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17 de julio de 2025

Cabrito, prensa, squash, sesgos y lectores infantiles.

Cuando mi cuñado se murió, su hija, que es mi sobrina, tenía un poco más de dos años. Al volver del hospital con el resultado definitivo consideramos que hablar de la muerte era algo excesivo y optamos por el comodín del viaje. Es lógico y es un acto de bondad.

Más adelante, se supone, la realidad se va imponiendo y el propio raciocinio humano va haciendo real lo que sucedió en aquel momento.

Unos años después estuvimos en el verdoso pueblo de Arredondo. Mi señor padre gustaba de llevarnos allí a comer cabrito. Lo específico de aquel lugar era que, al igual que sucede en algunas marisquerías, ibas unos días antes, escogías un cabrito de los que pastaban en los campos del restaurante y era ese, y no otro, el que te zampabas. Creo que mi sobrina tenía cerca de siete años. Después de comer y de mordisquear los huesos grasientos y bien asados del cabrito, ella se percató que había unos animalillos brincando por la hierba y se quedó ojiplática disfrutando de la magia de la naturaleza animal. Me acerqué a ella y le dije: "te acabas de comer a uno como ese". Ella empezó a llorar desconsolada sintiéndose culpable por haber devorado con gusto a un animal tan simpático y ese trauma le duró unas semanas. A día de hoy, a sus 26, todavía lo recuerda.

Probablemente esa misma lógica, basada en el trato que se hace con los infantes, y aquello de que la manera en la que utilizamos las palabras afecta a nuestra concepción de la realidad es el motivo por el que, muchas veces, los discursos y las noticias se maquillan bondadosamente. Es decir, existe una excusa para decorar la verdad de manera que nos haga menos daño porque se presupone, y eso es así, que como sociedad somos unos niños indefensos e irracionales incapaces de gestionar las cosas como son.

Quizá por eso mismo cuando se cumplían unos años de los acontecimientos que llevaron a la desaparición de Miguel Angel Blanco unos medios hablaban del aniversario del asesinato salvaje y los medios próximos a los herederos de aquellos asesinos titulaban, en pequeñito, que ese día hacía X años de la muerte de Miguel Angel. Que podría haberse muerto de un empacho de lentejas igualmente que de darse un cabezazo contra una bala que estaba en manos del tipo que se va de copas con el demócrata de Arnaldo.

El problema que tiene la comunicación en el mundo actual es que no resulta muy complicado buscar un par de versiones a un mismo hecho y, con un poquito de trabajo mental, conseguir una aproximación a la verdad. Algunos, normalmente los más ruidosos e intolerantes, creen que solamente existe lo que les viene bien pero eso no quiere decir que la mayoría tenga en su mano puntualizarlo o cuestionarlo. Lo peor de todo es que cuando descubrimos que nos han ocultado alguna parte de la verdad, jode. A veces es de una forma chusca. Ayer la ministra portavoz, en un intento de demostrar que los malos en cuestiones de delincuencia somos los españoles ( de siempre o recientemente españolizados), afirmó que el 73% de los delitos los cometemos nosotros. Es cierto. Eso significa que el 27% los comete quien no es español, que es el 14% de la población. La realidad es que el 100% de los delitos los cometen delincuentes y el problema de descubrir que están intentado aprovechar algo para introducir una idea suele hacerte desplazar al lado contrario. Lo peor que puedes hacer es ametrallar a alguien diciendo que no toque algo para que tenga ganas de hacerlo.

Cuando mi sobrina llegó a la adolescencia y, obviamente, sus hormonas se empezaron a volver locas ( que siguen), tuvimos que valorar el hecho de que se iba a encontrar con el mundo del porno ( y demás derivas humanas) en cuanto se perdiera unos minutos por internet. Como yo soy un bruto, rasgo que me caracteriza, me senté con ella y le conté lo que se iba a encontrar. Dicho eso fue ella la que se reguló y, creo, fue capaz de discernir qué hay entre todo lo que le va apareciendo. Ahí nos salió bien. Creo, no sé si de forma acertada, que tratarla como alguien que puede tener criterio propio y ponerle delante de la cara la realidad, resultó adecuado.

Ahora vivimos un momento en el que más de uno ha descubierto que si un grupo de marroquíes ( es un ejemplo) roban y violan a una joven, en las noticias no ponen el origen cultural de los delincuentes. Sin embargo, si lo hace un guardia civil borracho de Jaén, lo pone seguro. Al preguntar a los medios el motivo te pueden decir que ellos no buscan fomentar el odio al inmigrante, lo cual es loable, pero si es el guardia civil de Jaén te indican que lo hacen para explicar que nadie está libre de ser un violador. Nos están diciendo que somos imbéciles e infantiles y necesitamos que nos maquillen la verdad. A mi me jode mucho cuando me tratan como el niño que hace años dejé de ser.

La consecuencia lógica a la que estamos llegando es que ponemos en duda casi todo lo que nos llega. Al ponerlo en duda rellenamos los huecos con el sesgo que nos interesa. Soy de la opinión que los delitos los comenten delincuentes. Que hay madres malas y padres malos, herederos culturales que pueden llegar a creer que su hijo está poseído por el demonio y han de matarlo ahogado en la sangre de un cordero, mujeres muy hijas de puta y hombres cabronazos. Que hay empresarios buenísimas personas y trabajadores que viven de bajas falsas. Creo que Juana es una chalada esquizofrénica que hace daño a su descendencia. También soy capaz de afirmar que la pobreza y la necesidad incrementan la posibilidad de considerar el robo como una forma de sobrevivir y que nadie emigra si estaba estupendamente bien en su lugar de origen.

Por supuesto que estoy a favor de tratar todos los casos igual, con honestidad brutal, y dedicarnos a contar los hechos sin adjetivarlos porque eso, como el principio de Heissenberg, altera la propia observación.

Claro que esperar que el periodismo sea lo que debería de ser es un imposible, ya que es un negocio y necesita conseguir visitas, subvenciones y vender audiencia a base de apostar por el sesgo de sus lectores. Por otra parte ansiar que nos traten como adultos es complejo, porque una sociedad infantil es más maleable.

Es cristalino afirmar que esa idea alocada de que todos los hombres han nacido para denigrar a las mujeres es tan estúpida y racista como creer que todos los inmigrantes vienen a robarte y vivir del estado del bienestar que pagas tú.

Es exactamente igual que lo que se dice o no a mi sobrina: puedes pensar que es lo mejor o puede que no lo sea. La verdad es que su padre se murió, el cabrito se lo comió y en internet hay porno.


Pd: Una vez me pidieron, desde el ayuntamiento, que no contara en televisión que me habían robado porque eso generaba alarma social. "Ya"- les dije- "pero es que me han robado". Así que llegué a estar con un responsable de seguridad ciudadana en un debate donde sacó unos datos de la policia municipal en los que no había delitos en mi zona. "Quien hizo atestado fue la ertzaintza"- le dije. "Bueno, es que esa no es mi competencia"- respondió. En algún titular ponía: sin delitos. Bueno, yo no he perdido ningún partido de squash en la última década. ( Tampoco los he jugado). Aquí no miente nadie.

24 de enero de 2020

Apocalipsis Zombien en "El Caso"

Tenemos el Coronavirus y parece que nos gustan las noticias de un mundo apocalíptico. Nos creemos esos bulos de gente muriéndose por la calle ( que si nos dicen que son rusos juraremos que están hasta arriba de vodka) y vivimos pensando que la destrucción zombie está mucho más cerca. ( Gran momento para recordar Zombieland, pero la primera)
Pero, si echamos la mirada muy poco más atrás, tuvimos el ébola en Alcorcón. Tuvimos a las vacas locas. La gripe A y aquello de la carne mechada que mataba a las señoras de 90 años y provocó algún aborto. No digo que no haya nadie que se haya muerto de comer carne mechada o que la gripe mate a unos cuantos cada año pero no nos hemos ido a la mierda después de vivir todo eso e incluso lo de la colza.

Vamos, que me pregunto si acaso necesitamos, cíclicamente, alguna que otra alerta sanitaria mundial.

De la misma forma que todas las tormentas son las más virulentas desde que hay registros y todas las sequías las más dramáticas. De la misma forma que los índices (de lo que sea) siempre son los mayores o menores jamás recordados y ponen a un señor mayor diciendo que nunca vio nada así.

Hoy en día todo es lo más o lo menos  pero nadie dice que en invierno, pues llueve y hace frío.
Nadie dice que la gente, a veces, se muere de gripe.

"Va a ser la ruina", "Los ricos más ricos que nunca", "Los infectados caen en las calles", "La mayor alerta mundial desde que se tienen registros"

Todo empieza a ser una apocalipsis zombie que nunca llega, excepto a la prensa que cada vez se parece más a "El Caso".

En un libro de próxima publicación dice que lo que nos altera de la muerte es la personalización de la misma, que si las noticias cuentan que se han muerto cien indios y un dentista de Burgos, nos sentimos identificados con el dentista. ¿Sabes? Se han muerto 25 chinos. La prensa está llamando a todos los tipos de burgos que viven en Asia. Periodismo del bueno.

6 de marzo de 2019

A, B, C y la necesidad de superioridad moral. Debate, charleta y periodismo moderno.

La ley de Godwin establece que las conversaciones, cuando hay un enconamiento feroz, terminan citando a Hitler con mucha facilidad. No es un "y tu  más" ni un "pues ahora me quedo sin respirar", pero se parece.

Bien. La modernidad y nos ha dado variantes de gran interés. En España somos mucho de nombrar a Franco. "No me gusta el rey porque lo nombró Franco". Ala, ahí te quedas. Luego otro puede hablar de los embalses y ya tenemos a dos sordos. Lo que viene ahora es esa parte de la conversación, que sí bien es cierto que nunca se centra en el tema sino en partes externas, en la que alguno de los que están en ella (o los dos) hacen una de estas dos cosas:

A) Hablar de sus títulos o componentes personales imposibles en el otro.
  "a mí me lo vas a decir, que soy tornero fresador"
  "no sabes lo que es porque yo soy mujer y tú no"
  "qué fácil es decir eso para vosotros, los que no tenéis hijos"

B) Ir a momentos del pasado del otro.
  "no hables tú, que eras amigo de Pepe el pederasta"
  "el gobierno de España, que fue el de Franco, también robaba a los catalanes"

C) El victimismo
  "eso pasa porque soy (mujer, catalán, soriano, gay, inmigrante, menor, jubilado, bajito...)
  

Así que ahora tengo puesta una alarma para las personas, los debates  y aquellos medios de comunicación que necesitan vivir en la demostración de superioridad moral sobre sus adversarios. (Desde laSexta, el Risto e incluso los debates de 13tv). Esa alarma suena cuando alguno de los puntos A, B y C, suceden. Suena muchas veces desde aquel día en el que el periodismo dejó de contar lo que pasa para hacer juicios de valor como si estuvieran en un púlpito dando razones a sus feligreses. Suena, casi de continuo, en periodo electoral. Suena intensamente al abrir facebook, pasear por twitter e incluso en la cola del banco o de la pescadería. Y suena porque parece que aquí todos somos expertos en todo y si no lo somos lo más importante es alejarse del tema  y joder al adversario que ya es el enemigo.

Parece que si alguien no grita no existe, que lo que importa es despellejar al otro por cualquier lado. Saca la guerra de irak o las fotos de Pablo con terroristas condenados. Saca que tienes un máster en economía para darle razón a Rodrigo cuando lo de Bankia. Saca que eres profesor universitario para evitar aceptar que eres gilipollas porque hay gilipollas en todos los sitios. O que sabes hablar polaco. Cualquier cosa menos ir al tema cuando el tema se descontrola. Y me da igual. Básicamente consiste en despreciar al otro para que cualquier cosa que digas tu tenga que ser la verdad.

Y eso es trampa.

Pero son trampas aceptadas.
Cuidado,  que vienen meses llenos de A, de B y de C, de superioridad moral y de miseria. Es, tal y como he empezado, imponer tu ideología a cualquier precio. Vamos, como Hitler.

Te recuerdo que Hitler no fumaba.




Pd: se me ha olvidado eso de escoger una frase del otro fuera de contexto y culparle de los males del planeta. (Yo que sé. "¿Has dicho "EL trabajador"?, ¿pero es que una mujer no puede trabajar?. Eres un machista"). Lo he de poner en la D

8 de noviembre de 2018

Justicieros gilipollas. Malditos.

España es un país de justicieros. Y de gilipollas.

Ayer salia la noticia de que un buen grupo de justicieros españoles, defendiendo la integridad moral de la patria, habían decidido como buenos jueces del supremo que Dani Mateo, la sombra alargada de la gracia más recalcitrante del único programa que sigue haciendo chistes de Rajoy, era indigno de vivir como una persona. Así que gracias a la contrastadísima información de un twitt decidieron hundir un restaurante propiedad supuestamente del sr Mateo. Y fueron en hordas a por él. ¿A quemarlo?. No, por favor, qué poco moderno. Vamos a ponerle puntos negativos en Tripadvisor y luego juntar las puntas de los dedos como hace el malvado Sr Burns de Los Simpsons. Claro que además el restaurante en cuestión no es del sr Mateo y ahí están, los gilipollas justicieros, jodiendo a un tipo que probablemente estaba trabajando sin saber el motivo por el que le venían las hostias.

En España, que no sé si sucede en otros lugares del mundo, hemos arrasado con la vida de uno al que le pusieron la foto diciendo que era pederasta. Hemos matado miles de veces a Samar Badawi sin tener ni puta idea de quien es. Hemos ensalzado a actores porno diciendo que son grandes científicos. Hemos metido a Albert Rivera como narcotraficante gracias un chiste de Monedero. Miguel bosé ha muerto más veces que su gato y antes que existiera Internet. 

Unas cuantas verdades: Urdangarín sigue en  la cárcel, Ada Colau no ha declarado la guerra a los españoles, ser gay no sumará para ser funcionario con el psoe, no se han prohibido los villancicos por la igualdad de religiones, no hay tuberculosis en Nájera, echenique no ha dicho que Nadal sea un imperialista, la revista Time no considera a la Policía Nacional como la mejor del mundo, Amancio Ortega no ha comprado 100 millones de Bitcoin... (son todos bulos reales)

Existe más de una página para contrastar los bulos y a veces sólo hace falta aplicar el sentido común o buscar tres segundos, pero es mucho más divertido creer que desde casa, haciendo clicks (no de Famobil), se equilibra el universo.

Y luego, además, todos esos que van por ahí ajusticiando, se quejan de que el sistema quiere manejarnos. Los mismos que no se preocupan si la foto es real, si acaso le están jodiendo la vida a un inocente o si los datos son verdad o mentira.

El problema de Internet es que si escupes para arriba, no te cae en la cara  porque no hay gravedad.

No he visto a nadie perdiendo perdón en sus publicaciones justicieras. Perdón pero por gilipollas.
Leed, leed, malditos.

Extra: Queman a vivos a unos por un bulo de whatsapp.

10 de julio de 2018

El cuñado tiene un periódico, un programa de opinión y hace los titulares.

Si tuviéramos la capacidad de asesinar con violencia desmesurada a todos aquellos que opinan de algo ya no sólo citando el titular sino basándose en lo que les dijo uno que decía que sabía de lo que hablaba es más que probable que nos quedemos solos. O que nos maten, porque la deriva es muy grande y no se puede saber de todo pero, como si fuera la reina, hay que parecerlo a toda costa. Y cuando en medio de una lógica dialéctica a alguno le pillan en el pozo sin fondo de su desconocimiento, negarlo todo. Podría ser alguien que jura saber de música más que nadie pero no conoce a Ketih Richards y sí el nombre del perro de Malú. Y ahí llega ese argumentario miserable y bufón de que el arte no debería de estar monopolizado por snobs, que nadie puede poner en duda que haya quien adore el Trap o los gorgoritos indeseables de pseudo concursos musicales porque, y ahí te miran con cara de haber encontrado el santo grial de la discusión, el arte es inclasificable y la opinión libre.

Así que en ese momento me voy a Picasso. Algunas de sus obras las hubiera firmado mi perro pero detrás de ello estaba un señor capaz de hacer cuadros realistas de una fortaleza brutal ( pintadas con quince años). Podría ser la comparación entre el Twisting by the pool (que es un horror) y Telegraph Road, firmados los dos por Mark Knopfler. Conozco a quien, borracha y con sus propios excrementos, hizo un cuadro en una pared y no, no es una artista, es una cerda.

Hoy me he enterado que el obispo Setién ha fallecido. Tuvo sus titulares y momentos de fama. Los tuvo, hace muchos años. Eran esos momentos en los que los grandes asesinos que teníamos en España creían estar vivos para salvarnos del invasor español, responsable de todos y cada uno de los males que aquejaban a la sana, trabajadora y pura población euskaldún.  (Cambie usted los tiros en la nuca por lazos amarillos y el discurso se parece). Pero también, y tampoco vamos a negarlo, a algunos se les habían puesto las gónadas como balones de Nivea (que ya no hay, ¿verdad?) y repartían bofetadas aquí y allá. Setién había dicho que matar es malo se mate a quien se mate. Entonces los titulares, ansiosos de sangre clerical, empezaron a decir que el prelado de San Sebastián  (porque Donosti es un nombre muy moderno para entonces) defendía el terrorismo etarra. Obviamente ante la pregunta interesada de "¿Se siente usted dolido por la muerte de tal o cual etarra?" él había respondido que sí. Ya tenían titular

Por entonces yo pasaba tardes enteras en una gran casa siendo el novio formal de la tercera de cinco hermanas que estaba comprometida en la ardua tarea de convertirme en un clon del novio de la mayor, al que no me parecí nunca. El caso es que después de cortar tomates para una ensalada y llevarla al salón me encontré con un cura de gafas de pasta anchas, alto y con alzacuello, presidiendo la mesa. Le identifiqué. Me dijo que estaba esperando que pasará la tormenta y de paso visitar a sus ahijadas. Como he sido un bocazas toda la vida le pregunté directamente sobre si era verdad lo que decía la televisión. Él me regaló un libro. "Ahí están mis textos completos"-me dijo.  Sucedió lo que suele suceder cuando uno se encuentra delante de alguien mucho más listo que él y le escucha: que es capaz de comprender su punto de vista. A veces, como me sucedió con Ibarretxe, sin estar de acuerdo. A veces, como es el caso, entendiendo que un cura defiende la vida humana por encima de todo y que no le parece bien que la gente se mate entre ellos, aunque algunos sean muy malos. No había mucho más en aquella polémica pero la distancia entre el titular y la verdad era más grande que la que hay entre el cielo y el infierno. A algunos les gusta sacar palabras de contexto y ratificarse jurando que ha fallecido un cura que defendía a los asesinos.

No es nada nuevo emplear, por parte del periodismo y ahora por parte de cualquiera, ese lado de la verdad que ratifica lo que necesitamos creer. Dicen que dices que digo...

-¿Comemos algo luego?- dije a las seis de la tarde. A las nueve y media me  recriminaron no invitar a cenar y la explicación ante mi inicial asombro fue que "comer" no es lo mismo que "cenar". Será que soy una persona perfectamente capacitada para dar titulares falsos a los que agarrarse.

Manipular la televisión pública está muy mal cuando lo hacen los demás, por poner un ejemplo. Y una agresión en una pareja es mucho más grave si lo hace un hombre hacia una mujer que una agresión de hombre a hombre, de mujer a mujer o de mujer a hombre (ese dato lo  podéis comprobar en el código penal, principalmente porque se considera agresión sin agravantes y lo lleva un juzgado convencional en vez de uno especializado en violencia doméstica). Pero los titulares, que es a lo que vamos, buscan ratificar lo que quieres saber en vez de decirte la verdad: dicen que se acabó la manipulación o que se protege al débil que siempre es bueno, bondadoso y no miente jamás. Sólo hay hijos de puta en el lado de los otros.

A veces la verdad está escondida en el texto pero seamos realistas: no lee nadie por miedo a encontrarse de bruces con lo que no quieren ver y entrar en una espiral loca que les vuelva la cabeza del revés. Es lo mismo que preguntar donde estuviste entre las tres y las once habiendo visto una llamada de un tal Patxi en el teléfono. Claro que ahí lo que hago es opinar sin conocer todos los datos. Bajo mi propio criterio: merezco ser asesinado pero, por favor, leedme hasta el final del libro.

La vida opinada.  Todo a golpe de titular interesado.
En una guerra termonuclear sólo sobrevivirán los insectos. Y los cuñados.

23 de marzo de 2018

Hugo y los dramatismos.

Viene una tormenta. Se llama Hugo. Va a acabar con todos. Y todos sabemos, en nuestro interior, que es una tormenta más. Ya se sabe: frío, lluvia, película y manta. Cae cerca de Semana Santa pero si llueve los que no nos vamos de vacaciones a Punta Cana (que es un lugar al que no iría sin drogarme jamás, por lo de irrisorio del destino) sentiremos esa extraña satisfacción de creer que los que se han ido por ahí están corriendo bajo los rayos y que, con suerte, les alcanzará alguno. La realidad es que los pobres disfrutamos mucho con el mal de los que son más afortunados que nosotros.

Ya no hay tormentas sin nombre, escándalos sin titular casi apocalíptico.

La caída en desgracia magnánima del último político. El crimen trascendental del titular del próximo periódico. Cuando Nieves Herrero vio truncada su profesión por hacer amarillismo con las niñas de Alcacer no sabía que aquello era un jardín de infancia con lo que se hace desde los informativos cada día justo ahora 25 años después.

Todos, absolutamente todos los días sale una encuesta a pie de calle con alguien que dice que jamás había vivido algo tan dramático como lo que se trate. Siempre sale un agricultor, con pinta de agricultor (que eso implica sabiduría), que dice que nunca nevó tanto o que la sequía fue tan fuerte. Después se agacha y coge un pedazo de tierra entre las manos y pide la titulación de zona catastrófica mientras lo convierte en arena entre sus dedos.

¿Es todo tan del juicio final o vivimos en un titular?. Al contrario a veces: la mayor victoria deportiva. El amor eterno encontrado. Ella espera que le diga que lo nuestro durará siempre o que le diga que la engaño con el equipo femenino de waterpolo de Chequia, pero lo que no vale es decir que hoy estoy bien y que mañana no lo sé. No vale decir que me apetece irme a casa sin más porque eso, que no es noticia porque no toca ningún extremo, es una respuesta a medias. A veces ni siquiera vale como respuesta. Si o no. Una abstención no es nada (excepto si eres de la CUP).

En un negocio o triunfas o fracasas pero ya no vale sobrevivir. Ademas tienes que perder cuatro millones al día (como Tesla) o ser el hombre más rico del mundo aún a costa del comercio mundial (como Bezos). No hay lugar para las medias tintas ni para los catarros que duran tres días. Eso no vale. Vale el cancer terminal (ya nadie muere de viejo, necesitamos un diagnóstico) o ganar en el torneo de iron man. Vale ser ingeniero hidráulico porque ser fontanero está mal visto. Llevar diez años en paro durmiendo en la furgoneta o tener seis máster y servir pizzas de falso autónomo con Glovo. Mierda, los extremos cada vez necesitan llegar a límites insospechados.

Yo sigo creyendo, cada vez que alguien me cuenta la realidad que se cree de su extremo, que es mentira. Conozco a jubilados de 2500€ que se van a las manifestaciones junto a otros que cobran 600€. Nadie dice cobrar 1550€, que es más de lo que cobra la mayoría de los que trabajan. Conozco a quien siempre asegura que vivió una relación traumática con una persona tóxica porque decir que aquello no funcionó es demasiado vulgar. Conozco a quien exclama que el yoga es lo mejor del mundo pero hace tres meses decía lo mismo de reiki y dentro de tres lo dirá de veganismo. Conozco a quien fue a las manifestaciones a gritar dándole exactamente lo mismo el motivo, porque lo importante es indignarse, establecerse en extremos, vivir las mayores plagas y, por supuesto, las más grandes tormentas.

Me pillará en la calle sin paraguas y con un gran escepticismo.

No me creo los titulares y por eso (también) soy invisible.

Me mojaré, pero sin dramas. Solo, por supuesto, porque no supe decir que era el amor para siempre y porque ninguna selección deportiva femenina (ni atleta) se fijó en mi. Eso sí que sería un titular más allá del fin del mundo.

16 de enero de 2017

Buenos muy buenos, malos muy malos.

"Y todo lo demás no importa" cantaba Quique en el gran Salitre. Y después no pudo volver a hacer un disco igual. Hay quien cree que todo lo que hace es bueno, tan bueno como aquello (salvo pequeños destellos) pero no, no lo es. Lo siento Quique.

Sin embargo se suele llegar a pensar que quien tuvo un momento de lucidez lo tendrá siempre, que todos los garabatos de Picasso eran genialidades y que Hitler, adalid de la maldad, todo lo que hizo fue malo. Su perro le adoraba. El escarabajo fue el coche de Reich. Los cohetes espaciales y los primeros gps son cosas de los alemanes, mira tú. Las cámaras de gas y las bombas atómicas las financió en sus principios. Hay extremos en la historia que sustentan estas afirmaciones. Todo es bueno o todo es malo, no. Todo lo demás no importa.

En la historia de sucesos de la España más reciente hemos descubierto a miserables que se han aprovechado de la enfermedad de su hija para financiar sus vicios. Los padres de Nadia, supuestamente, usaron el victimismo de su hija enferma para acumular dinero y eso está muy mal. Sin embargo, partiendo de hecho de la inmensa maldad de los seres deleznables, ahora resulta que también tenían fotos pornográficas de la niña y la hacían visualizar las depravadas relaciones sexuales de sus propios progenitores. Esto, así contado, suena horroroso. Pero da la casualidad que las fotos que se supone que contienen material pedófilo son de esas que los padres hacen a sus hijos cuando van con ellos a la playa en la que están como están algunos niños: desnudos al sol. Todos los veranos algún pequeño corretea cerca de mi toalla y jamás pensé que sus padres fueran repelentes abusadores pero si nos vamos a la ley una foto de un niño desnudo es pornografía infantil. En fin, que como los padres son malos, habrá que hacerles malos en todo y dejar que las jubiladas se escandalicen cuando tienen sus álbumes de fotos repletos de sus nietos en pelotas certificando su primer baño o su primer día de playa. Mi madre me avergüenza con una foto que tiene ayudándome a orinar en una acera de Villarcayo allá por 1976. A donde quiero llegar es que tenemos esa tendencia de hacer peores a los malos y mejores a los que creemos que son buenos.

Sigo sin entender la necesidad de escupir sobre los que son malos o aclamar a los que creemos buenos, digan lo que digan. Pablemos es un semidios, Rajoy Satanás, Rivera un interesado y Pdro, gilipollas. Ninguno acierta o se equivoca por casualidad. Los tertulianos les defienden y atacan digan lo que digan y la verdad es que si un analista un día aclama y otro castiga dejará de ser un analista porque vuelve loco a sus seguidores. El periodismo o la exhibición pública ha de ratificar las ideas preconcebidas de los oyentes (Los racistas Wyoming y LoSantos son ejemplos). "Cariño, hoy estás fea"- es una frase que aunque partiendo de la razón traerá problemas más allá que el falso "Estás tan guapa como siempre"- que nunca falla aunque esté más desequilibrada, ese dia y dentro de su belleza innata, que un diseño de Desigual.

Ya no es que hayamos jugado a un juego de buenos y malos sino a la exageración de las bondades y las maldades hasta extremos infinitos. Los nuestros curan el cáncer y los otros sodomizan niños en callejones oscuros para comerse sus entrañas después. Tom Cruise se alimenta placenta bendecida en la iglesia de la cienciología. Los socios del Club Bilderberg buscan la manera de castigarnos y tenernos como lacayos los milenios que sean necesarios. El presidente de Iberdrola hace una muesca cada vez que alguien muere de frío. Quique gonzalez siempre es un músico brillante o, por supuesto, los padres de Nadia vendieron en el mercado negro los genitales puros de su hija enferma. De Trump no voy a decir ni pio.

Nadie es malo o bueno siempre y en todo.

Nos estamos volviendo locos y no entiendo la necesidad tan moderna de meter en los extremos a los demás y, por supuesto, no pensar.


Pd: POst del recuerdo: Los clones emocionales. (quizá también es la necesidad de impregnar todo de emoción)

15 de octubre de 2016

Las catástrofes a las que nos acostumbramos.

Lo peor de ser un gilipollas es saber que lo eres. Lo peor de determinadas catástrofes es darse cuenta que nos acostumbramos.

Nos hemos acostumbrado a las miserias y a los desastres, a los huracanes y a los disturbios después de las finales deportivas. Nos hemos acostumbrado a tener amigos de los que no conocemos la cara más que por foto y a decir que estamos leyendo el periódico sin tenerlo entre las manos. En un futuro "lo que ahora se considera una masturbación será una relación sexual" dicen por ahí hablando de éste mundo tan líquido y fútil, tan catastrófico para la realidad, tan fagocitado por la idealización de la verdad.

"Me desvanezco"- pone junto a una foto sobre grises en la que está en la cama tumbada dando unas buenas noches que no se pueden convertir en dormirse oyendo la respiración o dejando que el olor vaya reteniéndose en las sábanas.

Tampoco nos atragantamos con los muertos de los telediarios y han dejado de avisar que las imágenes pueden dañar la sensibilidad del espectador porque el espectador ya no tiene sensibilidad. Ni el espectador, ni el cliente, ni siquiera el votante. No nos escandaliza que en Colombia se vote el NO a la paz, por muchos peros que se le pongan a los acuerdos. No nos escandaliza que la democracia en Egipto decida que haya que lapidar a mujeres. No nos preocupa, es más incluso nos alegra por el precio de los vuelos, que el racista Reino Unido desee remar más allá de lo que le une a Europa. Estamos acostumbrados a las próximas barbaridades, a que un retrasado pueda tener el mayor poder destructivo del planeta bajo su bisoñé o a que se ponga de moda comprar colaborativamente mierda en una web china para mandarla a tus amistades virtuales (bueno, eso ya existe).

Lo peor es que nos empieza a parecer normal. Lo peor es que una señora grita al frutero porque le ha salido un melocotón golpeado mientras apura los huesos del pollo ante las imágenes de Haiti destrozado, de nuevo, por una tormenta tropical. La medida se perdió cuando aprendimos que los problemas de otros no eran problemas sino acontecidos.

Pero un día, un miércoles de esos que son algo grisáceos, llegamos a casa y no teníamos fuerzas para aparentar, para hacernos una bonita foto en la que estuviéramos fantásticos. La casa no olía a incienso ni a tabaco. Las luces estaban apagadas y necesitábamos algo más que una pantalla. Necesitábamos un punto de apoyo, un mapa, una mirada de esas que están por encima de las formas de su cuerpo o de la magnitud de su barbilla. Y no había, como una nevera con luz que tiene solamente los ingredientes básicos de subsistencia, alguno de esos componentes mágicos de la vida que parecen caprichos pero son imprescindibles. Entonces nos desvanecimos sin foto y sin ninguna respiración cerca.

El problema no es que sea un viernes solitario sino que sea otro viernes solitario.

El problema es que podemos engañarnos con tremenda facilidad mirando las fotografías y manteniendo miles de conversaciones banales o cientos de relaciones que van tapando y calentando las camas de los meses que pasan acumulando el lastre necesario para quejarnos de no ir a ningún sitio.

Hace no muchos años casi nos avergonzábamos de ser incapaces de tener una vida real y los mismos que se reían de nosotros cuando les contábamos que éramos administradores de un grupo de iRC ahora nos presentan a sus novias con una foto de móvil y se emocionan con la aplicación en la que la encontraron sin ser capaces de diferenciar su olor del de la tapicería de su coche. "La veré dentro de tres meses"- nos dicen y estamos seguros que las 36 horas que pasarán a su lado serán perfectas (si es que lo son), con mucho cariño impostado y quizá sexo de película, pero hay una parte de nuestro cerebro que nos dice que eso no es verdad por mucho que la modernidad se empeñe en contar que aquello es el futuro aunque es una mierda pinchada en un palo.

Voy a hacer cinco horas de coche con un pasajero que no conozco. Fingiremos llevarnos bien. Llenaremos la conversación de tópicos.

Lo peor de todo es que desear que se vuelva a imponer la realidad es como añorar los teléfonos con cable pegados a la pared y llamar rezando porque no se ponga su padre. Lo anacrónico es desearla hablando de nimiedades, esperarla al llegar a casa, confiar en la razón de los votantes, en la solidaridad de las personas, querer que hagamos pequeñas construcciones que nos den cobijo en una casa común o simplemente saber que los brazos que están al final del día son los suyos. Y esa mirada directa a mis ojos, sin bits en medio, para poder oler su presencia y recordar con las yemas de los dedos la suavidad del final de su espalda.

Tengo unas aspiraciones del siglo XX y no quiero acostumbrarme a los brillos XXI porque son brillos LED llenos de algoritmos empeñados en mentirnos y en acostumbrarnos a miserias, a catástrofes a las que nos estamos acostumbrando. Unas son noticiables, otras personales. Aborrezco mis pantallas pero, a veces, es lo único que me queda.

Desear que un día, casi como un click, todo cambie y encaje, es casi un oximorón.

7 de febrero de 2014

Los extremos, la opinión y el viento sur.

-Las cañerías, desde hace unos días, huelen.

Esa es la principal queja (muy habitual e implícitamente recriminando a la higiene de los vecinos) de la vecina del tercero en la reunión de comunidad que tenemos cada seis meses en la primera planta del garaje. Lo del garaje, en contra de hacerla en el portal a la vista de todos los viandantes, es un paso en lo burgués que está por encima de la plebe y por debajo de los que hacen las reuniones de comunidad en el jardin común, por skype o mandando a los abogados.

-Eso del olor es normal. Ya sabemos todos que hay viento sur- afirma otro vecino mientras se apoya en la pared. Yo me sorprendo. -Claro que si, eso lo sabe todo el mundo- sentencia un tercero. Ante tanta rotundidad decido callarme.

Con esa idea a modo de recuerdo desconcertante en la cabeza he llegado al trabajo. -¿Sabíais vosotros que con viento sur huelen más las cañerías?- he preguntado. -No , no lo sabía, pero cuando hay viento sur el Athletic juega peor-. Y me he vuelto a callar porque no encontré, ni siquiera en la wikipedia, una correlación causa efecto.

Existen correlaciones que están comunmente admitidas y carecen de toda lógica. Voy a imaginar: los curas son pederastas. Los ricos son de derechas. Las que hacen top less son fáciles ( esta es mentira, tengo pruebas). Los pobres lo son por culpa del gran capital. Las portuguesas no se depilan. Los árabes son los únicos hombres que no aman a las mujeres.

En realidad todo resulta de la generalización de algún arquetipo que, casi siempre, no nos incluye a nosotros.

Una de las cosas que tiene la prensa y su necesidad de conseguir fanáticos que sientan calmados sus miedos es que va buscando un hueco en el que poder plantar sus huevos de la radicalidad. Por alguna razón, probablemente comercial, interesa establecer un estado de opinión repleto de alteración. Da lo mismo que sea verdad. Tiene que ser un escándalo. Aquella familia que escandalizó a España por tener que comer productos caducados para terminar muriendo resulta que, y ahora viene la verdad que no fue portada, falleció por un escape de gas.

Conocí a una mujer, fantástica por cierto, que oscilaba entre el amor incondicional y el odio sangriento. Los viernes me amaba y los jueves me juraba que llamaría a algún amante que la quisiera de verdad y no con el desprecio que sentía de mis gestos. Los martes me echaba de menos como si le faltara un brazo y los sábados, algunos sábados, recriminaba con saña que no tuviera tiempo para ella hasta las diez porque las diez era demasiado tarde para tanto amor. Pasaba de un extremo al otro, pero siempre en algún extremo. Era lo mismo que hacer zapping entre laSexta e Intereconomía, entre la Cadena Ser y la Cope.

Todos tienen sus relaciones causa-efecto perfectamente marcadas, aunque no sean verdad. Si lo dice Rajoy es mentira. Si lo dice Rouco Varela, es palabra de Dios. No hay hueco a la falta intencionada si la hace el jugador de mi equipo. No hay lugar a quererse y no verse u odiarse y dormir abrazados. -Si me quieres, es para todo- te dice tres segundos antes de reclamar la lógica amatoria de tener tu clave de facebook. No es capaz de comprender que la clave de mi correo y el amor son dos conceptos diferentes. Hay quien no es capaz de entender que un Catalán no sea un dibujo animado con las conexiones cerebrales de Arthur (leer !Ar!,túr) o que un sindicalista no sea un barbudo de dientes sin arreglar que roba del Mercadona. Los debates futbolísticos son ejemplos balompédicos de la realidad social y política española donde se puede estar discutiendo horas sobre una mala zancadilla o un piscinazo pero nunca sobre la estrategia del equipo rival. Mucho menos alabando.
Hace tiempo que la verdad pasó a un segundo lugar en cuestiones públicas. Eso sucedió veinte minutos después de descubrir, con los índices de audiencia, que una buena y escandalosa mentira logra más anunciantes.

Así que ahí estamos, buscando algún tipo de extremo en el que posicionarnos. Algunos, que ven en la intimidad 13tv, juran que adoran laSexta. Otros, que creen que la verdad solamente está en aquellos lugares que les dicen lo que quieren creer, abren los ojos ante la inquisitora de Ana Pastor contra algún poder establecido mientras Wyoming factura a través de una sociedad, que es lo que hacen los de derechas.

El problema no está en el bombardeo interesado de titulares. No está en (obsérvese el segundo sentido) que nos den La Razón, como a los tontos.

El problema está en que parece que existe la necesidad social de posicionarse, de adoptar una fe periodística que seguir ciegamente, como a Dioses que nos lleven por el desierto de las crisis.

Y, mientras tanto, mientras buscamos ese extremo de amor o de odio, se nos olvida buscar la verdad.

Será que eso es mucho más cansado y nos hemos vuelto incapaces de pensar.

O eso, o es el viento sur. Tengo tantos vecinos que juran que es por eso que me da miedo elevar la voz para decir que no estoy de acuerdo.

13 de enero de 2014

Un marica en el Eliseo

Hay un marica en la Bundesliga. Es un escándalo. Thomas Hitzlsperger tenía una novia, llamada Inga, pero aquello no cuajo. No funciono, no se convirtió en una de esas historias de amor y vicio, de compañerismo y de procreación. Él, por inquietud o por esa idea tan absoluta como lógica que dice que se busca el amor y luego no importa si es fea o guapa, chico o chica (y que se desarrolló en la obra de teatro aquella del tipo que se enamoraba de una cabra) , él conoció a otro varón y se enamoró hasta el punto de no tener miedo de proclamarlo a los cuatro vientos. El miedo no tiene que ver con la contraparte sino con la seguridad esa de saber o de sentir que esa es la persona que queremos a nuestro lado para el resto del tiempo. Eso es el valor.

Así que ha surgido el escándalo. No importa si era un buen defensa o si metía muchos goles. No importa si acaso hacia cabriolas con el balón o si su camiseta se vendía en grandes cantidades en la tienda oficial del club. Lo que importa es que es marica. A mi me importa bastante poco.

También me importa bastante poco si el primer ministro de Francia tiene una amante, una novia o si se viste de encaje para que le azoten entre uno y otro viaje institucional. Si fuera francés me imporitaría su rendimiento, sus leyes, sus decisiones de meter o no a las tropas en guerras que no fuera capaz de entender y,  aparte de que su amante tiene la supuesta delgadez y glamour de la francesa arquetípica conceptual, el lugar donde la meta es un sitio que no quiero saber ni conocer. Es lógico, porque se refiere a sus bajos, que la primera dama se deprima. ¿Que se depriman los franceses?. Una tontería. Un primer ministro bien follado es un primer ministro feliz.

Los tabloides británicos, mediocres, hipócritas y viciosos como todo lo británico, mandaron al garete a Max Mosley cuando le sacaron con unas putas en medio de una orgía (que dice google que esa noticia ya no está en internet). A nadie le importó si había convertido la fórmula 1 en un gran negocio y un tremendo espectáculo, a partir de ese momento se le inhabilitó para su trabajo como si hubiera parado una carrera correteando en liguero por la recta de meta perseguido al estilo Benny Hill.

Existen miles de noticias en las que desgastamos nuestro tiempo que, si lo pensamos con diez segundos de claridad, son irrelevantes. Da igual si la infanta va a la carcel o no de la misma manera que si una tonadillera va a los juzgados o si, incluso, un equipo de fútbol gana la copa de Europa. En realidad no nos afecta a nuestro día a día de ninguna de las formas. Nos afecta el precio de los calabacines y nos afecta si una ola gigante se lleva la fábrica donde se hacen los discos duros de nuestros ordenadores. Nos afecta si sube el pan o si quien nos gustaría que nos rozara en la cama se deja rozar por otra persona o infección. Nos afecta la salud de nuestros clientes, el tráfico, la niebla que se agarrota a los rascacielos en invierno. Nos afecta encontrar un agujero en nuestro jersey favorito o quedarnos sin leche.

De la noticias que nos abruman desde los diarios no hay más de dos o tres que nos afecten de verdad, el resto son escándalos o estados de opinión.

Pero de los estados de opinión no se come. Tampoco se come de los polvos que echan los demás, ni siquiera se disfrutan. Quizá por eso que haya un prepucio presidencial suelto en las calles de Paris o que un futbolista, un alcalde, un ejecutivo o un senador haya hecho de su culo una diana es un hecho que me deja igual que como llegué, a no ser que tenga que ser yo el que apunte a la diana (cosa que no va a suceder), a no ser que eso afecte a su trabajo.

Las personas, las noticias, la vida en general es un proceso de respeto y rendimiento, si es que hablamos de trabajos o de responsabilidades. Pagamos, mantenemos o respaldamos a diferentes profesionales por sus profesiones y no por si vida privada. Cuando Romario dejó de meter goles empezaron a ser un problema sus andanzas por los prostíbulos de Valencia. Declaró: "La noche siempre ha sido amiga mía Y cuando no salgo, no marco goles". 

Me importa bien poco que haya un gay en la bundesliga, un gay en el Eliseo o haya un heterosexual fan de Abba. Tengo que comprar pan y café con lo que sale de mi sueldo. Mi sueldo que a su vez, sale del bolsillo de mis clientes tras la gestión de mi jefe. Desconozco lo que hace mi jefe o mis compañeros por las noches. Tampoco me importa.

Tampoco me importan, cuando las pienso, muchas de las noticias con las que se escandaliza mi madre. Son como el efecto 2000: no pasa nada cuando llega el deadline.

15 de noviembre de 2013

Distracciones excarcelarias

Al violador del ascensor  no le esperaba nadie a la salida de la cárcel, al del portal sí, supongo que de algún sitio donde no hay quien viva. A Kubati le esperaban sus colegas, sus víctimas y más flashes que al último premio de Asturias de la investigación, la ciencia o cualquier cosa provechosa para el ser humano en general.

Son cosas de la opinión pública, de lo que hay que hablar para no hablar de lo que importa porque, en verdad, me importa una mierda pinchada en un palo que ahora vayamos a tener dos docenas de asesinos por las calles y unos cuantos violadores no castrados preguntando si vas al tercero o al cuarto mientras se ponen atrás cuando se cierran las puertas.

A falta de fútbol habrá que hablar de las excarcelaciones. Si no hay mundial, estamos al principio de la temporada y no se ha muerto ningún famoso entonces hay que buscar algo con lo que despistar. Belén Esteban era la mano que nos enseñaban para darnos con la otra. El iva siempre se subió en una fase final futbolística, entre el tercer y cuarto penalty.
Existe una tendencia a pensar que el ser humano, por conciencia o por constancia, va mejorando la especie con el paso del tiempo. Darwin y la selección natural afirman y demuestran, para desgracia de los creacionistas, que vamos a mejor y, casi llevando la contraria a la propia naturaleza, parece que caemos en las mismas estrategias facilonas y tontas de engaño una y otra vez. Llegamos a Ikea para perdernos y aún estamos convencidos que las ofertas de las operadoras de telefonía son honestas y que vigilan nuestros derechos mientras nos regalan algo que no dan al resto de los mortales sin llegar a reflexionar sobre donde nos lo van a cobrar con intereses.

En definitiva: nos encanta que nos engañen, que nos despisten, que nos prometan cosas que sabemos positivamente que no se van a cumplir. Nos gustan las películas imposibles con finales felices desorbitados y queremos que nos digan que somos altos y que nuestros ronquidos son orfidales para el corazón cuando se acuestan sin tocarnos a nuestro lado. Nos gusta que nos prometan amores eternos y adquieran compromisos que duren siempre como si "siempre" fuera tan fácil como decirlo. Queremos tener el coche con el depósito lleno sin pasar por la gasolinera, porque eso no aparece en los anuncios.

Hemos descubierto que creer que las cosas son así no nos entristece ni nos preocupa.

Y que dejarnos llevar es el camino más fácil.

Por eso ahora, en vez de estar pendientes de que llega el frio y el invierno sin que haya suficiente leña para la chimenea, nos escandalizamos porque hay más delincuentes en la calle después de cumplir las leyes por las que fueron juzgados y condenados sin pensar que esas eran las mismas normas que pusimos nosotros los dias de los juicios y de las condenas.

Y nos lo ponen en la cara, entre la indignación y la sensación de que van a violar a nuestras hijas y matar a nuestros policias cuando, en realidad, es una operación de despiste para que dejemos de ver la misma mierda de los últimos meses.

Es como hacer campaña para mirar al cielo de Madrid y conseguir , asi, que no se vea el suelo lleno de mierda.

Pd: También es verdad que, dada la tendencia general, si nos vienen de frente, nos asustamos.

25 de septiembre de 2013

La violencia y los titulares adjetivados

Si Bretón era un malnacido asesino de sus hijos y un referente en ejemplificación de lo que se viene a llamar violencia machista ahora me pregunto, en el hipotético caso de que sea la madre la que ha matado a su hija en Coruña, si esto también es machista o podemos hablar exclusivamente de asesinato, que es lo que resulta ser en realidad. Una Bretona, que no una francesa.

Porque ellas también matan, qué puñetas.

No es cierto que sólo sean los inmigrantes los que roban ni los políticos los que defraudan. No es cierto que se le vaya la mano solamente a los hombres y que necesiten un hermano mayor solamente los adolescentes porque conozco a mucho cuarentón necesitado de un poco de disciplina. No son avaros los catalanes por su nacimiento de la misma forma que los euskaldunes no somos brutos e independentistas por algo que nos ponga en PNV en el agua. Conozco a mucha hija de perra que hace de su convivencia conyugal un infierno y a mucho dueño de mascota que se comporta como un perro.

Es hora, quizá, de eliminar más de un prejuicio de la prensa y de la manera que tenemos de hablar por la calle. Aplicar, de una vez, exactamente la misma argumentación "Bibiana Aídica" a nuestra forma de hablar y no considerar que tengamos un léxico que potencie determinadas actitudes, que es algo que defienden los expertillos en sus charlas. Defienden que si utilizamos expresiones como "trabajar como un negro" en realidad consideramos como normal un planteamiento racista y defienden que tenemos una sociedad que apoya el machismo como algo habitual (sexismo cotidiano, lo llaman) de la misma forma que, según cuentan, las mujeres árabes lapidan a sus compañeras porque se les levantó el burca con una corriente de aire y se les vió una enagüa.

De la misma forma que se tiene prácticamente estandarizado que aquella manera de hablar fomenta nuestras más ancestrales lacras es probable que la discriminación positiva del lenguaje periodístico nos haya llevado a un punto en que a alguno le resulta imposible creer que un dueño muerda a su perro, un currante sea un vago o una mujer mate, porque eso hace entrar en una paradoja imposible de entender para muchos.

Y la única razón es que no hay delitos que se cometan porque se esté genéticamente marcado, sino porque se es un hijo o una hija de puta, con mis respetos a las meretrices. Los delitos no tienen sexo ni nacionalidad, no tienen edad. Son delitos, y son delincuentes. Los asesinos de ETA no eran terroristas, eran asesinos.

Ahora vas y me hablas de violencia, de robos, de asesinatos y de fraudes. Pero no le pongas adjetivos.

Cuando un padre asesina a sus hijos es un asesino, no un asesino machista. Cuando una madre asesina a su hija no es una asesina feminista, es una asesina.


Pd: las fotos corresponden a un estreno en el que participa un amigo cuyas fotos me han resultado perfectas.

8 de junio de 2013

El periodismo y la malnutrición infantil

Hace unos días se lanzaban desde determinados medios las acusaciones que decían que los catalanes, derrochando dinero para hacer embajadas, estaban dejando que 740 niños casi se murieran de hambre en sus escuelas.

De ahí se pasó a 2865 solamente en Barcelona. Otros subieron al 25% de los niños españoles. Los mismos  niños que tienen ese problemilla con el botellón.

Ayer la Cadena Ser se lanzó a hacer "El mapa de la malnutrición infantil en España" contraponiéndolo con los gin tonics subvencionados del congreso de los diputados donde manda el PP.

Más o menos se lanza la idea de que Urdangarín se pone ciego a marisco mientras los niños que deberían de ser nuestros científicos del futuro se mueren de hambre por las esquinas en el mismo instante en que sus padres van perdiendo sus puestos de trabajo. Se intenta dibujar un lugar enfermizo donde los banqueros se ríen de los pobres que se mueren de hambre y los famélicos niños catalanes piden pan en su idioma natal porque el poder opresor del estado español les quitó la sonrisa. Se lanza la piedra de que en este pais, con más hamburgueserías que fruterías y con Matutano en plena expansión, no hay para comer.

Y nadie es capaz de decir que existe una posibilidad de que la malnutrición sea un problema del primer mundo al que nos queremos parecer más que al tercero que algunos quieren describir.

Hay días en los que el periodismo, utilizando a niños, me produce vómitos. Será que estoy malnutrido.

24 de mayo de 2013

90% de mierda

El 90% de lo que consumimos es una auténtica mierda. No es un consimo físico, pero es un consumo. Es publicidad, son los estados de facebook, las soplapolleces de twitter, los whatsapp vacíos, las fotos de tuenti. El grado de tolerancia para con esa mierda es enorme en el ser humano contemporáneo que ha sido entrenado por los anuncios de la televisión para preparar la mente en ese estado casi hipnótico donde todo rebota y se queda, como si fuera un estado de opinión global.

Para crear un estado de opinión ya no se actúa de una manera legal y ética. Se convierte en noticia que los árabes no se lavan y que matan a sus perros para, después, no encontrar oposición pública en invadir sus paises. Da igual que sea verdad o que sea mentira porque lo que realmente importa es lanzar esa mierda para justificar lo que haya que justificar después. Por eso mismo los americanos hacían películas con alemanes malvados en la segunda guerra mundial. Por eso mismo se mandan mensajes aparentemente sin sentido, porque nos hemos convertido en publicistas de andar por casa.

Sin embargo, quizá por el miedo a poner las cartas sobre la mesa, lo que lanzamos y lo que nos lanzan las empresas y los medios es mierda. "Te ha tocado un premio". "Hola, me llamo Laura y quiero ser tu amiga, pulsa aqui". "Vamos a nuestra mesa de debate". "www.youtube.com/...". Todo es parte de una mierda.

En realidad el ser humano está siempre ansioso de recibir información, aunque esa información no sirva para nada. Es más, nos encanta consumir basura como si fuera una comida embriagadoramente adictiva que solamente engorda nuestro cerebro. Creemos, de una manera errónea, que nos evade. Es un placebo informativo. Es un reality para las neuronas.

Cuando, de noche y justamente antes del sueño, el teléfono pita o ilumina un led que alumbra el techo de la habitación, existe un imán que te aleja de la primera ensoñación para ver qué has recibido, por si fuera importante. Nunca lo es. Nunca es un "tengo ganas de verte" sino un nuevo comentario en un blog, un mail de premio, un phising de un banco o una actualización de linkedin que nunca he desactivado.

Cuando nos sentimos poseídos por la noticias terminamos comentando la última tontería del famoso de turno o la nueva indignación casi como si fuera el hallazgo para dejar pasar el tiempo. Y ahora que nos creemos responsables de la creatividad, que intentamos sentirnos un faro que guía la opinión público de nuestro grupito de seguidores, lo que hacemos es vomitar la misma mierda que hemos aprendido a adorar.

Hay un 10% de creadores y un 90% de copiadores. De ese 10% hay un gran porcentaje que cree que con la exaltación del número de visitas se ratifica su capacidad creadora y estoy convencido que los freaks se agarran a las estadísticas de sus videos en youtube como las cadenas de televisión a sus índices de audiencia.

Pero, no nos engañemos. El 90% de lo que consumimos intelectualmente es mierda.

Creo que esto mismo, también. Nunca estuve en el 10% de los mensajes de verdad, sólo en las libretas de direcciones erróneas.

28 de enero de 2013

Las pajas de España. Las vigas extranjeras

Cuentan que Jose Maria Escrivá de Balaguer se jactaba, en alguna comida de la Obra, de que las mujeres que atendían sin dirigir palabra alguna a los comensales tenían titulación académica y que eso era una prueba de su fervor por aquello que realizó a base de los esfuerzos de los demás y una polémica canonización posterior.

El uno de los últimos artículos sobre la juventud española en el extranjero Bloomerg se jacta de la cantidad de españolitos con título que se dedican a sobrevivir sirviendo ensaladas en los McDonalds de Londres. Supongo que se los sirven a esas adolescentes británicas que, pecosas, orondas y entradas en carnes, se quedan preñadas a los 17 solicitando un piso a la vez que se van con sus niños a jugar a las máquinas tagaperras que abundan en la costa del Reino Unido. Supongo que también sirven hamburguesas a los borrachos indecentes que se van a Salou a tirarse por los balcones o que, en el caso de que el español en cuestión haya emigrado a EEUU, sirven patatas fritas a alguno que, dentro de un rato, sacará un kalasnikov en medio de una escuela y se liará a tiros con todo aquel que encuentre por su camino.

He de suponer también, por mucho que se diga lo contrario, que el español en cuestión se tendrá que pelear por alguno de esos trabajos de mierda que pagan 400€ al mes por tener las cifras del paro bajas en Alemania mientras los jubilados alemanes van comprando, poco a poco, la isla de Mallorca. O quizá , si alguno es más intrépido que Frank de la Jungla, el españolito en cuestión servirá bebidas azucaradas a algún Taiwanes de esos a los que no les importa que sus niñas sean el fruto prohibido de la pederastia mundial. Eso mientras en Taiwan se ríen de lo que suponen que estamos viviendo en España.

Hace unos meses el NY Times hacía un reportaje sobre la pobreza de España cuando miles de personas vagan por la basura de Nueva York buscando en los cubos alguna reminiscencia del milagro americano, ese que no se moviliza por la sanidad pública porque no la tiene.

A nosotros, incluso, nos gusta pensar que en Grecia están peor o que Portugal se va a ir a tomar viento porque eso nos hace pensar que aunque la cosa está mal, siempre podría estar peor (podría llover). Nos gusta, también,  adorar a sociedades como la Islandesa, que tiene el tamaño de Barakaldo y que , en este periodo de tiempo, se ha corrompido, se ha enajenado, ha dicho que no va a pagar a nadie que no sea islandés y ha eruptado un volcán bloqueando a toda Europa. También nos gusta pensar que podemos ser  Noruegos o Finlandeses, pero omitiendo que los dos paises son más pequeños que Madrid y hace un frío que pela.

Pero lo curioso es que más de uno, cuando nos tratan como si fueramos una banda de imbéciles, les da la razón. Más de uno, cuando nos dicen que somos unos vagos y unos ladrones, les da la razón como si  por el mero hecho de ser birtánico, frances, aleman, chino, japones o americano del norte, fueran mejores personas.

En el metro de Madrid hay rumanos con dos carreras que sobrevien tocando el violín. En la costa del sol habitan pederastas británicos con título universitario y buscados por la Interpol. Yo vendí hoy un par de cartuchos de tinta a un profesor canadiense jubilado que no cambiaría España por nada desde que vino a dar unas charlas en los años 90.

En el mundo actual las gentes emigran. Ayer alguien se fue a Dubai desde mi barrio para vivir la aventura de su vida. Más de un amigo se fue a Mali buscando su sueño y algún otro se marchó a Rusia, a UK o a donde les apetezca. Eso no quiere decir que seamos unos mierdas. Ni siquiera quiere decir que el flujo migratorio sea en una sola dirección y, por supuesto, no quiere decir que seamos ladrones, idiotas o una generación perdida. Hay árabes, negros, alemanes, británicos, franceses, americanos y chinos en tu mismo barrio. Unos tienen títulos y otros no. Y hay españoles sin título que mandan, por mérito propio, en empresas importantes de todo el mundo de la misma manera que hay finlandeses con dos máster que sirven pizzas en Alcorcón.

Estamos perdidos el dia en que creamos ciertas todas las infamias sobre nosotros y nuestra juventud, sobre lo que hemos logrado y lo que lograremos.  Estaremos perdidos, como un esclavo que cree que el blanco es mejor, el dia que creamos tantas mentiras que vienen de algunos que, como el dicho, tienen una viga en sus ojos.

Por mucho que España sea un pais de pajas, y no hablo de ningún reality, sino de lo mucho que solucionar. Como todos los países. De eso no se libra ninguno.

Si hay una generación perdida es una generación global.

13 de octubre de 2012

Infieles en El País

Tiene que ser jodidamente duro, al menos para alguno, que los hay, de los convencidos de las ideologías, descubrir, como si te encontraras a tu amada mujer con tu primo en la cama, que más de uno y de dos de los parámetros que considerabas inalterables no lo son.

Ahora mismo, a modo de anécdota ejemplificadora,  me estoy acordando de alguna mujer que consideraba (y supongo que aún considera aunque de aquello hace  un decenio ) que con amor y queriéndose con soltura, entonces, lo podemos todo. Creo que nos quisimos con soltura y cierta categoría melosa de telenovela venezolana post chávez y que anoche, mañana o el próximo sábado impar, cada uno dormirá en su cama con la compañía sexual de sus dedos. "¿Como pudimos fracasar de una forma tan estrepitosa con todo lo que nos queríamos?. - nos preguntamos cada vez que el dolor del fracaso sobrevuela el silencio en el que ya no hay nadie. La respuesta, quizá es que "porque somos humanos,  porque no siempre se gana y porque dejarse llevar por la inercia de las creencias preconcebidas termina convirtiendo lo que debería ser en lo que no quisimos que fuera. Todo eso incluso asumiendo que aquello a lo que renunciamos éra mejor que lo que teníamos antes de conocernos."

Con el socialismo moderno ha pasado algo parecido. Si todos apostábamos por una sociedad más justa llegaríamos a la meta de la verdad y de una pureza social digna.  Si ponemos el ejemplo de "el país" podemos decir que esa preciosa apuesta por el periodismo riguroso se convirtió en secundaria el día que un buen viaje a Punta Cana se pudo utilizar como una excusa para ver a unas mulatas fomentando el ego de un nuevo rico progore que cree que debe de cobrarse todos esos favores que pensó que le dio a la democracia.
Cuentan que en una universidad debatieron,a principio de curso y a modo de experimento, el sistema político a implantar en una supuesta sociedad compuesta por los estudiantes. Por aclamación popular se voto y se decidió que un equilibrio entre todos les haría crecer y aprender de una manera global. Al llegar los primeros exámenes el profesor sumo las notas de todos y las dividió por el numero de alumnos logrando así que todos fueran iguales (pero recordando a cada cual, de manera individual, no computable e informativa, su puntuación particular). En la siguiente remesa de exámenes aquellos que habían sacado mayor nota rebajaron sus resultados y los de peor nota se quedaron igual. ¿Por que?. Porque la naturaleza humana y la utopía viven en habitaciones diferentes y tanto el argumento del capaz en contra de sacrificarse por los que no se esfuerzan como el del "vago" que exige parte de la nota de otro como derecho adquirido pueden tener su punto de razón.

El señor Cebrian estará convencido de haberse ganado la millonada que cobra y considerará que algún periodista poco brillante no merece de su sueldo porque tiene trabajo gracias a él. Ese mismo periodista pensará que es tremendamente injusto que haya tanta diferencia entre unos y otros dentro de la misma redacción. El problema en este caso es que "el país" se conjuró hace tiempo como el faro de la verdad y el equilibrio social y se escandaliza de los desahucios cuando esos no son de sus periodistas, se alarma por los excesos de los ricos cuando no son sus ricos. A veces no te duele que te engañen sino que te hayan dado lecciones morales previas en la dirección contraria e incluso que casi que hayan convencido.

El ERE de El Pais tiene poco de la moral que redacta a diario como línea editorial y mucho de negocio. De eso va este texto.

17 de septiembre de 2012

El pezón de Kate y las cruzadas

La familia real británica ha inciado acciones legales contra las publicaciones que exponen, en sus portadas sensacionalistas, el pezón de Kate. Un pezón pequeño, juguetón con el que el príncipe habrá hecho bromas y que tiene el morbo incombustible del poder, de lo prohibido, de la salvaje excitación que lleva consigo aquello que se supone que nunca estará a tu alcance. Eso es lo que lo hace especial y un titular en sí mismo con la aureola del escándalo porque hay que reconocer que pezones se ven, sin sentir cambio hormonal alguno, a diario.

Quizá, por lo de los pezones, algo nos diferencia de cuando, a principios de los 80, yo viví mis primeras poluciones con las transparencias del catálogo del Venca. Nos diferencia respecto a los infantes que se cansan de ver páginas pornográficas como algo común mientras buscan datos para hacer un corta y pega en sus trabajos de primero de la ESO.

El poder incontestable de un pezón no tiene mucho sentido en el universo 2.0 y, sin embargo, los equipos legales de la familia de una de las mujeres más ricas del planeta van a iniciar una cruzada legal contra aquellos que, cual plebeyos desconocedores de lo intocable que es la desnudez de la realeza, han cometido la insubordinación de no retirar su mirada ante el brillo de la teta real.

Nadie se preocupa de pensar que toda esa furia legal pudiera emplearse en atacar a los que explotan a los parados de Manchester o a los asalariados de la city que juegan con los intereses de las casas de los británicos de Bristol. ¿Para qué?. Saquemos a nuestros abogados del armario y lancemos una lucha sin cuartel contra Francia y contra Italia porque un día, en un yate, Kate se bajó la parte de arriba del bikini para que no se le vieran las marcas con el vestido de la recepción oficial de Suecia.

Dice el poema: "Cagar es un placer; / de cagar nadie se escapa / caga el rey, caga el papa / caga el buey, caga la vaca  / y hasta la señorita mas guapa  / hace sus bolitas de caca."

Con los pezones pasa lo mismo. Lo escandaloso no es que Kate los tenga o que uno sea más grande que otro. Ni siquiera que los enseñe. Hubiera sido mucho más divertido que se los frotara de esa manera que haceis las mujeres, que es de abajo a arriba. Lo escandaloso es que el pezón de Kate sea una excusa para que vivan de ello un grupo de abogados a sueldo de una funcionaria de lujo. No actúan por niños explotados en el tercer mundo. No se mueven porque se queme un restaurante indú en las afueras de Londres. No se alteran porque los peces el Thamesis tengan tres ojos o porque le roben el bolso a una anciana que pasea por Hide Park. Se mueven por un pezón. Vulgar, normal, elíptico y poco bronceado. Un pezón que vale mucho más que miles de injusticias que se producen a diario. Será el reality de los pezones. El gran hermano de las tetas. La salvaguarda moral de la sangre azul.

"Queremos que la muchacha sea comunal"- gritaban en Amanece que no es poco.
"Y turgente"- se oía de fondo.
"Kate, todos los pezones son contingentes pero el tuyo es necesario"- añado.

15 de septiembre de 2012

La espesa niebla del malestar

Me dice un productor teatral que ha oído esa noticia del teatro que, en vez de entradas, vende zanahorias para aplicar un 4% de Iva en vez del 21%, que es algo que él mismo se planteó (con botellines de agua) hace unos dias. El motivo, me explica, es que cuando él hace una obra tiene que dar el 10% a la sociedad de autores, un 5% a la empresa que le vende los tickets (internet o físicamente) y un 21% a hacienda. Con eso le queda un 64%. Si la obra se representa en un teatro privado, el teatro (que también tiene que ganar) se queda la mitad (un 32%) y con ese 32% de lo que recauda tiene que pagar a los actores, los viajes, los hoteles, los focos y comer.

Me explica, no sin razón, que cuando un empresario tiene trabajo contrata gente y cuando no lo tiene, despide gente. De la misma forma y partiendo de la realidad que un estado se ha convertido en una empresa grande, cuando han tenido trabajo han contratado funcionarios pero cuando han dejado de tener trabajo no se han atrevido a despedirlos y sí han empezado a cargar en las espaldas de los que trabajan el coste de la cobardía de su falta de capacidad de despedir. Me pregunta: "¿cuánto te queda de cada 100€ que vendes?"- "7"-le respondo. "Pues bien, si vendes 100 ganas 7, pero si no lo cobras, como tienes que pagar a hacienda 21 de cada 100€ que no cobras te has gastado 121-7= 114€". Me pone, en ese momento, cara de circunstancia y me dice que se va porque tiene que preparar una obra que representan esta misma tarde. Al fin y al cabo a muchos de los trabajadores de este pais no les queda más opción que seguir trabajando.

"Al menos"-continúa-"tengo trabajo".

Existen, en este momento, dos tipos de personas. Las escandalizadas silenciosas y las escandalizadas ruidosas. Unos, quizá, parten de la situación sangrante en la que nos hemos metido y piensan en opciones viables para su cura. Otros, al grito de "eso NO", salen a la calle con ganas de expresar su ira esperando que aquello sirva de catalizador para arreglarlo todo. Viene a ser lo mismo que colgar el telefono esperando que la otra parte aparezca con la solución que quieres pero que no eres capaz de encontrar o verbalizar. Viene a ser lo mismo que, en algún pais de esos que tenemos catalogados como "inferiores" desde nuestra perspectiva occidental, ir a quemar las embajadas occidentales porque un soplagaitas americano hizo un chiste sobre Mahoma. En realidad no hay una gran diferencia entre una irracional discusión de pareja, una queja irracional en contra de todo o saltar vallas al grito de "Alá es grande".

El problema es cuando se enquista en un grito irracional, en un enfado de esos de los que ya no recuerdas cual fue el motivo inicial. Sólo eres capaz de recordar que estás enfadado.

Hoy se hará una cobertura de las protestas contra los recortes. No pongo en duda que quejarse es algo lícito, que enfadarse es algo humano y que yo mismo estoy enfadado si de cada 100€ que me dejan a deber me gasto 114 pero sigo pensando que el grito de "NO a TODO" es infantil y estúpido porque se nos olvidan dos cosas: la posible solución y el motivo por el que estábamos quejándonos.

Si quemamos alguna embajada, colgamos el teléfono o asaltamos un supermercado estamos haciendo un ruidoso NADA. Claro que a los locos les meten en una sala acolchada para que desaten su ira y después, cuando ya están agotados, hacen terapia con ellos.

Tengo que seguir trabajando aunque sea sábado. Me gustaría que el gobierno aprendiera que el 50% de la riqueza de este pais la generamos los pobres que soportamos los caprichos de los ricos y que gobernar es un acto de valentía en vez de una campaña publicitaria de 4 años. Me gustaría que cada manifestante dejara de pagar con tarjeta para que no ganaran los bancos con sus comisiones, que diéramos la espalda a las compañías que asaltan como bandoleros a sus empleados y a sus clientes (Ryanair), que apostáramos por el rendimiento global de nuestros esfuerzos y no pisáramos a los vecinos, que cada € de mis impuestos supliera una necesidad importante no satisfecha de un vecino con mala suerte y que aquellos que se aprovecharon de las bondades del sistema sin merecerlo se pudran en los infiernos. Me gustarían demasiadas cosas en un dia como hoy en el que, abriendo la prensa, solo escucho gritos.

Y gritos que se manifiestan por todo siendo "todo" una espesa niebla de malestar.

11 de septiembre de 2012

Jódete, pobre gilipollas.

Libération’ titula, respecto del hombre más rico de Francia y cuarto del mundo (al saberse que se va a hacer belga para pagar menos impuestos) "Escóndete, rico gilipollas".

Mientras tanto en España, que aún llevamos eso de la riqueza con un punto de envidia, hacemos la ola a Don Amancio Ortega que es, en la lista de Forbes, el tercero.

En realidad el dinero y los ricos es algo parecido a lo de los listos y los guapos. Unos nacen con ello y no por eso son culpables y otros, quizá los menos, son capaces de desarrollar su inteligencia o su capacidad de ganar dinero hasta el límite de lo envidiable. Siempre habrá alguien más guapo que tú. Siempre habrá, no lo dudes, alguien con más dinero. En ese momento no somos capaces de pensar que los feos y los pobres somos muchos más.

No conozco a nadie que se conforme con el dinero o la belleza que tenga. Nadie. Conozco, por el contrario, a demasiadas personas que escupen hacia arriba para culpar a los ricos de sus malos días y a los guapos de haberles quitado a las novias. Conozco a alguien que, obviando que tiene el piso pagado, suele decirme que dado que no estoy, como el españolito medio, continuamente quejándome del dinero entonces soy un hombre rico. Deduce entonces que, cual rico de manual, soy un hipócrita de derechas incapaz de sentir querencia por un trabajador con los genitales sedados por el paro. Se equivoca, pero estoy convencido que habrá sonreído al leer "Libération" de la misma manera que celebrará, al igual que yo, el día que un rico muy rico pise la carcel, que alguno se lo tendrá merecido (no por rico sino por delincuente cabrón).

Atacar a los ricos es fácil, lo difícil es poner la línea de la riqueza. Cuando aparecó el euro (2002) decían que con un millón de euros en el banco se podía vivir de los intereses que ese dinero generaba. Otros dicen que eres rico si por mucho que te esfuerces en gastarlo siempre te va a quedar más hasta el día de tu muerte. Visto así mi madre es rica, también un señor que fallezca mañana. Personalmente creo que eres rico si puedes permitirte lo que necesites. En ese caso si tus necesidades no son grandes es probable que ambos lo seamos porque yo soy un tipo de gustos sencillos. Nunca quise un yate ni un ferrari, eso son caprichos de chino rico que necesita aparentar para suplir alguna carencia irracional. Comparándonos con nuestros abuelos todos somos ricos.

Algunos dicen que castigar a los ricos es justicia social, casi como robar en un supermercado como si un delito menor pudiera compensar el delito de los poderosos evitando la certeza de que ambos son delitos. Insultar a los ricos es insultar, según se marcha, al tipo que te díó una paliza en el patio del colegio en el recreo: una pataleta infantil. Es más, decir que se hará una ley para que los ricos paguen más impuestos es algo populista que llenará las arcas de Andorra o de Belgica, porque, en realidad, ellos miran por su dinero de la misma manera que lo haces tú con tus monedas. Y para la mayoría de las personas del mundo global tú eres el rico. Los otros son inalcanzables y la mayoría, aunque duele admitirlo, lo son porque han tenido suerte y han trabajado duro o lo han heredado de alguien con más suerte o más trabajo aún.

Así que "Jódete, pobre gilipollas".

Lo único que saco del titular es que Francia está llena de envidiosos.