dormir resulta que aprendí que es entonces cuando conocí lo que tenía debajo aquella persona.


Esa era la respuesta a la pregunta. O lo que respondí. No sé.

Pd: Luego hablé y hablé. Y no follé. Me escondo con mucha facilidad.


22 de octubre de 2017

Estupidez playlist

Ultimas noticias:
(se puede comprar en el link al precio de un gin tonic y medio)
(Presentación mundial: PUB LUST, Manuel Allende 8, Bilbao. 10/11/17 a las 20:30)


Alguno sabréis que estamos intentando preparar un lanzamiento de libro "sé que eres un estúpido" (haced "me gusta", que eso siempre mola. A partir del día 10 se podrá comprar)

 Y como ya no se puede cambiar la literatura necesito propuestas para la selección musical...

5 de octubre de 2017

El estómago y la razón.

Una de las tareas más difíciles de la madurez, si es que madurez no resulta ser exclusivamente el paso del tiempo, es aceptar y aceptarse. Diferenciar, al estilo transaccional, el adulto, el padre, el niño y lo que era el niño adaptado, que es un niño cabrón de toda la vida. El que llora para comer pero no tiene ninguna pena.

Si no queremos leer y somos de esos que necesitan que se lo expliquen con manzanas es sencillo: el estómago y la cabeza. 

El estómago, sobrevalorado por una escala de valores discutible, es el que te pide otra copa, la exaltación de la amistad, correr descalzo hasta su casa, quedarte en vela pasando las yemas de los dedos por las mesetas arqueadas de su cuerpo, gritar de esa forma en la que la garganta tiembla y saltar o dejarse llevar con los ojos casi cerrados con una canción o el petricor del otoño.

Y la cabeza, que es una cabrona fría y aguafiestas, valorando el motivo por el que nos llevamos y si, acaso, las consecuencias de dejarnos caer en pozos. Nos pregunta si ese es el pozo o si hay que irse a dormir para poder rendir mañana, si no habrá detrás de esa puerta un proceloso camino en el que terminemos donde ayer pero con cicatrices.

La equidistancia no, el entendimiento es el que se podría suponer un grado de madurez. Como un equipo deportivo uno defiende bien y otro es el que mete goles. No se puede ganar el campeonato del mundo sin saber a quien le corresponde actuar a cada momento. No se puede ser sólo estómago sin el organizador de juego que es la razón.

Pero resulta que la razón es definida un lastre para algunos casi como si viviéramos bajo la tiranía de los jugadores del equipo de fútbol en un instituto de adolescentes americanos en los que el goce, la cerveza, la turgencia y la fiesta del fin de semana o hacer un calvo desde el coche sean más importantes que un par de aburridas integrales eulerianas. Vivir en un anuncio, alargar la infancia hasta límites insospechados, es casi una religión. Y está bien, pero (y eso es lo que se olvida o se infravalora) respetando las horas de sueño.

En estos días inciertos, veloces como un Cadillac sin frenos, sólo veo estómagos vomitando. Hablan del sentir. "No pongas en duda jamás lo que yo siento"- me dijo al teléfono después de pedir perdón por enésima vez razonando ene veces todas y cada una de las ocasiones en las que me equivoqué. Pero su estómago, como una separación territorial que solamente nos hizo perder algo llamado futuro, lo rompió todo. Es una metáfora.

A veces hay que sentarse a pensar lo que dice el estómago, tamizarlo con la razón. No hacerle caso a ninguno de los dos pero sí a los dos. A veces el truco está en pensar diez segundos. A veces poner las reglas como quien tiene una palabra secreta que impida el daño. A veces, solamente a veces, pensé demasiado: para perderla. "A veces me pregunto, extrañada, el motivo por el que sigo esperando a que hagas algún movimiento" y cuando el estómago me lleva a la puerta del coche, me vuelvo a casa.

Será que no maduré. Pero esas noches me cuesta dormir intentando acallar las voces que salen del niño adaptado que vive en mi estomago. Definitivamente sólo me sé la teoría.

Claro que luego aparece Asier Etxeandia cantando a su padre la canción que él cantaba a su madre y el estómago me hace llorar. Mierda, yo no sé cantar. Sólo sé romperme.

30 de septiembre de 2017

Pequeña carta al catalanismo.

Pequeña carta de un euskaldun:
Una de las cosas que algunos vivimos en los años 80 fue la sinrazón de aquellos que, lo reconozco, pistola en mano se levantaban contra los coletazos de lo que fue un fascismo que señalaba a todo aquel que no pensaba como el movimiento.
Cuando mataron a Carrero Blanco se brindó en toda España pero cuando mataron a policías con hijos ya no se brindaba y cuando empezaron a matar a cualquiera nos echamos a la calle para decir, como cualquier persona cansada de ser "representada" por impresentables, que así no. Cuando nos poníamos detrás de una pancarta de Gesto por La Paz nos gritaban unos días unos llamándonos españoles y otro día otros llamándonos etarras. ¿Sabes? Algo hacíamos bien cuando, casualmente, nos gritaban todos.
Pero fuimos nosotros los que acabamos con ETA y fuimos nosotros los que conseguimos vivir en paz y en calma, que es como se alcanzan los avances y la verdad. Gritando no se oye más que lo que decimos sin dejar de entender a los demás. Hoy, en Euskadi, que no es ningún ejemplo pero sí un ejemplo, se habla en euskera y en castellano. Se acepta al que no piensa igual y tenemos, en la misma cuadrilla, a uno que opina una cosa y a otro que opina otra pero TODOS amamos la convivencia y los años de paz que nos ha dejado la certeza en que las personas podemos pensar diferente pero que no somos, ninguno, más que otros. 
Desde aquí Cataluña parece una caja de gritones irresponsables. No por ver clara la absurda sociedad feliz que algunos quieren vender o la presión de ser lo que no se quiere ser por parte de otros. Lo curioso es que parece que no se quiere oír a los demás. 
El gobierno catalán, enrocado en una deriva irracional en la que cree que estando solo y aislado se puede ser mejor que con los demás, culpables de que a los de Badalona les salgan granos, se orina en las opiniones del 52% de los propios catalanes. 
El gobierno español pone también los huevos encima de la mesa, es cierto, pero tampoco se iba a quedar quieto en un reto a muerte en las ramblas donde, parece, que sólo puede quedar uno y, ojo, ninguno es inmortal. La testosterona de esas dos partes resulta insoportable. Querer hablar en español, que yo sepa, no es un pecado y el fascismo, como definición, es imponer ideas por la fuerza, señalar a quien no opina igual y castigarle como un apestado o como un judío en la Alemania del 44. Cuando el catalanismo extremo señala a Evole, Serrat, Pla, Borrell... como fascistas y les hacen pintadas en sus casas o en sus memorias, parece que no se acuerda que si se habla catalán en la calle es por Serrat, que casi es fusilado por querer cantar en catalán en Eurovision y representando a España porque en España se habla catalán, y gallego, y bable y eso que hablan los de Murcia que no sé lo que es. 
Poca demostración de democracia es pedir una lista de quien no va a votar una gilipollez acordada o no como la independencia en un mundo global donde ser Euskaldun, Catalán o Español es una tontería ya que hace tiempo que las fronteras no son más que marcas difusas en el mapa. Tenemos nuestras culturas, ninguna mejor que otra, y nuestras identidades pero creer que se es mejor que el vecino es ser un autentico imbécil, un meapilas y un arrastrado. 
La independencia es, y esto es una idea personal, una involución en un mundo que se nos queda pequeño. Creer que los políticos catalanes no roban es ser muy corto de miras de la misma manera que creer que cualquier lugar donde alguien mande 30 años seguidos no esté podrido por definición. Que se lo digan al honorable o al PP, al Psoe o al Pnv. Creer que se va a ser más feliz con un muro delante de Aragón es ser muy tonto como creer que cerrar la frontera con Francia nos haría mejores. 
ES UN MUNDO MUCHO MAS GRANDE, MIS QUERIDOS INDEPENDENTISTAS. 
Es un mundo donde se habla chino e inglés, español y catalán, euskera y dialectos bálticos. Es un mundo donde ESTAMOS OBLIGADOS a ponernos de acuerdo con el otro, que no es el enemigo sino otro. Y si Puigdemont quiere cortar el pelo a Ana Gabriel con un cazo, que lo haga pero no con el dinero de las pensiones de un jubilado de la zona franca. 
Lo que no soy capaz de entender es que las calles no se llenen de personas de bien que digan que hasta aquí, que basta ya de tanta estupidez. Eso es lo que me decepciona de lo que veo en televisión. 
Estáis a punto de cometer una tontería histórica. 
Votar no es democracia de la misma manera que sexo no es amor. Y a veces es mucho mejor no acostarse con alguien que no te quiere. Vuestro gobierno, corazones, no os quiere porque os quiere llevar a la cama con mentiras y está deseando que alguno se pase de frenada contra una patrulla de la guardia civil y se líe la de Jesuscrist is God. Así habrá un martir y una excusa. 
Poneos de acuerdo.. os irá mucho mejor. No hay más remedio en el mundo moderno. Un mini pais solo puede crecer como paraiso y Andorra ya existe como paraíso fiscal, tiene el dinero que os robó vuestro president, que ese os robó más que España. 

Pd: Es sorprendente lo bien que se está cuando se está en calma. De eso algunos sabemos un poco.
Pd2: No estoy defendiendo la españolidad porque España no es el PP ni es Franco, es un pueblo excepcional, como todos los pueblos, llenos de gente de bien, de reguilar y de mal. Pero sí que cuando veo a Oriol contando mentiras tralará me pongo de muy mala hostia. Lo de Rufián, espantapájaros con forma de meme, ya ni te cuento.

El hombre oximorón.

"Hay una mujer muy poderosa dentro de ti"- me dijo la amiga de quien aún no sabia, con un grado de certeza que pudiera ser válido, si iba a dormir conmigo aquella noche. 

Esa frase, como un lastre identitario, me ha ido siguiendo desde entonces. Me sigue cuando hago varias cosas a la vez y cuando llega el anochecer y me siento solo, con ganas de tener deberes antes de llegar a casa en forma de trabajos para el equipo que todavía no he formado y que algunos se empeñan en repetirme que jamás formaré, como una tara o una imposibilidad. Como no poder volar por muchas alas de papel que ponga en mis escápulas.

"Hay una mujer dentro de mi" porque me quedo como un niño acurrucado encima de un vientre caliente y porque coso mis tapices para taparme por las noches cuando al salir salvado del torreón, tengamos que dormir en medio del bosque. Soy un tipo práctico con miedo a no ser suficiente.

Soy un valiente acobardado porque recuerdo mucho más las batallas que perdí que las que pude ganar.

Un caballero que se queda mirando cómo sus formas rellenan la cama en diagonal, cómo hay dos agarraderas disfrazadas de cadera. Un tipo que sabe que Alicia dice que te quiere cuando ya te ha abandonado. Un oligofrénico encantador.
Una dama que gusta de ser acariciada, buscada, deseada. Una dama que se rebela contra la discriminación, contra las modas a que se niega imponerse porque no es un arquetipo. Una dama ansiando ser salvada. Una dama poderosa.

Un ser humano temeroso y con cicatrices que duelen por las mañanas.

Un hombre, valiente y cobarde, con una mujer poderosa dentro de él.
Una persona con forma de oximorón. Soy yo y lo contrario.

Perdón por ser así.

Curiosamente me vuelvo loco cada vez que descubro una mujer enérgica mirándome.

28 de septiembre de 2017

El coleccionista

Dicen por ahí que hablas mal de nosotros. Ten la amabilidad de convertirte en humo. Y trata de conseguir un billete a Marte porque te voy a atrapar, no importa tu escondite. Así que entiéndelo bien, no importa donde vayas (3).
Todo comenzó, da igual,  en cualquier parte. Muchos quedaron atrás. Nadie sabe sus nombres. Así que vuela, vuela y di adiós en cualquier otra parte porque te voy a atrapar, no importa tu escondite. Así que entiéndelo bien: no importa donde vayas. Será una huida sin fin. Ahí va la cuenta atrás. Cuando te vuelva a ver diré a todos que yo te dejé marchar por la puerta de atrás aunque lo cierto es que ya es que nadie espera que vuelvas. Nadie salió nunca por la puerta de atrás.
Cuando te vuelva a ver diré a todos que yo te dejé marchar por la puerta de atrás aunque lo cierto es que nadie salió nunca por la puerta de atrás.