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27 de diciembre de 2025

La navidad del egoismo.

La madre Teresa de Calcuta mantenía que el egoismo era el germen de todos los males. Por mi parte siempre pensé que era la estupidez pero, si lo pensamos bien, la estupidez es una manera infame de llevar a cabo la posesión humana por el egoismo.

Que vivimos en unos tiempos egoistas es algo bastante palmario. Al fin y al cabo, y aquí hablo de política, hay una gran multitud de personas que votan dependiendo de lo que le den a ellos personalmente y otra multitud que quiere que les den lo que les están dando a otros que no se lo merecen.

El "ya vendrá otro a limpiar mi mierda" es un clásico que se maquilla de maneras extrañas, pero eso parte de la justificación mental que cada uno se hace para defenderse. Al fin y al cabo, centrándonos en España, nadie se escandaliza lo suficiente cuando aparece una generación que mayoritariamente quiere ser funcionario o jubilado. No porque trabajen poco o se den la vida cañón, porque habrá de todo, pero sí porque existe una búsqueda basada en la satisfacción personal como prioridad, condicionada por un respaldo económico que habrán de hacer los otros para mi propia felicidad. Es como si existiese la obligación de pasar de ser tutelados por los padres a serlo por el estado sin pasar, en ningún caso, a depender de las propias capacidades en ni un solo instante.

Una sociedad que no se plantea nada más que tocarse el arco del triunfo el mayor periodo de tiempo posible es una sociedad destinada a morir.

Pero que muera después de que yo cobre.

Hay pequeñísimas diferencias entre aquel arquetipo de la señora mayor enjoyada que va a dar caldo a los pobres una vez cada seis meses respecto de la mujer emponderada que ahora se pirra por el boysober y que va, con su septum, envuelta en una bandera palestina pidiendo que a ella le cobren menos por el alquiler porque los ricos, tratrá. Quizá la señora, al menos, da caldo. Las dos calman su moralidad para sentirse, ellas, mejor. Hay una enorme diferencia entre la bondad real y la autocomplacencia. Ha germinado, como una mala hierba, la idea de que ser bueno sin nada a cambio es de gilipollas. Y aquí nadie quiere ser señalado como gilipollas.

Vivimos como conducimos: saltándonos los semáforos que no tienen cámara, frenando de golpe en los radares, adelantando por el carril derecho y no teniendo, jamás, la culpa en un accidente. O cruzando, si somos peatones, más despacio todavía a ver si el que conduce para completamente como yo me merezco.

Así que llega la navidad y como estamos convencidos que hemos sido los buenos, hemos de recibir amor, regalos, calor y unas viandas adecuadas. Cualquier otra opción es inviable porque la fiesta, la subvención, la paga extra y la admiración externa ha de ser nuestra. Mia. Para mi. Todo porque soy yo. Porque lo merezco. Porque lo he hecho todo bien. Porque soy un egoista de mierda. Porque me lo dicen en los anuncios y en los mensajes copiados y pegados que nos mandan los sosos sin gracia de todos los años.

Luego ya tendremos tiempo de sobra para criticar a los demás lo que hacemos nosotros, que es lo que pasa siempre. Habrá quien te cuente en una cena que si viene la derecha se harán con las empresas y podrán a sus colegas en los puestos, corrompiendo al estado por sus intereses espúreos y sus ansias de poder. Habrá quien te diga que los pijopogres se llenan los bolsillos con mil tonterías que se inventan para entretenernos en peleítas mientras te quitan más y más de tu trabajo con lo que seguir comprando votos. En realidad vienen a ser la misma mierda porque todo el que cree en bandos ha de ubicarse en uno y eso le hace ser un títere. Al fin y al cabo el egoismo no entiende de ideologías ni de épocas del año, aunque ahora está más presente que un anuncio de colonias.

5 de enero de 2022

Necesarios y prescindibles.

 Hay regalos necesarios y regalos prescindibles. Curiosamente es lo mismo que sucede con los deseos.

Podemos desear un coche y, como hemos aceptado erróneamente que todos andan igual, lo elegimos por si tiene una pantalla de más o menos pulgadas donde dar con el dedo. Podemos querer un ordenador y presuponer, cual imbécil argumentario estético, que si tiene luces es mejor y no un residuo visual de un prostíbulo de Pancorbo. Como si fuéramos cuervos ingenuos (remember la cancion de Krahe) los brillos nos ciegan y queremos llevarnos eso a nuestro nido.

Cuando veo a los pajes ( y las pajas, en lenguaje inclusivo) con bolsas por las calles me pregunto hasta qué punto los regalos, respuestas de los deseos de aquellos que han sido buenos, son necesarios o prescindibles. Si han comprado un carísimo purificador de ozono con ziritione o una trócola de recambio cargada de luces led. Si van a regalar un móvil de mil euros, comprado a plazos, a la niña de 13 años ( una de las cosas más tontas que se pueden hacer, aunque tengas los mil euros) o un kit masturbador certificado ( existe).

También sucede lo mismo con los deseos. Querer una energía libre de carbono y barata pero que no sea nuclear. Querer unos filetes de animales que hayan sido criados felices pero que no valgan 40€/kg. Querer una camisa o algo tecnológico que no dañe al medio ambiente y no haya empleado trabajadores en estado de semi esclavitud pero me salga económico. "Elegir es renunciar"- es una frase que adoramos en este blog.

Sin embargo hay quien aún vive evadiendo la realidad de sus deseos. Alguien que, iluso e infame al 50%, desea regalos como deseos. 

Probablemente hay personas, también, necesarias y prescindibles. O contingentes. O necesarios.


Quizá, solo quizá, haya quien desea cosas buenas imposibles. Cuando descubre que no pueden ser verdad, por imposición realista de la verdad de las cosas, pide una banana anti flatulencias ( disponible en varios colores, por lo de la inclusión) y te cuenta que lo hace por lo malos que es el metano en la atmósfera. Luego, no sé, se hace ministro de consumo.

A ver qué os traen los reyes.

24 de diciembre de 2021

El amor y la felicidad, impregnando los hogares.

Con los años y esa postura de espectador he llegado a una terrible conclusión: ser buenista es rentable.

Dias como el de hoy, navidad (fun , fun, fun ),  se reciben felicitaciones de esas personas que no están convencidos si te has muerto desde la del año pasado. Que si te desean que la familia y el amor. Que si el calor de la amistad. Que si a los tuyos y la bondad. Que si, que los deseos se hagan realidad.

No se puede responder que has dado positivo en el test de estar hasta las narices. No se puede decir que hace falta ser hipócrita de mierda para aparecer solamente cuando se lo marca el calendario. No responder parece hasta un agravio. No se puede, tampoco, indicar que son unas fechas de mierda cargadas de compromisos estériles entre un frio que se te pega a los huesos.

El día de navidad es una publicación amable de facebook con un filtro de instagram.

Y aunque es perfectamente lícito, en una sociedad supuestamente libre, decir lo que uno piensa sobre las cosas sin imponer su criterio a los demás, no se debe. No es rentable. No es amable. No es popular. ni siquiera es algo que tenga que ver con la navidad sino que se puede hacer extensible al resto de las facetas de la vida. No se puede decir que tu marido mujer me parece una hija de puta. Que ese político que tanto te gusta creo que es un miserable cabrón interesado falso. Que tu equipo de fútbol son una banda de niñatos millonarios vagos y quejumbrosos. Ni siquiera se puede comentar que eras mucho más adulto hace unos años. Ojo, que todo te lo digo desde el amor y la amistad. Diciendo esas cosas se acaba la amistad. Quizá es que aunque la teoría lleve impreso que la amistad es poder decir lo que piensas a una persona que sabe que la quieres, la gente se ha convertido en gatos que te arañan si no les acaricias el lomo.

Cuando eres aceptablemente amable se abren las puertas. Cuando eres honesto contigo y con el entorno, sobre todo si dispones de un alma crítica, vas mal.

Conozco a quien ha vivido toda la vida con el freno puesto. Alguien que piensa tres veces las consecuencias de sus palabras. Es esa persona a la que saludan por la calle.

Conozco a quien es tan absolutamente infantil y bondadoso hasta dar repelús que te mira como una abuela con su primer nieto cada vez que se acerca. Alguien que te llama cariño y que te desea amores. Alguien que disfruta del frio en invierno, del calor en verano, de la multiculturalidad si es rodeado por un grupo de atracadores magrebíes a las cuatro de la mañana. Alguien que reconoce ser feliz pagando impuestos y tiene salud cuando no le toca la lotería. Nadie es malo en su mundo. Abraza y sonríe. Da tanto asco como un presentador graciosete de un programa de televisión que lleve diez años en antena y se aferra a un papel que se ha creído como cierto. Esa persona es alguien a quien todo el mundo ama. Todo el mundo ama a Lucy, incluso cuando envía felicitaciones de amor y felicidad que impregne a ti y a los tuyos en estas fiestas en las que la bondad nos lleva por la vida feliz hacia un mundo mejor.

Las felicitaciones , como cada vez que hablamos, ayudan a reflejarnos como las personas que somos. Yo soy de los que no repite mensaje , de los que no responden a mensajes que no hayan escrito para mi.

Hace unos años era un tipo desagradable que devolvía lo que es, ciertamente, un agravio envuelto en amor eterno navideño. Sobre todo porque algunos creen que ser feliz es algo que , si no lo eres, es porque no te da la gana. Un interruptor que se enciende y se apaga a voluntad, como la tele. Era de esos que respondían con existencialismo a mensajes impersonales. Reconozco que eso elimina los mensajes para el año que viene.

Ahora no respondo.

El siguiente paso es ser un hipócrita y desearos a todos que el amor y la felicidad impregnen vuestros hogares.

Hola, soy Edu.

5 de enero de 2021

He pedido a los reyes: irme a la mierda un poco más tarde.

España. Día de reyes. Un país de entrenadores de futbol, de presidentes del gobierno, de planificadores de vacunaciones, de críticos literarios y musicales. Un país lleno de cuñados pero un país en el que si llamas al portero automático y dices "yo", te abren la puerta.

Y cuando alguien descubre el hecho demostrable de que no ganamos la liga, que no nos vacunamos y que nuestras artes se van , poco a poco, convirtiendo es música de anuncios y eslóganes , lo que se hace es culpar al otro. Otro que siempre es muy poderoso y que me oprime por ser, a elegir: mujer, inmigrante, proletario, pobre, cojo, con un solo huevo, bajito, con granos o simplemente gilipollas si es que se usa como excusa cualquiera de las anteriores.

Y lo que sucedió es que como éramos entrenadores, gestores, vicepresidentes y sesudos críticos, no había nadie que supiera patear el balón, poner una inyección o hacer una canción.  Quizá lo había pero le matamos ( después de reírnos del único que cogía el destornillador en este país de ingenieros).

No pido que seamos más listos y menos estúpidos, porque eso es imposible.

Solamente deseo que la degradación sea lenta y, como el cambio climático o el pago de la deuda, se lo coman tus hijos y no yo.


Pd: la canción de reyes. y abajo, otra que no es de reyes.
I can't escape it I'm never gonna make it out of this in time I guess that's just fine I'm not there quite yet My thoughts, such a mess Like a little boy What you runnin' for? Run at the door Anyone home? Have I lost it all? Struck me like a chord I'm an ugly boy Holdin' on the night Lonely after light You begged me not to go Sinkin' like a stone Use me like an oar And get yourself to shore Bang at the door Anyone home? That's just what they do Right in front of you Like a cannonball Slammin' through your wall In their face, I saw What they're fightin' for I can't escape it I'm never gonna make it till the end, I guess Struck me like a chord I'm an ugly boy Holdin' on the night Lonely after light Bangin' on the door I don't wanna know Sinkin' like a stone So use me like an oar Onto fight what I can't see Not tryna build no dynasty I can't see beyond this wall But we lost this game so many times before I've been on a cold road I'll be waiting I'll be waiting for the old times Waiting for the time to pass I've been on a cold road I'll be waiting for the old times Waiting for the time to pas

26 de diciembre de 2019

Navidad: tomas de temperatura amistosa

Siempre he pensado que la manera de felicitar la navidad, así como las fechas señaladas, tiene mucho que ver con quien lo hace. Si envía algo del tipo "que tu familia y la felicidad de estas fiestas inunden tu corazón" es un mierda sin gracia. Si te manda el mismo meme que recibiste cien veces y que ademas aparece al final del informativo como un referente de lo moderno y simpático que es nuestro pais, es un sinsorgo. Si te manda algo que solamente podeis entender esa persona y tú las cosas empiezan a parecer próximas. Si llama por teléfono, en estos tiempos de contacto bidireccional escaso, la situación mejora. Si aparece con un abrazo, joder, es alguien importante.

Pero, oh cielos, eso pone el foco siempre en el otro como si uno no fuera parte de la ecuación.

Así que empiezo a creer que no es la mierda que te manden, aunque hay personas que son siesas hasta en el amor más profundo, sino del tipo de interacción que se genera entre ambos. Por eso creo que la navidad, así como las fechas señaladas, son un termómetro del estado en el que la amistad se encuentra entre esa otra persona y tu.

Como caso más asquerosamente flagrante se encuentran esas antiguas novias, posibles o amantes, que no responden a los mensajes. Incluso alguna me tiene bloqueado cuando, en el caso particular, quien resultó sexualmente popular para el sexo opuesto no fui yo. Detallitos aparte resulta de una decepción importante descubrir que quien, por lo que fuera, tiene marcado a fuego un camerino en los entresijos del vodevil de tu propia vida ha abandonado el teatro. Hay quien responde con estupor y por educación aunque se ve, entre las lineas, lo innecesario de recordar que estas vivo. Hay quien cree que una felicitación es lo mismo que pedir algo, y no lo es. Hay quien te felicita con un regusto a los buenos momentos que tuvimos juntos sin ninguna obligación a repetirlos pero con un poso amistoso que hace sentir parecido a un abrazo de los de verdad. No me refiero a amantes porque vale para amigos, quienes creímos amigos o solamente quien alguna vez pasó por delante. La vida nos da estímulos, amistades, momentos, canciones o películas que nos afectan de una manera muy diferente dependiendo del momento en el que nos encuentren y cuando dos personas coinciden siempre vienen por caminos distintos. Tu pudiste ser para mi algo mejor, peor o casual como el anteúltimo vino de un martes.

Pero da rabia descubrir que cuando miramos al pasado lo vemos de otro color. A veces uno se siente mal por no ser lo amistoso que se le necesita. A veces uno se siente solo esperando que esté ahí, aunque solo sea para recordar lo que nos unió. A veces da rabia no acertar el momento en el que me convertí en el enemigo.

Hay momentos en los que se puede medir. Las felicitaciones de navidad son un buen termómetro que congela si está frío y abriga como una chimenea si da calor.

La realidad es que las sorpresas amables y reconfortantes son muchas más que las cabronas, pero las hay. Y es culpa de los dos. Acepto el 51% de los motivos por los que no nos hemos felicitado las fiestas (o lo hicimos de manera impersonal).

Y que el amor inunde tu corazón esta navidad. Reenviar.


24 de diciembre de 2018

Victoria para nochebuena.

Hay menos Dios tradicional que nunca y más coach emocional que el que una persona cuadriculada como yo es capaz de considerar aceptable. Hay demasiados huecos vacíos en las felicitaciones y demasiados mensajes reenviados que no se hicieron para ti. Soy de esas personas a las que las decepciones les dejan cicatrices de más grosor que las situaciones de gozo. Es un error. Hay muchas personas que deberían  estar cerca a estas alturas del cuento y sin embargo decidieron marcharse. Unos con ruido, otros desordenándolo todo y algunos  jurando que mañana volverán. Vivimos en un  mundo extraño donde quien  apareció desapareció con la misma rapidez y debemos estar preparados para no creer que lo podemos tener todo aunque después lleguemos, a la misma  mesa del año pasado y casi a la misma hora, a cenar lo mismo. . Y creer que no haber retrocedido es quizá un tipo de victoria.

Hoy ceno con mis victorias. Con tres. Es un nombre tradicional en mi familia. Supongo que es porque nacieron ganando.
Brindad por nosotros. Eso te incluye.

5 de enero de 2018

Regalos imposibles

Si tuviera que esperar regalos sería algo intangible.

No es que lo tenga todo pero es donde noto un espacio de vacío algo más intenso. Quiero el runrún dentro del estómago por la ilusión, por saber que será bueno pero no exactamente el qué. Poderme quejar por tener que hacer algo que parece que no quiero pero que en el fondo deseo. Seguir los mapas porque me quedé sin brújula hace tiempo. Dormir como si todo estuviera en orden o como si el calor fuera un lormetazepan gigantesco. Que los niveles de serotonina tuvieran el ciclo de la calma y de las emociones compartidas. Que el futuro fuera un espacio imposible al que llegar desnudo y sin vergüenza, dispuesto a permitir que suceda lo que suceda y aceptarlo sin esa tendencia a razonar las cien mil formas en que pudiera ser mejor.

Que me encuentre un ojeador al que obedecer siendo libre.
Que haya un premio por ser yo y sentir que mereció la pena soportar los temporales.
Que vuelva todo lo que perdí o que aprenda a no echarlo de menos todas las veces.

Quiero no tener miedo a sacar lo que voy acumulando dentro y, si es posible, una especie de guía. Los fuegos artificiales explotan sin control y por eso se ponen en un conducto que los eleva al cielo.

Allí. E incluso en el fin del mundo.
La única mochila que me queda es la que hagamos.

Los día de reyes son días raros. No creer en la magia no implica buscar, como un tonto y al llegar al salón, si hay algo esperando. Perenne, irracional, intangible.

Queridos reyes: don´t leave me high, don´t leave me dry.

12 de diciembre de 2017

Diciembre. La imposición.

Diciembre llega después del puente. De golpe, con un tumulto de frío y el frío golpeando en las persianas cerradas hasta el punto de quitar el sondo del último documental para oir como se agitan, casi como peleles a la deriva de una fuerza mayor, ocultando películas de terror tras sus pequeños agujeros.

En un pasillo del supermercado toda una familia contabiliza el número de raciones necesarias para dentro de unos días. En otro toda la comida de la semana entra en las manos de un tipo mal afeitado con un tres cuartos oscuro. Es un mes de contrastes en el que cada uno se refugia de la mejor manera que puede pero eso si, en su rincón.


Diciembre es largo (A long December and there's reason to believe  Maybe this year will be better than the last)  Tan largo como un partido de baloncesto con demasiados tiempos muertos. Tan largo como un nuevo episodio de una serie donde siempre, por muy dificil que parezca que se ponen las cosas, ganan los protagonistas y siempre acaba en una situación conocida de moralina y final feliz impuesto, a la espera del próximo capítulo igual que el anterior donde pasará lo mismo y lo volveremos a ver creyendo que, quizá, suceda algo mejor. Sólo los locos quieren que el coyote destroce por fin al correcaminos

Diciembre es la obligación de leer un libro de frases motivadoras como los deberes tras haber suspendido el año. Un susurro de traición, a veces. Un dejavú obligatorio del que es imposible escapar porque se cuela por las rendijas de las persianas. Aparece de forma infame. Son los mensajes que no eran para tí pero fuiste elegido en el envío genérico de turno por un gilipollas. Le importas menos que el ego que alimenta con los polvorones en forma de calmante de sus maldades a base de escritos con buenos deseos de mentira. Amor más falso que el de una telenovela venezolana. Hay quien, como Rudolf, sólo aparece para dar por saco en Navidad. Yo no le obligo a estar triste. Por favor, no me obliguen a estar feliz.

Cada vez que me dicen "alégrate, que es Navidad" me pongo de más mala hostia. No es innato, es un reflejo.

Llevo muy mal las imposiciones.
Podría ser feliz si nadie me obliga.
En Diciembre, por razones obvias, es un poco más complicado.

19 de diciembre de 2014

Anuncios (porno emocional), resúmenes y navidad

No me gusta la navidad. Llego a la conclusión de que es uno de los pocos actos de libertad que me quedan como ser humano aunque más de uno me considere un amargado asqueroso incapaz de sentir empatía con la felicidad global.

No me gusta porque veo a Ikea con emotivos anuncios pidiendo que juegues con tus hijos pero sé positivamente que invierten en los parques de bolas para que, cuando se haga realidad el proceso de compra,  abandones a los niños y puedas consumir sin prisa, que es como se gasta más.

No me gusta porque no se juega a la lotería para repartirlo con alguien más necesitado sino para ver si podemos mandar a tomar viento a nuestra supuestamente mediocre vida y comprarnos una nueva.

No me gusta, en definitiva, porque hay que ser feliz por definición, sobre todo de una manera comercial. Parece que no haya que serlo el resto del año, que no hay felicitaciones posibles en abril o en octubre, solidaridades que aguanten más allá del día de reyes magos.

No me gusta porque los grandes negocios de nuestra era gastan dinero a espuertas para vendernos su propia felicidad, que es una felicidad que esconde, siempre, que son grandes negocios. Eso es parte de la definición de hipocresía. No suena a sinceridad sino a porno emocional que siempre evita el hecho de que con la mitad de la mitad de lo que cuesta el anuncio se pagan meses de comida a familias con todos los miembros en paro.

No me gusta porque es casi una imposición social y a mi me gusta intentar ser bueno todo el año.

Y los resúmenes esconden nuestras miserias como sociedad global. Las felicitaciones express e impersonales que me llegan me hacen sentir un número dentro del marketing.
Probablemente si nos dejaran elegir a nosotros lo que nos hace felices hubiéramos tomado otras decisiones. Probablemente es cierto que más de uno necesita que le digan lo que le hace o lo que no le hace feliz.


Según Youtube:
Según Facebook:
Según la Wikipedia:
Según algo más "de andar por casa" (aparte de la porquería de mahou):

31 de diciembre de 2013

2014




Pensé, sinceramente, que el truco estaba en mirar hacia dentro, en ser un mejor tipo y que eso, casi como una ecuación diferencial que establece una igualdad entre un lado y otro, repercutiría en una situación mejor. Y lo hice. Y me volví a equivocar.

Sin embargo sigo con la misma idea porque soy muy terco.

Hay muchas cosas que han desaparecido este año. Una, quizá la más trascendente, es que ya he aprendido que no llegaré a los grandes sueños que tuve en la infancia. Me voy a conformar con los sueños posibles. Me volverán a dejar, a reconciliar, a enseñar el oasis de algunas caderas. Me volveré a creer pobre y volveré a pensar que estoy remontando. Me lesionaré creyendo que soy un deportista y me dará el aire del mar en la cara cuando descubra, con una tos, que no dejé de fumar.


Por mucho que los psicólogos insistan en que hacer propósitos es algo positivo para el ser humano este no es un año de propósitos, sino de pequeños saltos. Estar un poco mejor es un avance cuántico para la lucha.


Sólo espero que seamos un poco más listos y que aspiremos a más sin joder al vecino, follar sin que nos jodan, pensar antes de jodernos y aprender a no hundirnos cuando nos sintamos jodidos.

Es una cuestión de jodienda. En eso consistió el 2013 y de eso irá el 2014.

Bueno, y de enamorarse y quererse y ser mejores personas, pero eso lo dicen los whatsapp.


23 de diciembre de 2013

24 de diciembre (de 2013) de manual

Todas las navidades hay un borracho, un gorrón, un gracioso que mete la pata, un tipo que pide silencio para oir al rey, una madre que tararea las canciones de La1 si es que vuelve a aparecer Raphael.

También hay una adolescente conectada a su teléfono y una abuela que rellena los platos de los demás y pone una ración más cuando ya has dicho que basta. Hay alguien decepcionado con sus regalos y regalos indeseados o impropios, fruto de los arquetipos comerciales. Hay guantes y hay alertas por mal tiempo. Hay prisas y anuncios demasiado pesados en televisión, porque si vuelvo a oir el Don´t Worry Be Happy vomitaré en la siguiente tienda de Vodafone.

Alrededor de la mesa hay quien llega tarde, hay quien merendó carretera y quien abusa del alcohol. Uno se salió a la terraza para fumar un cigarro y juró que en nochevieja fumará el último. Existen los que se empeñan en irradiar felicidad porque es lo que se supone y hay quien se irá a la misa del gallo después de discutir sobre un aborto del que nadie se ha leído la ley pero se ha dejado llevar por la prensa, la Sexta o La Razón. Aparecerá el rojo de manual y el facha con superpoderes enfrentados en empate técnico por ser igual de irracionales. En ese momento alguien recuerda que hay que abrir los regalos.

Se habrá discutido sobre los recortes y sobre el paro, sobre el precio de la electricidad y la gasolina, sobre si por fin éste será el último año en el que vayas a cenar sin pareja y, además, alguien dirá que si te quedaste soltero es porque eres una persona insoportable, que ya tienes una edad, que con tus años yo ya te tenía. "Sí, mamá, lo sé"- responderás buscando cambiar de tema.

En medio de la temeridad por saber si acertaste con los regalos descubrirás que sobran los mantecados de coco pero cogerás el chocolate con cuidado de que no parecer ansiosa.

Alguien se enfadará y alguien llorará. Se adoptarán los roles de la infancia y se aceptará o se criticará el poder de los progenitores, como si fuera una obligación el cambio generacional o como si se volviera a ser pequeño. Recibirás mensajes que serán insulsos, amistosos o copiados fruto del alcohol, derivados de un "humor ctrl+v"  o de la nostalgia. Escribirás mensajes que no mandarás justamente cuando vayas a echarte a dormir, en ese preciso instante en el que empiece a repetir el primer plato. Varias veces, a lo largo de la noche, querrás hacer una llamada personal. Quizá no oigas el sonido del teléfono el único momento en el que no estabas atento. Buscarás, probablemente, la última hora de conexión de alguien. Harás una foto de la comida. Te pondrás pijama.

Las madres sacarán sábanas para las camas improvisadas de todas las nochebuenas.

Y hará frío, porque para eso es el día 25.


Pd: Y en la tele terminas con vídeos de primera, fail compilation en idioma modernete

31 de diciembre de 2012

Empieza el 2013 con energia

¿Qué hemos aprendido este año?. En realidad que las cosas son las que son y que pensar en más allá de los próximos diez minutos puede ser tremendamente perjudicial para la salud. ¿Nos vamos a ir a tomar viento?. Es probable. Es probable, también, que las cosas nunca sean como las esperamos, que no nos quieran como queremos (aunque no sea verdad que no nos quieran) y que eso de que "el tiempo lo pone todo en su sitio" no sea cierto y nos revuelva, como una cucharilla circunstancial, todo lo que creíamos invariable. Lo cierto es que ni tú ni yo, ni Rajoy, ni Mas, ni Rubalcaba, ni Merkel saben lo que va a pasar, como el que se va al monte sin mirar la predicción metereológica. Lo importante, quizá, es no dejar que las cosas te hagan daño, que no te muevan de ese sitio mágico en el que eres capaz de sonreir con las cosas pequeñas que no te puede quitar ni la crisis ni esa aspiración humana (culturalmente aprendida) de mejorar hacia algún sitio incierto.

Se nos olvida, a veces, que lo que hemos vivido es tan bueno y tan malo como somos capaces de interpretarlo y la interpretación es cosa propia.

¿Qué voy a hacer el año que viene? Vivir. Al fin y al cabo es lo importante. Es mucho más importante que la cantidad de dinero que ganes, los polvos que eches, las borracheras que te persigan y los granos que te salgan.

Yo soy un tipo fenómeno cuando soy yo mismo. Tú también. Lo demás, es circunstancial.

Todos los que habeis estado a lo largo del 2012: os quiero (mucho).

Feliz 2013.

23 de diciembre de 2012

Disfraz de turrón.

Una de las cosas que estoy intentando terminar de aprender antes de que acabe el año es que si bien yo mismo soy responsable de mi futuro tampoco he de hacer mías las decisiones, los fracasos o los aciertos de las personas que orbitan alrededor de mi submundo. Rebelarse contra ello o castigarse creyendo que el jefe te despidió porque eres tú o que ella se enfadó porque hiciste algo mal descuenta la capacidad de la otra parte de tener criterio, acertado o no, propio.

Tenemos capacidad de modificar nuestro mundo, eso es cierto, pero no tenemos una capacidad absoluta. Pensar que suspendes porque el profe te tiene manía es una excusa pueril que no es cierta la mayoría de las veces.

Todos los seres humanos se equivocan o nos equivocamos. Da igual que seas un político con demasiada caradura y decidas despedir a los médicos pero no prescindir de tu puesto directivo en la sanidad de Madrid o que elimines la paga extra a los funcionarios en el Pais Vasco pero, casualmente, haya un error que te ingrese una nómina de más en tu cuenta si es que vives en Euskadi. Hay personas que han adoptado como suya la creencia que la culpa siempre es de otro, como si fuera un presidente autonómico que culpa al estado mientras el estado culpa a Alemania y Alemania culpa a la economía chimna mientras a los chinos les da todo igual. La búsqueda de ese balance entre la responsabilidad propia, la adquirida y la ajena es el paso previo para una asimilación correcta de la verdad, que se compone en partes iguales de posible e imposibles.
Así que me voy a disfrazar de anuncio vintage de turrón y me voy a hacer feliz a mamá, que eso sí que lo puedo hacer.

Os veo después de navidad.

5 de enero de 2012

Reyes.

Supongo que es imposible que los reyes, por muy magos que sean, nos traigan un mundo más justo:


Supongo que es imposible que nos traigan una caja llena de un monton de buena suerte, un kilo de Te quiero o un millón de mimos de los de verdad.

Supongo que algunos se conformarán con una tablet que dejarán de usar dentro de 6 meses, una corbata, un foulard de cuadros y una cena en familia poniendo la vista en el horizonte de la cuesta de enero, que este año va a durar 12 meses.

Supongo que, por culpa de la metralleta mediática, la mayoría se dedicará a mirar al bolsillo, a la nómina y al precio de los percebes y la pechuga de pavo.

Y lo único que quiero de los reyes, ya que no puedo pedir que vuelva Solomon Burke, es que te sientas (y sentirme) mejor. El dinero no tiene que ver con ello. El calor de un abrazo, si. (aunque cada día están más caros y creo que un fondo de inversión apuesta sobre su subida de valor imparable en el mercado internacional)

De pequeño, sobre la mesa de marmol que había en el salón, dejábamos unas galletas y un par de vasos de leche. A la mañana, cuando ya había salido el sol, alguna galleta estaba mordida y los vasos a la mitad. Junto a unos globos de colores se quedaban unas cajas pequeñas, llenas de lazos, con el nombre de cada uno. Yo corría por el pasillo y me sentaba en la mesa mientras mi madre retiraba las migas y me miraba de reojo. Abría los regalos que tenían mi nombre. Luego dábamos un paseo al frio del dia 6. "Tápate el cuello, que luego te acatarras"-me decían en casa antes de salir. Yo ponía cara de rabia porque quería quedarme jugando. Era un niño. Lo sigo siendo.

24 de diciembre de 2011

Felicitaciones express: NO

Hace, parece, muchos años, recibia postales de navidad. En algún momento se escapaba alguna carta manuscrita. No eran muchas y las leía con la emoción que da el hecho que alguien se acuerde de ti.

Llegaron los móviles y la mayoría de las personas tenían la decencia de hacerte una llamada breve pero con la intensidad apropiada en la que podías notar el tono de voz que se entrecortaba, fruto de las nuevas coberturas, mientras te felicitaban por tu nombre.

Luego llegaron los sms. Podías coger la primera tontería que tratara de la navidad y los reyes magos, elegir un grupo de envío y lanzarlo al espacio pensando que habías quedado bien con todo el mundo, aunque todo el mundo recibiera el mismo mensaje a la vez y más de dos amigos lo recibieran mientras estaban tomando una cerveza juntos, como dos viejos.

Llegó el facebook y pusiste un arbol o una foto y etiquetaste a todos los que tienes como amigos, con lo que tu ex, tu amante, tu amiga y uno que conociste en una fiesta estaban juntitos en la misma bola brillante.

Ahora, con esa fiebre baratísima que es el WhatsApp, mandas la mierda de mensaje del burro o un video absurdo sin borrar la página de la que lo robaste (si no vuelves al antiquísimo Elfyourself) y te crees más navideña que el reno Rudolf, que siempre he mantenido que tiene nombre de mamífero homosexual.


Una felicitacion de esas no, coño: VE A DONDE TUS AMIGOS Y DALES UN ABRAZO, JODER.


Pd: y si no puedes, por cuestiones de espacio y tiempo, una llamada de teléfono o, en el peor de los casos, un mensaje personalizado. Cada amigo que tienes es una persona diferente a los demas. ¿Qué prefieres? ¿Una cerveza o una foto de una cerveza en tu teléfono móvil?. Pues eso mismo. Mi teléfono pita constantemente, pero no hay cervezas. Tampoco, por una cuestión de ética, respondo a los mensajes express

13 de noviembre de 2011

Luces de navidad (en noviembre).

No hemos llegado al 15 de noviembre y ahí están, dándose de bofetadas en la televisión austriaca papa Noel y el Niño Jesus por una oferta de telefonía.

La semana pasada me sorprendía cómo ya estaban puestas algunas luces navideñas, que son esas cosas que van de un lado a otro de la calle y nadie sabe cuando llegan, cómo se quedan, cuando se van y, sobre todo, por qué son las mismas todos los años y se parecen tanto a las luces que ponen en carnaval.

Tendremos, dentro de nada y por culpa de la crisis, "el turrón más caro del mundo", algunos volverán con "el Almendro" y, casi como esos 8 días de oro que duran 23, ya será navidad en El Corte Ingles. En el telediario se empieza a rellenar con consejos para guardar la comida que compremos para la cena de nochebuena y los anuncios infantiles invaden todas las franjas horarias (ahora que hay hueco en La Noria)

Una de las cosas que tiene la navidad es que siempre se pueden agarrar los anuncios de siempre para, como si fuera Rondel Verde o Rondel Oro, convertirse en una burbuja Freixenet y hablar de la felicidad vintage como quien se sienta delante del sofá de su infancia a ver una reposición de verano azul mientras ensucias la alfombra con restos del quimicefa.

El calendario empieza a ser dirigido por los diferentes eventos que parecen existir en el objetivo, como deadlines. En verano salen bikinis y jóvenes sonriendo. Dura desde semana santa hasta casi septiembre. La navidad parece que ha empezado a primeros de noviembre y se acaba a mediados de enero. En verano, se supone, se echan polvos al estilo perroflauta (según los reportajes de A3) y se es tremendamente joven mientras que en navidad te tienes que sentar al calor de la chimenea junto a una abuela convencional, con chal y que hace punto, a ver el mensaje del rey sin que nombre ni una sola vez a Urdangarín. Aquel muchacho (o aquella manceba) al que te trajinabas, se supone, sobre las rocas de una playa nudista con el cuerpo quemado por el sol, se ha convertido en un ejecutivo de sonrisa profiden que abre la puerta a los lustrosos niños del joven matrimonio, según el publicista de turno.

¿Que nos queda el resto del año?. La cuesta de enero, la preparación de semana santa, algún evento deportivo y ese mes poblado de fascículos que se llama octubre. Parece, incluso, que desde finales de enero hasta marzo no tienes derecho a enamorarte y que en octubre sólo estás en disposición de vivir dramas telenovelescos con quien pudiera ser tu pareja.

Cuando empiezo a ver las luces de navidad sin encender pienso que la publicidad nos ha robado la mitad del año. Y nos hemos dejado. Es noviembre, el cambio climático me deja conducir con la ventanilla abierta y, según paso por las calles, no soy capaz de diferenciar el olor a navidad que la falta de estaciones y algún ayuntamiento previsor nos quieren meter por la nariz.

24 de diciembre de 2010

69069 y la navidad.


Dentro de nada me voy a ese lugar de tiempo sosegado y vacío tecnológico que es la casa de mi madre. Así que si mi sobrina es capaz de dejarme un segundo el ordenador para que le quite unos cuando virus (incluído ese desagradable bamboo que todo lo impregna), os escribiré unas felicitaciones que lo único que significan es que estamos aquí un añito más.

Los viajes a Madrid solían estar completados con la radio y esos niños cantando premios en pesetas mientras nos quedábamos en el atasco de Miranda de Ebro.

Hace tiempo que hay autopista y este año miré los números de los demás por internet empezando a no resultarme extraño oir que a quien le toca, le toca en euros.

Supongo que es parte de los nuevos hábitos.

Como es lógico y teniendo en cuenta que un cuarto premio de la lotería ha sido el 69069, lo normal es que no me haya tocado pero la próxima vez que tenga que proponer alguna cosilla inmoral de las que no engordan, diré: "hacemos un cuarto premio?".

Si se dejan algún regalo para mi en vuestra casa, avisarme.

Me encanta la luz que tiene el invierno, cuando hay luz.