Mal dia para buscar

7 de septiembre de 2023

Todas las máculas.

Una de las imágenes más devastadoras  que existe es un payaso triste. Tengo a Charlie Rivel muy serio y creyéndole apesadumbrado mientras se desmaquilla. Eso fue mientras el niño que habitaba en mi había llegado a esa televisión en blanco y negro buscando sonreir con aquel payaso y descubría que, debajo, habitaba una persona con días mejores y peores. Cuando alguien que, por lógica, parece que existe para hacerte sentir bien no lo hace, hay un golpe. Lo que debe ser y la realidad dejan de parecerse. Las piezas de los puzzles se separan. Aparecen las sensaciones enfrentadas. Si eres un caprichoso exiges: todo ha de ser como tú quieres. Si eres curioso te quedas esperando qué sucede. Si te posee el orgullo, adoptas el desdén mientras dejas aquello atrás. Sin embargo, cuando necesitas que el universo funcione como has aprendido que lo hace, y no lo hace, casi se pueden sentir las corrientes de aire de la decepción desgajándote por dentro. Capturar el aliento para no saber si va a salir como pragmatismo o sollozo, es una loteria de sentimientos.

Un payaso te debe hacer reir. Un progenitor tiene una solución. Un amigo sabe cuando debe de buscarte y hace de ambos los momentos de silencios que se viven juntos. Un superhéroe salva a la gente. Una pareja te hace ser mejor y llegar juntos a pequeñas metas, donde os cedeis el sitio para cruzar primero de manera alterna.

Con el paso de los años me he llegado a preguntar qué soy, cual es el papel que me toca interpretar. La primera vez que fui a televisión le pregunté al director del programa el motivo de mi presencia. Necesitaba saber qué se esperaba de mi para, de esa manera, poder valorar si acaso lo estaba cumpliendo. "Sé tú"-me dijo condescendiente- "con el tiempo ese espacio que será solamente tuyo se creará solo". Diecsiete años después unos días soy un payaso y otros el iracundo hombre blanco heterosexual pragmático que tanto se aborrece. Lo que no soy, jamás, es un superhéroe. Lo más parecido que tengo a una capa es un abrigo tres cuartos que casi no me pongo porque no es cómodo en la moto. Me sigo preguntando por mi sitio. No lo hago porque tenga claro cual es sino por no devastar a nadie que me importe, por no ser alguien que deba de hacerte reir y le encuentres llorando, no tener una respuesta, no ser lo suficientemente viril, no haber aprendido a callarme o simplemente equivocarme al ceder el paso.

Puede llegar a parecer que es importante lo que los demás piensen pero no es así. Me resulta fatuo si mi vecino del sexto cree que violo a gatos los martes. Es gracioso y si tuviera certeza de ello maullaría en el ascensor al coincidir con él. Le dejaría latas de atún en la puerta y me estiraría los pelos del bigote con dos dedos si me pregunta por el tiempo. "No me importa morir, vecino"- comentaría cómplice- "yo diría que me quedan cuatro o cinco vidas". 

Pero me importa muchísimo cuando no soy capaz de ser ese que necesita alguien que me importa. Es una decepción similar a la del delantero incapaz de rematar el pase perfecto del medio centro casi con la portería vacía. Ahí, justamente ahí, es cuando quiero lesionarme, que caiga un rayo en el campo y me fulmine, que me rompan la tibia de una entrada salvaje y aparezcan mil millones de naves llegadas de Ganímedes. 

Porque cuando vi a un payaso, que me tenía que hacer reir, llorando, me dejó el alma como un erial. Yo no quiero ser el hijo de perra responsable de ninguna sensación de decepción. Son tres dolores: no ser, fallar y que sea a alguien importante.

No soy capaz de acertar con el número de veces en los que me escondí porque no me veía capaz. No llevo la cuenta de las millones de palabras que he ido enlazando para encontrar las adecuadas y siempre creo que hay una forma de hacerlo mejor, así que habrá que seguir buscando. Hay un miedo escénico clavado en la parte alta del tabique nasal que me deja petrificado cuando, entre las butacas, veo a mi madre contemplando el show. Los diás que ella no está o que no estás, no sé por qué, la función es ( exclusivamente para mi) mucho más entretenida. Será que no me importa lo que piensen los demás pero demasiado lo (que creo) que piensas tú. Hay personas para quien no te importaría estar muerto y quien ha llegado a la conclusión que falleciste porque ya no estás. En realidad es la misma definición de cadáver.

Alguien me enseñó, bastante mal por cierto, que siempre se puede hacer mejor porque nunca es suficiente.

Conoces perfectamente la sensación de saber el temario y suspender una y otra vez los exámenes.La rabia, la angustia y golpearse con el listón del salto de altura de las expectativas.

Cuando, quien realmente importa, no me ve: no hay funciones, pero sí ensayos. Una y otra vez, recorriendo mi pasillo en voz baja. Tengo que aprender a decepcionar a quien no quiero que me abandone. Saber ser insuficiente. Que mi madre esté orgullosa de un hijo imperfecto. Enorgullecerme de todas las máculas.

(aquí venía Hurt, de Nine Inch Nails, pero es triste hasta para mí)

Pd: Los rolling han publicado, 18 años después y porque les da la gana y ya lo han conseguido todo.


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