Llego a un año de doble rima.
Probablemente con el cuerpo magullado de peleas que es imposible ganar y decisiones tomadas. No muchas. Ni siquiera las importantes. Pero soy consciente de mi mismo. Eso, se vea por donde se vea, es una victoria previa porque permite valorar las contiendas en las que triunfar es una utopía.
Ya sabemos que la única manera de salir airoso, muchas veces, es no jugar.
Dispongo de pelo, moto, coche y achaques. Dispongo de perspectiva cultural y veo, entre la gente, los pozos en los que se vuelve a caer. Las decisiones sociales, intuyo, se parecen a las modas porque vuelven. Sigo estando orgulloso de quien soy pero no de donde estoy. Quizá fui educado en una esperanza en la recompensa que me niego a creer que nunca llegará.
He hecho terapia, bastante deporte, me he perdido por carreteras desconocidas, he follado por encima de mis posibilidades, tuve fama, me sentí invisible, gané dinero, lo perdí, monté en avión, en barco pero no en globo. Escribí ter libros, fracasé tres veces. Fui empresario orgulloso y autónomo avergonzado. Una vez me ricé el pelo. Luego me lo afeité. No sé cantar, bailar o comer con las manos sin mancharme. Vi morir a padre y veo como madre se desconecta de la realidad. Procuro ser firme con mis promesas, pero prometo pocas cosas. Tampoco es mucho pero son suficientes actividades. Ahora, quizá y simplemente, es el inicio del viaje de vuelta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario