Curiosamente hay una dualidad extrema entre aquellas posesiones, actividades , experiencias, titulaciones o viajes que te han de hacer feliz de forma obligada y ese momento en el que descubres que, sorprendentemente, has sufrido una sensación de calma y gratificación para con la vida. No tienen por qué coincidir. Es más, creo que no coinciden prácticamente nunca.
Hay lugares en los que parece que has de ser obligatoriamente feliz y luego puedes afirmar que no lo fuiste.
Yo no fui feliz en la universidad ni lo fui en unas vacaciones en las que, como una pareja enamorada, estuve tres días con ella y lo matrimonios de su familia jugando al juego del clan perfecto. Tampoco lo fue, y para mi resultó un planazo, nada grato recorrer dos mil kilómetros en moto por Castilla porque a ella no se le ocurrió otra cosa que llevar un monísimo pantalón blanco y unas sandalias. No soy feliz en navidad. No recuerdo ninguna fiesta salvaje , bañada en alcohol y cuerpos virtuosos en la que me haya sentido en la gloria.
Me vienen a la cabeza algunas noches con conversaciones no buscadas eternas que me hicieron ser mejor. Soy capaz de volverme a ubicar en puntuales instantes en los que llegué a pensar, acurrucado en el sofa y protegido a mi lado, que nada malo iba a pasarme en ese instante. No puedo estacionar el cerebro en un pasado en el que una nota me hiciera sentir exultante o creerme el rey del mundo al llegar en avión a algún destino. He palpitado con muchísima más tranquilidad con un café en un pueblo al que no sabría volver que en cien hoteles de miles de estrellas. No he flotado en paz en una piscina en la vida, y he flotado en varias. Soy tan tonto que si me descubre la casualidad un atardecer inmenso, miro el reloj para que no se me haga de noche al volver a casa. Me he sentado en el sofá a piezas que hay frente a mi cama para ver el más increíble cuerpo desnudo, en términos exclusivamente estéticos, y decidí que aquello no me compensaba. "Te llevo a casa". He cenado en refutados restaurantes pero fui feliz en un pequeño bar de carretera de Usurbil ( ya cerrado) donde una señora hacía el más increíble solomillo con fouie que he tomado en mi vida.
He aprendido que hay una sensación grata e incontrolable que me quieren convencer que llega en determinados lugares de la vida pero luego, la miserable cabrona, aparece sin avisar en algunas pequeñas cosas.
Nací en una maternidad que ahora mismo es un hotel. Delante, durante muchos años, había una gasolinera urbana. Siempre he pensado que me gusta el olor a gasolina porque lo asocio a mi nacimiento. Hace quince años, más o menos ya sin gasolinera, pregunté a mi madre en qué piso estaba cuando yo nací. En el cuarto. Así que me fui a ese hotel el día de mi cumpleaños. pregunté si tenían alguna habitación en la cuarta planta. Una. Con desayuno y spa. Toda mía. Subí a la habitación. Tuve sexo aquella tarde. Después, ya solo, me regalé media hora de spa. Las vistas a la ciudad no eran malas y, sin embargo, ni el fornicio, ni el spa, ni el lujo me hicieron sentir bien. Bajé a la calle. Compré un bocadillo en un bar, envuelto en papel de plata. Subí a la habitación, me senté en el borde de la cama, encendí la tele y me puse a ver lo que diesen, sin expectativas. Ese fue el mejor momento del día, con diferencia. Quizá lo que nos encanta a veces nos avergüenza, porque todo lo anterior se suponía conceptualmente mejor. No lo fue.
Probablemente es esa variable de las expectativas la que lo puntualiza todo. Se supone que debes ser feliz con tal o cual lujo. Que debes vivir plenitud en un éxito académico o laboral. Que si el pibón es a ti a quien se quiere tirar te da un subidón tremendo. Así que ahí estás, con el éxito, el pibón y el lujo esperando a ver si te regalan también una caja con un lazo llena de felicidad. Pero no pasa. Sin embargo paras en un pueblo perdido donde una señora limpia la barra con el mismo trapo que lleva usando un lustro y te sientas en una silla con publicidad de cerveza al borde de la carretera. Entonces te comes el puto picho de bacalao más jodidamente sabroso de tu absoluta vida. Eso no te lo esperabas.
Así que supongo que si tuviera que hacer una lista de todos los lugares en los que no fui feliz iban a aparecer más de dos en los que sería un insulto jurar que no disfruté. Pero es que no lo hice porque esa mezcla de ilusión, paz, refugio, goce y detención del tiempo que yo asocio con la felicidad está escondida en lugares ignotos y asombrosamente pequeños que encajan con la pieza de tu propio puzzle que estás intentando encajar en ese instante.
No está en un hotel de más estrellas, en una fiesta con más gente, en un cuerpo más turgente o en una cala mejor iluminada. Piénsalo antes de apostar tus vacaciones a catálogos de anuncios. El riesgo que existe a creer que la felicidad está en artificios estandarizables es el mismo que tienes de convertirte en un títere con dos cuerdas, una a cada lado de la comisura de la boca, de la que tiran las fotos de instagram que también se van a hacer todos los panolis que, incapaces de buscar, compran.
No soy de los que creen en la suerte, pero sí en la mala suerte.
Me pasa lo mismo con los magos: sé que hay un truco. Tener eso tan absolutamente presente es algo imposibilitante para el disfrute de la magia.
Envidio sobremanera a todos los que aún se emocionan con un juego de cartas, un billete de lotería y los que, llegados los calores, se sientan en los bancos a ver pasar el tiempo esperando que la suerte les provea. De ahí paso rápidamente al enfado cuando en los semáforos descubro una proporcionalidad inversa entre la cara de carahuevo podrido con poco riego mental y el volumen del vehículo. No es, como hace relativamente poco, que quien esperaba la luz verde del semáforo montado en su Tesla se ponía digno sabiendo que estabas ahí por la vision periférica de su ojo. Ahora, y esto mismo me pasó ayer, un SUV gigantesco con más luces led que los autos de choque Manoli, a tope de bachata, parece que ha de llamar la atención mientras es conducido por alguien con la gorra hacia atrás, gafas de policía americano, rasgos de peruano bajito y camiseta blanca de tirantes. Conocedor como soy del precio en el mercado de dicho vehículo me pregunto de donde, salvo si es tráfico de alguna substancia, sale el dinero. Siempre se me olvida que hay una cosa que es el truco de la satisfacción a corto plazo contra las pequeñas cuotas pero es que soy de los que, cuando me ofrecen una financiación, hago el ejercicio loco de sumar todos los pagos en vez de centrarme si dispondré del dinero para el pago del mes que viene.
Pero es entonces cuando ratifico que la estupidez te proporciona felicidad. Efímera si, pero felicidad.
Hay quien es "feliz" porque confunde un chute de endorfinas con un estado vital y yo siempre pensé que era un lugar al que llegas porque allí te ha llevado el recorrido del camino. Hay quien necesita creer en los milagros, en los reyes magos, en las mentiras de los anuncios de colonia, en las moralejas de las películas de amores infinitos, en las promesas electorales, en que esta vez sí que va a ganar la liga tu equipo, en el que juegas sin haber entrenado. Hay quien sigue pensando e incluso es capaz de defender que sin haber oido música puedes hacer un hit el lunes y ser famosísimo y riquísimo el martes. Que la felicidad es un derecho y punto. Que la suerte y la magia, existen.
Y luego estoy yo, dando por saco, como el pitufo gruñón. Valorando a cada rato todo lo que puede salir mal. Eliminando de la ecuación todas las variables positivas porque una vez acepté como correcto que si eres capaz de ubicarte en lo peor solamente puede mejorar, hasta que aprendí que el camino al infierno siempre puede ser más profundo.
Pasado el tiempo soy capaz de aceptar que soy igual de estúpido que el otro, salvo que yo acierto más veces y los coches los pago al contado.
Pero no dudes que es peor ser como yo porque entre ser gilipollas y ser gilipollas dándose cuenta de que lo eres, duele más lo segundo.
Es cierto que vivimos en una sociedad en la que todo serán experiencias, alquileres, fútiles momentos de goce puntual. Perdurar, mejorar, poseer, alcanzar metas tras periodos extensos de sacrificio va a ser mal visto en pocos años. El hedonismo como una fórmula secreta de estar engañándose el mayor tiempo posible es la consecuencia directa de buscar alargar la adolescencia hasta pasados los 50.
Sin embargo, y con el profundo desprecio que me hace sentir, me gustaría aprender a disfrutar de la espera supuestamente feliz y emocionante que tienen los milagros.
Desconozco el motivo por el que las estadísticas afirman que un millón cuatrocientos mil trabajadores ( 1,4m ) no van a trabajar. Curiosamente es algo que, en algunos sitios, no supone drama. A ver si ademas de ir a trabajar vamos a tener que hacerlo siempre y hasta de una forma productiva. !Válgame el señor!. 33.000 millones de euros nos gastamos al año en pagar bajas laborales. No te imaginas tú la cantidad de bancos que se pueden pintar de morado con esa pasta. Te da para mil sindicatos, teniendo en cuenta que hemos pasado de que nos cuesten 8millones a los 32 del último año.
Es curioso, que ahí quizá está la clave, lo rápidamente que se cree que el dinero de los demás no es el tuyo. Que el dinero de tu jefe, tus padres, tu ayuntamiento o con el que se paga al limpiador que rasca tus esputos en el suelo de tu calle, no es tuyo. Siento decirte que hay una parte que si, que lo es. Hay una manera de explicarlo bastante sencilla que tiene que ver con el lucro ( no cesante). Tú tienes un bar. Pones la música. Aparece un tipo a pedirte pasta porque representa a Alejandro Sanz. Le dices que no tienes por qué pagarle porque la gente va por las cervezas. Entonces te dice que el tipo que se toma la cerveza también va porque puede cantar el Corazón Partido, y tiene razón. Así que, por definición, te estás lucrando con Alejandro y él quiere también su parte de la birra.
Existe unas ideas absurdas, egoistas, victimizantes e infantiles bastante extendidas. Hay para quien es lógico afirmar que si trabajas es porque eres imbécil o rico. Viene a ser, pongo un ejemplo, cuando los políticos de nuevo cuño que creen conocer el mundo real porque se pasan el día en tiktok hacen una ley que dice que la pobreza se prohíbe por ley y, después, se van a casa sacudiéndose las manos, con cara de haber hecho mucho esfuerzo y creyendo que está el problema solucionado. Mantengo la teoría que en bastantes ocasiones la intervención legislativa agranda el problema o genera problemas que no había antes. A la vivienda me remito.
En realidad vuelve a ser lo mismo de siempre: el choque brutal de la realidad contra todo eso que nos gustaría que fuese la realidad y, curiosamente, no lo es.
Ante eso hay quien necesita justificar que esa realidad no existe, que esa verdad no lo es y que algunas declaraciones que son polémicas en su ideario, simplemente son una representación de lo cierto. Pero es difícil, muchas veces, expresar que hay dos sexos biológicos ( motivo por el que han llegado a despedir a profesores de biología en alguna universidad)
Ya te digo yo que si por una baja absurda rebajasen el salario a los compañeros, ellos mismos le cortaban la depresión "porque le ha dejado la novia" al bajista. Porque en ese caso sí que ven lo que supone uno de los mil "frauditos" a los que no damos importancia y con los que se podría ayudar a mucha gente que SI que lo necesita. Hay una película española en la que un soldado, muy triste, pide a los mandos que le den un permiso porque hace mucho que no ve a la novia. El capitan llama a un cabo y el cabo aparece. "Aqui, el soldado, que dice que está triste porque no ve a la novia". El cabo, que es tremendamente obeso, se mira la barriga y dice "¿tú sabes hace cuanto que yo no me veo la polla?". "No lo sé"-dice el soldado titubeando. "Pues yo no pido permisos". Para algunos es fascismo polémico insolidario e insensible de las máquinas de matar que son los ejércitos machistas. Para otros es, incuida la barriga del cabo, una obviedad.
Ha muerto un británico tras saltar desde un balcón. Empieza, oficialmente, la temporada de verano.
Los estados de whatsapp se llenan de fotos de playas y atardeceres. De algún que otro bikini o una faldita corta. Algunos desaprensivos hacen fotos de sus pies en la orilla. Sonríen delante de una barbacoa. Paisajes identificables de lugares lejanos. Curiosamente los parados vuelan a otros continentes y ese amigo que te debe 50€ ya ha publicado una foto bailando en Ibiza.
La música, quieras o no, se envilece. Machacona, repetitiva, intencionadamente pueril con unas gotas de bondad impostada que huele a cala turística de Menorca. Si alguien cree que la canción del verano no debe de tener todos esos ingredientes es que no vive los cambios de estación.
También llegan los tiempos de flirteos intermitentes, de cameos en vidas que no te pertenecen. Son tiempos en los que el actor que todos llevamos dentro se hace con el personaje. Dudo, en multitud de ocasiones, si alguien que no conozco lo suficiente está haciendo lo que desea o lo que cree que quiere desear. Algunos no tienen cuerpo ni energía para subir ningún monte, saltar de algún puente o sonreir gozosos al lado de un fiordo noruego. José Ramón, que a ti te gusta el jamón y la cerveza del pueblo de tu abuela, no me mientas. María Dolores, que no has sido modelo nunca y ya no te quedan bien las transparencias de Stradivarius que no se pone ni tu hija. Pepe, a ver si con ese dolor en las rodillas me vas a engañar con que viajar en furgoneta es un placer, que tienes que cagar en el bosque. No me mientas con las fotos intentándo hacerme creer que has bailado todos los días de festi.
Como todas las supuestas novedades el verano es un periodo que se coge con energía, como el sexo o la pachanga de solteros contra casados del camping. Empiezas a tope, lanzando órdenes desde el cerebro a los músculos esperando que se cumplan más rápido que un impulso nervioso. Después, unas semanas después o algún gatillazo más tarde (hay gatillazos fuera del sexo, que es cuando ya no haces ese sprint hacia el balón o el mortal en la piscina), empieza un tiempo de aceptación. Supongo que a finales de agosto ya empiezas a estar un poco cansado como quien lo está de patatas fritas de bolsa, cervezas a 10€ y que el mismo jubilado te quite siempre el mismo sitio de la playa porque es mucho más disciplinado con madrugar que tú. Ahora no lo aceptas pero vas a desear comerte unas lentejas, ponerte ropa ancha e intentar dejar de hablar un ingles que no dominas en absoluto.
En realidad una de las cosas que tiene el verano es que, con el tiempo, también se acaba.
Conozco a gente que entendía y hasta compartía los disturbios por la muerte de George Floyd pero ahora se calla como un perro cuando en Belfast están ardiendo las calles por la muerte de un hombre blanco a manos de un decapitador Sudanés. En el caso de tener que dar su opinión se le llena la boca con "ultraderecha" sin parar en la obviedad que aquella turba que anteriormente era representada por el IRA ( de izquierda extrema) es la misma turba que ahora ejerce la violencia en las calles. La diferencia es que si antes era contra los británicos, ahora es contra los negros. He visto a hijos de perra, supuestamente defensores de la rebelión negra en EEUU, mofándose de la familia de Austin Metcalf, a quien asesino un compañero de color y que ha sido condenado a 35 años de cárcel. Para mi es exactamente lo mismo que un grupo de señores con capirote ( que no son nazarenos) alegres quemando a un negro en una cruz en algún sitio de Texas. No se hizo muy pública aquella noticia en la que, tras un atraco en fiestas de Hernani, un grupo numeroso de abertzalísimos y al grito de Eta mátalos, se hicieron una "caza al moro". La mañana siguiente se pusieron super dignos con lo de que nadie es ilegal, pero lo que pasó, pasó. A ver si decir que con la inmigración se puede perder la identidad nacional no sabes si lo ha dicho Abascal u Otegi. No sé cuantas putas pruebas quieres para demostrarte que los extremos son jodidamente iguales. En una competición de hijos de puta, créeme, quedan empate. Lo de que los medios de comunicación son esparcidores de mentiras contra el presidente, que colocar a gente de confianza en puestos de relevancia es por el bien del país, que el estado soy yo y que los contrapoderes (jueces u opiniones en contra) son poderosos contra los que yo te estoy salvando, eso es algo que ha dicho Trump y P.S. No es una opinión que yo te suelte de manera interesada sino que es drásticamente verdad.
Dicen que hasta los 5 años la mayoría de los niños solamente son capaces de interactuar con aquello que son capaces de ver. Por eso en el juego aquel en el que tapas los ojos del niño y se los destapas para ver la cara de sorpresa que pone al reconocerte, funciona. Obviamente como nos tratan como niños lo que se suele hacer es esconder alguna noticia. Hay un pequeño video que ejemplifica lo que quiero decir. Por eso hay un juego diabólico con el control de la opinión pública. Por eso España e Italia tendrán récords de turismo este verano, porque si en Egipto cortan el cuello a la gente, me voy a Marbella. Al fin y al cabo intentar contraponer las noticias hasta llegar a la verdad es un esfuerzo complejo cuando estás a medias de una serie de Netflix. Si te dejas llevar por la opinión de la mayoría, acertada o no, la culpa en el caso de errar es de los otros.
Hay verdades, maquilladas por el presente, que están admitidas: las mujeres han tenido menos derechos que los hombres, a las razas minoritarias (normalmente más oscuras en el mundo occidental) se les ha marcado en sociedades pasadas, la libertad sexual no era libertad hasta hace poco, los nazis mataban judíos para ver si se les terminaban de una vez por todas y a alguno se le quemó por afirmar que la tierra no era el centro del universo. Lo que sucede es que hoy en día hay, y cada vez más, lugares en los que ninguna de esas cosas suceden. Ni siquiera mi abuela, que ahora tendría más de 120 años, fue impedida legalmente de trabajar o ser propietaria de su casa. Pero te encuentras, con facilidad extrema, a quien me asegura que mi abuela es mentira y, además, si ella (la que se queja muy fuerte) no fue ascendida en su trabajo solamente fue por ser mujer. O negro. O judío. O marica. Sé de quien no ejecuta felaciones pero exige cunnilingus por defender la libertad de la mujer. Y no tengo nada contra las prácticas sexuales de cada uno pero solamente te pido que no busques excusas intemporales. Tampoco creo que la excusa perfecta tras matar a un hombre blanco, siendo tú negro en Detroit, es porque su abuelo esclavizó al tuyo. Cuando haces lo mismo que tu enemigo no puedes decir que lo haces porque él era peor. O, quizá mucho más hipócrita, porque tienes derecho a la autodefensa cuando contra quien dices luchar, está comido por los gusanos. Al fin y al cabo los cobardes son especialistas en guerras en las que no te pegan tiros, te meten en la cárcel o te parten las piernas. Cobardes e hipócritas también hay en los dos lados, no te creas. Hay quien quiere matar cristianos y hacer mezquitas mientras él es ateo del todo. Hay quien se enfada porque matan a negros pero silba si mueren blancos. Hay jueces que ponen una multa gravísima de 720€ a una mujer por amenazar, perseguir, insultar y amedrentar a su ex porque no soportaba que no la hubiera elegido.
Acepto y reconozco que cada uno es más permeable a las injusticias que cree que le afectan. Entiendo que vivimos en una época infame en la que no importa el hecho en si, sino los aderezos. No es matar a una persona sino matar a un chino como si el chino no fuera igual de persona que un paquistaní o que tu prima Eutropia. También hay quien asegura que nadie le ayuda y que solamente ayudan a los que han sabido victimizarse lo suficiente y que los gobiernos se han olvidado de los seres comunes, los de toda la vida, los que no usan pronombres o hacen activismo moral en sus cuentas de twitter.
Pero si nos vamos a los hechos, son los mismos. La ambientación no debería de tapar la verdad. Porque un ordenador tenga más luces, no va mejor. Alguien, a quien habían matado a su padre en un atentado, me dijo que todos los muertos huelen igual.
Decian, en Alta fidelidad: "¿Escuchaba musica pop porque estaba deprimido o estaba deprimido por escuchar musica pop?"
Es una pregunta que se puede replantear: ¿Nos tratan como idiotas porque lo somos o es que somos idiotas porque nos tratan así?. Lo cierto es que hay una tercera variante que se nos olvida muchas veces y es que los estúpidos no viven mal. Si el sentido de la vida, para algunos, reside en la gloroficación máxima del tiempo limitado con latido, entonces ser un estúpido es un boleto más hacia el disfrute personal de ese periodo. No inventes, no recojas nada, no limpies, no dejes las cosas mejor que como estaban al llegar. Simplemente consume, desgasta, desordena y retuerce lo que haya que retorcer con el único y exclusivo interes de tu propio gozo a un plazo corto en modo máximo. Cómete la comida con el hocico metido dentro sin dejar nada para después. Sé un gorrino, un hamster con la boca llena. Cóbra todas las subvenciones que puedas, pisa a quien haya que pisar, no recicles, pide que no te cobren el iva, compra en Temu. Folla sin condón.
En el anterior mundial de futbol, la ministra de trabajo argentina respondió, ante la preocupacion por una inflacion !del 100%!, que era más prioritario ganar el mundial que estar un mes preocupados por aquello. Luego nos preguntamos por qué después ganó Milei pero el caso es que triunfaron en aquel mundial y seguro que a muchos argentinos les supuso mucha más alegría ver a Messi levantando la copa que se les pusiera el precio de los tomates al nivel de las joyas que alguno tenía en una caja fuerte. Nuestro presidente, que sabe que somos favoritos en el mundial que empieza pronto, ha decidido hablar de sus cositas cuando ya estemos en fase de grupos. Mi ayuntamiento tiene la fea costumbre de aprobar los presupuestos justo la semana antes de fiestas y nos cuenta que van a traer a tal o cual artista con la nota a pie de página de la subida de impuestos municipales. No sé qué diferencia tiene con el clásico de "el opio del pueblo" de toda la vida. Es muy entretenido, y a la vez ridículo, escuchar a moralistas superdotados intelectuales prohumanos que te explican lo muy por encima que se encuentran de los borregos de lo otro cuando, veinte minutos después, aplauden como focas lo que les gusta a ellos. Es más, conozco a quien te mira con desprecio por delatarte como creyente católico pero luego se gastan un dineral en limpiarse los chacras y que le echen las cartas en una consulta a pie de calle por parte de una tarotista de Albacete que, aunque se hace llamar Lady Arkana la bautizarton como María Soledad.
Quizá, sólo quizá, es que no queremos admitir que nos encanta que nos engañen, que nos digan que nos quieren aunque no sea cierto. Que nos prometan más cosas que el alcalde de NY, aunque es imposible. Recuerda que el problema de la vivienda, el precio de la luz y lo de los alimentos se iba a solucionar de una manera mágica hace 8 años y resulta que va a ser que no. Supongo que el que perro se comió las promesas. No hablemos de política. Piensa en Mari Tere y cómo cada vez que hay un imbécil en el bar se lo termina tirando mientras te jura, la mañana siguiente en un mensaje que suda emoción, que es el definitivo ( otra vez). Que éste no va a ser un falso maltratador violento y promiscuo como los seis
(del año pasado). ¿Es Mari Tere idiota?. Si, pero le encanta, aunque no lo admite nunca, ser así. Cada vez que hay un candidato que le dice lo que quiere oir, le vota y rebota. Hay quien pone en estado de alerta toda la oxitocina de su cerebro si ve un cartel de oferta, aunque no le haga falta. Por eso hay una diferencia entre hurto y robo. Te hurtan por idiota y te roban contra tu voluntad. La estafa, en este caso, tiene connivencia por parte del estafado. Vivimos en una sociedad llena de primos que caen, una y otra vez, en lo mismo y cada vez de una manera más burda. Hay quien te asegura que no te va a robar como los otros mientras está metiendo el candelabro de plata de tu abuela en una saca y, si te preguntan, confirmas que no era un ladrón porque te dijo que no lo era. Además no tenía pasamontañas y si no tiene pasamontañas no puede ser un ladrón. Conozco a montañeros que no han robado jamás aunque también conozco a ladrones que aseguran ser gente honrada.
Hay que reconocer que no es de gusto sentarse a charlar con quien te dice que estas viejo, que caminas con cojera, que ya no eres ágil y que necesitas gafas para leer. Es mucho mejor que te mientan un poco o que, incluso, termines con la sensación de no tener pecados pendientes al terminar la confesión. Fausto sufrió un chute de serotonina aunque firmase un contrato pero se creyó el rey del mundo durante un rato. Supongo que sería como ligar con una guapa, el subidón de Mari Tere o la sensación de limpieza después de arreglarte los chacras pagando por reiki, que ni siquiera te soban.
Así que ¿nos tratan como idiotas?. La respuesta es que si.
¿Nos tratan como idiotas porque somos idiotas?. Quizá no, pero, y aquí está la clave, nos encanta ser idiotas porque es una manera rápida, fácil, defendible y victimizable de sentirnos bien los primeros veinte minutos.
Probablemente en una sociedad cortoplacista y con bastante tendencia a la infantilización lo que pasa es que si nos tratan como niños es porque queremos ser niños. Ser adulto es mucho más aburrido y, sobre todo, menos rentable. A ver si vas a ligar tú diciendo la verdad.
Dice que la ciencia ahora es un discurso. Dicen que el cancer ahora se cura con jabón. Y soy como soy por el mes en el que nazco. Y pensando en positivo soluciono mi marrón. La moral la impone un hombre que sale de una paloma. La moral la impone un hombre que sale de una puta paloma. A la mierda la ciencia. Yo no creo en tu evidencia. A la mierda la ciencia. Yo no creo en tu evidencia.
Dicen que si sueñas llegarás a ser Amancio. Y que si subes los impuestos pues los ricos se van. Y eso de Gaza a ver quien se lo cree. Que si tu hijo es trans es que algo salió mal. La moral la impone un hombre que sale de una paloma, La moral la impone un hombre que sale de una puta paloma. A la mierda la ciencia. Yo no creo en tu evidencia. A la mierda la ciencia. Yo no creo en tu evidencia.
Dame más mercado, dame más lejía. Sintámonos del del todo, sintámonos sociopatía. Dame reptilianos, dame un nuevo orden, a la mierda todo, viva Bertín Osborne.
Coque Malla, Gustavo Salmerón y Jordi Mollá se apoyan en el cristal interior de un bar. Ven, al otro lado de la acera, a Ariadna Gil mascando chicle mientras intenta, disfrazada vestida en un jersey enorme rojo, que alguien le rellene alguna encuesta por la calle.
Pablo: Es como una campesina de esas que tiene las tetas enormes y un vestido de flores. La pura imagen del sexo Claudio: La pura imagen del sexo es una top model Ariel: Hombre, tú eres un estrecho. Las top models son de plástico Pablo: eróticas y sudorosas. Lo mejor para las fantasías sexuales
Más adelante Pablo ( Coque Malla) termina ligando con ella en forma de sexo casual a media mañana y, cuando Ariadna se está vistiendo, la intenta oler. Ella, que no es tonta, le pregunta qué es lo que hace. Sin esperar respuesta le dice que si acaso cree que porque está en la calle con ropa holgada tiene que oler mal o ser diferente a alguna de sus fantasías. En realidad no hay ninguna diferencia salvo nuestros prejuicios o, mejor dicho, lo que pensábamos que tenía que ser y luego, no lo es.
Esto es algo que aunque obvio sucede con los artistas, los de partidos que no son el nuestro, bastantes consideraciones comerciales y, por supuesto, parejas sexuales. Todavía recuerdo que, en plena ebullición adolescente, me las apañé para lograr una copia en Vhs de "9 semanas y media" pensando que aquello iba a ser una bacanal desatada con Kim Bassinger, pezón arriba pezón abajo, poniendo todas mis hormonas en firme estado de revista. Al final de la peli, justo en el instante en el que Mickey se rompe cuando ella se marcha, me percaté que era una historia de amor en la que él la pierde por no dejarse ser quien realmente es. Y me enganché al piano lento y cadencioso del final.
Hay demasiadas cosas que nos perdemos o somos incapaces de saborear en su realidad porque ya las teníamos catalogadas de antes. Mi tío, resultado incómodo de un consumo de prensa convulsa, se pasó quinquenios sin pisar Euskadi porque pensaba que aquí nos tirábamos bombas los unos a los otros. Siendo muy pequeño me daban asco los huevos fritos por la textura gelatinosa que les suponía. Entonces mi primo Juan, que era algo mayor, se comió uno y yo no iba a ser menos. Ayer me hice dos para cenar.
Por supuesto que existe una especie de autoprotección irracional en el ser humano. Es lo mismo que sucede con los perros o los ornitorrincos, que no se comen algunas cosas porque algo les dice que eso no es sano. A nosotros, que para eso somos la criatura más compleja de la creación, nos pasa también con las interacciones sociales. Exactamente lo mismo es no hablar con alguien porque es moro como no hablar con alguien porque es facha. Son dos tipos de presupuestos racistas idénticos y es que cada uno ejerce el racismo con quien quiere. !Viva racismo es libre!. Luego resulta que uno no es tan malo por ser facha o por ser moro. O que aquella mujer huele bien aunque tenga en el sobaco el bosque de secuoyas gigantes de Cabezón de la Sal. Algo en nuestro interior nos intenta proteger de muchas cosas pero me han contado, que no lo sé, que hay brócoli sano y rico. Yo conozco dos fascistas públicamente famosos y reconocidos. Te diré que uno, que en su momento proclamó que matar guardias civiles estaba bien, y la otra, que se alegró cuando metieron un tiro en la cabeza a Muguruza, son los dos personas encantadoras, excepto si te metes en su paranoia. Supongo que es como si piensas en una flor: puede ser bonita de ver pero dejarte el estómago destrozado si te la comes o ser un alucinógeno que lo flipas. Nada ni nadie es bueno en todas sus facetas.
Es correcto asumir que no se puede ir por la vida probando todo y hablando con todos, porque es agotador y probablemente ya estarías muerto (o habrías matado a alguien, que es un deseo que se tienen a los seis meses de trabajar cara al público). Sin embargo alguien fue el primero al que se le ocurrió abrir una ostra y comerse lo de dentro. También alguien se murió después de chupar una rana. No son la misma persona, espero. Lo que es verdad es que si una persona habla con alguien con quien no hablarías tu, prueba algo que te parece asqueroso o se folla a alguien que a ti te resulta repulsivo, no es peor que tú sino simplemente diferente. Además de lo que ha experimentado puedes aprender, si es que te fías de su criterio. Reconozco que cometo el error, muchas más veces de las que debo, de proteger a gente que importa del mayor demonio que conozco, que soy yo, pero eso es otra cosa y más o menos el prejuicio del impostor puesto en mis actitudes. Aparte de esa puntualización yo nunca he chupado una rana y conozco a quien presenté, porque no sabía cómo quitármela de encima, a la que ahora es su amante esposa. Me alegro millones de veces que sean felices, sobre a todo porque a él le parece la quinta esencia de la intelectualidad y la belleza en el mundo.
El caso es que nuestros prejuicios nos salvan muchas veces pero también nos hacen perdernos muchas cosas.
No pienso cenar brócoli. Ni coliflor. Ni espárragos. Tampoco soy capaz de ver a la esposa de mi colega como una mujer apetecible, ni en lo físico ni ( que es mucho peor) en lo intelectual. Siempre digo que sin conversación no hay erección pero sé que más de uno sigue pensando que todo agujero es trinchera. Cada uno tiene sus prejuicios y se salva de unas cosas y se pierde otras. A mi Ariadna me gustaba mucho más que Penélope en esa película. La verdad es que Penélope no me ha gustado nunca. Pero Ava Gadner, siempre. Incluso borracha con Frank cuando vino a España y ella había tomado unas copas con Luis Miguel Dominguin después de estar de cachondeo con Lola. Tampoco he comprado en Amazon jamás y me siento orgullosísimo de ello, pero respeto entiendo que tú lo hagas (jodido vendido al capitalismo americano cabrón enemigo del comercio de tu barrio)
Cada uno debería de ser consciente de sus taras y, por supuesto, de sus prejuicios. A veces te salvan y, a veces, te pierdes cosas.