Mal dia para buscar

21 de septiembre de 2020

Andre, Mariano y Lorena.

Cuentan que Andre Agassi, uno de los símbolos del tenis para mi pero por detrás de Biön Borg, se enamoró de una moto cuando caminaba por alguna calle de EEUU. Se quedó junto a ella hasta que apareció el dueño. En ese momento le dijo que quería comprar la moto. Tras un momento de oferta y demanda, teniendo en cuenta que hablamos de un tipo que ganó más 30 millones de dólares solamente en premios, se la llevó.

Andre confesó , una vez retirado, que ser el numero uno resultaba una presión excesiva y que hubiera preferido ser el 141. Claro que eso es cómodo comentar después de ser un grande y con una bonita moto en el garaje.


Una de las cosas que tuvo la crisis que reventó en el 2008 es que Mariano López, joven estudiante de notas nada destacables, descubrió que dejando de estudiar y poniendo ladrillos recibía más pasta que sus colegas con la carrera de medicina acabada y que , además, si iba al banco le daban para un BMW y una casa en el campo. Así que se hizo con todo el pack. El sueño de algunos políticos que aún estaban en la universidad por entonces es lo que pasó en aquellos tiempos: que todos nos creíamos ricos y gastábamos hasta que no hubo para todos. Mariano se quedó sin casa, divorciado y gastando las mañanas en el centro de salud donde pasan consulta aquellos de los que se reía. Les hace las reformas de la cocina del pueblo. Lleva el mismo coche con cien rayones por banda, escape en popa y a todo turbo.

Hace unos días Lorena, una muchacha con un iphone que compró de segunda mano y un pequeño tatuaje en el tobillo que está a medio camino entre un tribal y un pájaro libre por el cielo, se quejaba de la especulación inmobiliaria del capitalista de su casero, el cual le había instado a irse por no pagar el alquiler. Lorena ha vivido alimentándose de experiencias: ha visitado Italia con una mochila. Se ha drogado en Ibiza. Tuvo sexo en la playa de Caños de Meca con Italiano. Pasó un tiempo en EEUU y se ha visto el 23% de las series de Netflix. Todo ello con la financiación expresa de ese tipo de padres, negociadores y condescendientes, que creyeron suplir lo que no vivieron intentando adecuarse al nuevo mundo que viven los adolescentes ( de 14 a 29 años) en vez de establecer algún tipo de norma mínima de quid pro culo quo. Como un perro que baja las orejas al acercarte porque está acostumbrado a recibir golpes, Lorena no es capaz de plantearse nada que no incluya una experiencia nueva o simplemente volar allá donde sus deseos manden. Si no llega a ese El Dorado considerado como objetivo del mes, la culpa es de los demás porque algo aprendió desde pequeña: ella se lo merece.


Otra de las cosas que contaba Agassi es que "si el éxito es el compromiso por la vida no creo que ningún niño debiera pasar por lo que yo pasé" pero sucede lo mismo que con la moto: es sencillo decirlo con algo que refrende conocer las maldades del triunfo. Se quejaba de que su padre le exigía más de lo que puede dar un niño, llegando incluso a odiar el tenis aunque también el tenis le había dado a Steffi, más exitosa que él, y a sus hijos.

Bueno, y también todo aquello le dio una holgada situación económica que le permite ahora, con 50 años, vivir experiencias. Incluso algunas con las que Lorena solamente sueña. Pero es que Lorena no entrenó jamás. Cuando tenía que hacerlo Mariano, su padre, le pagó lo que quiso con lo que sobró del crédito del banco.


La han cogido de recogepelotas  en el club de tenis en el que su padre reformó los baños. Cumple escrupulosamente lo que dicen los protocolos sin hacer absolutamente nada más, ni mejor ni peor, no sea que la echen. A la hora exacta de salir ( ni un solo segundo más para esos capitalistas explotadores)  y cuando se ríe del niño que se queda a entrenar por las noches no se da cuenta que se está riendo de ella misma. Andrés, se llama el niño. Le gusta el tenis. Si no llega a número uno y se queda en 141 tampoco está tan mal pero, por si acaso, estudia matemáticas por las mañanas y no conoce Cádiz.

17 de septiembre de 2020

Trampas

Jorge es un niño contemporáneo y convencional. Escuchaba trap cuando estaba de moda y va un paso por detrás de las niñas del colegio que le gustan mientras sus amigos gays son a los que tiene que preguntar para saber si Laura, esa pelirroja de pecas que cada vez lleva unos shorts más cortos, se ha interesado por él.

Y un día, justo antes de acabar el recreo, le dijeron que Laura pensaba que era un chico majo pero no quería ser su novia. Jaime sintió la primera de las punzadas que da el desamor, la más dolorosa por tener que enfrentarse a un desgarro desconocido, y se fue cabizbajo a casa. Se quedó ese dolor consigo y sus notas, que ya se movían en el alambre anteriormente, cayeron en las evaluaciones posteriores.

Su madre, con los resultados en la mano, se preocupó. Pensó, como piensan los padres modernos, que algún tipo de desarreglo mental o de conducta le aquejaba. Le quiso llevar al psicólogo pero Jorge se negó. No quería salir de casa y pasaba las horas delante del teléfono mirando las stories de Laura y esas fotos que ponen las chicas que quieren parecer mayores. Suspiraba.

Un domingo leyó en algún lugar que los juegos despertaban a los niños y se fue donde sus padres. -"Quiero una consola nueva"- les dijo haciendo referencia a la bondad que iba a generar sobre su comportamiento. "No"- le respondieron. Entonces, indignado como si le hubieran amputado un brazo, les gritó "!No queréis que me ponga bueno!"

Y ese deseo de un juguete nuevo que le sirviera como excusa para no ver por la calle a Laura con otro, lo había convertido en un ataque a la prosperidad obligada que sus padres le debían de proporcionar.


Pues bien. Eso que hizo Jorge no es nuevo y se repite en comportamientos supuestamente adultos. Me escondo detrás de un valor absoluto como el ecologismo, el animalismo o el bienestar social y convierto mi deseo en algo que ayude en ese propósito. Entonces, si alguien no se pliega a mis deseos, es un enemigo del planeta, de los animales o de la igualdad.

En Bilbao, la ciudad donde resido, han tomado la decisión de poner el límite de velocidad a 30 km/h. Hay calles de cuatro carriles en las que para ir a 30 tengo que meter segunda e ir frenando. Ayer me pasó un niño en bicicleta con ruedines. Si bien podríamos pensar que se debe a una alta tasa de atropellos o a unos indicadores de contaminación altos no es así. Simplemente es una idea que resulta de muy complicada ejecución. Pero si digo que es una idea imposible la primera respuesta que encuentro es que soy un contaminador insolidario con el planeta.

Cuando el supuesto ministerio de la igualdad ( que no del revanchismo identitario) hace una encuesta preguntando si alguna vez a ti, mujer, alguien te ha intentado dar un beso no deseado y se encuentra una masiva respuesta positiva, llega a la conclusión de que vivimos en una sociedad endémicamente subyugadora de la voluntad de la mujer y si digo que es una encuesta interesada y absurda, soy un machista.

Y es porque soy el padre de Jorge que no quiere que mejore como persona cuando yo lo que pensaba es que si quiere una consola (o más fondos, o poner más multas) debe de ganársela antes o demostrarme que ese es el camino correcto.

Cuando alguien diga que para acabar con el hambre hay que ir por la calle con los genitales por fuera y yo diga que me parece una estupidez me meterán en la cárcel por desear el hambre en el mundo y no por criticar una tontería obvia.

Nadie quiere ser el responsable del hambre del mundo, de la muerte del señor del cuarto, de que un matrimonio se acuchille en una discusión y, por supuesto, que Jorge se convierta en un personaje triste y gris cuando sea mayor.

Pero eso no se consigue haciendo trampa. Y últimamente hay demasiadas trampas.

4 de septiembre de 2020

El mundo se derrumba y nos limpiamos las botas.

Antes del uno de septiembre del 39 un grupo de nazis se juntaron el las catacumbas de Berlin. Estaban con sus uniformes y las botas altas brillantes. Algunos llevaban medallas y otros miraban altivos a los demás compitiendo sobre quien era más nazi de todos pero menos que el Führer.

Seguramente pusieron un mapa de Europa delante y planificaron perfectamente la oleada sorpresa que venía justo después de las rebajas de agosto.

Así que Johan Waldorf, alto dignatario del tercer Reich, volvió a su casa esa misma noche preocupadisimo porque sus botas no brillaban tanto como las de sus compañeros y se dispuso, urgentemente, a limpiarlas con cera de un pequeño artesano de Baviera. Para Johan lo importante eran sus botas. Eso de que fueran morir cientos de miles de polacos resultaba un tema secundario sobre el que, en realidad, no se había parado a pensar ni un solo segundo. Al fin y al cabo él solo no podía parar la invasión y probablemente oponerse a ello le iba a hacer perder sus privilegios ganados a golpe de decir que sí a cualquier cosa que hiciera su líder.

El seis de octubre, con las últimas unidades del ejercito polaco rendidas, Johan Waldorf ya era reconocido como el general más pulcro de la plana mayor alemana.

El 1 de Mayo de 1945, Madga Goebblels acicaló a sus seis hijos y les hizo cantar frente a Adolf con sus mejores vestidos. Después les dio somníferos para matarles y jugó al solitario en una mesa del Führerbunker hasta que se suicidó juntó a su marido. Todo lo que le importaba antes del desastre final era que estuvieran limpios y guapos.

Si algo aprendemos de aquellos momentos en los que la segunda guerra mundial arrasaba con todo de una u otra manera es que el comportamiento humano es extraño. En este caso tanto la historia inventada del general Johan como la historia real de Madga nos dejan ver que cuando alguien no quiere enfrentarse a la verdad lo que hace es regodearse en los detalles. Es mucho más fácil asearse que salvarse del asedio del ejercito ruso. Es mucho más cómodo preocuparse por el brillo de las botas que por las cantidad de polacos muertos bajo tus propias decisiones.

Y en estos momentos de intranquilidad absoluta es perfectamente lógico que el ciudadano medio se limpie las botas o se preocupe de la limpieza tanto suya como de su entorno pero, sinceramente, es irritante descubrir que disponemos de una serie de personas elegidas para tomar decisiones que, como no son capaces de asumir la realidad, se enfrentan entre ellos en discursos importantísimos sobre la monarquía, las fusiones bancarias, la financiación irregular, los crímenes de hace 50 años o el racismo en Estados Unidos. Se preocupan de si Colón se tiró o no a un par de cubanas indígenas o si hay que rescatar las estatuas de Cervantes porque rescatar de la ruina al 20% del país que dicen defender es algo demasiado cansado.

Al menos Madga se quitó del medio con una ampolla de cianuro y tiro en la cabeza. Dejó una nota a su único hijo diciendo que "me hago responsable".

En el siglo XXI la culpa siempre es de otro y la responsabilidad personal se diluye entre los tupidos bosques de excusas. "No solucioné la crisis porque era un problema Chino fomentado por el capitalismo americano y azuzado por los poderes económicos de una Europa caduca"- dirá un ex ministro dentro de unos cuantos años desde su casa frente a algún lago- "pero fui yo, !yo!"- con énfasis- "quien demostró al mundo que Cristobal Colón era un racista". Y luego se irá a la cama contento no sin antes encerarse las botas.

"El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos"- le dijo Aldof a Eva antes de ese matrimonio celebrado en el mismo lugar en que murieron los niños de Madga. También es lo que le dice a Indrid a Humphrey desde el otro bando.

"El mundo se derrumba y vamos a ver qué otra cosa podemos hacer"- dicen los que tienen que apuntalar los edificios porque si se cae, hay que salir indemne. Visto así es un acto bastante cobarde que sigue cada día en las noticias. Busca una polémica para no hablar del problema de verdad: de la ruina, de los muertos, de los parados tapados en las estadísticas, de las decisiones que fueron gasolina a las llamaradas y del desastre que, como miserables, solo intentan que no les pille debajo aunque sea sujetando sin éxito.

Prefiero alguien que intenta hacer algo sin triunfar que quien, presuponiendo que no puede, no hace nada. Prefiero un personaje que solucione conflictos, como el señor Lobo. aunque no tenga las botas limpias.

26 de agosto de 2020

49

Desconfío de los buenos deseos pero, como a quien no le gustan las verduras aunque debe de comerlas, a veces mi organismo los necesita.

Esos deseos no deben de quedarse escondidos en los momentos significados: la navidad, los entierros, el día que te invitan a una boda o las fiestas de cumpleaños.

Acumulamos fechas. Todos los días son la efeméride de algo. En 1990, tal día como hoy se ejecutó la matanza de Puerto Hurraco y los hermanos Izquierdo salieron, escopeta en mano, por la calle Carrera disparando a las cabezas o a los corazones. En 1983 Bilbao se ahogó en sus propias inundaciones. El 26 de agosto de 1971 Astrud Gilberto era numero uno de los 40. Y a las 16:00, más o menos, enfrente de lo que ahora es un museo y que en aquellos tiempos era un muelle de descarga de plátanos que venían de Canarias, nací yo.

Por el camino llegaron y se fueron demasiadas cosas y demasiadas personas. Una vez me dijeron que, como la vida y la muerte, es una ley no escrita y contra eso, igual que contra la naturaleza, gastar energía es perderla. Nadie me enseñó a gestionar las cicatrices que te dejan algunos vacíos y con los años esas heridas se ven el en espejo mientras intento no marcar los pliegues de mi piel madura si me afeito por las mañanas. Tampoco supe gestionar bien aquello de que el tiempo pone a cada uno en su sitio o que hay recompensas a las buenas acciones. Simplemente aprendí a vivir sin esperar nada y , después, convencerme de lo contrario para seguir viviendo.

Todo eso, todos los días. Me equivoqué pensando demasiado. Va a sonar ególatra: me gusta quien soy pero no donde estoy. Debo aprender a reconocer a quien está en vez de esperar el momento en que se haya difuminado como una foto antes de dormir. También me queda pendiente esa lección en la que aunque cada día espero que sea ese en el que todo, como en un guión bien hecho, encaje para felicidad del protagonista, que hoy no sea. No tengo que llegar a la cama con la sensación de tener otro boleto comprado para el título de: Mierda. Las autoflagelaciones curan mucho más despacio.

Aprender es lo que queda siempre. Solo doy las gracias cuando es de verdad y las doy demasiadas pocas veces.


Sin embargo, a lo que iba: Desconfío de los buenos deseos.

Buenos deseos para mi. Hay que comer más verdura.


24 de agosto de 2020

Las DOS nuevas clases.


Bienvenidos a ese momento en que, tras estar destinados en la retaguardia de las vacaciones, nos han llamado para combatir en el frente.

Combatir con la idea de que vivimos en una guerra bacteriológica donde el enemigo se infiltra en nuestras líneas y sabotean nuestras instalaciones. Luchando, bajo las órdenes de comandantes resguardados en sus búnkeres para la guerra atómica, contra todo lo que no sea íntegro y válido en ese momento. Pudiera ser lo de la guerra de la semana pasada pero hoy ha llegado una carta de comandancia explicando que las órdenes son otras. Luchamos, antes, contra los que no tenían guantes, contra los que salían a la calle. Hoy luchamos contra los que no van parapetados y quien tiene la mala suerte de toser. Sólo tosen los judios y por eso les metemos en los campos de concentración de sus casas, les quitamos el trabajo y lo hacemos por el bien de la raza.

Es por tu libertad por lo que no debes dejar que tus hijos jueguen con los hijos del vecino. Por la libertad  no bailes, no bebas, no llegues a casa tarde, no folles, no resoples si corres para pasar el semáforo en verde y, sobre todo, no pienses.


Vive en una nueva sociedad de dos clases. No son ricos y pobres. No son blancos y negros. No son ni siquiera zombies y sanos.

Es una sociedad de dos clases:

1- Por una parte los que no saben si mañana comerán, si tendrán trabajo o si tendrán para un chubasquero cuando empiecen las lluvias.

2- Por otra todos los que, por fortuna o por oposición, van a cobrar a final de mes porque sus empresas seguirán vivas. Se llamarán funcionarios, consejeros u operarios de grandes compañías esenciales.



Y la guerra, en cierto punto, es entre esas dos clases. Unos vitorean la necesidad de seguir vivos del virus y otros esperan que no sea el hambre la que les mate.

Esas son las dos nuevas clases. Unos les miran con recelo a los otros porque les van a infectar y les denominan insolidarios. Los otros les ven con  envidia y rabia porque lo que quieren es poder trabajar mañana.

Bienvenidos. A ver en qué lado te ha tocado luchar.

15 de agosto de 2020

Todos somos Maria ( Bilbao. Aste Nagusia 2020)


María está loca.

No es algo relacionado con la  pose o porque sea la que más baila en las fiestas, la que grita más alto o la que conduce con la ventanilla abierta cantando canciones de Jose Luis Perales a pleno pulmón por la circunvalación de Bilbao. María está loca diagnosticada y sabe, de una manera cierta que hay días, momentos, respuestas e incluso opiniones incontrolables que brotan sin control de alguna parte de su cabeza.

Sube y baja, como una sinusoide, como El Ratón Vacilón de las barracas.

La puedes encontrar, cuando los fuegos artificiales llenan el cielo los nueve días de fiestas, gritando con cada explosión o tumbada en la hierba con los ojos fijos y sintiendo como si las luces fueran gotas de lluvia que la empapan.  Salta en las verbenas. Se sienta en los conciertos. Se sorprende, abriendo mucho la boca aspirando el asombro, con los magos callejeros. Habla con  las marionetas y  más de una vez se ha perdido, como un niño en la sección de juguetes de El Corte Inglés, entre los cientos de estímulos que llegan, amplificados, a sus pupilas.

Es una artista en sus tiempos muertos.

Ese cliché que relaciona la locura con el arte la hace brillar sin saber exactamente si es una artista o si tiene la capacidad de explotar contra un lienzo de una forma fascinante, con un exceso de esa imaginación que no dispone del filtro que da la consciencia. Acumula colores y formas de una manera estremecedoramente auténtica. Cuando su mente no la traiciona, cuando la realidad no se convierte en pesadilla, es luminosa y delimita las formas de sus cuadros en un alarde realista casi fotográfico. Cuando se queda sepultada por el agotador proceso de las neuronas, sus dibujos son borrosos con el mismo patrón de desbandada de píxeles mal acumulados que tiene una pantalla moderna rota a cabezazos.

María ha extendido las sábanas de la cama en el suelo del salón.

Tuvo un novio que no la adoró lo suficiente y otro que desapareció antes de amanecer tras una nota de despedida que lee cuando llora, en el sofá, los domingos de lluvia. Tuvo amigos aparecieron y se esfumaron, pero siempre en exaltaciones de la amistad  y rupturas dramáticas que después, en realidad, no dejaron cicatrices. Solo te pueden hacer cicatriz los navajazos que te das tú solo, aunque sea con el cuchillo de la ausencia de otros. También se puede salir, alocado y feliz, proyectado al infinito en una espiral de energía que hace levitar con un combustible de rabia, ganas y ansia. A la luna se le aúlla en soledad o se le enseña el culo en compañía.

María empieza a pintar sobre las telas. Lanza pintura de colores que se entremezclan. Salta descalza sobre ellas. Se mancha las manos y gatea. Se desnuda. Se tumba y se pone en posición fetal. Verde, rojo, blanco. Azul brillante gotea por sus caderas. Se duerme sobre una cama multicolor.

Todas las mañanas son una lotería de sentimientos. Se puede despertar de un salto o resguardarse con miedo del amanecer. Cantar con la ducha como micrófono o dejar que las gotas golpeen la cerviz deslizando por la espalda como unas manos calientes que memorizan sus músculos. Saluda a los vecinos, unos días. Otros, en el infinito trayecto del ascensor, mira cómo cambian lentamente los números de los pisos que siempre se toman más tiempo cuando no hay ganas de hablar. Compra el pan. Unos días de molde, otros días de barra. A veces se hace bocadillos de atún y a veces de chorizo. Se refugia en un trabajo que la ocupa. Los entretenimientos la aíslan, en una sensación de paz y rutina, del maremágnum de emociones que tiene dentro. Cuanto más gris, mejor. Ella siempre soñó con la creatividad ilimitada que tienen los genios, pero los genios tutelados.

Nada más despertar ha cogido unas tijeras largas, alumínicas y afiladas.

Al llegar la tarde, con esa luz parecida a un reflejo en una lámina de cobre que tiene Bilbao en agosto, recoge su mesa ritualmente para dejarla exactamente igual que como estaba ayer. Volver con todo en su sitio resulta, a veces, un chute de calma porque nada ha cambiado y todo parece que está controlado. Conocer la ubicación de nuestro universo, como saber el lugar exacto en el que se pone cada Txozna en fiestas, es una manera de sentir algo parecido a “casa”. Pasa el tiempo, pero permanece lo bueno y si todo está como siempre es que siempre estuvo bien.

Ha empezado a cortar con un patrón conocido pero aproximado. Vive un momento en el que en su cabeza todo parece perfecto pero desde fuera no se entiende. Corta y extiende. Mira. Vuelve a cortar. Ella está acostumbrada a que nadie la entienda y necesita, visceralmente, llegar a donde quiere llegar. Muchas veces el destino es una incógnita que se descubre sola al final de la ecuación, cuando se tachan las variables.

Bilbao en fiestas es un gran bullicio. Reflejándose sobre la ría y con una mezcla de reivindicación, festividad y algarabía comunitaria se vive luminosamente sin perder un núcleo que lo impregna todo como si fuese la mano personal de un único artista que habita en cada uno de los bilbaínos. Y todos los que están ahí lo son, aunque sean de Cuenca o aunque hayan venido a vender esmeraldas falsas a los joyeros de la Villa. Los oídos resuenan, las conversaciones se entremezclan a cada paso y los ciclos se repiten día tras día como si no fueran a terminar nunca. Niños, concursos, charangas, tradiciones, bilbainadas, bares, conciertos, txosnak, cortejos, amores, culturas, fuegos artificiales, amistades,  tumulto, brigadas de limpieza y amanecer. Vuelta a empezar.

María se ha puesto las sábanas pintadas alrededor del cuerpo. Un fajín azul. Una falda larga. Una flor en el pecho. Brilla, desde las muñecas hasta la cintura, multicolor. Coquetea con el espejo mientras rasga un pedazo de tela para ponérsela en forma de pañuelo alrededor del cuello. Se mira. Se dice a sí misma, bilbainísima como ella sola: ¿A que no hay huevos? . La respuesta es un giro feliz, brusco y acelerado decidiendo correr hacia la calle.

Por las avenidas María baila. Y sonríe. Es una mujer alta. Bota al ritmo de la música. Levanta los brazos y otras personas, irradiadas de ella, la siguen. Como una serpiente multicolor donde es la cabeza y a su vez todos los colores, va por el puente del arenal deslizándose al ritmo de los compases de la ciudad. Y viene María en medio de la Jaia, que para eso es fiesta en euskera. Loca, alegre, contenta y con sus claroscuros, como tú y como yo. Como todos los que estamos algo locos aunque no estemos diagnosticados porque no nos dejamos ver por la lupa de la cordura. No estamos cuerdos porque estamos en fiestas. Allí, por donde se baila y se bebe, por donde se ríe y se han hecho amigos exclusivamente por el hecho de estar bajo el cielo de la misma ciudad. María lleva su ropa colorista. Su pañuelo, su falda abanicando y haciendo que hasta los gatos estén alegres, como dice alguna canción.

Todos lloramos, reímos, tenemos taquicardias que nos acongojan antes que nos salga una carcajada a media tarde y después de encontrar a los amigos o a nosotros mismos. Tuvimos amores y pérdidas. Buscamos las cuerdas de las marionetas. Nos quedamos callados con los fuegos artificiales sobre nuestras cabezas. Cantamos en la ducha. También nos ponemos tristes, a veces. Hemos llorado las ausencias, comido bocadillos de atún y de Nocilla. La llevamos dentro. María es la fiesta y como es algo nuestro esa locura la convirtió en Marijaia.

María no está loca.

Pd: Todos somos María, al menos 9 días.
·         Jaia: fiesta.
Pd2: Mariajaia fue diseñada por Mari Puri Herrero en 1978.

11 de agosto de 2020

Ojos en el culo (basado en una historia real de vacas)

En Botsuana alguien pensó en pintar unos ojos en el culo de las vacas para que cuando los depredadores llegaran tuvieran la sensación de estar siendo observados y así no matar las reses. 

Oye, que les salió bien.

Así que en medio de la sabana un leopardo acecha a un rebaño de vacas para ver qué se lleva a la boca. Planifica su ataque por las partes traseras tal y como aprendió de sus mayores y descubre que le están observando. Igual que a algunos nos resulta incómodo que nos miren en determinadas actividades, se asusta con unos ojos saltones y una nariz que bien podría ser un rabo. Y se pira a casa mientras la vaca muge, que diría Gloria Fuertes.

Dicen que, como la estrategia del espantapájaros, funciona ese tipo de miedo burdo que se enfrenta al animal que se lleva dentro. Con los humanos pasa algo parecido cuando hay una señal de radar en la carretera, cuando hay una cámara falsa en un ascensor y te querías sacar un moco o cuando te han convencido que el gran hermano te vigila. Entonces se puede decir que no haces lo que te pide el cuerpo porque alguien dibujó algo parecido a unos ojos en los culos que te ven.

5 de agosto de 2020

Niemöller Revisited.

AL PRINCIPIO IBA A PRIMARK PORQUE LAS CAMISAS DE BANGLADESH ESTABAN 3 A UN EURO. 

MAS TARDE COMPRE EN EL CHINO DE LA ESQUINA PORQUE ERA MAS BARATO.

DESPUES COMPRE EN AMAZON PORQUE ERA MAS ECONOMICO Y LA VIDA ESTA MUY MALA.

LUEGO ME FUI A ALIEXPRESS PORQUE LOS PORTES ERAN MENOS Y LOS PRECIOS SON SORPRENDENTES.

Y CUANDO FUI A MI TRABAJO ME TUVE QUE IR A CASA PORQUE NADIE QUIERE PAGAR LO QUE PERMITE UN SALARIO (Y NO TENIA PARO PORQUE NADIE HABIA PAGADO IMPUESTOS)

 ASI QUE DIJE "SOIS UNOS HIJOS DE PUTA" 
( Y EL HIJO DE PUTA ERA YO).


4 de agosto de 2020

Nuevo paradigma

Ayer acerqué a un colega,  justo a la hora del anochecer, a ese lugar en el que Jaime Bertani (protagonista del libro Dame Cuerda) se esconde antes del desenlace a fumar un cigarro. Y nos fumamos un cigarro. Nos bebimos dos cervezas y nos comimos un par de Durum aunque yo soy más de Kebab. Es un lugar que da paz y miedo, como la situación que se acerca. El nuevo paradigma, me dice parafraseando a un coach de tercera división ( ¿hay de primera o es todo una chufa?). En realidad a lo lejos se ve la paz del mar y abajo, a los pies, muros de piedras que se van  cayendo al mar sin protecciones . Hice una foto:

Si algo tuvo la crisis del 2008 fue la idea, equivocada en los resultados, de que aquello cambiaría la forma de actuar del supuestamente inteligente ciudadano medio. Que por ganar cinco mil euros un mes nadie se iba a comprar un BMW y pedir una hipoteca a treinta años. Que la estupidez salió a flote y se nos había llevado por delante. Y, sin embargo, hay que reconocer que no fue así como el que comete un error cada vez que se encuentra con la misma disyuntiva, como si nuestra sociedad fuera una yonki que no sabe decir que no a lo que le hace daño.

Poco tiempo pasó desde aquello y ahora, sin suficiente tiempo para que las cicatrices dejen de notarse, nos golpea una bofetada invisible. Nos golpea sin poder vender el  BMW que no necesitamos y que está en el garaje  o sin las escrituras de un piso que no podemos pagar en el cajón. Solamente nos golpea.

Y cuando lo hace salen a la luz, a veces como el pus de un grano que explota, nuestras infecciones. Supongo que por eso lo primero que se acabó fue el papel higiénico.

En estos seis meses nos podemos sentar a ver lo que ha pasado. Se vive sin comprar una camisa por semana o sin el ultimo móvil pero necesitamos las dos cosas. Preferimos el ordenador y nos sentamos delante de la tele rogando porque nos entretengan el mayor tiempo posible, aunque sean contenidos sin criterio pero que sean muchos. Si algo tienen las plataformas es la preferencia por la cantidad más que por la calidad, para darnos la anormal sensación de poseer algún tipo de control. Hemos aprendido a cocinar por obligación  y a asomarnos al vecindario. Algunos han descubierto que hay tiendas debajo de casa y otros, bocazas solidarios (porque dicen amar al médico y al comerciante pero en realidad no), que hacen un click y tres días después aparece un tipo mal pagado que les deja un paquete en el ascensor.

No nos hemos comprado un coche ni nos hemos ido a Bali. Tampoco hemos tenido un affair con una checoslovaca (ellos) o un italiano ( ellas) porque se quedaron en sus casas. Algunos han descubierto que tener hijos es un trabajo a tiempo completo. Hay quien ha dejado a un lado el racismo, el machismo, la ecología, el animalismo e incluso la defensa activa de las libertades de las minorías porque se dio cuenta que tenía que limpiar el baño antes o usar la excusa de sacar la basura en una bolsa de plástico.

No conozco a nadie que se haya comprado  un disco pero todos han estado oyendo canciones.
Me han preguntado cien veces que de donde se pueden descargar mis libros.

Así que todo eso nos da una pista de ese "nuevo paradigma" del que me habla mi amigo después de guardar el papel de plata que cubre el Durum en la bolsa y apurando la cerveza. Es un futuro en el que aprendemos que se vive perfectamente con lo necesario y en el que se llenan de buenos sentimientos los balcones pero si el repartidor (¿portes gratis?) aparece veinte minutos tarde con la trócola (producto inútil ficticio) rosa que pedimos a china ayer o si el rosa no es del mismo tono que soñamos al ver la foto nos indignamos con energía sacando toda la frustración que hemos acumulado en el niño consentido que creímos que merecíamos ser.

Quizá el futuro esté lleno de niños malcriados con cuerpos de adulto. Esos egoistas de manual que te quieren mucho hasta que te sacan la paga,  que van al bar solamente la hora feliz y que exigen sentirse especiales mientras tratan a los demás como sus esclavos.

O quizá no.

Hay quien cree que esto nos hará reflexionar y valorar lo que realmente importa. Bueno, eso si te importan las trócolas rosas de oferta.

No puedo  sé ser optimista.

30 de julio de 2020

Criss Cross- Vacacioneando con los Rolling.

Existe una idea publicitaria, infinita, experimental, joven, sin conflictos y más postureo que unas stories de instagram que los Rolling han convertido en vídeo superando a Thelma y Louise en el Ford Thunderbird del 66 azul.
Se olvida de limpiar el suelo, pagar las facturas,  echar gasolina, el dolor de estómago de la comida basura o que las piedras al lado del acantilado queman las plantas de los pies si intentas bailar descalzo.

Supongo que fuera de plano hay un tipo gordo y sudoroso pagando en la gasolinera, conduciendo para llegar al mar al amanecer, lavando los pequeños bikinis y reservando la habitación del motel donde duerme agotado mientras ella graba otro plano del vídeo.


Extra mucho más atormentado:


29 de julio de 2020

Comportamiento de grupo televisivo.

Cuando la vida te lleva a un lugar que solamente habías soñado de soslayo en breves ocasiones has de improvisar.

En la mía, arrastrado por el forofismo contemporáneo de ciertas compañías inconclusas, terminé en el fondo sur del campo de San Mamés gritando al árbitro en un Athletic-Valencia de mediados de los ochenta. Un ejemplo de comportamiento grupal por desconocimiento del medio en el que, quizá por no ser un experto, opté por mimetizarme con lo que yo creo que se hacía en esos fondos, en pie detrás de las porterías: beber cerveza, gritar al contrario y realizar sonidos guturales del tipo uy, buuu y ufff.... 

Como buen grupo que se cree invulnerable, que considera que tiene la razón de forma absoluta y que desvaloriza al contrario.

Como buen grupo que considera que, bajo el paraguas de la razón propia, puede realizar conductas que de manera individual resultarían ilegales o inmorales ( que no es lo mismo) y, además, la responsabilidad se diluye entre todos. 30 años de cárcel entre 900 personas no sale ni a dos semanas.

El caso es que hice lo que supuse que se esperaba de mi como uno más del grupo.

Las personas, quizá influidas por todo el soporte audiovisual que nos bombardea, procuran mimetizarse con los lugares haciendo lo que creen que se espera de ellos. En la serie "sigue soñando" ( imposible de encontrar) Martin Tupper descubre que su nueva novia había estado con otra mujer anteriormente y, al llegar la cama, se empeña en hacer lo que cree que debe hasta que ella le confiesa que a partir de los cuarenta minutos de sexo oral recibido, se aburre. En uno de sus scketch más reconocidos Mr Bean se comporta como cree que se debe con la reina de Inglaterra. No es un "allá donde fueres haz lo que vieres" sino un "allá donde fueres,haz lo que crees que se hace"


Y se consiguen efectos ridículos con los que no pasa nada si son en la televisión y el cine porque, como la literatura erótica, lo soportan todo.

El problema es cuando sucede en la vida real. Cuando alguien que solamente ha visto el poder en Scarface le dicen que tiene poder. Cuando alguien que ha vivido creyendo que los futbolistas se casan con supermodelos y le fichan en primera división. Deja a la novia que le acompañó, bajo la lluvia y sobre el barro, a los partidos de tercera y se tatúa el nombre de la modelo poniéndole Celeste Adriada a su primera hija.

El problema es cuando estaban tan convencidos que los ricos roban y, cuando se creen ricos, empiezan a robar para no llevar la contraria al grupo. Por no llevar la contraria a lo que se pensó, el día que ella se quedó a dormir se empeñaron en hacer ciertas todas y cada una de las posturas que habían visto en los momentos de intimidad por Internet y se les olvidó intimar, que es desnudarse de espíritu.

Alguna vez entra en el restaurante un famoso de nuevo pelo. Mira, con la espalda muy estirada, alrededor. Espera, porque por eso es famoso, que le sonrían y le miren con algo de envidia. Espera una adolescente desmayada y un camarero que le pida un autógrafo en la servilleta. No es capaz de pensar que es un tipo más en un lugar más. Pertenece a un grupo y exige, de quienes no pertenecen a su grupo, pleitesía. He de suponer que más de una persona sin hogar desea de una manera extraña producir repulsa para no ser reconocido en uno de esos momentos más que bajos por los que deberíamos de pasar todos al menos una vez. También sé que los borrachos, con la excusa del alcohol, se permiten acciones indecorosas dignas de una marabunta. Tocar culos,  mear en las jardineras y reventar escaparates de tiendas de ropa deportiva son acciones igualmente punibles.

Cuando uno no tiene ni puta idea de la verdad pero se empeña, en vez de preguntar, en comportarse como cree que es la verdad, hace el idiota en la mayor parte de los casos. Me da lo mismo un hombre sedentario intentando hacer de deportista, una mujer recién separada tras veinte años de tormentoso matrimonio seduciendo a un adolescente vestida de Berska o a lo que se supone que es una nueva clase política que tienen de políticos lo que vieron  en el Ala Oeste de la Casa Blanca.

Preguntar, fijarse y aprender son palabras que parecen del siglo pasado. Hacer el gilipollas es mucho más moderno.

24 de julio de 2020

Las princesitas

Rana salió la princesita. Falda , tacón y unas braguitas de quita y pon.

Ya lo decía Sabina con la eterna sensación de feos que pierden en el poker de la seducción. Nada nuevo porque a todos nos han dicho y nos dirán que no a lo largo de los tiempos. Lo que sí tuvo, en la digestión que tienen los fracasos, es una canción como recuerdo creada, seguramente, en el periodo de digestión que debe tener cada proceso.

La digestión es esa cosa anacrónica que nuestra madre decía que debíamos mantener antes de volver al agua después de comer porque, según la leyenda, uno se quedó frito con la combinación malvada de tres platos de paella y agua del cantábrico. Quizá también para recordar obligatoriamente que nos habían dado opíparamente de comer. Ya no se da las gracias excepto si es un restaurante y paga, una vez más, el otro.

No se da las gracias porque comer, en el ideal de algunos que viven más cerca de Fuenlabrada que de Mogadiscio, es un derecho. Como lo es tener wifi, una cuenta de Instagram y una compensacióin inmediata que les lleve a una felicidad y bienestar personal que tampoco saben definir. Ser feliz sin saber lo que les hace felices. Un oximorón místico grabado a fuego en la cultura de lo inmediato, en la cultura en la que existe la idea supuestamente positiva de la libre elección.

Nunca ha existido una sociedad más libre que la de ahora y, sin embargo, nunca se han sentido más insatisfechos los humanos.

Barry Schwartz habla de la paradoja de elegir. Como si fuera un silogismo y teniendo en cuenta que la libertad es algo bueno y que elegir es un acto de libertad, cuando más posibilidades existan las personas serán más libres. Sin embargo la posibilidad de elección casi infinita genera parálisis porque todas las opciones son válidas igualmente y, por otra parte, genera frustración  porque la elección no tomada siempre parece tan verde como el césped del vecino al mirar atrás. (otros psicólogos afirman exactamente lo mismo)

Así que estamos en un  momento lleno de estímulos, de elecciones múltiples y de la exigencia de respuestas inmediatas que, sean las que sean, nos llevan a frustrarnos sin haber sido entrenados para ello.

Como nadie nos enseño a pensar o a asumir nuestras decisiones como definitivas empleamos recursos propios: 1-La culpa siempre es de la otra parte 2-Vuelvo a elegir aquello que deseché. 3-Sitúo un filtro más alto. 4-No me fío de los demás. 5-Todas las anteriores. Ahí es cuando aparecen las princesitas.

Las princesitas que exigen que se les satisfaga de forma inmediata y de una manera que debes saber por anticipado. Que se haga solo cuando les apetece y que cumplas todos y cada uno de los parámetros que no te dieron. Has de medir más de 1.80, saber hablar de Proust pero también las letras de las canciones de Fito, sobrellevar un punto intermedio entre la corrección política y la demostración de criterio propio, sorprender lo justo y estar en el límite de lo erótico sin pasar a lo pornográfico. Y si no es así, que nunca lo es, se han apropiado del derecho de dejarte de hablar sin despedirse, ser desagradables, pasar página porque no están en esta vida para perder el tiempo y además les debes dar las gracias por haber tenido el privilegio de ocupar veinte segundos de su preciosa atención.

Las princesitas no son exclusivamente mujeres, por si alguien ( imbécil) ve un imbécil discurso sexista. Yo mismo he sido una princesita alguna temporada de desconcierto.

Las princesitas creen que viven en una galaxia donde los planetas giran alrededor de su estrella. Todo, en una forma de vivir "mimi" (mi bienestar, mi felicidad) y con parámetros de elección que han encontrado en tutoriales de youtube de otros y no en aquello que, con el tiempo que dan las digestiones, les haya enseñado que les da sensación de paz, que es lo más cerca de la felicidad que se puede estar.

Si se puede tener todo eligiendo entre más opciones que perfiles de tinder y se descubre que aún así no llega el amor infinito perfecto, la libertad de elección es una trampa en si misma.

Unos, los menos y menos ruidosos, lo aceptan y otros se convierten en princesitas ofendiditas porque la vida nos les dio lo que no saben aún que quieren.

Como una enfermedad moderna algo que empezó focalizado en la juventud se está contagiando hasta la tercera edad. A dentelladas.

Tengo el derecho a ser feliz pero no sé lo que me hace feliz y, mientras tanto, desprecio a mis súbditos desde la atalaya donde me aliso el pelo. -Tú no, que eres feo como los toreros. Tú no, que vas con una camisa de manga corta de capitalista. Tú no, que no me traes bombones de licor. No entiendo por qué no encuentro a nadie- dice en voz baja con el aire de un suspiro.

20 de julio de 2020

La sociedad todopoderosa de humanos limitados

Por alguna incomprensible razón el ser humano contemporáneo ha perdido la visión de sus limitaciones. Somos capaces de muchas cosas como sociedad y, sobre todo, la capacidad de cagarla es mayor que la de solucionar algo. Con esta salvedad hay que reconocer una cosa: creemos que la tecnología, la ciencia y la solidaridad global lo puede todo. Eso sí: que sean solidarios los demás e investiguen los otros con dinero de los ricos que, obviamente, no soy yo.

Nadie se pregunta si seremos capaces de encontrar una vacuna sino que cuando estará disponible la vacuna que, además, deberá ser gratuita y para todos.

No nos preguntamos acaso si seremos capaces de llegar a Marte sino si lo harán antes los chinos o los americanos. O un conductor ruso de la hostia que le meta otro ruso por una discusión en un paso de cebra de Moscú.

No existe, dentro del discurso, la posibilidad de aceptar que haya algo que no se pueda y resulta ser esa desvergüenza de "si puedes soñarlo, puedes hacerlo". Suena a mensaje místico.

Pues no, no se puede todo.

No puedes volar ni correr pasados los cuarenta más rápido que con veinte. No puedes encontrar el sentido de la vida fácilmente y es más que probable que aquella novia que te abandonó jamás acepte tu perdón. Yo, por mi parte, soy incapaz de comprender la nomenclatura de la química orgánica y Pablo Alborán no es capaz de hacer rock and roll. Bueno, el 63% de los "cantantes" de reggeton no saben entonar sin autotune. Conozco a quien no podrá escribir "ahí hay un niño que dice "!ay!"" por mucho que se esfuerce.
Sin embargo en este mundo de seres limitados estamos convencidos que acabaremos con el agujero de ozono, la pobreza, el hambre, la explotación, las mentiras, el racismo y los chistes de tartamudos.

Curiosamente tenemos ese convencimiento grabado a fuego pero no seremos nosotros los que solucionaremos ese problema. No es mi problema si esa empresa en la que gasto mi dinero utiliza a niños bengalíes, cotiza en Luxemburgo o si no paga impuestos mi plataforma de televisión. Tampoco va a ser mi problema que encontremos una vacuna porque para eso está el gobierno o los científicos. O los médicos a los que aplaudía pero ahora denuncio que me han atendido fatal mi problema de pie de atleta.

Estamos absolutamente seguros que el ser humano lo puede todo porque estamos sentados esperando que lo hagan los demás. Y los demás están haciendo lo mismo.

En algún momento nos convencieron o nos creímos que lo podíamos todo y nadie se plantea que quizá seamos una raza con bastantes limitaciones.

No hay vacuna para el sida de los 80 pero antes de que acabe el verano tendremos la vacuna del Covid y estaremos todos felices y contentos en un mundo feliz donde si no se han solucionado de manera instantánea todos los problemas es por culpa de los otros, a los que no les ha dado la gana.

En este mundo en el que nos creemos capaces de todo quizá haya que empezar a asumir que no lo podemos todo. Claro,que si le dices a alguien  que sea, por ejemplo, gordo, que es gordo, no le gusta. Y si un gobierno dice que probablemente van a morir 45mil personas, que la vacuna tardará en llegar y que se va a llegar a cinco millones de parados, pierde las elecciones. Pero la verdad es obstinada y yo prefiero que me digan la verdad.

No lo podemos todo. Las soluciones empiezan por ti. Vienen tiempos jodidos.
Y , sobre todo: cuando te dije que si te esfuerzas lo suficiente puedes alcanzar tus sueños, te mentí. 

Una sociedad engañada por promesas absolutas de felicidad eterna y capacidad infinita sólo puede derivar en una sociedad frustrada. Cuando te han convencido que puedes ser lo que te propongas y un día descubres que no lo eres la única respuesta válida es que quien se equivocó fuiste tú. Esa es una enseñanza muy dura y muy miserable. Nadie nos ha preparado para la frustración de la misma forma que nadie nos ha querido contar la verdad porque, probablemente, nunca quisimos oír la verdad.
Añoro mucho que me digan la verdad pero los comunicadores han eliminado los discursos poco rentables de su hoja de ruta.

8 de junio de 2020

Dame Cuerda ( los vídeos)

Ya está a la venta DAME CUERDA ( https://edicionescivicas.org/producto/dame-cuerda/ ) ,. Un libro sobre cómo los artistas muertos valen más que vivos, sobre que no es lo bueno que seas sino cómo te venden... y sobre los fantasmas que habitan en las relaciones....