Coque Malla, Gustavo Salmerón y Jordi Mollá se apoyan en el cristal interior de un bar. Ven, al otro lado de la acera, a Ariadna Gil mascando chicle mientras intenta, disfrazada vestida en un jersey enorme rojo, que alguien le rellene alguna encuesta por la calle.
Pablo: Es como una campesina de esas que tiene las tetas enormes y un vestido de flores. La pura imagen del sexo Claudio: La pura imagen del sexo es una top model Ariel: Hombre, tú eres un estrecho. Las top models son de plástico Pablo: eróticas y sudorosas. Lo mejor para las fantasías sexuales
Más adelante Pablo ( Coque Malla) termina ligando con ella en forma de sexo casual a media mañana y, cuando Ariadna se está vistiendo, la intenta oler. Ella, que no es tonta, le pregunta qué es lo que hace. Sin esperar respuesta le dice que si acaso cree que porque está en la calle con ropa holgada tiene que oler mal o ser diferente a alguna de sus fantasías. En realidad no hay ninguna diferencia salvo nuestros prejuicios o, mejor dicho, lo que pensábamos que tenía que ser y luego, no lo es.
Esto es algo que aunque obvio sucede con los artistas, los de partidos que no son el nuestro, bastantes consideraciones comerciales y, por supuesto, parejas sexuales. Todavía recuerdo que, en plena ebullición adolescente, me las apañé para lograr una copia en Vhs de "9 semanas y media" pensando que aquello iba a ser una bacanal desatada con Kim Bassinger, pezón arriba pezón abajo, poniendo todas mis hormonas en firme estado de revista. Al final de la peli, justo en el instante en el que Mickey se rompe cuando ella se marcha, me percaté que era una historia de amor en la que él la pierde por no dejarse ser quien realmente es. Y me enganché al piano lento y cadencioso del final.
Hay demasiadas cosas que nos perdemos o somos incapaces de saborear en su realidad porque ya las teníamos catalogadas de antes. Mi tío, resultado incómodo de un consumo de prensa convulsa, se pasó quinquenios sin pisar Euskadi porque pensaba que aquí nos tirábamos bombas los unos a los otros. Siendo muy pequeño me daban asco los huevos fritos por la textura gelatinosa que les suponía. Entonces mi primo Juan, que era algo mayor, se comió uno y yo no iba a ser menos. Ayer me hice dos para cenar.
Por supuesto que existe una especie de autoprotección irracional en el ser humano. Es lo mismo que sucede con los perros o los ornitorrincos, que no se comen algunas cosas porque algo les dice que eso no es sano. A nosotros, que para eso somos la criatura más compleja de la creación, nos pasa también con las interacciones sociales. Exactamente lo mismo es no hablar con alguien porque es moro como no hablar con alguien porque es facha. Son dos tipos de presupuestos racistas idénticos y es que cada uno ejerce el racismo con quien quiere. !Viva racismo es libre!. Luego resulta que uno no es tan malo por ser facha o por ser moro. O que aquella mujer huele bien aunque tenga en el sobaco el bosque de secuoyas gigantes de Cabezón de la Sal. Algo en nuestro interior nos intenta proteger de muchas cosas pero me han contado, que no lo sé, que hay brócoli sano y rico. Yo conozco dos fascistas públicamente famosos y reconocidos. Te diré que uno, que en su momento proclamó que matar guardias civiles estaba bien, y la otra, que se alegró cuando metieron un tiro en la cabeza a Muguruza, son los dos personas encantadoras, excepto si te metes en su paranoia. Supongo que es como si piensas en una flor: puede ser bonita de ver pero dejarte el estómago destrozado si te la comes o ser un alucinógeno que lo flipas. Nada ni nadie es bueno en todas sus facetas.
Es correcto asumir que no se puede ir por la vida probando todo y hablando con todos, porque es agotador y probablemente ya estarías muerto (o habrías matado a alguien, que es un deseo que se tienen a los seis meses de trabajar cara al público). Sin embargo alguien fue el primero al que se le ocurrió abrir una ostra y comerse lo de dentro. También alguien se murió después de chupar una rana. No son la misma persona, espero. Lo que es verdad es que si una persona habla con alguien con quien no hablarías tu, prueba algo que te parece asqueroso o se folla a alguien que a ti te resulta repulsivo, no es peor que tú sino simplemente diferente. Además de lo que ha experimentado puedes aprender, si es que te fías de su criterio. Reconozco que cometo el error, muchas más veces de las que debo, de proteger a gente que importa del mayor demonio que conozco, que soy yo, pero eso es otra cosa y más o menos el prejuicio del impostor puesto en mis actitudes. Aparte de esa puntualización yo nunca he chupado una rana y conozco a quien presenté, porque no sabía cómo quitármela de encima, a la que ahora es su amante esposa. Me alegro millones de veces que sean felices, sobre a todo porque a él le parece la quinta esencia de la intelectualidad y la belleza en el mundo.
El caso es que nuestros prejuicios nos salvan muchas veces pero también nos hacen perdernos muchas cosas.
No pienso cenar brócoli. Ni coliflor. Ni espárragos. Tampoco soy capaz de ver a la esposa de mi colega como una mujer apetecible, ni en lo físico ni ( que es mucho peor) en lo intelectual. Siempre digo que sin conversación no hay erección pero sé que más de uno sigue pensando que todo agujero es trinchera. Cada uno tiene sus prejuicios y se salva de unas cosas y se pierde otras. A mi Ariadna me gustaba mucho más que Penélope en esa película. La verdad es que Penélope no me ha gustado nunca. Pero Ava Gadner, siempre. Incluso borracha con Frank cuando vino a España y ella había tomado unas copas con Luis Miguel Dominguin después de estar de cachondeo con Lola. Tampoco he comprado en Amazon jamás y me siento orgullosísimo de ello, pero respeto entiendo que tú lo hagas (jodido vendido al capitalismo americano cabrón enemigo del comercio de tu barrio)
Cada uno debería de ser consciente de sus taras y, por supuesto, de sus prejuicios. A veces te salvan y, a veces, te pierdes cosas.