Mal dia para buscar

16 de agosto de 2017

La impaciencia hiperbólica

Cuando se habla del descuento hiperbólico lo importante de la conclusión es considerar que cuando el tiempo entra como variable en la ecuación el resultado o la decisión que se toma es diferente. No es lo mismo tener 10 euros ya que 100 euros dentro de un año.

Lo que pasa es que suele asociar a las decisiones conscientes que uno ha de tomar respecto de si mismo. Bien por esa teoría que se basa, absurdamente, en que el 100% de la responsabilidad de lo que somos o nos sucede es cosa nuestra. Igual de absurdo que creer que la culpa de nuestros males es del presidente del gobierno o de una multinacional. Porque hay un porcentaje, no sé cual, pero lo hay. Quizá la conciencia de ello y el encuentro de esa cifra en su justa medida sea la clave de la felicidad y, en consecuencia, el sentido de la vida.

Pero ¿qué pasa si nos centramos en el tiempo de respuesta a nuestros actos o nuestras necesidades conscientes o inconscientes?. ¿Eso determina nuestra vida?. Si, lo hace. Lo hace el tiempo de duración del video que hemos encontrado, el tiempo que duran los anuncios determina nuestra atención sobre los mismos, el rock tuvo parte de su éxito en que las canciones duraban menos de tres minutos. Los whatsapp largos no se leen más que por encima, si no te responde de forma inmediata crees que te van a mentir y además aprovechas para lavarte los dientes con lo que pierdes el hilo de la próxima mierda que ibas a contar. Puedes ser digno unas horas, quizá un par de días pero el tercero tienes que ir a cagar y es ahí cuando, sentado, empiezas a aceptar que ya ha empezado la cuesta abajo, que has perdido glamour. Una vez me fui a la cama reconociendo que había sido un tipo brillante y amable en una cena. Pensé que no iba a poder ser jamás tan estupendo como aquella vez y me acordé de Pelé, que se retiró en lo alto de su carrera. El día siguiente marché y nunca más volví a quedar con aquella gente. Un cobarde, si, pero en lo más alto que iba a poder llegar. Un gilipollas, también.

Los tiempos de respuesta a nuestras expectativas determinan nuestra vida en cierta medida. Es un grado de impaciencia. La impaciencia hiperbólica. Miramos las visitas de la página los siguientes diez minutos a la publicación pero se nos olvida, diez días después, que estaba ahí. Esperamos resultados inmediatos a los globos sonda que lanzamos al hiperespacio sin dejar que sobrepasen la atmósfera. Queremos amor eterno después del primer beso con lengua. Fidelidad absoluta tras la primera confidencia porque en la cuarta, cuando hemos admitido que nos da miedo la oscuridad, empezamos a pensar que os van a apagar la luz cuando nos despistemos. La constancia no es una virtud de moda y eso, como el sueño de la razón, produce monstruos.

Esos monstruos son los triunfos de la nueva era: las canciones de mierda con un ritmo de tres segundos que se repite, los eslóganes graciosos, los memes, las historias sentimentales (con enamoramiento, desarrollo y decepción) de tres horas, los resúmenes de partidos donde solamente salen los goles. Los greatests hits resumidos con los que más de uno dice que sabe de música, arte, deporte o amor sin haber, en realidad, llegado a tener la paciencia de conocer ninguno de ellos de forma completa. ¿Cuantos vídeos de youtube dejas que terminen pero los comentas como un experto en la próxima cena social?

Una vez, sí, pero hasta el final y de forma completa, degustando en vez de devorando. Eso es mejor que conocer solamente los resúmenes de cien pero tienes menos temas de conversación.

No dijo lo que quería oír los tres primeros segundos después de presentarnos y no volvimos a hablar jamás. Es un spoiler del cortometraje de "el columpio". No fue capaz de escribir un libro porque a partir del carácter 141 se quedaba sin ideas, es un ejemplo de futuro. Nadie oyó la sinfonía porque duraba más de tres minutos. El futuro tiene pinta de ser mediocre y breve. Arqueología de las cosas que se hicieron viejas hace tres minutos. Obsolescencia impaciente. Resultados de mierda inmediatos que pisan todo aquello que tarda en cocerse a fuego lento.

Comida basura.

15 de agosto de 2017

Fuera de lugar

Y esto se hacía en 1993, con Jose Manuel Casañ desbocado desde el 3.23. Un cantante infravalorado que lo dió todo desde el punk, el ska, el rock o la rumba. Quizá es eso lo que no le dejó en un sólo lugar: dar palos a todos lados.  Vino tabaco y caramelos.

Breve malentendido que acaba con moscas.

-Guapa- le dijo con sinceridad y admiración como quien se queda delante de una escultura. Y ella, al ver que no era en absoluto el hombre de su vida, detuvo a una patrulla para denunciar una agresión machista que más tarde salió en el periódico sin poner, en ningún caso, la cara pixelada o salvaguardar la presunción de inocencia. Salió absuelto y marcado, señalado.

El nunca más, ni siquiera en la intimidad más absoluta, volvió a piropear a nadie. Todas sus parejas, a partir de entonces, le acusaron de ser poco cariñoso, de no decir amables palabras de amor y de callar sus sentimientos. Le dijeron que era un hombre frío y se fueron buscando calor más allá de la puerta de entrada al hall de su vivienda. La misma donde le encontraron, un martes, devorado por las moscas y muerto de soledad.

-Era un buen tipo- decían sus vecinos en los reportajes de 20 segundos del informativo local. - Reservado- dijo la vecina del tercero, a la que siempre quiso en secreto pero no pasó de hacer referencias a la temperatura de la calle cuando bajaban tres pisos en el ascensor. 

No devolvió jamás el balón que se le escapó a unos niños. No detuvo a un ladrón extranjero que salía corriendo con su botín de una pequeña tienda. No cruzó ningún semáforo en rojo aunque tuviera prisa. Cedió el asiento, todas las veces, en el autobús.

En el todo o nada de los comportamientos sociales, se quedó en nada, en un zumbido a su alrededor.

11 de agosto de 2017

Reflejos.

Es intrínseco: nos gusta sentirnos reflejados. Si puede ser en ese reflejo brillante que se lleva dentro, mejor. En ese luminoso momento en el que no tenemos control de nuestra imagen ni de nuestras palabras, que es casi lo que sucede cuando un orgasmo es de los buenos o de los de verdad, que no es lo mismo: que no hay control de lo que, como un halo proyectado, una aparición, sale de nosotros mismos hacia el exterior. Es el mismo halo que se queda palpitando, como una burbuja elíptica, al despertar con la espalda al aire y las sábanas revueltas por las mañanas de agosto.

Nos gusta vernos en los ojos infinitos, en la parte bondadosa y honesta de la verdad que hay en el fondo del iris, en la luz del lago que nos hace sonreír entre las ondas sinusoidales de la superficie. A veces romper el agua y ver cómo nos volvemos a formar, que siempre es cuando llega la calma.

Tenemos dos imágenes, quizá tres. La que damos, la que inventamos y la que somos. Yo tengo imagen de travieso, me invento como un honesto trabajador fiel a personas y principios con finales inciertos. Tu das de dura sensible individual e imperturbable y te inventas como una superviviente. Digo que eso lo inventamos y no tiene que ser verdad porque siempre creemos de nosotros mismos que somos mejores de lo que somos. ¿Y que somos?. Probablemente mediocres de halo intermitente. O infinitos en tu reflejo. O tú en el mío.

En eso consiste.

Llévame a ver salir el sol.

Ya no sé que hay en sus ojos. Dice que no se ve reflejada. Será que son paisajes de agosto. (Y se miraron los dedos, se rozaron codos, se erizaron los pechos. Vamos, que se lió todo). Es un reflejo. Lejano en el tiempo y en el espacio como un Cadillac sin frenos.(Y ahora encuentra la canción, que está escondida como las letras de un autodefinido sin gafas al lado de la piscina). Diciendo que te quiere cuando ya te ha abandonado, calando hondo. Engáñame un poco al menos, antes del minuto 6.52

For what it´s worth

En mi defensa, todas mis intenciones eran buenas. Y el cielo sabe que hay lugar en algún lugar para los malentendidos. Sabes que te daría sangre si fuera suficiente El diablo está en mi puerta desde el día en que nací. Es difícil encontrar una puesta de sol en el ojo de una tormenta pero soy un soñador de diseño y sé que con tiempo vamos a poner esto detrás. Por lo que vale, lo siento por el dolor. Seré el primero en decir: cometí mis propios errores Por lo que vale, sé que es sólo una palabra y las palabras traicionan.A veces perdemos nuestro camino Por lo que merece la pena. Detrás de la lente hay una imagen de veneno que pintas y no pretendamos que estuvieras vistiendo santos porque he sido crucificado por estar vivo. En algún lugar en el fuego cruzado de esta guerra susurrante parece que he olvidado por lo que estaba luchando pero debajo de mi piel hay un fuego dentro, todavía ardiendo. Por lo que vale, lo siento por el dolor. Seré el primero en decir: cometí mis propios errores. Por lo que vale, sé que es sólo una palabra y las palabras traicionan. A veces perdemos nuestro camino Por lo que merece la pena El primer pájaro que vuela consigue todas las flechas. Dejemos atrás el pasado con todas nuestras penas. Construiré un puente entre nosotros y tragaré mi orgullo Por lo que vale, lo siento por el dolor Seré el primero en decir: cometí mis propios errores Por lo que vale, sé que es sólo una palabra y las palabras traicionan A veces perdemos nuestro camino
Por lo que merece la pena

9 de agosto de 2017

Crisis: 2008-¿2018?

"Industry and commerce toppled to their knees The gears of progress halted The underclass set free The super-ego shattered with our ideologies The obscene injunction to enjoy life Disappears as in a dream And as we return to out native state To our primal scene The temperature, it started dropping And the ice floes began to freeze". Eso dice el último vídeo de Father John Misty y, curiosamente, la unión europea dice que ya se acabó la crisis. Eso que no existía en el 2008, cuando todos éramos ricos y parecía que estábamos en un paraíso de bienes infinitos que nunca, jamás, iba a dejar de darnos sus beneplácitos.

También cantaba Dire Straits: "I used to like to go work but the shut it down. I´ve got a right to go to work but there´s no work here to be found. Yes, and they say we´re gonna have to pay what´s owed. We´re gonna have to reap from some seeds that´s been sowed". Pero eso fue en 1982

Todo es un ciclo porque no aprendemos. La moda y las hombreras, las canciones de mierda y las personas que nos hacen daño. Quizá somos sadomasoquistas de las crisis y de las piedras que, como Julio Iglesias, nos hacen tropezar de nuevo.

¿Qué éramos en el 2008?. Unos gilipollas. ¿Que somos casi en el 2018?. Unos gilipollas pobres.

Lo curioso es cómo se interioriza lo que nos ha pasado durante este tiempo. Perez Reverte afirma, en algún caso, que si la gente vuelve a tener medios la volverá a cagar porque somos así. No le quito razón. Es curioso que mi abuela, tras haberse tenido que esconder de las bombas durante toda una guerra y con dos hijos, fue una trabajadora infinita que guardaba las joyas en un baldosin suelto de la cocina. Que nunca se permitió un lujo y que tenía más dinero que un torero en comparación con sus gastos. Mi padre, que emigró para conseguir mejorar en la vida, fue siempre hacia delante guardando en los tiempos buenos para los malos, que eran cíclicos. Y nos dio de comer todos los días mientras pintaba la terraza en verano, arreglaba las bicicletas en otoño y cuadraba balances el resto del año. Nosotros, que vimos a nuestra abuela y a nuestros padres trabajar para salir adelante, quizá hasta lo interiorizamos pero no mucho porque la realidad es que eso de no tener es algo de lo que nos habían hablado casi tanto como lo de ir al lado oscuro de la fuerza. Así que no le hicimos mucho caso incluso sabiendo que Darth Vader es un personaje de ficción. Nos pusimos dignos y coherentes con la ecología y la economía en conversaciones grupales en la que quisiéramos aparecer como razonables y le dimos a nuestros hijos todo lo que nos pidieron, a veces hasta con copias fraudulentas de la verdad. A veces con peluches falsificados de Pluto o de Bob Esponja, pero se lo dimos. Y un móvil. Y les hablamos de lo importantes que son los derechos y que si alguien se esfuerza podrá tenerlo todo. Les mentimos como perros pero tampoco les íbamos a decir que las cosas eran jodidas porque la ordinariez de la vida es muy fea para explicarla antes de dormir, como un cuento en el que termina llegando el hombre del saco. El malo. El otro. El responsable de nuestras penas, de las que no nos merecemos, de las que nos envían los malos, siempre los malos. Los de las películas. Las mismas películas en las que se encontraba a la persona perfecta entre sonido de violines.

Me cuenta un amigo que se rodea de jóvenes menores de 30 y cargados de ilusión que lo primero que hacen cuando intentan sacar adelante un proyecto es valorar en qué parte de la oficina pueden poner el futbolin porque todos quieren ser la parte que mola de google y hablar como Musk, que pierde un millon de euros cada vez que parpadea. Me dice que todos quieren hacer una app tonta que les saque de pobres pero mientras tanto actúan como ricos. Mi padre me daba dos billetes cuando yo quería salir. "uno para gastar y otro para enseñar"- me decía porque no está bien que los demás piensen que eres un mierda. Me explica, mi amigo, que antes de aprender a golpear la pelota los aspirantes a estrellas ya llevan las gafas de futbolista rico y que esos sueños les duran hasta que se acaba el dinero y que eso suele ser un par de años. No más. No son capaces de preguntarse qué sucederá si la fuente se acaba porque la fuente, de una forma u otra, de los padres, de abuelos o del estado siempre ha manado. Trabajan, eso sí, en lugares trampolín hacia sus sueños: comerciales, repartidores, camareros o almaceneros. Pero si les preguntan todos son artistas, coach, ceo, product manager o directores. Tienen un trabajo para gastar y otro para enseñar. Los diez años de penuria no son su problema porque ellos no lo causaron. Son las víctimas de un sistema y, sin embargo, compran en páginas que no pagan impuestos, en tiendas que utilizan niños, en aplicaciones que no hacen nada más que joder a quien trabaja (las aplicaciones de reservas joden a los hoteleros sin tener hoteles, las de comida rápida a los restauradores sin tener comida, las de alquiler de coche al que pone el coche). Tienen un discurso para contarte lo que se preocupan por los demás y otro para hacerlo cuando están en la intimidad de su consumo.

Y los mayores de 30 no quieren ser menos. Los jubilados y mi hermana, leyendo las opiniones de los hoteles a los que quiere ir (con ofertas de mentira), son un mercado potencial brutal de la mediocridad en la que nos ha dejado la crisis. Si se sobrevive sin hacer nada, ¿para qué hacer algo?. ¿Inventar el rock?. Hagamos regetton con autotune y creamos que es lo único que existe. Compra el pan por Amazon y después asómbrate de que cierre la panadería que estaba a todas horas abierta debajo de tu casa, cabrón.

Cambio de afirmación: En el 2008 éramos gilipollas y en el 2018 somos gilipollas que no sabemos que somos gilipollas. Y ademas somos pobres porque nos quitamos el pan los unos a los otros.

Mientras seamos estúpidos no terminará nada.

Al menos nos da algunas buenas canciones.

Cuando, autónomo sin futbolin, digo que llevo más de cinco años sin vacaciones me dicen que es porque yo no quiero y luego me miran como si fuera imbécil. Algo debo de serlo, si.

8 de agosto de 2017

Los universos paralelos del whatsapp


Pues no, no lo hizo. pero no lo hizo porque estuviera gozando de sexo carnal con el equipo eslovaco de waterpolo ni porque al ver que era ella pusiera una cara de repulsión y siguiera tomando cervezas con los amigos. No lo hizo y no fue porque estuviera viendo un mundano evento deportivo en el que los que sudan son los otros. Ni siquiera fue porque estaba cagando y dejó sonar el teléfono que podría estar cerca de donde deja las llaves a la entrada de casa. No lo cogió porque se lo dejó en la chaqueta y cuando la mete en el armario y cierra la puerta simplemente no lo oye. Y tenía hambre, cenó. Le entró hambre, durmió. Se fue a trabajar y al salir de casa vio la llamada perdida. "Buenos días"-  escribió. Entonces fue cuando ella le llamó para decirle que no le cogió el teléfono, como una batería de metralleta que sólo lanza un disparo. Un obús con forma de reproche.
No tiene que ser algo en una sola dirección, aunque hay parámetros curiosos en lo contemporáneo. Yo la llamé, da igual quien fuera. Habíamos pasado el fin de semana anterior juntos y sonrientes, como quien se pierde. Habíamos reído y habíamos desayunado. Incluso hablamos las noches, después de cenar, sobre lo que nos pasaba en nuestros días. El viernes no cogió el teléfono. Yo pensé, mientras esperaba que volviera a sonar, que estaba cagando. También pensé, porque esa llamada no llegaba, que lo tenía en la chaqueta y la chaqueta en el armario. O en el bolso, junto a un cepillo de dientes diminuto y un kit de supervivencia. Y el sábado por la tarde me devolvió la llamada en forma de mensaje. La llamé y esta vez sí cogió. Hablamos del tiempo y de asuntos circundantes hasta que, como el que no quiere saber la respuesta a las preguntas, pregunté. "Ayer me follé a uno. Pero no es nada importante"- recalcó como si eso fuera a tranquilizar mi autoestima. Me indigné de una forma teatral y emocional, sin aspavientos, que es como debe de hacerse cuando aún no ha pasado un mes ni ha llegado la quinta noche. "...cómo sois los machistas"- dijo en un susurro y se animó en un argumentario -"¿qué pasa?, ¿que por ser mujer te tengo que rendir pleitesía?. No estabas aquí y yo no soy de nadie. Me apetecía y lo hice. No hay nada malo en ello. Si te sirve de excusa tú la tienes bastante mejor"- Y me callé porque hay discusiones absurdas que es mejor no tener. Es una historia verídica que, salvando las distancias, me ha sucedido de manera idéntica dos veces.

La ante última vez que no cogí el teléfono estaba perdido en la moto, echando de menos en medio de la nada, buscando toros de Osborne. Debo de ser muy tonto. La última estaba dormido. La próxima estaré intentado no pensar haciendo deporte para tener una excusa con la que fumarme un cigarro después de cenar y, con suerte, leer mensajes que llegan desde universos paralelos.

Porque si algo tiene la comunicación moderna es que creemos, positivamente, que el resto del mundo debe de estar ahí, puntualmente preparado para interactuar de forma inmediata a nuestras necesidades. Que las tiendas han de estar abiertas cuando las necesitamos, que la persona del mostrador de información sabe todas las respuestas y que hay una gasolinera a unos metros de cuando se enciende el piloto de la reserva. Un mundo para atendernos, unos brazos cuando los necesitamos, unas palabras justas que nos sanan de la próxima cicatriz. Todo completo, intenso, emocional y , sobre todo, ya.

Lo curioso de todo esto es que vamos fortaleciendo nuestro universo sin darnos cuenta que el de los demás está ahí, igual de importante que el nuestro y, muchas veces, con las mismas necesidades aunque sean en momentos diferentes del día. Que a mi me gusta despertarme despacio y a ella el día le actúa como un resorte. Que yo soy de desayunar antes de la ducha y que hago mejor la parte izquierda del autodefinido. Que me gusta más la moto que el coche y no me meto en el mar por las tardes. Que tengo la manía de tener los relojes en hora y todos los dispositivos electrónicos funcionando. Que, y eso lo acepto como tara, las televisiones las tengo ordenadas alfabéticamente.

Hay personas que se complementan y quienes son iguales, eso es irrelevante. No tiene que ser nada sentimental ni sexual porque una pareja es una amistad, a la que tampoco contamos todo, con quien nos acostamos de vez en cuando y, además, sentimos que no nos va a apalear cuando le enseñamos nuestras debilidades.

Pero, joder, que no nos crucifique cuando no respondemos las palabras exactas al último mensaje. Que no nos mate porque tuvimos un universo paralelo diferente en ese preciso instante en el que nos esperaba, atentos, una vez más. El whatsapp no tiene entonación ni todas las partes necesarias para algo parecido a la comunicación real. No tiene olor, ni dudas de verdad. No tiene nada más que una ilusión de universos paralelos que no son el uno, el otro o simultáneos. Y deberían de ser infinitos.
No respondí al mensaje, quizá. Eso no significa que no te quiera a un lado. Es más, cuando no respondo quizá es porque no quiero sentir la puñalada de descubrir que cuando se apaga la pantalla, no estás. Ese es un universo paralelo en el que no solemos pensar. "No respondiste y me busqué otra compañía"- fue el último mensaje que no tuve ganas de responder. Es literatura. Es verdad. Es algo parecido a la verdad. Es algo que sucederá. O que sucedió.

4 de agosto de 2017

El curriculum de los fracasos (está mal visto).

Hay quien quiere oir sólo lo que le agrada. Oir palabras e historias en las que haya un final feliz y un sueño cumplido. Un reto que se afronta y se supera. Un alegre y reconfortante relato en el que los malos pierden y los buenos ganan. A nadie le gustan las historias en las que muere el héroe porque no se quiere admitir que, en más de un caso, los a quien le alegran el dia es al enemigo de Harry el sucio.

Vivimos en un entorno en el que el fracaso, la pérdida, los errores y sacar la cabeza fuera del agua aunque sea como un cocodrilo mirando sin que se le vean más que los ojos está mal visto. No vivimos en una sociedad de triunfadores pero sí en una de esas que esconden a los que fracasan y cree que preguntarles es volver a caer.

Me encontré con el director de mi universidad. Fue mi profesor de mecánica hace ahora unos 23 años. Se enfadó conmigo cuando, allá por 1994, le comenté que iba a emprender, que no quería trabajar para nadie y que el futuro iba a ser un campo de flores por el que yo danzara como Julie Andrews: tonto y feliz como un villancico. -¿Cómo le va a usted que eran tan emprendedor?- me dijo con ironía. -La verdad es que me han dado hostias hasta en sitios insospechados- le respondí aceptando la verdad esa que dice que seguir lo establecido es siempre más fácil, mucho más fácil. Entonces hizo una pausa -Pero, ¿está usted vivo tantos años después?-. Le dije que sí con cara de resignación. -Entonces- afirmó- ya ha hecho mucho más que la mayoría. Debería de estar orgulloso- Luego nos despedimos y me quedó una sensación incierta. No era esa de sentir que había hecho el canelo a base de altas expectativas que luego se convierten en altas decepciones sino que quizá el camino, sin ser de baldosas amarillas, era un camino como cualquier otro.

No comprendo la exaltación de la virtud, real o inventada, que se hace casi como la de las vacaciones en las redes sociales. Pero lo que no comprendo es que se aparte y se desconfíe de quien pudo identificar sus errores, que se dejen a su suerte a los lobos que lucharon y perdieron en la manada, que se intente hacer creer que las oficinas con futbolin en la sala de juntas son mejores que las demás, que el profesor con manchas de tiza en los dedos es peor que el que hace chistes en el grupo de whatsapp del colegio. No comprendo que si digo que fracasé y me levanté 57 veces soy un apestado o que lo tengo que decir sin decirlo. No entiendo que caer tenga que ser un castigo añadido al hematoma del golpe.

Encumbramos a los que ganan pero pisamos a los que caen. Eso no es elegante.

La superación es volver a levantarse. Despedir es mucho más difícil que contratar. La naturaleza humana es hipócrita y sorprendente, me digo si pienso en las decepciones o en los hijos de perra que piden ayuda con la última ordinariez que se han comprado por Amazon y no saben configurar, creyendo que mi deber está en ayudarles gratis, como si mi experiencia fuera un melón que estrellar contra el suelo. Pelear deja marcas, pagar nóminas descubiertos. Hablar con sinceridad a los amigos, vacíos. Cuando veo mis cicatrices, las que se ven y las que duelen, recuerdo cómo me las hice y es entonces cuando aprendo o, al menos, me recuerda lo que pasa cuando se hace lo mismo. Y lo vuelvo a hacer, porque es innato en mi cometer tonterías creyendo absurdamente en el karma, pero ya no me sorprende el resultado.

Así que un día llega ese momento en el que hay que hacer la presentación resumida de cada uno. -Hola- se empieza cogiendo aire- me he dado mil millones de hostias y habré engañado una vez menos de las que me engañaron a mi. Me caí, me levanté, me volví a caer. Fregué el suelo y puse la lavadora. Me quedé tirado a mitad de camino en ninguna parte y sigo respirando. No sé donde iré o si iré a algún lado, pero mis pies se mueven cuando escucho canciones favoritas- Y entonces, en ese momento, se van con uno que dice que es un semidiós de la verdad con fortaleza física infinita y valores absolutos, que siempre acierta y nunca se equivoca. 

Lo curioso es que estábamos en el mismo bar pero sólo uno dice la verdad. El que se vuelve a casa oyendo el silencio del atardecer.

Y la verdad, como el fracaso, está mal vista.

Desconcertante pero real.
He escrito un curriculum de todos mis fracasos y llevo un libro sin ilustraciones a la mitad. Al final el héroe creo que muere. Espero que me dé tiempo. Wake up and smell the coffe (again).