Mal dia para buscar

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18 de enero de 2017

Retrohumanización

La primera vez que leí algo intenso sobre inteligencia artificial simplemente llegué a la conclusión que las máquinas, a base de programación más o menos compleja, eran capaces de simular un comportamiento aparentemente humano. Eran los años 80 y en realidad resulta cierto de una manera bastante aplastante que es muy sencillo parecer humano sin serlo: sólo hay que decir lo que sabes que se quiere oir.

Pero eso no es ser humano porque los humanos, si nos vamos a la escala de la realidad, somos imperfectos. Dudamos, nos caemos, buscamos, no vemos lo que está a nuestro alcance y nos quejamos siempre de las malas acciones de los demás.El ser humano es, como uno de sus componentes principales, estúpido. Y le gusta. Le apasiona. Todos nos sumergimos, de vez en cuando, en nuestras sinceras y más profundas apocalipsis. Montamos a caballo sobre el día del juicio final lanzando nuestros rayos de destrucción, cual Zeus, sobre todo lo que nos rodea incluso si nos quemamos las manos. Es más, a veces nos encanta enseñar las llagas en las palmas para demostrar lo dramático que es todo.

La autocomplaciencia, definida como la satisfacción por los propios actos, propia condición o manera de ser, está bastante mal vista. Necesaria sí, pero mal vista.

Actualmente la inteligencia artificial se centra en la necesidad de aprender por parte de las máquinas. Se basa en una cosa llamada la retropropagación y básicamente se establece un principio, un resultado deseado y se compara lo que se obtiene con lo que se desea para ir amoldando el "pensamiento" matemático hasta encontrar un patrón de funcionamiento aceptable. Visto así es como entrenar a alguien para que se convierta en un eficiente gilipollas. Muy eficiente y muy gilipollas por muchas capas de pensamiento que haya entre un lado u otro. No hay nada más repelente que alguien que siempre tiene razón. Sí lo hay: quien, sin tenerla, se empeña en imponer decisiones incorrectas. Conozco a quien está convencida que la ineptitud de sus superiores ha convertido su brillante trabajo en polvo. Eso la arrastra a una pequeña apocalipsis de la que sale de vez en cuando, incluso agarrando un almohadón mal enfocado, para que la recuerde como ahora.

La inteligencia artificial de los 80 quería parecer humana y la del siglo XXI quiere ser los humanos que no somos. Por eso Google no te responde "déjame, que estoy triste" o te pone "¿a mí que me cuentas?, tú sabrás". Hay días en los que reniego de la ineptitud humana y hay días en los que reconozco que soy tremendamente inepto. Mandar un mensaje del que, en realidad, no deseo respuesta. Contar algo sin importancia para obtener una consecuencia diferente o, simplemente, preguntarme amargamente el motivo por el que hice tal o cual cosa. A veces el motivo por el que no lo hice. Todas esas facetas me hacen humano y, sintiéndolo mucho para los programadores, imposible de emular por parte de cualquier retropropagación.

Sin embargo, cuando me siento en una mesa y me hago el digno, cuando explico con detalle algunos de los sueños y de los hipotéticos escenarios en los que deseo que se desarrolle el futuro, siempre responde a unos lógicos y razonables pasos. Estoy convencido que jamás se darán exactamente así porque en ese instante seré un algoritmo o un gilipollas, que también lo soy un poco. Entre la lucha de la razón contra la humanidad siempre pierden los dos.

El ser humano actual vive en unas cotas de desesperanza nunca alcanzadas. Los psicólogos, los psiquiatras y los fabricantes de substancias castigadoras de la voluntad campan como la muerte en el campo de batalla de la modernidad, poblado de cadáveres agonizantes con forma de abandonados, autónomos, ansiosas educadoras, bulímicos, youtubers, mujeres perfectas que duermen solas y románticos incomprendidos. Pasamos de la rabia a la desesperanza en un chasqueo de dedos, del amor al desprecio y de la soledad al más intenso de los amores como si nos fuera la vida en ello, como si la última oportunidad de ser felices se desvaneciera con el invierno. No nos vale con ser moderadamente felices ni aceptablemente mediocres. No nos vale con equivocarnos cada día y todo eso es, precisamente, lo que nos hace humanos. lo que nos hace estúpidos. Lo que nos hace grandes.

Ninguna inteligencia artificial puede con ello precisamente porque se basa en crecer acumulando errores. No me volvió loco que tuviera razón, porque no la tenía al difuminarnos, sino que era poderosamente humana. Mi ordenador nunca me lleva la contraria, excepto cuando se empeña en reiniciarse tras un amable mensaje de error del que siempre me siento culpable y no lo soy. Yo tengo las dudas y él hace lo que quiere. Y vuelve a reiniciarse, siempre, en bucle. La misma forma en la que, cada noche, vuelvo a sentirme humano. Retrohumano.

Tengo que aprender a equivocarme con más elegancia. Me niego a ser simulado en un procesador matemático sin alma aunque eso me acumule la mochila de dramas, de ausencias y a veces, como Zeus, de estigmas en las manos.

16 de enero de 2017

Buenos muy buenos, malos muy malos.

"Y todo lo demás no importa" cantaba Quique en el gran Salitre. Y después no pudo volver a hacer un disco igual. Hay quien cree que todo lo que hace es bueno, tan bueno como aquello (salvo pequeños destellos) pero no, no lo es. Lo siento Quique.

Sin embargo se suele llegar a pensar que quien tuvo un momento de lucidez lo tendrá siempre, que todos los garabatos de Picasso eran genialidades y que Hitler, adalid de la maldad, todo lo que hizo fue malo. Su perro le adoraba. El escarabajo fue el coche de Reich. Los cohetes espaciales y los primeros gps son cosas de los alemanes, mira tú. Las cámaras de gas y las bombas atómicas las financió en sus principios. Hay extremos en la historia que sustentan estas afirmaciones. Todo es bueno o todo es malo, no. Todo lo demás no importa.

En la historia de sucesos de la España más reciente hemos descubierto a miserables que se han aprovechado de la enfermedad de su hija para financiar sus vicios. Los padres de Nadia, supuestamente, usaron el victimismo de su hija enferma para acumular dinero y eso está muy mal. Sin embargo, partiendo de hecho de la inmensa maldad de los seres deleznables, ahora resulta que también tenían fotos pornográficas de la niña y la hacían visualizar las depravadas relaciones sexuales de sus propios progenitores. Esto, así contado, suena horroroso. Pero da la casualidad que las fotos que se supone que contienen material pedófilo son de esas que los padres hacen a sus hijos cuando van con ellos a la playa en la que están como están algunos niños: desnudos al sol. Todos los veranos algún pequeño corretea cerca de mi toalla y jamás pensé que sus padres fueran repelentes abusadores pero si nos vamos a la ley una foto de un niño desnudo es pornografía infantil. En fin, que como los padres son malos, habrá que hacerles malos en todo y dejar que las jubiladas se escandalicen cuando tienen sus álbumes de fotos repletos de sus nietos en pelotas certificando su primer baño o su primer día de playa. Mi madre me avergüenza con una foto que tiene ayudándome a orinar en una acera de Villarcayo allá por 1976. A donde quiero llegar es que tenemos esa tendencia de hacer peores a los malos y mejores a los que creemos que son buenos.

Sigo sin entender la necesidad de escupir sobre los que son malos o aclamar a los que creemos buenos, digan lo que digan. Pablemos es un semidios, Rajoy Satanás, Rivera un interesado y Pdro, gilipollas. Ninguno acierta o se equivoca por casualidad. Los tertulianos les defienden y atacan digan lo que digan y la verdad es que si un analista un día aclama y otro castiga dejará de ser un analista porque vuelve loco a sus seguidores. El periodismo o la exhibición pública ha de ratificar las ideas preconcebidas de los oyentes (Los racistas Wyoming y LoSantos son ejemplos). "Cariño, hoy estás fea"- es una frase que aunque partiendo de la razón traerá problemas más allá que el falso "Estás tan guapa como siempre"- que nunca falla aunque esté más desequilibrada, ese dia y dentro de su belleza innata, que un diseño de Desigual.

Ya no es que hayamos jugado a un juego de buenos y malos sino a la exageración de las bondades y las maldades hasta extremos infinitos. Los nuestros curan el cáncer y los otros sodomizan niños en callejones oscuros para comerse sus entrañas después. Tom Cruise se alimenta placenta bendecida en la iglesia de la cienciología. Los socios del Club Bilderberg buscan la manera de castigarnos y tenernos como lacayos los milenios que sean necesarios. El presidente de Iberdrola hace una muesca cada vez que alguien muere de frío. Quique gonzalez siempre es un músico brillante o, por supuesto, los padres de Nadia vendieron en el mercado negro los genitales puros de su hija enferma. De Trump no voy a decir ni pio.

Nadie es malo o bueno siempre y en todo.

Nos estamos volviendo locos y no entiendo la necesidad tan moderna de meter en los extremos a los demás y, por supuesto, no pensar.


Pd: POst del recuerdo: Los clones emocionales. (quizá también es la necesidad de impregnar todo de emoción)

10 de enero de 2017

Capas.

Estamos hechos de capas. No sólo en invierno, que es cuando nos disfrazamos de cebollas y bajamos a comprar el pan. Estamos hechos de capas, de escudos, de detalles en los que perdernos. Probablemente es el gran recurso humano para procrastinar, para dejar para mañana los propósitos de verdad, esos que escupen algunos como frases de Coelho.

La política y las telenovelas son buenos ejemplos. Las recogidas de firmas en las redes sociales para acabar con el cáncer creyendo que con muchas firmas y muchos "me gusta" se soluciona todo por arte de birlibirloque sin investigar ni trabajar, sin hacer más que click. Las canciones de vacío infinito en las que el cantante se regodea en la pérdida.

Las amarguras de un borracho abandonado en una barra, las tonterias compulsivas e incluso las camas incorrectas. Los gritos de los adolescentes y los dramas que van por whatsapp. Los malentendidos. Las mil veces que se exigen soluciones definitivas a problemas inexistentes. Los síntomas tratados como enfermedades y todos esos viajes que no hicimos por no saber qué habría al llegar o los que hicimos para no quedarnos. Las anécdotas que llenan las tardes. Las canciones de otros, las frases de otros, los problemas de los demás. Capas.

Las discusiones en los muros de facebook. Un portavoz parlamentario dando vueltas alrededor de un micrófono llenando todo de frases que no dicen nada. Una utilización de las palabras "víctima", "democracia" o "libertad" sin coger las llaves de algunos grilletes para abrirlos. No saber si el hijo es de él o del otro mientras el niño llora de hambre. Caminar por el camino de baldosas amarillas aunque el camino vaya en círculos, dejando a un lado la escalada al lugar desde donde mirarnos dentro. Besarla en un portal, secuestrarla en otra ciudad, pasar horas con esa foto que tiene moviéndome el pelo y, después, no tener el valor de explicar cual es la verdad de lo que me genera su ausencia y el pavor de preguntarla donde está porque no quiero saber la respuesta. Hay preguntas que no se hacen precisamente porque no quieres oir lo que lo resuelve, porque no es una capa sino una punzada. Hay miedo a las punzadas y a las puñaladas. Hay cobardía, que es un grado máximo de estupidez. Estrategias de defensa. Muros de protección. Fosos con caimanes. Los puentes levadizos, con el tiempo, oxidan las cadenas que los sustentan. En las ruinas quedan las murallas pero nunca los accesos.

Así que mientras nos entretenemos con las capas, con los detalles, con las cosas nimias, con la preparación del viaje o con todo aquello que sucederá lo que simplemente ocurre es que no sucede nada y pasa otro debate, otro capítulo de la telenovela u otra noche mirando fotografías.

Habrá que buscar otra capa en la que entretenerse, llorando por la ausencia de alguien que nos desnude dejando el trabajo hecho, no sea que un día hagamos algo por nosotros mismos, que es como se deben emprender algunos retos. Cada vez que lo intentamos y sale mal no sale, ponemos otro ladrillo y nos quedamos fuera quejándonos de lo difícil que es entrar.

La buena noticia es que se puede vivir eternamente en espiral y abotargado por los detalles, por las capas y, aún así, parecer una persona íntegra y valiente. 

6 de enero de 2017

Los (reyes) dias raros


...¿Quién iba a decir que sin carbón no hay reyes magos ..? 

Aún quedan vicios por perfeccionar en los días raros, 
los destaparemos en la intimidad con la punta del zapato. ...

31 de diciembre de 2016

2017. Best wishes.

Santo, santo Haz milagros Mueve el mundo Cambia el rumbo
Llévate los gritos de los hombres sin espíritu, Mi corazón Llévate los grandes titulares, los desatres y la superstición Llévate también las sonrisas congeladas y el abrazo del traidor Llévate las torres infinitas con antenas Lleva todo lo que puedas Deja sólo cosas buenas Santo, santo Haz milagros Mueve el mundo Cambia el rumbo Deja en el altar los regalos de los dioses que pedimos sin cesar Rompe las barreras, las fronteras, el silencio y los palacios de cristal Toca nuestra frente y devuélvele a la gente el instinto animal Dinos nuestro nombre verdadero, enséñanos el fuego Líbranos del tiempo, líbranos del miedo Santo, santo Haz milagros Mueve el mundo Cambia el rumbo No te escondas No te rindas Santo, santo oye el llanto
Santo, santo, Santo, santo... Llévate los gritos, llévate los golpes Llévate la furia, llévate los ruidos Lleva las promesas incumplidas, las heridas Déjanos lo bueno, déjanos la vida Haz que pare el tiempo y que sople fuerte el viento Llévanos al mar y haz q se abra el cielo Santo, santo Haz milagros Santo, santo Haz milagros Cambia el rumbo Cambia el mundo ya

30 de diciembre de 2016

2016. Mi opinión de mierda


Si algo aprendí del 2016 es que por mucho que se desee algo no se consigue. También que hay pocas personas infinitas, y con eso me refiero a que son de esas que suceda lo que suceda van a estar ahí para que la espalda no toque el suelo al caer. En un libro decían que hay cinco, solamente cinco personas en la vida de cada uno que están de esa manera y que ni siquiera son de esas que aparecen todos los días pero que por alguna razón mágica, permanecen. Se cuentan con los dedos de las manos y no son quien queremos que sean porque no se controla, no se sabe que esa persona se quedará siempre. Ni siquiera que está ahí. Nos encanta confundirnos y nos sorprende, en lugares insospechados, la sensación de no querer que se vaya nunca.

Si algo aprendí del 2016 es que esa sospecha de que la democracia es el nuevo postureo era cierta, que ganó Trump, se hizo real el Brexit, se votó no a la paz en Colombia, se castró renovar la política italiana o se decidió, democráticamente, joder al inmigrante en algunos lugares de Europa, cuna de las libertades. También que la ceguera es absoluta y que el descuento hiperbólico es una verdad que empieza en la cola del Primark y acaba en la barra de los bares pasando por las urnas. Idiocracia en estado puro.

Si aprendí es que ganan los simples y los vendedores de humo. Que Samsung, Apple o Volkswagen pueden mentir sin ningún rubor y seguirán teniendo ventas pero que las jubiladas gritan al pescadero porque le salieron mal tres percebes mientras a sus nietas les llegan piedras desde AliExpress y vuelven a comprar la oferta que no es. Aprendí que nadie está a favor del trabajo infantil pero se hace cola, con la izquierdosa conciencia social, en Zara para la oferta de mentira mientras las hilanderas se mueren de hambre en Porriño.

Aprendí que las chicas no quieren ser damas pero ansían sentirse princesas (y también que dispongo de una gran mujer dentro de mi). Recordé que, teniendo algo menos de 10 años, intenté ser un niño amable con esa chica que me gustaba pero que a mediados de verano se fue con Benito, a quien su padre le había comprado una moto. Si cambiamos moto por promesas que no valen nada estamos en lo mismo una y otra vez.

Aprendí, incluso, que si alguien se va poniendo zancadillas no es mi culpa y que la culpa es la gran pelota que nos lanzamos en los juegos psicológicos que jugamos sin aceptar que la única manera de ganar es no jugar.

Será, quizá, que ha sido un año de aprendizaje. Tengo ganas de que sea un año de esos en los que al mirar atrás uno se siente orgulloso.

Yo desperté pasada la mitad del 2016 y eso me hace ser agradecido para mi reloj despertador con mejor mirada que barbilla. Pero también para quien ha estado siempre, aunque yo fuera sea un gilipollas. Pero no soy el único, ni el más. No sólo pierdo yo, a veces me pierden. Estamos empate. Empecé el año perdiendo. Es un paso.

Tampoco es muy importante mi opinión de mierda

Algunos momentos reiterativos del 2016: 

La verdad y la teoría triangular del amor
Algoritmos, caminos cortados y matemática complaciente

La ordinariez de la vida

La moda moral

No nos educaron para esto

Ya tengo a alguien que me folla los martes

Hagamos un alegato

Y, por supuesto: DOMINGO



Extra, personajes IMAGINARIOS, que vienen a joderte el 2017:

-"Soy una persona tan estupenda, tan cojonuda, que por estar aquí me debes admiración, por quedarme quieta me has de adorar, por existir tengo derecho a un salario digno, un piso con calefacción, a placer oral de calidad y gratuíto. Debe de ser mi manera de ver el mundo, mi ideología, mi acceso gratis a la wifi, mi patrón de desbloqueo. Mi música, mi orgasmo, mis bragas de mr wonderful. Mi sistema operativo, mi libertad identitaria, mi tribu urbana excluyente y mis días festivos. Si no lo aceptas, eres un machista, racista y cabrón. No me mereces".

-"No te merece ni tu puta madre"

-"Lo que yo decía: eres un fascista"

20 de diciembre de 2016

Tal día como hoy. 2009

Tal dia como hoy. 2009.

Madrid se despertó frío. Dos palmos de nieve cubrían las aceras. A las seis de la mañana sólo había humo de los tubos de escape y esas luces de las farolas que están rodeadas de una neblina que lo cubre todo. Con el paso del tiempo van cambiando los significados y, sin embargo, siempre es lo mismo. Hace unas semanas me preguntaba mi psiquiatra sobre las expectativas. Lo hacía sin usar esa palabra. Yo hacía gala de mi libertad, de haber conseguido con mucho esfuerzo y mucho sacrificio, matando partes de mi vida a las que no di importancia cuando la tienen, ser libre. -Puedo hacer lo que quiera. Soy el único dueño de mis actos- decía. Entonces tomaba aire. -Pero tengo la sensación de estar preso- Él me miraba y me volvió a preguntar -¿Cree que podría trabajar para alguien?-. -Lo ansío- respondí. -Calmar la responsabilidad de que todo lo que suceda es por mis actos, buenos y malos. Aunque tampoco estoy muy seguro de ser capaz pero sí que echo de menos que cuando esté dudando o parado haya un empujón o un cartel con la dirección que tomar, aunque sea para decir que no-

-¿Por qué de esa decisión?
-¿Cual?
-La de tener que demostrar que usted es capaz. Porque está claro que lo es.
-Yo no lo veo así.
-Porque está usted ocupado en compadecerse.
-No lo creo. Es la eterna búsqueda de la recompensa.
-¿Qué recompensa?
-Se lo voy a preguntar de otra forma. ¿Por qué se embarcó en su negocio?
-Para demostrar en casa que yo no era una carga y que me valía perfectamente.
-¿Para demostrarlo a quien?
-A mi padre
-¿Y qué es lo que me ha dicho que ansía?
Dudé mientras buscaba lo que había dicho tres minutos antes-Un empujón o una dirección-
- ... aunque sea para decir que no- terminó él.

Mierda. En realidad le sigo echando de menos cada dia desde aquel que era tal día como hoy pero en 2009. Una capa de nieve y hielo llenaba el camino al hospital.

18 de diciembre de 2016

5 consejos para una compra navideña

Teniendo en cuenta lo poco que valen los votos lo que nos queda como sociedad es nuestro consumo.

Así que como se acerca una semana de gastos os pido que, antes de comprar, penseis tres segundos si Amazon, Ikea, Apple... repercuten los impuestos en vuestra sociedad en vez de en luxemburgo. Si detrás de esa camisa de Zara hay un niño cosiendo o si acaso tras Marimar hay un entramado de empresas que desvían los impuestos a Balonia y así pagan a los profesores alemanes para educar a más alemanes en vez de a vuestros hijos o pagar al médico que os curará el día que os duela algo.

También  os pido que penséis que quien os atiende es una persona.

Muchas veces comprar no es un acto de gasto sino un acto social que engrasa los engranajes de nuestra propia cultura y nuestro beneficio futuro. Y de ese futuro los responsables somos nosotros mismos.

1- ¿Quieres más servicios sociales?: paga en empresas que tributan en tu hacienda.
2- ¿Quieres que los bancos no ganen más?: paga en metálico
3- ¿Quieres más vida en tu barrio?: compra en tu barrio
4- ¿Quieres que te traten bien?: compra a un autónomo (y respétale)
5- ¿Quieres un mundo más justo?: pregunta o lee el origen del producto.

Esas preguntas se responden en tres segundos.

15 de diciembre de 2016

Taniyama Shimura

Dime qué significa esa mirada. No queda tiempo y descifrarla puede llevarme algunas vidas que ya no tengo; se fueron entre mis dedos. Así que dime si es cierto que quieres venir conmigo, aunque no sepamos dónde, y aunque no haya futuro... futuro que siempre llega demasiado tarde. Se muere la madrugada. Nosotros estamos vivos. Acabo de resolverlo: vienes conmigo.


14 de diciembre de 2016

Eh, quita esa mierda.

Una vez, intentando analizar la dirección que está tomando el mundo de la tecnología (del que yo como) alguien afirmaba que el dispositivo pasará a un segundo plano porque lo que va a importar es el contenido. En ese sentido y probablemente con esa misma idea muchas de las grandes plataformas tecnológicas se han lanzado al cuello de los clientes con sus exclusividades, sus HBO´s y sus Netflix. Su Formula 1 y esa manera casi mística de vivir los penúltimos partidos del siglo. Más o menos hay un mensaje encubierto, ratificado por mil millones de freaks sin criterio, en el que sin determinadas series alguien es un jodido paria, un mierda y lo que es peor, un inculto, un apestado.

-Si no te gusta juego de tronos no tienes criterio.
-¿Has visto juego de tronos?
-No, pero es muy buena.

En realidad el dispositivo, y con eso me da lo mismo que sea una televisión mejor o peor, un ordenador de calidad o alguno de los que venden por ahí (modo publicitario: on) o un telefonito con más o menos ram, hace tiempo que, desafortunadamente, pasó a un segundo plano. En realidad no se busca la calidad sino lo masivo del consumo. Eso lo dice alguien que veía el porno codificado pero aquellos eran otros siglos y la necesidad, la misma. Lo cierto es que la calidad del sonido y de la imagen parece que ya no importa y los screeners son una plaga tan abundante como el sexo de baja calidad (y sin ningún amor). Los anuncios de vehículos hablan de lo que sale en la pantalla de la consola central pero nunca del motor.

Lo que es triste, y ahí es donde tenía la intención de llegar, es que los criterios masivos han devorado a los criterios de calidad. Yo sólo veo series que terminan y será porque todas mis historias tienen un final, aunque sea abierto. Tengo la fea costumbre de escuchar los discos enteros y de esperar a los títulos de crédito. Nunca, jamás, hago una crítica sin haber oído el disco y eso me lleva a afirmar, con una pudorosa vergüenza, que hace dos semanas vi en directo a La Oreja de Van Gogh, la tremenda basura de los Gemeliers y al señor Funambulista, que ganó en mi valoración previa. Sin embargo hay una preocupante tendencia, casi parecida a aquella época en la que los juguetes que no salían en la tele no existían, en la que la cultura se ve monopolizada por imposiciones sociales de otros.

Tenemos más cultura que nunca, más libros que nuestros padres y, como cerdos sometidos a las sobras que nos lanzan, parece que si no comemos del cubo que nos ponen no pertenecemos a la manada. Es muy duro ser Juan Salvador Gaviota y no querer comer pescado. Es triste asombrarse con un grupo de músicos que mendigan el porcentaje de las copas en un bar y ver grabaciones en directo de mangarranes que hacen gorgoritos en pabellones repletos de gruppies. Hay tantos pabellones llenos como mierda en los últimos discos de Coldplay. Es una vergüenza sentirse apartado por no conocer ninguno de los diez discos más vendidos o las seis series más vistas. Es crítico creer que solamente existe la cultura de los tuiteros más seguidos o los youtubers más caranchoas. No es una cuestión de edad sino de criterio y de esa manera de vivir en la que parece ser necesario sentirse identificado en un grupo. Los grupos los hacen los publicistas.

Después de matar al dispositivo quedaba matar la cultura y convencer a la masa que la cultura es "lo que hay que ver", a ser posible bajo subscripción. No me fío de los consejos de los hipsters de abono premium. Sin embargo cada día encuentro grandes obras desconocidas sin escarbar demasiado.




Extra: Vale para las relaciones personales.

Conocí a alguien. Fuimos a ver el mar. La quise a mi manera, que es sin hacer ruido. Soñé con hacerle el desayuno, con leer en voz alta alguno de mis textos o hacer a medias un autodefinido. Me esforcé por conseguir que mañana fuera algo diferente y más sorprendente que hoy. No fui capaz de prometer magníficas tardes de complicidad, intimidad y pasión. Soñé con ellas mientras viví en este poso dramático que me arrastra. No hice publicidad de mis intenciones y eso fue un error. No regalé las flores porque supuse que con mi cariño era suficiente. Siempre me educaron creyendo que las bondades vuelven en forma de bondad, que el amor vuelve como amor, que la fidelidad implica que alguien que es perfectamente capaz de ir con cualquiera ha decidido estar contigo. Y se fue, da igual cómo y contra quien, con un edulcorado, luminoso y embaucador vendedor de humo. Después, a nuestra forma, los tres nos quedamos solos. Ella sin realidades. Yo sin publicidad. Él se sumergió en otra campaña publicitaria pero cree de si mismo que es mejor amante porque folla más. Tiene más visitas. Le hacen retuit en todas y cada una de sus gracias. Nunca eso fue sinónimo de calidad pero parece que ahora sí. Es de esos que se miran en el espejo mientras se masturban y, además, ponen caras.

(Y me quedo...Como un gilipollas, madre.)

10 de diciembre de 2016

Mi bañera (Pauline en la playa)

La "enemización" del mundo

Es sorprendente. Cuando una estrella futbolística de un equipo es perseguida por hacienda los fanáticos de su club afirman, con gran indignación, que todo responde a un ejercicio de desconcentración por parte de los poderes fácticos para que su delantero deje de meter goles. Si la misma acusación se realiza sobre la estrella rival es, obviamente, un ejercicio de persecución democrática del fraude.

Cuando, tras el informe sobre la educación española donde se ha resaltado la diferencia entre algunas comunidades, los responsables de las peor paradas han explicado que es culpa de Franco o que los examinadores han ido expresamente a preguntar a los niños más tontos pero jamás han reflexionado con que quizá algo no les esté saliendo bien. Jamás.

En cierta ocasión me preguntaron sobre aquella idea peregrina de cierto gurú político de poner un salario de 1300€ a cualquier persona por existir y mantuve que la naturaleza humana es tan miserable que una pareja en paro con un hijo mayor de edad sin trabajo jamás se preocuparía de aportar nada a la sociedad si les ingresan 3900€ al mes. Entonces me acusaron de ser un derechón fascista. Sin embargo cuando afirmo, lleno de convencimiento, que nuestro sistema debe de cuidar y apoyar a quienes han tenido menos suerte que otros hay alguno que me acusa de ser un rojo cabrón. Hay, incluso, quien me ha acusado de ambas supuestas traiciones. Parece ser que quien mira necesita sentir que el otro es malo de los del otro extremo siempre. Por alguna razón tranquiliza.

Desconozco si quien lee estas líneas ha jugado alguna vez a buenos y malos, a indios y vaqueros. Ni siquiera dispongo del dato de saber si ha visto las buenas películas de la guerra de las galaxias pero sabrá quienes son los stormtroopers, los indios, los vietnamitas o los árabes en las películas más modernas. Tienen algo en común: se mueren. También tienen en común carecer de vida anterior. Les vemos caer sin saber sus nombres, sus inquietudes o si tienen aficiones, amores, hijos o mascotas. Los cadáveres están cosificados y eso nos calma porque solamente sabemos que están ahí para morir a manos de héroe (defensor de la verdad, la justicia y asesino). Y que son muy malos porque son el enemigo.

Así que en este mundo moderno existe una necesidad imperiosa de estratificar a quien no piensa como nosotros, de convertirlo en un arquetipo, de retirarlo de la ecuación y ubicarlo en un lugar antagónico, carente de corazón, moralmente disfuncional donde su eliminación resulte la mejor de las soluciones.

Deseemos que Messi se parta una pierna, si somos del Madrid. Que Cristiano se empotre con alguno de sus Ferrari contra una farola puesta a traición por el equipo de gobierno de Manuela Carmena. Fantaseemos con que a Mariano se lo coma un oso que esté despistado por El Pardo mientras va braceando en su entrenamiento matinal, que a Pablemos se le salgan los ojos después de estirar demasiado la coleta, que Puigdemont esté muy calvo debajo de ese pelazo o que una bacteria en bebidas energizantes reviente a mil doscientos aspirantes a tronistas. Yo también he pensado en voz alta cuando un atasco me para y un listo adelanta por el arcén que ojalá se metiera una buena hostia. En todos esos casos deseamos el mal para nuestros nuevos enemigos pero lo que nos jode es que meten goles a nuestro equipo, disponen de un poder que creemos que nos castiga o viven una vida que deberíamos de disfrutarla nosotros. "Suum Cuique" significa "a cada uno lo suyo" y cuando pensamos en "los otros" podríamos estar completamente de acuerdo excepto si nos damos cuenta que eso mismo ponía en la entrada del campo de concentración de Buchenwald y entonces no, nosotros no somos unos nazis.

Pero el que no piense como nosotros es un hijo de puta y merece todos los males. Bueno, tampoco. Sólo el enemigo, el del equipo contrario, el del otro partido, el stormtrooper, Darth Vader y el vecino del hijo del diseñador de la estrella de la muerte.

!Qué bien nos iría siendo un poco más empáticos y algo menos gilipollas!

La posición correcta suele estar en el medio pero el medio es mucho menos divertido porque a veces los malos son el 50% de nosotros y para aceptar eso, reconocer un error, pedir perdón o estar contento tras un partido en empate, hay que pensar.

Es una cualidad en proceso de extinción devorada por zombies con entrañas fanáticas saliendo por sus bocas ensangrentadas, votando a mesías escorados a derecha o izquierda, al brexit, en contra de la paz en Colombia, a Trump, a la ultraderecha austriaca o francesa. Quemando contenedores "por la democracia" griega, aclamando a dictadores muertos de Cuba o de España, tirando piedras a diputados de otros partidos en la carrera de San Jerónimo o brindando porque se ha muerto alguna cabrona mientras desean ganar partiendo la pierna del contrincante.

No va a menos. Al contrario. Dales tiempo. Es más fácil invadir un país que buscar una solución, partir la cara del contrario que hablar con él. Es la "enemización del mundo" 

2 de diciembre de 2016

La verdad y la teoría triangular del amor.

El psicólogo Robert Sternberg definió, una vez, el amor como una relación entre tres parámetros principales: intimidad, pasión y compromiso. Los puso en una pirámide y empezó a describir las diferentes combinaciones que le aparecían (amor fatuo, sociable, romántico, vacío, cariño, encaprichamiento...). Lo llamó, casi como un título de película de esas dramáticas que dan después de comer, La Teoría Triangular del Amor.

¡Qué fácil!, ¡Que obvio!, ¡Qué sencillo!

Entregarse, comprometerse y apasionarse. Casi como si fuera una máxima y aplicable a todas las relaciones. En realidad no hay grandes diferencias entre lo amistoso y lo sentimental, si es que obviamos la pasión entendida como un pasillo que se queda antes de llegar a alguna habitación. Tampoco hay grandes diferencias en todo aquello que implica a humanos porque, en el fondo, nuestra vida se compone de relaciones humanas. Nos relacionamos con los amigos, las parejas y los clientes. Nos relacionamos con la familia y con quien nos mira en bicicleta. Nos apasionamos en esas conversaciones que surgen en la tercera copa o incluso cuando debemos o nos deben dinero o favores. La pasión sorprende en lugares insospechados pero es mucho más interesante si aparece en espaldas suaves acompañadas de aquella mirada que se entorna y se estremece con unos ojos que observan de soslayo.

Pero hay algo que se nos olvida casi siempre. Nosotros. Se nos olvida el motivo por el que actuamos y que va mucho más allá de lo que decimos o de lo que somos capaces de describir con palabras. Tenemos un duende dentro que nos sodomiza y nos sabotea. Hay veces que, como los niños que se dan cabezazos contra la pared porque no les dan los dulces, necesitamos vivir en algunas telenovelas, escondernos dentro de mil y un dramas, ir a los lados del triángulo para no quedarnos nunca en el centro.

-En un tornado no hay aire en el centro- me dijeron una vez como si fuera una enseñanza -pero en el momento en que se sale de ese centro, el aire huracanado arrastra- y aquí hay que hacer un gesto en espiral con la mano- Lo difícil es mantenerse en el punto de equilibro de fuerzas.

El ser humano es curioso y cobarde, es un perro al que alguna vez han querido pero que también recuerda lo que le dolieron los palos cuando se acercó, moviendo el rabo, a por lo que parecía un hueso. Entonces se pone digno y desea, como todos, sentirse importante, querido y que apuesten por él. Al final siempre es un pequeño pulso y en los pulsos, como en las peleas, quedan dolores en todas partes. Hay lesiones musculares que no se llegan a recuperar nunca y hay veces que nos descubrimos caminando con miedo porque una vez nos hicimos daño.

Entonces, aunque todos somos teóricos infalibles, se nos olvida la verdad. Se nos olvidan todas las memorias, todos los miedos, toda la culpa donada y acumulada. Se nos olvida la memoria de los músculos. Se aparta a un lado, pero sigue ahí, la caja que contiene los sinsabores y las idealizaciones de las experiencias pasadas. Se espera, porque si algo hemos aprendido es la dignidad propia, que vengan a rescatarnos, que sea el rescate a una hora que nos venga bien, en un caballo adecuado y la persona indicada. A ser posible que no pregunte mucho y si acaso descubre alguna de nuestras debilidades, que no haga sangre con ellas. Hay quien tiene miedo a rescatar y quien tiene pavor a ser rescatado. A partir de una edad todos somos princesas en nuestros torreones. Creemos enamorarnos, fingimos intimidad, follamos como leones y hacemos las confesiones justas pero nunca concedemos todo a la vez porque eso es como jugar enseñando las cartas y alguien nos convenció que de esa manera lo único posible es perder por mucho que la teoría diga lo contrario.

Estar caminando por los extremos del triángulo resulta hasta sencillo y en cada vértice hay una extraña añoranza de los otros dos. Es culpa tuya, es culpa mía, es responsabilidad del pasado y del miedo a un futuro con un clima demasiado frío. Nos fuimos a rescatar a la vez y cuando tú estabas en mi torreón yo estaba en el tuyo, con un caballo cojo y una lanza oxidada. Es un triangulo escaleno o isósceles pero nunca equilátero. -¿Por qué estamos haciendo esto?- , -¿Qué?, -Hablar- Es el diálogo más rudo sobre la necesidad de amor y la imposibilidad de lograrlo como quisimos descubrirlo. Que sea verdad y no haya una sensación de conformismo ni un silencio incómodo o heridas mal cicatrizadas. Que no nos aterre ver que puede ser, que puede cambiarnos por dentro, que nos encontremos junto a la parada de autobús y seis horas después haya una luz que ilumine desde los vértices.Y deslumbra como la sensación de calma al ver la espalda con la luz que entra por los agujeros de la persiana.

"Pídeme" es una forma egoísta pero lícita de solicitar valor. Esperar esa palabra y no oírla. Quizá no decirla.  Después del silencio triangular lo que queda es un esguince muscular con forma de desAmparo.

El monstruo nunca duerme


Tu pelo ardiendo, vi tu pelo ardiendo y, entre el humo, una ciudad. "Este es mi sitio". "Tú debes recorrerte el mundo entero". Si me hago daño, te voy a hacer daño, siempre hay una excusa y ahí está. No hay culpables, pero una voz me dice: "No has cambiado". Cada vez que veo que no estás, las sirenas, los demonios y el ruido del mar no me dejan dormir en paz, no me dejan. Tu voz en llamas, oí tu voz en llamas, y entre el fuego hablabas de viajar en avioneta, piloto yo y vomitas tú el cielo. Tu pelo ardiendo, vi tu pelo ardiendo y, entre el humo, una ciudad. Los edificios empiezan a sentir el mismo miedo. Cada vez que veo que no estás las sirenas, los demonios y el ruido del mar no me dejan dormir en paz, no me deja el viento que ahora grita lo que no quiero escuchar, agujas en los ojos eres tú en el vendaval, tiritan las ventanas recordando nuestro plan. El monstruo nunca duerme y nunca consigue olvidar y si algo he aprendido lo tendré que practicar. Saldré vivo de esto aunque no quiera hacerlo más ... (Nunca había llegado a sus entrañas, yo nunca, nunca, yo no... ). Dicen que el monstruo nunca...








Daimón
Término griego (que no se suele traducir) con el que los griegos se referían al destino individual de cada cual; el término tenía connotaciones religiosas, y se consideraba que el destino de cada cual era algo divino o asignado por los dioses.  En ese contexto era, con frecuencia, personificado, de forma similar a lo que otras culturas percibieron como ángeles o demonios.

Platón, sin embargo, en el mito de Er, de la República, presenta a cada cual como responsable de su destino, de su daimón, al haberlo elegido el alma de cada cual antes de su siguiente reencarnación. En el Sócrates platónico el daimón se presenta con frecuencia como una voz interior a la que escucha y obedece..

16 de noviembre de 2016

Like a friend

En 1998 se publicó una de mis canciones favoritas. Y se repite (aunque sea la versión brit de un pagafantas y le hicieran una película (Grandes Esperanzas)).